SIGUIENDO AL PROFETA

Mitos Mormones

SIGUIENDO AL PROFETA

(AKA: del tío Vittorio al Elder Costa pasando por un programa de entrenamiento físico en la misión)

Por Mario R. Montani

Durante mi misión recibíamos algunas sugerencias en cuanto a un programa de ejercicios físicos para mantenernos en forma. Solían realizarse a la mañana y a veces se complementaban con alguna caminata los días de preparación. En una Conferencia de Misioneros supimos de la siguiente experiencia: un líder de zona (quien ya antes de salir a la misión era un excelente deportista y acostumbrado a entrenar) comenzó a exigir a los demás élderes una cuota mayor de tiempo y esfuerzo en esa gimnasia matinal. Por algunas semanas intentaron seguirle el ritmo, pero lo que les requería estaba muy por encima de sus capacidades, terminando agotados y con la posibilidad de salir lastimados. Luego de una pequeña rebelión, el tema fue llevado a los Asistentes del Presidente y finalizó con una doble reprimenda: el líder de zona fue reprendido por estar exigiendo más de lo que el programa requería,  pero los demás misioneros también recibieron un reto por no haber obedecido suficientemente a su líder, a pesar de lo injusta de su demanda. Finalmente lo que el líder deseaba era tener a su zona en perfectas condiciones físicas.

Cuando uno es un joven de 19 años no está demasiado habituado a realizar abstracciones, pero la lección estaba aprendida: los líderes deben ser sabios y prudentes, los seguidores del líder simplemente deben ser obedientes. A ninguno de nosotros se nos ocurrió pensar que si no hubiesen comenzado las protestas, nadie se habría enterado jamás de los abusos de poder y la próxima noticia llegaría con alguno de ellos internado en el hospital con un desgarro o alguna alerta cardíaca.

Y aquí es donde hace su entrada mi tío Vittorio… Durante toda mi infancia y juventud era un personaje que nos visitaba a menudo. Lejanamente emparentado con nosotros políticamente, había quedado sólo en la ciudad, y supongo que éramos uno de sus refugios alternativos. Muy trabajador, sin llegar a perder nunca del todo su acento italiano, don Vittorio tenía una salud de hierro. Jamás había consultado a un médico ni tenido enfermedades, pero, con el paso de los años, algunos achaques comenzaron a aparecer.  Supongo que mis padres le insistieron para que visitara al doctor y, un poco a regañadientes, terminó haciéndolo. Pareciera que el médico le recetó algunos antibióticos en comprimidos, para salir de un cuadro infeccioso, los que debería ingerir cada 12 horas.

Cuando un par de días más tarde, mi papá pasó a visitarlo para saber de su salud, descubrió que ya se había tomado casi todo el frasco de pastillas. Podría haber terminado también él en el hospital…

Su razonamiento no estaba exento de cierta lógica. Si una pastilla hace bien, veinte harán mejor…

Los miembros de la Iglesia solemos padecer, hasta cierto grado, de este, que he denominado “el síndrome del tío Vittorio”.  Aunque falleció siendo católico, don Vittorio podría haber sido un buen Líder de Zona.

Si asistir al Templo un par de veces al mes es bueno, hacerlo veinticinco veces será mejor. Si es bueno abstenernos de alcohol, tabaco, té y café; agregar a la lista los azúcares, las harinas, los aceites y todo alimento procesado, será mejor. Si pagar un diezmo es bueno, pagar el doble será superior. Si el Profeta habla con Dios, cada palabra que sale de su boca es la absoluta voluntad de lo alto.

Pareciera que algunas frases de las Escrituras como “en su justa medida”, o “tiempo hay para todas las cosas” se nos pasan de largo.

Varios meses atrás escribí en esta misma sección un artículo bajo el título “Cuando nuestros líderes hablan, se acabó el momento de pensar…”, en el que aparecían las disculpas del Presidente de la Iglesia, George Albert Smith, al Reverendo J. Raymond Cope por un mensaje para los Maestros Visitantes aparecido en una publicación oficial de la Iglesia que trataba ese tema. En la carta le aseguraba que esa no era la doctrina de la Iglesia sino todo lo contrario. Uno de los problemas de los que deberemos desembarazarnos en la Iglesia es que ciertas declaraciones falsas se hacen en público y las disculpas por ellas se ofrecen en privado.

Cuando escribí ese artículo ignoraba que la publicación en cuestión, la Improvement Era de Junio de 1945 (Vol. 48 Nº 6, pag. 354) estaba en mi biblioteca, como legado de mi abuelo materno. Fue muy bueno releer ese mensaje casi “en vivo” y en su contexto original. También descubrí otras cosas. Desde hace tiempo, los investigadores de nuestra religión señalan que la frase “el Profeta” asignada al Presidente de la Iglesia con vida no comenzó a utilizarse hasta inicios de la década de 1950. Antes de eso, cualquier mención a “el Profeta” era comprendida como una referencia a Joseph Smith, Jr.

En la publicación que menciono también aparecen los discursos en los funerales de Heber J. Grant, quien había fallecido el mes anterior. Ninguno de ellos, ni ningún otro artículo del volumen, menciona al Presidente Grant o al nuevo Presidente como “el Profeta” sino como el Presidente de la Iglesia.

Esto no significa que todas las Autoridades no fuesen sostenidas como “profetas, videntes y reveladores”, al igual que en la actualidad, sino que hubo un cambio, paulatino pero definido, para fortalecer la imagen del profeta viviente. A cualquier jovencito miembro que le preguntemos hoy quién es el Profeta, nos responderá con certeza: Thomas S. Monson. Ante la misma pregunta, un joven de 60 años atrás nos hubiese respondido: Joseph Smith. Y tendría una tradición de casi un siglo detrás suyo para tal afirmación.

De modo que tales píldoras extra canónicas como “debemos obedecer aunque sea una equivocación”, “cada palabra que dice el Profeta es la voz de Dios” o “la opinión del Profeta actual cancela lo que cualquiera anterior haya dicho” deben tomarse con mucha prudencia y no necesariamente todas juntas. Joseph Smith y Brigham Young hablaron extensa y enfáticamente en contra de esas doctrinas.

Durante la administración del Presidente Kimball, Ezra Taft Benson, por entonces Presidente del Quórum de los Doce, dio un discurso en Provo, al alumnado de BYU, bajo el título “Fourteen Fundamentals in Following The Prophet” (Catorce Fundamentos por los que Seguir al Profeta) en el que revalorizaba algunas de estas “píldoras excesivas”, tales como que lo que declaraba el Presidente de la Iglesia sobre cualquier tema era la voluntad y el pensamiento del Señor y que la obediencia absoluta al Profeta era esencial para nuestra salvación.

Hoy sabemos, gracias a la biografía de Spencer W. Kimball, escrita por su hijo Edward, que el Profeta estaba muy molesto con ese mensaje. Según esta misma fuente, el Presidente Kimball deseaba “proteger a la Iglesia en contra de la mentalidad de ‘sigan al líder’”. Sabía que los dones proféticos se manifestaban únicamente bajo condiciones especiales y se daba cuenta de la realidad vigente de que muchos ya estaban deseosos de estampar cada declaración de una Autoridad con el sello de un decreto vaticano.

La preocupación del Presidente Kimball alcanzó tal extremo que pidió a Benson ofrecer una disculpa frente al Quórum de los Doce. Aparentemente no todos quedaron satisfechos, pues a la semana siguiente se le exigió dar explicaciones en una reunión combinada de todas las Autoridades Generales. Durante esos días la familia Benson vivió una profunda zozobra pues temía una acción punitoria formal de parte de la Iglesia. Finalmente, su explicación de que “sólo había intentado reafirmar la naturaleza divina del llamamiento” fue aceptada y la situación se resolvió.

Pero el grueso de los miembros jamás supimos del problema y el discurso del Elder Benson siguió su recorrido en diferentes estamentos de la institución. Nuevamente: las declaraciones públicas, las disculpas en privado.

Los fieles miembros de la Iglesia continuaron comprando la transcripción del discurso y los cassettes en BYU Bookstore y jamás se enteraron de que la jerarquía eclesiástica lo había considerado no doctrinal y problemático.

