“Y en esto vienen a ser sus propios agentes…” Variantes sobre el tema del Albedrío Moral del hombre – Segunda Parte

DOCTRINA

       Libre Albedrío

“Y en esto vienen a ser sus propios agentes…”

Variantes sobre el tema del Albedrio Moral del hombre

Segunda Parte

 

“Cuando tienes que tomar una decisión y no lo haces, eso en sí es una decisión”.

William James, 20.000 Quips and Quotes, 1968, Ed. Evan Esar, pag. 132

Por Mario R. Montani

¿Libre Albedrío o Albedrío Moral?

Durante años recientes ha surgido, de parte de la dirigencia de la Iglesia, el intento de reemplazar “libre albedrio” por “albedrio moral”. Ya en 1976 Daniel H. Ludlow había dado una definición ampliada del concepto.

 “Pero la fe, el arrepentimiento, la expiación, y todos los otros principios, ordenanzas y doctrinas del Evangelio se basan en este principio — de hecho serían prácticamente inoperables e inexistentes si no fuera por este principio del libre albedrío moral

En 2009, el Elder D. Todd Chistofferson, del Quorum de los Doce Apóstoles, expresaría:

“En el pasado hemos utilizado generalmente el término libre albedrio. Eso no es incorrecto. Recientemente hemos tomado nota de que libre albedrío no aparece en las escrituras. Ellas hablan de ser “libres para escoger” y “libres para actuar” por nosotros mismos (2 Nefi 2:27; 10:23; Helaman 14:30) y de nuestra obligación de hacer muchas cosas por nuestra “propia voluntad” (libre voluntad, en inglés) (D&C 58:27)

La palabra albedrío aparece [en las Escrituras] sola o con el adjetivo moral… Cuando usamos el término albedrío moral, apropiadamente ponemos énfasis en la responsabilidad, que es una parte esencial del don divino del albedrío. Somos seres morales y somos nuestros propios agentes, libres para escoger, pero también responsables de nuestras decisiones”. (Moral Agency, Ensign, Junio 2009, pag. 45-53. Originalmente parte de un devocional en BYU, en Enero 2006)

El presidente Packer agrega:

“El albedrío se define en las Escrituras como ‘albedrío moral’, que significa que podemos escoger entre el bien y el mal”. (Boyd K. Packer, Estas cosas sí sé, Liahona, mayo 2013, pag. 8)

La nueva tendencia, que se acerca más a la letra de las escrituras, aunque no necesariamente a su espíritu, parece querer enfatizar la responsabilidad moral de las acciones y disminuir el impacto de la total “libertad”. Veremos con el paso del tiempo si su uso se impone realmente.

Albedrío y Gobierno Eclesiástico

Todos recordamos la fórmula de Joseph Smith para dirigir a su pueblo: “yo les enseño principios correctos y ellos se dirigen a sí mismos”. Con el crecimiento de la Iglesia, la incorporación de diferentes culturas y la burocratización de sus estructuras, la fórmula no es de fácil aplicación. Sin embargo hay algunos aspectos de democracia interna a los que sería bueno retornar. Creemos que con la venida de Cristo la forma de gobierno será teocrática. Mientras tanto, algunos líderes del pasado han definido el gobierno de la Iglesia actual como una Teodemocracia. La relación exacta de “teo” y de “demo” no ha sido siempre igual y en algunos aspectos continúa resultando conflictiva.

Para traer un poco de equilibrio al tema me permito invitar a dos personas que merecen todo mi respeto y confianza. El primero de ellos es Roger Terry, a quien hemos conocido ya en este blog a través de su extraordinario relato “Eterno Inadaptado”. Roger es un excelente escritor mormón cuya fidelidad a la Iglesia está fuera de discusión. Ha sido por nueve años profesor en BYU. Durante siete años sirvió como editor principal en Ensign y Liahona y es actualmente el Director Editorial de los BYU Studies.

Roger Terry

Roger Terry

Los artículos completos en inglés, de donde han sido tomados los siguientes párrafos, pueden consultarse en su blog (http://mormonomics.blogspot.com.ar/2015/12/authority-part-16-personal-and.html)

“Muchos años atrás mi esposa recibió un llamamiento de nuestro obispo para servir como presidenta de la Primaria del Barrio. Como buen soldado, ella aceptó. Sin embargo, inmediatamente tuvo un sentimiento de intranquilidad – llamémoslo un estupor de pensamiento, pero en realidad era más preocupante y focalizado que un mero estupor. No era simplemente que se trataba de una joven madre con dos hijos pequeños y estaba abrumada. Algo más fundamental faltaba. De modo que, después de orar y conversarlo conmigo, decidió volver con el obispo y explicarle su malestar. Básicamente, con mucho mayor tacto del que yo poseo, le dijo que ella pensaba que su inspiración era defectuosa y necesitaba una segunda opinión. Bien, el obispo era un hombre humilde, y oró al respecto, y a la mañana siguiente llamó para decirle, “Hermana Terry, usted tiene razón. El llamamiento no es para usted en este momento”. Por entonces no sabíamos por qué había ocurrido esto, pero algunas semanas después mi esposa comenzó una larga y terrible experiencia que culminó con el nacimiento de nuestro tercer hijo – con doce semanas de anticipación – y los subsiguientes accidentados eventos que le hubieran impedido cumplir con su llamamiento. Algunos años más tarde, cuando la vida se había calmado un poco, el mismo llamamiento vino a través de otro obispo, y ella lo aceptó sin ningún sentimiento de incomodidad.

En contraste con esta experiencia, consideremos la historia de otra mujer. Su obispo le extendió la asignación de escribir guión y música para un programa especial celebrando el aniversario de la Sociedad de Socorro. En circunstancias normales ella se habría sentido feliz de aceptar tal llamamiento, pero en esta ocasión una sensación de oscuridad le hizo percibir que algo la impulsaba a rechazar la asignación. Cuando se lo mencionó al obispo, él cuestionó su fe y la regañó por no creer en su derecho a recibir revelación para el barrio. Ella intentó asegurarle que no cuestionaba su derecho a recibir revelación pero que le parecía que ella misma había recibido una. Pocos días después, su padre sufrió un masivo ataque cardíaco y fue hospitalizado durante varias semanas para finalmente fallecer. Durante ese período ella debería haber estado preparando el programa para la Sociedad de Socorro de haber aceptado el llamamiento. En cambio estuvo cuidando a su padre y luego, planeando su funeral.

Recordemos a MMM (La Masacre de Mountain Meadows)

De modo que ¿cómo podemos saber si la inspiración de nuestros líderes es defectuosa, o sus decisiones erradas? Del mismo modo que mi esposa y la otra mujer supieron que sus llamamientos no eran correctos – escuchando al Espíritu y a sus propios sentimientos. Mayormente, los consejos, pedidos o llamamientos que nos llegan de nuestros líderes no requieren mucho análisis u oración, pero en ocasiones sí. Y en ciertas situaciones, necesitamos tener el suficiente coraje como para confrontarlos sobre el tema, desobedecer respetuosamente, o aún acudir a autoridades superiores. Muchos de los participantes en la Masacre de Mountain Meadows sintieron un alto grado de consternación sobre lo que sus líderes les pedían hacer. Pero fueron igual, actuando en contra de sus instintos. Si tan sólo un puñado de ellos hubiese defendido lo que les parecía correcto, podrían haber evitado una terrible tragedia y una vergüenza para la Iglesia que nos ha perseguido por más de 150 años.

