Polémica y Perdurable Poliginia – Parte VII

 

Doctrina

            Poligamia

Polémica y Perdurable Poliginia

Parte VII

“Aquello que  está mal bajo cierta circunstancia, puede estar bien, y a menudo lo está, bajo otra. Dios dijo: ‘No matarás’. En otra ocasión mandó: ‘Del todo destruirás’. Éste es el principio de acuerdo con el cual funciona el gobierno de los cielos: por revelaciones que se adaptan a todas las circunstancias en que se hallaren los hijos del reino. Todo cuanto Dios requiere es justo, no importa lo que sea, aunque no podamos ver la razón para ello sino hasta mucho después de que se hayan verificado los hechos. Si buscamos el reino de Dios primeramente, todas las demás cosas buenas serán añadidas. Así fue con Salomón: pidió sabiduría ante todas las cosas, y Dios se la concedió, y con ella le dio todo lo que su corazón deseaba, aun cosas que pueden tenerse por abominables entre todos aquellos que no entienden sino en parte el orden de los cielos, pero que en realidad eran justas porque Dios las permitió y aprobó por revelación especial” (Joseph Smith, History of the Church, tomo V, pág. 135).

Por Mario R. Montani

Todos conocemos la anterior frase del Profeta Joseph Smith, que, con cierto fundamento, explica la necesidad de revelación continua, y podría justificar la muerte de Labán, algunas atrocidades del Antiguo Testamento, y, por supuesto, la práctica de la poligamia. Si bien no está incorporada a las Escrituras, la hemos leído en la recopilación de Joseph Fielding Smith “Enseñanzas del Profeta José Smith” y en varios manuales curriculares. Lo que la mayoría de los miembros ignora es que el texto está recortado de una carta de Joseph a Nancy Rigdon en 1844, después de que ésta rechazara una propuesta de unión polígama diciendo que preferiría quedar soltera a compartir su vida con un hombre casado. La carta llegó a manos del padre, Sydney Rigdon, y provocó tensión entre los dos líderes.

Del largo bloqueo a la investigación

Una buena parte de la documentación que hemos compartido en estos artículos se encuentra en registros oficiales o diarios personales que por más de un siglo han estado fuera del alcance de los investigadores.

Escuchemos al historiador mormón B. Carmon Hardy, por cuarenta años profesor de la California State University en Fullerton, ganador del Premio Dale Morgan en 1980, del mejor libro del año por la Mormon Historical Association en 1992 y de la Smith-Pettit Foundation en 2008.

B. Carmon Hardy

“Todo erudito investigador que conozco está de acuerdo en que aún existe cierta reticencia oficial de parte de la Iglesia con respecto al uso de registros, diarios y otros materiales en los archivos de la Iglesia y en poder de la Primera Presidencia que se relacionan con la poligamia” (B. Carmon Hardy, “Truth and Mistruth in Mormon History, Case Reports of the Mormon Allience”, 1997, Vol. 3, pag. 279)

¿Qué cosas no se compartían demasiado? Algunos ejemplos. Del diario de William Clayton, secretario personal de Joseph Smith y autor de “Oh, está todo bien”:

“…el Profeta me invitó a caminar con él. Durante nuestro paseo, me dijo que sabía que había una hermana, allá en Inglaterra, por la que yo tenía un profundo cariño. Le contesté que era cierto, pero que no era nada más que el cariño que un hermano y una hermana en la Iglesia pueden sentir rectamente el uno por el otro. Me dijo entonces ‘¿Por qué no envía por ella?’ Le contesté, ‘En primer lugar, no tengo autoridad para enviar por ella, y si la tuviese, no tengo los medios para pagar los gastos’. A lo cual respondió, ‘Lo autorizo a enviar por ella, y le proveeré los medios’, lo cual hizo. Esta fue la primera vez que el Profeta Joseph me habló sobre el asunto del matrimonio plural. Me informó que tal doctrina y principio eran correctos a la vista de nuestro Padre Celestial, y que era una doctrina que pertenecía al orden y gloria celestial. Después de darme extensas instrucciones e información concerniente a la doctrina del matrimonio plural o celestial, concluyó sus comentarios con las siguientes palabras, ‘es su privilegio tener todas las esposas que desee’. (William Clayton, Nauvoo Diaries & Personal Writings, 9 de Marzo 1843)

William Clayton

O la siguiente información relacionada con la poligamia post Manifiesto (Declaración Oficial 1):

“Todos los miembros de la Primera Presidencia permitieron y/o autorizaron nuevos matrimonios plurales entre 1890 y 1904, y algunos hasta fecha tan avanzada como 1906 y 1907. Un Presidente de la Iglesia se casó con una esposa plural, y tres Consejeros de la Primera Presidencia llevaron a cabo casamientos de hombres que tenían esposas con vida. Un Secretario de la Presidencia propuso matrimonios polígamos en 1907. De los dieciséis hombres que sirvieron como Apóstoles, ocho se casaron con esposas plurales después del Manifiesto. Tres de los que no se casaron, efectuaron matrimonios plurales. Dos de los que no hicieron ninguna de las cosas anteriormente mencionadas, hicieron arreglos para matrimonios plurales… Ahora bien, analizando a esos hombres individualmente. Wilford Woodruff personalmente aprobó 7 nuevos matrimonios plurales, a realizarse en México. También aprobó ceremonias polígamas para una pareja de ya residentes en México en 1891.  Delegó a George Q. Cannon, su primer Consejero, para que diese aprobación de matrimonios plurales desde 1892 a 1898. Tal aprobación se daba mediante cartas escritas… Woodruff mismo se casó con una nueva esposa plural en 1897… Lorenzo Snow cohabitó con su esposa plural más joven, quien, en 1896, realizó un breve viaje a Canadá para tener su hijo. Al hacer eso, él violó el testimonio público de 1891 de que el Manifiesto prohibía la cohabitación con esposas plurales… Joseph F. Smith, en 1896, como Consejero, condujo en el Templo de Salt Lake un matrimonio plural vicario a favor de Abraham Cannon, que había sido aprobado previamente por la Primera Presidencia… Smith dio instrucciones a Seymour B. Young del Primer Consejo de los Setenta, para llevar a cabo dos matrimonios plurales en México. Y más tarde, ese mismo año autorizó al Patriarca Alexander F. MacDonald a realizar nuevos matrimonios plurales para cualquier residente en México que lo solicitase… George Q. Cannon , consejero en la Presidencia e inmediato en la línea para ser Presidente de la Iglesia entre 1899 y 1901, autorizó personalmente nuevos matrimonios plurales a llevarse a cabo en México, Canadá y los Estados Unidos, desde 1892 hasta su muerte en 1901. Esto incluyó matrimonios plurales para 3 de sus hijos y 3 de sus sobrinos”. (D. Michael Quinn, Plural Marriages After The 1890 Manifesto, disertación de Agosto 1991 en Bluffdale, Utah)

Es interesante observar cómo, en la versión oficial de la épica del éxodo, se priorizaron los relatos personales: las muertes y entierros por el camino, los pies congelados, las millas sumándose con carros de mano. Muy poco se menciona sobre la Institución, ya que, salvo algunas apostasías y cismas, no hay demasiado que contar. Fue el traslado de un punto geográfico a otro.

En cambio, en la épica de la poligamia se siguió el camino inverso. Está centrada en lo que podría pasarle a la Iglesia: la pérdida de los edificios, el encarcelamiento de los líderes. Los relatos personales del costo individual que la práctica de los matrimonios múltiples ocasionaba no aparecen. Estaban escondidos en los diarios y relatos familiares a los que no había acceso.

Afortunadamente, eso comenzó a cambiar en lo que va de este siglo. Quienes más ayudaron fueron los historiadores mormones, hasta que la propia Iglesia tomó las riendas del asunto con el proyecto de los Joseph Smith’s Papers y otros similares que le han seguido.

De los Saduceos y el Levirato

Relata Lucas 20: 27-36

“Y acercándose unos de los saduceos, los cuales niegan que haya resurrección, le preguntaron, diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muere teniendo esposa, y muere sin hijos, que su hermano la tome a ella y levante descendencia a su hermano.

Había, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa y murió sin hijos. Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos. Y la tomó el tercero; asimismo también todos los siete. Y murieron sin dejar descendientes. Y finalmente, murió también la mujer.

En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será esposa? Porque los siete la tuvieron por esposa.

Entonces, respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este mundo se casan y se dan en casamiento; pero los que fueren considerados dignos de alcanzar aquel mundo y de la resurrección de entre los muertos, no se casan ni se dan en casamiento. Porque ya no pueden morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios al ser hijos de la resurrección”.

Jesus y los Saduceos

La interpretación tradicional de estos pasajes proveyó dos modelos básicos para el cielo futuro. Uno, denominado teocéntrico, en el cual la posibilidad de una familia futura está excluida y otro, de origen victoriano, llamado a veces “el cielo doméstico”, que considera una vida familiar posterior a la muerte. Algunos protestantes vieron esta última alternativa como una esperanza. Por ejemplo, el predicador metodista James Rogers, en una oración escrita a fines del siglo XVIII:

“¡Oh, permite que todas mis pasiones y afectos ardan por ti con un resplandor inextinguible!… Prepárame para ocupar un trono y llevar una corona de igual magnitud (que la de su segunda esposa fallecida)… tal ha sido tu amor incomparable que me has dado las dos mujeres calculadas para hacerme feliz de todos los modos… ¡Creo que puedo distinguir a mi dulce Martha y a Hester Ann, compitiendo una con otra, para ver quién será la próxima mensajera que me traiga un recado de amor!  Entonces los doce, tres padres y nueve hijos… con éxtasis y sorpresa gritaremos: ¡Qué extraño que finalmente nos encontremos en el cielo!” (Phyllis Mack, Heart Religion in the British Enlightenment: Gender and Emotion in Early Methodism, Cambridge University Press, 2008, pags. 105-108)

Joseph Smith Jr proveyó un enlace entre ambos sistemas. Para aquellos que no alcanzaran la exaltación regirían normas asimilables a la del cielo teocéntrico, es decir, serían ángeles. En cambio, los que lograsen el máximo galardón tendrían una versión del cielo doméstico agigantada a dimensiones galácticas. En el primer caso “no se casarían ni se darían en casamiento” como lo declaraba Lucas. Para el segundo, debían estar casados, y cuantas más veces casados, mejor. Esos matrimonios debían realizarse aquí, en la Tierra.

Pero el pasaje de Lucas también abría interrogantes sobre la práctica del levirato, la costumbre de que los familiares del fallecido podían tomar como esposa a la viuda para levantar descendencia al muerto y, simultáneamente, protegerla.

Algunos investigadores modernos ven a la restauración del levirato dentro del mormonismo como el inicio y la clave para comprender la poligamia. Enfrentar la viudez por enfermedades o problemas en el parto era una situación muy común a lo largo del siglo XIX. La posibilidad de volver a casarse después de enviudar era algo aceptable y comprensible para 1840, mucho más que otra esposa simultánea.

Hyrum Smith, hermano del Profeta y enemigo acérrimo de la poligamia en sus comienzos, cambió su posición cuando debió enfrentar la muerte de su primera esposa, Jerusha Barden, en 1837 y resolvió volver a casarse con Mary Fielding. Según el registro de Franklin D. Richards:

“Hyrum declaró ante el sumo consejo que la ley de que el hombre tomara a la esposa de su hermano para levantarle simiente como existía en Israel, sería nuevamente establecida”. (Franklin D. Richards, Scriptural Items Notebook, LDS CHL, 12 Agosto 1843)

Cuando, a partir de 1840, Joseph introdujo en Nauvoo los ritos del matrimonio por la eternidad, muchos viudos fueron sellados a sus esposas muertas con las nuevas esposas actuando como sus representantes. Tiempo después, al conocerse la doctrina de los sellamientos por adopción, los nuevos hijos eran, en general, sellados a la primera esposa, en vez de a la que estaba con vida.

En otros casos (y finalmente fue la doctrina que prevaleció) los hijos de un matrimonio por levirato eran sellados al primer esposo. Mercy Thompson testificó que su matrimonio con Hyrum había cumplido con el levirato bíblico, pues los hijos que tuviesen pertenecerían a Robert, su esposo fallecido, quien los recibiría al tiempo de la resurrección (“An Important Testimony”, Deseret News, 6 de Febrero 1886.

La pregunta de los saduceos al Salvador muestra claramente que el levirato judío entraba en vigor siempre que el fallecido no hubiese dejado descendencia previa. Este pequeño detalle no siempre fue tenido en cuenta en la versión mormona de la práctica.

Política y Teología

Alguien ha declarado, con bastante acierto, que la Iglesia ha renunciado políticamente a la poligamia, pero jamás lo ha hecho teológicamente. De hecho, la asimetría por la cual los hombres pueden tener múltiples esposas potenciales en la vida post mortal, pero las mujeres no, persiste hasta el día de hoy, con complejas y no siempre bien resueltas soluciones.

Hemos estado tan preocupados por desactivar nuestro pasado poligínico pero al mismo tiempo no negar nuestro futuro con tales características que, en ocasiones, tendemos a ser inconsistentes en ciertas declaraciones. Por ejemplo, en la reacción oficial del 26 de Junio de 2015 a la decisión de la Suprema Corte de EEUU sobre las uniones homosexuales. El vocero de la Iglesia, Michael Otterson, declaró:

“Sin importar la decisión de la corte, la Iglesia se mantiene irrevocablemente comprometida a fortalecer el matrimonio tradicional entre un hombre y una mujer, el que por miles de años ha demostrado ser el mejor ambiente para la crianza de los hijos”

El mismo fraseo aparece en varios documentos oficiales de la Iglesia. Aunque personalmente estoy de acuerdo con esa declaración, no puedo evitar hacerme algunas preguntas. ¿Miles de años? ¿Qué pasó con el siglo en que nuestros matrimonios fueron entre un hombre y más de una mujer? ¿Qué les decimos a los viudos sellados de buena fe a más de una esposa futura cuando aseguramos que sólo apoyamos el matrimonio tradicional entre un hombre y una mujer?

Obviamente, mantenemos un doble patrón de medida, no sólo entre los dos sexos, sino entre pasado y futuro.

Hasta la década de 1930, algunos varones eran sellados a mujeres fallecidas de su conocimiento pero con las que no habían estado casados previamente. En la actualidad, Autoridades como Dallin Oaks, Russel M. Nelson o L. Tom Perry son polígamos celestiales, pues están sellados a más de una esposa por las eternidades. Entiendo que en nuestro particular entorno mormón eso no nos parezca raro. Pero, cuando se nos pregunta si los Santos de los Ultimos Días practican la poligamia ¿podemos dar un no rotundo? ¿O comenzaremos a buscar definiciones alternativas como en 1890?

En alguna Conferencia de Estaca no tan lejana, escuchamos a la Autoridad visitante relatar el caso de una hermana cuyo primer esposo no la llevó al Templo inicialmente y a los pocos años falleció, por lo que ella realizó su sellamiento a él en forma vicaria. Con el paso de los años volvió a casarse, pero su condición de mujer no le permitía estar sellada a más de un hombre, aunque en la época de Brigham Young no hubiese habido problema. Angustiada por esa situación acudieron a las Autoridades, quienes resolvieron que, ya que el primer esposo no había hecho el esfuerzo por llevarla al Templo antes de morir, bien podría anularse el sellamiento vicario. Todos felices y ya no habría que preocuparse por a quien pertenecerían los hijos en el más allá.

Ese tipo de manipulación de los sentimientos y las relaciones personales no me convence. Entiendo que deben darse soluciones para el aquí y el ahora, pero, cuando intentamos proyectarlas hacia el futuro eterno, nuestros márgenes de acierto pueden quedar un poco estrechos.

A partir de 1998 la política de la Iglesia cambió (aunque nunca se reconocerá que el descontento femenino jugó un importante papel) y ahora una mujer puede ser sellada a más de un hombre. Pero no mientras esté viva. Podrá ser sellada a compañeros sucesivos que haya tenido en la tierra una vez muerta. Esto no habilita una poliandria celestial sino que en la eternidad ella deberá escoger a uno de sus esposos, quedando todas las posibilidades abiertas. Sin embargo, algunas Autoridades se han manifestado en contra de que la mujer decidirá, arguyendo que será el Señor quien lo haga (Nuevamente: no demos demasiado poder de elección a las hermanas)

Leamos el siguiente post de Tracy McKay Lamb, que apareció en Religion News Service, bajo el apartado Flunking Sainthood de Jana Riess, el 3 de Agosto de 2016:

Tracy McKay

“Si bien el matrimonio plural ha desaparecido de la Iglesia SUD por más de un siglo, la verdadera y viva realidad para muchas mujeres mormonas modernas es bastante más complicada. Yo soy una de esas mujeres.

Para los mormones, una de las mayores metas en la vida – algo que se enseña a nuestros hijos desde que entran a la Escuela Dominical a los 3 años – es esforzarse  por alcanzar un matrimonio en el templo o sellamiento. En el mormonismo, un sellamiento es mucho más que una ceremonia vistosa en uno de nuestros lindos templos; es un casamiento “por el tiempo y toda la eternidad” y no finaliza con la muerte. Los participantes se consideran casados, o sellados, para siempre.

De modo que ¿qué ocurre cuando alguien se divorcia? ¿O muere? ¿O no desea estar más sellado a alguien?

Se complica. Se complica mucho.

Me uní a la Iglesia SUD como una conversa adulta, ya siendo esposa y madre. Mi primer matrimonio terminó en un triste divorcio varios años más tarde, y me encontré con tres niños pequeños, sola, y cuestionándome sobre mi lugar en nuestra iglesia enfocada en la eternidad. Pregunté a mis líderes locales sobre la posibilidad de que mis hijos fuesen sellados a mi; yo había pasado por el templo, pero con mi anterior esposo jamás nos habíamos sellado y mis hijos no habían nacido en el Convenio.

Mis líderes fueron muy amables y se preocuparon por nosotros, pero me informaron que era imposible que yo, aunque digna, soltera, pudiera lograr que mis hijos se sellasen a mí. En esas dolorosas conversaciones, se me aseguró una y otra vez que un Dios amoroso resolvería estas cosas, y que no debería preocuparme por los detalles. Estar sentada durante los muchos discursos y lecciones sobre la familia eterna en la Iglesia se transformó en una prueba de persistencia y paciencia, condimentada con pena y frustración. Dudo que el miembro promedio tome nota de cuán a menudo nos enfocamos en las familias selladas.

Después de varios años, conocí y me casé con un maravilloso hombre SUD. Con el propósito de incluir a nuestros hijos combinados, optamos por una ceremonia civil que llevó a cabo nuestro obispo en la capilla del barrio, y planeamos ser dignos de un sellamiento después del requisito requerido de un año de espera. Ambos nos sentimos cómodos con esto, nuestro obispo nos apoyó mucho, y seguimos adelante.

Habíamos asumido que mi esposo solicitaría una cancelación del sellamiento a su primera esposa. Leímos que una cancelación no afectaría a los hijos de ese matrimonio, ya que ninguna bendición se les negaría. Como yo nunca había estado sellada, no necesitaba una cancelación.

Entonces vino la sorpresa.

La Iglesia no garantiza de rutina cancelaciones a los hombres. Las mujeres deben obtener una cancelación, pero los hombres mormones vivos pueden – y normalmente ocurre – ser sellados a más de una esposa viva. Hoy. En 2016.

Después de una muerte o divorcio en un matrimonio sellado, el sellamiento permanece intacto. Sin duda es un gran consuelo para alguien que se ve separado de un amado compañero por la muerte. ¿Pero qué ocurre en un divorcio? Después de un divorcio civil, nada cambia en el sellamiento en el templo. Los partícipes están divorciados por las leyes del estado, pero continúan sellados “por tiempo y eternidad” de acuerdo a las leyes de la Iglesia. Los sellamientos permanecen intactos, y ambas personas están unidas por siempre.

Si una mujer mormona divorciada civilmente desea volver a casarse, y si su nuevo esposo es miembro de la Iglesia, ella puede solicitar que su primer matrimonio sea ‘cancelado’ para darle la libertad de sellarse al nuevo esposo. En general, esto está garantizado, y ella podrá sellarse al esposo Nº 2. No puede estar sellada a más de un hombre mientras viva. Si el esposo Nº 2 no es miembro de la Iglesia y por tanto no puede sellarse a ella en un nuevo matrimonio, estará legalmente casada con el esposo Nº 2, pero permanecerá sellada al esposo Nº1.

Y aquí está la sorpresa: Si ella y el esposo Nº 2 tienen hijos, esos hijos nacerán dentro del convenio y serán sellados, por el sólo hecho de nacer, al esposo Nº 1 – aunque no estén para nada relacionados con el esposo Nº 1. Es fácil ver por qué esto puede ser angustiante para mujeres de fe que enfrentan tal posibilidad.

Y se pone peor.

Si un hombre divorciado civilmente pero sellado desea volver a casarse, y su nueva esposa es una miembro de la Iglesia, debe pedir autorización para ser sellado a la nueva esposa, pero su primer sellamiento no se cancela. Es un proceso muy lento, en el cual se requiere la opinión de la primera esposa (aplicando la Ley de Sara). El hombre puede solicitar una cancelación de su primer sellamiento, pero, a menos que la primera esposa se esté volviendo a casar en el templo, tal solicitud es siempre negada.

El hombre vivo, después de obtener autorización, puede ser sellado a una segunda esposa viva en el templo. Estará legalmente casado sólo con una, pero en los registros de la Iglesia estará sellado a dos (o más) mujeres con vida. Todos los hijos de cualquiera de esos sellamientos “nacen dentro del convenio” y están sellados a él.

Descubrimos que, a pesar de los deseos y solicitudes explícitas de mi esposo, él continuará sellado a su primera esposa, que está con vida. Si él desea sellarse a mí, su actual esposa legal, deberé aceptar ser parte de una familia polígama en la eternidad.

¿Qué significa esto para los mormones modernos? Significa que hombres vivos actuales están siendo sellados a múltiples mujeres vivas. Punto.

Lo cual abre la puerta para varias preguntas complicadas.

¿Por qué se les niega a miembros de la Iglesia una cancelación cuando la solicitan? A las mujeres solteras que preguntan sobre el sellamiento se les asegura regularmente que no deben preocuparse por ello, lo que sugiere que un sellamiento no es imperativo. Sin embargo a hombres y mujeres que solicitan cancelaciones se les dice que un sellamiento es tan importante como para que se les niegue su albedrío y ser forzados a permanecer sellados a esposos anteriores que no desean ni aman – y en algunos casos, que ya están casados con otros.

De modo que ¿cuál es? ¿Es la cosa más importante que hacemos? ¿Es tan indispensable que nuestro albedrío – fundamental en la teología mormona – se nos niega? ¿O no es importante y debemos dejar de hacer escándalo y permitir que Dios lo resuelva después que muramos? No puede ser ambas. No puede ser la cosa más importante y, simultáneamente algo que no importa tanto, dependiendo de la audiencia a la que nos dirigimos”.

 

Es mi humilde opinión que el tema no está resuelto. Si realmente deseamos poder decir que no practicamos la poligamia en la actualidad, hombres y mujeres deberían tener iguales oportunidades en sus matrimonios sucesivos y sus respectivos sellamientos, reconociendo que está en manos de Dios la solución definitiva, y no entorpecer la vida de los individuos con requerimientos y trabas que, en ocasiones, apuntan sólo a un resultado estadístico.

