“Aventuras entre los Pieles Rojas” por Emilio Salgari

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“Aventuras entre los Pieles Rojas”

Emilio Salgari

Emilio Salgari

Emilio Carlo Giuseppe Maria Salgari nació en la ciudad de Verona, el 21 de Agosto de 1862. Se inscribió en el Real Instituto Técnico y Náutico de Venecia pero abandonó sus estudios en 1881 con sólo algunos viajes realizados por las costas del Mar Adríatico. Sin embargo, se dedicó a escribir novelas de aventuras y de viajes por las más recónditas regiones del globo y gustaba ser identificado como “capitán”. Según la leyenda, disfrutaba escribiendo en un escritorio desvencijado cuyos vaivenes le recordaban la cubierta de un barco. Con más de 80 novelas en su haber, recorrió los mares árticos, las selvas australianas, las Antillas, Indonesia y el oeste americano. Muchas de esas historias pueden agruparse en ciclos como “Los Piratas de la Malasia” con su héroe Sandokán, o “Los Piratas del Caribe” con el Corsario Negro.

Emilio Salgari y Buffalo Bill.

Su nombre se hizo popular en toda Europa y fue nombrado Cavaliere della corona d’Italia per volontá di Umberto I. No obstante, un mal acuerdo económico con sus editores tuvo como efecto que la mayor parte de su vida viviese en la pobreza. Con cuatro hijos para mantener y una esposa enferma que terminó internada en un manicomio, las deudas se fueron acumulando.

En 1911, con sólo 48 años, decidió poner fin a su vida, en la ciudad de Turín, donde residía por entonces.

La fama de Salgari no disminuyó y siguió siendo leído particularmente en los países de lenguas romances, incluyendo Latinoamérica, hasta las décadas de 1970 y 1980. A partir del 2000, nuevas corrientes de la crítica literaria comenzaron a revalorizar la obra del escritor italiano que siempre se había considerado como de ‘historias para jóvenes’ y a rescatar sus valores artísticos y de difusión cultural.

Aventuras entre los Pieles Rojas

Avventure fra le pellirosse fue escrita bajo seudónimo en 1900, cuando nuestro autor llevaba ya tres años publicando. Narra la historia de Randolfo y Mary Harrighen, dos hermanos mexicanos quienes, al verse desheredados por su tío a causa de diferencias políticas entre  juaristas e imperialistas, deciden rehacer su fortuna buscando oro. Para ello, deberán atravesar inhóspitos territorios poblados de apaches y comanches, acompañados de un explorador, un cuáquero y un ladrón de caballos que se proclama (sin que nunca que se explique el porqué) “El Cocodrilo del Lago Salado”.

Los mormones de Salgari aparecen de modo tangencial en la obra, sin discutir sus creencias o historia, sino más bien para completar el cuadro social de la aventura que narraba. Harry Burklay es el único mormón, guía de una caravana atacada por los indios, quien, a pesar de estar seriamente herido, los ayuda a cruzar el río con una canoa. Una vez a salvo, les cuenta su historia, la cual se encuentra en el capítulo que transcribimos… Lamentablemente, en el capítulo siguiente, tanto el mormón como el único integrante negro de la expedición caerán muertos en un nuevo ataque de los indios.

Mario R. Montani

CAPITULO XI

MATANZA DE MORMONES

Harry Burklay, que así se llamaba el herido, había abandonado veinte días antes las fronteras de Méjico, guiando una caravana compuesta por ciento cincuenta personas, entre hombres, mujeres y niños, con varios furgones arrastrados por caballos. Su intención era atravesar el Estado de Tejas, para llegar al Utah, donde está el gran Lago Salado, que es el lugar de refugio de la secta de los mormones. Atravesaron el río Norte, para no suscitar obstáculos por parte de la población, que no veía con agrado estas emigraciones, y por la mañana empezaron a cruzar las praderas que los separaban del río Pecos.

El viaje a través de aquellas ricas llanuras, rebosantes de ciervos, gamos, bisontes y pavos silvestres, que les brindaban carne fresca y abundante, no podía comenzar bajo mejores auspicios. Una noche, sin embargo, en las riberas del río Pecos vieron algunos jinetes que despertaron sus sospechas.

Llevaban los cabellos largos, diademas de plumas y largas lanzas. Todo esto hizo comprender a los desgraciados emigrantes que habían encontrado una banda de pieles rojas.

Sabiendo que por aquellos alrededores se encontraban las tribus de guerreros comanches, Burklay, que no quería poner en peligro a la caravana, llamó a consejo a los exploradores más ancianos, y decidió replegarse inmediatamente hacia el río Pecos para cruzarlo cuanto antes. Tomaron la nueva ruta y pronto estuvieron a orillas del río, encontraron un vado y lo pasaron, acampando en la orilla.

Colocaron los carros en forma de aspa para defenderse mejor, y como estaban escasos de víveres, enviaron varios cazadores a la pradera para renovar las provisiones.

Llevaban tres días cazando y ya habían preparado palos y cuerdas para secar las carnes, cuando en la tarde del cuarto día uno de los cazadores volvió al campamento con una herida en un brazo producida por un hachazo de los indios. Interrogado por el jefe mormón, contó que los comanches le habían perseguido, logrando herirle, y que su número era tan grande que abrigaba serios temores ante la posibilidad de un ataque.

Burklay, como hombre previsor, advirtió a todos que estuviesen preparados a cualquier contratiempo y aumentó los centinelas del campo. No tardaron las tinieblas en hacerse más densas, tanto que no se veía a doscientos pasos.

Cerca de medianoche, uno de los centinelas, el que vigilaba la parte del río, creyó ver en la orilla algunas sombras vagas, pero sin poder distinguir si eran hombres o animales.

Iba a preguntar a otro centinela, apostado cien pasos más allá, cuando un hacha india, lanzada con mano segura y vigorosa, le dio en la cabeza. Apenas si tuvo tiempo de dar el grito de alarma, cuando ya un indio se hallaba sobre él y le arrancaba la cabellera.

Al oír aquel grito, todos los hombres prepararon las armas en un abrir y cerrar de ojos, formando barricadas con los furgones. Burklay, que no se arredraba, hizo que se colocasen los defensores en las extremidades de la cruz y mando que los centinelas se replegasen inmediatamente al campamento, reuniendo a las mujeres y a los niños en el sitio más resguardado. Tomadas estas precauciones, armadas las carabinas y preparadas las hachas, esperaron angustiados el ataque de los pieles rojas.

Poco después comenzaron a ladrar los perros estrepitosamente, y en seguida multitud de indios a caballo y lanza en ristre se precipitaban en el campamento.

Habían atravesado el río protegidos por las tinieblas; eran más de doscientos, y no cabía duda respecto a sus intenciones. Su actitud fiera y resuelta, sus gestos y sus movimientos daban a conocer su decisión de recoger amplia cosecha de cabelleras. Sabiendo que aquellos hombres, enemigos seculares y jurados de los blancos, no tendrían compasión ni les darían cuartel, los mormones saludaron a los recién llegados con fuertes descargas de mosquetería.

Los indios contestaron con su grito de guerra, lanzándose luego a galope y con loco ardor contra los carros, atacando a lanzazos y arrojando nubes de flechas. Espantados por los disparos que, saliendo de derecha e izquierda, los cogían entre dos fuegos, se retiraron apresuradamente, dejando a seis o siete de los suyos sobre el terreno.

Esto parecía una falsa maniobra, y Burklay ordenó a sus hombres que no abandonasen sus puestos, estando prestos a rechazar un segundo ataque, que no podía hacerse esperar.

En efecto, los indios se reunieron en la ribera como si discutiesen algo; luego se dividieron en varias bandas y se ocultaron en la selva.

Una banda, la más numerosa, se colocó frente de los carros que miraban hacia el Este, y se lanzó intrépidamente al asalto, animándose con estentóreos gritos y lanzando nubes de flechas.

A pesar del fuego de los blancos, los indios, defendidos por sus escudos de piel y con las hachas en la mano, se arrojaron impetuosamente entre los carros, trepando por las ruedas, ayudándose unos a otros y apuñalando a los defensores, que se vieron obligados a replegarse hacia el centro del campamento.

Burklay, viendo que los suyos cedían, reunió a todos los que quedaban en los furgones que se extendían hacia el Oeste, y, poniéndose al frente de ellos, se precipitó con fuerza irresistible contra el enemigo.

Esta maniobra, en lugar de ayudar a los mormones, les fue, por el contrario, fatal.

Apenas empeñaron la batalla, cuando de la vecina selva salieron las otras bandas corriendo a galope tendido. Burklay trató de defender los carros y de hacer frente al nuevo enemigo, pero no lo consiguió.

Derrotados al choque de los caballos, molidos a lanzazos, deshechas sus filas y rechazados contra los carros, los mormones se vieron envueltos en menos tiempo del que se tarda en contarlo. Entonces dio principio una lucha terrible entre rojos y blancos. Abandonando por inútiles las lanzas y los fusiles, cogieron las hachas y los cuchillos, entablándose una feroz e inhumana batalla.

Los blancos, dominados por el número, se reunieron en torno a sus mujeres, que rivalizaban en valor, enarbolando las hoces y tizones encendidos; pero no pudieron resistir el impetuoso ataque de los comanches y fueron arrollados, dispersados o arrojados bajo los carros. Los indios se apoderaron de las mujeres y de los niños y los cargaron sobre los caballos.

A pesar de tan gran desgracia, Burklay no perdió la cabeza; reunió a los supervivientes y quiso abrirse paso entre los vencedores, tratando de salvar un grupo como de veinte mujeres, pero fue arrollado. Sus compañeros fueron cayendo uno tras otro bajo las hachas indias, y él, herido de un hachazo en un muslo, rodó bajo un carro y se fingió muerto.

El desgraciado pasó una noche terrible. Entre horrorosas angustias y tremendos sufrimientos, tuvo que presenciar la orgía de los salvajes.

A la mañana siguiente, cuando los indios desaparecieron, curóse la herida como mejor pudo y abandonó el campamento, por miedo de caer en manos de sus despiadados enemigos.

Desgraciadamente, la herida era grave y no le permitió alejarse mucho. Algunos kilómetros más lejos perdió el sentido y cayó al suelo, en tanto que su caballo emprendía veloz huida.