He visto recientemente un par de citas declarando que seremos bendecidos por seguir a nuestros líderes, aunque estén equivocados. Pero no puedo imaginarme a los perpetradores de la Masacre de Mountain Meadows mereciendo ninguna bendición especial por su obediencia. Este asunto de la obediencia a figuras de autoridad es más complicado de lo que a menudo se nos induce a creer, y la presión para amoldarse es muy fuerte en la Iglesia. De modo que, aunque “Sigan a los Líderes” es en general una buena regla, debemos entender que no es un requisito amplio que cubre todas las situaciones posibles.

Una cultura de adaptamiento

Cuando era un joven estudiante en un barrio de solteros en BYU, tuve un presidente del quórum de Elderes que diseñó un plan ingenioso para alcanzar el 100% en las visitas de orientación familiar. Nos informó que si no habíamos realizado e informado nuestras visitas para el veinte de cada mes, él y sus consejeros irían a hacerlas en lugar nuestro. Según recuerdo, su tono era bastante incriminatorio al explicar el nuevo programa. Ahora bien, estoy seguro que tenía las mejores intenciones. Pero, aparentemente, los números eran más importantes que las personas. También era evidente que sus expectativas no eran demasiado optimistas. El resultado fue que intentaba manipularnos o coaccionarnos para que cumpliésemos nuestras responsabilidades del sacerdocio. En la medida que consideré su programa para prevenir las fallas en la orientación familiar, concluí que tenía sorprendentes similitudes con otro plan que prometía el éxito seguro sin posibilidades de fallar – el de Lucifer en la existencia premortal… Para nuestro Padre Celestial, los individuos serán siempre más importantes que cualquier éxito medible de la organización. El no gestiona a través de números. Nos conduce a su presencia como individuos, si decidimos seguirlo. Algunos en la Iglesia – principalmente aquellos que creen estar conduciendo los Santos hacia el cielo – buscan controlar no sólo los resultados sino también las elecciones personales. Intentan eliminar el “si” condicional, y esto interfiere con el libre albedrio. Por tanto existe en la Iglesia como organización una gran presión para amoldarse sin cuestionamientos a un patrón aprobado de pensamiento y conducta. La conformidad ha reemplazado de varios modos las expresiones inteligentes de rectitud en la Iglesia. De un modo muy real, la presión institucional para amoldarse ha suplantado a la simple invitación de seguir. Por tanto, el amoldarse no sólo ha reemplazado a la tolerancia por el fracaso sino que en el proceso ha creado su propia marca de fracaso. La ley mayor, que siempre tiene un final abierto y puede cumplirse en una miríada de formas no prescriptas, está siendo reemplazada por una ley menor, que se enfoca en requerimientos específicos mínimos.

Aunque la manifestación más visible de conformismo entre los Santos de los Ultimos Días sea probablemente el uniforme corporativo que se requiere explícitamente a los empleados de la Iglesia en su trabajo e implícitamente a todos los poseedores del sacerdocio en los servicios de adoración del domingo, otras formas de conformismo son más preocupantes. El conformismo es, finalmente, un estado mental, no meramente un asunto de apariencias. De hecho, parece que hemos desarrollado una cultura de conformismo en la Iglesia, una resistencia socialmente estimulada a las ideas nuevas u originales. Esquemas que enlentecen nuestra habilidad para seguir al Espíritu espontáneamente o expresar algún grado apreciable de individualidad. Ciertamente retrasan la habilidad para considerar posibilidades nunca vistas o nuestros deseos de abrazar el cambio. Es interesante observar que más de 70 años después de la muerte de J.Golden Kimball, miembros de la Iglesia que jamás lo escucharon hablar aún atesoran las historias de esta Autoridad General que maldecía y tomaba café y continúa comprando libros acerca de él. El “tío Golden” sin duda era amado por sus contemporáneos – después del de Brigham Young, su funeral tuvo la mayor asistencia en la Utah mormona del primer siglo. Pero ¿qué tenía este hombre que todavía fascina a los SUD? La respuesta es obvia. No encajaba en el patrón de lo apropiado y devoto que hemos llegado a esperar de los líderes de la Iglesia en todo nivel. Era impredecible, incontrolable e impetuoso, sin embargo leal hasta el fin. Y encontramos eso tremendamente refrescante. También nos damos cuenta con tristeza que jamás volverá otro J. Godcen Kimball en la jerarquía de la Iglesia. Y que pronto la misma idea de que tal hombre existió en la cultura mormona se irá desvaneciendo.

Terryl Givens

Terryl Givens

Quizás de mayor trascendencia es que la cultura de conformismo y adaptabilidad que hemos desarrollado en la Iglesia a menudo se revela en la falta de deseo – o tal vez inhabilidad – de sus miembros a “pensar por fuera de la caja” y a cuestionar o examinar declaraciones de autoridad, doctrinas poco definidas y tradiciones estrictamente culturales. En contraste con la rigidez mental de muchos de los Santos de hoy, Terryl Givens señala que una actividad común en los tiempos de Joseph Smith era debatir sobre asuntos del evangelio tales como ‘¿Era o no la intención de Cristo establecer su evangelio a través de milagros?’ o ‘¿Era necesario que Dios se revelase a la humanidad para traerles la felicidad?’ Terryl L. Givens, People of Paradox: A History of Mormon Culture (New York: Oxford University Press, 2007), 80–81. Joseph no solo estimulaba y asistía a esos debates, sino que ocasionalmente participaba activamente en ellos. En febrero de 1842, el Profeta registró que pasó toda una tarde asistiendo a un debate, agregando que los mismos “se llevaban a cabo semanalmente, incorporando a los mejores talentos de la ciudad, mayores y jóvenes, con el propósito de obtener la verdad, adquirir conocimiento y mejorar los discursos en público”  Joseph Smith Jr., History of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints,ed. B. H. Roberts, 2d ed., rev. 7 vols. (Salt Lake City: Deseret Book, 1971), 4:513–14.

Hoy, tales debates han revivido gracias a la cortesía de Internet y la blogosfera, donde el anonimato provee cierta protección a los participantes que pueden temer la censura de la Iglesia. Pero el espíritu de debate para “obtener la verdad” no se ha derramado muy eficazmente en nuestras reuniones y clases, donde el curriculum oficial de la Iglesia ofrece sólo estrechas explicaciones doctrinales y preguntas poco profundas para el estudio del evangelio de los Santos, y ciertamente no ha atraído la participación de los altos oficiales de la Iglesia, como en los días de Joseph Smith.

Warner Woodworth

Warner Woodworth

Mi amigo Warner Woodworth sugirió hace casi 30 años atrás que los estudiantes de BYU estaban siendo modelados en un marco corporativo “para convertirlos en buenos y leales siervos del poder”. El, al igual que Joseph Smith, reconoció “la especial necesidad de confrontación con ideas alternativas” para arribar a ciertas verdades cruciales. Nos contó sobre un profesor visitante de Stanford quien había mencionado que “aunque observaba a los estudiantes de BYU como individuos muy agradables, su educación se veía obstaculizada por la falta de pensamiento crítico y discusión en el aula”

De acuerdo con Woodworth, necesitamos “un tipo de espíritu de debate, desnudo, desvergonzado e irreverente. Demasiados mormones parecen creer que la gloria de Dios es el conformismo, no la inteligencia” (Warner P. Woodworth, Brave New Bureaucracy, Dialogue 20, nro. 3 (1987)

Infalibilidad de Facto

“Sigan a las Autoridades” es una máxima que los Santos de los Ultimos Días son aconsejados a aceptar como regla general, pero la vida no es tan simplista, particularmente en una organización tan compleja como la Iglesia. Durante los siete años que me desempeñé como editor en las revistas de la Iglesia llegué a estar extremadamente consciente de las dificultades que esa regla creaba en el aspecto corporativo de la institución. Básicamente, lo que existe en las oficinas de la Iglesia son departamentos de empleados supervisados por gerentes contratados, quienes a su vez responden a Autoridades Generales que actúan como directores ejecutivos y consejeros de esos departamentos. En apariencia, esta estructura es similar a otras organizaciones capitalistas o gubernamentales. Las principales diferencias – y muchas de las dificultades – surgen del hecho de que en la burocracia de la Iglesia virtualmente todas las decisiones, recomendaciones y aún opiniones de la gerencia superior (Autoridades Generales) son tomadas por los gerentes profesionales intermedios como divinamente inspiradas (y por lo tanto, indiscutibles), aunque esos mismos gerentes intermedios opinen distinto.