Hablando sobre estos temas, el líder Presbiteriano John G. Turner, en el Simposio de Sunstone del 2016 declaró (y hago mías sus palabras)

“Los líderes jamás conducirán a la iglesia al error. Los líderes cometen serios errores que contribuyen al sufrimiento humano. Los seres humanos son creados a imagen de Dios, pero muestran obvias debilidades. Los matrimonios unen pero también destruyen. Ya sea que seamos Mormones o Presbiterianos o nada en absoluto, vivimos con esas paradojas. Y si pertenecemos a algún tipo de iglesia Cristiana, tales paradojas nos recuerdan que debemos poner nuestra fe en Dios y en Jesucristo más que en instituciones e individuos. Debemos buscar a Dios y a nuestro Salvador por misericordia, y a su vez, extender tanta de esa misericordia como podamos a los individuos e instituciones que encontramos”. (John G. Turner, Jesus Christ, Marriage, and Mormon Christianities: 2016 Smith-Pettit Lecture, Sunstone Symposium)

John G. Turner


 

 

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Polémica y Perdurable Poliginia – Parte VI


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Polémica y Perdurable Poliginia

Parte VI

“Sería casi imposible, si deseamos mantener un tono apropiado, relatar los resultados horribles de este desgraciado sistema… Se han efectuado matrimonios entre parientes muy cercanos; y hombres ancianos, al borde de entrar en la tumba, han sido unidos a jovencitas apenas adolescentes; y alianzas antinaturales de todo tipo, las que en otra comunidad serían vistas con disgusto y aborrecimiento, aquí son efectuadas en el nombre de Dios… Es muy común en Utah que un hombre se case con dos o tres hermanas… Conozco también a un hombre que desposó a una viuda con varios hijos; y, cuando una de las niñas llegó a su adolescencia, insistió en casarse también con ella, habiendo primeramente ganado de algún modo su afecto. La madre, sin embargo, se opuso firmemente a tal casamiento, pero finalmente entregó su esposo a la hija, y hasta este día la joven da a luz hijos de su padrastro, viviendo como esposa en la misma casa que su madre…” (Fanny Stenhouse, “Tell it All: The Story of a Life’s Experience in Mormonism: An Autobiography”, 1874, pags. 468-469)

Fanny Stenhouse

Por Mario R. Montani

Sobre los confusos sellamientos

Para tratar de comprender los hechos, deberemos recordar que la doctrina de los sellamientos, practicada en la Iglesia  durante los primeros 60 años era confusa, permanentemente modificada y ampliada, pero tenía muy poco que ver con lo que hoy entendemos por ser sellados eternamente. La teología desarrollada por entonces afirmaba que un sacerdote, para lograr su exaltación, debía tener la mayor cantidad posible de personas selladas a él (esposas, hijos, amigos, conocidos).

Eso producía consecuencias como las siguientes:

“Jueves 5 de Abril de 1894… me reuní con el Quorum y la Presidencia en el templo… El Presidente Woodruff dijo… ‘Investigando en mi genealogía hallé alrededor de cuatrocientas parientas que jamás se habían casado. Le pregunté al Presidente Young qué debería hacer con ellas. Me dijo que debería sellarlas a mí, salvo que hubiese más de 999 de ellas. La doctrina me sorprendió, pero así lo hice’”.  (Diario de Abraham H. Cannon (Apóstol), 5 de Abril 1894, Vol. 18, pags. 66-67)

¿Parientas? ¿Sólo 999 para no llegar a las 1000 que cuenta la tradición que tenía Salomón? ¿? ¿?

“Me contó que su hermano John, el ya fallecido Presidente John Taylor, le había dicho 30 años atrás que si ella no podía resignarse a continuar con alguno de sus esposos, podría ser sellada a él. Este es un muy curioso procedimiento que no alcanzo a comprender…” (Diario de L. John Nuttall, Vol. 2, pags. 362-363)

Yo tampoco lo alcanzo a comprender…

“La segunda vía por la que una esposa puede separarse de su esposo, mientras él continúa siendo fiel a su Dios y su sacerdocio, no la he revelado, salvo a algunas pocas personas en esta Iglesia; y algunos la han recibido de Joseph, el profeta, así como de mí mismo. Si una mujer puede hallar a un hombre que posee las llaves del sacerdocio con mayor poder y autoridad que su esposo, y él está dispuesto a tomarla, puede hacerlo, de otro modo, ella tendrá que permanecer donde está… no hay necesidad de una carta de divorcio…Para recapitular. Primero, si un hombre abandona sus convenios con una esposa, o esposas, siendo infiel a su Dios y su sacerdocio, esa esposa o esposas quedan liberadas sin una carta de divorcio. Segundo: si una mujer pide protección de manos de un hombre que posee mayor poder en el sacerdocio y llaves más elevadas, si él está dispuesto a rescatarla y ha obtenido el consentimiento del esposo para convertirla en su esposa, entonces puede hacerlo sin una carta de divorcio” (Brigham Young, A Few Words on Doctrine, discurso dado en el tabernáculo, 8 de Octubre 1861)

Tres de las esposas de Brigham Young: Zina D. Huntington Young, Emily Partridge Young y Eliza R. Snow Young.

Hoy, el consejo que la Iglesia da a una hermana cuyo esposo se ha inactivado es que permanezca a su lado y lo ayude amorosamente, no que lo abandone para casarse con su Obispo o Presidente de Estaca.

Durante la travesía hacia el Oeste, en Mount Pisgah, Iowa, Brigham Young le declaró a Henry Jacobs, esposo de Zina Huntington:

“La mujer que reclamas como esposa no te pertenece. Es esposa espiritual de Joseph, sellada a él. Yo soy su representante, y en esa calidad, ella con sus hijos son mi propiedad. Tu puedes ir donde te plazca y conseguir otra, pero asegúrate de que sea un espíritu afín a ti”. (Van Wagoner, Mormon Polygamy: A History, 2da. Edición, pag. 44)

Jacobs partió hacia una misión en Inglaterra, aunque continuó enamorado de su esposa, Zina, y escribiéndole cartas, pero, en la práctica, ella pasó a ser esposa polígama de Brigham.

El Presidente Young también aprobó la solicitud de Uriah Butt para casarse poligínicamente con una jovencita de 13 años pero con la instrucción de “preservarla intacta hasta que se desarrolle plenamente como mujer” (Carta de B.Young a U. Butt, 17 de Febrero 1857, Copybook 3, pag. 408)

“Creo que las hermanas pueden casarse con sus hermanos, y los hermanos tener a sus hermanas por esposas… Eso es algo que pertenece a nuestra forma de relación matrimonial. Todo el mundo pensará que esto es una cosa terrible.  Qué terrible que los mormones digan que creen en casarse entre hermanos y hermanas…”  (Brigham Young, discurso del 8 de Octubre 1854, The Teachings of President Brigham Young, Vol. 3, pags. 362, 368)

“El Hermano Snow me dijo que yo viviría para ver la época en que hermanos y hermanas se casarían entre sí, en esta iglesia. Que nuestro horror ante tales uniones se debía totalmente a nuestros prejuicios, y que los hijos de tales uniones serían  tan saludables y puros como cualquier otro. Esos eran los puntos de vista del Presidente Young cuando vivía, pues el Hermano Snow habló con él libremente sobre el asunto”. (Apóstol Abraham H. Cannon, citado en Journal of Mormon History, 1992, pag. 106)

¿Se imaginan a alguna autoridad actual extendiendo una recomendación para el Templo a una pareja de hermanos?

Obediencia a la ley civil y/o a las Escrituras

En 1842 Joseph Smith escribió los que se conocerían como los Artículos de Fe. En 1880 serían incorporados a la Perla de Gran Precio, uno de nuestros libros canónicos. El Artículo Nº 12 reza:

“Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley”

Hoy, nadie en la Iglesia nos propondría desobedecer la ley civil. A lo sumo que, si consideramos injusta alguna ley, deberemos utilizar todos los medios civiles y legales para ayudar a modificarla, pero, mientras tanto, respetarla.

Los Santos de los Ultimos Días vivieron en el territorio de los Estados Unidos, durante su etapa inicial. Intentaron escapar hacia México, pero la guerra volvió a incorporarlos bajo la bandera norteamericana, primeramente como un Territorio controlado por el Congreso y finalmente como Estado, dependiendo del Ejecutivo. En todo momento hubo leyes en contra de la poligamia. No fueron obedecidas.

Nuevamente las actas de los interrogatorios en el caso de Reed Smoot son muy ilustrativas:

Sr. Tayler: ¿Dice usted que existe una ley del estado prohibiendo la cohabitación ilegal?

Sr. Smith (Joseph F.): Eso es lo que entiendo.

Sr. Tayler: ¿Y desde que esa ley se aprobó usted la ha estado violando?

Sr. Smith: Pienso más bien que he continuado practicando lo mismo que antes de que la ley se aprobara.

(Reed Smoot Case, Vol. 1 pag. 130)

Presidente del Comité: ¿está usted violando la ley?

Sr. Smith: ¿la ley del Estado?

Presidente: Sí

Sr. Smith: Sí, señor.

Senador Overman: ¿No hay una revelación publicada en el Libro de los Convenios, que aquí tengo, de que deberán regirse por la ley del estado?

Sr. Smith: Sí, señor

Senador Overman: Si esa es una revelación ¿no está usted violando las leyes de Dios?

Sr. Smith: He admitido eso, Sr. Senador, muchas veces aquí”

(Reed Smoot Case, Vol. 1, pags. 334-335)

Joseph F. Smith y su familia, incluyendo a sus 5 esposas (una sexta había fallecido al momento de tomarse la fotografía)

Senador Hoar: ¿Ha dicho usted en más de una ocasión que al vivir en relación polígama con sus esposas, lo cual hace e intenta continuar haciendo, usted sabía que estaba desobedeciendo esta revelación?

Sr. Lyman (Francis M.): Sí, señor.

Senador Hoar: ¿Y que al desobedecer esta revelación estaba desobedeciendo la ley de Dios?

Sr. Lyman: Sí, señor

Senador Hoar: … Muy bien. De modo que ¿nos está diciendo que usted, un apóstol de su religión, esperando acceder, si sobrevive al Sr. Smith, al oficio en el que sería la persona intermediaria de las revelaciones divinas, está viviendo y su pueblo sabe que vive en desobediencia a la ley del país y a la ley de Dios?

Sr Lyman: Sí, señor

(Reed Smoot Case, Vol. 1, pag. 430)

Francis M. Lyman

Esas audiencias fueron realmente muy embarazosas… pues dejaron en claro que a la inversa de lo propuesto por Cristo de “dar al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”, los líderes enseñaban que César era Satanás y, por tanto, no había que darle nada…

Sin embargo, la sección 134 de Doctrina y Convenios nos dice:

Creemos que Dios instituyó los gobiernos para el beneficio del hombre, y que él hace a los hombres responsables de sus hechos con relación a dichos gobiernos… (vers.1). Creemos que todos los hombres están obligados a sostener y apoyar a los gobiernos respectivos de los países donde residan(vers.5)”.

Los miembros también aceptamos que lo que hoy llamamos Declaración Oficial 1, históricamente conocida como el Manifiesto de 1890, representa la voluntad de Dios. A pesar de eso:

“El Presidente Joseph F. Smith admitió que había tenido once hijos nacidos de sus cinco esposas, después de prometer obediencia al manifiesto ‘revelado’ de 1890… El apóstol Francis Marian Lyman realizó una admisión similar de culpa, aunque en menor grado. También lo hicieron John Henry Smith y Charles W. Penrose, apóstoles… Así lo hizo otro montón de personas… Y confesaron que estaban viviendo en violación de sus promesas a la nación y a los términos de la amnistía, en contra de las leyes y constitución del estado, y en contra de la ‘revelación de Dios’ por la que la doctrina y práctica de la poligamia había sido abandonada por la Iglesia… El Obispo C. E. Merrill, hijo de un apóstol, testificó que su padre lo había casado con una esposa plural en 1891… La señora Clara Kennedy testificó que se había casado con un polígamo en 1896, en Juarez, México. El Apóstol John W. Taylor había tomado dos esposas dentro de los cuatro años siguientes, y el Apóstol M. F. Cowley había tomado una, y ambos huyeron del país para escapar a la citación de presentarse ante el comité del senado”.  (Frank J. Cannon, Under the Prophet in Utah, pags. 268-270)

“Durante 1897, el primer año completo después de que Utah obtuvo calidad de estado, el número de matrimonios plurales casi se quintuplicó. Las presiones políticas creadas previamente a ese logro disminuyeron una vez que Utah pasó a ser un estado, y los líderes de la Iglesia se dieron cuenta de que podían autorizar más matrimonios polígamos que antes pues la interferencia federal se reduciría… No parece haber habido mucha crítica de tales matrimonios entre los Santos de los Ultimos Días que sabían sobre ellos” (Kenneth L. Cannon II, After the Manifesto: Mormon Polygamy 1890-1906, The New Mormon History, 1992, pags. 203-204)

Revisando el “Manifiesto”

“El Presidente John Taylor acudió al Señor en el Verdadero Orden de la Oración y preguntó al Señor concerniente a Su pensamiento y Su voluntad en cuanto a continuar la práctica del matrimonio plural en la Iglesia de los SUD. La voz del Señor vino al Presidente Taylor diciendo: “Mi hijo John: me has preguntado concerniente al Nuevo y Sempiterno Convenio y hasta qué punto es vinculante para mi pueblo. Así dice el Señor: Todos los mandamientos que doy deben ser obedecidos por aquellos que llevan mi nombre a menos que sean revocados por mí o mi autoridad, pero ¿cómo puedo revocar un convenio sempiterno? Pues yo, el Señor, soy sempiterno y mis convenios sempiternos no pueden abrogarse ni abandonarse; permanecen para siempre. ¿No he dado mi palabra con gran claridad sobre el asunto? Sin embargo ¿no ha sido negligente un gran número de mi gente en la observancia de mi ley y el guardar mis mandamientos, y a pesar de ello no los he soportado todos estos años, a causa de su debilidad por las épocas peligrosas? Más aún, me complacería que los hombres usen su albedrío en cuanto a estos asuntos. Sin embargo Yo, el Señor, no cambio, y mi palabra, mi convenio y mi ley, tampoco. Y como he dicho anteriormente a mi siervo Joseph, todos aquellos que deseen entrar en mi gloria deben obedecer mi ley. ¿Y no he mandado a los hombres que si eran de la simiente de Abraham y desean entrar en mi gloria deben efectuar las obras de Abraham? No he revocado esta ley ni lo haré, pues es sempiterna, y aquellos que deseen entrar en mi gloria, deberán obedecer las condiciones establecidas. Así sea. Amén”

(Revelación a John Taylor, Question and Answers Concerning Celestial Marriage, 25-26 de Junio 1882, Salt Lake City, John Taylor Papers, Oficina del Historiador de la Iglesia)

La anterior revelación (de comprobada autenticidad caligráfica) nunca fue puesta a consideración de los miembros ni incorporada a nuestras Escrituras (tampoco varios otros textos con características de revelación), aunque sí es aceptada por grupos fundamentalistas.

Igualmente tenemos poca noticia de esta otra:

“Durante nuestra reunión se leyó una revelación que el Presidente Woodruff recibió el domingo 24 de Noviembre de 1889 por la tarde. Se habían hecho propuestas para que la Iglesia hiciera algunas concesiones a las cortes con respecto a sus principios. Ambos Consejeros del Presidente Woodruff se habían rehusado a recomendarle el curso que se debería seguir, y, por tanto, presentó el tema al Señor. La respuesta se produjo rápida y con claridad. La Palabra del Señor fue que no cediésemos ni en una partícula de aquello que había revelado y establecido. El continuaría cuidando Su obra, como lo había hecho, y a aquellos Santos que eran fieles, y que no debíamos temer a nuestros enemigos mientras cumplíamos nuestro deber” (Diario Personal de Abraham H. Cannon, Apóstol, 19 de Diciembre de 1889)

Nótese que la revelación mencionada tiene lugar pocos meses antes de la redacción del Manifiesto y menos de un año antes de que éste fuese aprobado en la Conferencia General de Octubre de 1890.

Independientemente de lo que éstas y otras declaraciones expresasen al respecto, era el consenso entre los Santos que la práctica no debería abandonarse:

“El abandono de la poligamia, que para algunos es considerado como de fácil logro, es aún más insostenible que pelear. Sin importar cuánto las personas deseen hacerlo, no podrán hacerlo sin ceder todos los demás principios, pues es la verdadera piedra angular de nuestra fe, y está tan finamente entretejida con todo lo que pertenece a nuestra religión que hacerla pedazos y desecharla afectaría a toda la estructura” (Deseret News, 14 de Abril 1885)

“En el Millennial Star de los Santos de los Ultimos Días se imprimió lo siguiente: Poco antes de que la revelación conocida como el manifiesto (que puso un alto a la práctica de la poligamia) fuese dada, Lorenzo Snow, quien luego llegaría a ser Presidente de la Iglesia Mormona, declaraba que tal revelación jamás llegaría. Cuando Lorenzo Snow se encontraba en la corte por practicar la poligamia, el Sr. Bierbower (el fiscal) predijo que, si se lo encontraba culpable ‘una nueva revelación aparecería pronto, cambiando la ley divina del matrimonio celestial’. A esto el Sr. Snow replicó ‘Por más fama que el Sr. Bierbower pueda haber logrado como abogado, ciertamente fallará como profeta. Aún las más severas persecuciones jamás fueron seguidas de revelaciones que cambiaran la ley divina, aún si la obediencia provocase prisión o martirio. Aunque yo vaya a prisión, Dios no cambiará su ley de matrimonio celestial. Más bien, el hombre, pueblo, y nación, que se opongan y luchen contra esta doctrina y la Iglesia de Dios, serán vencidos” (Historical Record, pag. 144)

El Manifiesto no fue considerado una revelación por sus autores, por sus allegados, o por una mayoría de los miembros.

“El Manifiesto fue un procedimiento cobarde. Cuánto más pienso sobre él, menos me gusta” (B.H. Roberts, Setenta e historiador SUD, citado en B.H. Roberts and the Woodruff Manifesto, pags. 363-366)

“El Manifiesto no fue de producción divina sino algo manufacturado para burlar a los enemigos de la iglesia” (Apóstol Charles W. Penrose, Solemn Covenant, Carmon Hardy,1992)

El propio Penrose expresó varias veces ser uno de los autores del Manifiesto.

Charles W. Penrose

“Yo, Charles W. Penrose, escribí el Manifiesto con la ayuda de Frank J. Cannon y John White…Wilford Woodruff lo firmó para derrotar al diablo en su propio juego” (Apóstol Charles W. Penrose, D. Michael Quinn, “LDS Church Authority and New Plural Marriages, 1890-1904,” Dialogue: A Journal of Mormon Thought, v. 18, no. 1, pags. 11-12)

“Penrose me contó en la ciudad de México que él había escrito el Manifiesto, que era un fraude y no significaba nada, y que el Presidente Smith había dicho lo mismo. Menciono estas cosas sólo para mostrar las instrucciones que tuve de aquellos que estaban sobre mi” (Testimonio bajo juramento del Apóstol Matthias F. Cowley, 10 de Mayo de 1911, The Trials of Apostle John W. Taylor and Matthias F. Cowley, pag. 28)

Por supuesto, podemos dudar de la veracidad de las palabras del inglés Charles W. Penrose, pero lo cierto es que, además de ser un Apóstol, fue Consejero de tres Presidentes de la Iglesia, por lo que su fidelidad parece estar fuera de toda duda.

Otra gran diferencia con la actualidad es que la mayoría de esos matrimonios post Manifiesto no fueron realizados en Templos.

“En 1882, el Presidente John Taylor emitió una Epístola, “Sobre el Matrimonio”, autorizando matrimonios fuera de la Casa de Investiduras y Templos. Dos años más tarde admitió en la corte que había autorizado a cientos de hombres a efectuar matrimonios secretos en cualquier lugar que resultase conveniente” (Samuel W. Taylor, Rocky Mountain Empire, pags. 20-21, nota al pie Nº 15)

Históricamente, los miembros aprobaron una versión de Doctrina y Convenios que contenía las Lecturas sobre la Fe que luego fueron quitadas (1921). También aprobaron de buena fe la Declaración Sobre el Matrimonio (1835) aunque en la práctica no se cumplía, y posteriormente fue también quitada (1876).

En 1852 recién se leyó a la congregación la que sería conocida como Sección 132 y se la incluyó en la Doctrina y Convenios sólo a partir de 1876.

En 1930, con el Apóstol James E. Talmage como editor, se publicó un libro más pequeño denominado Latter-day Revelations (Revelaciones de los Ultimos Días) (conocí una versión en español, en poder de mi abuelo) que suprimía la Sección 132 y algunas otras revelaciones para “hacer más accesible la parte estrictamente doctrinal… e incluir las secciones que tienen valor general y duradero”. La nueva versión produjo el enojo de los grupos fundamentalistas que acusaron a la Iglesia de estar modificando las Escrituras, por lo que el Presidente Heber J. Grant discontinuó su publicación para evitar mayores conflictos con esas agrupaciones.

Con todos esos antecedentes ¿No sería posible considerar la eliminación de algunos versículos de la Sección 132 que no tienen aplicación en la actualidad y, consecuentemente, de la Declaración Oficial 1, con las dudas que hay sobre sus orígenes?