El impacto que la experiencia tuvo en Ezra Taft Benson fue de importancia. Nunca más volvió a referirse a un tema parecido, aún en la etapa en que él mismo presidió sobre la Iglesia. Los temores del Presidente Kimball no eran infundados. La revista Newsweek recogió parte del discurso mostrándolo como evidencia de que los mormones eran un culto en el que pasaba a ser más importante la obediencia a un líder que la expiación de Cristo y los enemigos de la Iglesia continuaron utilizándolo por un buen tiempo.

Todo eso podría quedar como una anécdota olvidada si no fuese porque, no hace tanto tiempo atrás, en la Conferencia General de Octubre de 2010, el Elder Claudio R.M. Costa, de la Presidencia de los Setenta, decidió dar un discurso en el que repitió uno por uno los conceptos desarrollados por Ezra Taft Benson treinta años antes.

El Elder Costa, de origen brasileño, es un converso, y puede ser que no estuviese al tanto de la polémica relacionada con ese mensaje (como tampoco lo estábamos la mayoría de los miembros), pero todos sabemos que, desde 1984 en adelante, cada discurso de las Conferencias Generales es revisado y censurado minuciosamente cuando es necesario.

En realidad el problema se agrandó, pues el de 1980 fue un mensaje dado al alumnado de una Universidad, pero el de 2010 formó parte de una Conferencia General, transmitido, copiado, traducido e impreso por todos los medios oficiales de la Iglesia.

Deberemos decidir qué es lo que creemos. Tenemos a dos profetas del pasado relativamente cercano declarando que esa es una doctrina falsa (George Albert Smith y Spencer W. Kimball). ¿Ahora pasó a ser verdadera? ¿Tenemos un doble discurso, uno para los medios y los foráneos y otro para el consumo interno? ¿Decimos hacia fuera muy solemnemente que esas son falsas doctrinas para darnos vuelta y, con un guiño, asegurar a los miembros que en realidad sí creemos en eso? Ya el Salvador enseñó que no se puede servir a dos señores…

Curiosamente, el propio Elder Benson había declarado varios años antes:

No sólo hay apóstatas en medio de nosotros, sino que también existen doctrinas apóstatas que a veces se enseñan en nuestras clases y desde nuestros púlpitos y aparecen en nuestras publicaciones. Y estos preceptos apóstatas de los hombres hacen tropezar a nuestra gente”. (Ezra Taft Benson, To the Humble Followers of Christ, Improvement Era, Junio 1964, pag. 42)

El problema parece venir desde muy atrás en nuestra historia. En el Millenial Star 14/83 del 13 de Noviembre de 1852 podía leerse:

“Por causa de las aparentes imperfecciones de los hombres a los que Dios confiere autoridad, a veces se pregunta ¿hasta qué grado se requiere obediencia a aquellos que poseen el sacerdocio? Es una pregunta muy importante, y que todo Santo debería comprender. Intentando responderla, repetiremos lo que, de hecho, ya se ha escrito, que el deseo de obedecer las leyes de Dios, administradas por el Sacerdocio, es indispensable para la salvación, pero agregaríamos que existe una apropiada prudencia para el beneficio de todos, y es que a nadie se le requiere que dócil y ciegamente se someta a un hombre simplemente porque tenga una porción del Sacerdocio. Hemos escuchado a hombres poseedores del Sacerdocio señalar que harían cualquier cosa que les requiriesen aquellos que presiden sobre ellos, aún sabiendo que está mal; pero tal obediencia es peor que locura para nosotros; es esclavitud en grado extremo, y el hombre que voluntariamente se degrada de tal modo no debería reclamar un lugar entre los seres inteligentes hasta que abandone su locura. Un hombre de Dios, que trabaja por la redención de sus semejantes, despreciaría la idea de ver a otro, que tiene su mismo derecho al favor de Dios, convertirse en su esclavo; él preferiría verlo a su lado, un declarado enemigo de la maldad, mientras ésta exista entre los hombres. Otros, haciendo un ejercicio extremista de su todopoderosa autoridad, han enseñado que tal obediencia era necesaria, y que, sin importar lo que los que presiden pidan hacer a los Santos, ellos deberían ejecutarlo sin hacer preguntas”.

Joseph F. Smith, hablando más de 100 años atrás:

“Ningún hombre en esta Iglesia, desde el Profeta Joseph Smith hasta el presente, ha solicitado a alguien que hiciese lo que se le pide ciegamente. Ningún Profeta de Dios, Apóstol, Presidente de Estaca, u Obispo, que haya tenido el espíritu de su oficio y llamamiento descansando sobre él, jamás pudo haber pedido a un alma hacer algo que no pudiese saber por sí misma que era lo correcto y apropiado para hacer. No les pedimos que hagan nada que ustedes no puedan saber que es vuestro deber hacer, o que no puedan saber que será una bendición realizarlo” (Joseph F. Smith, Collected Discourses, ed. Brian H. Stuy, Vol. 3 (Burbank, B.H.S. Publishing 1987-1992).

J. Reuben Clark, Consejero de la Primera Presidencia, en una carta de 1954 (por una disputa doctrinal a la que dedicaremos tiempo en otra ocasión) al entonces joven Apóstol Joseph Fielding Smith:

“Ahora bien, con respecto a lo que los lideres anteriores han dicho, en aquello que  han declarado haber sido dicho bajo la inspiración y autoridad del Señor, yo me inclino a creer lo que dicen. Pero cuando expresan sus puntos de vista sobre la base de su propia comprensión e interpretación, entonces ninguno de nosotros puede verse excluido de ejercitar su propio razonamiento, con lo insuficiente que pueda ser, pues anteriores puntos de vista no nos impiden pensar por nosotros mismos. Esto es especialmente cierto cuando vamos a interpretar sus interpretaciones”

Vuelvo a recalcar mi convicción de que al reemplazar la investigación personal, la búsqueda y la obtención de la certeza por el concepto de “simplemente sigan al líder”, estamos socavando uno de los propósitos principales de nuestra venida a la Tierra.

El Profeta Joseph Smith enseñó claramente que la salvación no viene por seguir a nadie sino por obtener nuestros propios testimonios:

“¿Creen ustedes que José Smith es un profeta? Sí, y también todo hombre que tiene el testimonio de Jesús, porque el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía (Apocalipsis 19:10)… porque Dios no ha revelado nada a José que no hará saber a los Doce, y aún el menor de los santos podrá saber todas las cosas tan pronto como pueda soportarlas, pues llegará el día en que ningún hombre tendrá que decir a su prójimo: Conoce a Jehová; porque todos lo conocerán desde el más pequeño de ellos hasta el más grande… La salvación no puede venir sin revelación; es en vano que persona alguna ejerza su ministerio sin ella. Ningún hombre puede ser ministro de Jesucristo sin ser profeta…Cuando se ha administrado la salvación ha sido por testimonio…”

(Enseñanzas del Profeta José Smith, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, Salt Lake City, Utah, EEUU, pag 138, 177 y 186)

Alguien ha definido a nuestra sociedad mormona como una “donde los obedientemente ciegos guían a los verdaderamente ciegos”. No deseo creer en esa definición y por eso combato las actitudes que parecen darle la razón.

Personalmente, veo que las dos posibilidades han estado siempre presentes en nuestra historia. Como un péndulo, hemos pasado de uno a otro extremo con muy cortos períodos de equilibrio. Después de Spencer W. Kimball, la varilla parece haber quedado trabada en uno de esos extremos.

Tras los oprobiosos acontecimientos de Mountain Meadows, que sólo pueden explicarse dentro de una sociedad acostumbrada a obedecer ciegamente, aunque las acciones fuesen en contra de básicos principios morales, el péndulo se movió en el sentido contrario.

Pero basta que se aleje un poco para que alguien sienta que debe darle un golpe, resucitando discursos del pasado y rompiendo el equilibrio de la ecuación. Ese equilibrio debe lograrlo cada uno en forma personal. No el Profeta, no un Apóstol, no nuestro Obispo; nosotros…

No dudo de la sinceridad de Ezra Taft Benson. Obviamente creía lo que predicó. Su nieto, Steve, lo confirmó en un artículo del 11 de Febrero de 2008:

“Aún me dijo que la obediencia a las Autoridades Generales – incluso cuando lo que declarasen como verdad fuese, de hecho, erróneo – constituía un principio fundamental del Evangelio. Me aseguró que Dios bendeciría a aquellos que siguiesen a las Autoridades, aún cuando estuviesen en error”.

