Sobre las correcciones de la memoria

HISTORIA

Sobre las correcciones de la memoria

(Funciones homeostáticas en la construcción de la historia doctrinal mormona)

Por Mario R. Montani

Joseph F. Smith, hijo de Hyrum y padre de Joseph Fielding, narró la siguiente historia en diversas ocasiones. La presente versión está tomada de un discurso de 1915:

“Mi propia tía, la esposa de Don Carlos Smith, fue echada de su casa, una pequeña cabaña de troncos, todo lo que poseían por entonces, con tres niñas pequeñas, una bebé en sus brazos, otra de su mano y otra mayor tomada de su pollera, a medianoche en el mes de Noviembre, con el aire helado y la tierra cubierta de escarcha, sin tiempo para colocarse sus ropas; y dejó sus huellas ensangrentadas sobre el suelo helado de Missouri. Huyó de lo poco que tenía a la luz de las llamas que devoraban su pequeña cabaña…” (Joseph F. Smith, discurso en el Barrio Once. En “Boyhood Recollections”, pags. 54-55)

Los recuerdos de Joseph F. Smith son eficaces para reconstruir las persecuciones que sobrellevaban los santos, pero no siempre son históricamente fidedignos. El sabía que su tía, Agnes Moulton Coolbrith, había tenido tres hijas, pero la última de ellas, de hecho, la poetisa Ina Coolbrith (a quien hemos dedicado un artículo completo en este blog, Ina Coolbrith, nuestra poetisa laureada y olvidada) no nacería hasta años después de los hechos que relata sobre esa trágica noche. El pasado está afectado por su presente como niño. Había conocido a esas tres primas, de modo que las colocó en la escena que describía aunque en la realidad sólo había dos de ellas. No hay aquí el menor deseo de engaño sino la aparición de un mecanismo de “memoria selectiva” que intenta ajustar el pasado con el presente conocido. Los mormones tenemos una larga trayectoria en este tipo de uso amnésico de la historia.

Un término tomado originalmente de la biología, homeostasis, del griego homos (similar) y stasis (estado o estabilidad), refleja la capacidad de los organismos de mantener una condición interna estable compensando los cambios en su entorno mediante diferentes mecanismos. Otras ciencias, como la sociología, han adoptado el concepto para referirlo a los individuos, las sociedades y las instituciones. El esquema es particularmente productivo al referirse a las religiones, y, por lo tanto, al mormonismo. Walter Ong proporciona algunos ejemplos interesantes de cómo funciona la homeostasis:

“Las sociedades orales viven intensamente un presente que guarda el equilibrio u homeóstasis desprendiéndose de los recuerdos que ya no tienen pertinencia actual”. (Walter J. Ong, “Oralidad y Escritura, Tecnologías de la Palabra”, Fondo de Cultura Económica, Bs. Aires, 1997, pag. 52)

Walter J. Ong

Walter J. Ong

“Goody y Watt relatan un caso impresionante de “amnesia estructural” entre los gonja en Ghana. Los registros escritos hechos por los ingleses a principios del siglo XX muestran que la tradición oral gonja presentaba entonces a Ndewura Jakpa, fundador del estado de Gonja, como padre de siete hijos, cada uno de los cuales era soberano de una de las siete divisiones territoriales del estado. Para cuando los mitos del estado fueron reunidos otra vez, sesenta años más tarde, dos de las siete divisiones habían desaparecido, una por asimilación a otra y la segunda en virtud de cambio de frontera. En estos mitos posteriores, Ndewura Jakpa tenía cinco hijos, y no se hacía mención de las dos divisiones suprimidas. Los gonja aún estaban en contacto con su pasado, eran tenaces en cuanto a esta relación en sus mitos, pero la parte del pasado con ninguna pertinencia manifiestamente perceptible con el presente había simplemente desaparecido”. (Walter J. Ong, idem anterior, pag. 53-54)

 “En años recientes se ha notado que, entre el pueblo tiv de Nigeria, las genealogías utilizadas en forma oral para resolver pleitos judiciales difieren considerablemente de las genealogías registradas por escrito en forma minuciosa por los ingleses cuarenta años antes (debido a la importancia que entonces tenían también en los pleitos judiciales). Los tiv posteriores señalaron que utilizan las mismas genealogías como cuarenta años antes, y que el registro anterior escrito estaba equivocado. Lo que sucedió fue que las genealogías posteriores habían sido ajustadas a las nuevas relaciones sociales entre los tiv: eran iguales en cuanto seguían funcionando de igual manera para regular el mundo real. La integridad del pasado estaba subordinada a la del presente”. (Walter J. Ong, idem anterior, pag. 53)

A pesar de no pertenecer a una sociedad puramente oral, la cultura mormona ha tomado el mismo atajo homeostático: se ha ido ajustando al presente. El movimiento restaurado por Joseph Smith, Jr, surgió en un entorno literalizado, con cierto grado de educación y, además, con el mandato de llevar registros. Esos registros han sido utilizados básicamente para validar el presente de la religión, nunca para contradecirlo o presentar opciones alternativas.

Los historiadores, por otro lado, tienen un gran respeto por el pasado, ya que es su fuente básica de investigación:

“Con todo lo envuelto en el olvido, el historiador debe componer nuevamente, en cada época, el epitafio de la vida del Hombre. Sólo el pasado es verdaderamente real… Las vidas de los vivos son fragmentarias, inciertas y cambiantes; las de los muertos, completas, libres del yugo del Tiempo, todopoderoso señor del mundo. Sus éxitos y fracasos, esperanzas y temores, alegrías y penas se han convertido en eternos.  Pesares enterrados en la tumba, tragedias de las que sólo queda un recuerdo lejano, amores inmortalizados por la santa imposición de manos de la Muerte: todos tienen un poder, una tranquilidad mágica, intocable, a la que nada presente puede alcanzar” (Bertrand Russell, Ensayos Filosóficos, Ediciones Altaya S.A., Barcelona, 1993, pag. 95)

Bertrand Russell

Bertrand Russell

El psicólogo Dan P. McAdams denomina “mitos personales” a las historias que contamos sobre nosotros mismos con las que “reacomodamos el pasado de modo que parezca que ha dado nacimiento a nuestro presente” (Dan P. McAdams, The Stories We Live By: Personal Myths and the Making of the Self, New York, Guilford, 1993, pag. 102)

Debemos tomar nota de que la palabra “mito” en este contexto no sugiere necesariamente una mentira o una falsedad deliberada sino más bien “una ideología en forma narrativa”. “El mito naturaliza y legitima las ideolgías” (Bruce Lincoln, Theorizing Myth: Narrative, Ideology, and Scholarship, Chicago, University of Chicago Press, 1999, pag. 147)

El término anamnesis (del griego “recuerdo”) significa recolección, reminiscencia o rememoración, y en general apunta a traer al presente los recuerdos del pasado, recuperar la información registrada en épocas pretéritas.

“La principal función de la anamnesis en comunidades religiosas es recordar los eventos fundacionales que permitieron la formación de la cadena de memorias y/o afirmar el poder grupal de persistir a través de las vicisitudes que hayan enfrentado o que enfrentarán como amenazas”. (Daniele Hervieu-Léger, Religion as a Chain of Memory, New Brunswick, Rutgers University Press, 2000, pag. 125)

Daniele Hervieu-Legere

Daniele Hervieu-Legere

“Un recuerdo es siempre una visión desde dentro de un grupo mientras que la historia observa a los grupos desde afuera” (Geoffrey Cubitt, History and Memory (Manchester, Reino Unido, Manchester University Press, 2007, pag. 44)

No es de extrañar, entonces, que la relación entre autoridades eclesiásticas e historiadores haya sido ocasionalmente un poco tumultuosa. Las primeros han intentado validar siempre una ideología, los segundos, rescatar las verdades del pasado (“El conocimiento de las cosas como fueron…”)

Tomemos algunos casos ejemplares. Todos sabemos, o deberíamos saber, que la Palabra de Sabiduría fue en sus comienzos un consejo sobre normas de salud y recién más adelante pasó a ser un requerimiento de observancia obligatoria (“No por mandamiento o restricción…” reza la Sección 89). Hasta 1870 los miembros podían mascar tabaco en el Tabernáculo. Brigham Young lo hacía y también poseía un bar en el que los viajeros no miembros podían comprar alcohol. En 1901 pasó a ser un requisito aunque con mucha tolerancia para quienes estaban habituados al consumo de ciertas sustancias y para 1921 recién se estableció como necesario para bautizarse, asistir al Templo y ocupar cargos en la Iglesia.

History of the Church (HC) a veces llamada Documentary History of the Church (DHC) es una obra en 7 tomos encargada por la Primera Presidencia en 1902 y que recolectó los escritos de Joseph Smith y sus allegados. Si bien jamás fue aprobada como “Historia Oficial” de la Iglesia, ha sido por más de un siglo la obra de consulta obligada para la investigación. En ella podemos encontrar las siguientes reminiscencias del Profeta:

“Entonces compartimos algunos refrigerios y nuestros corazones se alegraron con el fruto de la vid” (Enero de 1836, HC, Vol. 2, pag. 369)

“Miercoles 3- Convocado a la oficina, bebí un vaso de vino con la hermana Jenetta Richards…” (Mayo de 1843, HC, Vol. 5, pag. 380)

“Me fue reportado que algunos de los hermanos habían estado bebiendo whisky ese día, violando la Palabra de Sabiduría. Llamé a los hermanos e investigué el caso, quedando satisfecho de que nada malo había ocurrido, y les entregué un par de dólares, con el consejo de que rellenaran la botella para que los estimulara en las fatigas de su viaje sin descanso” (Millennial Star, Vol. 21, pag. 283)

Cuando este último párrafo del Millennial Star se incorporó a la History of the Church lo hizo parcialmente. Finalizaba con “Llamé a los hermanos e investigué el caso, quedando satisfecho de que nada malo había ocurrido” (HC, Vol. 5, pag. 450) La “amnesia” había comenzado. Las Autoridades intentaban instalar la obligatoriedad de la observancia…

En horas previas al martirio:

“El guardia envió inmediatamente por una botella de vino, pipas y dos pequeños atados de tabaco, y uno de los guardias los trajo a la prisión… El Dr. Richards destapó la botella, y presentó un vaso a Joseph, quien lo probó, así como el hermano Taylor”. (HC, Vol. 6, pag. 616)

Todo parece indicar que Joseph no era extremadamente dogmático con respecto a la observancia en muchos aspectos. Pero como esos relatos no coinciden con nuestra actual aplicación de la Palabra de Sabiduría, es mejor hacerlos desaparecer… homeostasis, recuerdos que se olvidan por no ser pertinentes en la actualidad. La verdad histórica es bastante más sencilla: ningún miembro de la Iglesia tuvo la obligación estricta de observancia de la Sección 89 hasta 60 años después de los hechos relatados. No es tan difícil de explicar, sin necesidad de mentir u ocultar evidencia…

Mecanismos de la Memoria

Karim Nader, neurocientífico de la Universidad McGill ha descubierto que los recuerdos no son muy confiables, porque los vamos modificando permanentemente.

Dr. Karim Nader

Dr. Karim Nader

La generación de un nuevo recuerdo requiere el ajuste entre las conexiones de las neuronas. Cada nuevo recuerdo realiza algunos cambios en la forma en que se comunican las neuronas del cerebro, a través de la sinapsis. Para construir recuerdos que duren años las neuronas deben crear nuevas proteínas. Nader descubrió que, a diferencia de lo que se pensaba anteriormente, los recuerdos nunca están consolidados para siempre. Cuando un recuerdo vuelve a la memoria es como empezar todo el proceso desde el principio, creando nuevas proteínas. Es común que al contar un recuerdo se mezcle con el presente, o con historias contadas por otras personas sobre el mismo hecho. Muchos de estos cambios tienen que ver con las experiencias vividas, con lo que nos ha ocurrido desde entonces y que va modificando nuestra percepción de los hechos. (Tal vez el desfasaje de tiempo en el relato inicial de Joseph F. Smith podría comprenderse mejor mediante este mecanismo)

Por tanto, los recuerdos registrados por escrito cerca de la fecha de los acontecimientos tienden a ser más fidedignos que los que se registran mucho tiempo después. Cada vez que los traemos a la memoria, algo se pierde y algo se agrega a esos recuerdos, sin que tengamos demasiada conciencia de ello.

El relato más antiguo que conocemos de la Primera Visión fue escrito en 1832 de puño y letra de Joseph. Extrañamente, allí sólo menciona la aparición del Señor y no la del Padre. Ese texto recién se publicó en 1965 y atrajo la atención de los investigadores ya que, por ser el más antiguo, debería ser el más fiel. En 1834 Oliver Cowdery, cercano al Profeta, mencionó la aparición de un ángel diciendo que sus pecados eran perdonados y que no debería unirse a ninguna iglesia. En otra versión de 1835 Joseph menciona a dos personajes no identificados y varios ángeles. Recién en 1838 escribió la historia que hoy, canonizada y con algunas variaciones, aparece en La Perla de Gran Precio.

Muchos historiadores se han preguntado si ha habido una evolución del relato, si el Profeta lo mantuvo en secreto por varios años para evitar una mayor persecución o si los mecanismos de reconstrucción de la memoria fueron agregando elementos adquiridos posteriormente como parte de la Restauración.

Por supuesto que cuando hablamos de memorias colectivas o institucionales, los mecanismos no son los mismos que los de las memorias individuales, aunque pueden verse influidos por ellas. En este ámbito pasan a ser importantes las decisiones políticas, las circunstancias históricas, las relaciones con el entorno y los cambios ideológicos. Los recuerdos se tornan selectivos con fines determinados. El presente identifica los temas del pasado que pueden traerse a la memoria.

Como la poligamia no se practica en el presente, ya no hablamos sobre ella. Recordamos sí que la destrucción de la imprenta donde se publicaba el “Nauvoo Expositor” por disturbios al orden públicos fue un motivo que llevó a Joseph Smith a la cárcel y a su muerte. Pero fallamos en recordar que el único número publicado del “Expositor” se refería a los matrimonios polígamos y poliándricos que se estaban llevando a cabo en la ciudad y de los cuales la mayoría de los miembros no tenían noticias.

Recordamos amargamente la Orden de Exterminio del Gobernador Boggs (orden ciertamente infame en su instrumentación y aplicación) pero decidimos olvidar que los santos del momento enseñaban que el comienzo del milenio era inminente y que el Señor les daría el Estado de Missouri como heredad. Olvidamos mencionar también que, poco tiempo antes de la expulsión, Sidney Rigdon, integrante de la Primera Presidencia, había afirmado en una oración pública en Far West:

“Ponemos a Dios y los santos ángeles como testigos este día, de que advertimos a todos los hombres en nombre de Jesucristo, que jamás vuelvan a venir contra nosotros. Pues, a partir de esta hora, no lo toleraremos más, nuestros derechos no serán pisoteados con impunidad. El hombre, o grupo de hombres, que lo intente, lo hará a expensas de sus vidas. Y al populacho que venga a causar disturbios advertimos que será entre nosotros y ellos una guerra de exterminio; pues los perseguiremos hasta que la última gota de su sangre se derrame, o ellos tendrán que exterminarnos: pues llevaremos la guerra hasta sus casas, y sus propias familias, pues un grupo o el otro será totalmente destruido. Recuérdenlo, por tanto, todos los hombres” (Oration, Sidney Rigdon, 4 Julio 1838, Journal Office, Far West, Caldwell County, Missouri)

Aceptamos las modernas disculpas de las autoridades estatales por las atrocidades cometidas, pero ¿no tendríamos alguna para ofrecer por haber echado combustible al fuego de una inestable situación política y social con milenarismo inminente y promesas de venganza?

Sí. Hemos sido muy selectivos con nuestros olvidos. Y siempre tuvieron que ver con el presente. Recién después de 1978 comenzamos a saber que Joseph Smith había ordenado afroamericanos al sacerdocio. Pero los registros estuvieron siempre allí. Simplemente no deseábamos mirar lo que no coincidía con la actualidad reinante.

De la modificación de los recuerdos con fines positivos.

Aquellos que tienen mi edad recordarán los discursos de Paul H. Dunn. Era una persona amable y con una gran habilidad para dar mensajes entretenidos. Dunn fue llamado como Autoridad General en 1964 e integró la Presidencia del Primer Quorum de Setentas entre 1976 y 1980. Durante ese período escribió alrededor de 50 libros y se expresó públicamente en infinidad de ocasiones. Muchos de sus relatos estaban extraídos de sus experiencias personales. En la década de 1980, algunos periodistas e investigadores comenzaron a rastrear el origen de esas historias y descubrieron que muchas de ellas no habían ocurrido nunca o estaban ampliamente modificadas. Entre ellas, que Paul había jugado en las ligas mayores de baseball con los St. Louis Cardinals. Que era el único de los 6 sobrevivientes de su unidad de combate de 1000 hombres en la Segunda Guerra Mundial que no había sido herido. Que había sido el único infante de marina sobreviviente de 11 que debieron correr 100 yardas bajo fuego de metralla enemigo con balas que le fueron sacando la bota derecha, su cinturón con cantimplora y su casco. Que su mejor amigo había muerto en sus brazos en la batalla de Okinawa.

