Nuestra Madre en los Cielos – Tercera Parte

Doctrina

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Nuestra Madre en los Cielos

Tercera Parte

Por Mario R. Montani

En la actualidad

Actualmente, la creencia en una Madre Celestial es compartida también por algunos movimientos desgajados del mormonismo como la Restoration Church of Jesus Christ (disuelta en 2010) y la Fundamentalist Church of Jesus Christ of Latter-Day Saint. Por otro lado, no es aceptada por la Comunidad de Cristo (Ex Iglesia Reorganizada)

El siglo XXI ha traído muchas novedades. Las agrupaciones feministas han hecho sentir su presencia en la Iglesia, logrando conquistas impensadas algunas décadas atrás. Los nuevos medios de comunicación, particularmente internet, han ‘democratizado’ las opiniones. Publicaciones no oficiales de larga trayectoria y probada seriedad como Dialogue o Sunstone son leídas por buena parte de los miembros. La apertura de los “Estudios Mormones” en las universidades norteamericanas ha producido interesantes reflexiones de catedráticos miembros y no miembros sobre nuestra doctrina y pasado histórico. La Universidad de Brigham Young ha debido ponerse a tono, modificando la variedad y el enfoque de sus propias publicaciones.

Las poesías que incluyen a la Madre Celestial han comenzado a publicarse ampliamente en los foros literarios mormones, los blogs y aún en el Certamen de Poesía Eliza R. Snow patrocinado por la Sociedad de Socorro.

Sin embargo, oficialmente, continuamos hablando poco sobre ella, aunque, si la dejáramos de lado, buena parte de nuestra doctrina se derrumbaría (preexistencia, matrimonio eterno, exaltación, etc)

Tresa Edmunds, una activa miembro de la Iglesia pero también feminista, que participa de entrevistas en diferentes plataformas, ha escrito en 2011:

“La Madre Celestial también encaja en la particular y complicada cosmología mormona, donde las familias son a menudo mencionadas como “los bloques de la eternidad”. Tenemos familias aquí en la Tierra que podemos llevar con nosotros a la próxima vida, siguiendo el modelo del Dios al que adoramos… Hay muchas razones por las que tal vez no sabemos más de nuestra Madre Celestial. Algunos sugieren que la iglesia moderna está intentando restar importancia a doctrinas que pueden hacer que otros nos clasifiquen como “no cristianos”. Otros dicen que, siendo varones la gran mayoría de nuestros líderes religiosos, no han sentido el mismo anhelo por una diosa madre que han sentido las mujeres, y por tanto, no la han buscado. Otros podrán insinuar que Dios aún no desea darnos más información revelada… Aún así, la doctrina de la Madre Celestial nos ofrece esperanzas. Es un marco ya existente que podría desarrollarse para darle a la mujer una posición más fuerte en la jerarquía de la Iglesia… Si el lugar de Ella fuese más prominente, el lugar de la mujer podría serlo también…” (Tresa Edmunds, “God’s wife, the mysterious mother of Mormons, The Guardian, 6 de Julio 2011)

Tresa Edmunds

Tresa Edmunds

En el 2011 también David L. Paulsen y Martin Pulido publicaron “A Mother There: A Survey of Historical Teachings about Heavenly Mother” (Una Madre Allí: Una Revisión de Enseñanzas Históricas sobre la Madre Celestial) en BYU Studies 50, Nº 1 (2011), pags. 71-97. Allí mencionan más de 600 citas de autoridades sobre el tema, explicando que el “silencio sagrado” nunca existió realmente y manifestando la esperanza de que vuelva a ser tratado más ampliamente.

David L. Paulsen

David L. Paulsen

Hace muy poco, en Octubre de 2015, la Iglesia finalmente emitió una declaración doctrinal:

“La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña que todos los seres humanos, hombres y mujeres, son amados hijos espirituales de padres celestiales, un Padre Celestial y una Madre Celestial. Esta comprensión se basa en las enseñanzas proféticas y de las Escrituras acerca de la naturaleza de Dios, nuestra relación con la Deidad y el potencial divino de hombres y mujeres1. La doctrina de una Madre Celestial es una creencia preciosa y distintiva entre los Santos de los Últimos Días2.

Aunque no hay registro de una revelación oficial de José Smith de esta doctrina, algunas de las primeras mujeres Santos de los Últimos Días indicaron que él les enseñó personalmente acerca de una Madre Celestial3. Las referencias publicadas más antiguas de la doctrina aparecieron poco tiempo después de la muerte de José Smith en 1844, en documentos escritos por sus colaboradores cercanos4. La expresión más notable de la idea se encuentra en un poema de Eliza R. Snow, titulado “My Father in Heaven” [Mi Padre Celestial] y ahora conocido como el himno “Oh mi Padre”. Este texto declara: ¿Hay en los cielos padres solos? Clara la verdad está; la verdad eterna muestra: madre hay también allá”5.

De forma subsecuente los líderes han confirmado la existencia de una Madre Celestial. En 1909, la Primera Presidencia enseñó que “Todos los hombres y mujeres son a semejanza del Padre y la Madre universales, y son literalmente hijos e hijas de la Deidad”6. Susa Young Gates, una líder prominente de la Iglesia, escribió en 1920 que las visiones y enseñanzas de José Smith revelaron la verdad de que “la divina Madre, [está] lado a lado con el divino Padre”7. En “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, emitida en 1995, la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles declararon: “Cada [persona] es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos”8.

Los profetas han enseñado que nuestros padres celestiales obran juntos para lograr la salvación de la familia humana. El élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Somos parte de un divino plan diseñado por Padres Celestiales que nos aman”9. El presidente Harold B. Lee declaró: “Olvidamos que tenemos un Padre Celestial y una Madre Celestial que, probablemente, están incluso más preocupados por nosotros que nuestro padre y madre terrenal, y esa influencia del cielo está obrando constantemente para tratar de ayudarnos cuando hacemos todo lo que podemos”10.

Los Santos de los Últimos Días dirigen su adoración al Padre Celestial, en el nombre de Cristo, y no oran a la Madre Celestial. En esto, siguen el modelo establecido por Jesucristo, que enseñó a Sus discípulos que, “siempre debéis orar al Padre en mi nombre”11. A los Santos de los Últimos Días se les enseña a orar al Padre Celestial, pero como el presidente Gordon B. Hinckley dijo: “El hecho de que no oremos a nuestra Madre Celestial de ninguna manera disminuye ni denigra la importancia que ella tiene”12. Ciertamente, como el élder Rudger Clawson escribió: “Honramos a la mujer cuando reconocemos la divinidad que hay en ella en su función eterna”13.

Como con muchas otras verdades del Evangelio, nuestro conocimiento actual acerca de la Madre Celestial es limitado; no obstante, se nos ha dado suficiente conocimiento para apreciar lo sagrado de esta doctrina y comprender el modelo divino que se ha establecido para nosotros como hijos de padres celestiales. Los Santos de los Últimos Días creen que este modelo se refleja en la declaración de Pablo: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón”14. El hombre y la mujer no pueden ser exaltados el uno sin el otro. Al igual que tenemos un Padre Celestial, tenemos una Madre Celestial. Como el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, ha dicho: “Nuestra teología empieza con padres eternos; nuestra mayor aspiración es llegar a ser como ellos”15.