Seguramente hubiese muerto desangrado sin el providencial encuentro con Ralf, el Cocodrilo del Lago Salado, y con Randolfo.

Tal era la trágica historia de aquel pobre emigrante, que se encontraba en tan lamentable estado entre los matorrales de la selva.

 

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Los Tres Nefitas en el Texto y el Folklore – Segunda Parte

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LOS TRES NEFITAS

En el texto y el folklore

Segunda Parte

Por Mario R. Montani

De los seres trasladados

En 1700 el escritor inglés John Asgill escribió el panfleto An argument proving that according to the covenant of eternal life revealed in the Scriptures, man may be translated from hence into that eternal life, without passing through death (Argumento demostrativo de que, según el pacto de Vida Eterna revelado en las Escrituras, el Hombre puede ser trasladado a la Vida Eterna sin pasar por la Muerte). Aunque Coleridge gustaba de la ironía y lenguaje de la obra, en realidad su autor fue echado del Parlamento por considerársela “blasfema”, perdiendo propiedades y terminando sus días en la cárcel.

Sin embargo para los Santos de los Ultimos Días, el pueblo Judío y los primeros cristianos, la idea de la traslación corporal ha estado siempre presente en escrituras y tradición.

En Hebreos 11:5, Pablo nos recuerda:

“Por la fe Enoc fue trasladado para no ver la muerte, y no fue hallado, porque lo trasladó Dios. Y antes que fuese trasladado, tuvo testimonio de haber agradado a Dios”.

El texto hebreo medieval El Zohar, también describe al Elias trasladado como ‘un ángel entre los ángeles’ (The Zohar, Harry Sperling y otros, New York, Rebecca Bennet Publications, 1958, 4: 165-166)

En el Discurso del Abbaton, un texto cristiano del siglo IV, se confirma que:

“El Santo Apóstol San Juan, teólogo y virgen, no probará la muerte hasta que se hayan establecido los tronos en el Valle de Josafat…” (E. A. Wallis Budge, Coptic Martyrdoms (Londres: British Museum, 1914), pag. 475)

El Valle de Josafat, según las escrituras, es el lugar del Juicio.

Un poco más adelante, el propio Cristo le dice:

“En cuanto a ti, mi amado Juan, no morirás hasta que los tronos hayan sido preparados en el Día de la Resurrección… Enviaré a Abbaton, el Angel de la Muerte, que venga a ti en ese día… Estarás muerto por tres horas y media, sobre tu trono, y toda la creación te verá. Haré que tu alma regrese al cuerpo y te levantarás vestido con atavíos de gloria” (Ibid anterior, pag. 492-493)

Un texto cristiano siríaco incluye una visión dada al Apóstol Juan en la que el Señor le envía un mensajero:

“Juan, he aquí, has sido apartado por nuestro Señor para predicar el Evangelio de Salvación, junto a los tres que practican la verdad; pero vosotros no seréis privados de este don” (The Gospel of the Twelve Apostles Together with The Apocalypses of Each One of Them, J. Rendel Harris, Universidad de Cambridge, 1900, pag. 34)

El pasaje no es demasiado claro, pero muchos investigadores mormones han especulado sobre una referencia a los tres nefitas.

Otros textos sugieren la alternativa de que Melquisedec y su ciudad de Salem también hayan disfrutado de ese estado provisorio. El Libro de Mormón deja abierta las puertas para la posibilidad de que Alma y Nefi, hijo de Helaman, hayan sido trasladados

El Profeta Joseph Smith, Jr:

“Muchos han supuesto que la doctrina de la traslación era una doctrina mediante la cual los hombres eran llevados inmediatamente a la presencia de Dios y a una plenitud eterna, pero ésta es una idea errónea. El lugar donde habitan es según el orden terrestre, y a fin de que fuesen ángeles ministrantes a muchos planetas, Dios apartó un lugar preparado para estos individuos que todavía no han alcanzado una plenitud tan grande como los que han resucitado de los muertos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, Salt Lake City, Utah, 1975, pag. 203)

Los Tres Nefitas en el folklore mormón

Eric Eliason, profesor de folklore y literatura de BYU razona:

“Los relatos son populares en cualquier cultura – parte de la necesidad humana de contar historias que hablen de sus preocupaciones y valores. Las de los Santos de los Ultimos Días no son muy diferentes de las que cuentan los demás. Pero por causa de nuestra cultura particular, tenemos nuestras versiones particulares de ciertas historias… La de los Tres Nefitas emerge del propio relato del Libro de Mormón, que deja abierta la posibilidad de que ellos aún se encuentran hoy por aquí. Lo cual lleva a la gente a preguntarse ¿Dónde están? ¿Qué están haciendo? Y todo hecho extraño o inusual es naturalmente atribuido a ellos, si cumple lo suficiente con el modelo… No he encontrado ningún lugar en el que Jesús aclare si las parábolas son verdaderas. Creo que asumimos que son historias – que no necesariamente existió un samaritano real. Pero El no lo aclara, lo cual creo que nos está diciendo algo – que lo realmente importante no es si ocurrieron de verdad. Pero, desgraciadamente, esa es la forma en que muchas personas se acercan al folklore mormón, como si eso fuese lo único a cuestionarle. Pienso que cuando escuchamos folklore mormón deberíamos preguntarnos ¿Es lo más importante de esta historia si es o no históricamente exacta o lo importante es lo que dice sobre nosotros, nuestra cultura y nuestros valores?”

George Albert Smith, respondiendo a una pregunta del recopilador Hector Lee, manifestó:

“Más aún, en cuanto al registro de manifestaciones se refiere, la doctrina de la Iglesia es que son dadas para la edificación del individuo a quien llegan y que no son para la exhibición o registro del público. Son mantenidas como sagradas por aquellos que las poseen, y, aunque en alguna ocasión puedan contarlas, en general, repito, son para los individuos que las recibieron”. (Carta del Presidente Smith a Hector Lee del 14 de Septiembre de 1949)

De modo que en las historias coexisten las utilizadas por las autoridades en diferentes momentos con los centenares que se han popularizado y transmitido sin que ninguna de ellas tenga certificado de autenticidad.

En Juvenile Instructor 9:224 se relataba como el jefe indio Tobruka recibió en su campamento la visita de un ser barbado quien le indicó que debía bautizarse en el arroyo cercano para lo cual era necesario acudir a los élderes mormones de Deep Creek. Luego del mensaje simplemente desapareció. Pero al buscarlo, Tobruka descubrió a otros dos personajes, uno más alto que el otro, quienes le repitieron el mismo mandato. Gracias a estas manifestaciones, el Elder William Lee y un intérprete terminaron bautizando y confirmando a más de un centenar de indios goshutes.

En una Conferencia del 5 de Enero de 1860, el Apóstol Erastus Snow declararía

“Leemos que ‘Enoc caminó con Dios, y desapareció, pues Dios lo llevó con El’. El Apóstol Pablo declara que fue trasladado. La revelación dada por intermedio de Joseph Smith enseña que muchos otros en los días de Enoc obtuvieron la misma bendición. Leemos en el Libro de Mormón sobe los Tres Nefitas, en quienes el Señor produjo un cambio, para que sus cuerpos no viesen corrupción; mas ese cambio era en sí mismo equivalente a la muerte y la resurrección. Si el cambio completo tuvo lugar en esa fecha, o si aún un cambio mayor aguarda para tener lugar en ellos, no tenemos una información certera. Pero Mormón, escribiendo sobre ello, da como su opinión, y dice que le es revelado por el Espíritu, que les aguarda un cambio mayor en el gran día en que todo será cambiado. Es suficiente decir que, por causa de la caída de Adán, los elementos de la tierra, de los cuales participamos, han sembrado las semillas de la mortalidad en nuestro tabernáculo terrenal, de modo que es necesario que reciban el mismo cambio, ya sea retornando al polvo y siendo nuevamente levantados, o por el cambio que se produce en un momento, en un abrir y cerrar de ojos” (Erastus Snow, Journal of Discourses 7:356)

Y, el 7 de Mayo de 1884, Franklin D. Richards agregaría:

“Si hay algo en el mundo que puede satisfacer el hambre del alma por conocimiento, son las revelaciones del Señor Jesucristo, que se abren continuamente línea sobre línea y precepto sobre precepto; un poco aquí y un poco allí; por cierto, nada más puede satisfacer las ansias del alma humana. Esto nos llevará a lograr las mismas bendiciones y glorias que el Profeta Joseph nos dijo que Enoc había obtenido. El nos enseñó que junto a su ciudad logró en su época una gloria terrestre, y que aún están gozando de esa gloria. Obtuvieron el poder de traslación, de modo de poder llevar sus cuerpos y su ciudad con ellos. La resurrección no sería hasta que llegara Cristo y se transformara en el primer fruto de aquellos que dormían. El análisis de este asunto me lleva a pensar y expresar unas palabras en relación a los Tres Nefitas. Ellos quisieron demorarse hasta la venida de Jesús, y para que pudieran hacerlo El los llevó consigo a los cielos y los invistió con el poder de traslación, probablemente en uno de los templos de Enoc, y los trajo de nuevo a la tierra. De ese modo recibieron el poder de vivir hasta la venida del Hijo del Hombre. Creo que los llevó a la ciudad de Enoc y les confirió sus investiduras allí. Supongo que en la ciudad de Enoc hay templos; y cuando Enoc y su gente regresen, lo harán con su ciudad, sus templos, bendiciones y poderes. El país del norte cederá su multitud, con el Apósto Juan, quien los cuida. Ellos también vendrán a Sión a recibir sus coronas de las manos de sus hermanos de Efraim (F.D. Richards, Journal of Discourses 25:236)

El Elder Legrand Richards, en la Conferencia General de abril de 1954:

“Hace poco, cuando el Presidente Truman envió un comité a Israel, el presidente Chaim Weizmann les habló sobre su creencia en una fuerza mística que trajo a los judíos a Israel y los ha mantenido con vida.