Elder Paul H. Dunn

Elder Paul H. Dunn

Cuando se lo enfrentó con la evidencia, Dunn reconoció que muchas de las historias no eran verdaderas pero que las había modificado para que fueran más interesantes y pudiesen enseñar principios del Evangelio. Intentó compararlas a las parábolas de Jesús, que sin ser verdaderas transmitían una enseñanza. El punto era insostenible ya que Jesús nunca pretendió que sus historias hubiesen ocurrido. “Simplemente puse a la historia en paquetes mejores”, fue su defensa.

Paul H. Dunn recibió el estatus de Autoridad Emérita en 1989, con sólo 65 años y con alguna dura penitencia nunca clarificada. En 1991 expresó sus disculpas en una carta a todos los miembros de la Iglesia por sus errores y en 1998 fallecía a los 73 años.

De todos modos la pregunta a hacernos es: ¿Fue el Elder Dunn un caso aislado y excepcional presionado por su fama de elocuente expositor de ideas o era el emergente de la creencia de que el pasado puede modificarse siempre que nuestras intenciones sean promover la fe?

Cada uno deberá responder esa pregunta…

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Todo está casi muy bien en Sión…

HISTORIA

Todo está casi muy bien en Sión…

Algunas reflexiones sobre el artículo José el Vidente, aparecido en la revista Liahona de Octubre 2015

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Por Mario R. Montani

Los siguientes apuntes tienen que ver con el artículo de investigación firmado por Richard E. Turley, Jr, Robin S. Jensen y Mark Ashurst-McGee bajo el título José el Vidente y el subtítulo de ‘El registro histórico aclara la manera en que José Smith cumplió su función de vidente y tradujo el Libro de Mormón’ en la Liahona de Octubre 2015, páginas 11 a 17 y replicado en todas las revistas internacionales de la Iglesia. Aclaremos que los hermanos Turley, Jensen y Ashurst-McGee, además de sus credenciales como historiadores, desarrollan su tarea en el Departamento de Historia de la Iglesia, es decir, son empleados de la Iglesia, es decir, son la Iglesia.

El ‘muy bien’…

  • La aceptación de que Joseph Smith creía en la existencia y utilizaba ‘piedras videntes’ para hallar objetos extraviados y ocultos. Con una explicación razonable y bien elaborada en la que se suman la cultura de los inmigrantes y el fomento de esa cultura por parte de Joseph Smith, padre y Lucy Mack Smith, hay un asentimiento a tales prácticas que hasta ahora sólo aparecía en escritos anti-mormones. El artículo en cuestión no se expide sobre si esas prácticas eran correctas o incorrectas sino que acepta su existencia y el hecho de que eran comunes en esa sociedad.
  • La aceptación del uso de la piedra de vidente en la traducción del Libro de Mormón y el método utilizado para hacerlo: “De hecho, las evidencias históricas demuestran que, además de las dos piedras videntes conocidas como ‘intérpretes’, José Smith utilizó por lo menos otra piedra al traducir el Libro de Mormón, la cual colocaba a menudo dentro de un sombrero a fin de bloquear la luz. Según personas allegadas a José, eso lo hacía con el fin de ver mejor las palabras que estaban en la piedra” (ver pag. 13 y 14)
  • La aceptación de que los nombres Urim y Tumim jamás se mencionaron en la Iglesia hasta tres años después de que el Libro de Mormón había sido impreso.
  • La publicación de una foto actual (tomada por los autores del artículo) de la piedra de vidente en poder de la Iglesia, y la muy interesante historia de cómo pasó de Joseph a Oliver, a su esposa Ann Whitmer (hermana de David) a Phineas Young, a su hermano Brigham y la donación final por parte de una de las viudas de éste último, Zina D. H. Young, así como el reconocimiento de que Emma Smith conservó al menos otras dos piedras similares.

Todas estas son muy buenas noticias. Significa que la Iglesia está dispuesta a dar pasos concretos en abrir archivos y reconocer situaciones que prefería no reconocer hasta hace muy poco. Significa también que ha escuchado las demandas de catedráticos y miembros con relación a este asunto (Cuatro años atrás abordamos el tema en la sección Historia con “Testigo de los tiempos, luz de la verdad…”). Personalmente, me alegro muchísimo por la decisión tomada y confío en que sea el inicio de otras decisiones similares que aguardan…

El ‘casi’

A nuestra Institución le cuesta bastante pedir disculpas y reconocer que algo pudo haberse hecho mal. Cuando finalmente lo logra, es de un modo tan sutil que hay que leer entre líneas para darse cuenta.

  • En una página anexa al artículo se presentan pinturas que con el paso de los años se han realizado sobre la traducción del Libro de Mormón. Corresponden a Simon Dewey, Del Parson, Earl Jones y Robert T. Barret. En el texto introductorio de esa página, que no parece escrito por los mismos autores del trabajo principal, puede leerse: “A lo largo de los años, artistas han intentado representar la traducción del Libro de Mormón mostrando a quienes participaron en ella en distintos lugares y poses, con diferentes objetos. Las interpretaciones artísticas se basan en el punto de vista, la investigación y la imaginación de los artistas, y a veces se han hecho con la ayuda de la opinión y guía de otras personas (pag. 17). Las pinturas en cuestión muestran a Joseph leyendo directamente de las planchas (cosa que parece no haber ocurrido) o dictando a sus escribas desde ellas (cosa que tampoco ocurrió) o detrás de una manta extendida para que el escriba no viera las planchas (cosa que tampoco ocurrió), o leyendo con los intérpretes (que, si ocurrió, fue excepcional). El texto debajo de la pintura con la manta reza: “Aunque en la mayoría de las narraciones del proceso de traducción no se menciona ninguna manta, aparentemente en un principio se utilizó una a fin de impedir que el escriba viera las planchas, los anteojos o el pectoral. Más adelante, en la tarea de traducción, es probable que se haya utilizado una manta para ocultar al traductor y al escriba a fin de impedir que otras personas curiosas observaran…”. Resumiendo: en las fuentes históricas no hay mención de la manta, pero ¿aparentemente? y ¿es probable? que haya estado???
  • Que se haga responsables a los artistas de la falta de veracidad histórica de sus trabajos parece un exceso. Como si todos no supiésemos que antes de que una imagen llegue a una publicación de la Iglesia pasa por un cuidadoso “colador” que incluye los equipos editoriales, artísticos y el propio Comité de Correlación. Cuando menciona que dichos artistas han recibido la opinión y guía de otras personas omite decir que esas personas eran integrantes de organismos que hubiesen bloqueado cualquier intento por publicar una imagen de Joseph Smith sumergido en su sombrero leyendo la piedra de vidente. El hecho de que aún no tengamos una imagen de ese tipo entre las muchas que se utilizan en los salones de clase muestra que los controles existen y que la culpa no es de los pintores. En el comentario debajo de la obra de Del Parson se concede: Testigos del proceso afirmaron que durante la traducción las planchas no se podían ver y se cubrían entre otras cosas, con una tela. Lo que no dice es que esos mismos testigos afirmaron que José no miraba en absoluto las planchas durante el proceso de traducción ya que sus ojos estaban puestos en la piedra de vidente dentro de su sombrero. La tela en cuestión fue provista por Emma para envolver las planchas sobre una mesa.
  • Ahora se acepta que los “intérpretes” eran una forma de “piedra de vidente” y que ambos eran intercambiables. Diez años atrás esa sugerencia sólo se hubiera encontrado en trabajos de investigadores independientes.
  • El artículo culmina con una advertencia de no concentrarnos demasiado en la forma en que el libro salió a la luz y más en su contenido. Desde mi punto de vista la advertencia es innecesaria. Es obvio que lo importante está dentro del Libro. Si no deseamos que los miembros se interesen en la forma en que salió a luz, pues no debería haberse publicado el artículo en cuestión. Desde hace 23 años la Universidad de Brigham Young edita el Journal of Book of Mormon Studies, una publicación de alto nivel en la que invita a participar a catedráticos mormones y no mormones a analizar este tomo de escrituras desde los ángulos más insospechados: su historia, su surgimiento, su relación con las artes y ciencias, sus enseñanzas doctrinales, etc. Supongo que dejará de publicarlo si no quiere que tengamos acceso a la forma real en que el Libro salió a la luz. ¿O tendremos dos discursos: uno para los miembros y otro para los investigadores profesionales?
  • Con respecto a la excusa siempre presente de que no deseamos alterar la fe del miembro común que ya se ha adaptado a la historia oficial, aunque ésta no sea todo lo fidedigna que pudiera desearse, tengo el siguiente razonamiento. Según entiendo la doctrina, la fe puede ejercerse únicamente sobre aquellos principios que son verdaderos. Si para no alterar la fe de alguien debo disminuir el contenido de verdad de los hechos a su alcance ¿estoy aumentando o disminuyendo su fe?
  • Finalmente, el artículo posee un rico volumen de notas al pie con referencias a los Documentos de José Smith (Joseph Smith Papers) y otros textos. Pero, seamos sinceros. ¿Cuántos de los miembros que reciben la Liahona leen las notas al pie? ¿Cuántos de ese ya reducido grupo irá a leer los Joseph Smith Papers que, por ahora, sólo se encuentran en inglés? ¿No hubiese sido más enriquecedor transcribir directamente los contenidos de ese trabajo tan importante que recibir una edulcorada, reducida y parcializada versión del mismo?

Por  lo tanto, sí, todo está mejor en Sión de lo que estaba antes del artículo. Podría estar mejor aún. Pero quizás soy muy impaciente… los procesos llevan su tiempo…

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Insospechadas consecuencias geopolíticas del viaje de Brigham Young a Fort Limhi (1857)

HISTORIA

Insospechadas consecuencias geopolíticas del viaje de Brigahm Young a Fort Limhi (1857)

 Por Mario R. Montani

Todos sabemos que, con posterioridad al Exodo, los miembros de la Iglesia, bajo la dirección de Brigham Young, iniciaron una tremenda tarea de colonización en la actual Utah y regiones cercanas, pero también en otras bastante alejadas. Tal fue el caso de Fort Limhi (Fuerte Limhi)

“Cuando un hombres es señalado para cumplir una misión, a menos que tenga una razón honorable y justa para no ir, si no lo hace, será cortado de esta iglesia”, declaró enfáticamente, y dejando pocas opciones, Heber C. Kimball, el domingo 24 de Febrero de 1855 en el viejo Tabernáculo. Con ese prefacio, comenzó a leer los nombres de quienes la Primera Presidencia llamaba a cumplir misiones.

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El 18 de Mayo de 1855 veintisiete hombres dejaron el valle de Lago Salado con la instrucción de dirigirse a lo que sería conocido como la Misión de Salmon River. El grupo estaba bajo el liderazgo de Thomas S. Smith mientras que George Washington Hill actuaba como intérprete del lenguaje de los Shoshone que habitaban la región. La zona a la que se dirigían pertenecía por aquel entonces al Territorio de Oregon, aunque hoy se halla próxima a Tendoy, Idaho, y se encontraba a más de 600 Km de la cabecera de la Iglesia.

El paso Lemhi

El paso Lemhi

El 27 de Mayo llegaron al lugar y establecieron una residencia permanente para la nueva Misión el 15 de Junio. Debido a que el viaje les había llevado exactamente 22 días, la misma duración que la expedición organizada por el Rey Limhi en el Libro de Mormón, los misioneros decidieron denominarlo Fort Limhi, aunque luego de ser abandonado por los mormones, el sitio pasó a ser conocido como Lemhi, aún hasta hoy.

La comunidad, en su máximo esplendor, llegó a tener unos 200 habitantes. Introdujeron la cría de ganado y el cultivo por irrigación en la región y construyeron diques que todavía se utilizan.

El sitio donde estuvo enclavado Fort Limhi

El sitio donde estuvo enclavado Fort Limhi

Los historiadores han estado siempre intrigados por un viaje de cinco semanas realizado por el Presidente Brigham Young a la colonia, al comienzo de la primavera de 1857. Era su primera ausencia del Territorio de Utah desde 1848 y la última antes de su muerte, en 1877. Brigham había estado virtualmente postrado desde la muerte de su Consejero, Jedediah M. Grant, en Diciembre de 1856.

Más extraño aún es que el Gobernador Young decidiera ausentarse en medio de la denominada Reforma Mormona (un movimiento ortodoxo promovido por la Presidencia y algunos Apóstoles que requirió masivos arrepentimientos y re bautismos como preparación para la inmediata venida del Salvador, un aumento en los matrimonios plurales y la preparación militar para resistir cambios desde el exterior) y la creciente tensión política con el gobierno central de los EEUU.

Si bien desde Enero de 1857 Young hablaba con sus allegados sobre el viaje, recién el 24 de Abril partió desde Salt Lake City hacia Oregón. A los familiares explicó que se trataba de un recorrido para mejorar su salud, lo que parece un poco dudoso ya que dirigirse hacia el norte, a una región inexplorada, inhóspita y con muy bajas temperaturas, no era lo que un médico hubiese recomendado.

Otras dudas las plantean el tamaño y la conformación de esa expedición. La comitiva incluyó 142 personas que viajaron en 28 carruajes más 26 carretas. Estaban allí la Primera Presidencia de la Iglesia completa y todos los Apóstoles residentes en Utah en ese momento, menos uno, seis generales de la Legión de Nauvoo, así como otros oficiales, los jefes de las tribus Pahvant Ute y Wasatch del Norte y varios líderes de la Iglesia de diversas colonias mormonas. También veintidós damas (incluidas algunas esposas de Young) y cinco niños. En otro de los grupos viajaban dos topógrafos que realizaron un cuidadoso mapeo de la región para ser utilizado por futuros emigrantes.

Brigham jamás notificó a su jefe inmediato, el Secretario de Estado en Washington, Lewis Cass, de sus movimientos. Tampoco al Gobernador George Curry, del Territorio de Oregon, ya que atravesaría su área, ni al Superintendente de Asuntos Indígenas.

Por esa época no existía el cargo de Vice Gobernador. La línea de autoridad gubernamental seguía con el Secretario Territorial, pero el puesto había quedado vacante luego de la muerte de Almon W. Babitt a manos de comanches, en 1856. De modo que Young nombró interinamente, durante su ausencia, a William H. Hooper, un comerciante de su confianza, sin la menor autorización ni conocimiento del gobierno federal.

Monumento conmemorativo

Monumento conmemorativo

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¿Por qué realizó Brigham Young un viaje de más de 1.300 Kms, con poca salud, en una época no ideal para esas regiones y con semejante acompañamiento oficial y eclesiástico?

El premiado investigador David L. Bigler, un especialista en la historia de Fort Limhi, cree que no tuvo nada que ver con una vacación relajante, sino que Brigham Young estaba analizando posibles vías de escape para una migración masiva de mormones fuera de Utah en caso de que se agudizaran las hostilidades con el gobierno central. Las opciones eran ciertos valles de Montana o quizás llegar hasta la costa del Pacífico.

Muchos indios se acercaron al Fuerte a conocer al Gran Jefe de los Mormones. El Presidente Young quedó admirado por el orden y la limpieza del lugar, pero extrañado de que hubiesen viajado tan al norte. Pensaba que la región de Fort Hall (actual Blackfoot, Idaho) hubiese sido mejor opción. Todo el campamento fue convocado a una reunión en la que, después del tradicional himno y oración, los integrantes de la Primera Presidencia dirigieron la palabra. Heber C. Kimball predicó a los misioneros sobre la necesidad de convertirse en uno con los indígenas de la zona mediante el matrimonio con sus mujeres. “Vayan ahora y tomen a sus hijas como esposas”, les ordenó. Nueve de los colonos partieron para hacer sus propuestas a jóvenes indias, pero fueron rechazados. Con el paso del tiempo, tres lograron casarse con mujeres Shoshone (Thomas Day, Richard B. Margetts y Ezra J. Bernard son aquellos de los que hay registro)

“En cuanto a casarse con mujeres indias sólo puedo decir que si ése es el único modo de atraerlos hacia lo que el Señor quiere de ellos, me temo que el asunto se prolongará en el tiempo, por el hecho de que los nativos no están interesados en el tema y muy pocos muchachos mormones en el lugar quieren desarrollar esa parte de su religión”, escribiría Charles F. Middleton, uno de los colonos, en su diario personal.

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El historiador John D. Nash ha demostrado de manera concluyente que, durante la visita, Brigham Young cambió el propósito de la Misión Limhi de convertir a los indios para transformarla en una colonia permanente para los Santos de los Ultimos Días, prometiendo el envío de más colonos y materiales. También estableció un segundo sitio para otro fuerte. (Daughters of Utah Pioneers, The Salmon River Mission, pag. 142).

Lo cierto es que para cuando Brigham Young regresó a Salt Lake City, el 26 de Mayo de 1857, los destinos de Utah estaban ya definidos.

