El Pregonero de Deseret 1.2

ARTE Y RELIGION

             Literatura

                         El Pregonero de Deseret 1.2

 

Estimados amigos lectores:

Ya se encuentra disponible el segundo número de “El Pregonero de Deseret”, boletín de la Cofradía de Letras Mormonas. Disfrútenlo y traten de sumarse a la propuesta. Escriban…

El Pregonero de Deseret 1.2

 

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“Cooperando con las obras del Espíritu”

ARTE Y RELIGION

                 Literatura

Cooperando con las obras del Espíritu

Hacia una lectura creativa y colaborativa del canon

 

Por Mario R. Montani 

“Ni siquiera la mitad, la centésima parte, o la milésima, de aquello que Joseph Smith reveló a la Iglesia ha sido aún develado, a la Iglesia o al mundo. La tarea de los encargados de expandirlo apenas ha comenzado. El Profeta sembró, al enseñar las verdades germinales de la gran dispensación de la plenitud de los tiempos. El riego y el desmalezamiento se están produciendo, Dios está otorgando el aumento y lo hará más abundantemente en el futuro, en la medida que obtenga un discipulado más inteligente. Los discípulos del Mormonismo, descontentos con los necesariamente primitivos métodos que han prevalecido hasta aquí para sostener la doctrina, tendrán una visión más amplia y profunda de las grandes doctrinas encomendadas a la Iglesia; y, apartándose de las meras repeticiones, las volcarán en nuevas fórmulas, cooperando con las obras del Espíritu, hasta que ayuden a dar a las verdades recibidas una expresión más potente, y llevándolas más allá de su etapa cruda e inicial de desarrollo” (B.H. Roberts, carta del 1 de Junio de 1906, publicada en Improvement Era 9 (1906), pag. 712)

Roberts escribió esto en 1906. No creo que hayamos leído nada parecido en 2006 o en 2016. ¿Será porque el abundante aumento ya ha ocurrido y no hay nada más que expandir? Yo no lo creo. Las palabras que escogió para ese texto son desafiantes y perturbadoras. Habla de la responsabilidad de expandir las verdades germinales que el Profeta sembró. Tiendo a pensar que es una obligación individual y comunitaria que no sólo recae en las Autoridades Generales. El Comité de Correlación ha sido más bien un instrumento de reducción y limitación que de expansión. El ideal de la especialización de aprender más y más sobre cada vez menos y menos parece habernos alcanzado, aunque lamentablemente la conclusión final de esa tendencia es que un día lo sabremos todo… sobre nada.

También señala que los miembros, los discípulos del mormonismo, deberíamos estar “descontentos” con los métodos utilizados hasta aquí para describir las verdades del evangelio y en permanente búsqueda de nuevas opciones. Reclama un discipulado más inteligente y el abandono del desarrollo “crudo” e “inicial”. Asegura que Dios dará más verdades en la medida que tengamos una visión más amplia y profunda. Amplitud significa abrir las mentes, rechazar viejos prejuicios, mirar a nuestro derredor, ver lo que ocurre en la sociedad, en la ciencia y en otras religiones. Profundidad implica revisar las cosas que creemos saber y entender pero con nuevos ojos, no quedarnos en la superficie, aplicar nuevos mecanismos y soluciones para resolver viejos problemas

B. H. Roberts

¿Nos estamos apartando de las “meras repeticiones” cuando las clases y discursos se basan únicamente en los mensajes de las Autoridades sin la necesaria adaptación y recodificación?

Cuando propone el desmalezamiento, implica que junto a las verdades han ido creciendo ciertas no-verdades de las que hay que deshacerse: tradiciones, leyendas, avances teológicos. ¿Estaría hablando de la doctrina de adopción y sellamientos que se cambió por completo a lo largo de su propia vida? ¿Sería aplicable a la “mal entendida” prohibición del sacerdocio a ciertas razas? ¿Habrá aún otras cosas que debemos desherbar?

Es posible que nuestra “cooperación con las obras del Espíritu” haya sido, hasta ahora, bastante limitada.

El pueblo judío tenía una clara propuesta en cuanto a su interacción con los textos sagrados:

“El Talmud declara que Dios mismo estudia la Biblia cada día. Dice que Dios se sienta en la betmidrash, la casa de estudio, con su redondo kipá negro en la cabeza, sosteniendo una Biblia y argumentando y luchando con su propio texto junto a los sabios rabinos de todas las épocas”.(Judith M. Kunst, TheBurning Word: A Christian Encounter with Jewish Midrash, Brewster, Massachussets, Paracletepress, 2006, pag. 4)

En nuestra tradición occidental, hablamos de hermenéutica, que es el “arte de explicar, traducir o interpretar”, especialmente las sagradas escrituras y otros textos filosóficos.

Los hebreos tenían el midrash, la hagadá y el pésher.

Beis Midrash (Boris Dubrov)

La palabra “midrash” proviene de una raíz que significa volver a contar, investigar, examinar y también interpretar. Se lo ha definido como “interpretación creativa” y como un proceso “que da nueva vida a la narrativa y le otorga sentido para otras generaciones”.

Este es el método que Nefi parece utilizar en 1 Nefi 19:23:

“… porque apliqué todas las Escrituras a nosotros mismos para nuestro provecho e instrucción”.

Una lectura “midráshica” de nuestros textos canónicos requeriría involucrarnos de un modo mucho más personal y creativo tanto para comprenderlos como para lograr su objetivo final que es acercarnos a Dios.

Muchos años antes de que las modernas teorías sobre la figura del lector entrasen en vigencia, Emerson señalaba de modo perspicaz:

“Existe tanto una lectura creativa como una escritura creativa. Cuando la mente se ha preparado para la labor y la invención, la página de cualquier libro que leamos se torna luminosa con múltiples alusiones. Cada frase es doblemente significativa, y el sentido de nuestro autor se vuelve tan amplio como el mundo” (Ralph Waldo Emerson, “The American Scholar,” en Ralph Waldo Emerson: Essays and Lectures, Joel Porte, editor (New York: Library of America, 1983) pag. 59)

En su obra “The Midrash: An Introduction”, el académico judío Jacob Neusner observa la importancia de distinguir entre exégesis textual y midrash:

“Pues los sabios escribieron con las Escrituras, por lo cual quiero significar que las Escrituras recibidas constituyeron una instrumentalidad para la expresión de escritos que portaban su propia integridad y contundencia, apelando a sus propias convenciones de intelegibilidad, y sobre todo, indicando sus propios asuntos… No escribían sobre la escritura, escribían con la Escritura, pues la Escritura proporcionaba la sintaxis y la gramática para sus pensamientos… Sino que cuando nuestros eruditos de bendita memoria componían sus declaraciones, si bien, por supuesto, apelaban a las Escrituras, lo hacían sirviendo a un propósito no definido por las Escrituras sino por una fe en construcción y sujeta a articulación” (Neusner, The Midrash,  Northvale, N. J., Jason Aronson, 1994, X – XI)

Jacob Neusner

Si la fe mormona se halla aún en construcción y, por tanto, sujeta a articulación, si la Restauración es un proceso y no un evento, como B.H. Roberts parece sugerir, deberíamos prestar atención a estas formas alternativas de lectura.

“El Midrash nos invita a estar en sintonía con los muchos sonidos que el texto produce en nuestras almas” (Rabi Eisenberg Sasso, God’s Echo: Exploring Scripture with Midrash, Brewster, Massachusets, Paraclete Press, 2007, pag. 27)

Los sabios judíos parecen haber descubierto algo en los textos sagrados que nosotros deberíamos intentar extender a nuestro canon ampliado. Abraham Heschel, refiriéndose a la Torá hebrea, declara:

“Es un libro que jamás podrá morir… De hecho, el significado total de su contenido apenas ha tocado el umbral de nuestras mentes. Como el océano en cuyo fondo yacen perlas incontables, esperando ser descubiertas, su espíritu aún debe ser develado. Aunque sus palabras parezcan sencillas y su idioma translúcido, significados no observados, insinuaciones ni siquiera soñadas, se abren paso constantemente. Más de dos mil años de lectura e investigación no han logrado explorar su sentido total. Hoy es como si jamás se lo hubiese tocado, jamás se lo hubiese visto, como si aún no hubiésemos comenzado a leerlo” (Abraham Joshua Heschel, God in Search of Man: A Philosophy of Judaism (New York: Farrar, Straus and Giroux, 1976) pag. 242)

¿Podremos ser tan soberbios como para asegurar que lo que el pueblo hebreo no ha logrado con sus textos (que también son nuestros) en más de 2000 años, nosotros lo hemos hecho con El Libro de Mormón y otros escritos modernos, en menos de 200?

El Pésher (cuyo nombre deriva de una raíz que significa “interpretar”) es un tipo de midrash que propone que los textos sagrados se hallan escritos en dos niveles, uno para aquellos de conocimiento limitado, y otro, oculto, disponible sólo para los iniciados. Su característica es que interpreta los textos en referencia a la historia presente, subordinando el contexto original al actualizado. Propone que la letra contiene una información velada, cuyo verdadero sentido aparece al ser referido a acontecimientos históricos posteriores, generalmente el presente del grupo religioso que lo utiliza. Asume que quien escribió por primera vez el texto fue inspirado por Dios, pero no era consciente del significado futuro de sus palabras.

