Leonard Arrington, el Padre de la Historia Mormona

Perfiles

Leonard Arrington

El Padre de la Historia Mormona

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Por Mario R. Montani

Los miembros de la Iglesia tenemos una deuda de gratitud hacia Leonard J. Arrington, de la cual no estamos conscientes e ignoramos en demasía. Sin Leonard en el siglo XX nuestro siglo XXI sería bastante distinto. Probablemente no tendríamos los “Joseph Smith Papers”, ni las aclaraciones doctrinales e históricas en Temas del Evangelio en LDS.org, ni muchos de los artículos en revistas oficiales que, con 40 años de atraso, reflejan su clara investigación.

Comencemos por el principio: Leonard James Arrington nació el 2 de Julio de 1917, en Twin Falls, Estado de Idaho. Sus padres, Noah y Edna, devotos Santos de los Ultimos Días, eran granjeros y dirigían una extendida familia de once hijos, de los cuales Leonard era el tercero.

Antes de cumplir los 4 años había sobrevivido a la fiebre tifoidea, la viruela, una neumonía, y la mortal epidemia de gripe española de 1918/19. Su madre, quien, junto a la enfermera que lo cuidaba, lo había ungido con aceite consagrado, estaba segura de que había sido preservado por algún motivo.

A los 10 años comenzó a llevar un diario personal, el que, hacia el final de sus días, ocupaba 50 grandes cajas.

Siendo él mismo un Boy Scout, el joven Leonard disfrutaba de la lectura de obras de Ernest Thompson Seton, naturalista y co-organizador del programa Scout. Durante los veranos, le gustaba dormir afuera, en la huerta familiar, para leer tranquilo y gozar de la naturaleza. En uno de esos atardeceres, observando la vida campestre, tuvo una experiencia trascendental de la que, años más tarde, diría:

“(pude sentir) un íntimo parentesco con el mundo físico, lo que hizo más fácil integrar mis intuiciones y experiencias religiosas personales con las afirmaciones formales, prácticas y ceremonias de la iglesia organizada” (Gary (2008). Leonard J. Arrington: A Historian’s Life. Norman, University of Oklahoma, pag. 29-30)

Destinado a ser un granjero más en la familia, y pasando por la Gran Depresión de los años ’30, realizó su primer experimento en economía. Dentro de las bolsas de papas que cultivaban en la granja (por las cuales recibían 5 centavos de dólar cada 45 Kg) colocó notas solicitando que le informaran a cuánto la compraban. Descubrieron que, en algunos casos, la venta llegaba a los u$s 2.

Con 17 años era ya muy activo en la National FFA Organization (Organización de Futuros Granjeros de América). Uno de sus proyectos, referido a la crianza de pollos, ganó un premio en la Feria Estatal de Idaho de 1934, lo cual le abrió las puertas a una beca de la Union Pacific Railroad.

Su padre podía pagarle una misión pero no sus estudios universitarios. Arrington consideró que la educación podría ser una forma de servicio a la Iglesia. En 1935, con una beca de la Universidad de Idaho, ingresó a la carrera de Ciencias de la Agricultura, para luego derivar hacia Economía de la Agricultura.

Arrington recibió de sus profesores la influencia del economista británico Alfred Marshall, quien estaba convencido de que la economía tenía que ver con el estudio de las relaciones humanas y no de las matemáticas y también veía a la religión como una fuerza positiva que ayudaba a la gente a comportarse de forma altruista.

Se graduó en 1939 con los máximos honores y como integrante de la Sociedad Phi Beta Kappa (prestigiosa organización que reconoce la excelencia académica). Con su Licenciatura en mano, pasó a iniciar un Doctorado en la Universidad de Carolina del Norte. Allí conoció a Grace Fort, una no miembro, con quien se casó en 1942, antes de partir hacia los frentes de batalla de la Segunda Guerra Mundial. Sirvió en la Armada durante todo el conflicto tanto en Africa del Norte como en Italia.

Mientras se hallaba estacionado en un campamento de prisioneros italianos en Africa, y leía Los Hermanos Karamazov de Dostoyevski, tuvo otra epifanía trascendental para su vida. Sintió que debería dedicarse a la enseñanza y escribir sobre religión y economía. Hallándose en esa etapa, y de paso por Roma, tuvo un encuentro casual aunque significativo con el Papa Pio XII.

Finalizado el conflicto, la pareja se estableció en Logan, Utah, donde Grace se convirtió al Evangelio Restaurado. Allí, Arrington enseñó como profesor por los siguientes 26 años en el Utah State Agricultural College (que en 1957 pasaría a ser de la Utah State University). En 1952 obtuvo finalmente su Doctorado de la Universidad de Carolina del norte en Chapel Hill.

Su disertación doctoral, Políticas Económicas Mormonas y su Implementación en las Fronteras del Oeste, 1847-1900, fue la base para su primer libro, publicado por la prestigiosa Harvard University Press en 1958: Great Basin Kingdom: An Economic History of the Latter-day Saints, 1830-1900 (El Reino de la Gran Cuenca: Una Historia Económica de los Santos de los Ultimos Días, 1830-1900)

Carl y Susan Arrington detrás de su padre en una ceremonia de graduación

Carl y Susan Arrington detrás de su padre en una ceremonia de graduación

Consciente de cierta hostilidad a las investigaciones académicas por parte de los responsables de los archivos de la Iglesia, Arrington siguió el consejo de John A. Widtose de comenzar con material que ya estuviese publicado para luego dedicarse a lo inédito. El tramo final se realizó en los archivos de la Biblioteca de la Iglesia, donde el investigador debía copiar sus notas a máquina con papel carbónico, dejando una copia en la Administración y llevando otra a su casa. Entre 1956-1957 Arrington tomó un año sabático para terminar su obra, gracias a una beca otorgada en la Biblioteca Huntington de San Marino, California.

Mientras realizaba este trabajo tuvo una tercera experiencia de conexión con lo divino. Registró en su diario:

“Un sentimiento de éxtasis me sobrevino, un regocijo que me transportó a un nivel más alto de conciencia. Inesperadamente me vi absorbido en el universo del Santo Espíritu, presumiblemente, un don del Espíritu Santo”.

La publicación de Great Basin Kingdom se realizó mediante una subvención de la Fundación Rockefeller que subsidiaba libros sobre historia económica. Bajo esas condiciones, el autor no recibiría regalías, las que volvían a la Fundación para continuar apoyando otros emprendimientos. Recién en 1993, cuando la Universidad de Utah decidió reimprimir el texto, comenzó a recibir dividendos por ella.

Great Basin Kingdom fue recibida con beneplácito por la comunidad académica y elevó el nivel de los Estudios Mormones serios. Hoy es considerado el primer texto de la denominada “Nueva Historia Mormona”

Durante 1958-1959 fue profesor del Programa Fulbright en Economía Americana en la Universidad de Génova, Italia.

En 1965 colaboró activamente en la formación de la Mormon History Association (Asociación de Historia Mormona) y fue su primer presidente durante 1966-1967. En el mismo período fue profesor visitante de Historia en la Universidad de California, Los Angeles. Creó el Western Historical Quarterly y sirvió como presidente de la Western History Association durante 1968-1969, de la Agricultural History Society entre 1969-1970 y de la División Costa del Pacífico de la American Historical Association (1981-1982)

El establecimiento de “Camelot”

Durante la administración del Presidente David O. McKay, en 1963, N. Eldon Tanner, el Segundo Consejero de la Primera Presidencia, se reunió con el Director de la Biblioteca de BYU para coordinar la investigación de historiadores SUD en los archivos de la Iglesia. Arrington comenzó a asistir a esas reuniones y en 1967 solicitó un acceso irrestricto a los archivos para escribir una ambiciosa historia del mormonismo. Dicho acceso le fue concedido en Enero de 1968.

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Con el fallecimiento del Presidente McKay en 1970, Joseph Fielding Smith pasó a ser el nuevo Presidente, dejando vacante el puesto que tenía como Historiador de la Iglesia. Tradicionalmente, un miembro del Quorum de los Doce ocupaba ese puesto, de modo que Howard W. Hunter fue escogido como el siguiente Historiador. Como parte del accionar del Elder Hunter, se formó un comité de notables historiadores mormones para discutir la reorganización del Departamento Histórico de la Iglesia. Como parte de esa reorganización, Leonard J. Arrington fue llamado como Historiador de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días en 1972. Era la primera vez que tal llamamiento recaía en un profesional competente y no en una Autoridad eclesiástica. Simultáneamente se lo llamó como Profesor de Historia de Occidente y Director Fundador del Centro Charles Redd de Estudios Occidentales en la Universidad de Brigham Young, de modo que su posición como historiador quedaba cubierta en parte por la Iglesia y en parte por BYU.

La Oficina del Historiador de la Iglesia se transformó en el Departamento Histórico de la Iglesia con Arrington funcionando como Director de la División Histórica, dedicada a la investigación. Contrató a Jim Allen y David Bitton, como Asistentes, cuyas posiciones también fueron solventadas por la Iglesia y BYU en partes iguales. También contaban con un equipo de editores, asistentes administrativos, investigadores, expertos en historia oral y estudiantes que colaboraban.

Se pensó en una Historia de la Iglesia de varios volúmenes escrita principalmente por profesionales que no formaran parte del equipo. Se inició un programa de historia oral financiado por los descendientes de James Moyle. Eugene England, padre, donó dinero para algunos proyectos y se inició el Mormon History Trust Fund con donaciones individuales.

En una entrevista que le realizara la revista Ensign en Julio de 1975, declararía:

Hermano Arrington: La historia de la Iglesia consiste tanto de la vida de las personas como de la vida de la institución. Incluye aspectos de la familia, la vida de individuos, su religión, y la historia de regiones y naciones. También incluye aspectos de historia divina, ya que registra los tratos del Señor con sus hijos en los últimos días. Además de un registro de eventos, es también una interpretación de su importancia.

Ensign: Entonces pareciera que existe una conexión cercana entre historia y teología.

Hermano Arrington: Es correcto. Nuestra religión nos dice que deben guardarse registros. Más aún, sabemos que lo que cada individuo realiza es significativo para el Señor en el esquema cósmico. Obviamente, el registrar, estudiar e interpretar la historia es importante al intentar comprender nuestra teología

Ensign: ¿Cuál es la diferencia, entonces, entre el modo en que un historiador vería la Primera Visión, por ejemplo, y el modo en que lo haría un teólogo?

Hermano Arrington: Creo que el historiador evitaría editorializar sobre el evento. Intentaría describir exactamente lo que ocurrió y la importancia de este evento en la vida de Joseph Smith y los que lo rodeaban. El teólogo extraería de ello ciertas enseñanzas sobre la naturaleza de la Deidad y de la experiencia religiosa. Por supuesto, ambos estarían básicamente interesados en lo que ocurrió exactamente. Los historiadores buscan ayudar a las personas a entender los tratos del Señor con su pueblo en el pasado sin intentar deliberadamente que aprueben una doctrina en particular.

Ensign: Cuando las personas estudian la historia de la Iglesia ¿Hay ciertas áreas que parecieran causarles problemas teológicos?

Hermano Arrington: Algunas preguntas surgen bastante a menudo. Al hablar en charlas fogoneras y seminarios, la pregunta número uno es casi siempre la poligamia. ¿Cómo era? ¿Cuándo comenzó? ¿Cuántos estuvieron involucrados? También desean saber cómo respondieron los Santos a la Palabra de Sabiduría con el paso del tiempo. Si los Archivos de la Iglesia están disponibles para la investigación de catedráticos y estudiantes, y casi siempre si la Iglesia estaría interesada en el diario de su abuelo, aunque nunca fue una Autoridad General o un obispo. Otras preguntas incluyen la historia de la gente de raza negra en la Iglesia, y cuán exacta es la traducción del Libro de Abraham.

Ensign: ¿Es la serie de biografías uno de los proyectos más importantes en los que trabajan?

Hermano Arrington: Sí, pero es simplemente uno entre muchos. Las Autoridades han autorizado varios importantes proyectos, y el mayor es la preparación de una historia de la Iglesia en varios volúmenes. Pensamos en 16 volúmenes, y están propuestos para 1980, el aniversario 150 de la Iglesia. El primero será la historia de lo que ocurrió en new York, relacionado con Joseph Smith, por supuesto, pero estamos planeando volúmenes separados para la Iglesia en diferentes regiones – uno para la Iglesia en Latinoamérica, otro en Europa y Africa, otro en Asia y el Pacífico.

