“El héroe de la Lectura” – Vlady Kociancich

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                       “Sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros…”

El  Héroe de la Lectura

Vlady Kociancich

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Vlady Kociancich nació en Buenos Aires en 1941. Desarrolló su obra en los ámbitos de la narración, la traducción, el periodismo y la crítica literaria. A los nueve años escribió su primera historia policial. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires, donde conoció a Jorge Luis Borges y entabló una amistad que la llevó a la profundización del inglés antiguo con él, fuera de programa. En 1971 aparece “Coraje”, su primera colección de cuentos. Publicará novelas: “La Octava Maravilla” (1982), “Ultimas Días de William Shakespeare” (1984), “Abisinia” (1985), “Los Bajos del Temor” (1992), “El Templo de las mujeres” (1996), “Amores sicilianos” (2004) y en 2007 su colección de cuentos “La ronda de los jinetes muertos”.

En 1988 obtiene el Premio “Jorge Luis Borges” otorgado por la Fundación Konex y el Fondo Nacional de las Artes. En 1994 dirige un curso sobre Adolfo Bioy Casares en la Universidad Complutense de Madrid. El siguiente texto está tomado de su colección de ensayos literarios “La Raza de los Nerviosos” (Seix Barral, 2006)

Edwin Harris (1855-1906) Un momento apacible

Edwin Harris (1855-1906) Un momento apacible

“En uno de los ensayos que componen la Historia de la Lectura en el Mundo Occidental, de Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, leí que una estatuilla griega del siglo VI a.C. tenía la siguiente inscripción:

“A todo aquel que me pregunte, le contestaré lo mismo: que Andrón, hijo de Antífanes, me dedicó como diezmo”.

Siempre me han conmovido esos objetos muy antiguos que en la vitrina de algún museo “hablan” en primera persona, con un “yo” fantasmal más elocuente que el simple nombre de su dueño…

Importa poco que el recurso de darle a un objeto valioso la función de contarse a sí mismo encierre una voluntad mágica o sea meramente un hallazgo retórico. El efecto de su lectura es un leve temblor. De inmediatez, de que las palabras escritas llegan a uno junto con la presencia, imposible, de quien las estaba diciendo. Pero en esa estatuilla griega sentí algo más que la emocionante transmisión de un “yo soy”, algo más que un diminuto fragmento de la Antigüedad viajando a través de los siglos. Y ese algo es la definición, casi pedestre y a la vez delicadamente simbólica, del acto de leer.

Porque la inscripción en la estatuilla no se limita a informar… La estatuilla de Andrón sólo hablará cuando alguien la interrogue. Es decir, cuando alguien la lea. Hasta ese momento, la historia del cómo y para qué de su existencia estará oculta en unas pocas rayas silenciosas.

A unos dos mil seiscientos años de escritas, las palabras todavía suenan frescas, con un timbre de orgullo, de confianza en la eternidad del lenguaje, el más volátil de los atributos humanos, que ha encontrado un modo de fijarse.  Suenan también con el timbre inquietante de la poesía que aparece a medio camino entre la expresión y la magia. Y sin embargo, para Andrón, hijo de Antífanes, era un asunto mucho más sencillo. Estaba seguro de que la estatuilla hablaría en su nombre a quien supiera leer. Un conocimiento aún restringido a cierto número de griegos que descifrarían el mensaje en voz alta para extraer el sentido de aquella escritura continua, pero no mágico. El único poder a que apelaba estaba fuera del ámbito de dioses o de sacerdotes. Era el poder de ese conocimiento.

Mark Arian - Tradiciones familiares

Mark Arian – Tradiciones familiares

Yo, en cambio, hija de tiempos sucesivos que, desde el año en que vivió aquel Andrón, vienen hilándose y deshilándose en diferentes formas de lenguaje, en diferentes maneras de leerlo, no puedo desprender la lectura de un aura de misterio iniciático, de una magia tan antigua y a la vez tan natural como lo fue para el hijo de Antífanes. Leo con el recuerdo a mano de cuando no sabía leer, de cuando una parte del mundo que me rodeaba estaba a oscuras, en silencio.

Tenía cuatro años. Me habían mandado a comprar algo en el almacén de la esquina y esperaba mi turno. Sobre el mostrador, a una altura que me obligaba a levantar la cabeza, había una solitaria botella de vino, con una palabra en la etiqueta: Tupungato. Empecé a unir en sílabas las vocales y las consonantes, como me enseñaba mi abuela. Las letras eran todavía dibujos y sonidos que no parecían cumplir otra misión que la de entretenerme un día de lluvia con ese juego de repeticiones que tanto les gusta a los chicos. Y de pronto ocurrió. Dije, en voz alta, la palabra entera. No era mi voz, sin embargo. Era la voz de la botella, que decía su nombre y que entendí. (Todo lector es, al principio, un aturullado aprendiz de hechicero. Me costaría algún tiempo admitir que Tupungato era el nombre de un cerro y no de un vino.) Una sola palabra se abría ahora como una granada madura. Adentro estaban todas las palabras. Todavía pegadas entre sí y a la cáscara de los signos, pero cada una contaba algo que yo podía escuchar, un mensaje oculto hasta el momento de decirlo en voz alta. Sabía leer.

La iluminación, ¿de qué otro modo llamar a esa luz que aclaró inesperadamente un oscuro proceso de aprendizaje, con sus vueltas mecánicas, sus combinaciones caprichosas, sus avances y sus retiradas?, tuvo un impacto espectacular y durable. En vez de atenuarse, se expandía. Me recuerdo probando la lectura en el terreno de la incredulidad de los adultos con la vara de las palabras, luego de las frases, hasta convencerme de que el poder de esa vara era invencible y para siempre. Un poder que me liberaba de preguntas sumisas y humillantes, del despotismo o la falsedad de los intermediarios, pero sobre todo del silencio del mundo, un mundo que sin voz se limita, en términos de experiencia humana, a un paisaje inaprensible y transitorio.

Ilya Galkin (1860-1915) Lectura

Ilya Galkin (1860-1915) Lectura

Que la lectura es un ejercicio de la libertad individual lo hemos olvidado, como se olvidan los comienzos de las mejores cosas, a fuerza de exigirle más y más, hasta concluir, por hartazgo, de que esa libertad no vale nada. Desde los días de Andrón , le venimos pidiendo a la lectura que nos revele todos los secretos, que sea todas la voces y una sola, que nos eduque en la verdad, que nos aparte del error o que nos civilice. Ni un dios podría responder a esas demandas sin rebajarse a un burdo acto de ilusión, a poner en escena una tormenta y unos cuantos relámpagos. Quizás el desdén contemporáneo por la lectura como llave maestra del conocimiento se deba tanto a esa exaltación artificial de dones que no puede otorgarnos como a la alegre barbarie del nuevo imperio de la imagen que, a fin de cuentas, sólo espera que la miremos dócilmente.

No es por nostalgia que guardo la primera palabra que leí en mi vida como el recuerdo más precioso. Es agradecimiento. Me abrió una puerta a los libros, que a su vez abrieron más puertas. Me dio una libertad de acceso a territorios que sin su intervención hubieran quedado fuera de mi alcance. Y sobre todo, una independencia de las circunstancias del mundo, de la tiranía de sus modas, del látigo de una época que busca uniformarnos y enlistarnos como soldados rasos en la imparable ambición de poder de la tecnología.

Todavía hoy, en el siglo de las comunicaciones por satélite, el pensamiento, la imaginación, los sentimientos, la certeza y la duda, el amor a la vida y el temor a la muerte, la risa y la desolación, uno mismo y los otros, caben en el pequeño pero inextinguible universo del alfabeto, que a su vez cabe en el pequeño objeto que es un libro, tan modesto y sencillo que no necesita instalaciones de un experto, tan seguro guardián de su carga que se da el lujo de prescindir de los derrumbes de cualquier sistema.

Posiblemente los místicos puedan imaginar un mundo sin lenguaje escrito como el verdadero paraíso. Yo soy una persona común, gregaria y ávida, por curiosidad, de lo que hay de humano y compartible bajo la superficie de las cosas. Me atemoriza, lo confieso, la soledad puramente contemplativa que ofrecen las pantallas con su tránsito de imágenes fugaces, de palabras que se reducen a ilustrar las imágenes, empobrecidas por un uso menor y denigrante, como esas cruces con que firmaban los analfabetos. Pero el miedo a esa soledad me dura poco. Recuerdo que por suerte sé leer. Recuerdo que la lectura sigue siendo una voz que responde desde la escritura, como la estatuilla de Andrón, a todo aquel que le pregunte”.

Marina V. Chulovich, 1956, Retrato de una Hija

Marina V. Chulovich, 1956, Retrato de una Hija

Kiersten White, una escritora paranormal

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Kiersten White

Una escritora paranormal

“Doy los abrazos más incómodos del mundo. También escribo libros. Probablemente deberían optar por uno de esos libros antes que por mis abrazos” (Kiersten White)

Por Mario R. Montani

Kiersten White es una exitosa escritora mormona nacida en Utah aunque reside actualmente en San Diego, California, junto a su esposo y tres hijos.

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Debido al modo en que protege su vida personal (el cual respetamos) no es fácil obtener su fecha de nacimiento ni los datos de sus allegados.  Estudió en BYU donde obtuvo una Licenciatura en Inglés en 2004, lo que nos hace presumir que se encuentra en medio de sus 30 en la actualidad.

Desde jovencita se sintió atraída por la mitología, las religiones antiguas, Egipto y lo paranormal.

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En una entrevista declaró:

“Desde que tengo memoria he querido escribir. También pensé en ilustrar libros, pero ocurre que para eso hace falta un talento como artista que yo no poseo. Leer fue siempre mi actividad favorita. Y cuando no podía leer o cuando las historias que me encantaban finalizaban, fabricaba historias nuevas en mi cabeza. Fue una transición muy natural pasar de una ávida lectora y amante de historias a ser una escritora, creando mis propias historias para compartir con otros”.

En cuanto a su carrera como escritora, podríamos decir que se inició con la publicación de Tangled en la revista estudiantil Leading Edge de BYU, especializada en ciencia ficción y fantasía, bajo el nombre de Kiersten Brazier.

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Un relato corto suyo, Tick-Tick-Boom, se incluyó en la antología Corsets and Clockwork y el ensayo Case Notes: Salvatore, Stefan and Salvatore, Damon formó parte de Visitor’s Guide to Mystic Falls, un volumen dedicado al programa Vampire Diaries.

Después de tres intentos infructuosos con sus novelas iniciales, en 2009 logró vender Paranormalcy (que se tradujo como Paranormal al castellano aunque una rendición más aproximada sería Paranormalía).

A los siete días de su aparición en 2010, la novela había logrado trepar a la lista de los más vendidos del New York Times. Al año siguiente apareció la continuación, Supernaturally, y en el 2012 cerró la trilogía con Endlessly.

Las obras atrajeron inmediatamente la atención, y su autora fue escogida como Young Adult Library Services Association Teen Top Ten (por la Asociación de Bibliotecas de Jóvenes Adultos) y  nominada para el Publishers Weekly Flying Start en 2010 (premio de los editores para los nuevos talentos). También se ha hablado de la posibilidad de llevar Paranormalcy a la pantalla grande.

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Las obras están dirigidas a un público joven y la heroína es muy particular. Se trata de una adolescente de 16 años, de nombre Evie, apasionada por la moda y las series de televisión románticas, que desearía asistir a un colegio normal y salir con chicos, pero no puede hacerlo. La Agencia Internacional para la Contención de lo Paranormal (AICP) ha descubierto que ella es la única humana con la capacidad de detectar el aura de los seres paranormales (hombres lobos, vampiros, sirenas, hadas, etc) que vagan por el mundo disfrazados como personas normales. En su trabajo recibe la colaboración de Lend, un joven que puede adoptar cualquier forma, y de Lorethan (Reth), un personaje masculino de la familia de las hadas. Además de las aventuras, la posibilidad de romance está siempre presente.

White posee un estilo muy moderno, ágil y divertido, lo que mantiene la historia avanzando de modo fluido. Sus personajes son variados y bien descriptos al igual que los entornos. Los nudos temáticos se resuelven y encadenan bien unos con otros, a veces de modo inesperado.