Pero en estas reflexiones no estamos considerando la sinceridad o la coherencia del Elder Benson sino la verdad de lo por él declarado a los alumnos de BYU.

Si nuestro “síndrome del tío Vittorio” nos permite seguir tomando las píldoras de “si no seguimos al Profeta, entonces estamos siguiendo al brazo de la carne” o que “nuestra línea personal de comunicación con Dios debe estar subordinada a la línea de comunicación jerárquica del Sacerdocio”, creo que nos alejaremos cada vez más del ideal de nuestro Profeta fundador.

Estoy convencido de que la premisa en la que se basa el argumento de “no importa lo que diga, obedezcan”, es falsa. Por supuesto, soy sólo un hombre, falible, insignificante, en este mundo solitario y triste. Pero ¿no lo somos todos…?

Creo haber citado ya en alguna ocasión al Presidente J. Reuben Clark diciendo:

“Si tenemos la verdad, no puede ser dañada por la investigación. Si no tenemos la verdad, entonces la investigación debería dañarla” (Quinn, The Church Years, pag. 24)

En este asunto no tenemos la verdad absoluta, y nuestro reciclaje de alternancias no sólo nos ha dañado sino que continuará haciéndolo si no logramos resolverlo.

Nuestros niños de la Primaria entonan “Sigue al Profeta” y supongo que está bien que lo hagan mientras eso sea una demostración de cariño y respeto por las autoridades que nos presiden, y no la implantación de un credo de infalibilidad.

Como alguien ya lo ha dicho, el Salvador indicó: Ven, sígueme”. Nunca: “vayan, síganlo”.

 

“Cuando nuestros líderes hablan se acabó el momento de pensar…” – Segunda Parte

Mitos Mormones

 

“Cuando nuestros líderes hablan se acabó el momento de pensar…” Segunda Parte

Caso de Estudio 2 (Reed Smoot – Heber J. Grant) 

Por Mario R. Montani

Como siempre que me propongo tratar un tema controvertido o debatible, allanaré el camino con una “batería” o “andanada” de declaraciones autorizadas. Todas pertenecen a Profetas y Apóstoles en funciones al momento de emitirlas, por lo que, espero, puedan ayudarme a dejar claro mi punto de vista

 

“Todos tienen el privilegio de pensar por sí mismos en cualquier asunto de conciencia. No tenemos la disposición, aunque tuviésemos el poder, de privar a nadie de ejercer la libre independencia de su mente que los cielos tan graciosamente han otorgado a la familia humana como uno de sus dones más preciados”(Joseph Smith, Teachings of the Prophet Joseph Smith, pag. 49)

 

“Pregunto: ¿En alguna ocasión ejercí compulsión sobre  cualquier hombre?¿No le he otorgado la libertad de no creer cualquier doctrina que he enseñado, si así le parecía bien a él?” (Joseph Smith, Documentary History of the Church, Vol. VI, pag. 273-274)

 

“Las grandes masas no piensan ni actúan por sí mismas… Encuentro en demasía esta grosera ignorancia entre el pueblo escogido de Dios…” (Brigham Young, Journal of Discourses 9:295)

 

“No pongan, hermanos, su confianza en los pensamientos de un hombre, ya sea obispo, apóstol o presidente. Si lo hacen, en alguna ocasión o lugar, ellos harán algo mal, o que parecerá mal, y su apoyo habrá desaparecido…” (George Q. Cannon, Apóstol, Millennial Star, v.53, pags. 658-659)

 

“Hablamos sobre obediencia, pero ¿requerimos a cualquier hombre o mujer que obedezca de modo ignorante los consejos que recibe? ¿Lo requiere la Primera Presidencia? No, jamás” (Joseph F. Smith, Journal of Discourses, Vol. 16 pag. 248)

 

“El Presidente Wilford Woodruff es un hombre de sabiduría y experiencia, y lo respetamos, pero no creemos que sus creencias personales o declaraciones sean revelaciones de Dios; y cuando “Así dice el Señor” sale de su boca, los santos lo investigan: no cierran sus ojos y lo toman como una píldora” (Charles W. Penrose, Apóstol, Millennial Star, Vol. 54, pag. 191)

 

“A nadie se le requiere que mansa y ciegamente se someta a un hombre simplemente porque tenga una porción del Sacerdocio. Hemos escuchado a poseedores del sacerdocio declarar que harían cualquier cosa que les dijesen aquellos que presiden sobre ellos aunque estuviese mal; pero tal tipo de obediencia es peor que una locura para nosotros; es una forma extrema de esclavitud, y el hombre que voluntariamente se degrada de tal modo no debería reclamar un lugar entre los seres inteligentes hasta que se aparte de su locura. Un hombre de Dios despreciaría esa idea. Otros, en un ejercicio excesivo de su autoridad han enseñado que dicha obediencia era necesaria, y que sin importar lo que sus autoridades presidentes pidiesen a los santos, deberían cumplirlo sin hacer ninguna pregunta. Cuando Elderes de Israel se permiten enseñar a la gente estas nociones de extrema obediencia, es generalmente porque en sus mentes han decidido hacer el mal ellos mismos y desean allanar el camino para cometerlo, o porque ya han hecho lo malo y desean usar su manto de autoridad para cubrirlo” (Charles W. Penrose, Millennial Star, Vol. 14 Nº 38, pags. 593-595)

 

“Es nuestra responsabilidad proclamar la verdad de que cada individuo es un hijo de Dios e importante a su vista; que tiene derecho a la libertad de pensamiento, libertad de expresión, libertad de reunión; que tiene el derecho de adorar a Dios de acuerdo a los dictados de su conciencia. En esta positiva declaración, damos a entender que las organizaciones o iglesias que privan al individuo de estos derechos inherentes no están en armonía con la voluntad de Dios ni con su palabra revelada”. (David O. McKay)

 

“Hay ya demasiada gente en el mundo deseosa de aceptar como verdad cualquier cosa que aparece impresa en un libro o es declarada desde un púlpito” (Hugh B. Brown, “A Final Testimony” tomado de An Abundant Life, 1999) 

Con el respaldo de estas afirmaciones, me permito plantear el segundo caso de estudio:

Finalizada la Primer Guerra Mundial, el Presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, se convirtió en un ferviente defensor de la Liga de las Naciones, creyendo que dicha Liga sería un potente instrumento para evitar la carnicería y sufrimiento que había prácticamente destruido  a una generación europea. El Presidente de la Iglesia, Heber J. Grant y la mayoría de las Autoridades Generales estaban de acuerdo. Lo expresaban en las Conferencias Generales, en las conferencias de Estaca, en los Barrios, donde quiera que fuera, abogando por que los Estados Unidos se uniesen a la Liga de las Naciones, pues, sin ese apoyo, dicha Liga fracasaría en su objetivo de lograr la paz mundial. Algunos Apóstoles fueron tan lejos como para predicar que Woodrow Wilson había sido levantado por el Señor con el propósito de establecer la Liga. No había dudas en la mente de nadie acerca de que la posición oficial de la Iglesia era a favor de la Liga de Naciones.

El Senador y Apostol Reed Smoot

El Senador y Apostol Reed Smoot

Pero en Washington, D.C., uno de los Senadores por el estado de Utah era Reed Smoot, él mismo un Apóstol de la Iglesia. Smoot formaba parte de un grupo de Senadores Republicanos que consideraban la unión a la Liga como una pérdida de soberanía norteamericana y que deberían colocarse tantas restricciones a su accionar que dejaría de ser efectiva como la policía internacional que se había propuesto.

Reed Smoot tenía una opinión directamente opuesta a la expresada por el Profeta de Dios y la mayoría del Quorum de los Doce. Sin embargo, no estaba solo: tenían su misma certeza los incondicionales David O. McKay, Joseph Fielding Smith, Charles W. Nibley y J. Reuben Clark, Jr. (aunque este último no había sido nombrado aún como Autoridad General).

Debería ser muy instructivo para todos nosotros ver como se comportaban estos leales Santos de los Ultimos Días cuando no estaban de acuerdo con el Profeta. Ambos grupos lo consideraban un asunto moral y citaban las escrituras tanto a favor como en contra.