En la revista Jewis Hope, de septiembre 1950, hay un artículo de Arthur U. Michelson. No tomaré tiempo para leerlo completo, pero en él cuenta sobre su visita a Jerusalén, donde escuchó experiencias del ejército israelí. Tenían un solo cañón, y enfrentaban al ejército árabe bien equipado y entrenado, de modo que cada vez que usaban el cañón lo movían de lugar para que el enemigo pensara que tenían muchos… Deseo leerles lo que ocurrió cuando el ejército de Israel estaba a punto de rendirse: ‘Uno de los oficiales me contó cuánto habían sufrido los judíos. No tenían nada con qué resistir el fuerte ataque árabe. Tampoco tenían alimento ni agua, pues las líneas de abastecimiento estaban cortadas. En ese momento crítico… los árabes de pronto dejaron sus armas y se rindieron. Cuando llegó su delegación con la bandera blanca, preguntaron ¿Dónde están los tres hombres y las tropas que vimos? Los judíos no sabían nada acerca de tres hombres y ese pequeño grupo era toda la fuerza que existía. Los árabes insistieron en que habían visto a tres personas con largas barbas y vestimentas blancas quienes les advirtieron que dejaran de pelear o morirían. Se asustaron tanto que decidieron rendirse’… Ahora bien, yo no lo sé, pero el Señor dijo que haría algo por los judíos en los últimos días, y, cuando permitió a los Tres Nefitas permanecer sobre la tierra, declaró:

‘Y he aquí, se hallarán entre los gentiles, y los gentiles no los conocerán. También estarán entre los judíos, y los judíos no los conocerán. Y cuando el Señor lo considere propio en su sabiduría, sucederá que ejercerán su ministerio entre todas las tribus esparcidas de Israel, y entre todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos; y de entre ellos llevarán muchas almas a Jesús, a fin de que se cumplan sus deseos, y también por causa del poder convincente de Dios que hay en ellos’.(3 Nefi 28: 27-29) (Elder Legrand Richards, Conference Report, Abril de 1954, Reunión de la Tarde, pag. 55-56)

También hay folklore más reciente. Respondiendo a una pregunta sobre el tema en el blog askgramps (https://askgramps.org/have-there-been-any-sightings-of-the-three-nephites/), Carl Jensen comenta:

“En 1975, al comenzar mi misión en Bogotá, Colombia, resolví leer un capítulo diario del Libro de Mormón, y al finalizar me quedaba de rodillas esperando recibir una manifestación espiritual (tenía 19 años entonces). Ocho meses después, estando en la ciudad de Cucuta el 15 de Marzo de 1976, terminé de leer Moroni 10. Esa noche, después de habernos fallado una cita para enseñar, caminábamos por la calle cuando un hombre pasó a nuestro lado. Después de un momento tuve la fuerte impresión de que necesitábamos volver y hablar con él. Después de correr una cuadra lo detuvimos y le preguntamos si podíamos establecer un horario para visitar a su familia. Nos dijo que no vivía en Cucuta, pero, viendo una mesa desocupada en un restaurant cercano, sugirió que nos sentásemos y le diésemos nuestros mensajes. En ese momento comencé a tener sensaciones en mi cuerpo como jamás había tenido. Nos dijo que su nombre era Jonas, sin usar un apellido. Cuando le preguntamos qué estaba haciendo en Cucuta, nos contó que viajaba por todo el mundo con su padre y su tío dando seminarios sobre matemáticas astronómicas y física, pero había venido a Cucuta para ‘visitar a sus ancestros’. Mientras le dábamos la primera charla continuó el ardor en mi pecho. Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas. Finalizamos la charla, él se despidió cortésmente y regresamos a nuestro departamento. Inmediatamente abrí el Libro de Mormón y leí los nombres de los discípulos: Nefi, su hermano Timoteo, y su hijo Jonas”.

No obstante, el Manual del Maestro de Doctrina del Evangelio sobre El Libro de Mormón sugiere prudencia:

“Señale que el Salvador dijo a los Tres Nefitas que estarían entre los Judíos y los Gentiles, quienes no los reconocerían (ver 3 Nefi 28:25-30). Por tanto, muchas de las historias que la gente escucha sobre los Tres Nefitas probablemente no son verdaderas…” (Doctrina del Evangelio- Libro de Mormón, Manual del Maestro, 2009, Cap.46 (3 Nefi 27-30)

Los Tres Nefitas y los estudios académicos

Permítanme compartir, antes de finalizar, la siguiente experiencia de James Faulconer, titular de la cátedra Richard L. Evans sobre Comprensión Religiosa en BYU, y que coloca a los relatos sobre los elusivos nefitas en un nivel de mayor respetabilidad y posibilidades:

“A fines de Agosto del 2007, asistí a una conferencia en Sibiu, Rumania: “Las Metáforas Religiosas y los Conceptos Filosóficos”. La conferencia continuaba con un curso de verano de una semana sobre el mismo asunto en el Monasterio Bancoveanu en el poblado de Sambata de Sus, en las Montañas Fagaras.

El tema era interesante. Las ponencias fueron excelentes, representando sitios como las Universidades de Nottingham y Cambridge. También alguien de quien jamás había escuchado antes: Jad Hatem, de la Universidad St. Joseph, de Beirut.

Después de dos días en Sibiu, un joven y formal estudiante de posgrado me condujo en su auto hasta el monasterio. Me registré y fui a la primera cena en el refectorio. La entrada al refectorio era estrecha, y requería que nos colocásemos en línea de a uno para poder ingresar, y mientras estaba en la fila, oí a alguien detrás de mí hablar sobre los mormones. No podía escuchar lo que decía, pero la palabra mormones sonó varias veces y comencé a prepararme para algún tipo de problema, al menos un momento de tensión cuando quedara claro que yo era Santo de los Ultimos Días. No soy por naturaleza paranoico, pero mi experiencia con otros académicos acerca del mormonismo muestra que raras veces comienza con una idea positiva acerca de él.

Al entrar, nos colocamos a ambos lados de unas largas mesas, y cuando establecí mi lugar, me hallé directamente enfrente de la persona a la que había oído hablar. ‘Bueno’, pensé ‘será mejor ocuparme de esto de entrada’. Entonces, de a uno, fuimos presentándonos, siguiendo el orden en que estábamos sentados. Cuando llegó mi turno y dije, ‘Soy de la Universidad de Brigham Young’, el hombre de enfrente se paró, dio la vuelta para abrazarme y decirme ‘¡BYU, amo a los mormones!’. No hace falta decir que yo estaba sorprendido. No esperaba una hostilidad abierta pero menos aún esa clase de respuesta.

La persona que me brindó tan entusiasta bienvenida era el Profesor Jad Hatem. Hablamos durante la cena y después de ella, y al hacerlo me contó de un libro que había publicado recientemente, Les Trois Nephites, le Bodhisattva et le Mahdi (Editions du Cygne, 2007) (Los Tres Nefitas, el Bodhisattva y el Mahdi). Me resultaba difícil cree que un filósofo del Líbano hubiese sabido tanto sobre los mormones como para escribir sobre nosotros, y mucho menos sobre un tema como los Tres Nefitas.

…La mayoría de los trabajos académicos sobre los Tres Nefitas son acerca de ellos como folklore – historias de extraños que aparecen de la nada para ayudar a los que se encuentran en necesidad. A veces cambian la rueda de un auto. En ocasiones entregan alimentos. A menudo aparecen haciendo dedo (autostop). Y tan pronto como concluyen su buena obra, desaparecen.

Este folklore es una extensión de las bendiciones prometidas. Jesús no dijo nada a los tres discípulos sobre cambiar neumáticos. Más que referirse a buenas obras cotidianas, les dice que trabajarán para traer almas a Cristo. A pesar de eso, lo primero en lo que la gente piensa cuando se mencionan a los Tres Nefitas es en ese folklore, y yo no me atrevería a negar que las buenas obras cotidianas podrían ser una parte importante de lo que significa traer almas a Cristo.

Pero el Profesor Hatem me dijo que él había realizado un análisis filosófico y teológico de la historia de los Tres Nefitas tal como aparece en el Libro de Mormón. Después de la cena me dio una copia de su pequeño volumen, y la combinación de jet lag y curiosidad – así como la necesidad de buscar a menudo en mi diccionario de francés – me mantuvo ocupado hasta el desayuno de la siguiente mañana.

No estuve demasiado vivaz durante las conferencias del día, pero estaba entusiasmado con el libro del Profesor Hatem. Sin ser un Santo de los Ultimos Días, el Profesor Hatem había leído el Libro de Mormón cuidadosamente. Lo comprendía y comprendía al mormonismo, ofreciendo un análisis original del pasaje del Libro de Mormón, argumentando que debíamos comprender a los Tres Nefitas como personas, que, al igual que el bodhisattva y el Mahdi, sacrifican su existencia no muriendo sino consagrándola a otros. Así como Cristo murió por los demás, haciendo posible que retornaran al Padre, los Tres Nefitas son preservados para llevar al resto de la humanidad hacia Dios.

Me complace decir que el Instituto de Estudios Religiosos Neal A. Maxwell de BYU planea publicar una traducción al inglés del libro del Profesor Hatem con el título de Postponing Heaven: The Three nephites, the Bodhisattva, and the Mahdi (Posponiendo el Cielo: Los Tres Nefitas, el Bodhisattva y el Mahdi). Esta siendo enviado a la imprenta y debería estar disponible para el otoño. También espero que muestre que el mormonismo es un tema que permite una sofisticada discusión académica. No creo que esas discusiones sean necesarias para el mormonismo como fe. La simplicidad del evangelio no requiere reflexiones filosóficas o teológicas, sólo la simple fe en Jesucristo y un cambio de corazón que emane hacia una vida nueva.

Pero debe haber lugar para la reflexión académica, y Jad Hatem nos muestra el modo de ver al Libro de Mormón como un texto con una profunda enseñanza ética y salvífica sobre la necesidad del auto sacrificio. El acercamiento del Profesor Hatem es original, especialmente por el hecho de que se enfoca en una historia que muchos mormones consideran marginal. Resalta esa historia como emblemática del mensaje del libro. Su análisis ha convertido esa historia de algo a lo que le prestaba poca atención en una metáfora central para la vida cristiana”. (James Faulconer, Maxwell Institute blog –

https://mi.byu.edu/forthcoming-postponing-heaven/)

 

Más Microrrelatos Mormones


Literatura

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Más microrelatos mormones

Por Mario R. Montani

 

La Esfera

Nefi entró en la tienda de su padre con el flamante arco en la mano. Por supuesto que no sería tan eficaz como el roto, pero, con un poco de habilidad y ayuda divina podría compensar la diferencia. Lehi no se encontraba allí. Deseaba pedirle que consultara al Señor para saber a dónde dirigirse en busca de presas. Fue entonces cuando la vio… La esfera de bronce fino se hallaba sobre un tapete, cubierta por un lienzo. Su curiosidad pudo más que su prudencia. Después de todo, él también conocía algo de los misterios de Dios. La destapó. Las dos agujas se ajustaron y una palabra nueva comenzó a formarse…

Nefi salió de la tienda visiblemente atemorizado y mirando en derredor. Los caminos de Jehová eran misteriosos en extremo. Las palabras como de fuego estaban grabadas en su retina y en su mente. Posiblemente pasaría el resto de sus días intentando comprenderlas: “Recalculando… Recalculando…”

 

E Pluribus Unum

Jared reunió a sus tres hermanos en la playa. Muy cerca se veían las naves prestas a partir, mientras sus familiares llevaban a bordo los últimos enseres.