Es algo sobre lo que deberíamos meditar…

Polémica y Perdurable Poliginia – Parte V

Doctrina

            Poligamia

Polémica y Perdurable Poliginia

Parte V

“La poligamia está muy bien cuando se la lleva apropiadamente – en una pala…” (Una de las hijas de Jedediah M. Grant, Apostol y Consejero de B. Young, en Van Wagoner, Mormon Polygamy, pag. 94)

Por Mario R. Montani

Revisando el descontento femenino

“Dios sería muy cruel si no nos diese a nosotras, las pobres mujeres, una adecuada compensación por las pruebas que debimos soportar en la poligamia” (Mary Ann Angell Young, esposa de Brigham Young, en Richard S. Van Wagoner, Mormon Polygamy: A History, Salt Lake City: Signature Books, 1989, pag. 100)

Mary Ann Angell Young

Leonard J. Arrington, Historiador de la Iglesia:

“La respuesta de los hombres que fueron introducidos en la poligamia entre 1841 y 1846 era muy poco entusiasta. Lo mismo ocurría con las mujeres a las que se les ofrecía la oportunidad de ser esposas plurales. Además del hecho de que el nuevo sistema colisionaba con los presupuestos morales con los que se habían criado, existían dificultades prácticas que convertían a la poligamia en algo poco atractivo. Para los hombres, sostener esposas adicionales no era fácil. Y para las mujeres estar unidas con esas pautas, sin ser reconocidas legalmente como esposas, era muy poco tranquilizador. No era el tipo de esquema que hacía surgir ovaciones y aplausos” (Leonard J. Arrington y Davis Bitton, Mormon Experience, pag. 197)

Existía otra problemática más sutil, que Arrington, después de analizar infinidad de registros personales, anotó en su diario como una conclusión general:

“Prácticamente todo mormón importante entró en el sistema de matrimonios plurales, pero casi en cada instancia, la primera esposa, aunque inicialmente daba su aprobación para el segundo matrimonio, privadamente se oponía y estaba celosa de la segunda esposa. Aunque intentaba sublimar sus sentimientos, éstos eran reconocidos por sus hijos y magnificados, de modo que les resultaba imposible ver a la segunda esposa y a su familia de modo objetivo, como los hijos de un hermano o hermana podrían ver a sus tíos y primos. Se desarrollaban sentimientos contradictorios entre la primera familia y la segunda y otras subsecuentes. En privado, no públicamente, se hacían comentarios sarcásticos sobre las ‘tias’. Las esposas arrancaban páginas de los diarios de sus esposos en las que aparecían referencias a las otras familias. Destruían cartas que iban o venían de otras esposas y familias. Tenían lugar amargas quejas que se trasladaron a los hijos, nietos y bisnietos” (Leonard Arrington, Diary, 29 de Junio 1975)

La situación, aunque suavizada, aparece en los discursos oficiales:

“Existen muchas disputas en los hogares, y contención por poder y autoridad; en muchas ocasiones la segunda esposa en contra de la primera…” (Heber C. Kimball, Journal of Discourses Vol. 4, pag. 178)

Los relatos familiares son bastante más explícitos:

“Cuando James Hunter tomó su segunda esposa, la primera, que los había acompañado hasta la Casa de Investiduras para la ceremonia, no pudo dormir y caminó por el cuarto toda la noche pensando en su esposo yaciendo en los brazos de su nueva novia… Una persona que creció en un hogar polígamo mencionó la siguiente historia: ‘Hay al menos una tragedia en la poligamia que puedo recordar. Un hombre llegó a casa con su segunda esposa. Era pleno invierno y la primera esposa estaba muy enfadada. Esa noche se subió al techo y se dejó congelar hasta morir…” (Kimball Young,  Isn’t One Wife Enough?, pags. 147-148)

De los Temores

El miedo pasó a formar parte integral de la cohesión necesaria para que el sistema continuase funcionando. Tenía dos vertientes principales: la preocupación por las consecuencias teológicas y eternas de la desobediencia y el temor a los efectos temporales inmediatos.

Citemos un ejemplo del primer tipo:

“Dios nos ha dicho que los Santos de los Últimos Días podremos ser condenados si no entramos en ese principio; y sin embargo he oído de vez en cuando… a un hermano o hermana decir, “yo soy miembro de la Iglesia, pero no creo en la poligamia”. ¡Oh, que expresión tan absurda! ¡Qué idea más absurda! Una persona podría decir así: “Soy un seguidor del Señor Jesucristo, pero yo no creo en él”. Uno de ellos es tan inconsistente como el otro… Si la doctrina de la poligamia, según lo revelado a los Santos de los Últimos Días, no es verdad, no me importan un higo todas las otras revelaciones que se recibieron por medio de José Smith el Profeta; Yo renuncio a la totalidad de ellas, porque es absolutamente imposible, creer… una parte de ellas como divinas – de Dios – y una parte de ellas del diablo; … El Señor ha dicho que los que rechazan este principio rechazan su salvación, y serán condenados, dice el Señor; …

Ahora quiero profetizar un poco… Quiero profetizar que todos los hombres que se opongan a la revelación que Dios ha dado en relación con la poligamia se encontrarán en la oscuridad; el Espíritu de Dios se retirará de ellos en el mismo momento en que se opongan a ese principio, hasta que finalmente vayan al infierno y sean condenados, si no se arrepienten... si no se convierten de lo más oscuro de la medianoche no hay verdad en el mormonismo”. (Orson Pratt, Journal of Discourses Vol 17, pags. 224-225)

No es de extrañar que los varones fieles (quienes no tenían dudas de que la voz de sus líderes los conduciría siempre para bien) que habían sido reticentes reconsideraran su situación y que sus esposas, pensando que la propia salvación y la de su familia estaba en juego, les ayudaran a encontrar nuevas compañeras.

Phebe Woodruff

Para la otra variante, citaremos a comparecer a Phebe Woodruff, la primera de las siete esposas de Wilford Woodruff, cuarto Presidente de la Iglesia. En 1882 durante la campaña del gobierno central de los EEUU por eliminar esa “reliquia del pasado”, como denominaban a la poligamia, las mujeres mormonas se organizaron oficialmente para defender el principio. En una masiva reunión de esas mujeres, Phebe declaró:

“Si hay algo de lo que estoy orgullosa en este mundo es de haber aceptado el principio del matrimonio plural, y de haber permanecido entre este pueblo llamado mormón, y ser contada hoy entre ellos”.

Algunos días más tarde, una íntima amiga, que conocía los verdaderos sentimientos de Phebe, la confrontó:

“¿Cómo es, hermana Woodruff, que ha cambiado tan rápidamente su visión sobre la poligamia? Pensé que odiaba y aborrecía tal institución”

La respuesta:

“No he cambiado. Aborrezco esa suciedad con todas las fuerzas de mi naturaleza, pero hermana, he sufrido todo lo que una mujer puede soportar. Me siento vieja y desvalida, y prefiero ponerme de pie y decir cualquier cosa que se me mande antes que ser echada de mi hogar en la ancianidad, lo cual seguramente ocurriría si me rehusara a obedecer el consejo dado”  (Van Wagoner, Mormon Polygamy, pag. 101)

De los Consentimientos

Entre las muchas cosas que escuchamos decir sobre la poligamia es que la primera esposa, la que era legal, debía dar su consentimiento para las otras uniones. Un análisis detallado de Doctrina y Convenios 132 muestra que no era tan así:

“Y le mando a mi sierva Emma Smith que permanezca y se una a mi siervo José, y a nadie más. Pero si no quiere someterse a este mandamiento será destruida, dice el Señor; porque yo soy el Señor tu Dios, y la destruiré si no permanece en mi ley. Pero si ella se niega a obedecer este mandamiento, entonces mi siervo José hará todas las cosas por ella, así como él ha dicho; y a él lo bendeciré y lo multiplicaré y le daré cien veces más en este mundo, de padres y madres, hermanos y hermanas, casas y terrenos, esposas e hijos, y coronas de vidas eternas en los mundos eterno”. (DyC 132:54-55)

Los versículos finales de la Sección son bastante más explícitos:

Y además, de cierto, de cierto te digo, si un hombre que tiene las llaves de este poder tiene una esposa, y le enseña la ley de mi sacerdocio en cuanto a estas cosas, entonces ella ha de creer y ministrarle, o será destruida, dice el Señor tu Dios; pues la destruiré; porque magnificaré mi nombre en todos los que reciban y permanezcan en mi ley. Por tanto, me será lícito, si ella no acepta esta ley, que él reciba cuantas cosas yo, el Señor su Dios, le dé, porque ella no creyó ni le ministró conforme a mi palabra; y entonces ella llega a ser la transgresora; y él queda exento de la ley de Sara, la cual ministró a Abraham según la ley, cuando le mandé a él que tomara a Agar por esposa”. (DyC 132:64-65)

¿Cómo se aplicaban prácticamente estas decisiones? El Apóstol Orson Pratt nos lo explica:

“Cuando el hombre que tiene una esposa le enseña la ley de Dios, y ella se rehúsa a dar su consentimiento para que se case con otra de acuerdo a esa ley, entonces, es necesario que ella declare ante el Presidente las razones por las que retiene su consentimiento; si sus motivos son suficientes y justificables y el esposo es hallado en falta, o en transgresión, entonces no se le permitirá a él dar ningún paso para obtener otra. Pero si la esposa no puede mostrar ninguna buena razón por la que se niega a cumplir con la ley dada a Sara en la antigüedad, entonces es legal para el esposo, si se lo permite una revelación del profeta, casarse con otras sin su consentimiento, estando él justificado, mientras que ella será condenada, pues no se las concedió, como Sara dio a Agar a Abraham y Lea dio a Bila y Zilpa a su esposo, Jacob”. (Orson Pratt, The Seer, Vol.1, Nº 3, pag. 41)

Es interesante releer las minutas de las interminables audiencias que llevó a cabo la comisión senatorial que evaluaba la elegibilidad de Reed Smoot para jurar como Senador de los EEUU, entre 1904 y 1908, perteneciendo el propio Smoot, como Apóstol, a una institución que no parecía querer regirse por las leyes de la nación. En esas audiencias, debieron testificar bajo juramento muchas autoridades de la Iglesia, incluyendo al Presidente Joseph F. Smith:

Senador Pettus: ¿Han existido matrimonios plurales en el pasado sin el consentimiento de la primera esposa?

Sr. Smith: No conozco ninguno, salvo que hayan sido los del propio Joseph Smith.

Senador Pettus: ¿El lenguaje que Ud ha leído está construido como para significar que ella está comprometida a dar su consentimiento?

Sr. Smith: La condición es que si ella no consiente el Señor la destruirá, pero desconozco cómo hará El eso.

Senador Bailey: ¿No es cierto que en el versículo que sigue, si ella rehúsa su consentimiento el esposo está exento de la ley que requiere su consentimiento?

Sr. Smith: Sí; él está exento de la ley que requiere su consentimiento.

Senador Bailey: A ella se le manda consentir, pero si no lo hace ¿entonces él está exceptuado de ese requerimiento?

Sr. Smith: Entonces él se halla en libertad de proceder sin su consentimiento, bajo la ley.

Senador Beveridge: En otras palabras, su consentimiento no sirve de nada.

Sr. Smith: No sirve de nada salvo que consienta”.

(Reed Smoot Case, Vol. 1, pag. 201, tomado de “Proceedings before the Committee on Privileges and Elections of the United States Senate in the Matter of the Protests Against the Right of Hon. Reed Smoot, a Senator from the State of Utah, to Hold His Seat,”)

 Lo anterior no es una suposición de cómo funcionaban los consentimientos de las primeras esposas. Es una declaración formal, bajo juramento, del Presidente de la Iglesia de cómo era el sistema y de la absoluta nulidad de la opinión femenina al respecto.

Precariedad Material

Desde el meridiano de los tiempos nos llegan las advertencias de Pablo:

“Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo”. (1 Timoteo 5:8)

Hemos escuchado reiteradamente en la actualidad los modos de proteger a nuestras familias, darles la alimentación y vestimenta necesaria así como las mejores oportunidades de estudio, según el consejo de las Autoridades. Por ejemplo:

“Todos nosotros tenemos la responsabilidad de proveer para nosotros mismos y para nuestra familia tanto en el aspecto temporal como en el espiritual. A fin de proveer de manera providente, debemos poner en práctica los principios de un vivir providente: el vivir alegremente dentro de nuestras posibilidades, estar contentos con lo que tenemos, evitar la deuda excesiva, ahorrar con diligencia y prepararnos para emergencias imprevistas. Si vivimos de manera providente, podemos proveer para nosotros mismos y para nuestra familia, y también seguir el ejemplo del Salvador de servir y bendecir a los demás” (Conferencia General Abril 2009, Robert D. Hales, “Seamos proveedores providentes temporal y espiritualmente”)

Si bien algunos practicantes de la poligamia tenían un buen pasar económico (Brigham Young o Heber C. Kimball, por ejemplo), eso no era lo que ocurría en la mayoría de las situaciones, en las que los recursos debían compartirse entre varios núcleos familiares pero con un único proveedor de ellos. Muchas familias mormonas vivieron en la pobreza y al borde de la hambruna.

Particularmente, las esposas e hijos de Orson Pratt, uno de los mayores defensores de la poligamia. Según su primera esposa, quien se separó de él:

Sarah Pratt

“No deseo acusar equivocadamente a mi esposo, aunque hemos estado definitivamente separados por diez años. Yo creo que, cuando él decidió entrar en la práctica de la poligamia, no lo hizo desde ninguna violenta pasión individual, sino de puro fanatismo. Me dijo que creía su deber tomar otras esposas aparte de mí, y primeramente me aseguró que eso no provocaría diferencia en su afecto hacia mí, el cual continuaría puro y leal como siempre había sido. Pero piensen en el horror de tal anuncio. Tomó esposa tras esposa hasta que llegaron a cinco, y, por mucho tiempo se mantuvieron separadas y yo estuve alejada de cualquier contacto con ellas. Con el paso del tiempo me contó que intentaba poner a esas cinco mujeres en una posición de exacta igualdad conmigo; que él podría pasar una semana con una, otra semana con otra y así sucesivamente, ¡y que yo tendría la sexta semana!

Entonces mi paciencia me abandonó. Le dije directamente que no lo soportaría: “Si vas a tomarte cinco semanas con tus otras mujeres, tómate también la sexta con ellas”. Orson me respondió, ‘Si no escoges vivir conmigo, no creo que tenga obligación alguna de mantenerte. Tienes mi permiso de irte directamente al infierno. Acéptalo o muérete de hambre’” (Sarah Pratt, New York Herald, 18 Mayo 1877)

Si bien Sarah puede lucir como una mujer despechada y vengativa, lo cierto es que diez años antes, Orson (de 57 años) había tomado a su décima esposa, Margaret Graham, de sólo dieciséis y menor que algunas de sus propias hijas.

Es interesante observar que, en 1992, el Comité de las Naciones Unidas por la Eliminación de la Discriminación contra las Mujeres, presentó la siguiente recomendación a las naciones miembros:

“El matrimonio polígamo contraviene el derecho de la mujer a tener igualdad con el hombre, y puede tener tan serias consecuencias emocionales y financieras para ella y quienes dependen de ella que tales matrimonios deben ser desalentados y prohibidos. El Comité observa con preocupación que los partidos de algunos Estados, cuyas constituciones garantizan la igualdad de derechos, permiten los matrimonios polígamos según leyes personales o de costumbre. Esto viola los derechos constitucionales de las mujeres e incumple lo previsto en el artículo 5 (a) de la Convención”

Romanticismo en la pareja

Hemos sido advertidos también en las Conferencias Generales y en nuestras clases dominicales sobre la importancia de nutrir nuestros matrimonios, de dedicar tiempo especial a nuestros esposos y esposas, de mantener vivo el romance, de tener salidas semanales, etc, etc. ¿Cómo funcionaría eso en los matrimonios polígamos?

Zina D. Young

Preguntémosle a Zina Diantha Huntington Jacobs Smith Young, tercera Presidenta de la Sociedad de Socorro, esposa simultánea de Henry Jacobs y Joseph Smith y sucesiva de éste último y Brigham Young:

“Es el deber de la primera esposa no contemplar a su esposo con devoción egoísta… ella debe contemplar a su esposo con indiferencia, y con ningún otro sentimiento que la reverencia, pues al amor lo vemos como un sentimentalismo falso, una emoción que no debería existir en la poligamia … creemos en la antigua y buena costumbre por la cual los matrimonios deberían ser arreglados por los padres de los jóvenes” (Zina Huntington, New York World, 17 de Noviembre 1869, citado en The Lion of the Lord, pag. 229-230)

O a Vilate Kimball, la primera esposa de Heber C. Kimball:

Vilate Kimball

“Ella (la esposa plural) debía alejar todo interés o pensamiento sobre lo que su esposo hacía mientras se encontraba alejado de ella… y estar encantada de verlo cuando llegaba como lo estaría de ver a cualquier amigo” (Vilate Kimball, en “Theatrical and Social Affairs in Utah”, S.A. Cooks, pags. 5-6)

O Emmeline B. Wells, quinta Presidenta de la Sociedad de Socorro y séptima esposa de Daniel H. Wells:

Emmeline B. Wells

“Oh, si mi esposo pudiera aunque sea amarme un poco y no parecer tan absolutamente indiferente a cualquier sensación de ese tipo… Oh, cuándo podrá mi doliente corazón descansar de su peso sólo en el Señor” (Diario Personal, 30 de Septiembre 1874)

Lucy Walker, sellada sólo por “el tiempo” a Heber C. Kimball, luego de la muerte de Joseph Smith:

“No hubo ninguna clase de amor en la unión entre Kimball y yo, y es un asunto privado si hubo algún tipo de cortejo o no… Estábamos tratando de establecer el principio del matrimonio plural, un principio verdadero, grande y glorioso” (Todd M. Compton, In Sacred Loneliness, pags. 108, 466-467)

El amor romántico tampoco era estimulado por los líderes del momento:

“Hermanas, ¿quieren ser felices? Entonces ¿cuál es vuestro deber?  Para ustedes consiste en criar hijos… ¿se atormentan pensando que sus esposos no las aman? No me importaría si aman una partícula de ustedes o no; pero sí gritaría, como en la antigüedad, con gozo en mi corazón, ‘¡Tengo un hombre del Señor! ¡Aleluya! Soy una madre…” (Brigham Young, Journal of Discourses Vol. 9, pag. 37)

Un comentario que algunas hermanas de la actualidad podrían aceptar pero la mayoría leería con el ceño fruncido.

Durante el período de vigencia de la poliginia, los hombres tampoco eran estimulados a centrar sus intereses románticos en personas individuales sino más bien en la idea de grupo y en que, si una se alejaba, siempre habría otra en el stock de reposición…

“Suponiendo que yo tenga una esposa o una docena de ellas… Suponiendo que las pierdo a todas antes de ir al mundo espiritual, pero que he sido un buen hombre y fiel todos los días de mi vida, viviendo mi religión, y teniendo el favor de Dios, y he sido amable con ellas… ¿piensan que allí estaré destituido? No, el Señor dice que hay más mujeres allá de las que hay aquí… En el mundo espiritual hay un incremento de hombres y mujeres, hay millones de ellos, ahora si he sido siempre fiel, y continúo al lado del hermano Brigham, iremos juntos a ver al hermano Joseph y le diremos, ‘Aquí estamos, hermano Joseph’… y él nos dirá ‘¿Dónde están sus esposas?’. ‘Quedaron allá atrás; no quisieron seguirnos’. ‘No importa’, dirá Joseph ‘aquí hay miles, tomen todas las que quieran’. Quizás algunos no crean en eso, pero yo soy lo suficiente simple como para creerlo… Estoy a la espera del día, y está a la mano, cuando tendremos momentos celestiales, y serán románticos, con todo tipo de altas y bajas, que es a lo que yo denomino romántico, pues nos tendrá ocupados todo el tiempo” (Heber C. Kimball, Journal of Discourses Vol. 4, pag. 209)

Esa es una Autoridad General del pasado hablando en una Conferencia. Yo comprendo que está haciendo una especulación y no una declaración formal de la doctrina de la Iglesia. Sin embargo, sirve para vislumbrar cuál era la mentalidad del momento…

Pongamos esas situaciones en diálogo con las políticas actuales de la Iglesia. Tomemos un promedio de 20 esposas polígamas (para no llegar a las 45 o 55 de algunos líderes) ¿Cómo sería tener una salida semanal de esposos con cada una de ellas? ¿Cómo se organizarían 20 Noches de Hogar familiares semanales en las que el poseedor del Sacerdocio estuviese presente? ¿Y las entrevistas personales a 40 o 50 hijos? ¿Cuándo quedaría tiempo para trabajar y proveer para esa multitud? Estoy convencido de que la Iglesia, tal como la entendemos hoy, no podría funcionar en un entorno poligínico.

Despidámonos, por ahora, entonando una estrofa del himno publicado en el Deseret News del 26 de Noviembre de 1856, pag. 6, que me he permitido traducir libremente, aunque agrego debajo el original:

Hermanas, oíd lo que os digo. Este mundo es realmente monstruoso

No se puede evitar ¡Ayudad a encontrar otra mujer a vuestro esposo!

Este consejo libremente os doy, si exaltadas deseáis ser

Recordad que vuestro esposo otras más debe tener.

 

Coro:

Entonces, cantemos todos: ‘Dios bendiga a la esposa serena

Que ayuda a su esposo a obtener quizás una docena’

 

 “Now, sisters, list to what I say; with trials this world is rife.

 You can’t expect to miss them all; help husband get a wife!

Now this advice I freely give, if exalted you will be,

 Remember that your husband must, be blessed with more than thee.

 Chorus:

 Then, oh, let us say, God bless the wife that strives,

 And aids her husband all she can to obtain a dozen wives.”

 

CONTINUARA EN LA PARTE VI///////

Polémica y Perdurable Poliginia – Parte IV

Doctrina

            Poligamia

Polémica y Perdurable Poliginia

Parte IV

Según se cuenta, cuando el Gobernador del Estado de Arizona visitó las poblaciones mormonas de Utah, y pudo constatar lo inhóspito del territorio y las inclemencias del clima que debían soportar, declaró enfáticamente: “ si yo viviese aquí, también necesitaría más de una esposa…”

Por Mario R. Montani

Cuatro años atrás publiqué tres posts sobre la poligamia en este mismo blog (Polémica y Perdurable Poliginia Parte I, Parte II y Parte III). Mi visión y sentimientos sobre el particular no han cambiado mucho; sí, tal vez, mi conocimiento de algunos hechos. Sigo considerando que los practicantes del principio lo estimaban como un aspecto fundamental de su religión y, por lo tanto, intento respetarlos y no juzgar sus motivaciones.

Si me permito algunas reflexiones adicionales es porque, inevitablemente, varias instrumentaciones y consecuencias adicionales de la poligamia parecen estar reñidas severamente con principios que la Iglesia enseña en la actualidad, con otros que ya aparecían en el canon vigente en el siglo XIX y con muchas básicas creencias cristianas.

Necesitamos hablar de la poligamia más abiertamente. Entre 1830 y 1945 la Iglesia estuvo presidida por Profetas polígamos. Joseph Smith tuvo 34 esposas (algunos historiadores consideran 4 ó 5 más), Brigham Young, 55; John Taylor, 7; Wilford Woodruff, 5;  Lorenzo Snow, 11; Joseph F. Smith, 6; Heber J. Grant, 3. ¿1945? En 1945 estaba finalizando la Segunda Guerra Mundial. Históricamente está a la vuelta de la esquina. Yo nací en la generación  de posguerra. Los soldados mormones que pelearon en Europa y en el Pacífico tenían un Presidente polígamo. Los misioneros y los conversos que comenzaban a multiplicarse en todo el mundo, también ¿Por qué no lo sabíamos? ¿Por qué continuamos sin hablar de ello? Que en sus últimos años el Presidente Grant pasara a ser monógamo nuevamente por la muerte de sus otras esposas es sólo un accidente cronológico, no una declaración de creencias. George A. Smith nació en un hogar polígamo. David O. McKay fue la rara excepción, aunque su esposa, Emma Rae Riggs, provenía de una familia que había practicado “el matrimonio espiritual”. Joseph Fielding Smith tenía padres y abuelos cumplidores de “la ley de Abraham”. El Presidente Kimball era nieto de Heber C. Kimball, quien tuvo 43 esposas y 65 hijos. Si rastreamos los antecedentes familiares de la mayor parte de los líderes modernos de fines del siglo XX y comienzos del XXI descubriremos que, por una u otra línea, tienen un pasado poligínico. Sin embargo, seguimos sin hablar de ello.

Por supuesto, hay dos posibles lecturas de estos hechos. Una es que la práctica parece haber producido una gran cantidad de líderes espirituales. Si es así ¿por qué no aparecen las esposas múltiples mencionadas en las cronologías oficiales de la Iglesia sobre los Profetas? ¿No sería una prueba viviente de que estuvo perfectamente bien que se llevaran a cabo esas uniones? Es cierto, habría que reconocer también que, en casi todos esos grupos familiares, hubo ovejas negras que no cumplieron con los preceptos, lucharon contra la Iglesia e incluso organizaron nuevos grupos religiosos.