Por hagadá (del verbo hagad, contar, anunciar) se entiende la interpretación libre y actualizada de las Escrituras. Incluye una gran variedad de géneros literarios, juegos de palabras ingeniosos,  significados simbólicos, y gematría (asignación de valores numéricos a las letras del alfabeto). Se la ha definido como el aspecto artístico y literario de la Torá. Suele ser una reconstrucción de los hechos bíblicos vueltos a narrar de modos insospechados y siempre creativos.

Si observamos atentamente, descubriremos que muchos de los autores del Libro de Mormón utilizan estas formas, aplicando los contenidos de las planchas a nuevas y cambiantes circunstancias. Joseph Smith, tanto en sus textos canónicos como extra canónicos, hace una permanente relectura de los pasajes bíblicos.

Muchos cristianos (y quizás, muchos mormones) ven a las Escrituras como algo fijo, inmutable y sin errores, pero estas formas alternativas de lectura las ven no como algo cerrado, sino como el punto de partida para hallar nuevo significado.

Las propias escrituras contienen adaptaciones y reconstrucciones artísticas de sí mismas. Un ejemplo siempre mencionado por los estudiosos es la historia de Jael y Sísara registrada en los capítulos 4 y 5 de Jueces.

En el primer caso la historia narra:

“Y Sísara huyó a pie a la tienda de Jael, esposa de Heber el ceneo, porque había paz entre Jabín, rey de Hazor, y la casa de Heber, el ceneo. Y saliendo Jael a recibir a Sísara, le dijo: Ven, señor mío, ven a mí, no tengas temor. Y él fue hacia ella a la tienda, y ella le cubrió con una manta. Y él le dijo: Te ruego me des de beber un poco de agua, pues tengo sed. Y ella abrió un odre de leche y le dio de beber, y le volvió a cubrir…Y Jael, esposa de Heber, tomó una estaca de la tienda y, tomando un mazo en la mano, se acercó a él calladamente y le clavó la estaca en las sienes, y la enclavó en la tierra, pues él estaba cargado de sueño y cansado; y así murió”.  (Jueces 4: 17-21)

Estudio de Jael y Sísara, Carlo Maratti, 1695

Mientras que en la reelaboración poética del capítulo siguiente, conocida como el cántico de Débora y Barac, leemos

“Bendita sea entre las mujeres Jael,

esposa de Heber, el ceneo;

bendita sea entre las mujeres de la tienda.

Él pidió agua, y ella le dio leche;

en tazón de nobles le presentó cuajada.

Su mano tendió a la estaca,

y su diestra al mazo de trabajadores;

y golpeó a Sísara, hirió su cabeza,

horadó y atravesó sus sienes.

Cayó encorvado a los pies de ella, quedó tendido;

a los pies de ella cayó encorvado;

donde se encorvó, allí cayó muerto.

La madre de Sísara se asoma a la ventana,

y por entre las celosías a voces dice:

¿Por qué tarda su carro en venir?

¿Por qué las ruedas de sus carros se retrasan?

Las más sabias de sus damas le respondían,

y aun ella se respondía a sí misma:

¿Acaso no han hallado el botín y lo están repartiendo?

A cada uno una doncella, o dos;

el botín de tela para Sísara,

el botín de tela bordada de colores,

tela de colores bordada por ambos lados,

 para los cuellos de los que han tomado el botín.

Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová;

mas los que le aman sean como el sol cuando nace en su fuerza.”

(JUECES 5: 24-31)

Jael y Sísara por Willem van Mieris

Parece obvio decir que esta última versión tiene ingredientes poéticos que faltan en la primera. Para empezar, los versos están formados básicamente por bicola (que sería el plural correcto de bicolon, la repetición de la misma idea, con diferente fraseo, en dos versos contiguos), mientras que la descripción inicial de Jael y el cuadro de la muerte de Sísara a sus pies, son tricola, con los que el poeta pareciera intentar resaltar artísticamente esos momentos.

En la segunda versión hay detalles que no aparecen en la primera. ¿Quién podía conocer la reacción de la madre de Sísara? ¿Está allí para hacer más angustiante la noticia de su muerte? ¿Es dable manipular la verdad con fines artísticos sin que deje de ser verdad?

En las primeras estrofas del cántico también aprendemos que, en medio de las batallas, “la tierra tembló, los cielos destilaron, y las nubes gotearon agua” y “los montes se estremecieron”. Nada de eso menciona el capítulo anterior. ¿Estará el autor del texto haciendo participar a Jehová de la guerra, tomando partido, y convirtiéndola en un escenario del bien contra el mal? Es muy posible…

“Desde los cielos pelearon las estrellas, desde sus órbitas pelearon contra Sísara. Los barrió el torrente Cisón, el antiguo torrente…” La naturaleza toda, la Creación completa, se pone de parte del pueblo de Israel. Un ángel maldice a los moradores de las ciudades que no se aliaron con el pueblo escogido. ¿Ocurrió realmente todo eso? ¿Por qué no lo menciona el capítulo anterior? ¿Es posible una reconstrucción idealizada de los hechos con un fin poético? Pareciera que sí…

Un caso similar, muy bien desmenuzado por John Welch, es el relato de la conversión de Alma, hijo, tal como se encuentra en Mosiah 27 con su contrapartida en Alma 36, cuando la relata a su hijo, Helamán. La elaboración retórica y estructural que posee la segunda versión tiene un propósito pedagógico pero, además, artístico. No niega lo que dice la primera, pero la amplía, reelabora y pule.

Intertextualmente, también es productiva la comparación de Génesis 5:24 que, escuetamente menciona:

“Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque lo llevó Dios”

Para contraponerla a los expansivos Capítulos 6 y 7 del Libro de Moisés, en La Perla de Gran Precio, donde aprendemos sobre su vida, su ministerio y de la ciudad y sociedad de Sión, que fueron llevadas a los cielos.

El estudioso Robert A. Rees en su The Midrashic Imagination and the Book of Mormon (Dialogue Vol. 44 Nº 3, pags. 44-66) sugiere:

“Todo esto es un preludio para mi argumento de que los Santos de los Ultimos Días deberían considerar la escritura de midrashim basados en las escrituras de la Restauración, especialmente el Libro de Mormón. Ya que los SUD creen que el Libro de Mormón fue escrito por israelitas que comenzaron su larga historia de exilados en el Nuevo Mundo con la Ley y los Profetas hasta Jeremías, parece invitarnos a considerarlos una fuente, como la Torá, no sólo para interpretar, sino también para inventar, expandir e imaginar. Para lograrlo deberemos realizar algunos ajustes en nuestra actitud hacia las escrituras, ya que tendemos a hacer una interpretación literal y a enfocarnos más en las respuestas que en las preguntas, sin embargo, el cuestionamiento está en la raíz misma del encuentro de los rabinos con la sagrada escritura. El autor israelí Amoz Oz enfatiza la diferencia: “Los fundamentalistas viven la vida con un signo de admiración. Yo prefiero vivir la mía con uno de interrogación”. (citado en Sasso, God’s Echo, pag. 17). El propio Rabí Sando Sasso agrega, “Los rabinos le daban vueltas y vueltas al texto. Se deleitaban en leer la Biblia con signos de interrogación para descubrir no sólo lo que la Biblia significaba sino lo que continuaba significando. Entraban en diálogo con el texto y agregaban una nueva voz en el cuarto. Y a partir de estas voces y preguntas escribían midrashim” (idem anterior). En realidad, los Santos de los Ultimos Días deberíamos sentirnos cómodos con la idea de escribir midrash, ya que muchas de las escrituras de la Restauración podrían categorizarse de ese modo. Es decir, es posible considerar partes de los libros de Abraham y Moisés como extrapolaciones midráshicas o extensiones del Antiguo Testamento u otros textos antiguos, pasajes del Libro de Mormón o La Doctrina y Convenios como revisiones midráshicas del Antiguo y Nuevo Testamento,  la versión inspirada de la Biblia de Joseph Smith como un refinamiento midráshico de ciertos pasajes bíblicos. En su obra Understanding the Book of Mormon, el estudioso mormón Grant Hardy propone que las citas y comentarios de Nefi sobre Isaías, “ofrecen una especie de midrash (para utilizar un término anacrónico) sobre Isaías” (Grant Hardy, Understanding the Book of Mormon (New York: University of Oxford Press, 2010), pag. 69)

Una de las razones para mantener nuestras mentes e imaginaciones abiertas a los posibles significados del texto y de las posibles exploraciones de aquello que está apenas insinuado en el texto, o de lo que no está en absoluto, pero es, no obstante, relevante, es que cada generación no sólo posee las lecturas e invenciones del pasado, sino nuevas herramientas – tanto técnicas como críticas – a su disposición. También nuestra comprensión expandida tanto  de la naturaleza humana y divina así como el continuo despliegue de la historia nos abren nuevas visiones… Por ejemplo, una generación atrás, existía muy poca literatura midráshica feminista. Hoy es una de las más ricas vetas de la tradición en la medida que una nueva generación de escritoras y académicas sacan los textos sagrados a la luz para ver que nuevos significados surgen de ellos. En mi propuesta “Hacia un Midrash Mormón Feminista”, señalé varios modos en que las mujeres mormonas contemporáneas podrían comenzar a explorar posibilidades no sólo en los textos centrales de la tradición Judeo-Cristiana sino también en los textos de la Restauración, especialmente El Libro de Mormón. Sugiero, por ejemplo, que las mujeres mormonas nombre, vistan y otorguen vidas a los muchos personajes femeninos anónimos en el Libro de Mormón, cuya única referencia es la identidad genérica: esposas (80 veces), hijas (76), mujeres (55), madres (17), concubinas/rameras (15), viudas (7), con identidad femenina (5), siervas (3)… Es de esperar que las mujeres Santos de los Ultimos Días, como sus contrapartidas judías, despierten su imaginación a las posibilidades que yacen escondidas en los registros del pueblo de Lehi y Sariah…

