Al Rounds, Contemplando el Pasado desde el Presente

Arte y Religión

           Artes Plásticas

                          Artistas Plásticos Mormones

AL ROUNDS

Contemplando el pasado desde el presente

Por Mario R. Montani

Al Rounds nació en Utah, en 1954, pero se crió en la pequeña comunidad de Walnut Creek, California. Desde pequeño tuvo el deseo de dibujar y convertirse en un artista, lo cual ya fue señalado por sus maestros.

Al rememora:

“Mi recuerdo más temprano es del tercer grado. Tuvimos una reunión con los padres en el colegio. Una de las niñas en mi curso me señaló, diciendo ‘Allí está el artista de nuestra clase’. Esa fue la primera vez que me nombraron artista. Tenía problemas por estar dibujando en la Iglesia. Mis padres habían puesto la regla de que no se dibujaba hasta después del sacramento, pero me costaba mucho esperar tanto”.

Al Rounds, The Journey (una pareja de pioneros entierra a su hijito en viaje a la Tierra Prometida)

Sus padres, si bien no tenían conocimiento sobre arte, fueron un estímulo importante para que continuara su carrera. Su mamá le ayudó con la venta de la primera de sus obras.

“Conociendo a mi madre, creo que ella compró la pintura y se la regaló a una amiga pero me dijo que la amiga la había comprado. Yo estaba en la secundaria y se vendió por veinticinco dólares. En los años ’70 eso era para mí mucho dinero”.

“Tenía una profesora de inglés, Miss Hildegard Beuquette, quien vio mi talento y me dijo que no asistiese a las clases de inglés y dedicase ese tiempo a pintar. Recuerdo sus palabras: ‘si no te dedicas a pintar, estarás desperdiciando tu vida’. Yo creía todo lo que esa mujer me decía”.

“Me gradué en la secundaria Del Valle High School, en Walnut Creek… Era el verano de 1972, y uno de mis amigos iba a ir al Dixie College al sur de Utah. Quería que lo acompañase. Le pregunté a Miss Beuquette y ella dijo: ‘Ve’. Yo ni siquiera sabía dónde quedaba St. George, pero tres semanas más tarde estaba asistiendo a clases…”

Al Rounds, Cabaña de Peter Whitmer en 1829

Allí, Al recibiría la influencia de Jerry Olsen, quien, como mentor, le ayudó a mejorar sus habilidades y a desarrollar el arte de la acuarela.

En un baile universitario conoció a Nancy, quien se convertiría en su esposa:

“(Al) tenía el cabello largo y se vestía de modo extraño, con muchos colores brillantes. Sobresalía. Pintaba mucho por entonces. Temas abstractos como una gran bola roja con una línea negra sobre el lienzo blanco. No me gustaban esas pinturas”

A la familia de Nancy, tradicionales mormones de Utah, no le resultó fácil aceptar a este hippie californiano que se paseaba en su moto y sólo deseaba convertirse en artista, pero, finalmente, aprendieron a quererlo.

Al Rounds, Templo de Kirtland en 1836

Al y Nancy se casaron en 1974, cuando aún estaba en la Universidad de Utah, y los bebés comenzaron a llegar. De hecho, 5 de ellos en los próximos 6 años (más dos que adoptarían años más tarde). Compraron una casa en Sandy, y él solía pintar en la mesa de la cocina mientras arrullaba algún bebé en sus rodillas. Luego pasó a pintar en el sótano, con la máquina del lavado. No todo era sencillo. Al dar a luz su tercer hijo, el hospital informó a Nancy que no le darían de alta hasta que pagara u$s 100. Rounds realizó rápidamente algunas acuarelas en su casa, se dirigió a Trolley Square y en el transcurso de la tarde logró venderlas. La llamó por teléfono ‘Tengo los cien dólares. Voy a buscarte’.

Al Rounds, Hogar de Brigham Young en Nauvoo

Después de su graduación en 1977, Al decidió que sería artista de tiempo completo, a pesar de las advertencias en contra de sus allegados. Se reunió con Nancy, que es la persona práctica dentro del matrimonio, y calcularon que necesitaría vender 3 pinturas diarias de u$s 25 (incluyendo los marcos, eso les dejaría una ganancia de u$s 15 c/u) para cubrir sus necesidades financieras. Esta premura definió el uso de acuarela, ya que con el óleo las obras llevan más tiempo de producción y secado.

Hogar de Wilford Woodruf en Nauvoo

Uno de sus primeros trabajos fue “Eagle Gate”:

“Imprimí 700 copias de ella y las vendí a u$s 100… Me tomó seis años vender esa primera impresión. Entonces pinté la Beehive House vista desde South Temple con el templo al fondo. Esa fue mi primera experiencia de intentar ver las cosas como habían sido en el pasado…”

Al Rounds, Eagle Gate en 1920

En 1979, Al tuvo el sentimiento de seguir el camino histórico realizado por los mormones, de modo que comenzó en Vermont hasta regresar a Utah. Aunque realizó diez pinturas con el material recogido, no las veía por entonces como sitios históricos sino como paisajes que deseaba plasmar. Su familia se acostumbró a viajar por la carretera y de pronto salirse del camino para que tomase las fotos que deseaba.

Algunos años más tarde comenzó a dedicarse a realizar paisajes históricos. Con mucha investigación sobre situaciones y personas logró visualizar cómo eran las cosas cuando Joseph Smith o Brigham Young las vieron, o antes de que el Templo de Salt Lake se terminase.

Al Rounds, Jardin trasero de la Beehive House en 1890

En búsqueda del ángulo correcto para sus pinturas, Rounds ha escalado montañas con nieve hasta sus rodillas, subido a lo alto de los árboles, resbalado en las heladas aguas de lagos y arroyos, traspuesto letreros de “prohibido pasar” e incluso caminado por territorio minado.

Al Rounds, Tabernáculo de Provo en 1898

En Nauvoo estuvo bajo temperaturas tan bajas que su cámara se congelaba, por lo que debía ingresar al auto y calentarla para tomar una foto y volver a repetir el proceso.

Al Rounds, Calle Principal, Nauvoo

Tanto sacrificio y dedicación dieron sus frutos y Al llegó a establecerse como el más conocido paisajista histórico de temas mormones. Sus obras han comenzado a aparecer frecuentemente en la Ensign y otras publicaciones oficiales de la Iglesia, así como en las paredes de varios templos. También en edificios públicos como el Salt Lake City-County Building y el Abravanel Hall.

Al Rounds, la Nauvoo de Joseph

Dice Jay Todd, por muchos años editor de Ensign:

“Es el más importante paisajista de lugares históricos. Ha hecho una gran contribución a la comunidad artística de Utah y de los Santos de los Ultimos Día. Ha establecido una verdadera marca y su nombre quedará de modo permanente en la comunidad SUD”.

Al Rounds, Cárcel de Liberty

Al Rounds ha pintado la Arboleda Sagrada, el Cerro Cumorah, el río Susquehanna, el Templo de Kirtland, la Cárcel de Liberty, entre otros. También ha plasmado lugares no necesariamente pertenecientes a la historia de la Iglesia, particularmente en sus varios viajes a Inglaterra y Palestina.

Al Rounds, Cabaña de John Price en Inglaterra (tatarabuelo de Al)

Con respecto a su forma de investigar sobre el pasado:

“Leo muchísimo. Leo diarios personales, periódicos, biografías, escrituras. Nunca busco algo demasiado específico, sólo un sentimiento acerca de esa pintura. En una ocasión tuve la sensación de que debía viajar a Hawaii. Mientras leía comencé a encontrar menciones sobre Hawaii y las primeras edificaciones de la Iglesia en las islas. Leí que hacia fines de 1870, había más capillas mormonas en Hawaii que en cualquier otro Estado fuera de Utah. Volé a Hawai y comencé a entrevistar a personas mayores que me llevaron a los lugares a donde se hallaban esos edificios, mayormente ya inexistentes. Me sentaba con ellos y hacía bosquejos de lo que me describían. A medida que hablaban sus recuerdos mejoraban. A pesar de sus más de 90 años me decían ‘No, las escaleras estaban del otro lado. Allí había una roca. Siempre teníamos la Escuela Dominical en la roca porque estaba más fresco’. Siempre escucho lo que dice la gente mayor. Ellos piensan que no es importante, pero allí encuentro mis pinturas”.

 

Al Rounds, Capilla del Primer Barrio de Draper

Rounds, quien ha sido Obispo y Maestro Scout, es un hombre agradable, de hablar pausado y gentil. Como muchos artistas, es sensible y vulnerable y necesita de cierta protección. En el hogar es famoso por sus distracciones. Perdía sus llaves constantemente hasta que Nancy compró un astronauta de goma para agregar al llavero. No obstante, volvió a extraviarlas en varias ocasiones. Dice su esposa:

“Al tiene un serio problema con la realidad. Es olvidadizo. A veces es exasperante y quisiera acogotarlo… Es como un astronauta flotando en el espacio, mientras pinta. De vez en cuando lo hago descender a la Tierra…”

Al Rounds, Tabernáculo de Brigham City en 1890

Al se dedica a una cosa: pintar. Nancy maneja las finanzas y la logística. Cuando viajan, ella hace los arreglos de los hoteles, los vuelos, los alquileres de autos y controla los mapas de ruta. En una ocasión, Al se aventuró sólo en Boston y, aunque llevaba instrucciones muy específicas de Nancy, se perdió. Además había olvidado su licencia de conductor. Nunca más lo intentó.

Una de sus pinturas favoritas es Mount Olympus:

Al Rounds, Mount Olympus

“La pinté para mí. Estaba entrevistando a Merle Pugh, y ella me contaba acerca del carnicero que llevaba los pedidos puerta a puerta. Resulta que ese carnicero era mi abuelo. Mientras pensaba en ese carro, y en el caballo con cascabeles avisando que el carnicero llegaba, la pintura se armó en mi mente. Jamás había pensado en mi abuelo como alguien con 18 años comenzando su negocio. Fue una conexión con mis ancestros que jamás había sentido antes. Cuando la obra tomó cuerpo, tal como la había visualizado, decidí conservarla”.

Ese trabajo le llevó cuatro meses, por lo que Nancy tuvo que realizar milagros con el presupuesto. Pero Al está interesado en otras cosas y no tanto en el dinero.

Al Rounds, City Creek, 1893

“Quiero mejorar, no ser más rápido. Para hacer dinero hay que pintar muy rápido. Nuestra meta fue siempre la calidad, y eso lleva más tiempo… Cuando estuve en Nauvoo, el verano pasado, me encontraba firmando copias y una mujer vino a decirme. ‘Su obra ha afectado a nuestra familia. Yo era una mamá sola, criando cinco varones y tenía su pintura de la Beehive House y el Templo de Salt Lake colgando en el living. Cada vez que uno de ellos se metía en problemas, lo hacía ir al living y observar detenidamente la pintura. Hace muchos años de eso y todos ellos ya han ido a la misión. Pero aún hablan sobre ir a mirar el cuadro’.