Ensign: ¿Qué desean lograr con estas historias?

Hermano Arrington: Deseamos que sean algo más que historias de la Iglesia. Queremos que sean historias de los Santos de los Ultimos Días, de modo que la investigación incluye los diarios y correspondencia personal de personas que estuvieron conectadas con los eventos. Hemos hecho algunos descubrimientos emocionantes. Al realizar investigaciones sobre la Cárcel de Liberty, descubrimos un diario de puño y letra de Hyrum Smith. Jamás se publicó. Ni siquiera sabíamos que existía.Contiene el sólido testimonio de ese temprano patriarca y mucho de interés para los Santos…”

Los proyectos eran muy ambiciosos y de alto nivel académico, incluyendo dos obras diferentes de varios volúmenes cada una. La primera estaría dedicada principalmente a los miembros y la otra a los investigadores en general. Se catalogaron y sistematizaron los archivos y se permitió el libre acceso a ellos a miembros y no miembros. Los integrantes del staff se refirieron a esta época como Camelot, la idealizada sociedad de las leyendas arturianas… No duró mucho.

La caída de Camelot

Arrington no deseaba que el Departamento estuviera sujeto al recientemente establecido Programa de Correlación. Opinaba enfáticamente:

“No creo que podamos determinar la verdad de lo que ocurrió en la historia si el Quorum de los Doce tiene que votar sobre ello” (Gary (2008). Leonard J. Arrington: A Historian’s Life. Norman, University of Oklahoma, pag. 117)

Lamentablemente, muchos integrantes del Quorum y muchos miembros tradicionalistas no comprendían la envergadura de los cambios que se estaban produciendo. Les preocupaba que algunas investigaciones mostraran que Brigham Young utilizaba el tabaco frecuentemente, que uno de sus hijos tenía adicción a la morfina, o que Edward Partridge no había sido en realidad el primer Obispo Presidente. También les molestaba que cuando se mencionaba la llegada de las gaviotas que salvaron las cosechas de los Santos no se especificara que las había enviado Dios (lo cual dependía más de la interpretación de fe de los receptores que de un hecho demostrable históricamente). En resumen, no querían escuchar nada que se apartara de la versión tradicional y color de rosa que se había construido sobre nuestro pasado, aunque estuviese muy alejada de la verdad.

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Mark E. Peterson se transformó en una de las figuras que más combatió el nuevo enfoque. Joseph Anderson y luego G. Homer Durham, que eran los supervisores inmediatos del Departamento, no lograron o no supieron defender el proyecto. Se colocaron espías dentro de la división para informar sobre las investigaciones y se comenzaron a armar carpetas  para los Doce y para los Obispos de quienes eran considerados “poco ortodoxos”. En 1973, Harold B. Lee, el nuevo Presidente de la Iglesia, rechazó la propuesta de un premio para estudiantes investigadores y de una Organización de Amigos de la Historia de la Iglesia. Estableció también que las investigaciones sobre temas sensibles (poligamia, sacerdocio a los negros y a las mujeres en el pasado, etc) requiriesen de la aprobación explícita de la Primera Presidencia.

Con la muerte del Presidente Lee, Spencer W. Kimball pasó a presidir la Iglesia. Aunque él, personalmente, veía a la Historia de los Santos de los Ultimos Días como una “gran obra”, muchos de sus allegados no pensaban lo mismo. En una reunión de instructores de Instituto, Ezra Taft Benson, Presidente del Quorum de los Doce, criticó la obra. Después de la publicación de Cartas de Brigham Young a sus Hijos de Dean C. Jesse, Boyd K. Packer se quejó de que apareciese mencionada la desilusión de los descendientes de Brigham por el trato que se dio a la herencia de su padre, expresando su voluntad de que el Departamento quedase bajo la supervisión del Programa de Correlación. En 1977, cuando Durham, miembro del Primer Quorum de los Setenta, se hizo cargo de la supervisión, requirió que todos los manuscritos pasasen por sus manos antes de publicarse. Intentó integrar los fondos del Departamento Histórico al presupuesto general pero Arrington logró bloquear su propuesta.

Para entonces, muchos de los historiadores, viendo que se limitaban sus posibilidades y su integridad académica, buscaban nuevos horizontes. Pero Durham impidió que se contratase nuevo personal para reemplazar al saliente. El proyecto de una historia en varios volúmenes debió abandonarse y sus autores liberados de buscar otros editores, pues Deseret Book no los publicaría. De hecho, la mayoría de ellos lograrían publicarse con el paso del tiempo, por editoriales universitarias, y se constituyen hoy en una reserva imprescindible de construcción de la Nueva Historia Mormona.

Para 1982 la División Histórica fue transferida a BYU y se acabó la consulta irrestricta a los Archivos. Camelot estaba sitiada y su caída era inminente…

Los restos de Camelot…

Mientras por un lado Arrington recibía el reconocimiento de sus pares y de la comunidad intelectual por la rigurosidad de sus trabajos (su alma mater, la Universidad de Idaho, le otorgó un Doctorado Honorario en Humanidades y Letras en 1977 y lo mismo haría la Universidad de Utah en 1982, obtendría un premio de la Western History Association en 1984 y la Society of American Historians lo haría uno de sus miembros en 1986), dentro de la Iglesia no ocurría lo mismo. En Febrero de 1982 se lo relevó privadamente de sus funciones como Historiador de la Iglesia y como Director de la División Historia. Durham asumió esas posiciones, de acuerdo a sus declaraciones, para evitarle al equipo la creciente hostilidad de los Doce. En Marzo de 1982, Grace, la esposa de Arrington, falleció (Según sus propios hijos, el dolor por el mal trato que recibía su esposo, aceleró el proceso de su enfermedad). En la Conferencia General de Abril de 1982 el relevo del Historiador no fue anunciado y, por tanto, jamás recibió el tradicional voto de agradecimiento de la congregación que, en realidad, ignoraba lo que ocurría.

Leonard sí mantuvo un puesto como Director del Instituto Joseph Fielding Smith de Historia de la Iglesia, hasta su retiro en 1987. En Noviembre de 1983 volvería a casarse con Harriet Horne.

Con la aparición de Leonard Arrington and the writing of Mormon History de Gregory A. Prince en mayo de 2016, una obra basada en la lectura de sus diarios personales así como entrevistas a más de 100 familiares, amigos y asociados, uno comienza a comprender un poco mejor lo que ocurrió en esa obscura etapa. Arrington estaba convencido de que las Autoridades actuaban por prudencia y desconocimiento. Las evidencias muestran algo un poco más profundo que eso. Por ejemplo, sus observaciones sobre la situación de la mujer en 1976. La escritora Carol Lynn Pearson había provisto un guión para una película sobre la Primera Visión.

“Al completarse la película la presentaron a un grupo de personas entre las que se hallaban tres Apóstoles, uno de los cuales dijo: ‘Creo que es equivocado darle en la película la misma atención a Joseph, Padre que a Lucy Mack Smith – le prestan demasiada atención a Lucy. Después de todo Joseph era el padre, el patriarca, la cabeza de la familia, y deberían concentrarse en él. Era el poseedor del sacerdocio en la familia. No deberían darle tanta importancia a las mujeres ya que no poseen el sacerdocio’. Parece que era irrelevante que, durante la infancia y juventud de Joseph, hijo, Joseph, padre fuese un Universalista que se rehusaba a participar en cualquier religión organizada, no poseía el sacerdocio y presionaba a Lucy para que no asistiese a ninguna reunión” (Leonard Arrington and the writing of Mormon History, Gregory A. Prince, pag. 234-235)

Otro pasaje revelador del libro es una carta que le enviara Alice Colton Smith, miembro de la Mesa General de la Sociedad de Socorro, en la que enlistaba una serie de derechos y privilegios que las mujeres de la Iglesia habían perdido en los años recientes y requiriéndole “aunque fuese un solo ejemplo de alguna acción reciente que se hubiese tomado para elevar la posición de la mujer” (Idem, pag. 238)

El bien intencionado y simple Arrington nunca había esperado encontrar este tipo de oposición en su trabajo. Diariamente debía tratar con líderes eclesiásticos muy acostumbrados a recibir muestras de respeto pero con falta de experiencia para analizar información y ceder a una argumentación, ya que sus posiciones encumbradas les permitían evitar las discusiones.

Cuando Ezra Taft Benson asumió como Presidente de la Iglesia, vetó una propuesta de que Arrington sirviese como Presidente de Misión en Italia, cuando conocía el idioma y poseía contactos, pues había servido allí en la guerra y como profesor universitaria. El motivo del veto parece haber sido el apoyo que el historiador daba a la publicación independiente Dialogue, a Journal of Mormon Thought.

En una carta a sus hijos diría:

“El intento de suprimir problemas y dificultades, el intento de intimidar a aquellos que presentan un problema, expresan dudas, o tratan de reconciliar hechos dificultosos, es muy poco efectivo e inútil. Lleva a la sospecha, la desconfianza y a la condescendiente información tendenciosa…Cuanto más los mormones neguemos o demos la apariencia de negar ciertos hechos demostrables, más abrigaremos serias dudas y tendremos más cosas para ocultar”

La actividad de Arrington se vio cada vez más restringida. Manteniéndose siempre como un fiel miembro de la Iglesia, sus convicciones religiosas jamás se vieron conmovidas por el material sensible con el que debía trabajar, aunque tal vez sí por las actitudes de la jerarquía eclesiástica sobre él.

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Spencer W. Kimball sugirió que escribiese una biografía seria de Brigham Young y el historiador pagó de su bolsillo a los asistentes que ayudaron en el proyecto antes que quedar sometido a las influencias de algún donante. Así surgió Brigham Young: American Moses (1985). Otras familias de miembros le comisionaron la historia de sus antepasados, entre ellos los Eccles, los Silver y los Redd. También trabajó en la biografía de Alice Merrill Horne, bisabuela de su esposa, una patrocinadora del arte y primera mujer en el Congreso de Utah.

Sus obras Building the City of God (1976) y The Mormon Experience (1979) recibieron ambos el premio al mejor libro del año de la Mormon History Association.

Ultimos años y legado

Antes de someterse a una operación del corazón, Leonard recibió una bendición de salud de manos de su esposa, Harriet, su amiga y colaboradora Maureen Beecher y Michael y Jan Quinn, no sólo remedando la que había recibido de su madre en la infancia, sino estableciendo categóricamente cuál era su posición con respecto a la mujer en la Iglesia.

Se cometieron contra él varias acciones poco dignas. El pedido de un cambio de alfombra para su oficina había sido rechazado en varias oportunidades por falta de presupuesto. El día después de que dejara definitivamente su trabajo, el equipo de colocación llegó…

“Nuestro gran experimento de historia apoyado por la Iglesia ha demostrado ser, si no un fracaso, al menos no un absoluto éxito. Un aspecto particularmente mortificante para mi serán las bromas de mis amigos no mormones y anti mormones: ‘¡Te lo dije!’” – escribiría en su diario.

Arrington se mantuvo activo como investigador hasta el fin de sus días. En 1994 la University of Idaho Press publicaría su History of Idaho en dos volúmenes y en 1998 la University of Illinois Press su Adventures of a Church Historian (Aventuras de un Historiador de la Iglesia)

Después de las excomuniones de intelectuales en 1993, Arrington pensó que podría estar próximo en la lista, pero su edad y prestigio lo mantuvieron alejado de tal posibilidad.

En un listado de cosas que le gustaría ver desaparecer de la Iglesia institucional, incluyó:

  • Llamar a posiciones de liderismo a los mayores pagadores de diezmos en vez de a los más capaces y dignos.
  • El mantenimiento de una sospecha de deslealtad por parte de los liberales. La suposición de que los liberales están para destruir o avergonzar a la Iglesia es totalmente falsa.
  • La insistencia de que existe unanimidad entre los Doce.
  • La insistencia en escoger al miembro más antiguo de los Doce como Presidente (cuando no hay una revelación al respecto). Significa que siempre tendremos presidentes fuera de su período enérgico y creativo de la vida.
  • Las mujeres deberían estar asociadas a los Doce y sentarse en sus reuniones. La Sociedad de Socorro debería estar en las reuniones de Obispados y las madres obtener el permiso de formar parte del círculo al bendecir niños y confirmar nuevos bautismos.
  • La cuasi adoración de los Líderes es poco saludable para los miembros y evita que se den cuenta de que debemos buscar el Espíritu y la Luz.