¿Qué más podríamos imaginar que agregase algo a la escasa información que las primeras páginas del libro proveen? ¿Cuáles, por ejemplo, fueron  “las cosas grandes y maravillosas” que Nefi declara que su padre leyó en el libro que le fue dado) (1 Nefi 1:14) ¿Podría nuestra imaginación reconstruir la rivalidad entre hermanos que ya se encuentra totalmente desarrollada al momento en que la familia abandona Jerusalén? ¿Qué podría explicar el antagonismo de Laman y Lemuel hacia su hermano menor? ¿Era similar a otras rivalidades bíblicas – Cain y Abel, Jacob y Esau, José y sus hermanos?…

En ocasiones, los escritores de midrash, cuentan la historia desde otro punto de vista. Ya que Nefi es el único narrador de la odisea desde Jerusalén al Nuevo Mundo, necesitamos tener en mente que, como Wayne Booth y otros críticos textuales han argumentado, los narradores en primera persona (y yo añadiría, aún tales narradores de textos sagrados) pueden ser poco confiables, o al menos, limitados, en su modo de ver y reportar eventos…

¿Qué tal si la historia fuese contada desde el punto de vista de Lamán, Lemuel o Zoram? ¿O por la esposa de Nefi? ¿Cómo modificaría otro punto de vista el modo en que se desarrolla el drama? ¿Cómo experimentan Ismael y su familia el viaje desde Jerusalén, a través del desierto, y hacia el Nuevo Mundo?

De lo que considero una casi inagotable fuente de midrash del Libro de Mormón, permítanme considerar varias líneas de narrativa especialmente fructíferas: la excursión al Nuevo Mundo de los Mulekitas como se encuentra en Omni. Este es un pueblo sin libro y, por tanto, con una memoria histórica que se desvanece hasta que encuentran a la gente del Rey Mosiah. Proviniendo ambos del mismo lugar y período histórico, debe haber sido fascinante para ellos comparar historias de Jerusalén, la cambiante escena política que siguió a la partida de Lehi, sus respectivos viajes al nuevo continente, y sus experiencias después del arribo. Una vez asimilados ¿cuánto de su lenguaje, costumbres y memoria tribal retuvieron?… Los Mulekitas informaron a Mosiah que habían descubierto a Coriantumr, el solitario sobreviviente de la mutua aniquilación jaredita, quien vivió con ellos por “nueve lunas”, durante los cuales habló sobre sus padres, quienes habían venido de la gran Torre (Omni 1: 20-22). ¿Qué historias habrá contado Coriantumr sobre el violento fin de su civilización, su vagar solitario, y lo que debe haber sido contar con compañía humana nuevamente?

Cuando el profeta Abinadi es perseguido por los agentes asesinos del Rey Noe (Mosiah 11), se nos dice que se fue por el espacio de dos años, luego de los cuales volvió disfrazado para que no lo reconocieran y comenzó a profetizar ¿Podríamos imaginar qué hizo Abinadí durante esos dos años de exilio, viajando por el territorio, o probando diversos tipos de disfraces?…”

Robert A. Rees

El listado podría ser infinito. Descubro ahora que la Saga del Retorno de Orson Scott Card, que toma a los personajes y eventos del Libro de Mormón para rediseñarlos dentro de novelas de ciencia ficción, podría ser un excelente ejemplo de literatura midráshica mormona.

La oportunidad está allí. Sólo falta imaginar… y comenzar a relatar…

 

Brandon Sanderson, Nacido de la Bruma

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Brandon Sanderson, Nacido de la Bruma

 Por Mario R. Montani

Brandon Sanderson nació en Lincoln, Nebraska, el 19 de diciembre de 1975. Recuerda sobre su juventud:

“Mis inicios como escritor pueden quizás rastrearse hasta cuando tenía catorce años. Para decirlo sinceramente, yo no era un estudiante que se distinguiera: B y C eran las clasificaciones en todas las materias. Tampoco tenía una dirección muy clara hacia donde ir; no había nada que me encantase hacer. Era lo que se denomina un “lector reticente”. Mis habilidades de lectura no eran para nada fantásticas, de modo que, cuando intenté leer el Señor de los Anillos por primera vez, no entendí nada, por lo que asumí que todas las novelas de fantasía eran aburridas. Fue un profesor el que me entregó la primera novela de fantasía que realmente leí hasta el final. El libro era Dragonsbane de Barbara Hambly, y tenía esa hermosa portada de Michael Whelan que inmediatamente atrapó mi vista. Lo leí y me enamoré de él. Me convertí en un lector ávido, mayormente de novelas de fantasía, en los dos años siguientes. Pronto comencé a pensar “Bien, alguien está haciendo de esto su modo de vida, y pareciera algo que yo realmente disfrutaría”. Allí encontré cierto propósito y dirección a seguir…”

En 1994 se trasladó a Provo, Utah, para estudiar bioquímica en la Universidad de Brigham Young.

“Tuve algunas influencias en mi vida, primeramente mi madre, quien me convenció de que ser un escritor era difícil, y tenía razón. Es uno de esos trabajos en que no todos lo que lo intentan lo logran. Ella me convenció de inscribirme en química en la Universidad porque las ciencias se me habían dado bien en la secundaria, pensando que podría escribir en mi tiempo libre, teniendo un trabajo real y sólido. No era un consejo demasiado terrible, pero no estoy seguro si era lo que necesitaba en esa época…”

Entre 1995 y 1997 Brandon cumplió una misión para la Iglesia en Seúl, Corea. Al regreso, si bien obtuvo una Licenciatura en Química, decidió cambiar su orientación a Idioma Inglés, obteniendo más adelante una Maestría en Redacción Literaria.

“Serví una misión y durante esa época estaba muy contento de hallarme en otro continente, lejos de la química. Sin embargo, extrañaba escribir, pues lo había estado haciendo por diversión durante todo el primer año en la universidad, antes de partir. En realidad comencé mi primera novela a los quince años, pero no iba muy lejos con ella. Se había tornado derivativa y tenía todos los defectos que se pueden atribuir a un estudiante de la secundaria. Pero el saber que podía producir algo me entusiasmó. Por supuesto, no se la mostré a nadie. La escondí detrás de un cuadro en mi cuarto, pues no quería que nadie la viese y se burlase de mí. Al regresar de mi misión pensé en darle una nueva oportunidad. De modo que cambié mi orientación principal a Idioma Inglés, pues asumí que debía hacer eso si deseaba convertirme en escritor. Con el tiempo aprendí que no es el camino que todos siguen, pero funcionó bien para mí. Me otorgó un conocimiento más profundo de los grandes clásicos…”

Para pagar sus estudios, nuestro autor trabajó como recepcionista en un hotel, lo cual le brindaba ciertas ventajas:

“Conseguí un trabajo nocturno en un hotel, lo que funcionaba perfectamente para mí, pues estaba allí los días de semana desde las 11 de la noche hasta las 7 de la mañana, y el único requisito que me pusieron fue, “No te duermas. Haz lo que quieras, pero no te duermas. Te necesitamos despierto en caso de una emergencia o si alguien quiere ingresar”. De modo que pasaba la mayor parte del tiempo trabajando en mis novelas a esas horas de la madrugada, así que pude pagar mis estudios, asistir a clases, y aún tener tiempo para escribir. Continué haciendo eso por casi cinco años, hasta que eventualmente decidí obtener mi maestría…”

En 2003, cuando ya se encontraba bastante avanzado en su programa de graduación, recibió un llamado de la Editorial Tor, que estaba interesada en comprar una de sus obras:

“Por ese entonces, ya había escrito 12 o 13 novelas a las que intentaba insertar en el mercado editorial. Recibí un mensaje de voz en mi teléfono. Era de un editor al que había enviado uno de mis libros 18 meses atrás. Para entonces yo lo había dado por perdido…Se lo había entregado a un agente en una convención, quien finalmente logró leerlo y enviarlo a la editorial. Pero para entonces todos los datos para contactarme estaban mal. Me había mudado y AOL había dado de baja mi e-mail pues dejé de pagarlo. También había comprado un celular, de modo que el teléfono que tenían ya no existía. Afortunadamente había mantenido actualizada mi página en BYU y allí me encontraron a través de Google. La voz decía: “Hola, no sé si usted es el Brandon Sanderson correcto, pero si es así, recibí un manuscrito suyo hace 18 meses atrás, y anoche comencé a hojearlo. Ya llevo varios cientos de páginas y quise asegurarme de que aún esté disponible, pues creo que quiero comprarlo”. Lo llamé, y también al agente que había conocido. El llevó adelante las negociaciones del contrato y me convertí en un autor…”

Brandon dejó su trabajo en el hotel y comenzó a enseñar composición a los alumnos ingresantes en la Universidad de Brigham Young para mantenerse. En mayo de 2005 recibió la copia de “Elantris”, su primera novela publicada. Finalizando los estudios, se casó con su novia, Emily Bushman, el 7 de Julio de 2006. Para entonces, los dos primeros tomos de su serie Mistborn (Nacidos de la bruma) estaban ya en proceso de publicación. El primero de ellos, El Imperio Final, produjo una profunda impresión en Harriet McDougal, viuda del popular escritor de fantasía Robert Jordan, quien deseaba encontrar un escritor que continuase la obra de su esposo, la serie épica The Wheel of Time (La Rueda del Tiempo). El anuncio fue hecho por la Editorial Tor en 2007 y los dos primeros libros de la saga compartida, The Gathering Storm (2009) y Towers of Midnight (2010) alcanzaron el primer puesto en la lista de bestsellers del New York Times. El final de la serie, A Memory of Light (2013), también lograría el número uno en ventas.