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Con relación a cómo se le ocurrió la trama y los personajes, ha dicho:

“Tal vez no les guste esta respuesta, pero simplemente aparecieron. Comenzó con una pregunta: ¿Qué podría hacerse con los vampiros si no queremos matarlos? Eso condujo a la Agencia Internacional para la Contención de lo Paranormal, que a su vez condujo a una sarcástica jovencita de dieciséis trabajando para ella, lo que condujo a la pregunta de por qué trabajaría para la Agencia. Una vez que la voz de Evie comenzó a aparecer ya no la pude callar”.

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Luego del gran éxito de la trilogía continuó explorando otros géneros. Al thriller sicológico Mind Games (2013) siguió su secuela Perfect Lies (2014). The Chaos of Stars (2013) presentó a Isadora, una adolescente que resulta ser hija de antiguos dioses egipcios. In The Shadows (2014) es una colaboración con el excelente ilustrador Jim Di Bartolo.

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En 2014 también presentó Illusions of Fate, a la que ha comparado con “una mezcla de Orgullo y Prejuicio con Harry Potter”.

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Con relación a sus hábitos de escritura:

“No miro demasiada TV. Me paso de largo mucha actividad social. Me acuesto muy tarde. Escribo como maniática cuando tengo la ocasión y la inspiración y hay períodos en los que no puedo escribir por causa de vivir y ser una mamá, una esposa, una amiga, una hermana y una hija. No me maltrato, pero me pongo un poco loca si no tengo amigos imaginarios con quienes hablar… Es importante que, si uno decide escribir, logre encajar eso dentro de su vida. Debe estar dispuesto a sacrificar cosas (Asegurándose que esas cosas no sean esposos, hijos y las relaciones personales. Esas necesitan prioridad). Y si alguien no está dispuesto a sacrificar diversión para obtener el tiempo, también está bien. ¡Gracias al cielo no todos necesitan ser escritores psicóticos, anti sociales y privados de sueño!”.

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Con respecto a su trabajo, el esposo ha dicho:

“Ella trabaja en horarios extraños. Cuando está editando, lo hace desde las 10 de la noche a las 2 de la mañana, se los aseguro. Aunque no pueda certificarlo, porque para las 9:30 yo ya me fui a la cama…El proceso de escritura, desde mi punto de vista, es como una montaña rusa con miles de millas de recorrido lento y chato y con algunas subidas y bajadas por el camino. Pasan meses en los que nada fantástico ocurre y, de pronto, todo se vuelve una locura. Uno necesita ser paciente, comprensivo, y, más que nada, amoroso, sin importar qué esté ocurriendo… La comunidad de escritores, tanto on line como fuera, es sorprendente. Ser parte de ella en cualquier calidad es algo que vale la pena…”

Kiersten ha mencionado que el origen de sus estupendas ideas es muy variado: hablar con gente interesante, el cine, la música, los buenos libros, la naturaleza, la historia y visitar nuevos lugares. Precisamente esto último la ha llevado recientemente a realizar un viaje a Rumania, la cuna del conde Drácula:

“Rumania es definitivamente el lugar más interesante que he conocido. Es la primera vez que salgo de Norteamérica. Disfruté de la historia que posee. Tradicionalmente eran tres países diferentes, de modo que cada región que visitamos tenía su propia historia arquitectónica y tradición religiosa. Es interesante ir a un país que posee invaluables iglesias o fortalezas de más de 550 años en cada pequeña villa, tantas que no pueden lograr restaurarlas a todas. Tan diferente a EEUU, donde si algo tiene 150 años ya es una atracción turística. El paisaje también es asombrosamente hermoso”.

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En 2016, la autora acaba de publicar And I darken, el primer tomo de su nueva saga The Conquerors.

Las obras de Kiersten White en castellano pueden encontrarse a través de Ediciones B.

La lectura de sus novelas, si bien diseñadas para un público joven, podrá otorgarnos un buen momento de diversión así como otro de reflexión.

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“No caí enamorada por ti. Caminé enamorada hacia ti, con mis ojos bien abiertos, eligiendo dar cada paso a lo largo del camino. Creo en la suerte y el destino, pero también creo que estamos destinados a aquellas cosas que de cualquier modo hubiésemos elegido. Y yo te elegí a ti: en un centenar de vidas, en un centenar de mundos, en cualquier versión de la realidad, te encontraría y te elegiría”.

Kiersten White en The Chaos of Stars


 

“Desenrollando los Manuscritos” por Hugh W. Nibley

Literatura

           “Sí, buscad sabiduría de los mejores libros…”

Desenrollando los Manuscritos

Por Hugh W. Nibley

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“Somos culpables de desestimar y, en general, ignorar, la abrumadora cantidad de registros escritos. La inmensa colección de documentos escritos es uno de los espectáculos más grandes que el mundo tiene para ofrecer… Los documentos iniciaron su aparición en números importantes con el Concilio de Constanza (1414-1418) y, finalmente, con la caída de Constantinopla en 1453. Una vasta cantidad de documentos antiguos que habían estado descansando en Oriente y otros lugares por largo tiempo de pronto se derramaron hacia Europa. Se organizaron y coleccionaron en grandes bibliotecas ducales, reales e imperiales, en ocasiones por individuos de grandes riquezas. Capturaron la imaginación de toda una era. Los propietarios los organizaban en grandes “rotundas” (edificios redondos, generalmente rematados con un domo), un nivel sobre otro de conocimiento, clasificados cronológicamente y por asunto, de modo que uno se encontraba rodeado por libros en derredor, montando galerías sobre galerías hasta quedar fuera de la vista, en la forma de un gigantesco planetario del saber. Pero, desafortunadamente para los libros, por la misma época se descubrió el Libro de la Naturaleza. Bacon, Galileo y Scaliger son contemporáneos. Aproximadamente al mismo tiempo descubrieron juntos el Libro de la Naturaleza, que, en cierto sentido, es más fácil de leer. Los hombres que podían leerlo se transformaron en los genios del mundo – Galileo, Kepler, Copernico, Toracelli, y los demás. Pero el hombre común también podía leerlo. Después de todo, el comienzo de la geología se dio simplemente por el interés de un granjero escocés, James Sutton, que comenzó a especular sobre las rocas en la playa cercana a su casa. Cualquiera podía sumarse a ese juego. Por otro lado, los registros escritos eran leídos principalmente por los simples. No hacía falta tener un gran genio para leerlos, pero había que tener entrenamiento. Debía tenerse conocimiento de las lenguas, o al menos aparentar tenerlo, y si bien no hacía falta un gran cerebro para leerlos, eran necesarios paciencia y un cuerpo, como dice el proverbio. El resultado fue que todos querían jugar a leer el Libro de la Naturaleza, porque todos suponían que podían ser tan buenos como cualquier otro, y cuando uno comienza a suponer, puede llegar a extremos. De modo que, de allí en adelante, se comenzó a ignorar el registro escrito. Joseph Justus Scaliger, quien murió en 1608, fue probablemente el último hombre en realizar un intento serio por leer lo que decía el registro humano escrito: cubría miles de años. La raza humana ha documentado sus hechos por largo tiempo, y nadie le presta atención. No se hace más en el mundo. Oh, por supuesto, es el paraiso del bibliotecario: los clasificamos, fotografiamos, reproducimos, almacenamos, preservamos y transferimos. Realizamos todos los trucos que la electrónica puede lograr hoy, pero nadie los lee. Nadie sabe lo que realmente hay en esos libros. Lo digo literalmente.

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Algunos pocos especialistas pueden analizar documentos en una u otra area, pero ¿quién sabe lo que los registros como un todo tienen para decirnos?… Giorgio de Santillana está escribiendo mucho al respecto. Muestra que los egipcios sabían mucho más de lo que se les ha reconocido hasta ahora. Levi-Strauss, un antropólogo, ha escrito recientemente sobre cuánto más conocían los “primitivos” de lo que hemos estado dispuestos a aceptar. Desarrollamos el concepto de que como habían vivido hace tanto y antes de nuestra ciencia, sus ideas debían ser supersticiosas. No leemos los libros por las ideas que la gente intentaba transmitir, sino por lo que nos dicen no intencionalmente por todos lados. Cualquier página de una carta les dirá todo tipo de cosas sobre la época, circunstancias, la persona que la escribió, lo que intenta decirnos y lo que no. Y por eso deseamos leer los libros. Si observáramos a todos los libros del mundo como si fuese fósiles, podrían decirnos mucho. Como fósiles, son sorprendentemente perfectos. En ellos tenemos no sólo las estructuras óseas rotas sino también la carne; tenemos aún la vida, los propios pensamientos de la criatura que han sido dejados impresos para nuestra inspección. No necesitamos completar la historia con nuestra imaginación. Por eso nuestros científicos se ponen impacientes con los libros. Porque los libros obstaculizan y limitan la libertad de inventar. Esta es una de las razones por la que los libros han sido dejados de lado e ignorados…

De modo que se nos ha dejado con una única visión del mundo, aunque todo el tiempo los libros nos dan otra. No diré que esa es la visión verdadera ni nada parecido; sólo diré que podríamos encontrar algo maravilloso si fuésemos y mirásemos. Sin embargo nadie lo hace. Es demasiado trabajo…

Biblioteca de Monasterio en Austria

Desde la Segunda Guerra Mundial, se han realizado nuevas e importantes adiciones a la biblioteca. Estamos sepultados por una avalancha de manuscritos. Ya ni siquiera pretendemos leerlos. Hemos dejado de intentarlo. Alcanzamos el punto de saturación. Puede ser que estén llenos de grandes sorpresas. Todos sabemos sobre los Rollos del Mar Muerto y los textos del Khenobos-keion (esto es Nag Hammadi) hallados en Egipto por la misma época y que forman la más antigua biblioteca cristiana; los Papiros Bodmer, los textos Manadeos y Maniqueos descubiertos recientemente; antes de ellos, los Papiros Chester Beatty, las Odas de Salomón y los Papiros Oxyrhynchus. Podemos ir más atrás hasta las grandes colecciones del Siglo XIX –  bibliotecas de Babilonia, Asiria y Egipto ¿Qué podemos hacer con todo eso? Intentamos diferentes enfoques. Sólo describir dónde fueron hallados y las circunstancias llevaría muchísimas horas. Así sabríamos que los libros están allí, pero no lo que hay en ellos. Podemos efectuar algunas generalizaciones sobre ellos. No se encuentran como documentos separados sino en grupos – bibliotecas completas, no un documento por aquí y otro por allá. Hay una inundación de ellos, en grandes colecciones, y su valor y significado se puede ir apreciando gradualmente sólo porque lo que contienen es radicalmente diferente a lo que hemos pensado sobre ciertas cosas. Recuerden que la gente había dejado de estudiar los documentos, de modo que cuando algunos se encontraron después de la Segunda Guerra, dejaron a todos avergonzados. Solamente un puñado de personas en el mundo podía leer los Rollos del Mar Muerto o de Nag Hammadi a primera vista. Y estos documentos reclamaban una reevaluación de todos los anteriores. La biblioteca completa debía ser reevaluada.

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Cuando volvemos a mirar, hallamos cosas que se nos pasaron de largo, muchas que ni sabíamos que estaban allí. Teníamos todo equivocado en primer lugar y hay que hacer todo de nuevo por causa de estos descubrimientos. Esto ha sido bochornoso. Podíamos describir el contenido de uno o dos, como el Rollo de Serekh o el Apocryphon de Juan o Santiago e introducirnos en ellos con cierto detalle. Pero estábamos perdiendo el impacto acumulativo. No hay uno o dos sino cientos de estos documentos, y encajan el uno con el otro. De modo que ¿qué podemos hacer? Bien, lo mejor es observar algunas de las enseñanzas encontradas en todos esos documentos y que son diferentes de lo esperado. ¿Por qué estaríamos dispuestos a aceptarlas? ¿Por qué no las esconderíamos bajo la alfombra como lo hicimos antes? Por las circunstancias de su descubrimiento. Pues las fuentes son tan nuevas e incontaminadas que estamos dispuestos a aceptar lo que nos rehusábamos a aceptar de otras fuentes. Los descubrimientos anteriores fueron tan sensacionales como éstos, pero fueron apareciendo de a uno y la gente podía descartarlos. Ya no puede hacerse, pues estos documentos son muy antiguos, han sido preservados en su pureza sin que nadie les ponga una mano encima, y no son copias de copias de copias como las demás (Toda nuestra literatura clásica ha sido copiada tantas veces que no tenemos ningún manuscritos que se acerque al original). Pero estos hallazgos son originales, y nunca antes había ocurrido. Son bibliotecas que han estado escondidas para aparecer en su pureza en el debido tiempo del Señor… Sólo debemos permitir que Judíos y Cristianos hablen por sí mismos, porque sus documentos son más antiguos y más puros. No podemos forzarlos a que digan lo que no quieren decir, como lo hemos hecho anteriormente”.