Implicaciones del viaje en la política nacional…

Durante su ausencia, el Presidente de los EEUU, James Buchanan, había decidido removerlo de su asiento gubernamental, y dos días después del retorno, ya se había creado la Expedición a Utah del Ejército Norteamericano para acompañar al nuevo Gobernador e instaurar el orden en el alejado Territorio, dando comienzo a la denominada Guerra de Utah.

Algunos historiadores opinan que el cargo político del Presidente Young nunca fue muy formal y, que, por lo tanto, no estaba obligado a cumplir con tantos requisitos, pero lo cierto es que, algún tiempo después, el Congreso aprobó leyes que exigían autorización especial para que los Gobernadores territoriales pudieran moverse de sus jurisdicciones.

Dos años más tarde, en Junio de 1859, Brigham Young solicitó al Dr. John M. Bernhisel, delegado territorial en el Congreso, que le escribiera un memorándum detallando las conversaciones que había mantenido con el Presidente Buchanan en  años recientes. En una de esas reuniones en la Casa Blanca, Buchanan continuaba presionando a Bernhisel para que le explicara los lugares y los motivos que Young había tenido para realizar el misterioso viaje.

De modo que, sí, el viaje a Fort Limhi fue un motivo importante para la toma de decisiones a nivel nacional…

Fotografía de los restos de Fort Lehmi, alrededor de 1900. Es decir 40 años después de ser abandonado.

Fotografía de los restos de Fort Lehmi, alrededor de 1900. Es decir 40 años después de ser abandonado.

La inminente guerra de Utah también fue el origen indirecto de la desaparición de la colonia en Oregon.

En su avance, el ejército se estacionó en Camp Scott, cerca de las ruinas del Fuerte Bridger, que los mormones habían quemado para que no cayese en manos de las fuerzas enemigas. Allí, el General Albert Sidney Johnston envió a Benjamin Ficklin a comprar ganado para abastecer a sus tropas (Ficklin era el representante de Russell, Majors & Wadell, la firma privada que abastecía al Ejército). La idea era comprarlo a los montañeses de Montana, para lo cual llevaron varias mulas cargadas de whisky y otros bienes de cambio.

Uno de los montañeses, de nombre John Powell, cuya esposa era Shoshone, parece haber influenciado a los indios para robar el ganado de la colonia mormona. Es posible que al propio Ejército le interesase destruir la colonia y evitar esa posible vía de escape para los santos de Utah.

El mismo día que Thomas L. Kane llegaba a Salt Lake City con una propuesta de paz, una banda de 200 Bannoks y Shoshones del Norte atacaron Fort Limhi, matando a tres de los misioneros e hiriendo a otros cinco y llevándose varios centenares de cabezas de ganado y caballos.

Además del motivo antes expuesto de suministrar alimento al ejército, es posible que los propios colonos, por su falta de conocimiento de las rivalidades tribales, hubiesen cometido varios errores. Por una parte, mientras el propósito de la colonia era la predicación, los indios no tuvieron objeción, pero, cuando fue obvio que habría una radicación permanente y creciente en su zona de caza y pesca, las cosas cambiaron.

Por otro lado, en su intento de llevarse bien con todas las etnias, los misioneros habían permitido a los “nez-percé” (llamados originalmente así por los franceses de la región debido a su nariz perforada) realizar un baile guerrero dentro de la fortaleza, lo que fue tomado como signo de agresión por los Bannocks y otros grupos Shoshone.

La acción dio por tierra también con la posibilidad de que los indios fuesen un aliado estratégico para echar a las fuerzas federales del territorio. La conformación de ese “hacha de guerra del Señor” (como algunos llegaron a denominarla) había sido una motivación secundaria en la conversión de los pueblos indígenas.

El nombre Limhi (aunque con la grafía Lemhi) quedó en la región aplicado a un río, a un paso en las montañas, a un grupo específico de Shoshones y, con el transcurrir del tiempo, a un Condado.

… y en política internacional.

Los EEUU de la segunda mitad del siglo XIX eran un país convulsionado. Acababa de ganar una guerra con México que le permitía aumentar su superficie y sus nuevos límites parecían amenazar las posesiones de potencias europeas que aún quedaban en América, particularmente Rusia y Gran Bretaña. Los espías extranjeros (como en la serie televisiva de Jim West) permanentemente enviaban información a sus centrales sobre las posibilidades de comerciar, vender armamentos o crear divisiones internas.

El rumor de un posible éxodo mormón hacia el norte se extendió desde California a toda la costa noroeste del Pacífico. Ante el temor de que las posesiones rusas (Alaska) fueran invadidas por el grupo, el Zar Alejandro II autorizó las negociaciones con el gobierno estadounidense para venderle sus colonias.

Zar Alejandro II

Zar Alejandro II

Otros elementos a tener en cuenta por los rusos, según los historiadores, eran el modo en que la Unión se había quedado con buena parte de México y la cercanía de los británicos, con los que ya se habían enfrentado en la guerra de Crimea. Antes que perder sus posesiones sin ningún tipo de retribución, era mejor negociar.

Pareciera que el viaje a Fort Limhi no fuese, por sí sólo, el motivo de la venta de Alaska. No obstante, el 5 de Marzo de 1858, Brigham Young escribió dos notas, una al delegado territorial en el Congreso, la otra al Presidente de la Misión en Inglaterra. En ambas colocó la siguiente frase: “Continuamos teniendo nuestros ojos puestos en las posesiones rusas”.

Reina Victoria de Inglaterra

Reina Victoria de Inglaterra

Las preocupaciones británicas sobre la defensa de la Isla de Vancouver, un destino posible mencionado por los mormones, hicieron que la Reina Victoria quitara la administración de esa zona a la Hudson’s Bay Company y creara la colonia de la corona de British Columbia (Columbia Británica) en Junio de 1858. Cuánto conocía la Reina sobre los mormones y sus intenciones no es muy claro. Si nos guiáramos por algunas divertidas anotaciones en su diario personal de veinte años atrás… no era demasiada…

Jueves 1 Noviembre de 1838

“…Hablamos sobre la visita de Murray a Oxford, de su temor acerca de una nueva secta, que ha surgido en América, llamados Mormonitas, sobre los cuales envió a Lord M un panfleto; son seguidores de un Idiota, según dijo Lord M; Mormon significa Idiota en griego, declaró; y ya existen unos 7000 adeptos de este Idiota, y, Murray dijo a Lord M, han llegado a Liverpool, con la intención de predicar su doctrina en Lancashire. Este Idiota, continuó Lord M, tuvo una Revelación, según se dice de un Angel, quien deseaba que levantara una inmensa piedra; el Idiota replicó que no podía, porque requeriría la fuerza de varios hombre para hacerlo; el Angel contestó que no tenía fe, luego de lo cual el Idiota intentó, y la Piedra se levantó con gran facilidad, y debajo de ella encontraron el libro de su religión. “Todas estas sectas tienden a obtener dinero de la gente”, dijo Lord M, “el primer Artículo de su religión es la Comunidad de Bienes, y el segundo es que no hay matrimonio, de modo que puedan tener todas las mujeres que les plazca; estas nuevas sectas siempre tienden a estas dos cosas”. Es como los San Simonianos, continuó Lord M, Hume hizo una interesante observación en su Historia, en los comienzos de aquellos tiempos turbulentos del reinado de Carlos I, cuando era motivo de fanatismos y la gente hablaba sobre la venida del Milenio. Hume decía que no era sólo gente simple y tonta la que seguía estas absurdas doctrinas, sino las de buen sentido y pensamientos profundos, lo cual es verdad.”

(En las referencias, Lord M pareciera ser Lord Melbourne y el viajero que trae las noticias, Charles Augustus Murray, un inglés que había pasado varios años viajando por Norteamérica. La palabra griega MOROS significa tonto, estúpido. Es posible que Lord M haya mezclado los nombres de MORMON y MORONI, que seguramente aparecían en el folleto, y sacado sus propias conclusiones erróneas).

Independientemente de todos estos movimientos internacionales que pueden no haber sido la consecuencia directa del viaje de Brigham Young (pero sí lo tuvieron en cuenta), y, en las mismas fechas, Salt Lake City recibía la visita de dos delegados sudamericanos que propusieron al Presidente Young el traslado de los santos a las costas de Nicaragua. Mientas tanto, Walter Murray Gibson, intentaba convencer al Presidente Buchanan sobre un refugio en cierta isla de las Indias Orientales Holandesas para los mormones…

Aún tenemos mucho que aprender sobre esa convulsionada época.

Bibliografia

William G. Hartley, Dangerous Outpost: Thomas Corless and the Fort Limhi/Salmon River Mission. William G. Hartley es Profesor Asociado de Historia e Investigador Histórico del Instituto Joseph Fielding Smith en BYU.

David L. Bigler, Fort Limhi: The Mormon Adventure in Oregon Territory, 1855-1858. Volume 6 of Kingdom in the West: The Mormons and the American Frontier. Ver Journal of Mormon History Vol. 33 Nº 1 (primavera de 2007) pags. 262-265

William P. MacKinnon, Road Trip: The Strange Travels of Mark Sanford and Brigham Young, Dialogue 43 Nº 3, pags. 1-6.

También los interesantes comentarios surgidos de la publicación del último de los artículos en el blog histórico Keepapitchinin (http://www.keepapitchinin.org/2009/06/25/long-gone-the-mystery-of-gubernatorial-absences-in-south-carolina-and-utah/)

El desaparecido oficio de Patriarca Presidente de la Iglesia

Historia

El desaparecido oficio de Patriarca Presidente de la Iglesia

(Un hueco en nuestra historia)

Por Mario R. Montani

Durante mi infancia y juventud la figura del Patriarca Presidente de la Iglesia era conspicua y todos sabíamos de quién se trataba. Su nombre era Eldred G. Smith y aparecía en el cuadro de las Autoridades Generales que se actualizaba en cada Conferencia General en un solitario pero importante lugar que nos provocaba simpatía y cariño. Al no tener estacas organizadas en nuestra región por esa época, suponíamos que su función era llamar y capacitar a otros Patriarcas y que su oficina guardaba registro de las bendiciones patriarcales recibidas en todo el mundo. Para 1979, con la aparición de la calidad de “eméritas” para las Autoridades, Eldred fue dado de baja activamente o “jubilado”. Pero el puesto nunca fue vuelto a llenar, aún después de su muerte…

Para comprender cómo y por qué llegamos a esa situación el siguiente resumen sobre el oficio de Patriarca Presidente y quienes lo ocuparon a lo largo de nuestra breve pero convulsionada historia:

El 18 de Diciembre de 1833, Joseph Smith, hijo, por entonces “primer elder y primer patriarca de la Iglesia” dio bendiciones patriarcales a varios miembros de su familia y a Oliver Cowdery. También apartó a Joseph Smith, padre, como “Patriarca y Presidente del Sumo Sacerdocio”. En esa ocasión, el Profeta recibió una revelación de Adán otorgando bendiciones patriarcales a sus descendientes (los Patriarcas del Antiguo Testamento). Tal visión también indicaba que los descendientes de Adán eran todos sumos sacerdotes que se reunieron tres días antes de la muerte del Anciano de Días, en las cercanías del lugar donde había estado el Jardín de Eden, denominado luego Adam-ondi-Ahman, en Missouri.

Para quien lo ignore, en la tradición religiosa de los Santos de los Ultimos Días, una bendición patriarcal se da colocando las manos sobre la cabeza del receptor y pronunciando el linaje (usualmente una de las doce tribus de Israel), así como una bendición personalizada y opcional sobre el futuro del individuo que se cumplirá en base a la dignidad y fidelidad de éste.

Joseph Smith, padre

Joseph Smith, padre

Joseph Smith, padre

El 6 de Diciembre de 1834, casi un año después de los eventos antes descriptos, Joseph Smith, padre, fue ordenado como presidente asistente y Patriarca de la Iglesia. En una de las bendiciones familiares que otorgó días después se refirió a Alvin, su primogénito quien había muerto, y a Joseph, hijo, prometió: “estarás sobre el Monte de Sión cuando las tribus de Jacob vengan gritando desde el norte, y con tus hermanos, los hijos de Efrain, los coronarás en el nombre de Jesucristo…”

Con el crecimiento de la Iglesia se fueron ordenando otros patriarcas por lo que el rol de Joseph Smith, padre, pasó a ser el de Patriarca Presidente para toda la Iglesia. En el otoño de 1835 el Sumo Consejo (por entonces la autoridad máxima después de la Primera Presidencia) decidió que “todo obrero es digno de su salario” y el Patriarca comenzó a recibir un salario de u$s 10 por semana más gastos. Algún tiempo después fue autorizado a cobrar u$s 1 por persona a quien recibía la bendición (ajustado sería equivalente a unos u$s 20 de la actualidad)

Cuando en 1836 se introdujeron las ordenanzas de lavamientos y unciones en el templo de Kirtland, el Patriarca Presidente fue una figura prominente. La Primera Presidencia lo ungió y bendijo como Patriarca y él, a su vez, hizo lo mismo con cada integrante de esa Presidencia.

Hyrum Smith

Hyrum Smith

Hyrum Smith

El 14 de Septiembre de 1840, ya en su lecho de muerte, Joseph Smith, padre, ordenó como Patriarca Presidente de la Iglesia a su hijo Hyrum.

El 19 de Enero de 1841, el Profeta recibió la siguiente revelación oficial:

“… para que mi siervo Hyrum ocupe el oficio de Sacerdocio y Patriarca que le señaló su padre por bendición y también por derecho; para que desde ahora en adelante tenga las llaves de las bendiciones patriarcales sobre la cabeza de todo mi pueblo… Y desde ahora en adelante, lo nombro profeta, vidente y revelador de mi iglesia, así como mi siervo José; a fin de que también obre de común acuerdo con mi siervo José… a fin de que su nombre se guarde en memoria honorable, de generación en generación.” (DyC 124: 91-96)

En la misma revelación, algunos pasajes más adelante, el Señor enlista a los oficiales que tendrían las llaves del Sacerdocio:

“…sí, el Sacerdocio que es según el orden de Melquisedec, que es según el orden de mi Unigénito Hijo. Primeramente os nombro a Hyrum Smith para ser vuestro patriarca, para poseer las bendiciones de sellar en mi iglesia, sí, el Santo Espíritu de la promesa… Os nombro a mi siervo José para ser élder presidente de toda mi iglesia, para ser traductor, revelador, vidente y profeta. Le doy a él por consejeros a mis siervos…” (DyC 124: 123-126)

Hasta aquí aparecen bastante claras dos cosas: 1) El llamamiento de Patriarca Presidente era un oficio sucesorio hereditario por la línea patriarcal de los Smith. 2) Tenía una tremenda importancia en la posesión de las llaves del Sumo Sacerdocio.

El 27 de Mayo de 1843, en una reunión del concilio, Joseph Smith declara:

“El oficio patriarcal es el más alto dentro de la iglesia, y Joseph Smith, padre, confirió este oficio sobre Hyrum Smith, en su lecho de muerte” (D. Michael Quinn, The Mormon Hierarchy: Origins of Power, Apéndice 7, 1830-1847)

Para entonces Hyrum había sido llamado también como Presidente Asistente de Joseph, y a partir de allí compartieron la responsabilidad de presidir. Cuando en el mismo mes de Mayo las ordenanzas del templo incorporaron las investiduras, quienes oficiaron las ceremonias fueron el Presidente de la Iglesia, Joseph Smith, hijo, y el Patriarca de la Iglesia, Hyrum Smith. Debido a que el oficio de Presidente de la Iglesia pasó a ser casi compartido, en ocasiones Hyrum llegó a firmar documentación como “HYRUM SMITH – Presidente de la Iglesia”.

De modo que el llamamiento de Patriarca Presidente fue establecido como un oficio patrilineal por la descendencia de los Smith que incluyó al propio Joseph Smith, hijo, luego a su padre y, con su muerte, a su hermano Hyrum.

Esto parecía estar muy claro para los miembros de la Iglesia de aquel entonces. Incluso en su discurso de reclamo sucesorio el 8 de Agosto de 1844 (ver el artículo “Crisis de Sucesión” en la sección Historia https://mormosofia.wordpress.com/2014/12/28/crisis-de-sucesion-1844/) Brigham Young dejó en claro que si Hyrum Smith hubiese estado vivo, a él le hubiese correspondido presidir los destinos de la Iglesia. Uno tiene derecho a preguntarse ¿si Brigham estaba tan seguro de la prioridad que le correspondía al Quorum de los Doce, por qué hubiese aceptado la dirección de Hyrum, quien ni siquiera formaba parte de ese Quorum? ¿Por ser el hermano biológico del Profeta, tal vez por formar parte de la Primera Presidencia, o quizás por ser el Patriarca Presidente de la Iglesia y poseer las llaves del Sumo Sacerdocio?

Podríamos descartar la relación fraternal pues implicaría una sucesión por vía sanguínea y la segunda porque fue la esgrimida por Sidney Rigdon y considerada no válida. De modo que en el planteo ideológico de ese discurso existe una dualidad manifiesta muy difícil de explicar.