“Mahonri, Morian y Cumer – les dijo – Vuestra ayuda en proveer luz para los barcos ha sido inestimable. Nuestra descendencia os recordará siempre con respeto y veneración. Lamentablemente, las planchas no tienen espacio suficiente para poder nombraros en cada ocasión. Pero, en mi mente, siempre habéis actuado como uno”.

 

Humor Jaredita

Un currelom le dice a otro mientras pastan en la hierba:

“¿Sabes en qué se parece un cumom a un incendio en el bosque?”

“No, ¿en qué?”

“¡En que ambos deben extinguirse!”

(Se oyen risas currelómicas con onomatopeya intraducible)

Los Tres Nefitas en el Texto y en el Folklore – Primera Parte

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LOS TRES NEFITAS

En el texto y el folklore

Primera Parte

Por Mario R. Montani

Imagino que muchos preferirían la grafía castellanizada folclor o folclore, como hemos pasado del quórum a cuórum, pero, al menos en algo, permítanme ser conservador y mantener la palabra como la reconozco.

La historia de los Tres Nefitas aparece en el Libro de Mormón:

Y cuando les hubo hablado, se volvió hacia los tres y les dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros, cuando haya ido al Padre? Y se contristó el corazón de ellos, porque no se atrevían a decirle lo que deseaban. Y él les dijo: He aquí, conozco vuestros pensamientos, y habéis deseado lo que de mí deseó Juan, mi amado, quien me acompañó en mi ministerio, antes que yo fuese levantado por los judíos. Por tanto, más benditos sois vosotros, porque nunca probaréis la muerte; sino que viviréis para ver todos los hechos del Padre para con los hijos de los hombres, aun hasta que se cumplan todas las cosas según la voluntad del Padre, cuando yo venga en mi gloria con los poderes del cielo. Y nunca padeceréis los dolores de la muerte; sino que cuando yo venga en mi gloria, seréis cambiados de la mortalidad a la inmortalidad en un abrir y cerrar de ojos; y entonces seréis bendecidos en el reino de mi Padre. Y además, no sentiréis dolor mientras viváis en la carne, ni pesar, sino por los pecados del mundo; y haré todo esto por motivo de lo que habéis deseado de mí, porque habéis deseado traer a mí las almas de los hombres, mientras exista el mundo. Y por esta causa tendréis plenitud de gozo; y os sentaréis en el reino de mi Padre; sí, vuestro gozo será completo, así como el Padre me ha dado plenitud de gozo; y seréis tal como yo soy, y yo soy tal como el Padre; y el Padre y yo somos uno”. (3 Nefi 28: 4-10)

Teológicamente, entendemos este relato como un caso de seres trasladados, aquellos que, por algún motivo, reciben una transformación en sus cuerpos que les permite seguir viviendo para cumplir ciertos propósitos de Dios. A la lista podríamos agregar a Juan, el Amado, Elías, y probablemente, Moisés.

Más adelante, en el mismo capítulo, Mormón interpola sus comentarios sobre ellos:

Y ahora yo, Mormón, dejo de escribir concerniente a estas cosas por un tiempo. He aquí, estaba a punto de escribir los nombres de aquellos que nunca habían de probar la muerte, pero el Señor lo prohibió; por lo tanto, no los escribo, porque están escondidos del mundo.

Mas he aquí, yo los he visto, y ellos me han ministrado. Y he aquí, se hallarán entre los gentiles, y los gentiles no los conocerán. También estarán entre los judíos, y los judíos no los conocerán. Y cuando el Señor lo considere propio en su sabiduría, sucederá que ejercerán su ministerio entre todas las tribus esparcidas de Israel, y entre todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos; y de entre ellos llevarán muchas almas a Jesús, a fin de que se cumplan sus deseos, y también por causa del poder convincente de Dios que hay en ellos. Y son como los ángeles de Dios; y si ruegan al Padre en el nombre de Jesús, pueden manifestarse a cualquier hombre que les parezca conveniente. Por tanto, ellos efectuarán obras grandes y maravillosas, antes del día grande y futuro, cuando todos ciertamente tendrán que comparecer ante el tribunal de Cristo; sí, aun entre los gentiles ejecutarán ellos una obra grande y maravillosa, antes de ese día de juicio”. (3 Nefi 28:24-32)

De modo que, aunque el Libro de Mormón provee los nombres de los doce discípulos escogidos en América, no sabemos exactamente cuáles son estos tres por causa de la prohibición recibida por Mormón, lo cual ha agregado algo de misterio adicional al asunto.

Comencemos por la entrada sobre el tema que William Wilson ha escrito para la Encyclopedia of Mormonism:

“Los relatos Santo de los Ultimos Días sobre los Tres Nefitas conforman uno de los ciclos de leyendas religiosas más sorprendente de los Estados Unidos. Si bien guardan cierta semejanza con las historias del profeta Elías en el folklore judío, o las de los santos cristianos en la tradición católica, las narraciones acerca de los Tres Nefitas son claramente mormonas. Formando parte de un cuerpo mayor de narrativas SUD tradicionales, estas historias no son doctrina oficial ni se publican en la literatura oficial. A medida que la recién fundada Iglesia aumentaba sus fieles, una creciente cantidad de historias comenzó a circular entre la gente, contando sobre amables ancianos, usualmente considerados los tres discípulos nefitas, que habían aparecido a individuos que se hallaban en peligro físico o espiritual, los ayudaron a resolver sus problemas, y entonces desaparecieron de repente.

Al cubrir un siglo y medio de historia SUD, estas narrativas reflejan muy bien los cambiantes entornos físicos y sociales en los cuáles los Santos de los Ultimos Días han encontrado sus pruebas de fe. Por ejemplo, en la sociedad agraria previa a la Segunda Guerra Mundial, las historias cuentas acerca de los nefitas guiando a carretas de pioneros hacia pozos de agua, salvando a un granjero de una tormenta de nieve, proveyendo remedios naturales para una enfermedad, arando un campo para que su propietario pudiese cumplir sus responsabilidades en la Iglesia, o entregando comida a misioneros hambrientos. En el mundo contemporáneo, las historias hablan de los nefitas conduciendo a genealogistas SUD a dificultosas fuentes en las bibliotecas, sacando a un joven de un lago después de un accidente en canoa y administrándole respiración artificial, deteniéndose para arreglar el horno de una viuda, guiando a motociclistas perdidos en una tempestad, consolando a una mujer que perdió a su esposo e hija en un accidente de aviación, y sacando a misioneros de un coche incendiado en la autopista.

Aunque el entorno de las historias más recientes ha cambiado de los pueblos pioneros con un camino vecinal serpenteante del pasado a un escenario urbano con autopistas ruidosas como fondo, algunas circunstancias han permanecido constantes. Los Tres Nefitas continúan bendiciendo a la gente y, al contar estas historias, los Santos de los Ultimos Días siguen testificando sobre la validez de las enseñanzas de la Iglesia y estimulando la obediencia a ellas. Las historias continúan proveyendo a los fieles con un sentimiento de seguridad en un mundo incierto, convenciéndolos de que así como Dios ayudó a los pioneros a vencer un mundo físico hostil, del mismo modo ayudará a los fieles a soportar las maldades de una sociedad urbana. En su conjunto, por tanto, las historias siguen brindando comprensión sobre los corazones y mentes de los Santos de los Ultimos Días y de las creencias que los mueven a la acción”.

Con el paso de los años se han acumulado varias colecciones de relatos y estudios sobre el tema:

The Three Nephites: The Substance and Significance of the Legend in Folklore, Lee, Hector, Publicación de la Universidad de New Mexico, Language and Literature, nº 2, Albuquerque, New Mexico, 1949.

The Three Nephites, Ogden Kraut, Salt Lake City, Utah, Kraut, 1969.

The Three Nephites, Glen W. Chapman, compilador

The Three Nephites and Other Translated Beings, Bruce E. Dana

Freeways, Parking Lots, and Ice Cream Stands: The Three Nephites in Contemporary Society. William A. Wilson, Dialogue 21 (Fall 1988):13-26.

About the Three Nephites, Douglas & Jewel Beardall, Provo, Utha, LDS Books, 1992.


Algunos de los recopiladores reclaman tener más de 1500 relatos sobre los elusivos nefitas.

Si bien ahora la Iglesia los descarta o, al menos, no los promueve, en el primer siglo de la historia de nuestra institución formaban parte tanto de los discursos como de las publicaciones oficiales

En 1909, E.D. Partridge, de la Universidad de Brigham Young, escribió un interesante artículo en la Improvement Era titulado ‘The Three Nephites: Did One of Columbus’s Sailor See Them?’ (Los Tres Nefitas: ¿Fueron Vistos por uno de los marinos de Colón?)