Un panorama sobre la vida del Profesor Nibley puede hallarse en este blog en Hugh W. Nibley: un gigante entre nosotros

 

Ina Coolbrith, Nuestra Poetisa Laureada y Olvidada

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 Ina Coolbrith

Nuestra Poetisa Laureada y Olvidada

Retrato de Ina Coolbrith por el pintor mormón Ken Corbett

Retrato de Ina Coolbrith por el pintor mormón Ken Corbett

Por Mario R. Montani

Josephine Donna Smith nació el 10 de Marzo de 1841 en Nauvoo, Illinois, siendo la más pequeña de las tres hijas de Agnes Moulton Coolbrith (quien se había convertido en 1832, en Kirtland) y Don Carlos Smith, hermano menor del Profeta Joseph Smith, Jr y también uno de los primeros misioneros de la Iglesia, así como editor del periódico Times & Seasons.

Don Carlos Smith, hermano del Profeta Joseph y padre de Josephina

Don Carlos Smith, hermano del Profeta Joseph y padre de Josephina

En los registros de la Iglesia (Letterbook 2), con fecha 2 de abril de 1839. puede leerse el siguiente comentario al final de una carta de Don Carlos a sus hermanos en prisión:

“Amados hermanos Hyrum y Joseph, con autorización de mi esposo escribo estas líneas para mostrarles que no me he olvidado de ustedes, ni de incluirlos en mis oraciones al Padre Celestial para que sean liberados; pareciera que el Señor ha sido lento en escuchar las oraciones de los Santos, pero las vías del Señor no son las nuestras, por tanto él puede hacerlo mejor que nosotros; deben sentirse reconfortados, hermanos H. & J. , y esperar por mejores días; sus pequeños juegan como corderitos, estén tranquilos con respecto a ellos, pues no están abatidos y apenados como nosotros, sus penas son sólo momentáneas, mientras que las nuestras, continuas. Que el Señor los bendiga, proteja y libere de los enemigos, y los restaure al seno de sus familias, es la oración de Agnes M. Smith”.

Cuando Josephine sólo contaba con cuatro meses de edad, su padre murió de malaria a los 25 años y lo mismo ocurrió con una de sus hermanas poco después. Tras la muerte de su esposo, Agnes se convirtió en la sexta o séptima esposa de Joseph Smith (dependiendo de si se considera a Fanny Alger como la primera o no), en el único caso de levirato (la antigua práctica hebrea de tomar como esposa a la viuda de un hermano para levantarle posteridad y cuidar de sus necesidades) que se conoce del Profeta. La pareja nunca tuvo hijos pero, a lo largo de los dos años siguientes, Joseph se casó en matrimonio plural con otras veinte mujeres, lo que hizo que Agnes se sintiera desprotegida y olvidada. Tras la muerte del Profeta, en Junio de 1844, se convirtió en una de las esposas polígamas de George A. Smith, primo de Joseph.

El Apóstol George A. Smith, primo del Profeta.

El Apóstol George A. Smith, primo del Profeta.

Temiendo por su vida, y con serias dudas sobre su fe, Agnes abandonó la comunidad mormona, y a George, antes de los preparativos para el éxodo al oeste, y se dirigió a Saint Louis, Missouri, donde terminó casándose con William Pickett, abogado e impresor local.

Los temores de Agnes no eran infundados. En Missouri, debió escapar con sus dos hijitas mayores, cruzando un río helado y con los pies lastimados, mientras veía como una turba incendiaba su casa. Don Carlos se encontraba entonces cumpliendo una misión.

La nueva pareja tuvo mellizos y en 1851 decidieron probar suerte en California. Para entonces, intentando ocultar su pasado, Agnes había nombrado a los primeros hijos con su  apellido de soltera, por lo que Josephine pasó a ser conocida como Josephina (o su diminutivo, Ina) Coolbrith.

Agnes Moulton Coolbrith

Agnes Moulton Coolbrith

Con 10 años, Ina aprovechó el largo viaje en caravana de carretas hasta California leyendo obras de Shakespeare y una colección de poemas de Lord Byron, y bajo la conducción del famoso guía afroamericano Jim Beckwourth. Fue la primera en cruzar el que llegaría a conocerse como Beckwourth Pass, atravesando la Sierra Nevada, en la grupa del caballo del explorador.

La biógrafa de Ina, Josephine DeWitt Rhodehamel, da el siguiente relato:

“(Jim Beckwourth) iba al frente de la columna de diecisiete ya gastadas y rechinantes carretas. Cuando se acercaban al paso le preguntó a la Sra. Pickett si a su hija más pequeña le gustaría cabalgar con él. Sería la primera niña blanca en hacerlo. En el paso, Beckwourth desmontó y ayudó a la pequeña a bajar de la montura. El viento otoñal golpeaba sus rostros y ropa. Nubes tormentosas se iban agrupando, obscureciendo todo el paisaje con excepción del valle que se abría bajo ellos, al oeste. El sol lo iluminó en ese momento. Jim señaló el valle reluciente que yacía contra la distancia azul. “Allí, pequeñita”, le dijo, “allí esta California… Ese es tu reino!”

Esas palabras resultaron proféticas en más de un sentido…Los flamantes colonos, siguiendo la fiebre del oro del momento, se establecieron primeramente en Marysville, al norte de Sacramento. Al no tener éxito en su búsqueda, se trasladaron a la populosa ciudad de San Francisco. En 1855 su casa fue robada y quemada, por lo que se mudaron nuevamente a Los Angeles, donde Pickett abrió su consulta legal. Allí, Ina, con 14 años, asistió por primera vez a la escuela pública que acababa de abrir sus puertas. Tras tres años, continuó su educación en casa y leyendo de la extensa biblioteca de su padrastro, particularmente los grandes clásicos. Ya había deslumbrado a los maestros al realizar sus composiciones en verso, pues le resultaban más fácil que utilizando un estilo narrativo. A los 15 publicó su poema “My Childhood’s Home” en el Los Angeles Star.

Ina Coolbrith en su adolescencia

Ina Coolbrith en su adolescencia

Al convertirse en una mujer, Ina fue reconocida por su belleza, al punto de que fue elegida como compañera de Pío Pico, el último Gobernador Mexicano de California, para la apertura de un baile de la sociedad. En abril de 1858, contando 17 años, contrajo matrimonio con Robert Bruce Carsley, un herrero y también actor de tiempo parcial, quien resultó ser abusivo y celoso, del cual sólo recibió malos tratos. Un dolor adicional provino de la muerte de un bebé recién nacido.

Josephina en fecha cercana a su matrimonio (1858)

Josephina en fecha cercana a su matrimonio (1858)

Un altercado entre Carsley y Pickett resultó en una herida de bala en la mano del primero de los nombrados y la posterior amputación de ese miembro. En un resonante juicio público Carsley acusó falsamente a su esposa de serle infiel y la disolución del matrimonio se hizo efectiva en 1861. Al igual que con el origen religioso de la familia, el nacimiento y muerte del bebé se mantuvo en secreto, aunque tras el fallecimiento de la escritora se supo que su poema “The Mother’s Grief” había surgido como homenaje al infante.

Ina, alrededor de 1879

Ina, alrededor de 1870

Intentando reiniciar su vida y combatir la depresión producto de los eventos mencionados, Coolbrith se mudó nuevamente a San Francisco en 1862, en compañía de su madre, su padre adoptivo y los mellizos. Obtuvo trabajo como maestra y se relacionó con los otros escritores de la Bahía, entre ellos Bret Harte (Francis Brett Harte), Joaquin Miller (Cincinnatus Hiner Miller), Ambrose Bierce y Mark Twain (Samuel Clemens).

Mark Twain en 1869

Mark Twain en 1869

Junto a Harte y Charles Warren Stoddard conformaron la conocida como “Golden Gate Trinity” o “Overland Trinity”, por su relación con el periódico literario Overland Monthly, del cual pasó a ser integrante seleccionado poesías, artículos y críticas. También llevaba a cabo tertulias literarias en su hogar, lo que le permitía presentar a los nuevos escritores con sus editores.

Bret Harte

Bret Harte

Coolbrith no sólo publicó algún poema en cada uno de los números del Overland durante una década sino que su influencia en las letras y la cultura se fue extendiendo más allá de los límites de la Bahía de San Francisco.

C.W. Stoddard

C.W. Stoddard

Fue muy amiga de Miller, a quien sugirió adoptar el nombre literario de Joaquín, en memoria de su héroe, Joaquín Murrietta y a adoptar el cabello largo, las botas de montar y el aspecto de un montañés. También lo estimuló a continuar con su carrera. Juntos prepararon la corona de laureles que Miller llevaría a la tumba de Lord Byron, con hojas que cosecharon en Sausalito.

Joaquin Miller

Joaquin Miller

Cuando dos años más tarde Joaquín retornó de Europa, supo que su hija mestiza, Callie Shasta, estaba pasando una mala situación en territorio indígena e hizo los arreglos para que la adolescente quedara al cuidado de Coolbrith, situación que se extendió por muchos años.

Callie Shasta Miller en 1879

Callie Shasta Miller en 1879

En 1871, Ina fue invitada por la Universidad de California en Berkeley a escribir un poema para la graduación de ese año. La obra, llamada “California”, fue un homenaje a su estado adoptivo.

En 1872 se fundó el Bohemian Club, un lugar para congregar a autores, artistas, músicos y sus mecenas. Siendo un club exclusivamente masculino, Ina sólo pudo ayudar en la confección de las cortinas para el primer local. Sin embargo, los integrantes decidieron nombrarla su primer miembro honorario.

Agnes Smith Peterson, hermana de Ina.

Agnes Smith Peterson, hermana de Ina.

En 1873 murió su hermana, Agnes Smith Peterson, por lo que sus sobrinos pasan a quedar a su cargo. También es llamada como bibliotecaria de la Oakland Free Library con un salario de u$s 80 por mes.

Pasada la Guerra de Secesión, el ferrocarril llegó a California en 1869. Aprovechando esta ventaja varios de los escritores que habían cosechado cierto renombre, decidieron viajar al Este para capitalizar su reputación. De hecho, no es de extrañar que “The Luck of Roaring Camp” de Bret Harte, “Roughing It” de Mark Twain y “Songs of the Sierras” de Joaquin Miller, hayan aparecido todos dentro de los tres años inmediatos al arribo del ferrocarril. Nuestra escritora nunca utilizó esa ventaja. Según Ida Rae Egli en “No Rooms of Their Own: Women Writers of Early California”:

“Ina pensaba que estaba obligada a permanecer en el Area de la Bahía y sostener a una familia bastante grande: su madre, los sobrinos que habían quedado huérfanos por la muerte de su hermana, y una joven mestiza llamada Callie Shasta, hija de Joaquin Miller…”

Con un horario de 12 horas diarias, 6 días a la semana, sus posibilidades de escribir se vieron seriamente disminuidas. Sin embargo, mantuvo una fluida correspondencia con algunas de las mentes más brillantes de su generación, tanto en los EEUU como en el extranjero, tales como Lord Tennyson, Whittier, Longfellow, Lowell y otros. También ayudó a muchos jóvenes talentos en sus inicios.