Cuando uno pinta, trata de comunicar sus sentimientos sobre esos maravillosos lugares en nuestra historia compartida. Esos edificios requirieron tanto sacrificio para ser levantados. Por tanto, que alguien venga años después a decirte que tus esfuerzos hicieron una diferencia en su vida es un sentimiento que no se puede olvidar. Te hace desear volver al pincel y al lienzo para crear”.

Al Rounds, Hogar de la afamada ilustradora Beatrix Potter en Inglaterra

Hoy, ya con un reconocimiento internacional, Al produce unas 10 o 12 pinturas al año.

Al Rounds, El “Times & Seasons”

Larry Miller, amigo personal, y poseedor de siete originales de Rounds en su hogar:

“El ve a sus pinturas como un llamamiento en la iglesia. Pero hay espacio para más. Posee un gran don”.

Al Rounds, Vista de la Calle Principal

Al Rounds, La última colina

Al Rounds, la Casa de mi Padre

El presente artículo se ha beneficiado con información de las siguientes fuentes:

Meridian Magazine, 26 mayo 2004, Window to Our Past: an interview with Al Rounds por Steevun Lemon,

Deseret News, 4 Nov 2001, Al Rounds: Utah painter’s ‘calling’ is a stroke of wonder, por Doug Robinson

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“La Música pertenece al Cielo” – Segunda Parte

Arte y Religión

         Música

    “La Música pertenece al Cielo”

Segunda Parte

Reflexiones musicales sobre los Profetas de los Ultimos Días

Por Mario R. Montani

Lorenzo Snow

El Presidente Snow fue el último Profeta del Siglo XIX. Cumplió una misión en Italia, donde dedicó la tierra para la predicación del evangelio. Recibió una educación esmerada en el Oberlin College. Su hermana, Eliza, consagrada poetisa aún antes de convertirse al mormonismo, nos dejó las letras de muchos himnos, incluyendo “Oh, Mi Padre”.

Se lo llamó al apostolado en 1849. En Utah fundó la Polysophical Society, que estimulaba el aprendizaje en diferentes aspectos del conocimiento humano.

“Todo desarrollo del siglo diecinueve en las ciencias, arte, mecanismos, en música, en literatura… fue promovido por Su Espíritu, el que pronto será derramado sobre toda carne dispuesta a recibirlo”. (Church News, 28 Agosto 1893)

“No dejen de perseverar. He notado que muchas jovencitas y varones también, comienzan a estudiar música, pero se desalienta y, fallando en la perseverancia, no tienen éxito en lograr aquello que se propusieron” (3 de Abril 1897 DW, 54:438)

Según Heber J. Grant, en sus comentarios de la Conferencia General de 1919, el himno preferido de Lorenzo era “Zion Stands with Hills Surrounded” (En las cumbres de los montes, Nº 22 en los himnarios en español). Curiosamente, es un himno escrito por el poeta y compositor irlandés Thomas Kelly en el siglo XVIII, mucho antes de la restauración, pero que parece predecir el establecimiento de los santos en las montañas.

Cuando el Presidente Snow leyó la oración dedicatoria del Templo de Manti, tuvieron lugar varias manifestaciones espirituales. El primer día, al concluir el profesor Smyth con el preludio, que consistía en una selección de obras de Mendelssohn, varios hermanos escucharon voces celestiales que parecían estar arriba y detrás de ellos. Sin embargo, no había otro coro.

Estando en la cárcel, en septiembre de 1896, Lorenzo Snow escribió a su hermana, Eliza, una carta en forma de poesía, la cual ella contestó en la misma y natural manera a los pocos días. Al finalizar esa carta, hay un agregado al que podría considerarse “el credo del artista mormón”. Me he permitido su traducción:

“No es necesario escalar el Parnaso

En vana búsqueda inspirativa

Ni lo es retirarnos al bosque Arcadio

Para que musas pulsen nuestra lira.

 

La inspiración pura que Dios imparte

Dando al corazón y a la mente alas

Trae tanta más luz, belleza y arte

Que la que viene de musas paganas”.

Joseph F. Smith

Joseph F. era hijo de Hyrum, el hermano del Profeta, y de Mary Fielding, una conversa inglesa.

“La buena música es una gentil alabanza a Dios. Es deleitable al oído y es uno de nuestros métodos más aceptables de adorar a Dios. Y aquellos que cantan… en los coros de los Santos… no deberían hacerlo meramente porque es una profesión o porque tienen buenas voces; sino que deberían cantar además porque tienen el espíritu para ello… alabando a Dios quien les dio sus dulces voces”. (Conference Report Oct. 1899, pag. 69)

“Recuerdo, cuando era sólo un niño, escuchar a mi padre cantar. No sé si era un buen cantante, porque a esa edad no era capaz de juzgar la calidad de su canto, pero los himnos que cantaba se convirtieron en algo familiar para mí, aún desde mi infancia. Creo que aún puedo cantarlos, aunque no soy demasiado bueno en ello. Cuando los jóvenes van al mundo a predicar el evangelio, encontrarán muy beneficioso saber cantar las canciones de Sión. Repito la admonición y solicitud del Hermano McMurrin, quien acaba de retornar de una larga misión en Europa, que los varones jóvenes que son elegibles para predicar, y que es probable que sean llamados al campo misional, comiencen de inmediato a mejorar su talento para cantar, y que no piensen que está por debajo de su dignidad unirse a los coros de los barrios en donde viven y aprendan a cantar. Cuando escuchamos este coro, bajo la dirección del Hermano Stephens, oímos música, y la música es verdad”(Conference Report Oct. 1899, pag. 68)

Nuevamente, según Heber J. Grant, en el discurso de los funerales de Joseph F. Smith, el himno favorito del Presidente era “Uphold the Right, Though Fierce the Fight”, escrito por la hermana Emily Hill Woodmansee, el que no se ha incluido en los himnarios después de 1927.

Heber J. Grant

Heber nació en 1856, hijo de Jedediah M. Grant, quien fuera Apóstol y consejero de Brigham Young. Es ordenado Apóstol a los 25 años. Cumplirá una misión entre los indios americanos. Abrirá las puertas del evangelio en Japón y presidirá las misiones europeas. A los 62 años, mientras finalizaba la Primera Guerra Mundial, es apartado como Presidente de la Iglesia.

“La entonación de nuestros himnos sagrados, escritos por  siervos de Dios, tiene un poderoso efecto en convertir a las personas a los principios del Evangelio, y en promover la paz y el crecimiento espiritual. Cantar es una oración al Señor…” (Songs of the Heart, Improvement Era, Septiembre 1940, pag. 522)

 “…el cantar las canciones de Sión, aun cuando se cante de manera imperfecta, pero con la inspiración de Dios, conmoverá el corazón de las personas sinceras con mayor eficacia que si se cantara bien, pero sin el Espíritu de Dios”. (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Heber J. Grant, 2000, pág. 183)

 “Estoy agradecido por una Iglesia que enseña el gozo y alienta las dulces influencias que provienen de la música… tenemos excelentes himnos en esta Iglesia … ¡Qué influencia reconfortante y elevadora hay en la música sincera!”. (Citado en Church News, 28 Agosto 1983)

El Presidente Grant se caracterizó toda su vida por la tenacidad y el logro de cosas que parecían imposibles. Sus experiencias personales con el canto son aleccionadoras y muy divertidas:

“Creyendo que hay un considerable número de personas que nunca han cantado, las que quizás se verían beneficiadas al leer un relato de mis esfuerzos, y quienes, por tanto, podrían verse estimuladas a aprender a cantar, es que he decidido relatar mi experiencia” (Learning to Sing, Improvement Era, Octubre 1900)

“Durante todos los días de mi vida he gozado mucho con el canto. Cuando era un niño de diez años, me uní a una clase de canto, y el profesor me dijo que jamás podría aprender a cantar… Un frenólogo analizó mi letra y declaró que yo podría cantar, pero que él preferiría hallarse a cuarenta millas de distancia mientras lo hiciese… Yo practicaba canto en el edificio Templeton, y el cuarto en que lo hacía se ubicaba en forma inmediata al de un dentista. La gente en la sala de espera suponía que a alguien le estaban extrayendo una muela…” (Conferencia General, Abril 1901)

“Muchísimos de mis amigos me han rogado que no cantase… uno de mis compañeros en el apostolado me dijo: ‘Pasa, Heber, pero no cantes…”. En nuestras reuniones del Templo, era común que los Hermanos dijesen: ‘Eso es tan imposible como que el Hermano Grant mantenga una tonada’. Todos estaban en conocimiento de que esa era una de las imposibilidades” (Conferencia General, Abril 1901)

“Todos los días de mi vida he tratado de cantar ‘Oh, Mi Padre’ escrito por la hermana Eliza R. Snow. Cuando yo era niño, con excepción de mi madre, ninguna mujer que jamás haya vivido se tomó tanto interés por mí, me dio más consejos maternales o pareció amarme tanto como lo hizo la hermana Snow. La quería a ella con todo mi corazón, y amaba su himno ‘Oh, Mi Padre’. Dije al hermano Horace S. Ensign que gustosamente dedicaría cuatro o cinco meses de mi tiempo libre si pudiera aprender ese único himno. Me dijo que cualquiera que tuviese perseverancia podía aprender a cantar. Repliqué que si había algo que yo tenía eso era perseverancia y le sugerí que nos sentásemos y tuviésemos mis primeras dos horas de lección sobre ese himno. He continuado esas lecciones desde entonces y he llegado a cantarlo hasta 115 veces en un día… Intenté cantar ‘Oh, Mi Padre’ en Snowflake, Arizona. Sólo llegué a ‘Oh’, y ni siquiera eso estaba muy bien…

“Después de dos o tres meses… me sentía tan confiado de poder cantar dos himnos ‘Oh, Mi Padre’ y ‘Dios trabaja Misteriosamente’, y también el Sr. Ensign, que me ofrecí como voluntario para cantar ‘Oh, Mi Padre’ en la conferencia de la Escuela Dominical que se llevaría a cabo en nuestro gran Tabernáculo con una asistencia de 10.000 personas. El edificio estaba repleto y con personas de pie… Deseaba dar una lección a los jóvenes, y estimularlos a aprender a cantar. Fallé, saliéndome de la tonalidad casi en cada estrofa, y en vez de animar a los jóvenes, me temo que los desanimé…”

“Anuncié que estaba en conocimiento de no haber cantado el himno apropiadamente – la audiencia estaba riendo casi todo el tiempo de mi canto – pero que volvería a cantarlo y continuaría cantándolo en futuras conferencias hasta que pudiera hacerlo sin errores”

“Cuando regresé a casa de mi primer intento de cantar en el Tabernáculo, mi hija Lucy… me dijo ‘Papá, tuve que reírme durante tu canto para evitar ponerme a llorar – estaba tan avergonzada’”.

También recibió una carta de su amigo, el Brigadier General Richard W. Young:

“Admito que el punto que quieres demostrar es bueno, es decir, si puedes aprender a cantar, entonces nadie debe desanimarse por nada, pero el hecho de que el éxito deba lograrse bordeando el ridículo hace que el asunto sea difícil y delicado, particularmente para un apóstol, quien, a diferencia de un fanático de la música ordinario, no puede arriesgar el cultivar su tórax a expensas de su reputación como un hombre con cierto juicio”.