William Smith

William Smith

William Smith

Lo cierto es que la muerte de Joseph y Hyrum en Carthage, sumada a la de su hermano Samuel poco tiempo después, dejó a William Smith como aparente heredero del cargo, al cual fue ordenado el 24 de Mayo de 1845. Sin embargo, en una minuta del Santo Orden, datada cinco días después de esa fecha, se anota que oraron para que el Señor anulara las acciones de William, quien intentaba derribar a los Doce. Días más tarde en el diario de la Iglesia, bajo el control de los Doce, se mencionaba que Willam era Patriarca DE la Iglesia y no Patriarca SOBRE la Iglesia. Esto molestó a William, quien veía atacada su posición, y las relaciones se hicieron tensas.

Al cumplirse un año de la muerte de Joseph y Hyrum, su madre, Lucy Mac Smith mencionó tres visiones que revelaban que William era el Presidente de la Iglesia por causa de su oficio patriarcal. Brigham Young escribiría a Wilford Woodruff, quien se encontraba en Inglaterra: “Desde su regreso a Nauvoo parece pensar que debería ser el Presidente de la Iglesia y desde que fue ordenado Patriarca para toda la iglesia ha tratado de tener influencia entre los santos y persuadirlos de que el oficio de Patriarca necesariamente lo convierte en presidente… Parece determinado a causarnos problemas, pero nuestras oraciones ascienden continuamente al padre celestial para que pueda invalidarlo y, si es posible, salvarlo”.

William dio su última bendición patriarcal el 9 de Septiembre de 1845, y el 19 de Octubre fue excomulgado. Ya en Utah, Brigham Young volvería a publicar la biografía de Joseph Smith escrita por su madre pero quitando cualquier referencia favorable a William.

John Smith (“Tio” John)

John (Tío) Smith

John (Tío) Smith

John Smith (1781-1854), conocido como el Tío John para evitar la confusión con otros homónimos, era el hermano menor de Joseph Smith, padre, y por tanto, tío de Joseph y Hyrum, padre de George A. Smith, abuelo de John Henry Smith y bisabuelo de George Albert Smith. En Diciembre de 1847 (más de dos años después de la excomunión de su antecesor) fue sostenido como Patriarca y, a partir de allí, en cada Conferencia General, fue sostenido antes que el Quorum de los Doce. Para entonces, Brigahm Young ya había reorganizado la Primera Presidencia. El 20 de Septiembre de 1853 el Tío John confirió todas las llaves del sacerdocio patriarcal que existían sobre la tierra a su hijo, el Apóstol George A. Smith, declarando: “todos los habitantes de la tierra sabrán que el Señor escogió a la familia Smith para edificar Sión y mediante ella estableció los fundamentos de esta Iglesia que jamás será vencida ni el nombre de la familia Smith borrado bajo el cielo”. En su lecho de muerte solicitó que su hijo fuese nombrado el siguiente Patriarca, sin embargo Brigham Young eligió a John Smith, hijo de Hyrum Smith

John Smith

John Smith

John Smith

El nuevo Patriarca (a quien nos referiremos como simplemente John para distinguirlo de su predecesor, el Tio John) sirvió durante 56 años (entre 1855 y 1911). Brigham Young insistió en su nombramiento intentando volver a la línea patriarcal original de Joseph Smith, padre, su hijo mayor Hyrum, y ahora el hijo mayor de éste último, el nombrado John. Un hombre fiel y de buen corazón, John jamás quiso plantear dudas sobre su función en la Iglesia, no obstante, su presencia fue, en ocasiones, conflictiva. Con la obligatoriedad del cumplimiento de la Palabra de Sabiduría no pudo guardar el requerimiento y ocasionalmente fumaba en su oficina, lo que era ostensible para quienes se acercaban a recibir sus bendiciones patriarcales. Wilford Woodruf le llamó la atención sobre el particular públicamente, diciéndole que renunciase a su puesto o se enmendase (cosa que aparentemente logró con el tiempo).

En 1862 se le ofreció el puesto a George A. Smith, quien declinó, dejando a John Smith en su oficio. Para 1880, las Autoridades votaron para otorgar una asignación monetaria al Patriarca Presidente y en 1887 quedó definida como un tercio de la de los apóstoles. También podría cobrar u$s 2 por cada bendición.

En 1901 el Patriarca John Smith apartó a su hermano Joseph F. Smith como Presidente de la Iglesia (obsérvese que, aún en fechas tan avanzadas, no estaba muy definido que dicha ordenación debía ser realizada por apóstoles).

Los dos hermanos eran, inevitablemente, comparados con Joseph y Hyrum, sin embargo, los Doce rechazaron la propuesta de Joseph F. de que el Patriarca apareciese inmediatamente después de la Primera Presidencia en el orden de sostenimiento de las Conferencias y quedó relegado a aparecer después del Quorum de los Doce, por lo que se truncó la implicación de que era el segundo en la línea presidencial. Ante la oposición Joseph F. Smith no insistió con el tema.

Hyrum G. Smith

Hyrum G. Smith

Hyrum G. Smith

Tras la muerte de John, su nieto Hyrum G. Smith fue llamado como Patriarca el 9 de Mayo de 1912. En realidad el oficio correspondía a su padre, Hyrum Fisher Smith, pero como lo expresaría James Talmage “no fue considerado digno de esta alta ordenación. Se entiende que el recientemente ordenado Patriarca ha sido un hombre de vida honorable y no alguien que necesite reformarse para convertirse en elegible”.

Al envejecer Joseph F. Smith, el Patriarca Hyrum G. creía que le correspondía ser el próximo Presidente de la Iglesia, sin embargo se nombró al apóstol más antiguo, Heber J. Grant.

Patriarcas en funciones

Debido a lo problemático que había resultado el llamamiento en el pasado, en 1932 fue escogido Nicholas G. Smith, hijo del Apóstol John Henry Smith, nieto del Apóstol George A. Smith y bisnieto del Patriarca Tio John Smith. Aunque cumplió con las funciones del oficio, nunca fue sostenido o apartado.

El Presidente Heber J. Grant deseaba que su yerno Willard R. Smith ocupase el cargo, pero no deseaba exponer públicamente que rechazaba al descendiente lineal de Hyrum G. Smith (Eldred), por lo que los Doce debían nominarlo. No obstante en 1933 los Doce escogieron por unanimidad a Eldred G. Smith, aunque éste no asumiría sus funciones hasta mucho tiempo después.

De 1934 a 1937 Frank B. Woodbury se hizo cargo del oficio y de 1937 a 1942, George F. Richards. Ninguno de estos Patriarcas en funciones fue jamás sostenido o apartado ni estaba relacionado con la línea patriarcal de los Smith.

Joseph F. Smith II

Joseph F. Smith II

Joseph F. Smith II

En la Conferencia de Octubre de 1942 se llamó a Joseph F. Smith II como Patriarca de la Iglesia (aunque con el mismo nombre, no debe confundirse con su abuelo el Presidente Joseph F. Smith ni con su tío, el por entonces Apóstol Joseph Fielding Smith). De ese modo se llenó una vacante de 10 años. Algunos días antes, el Presidente Heber J. Grant informó a Eldred G. Smith que aunque tenía el derecho legal y tradicional a ocupar el cargo, no lo haría por ahora.

Pero Joseph F. Smith II se vio involucrado en actividades homosexuales por lo que fue relevado “por problemas de salud” cuatro años más tarde. No se llevó a cabo ninguna acción disciplinaria contra él pero por los siguientes diez años no pudo tener llamamientos en la Iglesia.

Eldred G. Smith

Eldred G. Smith

Eldred G. Smith

El 10 de Abril de 1947, Eldred G. Smith, por entonces ingeniero nuclear en el Proyecto Manhattan, fue ordenado Patriarca Presidente de la Iglesia, cubriendo el cargo para el cual se lo había aprobado 14 años antes. En 1953 se quejó a la Primera Presidencia pues algunas de sus responsabilidades habían sido absorbidas por los Doce, por ejemplo, reunirse con los patriarcas de Estaca y apartar oficiales en las Estacas. El Presidente McKay opinaba que el Patriarca Presidente no era un oficio administrativo, no obstante se decidió que podía apartar miembros del sumo consejo y directores de los grupos de sumos sacerdotes, pero no obispos o presidentes de estaca. En 1971, sus responsabilidades fueron nuevamente discutidas por los Doce. Se objetó la ubicación de los asientos en las Conferencias Generales y el Patriarca fue desplazado de su lugar simbólico privilegiado junto a la Presidencia por otro más alejado, por debajo del Quórum de los Doce.

Eldred G. Smith y su esposa

Eldred G. Smith y su esposa Jeanne

En la Conferencia de Octubre de 1979 el Presidente Nathan E. Tanner anunció el retiro como “Autoridad Emérita” de Eldred y desde entonces el puesto ha estado vacante, con la casi certeza de que jamás volverá a ser cubierto, acabando con un oficio ancestral hereditario que existió por 145 años.

El Patriarca Smith se había casado en 1932  con Jeanne Audrey Ness y tenían cinco hijos. Falleció a los 106 años en su hogar, el 4 de abril de 2013, habiendo otorgado muchas bendiciones patriarcales durante su retiro, y siendo la Autoridad General que mayor edad alcanzara.

En su último cumpleaños recibió la visita del Presidente Thomas S. Monson, quien declaró: “Eldred Smith es un buen amigo. Hemos viajado juntos por muchas millas. Amo y respeto a este hombre”.

El Presidente T. Monson junto al Patriarca E. Smith

El Presidente T. Monson junto al Patriarca E. Smith

Recordó también que en 1966 había solicitado al Presidente David O. McKay permiso para que el Patriarca lo acompañara a su asignación en el Pacífico Sur, para que pudiera dar bendiciones a los miembros que aún no tenían patriarcas locales. Mientras Thomas Monson continuaba con su gira, el Elder Smith permanecía bendiciendo a los miembros en Australia y las islas del Pacífico.

Considerando la dificultad de ensamblar una autoridad que venía por línea familiar con la transformación en una Iglesia verticalista y burocrática, es un milagro que el oficio no haya desaparecido antes. Sin embargo, será difícil explicar su importante presencia en las revelaciones modernas y su posterior eliminación mediante un simple trámite administrativo.

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El tema de las bendiciones patriarcales, los vaivenes y tendencias en cuanto a las políticas que reglamentaban la función y autoridad de los patriarcas, ha comenzado a ser analizado por varios catedráticos miembros de la Iglesia. Una obra seminal ha sido la de Irene M. Bates y E. Gary Smith, Lost legacy: The Mormon Office of the presiding Patriarch, que ha sido ganadora del Premio al Mejor Libro del Año por la Asociación Mormona de Historia en 1996. Irene Bates es una socióloga conversa a la Iglesia en 1955 y E. Gary Smith es investigador y abogado, así como hijo de Eldred Smith, el último de los Patriarcas Presidentes.

Michael Marquardt, historiador e investigador de la historia mormona por más de cuarenta años, ha escrito dos libros recopilando bendiciones patriarcales de diferentes períodos, Early Patriarchal Blessings of the Church (2007) y Later Patriarchal Blessings of the Church (2012).

Por otra parte, Gary y Gordon Shepherd, basándose en las obras anteriores, han realizado un complejo estudio estadístico de los temas tratados en esas bendiciones y sus variaciones con el paso del tiempo y con el cambio de género en Binding Heaven and Earth: Patirarchal Blessings in the Prophetic Development of Early Mormonism (2012).

Estas investigaciones han permitido analizar el pasaje de una experiencia comunal y abierta en los primeros tiempos, cuando todos eran invitados a participar de las bendiciones, a una ocasión privada entre patriarca y receptor, así como la sugerencia de que el contenido se comparta sólo con allegados, en la actualidad.

También es posible observar el cambio temático de lo “ultrasupernatural” a una “guía inspirada” para la vida en los aspectos familiar, de estudios, servicio y roles de género apropiados.

Para ejemplificar lo anterior, basten los pasajes de la bendición de William Smith (tercer Patriarca Presidente) a Joseph West:

“Estorbarás el camino de los perversos y como el león rugiente que surge de los matorrales y cuyo gruñido de enojo causa temblor en la foresta, así será oída tu voz y muchos temerán al Señor de las Huestes; y muchos príncipes se inclinarán ante el humilde cetro del Evangelio y se humillarán hasta el polvo, y con Israel de Dios vendrán a Sión y los traerán las naves de Tarsis, con su Plata y su Oro, al lugar del Monte de Sión, donde morarán en rectitud” (Early Blessings, pag. 428)

No encontraremos ese lenguaje bíblico ni urgencia apocalíptica en ninguna de nuestras modernas bendiciones patriarcales.

Shepherd y Shepherd analizan la diferencia entre las bendiciones de la primer etapa como “mecanismo de compromiso” y las actuales como un “rito de pasaje”.

También señalan la injerencia de las mujeres en la iglesia, quienes, aunque desprovistas de autoridad formal, siempre se las ingeniaron para pasar del segundo plano asignado a uno más activo. Por ejemplo, la madre de Eldred G. Smith, Martha Electa Gee, quien se encargó de sembrar en su hijo las semillas de descontento por la forma en que se lo olvidaba, desplazaba y hacía esperar por años, o su propia secretaria, quien continuaba convocando a los patriarcas de estaca para dar bendiciones en la oficina del Patriarca Presidente cuando él estaba ausente, agudizando el conflicto que mantenía con el Presidente Grant y los Doce.

Otro aspecto interesante es su revalorización de la figura de Hyrum Smith y de cómo se lo fue diluyendo de la narrativa histórica moderna, ya que todos los miembros lo aceptaban como otro Profeta y otro Presidente y hubiese sido el líder espiritual de la comunidad si se hubiese mantenido con vida. De hecho, sus descendientes (muchos de ellos Patriarcas) se mantuvieron fieles al grupo mayoritario del mormonismo, mientras que los de Joseph no.

Es posible que el conocimiento de algunos de estos detalles nos provoque cierta incomodidad. Pero son parte inherente de la verdad. Sería más incómodo sospechar que Dios utilizó esos mecanismos para cumplir “Sus propósitos”, porque eso lo haría cómplice de muchas debilidades humanas…

Crisis de Sucesión (1844)

Historia

CRISIS DE SUCESION

(1844)

 

Por Mario R. Montani

 

Para comprender mejor los acontecimientos que provocaron la crisis sucesoria a la que nos dedicaremos, sería conveniente repasar algunos hechos básicos que tienen que ver con la organización legal y eclesiástica de la Iglesia desde sus comienzos.

La Iglesia de Cristo (tal su nombre original) fue organizada en 1830. Para entonces ya Joseph Smith, Jr, ostentaba el título de Profeta, Vidente y Revelador, el cual era aceptado de modo unánime por los miembros fundadores de la nueva religión. En los inicios, la más alta posición de autoridad era la de un “elder”. Joseph Smith era denominado Primer Elder y su allegado, Oliver Cowdery, Segundo Elder. En marzo de 1832 se creó un quórum de tres presidentes que se conoció como la Primera Presdiencia. Joseph pasó a presidir en esa Primera Presidencia, lo que luego se asociaría con que era el Presidente de la Iglesia. Sidney Rigdon y Jesse Gause fueron sus Consejeros. Pero, a medida que la institución se hacía más grande y compleja, se corporizaba y adquirían propiedades, se vio la necesidad de una organización legal y administrativa, por lo que Joseph pasó a ser, simultáneamente, su Administrador o Fideicomisario.

El 18 de Diciembre de 1833 se creó el oficio de “Patriarca sobre la Iglesia”, y ese rol fue asignado a Joseph Smith, padre. El Patriarca Presidente presidía normalmente las reuniones y en las Conferencias era sostenido a la cabeza del resto de los oficiales de la Iglesia.

En Febrero de 1834, Joseph creó el Sumo Consejo de Kirtland, Ohio, formado por 12 hombres liderados por la Primera Presidencia. El Sumo Consejo tenía roles judiciales y legislativos tales como juicios de excomunión y aprobación de gastos.

En Julio del mismo año se organizó el Sumo Consejo de Sión o Sumo Consejo Presidente, en Far West, Jackson County, Missouri. Este Consejo presidía sobre el de Kirtland y cualquier otra Estaca que se crease en el futuro. Funcionaba como un tribunal de apelaciones de los otros Consejos y también aprobaba los nombres de los integrantes de dichos Consejos.

En Febrero de 1835 fue llamado el Quorum de los Doce Apóstoles, testigos especiales del nombre de Cristo en todo el mundo, como un Sumo Consejo Presidente Itinerante. Sus integrantes fueron ordenados Apóstoles por los Tres Testigos del Libro de Mormón (no por los integrantes de la Primera Presidencia) y asignados a supervisar la obra misional de la Iglesia en las regiones donde no hubiese Estacas de Sión. Es decir que tanto el Sumo Consejo de Sión (Jackson County) como el Quorum de los Doce estaban llamados a presidir en la Iglesia pero el primero dentro de las Estacas y el segundo fuera de ellas. Al menos hasta 1838, el Quorum de los Doce parecía subordinado al Sumo Consejo de Sión, ya que cuando se produjeron vacantes en el Quorum fue el Sumo Consejo de Far West quien propuso y llenó dichas vacantes.