Jack London

Jack London

Jack London, el autor de “La Llamada de lo Salvaje”, “Colmillo Blanco” y “Jerry de las Islas”, en algunos de los párrafos de una carta que le escribiera en Diciembre de 1906:

“¡…Aquellos días en la vieja Biblioteca de Oakland! ¿Sabes? Tú fuiste la primera que me alabó por los materiales que escogía para leer. Nadie en casa se había preocupado jamás por lo que leía. Yo era un niño ansioso, sediento, hambriento – y cierto día en la biblioteca, tomé un volumen de Pizarro en Perú (tenía yo sólo diez años). Tomaste el libro y lo sellaste para mí. Y mientras me lo entregabas me felicitaste por leer libros de esa naturaleza. ¡Orgulloso! Si hubieras sabido cuán orgulloso me hicieron sentir tus palabras. He pensado mucho en ti. Eras para mí una diosa. No sabía que eras una poetisa, o que jamás hubieses escrito algún maravilloso verso. Verás, yo era un salvaje que venía de una estancia. Pero permanecí admirado de ti – adorándote admirado. En aquellos días yo solía nombrar con adjetivos. Y te nombré “Noble”. Eso es lo que eras para mí – noble. Ese era el sentimiento que veía en ti. Oh, sí, también percibía el sentimiento de pena y sufrimiento, pero dominándolos a todos, muy por encima de ellos, estaba la nobleza. Ninguna mujer me ha afectado al grado tuyo. Yo era sólo un muchacho. No sabía absolutamente nada de ti. Sin embargo, en todos los años transcurridos, jamás he conocido otra mujer tan noble.

Ina Coolbrith en 1880

Ina Coolbrith en la década de 1880

No he vuelto a verte desde aquellos días en la biblioteca, no obstante la imagen tuya que retengo en la memoria es tan vívida como cualquier otra que posea. Cuando escucho mencionar tu nombre, o pienso en ti, inmediatamente surge esa imagen, y con ella, su connotación, y esa connotación es “noble”. Cada vez más a menudo, la mera palabra “noble” te trae a mi mente.

Perdón por lo que puede parecer una tontería. Me he vuelto un poco duro últimamente; pero recuerdo mi infancia, te recuerdo a ti; y aún quedan en mí lugar y ternura para los recuerdos”.

Sinceramente tuyo

Jack London

London la reconoció siempre como su “madre literaria” e Isadora Duncan en sus memorias la describe como “maravillosa” y mencionaba “sus ojos muy hermosos que brillaban con fuego y pasión”.

Isadora Duncan

Isadora Duncan

Ina fue también bibliotecaria alternativamente de la Mechanics Institute Library y del Bohemian Club Library. Sus muchas horas de trabajo para mantener a la familia extendida terminaron afectando su producción literaria. Había comenzado a escribir una Historia de la Literatura de California, que incluía muchos elementos autobiográficos, pero todo se perdió en el gran terremoto e incendio de San Francisco, de 1906, junto con su casa y posesiones.

La autora  Aleta George  ha descripto así esa situación:

“Segundos antes de que golpeara el terremoto de 1906, una luminosidad previa al amanecer se deslizó en el salón de Ina Dona Coolbrith en Russian Hill, San Francisco.  Un álbum de fotos dorado y un pequeño florero descansaban sobre una mesa de madera encerada. Los libros agrupados por altura llenaban una biblioteca amplia de cuatro niveles. Un manuscrito recién terminado, listo para ser enviado al editor después de una década de trabajo, yacía ordenadamente apilado en el interior de un pequeño escritorio.

Afuera, el relincho de un caballo nervioso rompió la quietud de la noche. Entonces un estruendo, una sacudida y una explosión arrasaron San Francisco, y por unos largos 45 segundos, las calles se torcieron, los puentes colapsaron, el metal gimió, y el yeso roto se transformó en oleadas de polvo.

Tal vez en la pausa de diez segundos entre temblores, Ina llamó a su conserje Josie Zeller o a su inquilino Robert Norman. Pero las sacudidas retornaron inquietando a Ina y a todos los habitantes de la ciudad por otros 30 segundos. En cama por más de un mes con severo reumatismo, la poetisa de 65 años no podía caminar más de una cuadra o escribir un poema sin detenerse a descansar. Un mes antes del terremoto, el San Francisco Call había reportado que “la dotada poetisa estaba peligrosamente enferma y tal vez no viviese”. Un artículo del día anterior al terremoto mencionaba que había sido despedida de su trabajo de tiempo parcial en el Bohemian Club, y que su enfermedad se “debía en gran medida a su preocupación por la pérdida de su posición”. Ina no podía basarse únicamente en la ocasional venta de un poema, por lo que el pequeño cheque del Club le ayudaba a mantenerse…

En la casa, ella, Josie y Robert se encontraron en el salón para descubrir mampostería rota, candelabros que se mecían y los tesoros de Ina dispersos por el suelo. Sin nada más que un chal para cubrir su ropa de dormir, fue cojeando hasta la calle y observó la ciudad débilmente iluminada. En el muelle, los mástiles de los barcos acompasaban el temblor de la tierra como gigantes metrónomos.

Del otro lado de la bahía, en Oakland Hills, después de despertarse con la sacudida, el poeta Joaquin Miller observaba mientras las volutas de humo se transformaban en fuego. Le preocupaban sus manuscritos guardados en la biblioteca del Bohemian Club, pero también Ina. Varias horas después del terremoto, Miller abordó el ferry para San Francisco,  pero los soldados con órdenes de disparar le cerraron el paso. Con el suministro de agua colapsado e inútil, el fuego arrasó San Francisco, impulsando a un editor local a telegrafiar a Nueva York: “PARECE EL FIN DE SAN FRANCISCO… SOLO DIOS SABE CUANDO ESTO TERMINARÁ”.

Al día siguiente, los soldados evacuaron Russian Hill, e Ina y Josie recorrieron las enredadas calles de San Francisco, dos refugiados más entre muchos. Segura de que pronto regresaría a casa, Ina se fue sin nada en sus manos, excepto uno de sus dos gatos de Angora. Josie llevaba al otro. Abnadonó pilas de primeras ediciones firmadas, pinturas originales del artista californiano William Keith, cartas de toda una vida con colegas y un álbum lleno de notas periodísticas sobre ella y sus poemas. Pero ninguno de estos tesoros se puede comparar con la pérdida del manuscrito en su escritorio.

…Ina descendió de Russian Hill ese día para encontrar una improvisada tienda pública en Fort Mason donde las prudentes mujeres fregaban y organizaban cocinas en la arena mientras los hombres fumaban en muy formales sillas salvadas de las casas. Valijas armadas precipitadamente, arcones, atados de libros preciosos, y animales rescatados sembraban el variopinto campamento. Nubes de humo y cenizas mantenían a San Francisco bajo un domo de aire agobiante que hacía dificultosa la respiración, y por tres noches, endurecida y enferma por su reumatismo, Ina durmió sobre el suelo bajo el cielo abierto.

Desde Fort Mason pudo observar nubes monstruosas creciendo sobre Russian Hill y supo que todo lo que poseía pronto sería polvo. Escribió:

¡Te vi en tu angustia torturada!¡Postrada!

Rasgada por las agonías de la tierra, vestida de fuego!

Cada herida sobre tu pecho estaba sobre el mío,

Triste Ciudad de mi pena y mi deseo.

 

Grises cenizas aventadas, muros derrocados y rotos,

Chimeneas estropeadas – ¿son éstas tu pira funeraria?

Negra desolación cubriendo cual paño mortuorio

¿Es este el fin – mi amor y mi deseo?

(Del poema “San Francisco: 18 de abril de 1906”, publicado en Wings of Sunset, Houghton Mifflin Company, 1929.)

En ese terremoto e incendio, Ina perdió una biblioteca de más de 3.000 volúmenes y el trabajo de sus últimos diez años.

Pero así como la ciudad logró levantarse nuevamente, también lo hizo nuestra escritora. Eventualmente y con ayuda de sus amigos logró construir otra casa en Russian Hill. En 1915, durante la Panama Pacific Exposition, Ina Coolbrith fue nombrada Poetisa Laureada, convirtiéndose en la primera de su género en recibir tal distinción en los EEUU. Ella, quien ya contaba para entonces 74 años, aceptó tal honor diciendo:

“En una vida de incesante labor, el tiempo y las oportunidades se me han negado. De modo que mi pobre producción de versos es el resultado de momentos irregulares, y sólo realizados totalmente como una obra de amor”.

Para esa misma Exposición fue designada Presidente del Congreso de Autores y Periodistas, para lo cual envió más de 4000 invitaciones a los principales escritores de todo el mundo. En 1924 la Legislatura de California confirmó su status de Poetisa Laureada. Ese mismo año, el Mills College le otorgó una Maestría Honoraria en Artes.

Ina en 1919

Ina en 1919

Las obras de Coolbrith se agruparon en varias colecciones: “My Cloth of Gold”, “A Perfect Day (1881), “The Singer of the Sea” (1894) y “Songs from the Golden Gate” (1895). “Wings of Sunset” (1929) fue publicada luego de su muerte.

Su poesía está plena de un delicado lirismo y un profundo amor por la naturaleza. Muchos han considerado su influencia sobre Ezra Pound y Robert Frost.

Me ha resultado imposible hallar traducciones de Ina Coolbrith en castellano pero las versiones en inglés pueden consultarse extensamente en internet. Me he permitido traducir libremente algunos de sus poemas más breves, con plena consciencia de que algo se destruye en el proceso. Los poetas deberían ser traducidos únicamente por otros poetas. Y yo ciertamente no lo soy.

Una Esperanza ( A Hope)

Me aconteció cierto día

Hace tiempo; ah, cuánto tiempo!

Mi vida estaba en su mayo.

En dicha época del año

Los huertos como nevados

Mostraban toques rosados

Y un ave cantaba cerca

Mientras otra en lo lejano,

Do yacía el fulgor temprano.

Hace tiempo; ah, cuánto tiempo!

La dulce juventud ha pasado

Este Mayo ya no es Mayo.

Y escucho a aquel ruiseñor

Cantando en el valle, lejano,

Do yace el temprano ocaso:

Canta triste, dulce y fuerte;

¿En el Paraíso, acaso,

Escucharán su canción?

Un Día Perfecto (A Perfect Day)

Hoy estaré alegre: el sol

Sonríe hacia la tierra;

Los lirios se inclinan, serenos

A cada lado del sendero.

Las rosas, rojas y blancas,

En perfecta hermosura se alzan.

Las palomas de duelo en los bosques

Olvidan y ya no se apenan;

Una suave brisa alza el trigo filoso

Y ondula las gavillas maduras.

En las alturas algún ave feliz

Canta dulcemente entre las hojas

Abejas y mariposas vuelan;

Un durazno cae al suelo;

Se oye el tintín de una campana

En alguna pasture lejana;

Los grillos en la hierba verde

Ensordecen su chirriar.

El cielo mira hacia el mar,

Azul, sin siquiera sombra

De una nube pasajera;

El mar mira hacia arriba

Imagen tan brillante

Que una sonrisa luciera.

Un día demasiado alegre para risas negadas,

Demasiado alegre para lágrimas felices!

La bella tierra se ha envuelto en un sueño

De inmemoriales tiempos:

Quizás de aquella lejana mañana

Cuando cantó junto a sus esferas hermanas.

Quizás esté celebrando

Algún sabático agasajo.

Tal vez algún alma paciente

Ha entrado en el reposo de Dios

Haciendo que su bondad nos sonría,

Y bendiga todo el día.

El Poeta (The Poet)

¡El camina con Dios sobre las Colinas!

Y ve, cada mañana, la tierra despertar

Bañada con luces paradisíacas.

Escucha la risa de los arroyuelos,

Con sus melodías de muchas voces

La saluda con regocijo en su corazón.

Mientras ella a su espíritu puro

Responde como a un niño pequeño.

Sin velo se presenta ante sus ojos

Y entrega su secreto en sus manos

Cumpliendo ya 78 años, la poetisa recibió un apoyo financiero que le permitió viajar a New York donde rentó un cuarto y se dedicó a escribir. Durante los cuatro años siguientes alternó su vida entre las dos costas. Durante ese período, un grupo de escritores comenzó a reunirse en el St. Francis Hotel, identificándose como el Círculo Ina Coolbrith. Dicho Círculo aún permanece en actividad y promueve la obra de Ina así como la historia literaria de California. Algunos de los mejores poemas de la autora fueron escritos después de los 80 años.