Basándose en el texto de “Vida y Viajes de Cristobal Colón” de Washington Irving, Partridge encontró varios párrafos que parecen coincidir con las profecías del Libro de Mormón (1 Nefi 13:12), pero hay uno especialmente llamativo. El relato tiene que ver con el segundo viaje del navegante genovés, cuando, al pasar por las costas de Cuba, ancló cerca de un hermoso grupo de palmeras:

“Aquí, una partida fue enviada a la playa en busca de leña y agua; y hallaron dos manantiales en medio del bosque. Mientras se encontraban ocupados cortando leña y llenando los barriles con agua, un arquero con su ballesta en busca de presa se topó con nativos, pero escapó con grandes muestras de terror, pidiendo ayuda a los gritos a sus camaradas. Declaró que, sin haber avanzado mucho, divisó en un claro a un hombre con larga vestimenta blanca, semejante a los frailes de la orden de Santa María de las Mercedes, el que a primera vista tomó por el capellán del Almirante. Otros dos le seguían con túnicas blancas que les llegaban hasta los tobillos, y los tres eran de tez blanca, como si fuesen europeos. Detrás de ellos aparecieron más, una treintena, armados con palos y lanzas. No dieron muestras de hostilidad sino que permanecieron tranquilos, y únicamente el hombre de las blancas vestiduras avanzó para abordarlo. Pero, alarmado por su número, él huyó al instante en busca de sus compañeros. Estos últimos, sin embargo, intimidados por el informe de nativos armados, no tuvieron el coraje de buscarlos o esperar su llegada, sino que se apresuraron a regresar a las naves”. (Washington Irving, Vol. 6, The Life and Voyages of Christopher Columbus, New York, Peter Fenelon Collier, 1897, pag.329)

Irving, reconociendo que Colón envió dos expediciones infructuosas en su búsqueda, se disculpa por incluir este asunto en su registro, ya que jamás se descubrió en Cuba una tribu que usase vestimentas, por lo que debía tratarse seguramente de un error o una mentira.

Partridge estaba convencido de que se trataba de los Tres Nefitas (Improvement Era 7:621-624)

Las historias relacionaban a los probables antiguos discípulos americanos con la guerra civil norteamericana, el establecimiento de la Constitución, el viaje al oeste, el descubrimiento de agua en el desierto y la prédica a los lamanitas.

“Las historias de los Tres Nefitas son de milagroso poder, profecía, o guía espiritual a personas en todo el mundo. Los tres hacen repentinas apariciones y desapariciones; realizan tareas hercúleas, más allá de las capacidades de los mortales; preanuncian e instruyen con divina guía; y otorgan diversos tipos de bendiciones sobre los justos en todo lugar”. (The Three Nephites: The Substance and Significance of the Legend in Folklore, Lee, Hector, Albuquerque, New Mexico, 1949, pag 7)

En el mes de septiembre de 1938, en Portland, Oregon, el Presidente William R. Sloan, relató el siguiente incidente:

“Era una fría noche, hacia fines de noviembre, y en el hogar de William Huntington la familia se reunió frente al fuego en la espaciosa cocina. Después de cenar y finalizar con las tareas, era habitual en la familia traer sus instrumentos musicales y sentarse frente a los troncos ardientes para ejecutar antiguas tonadas e himnos, incluso algunos aires más alegres, aunque no los bailaban.

El abuelo Huntington tocaba el contrabajo, su hija Zina, el cello, William, la corneta y Dimick, el tambor. Había cinco hijos y dos hijas; la mayor, Presenda, estando casada, vivía a cierta distancia de ellos. Era una feliz familia de Nueva Inglaterra, viviendo vidas puras y limpias al estilo Puritano. Cuando la música cesó y se hizo silencio en el grupo, se oyó un golpe en la puerta, y, al abrirla, un extraño y anciano caballero, de mediano peso, vestido con ropas antiguas y portando un bulto en sus brazos, apareció e ingresando al cuarto dijo: “Usualmente dirijo mis pasos hacia algún valle apartado. ¿Podría tener alojamiento aquí esta noche?”

Con una cordial bienvenida fue invitado y se le dio lugar junto al fuego en una vieja y cómoda silla de granja, y mamá Huntingon le preguntó si gustaría comer algo, a lo que, modestamente, contestó que sí. Entonces una buena cena de Nueva Inglaterra se desplegó ante él, con leche, miel, jarabe de arce, carne fría, delicioso pan casero y manteca. Cenó livianamente mientras la familia hablaba en voz baja. Era la costumbre leer una porción de las escrituras antes de ir a la cama. Nuevamente se unió al círculo, y papá Huntington comenzó a leer de la Biblia, un pasaje del Nuevo Testamento, que todos escucharon atentamente. La abuela Huntington hizo algún comentario sobre el hecho de que les gustaría escuchar el evangelio en su plenitud, como lo explicaba y enseñaba el Salvador. El extraño inmediatamente siguió con el tema y comenzó a explicar las escrituras y citarlas con una nueva luz y mayor belleza de la que jamás antes se les hubiese enseñado. Escucharon con suma atención cada una de sus palabras. Tanto mamá como papá Huntington estuvieron de acuerdo con sus explicaciones, mientras los muchachos intercambiaban miradas de admiración y la hija, Zina, estaba como hechizada observando desde su silla al extraño con reverencia. Después de una hora de conversación sobre estos temas sagrados, papá Huntington ofreció las oraciones, mamá Huntington preparó un confortable espacio de descanso para el forastero y se desearon las buenas noches, los jóvenes yendo escaleras arriba, papá y mamá Huntington a su dormitorio al que se llegaba desde la cocina, y Zina, en su pequeña cama escuchó a los padres hablando bajo sobre el maravilloso extraño y las cosas que había dicho. El forastero los había colmado de asombro y reverencia, a un grado que jamás habían sentido. En la mañana estaban todos animados y en horas tempranas, como es usual en una granja cuando hay tanto para hacer, adentro y afuera.

El extraño se sentó plácidamente observando a esta notable familia, con quienes desayunó. Lo invitaron a quedarse con ellos, pero dijo que tenía otros lugares  para visitar y los abandonó cerrando la puerta suavemente. Cuando papá Huntington vio partir al forastero, envió a Dimick tras él para pedirle que regresase. Abrieron la puerta para llamarlo a voces, pero no se encontraba a la vista. Cuando observaron el umbral en el que se había acumulado la nieve de la noche anterior, no encontraron rastros de huellas, y los muchachos, corriendo en todas las direcciones dijeron que se había desvanecido. Papá Huntington observó que era la persona más extraña que había conocido, que no podía entender adónde había ido, pero que les había mostrado el evangelio bajo una nueva luz.

Mamá Huntington sintió que el extraño era algún tipo de mensajero de los cielos, y toda la familia quedó profundamente impresionada con su maravillosa influencia y la hermosa manera de explicar las escrituras.

Cuando el Evangelio de vida y salvación les fue traído por Hyrum Smith y otros Elderes, parecía coincidir con lo que el forastero les había dicho sobre la Biblia y la restauración del Evangelio. Toda la familia, con excepción de uno, aceptó el Evangelio y se preparó para emigrar a Kirtland en algunos años; allí conocieron al Profeta de Dios, Joseph Smith, y se transformaron en sus fieles amigos y leales seguidores.

En cierta ocasión en que el Profeta Joseph se encontraba hablando sobre los Tres Nefitas, el hermano Huntington le contó este incidente. Puso las manos sobre su cabeza y le dijo:  ‘Mi querido hermano, ese hombre era uno de los Tres Nefitas, quien vino a prepararlo para la restauración del Evangelio y su aceptación’” (Assorted Gems of Priceless Value, by N.B. Lundwall, pp. 20-22)

Años más tarde, uno de los hijos de ese matrimonio, Oliver B. Huntington, escribiría en su diario personal:

“Desearía declarar que los nombres de los Tres Nefitas, que no duermen en la tierra, son Jeremías, Sedecías y Kumenoni”. (Diarios de Oliver B. Huntington, 2:367)

De dónde obtuvo esa información, no está claro. Pero, como veremos más adelante, hay otras propuestas de identificación…

Muy recientemente, el Elder Jeffrey Holland se ha referido a ellos:

“Estos tres Nefitas continúan en su estado trasladado hoy, como cuando viajaban por las tierras de Nefi. En cierto momento, Mormón está a punto de revelar sus nombres a los lectores de los últimos días, pero un mandato del Señor le prohíbe hacerlo. Sin embargo, ellos tres ministraron a Mormón y Moroni, y aún deberán ministrar entre los judíos, los gentiles, y las tribus dispersas de Israel, sí, toda nación, tribu, lengua y pueblo”. (Jeffrey R. Holland, Christ and the New Covenant: The Messianic Message of the Book of Mormon, p.307)

Continuará en la Segunda Parte///

Documentos Artículo Norteamérica por Gabriel González Núñez

Arte y Religión

             Literatura

                             Ficción Mormona

La ucronía es un género literario que se basa en hechos posibles pero que no han ocurrido en la realidad. Su premisa básica es el cuestionamiento ‘¿Qué habría ocurrido si…?’. Algunos la han denominado relato histórico alternativo, ya que se trata de una reconstrucción de momentos con carácter lógico pero que no han sucedido. Así como la utopía describe lugares no existentes, la ucronía define líneas temporales inexistentes. El género ha tenido amplio desarrollo dentro de la fantasía y la ciencia ficción, así como en la novela histórica especulativa. Un ejemplo clásico es “El Hombre en el Castillo”, donde Philip K. Dick describe un mundo en el que Alemania y Japón han ganado la Segunda Guerra Mundial y se dividen el territorio de los EEUU. Los especialistas han denominado ‘punto Jonbar’ al momento específico en que la realidad ucrónica comienza a diverger de la histórica, en honor a John Barr, un personaje creado por Jack Williamson en los años ’30 y que debe enfrentar estas alternativas.

Recientemente, la aparición de la antología States of Deseret, permitió a ocho autores mormones (William Morris, Lee Allred, Anneke Garcia, David J. West, D. J. Butler, Marion Jensen, Inari Porkka y Lori Taylor) especular sobre realidades históricas alternativas: ¿Qué tal si Brigham Young hubiese continuado su viaje hasta California? ¿o si el territorio de Deseret hubiese formado una nación autónoma?¿Qué hubiese ocurrido si Leon Tolstoi o Nicolas Tesla se hubiesen unido a los Santos de los Ultimos Días? Las posibilidades están abiertas…

Gabriel Gonzélez Núñez es un escritor mormón nacido en Montevideo, Uruguay. Posee una Licenciatura en Traductorado de la Universidad de Brigham Young (2001), una Licenciatura en Leyes (Juris Doctor) también de BYU (2007), un Master en Traducción de la Universitat Rovira i Virgili, de Cataluña, España (2011) y un Doctorado en Estudios de Traducción por la KU Leuven, Bélgica (2014). Es actualmente profesor de la Universidad de Texas en el valle de Rio Grande, donde entrena a traductores e intérpretes. Vive en Brownsville, Texas, con su esposa y dos hijos. Recientemente ha publicado “Estampas del Libro de Mormón”, que puede consultarse en su excelente blog (https://gabrielgonzaleznunez.wordpress.com/)

Es un orgullo presentar en nuestro espacio a Gabriel y a su brillante alternativa ucrónica epistolar…

Mario R. Montani

Documentos artículo Norteamérica

-Gabriel González Núñez-

Remitente: Cristalina Lloyd Chehda
Momento: lunes 19 de noviembre de 2009, 14:57
Destinatario: Jorge Curbelo Ventura
Asunto: Documentos artículo Norteamérica

Estimado anciano Jorge Néstor:

Le escribo por causa del artículo que, según lo acordado en la última reunión de concilio, vamos a publicar en papel y también en el sitio de la Iglesia en FDP a propósito del septuagésimo quinto aniversario del inicio de la predicación en Norteamérica.