La otra lectura, un poco más escéptica, es que la poligamia estaba garantizada para los líderes prominentes, sus familiares y allegados. No era una cuestión de dignidad sino de oficio. Aunque en la actualidad nos cuesta separar ambos conceptos, la realidad histórica parece mostrar que los círculos de poder se han prolongado a lo largo del tiempo y que la poligamia fue sólo una de sus manifestaciones.

Podemos optar qué es lo que nosotros creemos a nivel personal, pero, si somos absolutamente sinceros con el material a examinar, no podremos descartar que, a veces, ambas lecturas no se excluyen mutuamente sino que se solapan.

Daré prioridad en estos anexos a la opinión femenina, que se ha dibujado con el paso de los años como de absoluta aceptación y obediencia cuando de los registros no es tan fácil llegar a esa conclusión.

Para un resumen del actual estado de la situación, permítaseme acudir al artículo que Joanna Brooks, profesora mormona de Inglés y Literatura Comparada en la Universidad Estatal de San Diego, publicó en el Washington Post el 5 de Agosto de 2011 bajo el título Five Myths about Mormonism (Cinco Mitos sobre el Mormonismo):

Joanna Brooks

“Los mormones de la corriente principal no practican hoy la poligamia, pero permanece como parte de nuestra historia y teología. Joseph Smith, el fundador de la religión mormona, desposó al menos a 33 mujeres (a menudo sin el consentimiento de su primera esposa, Emma) y predicó que la poligamia estaba sancionada divinamente. En 1890, más de cuatro décadas después de la muerte de Smith, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días – la principal iglesia mormona – cedió a presiones políticas y discontinuó la práctica. Hoy, los miembros que se casan con más de una esposa son excomulgados, pero otros grupos escindidos ultra ortodoxos continúan con la costumbre. La poligamia se mantiene como una fuente de tensión entre los mormones de la corriente principal. Las figuras públicas mormonas habitualmente minimizan nuestra historia polígama, señalando que sólo un pequeño porcentaje de las familias mormonas del siglo XIX fueron polígamas (Los historiadores señalan que entre el 20 y el 30%). Pero la Iglesia SUD, que enseña que los matrimonios – o “sellamientos” – efectuados en sus templos son eternos, jamás ha repudiado elementos de la teología mormona que sugieren que la poligamia será practicada en los cielos. La política de la Iglesia permite que los viudos y algunos hombres divorciados sean sellados por toda la eternidad a más de una esposa, mientras que las mujeres mormonas no pueden ser selladas a más de un esposo. Por lo tanto, algunos miembros de la principal Iglesia SUD anticipan que la poligamia será parte de la eternidad, mientras que otros la rechazan absolutamente”.

De la díada sagrado – secreto

Cuando los santos en las postrimerías del siglo XIX debieron enfrentar multas, condenas y encarcelamientos por su mantenimiento del principio de la poligamia, muchos de ellos pasaron al “underground”, una etapa de evasión de la justicia, ocultamiento y secretismo. (Me he referido con amplitud a ese período en El Mormonismo Underground). De modo que, aunque en la actualidad se nos enseña que la reserva que mantenemos sobre ciertas ordenanzas y principios tienen que ver con su carácter sagrado, no con que sean secretas, por aquel entonces ambas cosas estaban totalmente fusionadas.

Varios investigadores actuales han llegado a la conclusión de que el mormonismo, como grupo social, no ha logrado aún salir del “underground”, aunque la Iglesia lo haya hecho institucionalmente con el Manifiesto y sus posteriores adaptaciones. Ven como indicio de ello la dificultad, vergüenza e incomodidad que un número considerable de miembros siente al acercarse al tema.

Un asunto adicional, pero no menos importante, surge cuando analizamos el grado de veracidad que el mantenimiento de lo secreto permite. ¿Está bien faltar a la verdad por la causa? ¿No se cuenta como un error cuando “mentimos para el Señor”?

El Artículo sobre el Matrimonio formó parte del Libro de los Mandamientos de 1835 como Sección 101, se publicó en el Times and Seasons en Agosto de 1842, y volvió a aparecer en la Doctrina y Convenios de 1844 como Sección 109. Mencionaba:

“Declaramos que creemos que cada hombre debe tener una esposa; y cada mujer, un esposo. No conocemos otra regla o sistema de matrimonio…”

Para 1844 hacía ya 13 años que la poliginia y algunas formas de poliandria se practicaban primeramente en Kirtland y posteriormente, en Nauvoo. ¿Cómo ponemos en contacto ese hecho con el “creemos ser honrados, verídicos…” de nuestros Artículos de Fe?

La dualidad queda también evidente en el Millenial Star, órgano oficial de la Iglesia:

“Los Santos de los Ultimos Días, desde los comienzos de la Iglesia en 1830, hasta el año 1843, no tuvieron autoridad para casarse con más de una esposa. Haber actuado de otro modo habría sido una gran transgresión” (Millenial Star, Vol. 19, pag. 475)

Entre esas fechas, Joseph Smith había desposado ya a 12 mujeres. Otros también lo habían hecho.

No había modo de ocultar y negar sin faltar a la verdad. Pero ciertos mecanismos se crearon para establecer que, si era por el bien de la causa, si era para proteger el Reino de Dios sobre la Tierra, no estaba tan mal, después de todo.

Eso quedó muy claro en un artículo de 1886 del Deseret News donde aparecían las palabras clave y los mecanismos para ser usadas. Si en una corte, alguno de los santos era acusado de practicar “poligamia”  podía negarlo confiadamente pues, en su mente, “poligamia” era una doctrina de los hombres influenciada por Satanás. Lo que ellos practicaban era “matrimonio celestial” o “pluralidad de esposas”, un mandamiento de Dios. Si alguien se acercaba demasiado a esos términos aceptables en las preguntas, podían cambiarlos por otros en su mente, tales como “matrimonio eterno”, “el divino orden del matrimonio”, “el sagrado orden del matrimonio”, “vivir de acuerdo a nuestros privilegios”, “nuevo y sempiterno convenio”, “orden de Abraham”, o “diferente visión de las cosas”. La lista podía hacerse interminable y justificaba la obediencia a una ley superior de la cual no tenían por qué rendir cuentas a un tribunal de gentiles (B. Carmon Hardy, Solemn Covenant: The Mormon Polygamous Passage, University of Illinois Press, 1992, pag. 365).

De este modo, la fidelidad al Profeta aparecía varios peldaños por encima de la honestidad. Por tanto, el falso testimonio, que hoy sería considerado una falta grave para cualquier miembro de la Iglesia, se tornaba aceptable.

El secreto no sólo funcionaba hacia fuera. También reinaba en el interior del grupo. En el período 1831-1847 los miembros en general desconocían lo que ocurría. Aún muchos de los participantes en el nuevo orden ignoraban quiénes eran los otros. Si bien en teoría la primera esposa (la única legal) debía dar su autorización para las otras uniones, en la práctica no era así. El caso de Emma Smith es paradigmático. Eliza Snow, quien era su secretaria en la Sociedad de Socorro, y Sarah Cleveland (casada legalmente con John Cleveland), su Consejera en la misma organización, estaban secretamente unidas a Joseph sin que ella lo supiera.

Como lo expresan Linda King Newell y Valeen Tippetts Avery en Mormon Enigma: Emma Hale Smith, pag. 119:

“Vivir como la esposa secreta del esposo de una amiga requiere de evasión, subterfugio y engaño”

 

La necesidad de secreto y subsiguiente engaño queda patente también en Life of Heber C. Kimball, por Orson F. Whitney, pags. 335-336:

“mi padre fue introducido en la doctrina de las esposas plurales, y por tres veces le dijo Joseph, el Profeta, que fuese y tomase como esposa a cierta mujer; pero no lo hizo hasta que se lo mandó en el nombre del Señor. Al mismo tiempo, Joseph le pidió que no divulgase el secreto, ni siquiera a mi madre, por temor de que ella no lo recibiese… Esta fue una de las mayores pruebas de su fe que tuvo que experimentar. La idea de engañar a la tierna y fiel esposa de su juventud… era más de lo que podía soportar… su pena y miseria se veían aumentadas por la idea de que mi madre se enterase por alguna otra fuente, lo que sin duda produciría su separación, y él se sobrecogía por tal pensamiento, o por darle cualquier forma de infelicidad”.

Además, la actual sección 132 de Doctrina y Convenios, recibida en la década de 1830, registrada en 1843 y dada a conocer públicamente en 1852, establece las condiciones en que se pueden tomar nuevas esposas.

“Y además, tocante a la ley del sacerdocio: Si un hombre se casa con una virgen y desea desposarse con otra, y la primera consiente, y él se casa con la segunda, y son vírgenes, y no han dado su palabra a ningún otro, entonces queda justificado; no puede cometer adulterio, porque le son dadas a él; pues no puede cometer adulterio con lo que le pertenece a él y a nadie más” 

De 1831 a 1852 no siempre se cumplieron con las condiciones establecidas por el Señor en esa revelación. La primera esposa no tuvo la oportunidad de consentir, pues no fue informada, y las segundas esposas no siempre fueron vírgenes pues estaban legalmente casadas a otros esposos y sí habían dado su palabra a otro.

¿Un asunto generacional?

Una comentarista del blog de Joanna Brooks, Ask Mormon Girl, que se identifica como AD, escribió el 22 de Junio de 2012:

“Soy una mormona de toda la vida aunque poco ortodoxa. Me considero bien versada en nuestra doctrina religiosa, y en ciertas clases de BYU escuché que la poligamia sería “la excepción, no la regla” en el Reino Celestial. Simplemente coloqué esa información en el fondo de mi mente pues a) mi estómago no podía soportarlo y b) estaba segurísima de que no se aplicaba a mí. El domingo pasado, la lección de la Sociedad de Socorro era sobre los tres grados de gloria. Por supuesto, enfrentamos el hecho de que si una mujer no se casaba en esta vida, tendría la oportunidad en la próxima. En los últimos cinco minutos la Presidenta de la Sociedad de Socorro levantó su mano para desarrollar el tema de la exaltación y dijo: ‘Bien, aquellas de nosotras que tenemos esposos rectos necesitamos estar preparadas para que en el Reino Celestial él tome otras esposas’. ¿Qué? Tuve un sentimiento de absoluto horror, y un sudor frío recorrió mi cuerpo, seguido de náusea…”

El breve pero contundente relato es sólo uno de muchos similares que se intercambian en las redes mormonas y marca dos actitudes coexistentes entre nuestras hermanas. Una, aparentemente conservadora y de aceptación que avala la posibilidad de la eterna poliginia. Otra, de absoluta incomodidad y molestia, que no quiere escuchar hablar del tema. Mi experiencia de los últimos años parece mostrar que las hermanas de cierta edad adhieren más fácilmente a la primera, mientras que las jóvenes se solidarizan absolutamente con la última posición. No creo que sea una cuestión de mayor o menor obediencia. La doctrina de la Iglesia, hoy, es que “la poligamia no será necesaria para la exaltación”. Considerando lo cercano que están 1945 y la década de los ’50 (cuando aún existían matrimonios polígamos sobrevivientes entre los fieles miembros de la Iglesia y aceptados por ésta) es obvio que los descendientes de esas familias recibieron la influencia de su entorno, especialmente en los EEUU. Las generaciones  jóvenes y los conversos del resto del mundo han estado bastante más libres de esas tendencias.

De la diada persuasión-compulsión

Carol Lynn Pearson

La escritora Carol Lynn Pearson en su muy reciente libro The Ghost of Eternal Polygamy: Haunting the Hearts and Heaven of Mormon Women and Men (Walnut Creek, Calif.: Pivot Point Books, 2016), narra la historia de sus tatarabuelos maternos. Mary Cooper y James Oakey se casaron en Nottingham, Inglaterra, en 1840. Para 1850, ya con varios de los siete hijos que tendrían, los Oakey se convirtieron a la fe mormona.

En 1852, bajo la dirección de Brigham Young, el Apóstol Orson Pratt realizó la primera declaración pública sobre la poligamia. En ella señaló que la pluralidad de esposas era

“parte de nuestra religión y necesaria para nuestra exaltación en la plenitud de la gloria del Señor en el mundo eterno… para levantar seres… que están destinados, en sus propios tiempos, a convertirse no sólo en hijos de Dios, sino en Dioses ellos mismos…

Estimo que solamente una quinta parte de la población del globo cree en el sistema de una sola esposa; los otro cuatro quintos creen en la doctrina de la pluralidad de esposas. Les ha venido transmitido desde tiempos inmemoriales, y sus mentes no son tan estrechas y cerradas como las de las naciones de Europa y América, las que han desechado las promesas y se han privado de las bendiciones de Abraham, Isaac y Jacob.

Los grandes y nobles serán enviados a aquellos que son más rectos que toda otra persona sobre la tierra, para que allí sean entrenados apropiadamente… Esa es la razón por la cual el Señor los está enviando aquí, hermanos y hermanas. El Señor no los ha estado guardando por los últimos cinco o seis mil años, y en espera de sus cuerpos todo ese tiempo para enviarlos a las naciones caídas que moran sobre la faz de la tierra… ellos vendrán a los Santos del Dios viviente… y tendrán el privilegio de nacer de tan nobles padres. Ahora, preguntémonos ¿qué será de aquellos individuos a quienes se ha enseñado esta ley con claridad, si la rechazan? Os lo diré: serán maldecidos, dice el Señor Dios Todopoderoso” (Journal of Discourses 1:58, 29 de Agosto 1852)

Las novedades llegaron a Inglaterra algunos meses más tarde, en la conferencia de Norfolk. Desconocemos los sentimientos de James y Mary al respecto, pero sí hay testimonios de otros asistentes:

“Oh, Hermano, jamás olvidaré mis sentimientos! Tuvo sobre mí un extraordinario efecto, pues aunque por un año había sabido que tal principio existía en la iglesia, cuando escuché su lectura, y algunas cosas en ella que no conocía, te confieso que me torné escéptica y mi corazón se preguntó con lágrimas de agonía, ‘¿Viene esto de Dios?’” (Rebecca Bartholomew, Audacious Women: Early British Mormon Immigrants (Salt Lake City: Signature Books, 1995), pag. 126)

Mary y sus hijos llegaron a Salt Lake City en 1862. James se les unió un año después y todos juntos partieron a colonizar el pequeño poblado de Paris, cerca del plácido Bear Lake, en el sur de Idaho.

Por los 10 próximos años, James recibió varias insinuaciones, invitaciones y presiones para practicar la poligamia, pero siempre se negó. Sabía que su esposa no lo aceptaría…

Hasta que en 1873 James apareció en su hogar con una nueva compañera. Esa misma noche Mary, su esposa por 33 años, y los tres hijos que aún vivían con ellos (Alfred, de 24; Sarah, de 19 y Hyrum, de 14) lo abandonaron y jamás volvieron a vivir con él. Se mudaron a Dingle, pidiendo a James que no los siguiera.

Los descendientes de Mary y James nunca entendieron exactamente cómo esto había ocurrido, o cómo no pudo evitarse, hasta que oyendo un programa radial, Carol Lynn Pearson descubrió que Brigham Young había estado en Paris en 1873 y había dado un discurso allí. Investigando, halló el texto completo en el Journal of Discourses:

“El Evangelio de vida y salvación que hemos abrazado en nuestra fe, y que hemos profesado llevar a cabo en nuestras vidas, incorpora toda verdad… Me encuentro aquí para dar a esta gente, llamados Santos de los Ultimos Días, consejo sobre cómo conducirse por el camino de la vida… y jamás he dado un consejo equivocado… Joseph recibió una revelación sobre el matrimonio celestial… una grandiosa y noble doctrina… Ahora bien, cuando un hombre en esta Iglesia dice ‘No deseo más que una esposa, viviré mi religión sólo con una’, tal vez se salve en el reino celestial; pero cuando llegue allí, descubrirá que no tiene esposa en absoluto.

Tuvo un talento que escondió. Se adelantará y dirá, ‘Aquí está lo que me diste, no lo he gastado, he aquí el talento’, pero no lo disfrutará, sino que le será quitado y dado a aquellos que incrementaron los talentos que recibieron, y se encontrará sin ninguna esposa, permaneciendo soltero por siempre jamás. Y si la mujer está determinada a no ingresar a un matrimonio plural, cuando comparezca tendrá el privilegio de vivir en bendita soledad por todas las eternidades”. (Brigham Young, 31 de Agosto de 1873, Journal of Discourses 16:22)

De modo que James y, (agrego yo) seguramente muchos otros hombres y mujeres, actuaron por temor a perder lo que tenían antes que por convicción frente a esta vuelta de tuerca doctrinal con su originalísima interpretación de la parábola de los talentos por alguien que “jamás se había equivocado en dar consejo”.

Wilford Woodruff citó también a Brigham Young con respecto a tan peculiar principio:

“El hombre que no tenga más que una esposa descubrirá que en la Resurrección esa mujer no será suya, sino que le será quitada y dada a otro” (Wilford Woodruff en Richard Abanes, One Nation Under Gods, pag. 579)

Encuentro cierta dificultad, aunque reconozco que el problema puede ser sólo mío, en establecer un paralelo entre esos hechos y las recomendaciones de Doctrina y Convenios Sección 121:

“pero cuando intentamos… ejercer mando, dominio o compulsión sobre las almas de los hijos de los hombres, en cualquier grado de injusticia, he aquí, los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido, y cuando se aparta, se acabó el sacerdocio o autoridad de tal hombre”. (Vers. 37)

“Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y amor sincero…” (Vers. 41)

O con las más recientes declaraciones de que “El mayor servicio que podremos prestar a la Iglesia será dentro de los muros de nuestro propio hogar”.

El elemento compulsivo aparece muy claro en otras declaraciones registradas en Conferencias Generales:

“Ahora bien, en cuanto a mi propuesta; está dirigida particularmente a mis hermanas, ya que frecuentemente dicen que no son felices. Los hombres declaran, ‘Mi esposa, aunque es una excelente mujer, no ha visto un día de felicidad desde que tomé una segunda esposa. No, ni un solo día feliz desde hace un año’, dice uno; y otro que no ha tenido un día de felicidad por cinco años. Se dice que las mujeres son amarradas y abusadas: que se las utiliza indebidamente y que no tienen la libertad que deberían tener; que muchas de ellas atraviesan una real inundación de lágrimas, por causa de la conducta de algunos hombres, junto a su propia insensatez.

Desearía que mis propias mujeres comprendan que lo que voy a decir se aplica tanto a ellas como a otras; y quiero que las que se hallan presentes lo digan a sus hermanas, sí, a todas las mujeres de esta comunidad, y también lo escriban a los Estados, y hagan como les parezca con ello. Voy a darles desde este momento hasta el próximo 6 de Octubre, para reflexionar, y poder determinar si desean permanecer con su esposo o no, y entonces dejaré a toda mujer en libertad y les diré ‘No, sigue tu camino’, a mis mujeres y al resto, sigan su camino. Y mis esposas tendrán que hacer una de dos cosas, o agachar sus hombros para soportar las aflicciones de este mundo, viviendo su religión, o podrán irse, porque no las querré cerca de mí. Prefiero ir al cielo solo que tener esas peleas y arañazos a mi alrededor. Las dejaré a todas en libertad. ‘¿Qué? ¿A la primera esposa también?’ Sí, las liberaremos a todas…

Deseo que mis mujeres, y las del hermano Kimball y las del hermano Grant se vayan, al igual que toda mujer en este Territorio, a menos que digan en sus corazones que abrazarán el Evangelio – la totalidad de él… Digan a sus esposas, ‘Toma todo lo que tengo y siéntete en libertad; pero si te quedas conmigo deberás cumplir la ley de Dios, y sin murmuraciones ni gimoteos. Deberás obedecer la ley de Dios en todo aspecto e inclinar tus hombros para caminar hasta la meta sin gruñir’. Ahora entiendan que en dos semanas a partir de mañana las dejaré a todas en libertad. La primera esposa dirá ‘Es muy duro, pues he vivido con mi esposo por veinte años, o treinta, y le he dado una familia con hijos, y es una gran prueba para mí que tenga más mujeres’. Entonces, le digo yo, es tiempo de que lo brindes a otras mujeres para que le den hijos. Si me esposa me hubiese dado todos los hijos de que es capaz, la ley celestial me enseñaría que debo tomar mujeres jóvenes que pudiesen tener hijos…

Hermanas, no estoy bromeando, no arrojo mi propuesta para jugar con sus sentimientos, o para ver quienes abandonarán a su esposo, si todas o algunas. Pero sí se con certeza que no acaba el eterno gimoteo de muchas de las mujeres en este Territorio; estoy satisfecho de que así sea. Y si las mujeres se apartan de los mandamientos de Dios y continúan despreciando el orden de los cielos, oraré para que las maldiciones del Todopoderoso se mantengan cerca de sus talones y que las sigan a lo largo del día…

Prepárense para dentro de dos semanas a partir de mañana; y se los digo ya, que si se demoran con sus esposos, después de que las he dejado en libertad, deberán inclinarse y someterse a la ley celestial. Podrán irse a donde quieran, luego de dos semanas a partir de mañana, pero recuerden, no deseo escuchar más este gimoteo”. (Brigham Young, Conferencia General, Salt Lake City, 1856, puede consultarse en Journal of Discourses, Vol. 4, pag. 55-57 o en el Deseret News, vol. 6, pags. 235-236)

El texto es claro. Fue comprendido por las mujeres de entonces y creo que también lo entienden las mujeres hoy. No correré el riesgo de analizar frases, tonos y formas de un discurso pronunciado hace más de 160 años con la sensibilidad actual pues no tendría sentido. Pero, tomándolo en su contexto histórico ¿cuántas mujeres reales podían tener acceso a la opción magnánima dada por Brigham? ¿Cuántas estarían dispuestas a abandonar a sus hijos? ¿Cuántas a llevarlos consigo y hacerse cargo de su mantenimiento y educación sin un esposo acompañándola? ¿Ser tratadas como divorciadas, o peor, como madres solteras, ya que esa era la opción frente al no reconocimiento legal de sus uniones en el resto de los Estados Unidos? ¿Enfrentar solas las inhóspitas regiones y el durísimo clima? ¿Volver con sus familiares gentiles en el Este que les recordarían, ‘Te lo advertimos’? ¿Con las maldiciones divinas proferidas por un Profeta del Dios Altísimo pisándoles los talones?  No, no era nada fácil… Sorprendentemente, muchas lo hicieron en ese momento, y otras en los años subsiguientes…

CONTINUARA EN LA PARTE V ////////////

 

POLEMICA Y PERDURABLE POLIGINIA – Parte III

DOCTRINA

       Poligamia

POLEMICA Y PERDURABLE POLIGINIA

 Parte III

Por Mario R. Montani

Poliginia y Poliandria en Kirtland y Nauvoo

Que los matrimonios plurales fueron practicados desde casi los inicios de la Restauración es un hecho demostrado por historiadores tanto dentro como fuera de la Iglesia. De acuerdo a la Encyclopedia of Mormonism en su Volumen 2 (y éste es uno de los pocos textos reconocidos oficialmente por la Iglesia en cuanto a historia y doctrina):

“… La poligamia fue practicada privadamente con anterioridad al éxodo. Los líderes de la Iglesia dilataron el reconocimiento público de su práctica hasta 1852.”