Aunque no existe nada en las escrituras o doctrina SUD que insista en que los líderes de la Iglesia son infalibles, cuando transformamos el consejo de seguir a las Autoridades en una regla inapelable, de hecho, garantizamos a nuestros líderes una infalibilidad de facto. Al hacerlo, eliminamos totalmente el elemento participativo y democrático en el gobierno de la Iglesia. Como es de esperar, la noción de la infalibilidad de facto no existe únicamente en la estructura de empleados de la Iglesia; los SUD comunes también reciben la expectativa de respaldarla en sus vidas personales.

El origen exacto de estas tendencias autocráticas en realidad no importa. Lo que sí importa es que con el tiempo se ha desarrollado una atmósfera de obediencia ciega y conformismo sin sentido (el resultado inevitable de la infalibilidad de facto), lo cual crea serios desafíos para miembros y líderes por igual en la Iglesia moderna.

Permítanme ilustrar lo que quiero decir con infalibilidad de facto con un ejemplo de un pasado no muy distante. Un par de años después que dejé las revistas de la Iglesia, uno de mis colegas me comentó sobre una de las directivas bajo las cuales debía trabajar el equipo de las revistas.

Aparentemente, una de las Autoridades Generales asignadas para supervisar el Departamento de Curriculum emitió un edicto acerca de que las revistas no debían contener fotos en las que se usara tela de vaqueros. Ahora bien, a menos que se haya anunciado una revelación declarando que los vaqueros son malignos, sólo podemos asumir que era simplemente un individuo estableciendo su predisposición personal en un rincón del reino. Como imaginarán, esto creó dificultades en las revistas, particularmente en la New Era. Los editores de la revista eran periódicamente enviados por todo el mundo entrevistando a los miembros y escribiendo historias sobre la Iglesia “local”. Generalmente tomaban fotografías de las personas para incluirlas en los artículos, y era imposible controlar cómo se vestían los miembros. De hecho, en algunas áreas, los vaqueros pueden haber sido “sus mejores ropas”. Los equipos de la New Era escribían a menudo sobre jóvenes participando en proyectos de servicio y actividades al aire libre. Invariablemente, muchos de los jóvenes usaban vaqueros. ¿Cómo cumplían los empleados este requerimiento prácticamente imposible? Bien, los diseñadores simplemente utilizaron magia digital (Photoshop) para transformar los vaqueros en pantalones de vestir. Estoy seguro que algunos de ellos deben haber pensado que hacían algo deshonesto, pero ¿qué otra alternativa tenían? Cuestionar la directiva de una Autoridad General no era una opción. Infalibilidad de facto…” 

Libre Albedrio e Integridad Personal

Invitaremos ahora a expresarse a Jennifer Finlayson-Fife, una psicoterapeuta mormona especializada como consejera en relaciones personales y sexualidad. Con una consulta de pacientes mayormente miembros de la Iglesia, sus opiniones son tenidas en cuenta por diferentes blogs y grupos SUD. También brinda cursos especiales para parejas mormonas. Las reflexiones aquí vertidas provienen de una entrevista concedida a Kristine Haglund que apareció en Dialogue, a Journal of Mormon Thought Vol. 47 Nº 4, pags. 103-123

Dra. Jennifer Finleyson-Fife

Dra. Jennifer Finleyson-Fife

“Voy a ser tan atrevida como para sugerir que la obediencia no es un principio inherentemente divino. Escoger adaptarnos a algo que creemos o sacrificar deseos inmediatos por algo que estimamos más importante es un principio divino – creo absolutamente en ello. Sin embargo utilizamos la palabra “obediencia” para hablar de ese tipo de acciones morales – acciones basadas en nuestra integridad – y no me gusta porque obscurece la responsabilidad personal y eleva la obediencia por sí misma – lo cual creo que es problemático… Hay un claro valor moral en estar deseosos de pedir prestada sabiduría y aplicar esa sabiduría. Uno aprende en el proceso de hacerlo y se pueden evitar costosos errores…De todos modos, lo que encuentro problemático es el evaluar la obediencia, como si la obediencia fuese en sí misma un bien moral. La dificultad es que ponemos la responsabilidad en algún otro por nuestras elecciones morales; lo encasillamos en que Dios valora el “simplemente haz lo que se te dice” y si tus líderes se equivocaron, ellos serán los responsables de tu accionar equivocado. No estoy segura de que eso sea verdad… Decimos que el profeta habla por Dios, de modo que si está equivocado, yo no soy responsable. Creo que eso no tiene el menor apoyo doctrinal, pues junto a nuestra noción de obediencia, tenemos los muy fuertes principios del albedrío y la revelación  personal, que son las razones fundamentales por las que creemos haber venido a la tierra. Según mi experiencia, estimulamos la idea de dependencia de la Iglesia mucho más allá de lo que nuestra teología admite. Elevamos el respeto a la autoridad, y deseamos relacionarlo con un bien inherente. Puedo entender por qué ocurre en la Iglesia. Como madre, ciertamente he aprendido a valorar la obediencia más que antes, ya que lograr que mis hijos hagan lo que quiero facilita mi trabajo, de modo que puedo ver que, para aquellos en posiciones de liderismo, se reduce la tarea si las personas simplemente se adaptan… Pienso que podemos sobrevalorar la obediencia a expensas de nuestro crecimiento moral. No creo en un dios que nos haga obedecer nuestro sendero hacia la divinidad. En vez, Dios nos da un mundo en el cual podemos pedir prestada sabiduría a otros, pero en el que también debemos aprender mediante el ejercicio del libre albedrio, cometiendo errores, buscando sinceramente la verdad por nuestro propio pensar, discernimiento e investigación. Como agentes morales, debemos imponernos sobre elecciones imperfectas en medio de realidades imperfectas. Ese proceso es fundamental para nuestro desarrollo personal y espiritual, pero a menudo no deseamos la responsabilidad que viene con ese proceso imperfecto. Y por nuestro temor a la responsabilidad, creo que abrazamos la cómoda idea de obediencia. Podemos actuar, pero lo hacemos sobre los hombros de autoridades – podemos escapar de la ansiedad de determinar qué es correcto. Pero ese pseudo escape de la responsabilidad es en nuestro propio detrimento y en detrimento del grupo, si es que se valora más el cumplimiento que el discernir y la aserción de que lo que creemos es realmente verdadero… Tolerar y lidiar con puntos de vista variables y alternativos es parte del proceso de hallar la verdad. Aún Joseph Smith declaró “Es poniendo a prueba los contrarios que la verdad se manifiesta”. El proceso de alternar con ideas contradictorias es muy importante para el desarrollo. Pero en la Iglesia, en ocasiones, simplemente queremos saber lo que dijo el Elder Tal y Tal sobre el asunto, y con eso terminamos la conversación – creo que nos gusta eso; es cómodo; nos encantan las certezas y deseamos creer intensamente que los líderes jamás se equivocan. Tengo una querida prima que ni siquiera pone el empapelado sin orar al respecto, porque desea la confirmación de que será el empapelado apropiado. Y, no me malinterpreten ¡Ella tiene unos hermosos empapelados! De modo que quizás el Espíritu realmente confirma su decisión. Pero esa característica de no permitirnos hacer un movimiento sin la certeza de la aprobación divina por la elección – a menudo proveniente de una predecible cadena de autoridad… En cierto modo, eso niega lo que el evangelio nos dice que es el propósito de la vida en la tierra, el cual es que nos hallamos en el mundo solitario y triste, con intervenciones divinas limitadas, y debemos aprender a soportar la ansiedad de discernir y escoger lo que creemos correcto, aunque sea con información y fortaleza limitadas.