He recabado los materiales que me pidió para que pueda escribir con la tranquilidad de saber que no errará en lo que redacte. También le comunico que, si bien hay constancia en el Archivo Apostólico de que hacia 1851 un misionero fue enviado rumbo a alguna parte de Norteamérica, no se recoge ningún dato más, ni siquiera su nombre y mucho menos la suerte de su expedición. Seguiré buscando, pero de momento tal vez no quede otra opción que omitir esa información.

Ante cualquier inquietud, quedo a las órdenes.

Hna. Cristalina

Secretaria Ejecutiva

Departamento de Historia

Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Días Postreros

***

[Del diario personal del hermano Enrique Marcelo Resek Ríos]

4 de mayo de 1936

Hoy celebramos una misa de despedida aquí en Washington, en casa de la familia Aguilar. ¡Cuesta creer que ya llevamos seis meses en esta tierra! ¡Cuesta creer que ya nos vamos! A pedido del anciano Domingo Antonio oficié yo mismo la misa, que me resultó agridulce puesto que por una parte me sentía colmado del Espíritu por la comunión con los santos, y por otra me agobiaba el peso del viaje que mañana hemos de emprender, primero en tren hasta Nueva York, luego en barco hasta Montevideo y finalmente, en tren, hasta Navú. Me esmeré por oficiar de la forma más excelente para dejar un ejemplo duradero a los hermanos Aguilar, Monroy y Echo Hawk tras nuestra partida. Hice el saludo de bienvenida, entonamos juntos el Gloria, invité al hermano Rafael a hacer la oración, entonamos juntos el Kyrie, bendije y repartí el pan, bendije y repartí la copa de vino, hice una lectura del Nuevo Testamento (Apocalipsis 14:6) cuyo cumplimiento expliqué, di la palabra al anciano Domingo Antonio y después concluí la misa con la bendición de despedida. Me impactaron grandemente las palabras del anciano Domingo Antonio, quien fue movido por el Espíritu, ya que no de otro modo se puede explicar esta solemne profecía, de la cual siento que es importante dejar constancia:

«La obra del Señor es ahora poco más que un puñado de semillas en esta tierra tan lejana de la luz de las promesas del Libro de Mormón, pero llegará el día en que estos pueblos hallarán la luz de la verdad. La obra crecerá aquí como con la forma del ombú, al principio en un mismo lugar pero luego las ramas se extenderán hacia afuera como raíces en busca de agua. De esta ciudad llegaremos a todo este país y a los países vecinos. La Misión Norteamericana será una potencia en la Iglesia».

[De la Enciclopedia del Mormonismo; lema “Expansión misional”]

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Días Postreros fue fundada el 6 de abril de 1825 en Misiones Orientales, Paraná, bajo la guía del profeta Omar Ibayú. Meses antes él había sido expulsado por los vecinos de su pueblo por haber recibido el Libro de Mormón, y ahora organizaba una iglesia conforme a la manera de los santos de los días antiguos. Los primeros misioneros se pusieron ese mismo día las ahora características sotanas negras e iniciaron la labor de la predicación en los pueblos de Misiones Orientales, incluso incursionando en otras provincias. En 1838 se mandó los primeros misioneros al Paraguay, el Brasil y el Tahuantinsuyo. Asimismo en 1841 se mandaron misioneros a la Argentina, y para 1845 los había en Colombia. Mediante los esfuerzos de estos primeros misioneros, un gran número de conversos se unió a la Iglesia en las provincias del resto de Paraná y en otras partes de Sudamérica. El crecimiento de la Iglesia en ciudades como Purificación y Buenos Aires dio pie a cierta controversia en el seno de la Iglesia en cuanto a si se debía predicar a quienes no tenían sangre lamanita. La voz de Jehová se manifestó al respecto en el año 1847 cuando el profeta Omar tuvo un sueño en el que el Señor le confirmaba que las naciones de los gentiles también debían recibir el evangelio, así como los romanos lo habían recibido en los días de los antiguos apóstoles.

[De un informe del Principal de los Doce preparado para los Tres, enero de 1934]

Como es de su conocimiento, hemos recibido de manos del hermano César las dos cartas procedentes de Washington, Estados Unidos, que ustedes nos hicieron llegar. En nuestra última reunión del Concilio las leímos, primero la del hermano Jorge Aguilar y después la del hermano Rafael Monroy. Lo hicimos en espíritu de oración. Nos impresionó de sobremanera que coincidan en la capital de una nación gentil dos familias de conversos de México. Si sólo los Aguilar o sólo los Monroy se hubiesen mudado allí, no nos resultaría tan impactante, pero son dos las familias de conversos dejan todo en su tierra natal, sin coordinarlo, y terminan encontrándose en la capital de un país lejano. También nos impresionó saber que muchos indios se mudan del estado de Oklahoma a la ciudad de Washington en busca de oportunidades económicas. Tras leer las cartas, nuevamente hicimos oración. Sentimos la confirmación inequívoca del Santo Espíritu de que Jehová Dios está gestando las condiciones para iniciar la prédica del evangelio restaurado en Norteamérica. Estas condiciones no parecían dadas hasta ahora.

[Del texto publicado en historia.ijspd.org sobre la primera misión a Estados Unidos]

En 1860 los apóstoles Daniel Fernando Hortal González y Víctor Santiago Vásquez Arredondo viajaron de la sede de la Iglesia en Navú, Misiones Orientales, a Richmond, Carolina de Norte, que entonces quedaba en Estados Unidos, para iniciar la predicación. Estos misioneros no lograron establecer la Iglesia, ni siquiera convertir a nadie. La suya fue una labor plagada de rechazos y desánimos, en gran medida por sus escasos conocimientos del idioma inglés y por la guerra independentista que se desató por aquellos días en su campo de prédica. Consideraron que traducir el Libro de Mormón al inglés no era una tarea viable para ellos y que dar a conocer la postura de la Iglesia de que la esclavitud debía ser abolida gradualmente en todo el mundo no suponía una opción segura en aquellos tiempos de violencia. Consecuentemente, los dos ancianos regresaron tras tres meses infructíferos a Navú. Allí presentaron un informe al pleno del Concilio de los Doce Apóstoles y posteriormente al Concilio de los Tres Pontífices recomendando esperar un tiempo prudente hasta que existiesen condiciones más favorables en Norteamérica. En palabras del anciano Daniel Fernando: «Siento el comprometimiento en que me pone el servicio que presté en la América del Norte, y asimismo me encuentro en un conflicto por no poder llegar a una conclusión que de modo alguno sea diferente a la que he llegado. Recién cuando el Libro de Mormón fuere traducido al inglés, y con dicho libro en nuestras manos, se dará vuelta a la llave que el profeta Omar dio vuelta cuando puso el libro en nuestro castellano».

[De una carta del anciano Domingo Antonio Roda Martínez a su esposa, 25 de noviembre de 1935]

Mi bien amada Cata:

Por fin puedo sentarme a escribirte, eterna esposa mía, y son tantas las cosas que quiero contrate, tantas las cosas que a tu lado hubiese querido vivir. Tal vez llegue el día en que los enviados del Señor desempeñemos el santo apostolado acompañados de nuestras compañeras. Mas por el momento, todo es conforme a la voluntad del Santo de Israel, que me envió a estos pagos que jamás creí que conocería. Y aunque todo es emocionante, te extraño.

            Ojo, no me quejo de la compañía de mi hermano Enrique ni de Teófilo. Bien sabés que son sumamente agradables, especialmente Enrique, con quien los lazos que me unen como apóstoles de Nuestro Señor son inquebrantables. Sin mis dos compañeros la travesía a bordo del Camões me hubiese sido una carga harto difícil de llevar, sobre todo por eso de que no me gustan los viajes en barco.

En fin, desembarcamos en el puerto de Nueva York el 18 de noviembre. Había que ver aquello. La ciudad es grande, y desde la cubierta del barco me impresionó la gran cantidad de rascacielos. Así como a mí me llamaba la atención todo lo que veía (los barcos, la muchedumbre, el movimiento de personas), me parece que nosotros de igual manera llamábamos la atención de mucha gente. En el tren rumbo a Washington, por darte un ejemplo, varias veces me di cuenta que uno que otro pasajero se nos quedaba mirando. El anciano Teófilo cree que es por los hábitos que llevábamos, y puede que tenga razón, ya que en la semana que llevo aquí he visto que los sacerdotes de este país visten de traje y corbata, lo que les da presencia de empresarios.

            Llegamos a Washington ese mismo día, y en la estación nos esperaban los dos misioneros que hace unos meses enviamos a esta ciudad. Con ellos nos recibió un joven indio de nombre Echo Hawk, que según los misioneros quiere decir halcón con eco. Habla un español bastante extenso, que aprendió cuando en su natal Oklahoma comerciaba con los mexicanos. Se trata del único prosélito que tenemos por el momento en estas tierras. Lo bautizaron el 29 de octubre en un río llamado Potomac. Aquí hace un otoño muy frío en esta época del año, así que la fe de este joven de trenzas y sombrero que no quiso esperar ni un día para ser enterrado a fin de tener nueva vida en Cristo el Señor nos inspira a todos.

            Conocimos esa noche también a las dos familias que escribieron pidiendo misioneros, apellidadas Monroy y Aguilar. Son gente joven, con hijos chicos, y la luz del testimonio ilumina sus rostros. Su trato para con nosotros es sumamente servicial, incluso invitándonos a quedarnos en sus casas. De hecho, es en casa de los Monroy que estamos pernoctando. Nos hemos sentido muy a gusto con ellos, y hemos impuesto las manos en todos y cada uno para invocar bendiciones de lo alto sobre sus cabezas.