A pesar de las críticas de familiares y amigos, Heber estaba más decidido que nunca a volver a intentarlo. Al poco tiempo, en una cena, uno de los presentes pidió que cantase ‘Oh, Mi Padre’ y otro “Dios Trabaja Misteriosamente”:

“Le pedí a la Hermana Snow si me hacía el favor de acompañarme. Ella hizo la introducción para ‘Oh, Mi Padre’ y yo canté ‘Dios trabaja Misteriosamente’. Por suerte, las primeras notas son parecidas y la Hermana Snow se dio cuenta y todo salió bastante bien”.

A pesar de su sordera musical Heber continuó trabajando. Cuando ya tenía 43 años se encontró en una reunión del barrio con el Profesor Charles J. Thomas, quien había afirmado, cuando era niño, que jamás podría cantar, y se acercó a él.

  • Sé que no puedo cantar toda la escala: do, re, mi, fa, sol, la, si, do, pues lo intenté por casi una hora esta misma mañana con ayuda de mi esposa, y fallé, pero al menos puedo entonar dos canciones.
  • No lo creo

“Nos dirigimos a un rincón del salón, y en voz muy baja, canté las seis estrofas de “Dios trabaja misteriosamente”. Cuando finalicé reconoció que no podía entenderlo, que yo no me había equivocado en una sola nota. Le aseguré que ahora lo comprendía, pero que había practicado la canción no menos de cinco mil veces antes de aprenderla. Inmediatamente me pidió que me uniese al Coro del Templo, que él conducía en esa época, y canté en su coro por varios años”

“En más de una ocasión he comprobado la veracidad de la cita ‘aquello que persistes en hacer llega a ser más fácil, no porque la naturaleza de la cosa en sí haya cambiado sino porque tu capacidad de hacerla ha aumentado’, al practicar una canción durante dos horas y llegar a cantarla en público sin equivocación. Ahora puedo cantar alrededor de doscientas canciones… Lo considero uno de los mayores logros de mi vida…”

El himno favorito del Presidente Grant era Oh, Está Todo Bien, que celebraba su herencia pionera.

“Jamás he escuchado o espero escuchar hasta el día de mi muerte mi himno favorito, ‘Santos venid, sin miedo, sin temor, mas con gozo andad’, sin pensar en la muerte y entierro de mi pequeña hermana y en los lobos escarbando su tumba en la planicie. Pienso en la muerte de la primer esposa de mi padre y en el acarreo de su cuerpo hasta aquí para ser enterrado”

George Albert Smith

El octavo Presidente de la Iglesia estaba casado con una nieta de Wilford Woodruff.  Padeció de depresión y algunos desórdenes emocionales, lo que no impidió que recorriese alrededor de un millón de millas cumpliendo responsabilidades para la Iglesia. Durante su breve administración, ayudó a Europa, debilitada por la Guerra, reorganizó la obra misional, combatió al Klu Klux Klan y apoyó al movimiento Scout.

“A veces me pregunto si nos damos cuenta de la importancia de la música. Me pregunto si sabemos que el Señor mismo se interesa en ella. Nos ha informado que la canción de alabanza es una oración a Él… En nuestros días nos dio revelación sobre la música.  Instruyó a Emma Smith  para que reuniese los himnos que se cantarían en la Iglesia. [Es] nuestro privilegio, sí, nuestra bendición, cantar y… nuestras canciones deberían cantarse en rectitud”. (Church News, 16 de febrero de 1946, pág. 6).

El Presidente Smith siempre será recordado como un pacificador y un amigo de la gente. La Iglesia alcanzó el millón de miembros durante su presidencia.

David O. McKay

El Presidente McKay era un intelectual, un educador y un poeta. Bajo su dirección, la Iglesia fue reconocida a nivel internacional. Se involucró personalmente en el repertorio y las giras del Coro del Tabernáculo, transformándolo en un embajador de buena voluntad.

“La vida de los Santos de los Últimos Días es una vida abundante que engloba todo lo que es hermoso y digno. La música, a menudo mencionada como el arte divino, es una parte de esta abundancia, brindando gozo a todos”. (Church News, 28 de Agosto 1983)

“Verdaderamente, la música es el lenguaje universal; y cuando se expresa de manera sublime, ¡cuán profundamente conmueve nuestras almas!”. (Conference Report, abril de 1945, pág. 119)

“Existen cosas en la mente de cada ser humano que no pueden expresarse con palabras, pero sí pueden serlo con la música y hemos escuchado esta mañana ese mensaje entonado en música por el Coro” (Conference Report, Abril 1964, pag. 64)

En la actualidad, la facultad dentro de BYU, donde se enseña arte y música es la David O. McKay School of Education, en su Departamento College of Fine Arts and Communications.

Joseph Fielding Smith

El décimo Presidente de la Iglesia era nieto de Hyrum Smith e hijo de Joseph F. Smith, quien era el Profeta cuando él fue llamado al apostolado, en 1910. Fue prolífico escritor, teólogo e historiador. Su segunda esposa, Jessie Evans, era una famosa contralto lírica y solista en el Coro del Tabernáculo.

 “Deleita mi corazón ver a nuestra gente en todas partes mejorando sus talentos como buenos cantantes. Doquier que vayamos entre nuestra gente hallamos dulces voces y talento para la música. Creo que esto es una manifestación para nosotros  del propósito del Señor en cuanto a nuestro pueblo en esa dirección, que llegará a sobresalir en estas cosas”. (Church News, 28 Agosto 1983)

“Cuando escucho buena música, mi alma siempre se eleva y mi espíritu se anima y se reconforta. Ciertamente, disfruto mucho de ella”. Conference Report, octubre de 1969, pág. 110

“Ya que el canto es agradable al Señor y una oración a El, cuando es “sagrado” y entonado desde el corazón, los Santos de los Ultimos Días debemos intentar siempre cantar en armonía con el Espíritu y con entendimiento. Frecuentemente, el espíritu de una reunión se ve obstaculizado por la música y el canto inapropiados… Nuestras canciones deben siempre estar de acuerdo con las verdades del evangelio. A veces, en los himnos sectarios se descubre falsa doctrina. Una linda melodía no compensa sentimientos falsos, sin embargo, debemos luchar constantemente con esto en los servicios de la Iglesia… Los directores de coros deben esforzarse para preparar canciones que armonicen perfectamente con el tema de la reunión” (CHMR, Vol 1, pag. 119)

Harold B. Lee

Harold aprendió a tocar el piano, que era una de las joyas de la familia, siendo muy pequeño y gracias a las lecciones de una profesora escocesa. Cuando asistió a la Oneida Stake Academy dedicó especial atención por dos años al corno francés y el bombardino. Esa temprana experiencia le ayudaría cuando, años más tarde, sirvió como Director del Comité de Música de la iglesia.

“Mi experiencia de toda una vida… me convence de que la más efectiva predicación del evangelio se logra cuando es acompañada por música hermosa y apropiada”. (Conference Report, abril de 1973, pag. 181)

“Al mismo tiempo, la música puede prostituirse para propósitos de Satanás. Se ha citado a Napoleón declarando: ‘De todas las artes liberales, la música es la que ejerce mayor influencia sobre las pasiones y por eso el legislador debe otorgarle importante estímulo”. Permítaseme parafrasearlo y decir. ‘La música en la Iglesia de Jesucristo debe ser un principal motivo de preocupación para todo líder de la juventud, considerando que no sean promovidas las clases de pasiones equivocadas por la inclusión de música sensual en los programas de la juventud’”. (Harold B. Lee, The Teachings of Harold B. Lee, editado por  Clyde J. Williams [Salt Lake City: Bookcraft, 1996], pag. 203)

Spencer W. Kimball

Spencer Wooley Kimball fue Presidente de la Iglesia entre 1973 y 1985. Durante sus años como misionero solía ingresar en los hogares de los investigadores que tenían pianos de la firma “Kimball” declarando que ese era su apellido y aprovechando para tocar algunos himnos e iniciar una conversación. Ya siendo Apóstol, tocaba el instrumento y cantaba con las familias en las cuales se hospedaba:

“Olvidarán mis sermones pero nunca las canciones que cantamos juntos”

Sus viajes para la Iglesia le requerían estar alejado del hogar. En una carta a su esposa, Camilla, le recordaba:

“Creo que deberíamos hacer un poco más por los niños en su desarrollo cultural. Si LeVan va a escoger trompeta o violín, y lo mismo Bobbie, creo que deberíamos conseguirles los instrumentos y proveer las lecciones. Al menos deberían continuar con sus estudios de piano. Creo que nos hemos despreocupado un poco de este asunto y los años vuelan. Ellos no lo lograrán por sí mismos a menos que se haga ahora, mientras nosotros podemos insistir sobre ello”

Además de su famoso mensaje sobre las artes en la Iglesia (que puede leerse aquí), el Presidente Kimball se refirió al tema de la música en numerosas ocasiones:

“La responsabilidad de producir, seleccionar y ejecutar música para la Iglesia requiere discriminación, buen gusto, conocimiento y el espíritu apropiado; resumiendo, requiere los mejores esfuerzos que nuestros mejores músicos puedan dar, siendo que estamos utilizando dones que el Señor nos ha dado con el propósito de edificar Su reino… Nos hallamos en posición, como músicos, de tocar las almas de aquellos que escuchan”. (Teachings of Spencer W. Kimball, Bookcraft, 1982, pag. 518)

“Los sonidos musicales pueden ensamblarse de tal modo que expresen sentimientos – desde los más profundamente exaltados a los más vulgarmente abyectos. O, más bien, estos sonidos musicales inducen en quien escucha sentimientos a los que responde, y la respuesta que da a esos sonidos ha sido denominada “gesto del espíritu”. De modo que, la música puede afectar nuestros sentidos para producir o para inducir sentimientos de reverencia, humildad, fervor, seguridad u otros sentimientos que estén a tono con el espíritu de adoración”. (Teachings of Spencer W. Kimball, Bookcraft, 1982, pag. 519)

“Al escuchar las hermosas canciones del coro y la música del órgano, me reconforta la seguridad de que también en el cielo habrá música hermosa, y me siento agradecido”. (Conf. Gral. Oct. ’82)

“Se ha dicho que no habrá música en el infierno, pero hay algunos ruidos que reciben ese nombre y parecen pertenecer a dicho lugar”  (Abril 1974)

“Lo mejor aún no se ha producido ni compuesto” (The Gospel Vision of the Arts, 1978)

“Al inclinar nuestros corazones al Padre Celestial y su Hijo Jesucristo, escuchamos una sinfonía de dulce música entonada por voces celestiales proclamando el evangelio de paz.”

“Me resulta triste ver en las congregaciones mucha gente parada en silencio cuando podría estar cantando desde el corazón. Me pregunto constantemente si no cantarían felices hoy si por doce años sólo hubiesen podido mover los labios frente a miles de canciones y no poder producir un sonido (recordemos que el Pte. Kimball fue operado de sus cuerdas vocales y tuvo que reeducar su voz). Me pregunto si aquellos silenciosos se pueden siquiera imaginar lo que es estar imposibilitado de unirse a sus compañeros en alabanza al Señor mediante la música” (Teachings of Spencer W. Kimball, pag 519)

“Toda congregación debería tener un coro. Si no poseen un coro en el Barrio, están tan faltos de organización como si no tuviesen una Sociedad de Socorro” (Teachings of Spencer W. Kimball, pag 518)

Ezra Taft Benson

Después del regreso de la misión, George Benson, el papá de Ezra, solía cantar “Ancianos de Israel” y “Oh, vos que sois llamados” mientras ordeñaba sus vacas, de modo que el pequeño las aprendió de memoria. Siendo ya un joven tocó el piano y el trombón e interpretó como solista vocal.