Joseph Fielding Smith escribió una carta al Presidente Grant:

“Pareciera que no estoy en completa armonía con la mayoría de mis hermanos. Eso es un asunto preocupante para mí, pues no deseo esa falta de armonía. Mi único deseo es apoyar a mis hermanos en la defensa de la verdad y vivir de tal modo que pueda tener siempre el Espíritu de Dios. He orado sobre el particular y me he mantenido despierto pensando sobre ello, pero, cuanto más reflexiono, la posición que he tomado en contra de la Liga de las Naciones me parece la correcta. Bajo tales condiciones no se a quien dirigirme, salvo a usted, y lo hago con la esperanza y confianza de que no seré mal interpretado y que pueda usted comprender la posición en que me encuentro”

Cuando la ratificación del tratado sobre la Liga llegó al Senado, el Apóstol y Senador Reed Smoot votó directamente en contra del deseo expresado públicamente por el Profeta y la mayoría de los Apóstoles. Y, en parte, por causa de su voto, el proyecto no prosperó.

¿Qué ocurrió con los hermanos que estuvieron en desacuerdo con el Profeta? Algunos años más tarde Charles W. Nibley fue llamado como Segundo Consejero del Presidente Grant. J. Reuben Clark también llegó a formar parte de la Primera Presidencia. David O. McKay y Joseph Fielding Smith fueron ambos Presidentes de la Iglesia.  No fueron destruidos por un rayo desde los cielos. No fueron sancionados. Mantuvieron la hermandad con los restantes miembros del Quorum a pesar de sus diferencias.

El episodio debería servirnos para redescubrir que existe en la Iglesia una tradición histórica de tolerancia y amor crecido. No sólo es posible que fieles Santos de los Ultimos Días puedan estar en desacuerdo, sino que debería ser altamente probable que lo estén en algún momento. Aún con las Autoridades Generales y aún entre las Autoridades Generales.

Pertenecemos, o al menos yo lo creo así, a una iglesia inclusiva, no excluyente, flexible y dispuesta al cambio, no rígida e intolerante.

Sin embargo, 33 años después del vapuleado mensaje de los Maestros Visitantes, el mito reaparece con una nueva fórmula. En una charla para las jovencitas de la Iglesia, Elaine Cannon, Presidenta de esa organización, asegura: “Cuando el Profeta habla,… el debate se termina” (Ensign Noviembre 1978, pag. 108).

Al año siguiente, el Primer Consejero en la Primera Presidencia, Nathan E. Tanner, hará suyo el nuevo hallazgo en el mensaje “El Debate se Termina…” (The Debate is Over, Ensign Agosto 1979)

¿Nos pondremos algún día de acuerdo? ¿O el mito consiste en creer que estamos de acuerdo en todo?

El Presidente Heber J. Grant y Reed Smoot

El Presidente Heber J. Grant y Reed Smoot

“Cuando nuestros líderes hablan se acabó el momento de pensar…” Primera Parte

Mitos Mormones

“Cuando nuestros líderes hablan se acabó el momento de pensar…” Primera Parte

Caso de Estudio 1 (J.Raymond Cope – George A. Smith)

 

Por Mario R. Montani

Es este un mito que vuelve a reaparecer ocasionalmente en discursos y declaraciones de líderes y miembros de la Iglesia sin tener demasiado asidero doctrinal. La idea planteada es que una vez que las Autoridades han emitido su opinión sobre un asunto determinado, ya no hay más discusión sobre el tema, y cualquiera que ejerza su derecho a expresarse en disconformidad será visto como desobediente, liberal y sin dar el apoyo que los líderes requieren. Tal posición entra en directo conflicto con el principio del libre albedrío y con la obtención de un testimonio personal sobre temas específicos.

Para comprender el caso de estudio que propongo, deberé dar como referencia que J. Raymond Cope era un Ministro religioso Unitario graduado del Franklin College en 1927 y con un doctorado en filosofía obtenido en la Universidad Estatal de Ohio en 1936. Después de servir en Dayton, Ohio y Roslindale, Massachusetts, fue asignado a la First Unitarian Society de Salt Lake City, en 1942.

Los textos propuestos son: un mensaje para los maestros visitantes (programa previo al de Maestros Orientadores) aparecido en la Improvement Era en Junio de 1945, la respuesta del Reverendo Cope a ese mensaje en una carta al Presidente de la Iglesia, George A. Smith, y la réplica del Presidente Smith. Copias de las cartas cursadas se encuentran en la sección de Colecciones Especiales de la Biblioteca Marriott de la Universidad de Utah, en Salt Lake City así como en la Colección de J. Raymond Cope (bajo el nº 691) y en los George A. Smith Papers (manuscrito 36, Caja 63-8A), respectivamente.

Mensaje de los Maestros Visitantes, Junio 1945

“SOSTENIENDO A LAS AUTORIDADES GENERALES DE LA IGLESIA”

“Ningún Santo de los Ultimos Días es compelido a sostener a las Autoridades Generales de la Iglesia. Cuando se le da la oportunidad de votar las propuestas en cualquiera de las muchas conferencias que tienen lugar a lo largo de la Iglesia, puede indicar su voluntad de sostenerlos levantando su mano derecha: puede manifestar su oposición del mismo modo; o puede ignorar por completo la oportunidad. No hay elementos de fuerza o coerción en éste o ningún otro procedimiento en la Iglesia

De todos modos, hay un principio de honor involucrado en la elección del miembro. Cuando una persona eleva su mano para sostener a los líderes de la Iglesia como “profetas, videntes y reveladores”, equivale a hacer una promesa y convenio de seguir su guía y respetar su consejo como oráculos vivientes de Dios. Por tanto, cualquier acto o palabra subsiguiente que esté en desacuerdo con la voluntad del Señor tal como la enseñan los líderes de la Iglesia, coloca la sinceridad de esa persona bajo serias dudas. Uno difícilmente podrá reclamar absoluta integridad, si levanta su mano para sostener a las Autoridades de la Iglesia y luego actúa en oposición a su consejo.

Todo Santo de los Ultimos Días que denuncia o se opone, activamente o de otro modo, a cualquier plan o doctrina defendida por los “profetas, videntes y reveladores” de la Iglesia está cultivando el espíritu de apostasía. Uno no puede hablar mal de los ungidos del Señor y mantener el Espíritu Santo en su corazón.

Debe recordarse que Lucifer tiene un modo astuto de convencer a las almas desprevenidas de que las Autoridades Generales de la Iglesia pueden tanto estar en lo correcto como equivocarse. Este tipo de juego es el pasatiempo favorito de Satanás y lo ha practicado con las almas creyentes desde el tiempo de Adán. Alcanza una gran victoria cuando logra que los miembros de la Iglesia hablen contra sus líderes y “sigan sus propios pensamientos”. Se especializa en sugerir que nuestros líderes se encuentran en error mientras coloca enceguecedores rayos de apostasía sobre los ojos de aquellos a quienes convence de ese modo. ¡Qué astuto! Y pensar que algunos de nuestros miembros son engañados por su treta.

Las siguientes palabras del Profeta Joseph Smith deberían ser memorizadas por cada Santo de los Ultimos Días y repetidas con la frecuencia suficiente como para asegurar que nunca se olviden: ‘Os daré una de las llaves de los misterios del reino. Es un principio eterno que ha existido con Dios por todas las eternidades, que el hombre que se levanta para condenar a otro, criticando a los de la iglesia, diciendo que se han desviado, mientras que él es justo, sabed seguramente que ese  hombre va por el camino que conduce a la apostasía; y si no se arrepiente, vive Dios que apostatará.’ (Enseñanzas del Profeta José Smith, pag. 182)

“Cuando nuestros líderes hablan, se acabó el momento de pensar. Cuando proponen un plan – es el plan de Dios. Cuando señalan el camino, no hay otro seguro. Cuando nos dan una dirección, debería marcar el fin de la controversia. Dios no trabaja de otro modo. Pensar diferente, sin un inmediato arrepentimiento, puede costarle a uno la fe, destruir su testimonio, y hacerlo un extraño frente al reino de Dios.” (Improvement Era, Junio de 1945, pag. 354)

Carta del Reverendo J. Raymond Cope

First Unitarian Society
13th East  Sixth South Street
Salt Lake City 2, Utah
J. Raymond Cope, Ph.D., Ministro

Noviembre 16, 1945
Presidente George Albert Smith
Iglesia de Jesucristo de los S.U.D.
Oficina del Presidente,
Salt Lake City

Apreciado Presidente Smith:

Ha sido uno de los mayores privilegios de mi vida haber pasado los últimos cuatro años en Salt Lake City, y haber trabado relaciones personales con varios líderes de la Iglesia S.U.D. De ellos he aprendido muchísimo, y el espíritu de amistad que encuentro en nuestra relación ha sido una fuente de permanente deleite para mí. Es por motivo de haber hallado en usted y los otros líderes tanta caridad y simpatía que me he atrevido a escribirle esta carta.