Cuando los santos fueron echados de Missouri se disolvió el Sumo Consejo de Sión y se creó un nuevo Sumo Consejo Presidente en Nauvoo, Illinois, flamante asentamiento de la cabecera de la Iglesia. William Marks fue llamado a presidir sobre él.

Cuando se produjo la muerte de Joseph Smith, muchos de estos Consejos y Quórumes tenían responsabilidades que se superponían y no estaban bien delimitadas. Algunos de ellos estaban evolucionando hacia algo diferente de lo que eran en sus comienzos. Los miembros de la Iglesia no tenían para nada en claro cuál era el orden de sucesión, pues el propio Profeta había dado muy diferentes indicios sobre el tema a través de los años. En los últimos tiempos se apoyaba mucho en el Concilio de los Cincuenta (un organismo colegiado que lo asesoraba en temas políticos y del cual los Doce formaban parte) y en el Quorum de los Ungidos (un grupo que incluía también mujeres y lo asesoraba teológicamente)

Tampoco estaba claro si los títulos que acaparaba Joseph (Profeta, Presidente, Integrante de la Primera Presidencia, Primer Elder, Administrador) debían ser concedidos a un solo individuo o separar esas responsabilidades entre varios.

¿Quién debía suceder al Profeta asesinado? No estaba para nada claro.

Veamos las posibilidades…

Sidney Rigdon

Sidney Rigdon

Sidney Rigdon

Con la muerte de Joseph y Hyrum Smith, Sidney era el único superviviente de la Primera Presidencia, a la cual todos reconocían como el más alto cuerpo ejecutivo de la Iglesia. En abril de 1834, Joseph y Oliver habían “impuesto las manos sobre el hermano Sidney Rigdon y confirmado sobre él las bendiciones de sabiduría y conocimiento para presidir sobre la Iglesia en ausencia del hermano Joseph” (Diario de Joseph Smith, entrada del 19 de Abril de 1834, Archivos de la Iglesia. También en Jessee, Papers of Joseph Smith, Volumen 2, pags. 31-32)

En 1844 Joseph Smith había iniciado su campaña como candidato a la Presidencia de los Estados Unidos. Sidney Rigdon había sido nominado como su acompañante a la Vicepresidencia en la fórmula. Pero la Constitución prohibía que, en las candidaturas, Presidente y Vicepresidente fuesen del mismo Estado, por lo que Sydney se había mudado a Pennsylvania, para establecer allí su residencia legal. Por tanto no se encontraba con los santos a la muerte del Profeta. Sin embargo, se apresuró a regresar y a reclamar su posición aduciendo que el Señor, en una revelación, lo había designado “guardián de la Iglesia”.

Oliver Cowdery

Oliver Cowdery en 1840

Oliver Cowdery en 1840

Oliver había sido el Segundo Elder de la Iglesia después de Joseph y poseía las llaves de la nueva dispensación en conjunto con él. Había estado en todos los eventos fundamentales de la restauración. Al igual que Sydney, había sido apartado como Presidente Asistente de la Iglesia “para ayudar presidiendo sobre toda la Iglesia y para oficiar en ausencia del Presidente” (Manuscript History of the Church, Libro A-1, pag. 11, Archivos de la Iglesia). Pero Oliver había sido excomulgado el 12 de abril de 1838.

David Whitmer

David Whitmer

David Whitmer

Además de ser otro de los testigos del Libro de Mormón, David había sido ordenado Presidente del Sumo Consejo de Sión en Jackson County, y, en 1834, Joseph lo había  bendecido “para ser un líder o un profeta para esta Iglesia”, ordenación que sería condicional hasta que el propio Joseph fuese llamado por Dios (Cannon & Cook, Far West Record, pag. 151). Después de la formación del Sumo Consejo en Jackson, el Profeta declaró que si él fuese llevado, ya habría cumplido la gran tarea que el Señor le había impuesto y aquello que el Señor había deseado, y que había cumplido con su obligación de organizar el Sumo Consejo, a través del cual la voluntad del Señor se daría a conocer” (Cannon & Cook, Far West Record, pags. 71-72). Sin embargo, Whitmer se había apartado de la Iglesia para Junio de 1838.

Hyrum Smith

Hyrum Smith

Hyrum Smith

Hyrum no sólo había sido ordenado Patriarca Presidente de la Iglesia después de la muerte de su padre sino que era el Presidente Asistente de la Iglesia como sucesor de Oliver Cowdery. Brigham Young diría en medio de la crisis:

“¿Ordenó Joseph Smith a algún hombre para tomar su lugar? Sí. ¿Quién era? Era Hyrum, pero Hyrum cayó como un mártir incluso antes que Joseph. Si Hyrum hubiese vivido, él hubiese actuado en lugar de Joseph”. (Times and Seasons, 5:683, 15 de Octubre 1844)

Samuel H. Smith

Samuel H. Smith

Samuel H. Smith

Siguiendo el principio de sucesión lineal, el cual aún muchos Apóstoles parecían considerar, el próximo candidato era Samuel, hermano menor del Profeta. Pero Samuel falleció un mes después de los sucesos de Carthage. Si bien la causa de la muerte de Samuel parece haber sido una falla cardíaca por agotamiento, después de haber sido perseguido por una turba, hay otras teorías bastante desagradables sobre su desaparición. Para comprenderlas, sería bueno recordar el contexto. William Clayton, secretario personal del Profeta (y luego autor del conocido “Oh Está Todo Bien”) había registrado a Joseph declarando que si él y Hyrum fuesen quitados, Samuel H. Smith sería su sucesor” (Diario de William Clayton, 12 de Julio 1844, original en los Archivos de la Primera Presidencia).

Samuel Smith estaba abiertamente en contra de la práctica de los matrimonios plurales y eso podía representar un problema para algunos si llegaba a transformarse en el nuevo Profeta. Muchos miembros ya estaban dando su apoyo a Samuel, al punto que un diario de Springfield, Illinois, anunció su elección. Pero Willard Richards, Apóstol y primo de Brigham Young insistió en que no se tomara ninguna decisión hasta que Brigham retornase.

El Dr. Michael Quinn en su “The Mormon Hierarchy: Origins of Power” lo explica del siguiente modo:

“Entonces Samuel Smith de pronto enfermó violentamente y murió el 30 de Julio de 1844.  Esto agregó la sospecha de asesinato al creciente drama. John M. Bernhisel, médico y miembro del Concilio de los Cincuenta, le dijo a William Smith (ahora único hermano Smith sobreviviente) que los anti-mormones de algún modo habían logrado envenenar a su hermano. William supo a través de la viuda de Samuel que Hosea Stout, un Danita de Missouri y oficial de la policía de Nauvoo, había estado cuidando a su hermano. Stout le había estado dando diariamente una medicina en “polvo blanco” hasta su muerte. Samuel se enfermó a los pocos días de la discusión sobre la sucesión y para el 24 de Julio estaba “muy enfermo”.

William Clayton

William Clayton

William Smith llegó eventualmente a la conclusión de que Willard Richards había pedido a Stout que matara a su hermano. El motivo era prevenir que Samuel se transformase en Presidente de la Iglesia antes de que Brigham Young y el Quorum de los Doce completo arribara a Nauvoo. Las sospechas de William sobre Stout son creíbles pues, tres años más tarde, Brigham Young permitió a William Clayton incorporarse a una compañía de pioneros a Utah sólo porque Stout había amenazado con matar a Clayton tan pronto se fuesen los apóstoles.

Hosea Stout

Hosea Stout

Clayton consideraba a Hosea Stout capaz de un homicidio y no dejó asentado ningún intento de Young por negar su afirmación con respecto al Danita.

Se podrían descartar los cargos de William Smith como un argumento útil para sus propios  reclamos en la sucesión, sin embargo, la hija de Samuel también creía que su padre había sido asesinado. “Mi padre fue indudablemente envenenado”, escribió, “El tío Arthur Millikin fue envenenado durante ese tiempo – los mismos doctores trataban a mi padre y al tío Arthur en la misma época. El tío Arthur discontinuó la medicina – sin dejarles saber que lo estaba haciendo. La tía Lucy la arrojó al fuego. Papá continuó tomándola hasta la última dosis, que escupió y dijo que estaba siendo envenenado. Pero era demasiado tarde, murió”.

El sepulturero de Nauvoo registró que Samuel Smith murió de “fiebre biliosa”, una causa que ese verano había arrebatado a dos niños pero a ningún adulto.

Esta alarmante acusación no debería ignorarse aunque no hay modo de verificarla”.

(Dr. Michael Quinn, The Mormon Hierarchy: Origins of Power, pags.152-153)

William Smith

William Smith

El propio Brigham Young se refirió al doloroso tema algunos años más tarde:

“Y William Smith ha asegurado que yo fui el causante de la muerte de su hermano Samuel, cuando el hermano Woodruff, que está hoy aquí, sabe que ambos estábamos en Boston esperando viajar al este en el momento en que Joseph y Hyrum fueron asesinados. El hermano Taylor por poco no murió en esa ocasión y los bigotes del Dr. Richards fueron casi eliminados por el fuego de las armas. Unas semanas después, Samuel Smith murió, y soy culpado como la causa de su muerte” (Brigham Young, Julio de 1857, Journal of Discourses, Vol. 5, pag. 77)

William inicialmente sólo reclamaba el derecho de suceder a sus hermanos como Patriarca Presidente. Años más tarde, después de involucrarse con algunos grupos separatistas, recién se propuso como alguien con derecho a la Presidencia de la Iglesia.

Los Hijos de Joseph Smith

El Profeta había dado algunos indicios de que sus hijos podrían sucederle. Varios líderes de la Iglesia declararon que tanto el 27 de Agosto de 1834 como el 22 de Abril de 1839, Joseph Smith indicó que su hijo mayor, Joseph Smith III, sería su sucesor (Roger Launius, Joseph Smith III: Pragmatic Prophet). Otros registros apuntaban que en Abril de 1844 anunció que un futuro hijo suyo que se llamaría David llegaría a ser “presidente y rey de Israel”. La esperanza de que los hijos de Joseph se pusieran a la cabeza de la Iglesia estuvo rondando entre los grupos separatistas y puede haber sido uno de los motivos por los que la Primera Presidencia no se organizara de forma inmediata. Heber C. Kimball, hablando el 29 de Junio de 1856:

“Por el presente, los hijos del Profeta Joseph se encuentran en un estado de aparente adormecimiento, todo parece muy calmo con ellos, pero con el paso del tiempo Dios los despertará, y bramarán como los truenos en el monte Sinaí”. (JD Vol. 4 pag. 6)

Joseph Smith III

Joseph Smith III

David Hyrum Smith, el hijo menor del Profeta, nació en noviembre de 1844, cinco meses después que su padre había sido asesinado. Con sus nombres se honró la profecía de Joseph y a su tío, también muerto en Carthage.

William Marks

William Marks

William Marks

El hermano Marks, Presidente de la Estaca de Nauvoo, era simultáneamente el Presidente del Sumo Consejo de Nauvoo, otro de los organismos señalados como receptáculos del poder en la Iglesia. Emma Smith, la viuda de Joseph, pidió a Marks que asumiera la conducción tanto en calidad de Presidente como de Administrador, pero William optó por apoyar la posición de Sidney Rigdon.

James J. Strang

James Strang

James Strang

Aunque un recién converso, el hermano Strang ya era un élder y había sido comisionado por el Profeta para establecer una Estaca en Wisconsin, con la idea de que fuese un lugar de refugio si eran echados de Nauvoo. Strang poseía una carta, conocida históricamente como Carta de Nombramiento. Tal documento, supuestamente escrito por Joseph Smith el mismo mes de su muerte, señalaba a Strang como su sucesor en la presidencia de la Iglesia. El candidato aseguraba, además, que en el momento de la muerte del Profeta, había sido visitado por ángeles que lo ordenaron para tal función.

Brigham Young había escrito en el Times and Seasons que la Iglesia ya no tendría un Profeta sino Apóstoles a partir de ese momento. Muchos miembros no estaban cómodos con esa situación, por lo que la propuesta de Strang les resultaba atractiva. Entre los que creían a Strang se encontraban Martin Harris, William Marks, el Apóstol John E. Page y los miembros excomulgados William McLellin y John C. Bennett. También la madre del Profeta y varias de sus hermanas parecieron favorecer en un momento la posición de Strang.

El Concilio de los Cincuenta – Alpheus Cutler

Alpheus Cutler

Alpheus Cutler

Otro posible reemplazante del Profeta era el Concilio de los Cincuenta, un grupo de hombres de confianza, incluyendo algunos no miembros, que ayudaban en el establecimiento de un gobierno teocrático. Benjamin F. Johnson, un integrante de los Cincuenta pero no de los Doce escribió que Joseph Smith había delegado sus responsabilidades en el grupo mayor (Autobiografía de Benjamin F. Johnson, pag. 96). Wilford Woodruf también registró en Manuscript History, Tomo 1, pag. 171, que el Profeta “dijo que el Señor había aceptado sus tareas y sacrificios, y ya no le requería más que soportara las responsabilidades y cargas del reino, y volviéndose a quienes le rodeaban, incluyendo a los 12, dijo: ‘Y en el nombre del Señor Jesucristo coloco ahora sobre ustedes, mis hermanos del Concilio (50) y limpio mis vestiduras de toda responsabilidad de aquí en adelante’”. Entre los integrantes de tal Concilio se encontraba Alpheus Cutler. Cutler estuvo entre los responsables de la edificación del Templo en Nauvoo y fue integrante del Sumo Consejo Presidente además del Concilio de los Cincuenta, y de ambos organismos derivaba su autoridad. Había sido enviado a una misión evangelizadora especial entre los Lamanitas. Nos ocuparemos de él y de los “cutleritas” cuando analicemos los eventos posteriores.

El Quorum de los Doce – Brigham Young

Brigham Young

Brigham Young

Los Doce habían sido originalmente ordenados como ministros viajeros y su liderismo era ejercido en regiones del mundo donde no hubiese congregaciones organizadas. El Quorum poseía la misma autoridad que la Primera Presidencia, el Sumo Consejo Presidente y el Quorum de los Setenta (DyC 107:24). Sin embargo, en la instrumentación de esas responsabilidades, tal como se registraron en las Minutas del Sumo Consejo del 2 de Mayo de 1835 (Patriarchal Blessing Book, pag. 2, Archivos de la Iglesia): “los doce apóstoles no tienen derecho de ir a Sión o cualquiera de sus estacas en las que existe un sumo consejo regular, y decidir en cualquier asunto perteneciente a ellas”. Sin embargo, en los últimos tiempos, el Profeta parece haberles dado nuevas responsabilidades, incluyendo los asuntos temporales. También es cierto que incorporó a la mayoría de sus integrantes en el Concilio de los Cincuenta. Brigham Young era uno de los más cercanos allegados al Profeta y, en la década de 1840, varias veces había quedado al mando de la Iglesia en ausencias temporales de Joseph.

Conferencia del 8 de Agosto de 1844

Deberemos tener muy presente que los procedimientos que hoy nos parecen de rigor, es decir, la disolución de la Primera Presidencia, la reinserción de los Consejeros en el Quorum y la elección del Presidente del Quorum (Apóstol con mayor antigüedad) como Presidente de la Iglesia no existía (ni existe aún hoy) en ningún libro canónico o revelación aceptada. De hecho, los Consejeros de la Primera Presidencia no habían pertenecido nunca al Quorum de los Doce, y sus llamamientos eran preexistentes a los de los Apóstoles. Por tanto, la situación era muy confusa, sobre todo para el miembro común que, además, afrontaba la pérdida de su líder espiritual, un conflicto con los vecinos no miembros y una situación institucional inédita.

Ese era el clima general en el que la Conferencia fue convocada. Muchas de las Autoridades se encontraban viajando. El primero en arribar fue Sidney Rigdon, que el 4 de Agosto anunció haber recibido una revelación que lo señalaba como “Guardián de la Iglesia”. El Presidente William Marks estableció el 8 de Agosto como el día de una Conferencia para resolver el tema. El día 6, Brigham Young y el resto de los Apóstoles retornaron a Nauvoo y comenzaron una campaña entre los miembros para explicar que las llaves residían en el Quorum de los Doce y que la dirección de la Iglesia debía recaer en él como su Presidente. Incluso cabalgó por las calles de Nauvoo con el caballo favorito de Joseph Smith, llamado Joe Duncan, para establecer la relación de continuidad (History of the Church, 7:224-230)

En la Conferencia del  día 8, Sidney Rigdon habló primero, manteniendo su posición en ser el único sobreviviente de la Primera Presidencia, su larga relación con el Profeta y el hecho de que Joseph lo había enviado fuera del Estado para evitar que todos los miembros de la Presidencia fuesen asesinados.