“La música inspiradora puede llenar la mente con pensamientos nobles, promover la acción justa y derramar paz al alma”. ( Liahona, febrero de 1975, pág. 43)

“Les instamos a que escuchen música que los eleve, tanto popular como clásica, que edifique el espíritu. Aprendan algún himno favorito del nuevo himnario que edifique la fe y la espiritualidad. Asistan a bailes en los que la música, la iluminación y los movimientos sean apropiados para el Espíritu. Miren programas y entretenimiento que eleve el espíritu y promuevan pensamientos y acciones limpios. Lean libros y revistas que hagan lo mismo”. (Youth of Noble Birthright, Abril 1986)

“Las fuerzas destructivas inspiradas por el diablo están presentes… en la radio… en los bailes… y aún en la así llamada música popular. Satanás utiliza muchas herramientas para debilitar y destruir el hogar y la familia, y especialmente a nuestros jóvenes…” (The Teachings of Ezra Taft Benson [Salt Lake City: Bookcraft, 1988], pag. 322)

“Tengo una visión de nuestros artistas colocando los grandes temas y personajes del Libro de Mormón en películas, dramas, literatura, música y pintura…”  (“Flooding the Earth with the Book of Mormon,” Ensign, Nov. 1988, pags. 4-5)

Howard W. Hunter

Howard nació con un perfecto sentido del ritmo y una buena voz para cantar. Fue, además un prestigioso abogado y sirvió en carácter de Presidente de la Iglesia sólo por 9 meses, hasta su muerte en 1995. Durante ese breve período contribuyó en mejoras de los programas de historia familiar e inauguró el Centro BYU en Jerusalén, el Centro Cultural Poinesio y dedicó los templos de Orlando, Florida y Bountiful, Utah.

“Durante su segundo año en la secundaria… entró en un concurso que le permitió ganar una marimba. Pronto aprendió lo suficiente como para tocar en la escuela, la iglesia y otros lugares y a participar en una orquesta bailable. La mayoría de las orquestas no tenían suficientes instrumentos como para incorporar la marimba por lo que también comenzó a interpretar la batería. Con el tiempo interpretó el saxofón, el clarinete y finalmente agregó la trompeta. También podía tocar el piano y el violín que había estudiado en la primaria.

En 1924, después de tocar en varias agrupaciones, con sólo 16 años, Howard organizó su propia orquesta, llamada los Hunter’s Croonaders. Al año siguiente tuvieron 53 compromisos musicales, desde auditorios públicos y restaurantes a fiestas privadas y casamientos, colegios, iglesias, clubes y fraternidades. Mayormente en Boise y ciudades cercanas pero, ocasionalmente, también en regiones más alejadas” (Knowles, Howard W. Hunter, pag. 45-46)

En 1926, ya cumplidos los 19 años, se le ofreció la oportunidad de embarcarse en el crucero SS President Jackson que haría una gira de dos meses por Asia. El contrato para los cinco integrantes incluía la música de fondo para las películas que se mostraban en el barco, música clásica durante las cenas y bailable para el salón de fiestas. De modo que en los primeros meses de 1927, la agrupación surcaba el Pacífico con paradas en Japón, China y las Filipinas. La experiencia fue formativa para Howard, ya que le permitió aprender sobre otros pueblos y culturas. Al regresar del crucero, descubrió que su padre, quien no era miembro, se había bautizado.

La bonhomía y el espléndido carácter del Presidente Hunter pueden ser reconocidos en algunos de sus consejos:

“Este año arregle una disputa. Busque a un amigo olvidado. Descarte sospechas y reemplácelas por confianza. Escriba una carta. De una respuesta amable. Estimule a los jóvenes. Manifieste su lealtad en palabras y hechos. Mantenga una promesa. Renuncie a un rencor. Perdone a un enemigo. Pida disculpas. Trate de entender. Examine las demandas que impone sobre los demás. Piense primero en algún otro. Sea atento. Sea gentil. Ria un poco más. Exprese gratitud. Haga sentir bienvenido a un extraño. Alegre el corazón de un niño. Complázcase con la belleza y maravilla de la tierra. Exprese su amor y luego vuelva a expresarlo”.

Gordon B. Hinckley

El Presidente Hinckley nació en 1910 y fue el decimoquinto Profeta de esta dispensación. Para entonces ya había actuado como Consejero en las tres administraciones anteriores.

 “¿Puede alguien dudar que la buena música es de origen divino o que en el arte grandioso pueda existir algo de la esencia de los cielos?” (Conferencia General, Octubre 1985)

“Os desafiamos a escuchar música que eleve, tanto popular como clásica, la que edifica el espíritu… No escuchen música degradante”. (Ensign, Mayo 1986, pag. 45)

“El canto de los himnos y de los maravillosos oratorios sagrados cantados por los coros embellecen el espíritu de la reunión”.(Liahona, julio de 1987, pág. 44)

“La música es un factor importante de la reverencia en nuestras reuniones” (Ensign, Mayo 1987, pag. 44)

Algunas poesías escritas por Gordon B. Hinckley se transformaron en himnos. Entre ellos What is this Thing Man Calls Death?, con música de Janice Kapp Perry, que el Coro del Tabernáculo ofreció en sus funerales.

El Presidente Hinckley también solía utilizar referencias musicales en sus discursos. Muchas de ellas hacían mención a su juventud o al teatro musical norteamericano.

‘Edelwiss’ de Rodgers y Hammerstein

“¿Recuerdan la película El Sonido de la Música (La Novicia Rebelde) con su hermosa canción final, Edelweiss?. Habla de la flor de los Alpes – ‘pequeña y blanca, limpia y brillante, que puedas bendecir a mi patria por siempre’” (Watch the Switches in Your Life, Octubre 1972)

‘Girl of My Dreams’ de Sonny Clapp

‘I Want to be Happy’ de Vincent Youmans e Irving Caesar

“Antes de casarme con ella, había sido la ‘chica de mis sueños’ para utilizar la letra de una canción que era popular por entonces”

“Existía una canción popular que cantábamos hace años, cuyos versos decían: ‘Quiero ser feliz, pero no lo seré, hasta que pueda hacerte feliz a ti’. Cuán cierto es eso…” (The Women in Our Lives, Octubre de 2004)

‘The Song Is Ended (But the Melody Lingers On)’ de Irving Berlin

“Había una pieza musical cuando yo era joven que decía, ‘la canción terminó pero la melodía continúa’”. (A Time of New Beginnings, Abril 2000)

‘Stouthearted Men’ de Sigmund Romberg  y Oscar Hammerstein II

“Recuerdo una vieja canción, entonada emotivamente por un coro masculino: ‘Dame diez hombres decididos y pronto yo te daré diez mil más…” (Stay the Course – Keep the Faith, Octubre 1995)

Thomas S. Monson

Thomas Spencer Monson nació en 1927 y participó en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Fue llamado Apóstol a los 36 años y sirvió en tres Primeras Presidencias antes de ser llamado como Profeta.

“La música puede ayudar a acercarnos a nuestro Padre Celestial.  Puede utilizarse para educar, edificar, inspirar y unir. Sin embargo, por su tempo, ritmo, intensidad y letras también puede apagar nuestra sensibilidad espiritual. No podemos darnos el lujo de que nuestras mentes se vean llenas de música indigna”.

“Debemos aprender nuevamente en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días cómo cantar realmente… Si amamos al Señor, si amamos Su doctrina, amaremos sus himnos, y cuando amamos sus himnos, los cantamos” (Hymnbook Celebration, 3 de Septiembre 1985)

W. Hebert Klopfer en su presentación en el LDS Business College, en el 2006, The Song of the Heart: Using the Sacred Hymns, dio algunos interesantes detalles sobre el origen de esa declaración del Presidente Monson:

“Permítanme brindarles algunos antecedentes de esa frase. Es una hermosa frase de uno de nuestros líderes en la Iglesia. Vino de un modo llmativo. El Presidente Monson hizo esa declaración en 1985. El año anterior había estado en Europa, en Alemania Oriental, para organizar la segunda estaca en ese país. La primera se había organizado dos años antes en Frieberg, donde ahora se yergue el Templo. Ahora había venido a organizar la segunda en Lipzig, y para hacerlo de manera apropiada, escogió reunir a todos los hermanos con posibilidades de ser llamados a posiciones en la estaca y que estuviesen juntos. Simplemente debían esperar su turno para ser entrevistados en un cuarto adyacente. Había unos 30 hermanos involucrados, y estaban tan felices de encontrarse reunidos, habiendo llegado de regiones alejadas de Alemania Oriental, que hicieron algo interesante mientras esperaban… El Presidente Monson los fue llamando uno por uno al cuarto de las entrevistas. Comenzó con el proceso, y luego de la segunda y tercera entrevista notó algo particular que no podía explicar. Escuchaba a hermanos cantando en un cuarto cercano. Le preguntó al hermano Rinker, a quien entrevistaba, ‘Hermano Rinker ¿quiénes son estas personas que están cantando en el cuarto de al lado? ¿Son los que cantarán esta noche en el coro de la Conferencia?’. Escuchen la clásica respuesta del Hermano Rinker: ‘Estos hermanos están tan felices de estar juntos (lo cual no era posible en ese país, en esa época), que prefieren cantar antes que hablar de deportes o cualquier otra cosa que harían mientras esperan’.

Eso fue lo que disparó el comentario del Presidente Monson que acabamos de citar. Permítanme repetirlo ‘Si amamos al Señor, si amamos Su doctrina, amaremos sus himnos, y cuando amamos sus himnos, los cantamos’. Es un hermoso comentario”

El Presidente Monson también ha matizado sus presentaciones con referencias a la música popular:

“Bring Him Home” de Claude-Michel Schonberg, Jean-Marc Natel, y Herbert Kretzmer

“Uno de los musicales que ha permanecido en cartelera por más tiempo es Les Miserables. La historia se plantea en el período de la Revolución Frances. El personaje principal es Jean Valjean. En su sentida preocupación por el joven Marius, que va a pelear, expresa en su canción una sincera oración:

Dios en lo alto, escucha mi oración;

En mis necesidades siempre allí has estado.

El es muy joven, está asustado

Permítele descansar, bendícelo.

Tráelo de regreso a casa…

 

Concédele paz, dale alegría.

Es sólo un muchacho todavía

Tu puedes quitar, Tu puedes dar

Permítele ser, que pueda vivir.