Permítame primero asegurarle de mis buenas intenciones; que no existe el menor atisbo de hostilidad en mi actitud. Confío en que usted comprenda por qué le escribo, y que tenemos un interés común en el problema.

En junio pasado se me entregó un breve editorial religioso, preparado por alguno de sus líderes, titulado “Sosteniendo a las Autoridades Generales de la Iglesia”. El mensaje me sorprendió en gran manera, y con el paso de las semanas mi turbación se agudizó. Podría haberlo olvidado, si no fuese porque varios miembros de su Iglesia se han acercado para discutir el tema conmigo. El más reciente fue un prominente medico, quien, por causa de ese escrito, afirma, está perdiendo la fe en su religión. Se trata de un hombre corpulento, y quedé muy impresionado por su profunda sinceridad cuando se quebró y comenzó a llorar como un niño. Estoy convencido de que se encuentra atravesando una peligrosa experiencia.

Permítame citarle los pasajes que parecen ser los más cuestionados: “(Lucifer) Alcanza una gran victoria cuando logra que los miembros de la Iglesia hablen contra sus líderes y “sigan sus propios pensamientos”… “Cuando nuestros líderes hablan, se acabó el momento de pensar. Cuando proponen un plan – es el plan de Dios. Cuando señalan el camino, no hay otro seguro. Cuando nos dan una dirección, debería marcar el fin de la controversia”.

Ignoro quién ha sido el responsable de estas frases, pero ciertamente está provocando un gran daño a muchos que no tienen razón alguna para cuestionar la integridad de los líderes de la Iglesia. Muchos están sufriendo por esta causa. Mi respuesta a cada uno de los que se me han acercado ha sido: Por favor, no se preocupen, pues ésta no puede ser la posición de los verdaderos líderes. Y, por mi conocimiento de los tempranos escritos de vuestros líderes, debo asumir que esto no los representa.

Varios años atrás, cuando por vez primera tuve contacto con la Iglesia S.U.D., leí extensamente los textos, y hay muchos pasajes que podrían utilizarse para dar una mejor expresión de la visión y genialidad de vuestra fe. Cito sólo uno, aunque hay otros que le deben ser familiares.

De los Discursos de Brigham Young, seleccionados y corregidos por John A. Widtose, en el capítulo sobre “El Sacerdocio”:

“Mi mayor miedo es que este pueblo tenga tanta confianza en sus líderes que no pregunten por sí mismos a Dios si es que están siendo conducidos por El. Temo que establezcan un estado de ciega auto seguridad, confiando sus destinos eternos en las manos de sus líderes con una certeza imprudente que frustraría los propósitos de Dios para su salvación, y debilitarían la influencia que podrían dar a sus líderes si supiesen por sí mismos, mediante revelación de Jesús, que están siendo conducidos de manera correcta. Que cada hombre y mujer sepa, por los susurros personales del Espíritu de Dios, si sus líderes caminan en el sendero que dicta el Señor, o no” (Discourses of Brigham Young,sel. John A. Widtsoe [1941], 135).

Esta cita de Brigham Young es un pasaje maravilloso, y ha sido sobre la base de tal libertad que personas como yo hemos desarrollado un profundo sentimiento de cercanía con la Iglesia S.U.D. Está dentro de las más altas tradiciones de mi formación Unitaria el creer que los logros de mis colegas son un logro para todos nosotros. Es  motivo de pesar  cuando se descubre una roca interpuesta en el camino hacia una fe más profunda en cualquier alma.

Con la reafirmación de mis continuos buenos deseos y amistad.

Cordialmente suyo.

J. Raymond Cope

Carta del Presidente George Albert Smith

Iglesia de Jesucristo de los S.U.D.
Oficina del Presidente,
Salt Lake City, Utah
Diciembre 7, 1945

Dr. J. Raymond Cope
First Unitarian Society
13th East at 6th South Street
Salt Lake City, Utah

Querido Dr. Cope:

He leído con interés y profunda preocupación su carta del 16 de Noviembre, 1945, en la que usted realiza un especial comentario sobre “un breve editorial religioso preparado por alguno de sus líderes titulado ‘Sosteniendo a las Autoridades Generales de la Iglesia’”. Usted menciona haber leído el mensaje con sorpresa, y que, desde entonces ha estado preocupado por sus efectos sobre los miembros de la Iglesia.

Me resulta grato el espíritu de amistad que trasunta su carta, y le agradezco por haber tomado el tiempo para escribirme.

El folleto al que se refiere, y del cual cita en su carta, no fue “preparado” por “alguno de nuestros líderes”. Sin embargo, uno o más de ellos permitieron que las frases pasaran sin censurarse. Por esto, no pocos miembros de la Iglesia se han sentido lastimados en sus sentimientos,  y las Autoridades Generales se han visto avergonzadas.

Me complace asegurarle que su actitud es correcta al mencionar que el pasaje citado no expresa la verdadera posición de la Iglesia.  La sola implicación de que los miembros de la Iglesia no pueden tener pensamientos propios es dar una representación groseramente equivocada del verdadero ideal de la Iglesia, que es que cada individuo debe obtener por sí mismo un testimonio de la veracidad del Evangelio y, mediante la redención de Jesucristo, labrar su propia salvación, y es personalmente responsable frente a su Hacedor por sus actos individuales. El Señor mismo no intenta la menor coerción en sus esfuerzos y deseos de traer paz y salvación a sus hijos. Otorga los principios de vida y verdadero progreso, pero permite que cada persona elija o rechace libremente sus enseñanzas. Este plan es el que las Autoridades de la Iglesia intentan seguir.

El Profeta Joseph  Smith dijo: “Deseo libertad de pensamiento y de creer como me place”. Esta libertad él y sus sucesores en el liderismo de la Iglesia la han garantizado a cada miembro de la misma.

En cierta ocasión, respondiendo a la pregunta de un prominente visitante sobre cómo lograba gobernar a su gente, el Profeta contestó: “Yo les enseño principios correctos y ellos se gobiernan a sí mismos”.

Nuevamente, como se encuentra registrado en History of the Church (Volumen 5, pags. 498/99) Joseph Smith también dijo: “Si considerara que los hombres están en error, ¿me les echaré encima para derribarlos? No. Los elevaré, y en sus propios modos, si no puedo persuadirlos de que mis modos son mejores; y no intentaré compeler a nadie a creer en lo que yo creo, únicamente utilizando la fuerza del razonamiento, pues la verdad encontrará su propio camino”.

Cito estas pocas frases, entre muchas que podrían darse, meramente para confirmar su buena y correcta opinión de que la Iglesia otorga a cada persona su libre albedrío, y lo amonesta siempre a utilizar su razón y buen juicio con los que Dios lo ha bendecido.

En defensa de este principio los líderes de la Iglesia no sólo se unen a las congregaciones al cantarlo, sino que frecuentemente citan lo siguiente:

“Sabed que cada alma es libre

De escoger lo que será

Pues la verdad eterna existe:

Dios al cielo a nadie forzará.”

Nuevamente le agradezco por su manifiesta amistad y sus expresos deseos de cooperar en cualquier forma que ayude a establecer la buena voluntad y armonía entre las personas con las que conjuntamente trabajamos para traer hermandad y tolerancia.

Sinceramente suyo,
Geo. Albert Smith

 

Breves consideraciones provisorias: Quisiera hacer especial énfasis en la aceptación por parte del Presidente de la Iglesia de que el concepto debió haber sido censurado, de que no representa la verdadera posición de la Iglesia, de que “no pocos miembros de la Iglesia se han sentido lastimados en sus sentimientos,  y las Autoridades Generales se han visto avergonzadas” por ello.