Después de su exposición, que llevó 90 minutos, Brigham Young pidió un receso. Al retornar, basó su mensaje en que ningún hombre podría jamás reemplazar a Joseph Smith, por lo que era mejor que el Quorum de los Doce, que tenía las llaves del sacerdocio, asumiera el liderismo. También recordó que Sidney y Joseph no habían estado tan relacionados en los últimos tiempos.

Rigdon declinó la posibilidad de responder, pidiéndole a William Phelps que defendiera su posición. Pero Phelps apoyó la propuesta del Presidente Young. Los miembros en la asamblea votaron las alternativas y la mayoría lo hizo a favor del Quorum de los Doce. Aquellos que se opusieron fueron, con el tiempo, excomulgados de la Iglesia.

Muchos de los miembros que permanecieron registraron que, en su aspecto y voz, el Presidente Young les resultó parecido a Joseph Smith y lo recibieron como una confirmación de cuán apropiado era que él llevara el manto profético.

Lynne Watkins Jorgensen en “The Mantle of the Prophet Joseph Passes to Brother Brigham” (BYU Studies 36:131) recopiló 101 testimonios escritos que hablan de una transformación o experiencia espiritual. Richard Van Wagoner, más escéptico, en cambio, afirma que ninguno de esos testimonios fue escrito en fecha cercana a los hechos relatados, siendo el más antiguo del 15 de Noviembre (casi 3 meses y medio después) y los restantes muy posteriores. (The Making of a Mormon Myth: The 1844 Transfiguration of Brigham Young, Dialogue, Winter 1995, pag. 1-24)

El Sisma

Al día siguiente de la Conferencia Brigham Young asumió la dirección de la Iglesia. Reunido con los Doce y el Quorum de los Ungidos, se asignó el rol de Administradores de la Iglesia a los obispos Newel K. Whitney y George Miller.

Sidney Rigdon, en tanto, no abandonó su propuesta, reclamando que su autoridad era superior a la de los Doce. Fue excomulgado en ausencia el 8 de Septiembre de 1844. Alegando que era perseguido por Brigham Young se estableció en Pittsburgh, Pennsylvania.

Debe entenderse claramente que, a esta altura de las circunstancias, muchos miembros no veían a los separatistas como apóstatas sino como grupos diferenciados dentro de la misma Iglesia. Se identificaban como brighamitas (los que seguían a los Doce), rigdonitas (a Sidney), josefitas (los que conservaban las esperanzas de los hijos de Joseph Smith), etc.

El 6 de Abril de 1845, los Rigdonitas se organizaron con un Quorum de los Doce propio. También con un Patriarca, Sumo Consejo, Quorum de los Setenta y Obispado Presidente. Se identificaron con el nombre original de “Iglesia de Cristo” aunque tiempo después cambiaron a “Iglesia de Jesucristo de los Hijos de Sión”. El grupo tuvo bastante éxito entre comunidades mormonas del Este, especialmente por su rechazo a la poligamia practicada por los Brighamitas. Con el tiempo, el movimiento se dividió en varias fracciones. Rigdon vivió muchos años en Pennsylvania y Nueva York manteniendo su testimonio del Libro de Mormón y de que él era el heredero natural de Joseph Smith. Uno de sus seguidores, William Bickerton, reorganizó su Iglesia en 1862 como la Iglesia de Jesucristo, identificada como Bickertonita, con algo más de 15.000 miembros en la actualidad.

Como ya los mencionamos, muchos santos de los últimos días del medio oeste americano, incluyendo a Strang y los descendientes del Profeta, creían en una sucesión lineal, es decir que, quien dirigiera la Iglesia, lo haría provisoriamente, hasta que los hijos de Joseph Smith tuvieran la edad de tomar el control. En la versión strangita del libro de Convenios existía una revelación dirigida a Joseph, nunca canonizada por los brighamitas, que decía: “Digo a mi siervo Joseph, en ti, y en tu simiente, será la familia de la tierra bendecida” (Convenios 107:18 – strangita). Sin embargo, al crecer, tanto Joseph Smith III como David Hyrum Smith se oponían a muchas de las prácticas de la Iglesia en Utah, especialmente los matrimonios múltiples, y nunca se unieron con los brighamitas.

Hacia fines de la década de 1850 William Marks y otros, que dirigían grupos residuales conocidos como la Nueva Organización, pidieron a Joseph Smith III que fuese su presidente, pero éste se negó.

Joseph Smith III (1883)

Joseph Smith III (1883)

Sin embargo, para 1860 se sintió inspirado a aceptarlo y en la Conferencia del 6 de Abril en Amboy, Illinois, se transformó en Profeta de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días (Josefita).

Emma Hale Smith en 1875

Emma Hale Smith en 1875

Emma Smith y sus otros hijos se afiliaron a la nueva organización. Una década más tarde agregaron al título la palabra Reorganizada para distinguirla del grupo mayoritario de Utah. Sobre fines del Siglo XIX y comienzos del XX los dirigentes de ambos grupos fueron primos hermanos entre sí. Hacia las postrimerías del Siglo XX la Iglesia Reorganizada cambió su nombre a la Comunidad de Cristo y cuenta hoy con algo más de 250.000 miembros.

David Hyrum Smith

David Hyrum Smith

David Hyrum Smith, el hijo menor del Profeta, fue un misionero muy eficaz dentro de la Iglesia Reorganizada. Entre 1865 y 1873 realizó extensos viajes por el medio oeste, Utah y California, enfrentando en debates teológicos a diferentes predicadores, incluyendo a representantes de nuestra Iglesia. Luego fue consejero de su hermano en la Primera Presidencia y padre de Elbert Smith, también miembro de la Primera Presidencia y Patriarca en la Iglesia Reorganizada. Se lo conoció como el Dulce Cantor de Israel pues quienes lo escuchaban lo consideraban uno de los más inspirados intérpretes de himnos. También fue pintor y poeta. Lamentablemente, el deterioro de su salud mental hizo que pasara los últimos 27 años de su vida confinado en una institución.

James J. Strang estableció su organización en Voree, Wisconsin. El y su grupo fueron  excomulgados por la Iglesia en Nauvoo y ellos hicieron lo mismo con los Doce Apóstoles. En Junio de 1856 recibió un disparo de miembros de un grupo separatista y murió poco después sin dejar un sucesor. La mayoría de sus seguidores se unieron a Joseph Smith III, pero algunos centenares de fieles continúan considerándose hoy Strangitas.

Varias comunidades SUD quedaron aisladas en Illinois e Indiana cuando se produjo la crisis. En 1863 estos grupos se unieron bajo la dirección de Granville Hedrick con el nombre de Iglesia de Cristo, comúnmente denominados Hedrickitas. Años más tarde se dirigieron a Independence, Missouri, donde compraron parte del terreno original del Templo a construirse allí antes de la venida de Cristo. Se los conoce también como Mormones del Terreno del Templo (Temple Lot Mormons). En 1926 un grupo se separó de ellos para denominarse Iglesia de Cristo con el Mensaje de Elías. Cada uno de estos grupos posee entre 10.000 y 12.000 miembros principalmente en EEUU con algunas proyecciones en el extranjero.

Alpheus Cutler fundó su propia colonia en Manti, Iowa. En 1853 reorganizó su propia iglesia como “La Verdadera Iglesia de Jesucristo”. Años más tarde, misioneros de la Iglesia Reorganizada convirtieron a muchos de ellos. En 1928 se trasladaron también a Independence donde residen algunos cientos de ellos identificados como Mormones Cutleritas.

Brigham Young organizó una nueva Presidencia de la Iglesia el 27 de Diciembre de 1847, o sea, casi tres años y medio después de la muerte del Profeta. Los otros grupos jamás reconocieron el nombramiento, alegando que no estaban presentes los Apóstoles originales necesarios. Los Consejeros del Presidente Young fueron Heber C. Kimball y el Dr. Willard Richards. A partir de ese momento se estableció el mecanismo sucesorio como hoy lo conocemos.

Quizás todo lo anterior nos ayude a entender porqué las Autoridades insisten en que el nombre correcto es La Iglesia de Jesucristo de los S.U.D., con un especial énfasis en “La”.

EL MORMONISMO “UNDERGROUND” (1880-1910)

HISTORIA

“EL MORMONISMO ‘UNDERGROUND’” (1880-1910)

Por Mario R. Montani 

La palabra inglesa “underground”, hoy universalizada, significa textualmente “bajo tierra” ó “subterráneo”, pero se ha extendido culturalmente indicando a los movimientos clandestinos, de resistencia o marginales. Todas esas connotaciones de algún modo atraviesan el período histórico del mormonismo al que haremos referencia.

El término “underground” se ha utilizado para describir la fuga de esclavos hacia territorios abolicionistas, la acción de la resistencia en países ocupados y el pase a la clandestinidad de ciertos movimientos. En nuestro caso se refiere específicamente a la resistencia mormona frente a las persecuciones de las familias polígamas por parte del gobierno federal de los Estados Unidos.

Como hemos visto someramente en otros posts de este blog, durante la década de 1880 el gobierno norteamericano avanzó con una serie de medidas legales que tendían a eliminar la poligamia en el territorio de Utah. Los miembros, convencidos de estar siendo perseguidos injustamente por sus creencias, tuvieron que considerar una serie de reacciones posibles.

Siendo Utah aún un Territorio y no un Estado, dependía absolutamente de la jurisdicción del Congreso. Las leyes que criminalizaban la bigamia eran de larga data, pero, en la práctica, muy difíciles de hacer cumplir. Intentaban aplicarse sobre el hombre al que se consideraba en infracción, pero en su diseño habían tenido en cuenta una relación monogámica y no poligínica. Primeramente, no era tan fácil determinar cuál había sido la primera esposa del acusado sin el testimonio de ella o alguna de las otras. Y, una vez que se determinaba, su testimonio dejaba de ser válido ya que no podía utilizarse en contra del propio esposo. Se producía entonces una paradoja que lograba que toda la legislación previa a 1880 no fuese aplicable en los tribunales mormones.

De modo que una estrategia común utilizada por los acusados, y sugerida por los abogados defensores, era cierta vaguedad y “falta de memoria” con respecto al orden en que se habían producido los matrimonios. En otras ocasiones se declaraba que se había casado con todas el mismo día aunque en diferentes lugares para hacer imposible la prioridad de alguna de ellas. Debido a la falta de certidumbre, ninguna podía testificar en su contra.

Frente a este dilema, el Gobierno Central, decide crear un nuevo tipo de “crimen” al que denominó Cohabitación Fuera de la Ley. La nueva regla, no muy clara en su instrumentación, dejaba un gran poder interpretativo en manos del Juez.

Ya no hacía falta probar que una ceremonia matrimonial se había llevado a cabo ni juzgar al hombre por tener más de una esposa. La pluralidad se constituía en un crimen por violar una norma social e ir en contra de toda la institución matrimonial del país. La infracción se producía al constatarse la percepción pública generalizada de que un individuo estaba ligado a múltiples otros individuos en una relación matrimonial o que podría asimilarse a tal.

La cohabitación por fuera de la ley no necesitaba de pruebas. Bastaba con que un ciudadano testificara que creía que esa situación se estaba produciendo y que los sospechosos participaban de un tipo de relación ilegal para que fuesen traídos a juicio.

Las Cortes se convirtieron en un sitio en el que, simplemente por algo que alguien había oído, o creía haber visto, otro conciudadano podía terminar en la cárcel.

Como había quedado claro en el caso del Estado contra Reynolds, de 1879, las leyes se aplicaban sobre las acciones. El Estado no tenía jurisdicción sobre las creencias o lo que se guardaba en la mente de los individuos. Los mormones podían tener creencias muy firmes sobre la poligamia y estaba muy bien. Pero, en cuanto quisieran utilizar sus cuerpos para poner en práctica esas creencias, estaban violando la ley.

Irónicamente, lo que el caso Reynolds había asegurado, la libertad de pensamiento, comenzaba a ponerse en tela de juicio. Ya no hacían falta los hechos, sino que alguien pensara que esos hechos habían tenido lugar. Se inició una batalla por la mente de los individuos que dejó dolorosas consecuencias por varias décadas.

Durante ese período alguien podía ir a parar a la penitenciaría territorial por lo que algún otro creía que él creía. Lo que sí importaba era la percepción general de lo que estaba ocurriendo, y esa “percepción general” se desarrollaba en términos vagos, subjetivos y cambiantes.

De modo que el Underground Mormón se inicia como una respuesta cultural específica y un modo de resistencia al grupo de circunstancias sociales y legales que acabamos de describir más arriba. Las estrategias evasivas y defensivas que se habían utilizado en el pasado para no revelar fechas o relaciones ya no servían. Ahora debían evitar el arresto y juzgamiento por un nuevo tipo de crimen indefinido y misterioso.

El Presidente John Taylor

El Presidente John Taylor

Las nuevas estrategias fueron básicamente espaciales y consistían en evadir la acción de los alguaciles federales. Cambiando de casa, escondiéndose en lugares secretos, enviando a algunos acusados a cumplir una misión fuera del territorio.

Otros escaparían a las Colonias de México. Las Autoridades las consideraban “ciudades de refugio” y aconsejaron la huida hacia ellas a los que ya tenían orden de captura. Pero el modo más común era el traslado físico fuera de las jurisdicciones de jueces y fiscales.

El Presidente Taylor y sus Consejeros George Q. Cannon y Joseph F. Smith

El Presidente Taylor y sus Consejeros George Q. Cannon y Joseph F. Smith

Los diarios personales y relatos orales del período dan cuenta de situaciones confusas y hasta cómicas. Wilford Woodruff paseándose por Salt Lake o yendo de cacería vestido como una anciana para no ser detectado. Hombres ocultándose adentro de pianos, en las chimeneas, despachándose por correo de una localidad a otra dentro de cajones. La situación era un verdadero pandemonio.

Pero la fiscalía desarrolló sus propias contra estrategias y la principal de ellas fue el uso de espías. Los espías podían ser alguaciles federales disfrazados de colonos, pero también miembros de la comunidad a los que los alguaciles convencían para que cooperasen.

Por definición un “espía” es alguien que intenta ocultar su verdadera identidad, pero esa era también la definición de los propios mormones que entraban en el “underground”. De modo que cuando un forastero arribaba a una población nadie sabía de qué lado del conflicto se encontraba. Sus respuestas iban a ser evasivas cualquiera fuese esa situación, lo cual creaba una suerte de paranoia colectiva en la que cada visitante era un espía al que había que engañar cuando la mitad de las veces era otro mormón evadiéndose de su posible captura.

La cadena de chismes boca a boca y algunos avisos en los diarios servían como amplificadores de esta paranoia. Los espías se multiplicaban y ya no se podía confiar en nadie. Si un varón polígamo, o familiar de polígamo, veía a un desconocido pasar frente a su casa era suficiente para que ensillara su caballo y partiera para otra localidad en la que, a su vez, sería considerado un potencial espía que ayudaría a que otros escaparan con rumbo indefinido. Esta situación fue tremendamente perjudicial para el tejido social de las comunidades mormonas, pues nadie quedaba exento de la duda. El consejo de los líderes pasó a ser: no hablen con nadie, no digan quiénes son, ocúpense de su trabajo y nada más.

Funerales de John Taylor (1887)

Funerales de John Taylor (1887)

Uno de los aspectos morales más complejos fue que la mentira, ya sea escondiendo la identidad mediante la palabra, el disfraz o la huida, sean actos de omisión o comisión, como se los quiera ver, pasó a ser una característica del “buen mormón” defendiendo el Reino y sacrificándose en su cruzada frente a las diabólicas acechanzas del gobierno federal.

Eso se transformó en casi un estereotipo entre las mujeres quienes, aún estando bajo juramento en la corte, misteriosamente olvidaban quienes eran sus padres, esposos o hijos. El uso del lenguaje para ocultar lo que había en la mente en vez de expresarlo pasó a tener una connotación moral positiva. Estos nuevos hábitos linguísticos afectaron no sólo a los practicantes de la poligamia sino a una extensa red de familiares, amigos y líderes religiosos que colaboraban en su protección y en la creación de la red subterránea de desplazamientos.

Cuenta la historia sobre Annie Tanner, en cuyo hogar se hospedaba momentáneamente Wilford Woodruff, en calidad de fugitivo. El Presidente le preguntó quién era el padre del niño que estaba en el cuarto y ella le respondió “Esa no es una pregunta justa ¿verdad Hermano Woodruff?” Al contestar de ese modo un poco brusco Annie demostraba su lealtad y que estaba iniciada en las normas aceptables de interacción entre mormones. La pregunta del Presidente Woodruff podía ser tanto una simple  curiosidad como una prueba para medir si era confiable.

Polígamos cumpliendo su condena en la Penitenciaria Territorial

Polígamos cumpliendo su condena en la Penitenciaria Territorial

Lo que se inició como una efectiva forma de resistencia terminó socavando la base misma de la mutua confianza en muchas comunidades mormonas. Aunque los buscados específicamente por la justicia no superaron jamás la cifra de 2000 ó 2500 personas, las redes de apoyo, ocultamiento e información sin duda abarcaba a decenas de miles que deseaban colaborar y mostrar su fidelidad al Reino.