El 11 de Febrero de 1999, a los 81 años, Leonard Arrington murió en su casa de Salt Lake City por un ataque cardíaco. Después de su muerte la Asociación de Historia Mormona creó el premio anual Leonard J. Arrington para distinguir trabajos meritorios en el estudio de la historia mormona. En 2002 recibió póstumamente el primer Premio por Logros de Toda una Vida de la John Whitmer Historical Association.

En 2005, la Utah State University creó la Cátedra Leonard J. Arrington de Historia y Cultura Mormona, con 45 donantes que aseguran su continuidad. También en 2005 el Instituto Joseph Fielding Smith cerró sus puertas y el remanente de historiadores volvió a las Oficinas Centrales de la Iglesia.

El legado de Leonard Arrington permanece vivo. Cientos de jóvenes estudiantes para los que fue un mentor y consejero, hoy escriben libremente sobre lo que a su profesor le fue tan difícil. La Nueva Historia Mormona se ha impuesto lentamente como la actual Historia de la Iglesia. Los Estudios Mormones en las más prestigiosas universidades han dejado descolocadas a las Autoridades del pasado. Camelot parece estar volviendo a construirse, aunque lentamente…

Ganó pocas batallas. Perdió muchas más. Pero, finalmente, ha ganado la guerra”, afirmó recientemente su hijo, Carl Arrington, “Si está mirando hacia aquí abajo, y estoy seguro de que lo está haciendo, estará sonriendo de oreja a oreja”.

 

HUGH W. NIBLEY: Un Gigante entre nosotros

Perfiles

HUGH W. NIBLEY

Un gigante entre nosotros

Gen 8312-9015 Hugh Nibley at home. December 1983 Photo by Mark Philbrick/BYU

Gen 8312-9015 Hugh Nibley at home. December 1983 Photo by Mark Philbrick/BYU

Por Mario R. Montani

Hugh Winder Nibley nació el 27 de marzo de 1910 en Portland, Oregón, siendo sus padres Alexander Nibley y Agnes Sloan. Su segundo nombre provino de John R. Winder, presidente del Templo de Salt Lake, quien había dado una bendición especial a su madre. Poco antes del nacimiento de Hugh (entre 1906 y 1907), Alexander había servido como Presidente de la Misión de los Paises Bajos para la Iglesia. Su abuelo paterno, Charles W. Nibley, converso escocés, fue Obispo Presidente y Consejero de Heber J. Grant. La madre de Alexander, una de las esposas plurales de Charles, era Rebecca Neibaur, hija de Alexander Neibaur, judío nativo de Alsacia, quien se convirtió al emigrar a Inglaterra, y, ya en Norteamérica, fue el primer dentista de la colonia mormona así como profesor de Joseph Smith en hebreo y alemán. Su tío, Preston Nibley fue un prolífico escritor y Asistente del Historiador de la Iglesia.

El pequeño Hugh

El pequeño Hugh

Hugh y sus tres hermanos asistieron a la escuela pública en Portland, pero los padres proveyeron tutores adicionales para instruirlos en música y lenguaje.

Cuando el joven Hugh contaba 11 años, la familia se trasladó a Glendale, California, donde Alexander ocupó un cargo ejecutivo en el negocio maderero. Sin embargo, el contacto con los boques convirtió a su hijo en un ambientalista que se opuso al corte de los árboles y a la matanza de la vida silvestre.

A partir de 1921, el futuro catedrático comenzó a estudiar en Los Angeles y su paso por la L.A. High School le dejó tres pasiones: la astronomía, el arte y el idioma inglés. Pintó las luces de la calle que daban a su cuarto para que no molestasen su observatorio. Cierta mañana, cuando bajó a desayunar, la familia le notaba algo diferente pero no podía determinar exactamente qué era: se había cortado las pestañas pues le molestaban para mirar por el telescopio…

Gracias al estímulo de sus maestras, para los 12 años había memorizado todas las principales tragedias de Shakespeare y las obras de muchos poetas. Su amor por el lenguaje lo llevó a aprender el antiguo anglo sajón, el latín y el griego.

Con 16 años pasó seis semanas viviendo sólo en los bosques cercanos a Crater Lake, Oregon, alimentándose de bayas y trigo. Conservó durante toda su vida la marca dejada por la mordida de un lobo.

Con su abuela, Margaret Reid Sloan

Con su abuela, Margaret Reid Sloan

En 1927, su padre escribiría al abuelo, preocupado por las habilidades sociales del hijo:

“El pobre muchacho ha estado tan rodeado de libros toda su vida que le falta experiencia en viajes y cuidado personal entre los seres civilizados. Es muy capaz de cuidarse en las montañas, sólo con los osos y gatos monteses”. (Carta de Alexander Nibley a Charles W. Nibley, Noviembre 1, 1927; L. Tom Perry Special Collections, Harold B. Lee Library, C. W. Nibley collection, Mss. 1523, box 1, folder 3)

Con 17 años partió a cumplir su misión en Alemania y Suiza, donde pasó dos años y medio, entre 1927 y 1930. A pesar del estricto curso de estudio de los misioneros (incluía sólo las Escrituras y muy pocos libros doctrinales), con un poco de culpabilidad, Hugh agregó por su cuenta el estudio del griego clásico.

Hugh Nibley durante su misión en Europa

Hugh Nibley durante su misión en Europa

Al retornar ingresó a la UCLA (Universidad de California en Los Angeles)  de donde se graduó summa cum laude en Historia, para pasar a Berkeley donde obtuvo su Doctorado en Clásicos en 1938.

Antes de llegar a su graduación pudo ser testigo de los devastadores efectos de la Gran Depresión. Su familia había estado en buena posición económica por la mayor parte de los años ’30, pero, al llegar 1936 la fortuna familiar había desaparecido. Hugh recibió una beca en Berkeley que le permitiría cubrir los costos del último año de su doctorado. Una vez obtenido el premio en efectivo, su padre se lo solicitó para recuperar uno de sus negocios con la promesa de devolverlo en unas semanas. Eso nunca ocurrió, y el joven estudiante entró en un período depresivo, del que pudo salir gracias a unas providenciales tareas de traducción que le permitieron costear el final de su carrera. Aproximadamente por esa época tuvo que ser operado de apendicitis. Bajo los efectos de la anestesia, tragó su lengua y dejó de respirar. Durante esa experiencia cercana a la muerte, Hugh se sintió ligero como una pluma y con sus facultades expandidas, capaz de resolver cualquier problema matemático y de aprender con rapidez (Faith of an Observer). Ese hecho sin duda marcó su entendimiento de un mundo espiritual y de su propósito en la vida. Comprendió que la educación era muy importante, pero que también que existían otras formas superiores de obtener conocimiento.

Con su flamante diploma bajo el brazo, comenzó su carrera como profesor en el Claremont College. Ya por entonces comenzaron a tejerse algunas leyendas sobre Nibley, debido a sus pequeñas excentricidades y a su desprecio por los adornos y símbolos de la riqueza. La alimentación lo tenía sin cuidado. Durante la carrera de doctorado subsistió con zanahorias y leche condensada y en Claremont se las arreglaba sólo con naranjas.

Con el ingreso del país en la Segunda Guerra Mundial se alistó como soldado raso, pero debido a sus conocimientos de idiomas, particularmente el alemán, fue ascendido a sargento mayor en la inteligencia militar, desempeñándose en el famoso “Screaming Eagles”, la División Aérea 101 de la Armada de los EEUU. En la invasión del Día D condujo el primer jeep en tierra en la trágica Utah Beach. Como parte de la Operación Market Garden aterrizó en planeador en Eindhoven. También fue testigo de los horrores en los campos de concentración nazis.

El Sargento Nibley

El Sargento Nibley

Mientras se preparaban para la invasión, el profesor universitario había visitado las librerías de antigüedades en Londres, recogiendo todos los tesoros literarios en árabe y griego que pudo encontrar. También llevaba en su mochila un ejemplar del Libro de Mormón. Recordaría luego:

“Fue justamente allí, en la Playa Utah (Normandía), mientras estábamos un par de pies bajo el agua, que realmente me di cuenta cuán asombroso es el Libro de Mormón. Nunca antes se me había ocurrido, pero todo lo que podía pensar ese día era en lo maravilloso del Libro de Mormón” (Ensign Abril 1985, John W. Welch, “Hugh Nibley and the Book of Mormon”)

Algunas horas antes, Hugh había sido desplazado a último momento por un General de su asiento asignado en un planeador para ser redirigido a la 4º División que se acercaría por mar a la Utah Beach. Según supo más tarde, el General en su asiento murió y el resto de la tripulación del planeador fue capturada.

Las historias Nibley durante la Segunda Guerra Mundial fueron plasmadas por su hijo, Alex, en esta obra.

Las historias de Nibley durante la Segunda Guerra Mundial fueron plasmadas por su hijo, Alex, en esta obra.

Al regresar a su patria, y a petición del Apóstol John A. Widtsoe, se convirtió en profesor de Historia, Lenguas y Religión en la Universidad de Brigham Young, en 19 46.

En su recomendación, el Elder Widtsoe lo describiría como:

“Un traga libros de primer orden. Probablemente irritará a su esposa, cuando se case, a lo largo de toda la vida, llegando tarde a la noche, tarde para comer, y quedándose sin dormir por la lectura… Pero creo que debemos conservarlo para nuestro beneficio”. (Carta de John A. Widtsoe a Howard S. McDonald, Marzo 14, 1946, BYU Archives, Howard S. McDonald Presidential Papers, box 3, folder 7)

Algunas autoridades de la Universidad expresaron preocupación de que el nuevo catedrático, ya con 36 años, permaneciese soltero. Hugh prometió que se casaría con la primera chica que encontrase en el campus de BYU. Dos días después conoció a Phyllis Draper, de 21 años, quien trabajaba en la oficina de alojamientos, y cuatro meses más tarde estaban casados.

“La historia es verdadera. ¡Ella fue la primera chica que vi!” – aseguró Nibley al Salt Lake Tribune en una entrevista que le realizaron en el 2000.

La pareja permaneció unida por casi 60 años (hasta la muerte de él) y tuvo ocho hijos. La relación con BYU también fue extensa. Si bien se jubiló en 1975, continuó enseñando hasta 1994, y después de eso, mantuvo una pequeña oficina en la Biblioteca Harold B. Lee de la Universidad, donde proseguía sus investigaciones.

Su fama de “profesor distraído” tenía válidos motivos. Toda su vida utilizó vehículos con unos 30 años de antigüedad, ropa de segunda mano y sombreros abollados (según algunas fuentes, el desaliño de Hugh tenía que ver también con que no deseaba recibir llamamientos de responsabilidad). Se cuenta que, en cierta ocasión, en la Iglesia, donó dinero para ayudar en la compra de un abrigo para un necesitado: resultó que era para él… Vivió por más de 50 años, hasta su muerte, en la misma pequeña casa color verde de Provo.

Su yerno, Boyd Peterson, describió en What I learned from Life, the Church and the Cosmos from Hugh Nibley (Lo que aprendí sobre la Vida, la Iglesia y el Cosmos de Hugh Nibley):

“Algunas cosas sobre la vida las aprendí por sus malos ejemplos. Quiero decir, asegúrense de que sus zapatos son del mismo par antes de irse de casa. Si van a utilizar tiradores para las medias, será mejor visto que lleven ambos y no uno sólo. Que su diario sea legible, por si alguien desea leerlo alguna vez. No esperen que mucha gente se ría si rematan el chiste con una frase en griego. Pongan atención adónde dejan el auto. No se olviden que están manejando cuando decidan disfrutar del paisaje. No hace falta utilizar lentes de sol para mirar la TV. A diferencia de los quesos y el vino, los sombreros no mejoran con el paso del tiempo y las plantas no se preocupan demasiado cuando uno las poda…Pero las cosas realmente importantes las aprendí de su buen ejemplo…”

La familia Nibley, alrededor de 1959

La familia Nibley, alrededor de 1959

Uno de los primeros trabajos en defensa de su fe, bajo el título “No, Ma’am. That’s Not History” (No, Señora. Eso no es Historia), fue una dura respuesta a la publicación del año anterior de la historiadora Fawn Brodie, “No Man Knows my History”, una biografía crítica de Joseph Smith, Jr.