Si yo debo morir, déjame morir

Pero que él pueda vivir…

Tráelo de regreso a casa…

(Citado en Bring Him Home, Octubre de 2003)

“Come Fly With Me” de Jimmy Van Heusen y Sammy Cahn

“En los versos de una conocida canción, hubiese deseado que ‘vinieran a volar conmigo’ hasta Alemania del Este, donde estuve de visita el pasado mes…” (Patience – A Heavenly Virtue, Octubre de 1995)

“Sixteen Going on Seventeen” de Rodgers y Hammerstein

Una campana no existe hasta que la hagamos sonar;
Una canción no tiene valor hasta que se le oye cantar;
El amor en tu corazón no debe allí quedar;
El amor no es amor si no lo quieres dar.

(Citado en A Doorway Called Love, Octubre 1987)

 

“Cómo aprendí a Escribir” – Robert Louis Stevenson

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“Cómo aprendí a escribir”

Robert Louis Stevenson

Robert Louis Balfour Stevenson nació en Escocia en 1850. Escribió novelas, ensayos y poesía. Son famosas sus novelas de aventuras La Isla del Tesoro, Raptado, David Balfour y La Flecha Negra, así como su popular historia de horror psicológico El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Su prosa fue muy apreciada por G.K. Chesterton y J.L. Borges, quien dijo de él: ‘la breve y valerosa vida del escocés Robert Louis Stevenson fue una lucha contra la tuberculosis que lo persiguió de Edimburgo a Londres, de Londres al sur de Francia, de Francia a California, y de California a una isla del Pacífico, donde, al fin, lo alcanzó. Pese a tal asechanza, o tal ver urgido por ella, ha dejado una obra importante, que no contiene una sola página descuidada, y sí muchas espléndidas’.

“Cómo aprendí a escribir”

“Durante toda mi infancia y juventud yo era conocido – y destacaba por ello – por ser un haragán. No obstante, estaba constantemente ocupado en lo que era mi personal propósito, que era aprender a escribir. Siempre llevaba en el bolsillo dos libros: uno, para leerlo; el otro, para escribir en él. Al caminar tenía siempre la cabeza entretenida, buscando las palabras adecuadas para anotar lo que veía.

Cuando me sentaba al borde del camino, o bien leía, o bien sacaba un lápiz y cuadernillo barato donde apuntaba los rasgos de la escena o improvisaba algunas estrofas dubitativas. Así vivía yo con las palabras. (…)

Había hecho el voto de aprender a escribir. (…) Siempre que leía un libro o un párrafo que me complacía especialmente, donde se decía una cosa o se presentaba un efecto con propiedad, donde se agazapaba una fuerza evidente o un feliz rasgo de estilo, tenía que sentarme enseguida y ponerme a imitar aquello. Claro que no lo conseguía, y yo lo sabía bien. Lo intentaba, una y otra vez, y volvía a fallar una y otra vez. Pero en todos estos intentos vanos, logré al menos adquirir cierta práctica en el ritmo, la armonía, la construcción y la coordinación de las partes. Así he copiado con diligencia a Hazlitt, Lamb, Wordsworth, Sir Thomas Browne, Defoe, Hawthorne, Montaigne, Baudelaire y Obermann… Esto, nos guste o no, es la forma en que aprendí a escribir y si le he sacado provecho como si no, así ha sido.

También fue esa la forma en que aprendió Keats, y nunca hubo un temperamento más adecuado a la literatura que el de Keats; así ha sido seguramente -nos daríamos cuenta si pudiéramos comprobarlo- como han aprendido todos; y por ese motivo, cada vez que hay un revival literario va acompañado o anunciado por una mirada retrospectiva a los modelos anteriores (…) Hasta Shakespeare mismo, el imperial, procede de una escuela. Sí, de una escuela de la que -cabe esperar- salen buenos escritores; de una escuela que, casi de modo invariable, produce buenos escritores, salvo alguna excepción.

Antes de que pueda decir qué cadencias prefiere, el alumno debe probar todas las que existen; antes de elegir y mantener una clave que se ajuste a él, tiene que haber practicado toda la escala literaria; y sólo tras muchos años haciendo este tipo de gimnasia podrá sentarse al fin, mientras llegan legiones de palabras zumbando a su llamada y docenas de estructuras de la frase se le ofrecen simultáneamente para que escoja. Y entonces, sabiendo lo que quiere hacer y dentro de los estrechos límites de la capacidad humana, podrá hacerlo”.

 

(Robert Louis Stevenson, Escribir, Ensayos sobre Literatura, Editorial Páginas de Espuma, Madrid, 2013, del Capítulo ‘Cómo aprendió Stevenson a escribir, de modo autodidacta’, pag. 101-104)

 

“La Música pertenece al Cielo” – Primera Parte

Arte y Religión

                  Música

“La Música pertenece al Cielo”

Primera Parte

Reflexiones musicales de los Profetas de los Ultimos Días

Por Mario R. Montani

Joseph Smith, Jr.

Del Parson – Joseph Smith

Sabemos hoy, gracias a algunas anotaciones de William, hermano menor del Profeta, que Joseph Smith, Padre, era conocedor del sistema de notación musical “en un grado considerable”. Es más que probable que haya compartido ese conocimiento con sus descendientes. A comienzos del siglo XIX era muy común que las familias se reuniesen alrededor del fuego para leer las escrituras, cantar himnos e interpretar instrumentos. No hay constancia histórica de que eso ocurriese en el hogar de los Smith, pero la preocupación del joven Joseph por suministrar la música adecuada para la Iglesia podría ser un indicio al respecto.

Benjamin Johnson, secretario privado del Profeta e integrante del Consejo de los Cincuenta, menciona en una carta a George S. Gibbs que Joseph Smith, Jr tenía cinco canciones que particularmente gustaba de escuchar (Mencionado en “The Fate of the Persecutors of the Prophet Jospe Smith”, N.B. Lundwall, Salt Lake City, Bookraft, 1952, pag. 24 y también en “They Knew the Prophet”, Hyrum L. Andrus, Bookraft, 1974, pag. 100). Se trataba de The Soldier’s Dream (El Sueño del Soldado), The Soldier’s Tear (La Lágrima del Soldado), Battle of River Russen (La Batalla del Río Russen), Wives, Children and Friends (Esposas, Hijos y Amigos) y The Last Rose of Summer (La Ultima Rosa de Verano).

En ningún caso se trata de himnos sino de lo que comúnmente se denominaban “parlor songs” (canciones de salón), las que se interpretaban de modo amateur en los hogares por un cantante solista acompañado de algún instrumento. Las tres primeras parecen indicar una preferencia por los temas militares o épicos, que podrían remitir a la aún cercana gesta de independencia norteamericana, o a la posición del Profeta como General de la Legión de Nauvoo.

La Ultima Rosa del Verano es una melancólica tonada basada en el poema homónimo, de 1805, del escritor irlandés Thomas Moore, al que Sir John Andrew Stevenson pondría música. Se publicaría en 1813 en la colección A Section of Irish Melodies, por lo que, indudablemente, gozaba de popularidad en el período que nos concierne.

Wife, Children and Friends, es una referencia a la canción del compositor alemán Ludwig van Beethoven, incluida en sus 25 Canciones Irlandesas (WoO, Obras sin Opus, 152 Nº 19)

Todas las obras presentan un molde romántico o prerromántico, son altamente emotivas y se refieren al sin sentido de la vida si no está acompañada de los afectos de los lazos familiares y la amistad.

Entre las predilectas de Joseph también estuvo “The Indian Hunter” (El Cazador Indio), basada en un poema de Eliza Cook al que Henry Russell agregó música y publicó en 1842. Era una obra aún reciente cuando el Profeta fue asesinado, dos años más tarde, y consistía en un lamento indígena por la pérdida de su tierra y hogar a manos del hombre blanco. W.W. Phelps parece haber tenido en cuenta esa predilección al escribir su propia canción “Go with Me”, después del martirio. En ella relacionaba la voz de Joseph Smith con la del narrador de The Indian Hunter como un descendiente lamanita. (The Oxford Handbook of Mormonism, Editores Terryl L. Givens & Philip L. Barlow, Michael D. Hicks, pag. 507)

En la mañana de Navidad de 1843, cuando un grupo de conversos ingleses se detuvo a cantar villancicos frente a su casa, Joseph registró en su diario:

 “Toda mi familia y mis huéspedes se levantaron para oír la serenata, y me sentí agradecido a mi Padre Celestial por su visita, y les bendije en el nombre del Señor …”.

1843 Navidad en Nauvoo – Glen Hopkinson

Sin duda, lo que más recordamos del primer Profeta de esta dispensación en cuanto a música, es la revelación por la cual el Señor comisiona a su esposa, Emma, para seleccionar los himnos a ser usados en la Iglesia, que se encuentra en Doctrina y Convenios 25:

“Y también te será concedido hacer una selección de himnos sagrados, de acuerdo con lo que te sea indicado, para el uso de mi iglesia, lo cual es de mi agrado. Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; sí, la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una bendición sobre su cabeza”.

Más adelante, en 1835, se formó el departamento de canto de la Iglesia para enseñar la notación musical y técnicas de entonación.

Según el prestigioso músico mormón Reid Nibley:

“El propio Profeta Joseph organizó el primer coro en la Iglesia y asistía regularmente a los ensayos” (R. Nibley, Thoughts on Music in the Church, Ensign, Febrero 1972, pag. 13)

Joseph y Emma – Douglas Fryer

También sabemos que Joseph era un habilidoso bailarín y disfrutaba organizando bailes en su hogar, en los que se incluían variados tipos de música (Leona Holbrook, Dancing as an Aspect of Early Mormon and Utah Culture, BYU Studies 16, 1975, pags. 117-138)

En la cárcel de Carthage, poco antes de su martirio, pidió a John Taylor que entonase “El Caminante Experimentado en Pesares”, un himno que se había vuelto popular en la ciudad de los Santos.

Brigham Young

Brigham Young por Ken Corbett

Para la época de la muerte de Joseph Smith, Nauvoo, la hermosa, agrupaba unas 12.000 almas. Era una ciudad bien diseñada y organizada. En la banda musical se contaba con trompetas, trombones, cornos franceses, pícolos, clarinetes, clarines, cornetas y tambores. Además, sus habitantes poseían pianos, órganos, violines, concertinas, acordeones (melodeons) y flautas. Un registro menciona a William Pitt como poseedor de una lira y un violín diseñado para mano izquierda.

Uno de los últimos actos civiles en la luego abandonada Nauvoo fue la edificación de un Salón de Música y Conciertos cercano al Templo que sirviese de alojamiento al Coro y a otras expresiones artísticas. El Coro de Nauvoo contaba con 40 integrantes, altamente entrenados, que entonaban himnos y canciones masónicas. Para inauguraciones y funerales solía incrementarse a unas 200 personas.

“La Nauvoo de Joseph” por Al Rounds

En la Conferencia General de Abril 1845 se realizó un festival musical que duró tres noches. El coro cantó “God Save the Band”, diferentes solistas entonaron “Isabel”, “The Hole in the Stocking”, “Lary O Gallagin”, “Is there a Heart that never loved”, “Soldier’s Tear” y “O, Adam”. Un dúo presentó “The Catholic Priest” y diferentes agrupaciones vocales introdujeron “Hail Joseph Smith”, “Forgive Blest Shade”, “Piligrim Saints”, “Hark the Lark” y “Hark the Fisherman”.

Por entonces Brigham Young dirigía los destinos de la Iglesia como Presidente del Quorum de los Doce.