¡Ojalá pudieras conocer a los santos aquí! ¡Y si tan solo vieras esta pintoresca ciudad! […]

[Del diario del profeta Teófilo, cuando era setenta]

24/XII/35

Hoy 24 de diciembre de 1935, más o menos a las 6 de la tarde, en una arboleda de arces deshojados y con vista del río Potomac, tuve el privilegio de unir mi fe a la del anciano Enrique Marcelo cuando nuestro hermano, el anciano Domingo Antonio, se puso de rodillas y con las manos entrelazadas dedicó las tierras de Norteamérica para la predicación del evangelio. Ya oscurecía y soplaba una brisa fría que nos hería el rostro, pero pese a ello el fuego del Santo Espíritu descendió sobre nosotros. Tras la plegaria dedicatoria irrumpimos en cantos en latín, conforme a nuestra costumbre en ocasiones tan solemnes, y también en español, como se usa cada vez más.

[Del discurso “Omar Ibayú y el Libro de Mormón”, pronunciado por el anciano Eduardo Raimundo en la Convención General de la Iglesia de enero de 1995.]

Cuando hice la misión de muchachito descubrí lo importante que fue la visión profética de Omar al poner el Libro de Mormón en un idioma moderno. Fui uno de los primero misioneros que prestaron servicio en Estados Unidos. En toda la misión no conseguí más que tres prosélitos. Al principio éramos solo mi compañero y yo, con la ayuda de dos familias de conversos mexicanos. Después llegaron otros misioneros, pero por varios años fue más o menos así para todos. Ahora, comparemos esto con el año pasado, donde vimos casi cuarenta mil conversos en ese país. ¿Qué cambió? Bueno, mi compañero y yo teníamos solo la Biblia en inglés, así que podíamos usar el Libro de Mormón únicamente con la poca gente que hablaba nuestro idioma. Los que hablaban el inglés no tenían interés en un libro que no podían leer, así que más que nada teníamos acogida entre los sudamericanos y mesoamericanos que había por allá. Esto cambió años después, una vez que dos prosélitos nuestros, los hermanos Echo Hawk y Eduardo Raimundo Balderas Ibáñez terminaron la traducción del Libro de Mormón al inglés. Entonces empezó la gran cosecha, primero en el resto de Estados Unidos y después en Estados Confederados y en Canadá.

[Del Libro Estadístico de la Iglesia 2008, entrada “Norteamérica”]

… En la actualidad, la Iglesia tiene en estos tres países una presencia de tres millones y medio de miembros, casi setecientas diócesis y dieciocho templos…

***

Remitente: Jorge Curbelo Ventura
Momento: lunes 19 de noviembre de 2009, 17:14
Destinatario: Cristalina Lloyd Chehda
Asunto: Res.: Documentos artículo Norteamérica

Estimada hermana Cristalina:

¡Gracias por hacerme llegar este material! Le acabo de dar una leída muy somera y me va a servir mucho cuando me ponga a escribir el artículo.

Curiosamente ayer hablé por teléfono con los hermanos del Sector Norteamérica Este. Por lo que  me comentaron hoy en día no es posible localizar el lugar exacto donde se realizó la dedicatoria de Norteamérica. Como sea, parece que el sitio aproximado se conoce gracias a las descripciones que hay en los diarios de los ancianos. El historiador de la Iglesia allá ha trabajado bastante para dar con el lugar aproximado, que ahora viene a ser en una especie de parque en las afueras de Washington. Si bien el sitio en sí no es tan importante como el cumplimiento de la profecía del anciano Domingo Antonio, cuando viaje a Estados Unidos el mes que viene vamos a colocar en ese parque una placa conmemorativa.

Como siempre, quedo su seguro servidor,

Anciano Jorge Néstor

Concilio de los Doce

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Días Postreros

 

“El héroe de la Lectura” – Vlady Kociancich

ARTE Y RELIGION

           Literatura

                       “Sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros…”

El  Héroe de la Lectura

Vlady Kociancich

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Vlady Kociancich nació en Buenos Aires en 1941. Desarrolló su obra en los ámbitos de la narración, la traducción, el periodismo y la crítica literaria. A los nueve años escribió su primera historia policial. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires, donde conoció a Jorge Luis Borges y entabló una amistad que la llevó a la profundización del inglés antiguo con él, fuera de programa. En 1971 aparece “Coraje”, su primera colección de cuentos. Publicará novelas: “La Octava Maravilla” (1982), “Ultimas Días de William Shakespeare” (1984), “Abisinia” (1985), “Los Bajos del Temor” (1992), “El Templo de las mujeres” (1996), “Amores sicilianos” (2004) y en 2007 su colección de cuentos “La ronda de los jinetes muertos”.

En 1988 obtiene el Premio “Jorge Luis Borges” otorgado por la Fundación Konex y el Fondo Nacional de las Artes. En 1994 dirige un curso sobre Adolfo Bioy Casares en la Universidad Complutense de Madrid. El siguiente texto está tomado de su colección de ensayos literarios “La Raza de los Nerviosos” (Seix Barral, 2006)

Edwin Harris (1855-1906) Un momento apacible

Edwin Harris (1855-1906) Un momento apacible

“En uno de los ensayos que componen la Historia de la Lectura en el Mundo Occidental, de Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, leí que una estatuilla griega del siglo VI a.C. tenía la siguiente inscripción:

“A todo aquel que me pregunte, le contestaré lo mismo: que Andrón, hijo de Antífanes, me dedicó como diezmo”.

Siempre me han conmovido esos objetos muy antiguos que en la vitrina de algún museo “hablan” en primera persona, con un “yo” fantasmal más elocuente que el simple nombre de su dueño…

Importa poco que el recurso de darle a un objeto valioso la función de contarse a sí mismo encierre una voluntad mágica o sea meramente un hallazgo retórico. El efecto de su lectura es un leve temblor. De inmediatez, de que las palabras escritas llegan a uno junto con la presencia, imposible, de quien las estaba diciendo. Pero en esa estatuilla griega sentí algo más que la emocionante transmisión de un “yo soy”, algo más que un diminuto fragmento de la Antigüedad viajando a través de los siglos. Y ese algo es la definición, casi pedestre y a la vez delicadamente simbólica, del acto de leer.

Porque la inscripción en la estatuilla no se limita a informar… La estatuilla de Andrón sólo hablará cuando alguien la interrogue. Es decir, cuando alguien la lea. Hasta ese momento, la historia del cómo y para qué de su existencia estará oculta en unas pocas rayas silenciosas.

A unos dos mil seiscientos años de escritas, las palabras todavía suenan frescas, con un timbre de orgullo, de confianza en la eternidad del lenguaje, el más volátil de los atributos humanos, que ha encontrado un modo de fijarse.  Suenan también con el timbre inquietante de la poesía que aparece a medio camino entre la expresión y la magia. Y sin embargo, para Andrón, hijo de Antífanes, era un asunto mucho más sencillo. Estaba seguro de que la estatuilla hablaría en su nombre a quien supiera leer. Un conocimiento aún restringido a cierto número de griegos que descifrarían el mensaje en voz alta para extraer el sentido de aquella escritura continua, pero no mágico. El único poder a que apelaba estaba fuera del ámbito de dioses o de sacerdotes. Era el poder de ese conocimiento.

Mark Arian - Tradiciones familiares

Mark Arian – Tradiciones familiares

Yo, en cambio, hija de tiempos sucesivos que, desde el año en que vivió aquel Andrón, vienen hilándose y deshilándose en diferentes formas de lenguaje, en diferentes maneras de leerlo, no puedo desprender la lectura de un aura de misterio iniciático, de una magia tan antigua y a la vez tan natural como lo fue para el hijo de Antífanes. Leo con el recuerdo a mano de cuando no sabía leer, de cuando una parte del mundo que me rodeaba estaba a oscuras, en silencio.

Tenía cuatro años. Me habían mandado a comprar algo en el almacén de la esquina y esperaba mi turno. Sobre el mostrador, a una altura que me obligaba a levantar la cabeza, había una solitaria botella de vino, con una palabra en la etiqueta: Tupungato. Empecé a unir en sílabas las vocales y las consonantes, como me enseñaba mi abuela. Las letras eran todavía dibujos y sonidos que no parecían cumplir otra misión que la de entretenerme un día de lluvia con ese juego de repeticiones que tanto les gusta a los chicos. Y de pronto ocurrió. Dije, en voz alta, la palabra entera. No era mi voz, sin embargo. Era la voz de la botella, que decía su nombre y que entendí. (Todo lector es, al principio, un aturullado aprendiz de hechicero. Me costaría algún tiempo admitir que Tupungato era el nombre de un cerro y no de un vino.) Una sola palabra se abría ahora como una granada madura. Adentro estaban todas las palabras. Todavía pegadas entre sí y a la cáscara de los signos, pero cada una contaba algo que yo podía escuchar, un mensaje oculto hasta el momento de decirlo en voz alta. Sabía leer.

La iluminación, ¿de qué otro modo llamar a esa luz que aclaró inesperadamente un oscuro proceso de aprendizaje, con sus vueltas mecánicas, sus combinaciones caprichosas, sus avances y sus retiradas?, tuvo un impacto espectacular y durable. En vez de atenuarse, se expandía. Me recuerdo probando la lectura en el terreno de la incredulidad de los adultos con la vara de las palabras, luego de las frases, hasta convencerme de que el poder de esa vara era invencible y para siempre. Un poder que me liberaba de preguntas sumisas y humillantes, del despotismo o la falsedad de los intermediarios, pero sobre todo del silencio del mundo, un mundo que sin voz se limita, en términos de experiencia humana, a un paisaje inaprensible y transitorio.

Ilya Galkin (1860-1915) Lectura

Ilya Galkin (1860-1915) Lectura

Que la lectura es un ejercicio de la libertad individual lo hemos olvidado, como se olvidan los comienzos de las mejores cosas, a fuerza de exigirle más y más, hasta concluir, por hartazgo, de que esa libertad no vale nada. Desde los días de Andrón , le venimos pidiendo a la lectura que nos revele todos los secretos, que sea todas la voces y una sola, que nos eduque en la verdad, que nos aparte del error o que nos civilice. Ni un dios podría responder a esas demandas sin rebajarse a un burdo acto de ilusión, a poner en escena una tormenta y unos cuantos relámpagos. Quizás el desdén contemporáneo por la lectura como llave maestra del conocimiento se deba tanto a esa exaltación artificial de dones que no puede otorgarnos como a la alegre barbarie del nuevo imperio de la imagen que, a fin de cuentas, sólo espera que la miremos dócilmente.