Recursos

  1. Génesis 1:26–27; Moisés 3:4–7; Romanos 8:16–17; Salmos 82:6; Doctrina y Convenios 132:19–20.
  2. Véase “Llegar a ser como Dios”; véase también Elaine Anderson Cannon, “Mother in Heaven”, en Encyclopedia of Mormonism, ed. Daniel H. Ludlow, 5 tomos, Nueva York: Macmillan, 1992, tomo II, pág. 961. Para una revisión detallada de estas enseñanzas, véase David L. Paulsen y Martín Pulido, “‘A Mother There’: A Survey of Historical Teachings about Mother in Heaven”, BYU Studies, tomo L, nro. 1, 2011, págs. 70–97.
  3. Zina Diantha Huntington Young mencionó que cuando su madre falleció en 1839, José Smith la consoló al decirle que en el cielo ella vería a su propia madre de nuevo y llegaría a conocer a su Madre Eterna. Susa Young Gates, History of the Young Ladies’ Mutual Improvement Association of the Church of Jesus Christ of Latter-Day Saints, Salt Lake City: Deseret News, 1911, págs. 15–16.
  4. Véase de W. W. Phelps, “Come to Me”, en “Poetry, for the Times and Seasons”, Times and Seasons, tomo VI, 15 de enero de 1845, pág. 783.
  5. My Father in Heaven”, en “Poetry, for the Times and Seasons”, Times and Seasons, tomo VI, 15 de noviembre de 1845, pág. 1039; “Oh mi Padre”, Himnos, nro. 187; véase también Jill Mulvay Derr, “The Significance of ‘O My Father’ in the Personal Journey of Eliza R. Snow”,BYU Studiestomo XXXVI, nro. 1,1996–1997, págs. 84–126.
  6. “The Origin of Man”, Improvement Era, tomo XIII, nro. 1, noviembre de 1909, pág. 78.
  7. “The Vision Beautiful”, Improvement Eratomo XXIII, nro. 6, abril de 1920, pág. 542. En ese momento, Gates era la secretaria de registros de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro.
  8. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.
  9. Russell Ballard, When Thou Art Converted: Continuing Our Search for Happiness, Salt Lake City: Deseret Book, 2001, pág. 62.
  10. Harold B. Lee, “The Influence and Responsibility of Women”, Relief Society Magazinetomo LI, nro. 2, febrero de 1964, pág. 85.
  11. 3 Nefi 18:19–21Mateo 6:6–9Juan 17:1, 5, 21, 24–25; véase tambiénMateo 4:10Lucas 4:8; y 3 Nefi 13:917:15.
  12. Gordon B. Hinckley, “Hijas de Dios”, Liahona, enero de 1992, pág. 112.
  13. “Our Mother in Heaven”, Latter-day Saints’ Millennial Star, tomo LXXII, nro. 39, 29 de septiembre de 1910, pág. 620. Rudger Clawson era el editor de la publicación periódica y posiblemente el autor de este editorial.
  14. 1 Corintios 11:11.
  15. Dallin H. Oaks, “La Apostasía y la Restauración”, Liahona, julio de 1995, pág. 95.

 

La investigadora Fiona Givens ha apuntado también a otros símbolos a los que no hemos dado importancia suficiente:

“Un símbolo poco reconocido se encuentra en el umbral del cuarto celestial en el Templo de Salt Lake. Justo sobre el velo, en la pared occidental, se yergue la notable estatua de una mujer, de más de 1,80 mts de altura, sosteniendo lo que parecen ser hojas de palma. Se halla flanqueada  por dos querubines fácilmente discernibles a los que se encuentra unida por guirnaldas de coloridas flores. Mientras que los regordetes querubines están siempre presentes en el arte renacentista y podrían, por tanto, confundirse con meras decoraciones, el número y su ubicación en el cuarto celestial del templo nos retrotraen a los majestuosos, temibles Querubines – guardianes del propiciatorio en el Santísimo del Primer Templo. La Dama del Templo está ubicada en el portal del velo – la representación del cuerpo herido de del Señor Jesucristo – a través del cual toda nación, tribu, lengua y pueblo entrará al reino celestial (Hebreos 10:20, Mateo 27:50-51) La estatua original fue obtenida por Joseph Don Carlos Young, quien fue llamado por la Presidencia de la Iglesia para suceder a Truman O. Angell como decorador del interior del Templo. Young compró la estatua alada llamada “El Angel de la Paz” y los querubines en una visita a Nueva York en 1877. Sin embargo, en una visión en sueño cierta noche, Young registró: “Me sentí impelido a quitarle las alas. Ahora le veo una sonrisa y una expresión que jamás había notado antes y puedo permitir que sea colocada allí” (Anotaciones privadas de Joseph Don Carlos Young, citado en “The Woman at the Veil”,Alonzo L. Gaskill & Seth G. Soha, Provo, Religious Studies Center, 2015, pags. 91-111) . La enigmática dama colocada en el velo del templo, plena de imágenes relacionadas con la crucifixión, no parece ser Eva. María, la madre mortal del Señor, es una posibilidad, dada su relación maternal con el Mesías. Sin embargo, la presencia de la Dama a la entrada del cuarto celestial, representando el reino celestial, sugiere a alguien más. (Fiona Givens, Joseph Smith’s Theology Making, Dialogue 49.1 Spring 2016, pags. 6-7)

Fiona Givens

Fiona Givens

Orando a la Madre Celestial

He dejado para el final un tema bastante conflictivo:

“Las influencias de más allá del velo pueden ayudarnos. Ocasionalmente olvidamos que hay seres amados fuera de nuestra vista que piensan sobre nosotros y nuestros hijos. Olvidamos que tenemos un Padre Celestial y una Madre Celestial que están, probablemente, más preocupados que nuestros padres y madres terrenales, y que las influencias del más allá están operando constantemente para tratar de ayudarnos cuando hemos hecho todo lo posible” (Harold B. Lee, “The Influence and Responsability of Women”, Relief Society Magazine 51, Febrero 1964, pag. 85)

Para muchos miembros, declaraciones como la anterior y otras del pasado más profundo, han significado que podemos dirigirnos tanto a nuestro Padre como a nuestra Madre en busca de la colaboración prometida.

Probablemente el primero en oponerse a tales prácticas fue el Apóstol Orson Pratt, pero el motivo que expuso fue que, como en cualquier hogar bien organizado del siglo XIX, “la Madre en los cielos debía la más perfecta obediencia a su Esposo” (frase que nunca fue vista con simpatía por las feministas de todas las épocas). Sin embargo, a partir de 1865, las propuestas de Pratt fueron dejadas de lado en lo relacionado a valor doctrinal por su oposición a la idea de Brigham Young sobre Adán-Dios (hoy llamada teoría pero en aquel entonces impulsada como doctrina por la Primera Presidencia)

Susa Young Gates, una de las hijas de B. Young, y ella misma activista por los derechos de la mujer (la hemos mencionado anteriormente como una de las fuentes indirectas por las que se ha intentado mostrar que Joseph Smith reveló la existencia de nuestra Madre) pensaba que “la gran Madre Celestial había moldeado la personalidad de Abraham… y ha cumplido un rol significativo en nuestras vidas, vigilándonos y proveyendo un cuidadoso entrenamiento”

Susa Young Gates

Susa Young Gates

En una carta del lector aparecida en Dialogue, A Journal of Mormon Though 7 (Otoño 1974), pag. 7, la remitente relataba que después de meditar y arrodillarse para orarle por primera vez a la elusiva figura Femenina, tuvo esta experiencia:

“Madre en los Cielos, creo que tu puedes existir. ¿Estás allí? Conocemos al Padre y al Hijo, pero ¿por qué no te has revelado a nosotros?”

Entonces una voz maravillosa le respondió claramente:

“Buena hija, hasta este momento, nadie preguntó. Los hombres jamás pensaron en preguntar”.

Finalmente, en la década de 1990, con cientos de mujeres mormonas (tal vez miles) intentando establecer una relación personal con la figura materna celestial, el Presidente Gordon B. Hinckley, como Consejero de la Primera Presidencia, se expidió oficialmente:

“Esta práctica se inició en oraciones privadas, pero está comenzando a surgir en oraciones que se ofrecen en algunas reuniones… Sin embargo, en vista de la instrucción que hemos recibido del Señor mismo, considero inapropiado que alguien en la Iglesia se dirija en oración a nuestra Madre Celestial. El Señor Jesucristo nos enseñó la forma en que debemos orar…me gustaría agregar que ninguno de nosotros puede añadir ni quitar a la gloria de nuestra Madre Celestial de quien no tenemos un conocimiento revelado (Conf. General Octubre 1991, Liahona Enero 1992, pag. 112)

En 1995 la teóloga feminista Janice Allred, quien había publicado God, the Mother fue excomulgada, y en 1996 la Profesora Gail Houston fue despedida de BYU por describir públicamente su relación personal con la Madre. A partir de allí, la oración ha pasado a la clandestinidad, pero, indudablemente, sigue existiendo, como lo ha demostrado el artículo de Kevin L. Barney “How to Worship Our Mother in Heaven (Without Getting Excommunicated) (Cómo adorar a nuestra Madre en los Cielos, sin ser excomulgados) Dialogue 41, Nº4 (Invierno 2008), pags. 121-146)

god

El razonamiento utilizado por Gordon B. Hinckley que se inicia con la introducción de “considero inapropiado” (bastante alejada de “así dice el Señor” o “esta es la doctrina de la Iglesia) y que se basa en que no aparecen referencias a oraciones a la Madre en las Escrituras, presenta también sus puntos débiles. Varios han objetado ya que, con el mismo razonamiento, siendo que las Escrituras no mencionan jamás a la Madre, deberíamos concluir, por lo tanto, que no existe.