Durante el éxodo hacia el Oeste, la música estuvo siempre presente:

“En el campamento del Capitán Hardy había una familia de nombre Goodridge, padre, madre, varias jovencitas y un niño de 11 años. Era una familia musical, siempre divirtiéndose, y con la feliz facultad de hacer lo mejor de cada situación que les tocaba. Las jóvenes cantaban y bailaban, mientras recogían bayas por el camino…” (Our Pioneer Heritage 15: 226-67)

En 1846, durante la estadía en Winter Quarters, Nebraska, Brigham recibió la revelación que luego conformaría la Sección 136 de Doctrina y Convenios. En ella se declaraba:

“Si te sientes alegre, alaba al Señor con cantos, con música, con baile y con oración de alabanza y acción de gracia”.

Una de las hijas del Presidente Young, Clarissa Young Decker, registraría más tarde:

“Una de las cualidades más sobresalientes de papá como líder era el modo en que procuraba el bienestar temporal y social de las personas, al mismo tiempo que los guiaba en sus necesidades espirituales. En el gran viaje por las planicies, que la mayoría, salvo los más débiles, realizó a pie, los Santos se reunían alrededor del fuego del campamento para la diversión vespertina. Se cantaban canciones, los violinistas interpretaban música, y los hombres y mujeres olvidaban el cansancio de haber caminado 15 millas o más por un desierto sin senderos… Era un modo de mantener la “moral alta” cuando tal palabra ni siquiera se había acuñado todavía”. (Citado en BYU Studies 16: 1: 126)

Ya establecidos en las Montañas Rocosas, llegó el momento de continuar y ampliar las tradiciones musicales mormonas. Un mes después del arribo al valle, en 1847, se organizó el Coro del Tabernáculo.

“Estoy esperando pacientemente que el órgano esté terminado, para que podamos cantar el evangelio a los corazones de la gente”.

“No podemos predicar el evangelio sin música. Un Ser sabio organizó mi sistema y me dio cierta capacidad, colocó en mi corazón y en mi cerebro algo que se deleita, se encanta, y queda extasiado con el sonido de la música dulce… ¿Quién dio a los animales el amor por esos dulces sonidos, que con su mágico poder llena el aire de armonías, y alegra y reconforta los corazones de los hombres, y afecta de modo maravilloso a la creación bruta? Fue el Señor, nuestro Padre Celestial, quien otorgó la capacidad de disfrutar esos sonidos”.

Wilford Woodruf registró en su diario personal, las palabras de Brigham Young del 2 de Enero de 1854 durante un baile realizado en el Social Hall de Salt Lake City (Wilford Woodruf Diaries Tomo 4, pags. 239-240):

 “Considero que este es un lugar apropiado para dar cierta instrucción. Nos hemos reunido aquí para disfrutar con algo de música y baile. El mundo tiene algunas ideas extrañas con respecto a esto. Se ha supuesto que, para un cristiano, es algo malo bailar o escuchar música. Muchos predicadores han declarado que el entretenimiento y la música vienen del infierno, pero yo digo que no hay diversión ni música en el infierno. No hay violines ni ningún otro tipo de música en el infierno. La música pertenece al cielo, para alegrar a Dios, a los ángeles y a los hombres. Si pudiésemos oír la música celestial, abrumaría al hombre mortal. El Señor nos ha proporcionado el órgano que hace la música tan deleitable para el hombre, pero el Diablo ha robado la música y muchas otras cosas ordenadas por Dios para el beneficio humano y las ha transformado para un uso malvado. La música y la danza son para el beneficio de los Santos, y si aquellos que han venido esta noche no son santos y rectos y deseosos de adorar y alabar a Dios, no deberían estar aquí”.

Teatro de Salt Lake construido por Brigham Young

En las décadas inmediatas, muchos conversos europeos se unieron a las colonias mormonas que se diseminaban por el territorio, entre ellos George Careless, un músico inglés notablemente capacitado y talentoso. En 1865, el Presidente Young lo convocó a su oficina:

“Hermano George. Tengo una misión para ti – le dijo – Quiero que seas el Conductor Musical de la Iglesia. Deseo que te encargues del Coro del Tabernáculo y la Orquesta del Teatro y establezcas los cimientos de la buena música”.

“Haré lo mejor que pueda” – respondió George

(George D. Pyper, “In Intimate Touch with Professor George Careless,” Juvenile Instructor 59 (1924), Pag. 173)

Careless se ocupó primeramente de la Orquesta. Seleccionó a los músicos y obtuvo sueldos para ellos. Introdujo a los santos en la música de Haydn, Rossini y von Weber y produjo las primeras óperas. Luego se ocupó del Coro por los siguienes 10 años. Publicó The Utah Musical Times donde comenzaron a aparecer los nuevas obras religiosas con su música, ya que, hasta el momento, los himnarios sólo incluían las letras. Escribió numerosos himnos, quizás el más conocido “Aunque colmados de pesar”,  y “Thou Dost Not Weep Alone” que compuso para los funerales de Brigham Young en 1877.

John Taylor

John Taylor  por Ken Corbett

A diferencia de los dos primeros Presidentes de la Iglesia, americanos, el tercero fue un inglés. John Taylor nació en 1808, en Westmoreland. Si bien bautizado en la Iglesia de Inglaterra, a los 16 años se convirtió al Metodismo. Diría años más tarde:

“A menudo, cuando estaba solo, y a veces en compañía de otras personas, oía una dulce, suave y melodiosa música, como si hubiese sido interpretada por seres angélicos o sobrenaturales” (B.H.Roberts, The Life of John Taylor, pags. 27-28)

A los 27 años emigra a Toronto, Canadá, donde conoce a Parley P. Pratt, quien le enseña sobre el evangelio restaurado y lo bautiza.

En ocasión del martirio del Profeta, como ya lo mencionamos, John estaba presente, como uno de los Doce Apóstoles.

A medida que avanzaba la tarde del 27 de junio, se iba apoderando de los cuatro hombres un sentimiento de gran tristeza. Habiendo sido dotado con una magnífica voz de tenor, se le pidió al élder Taylor que cantase dos veces el himno “Un pobre forastero” con el fin de levantarles el ánimo. Poco después de haber cantado el himno la segunda vez, una turba de hombres con la cara pintada de negro se abalanzaron escaleras arriba. Hyrum Smith y Willard Richards de inmediato fueron a sostener la puerta intentando impedir que la abrieran. Cuando los primeros disparos atravesaron la puerta, las balas hirieron a Hyrum y le mataron. Los de la turba siguieron disparando y en breve comenzaron a forzar sus rifles por la puerta semiabierta. Con un pesado bastón, el élder Taylor se mantuvo junto a la puerta entreabierta procurando desviar los cañones de los rifles que apuntaban hacia la habitación. De aquello, el élder Taylor escribió: “La escena era espantosa. Descargas de fuego, gruesas como mi brazo, pasaban a mi lado y… la muerte parecía segura. Recuerdo haber tenido la sensación de que me había llegado la hora de morir, pero no sé cuándo, en medio de situaciones graves, me sentí más calmado, más sereno, más lleno de energías y actué con más prontitud y decisión [que en aquellos momentos]”. (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: John Taylor, Introducción, pag. XIX)

Con varias heridas de bala y su vida milagrosamente preservada por un impacto en el reloj de bolsillo, John Taylor fue sostenido como Profeta en 1880, tres años después de la muerte de B. Young.

El Presidente Taylor escribió las letras de varios himnos, entre ellos “Id, vosotros mensajeros” (Nº 7 en los himnarios en español)  y “Joseph, the Seer”, que se entonó en 2005, durante las celebraciones del bicentenario del nacimiento de Joseph Smith.

Con respecto a la música diría:

“¡Consideremos por un momento cuánto penetra la música sagrada en la misma vida, práctica y progreso de la religión! … El espíritu mismo de la religión se respira en la música… Nunca, de hecho, nos sentimos tan cerca de los cielos como cuando escuchamos la ejecución de algún grandioso himno, en el cual los ángeles mismos muy bien pudieran tomar sus partes”.

“Hay personas que consideran que el violín, por ejemplo, es un instrumento del diablo y que es muy malo utilizarlo. Yo no pienso así, pues me parece un instrumento espléndido al son del cual se puede bailar. Pero hay quienes piensan que no debemos bailar. Sí, debemos disfrutar de la vida en cualquier forma que podamos. Algunas personas se oponen a la música. ¡Pero si la música impera en los cielos y entre las aves! Dios las ha llenado de ella. No hay nada más agradable y placentero que ir a los bosques o andar entre los arbustos temprano por la mañana y escuchar los trinos y las deliciosas melodías de las aves, lo cual está en perfecta armonía con nuestra capacidad natural de apreciar tales cosas.

Ni siquiera podemos concebir lo excelso de la música que tendremos en el cielo. Podría decirse que, como uno de los apóstoles dijo con respecto a otra cosa: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” [véase 1 Corintios 2:9]. No podemos imaginarnos la eminencia, ni la belleza, ni la armonía ni la sinfonía de la música de los cielos.

Nuestro objetivo es obtener todo lo que sea bueno y allegarnos a ello, y rechazar todo lo que sea malo. Una de las razones por las que la gente religiosa del mundo se opone a la música y al teatro es porque la corrupción se ha mezclado con éstos. Hombres malvados y corruptos se relacionan con esas cosas y las degradan. Pero, ¿hay alguna razón por la que los santos no deban disfrutar de los dones de Dios? ¿Es eso un principio correcto? Desde luego que no. Los santos deben procurar hallar todo lo que sea bueno y que tenga por objeto fomentar la felicidad de la familia humana…” (Deseret News, 15 de enero 1873, pag. 760)

El Presidente Heber J. Grant, relataría una anécdota sobre las habilidades musicales de John Taylor, resolviendo una disputa entre hermanos de la Iglesia, en “Songs of the Heart”, Improvement Era, Septiembre 1940, pag. 522:

“Estos dos hombres habían peleado por algún asunto de negocios, y, finalmente, decidieron llevar el tema al Presidente John Taylor para que les ayudara a ajustar sus diferencias… Le pidieron que escuchara su historia y les diera una solución. El Presidente Taylor aceptó de buen grado, pero les dijo: “Hermanos, antes de escuchar su caso, me gustaría mucho cantarles una de las canciones de Sión”.

Ahora bien, el Presidente Taylor era un cantante muy capacitado, e interpretaba dulcemente y con el espíritu nuestros himnos sagrados. Cantó uno de los himnos a los dos hermanos. Viendo el efecto que les producía, señaló que jamás había escuchado una de las canciones de Sión sin desear oír otra más y les pidió que escuchasen mientras entonaba otra. Por supuesto, estuvieron de acuerdo. Ambos parecían disfrutarlo, y, habiendo cantado la segunda, mencionó que existía la tradición de que los números impares traían suerte, y que, con su consentimiento, cantaría otra más, lo cual hizo. Entonces, de modo jocoso, les dijo: “Hermanos, no deseo cansarlos, pero si me disculpan y escuchan otro himno más, les prometo que dejaré de cantar, y escucharé el caso”.