En 2010 comenzó la publicación de su saga The Stormlight Archive, con el que sería el primero de 10 volúmenes, Way of Kings. Hasta ahora le han seguido Words of Radiance (2014) y Oathbringer (noviembre 2017).

 

Estos tres últimos libros tienen portadas de Michael Whelan, el ilustrador que atrajo la atención de Brandon en la Secundaria

Brandon ha sido nominado dos veces para el Premio John W. Campbell, al mejor escritor novel de ciencia ficción o fantasía. Ha escrito para jóvenes (El Rithmatista) y niños (su serie Alcatraz) y se ha consolidado como uno de los más versátiles e innovadores autores de fantasía.

En 2016, DMG Entertainment compró los derechos de su universo Cosmere con la idea de llevarlo al cine, en lo que fue una de las noticias literarias más importantes del año.

Sanderson tiene tres hijos con su esposa, Emily, quien funciona también como su gerente de ventas. También enseña un curso anual sobre literatura fantástica en BYU. En un trabajo catedrático sobre el Síndrome de Campbell (el estudioso que describió el camino del héroe en su reconocido trabajo El héroe de las mil Caras) pidió una mayor flexibilidad en los patrones narrativos:

“Muchos escritores contemporáneos, algunos de ellos muy buenos, se han restringido a sí mismos al estándar asumido de la fantasía. Escriben relatos sobre jóvenes héroes que son llamados a una búsqueda misteriosa, ambicionan el poder y llegan a la madurez al superar sus tribulaciones. Siguen el Síndrome de Campbell paso a paso, e intentan estar seguros de que no dejan nada al margen.

El movimiento ha ganado tal impulso (en parte por Tolkien, cuya obra exhibe el Mito del Héroe pero no lo sigue) que se ha convertido en sinónimo de fantasía. Y, a causa de ello, el género está amenazado de estancamiento”.

Con relación a la influencia de la religión en su obra, ha declarado:

“Como autor, lo más importante para mi es la historia. El tema y el mensaje son secundarios. No comienzo un libro pensando ‘voy a escribir sobre este tema’. En otras palabras, no intento predicar con mis libros. Lo que deseo es tener personajes realistas e irresistibles que estén preocupados por cosas diferentes. Para algunos la religión es importante, para otros no. Al describir personajes convincentes a los que les importan ciertos asuntos, me doy cuenta de que tienden a estar influenciados por aquellos asuntos que me importan a mí. En cuanto a mi fe, es la primera influencia ya que me hace interesar en ciertos tópicos. Por tanto, la religión tiende a ser un tema en mis obras. Sin embargo, si leen Elantris, mi primera obra publicada, la figura religiosa era el principal antagonista. Muchos me han preguntado, “Brandon, tu eres una persona religiosa ¿por qué describes tan pobremente a la religión en ese libro?”. Mi respuesta ha sido que no he dibujado pobremente a la religión. El mal uso de la religión es una de las cosas que más me aterra en la vida. Alguien que toma la fe para torcerla y manipularla realiza uno de los actos de mayor maldad que puedan cometerse, en mi opinión.

En mi serie de Mistborn, no estaba siquiera intentando mostrarme abiertamente como Santo de los Ultimos Días. Sin embargo, mis valores dan forma a lo que soy y a lo que determino que es importante. Por tanto termino describiendo personajes que enfrentan esas cosas, y pienso que ocurre allí mucho que podría considerarse SUD. Por supuesto, también hay mucho de budismo. Serví una misión en Corea y tengo mucho respeto por la religión budista. Creo que algunos elementos aparecen en mi escritura. No porque planee “Bien, voy a utilizar algo de budismo aquí” sino porque simplemente ocurre al desarrollar cierto personaje…

Una de mis metas principales es que, al incluir personajes cuyas creencias son diferentes a las mías, debo asegurarme de hacerlo de forma realista, pudiendo describir sus ideas y filosofía de un modo apropiado. Creo que es importante que los autores logren que sus personajes se sientan reales y no meras cabezas parlantes puestas para aprender una lección. Otro autor, Robert Jordan, dijo en cierta ocasión que le encantaba cuando sus libros lograban que la personas se hicieran preguntas, pero que él no deseaba darles las respuestas – creía que ellos deberían encontrar sus propias respuestas. Eso es lo que intento hacer, yo también”.

 

Bibliografía de Brandon Sanderson 

Novelas cortas

  • Legión y El alma del Emperador: Publicados conjuntamente en España por la editorial Fantascy en abril de 2014. Cuentan ambos con un total de 240 páginas.

Novelas autoconclusivas

  • Elantris(2005), publicada en España en la colección NOVA en 2006.
  • El aliento de los dioses(2009) – Fue publicada en tapa dura en  UU. en junio de 2009. Sanderson fue publicando avances de este libro bajo una licencia de Creative Commons, capítulo a capítulo. También están disponibles borradores de varios capítulos.

El Rithmatista

        El Rithmatista(2016), publicada en España en la colección NOVA en 2016.

La Espada Infinita (Infinity Blade)

  • La Espada Infinita: El Despertar (Infinity Blade: Awakening) (2011) publicada en España en la colección NOVA
  • La Espada Infinita: Redención (Infinity Blade: Redemption) (2013) publicada en España en la colección NOVA

Alcatraz

  • Alcatraz Versus the Evil Librarians(2007), publicada en España por la editorial B de Books en 2016.
  • Alcatraz Versus the Scrivener’s Bones(2008), publicada en España por la editorial B de Books en 2016.
  • Alcatraz Versus the Knights of Crystallia(2009)
  • Alcatraz Versus the Dark Talent, publicación prevista en 2010.

Nacidos de la bruma

La rueda del tiempo

  • La tormenta(2009), publicado en España por Timun Mas en 2010.
  • Torres de medianoche(2010), publicado en España por Timun Mas en 2011.
  • Un recuerdo de Luz(2013), publicado en España por Timun Mas en 2013.

El archivo de las tormentas (The Stormlight Archive)

  • El camino de los reyes(The Way of Kings) (2010), publicada en España en la colección NOVA en 2012.
  • Palabras radiantes(Words of Radiance) (2014), publicada en España en la colección NOVA en 2015.
  • “Oathbringer” se publicó en inglés el 14 de noviembre de 2017.

Trilogía de los Reckoners

  • Steelheart(2014).
  • Firefight (2015 en inglés)(2016 en español)
  • Calamity (2016 en inglés)(2017 en español)

Los Mormones y “El Péndulo de Foucault” – Umberto Eco

Arte y Religión

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                   Los mormones en las obras literarias

Los Mormones y El Péndulo de Foucault

(No, Umberto, los Mormones no desaparecieron)

Por Mario R. Montani

Umberto Eco (1932-2016) fue un importante semiólogo y escritor italiano. Se doctoró en filosofía en la Universidad de Turín en 1956. A partir de 1971 ejerció como docente en la Universidad de Bolonia, en la cátedra de Semiótica.

Sus obras teóricas y de análisis cultural incluyen Obra Abierta (1962), Apocalípticos e Integrados (1964),  La Estructura Ausente (1968), Tratado de Semiótica General (1975), El superhombre de masas (1976), Lector in Fabula (1979), Semiótica y filosofía del lenguaje (1984)

En 1980 dio a conocer su primera novela, El nombre de la rosa, con ambientación medieval y encuadrada en el género policial, donde logró una ingeniosa combinación de sus presupuestos teóricos, con una perfecta reconstrucción histórica y una narración imaginativa. La obra fue llevada al cine debido a su popularidad.

Le siguieron El péndulo de Foucault (1988), La isla del día antes (1994), Baudolino (2000), La misteriosa llama de la Reina Loana (2004), El cementerio de Praga (2010) y Número Cero (2015)

Por las páginas de El Péndulo… desfilan los Templarios, la cábala judía, los alquimistas, los rosacruces, masones, jesuitas y muchas otras tendencias secretísimas y ocultas.

Tres intelectuales que conforman una editorial en Milán se proponen una colección sobre las ciencias ocultas y las sociedades secretas. Casaubon, el más joven, es el narrador en primera persona. Lo secundan Belbo y Diotallevi. Al profundizar sus estudios creen descubrir un Plan Maestro que, con ciertas interferencias, se ha ido llevando a cabo a lo largo de los siglos.

En cierto momento, Diotallevi recibe de Francia un supuesto catálogo de las sociedades existentes.