Algunas provisorias consideraciones finales

Creo en la existencia de una Madre Celestial. La idea me parece razonable y me siento cómodo con ella. También estoy cómodo con que una mujer puede haber tenido una revelación al respecto. Tengo en claro que nadie dejará de recibir una recomendación para el Templo por creer o no creer en ella. De hecho, es más probable que la obtenga alguien que no cree en su existencia que alguien que sí cree pero le ora (lo cual suena un poco raro ¿no?). En el brevísimo lapso histórico (para una Iglesia) de dos siglos, hemos pasado de ignorar la existencia de una Madre Celestial a proclamar su realidad; hemos pasado de hablar profusamente sobre sus características a un silencio sagrado sin propósitos definidos; importantes y diferentes Autoridades Generales la han considerado como Eva, el Espíritu Santo, una colaboradora en la Creación o como Una entre Varias. Siendo una doctrina que nos ha llegado por “inferencias” y no por revelación (el propio Gordon B. Hinckley así lo reconoce en su categórico discurso) todo lo que digamos y opinemos sobre ella siguen siendo “inferencias” la cual es una palabra un poco más suave que “suposiciones” o “deducciones”. Todo lo que se ha hablado sobre la preocupación de nuestra Madre, de sus preparativos para nuestro recibimiento al otro lado del velo, son expresiones bien intencionadas, anhelos humanos “inferidos” de nuestra experiencia terrenal. Hemos creído que el hecho de poseer la teología de un dios antropomórfico nos habilita a trasladar a los cielos nuestra pobre experiencia mortal. Es cierto, no tenemos otro modo de imaginar. Pero deberíamos aclarar que se trata de un “andamiaje provisorio de la verdad” y no la Verdad Ultima de la que poco sabemos.  Creo también que si no tenemos revelación confirmativa de la existencia de nuestra Madre, tampoco la tenemos sobre las oraciones dirigidas a ella. No imagino al Padre negándose a revelar su ser pero tomándose el trabajo de asegurarnos que no debemos orarle. Se trata de otra “inferencia”, o si se quiere darle carácter institucional, una “política”, con poca base como para que se definan excomuniones por ella.

Me despido con la frase de alguien por quien sentí mucho cariño, el último de los Patriarcas Presidentes de la Iglesia, con una fe sencilla y profunda, pero consciente de que llenamos los huecos doctrinales con andamiajes provisorios:

“El único de mi conocimiento que ha resucitado y tenido hijos – que yo lo sepa – es mi Padre en los Cielos y mi Madre en los Cielos. No se puede tener una Padre en los Cielos sin una Madre en los Cielos… nuestro Padre en los cielos debe haber pasado por una vida mortal y llegar a resucitar, y debemos tener una Madre en los Cielos, porque no podemos tener un Padre sin una Madre en ningún tiempo, en ninguna vida. Fuimos sus hijos, nacidos después de sus respectivas resurrecciones…” (Eldred G. Smith, “Exaltation,” in Brigham Young University Speeches of the Year, 1963–64, Provo: Brigham Young University, 1964: 6)

Esta serie de artículos se ha beneficiado con las siguientes lecturas:

“The Mormon Concept of a Mother in Heaven” – Linda P. Wilcox

“Mormon Doctrine” – Bruce R. McConkie

“Adan, Eva y la Serpiente” – Elaine Pagels

“The Perfect union of man and woman: reclamation and collaboration in Joseph Smith’s theology making” – Fiona Givens

“A Mother There” A Survey of Historical Teachings about Mother in Heaven – David L. Paulsen & Martin Pulido (BYU Studies Symposium)

“How to Worship our Mother in Heaven (Without Getting Excommunicated)” – Kevin L Barney (Dialogue Vol. 41 Nº4, pag. 121-146

 

 

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Nuestra Madre en los Cielos – Segunda Parte

Doctrina

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Nuestra Madre en los Cielos

Segunda Parte

Por Mario R. Montani

En el siglo XIX

Como observamos en la primer parte de este tratado, la idea de una Madre Celestial no aparece en la Biblia, ni en el resto de los Libros Canónicos o las enseñanzas de Joseph Smith, y lo que las Autoridades han declarado con el paso del tiempo siempre ha enfatizado su carácter de “deducción lógica” o “inferencia de otras doctrinas”.

Sin embargo, a lo largo del siglo XIX, los mormones no estaban tan solos en esta “inferencia”. Como lo ha señalado el estudioso SUD Charles R. Harrell:

“Aún el concepto de un Padre y una Madre Celestiales del mormonismo tardío puede hallarse en las enseñanzas esotéricas de la Kabala, que intrigaba a los místicos cristianos de la época de Joseph Smith” (Charles R. Harrell, “This Is My Doctrine”: The Development of Mormon Theology (Salt Lake City: Greg Kofford Books, 2011), pag.207)

Linda Wilcox, en “Mormon Concept of a Mother in Heaven,” como parte de Women and Authority, editado por M. Hanks, pag. 4, ha indicado:

“El ambiente norteamericano del siglo XIX temprano del cual surgió el mormonismo también poseía algunos prototipos para una deidad femenina”

La década de 1840 marcó el inicio de los movimientos feministas, que tuvo su definición formal en la Convención de Seneca Falls de 1848, a sólo 25 millas de Palmyra. Una de las líderes del movimiento, Elizabet Cady Stanton, publicaría The Woman’s Bible, un comentario sobre la Biblia en el que la Trinidad se entendía compuesta por Padre, Madre e Hijo.

“Los elementos masculinos y femeninos estaban igualmente representados en la creación…Y el reconocimiento para la nueva generación de una Madre Celestial ideal, a quien puedan dirigirse las oraciones así como al Padre”  (Elizabeth Cady Stanton, The Woman’s Bible, pt.1 (1895-98, New York Arno Press, 1972), pag. 218)

Los Shakers eran una secta escindida de los Cuáqueros, con origen en Inglaterra pero trasplantada a América con sus características propias. Enseñaban una doctrina de “Padres Celestiales”. “Una importante, sublime y fundacional doctrina de los Shakers es la existencia de una Madre Eterna y un Padre Eterno en la Deidad, los Padres Celestiales de todos los seres angélicos y humanos” (Frederick W. Evans, Shakers: Compendium of the Origin, History, Principles, Rules and Regulations, Government, and Doctrines of the United Society of Believers in Christ’s Second Appearing (New York: D. Appleton, 1859), pags. 103-104). Desde 1826 existía una comunidad del grupo en Groveland, 48 millas al sur de Palmyra. Varios de los primeros líderes de la Iglesia o sus familiares tuvieron ese origen y los Shakers son mencionados específicamente en la Doctrina y Convenios.

Mary Baker Eddy, fundadora de la Ciencia Cristiana,  publicó en 1875 Science and Health with Key to the Scriptures, en el cual identifica a la deidad como “Padre-Madre Dios”.

Dentro del catolicismo, el siglo XIX también fue un período en el que se resaltó lo femenino. Esto puede observarse en la doctrina de la Inmaculada Concepción establecida como dogma en 1854 y las apariciones de María en Lourdes, 1858.

En esa misma centuria, las Autoridades de la Iglesia no se quedaron atrás.

Brigham Young especificó que “Dios creó al hombre, como nosotros creamos a nuestros hijos; pues no hay otro proceso de creación en los cielos, sobre la tierra, en la tierra, o debajo de la tierra, o en todas las eternidades, que sea, que haya sido, o que jamás existirá” (Brigham Young, Journal of Discourses, 18 June 1865, 26 vols, Liverpool, 11:122)

Erastus Snow, un Apóstol, también explicó el concepto como surgido de la lógica y el sentido común:

“Ahora bien, no hay demasiadas referencias en las Escrituras sobre que tengamos una Madre en los cielos así como un Padre. Se ha dejado para que los infiramos de lo que vemos y sabemos sobre todas las cosas vivientes sobre la tierra, incluyendo al hombre. Los principios de lo masculino y lo femenino están unidos y ambos son necesarios para cumplir el propósito de su existencia, y si este no fuese el caso con nuestro Padre en los cielos, a cuya imagen fuimos creados, sería una anomalía en la naturaleza. En nuestras mentes, la idea de un Padre sugiere la de una Madre”. (16. JD, 31 May 1885, 26:214)

Erastus Snow

Erastus Snow

“Dios es un Ser casado, tiene una esposa… y somos los descendientes de El y Su esposa”. (George Q. Cannon, Salt Lake Daily Herald, Abril 15 de 1884, pag. 8)

Otras veces, daban la idea de postular un Dios que incorporaba el elemento femenino en su propia esencia:

“¿Qué”, dice alguien, “quiere decir que debemos entender que la Deidad consiste de hombre y mujer?”. Ciertamente yo lo hago. Si voy a creer lo que dios ha dicho sobre sí mismo y sobre la creación y organización del hombre en la tierra, debo creer que la Deidad consiste de hombre y mujer… no puede haber dios a menos que esté compuesto del hombre y la mujer unidos… Jamás hubo un Dios, o llegará a haberlo en las eternidades, a menos que esté formado por estos dos componentes: un hombre y una mujer, lo masculino y lo femenino”. (Erastus Snow, JD 3 Marzo 1878, 19: 269-70)

¿Madre o Madres?