Hugh Nibley podía hablar y leer unos 14 idiomas, incluyendo el griego, el latín clásico, hebreo, egipcio, copto, árabe, alemán, francés, inglés, italiano, español, neerlandés, noruego y ruso. También dominaba el inglés y el búlgaro antiguos así como las lenguas nórdicas de las sagas.

Publicó trabajos de erudición en revistas especializadas como Classical JournalWestern Political QuarterlyWestern SpeechJewish Quarterly ReviewChurch HistoryRevue de QumranVigililae ChristianaeThe Historian,  The American Political Science Review, y la Encyclopaedia Judaica. Su ensayo, “The Passing of the Church: Forty Variations on an Unpopular Theme,” publicado en la revista Church History, desató un corto pero enfurecido debate dentro de las páginas de la revista en 1961.

Sin embargo, decidió prioritariamente utilizar sus conocimientos en defensa de la Iglesia. Publicó numerosos artículos en The Improvement Era y The Ensign. Su trabajo Baptism for the Dead in Ancient Times (Bautismo por los Muertos en la Antigüedad), de 1950, dio lugar a un prolongado debate en la Catholic Biblical Quarterly.

Su libro An approach to the Book of Mormon (Un acercamiento al Libro de Mormón) fue seleccionado como manual de estudio para los quórumes del sacerdocio en 1957. El Presidente David O. McKay estaba consciente de la dificultad de comprensión de la obra para muchos santos sin preparación académica, pero al mismo tiempo no deseaba que perdieran la oportunidad de captar algo de ese rico material. Joseph Fielding Smith recalcó:

“Todos los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec deben interesarse profundamente en estas lecciones, que apoyan el registro del Libro de Mormón desde un nuevo e interesante punto de vista”. (Prefacio de la obra)

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Por ejemplo, los amplios conocimientos de Nibley permitieron analizar la época de Lehi no sólo como la de un habitante del desierto, sino junto a sus contemporáneos, a quienes él denominó “los titanes del siglo sexto A.C”: Solón, Tales de Mileto, Buda, Confucio, Lao Tse y Zaratustra. Demostró plausiblemente el estatus económico y comercial de Lehi, su capacidad de viajar adquirida en el comercio con Egipto y las ciudades fenicias.

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Su destreza con los idiomas y las fuentes antiguas le permitieron detectar comparaciones insospechadas. Una historia de Irán cuenta de un herrero llamado Kawe quien tomó su delantal de cuero y lo colocó sobre un mástil como símbolo de liberación en su lucha contra Dahak, “el hombre de mentiras y rey de locos”. Algo similar a lo que Alma 46 relata sobre Moroni y el Estandarte de la Libertad en su lucha contra el inescrupuloso Amalickiah. Por muchos siglos el estandarte de Isfahan fue el emblema nacional de los Persas.

Otro relato recogido por Mohammed ibn-Ibrahim ath-Tha’labi, un erudito musulmán en el siglo X contiene una leyenda ‘no hallada en ninguna otra parte’ sobre la ropa de José de Egipto, rota en varias partes, pero una de ellas preservada, y su significado. Esa misma historia aparece en Alma 46:23-25.

“Cosas como estas en el Libro de Mormón ilustran las amplias ramificaciones de la  cultura, y la reciente declaración de los estudiosos sobre que los antiguos hebreos tenían raíces culturales con todas las civilizaciones del Cercano Oriente. Esta es una prueba de ácido que ninguna falsificación podría pasar; no sólo abre una ventana a un mundo del que ni soñábamos, sino que brinda a nuestras mentes poco iniciadas la vislumbre del verdadero alcance y vastedad de un libro al que casi nadie conoce” (Nibley, An Approach… pag. 177-180)

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El hermano Nibley fue alabado por académicos no mormones como Jacob Neusner, James Charlesworth, Cyrus Gordon, Raphael Patai y Jacob Milgrom. Los investigadores evangélicos Mosser y Owen también lo elogiaron por su habilidad para recurrir a fuentes históricas proporcionando evidencias que apoyaban las creencias de los santos de los últimos días.

Hugh, quien nunca aceptó llamamientos eclesiásticos de importancia, era, sin embargo, consultado extraoficialmente por las Autoridades en muchos aspectos. Se lo consideró el más importante apologista mormón y en ocasiones se lo declaró ‘defensor de la fe’, un título que únicamente había sido otorgado a B.H. Roberts, historiador y líder en la Iglesia. No hubo tema que no abordase en sus obras, las cuales continúan teniendo influencia y resonancia en el pensamiento mormón. Un detalle de sus obras publicadas por Deseret Books (aparecen las fechas de las ediciones más recientes)

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  • Old Testament and Related Studies (El Antiguo Testamento y Estudios Relacionados), 1986
  • Enoch the Prophet (Enoc, el Profeta), 1986
  • The World and the Prophets (El Mundo y los Profetas), 1987
  • Mormonism and Early Chistianity (El Mormonismo y el Temprano Cristianismo), 1987
  • Lehi in the Desert/The World of the Jaredites/There Were Jaredites (Lehi en el Desierto/El Mundo de los Jareditas/Hubo Jareditas), 1988
  • An Approach to the Book of Mormon (Un Acercamiento al Libro de Mormón), 1988
  • Since Cumorah (Desde Cumorah), 1988
  • H. Nibley 20305
  • The Prophetic Book of Mormon (El Profético Libro de Mormón), 1989
  • Approaching Zion (Acercándonos a Sión), 1989
  • Ancient State: The Rulers & the Ruled (Estado Antiguo: Los Gobernantes y los Gobernados), 1991
  • Tinkling Cymbals and Sounding Brass: The Art of Telling Tales about Joseph Smith and Brigham Young (Metal que resuena y Címbalo que retiñe: El Arte de Contar Historias sobre Jose Smith y Brigham Young), 1991
  • Temple and Cosmos: Beyond this Ignorant Present (Templo y Cosmos: Más allá de este Presente Ignorante), 1992
  • Brother Brigham Challenges the Saints (El Hermano Brigham desafía a los Santos), 1994
  • H. Nibley 399221
  • Abraham in Egypt (Abraham en Egipto), 2000
  • Apostles and Bishops in Early Cristianity (Apóstoles y Obispos en el Cristianismo Temprano), 2005
  • The Message of Joseph Smith Papyri: An Egyptian Endowment (El Mensaje de los Papiros de José Smith: una Investidura Egipcia), 2008
  • Eloquent Witness: Nibley on Himself, Others, and the Temple (Testigo Elocuente: Nibley acerca de si mismo, Otros y el Templo), 2008
  • An Approach to the Book of Abraham (Un Acercamiento al Libro de Abraham), 2009
  • One Eternal Round (Un Giro Eterno) (Obra póstuma), 2010

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A pesar de su constante defensa de la doctrina e historia mormonas, Hugh Nibley no fue un miembro de la Iglesia típico. Ferviente Demócrata, no dudó en criticar decisiones de los gobiernos republicanos y el aparente apoyo o silencio de los Líderes. Se opuso terminantemente a la Guerra de Vietnam en un período en que no era muy popular hacerlo en los ámbitos mormones. Su obra Approaching Zion es una dura crítica a los excesos del Capitalismo y un apoyo a la Ley de Consagración como solución a los problemas mundiales. Criticó sin reparos a los miembros por su conformismo y materialismo, su ambición por hogares costosos, los hábitos de cacería y su gusto por el arte kitsch en vez del gran arte. También le molestaba la dogmática aplicación de los códigos de vestimenta y peinados en la Universidad de Brigham Young, a los que consideraba parte del mundo de las apariencias y poco centrales al Evangelio.

En 1960 incomodó a alumnado y Autoridades Generales cuando en la oración de apertura del inicio de clases en BYU se refirió al “uso de las togas negras de un falso sacerdocio”.

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Hugh Nibley afectó a muchas personas y cambió el modo de ver los estudios mormones. Daniel Peterson, Profesor de Estudios Islámicos en BYU y luego Director del Maxwell Institute, recuerda:

“Las habilidades lingüísticas del Profesor Nibley eran legendarias. En ocasiones respondía preguntas de sus alumnos citando extensamente de una ópera de Wagner en alemán o de uno de los poemas homéricos en su griego original. Durante un año se lamentaba de que su clase sobre Egipcio Medio estaba progresando muy lentamente; luego supimos que una clase similar de otra universidad en el mismo semestre, utilizando el mismo libro de texto, llevaba la mitad de su velocidad.

La memoria del Profesor Nibley era prodigiosa. Una vez nos propusimos, con un amigo graduado, memorizar tanta poesía como nos fuese posible (éramos jóvenes por entonces). Nuestra primera elección, sin ningún motivo particular, fue una pieza de John Milton, titulada “Lycidas”. Nos encontrábamos sentados en la sala de lectura de Estudios Antiguos en BYU, tarde por la noche. Le habíamos dedicado un tiempo considerable a nuestra tarea, y ahora tratábamos de probarnos entre nosotros recitando el poema. Me encontraba por la mitad y me trabé, no pudiendo recordar la próxima línea. El Profesor Nibley había ingresado a la sala un par de minutos antes para consultar un diccionario griego y, cuando se dio cuenta de mis dudas, mientras caminaba hacia la puerta recitó los seis versos que seguían. Era suficiente para hacerlo desesperar a uno.

El Profesor Nibley era famoso por su ingenio. Constantemente requerido para autografiar libros, pareciera que jamás escribió dos veces la misma dedicatoria, las cuales solían ser graciosas y autodevaluatorias. ‘Este libro es biodegradable. H.Nibley’, o ‘H.Nibley. Escritorzuelo del Demonio’”.

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Muchos individuos han recibido la influencia de la obra y personalidad del Profesor Nibley, entre ellos Avraham Gileadi, especialista judío del Libro de Isaías, Truman G. Madsen, Director del Centro BYU en Jerusalén, John Gee, egiptólogo, John Welch, analista del quiasma en el Libro de Mormón y el catedrático ecuatoriano Benjamin Urrutia.

Otras relaciones fueron insospechadas. Kresimir Cosic, era un jugador profesional de baloncesto de Croacia que representó en torneos internacionales al equipo de Yugoeslavia. También medallista de oro olímpico. Finalmente, embajador adjunto de Coracia en los EEUU.

Intentando continuar sus estudios, Ćosić llegó a Provo, Utah, para jugar al baloncesto en la Universidad Brigham Young. No sabía que iba a estar rodeado por un grupo de mormones y aislado de cualquier tienda de licores. A pesar de que tenía una gran cantidad de seguidores y un lugar destacado jugando para los Cougars, decidió que ya era hora de regresar a su tierra natal. Fue por esa época que se hizo muy amigo de Christina Nibley Mincek, la hija de Nibley, quien era una estudiante en la Universidad Brigham Young y la novia del compañero de cuarto de Ćosić. Con el tiempo ella lo condujo a su padre.

Nibley se reunía con Ćosić frecuentemente y, finalmente, lo bautizó. Durante ese tiempo se logró la formación de un vínculo único y una amistad que duraría el resto de sus vidas. El propio Cosic recordaría:

 “No puedo decir acerca del primer día, pero sí sé que vine aquí (al hogar de los Nibley) muchas veces con Christina y la mayoría de nuestras conversaciones, que tuvieron lugar en su oficina, eran algo personal y agradable. Hablábamos de todo –– en su mayoría respecto a la religión, de la vida pre-mortal, la Resurrección. No creo que alguna vez hayamos hablado de cómo hacer ciertas cosas. En realidad, yo estaba preguntando lo que estaba bien y lo que estaba mal. Y una vez que se establecieron esas cosas, entonces cada uno tenía su propia manera de hacerlo. Creo que hemos tenido una especie de relación única porque él se tomaba todo el tiempo que necesitaba para explicar acerca de la iglesia. Cada vez que yo quería saber algo, él se tomaba el tiempo. No hablamos de la religión hasta que me sentí cómodo con las respuestas que pude conseguir. El tiempo que pasamos juntos fue el momento más útil que he tenido – en el sentido de la religión”.