Inevitablemente, la situación comenzó a afectar a todo la estructura cultural que permite que una sociedad funcione como tal. Aunque no ha sido profundamente estudiado, habría que analizar el impacto de esta situación como una de las causas internas de la desaparición de la poligamia.

"The Daily Graphic" del 6 de Diciembre de 1883 mostraba al Tío Sam avanzando sobre zancos para evitar el nido de víboras que surge del Tabernáculo

“The Daily Graphic” del 6 de Diciembre de 1883 mostraba al Tío Sam avanzando sobre zancos para evitar el nido de víboras que surge del Tabernáculo

La correspondencia personal pasó a ser otro ámbito de dobles mensajes. Los remitentes usan seudónimos, no firman sus cartas. La información que aparece es inocua, ambigua, o está codificada. Las palabras no son ya confiables, tampoco el significado de las mismas.

Los filósofos y lingüistas que han analizado el período coinciden en señalar el cambio producido en el interior del individuo. Por 50 años, los miembros habían sido educados sin una clara distinción entre cuerpo y espíritu, público y privado, interioridad y exterioridad. Ahora se enfrentaban a situaciones que provocaban una escisión de esas categorías. Antes las creencias se mostraban con hechos. Ahora debían desmentir en los hechos lo que creían interiormente.

Wilford Woodruff, Cuarto Presidente de la Iglesia, quien promulgara el Primer Manifiesto

Wilford Woodruff, Cuarto Presidente de la Iglesia, quien promulgara el Primer Manifiesto

Cuando, luego de hacer un juramento en las cortes civiles, los miembros son interrogados por estos jueces que “pretenden tomar el lugar de Dios”, en sus mentes (que consideran un reducto inviolable) deciden qué datos oscurecer, ocultar o disfrazar. Para los de afuera, y no sin razón, eso es considerado una mentira.

Cuando los diarios del Este comienzan a transcribir las minutas de dichas audiencias e intentan explicar que los hombres no recuerdan cuándo se casaron o con quiénes, las mujeres no saben cuántos son o cómo se llaman sus hijos, la opinión pública llega a la conclusión de que los mormones son un gran grupo de mentirosos que deben ser sancionados.

Los miembros no lo ven de ese modo y creen estar defendiendo el derecho a su identidad y privacidad. Cuando se les hace jurar en la Sala, inevitablemente ponen en la balanza otros juramentos que han hecho acerca de sus esposos/esposas, hijos y líderes ante Dios y los ángeles. No hay mucha duda en sus mentes hacia cuál de los juramentos inclinarse.

En 1887 el Presidente John Taylor muere en el exilio, pero el año anterior escribe una revelación en la que proclama la necesidad de mantener los matrimonios plurales (dicha revelación no es aceptada hoy como canónica por la Iglesia pero sí por los grupos fundamentalistas). La dirección de la Iglesia recae en el Quorum de los Doce. La mayoría de sus integrantes también están siendo perseguidos y han pasado la mayor parte de la década alejados de sus hogares. La fragmentación de la sociedad mormona también se percibe dentro del cuerpo. No todos confían en todos. Algunos de ellos están abiertamente en contra de la poligamia mientras que otros la defienden hasta sus últimas consecuencias.

De acuerdo a las actas de las reuniones del Consejo, cuando W. Woodruff, como Presidente de los Doce, presenta una idea básica de lo que luego sería el Manifiesto es unánimemente rechazada, por lo que aclara que sólo se trató de una prueba para ver hasta dónde llegaba la fidelidad de los integrantes. Pero cuando vuelve a presentarse la idea, varios meses más tarde, ya no hay unanimidad al respecto. Utah desea la calidad de Estado y sabe que no se obtendrá mientras el tema de la poligamia esté en debate. La Primera Presidencia se reorganiza dos años más tarde con Woodruff, ya con 82 años, como Presidente y George Q. Cannon y Joseph F. Smith como Consejeros. Nadie confía demasiado en George Q. Cannon, quien ha controlado tanto la Iglesia como el Territorio desde la muerte de Brigham Young y los otros integrantes participan únicamente desde el underground.

Con este marco interno, algo importante ocurre en la relación Estado-Teocracia. Como consecuencia de la Ley Edmunds-Tucker el Gobierno federal avanza sobre las propiedades de carácter religioso (en la primer etapa de su aplicación habían quedado exentas) de la Iglesia, incluyendo sus Templos. ¿En manos de quién quedarán esos sagrados edificios, aún el de Salt Lake, que ni siquiera está terminado?

Es importante entender que bajo tales condiciones se presenta el Manifiesto, como una solución entre dos alternativas: continuar defendiendo la poligamia y perder el control de la obra por los muertos o viceversa. El Presidente Woodruff habla de un sacrificio de los vivos para continuar ayudando a los que ya han partido.

Funeral de Wilford Woodruff (1898)

Funeral de Wilford Woodruff (1898)

Pero con la devaluación de la palabra que se ha producido por más de una década de subterfugios, negaciones y evasivas, los miembros entienden el Manifiesto como otra forma de ganar tiempo y evitar las consecuencias económicas de la Ley Edmunds-Tucker. Casi ninguno de los Apóstoles lo interpreta como una revelación de Dios, aunque están de acuerdo con la propuesta. Los que se hallan en el exilio lo ven como una tregua que les permitiría regresar a casa pero, simultáneamente, como un guiño para continuar con la práctica abrahámica.

Todos entienden que, de ahora en adelante, el Presidente Woodruff personalmente no autorizará nuevos matrimonios, pero que las llaves que él ya delegó continúan teniendo vigencias. Es importante entender que, por aquella época, también los Patriarcas poseían estas llaves.

Uno de los que defiende esta interpretación es John W. Taylor, hijo del anterior Profeta. Apóstol y ampliamente popular entre la población se lo denomina el “Apóstol de la Gente”. Es joven, instruido y un acérrimo crítico de los excesos del poder federal.

Comienzan a definirse dos ideologías dentro del mormonismo dependiendo de cómo se interpreta el documento. ¿Su expresión tiene que ver con sinceridad y compromiso moral o es una cortina de humo para proteger a la comunidad? El Manifiesto sacará a las personas de la cárcel, permitirá a las familias reunirse, al Territorio transformarse en Estado, mantener la propiedad y el funcionamiento de los Templos. Por supuesto que casi todos están de acuerdo en que es una buena solución…

Pero muchos de los que aún permanecen en el “underground” lo leen como una simple estrategia para el exterior y una forma de extender la situación en el tiempo sin realmente modificar nada. Cuando las Autoridades comienzan a hablar en contra de la poligamia, recuerdan que ya han pasado por ocasiones similares y que los discursos son para los oídos gentiles, no para ellos.

Mientras tanto, en las colonias extranjeras de México y Canadá la poligamia continúa con el pleno conocimiento de los Líderes y allí se explica que lo que ocurre en EEUU es una situación pasajera.

Desde 1890 hasta fines de los años ’20 no hay importantes divisiones en la Iglesia. La cultura mormona es una sola. Pero no todos interpretan los acontecimientos ni los documentos del mismo modo. Por un lado existe la amenaza de la excomunión pero por otro la posible pérdida de la exaltación si deja de cumplirse con el Principio. También hay nuevas generaciones de mormones que no quieren saber nada con la poligamia y que desean conectarse con el resto de la sociedad norteamericana y el progreso.

La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce (1898) De izquierda a derecha Parados: Anthon Lund, John W. Taylor, John Henry Smith, Heber J. Grant, Francis Lyman, George Teasdale, Mariner Merrill. Sentados: Brigham Young, hijo, George Q. Cannon, Lorenzo Snow, Joseph F. Smith, Franklin D. Richards. En el suelo: Matthias F. Cowley y Abraham Woodruff.

La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce (1898)
De izquierda a derecha
Parados: Anthon Lund, John W. Taylor, John Henry Smith, Heber J. Grant, Francis Lyman, George Teasdale, Mariner Merrill.
Sentados: Brigham Young, hijo, George Q. Cannon, Lorenzo Snow, Joseph F. Smith, Franklin D. Richards.
En el suelo: Matthias F. Cowley y Abraham Woodruff.

En 1903, Reed Smoot, un Apóstol monógamo, es elegido como representante en el Senado, pero el Cuerpo se niega a que asuma su banca. Los motivos básicos: es un mormón, por lo tanto potencialmente mentiroso. Los Senadores tienen pruebas de que los matrimonios polígamos no han cesado y que la idea de una Teocracia continúa viva. No quieren entre sus filas a alguien que represente a un poder autónomo y oculto. Presienten que la lealtad de Smoot a sus juramentos religiosos interferirá con su lealtad a la Constitución.

Lo irónico es que Smoot no es sólo monógamo, sino casi un anti polígamo. Ha hecho todo lo posible para que la Iglesia se aleje de la práctica. El Congreso lo convoca a varias audiencias y finalmente también a Joseph F. Smith, nuevo Presidente de la Iglesia. Creyendo que su testimonio aclarará las cosas, el Presidente Smith parte confiado, pero las audiencias son desastrosas para su credibilidad ante la nación y su propio pueblo. En las actas del senado reconocerá que no ha tenido revelaciones sino una forma imprecisa de inspiración, que no vive de acuerdo a las normas del Manifiesto de 1890, que no puede recordar el nombre de sus esposas e hijos.

Los miembros están confundidos y avergonzados. Pero mientras tanto, en algunas Conferencias de Estaca, las Autoridades visitantes los invitan en privado a tomar nuevas esposas y a hacer los arreglos necesarios con el Patriarca. En la Conferencia General del 6 de Abril de 1904, el Presidente Smith anuncia el que se conoce como Segundo Manifiesto.

Joseph F. Smith, sexto Presidente de la Iglesia, en una foto de 1905

Joseph F. Smith, sexto Presidente de la Iglesia, en una foto de 1905

Intentando revertir el escándalo en el Senado y la mala prensa nacional, la Primera Presidencia decide tomar algunas medidas drásticas: John W. Taylor y Mathew Cowley son removidos del Quorum de los Doce, pero no se los excomulga. Tampoco se les retira el sacerdocio o su Apostolado. Simplemente no forman parte del cuerpo que gobierna la Iglesia. Nuevamente, muchos miembros lo perciben como una muestra de acomodarse a la situación, pero que, si esos líderes continúan teniendo llaves y siendo Apóstoles, los matrimonios múltiples continuarán. Muchos polígamos de la vieja escuela inician una nueva etapa en el underground.

A partir de 1909 un grupo de Apóstoles, encabezados por Francis Lyman y Heber J. Grant, inician lo que eufemísticamente se denominó “Cortes de Amor”. Estos tribunales internos a individuos específicos tienen por objeto detectar uniones polígamas realizadas después de 1904. A cambio de no avanzar con las excomuniones requieren los nombres de quienes los han sellado y, principalmente, quién lo autorizó. La mayoría de los citados son Presidentes de Estaca, selladores u obreros del Templo. Muchos creen, nuevamente, que se está poniendo su lealtad a prueba y no están dispuestos a dar nombres. En alguna ocasión puntual, quizás aquel que los autorizó es quien ahora conduce el tribunal o está escuchando como testigo.

Algunos han hecho un juramento de no revelar el origen del poder y temen las consecuencias eternas de violar ese juramento. Otros, fácilmente, nombran a Apóstoles que ya han muerto, como Merrill o Wilford Woodruff, hijo.

Paradójicamente, la misma metodología de delación que antes promovía el “diabólico gobierno federal” ahora la utilizan los Líderes de la Iglesia y se comienza a producir una clara división entre dos tipos de miembros. Ambos grupos continúan reconociéndose como Mormones pero creen cosas muy distintas y también muy distintas de las que creían sus predecesores de sólo 30 años atrás.

Es imprescindible el conocimiento de algunos de los eventos antedichos para comprender el surgimiento de una Iglesia no pro-polígama o anti-polígama sino post-polígama.

En reuniones ulteriores a las Conferencias de Estaca, los que se consideran a sí mismos “Verdaderos Mormones”, analizan en secreto fuertes evidencias de que la Primera Presidencia y el Quorum de los Doce desean que la divina ley se siga practicando, encubiertamente, si es necesario, y que las declaraciones que se realizan sobre su finalización son simples gestos.

Debemos recordar que, aún entre los que aceptan el Manifiesto, hay polígamos. Hermanos que tienen más de una esposa ¿Qué van a hacer con ellas? ¿Abandonarlas? ¿Divorciarse? La Iglesia termina aceptando que, los que ya las tienen, las mantengan, pero no puede haber nuevos matrimonios múltiples. Lo cual trae aparejado otra serie de cuestionamientos ¿Es una línea en el tiempo la que define qué está bien y qué está mal? Si es así ¿cuál línea? ¿La del Primer Manifiesto, la del Segundo, o alguna que aparecerá en el porvenir?

Viendo que las declaraciones públicas sólo agregan más confusión, algunos de los Apóstoles proponen decisiones más drásticas: excomuniones. Entre los excomulgados está Judson Tolman, un patriarca, un hombre anciano, que ha estado efectuando matrimonios pues hacerlo solía estar entre sus posibles funciones y que, probablemente, no ha entendido ni la mitad de lo que se trató en el tribunal que lo despojó de su membresía. En su lugar se llama a John Wooley, con lo cual, como decimos en Sudamérica, salimos de Guatemala para meternos en Guatepeor, pues Wooley en base a esa autoridad se transformará en uno de los iniciadores de lo que llegará a ser  la Iglesia Fundamentalista de los S.U.D.

Mientras tanto, John Taylor, hijo, quien tiene el apoyo de buena parte de la población y también de algunos miembros de los Doce se enfrenta severamente con Francis Lyman y otro grupo de Apóstoles, quienes, después de varias audiencias, terminan excomulgándolo. Taylor, quien ha sido clave en el establecimiento de las Colonias mormonas en el extranjero, solicita el apoyo del Concilio de los Cincuenta, trae el texto de las revelaciones recibidas por su padre en las que el Señor asegura que los matrimonios plurales jamás serán quitados de la Tierra, y maldice a los Apóstoles que tratan de revertir ese Orden.

John W. Taylor morirá de cáncer algunos años más tarde y en su lecho de muerte declarará que la primer cosa que pedirá al Señor es que llame al Elder Lyman a dar cuenta de sus acciones. Los Fundamentalistas lo verán como un mártir, aunque él jamás quiso tener contacto con ellos y, públicamente, jamás habló en contra de los Doce.

No con todos se utilizó la misma severidad: Joseph W. Musser, hijo de Amos Musser, un asistente del Historiador de la Iglesia, también fue encontrado culpable de adulterio (como se entiende ahora el tomar una segunda esposa) pero es simplemente “deshermanado” y automáticamente enviado en una misión a la India, sin que podamos entender si se trató de un premio o un castigo.

En 1911, Matthew Cowley, otro de los Apóstoles cuestionados fue suspendido, pero sus bendiciones restauradas en 1936.

Tan adelante como en 1914, el Patriarca Wooley es excomulgado por realizar matrimonios plurales en el Templo de Salt Lake. Calculemos que ya habían transcurrido 10 años desde el Segundo Manifiesto y 24 desde el Primero. Sin embargo, Wooley, quien había servido como guardaespaldas de John Taylor durante toda la etapa del “underground”, ya anciano, tiene un hijo: Lorin. Será él, excomulgado en 1924, quien en 1928 reorganizará a los Fundamentalistas con siete Apóstoles conocidos como el Concilio de Amigos. Comenzará una nueva etapa de “underground” pero ya no habrá en ella miembros de la Iglesia Oficial.

 

La información para el presente artículo proviene de variadas fuentes que incluyen “Zion in the Courts: A Legal History of  the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 1830-1900”  de Edwin B. Firmage y R.Collin Mangrum, “The Mormon Question: Polygamy and Constitutional Conflict in Nineteenth-Century America”, de Sara Barringer Gordon, así como la disertación de Daymon M. Smight, importante investigador del mormonismo, con un doctorado en Antropologia de la Universidad de Pennsylvania y la serie de entrevistas que se le realizaran en el blog “BY COMMON CONSENT”  en marzo de 2010.

 

“EL MAXIMO DON QUE PODRIA MORTAL ANHELAR” (Sobre la Verdad y algunas imitaciones alternativas)

Historia

 

“El máximo don que podría mortal anhelar”

(Sobre la Verdad y algunas imitaciones alternativas)

Por Mario R. Montani

 

“Groussac me comunicó la confianza moral de que la religión de la verdad, aunque fea y desagradable, es siempre un bien infinitamente mayor que la piadosa mentira”

Ezequiel Martínez Estrada (Autorreportaje)

 

Como ya la mayoría de los miembros de la Iglesia habrá detectado, el título de este ensayo proviene de una estrofa de nuestro querido himno “¿Qué es la Verdad?” (Nº 177 en los himnarios en español) que le otorga, además, importantes características, como ser “principio y fin y sin límites”, “joya sin igual”, “el tesoro más grande” y “la mira más noble que hay”. En otros posts de este blog, refiriéndonos a la Historia, hemos hablado sobre la cita del Salvador de que únicamente la verdad “puede hacernos libres” y sobre la definición canónica de que “es el conocimiento de las cosas como son, como fueron y como han de ser”, tal vez la mejor respuesta que tenemos a la pregunta neotestamentaria de Pilatos: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38)

Ya Aristóteles había enunciado: “Decir que lo que es no es y que lo que no es es, es falso; mientras que decir que lo que es es y que lo que no es no es, es verdadero”.