En un sarcástico chiste mormón de humor gráfico (los hay, y algunos muy buenos) una esposa le pregunta a su esposo: “¿Qué crees que la Madre Celestial pensará sobre la poligamia?”. A lo que su compañero responde: “¿Cuál de las Madres Celestiales?”.

Como todo chiste, para ser efectivo, debe dar cuenta de la existencia previa de una situación en la sociedad a la que va dirigido. A veces, inclusive, a situaciones tensionales o irresueltas en esa sociedad.

Muchos creen que las especulaciones sobre la pluralidad de Madres Celestiales, se originaron en The Seer, de nuestro teólogo Orson Pratt, a las cuales se las considera no doctrinales. Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo XIX son numerosísimas las referencias en discursos de Autoridades a la práctica poligámica de Jesucristo y de su Padre, Elohim, coincidentes con el período en que la poligamia fue común entre los Santos.

Orson Pratt

Orson Pratt

Es decir, sin una motivación puramente doctrinal o teológica, se mencionaban permanentemente las varias esposas de Jesús y de nuestro Padre como forma argumentativa de defender la poligamia decimonónica.

El Apóstol John Taylor (futuro Presidente de la Iglesia) respondiendo a la pregunta de una hermana, publicó:

“¿No sabes tú que eternidades atrás tu espíritu, puro y santo, moró en el seno del Padre Celestial, y en su presencia, y con tu madre, una de las Reinas de los cielos, rodeada por tus hermanos y hermanas espirituales, en el mundo de los espíritus, entre los Dioses?” (John Taylor, Origin, Object, and Destiny of Women, The Mormon, 29 de Agosto 1857)

Obviamente, la mención de “una de las Reinas”, implica la presencia de varias.

John TAylor

John Taylor

Por supuesto, cuando la práctica de matrimonios plurales desapareció, también se mitigaron los usos discursivos. Pero ¿qué hacer con las frases ya pronunciadas? Sobre todo en una religión para la cual cualquier declaración de una Autoridad tiene características cuasi canónicas.

No sólo dentro de la Iglesia Fundamentalista de los Santos de los Ultimos Días existe hoy la creencia. También muchos miembros tradicionales aceptan la posibilidad, basados en los aspectos polígamos de DyC. 132 y en la política de permitir que los esposos vivos (no las esposas) puedan sellarse más de una vez por las eternidades.

Escuchemos a Joanna Brooks, de “Ask Mormon Girl”:

“Sí, es cierto que algunos SUD imaginan que nuestros Padres en los Cielos crean a los espíritus humanos de manera similar a la que los cuerpos  humanos son creados sobre la tierra. Eso es un montón de procreación espiritual, cuenta la historia, de allí la necesidad de tantas Madres Celestiales. Nuevamente, nada de esto es doctrina, pero es el tipo de cuento que escuchamos en ausencia de doctrina. Y, para dejarlo en claro, lo diré nuevamente, conozco muchas mujeres que estarían totalmente en desacuerdo con que una eterna preñez en compañía de una manada de otras esposas eternamente embarazadas sea su imagen del cielo”.

 (https://askmormongirl.wordpress.com/2012/06/19/ask-mormon-girl-why-do-we-not-talk-about-heavenly-mother/)

Dra. Joanna Brooks

Dra. Joanna Brooks

El Sagrado Silencio

Varios motivos han contribuido a la ausencia de la Madre Celestial en los discursos oficiales de la Iglesia. Algunos estudiosos han denominado a esta situación la controversia sobre “el sagrado silencio”. Es notable que, a partir de mediados del siglo XX, nuestra Madre esté ausente en las Conferencias Generales y, desde la creación del programa de correlación, de todos los manuales de enseñanza en uso.

Esto ha hecho especular a la membresía que, tal vez, la falta de información cumpla un propósito divino. Ya hemos conversado en otros post sobre la tendencia humana a llenar los huecos con suposiciones.

En 1960 Melvin R. Brooks, un maestro de Seminario, propuso en la LDS Reference Encyclopedia “que el nombre de la Madre en los Cielos ha sido preservado para que no fuese profanado como suelen serlo el de Dios y Jesucristo” (Melvin R. Brooks, LDS Reference Encyclopedia, Salt Lake City, Utah, Bookcraft, 1960, pags. 309-10).

Aunque jamás una Autoridad General respaldó esa propuesta, la misma se extendió entre los santos durante las décadas siguientes. Las sanciones por parte de la Iglesia a varias feministas que discutieron el tema de la Madre Celestial tampoco ayudaron demasiado a su tratamiento público.

David L. Paulsen, profesor de BYU, ha probado eficazmente que el silencio sagrado es el resultado de una percepción cultural relativamente reciente, ya que en los discursos del siglo XIX y comienzos del XX aparece con frecuencia la figura materna celestial

Esta percepción cultural ha tenido como origen el alejamiento de la poligamia, la posición general de la mujer en la Iglesia y las sanciones a feministas.

“Lo que hemos tomado como ausencia ha sido una presencia continua, sólo que no teníamos los ojos para verla” (V.H. Cassler,  Square Two 5 Nº 2 , 2012 “Plato’s Son, Augustine’s Heir: A Post-Heterosexual Mormon Theology?”)

Retornando a Joanna Brooks:

“El silencio que rodea a la Madre Celestial no es doctrinal. Un amplio estudio publicado en BYU Studies el año pasado ubica más de 600 referencias a la Madre Celestial en los discursos y escritos de líderes SUD. Es una lectura importante y los autores dan cuenta de que no existe base doctrinal para la prohibición de conversar sobre nuestra Madre Celestial. ¡Y es la publicación de BYU Studies, por favor!

El silencio sobre la Madre Celestial, por tanto, es cultural. Es simplemente una tradición humana – un hábito que se desarrolló y que resulta difícil desactivar. No la hallamos como objeto de discusión o siquiera mención en los discursos de las Conferencias Generales. Pocas preguntas tienen lugar en cuanto a sus atributos, carácter o contribuciones, como si tales preocupaciones fuesen marginales o periféricas.

De modo que por muchas décadas ha existido un virtual vacío de reflexiones sustantivas sobre nuestra Madre Celestial.

Así como la doctrina folklórica – alguna por cierto bastante cruel – se filtró para racionalizar la prohibición de más de un siglo a la ordenación al sacerdocio de los negros, una buena cantidad de doctrina folklórica también se hizo lugar para racionalizar nuestra falta de conversación sobre nuestra Madre. Crecí en los ’80 escuchando a mi maestro de Seminario decir que el Padre Celestial mismo había prohibido las conversaciones sobre nuestra Madre porque deseaba protegerla de los abusos del mundo – de que los mortales tomasen su nombre en vano y cosas parecidas – una historia que siempre me sonó absolutamente absurda…

Una también escucha a veces en ciertos círculos mormones la especulación susurrada de que no hablamos sobre la Madre Celestial, porque en realidad existen plurales Madres Celestiales…”

Algunas semanas atrás, me encontraba en un grupo de mujeres SUD, cuando una de ellas relató la historia de un amigo suyo que había dado un discurso sobre la Madre Celestial el Día de la Madre, en su congregación, en el oeste de los EEUU. Fue sumamente cuidadoso, armando su mensaje con referencias oficiales de Autoridades mormonas prestigiosas. ¿Por qué no hablar de la Madre Celestial, precisamente en el Día de la Madre? Pero, tan pronto como terminó su discurso, tomó su lugar el obispo denunciando lo que había declarado y avergonzando al hombre. En algunas semanas, su Presidencia de Estaca emitió un comunicado afirmando que los discursos sobre la Madre Celestial estaban prohibidos.

“Eso estuvo mal”, les dije a las mujeres del grupo, “Eso no es doctrinal”.

“¿Cómo lo sabes?”, me miraron con inmensos ojos asombrados y temerosos.

“Pues porque lo sé”, les respondí, “No es un misterio. Las declaraciones oficiales están disponibles para quien quiera estudiarlas. Deberíamos asumir la responsabilidad de conocer nuestra propia religión ¿verdad?

Es la negación a saber y actuar con relación a nuestra propia doctrina lo que mantiene a nuestra Madre Celestial en silencio. Y esa negación tiene raíces en lo cultural. La cultura mormona, conservadora en cuanto a los géneros, a menudo privilegia la objeción educada y la pasividad en las mujeres antes que la curiosidad intelectual y la autoridad. Tal vez la quietud que asignamos a la Madre Celestial es un reflejo de lo que la cultura mormona, en sus aspectos más conservadores, valora en la mujer.

Ciertamente no creo que los líderes de la Iglesia estén complotando para mantener a la Madre Celestial fuera de la conversación. Para nada. Pienso que están preocupados con los muchos desafíos de dirigir una iglesia mundial, y la Madre en los Cielos no se les presenta como otra cosa que una especulación teológica marginal. De modo que corresponderá a aquellos de nosotros para quien ella no es una preocupación marginal – tal vez  porque se parece a nosotros o a alguien a quien amamos – tomar la responsabilidad de conocer la doctrina.