Ina Colbrith ib

En 1923, con su salud deteriorada, “la voz más dulce de California”, debió trasladarse a Berkeley para quedar al cuidado de uno de sus sobrinos. Falleció el 29 de Febrero de 1928 a los 87 años y fue enterrada en el Mountain View Cemetery, no tan lejos de donde, años más tarde, la Iglesia construiría el Templo de Oakland. Un pico montañoso (2400 mts) de la Sierra Nevada, cerca del Beckwourth Pass también lleva su nombre. No lejos de su hogar, en las colinas de Russian Hill, se ha creado el Ina Coolbrith Park, un lugar de recogimiento, en terrazas escalonadas y con una espectacular vista de la Bahía.

La Bahía de San Francisco desdel el Ina Coolbrith Park

La Bahía de San Francisco desdel el Ina Coolbrith Park

A partir de 1933 la Universidad de California ha establecido el premio anual Ina Coolbrith Memorial Poetry Prize, otorgado al mejor poema no publicado previamente escrito por estudiantes de esa Universidad.

Tal vez definiéndose a sí misma, la escritora había declarado algunos años antes:

“Si fuese a escribir lo que sé, el libro sería demasiado sensacionalista para ser impreso, pero si escribiese sólo lo que creo apropiado,  sería demasiado aburrido para ser leído”.

Si bien la obra de Coolbrith se desarrolló alejada de la cultura mormona principal, no podemos obviar que era la sobrina y, simultáneamente, hijastra, del Profeta Joseph Smith. Su madre, Agnes Moulton Coolbrith, estuvo íntimamente ligada a la familia Smith y sufrió en carne propia las persecuciones de Missouri y Nauvoo. Nombró a su hija menor Josephina (femenino de Joseph, su tío) y Donna (femenino de Don, su padre). Extrañamente, también llamó Don Carlos a uno de los mellizos que tuvo de su unión con Pickett.  Nuevas investigaciones muestran que cuando viajaron a California por primera vez se establecieron en San Bernardino (por entonces una colonia mormona) y que fue allí donde el propio Pickett sugirió no utilizar el apellido paterno.

Michael Kennedy, un descendiente directo de Joseph y Emma, ha declarado recientemente:

“Esa era una reacción bastante común entre muchos de los descendientes de la familia Smith. La mayor parte de la descendencia de Hyrum se trasladó al Oeste, pero la familia de Joseph, que se quedó atrás, vivió con temor y se distanció de la poligamia y los mormones de Utah”.

Michael Kennedy es el Presidente de The Joseph Smith Jr and Emma Hale Smith Historical Society. En 1972 Gordon B. Hinckley llamó al Hermano Kennedy para crear oportunidades de que la posteridad de Joseph fuese receptiva a las enseñanzas del evangelio.

Ina_Coolbrith_Monument

En 2013 se inauguró en Oakland el monumento “Remember Them: Champions for Humanity”. Una de las figuras homenajeadas fue la de Ina Coolbrith. El escultor Mario Chiodo, quien ejecutó la obra, mencionó:

“He escogido a estas figuras humanitarias pues, independientemente de sus antecedentes o misiones, comparten aspectos comunes de coraje, perseverancia, educación, sacrificio, y el sincero deseo de lograr mejoras en la vida de todos”.

Antes del martirio, en 1844, el Profeta bautizó a su hijo, Joseph Smith III. Una nieta del Profeta, Alice Smith, se bautizó en 1915 pero, debido a los prejuicios existentes, abandonó la Iglesia bastante pronto. Gracia Jones, una bis bis nieta de Joseph se bautizó en 1956 y comenzó a juntar a la familia. De los nueve hijos propios o adaptados de Joseph y Emma sólo tres tienen descendientes vivos. Curiosamente, una tercera parte de ellos vive en Australia, todos descendientes de Inez Smith, nieta de la pareja a través de su hijo Alexander Hale Smith.

Descendientes de Joseph y Hyrum Smith visitan el monumento recientemente inaugurado.

Descendientes de Joseph y Hyrum Smith visitan el monumento recientemente inaugurado.

Gracias a la invitación de Kennedy, cuatro descendientes directos de Joseph Jr y Emma Smith y un descendiente de Hyrum y Jerusha Smith asistieron a la dedicación del monumento en Oakland.

Concluyó Kennedy:

“No hay descendencia viviente de Don Carlos, pero los miembros de nuestra familia extendida ha venido a la dedicación del monumento para reconocer a Josephine Donna Smith/Ina Coolbrith y honrar su vida y el legado dejado al mundo – su propia poesía y las obras de los escritores a los que tuteló”.

El presente artículo se ha beneficiado con información proveniente de la siguiente bibliografía:

The Literature of California, Vol. I, Jack Hicks, pags. 228-231

Ina Coolbrith, The Bittersweet Song of California’s first Poet laureate, Aleta George

Ida Rae Egli, editor, No Rooms of Their Own: Women Writers of Early California,

Joaquin Miller and the social Circle at the Hights por Phoebe Cutler, The Journal of the California Historical Society, vol. 90 Nº 1, 2012, pags 46-48

Isaac Asimov y los mormones

ARTE Y RELIGION

       Literatura

               Los mormones en las obras literarias


Isaac Asimov y los mormones

 Asimov 1

Por Mario R. Montani

Isaac Asimov nació en Petrovichi, Rusia, 400 kms al suroeste de Moscu, el 2 de enero de 1920. De origen judío, sus padres, Judah Asimov y Anna Rachel Berman, se mudaron a Nueva York cuando el futuro escritor contaba sólo tres años. Se crió en Brooklyn, donde aprendió a leer por su cuenta a los cuatro años. En los estantes de las tiendas de golosinas de su padre descubrió las primeras revistas de ciencia ficción y comenzó a escribir. A los 19 años publicó sus primeros trabajos. Para entonces se había graduado de bioquímico en la Universidad de Columbia, donde también realizó un posgrado en 1941. Al año siguiente obtuvo un puesto como investigador en la marina. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial culminó su doctorado, lo que le permitió el acceso a la Universidad de Boston como profesor asociado. Sin embargo, para entonces, sus ingresos como escritor superaban los de su trabajo académico. Entre sus obras principales se encuentran la Saga de la Fundación o Ciclo de Trantor, su serie de robots (en la que plasmó sus tres leyes fundamentales de la robótica), Las Bóvedas de Acero, El Sol desnudo y El Fin de la Eternidad. Con el inicio de la carrera espacial, particularmente el envío ruso del sputnik I, Asimov decidió dejar momentáneamente la ciencia ficción y apostar a la divulgación científica, tarea que desarrolló desde su columna en The Magazine of Fantasy and Science Fiction y con la publicación de ensayos y obras de la más diversa temática.

Asimov 2

Isaac fue siempre un humanista y racionalista. No se oponía a las convicciones religiosas genuinas de los demás pero, como Presidente honorario de la Asociación Humanista Estadounidense, se enfrentó a las supersticiones y creencias infundadas de grupos fundamentalistas. Publicó más de 500 obras, entre ellas, los 14 tomos de la Historia Universal Asimov y firmó más de 900 cartas como respuesta a diferentes temas. En su honor se nombró a un asteroide y también a un cráter en el planeta Marte.

Incluyó en sus trabajos obras sobre la literatura, la historia, el desarrollo de las ideas y la historia de la ciencia ficción. En su retorno triunfal al género produjo obras magistrales como El Hombre Bicentenario o Los Propios Dioses.

En 1967 publicó la primer parte de su Guía Asimov para la Biblia sobre el Antiguo Testamento y que, dos años más tarde, completó con su revisión del Nuevo Testamento, comprendiendo un total de 1300 páginas.

Asimov 3

En 1973, luego de divorciarse de su primera esposa, el “buen doctor” (como solían llamarlo sus fans) contrajo enlace con la eminente médica, sicóloga y escritora Janet Opal Jeppson, de orígenes mormones, por lo que, las pocas referencias a nuestra religión aparecen bastante ligadas a ella.

Isaac Asimov falleció por una afección cardíaca el 6 de abril de 1992.

“Janet y yo tenemos un interés especial en historias sobre los mormones. En el caso de Janet, por una conexión genealógica. En mi caso, porque me despierta interés cualquier grupo que me considera a mí un Gentil”. (Laughing Space, Boston, Houghton Mifflin, 1982, pag. 334)

“A Janet le gusta ese cuento pues ella no toma café. Tuerce su nariz aún con el helado de moca. Lo que es más, no pudiendo forzarme a unirme a ella en esa extraña abstención (aunque en la mayoría de las cosas su palabra es ley para mí), me ha conducido a pasarme a la versión descafeinada por una u otra razón médica (es médica profesional y se le ha subido a la cabeza). De cualquier modo, ella dice que esta historia prueba cuán molesta puede ser la pausa para el café” (Laughing Space, pag. 90)

En su colección de 700 chistes y relatos favoritos, incluyó el siguiente:

El Papa convoca a una reunión de todos los cardenales y les dice: ‘Tengo para ustedes algunas noticias buenas y otras malas. Las buenas son que nuestro bendito Salvador, el Señor Jesucristo, ha retornado en la tan esperada Segunda Venida, y el Día del Juicio está por llegar’.

Por unos momentos se produce un silencio reverente, y entonces uno de los Cardenales pregunta: ‘Pero, Santo Padre, con buenas nuevas como esa ¿qué malas noticias puede haber?’.

El Papa se seca la frente con su pañuelo y declara: ‘La información nos ha llegado desde la Ciudad de Lago Salado’.

(Isaac Asimov, Asimov Laughs Again: More than 700 Favorite Jokes, Limericks, and Anecdotes, New York City, NY: Harper Collins Publishers (1992), pag. 127-128)

Asimov 4

 

Los que hayan disfrutado del presente artículo pueden consultar en este blog:

Sobre los Libros: Isaac Asimov, “El Indestructible”

“Os hablo como si os hallaseis presentes…” El Libro de Mormón y sus posibles lectores – Tercera Parte

ARTE Y RELIGION

       Literatura

               Libro de Mormón

 

“Os hablo como si os hallaseis presentes…”

EL LIBRO DE MORMON Y SUS POSIBLES LECTORES

Tercera Parte

Mormón y las planchas por Tom Lovell

Mormón y las planchas por Tom Lovell

Por Mario R. Montani

Por lo visto en las partes previas del presente artículo puede deducirse que la lectura del Libro de Mormón se ha dado, a lo largo de los últimos 180 años, entre diferentes pueblos, lenguajes y momentos históricos. Esas cambiantes circunstancias sin duda han modificado y enriquecido las lecturas de este tomo de las Escrituras. En el tramo final del trabajo, consideraremos las variantes en los modos de lectura que han surgido por el paso del tiempo.

Es un hecho que la traducción de las planchas de oro se dio durante el apogeo del Romanticismo dentro del mundo occidental, es decir, lo que el propio registro identifica como “naciones de los gentiles”. Si bien el movimiento Romántico se inició a fines del siglo XVIII en Alemania e Inglaterra, para comienzos del XIX se había extendido a toda Europa y las Américas. Marcó una abrupta ruptura con la Ilustración y el Clasicismo en los que predominaba la razón y las normas rígidas para dar paso a las emociones y la liberalidad formal. Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne, James Fenimore Cooper y Washington Irving fueron algunos de los escritores contemporáneos de Joseph Smith que participaron de tal movimiento cultural.

La exaltación del yo, el subjetivismo, los misterios del subconsciente, la reivindicación del pasado y lo exótico como formas evasivas del presente, los héroes rebeldes e inconformistas, la melancolía en los paisajes, todo esto impregnaba el nuevo gusto. Había una fascinación por lo nocturno, las ruinas de civilizaciones anteriores, lo sepulcral, lo paranormal, los castillos abandonados (variante denominada ‘gótica’, que aún sobrevive) y la naturaleza podía ser descontrolada (tormentas, mares embravecidos) pero también un espacio para la contemplación y las experiencias espirituales o sobrenaturales. Las normas de los géneros ya no se respetaban como en el período anterior.