Recuerdo estar en el CEM y tener la sensación de que se nos bombardeaba con obediencia, obediencia, obediencia. En esa época mis pensamientos no se habían aún desarrollado, pero recuerdo el sentimiento de que había tanto que yo todavía no sabía, pero se me decía que yo debía declarar saberlo. Debía hacerlo para estar bien con Dios. Recuerdo una pequeña crisis durante una reunión de testimonios en el CEM en la que me preguntaba si Dios me estaba pidiendo que yo simulara. Si digo mi parte ¿eso complace a Dios? O, Dios sólo desea que sea fiel a mí misma, siempre que mis intenciones de buscar la verdad sean sinceras. ¿Es eso aceptable para Dios? Toda mi experiencia misional terminó confirmándome que mi tarea como ser moral, como hija de Dios, era lidiar honestamente con lo que yo creía era bueno y malo, y enfrentar el hecho de que hay falsas tradiciones por todas partes, incluyendo nuestra fe…

Tengo un paciente que ha sido obediente al manual “Por la fortaleza de la Juventud” en un 99,99%. Ahora se está acercando a los 30, y le encantaría tener una relación adulta, pero su desarrollo sexual se ha visto tan inhibido por su escrupuloso cumplimiento a las reglas que es casi infantil. Está aterrado de asumir las responsabilidades de una sexualidad plena. Tiene problemas en sus citas por temor a que surjan sentimientos y respuestas sexuales que sean incongruentes con los ideales de la Iglesia. Desea protección para no cometer ningún error y asumir responsabilidades. Espera que un cumplimiento perfecto le otorgue eso. Por supuesto, es un caso extremo… Ha interpretado las enseñanzas de la Iglesia del modo más literal y estrecho posible, y ahora teme asumir responsabilidades por la posibilidad de que deba interpretar lo que es correcto de un modo diferente cuando las condiciones de la vida real lo llevan a la adultez. Quisiera que alguien esté diciéndole qué hacer para nunca equivocarse o hacerse responsable de sus elecciones.

…En cierta ocasión, cuando yo atravesaba por una cierta crisis espiritual, deseaba hablar con mi madre, pero estaba preocupada pues ella es una gran creyente – y yo temía que mi lucha interior afectase su testimonio o afectase su tierno cariño hacia mí. Así que le dije que no tenía que preocuparse, pero deseaba que supiese aquello con lo cual estaba yo luchando. Mientras me disculpaba por mis propias posiciones y dudas, me detuvo y dijo, “Quiero que sepas que aunque no batallo con tus mismas dudas y desafíos, respeto plenamente lo que estás intentando resolver por ti misma y creo en tu habilidad para hacerlo. Estás haciendo una diferencia positiva en este mundo, y no estoy en posición de juzgarte. Bastante tengo con trabajar conmigo misma ¿Quién soy yo para perder tiempo preocupándome por ti?” Fue para mí un tremendo regalo. También me brindó una profunda compasión por ella, y por las personas que creen como ella. Ese tipo de compasión extendida me mostró que era posible amarnos unos a otros en nuestros viajes conjuntos hacia mayor conocimiento y una vida centrada en la Verdad.

… El propósito de nuestra existencia terrenal es que nos ensuciemos, que cometamos errores, que toleremos la ansiedad de la imperfección, que suframos. Todo eso está en nuestra teología; simplemente somos inmaduros y aún prendidos a la obediencia y el perfeccionismo. Como el Elder Uchtdorf ha dicho recientemente, hemos cerrado las puertas; deseamos la seguridad de ideas fijas, no la incertidumbre del crecimiento y los desafíos a nuestra fe. Odiamos eso, de modo que intentamos construir una institución segura, pero lo quebradizo de nuestras certezas nos hace frágiles. No hay nada anormal en las presiones que sentimos sobre nuestra fe comunitaria – son realidades humanas, y no estamos por encima de ellas. Todo grupo – familias, matrimonios – luchan con estas preguntas y procesos. Amo profundamente el ser mormona, y creo que el Mormonismo es parte de lo que me brindó un fuerte sentimiento de identidad y autoestima mientras crecía. Estoy en una situación en la que creo poder invertir en este grupo, mostrando que realmente me importa al defender que aquello que creo es correcto, aunque esté equivocada. Mi meta es poder pararme frente a Dios con una conciencia suficientemente limpia como para poder declarar que realmente me desafié a mi misma a hacer aquello que creí correcto- que tuve integridad. Integridad es ser fiel a lo que crees, aun cuando sea difícil, poco placentero, o debas ceder posiciones, prestigio o privilegios en una relación. Creo que mi integridad es un don para mi matrimonio, mi familia y mi comunidad. Creo más cuando estoy a la búsqueda de la verdad, pues ese es un valor fundamental de la Restauración. Esa creencia me da coraje para pertenecer y fortalecer mi fe mormona.”

Creo que hemos escuchado diversas y suficientes voces, tanto por fuera como por dentro del Evangelio, lo cual debería reforzar nuestra convicción de la importancia fundamental del Libre Albedrío en los planes de nuestro Padre Celestial. Así como hemos defendido el principio en la preexistencia (y la prueba de ello es que estamos aquí) deberemos seguir haciéndolo, ya sea contra las acechanzas de Satanás o contra líderes excesivamente celosos de sus asignaciones. Finalmente, depende de nosotros. Joseph Campbell siempre recordaba que en sánscrito existía una expresión: Tat tvam asi (Tú eres eso), que daba cuenta de la relación del individuo con la deidad, sus semejantes y el cosmos. El Dr. Wayne Dayer, más recientemente, lo ha expresado de otro modo: “Tú eres la suma total de tus opciones” (Tus Zonas Erróneas)

“Y en esto viene a ser sus propios agentes…” – Variantes sobre el tema del Albedrío Moral del hombre – Primera Parte

DOCTRINA

      Libre Albedrio

“Y en esto vienen a ser sus propios agentes…”

Variantes sobre el tema del Albedrío Moral del hombre

Primera Parte

Un psiquiatra le dice a su paciente: “¿Alguna vez tiene problemas para tomar decisiones?” El paciente responde: “Bueno, sí y no”.

Por Mario R. Montani

¿Qué es el libre albedrío?