Y no culpemos a Dios por el silencio. Después de todo ¿Por qué prohibiría Dios conversar sobre la verdad de que las mujeres son socias de la Deidad, que Dios no sólo se parece a esposos, hermanos e hijos que adoramos, sino también a nosotras, nuestras hermanas y nuestras hijas?

La poetisa mormona Carol Lynn Pearson, ha expresado también su preocupación por este desplazamiento de la figura materna: 

“Mi madre murió cuando yo tenía 15 años, y aprendí lo que es vivir en un hogar desprovisto de madre. En mi anhelo por Dios, he encontrado la misma angustia”.

Carol Lynn Pearson

Carol Lynn Pearson

La muy crítica Margaret Toscano, excomulgado en el año 2000 por sus posiciones con relación al tema:

“El silencio rodea la imagen de la Madre Diosa Mormona. ¿Alguna vez será algo más que la reproductora de billones de hijos espirituales o una prohibición de la que no se puede hablar?”

En el Siglo XX

En 1902, a pesar de los más de 70 años transcurridos desde la organización formal de la Iglesia, las doctrinas de la Trinidad y los Padres Celestiales continuaban confusas. Respondiendo a la declaración de un señor Kinsman en cuanto a que los integrantes de la Trinidad eran todos hombres, el Elder Charles W. Penrose, Profesor de Teología en BYU y futuro Apóstol y Consejero en la Primera Presidencia, aseguraba:

“Si la imagen divina, para estar completa, debe reflejar un elemento femenino así como masculino, es evidente que ambos deben estar contenidos en la Deidad. Y lo están. Porque el divino Espíritu que en la mañana de la creación “se movía sobre la faz de las aguas”, produciendo vida y orden, es del género femenino, sin importar lo que la moderna teología pueda pensar sobre ello” (Millennial Star 64:410, 26 de Junio 1902)

James Talmage: “La Iglesia es lo suficientemente audaz como para declarar que el hombre tiene una Madre Eterna en los Cielos así como un Padre Celestial, y, en el mismo sentido, vemos a la mujer como un ser esencial en todo aspecto para lograr los propósitos de Dios con relación a la humanidad” (Deseret News, 28 de Abril 1902)

En 1907, respondiendo a una revisión de la Ministerial Association de Salt Lake City aparecida en el Salt Lake Herald del 4 de junio de 1907, en su página 8, en la que se tildaba a los mormones de “no cristianos” por la creencia en una maternidad celestial, B.H. Roberts, del Consejo de los Setenta, diría:

“¡Creemos que tenemos tanto una madre celestial como un padre celestial de nuestros espíritus! Obsérvese la peculiar posición de estos críticos: está perfectamente bien que Jesús tuviese una madre, pero está muy mal que tuviese un padre. Por otro lado, está muy bien que los espíritus humanos tengan un padre en los cielos, pero esos revisores objetan nuestra doctrina de que tengan una madre allí”. (B. H. Roberts, “Answer to Ministerial Association Review,” 9 Junio 1907, ien An Address: The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints to the World (Salt Lake City, 1907), pags. 18-19)

En 1909, al cumplirse el aniversario 50 del “Origen de las Especies” de Darwin, la Primera Presidencia emitió el primer comunicado oficial en el que aparece mencionada nuestra Madre.

“Todos los hombres y mujeres son a semejanza del Padre y la Madre universales, y son literalmente hijos e hijas de la Deidad” (The Origin of Man”, Improvement Era, tomo XIII, nro. 1, noviembre de 1909, pág. 78)

En 1910 el Apóstol Rudger Clawson parecía oír su propia campana al mencionar “el anhelo de sus hijos por adorarla”:

“El corazón del hombre anhela esta fe y ha demandado desde tiempos inmemoriales la deificación de la mujer. No quita nada de la adoración a nuestro Padre Eterno, que rindamos culto a nuestra madre Eterna, del mismo modo que no disminuye el amor que brindamos a nuestros padres terrenales el que incluyamos a las madres terrenales en nuestro afecto” (Millennial Star 72, 29 Sept. 1910, pag. 619-20)

Rudger Clawson

Rudger Clawson

En la década de 1920 varios Apóstoles tocaron el tema. Melvin J. Ballard aseveró que “la maternidad es eterna dentro de la Deidad, y no hay tal cosa como vida eterna o sin fin sin la continuidad eterna y sin fin de la maternidad”. También que nuestra Madre está al lado del Padre Celestial “en toda su gloria, una gloria semejante a la de El… como su compañera, la Madre de sus hijos… una Madre glorificada, exaltada y ennoblecida”. (Melvin J. Ballard, Journal History, 8 Mayo 1921, pags. 1-3)

John A. Widtsoe hallaba “una radiante calidez en la idea de que entre los seres exaltados del mundo venidero encontraremos una madre que posee los atributos de la Deidad. Tal concepto eleva a la maternidad a una posición muy alta. Explica la generosa provisión dada a la mujer en la Iglesia de Cristo. Ser madre es involucrarse en la eterna obra de Dios” (John A. Widtsoe, “Everlasting Motherhood,” Latter-day Saints’ Millennial Star 90 (10 Mayo 1928): 298)

En 1945, el Apóstol Milton R. Hunter, asignando a Joseph Smith una revelación de la que no tenía constancia, aseguró la “estupenda verdad de la existencia de una Madre Celestial y el completo descubrimiento que somos la simiente de Padres Celestiales”. También confirmó que estas ideas eran “hechos establecidos de la teología mormona y parte integral de la filosofía mormona” (The Gospel Through the Ages (Salt Lake City: Stevens and Wallis, Inc. 1945), pags. 98-99)

Milton R. Hunter

Milton R. Hunter

Joseph Fielding Smith, 1960:

“Respondiendo a su pregunta sobre una madre celestial, razonemos… El hecho de que no haya referencia a una madre en los cielos en la Biblia, el Libro de Mormón o Doctrina y Convenios, no es suficiente prueba de que algo como una madre no exista allí. Si tuvimos un Padre, que, de hecho, tuvimos, ya que todos esos registros hablan de El, entonces ¿no nos dice el buen sentido común que debemos tener también una madre allí?” (Joseph Fielding Smith, Answers to Gospel Questions (1960), 3:142)

Es digno de observarse el uso de “razonemos” y “el buen sentido común” para definir una doctrina cuando no tenemos revelación al respecto.

Hugh B. Brown, de la Primera Presidencia:

“Algunos han cuestionado nuestro concepto de una madre celestial, mas ningún hogar, ninguna iglesia, ningún cielo sería completo sin una madre allí”. (Hugh B. Brown, “Relief Society—An Extension of the Home,” Relief Society Magazine 48 (Dic. 1961) pag. 814.)

“Un Hombre de Santidad (Moisés 6:57) exaltado y glorificado no podría ser Padre a menos que una Mujer de su misma gloria, perfección y santidad estuviese asociado con él como Madre. La procreación de hijos convierta a un hombre en padre y a una mujer en madre ya sea que tratemos con el estado mortal o inmortal del hombre” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine (Salt Lake City: Bookcraft, 1966), pag. 516)

El Elder Neal A. Maxwell:

“Cuando regresemos a nuestro verdadero hogar, será con la ‘mutua aprobación’ de aquellos que gobiernan en ‘las cortes reales de lo alto’. Allí encontraremos tal belleza como los ‘ojos mortales jamás hayan visto’, escucharemos sonidos que sobrepasarán la música que ‘oidos mortales hayan oido’. ¿Podría tal regia bienvenida a casa ser posible sin los arreglos anticipados de una Madre Celestial?” (Neal A. Maxwell, Ensign 8 (May 1978) pag. 11)

Harold B. Lee: “Tuvimos una Madre Celestial – ¿pueden pensar en tener un padre sin una madre”. (The Teachings of Harold B. Lee, ed. Clyde J. Williams (Salt Lake City: Deseret, 1996), pag. 22)

Gordon B. Hinckley, en la Conferencia General de Octubre 1991:

“La lógica y la razón ciertamente sugieren que si tenemos un Padre Celestial, tenemos una Madre Celestial” (Gordon B. Hinckley, Daughters of God, Ensign, Nov. 1991, pag. 100)

En la Encyclopedia of Mormonism, la autora Elaine Anderson Cannon, seleccionada para desarrollar el tema en 1992, aseguraba:

“Los Santos de los Ultimos Días infieren de fuentes autorizadas en las escrituras y la profecía moderna que hay una Madre Celestial así como un Padre Celestial. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días rechaza la idea que se encuentra en algunas religiones de que los espíritus o almas de los seres humanos han sido creadas ex nihilo… Los Santos de los Ultimos Días creen que todos los habitantes de la tierra que han vivido o vivirán son descendientes espirituales de Dios, el Padre Eterno. Una Madre Celestial comparte esa calidad con el Padre Celestial. El concepto conduce a los SUD a creer que ella es igual a El en gloria, perfección, compasión, sabiduría y santidad…”

Nuevamente, la palabra “inferencia” vuelve a ser fundamental y en cuanto a “Escrituras y profecía moderna” no pueden citarse ejemplos de ninguna de las dos.