Lo menciono porque, como veremos, el mito reaparece algunas décadas más tarde y las Autoridades no parecen “avergonzarse”, ya que ellas mismas lo proclaman.

También en notable que los miembros se hayan acercado a líderes religiosos de otras denominaciones teniendo disponibles a sus propios Obispos. Intuyo que una buena proporción de ellos hubiese tratado de convencerlos de que el mito era verdad…

Continuará…

ELECCION PREMORTAL DE ESPOSOS

MITOS MORMONES

 

Existe un “alma gemela” para cada uno, con la que hizo convenio en la vida premortal de ser su esposo/esposa  

Por Mario R. Montani

 

Ya Platón en El Banquete (alrededor de 400 A.C.) nos hablaba de los andróginos, que fueron partidos en mitades como castigo de Zeus por haber intentado penetrar al Olimpo,  mito que explicaba por qué hombres y mujeres se buscan intentando encontrar y completar su otra mitad.

Por muchas generaciones el mito ha circulado entre los miembros de la Iglesia con diversas y a veces imaginativas variantes, particularmente utilizadas en época de cortejo o de celebración de bodas. Quizás la más común sea la argumentada por el pretendiente masculino más o menos en estos términos: “Si quieres puedes preguntarle al Señor, pero yo ya obtuve mi respuesta y sé que eres la elegida y que en la preexistencia hicimos convenio de encontrarnos y ser esposos”. Tan sólo imaginemos las consecuencias que algunas de esas presentaciones pueden haber producido en las mentes de jovencitas que han sido entrenadas para casarse temprano y ser sumisas frente a la autoridad del sacerdocio.

Pero, para ser justos, deberíamos separar el gran mito en dos mitos menores. El primero, la noción de que existe una sola persona designada para ser nuestra compañera/o.

Antes de que alguien comience a enojarse conmigo, traeré la palabra autorizada del Presidente Spencer W. Kimball:

“Las ‘almas gemelas’ son una ficción y una ilusión; y aunque cada joven varón y jovencita buscarán con toda diligencia y oración para encontrar un compañero con quien la vida sea lo más compatible y hermosa posible, también es cierto que casi cualquier buen hombre y cualquier buena mujer pueden tener felicidad y un matrimonio exitoso si ambos están dispuestos a pagar el precio”. Spencer W. Kimball, Marriage and Divorce (Salt Lake City: Deseret Book, 1976), p. 16.

 

El segundo de los mitos, la elección premortal de esposos, tiene una larga tradición que se remonta a los orígenes de la Iglesia. Varias de las esposas plurales de Joseph Smith, Jr. escribieron en su correspondencia personal haber escuchado ese argumento de boca del propio Profeta. No tenemos cómo corroborar la veracidad de sus dichos y, por supuesto, la idea no tiene fundamento doctrinal. El sólo concepto de la poligamia echa por tierra cualquier elucubración sobre “única alma gemela” salvo que dicha unicidad rija para las mujeres pero no para los hombres.

Respecto a un principio general o aplicación universal, la Primera presidencia declaró, en 1971 que “no tenemos ninguna palabra revelada que nos aclare que cuando nos encontrábamos en el estado preexistente, elegimos a nuestros padres y cónyuges”

(Carta a Joe J. Christensen, Comisionado de Educación para Seminarios e Institutos, 14 de Julio de 1971)

“Es posible que en algunos casos sea cierto; pero requeriría mucha imaginación creer que es así en todos, o aún en la mayoría de los casos”

(Joseph Fielding Smith – The Way to Perfection, Sociedad Genealógica, pag. 44)

 

“Con respecto a uno de estos casos específicos, algunos miembros de la Iglesia gustan citar un artículo escrito en 1857 por el elder John Taylor, en el cual sugiere que, por lo menos en un caso, sintió que se había efectuado un convenio premortal (‘The Mormon’- 29 de agosto de 1857)

Pero la respuesta que hemos recibido de las Autoridades Generales, es que ‘no se ha revelado nada’ en cuanto a este asunto. Y en este, así como en muchos asuntos similares, los líderes de la Iglesia nos han aconsejado evitar enseñar doctrina que no esté claramente definida en las Escrituras o por los profetas actuales (Elder Harold B. Lee. Discurso pronunciado ante el personal de Seminarios e Institutos, 8 de Julio 1966, pags. 6-7) Este es un buen consejo, aun para los miembros que han recibido una revelación personal respecto al tema. Ciertamente la ruta más segura para cualquiera de nosotros, es que establezcamos una relación basada en méritos propios, en vez de hacerlo sobre cualquier convenio premortal que “suponemos”se haya efectuado”

Steve F. Guillilan Director del Instituto de Religión, Cambridge, Massachusetts.Liahona JUNIO 1978.

 

Algunos musicales mormones, como “Saturday’s Warior”, incorporaron en su desarrollo este elemento folklórico, mostrando, por un lado, cuán impregnado estaba el esquema en la sociedad santo de los últimos días y, por otro, ayudando a diseminarlo aún más. Sin duda, el teatro musical, aunque sea de altísima calidad, no es la manera que el Señor dispuso para establecer doctrina…

De modo que, hermanos y hermanas, aunque suena muy lindo y romántico, no debemos creer en ese mito y, mucho menos, enseñarlo…

LOS PERIODOS DE LA CREACION FUERON DE 1000 AÑOS CADA UNO

Mitos Mormones

 

Los periodos de la Creación fueron de 1000 años cada uno

por Mario R. Montani

Creo que la mayoría de nosotros ha escuchado deslizar la frase que da título al presente texto en algún discurso, clase o conversación. Mi calificación de tal expresión como mito no radica en que alguien pueda creer en ella, sino en que pueda creer y/o transmitir que esa es la doctrina de la Iglesia con respecto al tema.

Para fundamentar mi posición me referiré al Manual del Alumno del Curso del Antiguo Testamento del  Sistema Educativo de la Iglesia, Tomo I, pag. 8-9:

“Aunque sabemos que el capítulo primero de Génesis no describe el comienzo de todas las cosas, ni el comienzo de la humanidad, sino que describe solamente el principio de esta tierra, no se puede decir con seguridad cuándo ocurrió ese comienzo. En otras palabras, las Escrituras no dan suficiente información para calcular la edad de la tierra. Por lo general, los que aceptan las Escrituras como verdaderas se adhieren a una de las tres teorías básicas que tratan de determinar la edad del mundo. Todas estas teorías se basan en las diferentes interpretaciones de la palabra día, como se usa en el relato de la Creación. La primera teoría dice que la palabra día quiere decir lo mismo que en la actualidad y, por lo tanto, comprende 24 horas. De acuerdo con esta teoría, la tierra fue creada en una semana, o sea, en 168 horas. Por lo tanto, la tierra tendría ahora aproximadamente seis mil años. (Muchos eruditos están de acuerdo con que transcurrieron aproximadamente cuatro mil años entre la creación de Adán y el nacimiento de Jesucristo; y desde el nacimiento de Jesucristo a la época actual han pasado casi dos mil años.) Muy pocas personas, tanto miembros de la Iglesia como de otras religiones, aceptan esta teoría, puesto que hay muchas pruebas de que se llevó acabo en un período más largo.

La segunda teoría dice que Abraham recibió revelaciones por medio del Urim y Tumim de que una revolución de Kólob, el astro que se encuentra más cerca de Dios, es equivalente a mil años de los de la tierra (véase Abraham 3:2-4). En otras palabras, podemos decir que un día del Señor equivale a mil años en la tierra; otros pasajes de escritura también apoyan esta teoría (véase Salmos 90:4; 2 Pedro 3:8; Facsímil número 2 del Libro de Abraham). Si la palabra día en Génesis fue usada en este sentido, entonces la tierra tendría aproximadamente trece mil años (7 días de mil años cada uno para la Creación, más casi seis mil años desde la caída de Adán). Algunos dicen que la sección 77, versículo 12, de Doctrina y Convenios apoya esta teoría.