Albedrio, libre arbitrio, capacidad de elección, libertad de escoger, libertad de acción, potestad para actuar… han sido, a lo largo de los siglos, diferentes fórmulas para referirse a la posibilidad real de elección de los seres humanos frente a las alternativas presentadas por la vida. El desarrollo filosófico y teológico del concepto ha tenido sus dificultades.

En castellano la palabra albedrío posee su raíz etimológica en la latina arbitrium, que significa capacidad de juicio, discernimiento y la libertad de actuar según el propio juicio o gusto personal. Es un derivado de árbiter (juez). De modo que, en nuestra lengua, albedrío y árbitro comparten el mismo origen.

En inglés, en cambio, (y particularmente en la Iglesia) se utiliza la expresión “free agency” (literalmente, libre agencia) para lo que nosotros traducimos como albedrío.

En el ámbito de la filosofía se denomina agencia a la capacidad que posee un agente (persona o identidad) para actuar en el mundo.

“Y les es concedido discernir el bien del mal; de modo que, son sus propios agentes…” (Moisés 6:56)

“De cierto digo que los hombres deben estar anhelosamente consagrados a una causa buena, y hacer muchas cosas de su propia voluntad y efectuar mucha justicia; porque el poder está en ellos, y en esto vienen a ser sus propios agentes…” (DyC. 58:27-28)

Fatalismo, compatibilismo, libertarianismo

Fatalismo es la tesis de que los hechos humanos ocurren por necesidad y por tanto no son libres. El fatalismo teológico es la tesis de que el preconocimiento infalible de un acto humano hace necesariamente a ese acto carente de libertad. Si existe un ser que conoce infaliblemente todo lo que ocurrirá en el futuro, ningún ser humano tiene control sobre ese futuro.

El argumento del fatalismo teológico crea un dilema:

1 – Existe una deidad que infaliblemente conoce todo el futuro.

2 – Los seres humanos poseen el libre albedrío.

El fatalismo propone que 1 y 2 son incompatibles. Debemos negar uno para poder aceptar el otro. Aquellos filósofos que piensan que 1 y 2 pueden mantenerse en equilibrio se denominan compatibilistas. Los que lo niegan, incompatibilistas.

Por otro lado, los libertarios o libertarianos consideran que una acción no puede ser libre y predeterminada físicamente al mismo tiempo. Por tanto, no hay predeterminación. Las acciones libres son aquellas que habrían podido ser diferentes. Tradicionalmente, esto ha significado que no hay una cadena causal que haga necesaria la acción antes de que el agente la elija libremente. El agente es un autor de cadenas causales.

Dentro del libertarianismo pueden darse dos variantes: la del “libre albedrío absoluto abierto” el cual declara que las elecciones del hombre no son conocidas por Dios hasta que éstas ocurren, y la del “libre albedrío absoluto no abierto”, según la cual Dios puede conocer las elecciones, pero no las puede determinar. La posición bíblica es básicamente la del compatibilismo, es decir, Dios conoce previamente nuestras acciones, pero eso (aunque no comprendamos exactamente cómo) no limita la libertad de elección o escogencia humana.

Determinismo e indeterminismo

El determinismo es una doctrina filosófica según la cual todo fenómeno está prefijado por las circunstancias o condiciones en que se produce. Por lo tanto, ningún acto de nuestra voluntad es libre, sino necesariamente prestablecido. También sostiene que todo acontecimiento, incluyendo los pensamientos y acciones humanas, está determinado causalmente por la irrompible cadena causa-consecuencia, por lo que el estado actual determina en cierto sentido el futuro. En el siglo XVIII, Pierre-Simon de Laplace, en su Mecanique Celeste, aventuraba esa hipótesis:

“Una inteligencia que conociera todas las fuerzas que actúan en la naturaleza en un instante dado, asó como las posiciones instantáneas de todas las cosas… podría abarcar los movimientos de los cuerpos mayores del universo, y los de los átomos más ligeros, en una única fórmula, siempre y cuando su intelecto fuese lo bastante potente como para analizar todos los datos; nada habría para ella que fuese incierto, tanto el pasado como el futuro estarían presentes ante sus ojos”.

No estoy seguro si Laplace se daba cuenta, pero estaba postulando a Dios.

Otros, como Bertrand Russell, tomaron posiciones de un determinismo menos dogmático, en el que habría lugar para la libre elección

Bertrand Russell

Bertrand Russell

“Cuando se presentan varias acciones alternativas, lo cierto es que podemos hacer lo que elegimos y elegir lo que queremos. En este sentido, todas las alternativas son posibles. Lo que el determinismo afirma es que nuestra voluntad para elegir esta o aquella alternativa es consecuencia de los antecedentes; pero esto no impide que nuestra voluntad sea, a su vez, causa de otros efectos. Y el sentido en el cual son posibles diferentes decisiones parece suficiente para distinguir unas acciones como justas y otras como injustas, unas como morales y otras como inmorales”. (Bertrand Russell, Ensayos Filosóficos, 1993, Barcelona, Ediciones Altaya S.A., pags.54-55)

En otros párrafos de la obra, Russell compara el problema al sistema ferroviario: el maquinista conserva su libertad individual pero no puede salirse de las vías. Podrá disminuir o aumentar la velocidad, detenerse o no, cumplir con su horario o decidir no hacerlo. Pero sus elecciones son limitadas.

Albedrío y Religión

Para los griegos el tema del destino y el libre albedrío estuvo siempre presente, siendo quizás el ejemplo clásico el de Edipo, quien no logra escapar de los preanuncios que se le han hecho. Así idearon a Cloto, Láquesis y Atropos (La Tejedora, La que Reparte y La que no Regresa), en conjunto denominadas las Moiras (repartidoras). Ellas eran las encargadas de tejer una trama para la vida de cada persona que nacía y determinaban cuándo moriría. Los romanos tuvieron sus equivalentes en las Parcas o Fata (de allí derivará tanto la palabra “fatalismo” que ya analizamos, como el “hado” y, finalmente, las “hadas”). Estas triadas femeninas se repiten en la mitología báltica con las Laimas y en la nórdica con las Nornas.

En la filosofía hindú no existe conflicto entre el destino y el libre albedrío, ya que ambos forman parte del karma del individuo. Para los budistas también se produce un cierto equilibrio entre los dos principios.

El Islam considera que existe un destino como así también un “libre albedrío parcial”, pero tanto las causas como los efectos corresponden a Alá.

En el pensamiento judío el albedrío está conectado al concepto de premios y castigos

“Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19)

Dios creó el mundo para que bien y mal puedan operar libremente, pero la relación entre omnisciencia divina y albedrío es una paradoja no resuelta

“Todo está en las manos del cielo menos el miedo del cielo” (Talmud, Berachot 33b)

“Todo está previsto; aun así, el libre albedrío es dado” (Rabi Akiva, Pirke Avot 3:15)

“El Sagrado, Bendito Sea, sabe todo lo que pasará antes de que haya pasado. ¿Sabrá Dios si una persona particular será buena o mala, o no lo sabrá?. Si El lo sabe, será imposible para esa persona no ser buena, y así demuestra que no conoce todo lo que El ha creado…No tenemos las capacidades de comprender cómo El Sagrado, Bendito Sea, conoce todos los eventos y su creación. Sin embargo se sabe sin duda que la gente hace lo que quiere sin El Sagrado, Bendito Sea, forzándolos a hacer algo… Es dicho por esto que un hombre es juzgado de acuerdo a sus acciones” (Maimonides, Mishne Torá, Teshuva 5:5)

La filosofía judía remarca que el libro albedrío es un producto intrínseco al alma humana, utilizando la palabra neshama, derivada de una raíz que significa “aliento”. Los animales, al no poseer alma, no tendrían libre albedrío.