Según el relato, cuando el Presidente Taylor había finalizado la cuarta canción, los hermanos derramaron lágrimas, se levantaron, se dieron la mano y le pidieron al Presidente Taylor que los disculpase por haberlo involucrado y ocupado su tiempo. Partieron sin que llegara a enterarse cuáles eran sus dificultades”.

Wilford Woodruff

Wilford Woodruf por Ken Corbett

Wilford nació en Farmington, Connecticut, en 1807. Se convirtió a la Iglesia en 1833. Fue misionero, Apóstol y llamado como Presidente a los 82 años. Promovió la cultura entre los santos.

“Los ejercicios de canto pueden llegar a ser una gran atracción y también una valiosa adición en la educación de los jóvenes. El interés que se está desarrollando en nosotros por la música vocal e instrumental es una marcada característica de los tiempos”.(Church News del 28 de Agosto 1893)

“Aprecio las reuniones en las que hay música y canto, y cuando deje esta vida, espero que mi familia se reúna a menudo para cantar. Si se me permitiera, me encantaría visitar a mis seres queridos y disfrutar de sus dulces canciones” (Journal Vol.9, pag.484, 4 Junio 1897)

Su himno favorito era “Con Maravillas Obra Dios” de William Bradbury y William Cowper. Heber J. Grant, quien llegó a servir como apóstol durante su administración, recordaba:

“Amaba ese himno. Lo cantábamos, seguramente, un par de veces al mes en nuestras reuniones semanales en el Templo, y raramente pasaba un mes en el que la canción no era solicitada por el Hermano Woodruff”

En un mensaje de la Primera Presidencia podía leerse:

“Deseamos ver a este coro no sólo mantener la elevada reputación que ha merecido en el país y el extranjero, sino que llegue a ser el más alto exponente del “Arte Divino” en todo el territorio; y la digna cabeza, ejemplo y líder de todos los otros coros y cuerpos musicales en la Iglesia, inspirando a músicos y poetas con los más puros sentimientos, canciones y armonías, hasta que su luz ilumine al mundo claramente y las naciones queden encantadas por su música” (Wilford Woodruff, George Q. Cannon, y Joseph F. Smith, en James R. Clark, comp., Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, Vol 3:267).

En marzo de 1897, al cumplir los 90 años, se preparó en el Tabernáculo una celebración especial. Allí Evan Stephens presentó su nuevo himno, “Pedimos hoy por ti” (Número 12 en los Himnarios en español)

Pedimos hoy por ti, Profeta fiel;

que ̮halles felicidad en tu vejez;

que Dios te dé salud, gozo y paz;

que haga Él brillar siempre tu faz,

 

Espíritu y Música – Carta Nº 9 – Merrill Bradshaw

 

 

 

Arte y Religión

           Música

Espíritu y Música

Cartas a un joven compositor mormón

Carta Nº 9 Merrill Bradshow

Traducción: Julián Mansilla

Carta número Nueve

Querido amigo/a,

Antes de terminar estas discusiones, necesitamos hablar de lo comercial. Lo comercial  escribe por dinero. Para la mayoría de la gente representa el éxito: cuando la gente está dispuesta a pagar por su música indica que lo que escribe es exitoso.

Pero creo que uno de nuestros mayores problemas hoy en día es que la música comercial tiende a ser superficial, banal y de fórmula. La razón no es difícil de encontrar. Demasiados de nuestros compositores escriben por dinero antes de haber aprendido su oficio y antes de establecer sus propios fundamentos espirituales. Como resultado, sus creaciones están limitadas por la técnica insuficiente o por la superficialidad del pensamiento, o ambos.

Esto no es ayudado por el hecho de que en general nuestro público (para la música comercial) está condicionado a ser superficial en sus demandas. De este modo, hemos creado un mercado en el que las personas superficiales demandan música superficial de compositores superficiales.

El problema fundamental del mercantilismo es que enturbia las fuentes básicas necesarias para la creación artística y compromete los valores morales y éticos básicos que hacen posible la creación. Entonces todo lo que el artista tiene para ofrecer a su público es una técnica al servicio de cualquier valor que pueda comprarla. Una sociedad que por sus actitudes, economía, estándares de vida y objetivos generales, obliga a los artistas creativos a convertirse en comerciales para sobrevivir, obtendrá exactamente lo que merece: propaganda.

Una sociedad que está dispuesta a preservar las ideas de sus artistas, a hacer que sus actividades sean gratificantes, a insistir en el mejor trabajo que puedan hacer y a promover los ideales de la verdad, la belleza y la bondad en el arte a cualquier precio obtendrán lo que merecen: Arte, satisfacción espiritual, crecimiento espiritual.

En lo comercial, ya que la pregunta final es simplemente “¿cómo puedo ganar dinero?”, la dirección de la preocupación es siempre complacer a los estándares, gustos y deseos del consumidor. “¿Cómo puedo crear algo de valor?” debe necesariamente estar subordinado a “¿Qué puedo hacer que la gente compre?” En las artes y las humanidades no podemos preguntar, “¿Con qué se debe enfrentar a la gente?” sino sólo, “¿Qué les gustaría oír, ver, usar?”

En esta luz las palabras de Pablo: “Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males”(1 Timoteo 6:10), tienen un significado especial. Porque si el amor al dinero (leído “confort, estatus, popularidad”) lleva a nuestros artistas a decirnos solo lo que vamos a comprar, entonces no vamos a llegar a escuchar lo que debemos escuchar. ¿Cómo puede brillar el Espíritu para inspirarnos bajo estas condiciones? ¿Cómo podemos responder a nuestra hambre por cosas eternas cuando nuestra música está tan preocupada por las cosas terrenales?

No, yo creo que el mercantilismo representa un mal. Creo que debemos buscar fines espirituales antes de buscar fines económicos en nuestra música. Espero que no escribas por dinero demasiado pronto, ni demasiado seriamente.

“Aventuras entre los Pieles Rojas” por Emilio Salgari

Arte y Religión

           Literatura

                        Los Mormones en las Obras Literarias

 

“Aventuras entre los Pieles Rojas”

Emilio Salgari

Emilio Salgari

Emilio Carlo Giuseppe Maria Salgari nació en la ciudad de Verona, el 21 de Agosto de 1862. Se inscribió en el Real Instituto Técnico y Náutico de Venecia pero abandonó sus estudios en 1881 con sólo algunos viajes realizados por las costas del Mar Adríatico. Sin embargo, se dedicó a escribir novelas de aventuras y de viajes por las más recónditas regiones del globo y gustaba ser identificado como “capitán”. Según la leyenda, disfrutaba escribiendo en un escritorio desvencijado cuyos vaivenes le recordaban la cubierta de un barco. Con más de 80 novelas en su haber, recorrió los mares árticos, las selvas australianas, las Antillas, Indonesia y el oeste americano. Muchas de esas historias pueden agruparse en ciclos como “Los Piratas de la Malasia” con su héroe Sandokán, o “Los Piratas del Caribe” con el Corsario Negro.

Emilio Salgari y Buffalo Bill.

Su nombre se hizo popular en toda Europa y fue nombrado Cavaliere della corona d’Italia per volontá di Umberto I. No obstante, un mal acuerdo económico con sus editores tuvo como efecto que la mayor parte de su vida viviese en la pobreza. Con cuatro hijos para mantener y una esposa enferma que terminó internada en un manicomio, las deudas se fueron acumulando.

En 1911, con sólo 48 años, decidió poner fin a su vida, en la ciudad de Turín, donde residía por entonces.

La fama de Salgari no disminuyó y siguió siendo leído particularmente en los países de lenguas romances, incluyendo Latinoamérica, hasta las décadas de 1970 y 1980. A partir del 2000, nuevas corrientes de la crítica literaria comenzaron a revalorizar la obra del escritor italiano que siempre se había considerado como de ‘historias para jóvenes’ y a rescatar sus valores artísticos y de difusión cultural.

Aventuras entre los Pieles Rojas

Avventure fra le pellirosse fue escrita bajo seudónimo en 1900, cuando nuestro autor llevaba ya tres años publicando. Narra la historia de Randolfo y Mary Harrighen, dos hermanos mexicanos quienes, al verse desheredados por su tío a causa de diferencias políticas entre  juaristas e imperialistas, deciden rehacer su fortuna buscando oro. Para ello, deberán atravesar inhóspitos territorios poblados de apaches y comanches, acompañados de un explorador, un cuáquero y un ladrón de caballos que se proclama (sin que nunca que se explique el porqué) “El Cocodrilo del Lago Salado”.

Los mormones de Salgari aparecen de modo tangencial en la obra, sin discutir sus creencias o historia, sino más bien para completar el cuadro social de la aventura que narraba. Harry Burklay es el único mormón, guía de una caravana atacada por los indios, quien, a pesar de estar seriamente herido, los ayuda a cruzar el río con una canoa. Una vez a salvo, les cuenta su historia, la cual se encuentra en el capítulo que transcribimos… Lamentablemente, en el capítulo siguiente, tanto el mormón como el único integrante negro de la expedición caerán muertos en un nuevo ataque de los indios.

Mario R. Montani

CAPITULO XI

MATANZA DE MORMONES

Harry Burklay, que así se llamaba el herido, había abandonado veinte días antes las fronteras de Méjico, guiando una caravana compuesta por ciento cincuenta personas, entre hombres, mujeres y niños, con varios furgones arrastrados por caballos. Su intención era atravesar el Estado de Tejas, para llegar al Utah, donde está el gran Lago Salado, que es el lugar de refugio de la secta de los mormones. Atravesaron el río Norte, para no suscitar obstáculos por parte de la población, que no veía con agrado estas emigraciones, y por la mañana empezaron a cruzar las praderas que los separaban del río Pecos.

El viaje a través de aquellas ricas llanuras, rebosantes de ciervos, gamos, bisontes y pavos silvestres, que les brindaban carne fresca y abundante, no podía comenzar bajo mejores auspicios. Una noche, sin embargo, en las riberas del río Pecos vieron algunos jinetes que despertaron sus sospechas.

Llevaban los cabellos largos, diademas de plumas y largas lanzas. Todo esto hizo comprender a los desgraciados emigrantes que habían encontrado una banda de pieles rojas.

Sabiendo que por aquellos alrededores se encontraban las tribus de guerreros comanches, Burklay, que no quería poner en peligro a la caravana, llamó a consejo a los exploradores más ancianos, y decidió replegarse inmediatamente hacia el río Pecos para cruzarlo cuanto antes. Tomaron la nueva ruta y pronto estuvieron a orillas del río, encontraron un vado y lo pasaron, acampando en la orilla.

Colocaron los carros en forma de aspa para defenderse mejor, y como estaban escasos de víveres, enviaron varios cazadores a la pradera para renovar las provisiones.

Llevaban tres días cazando y ya habían preparado palos y cuerdas para secar las carnes, cuando en la tarde del cuarto día uno de los cazadores volvió al campamento con una herida en un brazo producida por un hachazo de los indios. Interrogado por el jefe mormón, contó que los comanches le habían perseguido, logrando herirle, y que su número era tan grande que abrigaba serios temores ante la posibilidad de un ataque.