Cuando en nuestras latitudes alguien nos dice que Joseph Smith, Jr. tuvo 30 ó más esposas, además de Emma, automáticamente levantamos nuestro escudo protector y lo negamos; pensamos que es propaganda anti mormona, que son calumnias, que ya quedó claro que los miembros no practican matrimonios plurales y, por tanto, lo que ocurrió en el pasado no tiene importancia. Pero si queremos “conocer la verdad, y ser libres a través de ella” para poder contestar adecuadamente a estos “ataques”, deberemos investigar aún aquello que no nos gusta oír.

Basaré mi información únicamente en el trabajo de historiadores miembros de la Iglesia y, además, muy prestigiosos y reconocidos en su campo de estudio. John Henry Evans en “Joseph Smith, An American Prophet” (1933) (José Smith, un Profeta Americano) reconoce 28 esposas; Fawn M. Brodie, sobrina de David O. McKay y una de las primeras historiadoras norteamericanas en obtener reconocimiento académico de importancia, en “No Man Knows my History” (1945) (Ningún Hombre conoce mi Historia) habla de 35 esposas; D. Michael Quinn en “A Trajectory of Plurality” (1994)  (Una Trayectoria de la Pluralidad) menciona 33; Todd Compton en “In Sacred Loneliness: The Plural Wives of Joseph Smith” (1997) (En Sagrada Soledad: las esposas plurales de José Smith) vuelve a enumerar 33; George D. Smith en “Nauvoo Polygamy… but we called celestial marriage” (2008) (Poligamia en Nauvoo… pero lo llamábamos matrimonio celestial) contabiliza 38.

No es el propósito de esta reseña identificar a cada una de las esposas plurales de Joseph Smith ni relatar su historia personal. Los historiadores arriba mencionados lo han hecho ya con detalles y abundantes pruebas. Para quien desee profundizar el tema, sugiero el sitio “Remembering the wives of Joseph Smith” (www.wivesofjosephsmith.org) que lo trata con seriedad y suma discreción.

Las evidencias se han obtenido de declaraciones juradas firmadas, actas notariales, autobiografías y diarios personales de los involucrados, así como de testigos presenciales que fueron aportando datos convincentes. Es notable que, en 1869, Joseph F. Smith, respondió a su primo Joseph Smith III, quien aseguraba que su padre nunca había practicado la poligamia, con una completa colección de declaraciones juradas firmadas por todas las esposas plurales del Profeta que aún estaban con vida, en las que confirmaban detalles del cómo y cuándo de dichas uniones plurales.

Si tomamos las 33 esposas promedio que evalúa Todd Compton (la evidencia en los casos que exceden esa cifra comienza a ser más débil), descubriremos que 6 de ellas eran menores de 17 años (recordemos que en el siglo XIX la mujer solía casarse a edades más tempranas), 18 de ellas eran solteras (incluyendo 5 pares de hermanas), 4 viudas y 11 estaban casadas con otros esposos y conviviendo con ellos al desposar a Joseph Smith (poliandria) (In Sacred Loneliness, pag. 15).

Entre ellas podemos mencionar a Louisa Beaman (casada y viviendo con su esposo, sellada a Joseph Smith y más tarde a Brigham Young), Nancy Marinda Hyde (esposa de Orson Hyde, quien se encontraba en una misión en Palestina), Zina Huntington Jacobs (esposa de Henry Jacobs, futura presidenta de la Sociedad de Socorro y también esposa polígama de Brigham Young), Presendia Huntington Buell (ya casada, sellada a Joseph Smith y luego a Heber C. Kimball), Agnes Coolbrith Smith (viuda de Don Carlos Smith, sellada a Joseph Smith y luego a George A. Smith), Silvia Sessions Lyon (previamente casada, sellada a Joseph Smith y madre de Josephine Rosetta Lyon, una posible hija de Joseph, según se lo declarara su propia progenitora al explicarle el origen de su primer nombre), Mary Rollins Lightner (una de las jovencitas que en 1833 ayudó a salvar el manuscrito del Libro de Mandamientos de ser destruido, esposa de Adam Lightner, un no miembro), Eliza Snow (poetisa, escritora, hermana de Lorenzo Snow, sellada al Profeta y luego a Brigham Young).

Para intentar comprender esta confusa serie de sellamientos y matrimonios múltiples y no caer en la sencilla respuesta de la promiscuidad, deberemos recordar que hasta 1894, cuando Wilford Woodruff cambió la política vigente, los miembros no podían ser sellados a no miembros, aunque éstos fuesen sus propios padres y hubiesen fallecido. Sí podían hacerlo con líderes prominentes que les aseguraban una posición destacada en el más allá. De modo que, aunque, en algunos casos, los sellamientos se realizaron sin conocimiento de las parejas, la mayoría de las veces contaban con el apoyo de padres y esposos, que veían estos “emparentamientos” como una forma de asegurar su futuro eterno.

Otra problemática que deberemos entender es la de los eufemismos utilizados en esa primera etapa experimental y secreta. Cuando se mencionaban uniones “por el tiempo” generalmente se hacía referencia a la convivencia como marido y mujer. Las uniones “por la eternidad” abarcaban únicamente ordenanzas de sellamiento sin necesaria relación personal (de hecho, otras 335 mujeres fueron selladas post mortem a Joseph de este modo, independientemente de las aquí consideradas). La evidencia muestra que, al menos en estos 33 casos comprobados, la relación y los sellamientos fueron “por tiempo y eternidad”, con todo lo que esa definición conlleva.

Emma, en particular, no supo de las primeras uniones de Joseph, aunque luego se le permitió participar en las elecciones de nuevas esposas. Lo podemos percibir en el relato de Emily Dow Partridge, una de las hijas de Edward Partridge:

 “… el Profeta Joseph y su esposa Emma nos ofrecieron un hogar con su familia, y nos trataron con inmensa bondad. Habíamos estado allí alrededor de un año cuando el principio del matrimonio plural se nos dio a conocer, y yo contraje matrimonio con Joseph Smith el 4 de marzo de 1843, siendo el Elder Heber C. Kimball quien condujo la ceremonia. Mi hermana Eliza también fue sellada a Joseph Smith después de algunos días. Esto se realizó sin el conocimiento de Emma Smith. Dos meses más tarde ella aceptó dar a su esposo dos nuevas esposas, ya que se le había concedido el privilegio de escogerlas. Por lo tanto nos eligió a mi hermana Eliza y a mí, y, para evitar problemas familiares el hermano Joseph pensó que sería mejor llevar a cabo una nueva ceremonia. De acuerdo con esto, el 11 de Mayo de 1843 fuimos selladas a Joseph Smith por segunda vez, en presencia de Emma… Sin embargo, desde ese momento Emma se transformó en nuestra acérrima enemiga. Permanecimos con la familia por varios meses, pero las cosas fueron de mal en peor hasta que fuimos obligadas a abandonar la casa y encontrar otro hogar” (Historical Record p.240)

A estas alturas, se hacen necesarias algunas reflexiones. Si todas estas buenas mujeres participaron de las relaciones polígamas obedeciendo una elevada ley divina sancionada en la Doctrina y Convenios, ¿por qué las ocultamos? Si han sido heroínas religiosas que se enfrentaron a los prejuicios de su época por fidelidad a Dios ¿por qué no las colocamos sobre el pedestal que merecen como ejemplos a seguir? Además, la relación de un hombre con su esposa insume una importante parte de su tiempo, esfuerzos y recursos. Multipliquémoslo por 30 y descubriremos que una sección muy importante de la vida del Profeta, incluyendo sus sensibilidades, preocupaciones y alegrías, nos ha sido arrebatada de la Historia dela Iglesia y de su incidencia en nuestra doctrina y teología. ¿Por qué en las láminas de nuestras clases sólo vemos a Emma junto a Joseph? ¿Por qué es siempre una Emma silenciosa, cuando la Emma real tenía  mucho para decir (y lo dijo) sobre esas otras relaciones? ¿Cómo ponemos el conocimiento de algunas de las experiencias poliándricas en diálogo con la situación del Rey David, perdiendo su exaltación, en parte, por haber puesto sus ojos en Betsabé, una mujer casada?

La Sección 132 de Doctrina y Convenios

La introducción a esta sección nos dice que “aunque la revelación se anotó en los registros en 1843, es evidente, por los registros históricos, que el Profeta había conocido desde 1831 las doctrinas y los principios comprendidos en esta revelación”. Es decir que transcurrieron 12 años hasta que fue registrada, 21 hasta que se dio a conocer públicamente y 45 hasta que se incorporó formalmente a la Doctrina y Convenios. En general, Joseph recibía revelación como respuesta a problemas sociales o inquietudes intelectuales específicas. Es muy probable que la revisión de la Biblia y otras lecturas hayan llamado su atención sobre el convenio de Abraham y su promesa de descendencia tan abundante como las arenas del mar, ya que en las primeras etapas las referencias son siempre al “convenio abrahamico”. También se recalca la calidad obligatoria del nuevo convenio:

“Porque he aquí, te revelo un nuevo y sempiterno convenio; y si no lo cumples, serás condenado, parque nadie puede rechazar este convenio y entrar en mi gloria” (DyC132:4). Cuando lo leemos hoy, creemos que está hablando del matrimonio monogámico por las eternidades; cuando lo leían las generaciones pre-Manifiesto interpretaban “matrimonio plural por las eternidades”

De acuerdo al Volumen 5 de la Documentary History of the Church (y la mención aparece en la propia introducción de la sección, aunque no la transcribe) la revelación fue puesta por escrito para convencer a Emma de su autenticidad.

“Y reciba mi sierva Emma Smith a todas las que han sido dadas a mi siervo José” (DyC 132:52). Obsérvese que habla en tiempo pasado y no futuro (las que ya habían sido dadas). También parece un hecho que, a pesar de la advertencia de “si no quiere someterse a este mandamiento, será destruida” (vers. 54), Emma nunca estuvo de acuerdo con la práctica.

La promesa del vers. 66 “en cuanto a esta ley… te revelaré más en lo porvenir; por tanto, esto bastará por ahora”, no parece haberse cumplido jamás. Nunca hubo otra comunicación al respecto, ni siquiera entre las revelaciones no canónicas de Joseph. ¿Actuó el Profeta sin toda la información necesaria? ¿Algo fue mal interpretado?…

Durante 1841 Joseph desposó a 3 mujeres y a otras 11 en la primer mitad de 1842. Luego se produjo el escándalo de John C. Benett* y los matrimonios cesaron por seis meses. En 1843 se reactivaron ya que fue unido a 14 esposas más, pero, a partir de allí, no hay registro de nuevos casamientos en los ocho meses previos a su muerte.

*(John C. Benett era un médico miembro de la Iglesia que ayudó con la aprobación de los estatutos de la ciudad de Nauvoo ante la legislatura de Illinois (siendo alabado en tal ocasión por un joven Abraham Lincoln). Fue Consejero de la Primera Presidencia, Alcalde de Nauvoo, General de la Legión y Director de la Universidad de Nauvoo en formación. Rumores de que estaba involucrado en casos de adulterio, homosexualidad, poligamia no autorizada y práctica de abortos lo trajeron a juicio y finalmente fue excomulgado. Si bien reconoció sus faltas, en cuanto a la multiplicidad de esposas declaró que sólo estaba imitando lo que el propio Joseph hacía. Volvió a la Iglesia en la Crisis de la Sucesión apoyando a Sydney Rigdon.)

El profeta parecía convencido de estar cumpliendo con un mandato divino, ya que el alto número de esposas en tan breve lapso excede con creces cualquier argumento de urgencias físicas. Otros testimonios intentan mostrar que en los últimos meses previos a su asesinato cambió de idea. Por ejemplo, Mark Williams, Presidente de Estaca en Nauvoo:

“Cuando la doctrina de la poligamia se introdujo en la iglesia como un principio de exaltación, yo tomé decididamente partido en contra de ella, lo cual me convirtió en alguien bastante impopular entre el liderazgo de la iglesia… Joseph, sin embargo, llegó a convencerse previo a su muerte de que había actuado erróneamente; alrededor de tres semanas antes de su muerte, lo encontré una mañana en la calle, y me dijo, “Hermano Marks… estamos arruinados”. Le pregunté por qué, y me respondió, “Esta doctrina de la poligamia, o sistema de esposas espirituales, que ha sido enseñado y practicado entre nosotros, terminará siendo nuestra destrucción y derrota. He sido engañado”, me dijo, “con relación a esta práctica; está mal, es una maldición para la humanidad, y pronto deberemos abandonar los Estados Unidos a menos que podamos reprimirla y detener su práctica en la iglesia” William Marks, “Epistle”, Zion’s Harbinger and Baneemy’s Organ 3 (July 1853): 52-54

Si bien, por un lado la declaración coincide con el período en que Joseph dejó de contraer matrimonios polígamos, por otro, no podemos obviar que el Hermano Marks estaba en contra de la poligamia y que su escrito aparece en 1853, meses después del anuncio oficial de la práctica del Principio, lo cual lo hace dudoso.

Para cerrar el capítulo de Nauvoo, deberemos mencionar que la mayoría de los conversos europeos que llegaban a América en esta etapa ignoraban por completo la práctica del Matrimonio Abrahamico. Más bien creían que se trataba de una calumnia esparcida por los enemigos de la Iglesia, ya que los propios libros canónicos del momento así lo aseguraban.

Poligamia en Utah

No dedicaré demasiado espacio a este período, ya que es ampliamente conocido y la mayoría de los ejemplos y discursos que aparecen en la Parte I y Parte II de este ensayo corresponden a esa etapa. La Iglesia practicó públicamente y defendió el Principio frente a la Nación y el Mundo hasta su aparente conclusión en 1890. La oposición al gobierno norteamericano en este aspecto se constituye en uno de los actos de desobediencia civil que incluyó a más personas y que se extendió por mayor tiempo en toda la historia del país. Sería bueno recordarlo cuando se nos sugiere no involucrarnos en protestas contra medidas gubernamentales que consideramos injustas.

Solamente me referiré a un concepto de origen social y temporal antes que religioso y que pudo haber sido un condicionamiento importante para el establecimiento de la poliginia: para las sociedades occidentales del siglo XIX, particularmente las del hemisferio norte, el sexo existía con un único motivo: traer hijos al mundo. Cualquier otro propósito secundario era concebido como una “indulgencia mundana y pecaminosa”, aún dentro del matrimonio. Los pensadores mormones consideraban que la monogamia conducía a imposiciones crueles de parte del esposo cuando la esposa estaba embarazada y hasta concluir el período de lactancia y, por otro lado, durante esas largas abstinencias, los mismos esposos podían verse impulsados a visitar prostíbulos, rindiéndose a excesos y adquiriendo hábitos no deseados. Una vez que una esposa quedaba embarazada, por el año o año y medio siguiente, no estaría disponible para mantener relaciones íntimas. Sería bueno recordar que, hasta bien entrado el siglo XX, la Iglesia no comenzó a hablar de que otro propósito tan importante como el anteriormente mencionado era consolidar la unión y el amor en la pareja. Por otra parte, esa misma sociedad machista consideraba que los impulsos sexuales masculinos eran otorgados por Dios y debían hallar una vía de escape. Si las formas pecaminosas estaban fuera de la discusión, debía encontrarse otra…

Poligamia Post Manifiesto

Para introducirnos en el tema, acudamos al Volumen 5, pag. 320 de Messages of the First Presidency (Mensajes de la Primera Presidencia):

“Durante el período completo de la presidencia de John Taylor, 1880 a 1887, la persecución implacable de hombres que habían entrado en la relación de matrimonio plural se intensificó. Bajo las provisiones de la ley Edmunds-Tucker la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días fue desincorporada, la Compañía del Fondo Perpetuo de Emigración fue disuelta y toda propiedad de la Iglesia, con la excepción de edificios de exclusivo uso para la adoración religiosa fueron confiscados por el gobierno.

“Cientos de hombres que habían contraído matrimonios plurales fueron multados y puestos en prisión. Toda persona que no suscribiese un juramento provisto especialmente para aquellos que practicaran o creyeran en la práctica del matrimonio plural, era privada de sus derechos civiles.

“Era obvio que ningún poder humano podría evitar la desintegración de la Iglesia, excepto por un compromiso de sus miembros de obedecer las leyes que se habían promulgado prohibiendo la práctica de la poligamia.

“Fue bajo estas circunstancias que Wilford Woodruff fue sostenido como Presidente de la Iglesia, en abril de 1889. El 24 de septiembre de 1890, el Presidente Woodruff promulgó la Declaración Oficial a la Iglesia y al pueblo de los Estados Unidos, comúnmente conocida como el Manifiesto”.

Diez años antes, el propio Wilford Woodruff había recibido una revelación en el desierto de Arizona, en la montaña de San Francisco (solamente incluiré algunos párrafos que parecen significativos):

“Así dice el Señor a mi siervo Wilford Woodruff… El Diablo gobierna su propio Reino y mi espíritu no encuentra lugar en los corazones de los Gobernantes de esta Nación, y el Diablo los agita para desafiar mi Poder y para hacer guerra a los Santos…cuando traigáis estos testimonios ante mí, que sean presentados por Nombre así como el espíritu los presente, los Presidentes de los Estados Unidos, la Suprema Corte, el Gabinete, el Senado y Congreso de los Estados Unidos, los Gobernadores de los Estados y Territorios, los Jueces y Oficiales que fueron enviados contra vosotros y todo hombre y persona que ha tomado parte en vuestra persecución o en traer angustia sobre vosotros y vuestras familias, o hayan buscado vuestras vidas o impedir que guardéis mis Mandamientos o gozar de los derechos que las Leyes Constitucionales del País os garantizan…

“Y vuelvo a decir, ay de la Nación o Cámara o persona, que busca apartar a mi Pueblo de obedecer la Ley Patriarcal de Abraham, la cual conduce a la Gloria Celestial, la que ha sido revelada a mis Santos por boca de mi siervo Joseph, porque cualquiera que haga tales cosas será condenado dice el Señor de las Huestes y será quebrado… Y de ese modo por la espada y el derramamiento de sangre, y con hambruna y plagas y terremotos y Truenos de los Cielos y vívidos relámpagos esta Nación y las Naciones de la Tierra sentirán el Castigo de la mano de un Dios Todopoderoso…[Wilford Woodruff’s Journal: 1833-1898 Typescript, Volumes 1-9, Edited byScott G. Kenney, Signature Books 1993, Vol. 7, p.61 (entry after December 31, 1880)]

Si bien esta última revelación jamás tuvo carácter canónico, es interesante observar cómo, en el lapso de 10 años, el Congreso y Gobierno estadounidenses pasaron de ser instrumentos del Diablo a co-autores de una de nuestras declaraciones oficiales. De acuerdo a algunos historiadores, como Klaus J. Hansen, el Manifiesto de 1890 fue “meramente una maniobra táctica” para ganar tiempo y aliviar la presión.

Si bien es posible que Wilford Woodruff haya escrito buena parte del Manifiesto, cuando George Reynolds, Secretario de la Primera Presidencia, fue llamado a testificar en 1904, aseguró que él había colaborado en la escritura junto a Charles W. Penrose y John R. Winder, quien transcribió las notas y modificó levemente el lenguaje al prepararlo para ser publicado. Otros han identificado a Frank J. Cannon como co-autor así como al Juez Zane (un no-mormón) y reconocen que el documento fue revisado y corregido varias veces por los oficiales federales destacados a Utah.

La idea de que el Manifiesto fuese una revelación no estaba presente en 1890. Casi ningún Apóstol lo entendía así. El documento fue publicado el 25 de Septiembre de 1890 en el Deseret Weekly, un diario propiedad de la Iglesia, y durante la Conferencia General del 6 de Octubre se presentó a la Congregación (que tuviese el apoyo de los miembros había sido una condición establecida por el Congreso). Aunque la Declaración Oficial I asegura una votación unánime, los testigos presenciales declaran que no fue así y que muchas manos se levantaron en contra (lo cual es coherente con las divisiones que surgieron luego del Manifiesto).

Después de la Conferencia General, el Salt Lake Tribune (periódico antagonista) colocó en uno de sus editoriales que algunos interpretaban el documento como revelación. A esto respondió el Salt Lake Herald (cuyo editor era el Apóstol Heber J. Grant) que “se pretendía decir que la declaración era una revelación… aunque nadie ha escuchado, con excepción de ese pasquín mentiroso, decir que haya sido una revelación”.

Cuando en 1896 se otorgó a Utah la incorporación como Estado de la Unión, una de las condiciones fue que la constitución del Estado contemplara una prohibición explícita de la poligamia.

Si bien la Declaración Oficial I aseguraba que no se realizarían nuevos matrimonios polígamos, en la práctica no ocurrió así. En las colonias de México y Canadá (donde no había Templos) se continuaron autorizando, al entenderse que el Manifiesto se aplicaba sólo al territorio de los EEUU. Esto, además, llevaba a realizar ceremonias en barcos que navegaban hasta aguas internacionales. También en Utah y otros Estados se realizaron subrepticiamente uniones plurales.

Se estima que 3300 hijos nacieron a matrimonios polígamos entre 1890 y 1907. En 1899, Heber J. Grant (quien llegaría a ser Presidente de la Iglesia en 1918) fue hallado culpable de cohabitación ilegal y multado con u$s 100. En 1906, el sexto Presidente, Joseph F. Smith, fue hallado culpable ante el Juez M. Richtchie en la Corte del Distrito por cohabitar con 4 mujeres además de su esposa legal. Fue multado con u$s 300, el máximo permitido por ley (Salt Lake Tribune , 24 nov. 1906). Un Comité del Senado llegó a la conclusión en 1906 de que “el Manifiesto fue un engaño”.

En 1904, durante las Audiencias Senatoriales, Joseph F. Smith se vio obligado a emitir un Segundo Manifiesto. Ambos documentos son considerados escritura hoy por la Iglesia Mormona, aunque son rechazados en tal calidad por los grupos fundamentalistas. También provocaron la renuncia de dos Apóstoles al Quórum de los Doce.

Mormones Fundamentalistas

Muchos Santos vieron el abandono de la poligamia como una traición religiosa. Casi inmediatamente surgieron grupos separatistas que continuaron obedeciendo el Principio, tal como lo entendían. Hoy se cuentan aproximadamente 40.000 en los EEUU. Comparten nuestra creencia en una Restauración, en la misión profética de Joseph Smith y sus sucesores inmediatos, en el Libro de Mormón y casi toda la Doctrina y Convenios. En vez de tratar de separarnos de ellos, acusándolos de impíos, deberían ser una de nuestras principales fuentes de nuevas conversiones. De ellos hablan las noticias cuando mencionan “mormones polígamos” y nos molesta mucho porque continúan haciendo lo que por 120 años hizo el cuerpo principal de la Iglesia.

De nuestros testimonios

El tema clave sigue siendo: ¿Dios, tanto en el Antiguo Testamento como en la Restauración, ordenó o simplemente (como creen algunos estudiosos judíos) toleró esta práctica? ¿Si era esencial para la Salvación porqué ya no lo es? ¿Si las circunstancias socio-políticas cambiaran (como la aprobación de matrimonios de un mismo sexo parece indicar) volvería a instaurarse? ¿Es posible mantener un testimonio de la misión de Joseph Smith después de conocer detalles del cumplimiento del Principio?