Hojeaba:

Aquí está: Absolutistas (que creen en la metamorfosis), Aetheriús Society de California (relaciones telepáticas con Marte), Astara de Lausana (juramento de secreto total), Atlanteans 178 de Gran Bretaña (búsqueda de la felicidad perdida), Builders of the Adytum de California (alquimia, cábala, astrología), Círculo E. B. de Perpiñán (dedicado a Hator, diosa del amor y guardiana de la Montaña de los Muertos), Círculo Eliphas Levi de Maule (no sé quién es este Levi, debe de ser ese antropólogo francés, o como se llame), Caballeros de la Alianza Templaria de Tolosa, Colegio Druídico de las Galias, Convent Spiritualiste de Jericó, Cosmic Church of Truth de Florida, Seminario Tradicionalista de Econe, Suiza, Mormones (con éstos ya me topé una vez en una novela policíaca, pero quizá hayan desaparecido-), Iglesia de Mitra en Londres y en Bruselas, Iglesia de Satanás en Los Angeles, Iglesia Luciferiana Unificada de Francia, Iglesia Rosacruciana Apostólica en Bruselas, Hijos de las Tinieblas u Orden Verde de Costa de Oro (éstos quizás no, vaya usted a saber en qué idioma escriben), Escuela Hermetista Occidental de Montevideo, National Institute of Kabbalah de Manhattan, Central Ohio Temple of Hermetic Science, Tetra-Gnosis de Chicago, Hermanos Ancianos de la Rosa-Cruz de Saint Cyr-sur-Mer, Fraternidad de Seguidores de San Juan Crisóstomo para la Resurrección Templaria en Kassel, Fraternidad Internacional de Isis en Grenoble, Ancient Bavarian llluminati de San Francisco, The Sanctuary of the Gnosis de Sherman Oaks, Grail Foundation of America, Sociedade do Graal do Brasil, Hermetic Brotherhood of Luxor, Lectorium Rosacrucianum en Holanda, Movimiento del Grial en Estrasburgo, Orden de Anubis en Nueva York, Temple of Black Pentacle en Manchester, Odinist Fellowship en Florida, Orden de la Jarretera (ahí debe de estar metida hasta la reina de Inglaterra), Orden del Vril (masonería neonazi, sin dirección), Militia Templi de Montpellier, Soberana Orden del Templo Solar en Montecarlo, Rosacruz de Harlem (ya ven, ahora hasta los negros), Wicca (asociación luciferina de obediencia celta, invocan a los 72 genios de la Cábala)… 9 bien, ¿quieren que lea más?

¿Realmente, existen todas? –preguntó Belbo.

Y muchas más. A trabajar. Prepare la lista definitiva y después se les envía el folleto. Aunque sean extranjeras. Entre esa gente las noticias vuelan. Ahora sólo queda una cosa por hacer. Hay que ir a las librerías estratégicas y hablar, no sólo con los libreros, sino también con los clientes. Decir como si nada que existe esta colección, así y asá.

(Eco, Umberto, El Péndulo de Foucault, Primera Parte, Geburah (Cap.5), Buenos Aires, Sudamericana, 2012, pag. 342-343)

Eco es un hábil productor de esas listas interminables con un fin estético, habilidad compartida con Borges, a quien admira.

La extraña inclusión de los mormones va acompañada de una referencia intertextual a Estudio en Escarlata de Arthur Conan Doyle, primera novela de Sherlock Holmes, cuya interpretación es imposible sin ingresar al mundo decimonónico de los Santos de los Ultimos Días, y a la cual el autor hace un homenaje como cultor del género policial.

Quizás la novela sea un extenso corolario a esta idea genial de Eco:

“Cuando los hombres dejan de creer en Dios, no quiere decir que creen en nada: creen en todo”.

“Cómo aprendí a Escribir” – Robert Louis Stevenson

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“Cómo aprendí a escribir”

Robert Louis Stevenson

Robert Louis Balfour Stevenson nació en Escocia en 1850. Escribió novelas, ensayos y poesía. Son famosas sus novelas de aventuras La Isla del Tesoro, Raptado, David Balfour y La Flecha Negra, así como su popular historia de horror psicológico El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Su prosa fue muy apreciada por G.K. Chesterton y J.L. Borges, quien dijo de él: ‘la breve y valerosa vida del escocés Robert Louis Stevenson fue una lucha contra la tuberculosis que lo persiguió de Edimburgo a Londres, de Londres al sur de Francia, de Francia a California, y de California a una isla del Pacífico, donde, al fin, lo alcanzó. Pese a tal asechanza, o tal ver urgido por ella, ha dejado una obra importante, que no contiene una sola página descuidada, y sí muchas espléndidas’.

“Cómo aprendí a escribir”

“Durante toda mi infancia y juventud yo era conocido – y destacaba por ello – por ser un haragán. No obstante, estaba constantemente ocupado en lo que era mi personal propósito, que era aprender a escribir. Siempre llevaba en el bolsillo dos libros: uno, para leerlo; el otro, para escribir en él. Al caminar tenía siempre la cabeza entretenida, buscando las palabras adecuadas para anotar lo que veía.

Cuando me sentaba al borde del camino, o bien leía, o bien sacaba un lápiz y cuadernillo barato donde apuntaba los rasgos de la escena o improvisaba algunas estrofas dubitativas. Así vivía yo con las palabras. (…)

Había hecho el voto de aprender a escribir. (…) Siempre que leía un libro o un párrafo que me complacía especialmente, donde se decía una cosa o se presentaba un efecto con propiedad, donde se agazapaba una fuerza evidente o un feliz rasgo de estilo, tenía que sentarme enseguida y ponerme a imitar aquello. Claro que no lo conseguía, y yo lo sabía bien. Lo intentaba, una y otra vez, y volvía a fallar una y otra vez. Pero en todos estos intentos vanos, logré al menos adquirir cierta práctica en el ritmo, la armonía, la construcción y la coordinación de las partes. Así he copiado con diligencia a Hazlitt, Lamb, Wordsworth, Sir Thomas Browne, Defoe, Hawthorne, Montaigne, Baudelaire y Obermann… Esto, nos guste o no, es la forma en que aprendí a escribir y si le he sacado provecho como si no, así ha sido.

También fue esa la forma en que aprendió Keats, y nunca hubo un temperamento más adecuado a la literatura que el de Keats; así ha sido seguramente -nos daríamos cuenta si pudiéramos comprobarlo- como han aprendido todos; y por ese motivo, cada vez que hay un revival literario va acompañado o anunciado por una mirada retrospectiva a los modelos anteriores (…) Hasta Shakespeare mismo, el imperial, procede de una escuela. Sí, de una escuela de la que -cabe esperar- salen buenos escritores; de una escuela que, casi de modo invariable, produce buenos escritores, salvo alguna excepción.

Antes de que pueda decir qué cadencias prefiere, el alumno debe probar todas las que existen; antes de elegir y mantener una clave que se ajuste a él, tiene que haber practicado toda la escala literaria; y sólo tras muchos años haciendo este tipo de gimnasia podrá sentarse al fin, mientras llegan legiones de palabras zumbando a su llamada y docenas de estructuras de la frase se le ofrecen simultáneamente para que escoja. Y entonces, sabiendo lo que quiere hacer y dentro de los estrechos límites de la capacidad humana, podrá hacerlo”.

 

(Robert Louis Stevenson, Escribir, Ensayos sobre Literatura, Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2013, del Capítulo ‘Cómo aprendió Stevenson a escribir, de modo autodidacta’, pag. 101-104)

 

“Aventuras entre los Pieles Rojas” por Emilio Salgari

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“Aventuras entre los Pieles Rojas”

Emilio Salgari

Emilio Salgari

Emilio Carlo Giuseppe Maria Salgari nació en la ciudad de Verona, el 21 de Agosto de 1862. Se inscribió en el Real Instituto Técnico y Náutico de Venecia pero abandonó sus estudios en 1881 con sólo algunos viajes realizados por las costas del Mar Adríatico. Sin embargo, se dedicó a escribir novelas de aventuras y de viajes por las más recónditas regiones del globo y gustaba ser identificado como “capitán”. Según la leyenda, disfrutaba escribiendo en un escritorio desvencijado cuyos vaivenes le recordaban la cubierta de un barco. Con más de 80 novelas en su haber, recorrió los mares árticos, las selvas australianas, las Antillas, Indonesia y el oeste americano. Muchas de esas historias pueden agruparse en ciclos como “Los Piratas de la Malasia” con su héroe Sandokán, o “Los Piratas del Caribe” con el Corsario Negro.

Emilio Salgari y Buffalo Bill.

Su nombre se hizo popular en toda Europa y fue nombrado Cavaliere della corona d’Italia per volontá di Umberto I. No obstante, un mal acuerdo económico con sus editores tuvo como efecto que la mayor parte de su vida viviese en la pobreza. Con cuatro hijos para mantener y una esposa enferma que terminó internada en un manicomio, las deudas se fueron acumulando.

En 1911, con sólo 48 años, decidió poner fin a su vida, en la ciudad de Turín, donde residía por entonces.

La fama de Salgari no disminuyó y siguió siendo leído particularmente en los países de lenguas romances, incluyendo Latinoamérica, hasta las décadas de 1970 y 1980. A partir del 2000, nuevas corrientes de la crítica literaria comenzaron a revalorizar la obra del escritor italiano que siempre se había considerado como de ‘historias para jóvenes’ y a rescatar sus valores artísticos y de difusión cultural.

Aventuras entre los Pieles Rojas

Avventure fra le pellirosse fue escrita bajo seudónimo en 1900, cuando nuestro autor llevaba ya tres años publicando. Narra la historia de Randolfo y Mary Harrighen, dos hermanos mexicanos quienes, al verse desheredados por su tío a causa de diferencias políticas entre  juaristas e imperialistas, deciden rehacer su fortuna buscando oro. Para ello, deberán atravesar inhóspitos territorios poblados de apaches y comanches, acompañados de un explorador, un cuáquero y un ladrón de caballos que se proclama (sin que nunca que se explique el porqué) “El Cocodrilo del Lago Salado”.