Mucho más adelante, la teoría de la correspondencia diría: “La verdad es una correspondencia de los enunciados con los hechos, y un hecho es una afirmación que creemos cierta”. Pero tanto “correspondencia” como “hechos” se han prestado a diferentes interpretaciones. Además, la teoría nos dice lo que entendemos por una frase verdadera pero no cómo decidir si una frase es verdadera o no.

Charles Pierce, a comienzos del siglo XX, agregaría que “verdad significa la aprobación satisfactoria de cualquiera de las comprobaciones que apoyan la correspondencia de la afirmación con la realidad”, dando inicio a la escuela del “pragmatismo”. Más adelante, William James agregaría otro concepto: Si una creencia satisface un deseo humano, y no tiene evidencias en sentido contrario, eso puede considerarse una consecuencia práctica (pragmática), y transformarse en una base legítima para decir que ciertas creencias son verdaderas. James llamó “super-creencias” metafísicas o teológicas a aquellas creencias que no pueden establecerse por la razón o la ciencia pero no necesariamente entran en conflicto con ellas y tienen un valor sicológico para el creyente. Si la teología católica hace a los católicos más felices, entonces, en cierto sentido, es “verdadera”. Lo mismo puede decirse de los musulmanes, presbiterianos, mormones o judíos. Pero deberemos reconocer que tal es una interpretación relativa de la verdad. La idea de verdad absoluta, con implicancias morales, es algo un poco distinto.

Quizás es posible acercarnos un poco más al concepto analizando el opuesto de la verdad que sería la mentira. Mentir es “decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa con el propósito de engañar. Inducir a error.” Es notable que a Satanás se lo identifique como “el padre de las mentiras” o “el gran engañador”, dando idea del enfrentamiento directo con Dios que presupone faltar a la verdad. Por supuesto, cuando trasladamos una mentira creyendo que se trata de una verdad, no se nos computará moralmente como mentira aunque técnicamente siga siéndolo.

Desde el Antiguo Testamento (“Seis cosas aborrece Jehová y aún siete abomina su alma: los ojos altivos, la lengua mentirosa…” Proverbios 6: 16-17) hasta nuestras más recientes escrituras (“Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos…” Artículo de fe Nº 13) recibimos el consejo de apegarnos a la verdad y alejarnos de su opuesto.

¿Debemos siempre decir la verdad?

Para complejizar un poco las cosas, vayamos a un ejemplo clásico. Imaginemos que somos una familia holandesa durante la ocupación nazi de ese país en la Segunda Guerra Mundial. Imaginemos también que hemos dado asilo a algunos vecinos judíos para evitar que sean llevados a un campo de concentración. La Gestapo golpea a nuestra puerta y pregunta si alojamos a hebreos. La respuesta positiva (que sería una verdad) hará que se lleven a los vecinos, destruyendo el motivo altruista original y conduciéndolos a una muerte segura. Además provocará la detención y castigo de nuestra propia familia. La respuesta negativa (que sería una mentira) tal vez evite esas dos consecuencias. Creo que casi todos optaríamos por la negación para evitar un mal mayor…

Cambiemos un poco el escenario y trasladémonos a Salt Lake City en los últimos decenios del Siglo XIX. Somos una familia mormona, no polígama, pero varios de nuestros vecinos sí cumplen con el llamado Principio. Oficiales del Gobierno Central golpean a nuestra puerta para indagar sobre los hábitos familiares de nuestros convecinos. Sabemos que confirmar la poligamia pondrá al esposo en la cárcel, provocará una multa económica y dejará a varias familias sin el trabajador que les da sustento por quién sabe cuánto tiempo. Además, no tenemos dudas de que se están inmiscuyendo con nuestra forma de adoración y nuestros derechos constitucionales… Nuevamente ¿qué respondemos?… Personalmente, no soy demasiado condenatorio con aquellos que contestaron negativamente, aunque no pueda minimizar las consecuencias históricas de admitir que sí, los miembros de la Iglesia de ese momento ocultaron y negaron la práctica ante el mundo exterior para evitar mayores consecuencias sobre ellos y la institución que protegían.

¿Está la Iglesia habilitada para mentir?

Permítanme compartir una experiencia personal de Roger Terry (a quién ya conocemos en este blog por su maravilloso “Eterno Inadaptado”): “Hace muchos años tenía un vecino que era enfermero especializado en traumas en el LDS Hospital. Había cumplido una misión, era esposo, padre y miembro activo de nuestro Barrio. Uno de sus pacientes en ese momento era el Presidente Ezra Taft Benson, quien había sufrido un severo ataque cerebral. Un vocero de la Iglesia emitió un comunicado sobre la condición del Presidente Benson que molestó a mi vecino. Tal comunicado aseguraba al público que el Presidente Benson estaba respondiendo bien al tratamiento y había conversado con su esposa.  (Mi vecino) me dijo: ‘Cuando has tenido dos hemorragias cerebrales masivas, eres casi un vegetal. El Presidente Benson no puede reconocer a su esposa y menos hablar con nadie’. Cuando me preguntó por qué la Iglesia estaba contando mentiras no tenía una buena respuesta para darle…” (Roger Terry, Why the Church cannot be Perfect?, Dialogue 46 Nº 1, pag 95-96).

Sería fácil echarle la culpa de la falsedad al vocero, pero, habiendo trabajado en el programa de Asuntos Públicos, sé que esos comunicados no se filtran inadvertidamente. ¿Cuáles serían algunas de las posibles causas para justificar una información falsa? Ante la falta de una respuesta oficial, me permito especular…1) Aliviar la tensión de los miembros en el mundo entero por la salud del Profeta. De hecho, hacía casi dos años que el Presidente Benson no aparecía en público. Había pasado por ataques al corazón, episodios de demencia senil y finalmente, derrames cerebrales. Los asuntos de la Iglesia, obviamente no estaban ya en sus manos, aunque se quisiera dar la imagen de que seguía al frente. 2) Un grupo de miembros ultra ortodoxos insiste en la comunicación permanente y constante de Dios con su Profeta. Si el receptor oficial está inhabilitado pues es casi un vegetal ¿a dónde están llegando los comunicados diarios de los Cielos? … Como dije, las presentes son meras especulaciones, pero no me cabe duda que algunas de estas ideologías estaban presentes cuando el comunicado salió a luz.

¿Debemos optar entre lealtad y honestidad?

En un reportaje durante la campaña presidencial de Mitt Romney, el periodista Jamie Reno citó a un empleado de la Iglesia declarando: “Todo mormón crece con la idea de que no está mal mentir si es por una causa mayor”. Yo me niego a aceptar la declaración y creo que está bastante lejana a la realidad, pero analicemos algunas actitudes. En el pasado se ha negado la existencia de matrimonios plurales cuando sí existían, luego se aseguró que habían cesado cuando en realidad continuaban produciéndose. Se afirmó también que la limitación del Sacerdocio a la gente de color no tenía nada que ver con la segregación, mientras que hoy se acepta, a regañadientes, que tenía bastante que ver. De vez en cuando, las estadísticas y porcentajes se alteran sin base real. El ataque en Mountain Meadows fue realizado por indígenas con algunos blancos renegados, hasta que las pruebas históricas muestran que fue llevado a cabo por muchos blancos mormones que involucraron adrede a  algunos indios renegados. La pregunta moral a realizarnos es: ¿Pidió el Señor que esas mentiras fuesen dichas o son métodos institucionales evasivos para evitar consecuencias indeseadas?

En la Doctrina y Convenios, después de la definición de Verdad que ya mencionamos, se nos dice: “y lo que sea más o menos que esto es el espíritu de aquel inicuo que fue mentiroso desde el principio” (DyC 93:25)

Robert J. Matthews en la Ensign de Octubre de 1994: “Aún compartir la verdad puede tener el efecto de la mentira cuando decimos verdades a medias que no muestran el panorama completo. También podemos ser culpables de falso testimonio si no decimos nada, en particular si permitimos a otro llegar a una conclusión equivocada mientras nos guardamos información que le hubiera permitido una percepción más apropiada. En esos casos es como si la mentira se hubiese pronunciado. Mentir y representar inadecuadamente algo está mal en todas sus formas, no importa cómo se lo racionalice, y aquellos que silenciosamente permiten que ocurra también están haciendo mal” (Robert J. Matthews “Thou Shalt Not Bear False Witness”)

Marvin J. Ashton: “Una mentira es cualquier comunicación dada a otro con la intención de engañar. Una mentira se puede comunicar eficazmente aún sin palabras. En ocasiones un asentimiento de la cabeza o un silencio. Es una tragedia ser víctima de mentiras…” (Marvin J. Ashton, “This is no Harm”, Ensign, 2000)

¿Será posible que estas recomendaciones rijan para los miembros de la Iglesia pero la Institución esté liberada de su cumplimiento?

Se cuenta que cuando Albert Einstein debía descender de nivel intelectual para explicarle a alguien su Teoría de la Relatividad y recibía como respuesta: “Ah, ahora sí la entiendo!!”, el sabio contestaba: “Me alegro, la lástima es que ahora ya no es más la Teoría de la Relatividad”. Todos nos hemos encontrado en situaciones en las que debemos dar explicaciones sobre nuestras creencias de modo breve y conciso. Si alguien nos consulta por qué hacemos investigación genealógica, no debemos darle una conferencia sobre la Preexistencia, los Grados de Gloria, los convenios del Templo y la rotación de Kolob…Es cierto que nunca podrá entender cabalmente el propósito de esa obra si primero no entiende varias otras de nuestras creencias, pero me parece importante que tanto los miembros como las Autoridades entendamos los límites dentro de los cuales movernos.  Toda explicación parcial o provisoria debería ser un “acercamiento” a la verdad y no un “alejamiento” de ella.

Joanna Brooks es una profesora de literatura comparativa, miembro de la Iglesia, que escribe extensamente sobre el mormonismo, y es consultada por prestigiosos periódicos y revistas. Administra un blog denominado “Ask Mormon Girl” y en 2012 ha publicado “The Book of Mormon Girl: Stories from an American Faith”. The Huffington Post la ha descripto: “Brooks se especializa en explicar la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días a no mormones y en presentar un modo diferente de ser mormón del de aquellos arraigados en la ortodoxia”. Permítanme introducirla en nuestro blog:

“Por supuesto, no hay nada raro en que un grupo minoritario desarrolle su modo peculiar de hablar con los extraños. Pero en algunos círculos mormones uno escucha amargas acusaciones sobre “mentir por el Señor”, y, en ocasiones, uno es testigo, entre nuestra gente, del remanente de la sensación profundamente establecida de que contar la historia completa no siempre es bueno para los intereses Santos de los Ultimos Días… El doble discurso sobre la poligamia continúa. Yo misma debo enfrentarlo cuando me veo obligada a hablar en público sobre el tema… El hecho es que la actual política de la Iglesia permite a un varón vivo ser sellado (casado por la eternidad) a más de una mujer. Por ejemplo, a un viudo o un divorciado que ha elegido acabar con su matrimonio civil pero no con el casamiento en el templo, se le permite unirse a otra mujer en un templo SUD con la seguridad de que ambos matrimonios, el primero y el segundo, serán eternos. La misma situación no es posible, bajo las actuales políticas, para una mujer SUD viva que sea viuda o se haya divorciado civilmente. Esto podrá parecer un tecnicismo. Pero cuando se lo combina con el hecho de que la Iglesia nunca  ha renunciado a la poligamia como principio doctrinal, y que aún permanece en la Doctrina y Convenios, una de las escrituras SUD, estimula la creencia en muchos miembros de la corriente principal de que los matrimonios polígamos serán un hecho en la vida venidera. Algunos fieles mormones obedientemente anticipan una poligamia en los cielos. Otros adoptan un punto de vista agnóstico sobre el tema. Pero muchos más albergan callados sentimientos de pena, enojo y preocupación. Yo misma he experimentado esos sentimientos, y escucho permanentemente a otros mormones que los comparten… La poligamia permanece como un tema en el pensamiento y creencias de la corriente principal del mormonismo – ya sea como un remanente doctrinal o como un artículo de fe viviente, nadie lo sabe por seguro. Y las tensiones creadas por la disonancia entre la negación pública de la Iglesia y la continuación privada de la doctrina conduce a más de un mormón a abandonar la fe.

“Algunas semanas atrás, me senté frente al micrófono radial del programa de la BBC “The World” (El Mundo); junto a mí en el programa se encontraba uno de los más altos oficiales de Asuntos Públicos de la Iglesia. Juntos, llevamos a cabo el mismo programa dos veces, una vez para la audiencia norteamericana, y otra para todo el mundo. Durante la primer hora, grabada para la audiencia nacional, cuando llegó la inevitable pregunta sobre la poligamia, cerré mis ojos y traté de transmitir en frases la terrible complejidad de la relación del mormonismo con la poligamia: que, aunque cierto que los mormones actuales no cohabitan pluralmente, la poligamia nunca ha sido erradicada de nuestra doctrina, escrituras, y aún políticas vigentes, y que tal situación produce tanto en mujeres como hombres mormones bastante resentimiento y preocupación Mi descripción resultaba un poco enmarañada junto al mensaje oficial y familiar: no, no practicamos la poligamia, en absoluto. Me sentía nerviosa e incoherente al contradecir públicamente a un oficial de relaciones públicas de la Iglesia, pero al mismo tiempo estaba determinada a no obscurecer una verdad que era más complicada y difícil de lo que parecía. Cuando negamos esas verdades, los costos emocionales privados se multiplican.

La audiencia en la segunda hora no era sólo norteamericana sino del mundo entero. Pensé en el alcance global de la BBC, el del antiguo Imperio Británico. Cuando llegó la pregunta sobre la poligamia, imaginé a los escuchas de Gales, Bangladesh y Kenia, quienes quizás no tenían el menor concepto del mormonismo, salvo los más familiares y rudimentarios estereotipos, incluyendo la poligamia en el siglo XIX. Cerré mis ojos y dije: “No. No practicamos más la poligamia”, coincidiendo esta vez con el encargado de Asuntos Públicos de la Iglesia. Al hacerlo, registré un antiguo y familiar sentimiento de hundirme. Traté de decirme que era lo mejor que podía hacer. ¿Estaba mintiendo por el Señor? ¿O era una simple mormona luchando por contar una historia complicada a un mundo que suele reducirnos a estereotipos? ¿Qué debí haber dicho? Mitt Romney declaró: “No puedo imaginar nada más horrible que la poligamia” – aunque la poligamia permanece como un elemento vivo en la doctrina y práctica mormona (y, agrego yo, M. Montani, editor del blog, aunque una buena proporción de los antepasados de Mitt fueron polígamos) ¿Es eso lo que realmente creemos? ¿Es eso lo que sintió que debía decir? ¿Es esto lo mejor que podemos hacer?” (Joanna Brooks, Ask Mormon Girl Blog, Does Mormonism Encourage LDS People to Lie?, 8 de Agosto 2012)

¿Decir medias verdades no es decir medias mentiras? ¿Ocultar algunas estadísticas promueve la fe? Si conocer la verdad nos hace libres ¿no conocerla totalmente nos esclaviza o nos hace más libres?

En 1981 el Elder Boyd Packer declaró: “Existe la tentación para el escritor o maestro de la historia de la Iglesia de querer contar todo, sin importar si promueve la fe o no. Algunas cosas que son verdad no son demasiado útiles…” (BYU Studies Vol. 21, Nro. 3, pag. 259-271). Parece un criterio un poco distinto para evaluar la verdad que “el conocimiento de las cosas como son, como fueron y como serán”

No me agrada la idea de que alguien tenga que faltar a la verdad para evitar que mi testimonio se debilite. Creo que la “edad de responsabilidad” amerita al menos eso. Dejemos que cada cual ande con su propia luz y no con luz prestada, que es el consejo que constantemente recibimos. Si podemos ayudar a alguien a alumbrar parte de su camino, mejor aún. Pero no iluminemos para otro lado cuando el camino se pone difícil…

La Iglesia no está formada únicamente por las Autoridades. La Iglesia somos TODOS los miembros que la constituimos. Creo que esos miembros tenemos tanto derecho de exigir veracidad a la Institución como ésta de exigírnosla cuando solicitamos una recomendación. Dijo Giovanni Pico della Mirandola, allá por el siglo XV: “La filosofía busca la verdad; la teología la encuentra; la religión la posee”. Quiero creer que tenía razón…

Mario R. Montani/2013