Albedrío y Cristianismo

Entre los primeros cristianos, así como entre los grupos del Mar Muerto, la creencia en un libre albedrío parece haber sido la regla. La Iglesia Católica Romana defiende el principio y tanto Agustín de Hipona como Tomás de Aquino escribieron extensamente sobre él. La posición se endurece más en la contrarreforma como un modo de enfrentar la doctrina de la predestinación de algunos grupos de la cristiandad protestante. En el siglo XVII surgió dentro del propio catolicismo la ideología jansenista de Port Royale que se hizo popular y extendió su influencia dentro de Francia, acercándose a la noción de la predestinación, pero fue perseguida y finalmente dispersada. Muy importante es también la libertad de elección para las iglesias ortodoxas orientales, particularmente las variantes cópticas, que se acercan al concepto del judaísmo.

Juan Calvino, en su obra La Institución de la Religión Cristiana, intentando resolver algunas aparentes contradicciones de las Escrituras, propuso que Dios decidió, antes de la Creación, quiénes se salvarían y quiénes no. En 1619, la Iglesia Reformada Holandesa declararía:

“Dios, en el tiempo, a algunos concede el don de la fe y a otros no, procede de Su eterno decreto. Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras y hace todas las cosas según el designio de su voluntad… antes de la fundación del mundo, de entre todo el género humano caído, predestinó en Cristo para salvación, por pura gracia y según el beneplácito de Su voluntad, a cierto número de personas, no siendo mejores o más dignas que las demás, sino hallándose en igual miseria que las otras, y puso a Cristo, también desde la eternidad, por Mediador y Cabeza de todos los predestinados, y por fundamento de la salvación”. (Sínodo de Dort)

Otro defensor de este punto de vista fue el predicador Puritano Jonathan Edwards.

Jacobus Arminius, profesor de la Universidad de Leiden, en cambio, se opuso a la teología calvinista. El arminianismo propuso que, a través de Jesucristo, todos pueden salvarse, siempre que abandonen el pecado y, mediante la fe y perseverancia, se hagan dignos de la expiación y gracia divinas.

Jacobus Arminius

Jacobus Arminius

Tanto John Wesley y sus seguidores, los Metodistas, así como los Bautistas, adhirieron al pensamiento arminiano. Solían citar como ejemplo a los dos malhechores que acompañaron a Cristo en la cruz. Uno de ellos pidió el perdón y le fue otorgado, mientras que el otro simplemente se burló, prefiriendo escoger la muerte antes que la vida eterna.

Aquellos que apoyan la existencia del libre albedrío, para evitar el conflicto con el conocimiento previo de Dios, defienden que el conocimiento de un suceso por venir es enteramente diferente a causar el suceso.

Albedrio, Tiempo y Eternidad

Una de las propuestas para superar el dilema Albedrio-Preconocimiento de Dios ha sido imaginar al Creador por fuera del Tiempo. Una explicación sencilla y eficaz de esa posibilidad la ha ofrecido C. S. Lewis:

C.S. Lewis

C.S. Lewis

“Pero supongamos que Dios está fuera y por encima de la línea del Tiempo. En tal caso puede ver lo que llamamos “mañana” exactamente igual que lo que llamamos “hoy”. Para El todos los días son “Ahora”. No nos recuerda haciendo cosas ayer; El simplemente nos ve hacerlas, porque, aunque nosotros hayamos perdido el ayer, El no. No nos prevé haciendo cosas mañana: simplemente nos ve hacerlas: pues aunque el mañana no haya llegado aún para nosotros, sí para El. Nunca supondríais que vuestras acciones de este preciso instante son menos libres por el mero hecho de que Dios sabe lo que estáis haciendo. Pues bien, conoce vuestros actos de mañana exactamente de la misma manera – por la sencilla razón de que ya está en el mañana y le basta con miraros. En cierto sentido no sabe de vuestro acto hasta que lo habéis realizado: pero entonces el momento en que vosotros lo realizáis es ya “Ahora” para El. Esta idea me ha ayudad muchísimo. Si no os sirve de ayuda, dejadla correr. Es una “idea cristiana” en el sentido de que la han sostenido grandes sabios cristianos y que no tiene nada que sea contrario al cristianismo. Pero no está en la Biblia ni en ninguno de los credos. Podéis ser igualmente buenos cristianos sin aceptarla, o incluso sin preocuparos en absoluto por la cuestión” (C.S. Lewis, Beyond Personality, 1945)

La Iglesia, en su teología especulativa (me refiero tanto a Mormon Doctrine como a la Enciclopedia del Mormonismo) parece negar esa posibilidad, proponiendo que el Tiempo es sólo un segmento mesurable de la Eternidad. Sin embargo tanto la relatividad de Einstein como nuestras propias escrituras sobre Kolob, podrían dejar una puerta abierta para suponer que Tiempo y Eternidad no sólo se diferencian en su duración, sino también en su propia esencia, por lo que, personalmente, no descarto la posibilidad presentada por Lewis y otros escritores cristianos. El que Dios viva “por encima del tiempo” no necesariamente implica que no pueda ingresar “en el tiempo” cuando así lo desee, sobre todo si consideramos al tiempo una variante de la eternidad modificada en su extensión y cualidades para las experiencias mortales.

Albedrío y Mormonismo

Una de las primeras referencias al “libre albedrío” proviene de un discurso de Orson Pratt sobre la teocracia, en 1859:

“Mientras tengamos tiempo, el libre albedrio del hombre debe ser protegido…”

En 1872, Brigham Young expresaría que:

“Tenemos nuestro libre albedrio para pensar y actuar como los hombres piensan y actúan, independientemente de la inspiración del Espíritu de Dios, pero ese no es nuestro objeto…”

Al año siguiente, Pratt agregaría:

Orson Pratt

Orson Pratt

“Los espíritus de los hombres y mujeres que dejan este mundo son inteligentes, y la inteligencia se basa en el libre albedrio y, por lo tanto, aún cuando estén en el mundo de los espíritus son independientes, teniendo el poder para ejercer ese albedrio al creer. Cuando obtengan un testimonio, los espíritus pueden ejercer ese albedrio por medio del arrepentimiento para la remisión de sus pecados personales”.

La frase continuó utilizándose durante todo el siglo XX: 

“Junto a la dádiva de la vida misma, el don más grande que Dios ha dado al hombre es el derecho de dirigir esa vida… El libre albedrío es la fuente impulsora del progreso del alma; el propósito del Señor es que el hombre llegue a ser como El es. Y a fin de que pueda alcanzar esto, fue necesario que el Creador primeramente lo hiciera libre” (El libre albedrío y sus implicaciones, Deseret News, SLA, Utah, 16 abril 1950 pag, 4)

Las estadísticas muestran que la expresión “libre albedrio” fue utilizada 138 veces en los discursos de las Conferencias Generales durante la década de 1960, especialmente por el Presidente David O. McKay:

 “Junto al don de la vida, el derecho a dirigir nuestra vida es el mayor regalo de Dios para el hombre …  Nacido en la pobreza extrema o encadenado al nacer por riquezas heredadas, todo el mundo tiene la dotación más preciosa que existe en esta vida — el don del libre albedrío, el derecho heredado e inalienable del hombre”.