Los mormones de Salgari aparecen de modo tangencial en la obra, sin discutir sus creencias o historia, sino más bien para completar el cuadro social de la aventura que narraba. Harry Burklay es el único mormón, guía de una caravana atacada por los indios, quien, a pesar de estar seriamente herido, los ayuda a cruzar el río con una canoa. Una vez a salvo, les cuenta su historia, la cual se encuentra en el capítulo que transcribimos… Lamentablemente, en el capítulo siguiente, tanto el mormón como el único integrante negro de la expedición caerán muertos en un nuevo ataque de los indios.

Mario R. Montani

CAPITULO XI

MATANZA DE MORMONES

Harry Burklay, que así se llamaba el herido, había abandonado veinte días antes las fronteras de Méjico, guiando una caravana compuesta por ciento cincuenta personas, entre hombres, mujeres y niños, con varios furgones arrastrados por caballos. Su intención era atravesar el Estado de Tejas, para llegar al Utah, donde está el gran Lago Salado, que es el lugar de refugio de la secta de los mormones. Atravesaron el río Norte, para no suscitar obstáculos por parte de la población, que no veía con agrado estas emigraciones, y por la mañana empezaron a cruzar las praderas que los separaban del río Pecos.

El viaje a través de aquellas ricas llanuras, rebosantes de ciervos, gamos, bisontes y pavos silvestres, que les brindaban carne fresca y abundante, no podía comenzar bajo mejores auspicios. Una noche, sin embargo, en las riberas del río Pecos vieron algunos jinetes que despertaron sus sospechas.

Llevaban los cabellos largos, diademas de plumas y largas lanzas. Todo esto hizo comprender a los desgraciados emigrantes que habían encontrado una banda de pieles rojas.

Sabiendo que por aquellos alrededores se encontraban las tribus de guerreros comanches, Burklay, que no quería poner en peligro a la caravana, llamó a consejo a los exploradores más ancianos, y decidió replegarse inmediatamente hacia el río Pecos para cruzarlo cuanto antes. Tomaron la nueva ruta y pronto estuvieron a orillas del río, encontraron un vado y lo pasaron, acampando en la orilla.

Colocaron los carros en forma de aspa para defenderse mejor, y como estaban escasos de víveres, enviaron varios cazadores a la pradera para renovar las provisiones.

Llevaban tres días cazando y ya habían preparado palos y cuerdas para secar las carnes, cuando en la tarde del cuarto día uno de los cazadores volvió al campamento con una herida en un brazo producida por un hachazo de los indios. Interrogado por el jefe mormón, contó que los comanches le habían perseguido, logrando herirle, y que su número era tan grande que abrigaba serios temores ante la posibilidad de un ataque.

Burklay, como hombre previsor, advirtió a todos que estuviesen preparados a cualquier contratiempo y aumentó los centinelas del campo. No tardaron las tinieblas en hacerse más densas, tanto que no se veía a doscientos pasos.

Cerca de medianoche, uno de los centinelas, el que vigilaba la parte del río, creyó ver en la orilla algunas sombras vagas, pero sin poder distinguir si eran hombres o animales.

Iba a preguntar a otro centinela, apostado cien pasos más allá, cuando un hacha india, lanzada con mano segura y vigorosa, le dio en la cabeza. Apenas si tuvo tiempo de dar el grito de alarma, cuando ya un indio se hallaba sobre él y le arrancaba la cabellera.

Al oír aquel grito, todos los hombres prepararon las armas en un abrir y cerrar de ojos, formando barricadas con los furgones. Burklay, que no se arredraba, hizo que se colocasen los defensores en las extremidades de la cruz y mando que los centinelas se replegasen inmediatamente al campamento, reuniendo a las mujeres y a los niños en el sitio más resguardado. Tomadas estas precauciones, armadas las carabinas y preparadas las hachas, esperaron angustiados el ataque de los pieles rojas.

Poco después comenzaron a ladrar los perros estrepitosamente, y en seguida multitud de indios a caballo y lanza en ristre se precipitaban en el campamento.

Habían atravesado el río protegidos por las tinieblas; eran más de doscientos, y no cabía duda respecto a sus intenciones. Su actitud fiera y resuelta, sus gestos y sus movimientos daban a conocer su decisión de recoger amplia cosecha de cabelleras. Sabiendo que aquellos hombres, enemigos seculares y jurados de los blancos, no tendrían compasión ni les darían cuartel, los mormones saludaron a los recién llegados con fuertes descargas de mosquetería.

Los indios contestaron con su grito de guerra, lanzándose luego a galope y con loco ardor contra los carros, atacando a lanzazos y arrojando nubes de flechas. Espantados por los disparos que, saliendo de derecha e izquierda, los cogían entre dos fuegos, se retiraron apresuradamente, dejando a seis o siete de los suyos sobre el terreno.

Esto parecía una falsa maniobra, y Burklay ordenó a sus hombres que no abandonasen sus puestos, estando prestos a rechazar un segundo ataque, que no podía hacerse esperar.

En efecto, los indios se reunieron en la ribera como si discutiesen algo; luego se dividieron en varias bandas y se ocultaron en la selva.

Una banda, la más numerosa, se colocó frente de los carros que miraban hacia el Este, y se lanzó intrépidamente al asalto, animándose con estentóreos gritos y lanzando nubes de flechas.

A pesar del fuego de los blancos, los indios, defendidos por sus escudos de piel y con las hachas en la mano, se arrojaron impetuosamente entre los carros, trepando por las ruedas, ayudándose unos a otros y apuñalando a los defensores, que se vieron obligados a replegarse hacia el centro del campamento.

Burklay, viendo que los suyos cedían, reunió a todos los que quedaban en los furgones que se extendían hacia el Oeste, y, poniéndose al frente de ellos, se precipitó con fuerza irresistible contra el enemigo.

Esta maniobra, en lugar de ayudar a los mormones, les fue, por el contrario, fatal.

Apenas empeñaron la batalla, cuando de la vecina selva salieron las otras bandas corriendo a galope tendido. Burklay trató de defender los carros y de hacer frente al nuevo enemigo, pero no lo consiguió.

Derrotados al choque de los caballos, molidos a lanzazos, deshechas sus filas y rechazados contra los carros, los mormones se vieron envueltos en menos tiempo del que se tarda en contarlo. Entonces dio principio una lucha terrible entre rojos y blancos. Abandonando por inútiles las lanzas y los fusiles, cogieron las hachas y los cuchillos, entablándose una feroz e inhumana batalla.

Los blancos, dominados por el número, se reunieron en torno a sus mujeres, que rivalizaban en valor, enarbolando las hoces y tizones encendidos; pero no pudieron resistir el impetuoso ataque de los comanches y fueron arrollados, dispersados o arrojados bajo los carros. Los indios se apoderaron de las mujeres y de los niños y los cargaron sobre los caballos.

A pesar de tan gran desgracia, Burklay no perdió la cabeza; reunió a los supervivientes y quiso abrirse paso entre los vencedores, tratando de salvar un grupo como de veinte mujeres, pero fue arrollado. Sus compañeros fueron cayendo uno tras otro bajo las hachas indias, y él, herido de un hachazo en un muslo, rodó bajo un carro y se fingió muerto.

El desgraciado pasó una noche terrible. Entre horrorosas angustias y tremendos sufrimientos, tuvo que presenciar la orgía de los salvajes.

A la mañana siguiente, cuando los indios desaparecieron, curóse la herida como mejor pudo y abandonó el campamento, por miedo de caer en manos de sus despiadados enemigos.

Desgraciadamente, la herida era grave y no le permitió alejarse mucho. Algunos kilómetros más lejos perdió el sentido y cayó al suelo, en tanto que su caballo emprendía veloz huida.

Seguramente hubiese muerto desangrado sin el providencial encuentro con Ralf, el Cocodrilo del Lago Salado, y con Randolfo.

Tal era la trágica historia de aquel pobre emigrante, que se encontraba en tan lamentable estado entre los matorrales de la selva.

 

Los Tres Nefitas en el Texto y el Folklore – Segunda Parte

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LOS TRES NEFITAS

En el texto y el folklore

Segunda Parte

Por Mario R. Montani

De los seres trasladados

En 1700 el escritor inglés John Asgill escribió el panfleto An argument proving that according to the covenant of eternal life revealed in the Scriptures, man may be translated from hence into that eternal life, without passing through death (Argumento demostrativo de que, según el pacto de Vida Eterna revelado en las Escrituras, el Hombre puede ser trasladado a la Vida Eterna sin pasar por la Muerte). Aunque Coleridge gustaba de la ironía y lenguaje de la obra, en realidad su autor fue echado del Parlamento por considerársela “blasfema”, perdiendo propiedades y terminando sus días en la cárcel.

Sin embargo para los Santos de los Ultimos Días, el pueblo Judío y los primeros cristianos, la idea de la traslación corporal ha estado siempre presente en escrituras y tradición.

En Hebreos 11:5, Pablo nos recuerda:

“Por la fe Enoc fue trasladado para no ver la muerte, y no fue hallado, porque lo trasladó Dios. Y antes que fuese trasladado, tuvo testimonio de haber agradado a Dios”.