Burklay, como hombre previsor, advirtió a todos que estuviesen preparados a cualquier contratiempo y aumentó los centinelas del campo. No tardaron las tinieblas en hacerse más densas, tanto que no se veía a doscientos pasos.

Cerca de medianoche, uno de los centinelas, el que vigilaba la parte del río, creyó ver en la orilla algunas sombras vagas, pero sin poder distinguir si eran hombres o animales.

Iba a preguntar a otro centinela, apostado cien pasos más allá, cuando un hacha india, lanzada con mano segura y vigorosa, le dio en la cabeza. Apenas si tuvo tiempo de dar el grito de alarma, cuando ya un indio se hallaba sobre él y le arrancaba la cabellera.

Al oír aquel grito, todos los hombres prepararon las armas en un abrir y cerrar de ojos, formando barricadas con los furgones. Burklay, que no se arredraba, hizo que se colocasen los defensores en las extremidades de la cruz y mando que los centinelas se replegasen inmediatamente al campamento, reuniendo a las mujeres y a los niños en el sitio más resguardado. Tomadas estas precauciones, armadas las carabinas y preparadas las hachas, esperaron angustiados el ataque de los pieles rojas.

Poco después comenzaron a ladrar los perros estrepitosamente, y en seguida multitud de indios a caballo y lanza en ristre se precipitaban en el campamento.

Habían atravesado el río protegidos por las tinieblas; eran más de doscientos, y no cabía duda respecto a sus intenciones. Su actitud fiera y resuelta, sus gestos y sus movimientos daban a conocer su decisión de recoger amplia cosecha de cabelleras. Sabiendo que aquellos hombres, enemigos seculares y jurados de los blancos, no tendrían compasión ni les darían cuartel, los mormones saludaron a los recién llegados con fuertes descargas de mosquetería.

Los indios contestaron con su grito de guerra, lanzándose luego a galope y con loco ardor contra los carros, atacando a lanzazos y arrojando nubes de flechas. Espantados por los disparos que, saliendo de derecha e izquierda, los cogían entre dos fuegos, se retiraron apresuradamente, dejando a seis o siete de los suyos sobre el terreno.

Esto parecía una falsa maniobra, y Burklay ordenó a sus hombres que no abandonasen sus puestos, estando prestos a rechazar un segundo ataque, que no podía hacerse esperar.

En efecto, los indios se reunieron en la ribera como si discutiesen algo; luego se dividieron en varias bandas y se ocultaron en la selva.

Una banda, la más numerosa, se colocó frente de los carros que miraban hacia el Este, y se lanzó intrépidamente al asalto, animándose con estentóreos gritos y lanzando nubes de flechas.

A pesar del fuego de los blancos, los indios, defendidos por sus escudos de piel y con las hachas en la mano, se arrojaron impetuosamente entre los carros, trepando por las ruedas, ayudándose unos a otros y apuñalando a los defensores, que se vieron obligados a replegarse hacia el centro del campamento.

Burklay, viendo que los suyos cedían, reunió a todos los que quedaban en los furgones que se extendían hacia el Oeste, y, poniéndose al frente de ellos, se precipitó con fuerza irresistible contra el enemigo.

Esta maniobra, en lugar de ayudar a los mormones, les fue, por el contrario, fatal.

Apenas empeñaron la batalla, cuando de la vecina selva salieron las otras bandas corriendo a galope tendido. Burklay trató de defender los carros y de hacer frente al nuevo enemigo, pero no lo consiguió.

Derrotados al choque de los caballos, molidos a lanzazos, deshechas sus filas y rechazados contra los carros, los mormones se vieron envueltos en menos tiempo del que se tarda en contarlo. Entonces dio principio una lucha terrible entre rojos y blancos. Abandonando por inútiles las lanzas y los fusiles, cogieron las hachas y los cuchillos, entablándose una feroz e inhumana batalla.

Los blancos, dominados por el número, se reunieron en torno a sus mujeres, que rivalizaban en valor, enarbolando las hoces y tizones encendidos; pero no pudieron resistir el impetuoso ataque de los comanches y fueron arrollados, dispersados o arrojados bajo los carros. Los indios se apoderaron de las mujeres y de los niños y los cargaron sobre los caballos.

A pesar de tan gran desgracia, Burklay no perdió la cabeza; reunió a los supervivientes y quiso abrirse paso entre los vencedores, tratando de salvar un grupo como de veinte mujeres, pero fue arrollado. Sus compañeros fueron cayendo uno tras otro bajo las hachas indias, y él, herido de un hachazo en un muslo, rodó bajo un carro y se fingió muerto.

El desgraciado pasó una noche terrible. Entre horrorosas angustias y tremendos sufrimientos, tuvo que presenciar la orgía de los salvajes.

A la mañana siguiente, cuando los indios desaparecieron, curóse la herida como mejor pudo y abandonó el campamento, por miedo de caer en manos de sus despiadados enemigos.

Desgraciadamente, la herida era grave y no le permitió alejarse mucho. Algunos kilómetros más lejos perdió el sentido y cayó al suelo, en tanto que su caballo emprendía veloz huida.

Seguramente hubiese muerto desangrado sin el providencial encuentro con Ralf, el Cocodrilo del Lago Salado, y con Randolfo.

Tal era la trágica historia de aquel pobre emigrante, que se encontraba en tan lamentable estado entre los matorrales de la selva.

 

Espíritu y Música – Carta Nº 8 – Merrill Bradshaw

Arte y Religión

           Música

Espíritu y Música

Cartas a un joven compositor mormón

Carta Nº 8 Merrill Bradshow

Traducción: Julián Mansilla

Carta número Ocho

Querido amigo/a,

¡Por supuesto que existe tal cosa como inspiración! Cada compositor la experimenta. Casi llegaría a decir que todo ser humano la experimenta. Es ese destello de revelación  necesario para que cualquier actividad creativa tenga lugar. Pero hay que darse cuenta de que la imagen romántica del compositor, arrebatado por algún tipo de frenesí creativo incontrolable, que se desprende de las obras maestras sin pensar ni esforzarse, es una cruel mentira. No conozco a nadie que haya tenido una experiencia de primera mano como esa.

¿Qué sucede realmente? Parece ser algo como esto: lo procesas en tu mente durante un período de tiempo, revolviendo, meditando, hirviendo, hasta que finalmente uno logra unir todo. Entonces puedes sentir en tu corazón si es correcto. Esto no quiere decir que siempre suceda en el estudio, porque cuando estoy realmente trabajando en una pieza siempre está conmigo en mi mente, dando vueltas y más, tratando de nacer. Por lo tanto, la idea puede venir a mí mientras conduzco, camino, etc. Pero la mayoría de las veces me viene a mí mientras estoy trabajando en el estudio.

Muchas personas me han preguntado específicamente si fui inspirado para escribir La Restauración. Creo que puedo decir “sí”. Desarrollé un deseo de hacer el trabajo durante un período de años, pensando en ello, recogiendo sesgos, antecedentes, impresiones y sentimientos acerca de lo que la pieza debe ser cuando finalmente me puse a escribirla. Cuando en realidad comencé el trabajo había ayunado y orado, un período de dedicación y súplica espiritual mientras trataba de obtener una visión general de la misma. No hubo un gran destello de súbita inspiración. La obra se me fue desplegando por sí misma durante un largo período de tiempo. Hubo muchos momentos en que, después de trabajar mucho y duro en un pasaje, el Espíritu ardía en mí y pude sentir la emoción que viene cuando sabes que es correcto.

(Debo decir sin embargo que esta no fue una experiencia excepcional con La Restauración, después de todo, es la forma en que va con todas mis actividades, la Iglesia, la formación profesional, la familia, la recreación, y creo que sucede a la mayoría de los santos.)

Lo que esto te dice como compositor no es demasiado difícil de entender: ¡Si quieres inspiración, ponte a trabajar! “Debes resolverlo en tu mente, luego pregúntame”. Si es correcto, el Espíritu lo confirmará en tu pecho. Si está equivocado, “estupor de pensamiento” y debes continuar trabajando hasta que el Espíritu diga que sí.

¿Cómo lo desarrollas en tu mente? Mi propia respuesta es saturarme con los materiales con los que trabajo: flujo de energía, nivel de disonancia, textura, tonalidad, medio, motivos, frases. Planeo la forma lo más cuidadosamente posible. Trato vigorosamente de proyectar la pieza en el tiempo. Todas estas cosas se alimentan en mi mente en el espíritu de la obra. Trabajo tan duro como puedo para encontrar una respuesta. Luego confío en mis instintos espirituales, enriquecidos por todo lo que he aprendido e impulsado por la aportación de todas estas cosas, para ayudarme a llegar a “La” solución. Hasta que el Espíritu no esté satisfecho, no puedo renunciar a la búsqueda.

Este método de operación tiene algunas ventajas hermosas. Mi percepción instintiva es aparentemente más aguda que mis procesos intelectuales conscientes porque muchas cosas que emergen son mucho más interesantes y emocionantes de lo que mi intelecto podría inventar. Sigo descubriendo estas sorpresivas relaciones mucho tiempo después de que una obra está terminada. También he observado que la continuidad rítmica de la obra es mucho más convincente y satisfactoria cuando se llega por instinto que cuando se llega a través de procesos estrictamente intelectuales.

Al establecer tus propios métodos de trabajo, debes tener cuidado de que los detalles de el método sean una ayuda en lugar de una molestia. Esto se aplica específicamente al teclado. Algunos compositores pueden pensar eficazmente en el teclado, especialmente cuando son capaces de hacer que sus mentes dicten al teclado y no viceversa. Pero muchos compositores jóvenes utilizan el teclado como un medio de evitar el esfuerzo mental necesario para decidir cómo componer una idea. Esto hace que la “muleta” sea su rey, no su sirviente. Si utiliza el teclado para comprobar tu composición, ¡OK! Pero si encuentras que tus ideas están limitadas a lo que puedes tocar en el teclado, ¡cuidado! Puedes estar en problemas.

¿Qué hacemos cuando la inspiración se detiene? Esta es una buena pregunta que causa mucho desánimo entre los compositores. Mi respuesta tiene que ser en tres etapas. La primera es situar tu mente con la obra, pensándola y sintiéndola de todas las formas que puedas encontrar. Vive con ella día y noche. La segunda etapa es la etapa reflexiva. Retrocede y relájate. Piensa en algo más por un día o una hora o una semana. En tercer lugar, volver y trabajar en ella. Repite los tres pasos según sea necesario. Generalmente esto solucionará tu problema a menos que tu motivación esté rezagada. Si tu motivación se está quedando, tienes un problema espiritual que necesita ser resuelto. Nuevas perspectivas, descanso, nuevas actividades ocasionalmente ayudan. El ayuno, la oración y el estudio también ayudan. Una buena charla con un consejero espiritual también puede ayudar. Cuando todo está dicho y hecho, sin embargo, la inspiración viene de otra fuente. Si no está enviando ninguna señal, no podemos recibirlas.

Yo creo en la inspiración. También creo que un compositor debe saber todo lo que puede encontrar sobre la música y usarlo regularmente en su composición. Esto significa que la composición es trabajo. De alguna manera la inspiración y el trabajo se combinan inextricablemente en el acto de componer. ¡Que el Espíritu bendiga tus esfuerzos!