Mi respuesta a esa última pregunta es terminantemente sí. He sabido por años los pormenores de la poligamia y no han afectado mi testimonio básico de la Restauración o de la veracidad del Libro de Mormón. Mi abuelo, cuya lengua materna era el inglés, tenía en su biblioteca “Joseph Smith: an American Prophet” de John Henry Evans y obviamente lo había leído. No observo en su actividad o creencias nada que me indique que su testimonio pudo haberse debilitado.

Veámoslo desde otro ángulo: ¿Conocen a muchos judíos que hayan abandonado su fe porque Abraham o Moisés fueron polígamos? ¿O muchos islámicos que hayan desertado porque Mahoma contaba con varias esposas? ¿Católicos que hayan renunciado a su religión porque algunos Papas tuvieron concubinas y aún hijos con ellas? Yo no conozco demasiados, aunque es posible que existan, al igual que mormones que no soporten ese conocimiento adicional… Pero las escrituras nos dicen que el conocimiento de la verdad nos hará libres, no su ocultamiento. O deberemos limitar la definición de verdad únicamente a las cosas que bajo ningún concepto me hacen replantear (y por qué no, fortalecer) mi testimonio.

En Julio de 2008, Richard L. Bushman, Profesor Emérito de Historia en la Universidad de Columbia, y autor de “Joseph Smith: Rough Stone Rolling” brindó el siguiente discurso inaugural al Seminario “Joseph Smith and His Critics” (José Smith y sus críticos) dictado en BYU. Creo que su lectura no tiene desperdicio y por ello lo transcribo completamente:

“Cada vez con mayor frecuencia maestros y líderes de la Iglesia en todos los niveles son abordados por Santos de los Ultimos Días que han perdido su confianza en Joseph Smith y los milagrosos eventos básicos de la historia de la Iglesia. Dudan de la Primera Visión, del Libro de Mormón, de algunas de las revelaciones de Joseph y de muchas otras cosas. Sus dudas comenzaron después de acceder a Internet y encontrar sorprendente información sobre Joseph Smith basada en documentos y hechos de los que jamás habían escuchado antes. Un número sorprendente nunca supo acerca de las esposas plurales de Joseph Smith. Se ven afectados por las diferencias en los varios relatos de la Primera Visión. Descubren que algunos egiptólogos no traducen los manuscritos de Abraham del mismo modo que Joseph Smith, dando la impresión que el libro de Abraham fue una falsificación. Cuando hallan esta información a través de un libro crítico o la leen en alguno de los innumerables sitios críticos de Internet, sienten que están siendo introducidos a un Joseph Smith y a una historia de la Iglesia que jamás conocieron antes. Pasan por una experiencia similar a la de estar mirando la famosa pintura de una hermosa mujer que, en un abrir y cerrar de ojos, se transforma en una vieja bruja. Todo cambia ¿Qué es lo que deben creer?

A menudo los líderes, padres y amigos no comprenden la fuerza de esta visión alternativa. Al no saber cómo responder, reaccionan defensivamente. Se inclinan a descartar toda la evidencia como anti-mormona o del diablo. Deja de leer esas cosas si te alteran tanto, se le dice al investigador. O regresa a la fórmula familiar: escrituras, oración, asistencia a la Iglesia. Puede ser que la persona angustiada haya estado haciendo todo eso con sinceridad, o aún con desesperación. El o ella sienten que su mundo se cae a pedazos. Todo aquello en lo que confiaban comienza a desmoronarse. Necesitan guía más que en cualquier momento de sus vidas, pero no parecen obtenerla. Los hechos con los que se han enfrentado desafían casi todo aquello en lo que creen. Es posible que la gente que se ve afectada de este modo deje de orar; no confían en los métodos conocidos pues se sienten traicionados por el viejo sistema. Frecuentemente se sienten furiosos. En sus misiones enseñaron con fervor a la gente sobre Joseph Smith sin conocer ninguno de los hechos negativos. ¿Se aprovecharon de ellos? ¿Estaba la Iglesia tratando de burlarse para sus propios propósitos?. Estas son preguntas profundamente perturbadoras. Conmocionan todo. ¿Debo permanecer en la Iglesia? ¿Le diré a mi familia? ¿Me callaré e intentaré seguir adelante? ¿Quién puede ayudarme?

Al llegar a este punto los cuestionadores pueden escoger varias direcciones. Algunos abandonan la Iglesia completamente. Encuentran otra religión, o, con mayor probabilidad en esta época, abandonan toda religión. Sin su familiar Dios Mormón, ya no están seguros si existe un Dios en absoluto. Se transforman en ateos o agnósticos. Algunos sienten que las restricciones con las que crecieron ya no se aplican a ellos. La fuerza de los diezmos, la Palabra de Sabiduría o la ley de castidad comienza a desaparecer. En parte le dan la bienvenida a esa nueva libertad de su condición agnóstica. Ahora pueden hacer lo que les viene en ganas sin el temor de romper las viejas reglas mormonas. Los resultados pueden no ser muy felices para ellos o sus familias.

Otros arman una actitud espiritual que impide la declinación moral, pero tampoco se encuentran en un lugar cómodo. Cuando van a la iglesia no están confortables. Las clases de la Escuela Dominical o los discursos de la Reunión Sacramental en los que se habla de Joseph Smith y los comienzos de la Iglesia no suenan verdaderos. “¿Cómo puede esta gente creerse esos “cuentos de hada”? se preguntan. Aquellos que han absorbido dosis de material negativo viven en dos mentes: su vieja mente de la iglesia que ahora les parece crédula e ingenua, y su nueva mente iluminada con conocimientos prohibidos obtenidos en libros críticos o internet.

Un amigo que se encuentra en esa situación ha descripto el estado mental del miembro desilusionado del siguiente modo:

“Debido al proceso de aprendizaje por el que han atravesado, estos Santos de los Ultimos Días (de mente desdoblada) ya no aceptan a la iglesia como la única verdadera (con una única y verdadera autoridad del sacerdocio y únicas ordenanzas sagradas con validez), sino que la ven como una iglesia cristiana, en la que se encuentran tanto buenos e inspirados programas como fallas y errores. No consideran que la inspiración, la sanación espiritual y física, la revelación personal y global, estén limitadas a la Iglesia SUD. En tal contexto, estos santos pueden asistir a otras iglesias, donde también  gozarán de experiencias espirituales. Interpretan sus antiguas experiencias espirituales de modo diferente, entendiéndolas como testimonios de Dios a ellos personalmente, como resultado de sus búsquedas y esfuerzos, pero estos testimonios no necesariamente son vistos como una confirmación de que la Iglesia SUD es la única verdadera.

“Dado que la relación social entre ellos y otros miembros del Barrio o la Estaca sufre (se los evita, se producen silencios o aún acosos sicológicos), por causa de su estatus como herejes, el cual usualmente llega a conocerse vía chisme y habladurías, y las posibilidades de involucrarse activamente así como el rango de llamamientos se ven reducidos por motivo de su disconformidad en varios aspectos, existe el riesgo de que termine abandonando la Iglesia después de todo, ya que son ignorados por la mayoría de los miembros.”

Luego ofrece una recomendación:

“Es necesario que la Iglesia no sólo muestre mayor apoyo y apertura hacia estos ‘apóstatas’ sino que enseñe y advierta a los miembros, obispos, presidentes de estaca, etc, quienes usualmente no saben cómo manejar estas situaciones en términos de organización y cuestionamiento eclesiástico por lo que – debido a su inseguridad – fracasan en tratar al miembro crítico con el mínimo y necesario amor y respeto que cualquier extraño normal recibiría”.

Estas son las palabras de alguien que ha perdido la creencia en los fundamentos y está elaborando una nueva relación con la Iglesia. Otros individuos así sacudidos recobran sus creencias en los principios y eventos básicos pero nunca vuelven a ser iguales que antes. Su conocimiento, aunque ya no tóxico, les brinda una nueva perspectiva. Tienden a ser más filosóficos y menos dogmáticos sobre los relatos que una vez disfrutaron. Las siguientes son algunas de las características de la gente que ha pasado por esta dura prueba pero se las ingenia para revivir la mayoría de sus antiguas creencias.

1-      A menudo reconocen haber aprendido que el Profeta era humano. No esperan que sea un modelo de conducta perfecto como una vez lo vieron. Puede ser que haya tomado un vaso de vino de vez en cuando, o maltratado a sus asociados, o aún cometido errores en sus negocios. Pueden ver sus virtudes y creen en sus revelaciones pero no esperan perfección.

2-      Tampoco creen que haya sido guiado por revelación en cada detalle. Lo ven como alguien que aprendió gradualmente a ser profeta y teniendo que tomar decisiones a su modo como la mayoría de los miembros de la Iglesia. Entre una y otra revelación se le dejaba a él mismo descubrir los métodos de cumplir con los mandamientos del Señor. En ocasiones debía experimentar hasta encontrar el modo correcto.

3-      Estos Santos de los Ultimos Días revividos nuevamente también desarrollan una actitud más filosófica hacia la historia. Observan (como los historiadores profesionales) que los hechos pueden tener muchas interpretaciones. Los hechos negativos no son necesariamente tan dañinos como parecen a primera vista. Puestos en otro contexto, junto a otros hechos, no tienen por qué destruir la reputación de Joseph Smith.

4-      Los Santos de los Ultimos Días revividos se enfocan en las buenas cosas que derivan de su fe – la comunidad de creyentes, el consuelo del Espíritu Santo, la orientación acerca de las grandes preguntas de la vida, el contacto con Dios, la disciplina moral, y muchas otras. No desean abandonar estas buenas cosas. Partiendo de ese punto de creencia deseada, están dispuestos a escuchar favorablemente sobre Joseph Smith y la doctrina. Puede ser que no tengan una absoluta certeza sobre cada tema, pero se inclinan a ver lo bueno y verdadero que hay en la Iglesia.

En medio de esta confusión está el asunto de la confianza. Los Santos de los Ultimos Días desilusionados sienten que su confianza ha sido traicionada. No saben en quién confiar. No se atreven a confiar en los antiguos sentimientos que fueron tan poderosos en el pasado, ni tampoco en los líderes de la Iglesia. Sólo pueden confiar en el nuevo conocimiento adquirido. Aquellos que regresan a la Iglesia se inclinan a confiar en sus anteriores sentimientos. Su confianza en las buenas cosas que saben se restablece, al menos parcialmente. Pero separan o clasifican lo bueno que aún les parece vital de las partes que ya no ven como defendibles. El conocimiento no sólo les ha dado una oportunidad de escoger, los ha compelido a elegir. Tienen que decidir en qué creen realmente. Finalmente, muchos terminarán más estables y convencidos que antes. Se sienten mejor preparados para enfrentar abiertamente la crítica, confiados en que pueden soportarla.”

 

Creo que debemos perder menos tiempo enseñando que nuestros líderes han sido y son intachables, que no pueden hacer nada mal, que no pueden equivocarse, que todo lo que hagan y digan es la absoluta voluntad de Dios. Me parece que fortaleceríamos muchos más testimonios si predicásemos lo contrario: que son falibles, que se han equivocado y continuarán equivocándose, y que, no obstante ello, el Señor los ha llamado con un santo llamamiento y está dispuesto a ayudarles a desempeñarlo. El costo de mantener una aparente perfección de nuestros líderes ocultando situaciones problemáticas debajo de la alfombra ha sido alto. Ha afectado la credibilidad. Nos hemos acostumbrado demasiado a que, dentro de la Iglesia, nada se objeta, nada se pregunta, todo tiene el visto bueno de Dios, aún los errores humanos…

POLEMICA Y PERDURABLE POLIGINIA – Parte II

DOCTRINA

      Poligamia

POLEMICA Y PERDURABLE POLIGINIA

Parte II

Por Mario R. Montani

Algún historiador de otra época ha dicho con cierta graciosa sutileza, y comparándolo a un río, que “el conocimiento de los mormones sobre su propio pasado tiene más de una milla de ancho pero sólo una pulgada de profundidad”. Lamentablemente, hasta que hace pocos años las cosas comenzaron a cambiar, había un buen ingrediente de verdad en el dicho.

Tomemos como ejemplo la famosa entrevista del Presidente Gordon B. Hinckley con Larry King, en 1998. El Profeta aseguró allí que la práctica de la poliginia nunca había superado una cifra que oscilara entre el 2% y el 5% de los miembros. Cualquier historiador, o persona con deseos de informarse, sabe bien que, en el apogeo de la poligamia, los valores superaban el 30% de la población. A pesar de que uno puede tratar de entender la tendencia a disminuir el impacto en un tema tan conflictivo, esa respuesta nos lleva a analizar algunos conceptos pseudo racionales y extra religiosos utilizados una y otra vez para intentar justificar o minimizar la práctica.

ARGUMENTOS PSEUDO RACIONALES QUE INTENTAN JUSTIFICAR O HACER MAS ACEPTABLE LA POLIGINIA

El porcentaje que lo practicó fue muy bajo

Este argumento parece basarse en la suposición de que un porcentaje ínfimo es más aceptable que uno alto. En vez de acercarnos a una definición moral de si estaba bien o mal, o una declaración religiosa de si Dios lo mandó o no, pasa a ser una estimación matemática, en la cual lo más importante es no superar un dígito. El Presidente Hinckley no inventó esa cifra. Más de 90 años atrás, el Presidente Joseph F. Smith había testificado algo parecido en las Audiencias Senatoriales de Reed Smoot, declarando que entre “el 3 y 4 por ciento de los hombres” estaba practicando la poligamia en ese momento. Analicemos un poco la situación: si el 3 ó 4 por ciento de los hombres está casado con 4 ó 5 mujeres cada uno, eso lleva rápidamente el porcentaje al 12 ó 15% de la población. Ni intentemos hacer el cálculo considerando que varios de ellos tenían entre 20 y 50 esposas. Si agregamos los hijos nacidos dentro de esos matrimonios, que solían ser numerosos, llegamos fácilmente a un 25% o más de la población total. Por otro lado, el Presidente Smith estaba diciendo que tal era el porcentaje en “ese momento”. Ese momento no era cualquier momento: era 14 años después que la Iglesia había prohibido formalmente los matrimonios polígamos, no cuando estaban en su apogeo. Como han demostrado los propios historiadores mormones, la cifra de participación varía teniendo en cuenta los lugares y los períodos: Lowell C. Bennion halló como casos extremos un 5% en el Condado de Davis y un 67% en Orderville. Larry Logue descubrió en Saint Gorge un 30% en 1870 y un 33% en 1880 (Tom Alexander, Centennial History of Utah y Flake, The Politics of American Religious Identity, pags. 65 y 192)

El período de la práctica fue muy breve

Quienes estimulan esta idea suelen marcar el anuncio oficial de los matrimonios plurales como origen y la promulgación del Primer Manifiesto como fin. Eso significaría unos 40 años. Otros, más flexibles, reconocen el inicio un poco antes y el verdadero fin un poco después, y hablan de unos 60 años. Pero si tomamos como extremos la primer unión polígama de esta dispensación (1831) y la completa desaparición de matrimonios múltiples de mormones activos y en buena relación con la Institución(1954) estamos hablando de más de 120 años de duración. Para una confesión religiosa que acaba de superar los 180 años de vida, 120 atraviesan su historia de punta a punta. Es verdad que a lo largo del siglo XX  los porcentuales disminuyeron y ya no se efectuaron nuevos matrimonios de esas características, pero, una vez disminuida la presión gubernamental, las parejas múltiples existentes continuaron conviviendo y ocupando un lugar en el tejido social mormón. Si a  ésto agregamos la presencia de centenares de individuos que continuaban autodenominándose “mormones”, que aceptaban la Restauración y la misión profética de Joseph Smith y Brigham Young, que leían tanto el Libro de Mormón como la mayor parte de Doctrina y Convenios, y continuaban cumpliendo con el Principio, en un espacio geográfico muchas veces compartido con los “miembros oficiales” dela Iglesia, hasta nuestros días, entenderemos que el panorama es bastante complejo para el observador externo.

Se introdujo por causa de la superpoblación femenina

Dicho argumento ha sido tomado prestado de otras regiones y sociedades en las que, realmente la escasez de hombres estimuló prácticas similares. Pero, ¿era esa la situación en la población mormona? No. Permítaseme acudir al Elder John A. Widtsoe, Apóstol, científico y escritor:

“Algunos miembros de la Iglesia muy poco familiarizados con su propia historia, y muchos no miembros, han elaborado motivos falaces sobre el origen de este sistema matrimonial entre los Santos de los Ultimos Días. La más común de estas conjeturas es que la Iglesia, a través del matrimonio plural, buscó proveer de esposos a su gran sobrepoblación de miembros femeninos. La presunción que implica esta teoría, que ha habido más mujeres que hombres en la Iglesia, no está apoyada por la evidencia existente. Por el contrario, parece haber habido siempre más hombres que mujeres en la Iglesia… Los registros de los Censos de Estados Unidos entre 1850 y 1940, y todos los registros disponibles en la Iglesia, muestran con uniformidad una preponderancia del género masculino en Utah y en la Iglesia.” (Evidences and Reconciliations, pag. 391)

En realidad la situación inversa parece haber ocurrido en la plenitud de la práctica. Con algunas Autoridades “acaparando” esposas (Brigham Young, más de 50, Heber C. Kimball, más de 40, el Obispo John D. Lee, 18, etc) y ante igualdad numérica de sexos en la población, a los más jóvenes se les hacía difícil encontrar una compañera al regresar de sus misiones.

El argumento ha estimulado algunas especulaciones a nivel universal y aún eterno. La población mundial también mantiene un equilibrio de género en los nacimientos. De modo que si en la eternidad llega a practicarse la poligamia será porque habrá menos hombres que mujeres dignos de alcanzar la exaltación. O porque algún otro mundo en el que las ecuaciones de género sean distintas proveerá la diferencia…

Alguien se ha tomado el trabajo de calcular lo siguiente: Si una de nuestras creencias es que los niños que mueren antes de los 8 años son herederos naturales o directos del Reino Celetial, pero al máximo nivel no puede ingresarse sin mediar un matrimonio eterno, entonces estamos en problemas. De los 7.000 millones de espíritus que han nacido en la tierra, el promedio por género estimado es de 104 varones cada 100 mujeres. Sea cual sea la incidencia de muertes antes de los 8 años, es obvio que varios millones de espíritus desincorporados masculinos no logran encontrar esposa, y ni hablemos de practicar la poliginia. Por supuesto que se trata sólo de una especulación… pero también ayuda a pensar…

Fue para cuidar de las viudas, ancianas y huérfanas.

Nuevamente, el argumento parece poco serio. Se ha dicho que el éxodo hacia el Oeste dejó muchas viudas; en realidad murieron familias completas y, por su contextura física, las que más padecieron las inclemencias del duro invierno fueron las propias mujeres. Los huérfanos, de ambos sexos, necesitaban de padres sustitutos, no precisamente de esposos. Y las estadísticas muestran que no eran justamente las ancianas las más buscadas para formar pareja. Los maestros orientadores, o sus equivalentes históricos, atendieron siempre las necesidades de viudas, ancianas y huérfanas, pero no se les requería casarse con ellas para hacerlo.

Fue para levantar descendencia justa rápidamente.

Desde un punto de vista biológico, la capacidad de una especie para reproducirse estará siempre limitada por la cantidad de especímenes femeninos fértiles disponibles, no por la cantidad de especímenes masculinos, aunque, sin duda, éstos también hacen falta en la ecuación. Que un hombre tenga cinco esposas no producirá mayor descendencia global que si cada una de esas esposas tuviese su propio y único esposo. Más aún, algunos estudios parecen demostrar que, a medida que el número de esposas aumenta en una relación poligámica, la posibilidad de descendencia disminuye levemente comparada con la situación de ese mismo número de mujeres viviendo monogámicamente, lo cual es razonable por una cuestión de rendimiento masculino y de superposición de períodos fértiles. De modo que el “rápidamente” no califica a la poliginia por sobre la monogamia en un cuadro de igualdad numérica en los géneros. Mayor cantidad y más rápidamente deben descartarse como motivos. Un tema aparte es lo que se entiende por “descendencia justa”. En la naturaleza existe el principio de “supervivencia del más apto” por el que, en algunas especies, el macho con mejores características logra perpetuarse más que otros congéneres menos afortunados. Pero en el caso de la poliginia, la supuesta “mayor aptitud espiritual” para engendrar progenie estaba dada por la calificación en llamamientos eclesiásticos y de servicio en la Iglesia, ni siquiera por una medida de dignidad personal. Hay quienes creen que por haberse criado en hogares de líderes, esa generación aportó un importante número de nuevos líderes a la Iglesia. Es una opinión aceptable. Hay muchos ejemplos que así lo demuestran. De las excepciones, que también existieron, en general, evitamos hablar.

La poliginia, por su propia estructura, brindaba mayor estabilidad emocional y menos problemas familiares.

Los índices de divorcio en una sociedad determinada siempre se han considerado como un reflejo del estado de salud de los matrimonios en dicha sociedad. Pensemos que en el Siglo XIX el divorcio era una solución muy poco deseada, que estigmatizaba a quien tomaba esa decisión, y que la Iglesia siempre desaconsejó. No obstante, en el breve período que va de 1852 (inicio oficial y abierto de la poliginia) hasta 1890 (anuncio del 1er. Manifiesto), es decir 38 años, se produjeron más de 2000 divorcios en las familias polígamas. Brigham Young en persona otorgó 1645 de ellos. De las 72 Autoridades Generales que fueron polígamas, 39 tuvieron serios problemas matrimoniales, incluyendo 54 divorcios, 26 separaciones y 1 anulación (Utah Historical Quarterly, Invierno de 1978, pag. 4). Brigham Young tuvo 55 esposas, 10 se divorciaron. John Taylor tuvo 15, y 3 se divorciaron. Joseph F. Smith tuvo 6 esposas y la primera de ellas se divorció, acusándolo de adulterio.

Los miembros de la Iglesia no deberíamos utilizar ninguno de estos razonamientos para defender el mantenimiento histórico del Principio ya que, a pesar de su empleo por casi un siglo, no parecen contener elementos de verdad suficientes.

Analicemos ahora algunas características propias del tipo de poliginia que se practicaba entre los santos:

SUPRALEGAL

Las uniones múltiples no fueron legales en ninguno de los Estados o Países donde se las practicó. Sería fácil decir que fueron ilegales, pero prefiero el término “supralegal” pues me parece que representa mejor el sentimiento de los miembros y de la Iglesia de entonces. Si bien tenían en claro que debían “estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley(Artículo de Fe Nº 12) y que “Dios instituyó los gobiernos para el beneficio del hombre, y que él hace a los hombres responsables de sus hechos con relación a dichos gobiernos, tanto en la formulación de leyes como en la administración de éstas, para el bien y la protección de la sociedad” (DyC 134:1), los santos creían estar obedeciendo a una ley superior (la de Dios) y que la Constitución de los EEUU garantizaría finalmente sus derechos a adorar “cómo, dónde o lo que desearan” (Artículo de Fe Nº 11).