El texto hebreo medieval El Zohar, también describe al Elias trasladado como ‘un ángel entre los ángeles’ (The Zohar, Harry Sperling y otros, New York, Rebecca Bennet Publications, 1958, 4: 165-166)

En el Discurso del Abbaton, un texto cristiano del siglo IV, se confirma que:

“El Santo Apóstol San Juan, teólogo y virgen, no probará la muerte hasta que se hayan establecido los tronos en el Valle de Josafat…” (E. A. Wallis Budge, Coptic Martyrdoms (Londres: British Museum, 1914), pag. 475)

El Valle de Josafat, según las escrituras, es el lugar del Juicio.

Un poco más adelante, el propio Cristo le dice:

“En cuanto a ti, mi amado Juan, no morirás hasta que los tronos hayan sido preparados en el Día de la Resurrección… Enviaré a Abbaton, el Angel de la Muerte, que venga a ti en ese día… Estarás muerto por tres horas y media, sobre tu trono, y toda la creación te verá. Haré que tu alma regrese al cuerpo y te levantarás vestido con atavíos de gloria” (Ibid anterior, pag. 492-493)

Un texto cristiano siríaco incluye una visión dada al Apóstol Juan en la que el Señor le envía un mensajero:

“Juan, he aquí, has sido apartado por nuestro Señor para predicar el Evangelio de Salvación, junto a los tres que practican la verdad; pero vosotros no seréis privados de este don” (The Gospel of the Twelve Apostles Together with The Apocalypses of Each One of Them, J. Rendel Harris, Universidad de Cambridge, 1900, pag. 34)

El pasaje no es demasiado claro, pero muchos investigadores mormones han especulado sobre una referencia a los tres nefitas.

Otros textos sugieren la alternativa de que Melquisedec y su ciudad de Salem también hayan disfrutado de ese estado provisorio. El Libro de Mormón deja abierta las puertas para la posibilidad de que Alma y Nefi, hijo de Helaman, hayan sido trasladados

El Profeta Joseph Smith, Jr:

“Muchos han supuesto que la doctrina de la traslación era una doctrina mediante la cual los hombres eran llevados inmediatamente a la presencia de Dios y a una plenitud eterna, pero ésta es una idea errónea. El lugar donde habitan es según el orden terrestre, y a fin de que fuesen ángeles ministrantes a muchos planetas, Dios apartó un lugar preparado para estos individuos que todavía no han alcanzado una plenitud tan grande como los que han resucitado de los muertos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, Salt Lake City, Utah, 1975, pag. 203)

Los Tres Nefitas en el folklore mormón

Eric Eliason, profesor de folklore y literatura de BYU razona:

“Los relatos son populares en cualquier cultura – parte de la necesidad humana de contar historias que hablen de sus preocupaciones y valores. Las de los Santos de los Ultimos Días no son muy diferentes de las que cuentan los demás. Pero por causa de nuestra cultura particular, tenemos nuestras versiones particulares de ciertas historias… La de los Tres Nefitas emerge del propio relato del Libro de Mormón, que deja abierta la posibilidad de que ellos aún se encuentran hoy por aquí. Lo cual lleva a la gente a preguntarse ¿Dónde están? ¿Qué están haciendo? Y todo hecho extraño o inusual es naturalmente atribuido a ellos, si cumple lo suficiente con el modelo… No he encontrado ningún lugar en el que Jesús aclare si las parábolas son verdaderas. Creo que asumimos que son historias – que no necesariamente existió un samaritano real. Pero El no lo aclara, lo cual creo que nos está diciendo algo – que lo realmente importante no es si ocurrieron de verdad. Pero, desgraciadamente, esa es la forma en que muchas personas se acercan al folklore mormón, como si eso fuese lo único a cuestionarle. Pienso que cuando escuchamos folklore mormón deberíamos preguntarnos ¿Es lo más importante de esta historia si es o no históricamente exacta o lo importante es lo que dice sobre nosotros, nuestra cultura y nuestros valores?”

George Albert Smith, respondiendo a una pregunta del recopilador Hector Lee, manifestó:

“Más aún, en cuanto al registro de manifestaciones se refiere, la doctrina de la Iglesia es que son dadas para la edificación del individuo a quien llegan y que no son para la exhibición o registro del público. Son mantenidas como sagradas por aquellos que las poseen, y, aunque en alguna ocasión puedan contarlas, en general, repito, son para los individuos que las recibieron”. (Carta del Presidente Smith a Hector Lee del 14 de Septiembre de 1949)

De modo que en las historias coexisten las utilizadas por las autoridades en diferentes momentos con los centenares que se han popularizado y transmitido sin que ninguna de ellas tenga certificado de autenticidad.

En Juvenile Instructor 9:224 se relataba como el jefe indio Tobruka recibió en su campamento la visita de un ser barbado quien le indicó que debía bautizarse en el arroyo cercano para lo cual era necesario acudir a los élderes mormones de Deep Creek. Luego del mensaje simplemente desapareció. Pero al buscarlo, Tobruka descubrió a otros dos personajes, uno más alto que el otro, quienes le repitieron el mismo mandato. Gracias a estas manifestaciones, el Elder William Lee y un intérprete terminaron bautizando y confirmando a más de un centenar de indios goshutes.

En una Conferencia del 5 de Enero de 1860, el Apóstol Erastus Snow declararía

“Leemos que ‘Enoc caminó con Dios, y desapareció, pues Dios lo llevó con El’. El Apóstol Pablo declara que fue trasladado. La revelación dada por intermedio de Joseph Smith enseña que muchos otros en los días de Enoc obtuvieron la misma bendición. Leemos en el Libro de Mormón sobe los Tres Nefitas, en quienes el Señor produjo un cambio, para que sus cuerpos no viesen corrupción; mas ese cambio era en sí mismo equivalente a la muerte y la resurrección. Si el cambio completo tuvo lugar en esa fecha, o si aún un cambio mayor aguarda para tener lugar en ellos, no tenemos una información certera. Pero Mormón, escribiendo sobre ello, da como su opinión, y dice que le es revelado por el Espíritu, que les aguarda un cambio mayor en el gran día en que todo será cambiado. Es suficiente decir que, por causa de la caída de Adán, los elementos de la tierra, de los cuales participamos, han sembrado las semillas de la mortalidad en nuestro tabernáculo terrenal, de modo que es necesario que reciban el mismo cambio, ya sea retornando al polvo y siendo nuevamente levantados, o por el cambio que se produce en un momento, en un abrir y cerrar de ojos” (Erastus Snow, Journal of Discourses 7:356)

Y, el 7 de Mayo de 1884, Franklin D. Richards agregaría:

“Si hay algo en el mundo que puede satisfacer el hambre del alma por conocimiento, son las revelaciones del Señor Jesucristo, que se abren continuamente línea sobre línea y precepto sobre precepto; un poco aquí y un poco allí; por cierto, nada más puede satisfacer las ansias del alma humana. Esto nos llevará a lograr las mismas bendiciones y glorias que el Profeta Joseph nos dijo que Enoc había obtenido. El nos enseñó que junto a su ciudad logró en su época una gloria terrestre, y que aún están gozando de esa gloria. Obtuvieron el poder de traslación, de modo de poder llevar sus cuerpos y su ciudad con ellos. La resurrección no sería hasta que llegara Cristo y se transformara en el primer fruto de aquellos que dormían. El análisis de este asunto me lleva a pensar y expresar unas palabras en relación a los Tres Nefitas. Ellos quisieron demorarse hasta la venida de Jesús, y para que pudieran hacerlo El los llevó consigo a los cielos y los invistió con el poder de traslación, probablemente en uno de los templos de Enoc, y los trajo de nuevo a la tierra. De ese modo recibieron el poder de vivir hasta la venida del Hijo del Hombre. Creo que los llevó a la ciudad de Enoc y les confirió sus investiduras allí. Supongo que en la ciudad de Enoc hay templos; y cuando Enoc y su gente regresen, lo harán con su ciudad, sus templos, bendiciones y poderes. El país del norte cederá su multitud, con el Apósto Juan, quien los cuida. Ellos también vendrán a Sión a recibir sus coronas de las manos de sus hermanos de Efraim (F.D. Richards, Journal of Discourses 25:236)

El Elder Legrand Richards, en la Conferencia General de abril de 1954:

“Hace poco, cuando el Presidente Truman envió un comité a Israel, el presidente Chaim Weizmann les habló sobre su creencia en una fuerza mística que trajo a los judíos a Israel y los ha mantenido con vida.