La tercera teoría dice que la palabra día, en hebreo, puede referirse también a un período indeterminado, a una era. La palabra día, del hebreo, tal como aparece en el relato de la Creación, se ha traducido tanto como día, en el sentido literal, como también se ha traducido por un período más largo de tiempo. En Génesis 40:4 se tradujo como días. En Jueces 11:4, una forma de la palabra se tradujo como “andando el tiempo”. Abraham dice que los Dioses llamaron días a los períodos de la Creación (véase Abraham 4:5, 8, 13, 19, 23, 31). Si Moisés usó la palabra día con ese último significado, entonces el conflicto aparente que existe entre las Escrituras y las evidencias que presentan los científicos que le dan millones de años a la tierra dejaría de existir.

Aunque es interesante estudiar estas teorías acerca de la edad de la tierra, la Iglesia no ha aceptado ninguna de ellas… Por lo tanto, aunque a los mormones se nos manda aprender de muchas fuentes (DyC 88:77-79), no se justifica que nadie quiera establecer una teoría en particular como la teoría oficial de la Iglesia.”

La Enciclopedia del Mormonismo, uno de cuyos objetivos fue ampliar y corregir conceptos aparecidos en Mormon Doctrine, de Bruce McConkie, además de contar con el sello oficial de la Iglesia (cosa que Mormon Doctrine jamás poseyó), tiene un importante artículo sobre la Creación en el que se declara:

“Sobre la base de los pasajes de Abraham, que claramente excluyen la posibilidad de los días terrenales de veinticuatro horas como los “días” o “tiempos” de la creación, algunos comentaristas Santos de los Ultimos Días han argumentado a favor de períodos de mil años como los “tiempos” de la creación así como el “tiempo” asignado a Adán como vida terrenal después de la caída; otros han abogado por indefinidos períodos de tiempo, tan largos como para completar la tarea requerida… Las escrituras no dicen cuán antigua es la tierra, y la Iglesia no ha tomado posición oficial sobre el asunto. Tampoco considera la Iglesia que sea un tema central para la salvación”.

He indicado con negrita en esos textos algunos párrafos que me parecieron relevantes. El motivo por el que la teoría de los 1000 años fue mayormente aceptada entre los miembros es por su coherencia interna con varios pasajes de las escrituras pero, más que eso, porque muchos líderes del pasado, incluyendo algunos que llegaron a ser Presidentes de la Iglesia, parecieron favorecerla. Entre los “algunos comentaristas” no podemos evitar mencionar a Joseph Fielding Smith, cuyas obras recibieron una difusión que no les fue otorgada a las de otros de sus compañeros en el apostolado y que opinaban completamente distinto que él (John A. Widtsoe, James Talmage). Las verdades del evangelio son eternas y constantes. Las opiniones y los comentarios sobre esas verdades serán siempre provisorios y anclados en la época y los prejuicios del momento en que son emitidas.

Sin embargo, buscando hacia atrás, no es difícil encontrar citas de Autoridades que parecen apoyar períodos creativos muy amplios.

Tan temprano como en 1844 William Phelps escribió en Times and Season, Nauvoo, vol. 5, pag. 758, 25 de Diciembre 1844, que el texto del Libro de Abraham (del cual se tradujo sólo una porción, y que en su mayor parte no sobrevivió al incendio de Chicago de 1871) indicaba que “este sistema” tenía 2.55 billones de años de antigüedad. (Citado por el profesor de BYU Steven Jones en su ensayo “How old is the earth?”)

Brigham Young:

“No me sorprende que la incredulidad prevalezca con gran extensión entre los habitantes de la tierra, ya que los maestros de religión de la gente proponen como verdades muchas ideas y nociones que están en oposición y contradicen los hechos demostrados por la ciencia, y que son generalmente comprendidos. Tomemos, por ejemplo, a nuestros geólogos, quienes nos dicen que esta tierra ha existido por miles y millones de años. Ellos piensan, y tienen buenas razones para su creencia, que sus investigaciones los habilitan para demostrar que esta tierra ha existido por tanto tiempo como lo aseguran… En esos aspectos diferimos del mundo Cristiano, pues nuestra religión no colisionará o contradecirá los hechos de la ciencia en ningún asunto. Si tomamos a la geología, es una ciencia verdadera; no es que yo diga que todas las conclusiones y deducciones de sus profesores sean verdad, pero sus principios conductores sí lo son; son hechos – son eternos; y asegurar que el Señor hizo la tierra de la nada es absurdo e imposible…

John A. Widtsoe, Discourses of Brigham Young (Salt Lake City: Deseret Book, 1978, pp. 258-259)

O David O. McKay dirigiéndose a los estudiantes de la Universidad de Brigham Young:

“ Tengo el tiempo ahora para comentar sobre la oportunidad de que BYU enseñe estas verdades fundamentales. Esta idea fue expresada por el Dr. Sidney B. Sperry en su oración de apertura, que aquí en esta institución, destinada a transformarse en la más grande del mundo, se dan las oportunidades para guiar a los estudiantes en la más alta calidad de vida, esta guía, este ancla, esta cuerda que conduce a las profundidades del bosque. Cualquiera sea el tema tratado, los principios del evangelio de Jesucristo pueden elaborarse sin temor de ninguna objeción, y el profesor puede sentirse en libertad de expresar sus honestas convicciones con respecto a él, ya sea sobre geología, la historia del mundo, los millones de años que llevó preparar el mundo físico, ya sea en ingeniería, literatura, arte… (Discurso en la Universidad de BY, el 30 de Octubre de 1956).

Y finalmente, un extraordinario discurso pronunciado por Bruce R. McConkie con el título de “Cristo y la Creación”, aparecido en la Liahona de Septiembre de 1983, pags. 23 a 34

“Nuestro conocimiento de la Creación es limitado. No sabemos el cómo, por qué y cuándo de todas las cosas. Nuestras limitaciones son tales que no podríamos comprenderlas si se nos revelaran en toda su gloria, plenitud y perfección… “El día en que el Señor venga, él revelará todas las cosas”, nos instruye la revelación moderna, “cosas que han pasado y cosas ocultas que ningún hombre conoció; cosas de la tierra, mediante las cuales fue hecha, y su propósito y estado final.” (D. y C. 101: 32-33.)…
Con toda certeza los elementos son eternos, y crear es organizar. A medida que la obra progresa, vemos el cumplimiento de lo que Dios le dijo a Moisés en los Diez Mandamientos: “En seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día” (Éxodo 20:11)…
Pero, primeramente, ¿qué es un día? Es un período específico; es una época, una serie de épocas, una división de la eternidad. Es el período entre dos acontecimientos que pueden identificarse. Y cada día, sea cual fuere su duración, consiste del tiempo necesario para sus propósitos. Una manera de medir el tiempo es aquel que un cuerpo celeste requiere para girar completamente sobre su eje. Por ejemplo, Abraham dice que “conforme a la manera del Señor”, un día consiste de “mil años”. Esto es “una revolución . . . de Kólob”, dice él, y está de acuerdo con la “manera de contar” del Señor (Abraham 3:4.)
No existe declaración revelada que especifique que cada uno de los “seis días” de los que se habla en la Creación fuesen de la misma duración. Las tres narraciones con las que contamos son la mosaica, la abrahámica y la que se presenta en los templos. Cada una de éstas tiene como origen al profeta José Smith. Las narrativas mosaica y abrahámica sitúan los acontecimientos creativos en los mismos días sucesivos. La narración del templo, por razones que han de ser obvias a los que están familiarizados con sus enseñanzas, tiene una división distinta de los acontecimientos. Parece claro que los “seis días” se refieren a un período continuo y que no hay lugar alguno donde deban obligadamente colocarse líneas divisorias entre los acontecimientos sucesivos…
Somos sinceros al admitir que nuestro conocimiento de la creación del universo, de esta tierra, del hombre, y de todas las cosas vivientes, es muy escaso —tal vez hasta podamos decir minúsculo— en comparación con todo lo que tenemos que aprender. Pero el Señor nos ha revelado tanto del misterio de la creación como es necesario tener en nuestro estado de probación.”