En 1995, la Iglesia emitió “La Familia: Una Proclamación al Mundo” en la cual declaraba que “toda persona es un hijo o hija espiritual de padres celestiales”.

Continuará en la Tercera y última parte///

 

Nuestra Madre en los Cielos – Primera Parte

Doctrina

        Deidad

Nuestra Madre en los Cielos

Primera Parte

Por Mario R. Montani

Dentro del Mormonismo, cuando hablamos de nuestra Madre Celestial, nos estamos refiriendo a la madre de todos los espíritus humanos y  esposa de Dios, el Padre. El tema no se discute ni conversa demasiado en la Iglesia, aunque buena parte de nuestra teología está implícita o explícitamente basada en su existencia.

La historiadora Linda Wilcox, quien posee una Maestría en Educación por la Universidad de Stanford y otra en Historia por la Universidad de Utah, la ha definido como “una vaga y elusiva creencia que flota en los bordes de la conciencia mormona” (Trabajo presentado en la Sunstone’s Mormon Theological Symposium de 1980 y publicado en el número de Septiembre/Octubre de 1980 en la Revista Sunstone).

La doctrina no aparece en ninguno de nuestros Libros Canónicos y jamás fue declarada por Joseph Smith, Jr, nuestro Profeta fundador, mientras estuvo con vida (aunque hay quienes insisten en que sí, basados en evidencia secundaria).

En la Antigüedad

Recientes descubrimientos arqueológicos parecen mostrar que en el antiguo Israel, así como en regiones vecinas, se reverenciaba a una consorte de Dios, bajo el nombre de Asera. Esto concordaría con la idea de varios estudiosos de que Israel no practicaba un monoteísmo absoluto sino cierto henoteísmo o monolatría, la creencia que reconoce la existencia de varios dioses, pero sólo uno de ellos digno de adoración por parte de los fieles.

En una serie de la BBC sobre la Biblia, la Dra. Francesca Stavrakopuolou, especialista en la Biblia Hebrea en la Universidad de Exeter y con un doctorado en teología de Oxford, ha mostrado que el Antiguo Testamento contiene evidencias de una “esposa divina” que ha sido eliminada de las tradiciones principales, en parte por influencia de los rabinos ortodoxos varones, quienes veían a la mujer como un ser inferior y una propiedad. La idea de un dios casado no es filosóficamente más extraña que la de uno eternamente soltero.

Dra. Francesca Stavrakopuolou

Dra. Francesca Stavrakopuolou

El arqueólogo William Dever en su libro “Did God Have a Wife: Archaeology and Folk Religion in Ancient Israel” (¿Tuvo Dios una Esposa?: Arqueología y Religión Popular en el Antiguo Israel) desarrolla la idea de que en ese entorno, Dios aparece siempre como parte de un concilio de dioses. El mayor de ellos lleva por nombre “El”. Yavé y Baal son más jóvenes y, en algunos hallazgos, parecen ser sus hijos. En el panteón también existen diosas femeninas. Baal fue reverenciado entre los fenicios y Yavé en Israel. Asera era la consorte de El y su colaboradora en la creación. Se la simbolizaba con un árbol (¿árbol de la vida?) o con un poste. Asera fue adorada tanto en Canaan como en el Antiguo Israel, en calidad de esposa de El y luego de Yavé. Después del regreso de la cautividad en Babilonia, su figura fue eliminada por los reformadores (poco antes de la partida de Lehi de Jerusalén).

En Tell-Arad se ha descubierto un templo donde probablemente Yavé y Asera eran conjuntamente adorados. En su Sancta Sanctorum se encontraron dos piedras verticales de culto, una más grande que representaba a Yavé y otra más pequeña que representaba a Asera.

William Dever

William Dever

En 1968 Dever descubrió en una tumba de las colinas de Judea una inscripción que dice: “Y los salvó de sus enemigos gracias a Asherah”. Una década después encontró otra inscripción en lo que fuese un almacén de vasijas de un antiguo santuario, al Este del Sinaí. En la inscripción hebrea puede leerse: “Que esta persona sea bendecida por Yahvé y su esposa Asherah”.

Con base en el Talmud, algunos grupos judíos han sostenido que la shejiná o shekinah (presencia o gloria de Dios) da cuenta de los atributos femeninos de Dios presentes en la Creación.

También era usual entre los judíos el juego de palabras con “dicha” o “felicidad” por su cercanía fonológica. Así leemos en Génesis 30:13:

Y dijo Lea: Para dicha mía, porque las mujeres me dirán dichosa; y llamó su nombre Aser”.

Otra comparación vigente es la de Asera con la Dama Sabiduría (Sofía para los griegos). Por ejemplo, en Proverbios 3:13-18 puede hallarse un triple símil con las características de la diosa: sabiduría, árbol de vida, bienaventuranza (dicha)

 13 Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría y que adquiere entendimiento,

 14 porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus beneficios más que el oro fino.

 15 Más preciosa es que las piedras preciosas, y todo lo que puedas desear no se puede comparar con ella.

 16 Largura de días hay en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra.

 17 Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas, paz.

 18 Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, y bienaventurados son los que la retienen.

 

Si comenzamos a reemplazar las referencias a la sabiduría y el entendimiento como una posible y oblicua referencia a la Diosa Madre, surgen nuevos significados. En los versículos siguientes del mismo Proverbio 3 se lee:

 19 Jehová con sabiduría fundó la tierra; estableció los cielos con entendimiento.

 20 Con su conocimiento los abismos fueron divididos, y destilan rocío las nubes.

De pronto, su lectura, además de mencionar atributos divinos, nos presenta a una activa consorte participando en los momentos de la Creación.

Varios estudiosos bíblicos han propuesto la presencia del Espíritu sobre las aguas primigenias como el elemento femenino de la deidad de donde surge toda vida. De hecho, en la épica de Baal (un texto cananeo de antes del 1200 AC) uno de los nombres de Asera es “Aquella que flota sobre el mar”.

Observemos que interesantes cambios se producen si interpretamos Proverbios 8:22-35 bajo la presencia de la Dama Escogida Asera, Shekinah o Sofía

22 Jehová me poseía en el principio de su camino, antes de sus obras de tiempo antiguo.

 23 Desde la eternidad fui instituida, desde el principio, antes de la tierra.

 24 Antes que existiesen los abismos fui engendrada, antes que existieran los manantiales con muchas aguas.

 25 Antes que los montes fuesen formados, antes que los collados, ya había sido yo engendrada,

 26 cuando él aún no había hecho la tierra, ni los campos ni el principio del polvo del mundo.

 27 Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo,

 28 cuando él afirmaba las nubes arriba, cuando reforzaba las fuentes del abismo,

 29 cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandato, cuando trazaba los fundamentos de la tierra,

 30 con él estaba yo como artífice, y era su delicia cada día, y me regocijaba delante de él en todo tiempo.

 31 Me regocijaba en la parte habitable de su tierra, y mis delicias eran con los hijos de los hombres.

 32 Ahora pues, hijos, escuchadme: Bienaventurados los que guardan mis caminos.

 33 Escuchad la instrucción y sed sabios, y no la desechéis.

 34 Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día, guardando los postes de mis puertas.

 35 porque el que me halle hallará la vida y alcanzará el favor de Jehová.

Daniel C. Peterson

Daniel C. Peterson

En el interesante artículo de Daniel C. Peterson “Nephi and His Asherah” (Nefi y su Asera) aparecido en el Journal of Book of Mormon Studies 9/2 (año 2000), pags. 16-25), el autor propone que, dada la fecha de partida de la colonia lehita de Jerusalén, sus integrantes estaban bien al tanto de los símbolos de Asera, por lo que dichos símbolos son clave para el entendimiento por parte de Nefi de la visión del Arbol de la Vida. Recién cuando Nefi ve la imagen de María portando en sus brazos al hijo de Dios (una forma común de representar a Asera en la estatuaria cananea, como quien nutría a los dioses) parece alcanzar el significado profundo del Arbol y su fruto. La visión está teñida de un fuerte contenido cultural que sólo puede captar un judío viviendo en las postrimerías del siglo VII antes de Cristo.