“La Poligamia es un principio revelado desde los cielos con el mandamiento de entrar en ella de modo práctico. El principio está corroborado abundantemente en las antiguas escrituras, aprobado por Dios y sancionado por hombres rectos; y todo aquel que se ocupa en derribarlo, lucha en contra de Jehová y se convierte en un claro blanco que pide las flechas del Todopoderoso sobre su cabeza, corazón y país” (Orson Hyde, 1878, Journal of Discourses, Vol. 20, pag. 99)

“¿De dónde provino este mandamiento con relación a la poligamia? Vino de Dios… Cuando fue dado era tan religioso, y tan comprometedor para los Elderes de esta Iglesia que se les dijo que si no estaban preparados para entrar en él, y para soportar el torrente de oposición que vendría como consecuencia de ello, las llaves del reino les serían quitadas. Cuando veo a algunos de nuestra gente, hombres o mujeres, oponiéndose a un principio de este tipo…los considero apóstatas y con falta de interés en esta Iglesia y reino” (John Taylor, Journal of Discourses 11, pag. 221)

“El Congreso ha aprobado una ley que convierte la pluralidad de esposas, la bigamia, o poligamia, como gusten, en una ofensa penal. Debe entenderse claramente que esta ofensa no es pecaminosa porque el Congreso la haya declarado penal. No hay nada impuro en ella, porque Dios la ha revelado, El ha dado el mandamiento” (Franklin D. Richards, Journal of Discourses, Vol. 20, pag. 312, 6 de Octubre 1879)

Los matrimonios plurales no se efectuaban frente a ninguna autoridad civil, únicamente religiosa. Deberemos tomar nota de la diferencia abismal con la práctica de la actualidad, cuando ninguna pareja puede sellarse en el Templo si previamente no ha pasado por una ceremonia civil.

ELITISTA

Aunque la descripción parezca un poco dura, no encuentro una mejor para definir algunos de los siguientes rasgos:

Prioridad de las Autoridades de mayor rango en la elección de esposas:

Si bien hay declaraciones de que todo Elder debería prepararse para entrar en una relación poligínica, en la práctica debía ser autorizado por las Autoridades superiores. No obstante, esa autorización estaba casi garantizada para las Autoridades Generales, sus hijos varones y algunos amigos personales. Las quejas de Heber C. Kimball reclamando esa prioridad son famosas:

“Hermanos, quiero que entiendan que ya no será como ha sido hasta ahora. Los hermanos misioneros han tomado el hábito de seleccionar a las mujeres más bonitas para ellos antes de llegar aquí,  dejando las más feas para nosotros; en lo futuro tendrán que traerlas aquí  antes de tomar a ninguna de ellas y permitir que todos tengamos una justa distribución”. (Lo anterior fue dicho en una reunión de sacerdotes previa a una Conferencia General y no aparece en los registros oficiales aunque sí en varios diarios personales de los asistentes. El texto puede leerse en Apostle Heber C. Kimball, The Lion of the Lord, New York, 1969, pags. 129-130)

Tenemos una versión oficial más delicada, que parece referirse a algo ya conversado:

“Les digo a aquellos que han sido escogidos para ir a una misión, recuerden que no son sus ovejas: pertenecen a Aquel que los envía. Por lo tanto no escojan ninguna de esas ovejas, no hagan ninguna selección antes de que sean traídas a casa y puestas en el rebaño. Entiendan eso. Amen” (Heber C. Kimball, Journal of Discourses, vol. 6, pag. 256)

Tal prioridad incluía la posibilidad de desplazar a esposos de menor rango.

En ciertas ocasiones, los de mayor rango eclesiástico tomaban las esposas de sus subordinados y aconsejaban a éstos buscar una nueva. Brigham Young explicó que dichas apropiaciones eran parte de la teología de Joseph Smith y que “un hombre con mayor poder y autoridad que el esposo tenía el privilegio de hacerla su esposa… sin que existiera ninguna carta de divorcio” (Conference Reports, October 8, 1861)

Jedediah M. Grant, Apóstol y Consejero de B. Young también se refirió a este particular sistema en un sermón de 1854:

“Supongan que Joseph (Smith) viniese y les dijese que quiere a vuestra esposa ¿qué dirían a eso?… Yo le diría: aquí está ella, hay muchas otras” (Journal of Discourses Vol.2, pags.13-14)

En ocasiones, quienes tenían mayor autoridad en el Sacerdocio tomaban como esposas a las novias de jóvenes aún sin llamamientos prominentes quienes debían cederlas, ya que eso garantizaba un mayor galardón para ellas en el Reino Celestial. Esta teología subyacente era tan importante que centenares de esposas adicionales fueron selladas a José Smith y Brigham Young, de manera vicaria, aunque nunca tuvieron relación cercana con ellas en vida.

Levirato

Joseph Smith se casó poligínicamente con la viuda de su hermano, Don Carlos Smith, con la idea de levantarle descendencia. Brigham Young se casó con Zina Jacobs, esposa de Henry Jacobs, quien ya había sido sellada a Joseph Smith, en lo que parece una especie de “levirato por llamamiento eclesiástico”, no por parentesco.

George Q. Cannon, consejero de Brigham Young, perdió a uno de sus hijos, David, sin que éste llegase a tener progenie. Tal como se registra en el diario personal de otro de los hijos, Abram, su padre pretendía que tomase como esposa a Mary Davis, una joven de Salt Lake City, a quien David había cortejado, para “poder darle simiente a su hermano” en lo que se constituiría en un “levirato por noviazgo” (Diario de Abram Cannon, 8 y 11 de Septiembre de 1891).

Si bien esta forma ha desaparecido junto con la poliginia, hay restos de ella que sobreviven en nuestra doctrina y práctica. Si una mujer ha sido sellada a un esposo y, luego, por viudez, vuelve a casarse, se considera que toda progenie en su nuevo matrimonio será, en realidad, descendencia de aquel con quien estaba sellada. El ejemplo más conocido es el de Rachel Ridgeway Ivins Grant, quien fue sellada póstumamente a Joseph Smith y luego se casó con Jedediah M. Grant. De modo que su único hijo, Heber J. Grant, era considerado por sus contemporáneos como hijo directo de Joseph Smith.

Poliandria

Zina Jacobs, ya casada con Henry Jacobs, fue una de las esposas plurales de Joseph Smith y continuó su vida casada con ambos y conviviendo con ambos (si bien en un caso se trataba de un matrimonio civil y en el otro de una ordenanza religiosa) en una clara forma de poliandria. Este esquema se repite en otras esposas de Joseph Smith y demás Autoridades del primer período de práctica en secreto. Pero la historia de Zina no termina allí. Más adelante, como se explicó, se selló a Brigham Young, quien dijo a su primer esposo que se buscara una nueva compañera, y tuvieron un hijo en 1850. Sellada por las eternidades tanto a Joseph Smith como a Brigham Young esa sería una forma de “poliandria celestial” para la cual no tenemos respuesta ni explicación en la doctrina de la Iglesia.

REQUERIA CIERTO GRADO DE OBEDIENCIA COMPULSIVA

En 1856, las preguntas que se realizaban para obtener una recomendación para el Templo no estaban en absoluto estandarizadas, como lo están hoy. Sin embargo la Primera Presidencia envió cartas describiendo las características de los miembros dignos, que debían “ser aquellos que oran, que pagan su diezmos anualmente, que viven vidas de santos diariamente dando buenos ejemplos ante sus vecinos. Hombres y mujeres, jóvenes y señoritas mayores de 16 años que estén viviendo vidas de santos, creyentes en la pluralidad, que no hablen mal de las Autoridades de la Iglesia, y posean total integridad hacia sus amigos”.

Es decir, que, para poder entrar al Templo, los individuos debían manifestar su creencia en la poliginia, independientemente de si la estuvieran practicando o no.

Las divergencias femeninas eran duramente combatidas desde el púlpito.

“No deseo hablar demasiado sobre este asunto, pero sí declaro, ¡ay de vosotras, Evas, si proclamáis o tenéis sentimientos en contra de esta doctrina! ¡Ay de toda mujer en esta Iglesia que dice ‘No me someteré a esta doctrina que Dios ha revelado’. Un día despertarán y dirán: ‘He perdido la corona de exaltación que podría haber ganado si tan sólo hubiese sido fiel a mis convenios y a las revelaciones de Dios. Podría haber sido coronada como tú, pero ahora deberé ir a otro reino’ (Brigham Young, 1867, Journal of Discourses Vol. 12, pag.97)

En 1884, como parte de las reuniones administrativas de la Conferencia General de Abril, el Presidente John Taylor pidió a todos los monógamos que servían en obispados y Presidencias de Estaca que hicieran preparativos para tomar esposas plurales o bien presentaran su renuncia al llamamiento que tenían  (Abraham H. Cannon Journal, Abril 6, 1884, Vol. I pag. 177-8)

Debo señalar que yo (repito: YO) no veo necesariamente la mano del Señor en muchas de estas características y particularidades instrumentales de la poliginia y a ellas me refería en la primer parte mencionando que deberíamos considerar el factor humano como un ingrediente importante de su práctica sin por ello cuestionar la incidencia divina.

Para poder concluir con esta segunda parte en la que hemos analizado características y argumentaciones del tema que nos ocupa, faltaría considerar algunas de las respuestas que la Institución ha dado en las décadas más recientes para no investigar y poner un manto de olvido sobre el Principio:

“Eso forma parte del pasado”

Sí, es cierto. También forman parte del pasado Sara y Agar, esposas de Abraham; Lea, Raquel, Zilpa y Bilha, esposas de Jacob y las múltiples esposas de varios patriarcas antiguos. Sin embargo, hablamos de ellas sin demasiado pudor en nuestras clases de la Escuela Dominical y en los cursos de Seminarios e Institutos. Mencionamos sus rivalidades, los relatos de sus nupcias, la preferencia de sus esposos por algunas de ellas y hasta los problemas domésticos ocasionados por esta situación. Pareciera que, mientras nuestra tradición es compartida por judíos y cristianos en general no hay problemas, pero cuando quedamos solos frente a la Historia, entonces sí. Deberíamos mantener cierta coherencia: si no podemos hablar de la poligamia de Joseph Smith porque es parte del pasado, tampoco deberíamos hablar de la poligamia de Moisés.

“La poligamia ya no tiene vigencia, por lo tanto no hablamos sobre ella”.

Para enfrentar esta respuesta tengo dos consideraciones: a) La poligamia sí continúa teniendo vigencia en la doctrina de la Iglesia. De otro modo un varón no podría sellarse a más de una esposa por las eternidades. b) Los sacrificios de animales tampoco tienen vigencia. No obstante, les dedicamos varias clases a sus simbolismos y detalles cuando estudiamos el Antiguo Testamento. Pregunta: ¿Son los sacrificios cruentos no vigentes más importantes que los matrimonios polígamos no vigentes?

Con respecto a no hablar sobre ella, sería bueno recordar que, hasta 1966,  la edición de Mormon Doctrine de Bruce R. McConkie (obra, hoy, discontinuada) aseguraba: “Obviamente la sagrada práctica comenzará nuevamente después de la Segunda Venida del Hijo del Hombre y el inicio del Milenio”

“Como ya no se practica, manipulamos nuestro pasado para mostrar que nunca se practicó”

El primer manual de la serie de Enseñanzas de los Profetas que se estudia en la Sociedad de Socorro y los Quórumes del Sacerdocio fue dedicado al Presidente Brigham Young. Observando la línea temporal que acompaña la Reseña Histórica de página VII veremos que únicamente aparecen Miriam Works, su primera esposa, y más adelante, Mary Ann Angell como un segundo matrimonio, después de la muerte de la primera. Si uno no tiene información histórica adicional presupone que al quedar viudo Brigham Young volvió a casarse y esas fueron las dos únicas esposas en su vida. Pero existieron otras 53 simultáneamente. ¿Por qué es necesario esconderlas? ¿Qué es lo que hicieron de malo esas mujeres al cumplir un mandamiento que estaba vigente durante su época, según se nos enseña? ¿En qué desobedecieron para tornarse en innombrables, si sólo hicieron lo que se les enseñaba desde el púlpito que debían hacer? Como diría Sor Juana: “Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis…”

“No sabemos lo suficiente sobre el tema y, por lo tanto no nos pronunciamos ni hacemos declaraciones imprudentes al respecto”.

Estoy de acuerdo en que ninguno de nosotros sabe lo suficiente sobre el tema. También conozco los peligros de intentar juzgar a individuos y sociedades con parámetros modernos que no tomen en cuenta sus creencias, necesidades y realidades, de las que sabemos muy poco. Pero, al mismo tiempo, tenemos el mandato divino de “examinarlo todo” y de “conocer la verdad, que nos hará libres”. Por definición, verdad es “el conocimiento de las cosas como son, como fueron y como han de ser”. De modo que, si nuestra intención es afrontar la verdad deberemos entender cómo son las cosas (hoy, absoluta monogamia), cómo fueron (la poligamia, por qué, cuándo y por qué no más) y cómo serán (¿habrá un lugar para este particular vínculo societario en el futuro?). Nuestra Iglesia ha asumido recientemente el compromiso público de dejar de ser la “custodia” de nuestro pasado y transformarse en la “explicadora” y “facilitadora” de ese pasado… Dejemos que lo haga y ayudémosle en su propósito…

Continuará…

POLEMICA Y PERDURABLE POLIGINIA – Parte I

Doctrina

     Poligamia

POLEMICA Y PERDURABLE POLIGINIA

Parte I

Por Mario R. Montani

Introducción (De etimologías y conflictos).

Los miembros de la Iglesia hemos tenido, y tenemos, una larga relación de conflicto, en diferentes grados, con el principio del matrimonio plural. Creo que el conflicto se manifiesta, básicamente, en nuestra incapacidad de abordarlo seriamente y en la falta de ámbitos donde hacerlo. Probablemente también en los variados mecanismo que hemos desarrollado para enfrentarlo: negación, incomodidad, simplificación, no desear saber al respecto, explicaciones pseudo racionales para justificarlo, etc, etc.

El nombre correcto del tipo de relación matrimonial múltiple que los santos practicaron en el pasado es POLIGINIA. Poligamia es un concepto amplio que no identifica a los participantes. La antropología y la sociología nos han brindado las nomenclaturas más precisas de poliginia (cuando un esposo tiene varias esposas) y poliandria (cuando una esposa comparte varios esposos).

Intento abordar el tema con el mayor de los respetos por quienes han sido sus practicantes históricos, pero también aclarar algunos conceptos erróneos que se han acumulado con el paso de los años.

Nuestra historia y doctrina han sido restringidas, desde el exterior, a este principio. Nos incomoda que el diccionario nos defina por ella, a pesar del siglo que ha transcurrido desde el abandono de la práctica, pero creo que tampoco nos ayuda que nuestra visión actual redefina nuestro pasado para evitar que nos hagamos cargo de él.

Los principales cismas que la Iglesia ha soportado en su relativamente joven historia han tenido como eje la no aceptación del Principio o su continuidad después de que fue abandonado. La Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días (desde 2001, La Comunidad de Cristo) con sus 250.000 miembros en el mundo es un ejemplo del primer tipo; la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días y los Hermanos Apostólicos Unidos (con 10.000 miembros cada una) son ejemplos del segundo tipo.

Una breve visión socio-geográfica

De acuerdo al Ethnographic Atlas Codebook, de las 1231 sociedades allí registradas, en 588 se practica la poliginia con alta frecuencia, en 453 se lo hace ocasionalmente, 186 son monógamas y en 4 se practica la poliandria. Aún en aquellas sociedades donde es aceptada, la multiplicidad de esposas no es la regla general, ya que su práctica requiere una muy buena posición económica. No obstante, hay países como Senegal en los que el 47 % de los matrimonios son polígamos.

El Presidente de Sudáfrica a partir de 2009, Jacob Zuma, está casado con tres esposas que, junto a cuatro anteriores, le han dado un total de 29 hijos.

En Sudán, el Presidente Omar Hassan al-Bashir, ha estimulado los matrimonios múltiples para aumentar la población.

Una no tan breve visión histórico-religiosa

Prácticamente todas las sociedades tradicionales, incluyendo el judaísmo, permitieron la poliginia. En el Islam, el profeta Mahoma tuvo 11 esposas durante su vida pero nunca más de 4 simultáneamente, por lo que esa cifra quedó establecida como límite. Muy recientemente, Mohammed Bello Masaba, de Nigeria, reconoció tener 86 esposas (en realidad sumaban 107 pero 9 habían fallecido con el paso de los años y de 12 se había divorciado). Con 87 años y padre de 185 hijos fue detenido bajo la ley musulmana para obligarlo a divorciarse de 82 esposas y quedar sólo con 4, pero, después de que 57 de sus compañeras testificaron a su favor, fue liberado sin cargos.

El Hinduismo permitió la práctica. Su dios Krishna tenía 16108 esposas en su reino de Dwarka. Con el paso de los siglos la poligamia fue declinando aunque continúa en ciertas áreas como Nepal.

Para el Budismo el matrimonio no es un sacramento sino un asunto secular por lo que no se expide al respecto. En Tailandia, Burma, Sri Lanka y otros países budistas se practican matrimonios plurales.

Para los judíos de los tiempos bíblicos era una alternativa común, incluyendo el levirato (la unión a la esposa de un hermano muerto para mantenerla y dar descendencia al desaparecido). Hay testimonios del mantenimiento de la costumbre hasta el segundo siglo de nuestra era. Es interesante que Josefo deba explicar que los matrimonios múltiples de Herodes, que no eran legales bajo la ley romana, fueron permitidos por la costumbre judía.

Para el Cristianismo, dentro de la órbita de esa ley romana, la norma fue la monogamia y la poligamia atacada como un hábito pecaminoso. No obstante los reformadores no encontraron contradicción con las enseñanzas bíblicas. Martin Lutero, en una carta al Canciller de Sajonia expresa que no puede prohibir a una persona casarse con varias mujeres ya que no contradice a las Escrituras (“Ego sane fateor, me non posse prohibere, si quis plures velit uxores ducere, nec repugnat sacris literis.”). Algunos años más tarde otorgaría una dispensa a Philip de Hesse para casarse con una segunda esposa y aconsejó a Enrique VIII hacer lo mismo.

En 1650, el parlamento de Nurenberg, decretó que debido a la muerte de tantos hombres en la guerra de los Treinta Años, por los siguientes diez años “las iglesias no admitirían varones en los monasterios, los sacerdotes podrían casarse y cada hombre podría tomar hasta 10 esposas siempre que velase por su bienestar, las tratara honorablemente y evitara las peleas entre ellas”.

De los límites morales del presente estudio.

No intento en el presente ensayo, ni en sus posibles continuaciones, hacer una apología de la poliginia ni tampoco su crítica. Creo que es un tema altamente complejo en el que han estado involucrados afectos y creencias religiosas de seres reales que gozan de mi simpatía. Catalogar a los partícipes del “Principio”, “matrimonio espiritual”, “unión patriarcal”, “ley abrahámica”, “casamiento bíblico” o “la más alta ley” (todos apelativos eufemísticos utilizados a lo largo del período de su práctica) como impíos, degenerados y lujuriosos me parece, además de injusto, una simplificación excesiva. Sus pensamientos y obras muestran que no eran así. Las familias que produjeron, la civilización que gestaron, la cultura propia, amalgamando diferentes nacionalidades y educaciones, dejan en claro que eran algo bastante más elevado que eso.

Por otro lado, cuando expresamos que la mano del Señor estuvo en cada detalle y sancionó cada caso particular, creo que también corremos el riesgo de la simplificación absoluta. Porque la historia real de la poligamia no puede explicarse sin el factor humano, independiente de la incidencia del factor divino.

Como miembro de la Iglesia algunas cosas sé con certeza: existe una revelación en  Doctrina y Convenios iniciando la práctica y existe una Declaración Oficial en el mismo libro cancelándola. De modo que mis inquietudes doctrinales y teológicas podrían estar satisfechas. También sé que Abraham, Jacob, Moisés y otros patriarcas bíblicos fueron polígamos y, no obstante, ese hecho no parece haber sido incompatible con sus muchas revelaciones y con el que “Dios caminara con ellos”. Si alguien intenta definirme la aparente incongruencia con el argumento de que “pertenecían a otra época y a otra sociedad”, en realidad me está diciendo que los asuntos morales están definidos por coordenadas culturales y temporales, y eso es algo que yo no acepto. Eso se denomina “relativismo moral” y su base es que si una determinada sociedad decide que algo está bien, entonces ya está bien. Aunque suene un poco ortodoxo, no sólo creo que ningún miembro de la Iglesia debería aceptar esa premisa, sino que nadie que pretenda llamarse cristiano debería aceptarla.

De modo que esos son los límites entre los que yo puedo moverme. Hay mucho que podemos considerar.La Iglesia ha declarado recientemente que “una religión que no puede explicar su pasado no puede explicarse a sí misma”. Personalmente creo que hasta que no podamos explicarnos algunos acontecimientos de nuestro pasado, sacarlos de debajo de la alfombra, mirarlos directamente sin sentir vergüenza por ello, no podremos explicarnos a nosotros mismos.

Sucinta síntesis diacrónica

Para introducirnos en el tema es necesaria una comprensión, al menos parcial, de la cronología de los eventos para luego detenernos en el análisis de algunos de ellos.

1830 – Se organiza la Iglesia.

1831 – Joseph Smith declara como revelación a un grupo de Elderes ya casados: “Porque es mi voluntad, que con el tiempo, toméis esposas de entre los Lamanitas y Nefitas, para que su posteridad llegue a ser blanca, deleitable y justa, pues aún ahora sus mujeres son más virtuosas que las gentiles”. Si bien dicha revelación no forma parte de la actual Doctrina y Convenios (al igual que muchas otras revelaciones recibidas por Joseph) fue registrada en los diarios personales de varios de los presentes y su texto completo puede hallarse en The Joseph Smith Revelations Text and Commentary, pag. 374.

Algunos historiadores creen que el objeto de esas uniones era obtener derechos legales sobre tierras de Kansas asignadas a los indios y que no estaban disponibles para los blancos. Aparentemente, los agentes gubernamentales impidieron el acercamiento y los posibles matrimonios.

1833 – Fannie Alger, de 16 años, quien se desempeñaba como criada de Emma, es la primera esposa plural documentada de Joseph en Kirtland, Ohio. La relación produjo un escándalo en la ciudad al punto de que Oliver Cowdery y Warren Parrish intentaron realizar un tribunal eclesiástico para juzgar a Joseph por adulterio. Levi Hancock ayudó a Fannie a escapar de la ciudad para no tener que testificar. Más adelante se casó por civil con Solomon Custer, en Indiana. Muchos creen que no hay suficiente evidencia de que esto ocurrió, sin embargo en 1890 el asistente al Historiador de la Iglesia, Andrew Jenson, listó a la señorita Alger como la primer “esposa plural” de Joseph Smith.

1835 – La edición de Doctrina y Convenios contenía una sección 101 que consistía en una declaración de creencia. Allí se leía: “Siendo que esta Iglesia de Cristo ha sido acusada por los crímenes de fornicación y poligamia, declaramos que cada hombre debe tener una esposa, y cada mujer sólo un esposo, excepto en el caso de muerte, cuando cada uno estará en libertad de volver a casarse”. Dicho texto, que luego pasó a ser la sección 109, permaneció en Doctrina y Convenios hasta la edición de 1876.

1838 – Lucinda Morgan Harris, quien ya estaba casada con George Washington Harris, miembro del sumo consejo de la estaca de Far West, Missouri, se constituye en la segunda “esposa plural” documentada de Joseph Smith.

1839 – 1842 En el período de Nauvoo varias Autoridades comienzan a contraer matrimonios múltiples, entre ellos Joseph Smith (que adiciona otras 30 esposas), Brigham Young y Heber C. Kimball. Se estima que una treintena de sacerdotes fueron introducidos en estas ordenanzas.