La relación entre Nibley y Ćosić no terminó después de que él fue bautizado y se convirtió en miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sino que continuaron reuniéndose con regularidad y disfrutaban de la compañía del otro inmensamente. Más tarde, en 1995, Cosic fue diagnosticado con linfoma no Hodgkin. Después de un trasplante de médula y cuando fue evidente que no viviría mucho, Nibley y su esposa lo visitaron en el Hospital Johns Hopkins.

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Nibley dedicó sus últimos 20 años al estudio de los papiros perdidos después de la muerte de Joseph Smith y reencontrados en el New York’s Metropolitan Museum of Art en la década de 1960 y devueltos a la Iglesia en 1967.

FARMS (The Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, hoy el Neal Maxwell Insitute) puede ser considerada un legado de Hugh, ya que todos aquellos que la organizaron en sus comienzos reconocen la influencia que recibieron de él.

Entre los muchos consejos que dejó con el paso de los años, podríamos destacar:

Escriban cartas.

Tómense las Escrituras seriamente, pero no den por sentado que lo que aprendieron en la Primaria es correcto.

Amen el aprendizaje.

Los títulos, rangos y grados significan muy poco; presten atención a los amateurs.

Busquen los milagros en la vida diaria.

Aprovechen los fortuitos momentos de serenidad.

Asuman que el Señor está al mando de su vida.

No se tomen a sí mismos demasiado en serio.

Estén en contacto con la naturaleza.

Gánense el derecho a criticar.

No se preocupen de ofender a la gente con sus opiniones.

Las personas pueden estar en desacuerdo y aún así ser amigos.

Que su rostro sea conocido en el Templo.

Adoren a los niños pequeños.

Proclamen la paz.

Consagren todo lo que tienen a la edificación de Sión.

 

Recuerden que hay sólo dos cosas en las que podemos ser muy buenos, cosas que los ángeles envidian: nuestra habilidad para perdonar y para arrepentirnos.

El Profesor Nibley falleció a los 94 años, en su casa, el 24 de febrero de 2005, luego de una enfermedad que lo tuvo postrado desde el 2003. Lo sobrevivieron su esposa, ocho hijos, 24 nietos y 2 bisnietos.

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Cuando el hermano Nibley vino al mundo, la Iglesia contaba con 398.000 miembros y 4 templos (todos en Utah). Al morir, la membresía era de 13.000.000 y más de 130 templos se distribuían sobre la faz de la tierra. Tuvo mucho que ver con la redefinición de lo que significa ser un miembro de la Iglesia y con el uso de esos templos.

Permítanme cerrar esta reseña con una frase de Boyd Petersen, su yerno y único biógrafo autorizado:

“Hugh Nibley tocó mi vida de muchas maneras. Siempre le estaré agradecido de haberme dado a Zina, su hija, como esposa; por haberle salvado la vida cuando era pequeña; por haberla nutrido con una gran riqueza de libros, cultura e ingenio. Pero en la medida en que fui conociendo a Hugh Nibley, se transformó en algo más que mi suegro. Fue un padre, el padre de mi yo espiritual. Desde temprana edad tuve un hambre profundo por las experiencias religiosas. Recuerdo desde mis días como Rayito de Sol, en la Primaria, haber aprendido sobre la visión de José en la Arboleda Sagrada y orar para verla yo también. Anhelaba lo sagrado. Sin embargo, mis padres, por varias legítimas razones, no se sentían cómodos hablando de religión. Esa parte mía se nutrió con significativas experiencias personales y luego con líderes de la juventud y maestros de seminario. Pero cuando conocí a Hugh Nibley, tanto personalmente como por sus escritos, finalmente hallé a alguien con quien podía hablar honestamente sobre mi búsqueda espiritual. Nunca era condescendiente ni repetitivo, tampoco le sorprendían las dudas. Sus palabras, su ejemplo personal, y su historia de vida me enseñaron muchas cosas que me han hecho lo hoy soy y me mostraron lo que tengo la esperanza de llegar a ser…”

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El presente artículo se ha beneficiado con información de las siguientes fuentes:

Kevin L. Barney, Hugh Winder Nibley, Sunstone Mayo 2005, pag. 10 a 20.

Daniel C. Peterson y William J. Hamblin, In Memoriam: Hugh W. Nibley (1910-2005)

Boyd J. Peterson, Hugh Nibley: A Consecrated Life, Salt Lake City, Kofford Books, 2002.

Boyd J. Peterson: What I learned about life, the Church and the Cosmos from Hugh Nibley.

Boyd J. Peterson: Hugh Nibley, a life of Faith, Learning, and Teaching.

John M. Lundquist y Stephen D. Ricks, By Study and Also by Faith: Essays in Honor of Hugh W. Nibley on the Occasion of his Eightieth Birthday, Salt Lake City, Deseret Book & FARMS, 1990

John W. Welch, Hugh Nibley and the Book of Mormon

 

 

OTRAS HISTORIAS DE J.GOLDEN KIMBALL

Perfiles

OTRAS HISTORIAS DE J.GOLDEN KIMBALL

Por Mario R. Montani

“Papá era un hombre maravilloso, un gran líder. Tenía 43 esposas, 46 hijos y 22 hijas. Nunca le mencionaba esas cifras a Mamá y, por supuesto, yo tampoco.”

“Cuando salí a la misión no sabía mucho del evangelio. De hecho, era un completo ignorante. Creía que las epístolas eran las esposas de los apóstoles”.

Este “cow-boy” mormón, altísimo, muy delgado y de voz estridente y aguda comenzó su discurso en una conferencia de Estaca diciendo: “Hermanos y Hermanas, ¿cuántos de ustedes han leído el capítulo 17 de Marcos en el Nuevo Testamento?”  Varias manos se levantaron y él continuó: “Bien, a ustedes va dirigido mi mensaje de hoy… ¡Sólo existen 16 capítulos en Marcos y mi sermón será sobre los mentirosos e hipócritas!…”

Habiendo sido toda su vida un ferviente Demócrata, ingresó accidentalmente en el Assembly Hall de la Manzana del Templo sin saber que allí se desarrollaba una convención de los Republicanos. Avergonzado, estaba a punto de retirarse cuando el Apóstol y Senador Republicano Reed Smoot lo vió y anunció: “Nos alegramos de ver que el Hermano Kimball ha recapacitado y lo invitamos a ofrecer la oración inicial”. “Oh, no lo creo, Reed”, respondió el Setenta, “Me iba a quedar pero siempre que el Señor no supiera que estoy aquí.  Ahora deberé retirarme”.

Hugh B. Brown relataba en un discurso pronunciado el 20 de Febrero de 1968: “Recuerdo lo que dijo J.Golden Kimball cuando visitó la Estaca que yo presidía por entonces. Lo introduje como el ‘Will Rogers’ de la Iglesia, y conté a la congregación que él era un gran humorista. Cuando se paró les dijo: ‘¿Saben? Yo creo que al Señor mismo le gusta un chiste de vez en cuando… ¡si no fuera así no los habría creado a algunos de ustedes!’”.

Siendo el disertante final en una conferencia regional, quien le precedía en el uso de la palabra se extendió de los límites asignados. Además el mensaje previo versaba sobre las señales antes de la Segunda Venida y el hermano se detenía en pasajes bastante morbosos sobre calamidades y enfermedades y “ojos saliendo de sus cuencas” y “gusanos carcomiendo las carnes”. Cuando, por fin, finalizó, J. Golden, bastante molesto, se paró y declaró: “Bien, hermanos, sólo nos queda una cosa por hacer… vayamos a nuestras casas y suicidémonos!”. Acto seguido, se sentó.

Ya nos referimos en un texto anterior a las dificultades del Elder Kimball con la observancia de la Palabra de Sabiduría. Cuando escuchó que el Presidente Grant estaba modificando el énfasis sobre el asunto y convirtiéndolo en un mandato obligatorio, fue a verlo y le dijo: “¡Por todos los infiernos, Heber! ¿Qué estás haciendo? Ya sabes mi problema con esto…”. El Presidente Grant le respondió: “Bueno, Golden, haz lo mejor que puedas”.

Más adelante diría: “Bien, ya tengo el problema casi resuelto. Estoy cumpliendo 80 ahora, y en algunos años más, creo que lo tendré completamente bajo control”.

“Si no fuera por mi sobrino, Ranch Kimball, sería mucho más fácil para mi vencer el hábito de tomar café… de vez en cuando, si el día es lindo, conducimos hasta City Creek Canyon y subimos hasta la cumbre. No hay nadie allí, sólo nosotros. De modo que nos sentamos y Ranch pone una cafetera en el fuego. Cuando está listo, llena dos jarras de latón, y, allí sentados, tomamos café y recordamos cosas… Un día Ranch me miró y dijo, ‘Tío Golden, ¿no te molesta estar aquí conmigo tomando café siendo una Autoridad General?”. Yo le contesté, ‘Por todos los infiernos, no’. Y él me preguntó, ‘¿por qué no?’. Le dije: ‘Es muy simple, Ranch; la sección 89 no se aplica a esta altura sobre el nivel del mar…’”

Viajando a una conferencia con el nuevo Superintendente de la Escuela Dominical, David O. McKay, en un día invernal, llegaron a Brigham City a las 8 de la mañana. Hacía mucho frío y Golden estaba helado hasta los huesos… Se volvió al Hermano McKay y le dijo: “Por qué no tomamos un pequeño desayuno; aún tenemos una hora y hoy no es domingo de ayuno”. Al hermano McKay le pareció una buena idea. Cuando entraron al restaurant, no había nadie más allí. La camarera se acercó a la mesa y preguntó: “¿qué puedo ofrecerles, caballeros?”. Según el Tio Golden, el Hermano McKay dejó escapar un: “Bien, algo de tocino con huevos y dos tazas de chocolate caliente, por favor”. Golden casi muere: eso no era lo que tenía en mente.

Pero en unos minutos, una idea se le ocurrió. Mencionó que debía ir al baño y se metió en la cocina. Identificó a la camarera y le dijo: “Escúcheme, ¿le molestaría poner un poco de café en mi chocolate caliente, por favor?” Ella contestó que no, que no sería un problema (parece que hacían continuamente eso en Brigham City).

El Hermano Kimball lavó sus manos y regresó a la mesa. En unos minutos la camarera se acercó con el pedido. Después de servir el tocino con huevos preguntó: “¿Cuál de ustedes es el que quería café en el chocolate caliente?” Un poco nervioso, el Tio Golden la miró y dijo: “Bueno, que diablos, ponga un poco en ambos!”

Se cuenta que, en una reunión de la Sociedad de Socorro a la que había sido invitado como orador, surgió la reiterada pregunta de si las hermanas estarían obligadas a vivir con sus esposos en el mundo venidero cuando éstos no habían sido demasiado buenos con ellas. Kimball cortó la discusión declarando: “No sé mucho sobre este asunto del matrimonio eterno. Pero a mi me parece que si no pueden vivir con esos hijos de perra sobre la tierra, el Señor no las obligará a vivir con ellos en el cielo”.

También fue invitado a una unidad que estaba teniendo algunos problemas de conducta con sus jóvenes, para que los llamara al orden. Terminó su mensaje diciendo: “No se preocupen por los jóvenes. Ellos encontrarán su camino en la vida… A los que deben vigilar es a estos bastardos viejos y pelados que están sentados detrás de mí en el estrado!!”.

“Cuando viajo sólo a las conferencias – solía quejarse Heber J. Grant – me espera únicamente el presidente de estaca. Si llevo a Golden conmigo hay multitudes en la estación de trenes”.

Larry Christensen relató esta historia: “Mi madre es Velma Andersen Christensen, y tiene 90 años. Mientras la visitaba en Toquervill, Utah en Agosto de 2008, mencioné el nombre de J. Golden Kimball y ella inmediatamente me contó lo siguiente: sus padres, Otto Anderson y Vera Christensen Anderson de Venice, Utah, tenían dos hijas y seis hijos. Por entonces vivian en Elsinore, Utah y su segundo hijo, Kendon, había nacido recientemente – transcurría el otoño de 1922 – y se enfermó gravemente. Vera no encontraba ningún tipo de alimento que lograra mantener en su estómago.