Frank Weston Benson (1862-1951) Figura en el cuarto

Frank Weston Benson (1862-1951) Figura en el cuarto

Al señalar estas características no estoy insinuando la inscripción de Joseph Smith, Jr como autor en ese movimiento, ya que su trabajo fue el de un traductor, reelaborando un texto pretérito, sino que los lectores contemporáneos de la obra se ajustaban a ese tipo de paradigma.

La figura del Autor fue supremamente elevada durante el Romanticismo. Se trataba de un Genio, un ser inspirado, quien, como dios en miniatura, daba vida a personajes y situaciones.

La irrupción de la ciencia y la tecnología en la vida diaria a partir de mediados del siglo XIX, los logros sociales, el mejoramiento de los estándares de vida, no sólo produjeron nuevas y mayores generaciones lectoras sino modos alternativos de escudriñar los textos. Movimientos como el formalismo, el estructuralismo, el post estructuralismo, intentaron definir esos modos. En la actualidad, bajo el amplio paraguas de ‘posmodernidad’ se sitúan una gran cantidad de variantes que han afectado y continúan afectando nuestra forma de percibir el mundo y las producciones artísticas.

Volvemos a la pregunta inicial ¿Tuvieron en cuenta los escritores y compiladores de las planchas las nuevas sensibilidades de lectura que aparecerían cuando nos ‘hablaban como si estuviésemos presentes’? ¿Es posible una lectura posmoderna del Libro de Mormón?

James McNeill Whistler (1834-1903) La Novela

James McNeill Whistler (1834-1903) La Novela

Algunos rasgos de la posmodernidad:

Existe diálogo intertextual: Los textos están conscientes de otros textos y entran permanentemente en contacto con ellos. El Libro de Mormón lo hace de modo constante. Las planchas de bronce son el gran hipotexto de las planchas de Nefi y sus continuadores. Tenemos referencias directas a Isaías (1 Nefi cap. 20 y 21; 2 Nefi cap. 6 al 27). Las alusiones a Moisés y otros profetas del Antiguo Testamento son comunes:

“Subamos pues, y seamos fuertes como Moisés; porque él de cierto habló a las aguas del Mar Rojo y se apartaron a uno y otro lado, y nuestros padres salieron de su cautividad sobre tierra seca, y los ejércitos de Faraón los persiguieron y se ahogaron en las aguas del Mar Rojo” (1 Nefi 4:2)

“Vosotros sabéis que los hijos de Israel se hallaban en la esclavitud; y sabéis que estaban sobrecargados con tareas gravosas de soportar… Y vosotros sabéis que Moisés recibió del Señor el mandamiento de hacer esa gran obra… y también sabéis que los hijos de Israel fueron alimentados con maná en el desierto. Sí, y también sabéis que Moisés, por su palabra, según el poder de Dios que había en él, hirió la roca, y salió agua, para que los hijos de Israel calmasen su sed…” (1 Nefi 17: 25-29)

“Y también las palabras que habló este hombre, Moisés, a quien le fue dado tanto poder… Sí, ¿no testificó él que vendría el Hijo de Dios? Y así como él levantó la serpiente de bronce en el desierto, así será levantado aquel que ha de venir”. (Helamán 8:13-14)

Abraham es mencionado en Helamán 8: 17-18 y Melquisedec en Alma 13: 17-19. Hay referencias a Adán en más de 20 ocasiones. José de Egipto y sus hijos, Efraín y Manasés, aparecen a menudo. Lehi cita una profecía de José (2 Nefi 3) que no aparece en nuestras actuales Biblias. Jeremías es reconocido (1 Nefi 5: 13).

Profetas extra canónicos son mencionados abundantemente. Zenos (Jacob 5, 1 Nefi 19: 10,12,16, Alma 33: 3,13,15, Alma 34: 7, en voz de Amulek, Helaman 15:11, en voz de Samuel el Lamanita y 3 Nefi 10:16, en voz de Mormón). Zenoc, por Nefi, Alma, Amulek y Mormón y Ezías por Helamán.

Las planchas antiguas conteniendo la historia de los jareditas, también poseen connotaciones referenciales. Moroni, nos cuenta algo a lo que no tenemos acceso textual pero podemos inferir intertextualmente:

“porque el hermano de Jared dijo al monte de Zerín: ¡Apártate!; y se apartó…” (Eter 12:30)

¿Dónde está la referencia a ese evento? En otro texto al que no tenemos acceso…

Las citas mencionando a Jesucristo, María, Nazaret (Mosiah 3:8; Alma 7:10; 1 Nefi 11:13-21) o Juan, el Revelador (1 Nefi 14:27, 3 Nefi 28:6, Eter 4:16), si bien parecieran anacrónicas, establecen un directo contacto intertextual con el Nuevo Testamento. Alma 5: 52 parece contactarse con Mateo 3:10; Mosiah 16:10 con 1 Corintios 15:53 y 2 Nefi 9:39 con Romanos 8:6. O ambos están citando fuentes anteriores no disponibles para nosotros hoy.

Libros de Alois Heinrich Priechenfried (1867-1953)

Libros de Alois Heinrich Priechenfried (1867-1953)

Hay una multiplicidad de lenguajes e interlocutores: El lenguaje es un tema central del Libro de Mormón, desde su primer versículo:

“… y recibí, por tanto, alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre…” (1 Nefi 1:1)

Lehi y Nefi conocen el egipcio, idioma en el que se encuentran escritas las planchas de bronce:

“porque no habría sido posible que nuestro padre Lehi hubiese recordado todas estas cosas… porque habiendo sido instruido en el idioma de los egipcios, él pudo leer estos grabados”. (Mosiah 1:4)

Las varias referencias al hebreo parecen marcar una tensión entre el idioma coloquial utilizado por los miembros de la colonia y el escrito (egipcio reformado) que se ven obligados a utilizar por un problema técnico de medios disponibles.

Las 24 planchas halladas por la expedición de Limhi (Mosiah 8:29), y cuyo resumen constituye el actual Libro de Eter, estaban escritas en otro antiguo idioma, presumiblemente adámico o al menos pre babélico.

Los Mulekitas habían desarrollado su propio dialecto basado en el hebreo pero tornado incomprensible para los descendientes de Lehi. De modo que sí, el Libro está plagado de lenguajes.

Un análisis detallado y computarizado de los textos revela también estilos y formas que son característicos de los diferentes autores. Podríamos decir que el Libro de Mormón está armado por diversos interlocutores y distintas voces, como es el caso de los textos posmodernos. También hay cambios de registro: la traducción de las planchas menores, y las Palabras de Mormón incluidas, están en primera persona, luego la recopilación de las planchas mayores (Mosiah a 4 Nefi) pasa a la tercer persona para volver a la primera persona con Mormón y Moroni.

Todo esto requiere la atención y habilidad del lector para ir armando el inmenso rompecabezas que despliega la superficie textual. Por ejemplo: en el Libro de Omni, la figura de Mosiah I nos llega como personaje construido por Amaleki, hijo de Abinadom, descendiente de Jacbo, hermano de Nefi. Considerando lo escuetos que fueron sus antecesores, en pocos versículos Amalekí nos da información precisa sobre lenguas, culturas y geografías (la instauración de la monarquía, la separación geográfica definitiva entre nefitas y lamanitas, el hallazgo de los mulekitas y el encuentro de los restos jareditas, la colonia de Zenif, el establecimiento de Zarahemla como capital, etc, etc)

Libros pro Chales Chaplin, pintor francés (1825-1891)

Libros por Charles Chaplin, pintor francés (1825-1891)

Los autores irrumpen en el relato y reflexionan sobre los textos. Esta característica posmoderna también puede hallarse en el Libro de Mormón. Mormón y Moroni intervienen en otros textos que no son suyos. El profeta Mormón irrumpe no sólo en las Palabras de Mormón entre Omni y Mosiah sino también en 4 Nefi (4 Nefi 1:23). Moroni toma el relato en el libro de su padre (Mormón 8) y también ingresa con un discurso sobre la fe en el texto jaredita (Eter 12: 5 y subsiguientes), además de su propio registro. Moroni aparece como personaje en el texto paterno y luego como autor en el suyo. También lo hace Nefi, aunque de otro modo. Cuando leemos las experiencias de las planchas de bronce y la construcción del barco creemos que el relato es inmediato o contemporáneo a los hechos, pero en realidad Nefi, como autor, está recreando al personaje Nefi con sus dudas e inquietudes, cuando él, ya en la tierra prometida y varias décadas después, se dispone a escribir el relato conociendo de antemano el resultado de lo que ocurrió (1 Nefi 19). El efecto es eficaz y mantiene la tensión narrativa. El capítulo 6 de 1 Nefi es en realidad una interpolación del Nefi autor que conecta con el capítulo 19, su imagen especular, como todo lo que ocurre en paralelismo a lo largo del libro, con relación al capítulo 11 (la visión de Nefi con el Espíritu).

Las reflexiones sobre los textos están también presentes (1 Nefi 5: 10-22; los ya mencionados capítulos 6 y 19 del mismo libro, 1 Nefi 22:30; 2 Nefi 5: 30-33; Palabras de Mormón 1: 3-7; Mosiah 1: 3-7; Alma 37: 1-9; 3 Nefi 26: 6-12; Mormón 1: 2-4; Eter 15:33; Moroni 10: 1-2)

Tienden a desaparecer las fronteras entre los géneros. Sydeny B. Sperry fue uno de los primeros en señalar la heterogeneidad de las formas en el Libro. Llegó a identificar dieciséis géneros distintos en su estructura, entre ellos: narrativa histórica, alegoría, bendiciones patriarcales, epístolas, oraciones, memorias, profecías simbólicas, salmos, canciones, lamentaciones, oratoria, genealogías, etc. Denominó a 3 Nefi el Quinto Evangelio o Evangelio Americano y Salmo de Nefi al pasaje de 2 Nefi 4:28-34. Analizó elementos de paralelismo propios de la poesía hebrea, trabajos que luego continuaron John W. Welch y Kevin L. Barney entre otros.

Donald W. Parry ha publicado Poetic parallelisms in the Book of Mormon: the complete text reformatted, en el que ha restituído la forma poética del texto.

Maurice Leloir (1853-1940) Biblioteca Elegante

Maurice Leloir (1853-1940) Biblioteca Elegante

El texto se pone en contacto con otros saberes y es válido interrogarlo no sólo desde la propia literatura sino desde la psicología, las ciencias sociales o la historia.

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La variada gama de trabajos que se ha producido sobre el Libro de Mormón en las últimas décadas hace muy difícil llevar la cuenta.

Sin considerar los monumentales trabajos catedráticos de Hugh Nibley, William J. Hamblin ha escrito Basic Methodological Problems with the Anti-Mormon Approach to the Geography and Archaeology of the Book of Mormon (Problemas Metodológicos Básicos en el enfoque Anti-Mormón a la Geografía y Arqueología del Libro de Mormó). Eugene England, A Second Witness for the Logos: The Book of Mormon and Contemporary Literary Criticism (Un Segundo Testigo del Logos: El Libro de Mormón y la Crítica Literaria Contemporánea). Orson Scott Card, The Book of Mormon, Artifact of Artifice? (El Libro de Mormón, ¿Artefacto o Artificio?). John A. Tvedtnes ha explorado Glowing Stones in Ancient and Medieval Lore  (Piedras que brillan en la tradición Antigua y Medieval). Stephen D. Ricks y William J. Hamblin han editado estudios sobre la Guerra en el Libro (Warfare in the Book of Mormon). Brant Gardner, A Social History of the Early Nephites (Una Historia Social de los Antiguos Nefitas).

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Desde 1992, el Journal of Book of Mormon Studies (Revista de Estudios sobre el Libro de Mormón) ha sido la publicación oficial en el campo de los estudios universitarios. Muy recientemente (2014), su flamante Director ha declarado:

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“Para alinear el nuevo Journal con las directivas académicas del Maxwell Institute y la Brigham Young University, incrementaremos la llegada a catedráticos Mormones y no Mormones en el campo de los estudios religiosos, estudios Mormones, y otras áreas de investigación relevantes. Esperamos promover mayor atención al Libro de Mormón en la ampliada arena académica junto al estudio de otros textos sagrados.