1842 – La imprenta de la Iglesia edita un panfleto de 37 páginas escrito por Udney Hay Jacob (aún no mormón por ese entonces), que incluía dos capítulos de su obra inconclusa llamada The Peace Maker or the Doctrines of the Millenium, en el que se defendía la posibilidad de la poligamia y reclamaba su restauración antes del Milenio. Varios historiadores piensan que esa publicación fue una forma de medir la opinión de los santos al respecto.

1843 – Joseph Smith recibe la revelación conocida hoy como la Sección 132, aunque no será presentada a la congregación hasta 1852, en Utah, y no será incorporada al Libro de Doctrina y Convenios hasta 1876.

1844 – El 7 de Junio el diario opositor Nauvoo Expositor escribe un editorial crítico sobre los matrimonios plurales. Joseph Smith, como Alcalde de la ciudad, manda destruir la imprenta, lo que provoca su arresto y, días más tarde, su asesinato en Carthage. Tanto Sidney Rigdon como Emma consideraban que la práctica del Principio había llevado a Joseph y Hyrum a la muerte.

1845 – Dentro de la denominada Crísis de la Sucesión varios grupos se separan. Brigham Young continúa realizando matrimonios múltiples. Lyman Wight, un Apóstol, y sus seguidores se organizan en la entonces República de Texas y continúan también con la práctica. Emma y su hijo infante, Joseph Smith III, rechazan la poligamia y con el tiempo formarán la Iglesia Reorganizada.

1847 – El grupo principal, bajo la dirección de B. Young, efectúa el Exodo hacia la región del Gran Lago Salado.

1852 – Por primera vez se declara públicamente la obediencia al Principio. Orson Pratt, por asignación de Brigham Young lo presenta a la congregación y se lee el texto de la ahora Sección 132, aprobándose como revelación. Las uniones plurales se hicieron extensivas, llegando a abarcar hasta un 30% o 35% de la población de miembros.

1857 – La denominada Guerra de Utah tuvo como principales motivaciones la poligamia, la esclavitud y la soberanía del territorio.

1862 – El Congreso aprueba el Acta Antibigamia Morrill que convierte a la poligamia en una felonía.

1861-1865 – Guerra de Secesión.

1874 – El gobierno establece el Acta Poland por la que los casos de poligamia serán resueltos en cortes federales para evitar que los jueces mormones hagan caer las causas.

1878 – La Suprema Corte dictamina que las leyes contra la poligamia son constitucionales en el caso Reynolds versus Estados Unidos. Este fallo unánime declaraba: “las leyes se establecen para gobernar las acciones, y aunque no pueden interferir con meras creencias y opiniones religiosas, sí pueden hacerlo con las prácticas”.

1882 – El Acta Edmunds hace que la cohabitación ilegal sea un crimen y quien lo cometa deberá cumplir prisión por seis meses. Más de 1300 varones y algunas pocas mujeres son llevados a la cárcel.

1885 – Comienzan a formarse colonias mormonas en Canadá y México, entendiéndose que las leyes nacionales no se aplicaban fuera de las fronteras.

1887 – El Congreso aprueba el Acta Edmunds-Tucker. Esta ley quitaba el voto a todas las mujeres del Estado y a todos los hombres polígamos. Congelaba los fondos de la Iglesia, produciendo su bancarrota y evitando sus esfuerzos misionales, y declaraba ilegítimos a todos los hijos de matrimonios plurales.

1890 – Wilford Woodruff redacta el Manifiesto.

1895 – El Estado de Utah dicta su constitución, otorgando el derecho al voto femenino, siendo uno de los primeros Estados en concederlo. De hecho, en 1870, en el Territorio de Utah, las mujeres ya tenían ese derecho, pero les fue quitado por el Congreso.

1896 – Utah es aceptada como 45º estado de la Unión.

1904 – Audiencias senatoriales a Reed Smoot. Estas audiencias que se extendieron por cuatro años tendían a impedir que el Senador Smoot, simultáneamente Apóstol de la Iglesia, asumiese su banca en el Congreso. En la investigación quedó claro que se continuaba practicando la poligamia a pesar del Manifiesto. Como resultado de lo anterior el Presidente Joseph F. Smith dicta el Segundo Manifiesto.

1910 – La Iglesia comienza a excomulgar a aquellos que realizan o entran en nuevos matrimonios plurales. Muchas uniones maritales efectuadas con anterioridad continúan cohabitando hasta sus muertes que ocurren mayormente en las décadas de 1940 y 1950. El último Santo de los Ultimos Días polígamo registrado fue Edward Eyring, abuelo del actual Apóstol, Henry B. Eyring, y primo lejano de Mitt Romney. Al fallecer una de sus esposas, en 1954, su matrimonio pasó a ser monógamo.

De modo que esos son los hechos históricos, muy resumidos, que marcan el inicio y posterior abandono de la poliginia entre los santos. Pero son difíciles de entender sin el ingrediente religioso, por lo que analizaremos dos presupuestos teológicos imprescindibles para la instauración del denominado también “matrimonio bíblico”.

PRESUPUESTOS TEOLOGICOS NECESARIOS PARA EL DESARROLLO DEL PRINCIPIO

1) Dios, el Padre, pasó por un estado probatorio similar al nuestro y por su fidelidad adquirió atributos de omnipotencia y majestad superior. Toda la humanidad puede aspirar a una metamorfosis similar. Clave para este proceso es el sellamiento en el Templo a familiares y amigos. La mayor cantidad de esposas e hijos sellados en convenio abrahámico agregarían gloria y exaltación al individuo. El matrimonio plural representaba la cumbre de esta teología por la que el esposo, como rey y sacerdote, junto a sus reinas y sacerdotisas, procrearía eternamente hijos espirituales que poblarían nuevos mundos, manteniendo un ciclo sin fin.

“El Dominio y Poder en el grandioso Futuro será medido por el número de esposas, hijos y amigos que heredemos aquí, y que nuestra gran misión en la tierra es organizar un Núcleo de Cielo para llevar con nosotros (Benjamin Franklin Johnson en una carta a George F. Gibbs, LDS Church History Library, Salt Lake City)

“… y a él (mi siervo Joseph) lo bendeciré y lo multiplicaré y le daré cien veces más en este mundo, de padres y madres, hermanos y hermanas, casas y terrenos, esposas e hijos, y coronas de vidas eternas en los mundos eternos.” (D.yC. 132:55)

2) El mundo cayó en una Gran Apostasía. Como consecuencia de ello, el verdadero concepto de matrimonio se había perdido y había sido reemplazado por la monogamia pagana que llevaba, inevitablemente, al adulterio y la prostitución. Con la Restauración, los antiguos convenios volvían a tener vigencia.

“La monogamia, o restricción por ley a una sola esposa, no es parte de la economía de los cielos entre los hombres. Tal sistema fue iniciado por los fundadores del imperio Romano… Roma se transformó en la cortesana del mundo, e introdujo el orden de la monogamia dondequiera que le fuera permitido”. (Brigham Young, The Deseret News, 6 de Agosto de 1862)

Es de notar que ninguno de estos dos presupuestos es entendido hoy en la Iglesia del mismo modo. Institucionalmente nos estamos alejando de la idea de un Dios que pasó por una etapa probatoria y también de la presencia de una Madre o Madres Celestiales. Con relación a que la monogamia es una desviación pagana no creo que hayamos escuchado el argumento en ninguna Conferencia General de los últimos 100 años. Sin embargo deberemos reconocer que dichos presupuestos eran fundamentales para la instauración de la poliginia. Otro concepto (del que también nos hemos alejado), y al que no dedicaré mucho espacio en esta ocasión, era la idea de los miembros de las primeras décadas sobre la muy inminente venida del Salvador y el inicio del Milenio. De allí un cierto carácter de permanente urgencia imprimido a principios y conductas.

Quisiera ahora tomar un tiempo para analizar los argumentos discursivos que se utilizaron para mantener en funcionamiento el Principio. He tenido el cuidado de seleccionar casi exclusivamente las voces de Apóstoles y Profetas en funciones, generalmente hablando en Conferencias o escribiendo en Organos Oficiales de la Iglesia. Si en algunos temas coloco más de una cita es para despejar dudas de que pudo malinterpretarse o ser tomado fuera de contexto.

ARGUMENTOS DISCURSIVOS ADICIONALES UTILIZADOS A FAVOR DE LA POLIGINIA

Dios, el Padre, es polígamo

“Hemos mostrado claramente que Dios el Padre tuvo una pluralidad de esposas, una o más de ellas en la eternidad, por medio de quienes engendró nuestros espíritus así como el espíritu de Jesús, su Primogénito, y otra sobre la tierra por quien engendró el tabernáculo de Jesús (es decir, María), como su unigénito en el mundo. Hemos probado también que el Hijo siguió el ejemplo del Padre, y llegó a ser el gran Esposo con quien las hijas de reyes y muchas honorables esposas se casarían. Hemos también probado que Dios el Padre así como nuestro Señor Jesucristo heredaron sus esposas tanto en la eternidad como en el tiempo… Si no desean que su moral se corrompa, sus delicados oídos se escandalicen y su piadosa modestia se sonroje por la sociedad de polígamos y sus esposas, no se aventuren cerca de la Nueva Tierra; porque allí los polígamos serán honrados, y estarán entre los gobernantes principales de ese Reino” (Orson Pratt, The Seer, pag. 172)

Jesucristo fue polígamo

“Celso* fue un filósofo pagano; y ¿qué dice sobre el tema de Cristo, sus Apóstoles y sus creencias? Declara que ‘la principal razón de que los Gentiles y filósofos de su escuela persiguieran a Jesucristo, era porque tenía muchas esposas; estaban Elizabeth, María y una hueste de otras que lo seguían’. Después que Jesús desapareció de la escena, los Apóstoles siguieron el ejemplo de su maestro…El motivo principal del brote de resentimiento público y anatemas sobre Cristo y sus discípulos, que llegó a causar su crucifixión, estaba evidentemente basado en la poligamia… una creencia en la doctrina de la pluralidad de esposas causó la persecución de Jesús y sus seguidores. Podríamos casi pensar que eran ‘Mormones’” (Jedediah M. Grant, Segundo Consejero del Presidente Brigham Young, Journal of Discourses, Vol. 1, pgs. 345-346)

*Aulo Cornelio Celso (25 a.C – 50 d.C) fue un filósofo pagano que atacó al Cristianismo en su obra Discurso Verdadero preocupado por las conversiones entre sus contemporáneos. Origenes respondió esas acusaciones en Contra Celso.

“Recordemos que hace mucho tiempo, hubo un casamiento en Caná de Galilea… nada menos que Jesucristo fue quien se casó en esa ocasión. Si él nunca se hubiese casado, su intimidad con María, Marta y la otra María a quien Jesús amaba, hubiera sido altamente indecorosa  e impropia para decirlo suavemente… Me aventuro a decir que si Jesucristo visitara ahora los más píos países de la cristiandad con un cortejo de mujeres, como el que solía seguirlo… sería hostigado, embreado y emplumado, y no cabalgaría sobre un asno sino que sería vituperado… Frente a esta doctrina los hipócritas de cara larga y los santurrones intolerantes probablemente gritarán ¡blasfemia!. Por tanto, no objetéis demasiado el matrimonio de Cristo” (el Apóstol Orson Hyde en Journal of Discourses, Vol. 4, pag. 259-260)

“Cuando María de antaño vino al sepulcro… vio a dos ángeles de blanco, y ellos le dijeron: Mujer ¿por qué lloras? Ella les respondió, Porque se han llevado a mi Señor, o mi Esposo, y no sé dónde lo han puesto…” (Orson Hyde, Journal of Discourses, Vol. 2, pag. 210)

“… entendemos que mayores problemas que estos surgirán antes de que la humanidad comprenda todos los detalles de la encarnación de Cristo – cómo y por quién fue concebido; el tipo de relación establecido por ese acto, el número de esposas e hijos que tuvo…” (The Millennial Star, 1853, vol. 15, pag. 825)

“… se verá que el Gran Mesías, quien fue el fundador de la religión cristiana, fue polígamo… el Mesías escogió, al casarse con esposas honorables, mostrar a las generaciones futuras que aprobaba la pluralidad de esposas bajo la dispensación cristiana, así como bajo la dispensación en que sus ancestros polígamos vivieron… ” (Orson Pratt, The Seer, pag. 172)

Adán fue polígamo

“¡Ahora, escuchad, oh habitantes de la tierra, Judíos y Gentiles, Santos y Pecadores! Cuando nuestro padre Adán vino al jardín de Edén, lo hizo con un cuerpo celestial, y trajo a Eva, una de sus esposas, con él”. (Brigham Young, Journal of Discourses, Vol.1, pag. 50)

La caída del Imperio Romano se debió a su práctica de la monogamia.

“Es un hecho digno de notarse que las naciones menos perdurables de las que hay registro han sido monógama. Roma… era una nación monógama y los numerosos males de ese sistema establecieron desde temprano los fundamentos para la ruina que eventualmente le llegaría” (George Q. Cannon, Journal of Discourses, Vol. 13, pag.202)

“Desde la fundación del imperio romano la monogamia ha prevalecido más extensamente que en épocas anteriores. Los fundadores de ese antiguo imperio eran ladrones y apropiadores de mujeres, y decretaron leyes favoreciendo la monogamia como consecuencia de la escasez de mujeres entre ellos, y de allí que tengamos este sistema monogámico que prevalece en toda la cristiandad y que ha sido la fuente de prostitución y maldades por todas las ciudades cristianas monógamas del Viejo y el Nuevo Mundo, al punto que la corrupción y la decadencia están en la raíz de sus instituciones tanto nacionales como religiosas” (Brigham Young, Journal of Discourses, Vol. 11, pag. 128)

“Así, este orden monógamo de matrimonio, tan estimado por los cristianos modernos como un sacramento sagrado e institución divina, no es nada menos que un sistema establecido por un grupo de ladrones… ¿Por qué creemos en la poligamia y la practicamos? Porque el Señor la introdujo a sus siervos en una revelación dada a Joseph Smith, y los siervos del Señor siempre la han practicado. ‘¿Y es esta una religión popular en los cielos?’ Es la única religión popular allí…” (Brigham Young, The Deseret News, 6 de Agosto de 1862)

La monogamia lleva a la prostitución y a las enfermedades

“Esta ley de monogamia, o sistema monogámico, estableció los fundamentos para la prostitución así como las maldades y enfermedades de la más repugnante naturaleza y características bajo las que la moderna cristiandad gime…” (Orson Pratt, Journal of Discourses, Vol. 13, pag. 195)

“… el sistema de una única esposa no sólo degenera a la familia humana, tanto física como intelectualmente, sino que es totalmente incompatible con las nociones filosóficas de la inmortalidad; es una invitación a la tentación y siempre ha sido una maldición para la gente” (John Taylor, Millenial Star, Vol. 15, pag. 227)

La poligamia tiene efectos saludables en quien la practica y en su descendencia

“Respiramos aire fresco, tenemos los hombres más apuestos y las más hermosas mujeres, y si ellos (los no-mormones) envidian nuestra situación, pueden hacerlo, pues son una raza pobre, miserable y de estrecha mente, que se encadena a la ley de la monogamia, y vive todos sus días bajo el dominio de una sola esposa. Deberían avergonzarse de tal conducta, y del canal contaminado que surge de sus prácticas; por lo que no debe sorprendernos que envidien a aquellos que comprenden mucho mejor las relaciones sociales” (George A. Smith, Journal of Discourses, Vol. 3, pag. 291)

“He observado que un hombre que tiene solo una esposa, y está inclinado a esa doctrina, pronto comienza a marchitarse y secarse, mientras que el hombre que entra en la pluralidad de esposas se ve fresco, joven y animado. ¿Por qué? Porque Dios ama a ese hombre, pues honra su palabra. Alguno de ustedes tal vez no lo crean, pero yo no solo lo creo sino que lo sé. Para un hombre de Dios ser confinado a una mujer es una pequeñez. No sé qué haríamos si tuviésemos una sola esposa cada uno” (Heber C. Kimball, Journal of Discourses, Vol. 5, pag. 22)

“Fue en nombre de un divinamente ordenado tipo de eugenesia que los Santos de los Ultimos Días aceptaron la revelación que incluía la pluralidad de esposas. La poligamia daría la oportunidad de producir, a través de esa consagrada paternidad y maternidad, el hombre mejorado que el mundo necesita para mostrar las más altas posibilidades de la raza, que el día del super hombre pudiese llegar y con él también la redención y el mejoramiento de la raza humana” (B.H.Roberts Comprehensive History of the Church, Tomo 5, pag. 297)

Para lograr la exaltación hay que practicar la poligamia

“Los únicos hombre que pueden llegar a ser Dioses, aún los Hijos de Dios, son aquellos que entran en la poligamia” (Brigham Young, Journal of Discoursses, Tomo 11 pag 269)

“Algunos han supuesto que la doctrina del matrimonio plural era algo superfluo, o no esencial para la salvación de la humanidad. En otras palabras, algunos Santos han declarado y creído que un hombre con una sola esposa, sellada a él por la autoridad del Sacerdocio por tiempo y eternidad, recibirá una exaltación tan grande y gloriosa, si es fiel, como podría tenerla con más de una. Quiero expresar mi oposición a tal idea, ya que es falsa… Por lo tanto, quien se haya imaginado que podría obtener la plenitud de las bendiciones que corresponden a la ley celestial, cumpliendo sólo una parte de las condiciones, se ha engañado a sí mismo. No puede hacerlo. Cuando el principio fue revelado al Profeta Joseph Smith… no falló en cumplirlo, aunque no lo hizo hasta que un ángel de Dios, con su espada desenvainada, se presentó delante de él y le mandó que entrara en la práctica del principio o sería finalmente destruido o rechazado… Entiendo que la ley del matrimonio celestial significa que todo hombre en esta Iglesia, que tiene la habilidad de obedecerla y practicarla en rectitud, y no lo hace, será condenado. Y yo entiendo que significa eso y nada menos, y testifico en el nombre de Jesús que eso es lo que significa” (Joseph F. Smith, Journal of Discourses, Vol. 20, pags 28-31)

Los que no acepten la poligamia serán maldecidos

“Si alguno de ustedes niega la pluralidad de esposas, y continúa haciéndolo, les prometo que serán maldecidos; iré aún más allá y diré, si toman esta revelación o cualquier otra que el Señor ha dado, y la niegan en sus sentimientos, les prometo que serán malditos (Brigham Young, JD 3, pag. 166, 14 de Julio 1855)

“Dios nos ha dicho a los Santos de los Ultimos Días que seremos condenados si no entramos en ese principio… el Señor ha dicho que aquellos que rechacen este principio rechazan su salvación, serán malditos… Deseo profetizar que todo hombre que se oponga a la revelación que Dios ha dado en relación a la poligamia se encontrará en oscuridad; el Espíritu de Dios se apartará de él en el mismo momento en que se oponga al principio, hasta que finalmente irá al infierno y será maldito, si no se arrepiente… si no se transforma en algo tan oscuro como la medianoche entonces no hay verdad en el mormonismo” (Orson Pratt, JD 17, pags. 224-225)

Si la poliginia no es verdadera, el matrimonio por la eternidad tampoco lo es

“… si la pluralidad de casamientos no es verdadera o, en otras palabras, si un hombre no tiene el derecho divino de casarse con dos o más esposas en este mundo, entonces el matrimonio por la eternidad no es verdadero y vuestra fe es totalmente en vano, y todas las ordenanzas selladoras, y poderes, que corresponden al matrimonio por la eternidad, son vanos, sin valor y no sirven para nada; porque tan cierto como que uno es verdadero, el otro también debe serlo” (Orson Pratt, JD 21, pag. 296)

Abandonar la poligamia sería destruir el Reino de Dios y un triunfo de Satanás.

“Se nos dice que abandonemos la poligamia – la cual sabemos que es una doctrina revelada de los cielos, y están Dios y la palabra para atestiguarlo – pero supongamos que esta Iglesia dejara de lado este sagrado orden de matrimonio, entonces el diablo, y todos sus aliados en contra de la causa de Dios, se regocijarían de haber prevalecido sobre los santos y hacerlos rehusar a obedecer una de las revelaciones y mandamientos de Dios” (Brigham Young JD 11 pag. 239, Junio 1866)

“Si abandonamos la poligamia, deberemos abandonar los Profetas y Apóstoles, también la revelación y los dones y gracias del Evangelio, y finalmente abandonar nuestra religión y convertirnos en sectarios para hacer lo que el mundo hace y todo estará bien. No podemos hacer eso, porque Dios nos ha mandado construir Su reino y testificar a las naciones de la tierra, y lo haremos, nos toque vida o muerte. El nos ha dicho tal cosa y debemos obedecerle en los días por venir como lo hemos hecho en el pasado” (Wilford Woodruff, Journal of Discourses 13:166)

Algunas reflexiones iniciales

Podría enumerar varios otros discursos paralelos, por ejemplo: promesas de que el Gobierno de EEUU no lograría triunfar en sus propósitos, de que la poliginia se mantendría hasta la llegada del Milenio, de que por su práctica los hombres volverían a tener la longevidad de los antiguos patriarcas, etc. Lo que me parece interesante es que ninguno de estos discursos podría mantenerse hoy con nuestra actual concepción de la Doctrina. Pero no porque esa doctrina se ha modificado (lo cual es cierto) sino porque no soportarían el análisis de las categorías verdadero/falso. Me refiero a que Adán y Jesucristo fueron o no fueron polígamos. Es sólo una opción. Que la Iglesia haya modificado su política y apoye ahora los matrimonios monógamos no hace automáticamente que esos discursos se desarticulen. La caída del Imperio Romano se debió a la monogamia o no, los únicos que lograrán la exaltación son los polígamos o no… y así sucesivamente. No sé si logro hacerme entender: el que ahora apoyemos la monogamia no hace que mágicamente esos discursos desaparezcan y carezcan de valor. Para encontrar el equilibrio debo estar dispuesto a considerar alguna de estas concesiones: a) Que cuando el principio que estoy defendiendo es, a mi entender, bueno y verdadero puedo valerme de cualquier argumento, incluyendo alguno falso (lo cuál sería una reedición religiosa del concepto maquiavélico de que “el fin justifica los medios”), o b) Que todas las Autoridades mencionadas (al menos 4 Profetas y 8 o 9 Apóstoles) hablaron con poca luz y entendimiento, para lo cual deberemos aceptar la premisa de que es posible que Autoridades Generales hablen con poca luz y entendimiento y que si esa premisa era válida hasta principios del Siglo XX debería seguir siéndolo a principios del Siglo XXI, o c) Que esas mismas Autoridades son la resultante de una sociedad y una cultura definida y que, en muchas de sus opiniones, estarán reflejando esas tendencias culturales y no trascendiéndolas. Pero eso requeriría aceptar que tal cosa fue posible en 1840 o 1912 y que lo será en 2015. No hay tal cosa como una barrera que nos asegure que después de 1950 eso ya no puede ocurrir.

Estoy plenamente convencido de que es posible investigar nuestro pasado poligínico y salir con nuestros testimonios indemnes o aún fortalecidos. También estoy convencido de que ese fortalecimiento será inversamente proporcional a la rigidez de nuestros paradigmas.

CONTINUARA…