J. Golden Kimball era la Autoridad que los visitaba para una Conferencia de Estaca. Vera solicitó una bendición especial para su hijito y el Elder Kimball no tuvo objeciones. En esa humilde pero ferviente bendición, el Elder Kimball aseguró a Vera que ella encontraría un alimento que su hijo pudiera digerir, y más aún, le prometió que tendría muchos otros hijos en el futuro.

Vera fue hasta un negocio cercano y explicó su problema al dependiente. El recordó que acababan de recibir una nueva marca de alimento para bebés y le sugirió que lo probara con su hijo. Compró el producto, Kendon pudo tolerarlo y creció sin problemas. De hecho, aún vive en Salem, Utah.

Vera y Otto tuvieron otros cuatro hijos varones después del tio Ken y siempre recordaron y atesoraron estas bendiciones y promesas del Señor a través de J. Golden Kimball”.

 

J.GOLDEN KIMBALL, “La Autoridad Maldiciente”

HISTORIA

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J.Golden Kimball

“La Autoridad Maldiciente”

Jonathan Golden Kimball (1853-1938), conocido como J. Golden Kimball y popularmente como “el tío Golden” o “La Autoridad Maldiciente” fue un importante líder de la Iglesia que integró el Primer Consejo de los Setenta desde 1892 hasta su muerte.  Debido a su lenguaje colorido y llano, su picardía y conocimiento de las experiencias de los colonos en Utah, ha pasado a ser una de las Autoridades Generales más amadas, recordadas y citadas entre los miembros de origen norteamericano, para quienes es casi una leyenda.

J. Golden perteneció a la primera generación de mormones nacidos en el nuevo territorio después del éxodo de 1847. Era uno de los 65 hijos de Heber C. Kimball, Apóstol de la Iglesia y polígamo practicante. Al morir su padre cuando sólo contaba 15 años, debió abandonar los estudios y ayudar a la familia. Fue arriero de mulas, vaquero y leñador, en ambientes rústicos que, sin duda, le ayudaron a adquirir su pintoresco lenguaje.

Después de dos años de preparación en la Academia Brigham Young, en Provo, donde obtuvo diplomas de Tenedor de Libros y Aritmética Comercial fue llamado a una misión en los estados del Sur por el Presidente John Taylor. Sobre su experiencia recordaría años más tarde:

“… Abandonamos Chattanooga, Tennessee,  veintisiete élderes asignados a los Estados del Sur. Había todo tipo de élderes en nuestro grupo – campesinos, vaqueros, con poca educación – una peculiar compañía, y yo era uno de ellos. Los elderes predicaron, y hablaron, cantaron y publicitaron estrepitosamente su llamamiento como predicadores. Yo me mantuve en silencio por una vez en la vida; casi ni abrí mi boca. Observé a un caballero en el tren. Aún puedo visualizar hoy a ese hombre. Yo no sabía quién era. Pero él sabía que éramos una banda de élderes mormones. Los élderes pronto comenzaron a conversar y a argumentar con el extraño, y antes de que él terminara con ellos tenían grandes dudas sobre el mensaje de salvación. Les dio un entrenamiento que jamás olvidarían. El hombre resultó ser B.H. Roberts, nuestro Presidente de Misión.” (Conference Report, October 1933, pag.42)

 

Le tocó servir en una época de mucha persecución. Mientras era Secretario de la Misión, tres élderes fueron asesinados, el domingo 10 de Agosto de 1884. Contrajo malaria con algunas consecuencias que lo acompañaron por años.

El y sus compañeros eran permanentemente atacados por un predicador Bautista en particular. En cierta ocasión se cruzaron en la calle y el predicador los saludó. “¿Cómo están, hijos del demonio?” J.Golden respondió rápidamente “Bien, gracias, Padre”.

Después de su relevo regresó a la agricultura y se casó con Jennie Knowlton, con quien tuvo seis hijos. En 1892 fue llamado como Presidente de la Misión de los Estados del Sur (la misma en la que había servido), y ahora un joven George A. Smith era su Secretario.

“No sé qué hacer con el Sur” – solía decir – “Cuando el Señor venga en los últimos días y lo queme por completo al menos podremos tener algunos bautismos por los muertos”.

“La peor manera de estropear una linda sábana blanca” era su definición del Klu Klux Klan.

Mientras aún funcionaba como Presidente de Misión fue llamado como Autoridad General a ocupar un puesto en el Primer Consejo de los Setenta. Humorísticamente y con modestia declaró:

“Algunos dicen que las personas reciben una posición en la Iglesia por revelación, y otros que la obtienen por inspiración, pero yo digo que la reciben por relación. Si yo no hubiese estado relacionado con Heber C. Kimball no sería una maldita cosa en esta iglesia…”

Por aquellos años las Autoridades Generales visitaban muchísimas comunidades mormonas enclavadas en los valles y regiones del oeste. Sirviendo por 46 años en tal calidad, J. Golden tuvo ocasión de dar centenares de discursos plagados de humor, ocurrencias e ingenio en un lenguaje que era comprendido por todo su auditorio. Su estilo campechano no estaba exento de espiritualidad y los santos viajaban muchas millas para poder escucharlo.

Intentar traducir las ocurrencias del “tío Golden” es una difícil tarea. Algunas de ellas incluyen juegos de palabras sin traducción. Otras tienen sentido en el lenguaje desenfadado del oeste y sus modismos. Pero trataré de acercar algunas. En inglés, tanto la palabra “infierno” (hell) como “maldito” (damn) son palabras fuertes. Son equivalentes a nuestras “malas palabras” y jamás se usarían en un discurso público y menos se escucharían en boca de una Autoridad General. J.Golden no tenía problemas en utilizarlas profusamente para regocijo de su auditorio.

Cuando le preguntaban cómo podía ser que una Autoridad utilizase ese lenguaje y qué opinaban al respecto las demás Autoridades, decía:

“Por todos los infiernos! Las Autoridades no logran excomulgarme, no les doy tiempo…¡Es que me arrepiento malditamente rápido!”

 

Según se cuenta, J. Golden Kimball estaba brindando una recorrida de la ciudad de Lago Salado a ciertos visitantes oficiales de Gran Bretaña, a quienes ya estaba cansando con su permanente plática de “la ciudad más importante del mundo”. Mientras pasaban por un edificio histórico, J. Golden les describía los desafíos que los pioneros habían tenido para edificarlo en medio del desierto.

“Y allí tienen nuestro Teatro, cuando fue construido era el más grande al oeste del Mississippi. Se levantó en sólo cuatro años”.

Los visitantes asintieron con admiración, diciendo “Sí, sí, creo que se parece mucho a un teatro construido recientemente en Londres, pero el nuestro solo requirió dos años”
Levemente perturbado, J. Golden señaló otro edificio. “Acabamos de completar este edificio trabajando un año”.

Los oficiales volvieron a asentir cortesmente, mientras uno comentaba al otro, “Me recuerda al edificio que se construyó recientemente para la Reina, pero ese logró edificarse en seis meses”.
Finalmente, ya muy molesto, J. Golden condujo el carruaje cerca del majestuoso Templo de Lago Salado. Los visitantes se quitaron los sombreros y se pararon entusiasmados en el carruaje. “Maravilloso!” gritaron “Magnífico. Señor Kimball ¿qué edificio es este?”
J. Golden, ocultando una sonrisa, miró hacia el Templo que había llevado 40 años de construcción como si jamás lo hubiese visto antes. “Por todos los diablos” les dijo “¡esa maldita cosa no estaba aquí ayer!”.

Conduciendo una clase en la Escuela Dominical sobre la revelación moderna, un miembro preguntó por qué no se escuchaba hablar sobre nuevas revelaciones como en la primera época de la Iglesia

“Bueno”, comenzó a explicar Golden, “la cosa es así: cualquier hombre puede recibir revelación para él y su propia familia. Pero hay una sola persona autorizada para recibir revelación  para todo el cuerpo de la Iglesia, y es el Presidente Heber J. Grant. ¡Y ya quisiera yo que se ponga a trabajar en el tema! ¡Pero anda viajando tanto que Dios no lo puede encontrar!”

Estaba buscando un sombrero en ZCMI (Zion’s Cooperative Mercantil Institution, una de las primeras tiendas generales de EEUU, creada por Brigham Young) y encontró uno al que examinaba por todos sus lados. El encargado, intrigado, vino a preguntarle qué buscaba, para ayudarle. “Estoy buscando los agujeros para las orejas del burro que estaría dispuesto a pagar $ 10 por este sombrero”, contestó.

Caminando por la calle en medio de una tormenta de nieve, una corpulenta mujer que venía detrás de él patinó y lo arrastró consigo en su caída. Rodando, llegaron a la esquina donde, por fin, totalmente enredados, se detuvieron. Después de ayudarla a levantarse el “tio Golden” le dijo: “Lo siento, señora, pero sólo la acompaño hasta aquí…”

En una conferencia de Estaca declaró que las allí presentes eran las mujeres más bonitas en la Iglesia. El Presidente Heber J. Grant lo envió de regreso al púlpito para disculparse por haber dicho eso que consideró fuera de lugar. “Perdón”, dijo, “me equivoqué, ustedes tienen las mujeres más horribles de la Iglesia”

Un conocido encontró a J. Golden Kimball en la calle cierto día y en medio de la conversación le preguntó “¿Crees que Jonás fue realmente tragado por una ballena?” “Cuando llegue al cielo le preguntaré a Jonás” respondió J. Golden. “Pero”, dijo el otro “¿qué acurre si Jonás no está allí?”. “Entonces tú le preguntarás” respondió Golden.

Según el Elder Holland, en una ocasión abrió la Conferencia de Estaca en Saint George diciendo: “No puedo decir que estoy contento de encontrarme aquí. Honestamente, si tuviera una propiedad en Saint George y otra en el Infierno, creo que alquilaría la de Saint George y me iría a vivir a la otra”.

Para evitar sus exabruptos las Autoridades comenzaron a revisar sus discursos y censurarlos. Aparentemente, en una Conferencia, uno de esos discursos estaba tan tachado y corregido que Kimball se detuvo, miró al Presidente Grant con cierta molestia, y dijo: “Por todos los infiernos, Heber, no puedo leer esta maldita cosa. No entiendo nada de lo que dice!”

Thomas E. Cheney, en su libro The Golden Legacy: A Folk History of J. Golden Kimball, recuerda:

“J.Golden viajaba con el Apóstol Francis Lyman. Llegaron a Panaca, Nevada. Las reuniones comenzaban a la mañana y se extendían por todo el día, y estábamos ayunando. Yo estaba hambriento y deseoso de que acabaran. Después de las cuatro de la tarde el Hermano Lyman dijo: ‘Ahora, Hermano Kimball, párese usted y dígales sobre la Era” (Improvement Era, el órgano oficial de la Iglesia en la época, que necesitaba suscriptores). El mismo había estado dando muchos discursos sobre la Era. De modo que Golden se paró y declaró: “Todos los hombres que estén dispuestos a llevarse la Era si los dejamos ir a casa, que levanten la mano derecha”. No hubo uno sólo que no levantara la mano, se suscribiera y pagara $ 2 en efectivo por la Era. En esa campaña se lograron 400 suscriptores. Más tarde Golden dijo, “No digo que fue inspiración, pero sí buena sicología. En realidad pagaron dos dólares para poder irse a casa”.

Cuando hablaba sobre el matrimonio enfatizaba la importancia de conocerse bien como individuos antes de casarse. Solía entonces contar la siguiente historia: “En cierta ocasión un hombre se enamoró de una señorita por su hermosa voz de cantante y decidió casarse con ella, sin en realidad saber mucho más sobre su compañera. De modo que se casaron y la mañana siguiente a la noche de bodas el hombre despertó y miró a su flamante mujer, con ruleros en el cabello, sin maquillaje, y luciendo realmente horrible. La miró una vez, y no pudo creer que se había casado con eso. La volvió a mirar. A la tercer mirada, le dijo: “¡Canta, por todos los infiernos, canta!”

Parado en la esquina de South Temple y Main, esperaba poder cruzar la calle cuando un vehículo a cierta velocidad salpicó de barro sus pantalones. Amenazando al auto que se alejaba, con su puño en alto, dijo “Tu… tu, maldito hijo de perra! ¿No tienes el menor respeto por el sacerdocio?”