Con esta misión en mente, el Journal se dedicará al estudio académico del Libro de Mormón desde una variedad de perspectivas y disciplinas. Su alcance expandido incluirá investigación de la más alta calidad reflejando los varios significados del texto, estructura interna, características literarias, historia de su recepción, fuentes documentales,, proveniencia histórica, implicaciones teológicas y significancia comparativa”.

http://wp.patheos.com.s3.amazonaws.com/blogs/enigmaticmirror/files/2014/04/jbms_letter.pdf

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Dialogue: a Journal of Mormon Thought y, más recientemente,  Interpreter: a Journal of Mormon Scripture han publicado trabajos innovadores abriendo nuevas puertas a la investigación seria.

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Royal Skousen, profesor de lingüística en BYU, y su Critical Text Project ha producido ya diez tomos de riquísimo contenido, los que son incorporados, a su vez, como fuente para nuevas investigaciones. Siendo su último trabajo, The Book of Mormon, The Earliest Text, publicado por la Universidad de Yale, una restauración y revaloración del texto original.

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De modo que sí, sin duda, el Libro de Mormón está siendo analizado e interpelado desde los más variados saberes sincrónicos, a la manera posmoderna.

No hay lecturas más legítimas que otras. No hay un único protocolo de lectura. Dichos protocolos son históricos y las coordenadas cronológicas y culturales de cada lector son únicas. El lector es un productor del texto, o como diría D.F. McKenzie: “Los nuevos lectores producen nuevos textos, y los nuevos significados son una función de esas nuevas formas”.

Las Autoridades de la Iglesia, por su posición particular, parecen ser la referencia imperante y casi lógica de la interpretación de nuestros textos sagrados. Pero cuando la de ellos es la única opinión válida admitida, corremos el riesgo del congelamiento de los significados y de la muerte parcial del texto. Cuando Joseph Smith leyó el pasaje de Santiago, no pensó en la interpretación que le darían los diferentes maestros de religión con los que se asociaba. Hizo su propia lectura… podríamos decir que una lectura posmoderna…

Somos únicos, por lo tanto únicas deberían ser nuestras lecturas, no estandarizadas ni normativas. Lo que podemos aprender en la Escuela Dominical, en Seminario, o en un buen mensaje será siempre importante y fructífero. Pero la visión única con la que podemos enriquecer esas ocasiones es una prerrogativa nuestra. Creo que esa es una gran deuda que todos tenemos con el Libro de Mormón como sus lectores actuales.

Jean H. Fragonard 1776, Joven Leyendo

Jean H. Fragonard 1776, Joven Leyendo

También muy recientemente, Benjamin L. McGuire, un investigador mormón de la teoría literaria ha publicado Nephi: A Postmodernist Reading (Nefi: una Lectura Postmodernista), Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 12, 2014, pags. 49-78. Sus reflexiones son más que válidas y deberemos ayudar a hacerlas extensivas al resto del texto sagrado…

 

“Os hablo como si os hallaseis presentes…” El Libro de Mormón y sus posibles lectores – Segunda Parte

ARTE Y RELIGION

       Literatura

               Libro de Mormón

“Os hablo como si os hallaseis presentes…”

EL LIBRO DE MORMON Y SUS POSIBLES LECTORES

Segunda Parte

Traducción del Libro de Mormón por Del Parson

Traducción del Libro de Mormón por Del Parson

Por Mario R. Montani

Quedó establecido en la primer parte de este artículo que el mundo ha venido incrementando su capacidad lectora. Para 1950 el 56% de los habitantes del planeta eran letrados. Para el 2008 ese rasgo había aumentado al 83% (88% de los hombres y 79% de las mujeres). De modo que los potenciales lectores del Libro de Mormón se encuentran dentro de esa creciente masa alfabetizada. También observamos que los primeros lectores del Libro debían conocer el inglés. Los finales destinatarios de la obra (lamanitas y judíos) quedaban momentáneamente excluidos a menos que conociesen ese idioma. Es interesante evaluar la distribución diacrónica de las traducciones. Partiendo de la edición original de 1830, en 1851 se tradujo al danés, en 1852 al francés, al galés, al alemán y al italiano. En 1855 al hawaiano. No extrañamente, los hablantes de esos idiomas figuraron entre los primeros conversos de la Iglesia, siendo mayormente gentiles y, minoritariamente, judíos dispersos. Podría hallarse una incidencia lamanita no confirmada entre los hawaianos.

Deberemos llegar a 1886 para la primer traducción al español y a 1939 para la edición portuguesa. Siendo los principales idiomas en el resto de América, recién a partir de esos momentos los descendientes lamanitas diseminados entre las etnias indígenas pudieron leerlo en sus lenguajes de adopción.

Deberemos esperar a 1983 para el Quiché y a 1986 para el Aymará, las primeras dos lenguas de pueblos originarios que recibieron traducciones. Lentamente, la obra ha continuado desde entonces, aumentando el espectro de los lectores latentes y ayudando a cumplir el propósito de sus redactores iniciales. Hoy el Libro de Mormón se encuentra disponible en unos 150 idiomas diferentes.

En la década de 1970, el teórico de la Escuela de Constanza, Wofgang Iser, instauró el concepto del ‘lector implícito’ en su obra Der implizite Leser (1972). En ella afirmaba que todos los textos crean ‘espacios en blanco’ que el lector debe ir llenando en base a su imaginación y vivencias personales. Este es un proceso inevitable y continuo en el que el receptor debe interactuar con el texto mediante una serie de conjeturas, inferencias y suposiciones que se irán confirmando o modificando a lo largo de la lectura.

“La obra literaria posee dos polos que pueden denominarse el polo artístico y el polo estético; el artístico describe el texto creado por el autor, y el estético la concreción realizada por el lector. De tal polaridad se sigue que la obra literaria no es estéticamente idéntica ni con el texto ni con su concreción. Pues la obra es más que el texto, puesto que sólo cobra su vida en la concreción y, por su parte, ésta no se halla totalmente libre de las aptitudes que le introduce el lector, aun cuando tales aptitudes sean activadas según los condicionantes del texto” (WofgangIser, El acto de Leer, teoría del efecto estético, Alfaguara, Madrid, 1987, pag. 44)

Esta denominada ‘estética de la recepción’, en la que también fueron fundamentales los aportes de Hans Jauss, establece que la significación de los textos sólo se genera en el proceso de lectura. El receptor debe decodificar, reconstruir, restaurar las implicaciones del texto mediante un complejo proceso sicológico en el que intervendrán sus estrategias cognitivas, sus capacidades culturales y su visión particular del mundo.

“El modo en que el lector experimenta el texto reflejará su propia disposición, y en este aspecto el texto literario actúa como una especie de espejo,… De modo que tenemos la aparentemente paradójica situación en la que el lector se ve forzado a revelar aspectos de sí mismo para poder experimentar una realidad diferente de la propia. El impacto que dicha realidad produzca en él dependerá mayormente del grado en el que activamente provea la parte no escrita del texto…” (Wolfgang Iser, “The Reading Process: A Phenomenological Approach,” de The Implied Reader, en Reader-Response Criticism, ed. Jane P. Tompkins (Baltimore: Johns Hopkins UP, 1980), pags. 56–57)

"Dama leyendo" del inglés Francis Hayman (1708-1776)

“Dama leyendo” del inglés Francis Hayman (1708-1776)

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, los teóricos de la lengua y la literatura han desarrollado diferentes propuestas de lector, desde el “lector de época”, que hay que comprender dentro de los marcos históricos y códigos culturales, el “lector ideal”, quien debería poseer los mismos códigos del autor, no poniéndose de acuerdo en el hecho de si el autor es su propio lector ideal o no, el “archilector” de Riffaterre o el “lector pretendido” de Wolff.

Para Stanley Fish y su “lector informado”:

“El lector informado es aquel que: 1) tiene competencia de la lengua con la que el texto está construido; 2) posee el completo ‘conocimiento semántico que un oyente maduro aporta a esta tarea de comprensión’. Esto incluye el conocimiento de los grupos léxicos, probabilidades de combinación, modismos, dialectos profesionales o de otro tipo, etc.; 3) posee competencia literaria…” (Stanley Fish, Literature in the Reader: Affective Stylistics, en New Literary History 2, 1970, pag. 145)

El autor y sus audiencias

En su ensayo sobre teoría de la narrativa (Truth in Fiction: A Reexamination of Audiences, Critical Inquiry 4/1, Otoño 1977, pags. 121-141), Peter J. Rabinowitz distingue cuatro tipos de audiencias conceptuales para un determinado texto

  1. La audiencia real: está formada los únicos lectores reales. El autor no tiene control sobre ellos. Las restantes son construcciones teóricas
  2. La audiencia autoral. Es una audiencia hipotética formada por aquellos que el autor imagina como receptores de su texto. El autor construye dicha audiencia mediante sus recursos retóricos. La brecha entre la audiencia autoral y la real siempre existirá. “Dado que todas las elecciones artísticas, y por tanto todos los efectos, se calculan en términos del conocimiento hipotético de la audiencia autoral, los lectores que deseen apreciar el libro deberán cubrir esa brecha. La mayor distancia – geográfica, cultural, cronológica – entre el autor y sus lectores, presentará desafíos más grandes para ellos” (Rabinowitz, Truth in Fiction, pag. 126-127)
  3. La audiencia narrativa es otra audiencia hipotética que se establece no en base al conocimiento del lector sino a la creencia o credibilidad que le otorga al texto. Así como el autor presume a su audiencia, el lector puede presumir al autor y decidir creerle o no.
  4. La audiencia narrativa ideal es aquella que cree lo propuesto por el texto.
Frank Leyendecker (1902)

Frank Leyendecker (1902)

Los textos cultural o históricamente distantes de sus lectores se suelen tornar difíciles de comprender al no poseer el conocimiento necesario para unirnos a la audiencia autoral.

Nefi parece comprenderlo muy claramente cuando nos dice:

“Ahora bien, yo, Nefi, hablo algo con relación a las palabras que he escrito, palabras que fueron pronunciadas por boca de Isaías. Pues he aquí, Isaías habló muchas cosas que a muchos de los de mi pueblo les fue difícil comprender, porque no saben concerniente a la manera de profetizar entre los judíos(2 Nefi 25:1)

Si a los descendientes de Lehi, después de sólo tres generaciones de salir de Jerusalén, se les dificultaba unirse a la audiencia autoral, no nos extrañe que a nosotros, algunos milenios más tarde, se nos pasen de largo ciertos detalles.

Nefi, nos dice luego, no ya como autor, sino como competente lector de Isaias:

“… porque salí de Jerusalén, y mis ojos han visto las cosas de los judíos, y sé que ellos entienden las cosas de los profetas, y no hay ningún otro pueblo que entienda, como ellos, las cosas que fueron pronunciadas a los judíos, salvo que sean instruidos conforme a la manera de las cosas de los judíos… pero yo mismo he morado en Jerusalén, por lo que sé acerca de las regiones circunvecinas…” (2 Nefi 25:5-6)

En términos de la crítica literaria actual Nefi nos dice, en resumen: ‘Yo tengo el conocimiento para comprender. Yo creo en lo que el texto me dice. Yo puedo unirme no sólo a la audiencia autoral de Isaías sino a su audiencia narrativa ideal’.

En cambio, los lamanitas de la época de Mosiah se transformaron en una audiencia narrativa que no cree lo que el texto relata:

“Os digo, hijos míos, que si no fuera por estas cosas, las cuales se han guardado y preservado por la mano de Dios para que nosotros pudiéramos leer y entender acerca de sus misterios… aun nuestros padres habrían degenerado en la incredulidad, y habríamos sido como nuestros hermanos, los lamanitas, que nada saben de estas cosas, y ni siquiera las creen cuando se las enseñan, a causa de las tradiciones de sus padres, las cuales no son correctas”. (Mosiah 1: 5)

Notablemente, ‘nada saben’ (condición negativa para poder unirse a la audiencia autoral), ‘ni las creen’ (condición negativa para unirse a la audiencia narrativa ideal). Son simplemente una audiencia narrativa, o audiencia narrativa no ideal.

Como el propio Umberto Eco lo señalaba, cada texto es como un mensaje arrojado al mar en una botella. No sabemos quién lo leerá. Ignoramos a qué distancia geográfica, cultural o temporal se encontrará del punto de emisión o cuánto podrá interpretar del mensaje.