Resumiendo: la Iglesia no tiene ni ha tenido una doctrina o posición oficial con respecto a la duración de los períodos creativos. En los comienzos de la Iglesia, es posible que por “contagio” del consenso protestante generalizado, muchos miembros hayan pensado en un día de 24 horas (que presenta la incongruencia inicial de cómo se midieron los primeros tres días, ya que ni el sol ni la luna habían sido aún creados). Hoy solamente aceptan esa posibilidad algunos fundamentalistas protestantes y muy pocos judíos ortodoxos. Hacia fines del siglo XIX y hasta mediados del XX el consenso entre los miembros parecía apuntar a la segunda teoría, la de los 1000 años, por los motivos antes mencionados.

En la actualidad, un número creciente de Santos de los Ultimos Días se inclina a creer  en períodos creativos muy extensos, no necesariamente iguales y que coinciden con los más recientes descubrimientos científicos.

MRM/2011/11

 

NACIMIENTO DE JESUCRISTO EL 6 DE ABRIL

DOCTRINA

      Mitos Mormones

Nacimiento de Jesucristo el 6 de Abril

Por Mario R. Montani

Querida amiga: Redondeando un poco el tema que conversábamos, te acerco alguna información más exacta.

Las especulaciones y divergencias con respecto a la fecha del nacimiento del Salvador comenzaron tan temprano como en el segundo siglo de nuestra era. Si bien existe constancia de que para el año 354 se celebraba la Natividad el 25 de Diciembre en Roma, no ocurría lo mismo en otras partes del imperio, cuyos conversos cristianos acusaban a los romanos de haber adoptado una fecha pagana para la celebración. Clemente de Alejandría menciona muchas de las otras alternativas: algunos alegaban que había ocurrido en el año 28 de Augusto, en el día 25 del mes egipcio de Pachon (equivalente a nuestro 20 de mayo), otros lo señalaban el 24 o 25 de Pharmuthi (19 o 20 de abril). Clemente mismo creía que había ocurrido el 17 de Noviembre del año 3 AC. Policarpo (antes del 160 DC) por motivos simbólicos consideraba que había sido un Domingo. Si bien por causas climáticas y prácticas es muy poco probable que el nacimiento real haya tenido lugar en Diciembre del hemisferio norte, ninguna fecha precisa surge de los textos evangélicos.

Muchos miembros de la Iglesia mormona (y recalcaré esa frase: muchos miembros de la Iglesia, porque muchos otros no) creen que el nacimiento se produjo el 6 de abril. ¿Por qué creen eso? Porque en 1893, B.H. Roberts, por entonces un integrante del Primer Concejo de los Setenta, así como prolífico investigador y escritor, lo señaló en una de sus obras. La conclusión provenía de su lectura de Doctrina y Convenios 20:1

“El origen de la Iglesia de Cristo en estos últimos días, habiendo transcurrido mil ochocientos treinta años desde la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en la carne; habiendo sido debidamente organizada y establecida de acuerdo con las leyes del país, por la voluntad y el mandamiento de Dios, en el cuarto mes y el sexto día del mes que es llamado abril”.

Esta lectura textual o más bien literal implicaría que Cristo nació el 6 de Abril del año 1 A.C. (ya que no existe el año 0).

Más de 20 años después, la idea se popularizó y perpetuó con la publicación de Jesús, el Cristo, obra de James Talmage. Debo comentar que las obras de Roberts o Talmage no son válidas para el establecimiento de doctrina, pero sí gozaron de popularidad y amplio uso entre los miembros.

“Nosotros creemos que el 6 de abril es el cumpleaños de Jesucristo, de conformidad con lo indicado en la revelación ya citada de la dispensación actual, en la que claramente se fija ese día como el cumplimiento de mil ochocientos treinta años desde el advenimiento del Señor en la carne. Admitimos que nuestra aceptación se base sobre la fe en las revelaciones modernas, y de ninguna manera se presenta como el resultado de una investigación o análisis cronológicos. Nosotros creemos que Jesucristo nació en Belén de Judea, el 6 de abril del año 1 antes de J.C.” (Jesús el Cristo, James Talmage, 1915, pag. 109)

En las notas al final del capítulo 8, donde aparece tal declaración, el Elder Talmage reconoce y detalla las amplias divergencias que existían entre los estudiosos de su época sobre el tema.

A partir de esta obra, muchos miembros y Autoridades Generales han creído en esa posibilidad. Harold B. Lee fue uno de ellos y así lo expresó en algunos de sus discursos. Pero muchos otros miembros y Autoridades Generales no creen que esa sea una lectura correcta del pasaje de DyC y simplemente no lo declaran.

El tema no es tan sencillo como para decir que esa es una fecha falsa. Abril es un buen candidato para el mes de nacimiento y en ello coinciden no sólo investigadores mormones sino también de afuera de la Iglesia. Así que advierto que la fecha es plausible. El año es otro problema.

El tema aquí es si DyC dice lo que algunos quieren hacerle decir y si eso lo transforma en doctrina.

Mi opinión de que eso no es así se basa en los siguientes elementos:

1)     Ni en la introducción ni en el sumario de la sección 20 de la DyC se menciona esa información como algo que la revelación incluya. Al no haber otra fuente para cotejar, creo que sería de rigor que el lector fuese advertido sobre ese particular contenido.

2)   No hay escritos ni fuentes de segunda mano que mencionen que Joseph Smith haya sustentado, sugerido o considerado esa posibilidad. Siempre se sumó a los festejos de la Navidad, el 25 de Diciembre, en compañía del resto de los Santos y jamás, en esas ocasiones, señaló alguna divergencia con las revelaciones recibidas.

3)   Las primeras versiones sobre el 6 de abril surgen más de 50 años después de la publicación de DyC y como resultado de la interpretación de un versículo.

4)    Era una práctica común en el siglo XIX datar los documentos con la mención específica al Salvador sin que ello implicase una aceptación absoluta de todos los calendarios que existieron desde la época romana, con todas sus diferencias y ajustes. Era un recurso retórico que apuntaba a la importancia del documento, particularmente si era de carácter religioso. La misma costumbre existía en nuestras latitudes.

5)  Orson Pratt, íntimamente ligado a José Smith, en Journal of Discourses 15: 261, siguiendo su propio razonamiento, propone el Martes 11 de abril como el primer día de la verdadera era cristiana. Su propuesta parece difícil de aceptar si ya había un consenso entre los santos sobre el particular.

6)   Así como algunos han apoyado esa posibilidad, hay otros que no, y lo han venido haciendo enfáticamente al menos por los últimos 50 años.

“Al decir que la iglesia fue organizada en el año 1830, no queremos significar que el calendario que se reconoce comúnmente ha sido divinamente inspirado … Todo lo que esta revelación quiere significar es que la Iglesia se organizó en el año que se acepta comúnmente como 1830 D. de J.C.” Hyrum M Smith Doctrine and Covenants Commentary

“Aun no se puede presentar ninguna fecha como la verdadera fecha de nacimiento del Salvador”. J. Reuben Clark, Jr (Consejero de la Primera Presidencia) “Our Lord of the Gospels”

“No consideramos que sea posible, teniendo en cuenta el estado actual de nuestro conocimiento – incluyendo el de personas que no son miembros de la Iglesia -, precisar con exactitud cuál fue el día en que nació el Señor Jesús”. Bruce R. McConkie, The Mortal Messiah Tomo I pag.349 nota 2

7)      En The Encyclopedia of Mormonism, una obra en varios tomos que se ha confeccionado bajo la dirección de las Autoridades Generales para cubrir las necesidades académicas en universidades y centros de investigación, el autor mormón John Franklin Hall, seleccionado tanto por sus cualidades de miembro como de prestigioso académico, menciona los comentarios del Elder McConkie señalando que son “probably the most definitive word on the question” (Hall 1:62) (probablemente la más definitiva palabra sobre el asunto)

8)     El año 1 AC como parte de la fecha está seriamente cuestionado. Brown, Griggs y Hansen tres investigadores mormones (dos de ellos profesores de escritura antigua y el otro de astronomía y física) han demostrado fuera de toda duda que el año de la muerte de Herodes fue el 4 AC y que el año del censo fue el 6 AC. En esto coinciden la mayoría de investigadores no miembros.

9)      En muchos de los blogs y sitios de internet de miembros de la Iglesia con los que estoy en contacto (entre ellos el de Michael R. Ash, excelente) el tema aparece como Mormon Myths.

Esperando que la información te sea útil, a mí me ha ayudado su organización para tenerla a mano pensando en futuras consultas. Un cariño