No es por nostalgia que guardo la primera palabra que leí en mi vida como el recuerdo más precioso. Es agradecimiento. Me abrió una puerta a los libros, que a su vez abrieron más puertas. Me dio una libertad de acceso a territorios que sin su intervención hubieran quedado fuera de mi alcance. Y sobre todo, una independencia de las circunstancias del mundo, de la tiranía de sus modas, del látigo de una época que busca uniformarnos y enlistarnos como soldados rasos en la imparable ambición de poder de la tecnología.

Todavía hoy, en el siglo de las comunicaciones por satélite, el pensamiento, la imaginación, los sentimientos, la certeza y la duda, el amor a la vida y el temor a la muerte, la risa y la desolación, uno mismo y los otros, caben en el pequeño pero inextinguible universo del alfabeto, que a su vez cabe en el pequeño objeto que es un libro, tan modesto y sencillo que no necesita instalaciones de un experto, tan seguro guardián de su carga que se da el lujo de prescindir de los derrumbes de cualquier sistema.

Posiblemente los místicos puedan imaginar un mundo sin lenguaje escrito como el verdadero paraíso. Yo soy una persona común, gregaria y ávida, por curiosidad, de lo que hay de humano y compartible bajo la superficie de las cosas. Me atemoriza, lo confieso, la soledad puramente contemplativa que ofrecen las pantallas con su tránsito de imágenes fugaces, de palabras que se reducen a ilustrar las imágenes, empobrecidas por un uso menor y denigrante, como esas cruces con que firmaban los analfabetos. Pero el miedo a esa soledad me dura poco. Recuerdo que por suerte sé leer. Recuerdo que la lectura sigue siendo una voz que responde desde la escritura, como la estatuilla de Andrón, a todo aquel que le pregunte”.

Marina V. Chulovich, 1956, Retrato de una Hija

Marina V. Chulovich, 1956, Retrato de una Hija

Kiersten White, una escritora paranormal

ARTE Y RELIGION

     Literatura

              Escritores Mormones

Kiersten White

Una escritora paranormal

“Doy los abrazos más incómodos del mundo. También escribo libros. Probablemente deberían optar por uno de esos libros antes que por mis abrazos” (Kiersten White)

Por Mario R. Montani

Kiersten White es una exitosa escritora mormona nacida en Utah aunque reside actualmente en San Diego, California, junto a su esposo y tres hijos.

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Debido al modo en que protege su vida personal (el cual respetamos) no es fácil obtener su fecha de nacimiento ni los datos de sus allegados.  Estudió en BYU donde obtuvo una Licenciatura en Inglés en 2004, lo que nos hace presumir que se encuentra en medio de sus 30 en la actualidad.

Desde jovencita se sintió atraída por la mitología, las religiones antiguas, Egipto y lo paranormal.

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En una entrevista declaró:

“Desde que tengo memoria he querido escribir. También pensé en ilustrar libros, pero ocurre que para eso hace falta un talento como artista que yo no poseo. Leer fue siempre mi actividad favorita. Y cuando no podía leer o cuando las historias que me encantaban finalizaban, fabricaba historias nuevas en mi cabeza. Fue una transición muy natural pasar de una ávida lectora y amante de historias a ser una escritora, creando mis propias historias para compartir con otros”.

En cuanto a su carrera como escritora, podríamos decir que se inició con la publicación de Tangled en la revista estudiantil Leading Edge de BYU, especializada en ciencia ficción y fantasía, bajo el nombre de Kiersten Brazier.

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Un relato corto suyo, Tick-Tick-Boom, se incluyó en la antología Corsets and Clockwork y el ensayo Case Notes: Salvatore, Stefan and Salvatore, Damon formó parte de Visitor’s Guide to Mystic Falls, un volumen dedicado al programa Vampire Diaries.

Después de tres intentos infructuosos con sus novelas iniciales, en 2009 logró vender Paranormalcy (que se tradujo como Paranormal al castellano aunque una rendición más aproximada sería Paranormalía).

A los siete días de su aparición en 2010, la novela había logrado trepar a la lista de los más vendidos del New York Times. Al año siguiente apareció la continuación, Supernaturally, y en el 2012 cerró la trilogía con Endlessly.

Las obras atrajeron inmediatamente la atención, y su autora fue escogida como Young Adult Library Services Association Teen Top Ten (por la Asociación de Bibliotecas de Jóvenes Adultos) y  nominada para el Publishers Weekly Flying Start en 2010 (premio de los editores para los nuevos talentos). También se ha hablado de la posibilidad de llevar Paranormalcy a la pantalla grande.

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Las obras están dirigidas a un público joven y la heroína es muy particular. Se trata de una adolescente de 16 años, de nombre Evie, apasionada por la moda y las series de televisión románticas, que desearía asistir a un colegio normal y salir con chicos, pero no puede hacerlo. La Agencia Internacional para la Contención de lo Paranormal (AICP) ha descubierto que ella es la única humana con la capacidad de detectar el aura de los seres paranormales (hombres lobos, vampiros, sirenas, hadas, etc) que vagan por el mundo disfrazados como personas normales. En su trabajo recibe la colaboración de Lend, un joven que puede adoptar cualquier forma, y de Lorethan (Reth), un personaje masculino de la familia de las hadas. Además de las aventuras, la posibilidad de romance está siempre presente.

White posee un estilo muy moderno, ágil y divertido, lo que mantiene la historia avanzando de modo fluido. Sus personajes son variados y bien descriptos al igual que los entornos. Los nudos temáticos se resuelven y encadenan bien unos con otros, a veces de modo inesperado.

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Con relación a cómo se le ocurrió la trama y los personajes, ha dicho:

“Tal vez no les guste esta respuesta, pero simplemente aparecieron. Comenzó con una pregunta: ¿Qué podría hacerse con los vampiros si no queremos matarlos? Eso condujo a la Agencia Internacional para la Contención de lo Paranormal, que a su vez condujo a una sarcástica jovencita de dieciséis trabajando para ella, lo que condujo a la pregunta de por qué trabajaría para la Agencia. Una vez que la voz de Evie comenzó a aparecer ya no la pude callar”.

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Luego del gran éxito de la trilogía continuó explorando otros géneros. Al thriller sicológico Mind Games (2013) siguió su secuela Perfect Lies (2014). The Chaos of Stars (2013) presentó a Isadora, una adolescente que resulta ser hija de antiguos dioses egipcios. In The Shadows (2014) es una colaboración con el excelente ilustrador Jim Di Bartolo.

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En 2014 también presentó Illusions of Fate, a la que ha comparado con “una mezcla de Orgullo y Prejuicio con Harry Potter”.

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Con relación a sus hábitos de escritura:

“No miro demasiada TV. Me paso de largo mucha actividad social. Me acuesto muy tarde. Escribo como maniática cuando tengo la ocasión y la inspiración y hay períodos en los que no puedo escribir por causa de vivir y ser una mamá, una esposa, una amiga, una hermana y una hija. No me maltrato, pero me pongo un poco loca si no tengo amigos imaginarios con quienes hablar… Es importante que, si uno decide escribir, logre encajar eso dentro de su vida. Debe estar dispuesto a sacrificar cosas (Asegurándose que esas cosas no sean esposos, hijos y las relaciones personales. Esas necesitan prioridad). Y si alguien no está dispuesto a sacrificar diversión para obtener el tiempo, también está bien. ¡Gracias al cielo no todos necesitan ser escritores psicóticos, anti sociales y privados de sueño!”.

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Con respecto a su trabajo, el esposo ha dicho:

“Ella trabaja en horarios extraños. Cuando está editando, lo hace desde las 10 de la noche a las 2 de la mañana, se los aseguro. Aunque no pueda certificarlo, porque para las 9:30 yo ya me fui a la cama…El proceso de escritura, desde mi punto de vista, es como una montaña rusa con miles de millas de recorrido lento y chato y con algunas subidas y bajadas por el camino. Pasan meses en los que nada fantástico ocurre y, de pronto, todo se vuelve una locura. Uno necesita ser paciente, comprensivo, y, más que nada, amoroso, sin importar qué esté ocurriendo… La comunidad de escritores, tanto on line como fuera, es sorprendente. Ser parte de ella en cualquier calidad es algo que vale la pena…”

Kiersten ha mencionado que el origen de sus estupendas ideas es muy variado: hablar con gente interesante, el cine, la música, los buenos libros, la naturaleza, la historia y visitar nuevos lugares. Precisamente esto último la ha llevado recientemente a realizar un viaje a Rumania, la cuna del conde Drácula:

“Rumania es definitivamente el lugar más interesante que he conocido. Es la primera vez que salgo de Norteamérica. Disfruté de la historia que posee. Tradicionalmente eran tres países diferentes, de modo que cada región que visitamos tenía su propia historia arquitectónica y tradición religiosa. Es interesante ir a un país que posee invaluables iglesias o fortalezas de más de 550 años en cada pequeña villa, tantas que no pueden lograr restaurarlas a todas. Tan diferente a EEUU, donde si algo tiene 150 años ya es una atracción turística. El paisaje también es asombrosamente hermoso”.

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En 2016, la autora acaba de publicar And I darken, el primer tomo de su nueva saga The Conquerors.

Las obras de Kiersten White en castellano pueden encontrarse a través de Ediciones B.

La lectura de sus novelas, si bien diseñadas para un público joven, podrá otorgarnos un buen momento de diversión así como otro de reflexión.

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“No caí enamorada por ti. Caminé enamorada hacia ti, con mis ojos bien abiertos, eligiendo dar cada paso a lo largo del camino. Creo en la suerte y el destino, pero también creo que estamos destinados a aquellas cosas que de cualquier modo hubiésemos elegido. Y yo te elegí a ti: en un centenar de vidas, en un centenar de mundos, en cualquier versión de la realidad, te encontraría y te elegiría”.

Kiersten White en The Chaos of Stars