En el Cristianismo

Si bien ninguno de los Evangelios menciona la idea de una Madre Celestial (tampoco el Quinto Evangelio, como denominamos a 3 Nefi), muchas otras fuentes, sobre todo gnósticas, hablan de las enseñanzas recibidas por los Apóstoles inmediatamente después de la resurrección de Cristo. Por ejemplo, en la versión Siríaca de los Hechos de Tomás aparece un himno conocido como La Perla, en el cual, el alma es enviada, desde su hogar celestial, a obtener la perla que custodia una serpiente. En su etapa terrenal olvida su propósito (¿velo de olvido?) hasta que recibe una carta de su padre, madre y hermano celestiales recordándole su misión. Luego de cumplirla, regresa a su hogar, donde es vestida nuevamente con prendas gloriosas.

En la Oda a Sofía, preservada en versión griega, las almas entran al Pleroma donde reciben gloriosa luz y alaban junto “al espíritu viviente, el padre de verdad y la madre de sabiduría”.

En las Oraciones de Consagración se la llama “madre misericordiosa”, “consorte del varón”, “reveladora de los perfectos misterios”, “madre escondida” y “Santo Espíritu”. Entre los Maniqueos se la conoció como “Madre de la Vida” y “Espíritu del Mundo”. Particularmente los Arcónticos, grupo que existió en Palestina y Armenia a mediados del siglo IV, reverenciaban a una “Madre de la Luz”.

La idea parece también estar presente en la obscura frase de San Agustín en su obra De Trinitate, Libro VII, Cap. 5:

“Omito pues tales cosas como contemplar al Espíritu Santo como la Madre del Hijo y la Esposa del Padre, pues tal vez se me responderá que ellas nos ofenderían con asuntos carnales provocando pensamientos de concepción corporal y nacimiento”.

El concepto se mantuvo celosamente guardado en comunidades judías y judeo-cristianas, como lo demuestra la Sentencia-Estatuto de Toledo de 1449 (Kenneth B. Wolf, Medieval Texts in Translation, 2008)

“Así como se ha demostrado que una gran porción de los conversos de la ciudad, quienes descienden del linaje judío, son personas sospechosas para la santa fe católica; que ellos sostienen y creen grandes errores contra los artículos de la santa fe católica; que ellos mantienen los ritos y ceremonias de la antigua ley; que ellos declaran y afirman que nuestro Salvador y Redentor Jesucristo fue un hombre de su linaje que fue asesinado y a quien los cristianos adoran como Dios; que dicen que hay tanto un dios como una diosa en los cielos…”

Para el análisis textual de citas que identifican al Espíritu Santo con la Madre Celestial, sugiero la lectura del trabajo de la Dra. Elaine H. Pagels, “What Became of God the Mother? Conflicting Images of God in Early Christianity” (¿Qué ocurrió con Dios Madre? Imágenes de Dios conflictivas en el temprano Cristianismo) Signs, Winter 1976, pags. 293-303)

Elaine H. Pagels

Elaine H. Pagels

En la Restauración

Como lo hemos dicho al iniciar este artículo, no existe a la fecha una declaración históricamente fiable de que Joseph Smith, Jr haya expuesto la doctrina de una Madre Celestial mientras estuvo con vida. No obstante, la mayor parte de las declaraciones oficiales de la Iglesia, aseveran que así fue. Veamos el contexto.

El tema no aparece en ninguno de los sermones, escritos y revelaciones del Profeta, ni siquiera en aquellos que no son considerados doctrinales, pero sí existen algunas referencias de otros en fechas cercanas a su muerte. Por ejemplo, W.W. Phelps publicó en Febrero de 1844 (poco menos de cinco meses antes del asesinato de Joseph) un himno al que llamó A Song of Zion (Una Canción de Sión), el cual nunca llegó a publicarse en un himnario. En una de sus estrofas contiene la sugestiva frase:

“Como la poca levadura

Que la mujer escondió

Cuando, como reina del cielo,

Sobre oro de Ofir se alzó”.

Si bien la frase es poco clara y bastante enigmática, la mención de la “reina del cielo”, que Phelps utilizó en ocasiones posteriores para referirse a la Madre en los Cielos, hace que ésta pueda ser considerada la primer referencia histórica a la doctrina.

W.W. Phelps

W.W. Phelps

Posiblemente en el mismo año, Phelps compuso otro himno, “Come to Me” (Ven a Mi) que fue publicado en Enero de 1845 (siete meses después de la muerte del Profeta). Aquí fue mucho más explícito:

Come to me; here’s the myst’ry that man hath not seen;
Here’s our Father in heaven, and Mother, the Queen

(Ven a mí; he aquí el misterio que el hombre no ha visto;

Aquí nuestro Padre en los cielos y nuestra Madre, la Reina)

En un artículo oficial de 2015, la Iglesia reconoce a este himno como la referencia más antigua al tema. Sin embargo, no parece ser el modo en que las revelaciones deberían venir al mundo. W.W. Phelps era una persona educada y hábil escritor. Los historiadores lo consideran uno de varios escritores “fantasmas” que redactaban los editoriales que aparecían firmados por Joseph. Sin intención de desacreditar sus muchas buenas acciones ni su dedicación a la causa del Evangelio, para la época de redacción de Come to Me había sido excomulgado en dos ocasiones, una, por quedarse con dineros en la compra de terrenos en Far West, y otra, por testificar en contra del Profeta. Volvería a ser excomulgado, después del Martirio, por contraer matrimonios polígamos no autorizados.

En el Tomo 5 pag. 254 de la History of the Church, compilada por B.H. Roberts en 1902, aparece una nota al pie atribuyendo el par de versos que aparece más arriba a Joseph Smith. Sin embargo, no hay referencias ni la menor evidencia a la fecha (incluyendo los Joseph Smith’s Papers) de que tal sea el caso.

Algunas semanas antes de que Come to Me se publicara, Phelps también escribió una carta a William Smith, hermano del Profeta, quien unos meses más tarde sería nombrado Patriarca Presidente de la Iglesia:

“¡Oh, Mormonismo! Tu padre es Dios, tu madre, la Reina de los cielos, de modo que tu historia toda, de eternidad en eternidad, serán las leyes, ordenanzas y verdades de los Dioses – abarcando el plan de salvación, santificación, muerte, resurrección, glorificación y exaltación del hombre, de la infancia a la vejez, de la vejez a la eternidad, de lo simple a lo sublime… Cristo odiaba el pecado y amaba la rectitud, por tanto fue ungido con santo aceite en los cielos y coronado en medio de sus hermanos y hermanas, mientras su madre permanecía en virtuosa aprobación, y sonreía a un Hijo que mantuvo la fe como heredero de todas las cosas! De hecho, los judíos pensaban tanto sobre esta coronación entre Dioses y Diosas, Reyes y Reinas del cielo, que quitaron toda restricción y comenzaron a adorar a “la Reina del Cielo”, según Jeremías”. (W.W. Phelps, “The Answer”, carta en respuesta a William Smith del 25 de Diciembre 1844, publicada en Times and Seasons 5/24, pag. 758, del 1 de Enero 1845)

¿Revelación, Deducción Doctrinal o Necesidad Teológica?

La presentación de la idea más conocida por los miembros es la de “Oh, Mi Padre” de la poetisa Eliza Roxcy Snow, hermana de Lorenzo Snow y una de las esposas plurales de Joseph Smith. Lo que quizás no sepamos tanto es que fue publicada en Times and Seasons de Octubre de 1845 (es decir, por lo menos nueve meses después de los poemas de W.W. Phelps) con el nombre de “Invocation, or the Eternal Father and Mother” (Invocación, o el Padre y la Madre Eternos). El hecho de que tanto la Madre como la posibilidad de invocarla hayan desaparecido del título es significativo y será objeto de un tratamiento especial en la segunda parte de este artículo.

Eliza R. Snow

Eliza R. Snow

El Himno en cuestión (nº 187 del himnario en castellano, versión 1993) contiene las siguientes expresiones en sus últimas estrofas:

“¿Hay en los cielos padres solos?

Clara la verdad está.

La verdad eterna muestra:

Madre hay también allá.

Cuando deje esta vida

Y deseche lo mortal,

Padre, Madre, quiero veros

En la corte celestial.”

El Presidente Wilford Woodruff consideró a Eliza la originadora de la idea:

“Ese himno es una revelación, aunque nos haya sido dada por una mujer” (Wilford Woodruff, “Discourse”, Millennial Star 56:229, Abril 1894)

Sin embargo, al año siguiente, Joseph F. Smith (Deseret Evening News, 9 Febrero 1895) se encargó de señalar que “el principio de que tenemos tanto una Madre como un Padre Celestial” fue revelado a Joseph Smith, que éste lo trasladó a Eliza Snow, una de sus esposas, y que ella, siendo poetiza, lo puso en versos. Pero no pudo dar ninguna referencia histórica para tal afirmación, que parece más bien diseñada para alejar la idea de que una mujer pudiese recibir revelaciones doctrinales.