En 1975, el Elder Delbert L. Stapley agregaría una definición que se hizo muy popular y aún perdura:

Delbert L. Stapley

Delbert L. Stapley

 “Mis hermanos, hermanas, y amigos, uno de los más preciosos dones de Dios para el hombre es el principio de libre albedrío — el privilegio de elección que fue presentado por Dios el Padre Eterno a todos sus hijos espirituales en el estado premortal”.

Más recientemente:

Robert D. Hales, “El albedrío: Esencial para el plan de la vida”, Liahona, noviembre de 2010

“El albedrío es actuar con responsabilidad y dar cuenta de nuestras acciones. Nuestro albedrío es esencial para el plan de salvación. Con él somos ‘…libres para escoger la libertad y la vida eterna, por medio del gran Mediador de todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte, según la cautividad y el poder del diablo’ ”.

Robert D. Hales, “Para actuar por nosotros mismos: El don y las bendiciones del albedrío”, Liahona, mayo de 2006
Robert D. Hales

Robert D. Hales

“El albedrío empleado de manera correcta permite que la luz disipe las tinieblas y que vivamos con dicha y felicidad”.

“El albedrío y la responsabilidad”, en Para la Fortaleza de la Juventud

“Tu Padre Celestial te ha dado el albedrío, la habilidad de elegir entre el bien y el mal y de actuar por ti mismo o por ti misma; se te ha dado el Espíritu Santo para ayudarte a discernir el bien del mal. Mientras estés en la tierra, serás probado o probada para ver si utilizarás tu albedrío para demostrar tu amor por Dios al guardar Sus mandamientos”…“Tu eres responsable de las elecciones que hagas; no debes culpar a tus circunstancias, a tu familia ni a tus amistades si eliges desobedecer los mandamientos de Dios. Eres un hijo o un hija de Dios que posee gran fortaleza; tienes la habilidad para seguir la rectitud y la felicidad, no importa cuáles sean tus circunstancias”.

Donald L. Hallstrom, “El uso prudente del albedrío”,Liahona, enero de 2006

“El albedrío moral, la capacidad de escoger por uno mismo, es una parte fundamental del gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial. Como el Señor le dijo a Adán: ‘Y les es concedido [a tus hijos] discernir el bien del mal; de modo que, son sus propios agentes’ (Moisés 6:56)”.

M. Russell Ballard, “¡Oh ese sutil plan del maligno!”,Liahona, noviembre de 2010

“La batalla por el albedrío dado al hombre por Dios continúa”.

James E. Faust, “Las fuerzas que nos salvarán”, Liahona, enero de 2007

“Nuestro albedrío, el cual se nos concede mediante el plan de nuestro Padre, es la gran alternativa al plan de coacción de Satanás. Con este sublime don, podemos crecer, mejorar, progresar y procurar la perfección. Sin el albedrío, ninguno de nosotros podría crecer ni desarrollarse aprendiendo de las equivocaciones y errores propios y de los demás”.

David A. Bednar, “¿Sabías que…?” Liahona, septiembre de 2009

“…los propósitos fundamentales del don del albedrío eran que nos amáramos unos a otros y escogiéramos a Dios”.

M. Russell Ballard, “¡Oh, sed prudentes!”, Liahona,noviembre de 2006
M. Russell Ballard

M. Russell Ballard

“Dado que el principio eterno del albedrío nos otorga la libertad de elegir y pensar por nosotros mismos, debemos ser cada vez más diestros en la solución de problemas. Tal vez cometamos algún error, pero en tanto sigamos las pautas y los principios del Evangelio, aprenderemos de esos errores y tendremos mayor comprensión de las personas y seremos más eficaces al servirles”.  

Dieter F. Uchtdorf, “En alas de águilas”, Liahona, julio de 2006 

“Ustedes tienen albedrío; son libres para escoger; pero en realidad no existe tal cosa como el libre albedrío, pues el albedrío tiene un precio; debemos sufrir las consecuencias de las decisiones que tomemos”. (Creo que aquí el Elder Uchtdorf está haciendo un juego de palabras no posible de verter al castellano. En inglés, la palabra “free” significa tanto libre como gratis. Su referencia parece indicar no que perdemos la libertad de escoger sino que nuestras elecciones no son gratuitas).

Albedrio y Preexistencia

A diferencia de otras denominaciones cristianas, los Santos de los Ultimos Días poseemos una clara doctrina sobre una existencia anterior de nuestros espíritus, a la que denominamos preexistencia, y a la realización de un Gran Concilio de todos los hijos de Dios. Ambos conceptos están íntimamente ligados a la noción de albedrío. Varias de nuestras escrituras así lo explicitan:

“. . . por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, e intentó destruir el albedrío del hombre que yo, Dios el Señor, le había dado, y también quería que le diera mi propio poder, hice que fuese echado fuera por el poder de mi Unigénito; Y llegó a ser Satanás, sí, aun el diablo, el padre de todas las mentiras, para engañar y cegar a los hombres, aun a cuantos no escucharen mi voz” (Moisés 4:3-4).

. . . aquel existió antes de Adán, pues se rebeló contra mí, diciendo, dame tu honra, la cual es mi poder; y también, alejó de mí a la tercera parte de las huestes de los cielos, a causa de su libre albedrío (Doc. y Con. 29:36).

El Albedrío era esencial para el funcionamiento del plan de salvación y para que el hombre fuese responsable de sus acciones.

El escritor Raymond Smullyan (sin ser mormón) pone este interesante parlamento en la boca del propio Dios en su obra The Tao is Silent, 1977:

Raymond Smullyan

Raymond Smullyan

“¿De dónde sacaste que Yo te hubiera podido crear sin libre albedrío? ¡Actuabas como si ésta fuera una auténtica posibilidad, y te preguntabas por qué no la había elegido! Nunca se te ocurrió pensar que un ser sensible sin libre albedrio es tan difícil de imaginar como un objeto físico que no ejerza atracción gravitatoria… Honestamente ¿puedes tan siquiera imaginar un ser consciente sin libre albedrio? ¿A qué se podría parecer? Tal vez lo que te ha podido confundir tanto es que te hayan dicho que Yo le otorgué al hombre el regalo del libre albedrio. Como si primero hubiera creado al hombre y después, como una ocurrencia tardía, le hubiera dotado de la propiedad adicional del libre albedrio. A lo mejor piensas que tengo una especie de “brocha”, con la que embadurno de libre albedrio a unas criaturas sí y a otras no. No, el libre albedrio no es algo suplementario; forma parte de la propia esencia de la conciencia. Un ser consciente sin libre albedrio no es más que un absurdo metafísico”.

Smullyan fue muy suspicaz para captar esa verdad… también lo fue Satanás.

El Presidente David O. McKay, quien se sentía particularmente atraído por el tema, registró en 1965:

“En el libro de Apocalipsis hay una importante referencia a “una gran batalla en el cielo” (Apocalipsis 12:7). No sólo son significativas esas palabras, sino que parecen contradictorias, porque al pensar en el cielo lo imaginamos como una morada de absoluta felicidad, una condición en la que parecería imposible que existiera la guerra o la contención. Lo que dice es significativo porque implica que en el mundo espiritual había libertad de elección y de acción… Satanás estaba decidido a destruir el albedrio del hombre. El libre albedrío es un don de Dios y es parte de Su divinidad… El mundo no comprende la trascendencia que ese don divino tiene para el individuo. Es tan inherente a él como la inteligencia que, según se nos dice, nunca ha sido ni puede ser creada (DyC.93:29)” (Conference Report, Octubre 1965,  pag. 7)

De modo que, si bien ignoramos muchísimo sobre esa batalla en la preexistencia o el modo en que Satanás pensaba abordar su plan, parece obvio que los espíritus tenían la capacidad de elegir y de afrontar las consecuencias. Tampoco podemos omitir la implicancia de que tanto Dios como Satanás poseen el Libre Albedrio. Esto, potencialmente, significaría que Dios tiene la capacidad de elegir algo malo y Satanás algo bueno, lo cual parece contradecir la esencia misma de sus identidades. En base a otras escrituras podríamos inferir que el Padre, por su recto ejercicio de ese albedrio, ha llegado a un punto en que ha perdido todo deseo de practicar el mal, mientras que el Diablo, por su erróneo uso de ese mismo albedrio, ha perdido la capacidad de arrepentimiento.