"Horas de Ocio" por Croegaert, Georges (1848-1923)

“Horas de Ocio” por Croegaert, Georges (1848-1923)

Sin embargo en el caso del Libro de Mormón tenemos algunos lectores prediseñados por los autores, con la promesa divina de ayuda para que el mensaje llegase a ellos. Comenzando por los propios nefitas contemporáneos a los hechos relatados. Fueron sus primeros destinatarios. Ya ellos leían las planchas de Nefi:

“Y he aquí, también las planchas de Nefi, que contienen los anales y las palabras de nuestros padres desde el tiempo en que salieron de Jerusalén hasta ahora, son verdaderas; y podemos saber su certeza porque las tenemos ante nuestros ojos. Y ahora bien, hijos míos, quisiera que os acordaseis de escudriñarlas diligentemente…” (Mosiah 1: 6-7)

También a sus futuros descendientes, con los que habrá diferencias temporales:

“Por tanto, son de valor a los hijos de los hombres; y a los que suponen que no lo son, yo hablaré más particularmente, y limitaré mis palabras a mi propio pueblo; porque sé que serán de gran valor para ellos en los postreros días, porque entonces las entenderán; por consiguiente, es para su bien que las he escrito”. (2 Nefi 25:8)

A los lamanitas, con diferencias temporales y culturales:

“Y ahora bien, he aquí, éste era el deseo que anhelaba de él: Que si acaso mi pueblo, el pueblo nefita, cayera en transgresión, y fuera de algún modo destruido, y los lamanitas no lo fueran, que el Señor Dios preservara una historia de mi pueblo, los nefitas, aun cuando fuera por el poder de su santo brazo, para que algún día futuro fuera llevada a los lamanitas… (pues) juraron en su ira que, de ser posible, destruirían nuestros anales junto con nosotros, y también todas las tradiciones de nuestros padres. Por tanto, sabiendo yo que el Señor Dios podía preservar nuestros anales, le suplicaba continuamente… e hizo convenio conmigo de que los haría llegar a los lamanitas en el propio y debido tiempo de él”. (Enos 1: 13-18)

“…y ya que estas cosas se escriben con el propósito de beneficiar a nuestros hermanos los lamanitas…” (Jarom 2)

“Y sé que serán preservadas, porque sobre ellas están escritas grandes cosas, por las cuales mi pueblo y sus hermanos serán juzgados en el grande y postrer día, según la palabra de Dios que está escrita”. (Palabras de Mormón 11)

“Y ahora yo, Moroni, escribo algo según me parezca bien; y escribo a mis hermanos los lamanitas…” (Moroni 10:1)

No sabemos con exactitud quiénes son los descendientes de los nefitas y lamanitas hoy en día. De la suposición de que se trataba de todos los indígenas americanos, hemos pasado a una definición más restringida y dubitativa que reconoce la influencia de muchos otros grupos migratorios externos en la conformación de las diferentes etnias de los pueblos originarios.

Un interesante artículo de Gary P. Gillum, Written to the Lamanites: Understanding the Book of Mormon through Native Culture and Religion (Escrito a los Lamanitas: Comprendiendo el Libro de Mormón a través de la Cultura y Religión nativas), Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 6 (2013), pags. 31-48, me ha provisto de un nuevo enfoque en el que debe enfatizarse la visión cultural del receptor y disminuir la del emisor.

A pesar de nuestra ignorancia con respecto a dónde se encuentran hoy esos destinatarios nefita-lamanitas, la lógica parece indicar que dentro de algunos, o dispersos entre muchos, quizás de modo minoritario, de los que denominamos genéricamente “indios americanos”. Para captar cómo ellos pueden llegar a comprender el mensaje (ya que las traducciones a sus lenguas aún están en proceso luego de casi dos siglos, como lo mencionamos más arriba) debamos quizás alejarnos de nuestros preconceptos occidentales y reconocer que una cultura “diferente” no necesariamente significa “inferior”.

Haddon Sundblom (1899-1976) Los libros son las llaves que nos abren el pasado, el presente y el futuro (1927)

Haddon Sundblom (1899-1976) Los libros son las llaves que nos abren el pasado, el presente y el futuro (1927)

Algo de eso parece insinuar el Elder Dallin H. Oaks en su discurso de la Conferencia General de Abril de 1995, La Apostasía y la Restauración:

“En algunos asuntos, el conocimiento general del hombre pasa por un período de regresión a medida que algunas verdades importantes se tergiversan, se dejan de lado, e incluso hasta caen en el olvido. Por ejemplo, en muchos respectos, los indios americanos sabían cómo vivir más en armonía con la naturaleza que nuestra sociedad contemporánea… Seríamos mucho más sabios si pudiéramos recuperar el conocimiento de cosas importantes que se han tergiversado, dejado de lado u olvidado…” (Liahona, Julio 1995, pag. 95)

John Collier, Comisionado de Asuntos Indígenas, ha declarado:

“Ellos poseen lo que el mundo ha perdido: la antigua y olvidada reverencia pasional por la personalidad humana unida a la antigua y olvidada reverencia pasional por la tierra y su entretejido de vida. Desde antes de la Edad de Piedra han tenido esa pasión como un fuego central y sagrado. Debería ser nuestro intenso deseo renovarla en nosotros” (John Collier en Huston Smith, The Illustrated World’s Religions, San Francisco, Harper, 1994, pag. 243)

El anciano Alce Negro da la siguiente información sobre el mundo que lo rodea:

“Estas cuatro cintas en la boquilla de la pipa sagrada son los cuatro rincones del universo. La negra es para el oeste donde viven los seres del trueno que nos envían la lluvia; la blanca para el norte, de donde proviene el gran viento blanco purificador; la roja para el este, de donde surge la luz y la estrella matutina brinda sabiduría a los hombres; la amarilla para el sur, de donde viene el verano y el poder para hacer crecer (John G. Neihardt, Black Elk Speaks, Lincoln, University of Nebraska Press, 1993, pag. 2)

Para quienes han estudiado el Evangelio de Felipe, un texto gnóstico judío hallado en Nag Hammadi, las palabras de Alce Negro sonarán familiares, ya que allí se precisa:

“Una cosecha se recoge en el granero sólo como resultado de la acción natural del agua, la tierra, el viento y la luz. La agricultura de Dios, del mismo modo, tiene cuatro elementos – fe, esperanza, amor, y conocimiento. La fe es nuestro terreno, en el que echamos raíz. La esperanza es el agua a través de la que somos nutridos. El amor es el viento mediante el que crecemos. El conocimiento, la luz con la que cosechamos”. (Robinson, The Nag Hammadi library in English, New York, Harper & Row, 1977, pag. 147)

Y me parece que no sería estéril la comparación con el discurso sobre la fe en Alma 32 donde los conceptos de fe, terreno, semilla, raíz, nutrición, calor y cosecha están interrelacionados.

De modo que sí, es posible que los descendientes de nefitas y lamanitas comprendan mejor que nosotros los elementos simbólicos del Libro de Mormón porque forman parte de su concepción de la vida misma.

Peta Yuha Mani, curandero de la tribu Lakota, refuerza este concepto:

“Para el Lakota tradicional, cada día es sagrado. Observa  el mundo de esta creación y sabe que todo se interrelaciona. Los árboles y la hierba, el mundo animal, los arroyos que corren y las montañas. Todo se relaciona consigo y lo respeta”. (Don Doll, Vision Quest: Men, Women and Sacred Sites of the Sioux Nation, New York, Crown, 1994, pag. 24)

La búsqueda de visiones y la falta de extrañeza frente a ellas vuelven a aparecer en Alce Negro:

“Me hallaba de pie sobre la más alta de las montañas, y abajo en derredor estaba toda la circunferencia del mundo. Y mientras allí estaba, vi más de lo que puedo decir y comprendí más de lo que vi; porque observaba de modo sagrado las formas de todas las cosas en el espíritu, y la forma de todas las formas como deben vivir juntas como un único ser” (Neihardt, Black Elk, pag. 43)

¿No es posible establecer un paralelo con la visión de Nefi y el Espíritu, desde lo alto de una alta montaña y viendo cosas que no puede contar ni expresar en palabras? ¿O con los relatos de la creación espiritual de todas las cosas? ¿Tal vez con Enoc, percibiendo la Tierra como una entidad viva e interconectada (Moises 7:48-49)?

“Mientras yacía pensando acerca del sitio maravilloso donde había estado y de todas las cosas que había visto, me entristecí mucho; porque me parecía que todos debían saber sobre ello, pero tenía temor de contar, porque sabía que nadie me creería, pequeño como era, pues sólo contaba nueve años. Además, al yacer pensando en mi visión, podía verla nuevamente y percibir el significado con una parte de mí que era como un extraño poder brillando en mi cuerpo; pero cuando la parte mía que habla intentaba ponerle palabras a ese significado, se transformaba como si fuese niebla y se apartaba de mí” (Neihardt, Black Elk, pag. 48-49)

Nuevamente. Ese sentimiento de incapacidad ¿no lo hallamos también en Moisés o el joven Joseph Smith? ¿No se está poniendo Ammón en el lugar del receptor cuando acepta la figura del Gran Espíritu que le propone el rey Lamoni (Alma 18: 24-29)? ¿Somos tan condescendientes y abiertos con los potenciales lectores del Libro de Mormón?

La Doctrina y Convenios lo declara enfáticamente:

“Sin embargo, mi obra avanzará, pues por cuanto el conocimiento de un Salvador ha venido al mundo, mediante el testimonio de los judíos, así también llegará a mi pueblo el conocimiento de un Salvador, y a los nefitas, a los jacobitas, a los josefitas y a los zoramitas, mediante el testimonio de sus padres, y este testimonio llegará al conocimiento de los lamanitas, los lemuelitas y los ismaelitas, que degeneraron en la incredulidad a causa de la iniquidad de sus padres, a quienes el Señor permitió que destruyeran a sus hermanos, los nefitas, a causa de sus maldades y abominaciones. Y para este propósito mismo se preservan estas planchas que contienen esta historia, a fin de que se cumplan las promesas del Señor a su pueblo; y para que los lamanitas lleguen al conocimiento de sus padres, y sepan de las promesas del Señor, y crean en el evangelio y tengan confianza en los méritos de Jesucristo, y sean glorificados por medio de la fe en su nombre, y se salven mediante su arrepentimiento. Amén” (DyC 3: 16-20)

Desearía cerrar esta parte de nuestras reflexiones con un párrafo del trabajo ya citado de Gary P. Gillum:

“Finalmente, necesitamos dar una breve mirada al dualismo de lo natural y sobrenatural, o aún a lo que algunas religiones asiáticas llaman Yin y Yang. Para los pueblos tradicionales no hay diferencia entre los dos. Para ellos cada cosa y lugar es santo o sagrado. No hay milagro o magia, porque para Dios, o el Gran Espíritu ‘todo es posible’ y la vida en su totalidad es su religión. Es el punto de vista ‘mántico’ o tradición vertical de la que nos hablaban tan a menudo Hugh Nibley y H. Curtis Wright. Todos los miembros de una tribu o nación dada comparten lo sagrado en todo momento mediante sus actitudes del espíritu y preparación adecuada: con el ayuno, la oración, la danza, el sacrificio propio y la búsqueda de visiones. Mucho se ha escrito sobre la magia y la búsqueda de tesoros practicada por Joseph Smith. Desde la concepción primitiva del mundo eso era una actividad sagrada en la que ayudaba la ‘gente de piedra’, a quienes nosotros nos referimos como rocas, piedras y cantos rodados (antes de tomar a la ligera este comentario, recordemos que nuestro cosmólogo Orson Pratt declaró que todas las cosas tienen inteligencia o espíritu en ellas. Los pueblos nativos insisten en que las piedras ‘les hablan’ por un procedimiento que nosotros llamaríamos revelación y que sugiere nuestra propia tradición de Urim y Tumim y piedras de vidente)” (Gary P. Gillum, Written to the Lamanites: Understanding the Book of Mormon through Native Culture and Religion, Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 6 (2013), pag. 36)

Continuará…

"Dulce Soledad" (1919) Edmund Blair Leighton

“Dulce Soledad” (1919) Edmund Blair Leighton