Con otras Autoridades visitaba Lymon, en Wyoming, y consideraban la posibilidad de construir un puente sobre el río local. En realidad era una corriente de agua relativamente pequeña. “Yo podría orinar esa cantidad de líquido”, sentenció J. Golden. El Presidente Grant, al oírlo, lo reprendió: “Hermano Kimball, está totalmente fuera de lugar!”. “Sí, y si no estuviera totalmente fuera de lugar podría orinar el doble”, fue su respuesta.

Se cuenta que viajando en tren por el Sur, algunos de sus ocasionales compañeros de viaje comenzaron a criticar a los mormones, diciendo que preferirían mudarse de sus pueblos antes que compartirlos con esos “malditos santos”. Golden, que había permanecido callado hasta entonces, les dijo: “Pueden mudarse tranquilamente al Infierno; no encontrarán mormones allí”.

Como ya se mencionó, Kimball solía viajar a menudo con el Apóstol Francis Lyman visitando las Estacas. Usualmente dormían en los hogares de miembros. El Apóstol Lyman era más bien inexpresivo y las audiencias dormitaban con él, por lo que Golden era el encargado de despertarlos. Cierta noche, el Elder Lyman se quejaba de los ronquidos de su acompañante. “Hermano Kimball”, le dijo “si mantuviera la boca cerrada mientras duerme, no roncaría”.

“Haré un trato con usted, Hermano Lyman”, respondió J.Golden “Mantendré mi boca cerrada mientras duermo si usted la mantiene cerrada mientras está despierto”.

Aparentemente, J. Golden tenía problemas en obedecer la Palabra de Sabiduría ya que, por la mayor parte de su vida, había sido un consejo y no un mandamiento de estricta observancia. Una mañana, al bajar de la habitación del hotel donde se hospedaban, el Elder Lyman lo encontró desayunando con una suculenta taza de café. Escandalizado, le dijo: “¡Hermano Kimball! ¿Qué está haciendo? Yo preferiría cometer adulterio antes que violar la Palabra de Sabiduría”.

“Sí, entiendo, ¿no lo preferiríamos todos, Hermano Lyman,… no lo preferiríamos todos?” fue su respuesta.

Con el paso de los años, algunos de sus hijos se descarriaron y lo avergonzaban públicamente. Otro miembro del Quorum lo entrevistó para recordarle que una Autoridad debería tener una vida familiar más ejemplar. Escuchó sentado y en silencio. Entonces dijo: “Hermano, ahora que me ha explicado su concepto de una familia ideal, creo que alguien debería entrevistar al Todopoderoso, porque, permítame decirle que a El tampoco le ha ido muy bien”.

En una visita a un molino propiedad de la Iglesia, a J. Golden Kimball se le atascó su largo abrigo en la cremallera de la maquinaria, por lo que comenzó a dar vueltas alrededor del recinto y terminó arrojado al suelo. El joven que servía de guía estaba espantado viendo al líder religioso yaciendo a sus pies en silencio. “Hermano Kimball”, le dijo, “¡Hábleme, por favor, hábleme!”.

“No veo por qué debería hacerlo”, contestó Golden, abriendo los ojos, “¡Acabo de pasar como doce veces por delante suyo y ni siquiera una vez me dirigió la palabra!”

Una de las Autoridades le dijo: “Cuando muera no habrá otro como usted en la Iglesia”. A lo que el tío Golden replicó: “Sí, y estoy seguro que eso le trae mucho consuelo”.

En sus últimos años se encontró con un amigo en la calle “¿Cómo estás, Golden?”, le preguntó éste, “¿Cómo te has sentido?” “Bueno”, le respondió, “para decirte la verdad, no demasiado bien. Me estoy poniendo viejo y muy cansado. Sabes, Seth, he estado predicando este evangelio ya por casi sesenta años, y creo que es hora de que vaya hacia el otro lado para averiguar cuánto de lo que he enseñado es verdad”.

James N. Kimball compartió la siguiente historia sobre su tío J. Golden Kimball en Sunstone Vol.1 nº 3, de Marzo de 1996: “Hace algunos años contraté a un Sr. Jensen para que viniese a mi casa en Lago Salado y limpiara un terreno adyacente… Cuando terminó su tarea me preguntó si estaba relacionado con los Kimballs de la Iglesia, y respondí que sí. ‘¿Golden Kimball?” inquirió. Volví a responder que sí, que era mi tío abuelo. Como suele suceder, el Sr. Jensen sonrió y procedió a contarme una historia de cómo el Tío Golden había tocado su vida.

Cuando era un jovencito, Golden era la Autoridad de visita en su barrio cierto domingo. Recordaba haberse sentado cerca del frente y haber observado a ese hombre alto y delgado dirigirse a los santos con voz estridente. El Tio Golden había venido al barrio para llamar y apartar a un nuevo obispado. Después de entrevistar a varios de los recomendados, hizo su elección, anunció a la congregación quién sería el nuevo Obispo y pidió un voto de sostenimiento. El Sr. Jensen me contó que la congregación tenía sus propias ideas sobre un nuevo Obispo y no dio un voto a la elección de Golden. El los miró largamente sin decir una palabra, entonces bajó del púlpito e invitó nuevamente a los hermanos a la oficina. Un rato más tarde regresaron, Golden subió al púlpito y anunció su segunda elección. Nuevamente, no obtuvo votos. Entonces, se aferró al púlpito y con voz aguda exclamó: “Bien, ¿a quién diablos quieren?”

Un representante de la congregación se adelantó nerviosamente y le dijo quién pensaban que sería un buen Obispo. El hombre que mencionó estaba virtualmente inactivo ya que tenía que trabajar en su granja cada domingo. El Tío Golden preguntó dónde podría encontrarlo y se le dieron las indicaciones necesarias. Abandonó la reunión inmediatamente y se dirigió en su Ford A hacia la casa del hombre, donde lo encontró regando su sembrado. Se acercó a él, se presentó y lo llamó como nuevo Obispo. El sorprendido hermano dijo que él no era un buen miembro de la Iglesia y que tenía muchos problemas. Golden le respondió que había venido como ungido del Señor, que todos teníamos debilidades y que se nos daban oportunidades de servir para que pudiésemos vencer esas debilidades. El hombre aceptó el llamamiento y el Tío Golden regresó en su Modelo A al centro de reuniones. Subió al hombre, en su ropa de trabajo y botas, al estrado, y preguntó: “¿Es este el hombre que quieren?” La congregación respondió favorablemente con su voto y allí mismo lo apartó. El Sr. Jensen contó que de allí en adelante su barrio siempre recordó a Golden por su deseo de responder a las necesidades sin restricciones y por permitir que su autoridad eclesiástica se acomodara a esas necesidades.

El Elder Kimball falleció en un accidente automovilístico en el desierto de Nevada, a unos 80 Km de la ciudad de Reno, con 85 años y desempeñando las tareas de su llamamiento. Pero la leyenda continuó viva.

Se dice que al llegar a las puertas del cielo San Pedro salió a recibirlo: “Bien, Hermano Golden, al fin lo tenemos por aquí!”

“Sí, sí, pero tuvieron que matarme para lograrlo!”, fue su ácida respuesta.

Mientras James Arrington, quien sirviera como Historiador de la Iglesia, investigaba la vida de J.Golden, visitó a un amigo que era secretario privado de Nathan E. Tanner. Cuando le contó su proyecto insistió en que se lo comentara al Presidente Tanner. En esa entrevista Tanner le dijo: “¿Sabe que se obtendría si se lograra cruzar a J.Golden Kimball con Spencer W. Kimball?”

Respuesta: “¡Hazlo, maldición, hazlo!”

Cuántas de estas historias son ciertas, cuántas han sido mejoradas y cuántas inventadas es tema de debate, pero la pervivencia del mito dice mucho no sólo sobre el personaje sino también sobre la sociedad que lo produjo y le ha ayudado a permanecer en la memoria colectiva. La mezcla de dedicación, practicidad, irreverencia y capacidad de reírse de sí mismo y de las imposiciones sociales lo ha hecho absolutamente querible e inolvidable como ser humano.

Un último pensamiento genial que le pertenece: “No hay suficientes Autoridades Generales como para pensar por la membresía de la Iglesia”

PD: Si alguien posee otras historias de J. Golden, o atribuidas a él, serán bien recibidas en este blog.

ESCRIBIENDO DESDE LA COLA DEL DRAGON (Un recuerdo personal de Paul Gallez)

Perfiles

ESCRIBIENDO DESDE LA COLA DEL DRAGON

(Un recuerdo personal de Paul Gallez)

 

Por Mario R. Montani

Conocí por primera vez al profesor Gallez a fines de 1969 cuando, con 18 años recién festejados, cumplía yo una misión de corto plazo acompañando en su prédica a los misioneros regulares de mi ciudad, en preparación para mi propia misión que comenzaría un año y medio más tarde. Pero, por aquel entonces, yo no sabía que estaba conociendo a Paul Gallez. Además, debo reconocer con vergüenza, que no tenía la menor idea de quién era Paul Gallez. Sí recuerdo a un hombre amable y perspicaz abriendo la puerta de su casa en Perú al 300 e invitándonos a pasar para conversar con él.

Esta auténtica pero escasa reminiscencia me obliga a reiniciar el relato desde otro extremo.

El Profesor Gallez nació en Bruselas en 1920. Según él mismo reconocía con cierta ironía, la única ciudad de Bélgica donde los habitantes eran belgas. El resto del país se dividía entre valones, culturalmente francófilos, y flamencos que emplean el idioma holandés. Doctorado en Ciencias Diplomáticas y licenciado tanto en Ciencias Políticas como en Ciencias del Desarrollo, fue miembro de la Comisión de Recepción de niños españoles refugiados en Bélgica durante la guerra civil (1937-1939). Fundó y dirigió una cadena de hogares-escuela para hijos de deportados belgas. Sus estudios lo llevaron a Alemania, Austria y Francia. Durante su permanencia en París, al final de la Segunda Guerra Mundial, el Estado Mayor de Eisenhower lo designó para reorganizar la administración del Tirol.

Después de cuatro años en España llegó a Buenos Aires con una carta de recomendación de José Ortega y Gasset. En una etapa posterior recaló en Bahía Blanca, donde aceptó una cátedra de Economía en la Universidad Nacional del Sur. Aquí conoció a su esposa Esther, con quien tuvo dos hijas.

Fue becario de la Fundación Alexander von Humboldt (Bonn) y de la Comisión Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Buenos Aires).

Como historiador, ha sido alumno de Jacques Pirenne. Ha publicado en la revista de la Academia Nacional de la Historia, en la revista “Historia” y en la revista “Karukinka” (las tres de Buenos Aires).

Como geógrafo, fue discípulo de Carl Troll. Ha publicado estudios de geografía patagónica y de protocartografía sudamericana. Ha tomado parte en numerosos congresos de geografía en Argentina y en Europa. Brindó conferencias en numerosos Institutos de Geografía de Europa. Ha sido profesor de Geografía en las Universidades de Bahía Blanca y de Trelew (Patagonia) Fue corresponsal para América Latina de “Imago Mundi”, revista de la Sociedad Internacional de Historia de la Cartografía (Londres) y de Bibliographia Cartographica (Munich). Ha fundado la Asociación de Ciencia Regional; ha representado en Argentina la Association de Science Régionale de Langue Française (París) y la Regional Science Association International (Philadelphia). Ha dado conferencias sobre temas de desarrollo regional en las universidades de Amsterdam, Bonn, Estocolmo, Filadelfia, Gotinga, Hamburgo, Karlsruhe, Lieja, Londres, Madrid, París y San Galo. Ha sido secretario de la revista “Estudios Económicos” de la universidad de Bahía Blanca, y director de los Cuadernos de la Asociación argentina de Ciencia Regional.

Como lingüista, fue traductor del Instituto de Economía y del Instituto de Ensayos de Materiales de Bahía Blanca, y profesor de francés, inglés y alemán en Valladolid (España) y en la universidad de Bahía Blanca.

En ingeniería, ha contribuido a introducir en España la fabricación del hierro esponjoso según método sueco, y en Argentina el sistema Azbe de hornos de cal. Ha publicado en la revista “Montes” de los ingenieros de Montes de España. Ha sido secretario de la revista “Ingenium” de los ingenieros de Bahía Blanca. Ha presentado en el Vº Congreso argentino de Ingeniería (Córdoba 1966) un trabajo que fue declarado “de alto interés nacional”.