Los mormones también creemos que en esa etapa previa a la mortalidad muchos fueron preordenados, lo cual no debe confundirse con predestinados. Esas preordenaciones para cumplir propósitos específicos jamás ponen en peligro el uso del libre albedrío, que sigue teniendo vigencia. Esas asignaciones pretéritas no son compulsivas y el individuo determinará si las lleva a cabo o no, llegado el momento.

“Libertad para todos, excepto para quienes no están de acuerdo conmigo” – Nicola Ward Petty

DOCTRINA

     Albedrío

Libertad para todos, excepto para quienes no están de acuerdo conmigo

El siguiente texto ha sido tomado del blog KiwiMormon, mormon reflections from the antipodes (Mormones Kiwi, reflexiones mormonas desde las antípodas), un sitio creado para el intercambio de ideas de los santos de Nueva Zelandia. Su administradora, Gina Colvin, es profesora universitaria en el ámbito de los estudios culturales, y, según lo declara, “intenta que su religión tenga sentido en la periferia geográfica y cultural”. El post que nos ocupa ha sido escrito por una colaboradora del blog, Nicola Ward Petty, una conversa católica, quien ha sido ex misionera y Presidenta de la Sociedad de Socorro de su Estaca. Nicola y su esposo Mark viven en Christchurch, Nueva Zelandia. Tienen dos hijos y un nieto. Uno puede estar de acuerdo o no con las opiniones de Nicola, nuestra hermana neozelandesa, lo que no puede ni debe hacer es eludirlas…

Nicola Ward Petty, 2015

Nicola Ward Petty, 2015

Mayo 2015

En la reciente Conferencia General, el Elder Robert Hales presentó un discurso bajo el título “Cómo preservar el albedrío y cómo proteger la libertad religiosa”. Siendo una mormona kiwi, al igual que Gina, vivo en Nueva Zelandia, y he observado que la libertad religiosa y la libertad en general parecen ser muy importantes para los norteamericanos. Lo cual hace que uno se pregunte si la gente es tan libre como le gustaría serlo en “la tierra de los libres, el hogar de los valientes”. Aquí, en uno de los países más libres sobre la tierra, tendemos a no preocuparnos demasiado sobre la libertad. Estamos conscientes de que no todo es perfecto en el paraíso, y no me permitan comenzar a hablar sobre el actual gobierno, pero en general, somos muy libres. El matrimonio homosexual se legalizó el año pasado, y la vida ha continuado como siempre, a pesar de las predicciones en contrario. Tenemos servicios de salud gratis, la mayor parte de la educación del mismo modo, y funciona bastante bien.

La frase central de discurso del Elder Hales es: “El uso fiel de nuestro albedrío depende de que tengamos libertad religiosa”. El mensaje está centrado en cómo preservar nuestra libertad religiosa, es decir la de la Iglesia, dentro de una comunidad más amplia. Bien – eso encaja con la narrativa de persecución que la Iglesia tiende a exponer. No obstante, mi experiencia personal es que mi libertad religiosa está siendo restringida por el propio cuerpo que declara protegerla. Como alguien que ha comenzado a pensar un poco más allá de la doctrina de correlación, encuentro que no tengo la libertad de creer como lo deseo – o siquiera pensar en creer como lo deseo. Pareciera que el Artículo de Fe Nº 11, “Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen”, se aplica únicamente a otros pero no dentro de la iglesia.

Examinemos el mensaje del Elder Hale con una lente diferente. Sospecho que el propósito del discurso es estimular a los miembros de la iglesia a defender sus creencias en “el mundo”. El “nosotros” es la iglesia y el “ellos” es la sociedad como un todo. Quisiera examinarlo bajo una diversa luz, cuando los “nosotros” somos los miembros de la iglesia y los “ellos” es la Iglesia, o la Corporación.

El Elder Hales nos brinda cuatro piedras fundamentales de la libertad religiosa:

“La primera es la libertad de pensamiento. Nadie debería tener que soportar críticas, persecución ni ataques por parte de personas o gobiernos debido a lo que crea en cuanto a Dios. Es algo personal y muy importante”. No he sido criticada por las personas fuera de la iglesia por lo que creo, y de hecho, algunas de ellas han aceptado abiertamente muchas de mis confusas creencias. Sin embargo, he recibido y he sido testigo de críticas, persecución y ataques por individuos dentro de la iglesia en los meses recientes, cuando alguien ha tenido el coraje de decir lo que cree en un foro abierto.

“La segunda piedra angular de la libertad religiosa es la libertad de compartir nuestra fe y nuestras creencias con los demás”. Presumo que el Elder Hales se refiere a la obra misional, cuando los miembros comparten sus creencias con aquellos que están fuera de la Iglesia. La institución invierte megadólares haciendo esto a través de los misioneros. Yo fui una de ellos en otra etapa de mi vida. Pero no parece operar en ambos sentidos. Los miembros se ven restringidos en compartir su fe y creencias con otros dentro de la iglesia. Algunos se han visto sujetos a acciones disciplinarias. Existe una cultura del secreto – damos las respuestas correctas en público, mientras que nuestras dudas y preguntas fermentan en privado.

“La tercera piedra angular de la libertad religiosa es la libertad de formar una organización religiosa, una iglesia, para adorar pacíficamente junto con otras personas”. No estoy segura de querer analizar este punto. Tengo la certeza de que los miembros que organizaran su propia iglesia para adorar pacíficamente con otros se hallarían pronto fuera del rebaño de la iglesia corporativa. A mí me parece bien. Nuestra cultura no aprecia diferentes tipos de mormonismo. Dicho esto – tal vez habría lugar para algunas ramas de mormonismo liberal. La primera cosa que se iría de mi iglesia serían las tres horas consolidadas; las mujeres tendrían igualdad con los hombres y haríamos muchas cosas buenas para la comunidad. Pero ese es tema para otro día.

“La cuarta piedra angular de la libertad religiosa es la libertad de vivir nuestras creencias: la libertad de ejercer nuestra fe no sólo en el hogar y en la capilla, sino también en lugares públicos… Algunos se ofenden cuando llevamos nuestra religión a esos lugares públicos, pero esas mismas personas que insisten en que la sociedad tolere sus puntos de vista y sus acciones, a menudo son muy lentas para ofrecer esa misma tolerancia a los creyentes que también desean que sus puntos de vista y acciones sean tolerados”. Amen, hermano. ¿Podría esto aplicarse a miembros ortodoxos que son un poco lentos en conceder  tolerancia a miembros de la iglesia que se atreven a pensar diferente, y tienen el coraje de defender lo que piensan?

El llamado a la acción del Elder Hale es para estar informados, trabajar junto a otros y vivir como buenos ejemplos. Hagamos eso y recordemos defender la libertad religiosa, aún cuando nos gustaría llamarla herejía.