En la revista Jewis Hope, de septiembre 1950, hay un artículo de Arthur U. Michelson. No tomaré tiempo para leerlo completo, pero en él cuenta sobre su visita a Jerusalén, donde escuchó experiencias del ejército israelí. Tenían un solo cañón, y enfrentaban al ejército árabe bien equipado y entrenado, de modo que cada vez que usaban el cañón lo movían de lugar para que el enemigo pensara que tenían muchos… Deseo leerles lo que ocurrió cuando el ejército de Israel estaba a punto de rendirse: ‘Uno de los oficiales me contó cuánto habían sufrido los judíos. No tenían nada con qué resistir el fuerte ataque árabe. Tampoco tenían alimento ni agua, pues las líneas de abastecimiento estaban cortadas. En ese momento crítico… los árabes de pronto dejaron sus armas y se rindieron. Cuando llegó su delegación con la bandera blanca, preguntaron ¿Dónde están los tres hombres y las tropas que vimos? Los judíos no sabían nada acerca de tres hombres y ese pequeño grupo era toda la fuerza que existía. Los árabes insistieron en que habían visto a tres personas con largas barbas y vestimentas blancas quienes les advirtieron que dejaran de pelear o morirían. Se asustaron tanto que decidieron rendirse’… Ahora bien, yo no lo sé, pero el Señor dijo que haría algo por los judíos en los últimos días, y, cuando permitió a los Tres Nefitas permanecer sobre la tierra, declaró:

‘Y he aquí, se hallarán entre los gentiles, y los gentiles no los conocerán. También estarán entre los judíos, y los judíos no los conocerán. Y cuando el Señor lo considere propio en su sabiduría, sucederá que ejercerán su ministerio entre todas las tribus esparcidas de Israel, y entre todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos; y de entre ellos llevarán muchas almas a Jesús, a fin de que se cumplan sus deseos, y también por causa del poder convincente de Dios que hay en ellos’.(3 Nefi 28: 27-29) (Elder Legrand Richards, Conference Report, Abril de 1954, Reunión de la Tarde, pag. 55-56)

También hay folklore más reciente. Respondiendo a una pregunta sobre el tema en el blog askgramps (https://askgramps.org/have-there-been-any-sightings-of-the-three-nephites/), Carl Jensen comenta:

“En 1975, al comenzar mi misión en Bogotá, Colombia, resolví leer un capítulo diario del Libro de Mormón, y al finalizar me quedaba de rodillas esperando recibir una manifestación espiritual (tenía 19 años entonces). Ocho meses después, estando en la ciudad de Cucuta el 15 de Marzo de 1976, terminé de leer Moroni 10. Esa noche, después de habernos fallado una cita para enseñar, caminábamos por la calle cuando un hombre pasó a nuestro lado. Después de un momento tuve la fuerte impresión de que necesitábamos volver y hablar con él. Después de correr una cuadra lo detuvimos y le preguntamos si podíamos establecer un horario para visitar a su familia. Nos dijo que no vivía en Cucuta, pero, viendo una mesa desocupada en un restaurant cercano, sugirió que nos sentásemos y le diésemos nuestros mensajes. En ese momento comencé a tener sensaciones en mi cuerpo como jamás había tenido. Nos dijo que su nombre era Jonas, sin usar un apellido. Cuando le preguntamos qué estaba haciendo en Cucuta, nos contó que viajaba por todo el mundo con su padre y su tío dando seminarios sobre matemáticas astronómicas y física, pero había venido a Cucuta para ‘visitar a sus ancestros’. Mientras le dábamos la primera charla continuó el ardor en mi pecho. Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas. Finalizamos la charla, él se despidió cortésmente y regresamos a nuestro departamento. Inmediatamente abrí el Libro de Mormón y leí los nombres de los discípulos: Nefi, su hermano Timoteo, y su hijo Jonas”.

No obstante, el Manual del Maestro de Doctrina del Evangelio sobre El Libro de Mormón sugiere prudencia:

“Señale que el Salvador dijo a los Tres Nefitas que estarían entre los Judíos y los Gentiles, quienes no los reconocerían (ver 3 Nefi 28:25-30). Por tanto, muchas de las historias que la gente escucha sobre los Tres Nefitas probablemente no son verdaderas…” (Doctrina del Evangelio- Libro de Mormón, Manual del Maestro, 2009, Cap.46 (3 Nefi 27-30)

Los Tres Nefitas y los estudios académicos

Permítanme compartir, antes de finalizar, la siguiente experiencia de James Faulconer, titular de la cátedra Richard L. Evans sobre Comprensión Religiosa en BYU, y que coloca a los relatos sobre los elusivos nefitas en un nivel de mayor respetabilidad y posibilidades:

“A fines de Agosto del 2007, asistí a una conferencia en Sibiu, Rumania: “Las Metáforas Religiosas y los Conceptos Filosóficos”. La conferencia continuaba con un curso de verano de una semana sobre el mismo asunto en el Monasterio Bancoveanu en el poblado de Sambata de Sus, en las Montañas Fagaras.

El tema era interesante. Las ponencias fueron excelentes, representando sitios como las Universidades de Nottingham y Cambridge. También alguien de quien jamás había escuchado antes: Jad Hatem, de la Universidad St. Joseph, de Beirut.

Después de dos días en Sibiu, un joven y formal estudiante de posgrado me condujo en su auto hasta el monasterio. Me registré y fui a la primera cena en el refectorio. La entrada al refectorio era estrecha, y requería que nos colocásemos en línea de a uno para poder ingresar, y mientras estaba en la fila, oí a alguien detrás de mí hablar sobre los mormones. No podía escuchar lo que decía, pero la palabra mormones sonó varias veces y comencé a prepararme para algún tipo de problema, al menos un momento de tensión cuando quedara claro que yo era Santo de los Ultimos Días. No soy por naturaleza paranoico, pero mi experiencia con otros académicos acerca del mormonismo muestra que raras veces comienza con una idea positiva acerca de él.

Al entrar, nos colocamos a ambos lados de unas largas mesas, y cuando establecí mi lugar, me hallé directamente enfrente de la persona a la que había oído hablar. ‘Bueno’, pensé ‘será mejor ocuparme de esto de entrada’. Entonces, de a uno, fuimos presentándonos, siguiendo el orden en que estábamos sentados. Cuando llegó mi turno y dije, ‘Soy de la Universidad de Brigham Young’, el hombre de enfrente se paró, dio la vuelta para abrazarme y decirme ‘¡BYU, amo a los mormones!’. No hace falta decir que yo estaba sorprendido. No esperaba una hostilidad abierta pero menos aún esa clase de respuesta.

La persona que me brindó tan entusiasta bienvenida era el Profesor Jad Hatem. Hablamos durante la cena y después de ella, y al hacerlo me contó de un libro que había publicado recientemente, Les Trois Nephites, le Bodhisattva et le Mahdi (Editions du Cygne, 2007) (Los Tres Nefitas, el Bodhisattva y el Mahdi). Me resultaba difícil cree que un filósofo del Líbano hubiese sabido tanto sobre los mormones como para escribir sobre nosotros, y mucho menos sobre un tema como los Tres Nefitas.

…La mayoría de los trabajos académicos sobre los Tres Nefitas son acerca de ellos como folklore – historias de extraños que aparecen de la nada para ayudar a los que se encuentran en necesidad. A veces cambian la rueda de un auto. En ocasiones entregan alimentos. A menudo aparecen haciendo dedo (autostop). Y tan pronto como concluyen su buena obra, desaparecen.

Este folklore es una extensión de las bendiciones prometidas. Jesús no dijo nada a los tres discípulos sobre cambiar neumáticos. Más que referirse a buenas obras cotidianas, les dice que trabajarán para traer almas a Cristo. A pesar de eso, lo primero en lo que la gente piensa cuando se mencionan a los Tres Nefitas es en ese folklore, y yo no me atrevería a negar que las buenas obras cotidianas podrían ser una parte importante de lo que significa traer almas a Cristo.

Pero el Profesor Hatem me dijo que él había realizado un análisis filosófico y teológico de la historia de los Tres Nefitas tal como aparece en el Libro de Mormón. Después de la cena me dio una copia de su pequeño volumen, y la combinación de jet lag y curiosidad – así como la necesidad de buscar a menudo en mi diccionario de francés – me mantuvo ocupado hasta el desayuno de la siguiente mañana.

No estuve demasiado vivaz durante las conferencias del día, pero estaba entusiasmado con el libro del Profesor Hatem. Sin ser un Santo de los Ultimos Días, el Profesor Hatem había leído el Libro de Mormón cuidadosamente. Lo comprendía y comprendía al mormonismo, ofreciendo un análisis original del pasaje del Libro de Mormón, argumentando que debíamos comprender a los Tres Nefitas como personas, que, al igual que el bodhisattva y el Mahdi, sacrifican su existencia no muriendo sino consagrándola a otros. Así como Cristo murió por los demás, haciendo posible que retornaran al Padre, los Tres Nefitas son preservados para llevar al resto de la humanidad hacia Dios.

Me complace decir que el Instituto de Estudios Religiosos Neal A. Maxwell de BYU planea publicar una traducción al inglés del libro del Profesor Hatem con el título de Postponing Heaven: The Three nephites, the Bodhisattva, and the Mahdi (Posponiendo el Cielo: Los Tres Nefitas, el Bodhisattva y el Mahdi). Esta siendo enviado a la imprenta y debería estar disponible para el otoño. También espero que muestre que el mormonismo es un tema que permite una sofisticada discusión académica. No creo que esas discusiones sean necesarias para el mormonismo como fe. La simplicidad del evangelio no requiere reflexiones filosóficas o teológicas, sólo la simple fe en Jesucristo y un cambio de corazón que emane hacia una vida nueva.

Pero debe haber lugar para la reflexión académica, y Jad Hatem nos muestra el modo de ver al Libro de Mormón como un texto con una profunda enseñanza ética y salvífica sobre la necesidad del auto sacrificio. El acercamiento del Profesor Hatem es original, especialmente por el hecho de que se enfoca en una historia que muchos mormones consideran marginal. Resalta esa historia como emblemática del mensaje del libro. Su análisis ha convertido esa historia de algo a lo que le prestaba poca atención en una metáfora central para la vida cristiana”. (James Faulconer, Maxwell Institute blog –

https://mi.byu.edu/forthcoming-postponing-heaven/)