Ha sido autor de 200 artículos y libros publicados en 16 países: Alemania, Argentina, Austria, Bélgica, Brasil, Canadá, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Holanda, India, Inglaterra, México, Suiza y Uruguay. Ha dado conferencias en 12 países de América y Europa.

Fue miembro de la Société des Américanistes, la Sociedad Internacional de Historia de la Cartografía, la Real Sociedad Geográfica de los Países Bajos, el Consejo Académico de la Sociedad Científica Humboldt, la Internationale Coronelli-Gesellschaft für Globen- und Instrumentenkunde, la Asociación de Ciencia Regional de Lengua Francesa, la Regional Science Association International, el Instituto de estudios históricos Tierra del Fuego, la Sociedad Argentina de estudios Geográficos, la Sociedad argentina de Estudios Clásicos, la Sociedad argentina de Estudios Americanos, etc.

Su biografía ha sido publicada en : Dictionary of Latin American & Caribbean Biography, Men of Achievement; Directory of European Americanists; the International Who’s Who of Intellectuals; the International Who’s Who in Community Service,  Who’s Who in America.

Fue fundador y director del Instituto Patagónico de Bahía Blanca, donde ha desarrollado gran parte de sus estudios protocartográficos.

En 1973, durante un congreso en Comodoro Rivadavia, escuchó por primera vez a Enrique de Gandia hablar de mapas anteriores al descubrimiento en los que se describía el estrecho de Magallanes. Interesado en el tema, viajó a Londres, París, Madrid y Bruselas y sus investigaciones lo llevaron a la conclusión de que lo que se denominaba “la cola del dragón” en ciertos mapas antiguos no era otra cosa que la costa de Sudamérica. Plasmó su tesis en el libro “La Cola del Dragón” que fue publicado en Alemania en 1980 y en la Argentina diez años más tarde. El Profesor Hanno Beck, en su prefacio a la obra declara:

“El profesor Paul Gallez, investigador belgo-argentino conocido internacionalmente como fundador del Instituto Patagónico, retoma en este libro un problema antiguo para darle una nueva orientación. Hace mucho que se conocen mapas y globos de los siglos XV y XVI, donde América del Sur está unida a la China como la rama de un árbol a su tronco; pero nadie había jamás estudiado sistemáticamente esta Cola del Dragón Chino, que se consideraba solamente como un error, desprovisto de importancia científica. El profesor Gallez ha tomado estas representaciones cartográficas en serio. Ha demostrado que bajo el error y la fantasía se esconden la verdad y la realidad; ha descubierto la red completa de los grandes ríos sudamericanos en un mapa dibujado por un cartógrafo alemán antes del primer viaje de Colón a las islas del Caribe.”

Al cumplirse los 500 años del descubrimiento de América escribió una serie de artículos sobre los predescubrimientos, incluyendo a Fenicios, Egipcios, Chinos y Vikingos. También analizó la propuesta del Libro de Mormón de israelitas en el hemisferio occidental. Esos estudios se incorporaron a un nuevo libro en 1994.

Finalmente, en 1996, publicó una nota en el diario La Nueva Provincia, con el título “Protosemitas en el tardiglaciario americano”. Algunos meses más tarde me atreví a escribirle la nota que transcribo:

Bahía Blanca, 12 de Abril de 1997

Paul Gallez

Perú 339

8000 – Bahía Blanca

De mi mayor consideración:

Habiendo leído con sumo interés su artículo “Protosemitas en el tardiglaciario americano”, publicado en el suplemento de La Nueva Provincia, Ideas Imágenes del 17-10-96, me permito hacer algunas aclaraciones que se relacionan con el Libro de Mormón, allí mencionado.

Uno de los párrafos de la exposición declaraba: “Otra teoría muy conocida es la de los Mormones, que pretenden descender de judíos llegados a América desde el Hadramat bajo la dirección de Lehi hacia el 600 a.C.”

Habla muy bien de su amplitud de criterio el citar este libro sagrado como fuente de información histórica y arqueológica, ya que, en general, los estudiosos suelen dejarlo de lado por sus implicaciones religiosas.

No obstante, los Mormones, miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, entre los cuales me cuento, no creen ser ellos  descendientes de Lehi y su familia. Lo que creen es que los indios americanos, en cierta proporción, lo son. De modo que la frase, tal como está expuesta, es únicamente cierta en el caso de miembros de la Iglesia de origen amerindio.

Hacia el final del artículo y refiriéndose a Aldo Ottolenghi y la estatuilla de Fawcet hallada en la Amazonia con escrituras en hebreo antiguo, concluye: “no ha encontrado ni descubierto el itinerario de estos protosemitas que han traído su cultura a América, como tampco han encontrado los Mormones el camino de sus antepasados”.

Para intentar una respuesta sería útil un pequeño resumen de las creencias de los Santos de los Ultimos Días al respecto, utilizando para ello las denominaciones que parecen más acertadas.

1) MIGRACIONES ISRAELITAS POSTMOSAICAS

a) Lehi (sus descendientes identificados como nefitas y lamanitas) partió de Jerusalén aproximadamente 600 años a.C. y antes de la destrucción de la ciudad por los ejércitos de Nabucodonosor (587 a.C.). La mayor parte del Libro de Mormón se ocupa de este grupo y sus generaciones posteriores.

Aunque el libro de Nefi no identifica el lugar exacto del arribo de Lehi, sí lo hizo José Smith, quien tradujo los antiguos anales por inspiración divina. Influído por este mismo poder, declaró que el desembarco se produjo en el actual Chile, a los 30 grados de latitud sur (A Dictionary of the Book of Mormon, Salt Lake City, 1929, p.252).

Conociendo los puntos de salida y llegada es posible imaginar, ya que no hay huellas en el mar, la travesía por el Océano Indico y el Pacífico Sur. A partir de ese momento, y ya en tierra, la colonia de Lehi comienza a desplazarse constantemente hacia el norte. El lenguaje escrito de los nefitas se componía de “la ciencia de los judíos y el idioma de los egipcios” (1 Nefi 1: 3). Al respecto sería interesante señalar que la lengua de los indios mahua tiene caracteres semíticos y los indios campa, en los Andes, presentan símbolos egipcios.

b) Mulek (sus descendientes identificados como mulekitas) salió de Jerusalén once años después que Lehi, al momento de los ataques babilónicos. Fue conducido por mar a la tierra del norte (ver Omni 14-16; Mosiah 25:2; Helamán 8:21). Sus incursiones hacia el sur los pusieron finalmente en contacto con los nefitas. Por algunos nombres propios, pareciera que entre el grupo de Mulek hubiese marinos de origen fenicio, aunque es una especulación no confirmada en el relato. Su idioma se había corrompido y ya no podían entenderse con los nefitas. Es posible que no conservasen idioma escrito (Omni 17-18).

2) MIGRACION PROTOISRAELITA

La nomenclatura me parece más apropiada que Protojudía, ya que Judá era sólo una de las doce tribus de Israel. Esta migración, de acuerdo a la cronología del Libro de Mormón, se produjo en la época de la torre de Babel y la confusión del lenguaje (aproximadamente 2200 años a.C.) Fue guiada por Jared y su hermano, quienes, en respuesta a sus oraciones, conservaron el idioma original de sus antepasados. La travesía se llevó a cabo en barcos de muy especial diseño, quizás para soportar condiciones oceánicas aún cercanas al Diluvio. La historia se relata en el Libro de Eter.

No resulta incoherente con esta información la propuesta de Ottolenghi de que la estatuilla de Fawcett “proviene de una etapa anterior y más antigua del desarrollo del hebreo cuadrado clásico, que se puede clasificar como perteneciente al 2.000 a.C., aproximadamente, con influencias aramea y de hebreo antiguo” (Ideas Imágenes Nº 192 – La Estatuilla de Fawcett)

O “Ottolenghi identifica signos gráficos muy parecidos a los de las grutas pirenaicas y a los del alfabeto hebraico, en una piedra hallada en Uruguay, de antiguedad muy dificil de definir, y en una inscripción descubierta en La Rioja, Argentina, fechada en 2400 a.C. aproximadamente”. (Ideas  Imágenes 17-10-96 Protosemitas …)

3) MIGRACION PROTOSEMITICA

Para la doctrina mormona, esta migración se produjo en sentido inverso (Ver Doctrina y Convenios Secc.116). Es decir que la actual América fue la cuna de la civilización (es interesante el paralelo con algunas teorías de Florentino Ameghino) y recién en la época de Noe (después de 5 meses de derivación del Arca) se estableció en la región de Ararat. Encontrándose Sem entre los viajeros del Arca, las denominaciones presemitas y postsemitas implican, para los Santos de los Ultimos Días, no sólo una diferenciación conológica sino también geográfica.

Otra migración independiente parece ser la conducida por Hagot (Alma 63:5-8) desde América hacia la polinesia, que se acerca a las modernas teorías planteadas por las expediciones de Thor Heyerdall.

El Libro de Mormón presenta testimonios internos de su origen hebreo. Un estudio de las formas utilizadas en su estructura, desde diversas variantes de paralelismo hasta asombrosos ejemplos de quiasma, sería muy ilustrativo.

Esperando que estos breves comentarios puedan serle de utilidad con respecto a nuestras creencias, y agregando que no los hago llegar en representación de la Iglesia, sino a título puramente personal, quedo a su disposición para ampliar lo expuesto y le saludo muy atentamente.

MARIO R. MONTANI

 

Algunas semanas más tarde recibí una amable carta suya invitándome a visitarlo. Preparé todos los materiales que pude y partí, un poco temeroso, al encuentro. Mi primer sorpresa fue reconocer que la casa de Perú 339 era la misma que había visitado casi 30 años antes y que quien me abría la puerta era el mismo señor con quien había conversado por aquel entonces. Allí comencé a conocer a Paul Gallez…

Tenía un amplio estudio de bibliotecas excedidas y libros apilados en escritorios y sobre el piso. Colocamos nuestros materiales sobre una gran mesa y comenzamos a trabajar. A él le interesaban 1) el lugar de llegada de Lehi y su colonia. 2) Los probables recorridos de Mulek (Este tema terminó relacionado con los fenicios en América, aspecto que él domina ampliamente, ya que nombres como Zarahemla y Gidgidona parecen ser de ese origen) 3) Los jareditas y la época de Babel y 4) Nuestra particular creencia de que el hombre se desarrolló originalmente en América y recién con el Diluvio se trasladó a Asia. Después de agotar estos temas le presenté un resumen de las citas que he estado recopilando sobre el Libro de Mormón y sus evidencias comprobatorias mediante estudios externos al mormonismo. También hablamos del quiasmo. Le regalé una edición triple, ya que el Libro de Mormón que poseía no incluía Doctrina y Convenios y lo iba a necesitar para analizar las evidencias del origen americano de Adán. Hablamos sobre la computadora, las posibilidades infinitas que presenta, pero que ambos la utilizamos básicamente como una máquina de escribir potenciada. Vino a saludarme su esposa, una adorable mujer que fue profesora de literatura.

Me regaló varios de sus libros y un simpático marcador que conservo con aprecio. Insistió en que yo debía publicar mis investigaciones y que me abriría las puertas para hacerlo, pero por aquel entonces mi timidez y falta de experiencia eran un obstáculo importante. Le expliqué que yo no era un catedrático ni nada parecido y que simplemente me entusiasmaba el tema que compartíamos. Me respondió que en estos asuntos “o se es entusiasta o no se es nada” y que a la hora de investigar “son más importantes las horas que uno dedica que los títulos que posea”. Quizás sin darse cuenta ayudó a sellar el destino de “escriba-filósofo-autodidacta” que me ha perseguido desde entonces.

En 2007 Paul Gallez abandonó nuestra ciudad y nuestro mundo, al que había ayudado a definir. Tal vez otras regiones impensadas requieran de buenos cartógrafos e investigadores.

Algunos meses atrás, en una actividad de donación de sangre patrocinada por la Iglesia, conocí a Isabel, una de sus hijas, responsable del área de hemoterapia del Hospital Penna y fue bueno recordar con ella a su papá… También fue bueno saber que en la elusiva Cola del Dragón la vida continúa…