Susa Young Gates en su History of the Young Ladies’s Mutual Improvement Association, pag. 15-16, 1911 (obsérvese que ya nos estamos alejando 70 años de los supuestos hechos) cuenta que Joseph Smith, consolando a Zina Diantha Huntington, otra de sus esposas, por la muerte de su madre, ocurrida en 1839, le dijo que la vería nuevamente. Según el relato:

“¿Reconoceré a mi madre como mi madre cuando vaya al Otro Lado?”

“Ciertamente lo harás”, fue la respuesta instantánea del Profeta, “Más aún, conocerás y tendrás cercanía con tu Madre eterna, la esposa de tu Padre Celestial”.

Susa Young Gates era una hija de Brigham Young y Lucy Bigelow, su esposa nº22, escribiendo en 1911 sobre lo que su “tía”, Zina Diantha Huntington Jacobs, en la práctica la esposa nº 33 de Brigham, quien había ya muerto en 1901, le contó sobre hechos acaecidos al momento de la muerte de su propia madre, Zina Baker Huntington, en 1839. De modo que la historia, independientemente de su veracidad, nos llega mediada por tres relatores, lo que le disminuye su importancia como fuente histórica y también nos hace reflexionar sobre las formas en que deberían venir las comunicaciones de los cielos.

Zina Huntington

Zina Huntington

David McKay (padre del Presidente David O. McKay) relató a la Sra. James Hood en 1916 (nótese que a medida que los años pasan las versiones son ya de segunda o tercera mano) y ésta transcribió, que, en un paseo de coche a caballo, David preguntó a Eliza si el Señor le había revelado esa doctrina. La respuesta, no tan clara, fue:

“Obtuve mi inspiración de las enseñanzas del Profeta; todo lo que hice fue utilizar mi don poético y brindar ese principio eterno en poesía”.

Es cierto que, antes de su muerte, Joseph Smith había dado su inspirado, aunque no canónico, discurso en los funerales de King Follet, en el que desplegó un nuevo conocimiento sobre la naturaleza de Dios y su condición de “hombre exaltado”, así como la posibilidad de que el ser humano alcanzase ese mismo grado a través del “nuevo y sempiterno convenio del matrimonio”. Llegar a la conclusión de que debía existir una Madre Celestial parece lógico. De modo que no sabemos si Eliza estaba reconociendo haber hecho esa síntesis en base a las otras enseñanzas, o si la escuchó textualmente de los labios del Profeta.

Para complicar aún más la situación, varias fuentes sugieren que Eliza R. Snow entendía que nuestra Madre Celestial era Eva, una creencia que luego haría explícita Brigham Young, su nuevo esposo. (Ver carta al editor de Boyd Kirkland en Sunstone 6, Abril 1981, pags. 4-5)

En el diario personal de Abraham H. Cannon, en poder de la Iglesia, y con fecha del 25 de Agosto de 1880 aparece el siguiente relato que le fuera transmitido por Zebedee Coltrin, uno de los supuestos partícipes, nuevamente de segunda mano:

“Cierto día el Profeta Joseph le pidió a él (Z.Coltrin) y a Sidney Rigdon que lo acompañaran al bosque a orar. Cuando llegaron a un sitio aislado, Joseph se acostó sobre su espalda y estiró los brazos. Les pidió a los hermanos que yaciesen uno a cada lado y que cerraran sus ojos. Después que hubieron orado les dijo que los abrieran. Así lo hicieron y vieron una luz brillante rodeando un pedestal que parecía descansar sobre la tierra. Cerraron los ojos y volvieron a orar. Entonces, al abrirlos, vieron al Padre sentado en un trono; oraron nuevamente y, al mirar, vieron también a la Madre; después de orar y mirar por cuarta vez, vieron al Salvador agregarse al grupo”.

Todas estas referencias deben tomarse con suma prudencia.

Por otra parte, Joseph Smith no era excesivamente celoso de su función profética. Como lo ha expresado claramente el galardonado Richard Bushman en “Joseph Smith and His Vision” en The Oxford Handbook of Mormonism, Oxford University Press, 2015, pag. 118

“Smith nunca intentó monopolizar su oficio profético. Era como si él intentara reducir su propio rol e infundir en la burocracia de la iglesia sus poderes carismáticos”.

Su liderato jamás fue autocrático sino que tendió o democratizar las revelaciones, esperando que todos tuviesen una que confirmase las de él mismo. Algunos han denominado a esta visión como “divina colaboración” y estaba en el centro de su creación del Quorum de los Ungidos y el Concilio de los Cincuenta así como otras estructuras consultivas. Los miembros deberíamos reconocer que esa es otra alternativa por la que algunas de nuestras creencias han tomado forma: de modo colaborativo y sin considerar el cargo eclesiástico o el género del receptor.

Ya iniciado el siglo XX, B.H. Roberts no veía ningún problema en que una mujer fuese la receptora de verdades fundamentales.

“…en ese espléndido himno nuestro sobre la maternidad celestial, ese palpitante anhelo del alma femenina, que fue dado al mundo a través de la mente inspirada de Eliza R. Snow” (B.H. Roberts, Answers to Ministerial Association Review, M.I.A. Conference, 9 de Junio de 1907)

Continuará en la Segunda Parte///

 

“NO ES BUENO QUE DIOS ESTÉ SOLO…” (La Doctrina Trinitaria y el Evangelio Restaurado)

DOCTRINA

     Deidad

“NO ES BUENO QUE DIOS ESTÉ SOLO…”

(La Doctrina Trinitaria y el Evangelio Restaurado)

Por Mario R. Montani

trinidad

La original frase que da título al presente ensayo, parafraseando el segundo capítulo del Génesis, “pues no es bueno que el hombre esté solo…” fue escrita por el católico inglés Gilbert K. Chesterton en 1908 (Orthodoxy, Cap. 8) como una defensa de la doctrina trinitaria.

Desde la antigüedad, las tríadas de dioses han sido una constante en la tradición religiosa. Los egipcios adoraban en Menfis a Pta, Sejmet y Nefertem, en Tebas a Amón, Mut y Jonsu, más adelante a Osiris, Isis y Horus y a algunas agrupaciones ternarias menores como Knef, Fre y Ftah. Los sumerios tenían a An, Enlil y Ereshkigal y los nabateos a Baalshamin, Aglibol y Malakbel.

En el caso de las mitologías indoeuropeas, los celtas reverenciaban a Esus, Tutatis y Tarnisen, los nórdicos a Odín, Thor y Freia. Los helenos iniciaban su Teogonía con Urano, Gea y Eros para luego dar paso a Zeus, Poseidón y Hades. Los persas tuvieron a Varuna, Indra y Naatya y la Trimurti o trinidad hindú está compuesta por Brahma, Shiva y Vishnú. En América, los Mayas adoraban a Hunab-Ku, Ix Axal Uch e Itzamná y los Aztecas, a Ometecutli, Omecihuatl y Quetzalcóatl.

En muchos casos se trataba de un dios, una diosa y su hijo varón, que era quien interactuaba con los humanos. En otros, la tríada era totalmente masculina y las esposas, aunque existían, quedaban fuera de ella.

Los estudiosos de religiones comparadas han señalado la pervivencia de esta característica en las más remotas culturas y han propuesto diferentes soluciones para el enigma: desde la predilección por el número mágico 3, a la división de la sociedad en tres roles o castas (sacerdotes, guerreros y trabajadores) con su equivalencia en el respectivo panteón de sus divinidades, y hasta la posibilidad de una verdad revelada ab origine que luego fue tomando características y colores locales en cada sociedad.

Llamaré tríadas a estas agrupaciones de dioses y reservaré el título de Trinidad para referirme a los conceptos teológicos dentro del Cristianismo, que ya son de por sí bastante confusos y pasibles de equívocos, como lo demuestra la siguiente historia de la Disputa entre Griegos y Romanos:

“Sucedió una vez que los romanos, que carecían de leyes para su gobierno, fueron a pedirlas a los griegos, que sí las tenían. Éstos les respondieron que no merecían poseerlas,  ni las podrían entender, puesto que su saber era tan escaso. Pero que si insistían en conocer y usar estas leyes, antes les convendría disputar con sus sabios, para ver si las entendían y merecían llevarlas: dieron como excusa una gentil respuesta.

Respondieron los romanos que aceptaban de buen grado y firmaron un convenio para el encuentro. Como no entendían sus respectivos lenguajes, se acordó que disputasen por señas y fijaron públicamente el día de la reunión.

Los romanos quedaron muy preocupados, sin saber qué hacer, porque no eran letrados y temían el vasto saber de los doctores griegos. Así cavilaban cuando un ciudadano dijo que eligieran a un rústico y que hiciera con la mano las señas que Dios le diese a entender: fue un sano consejo. Buscaron un rústico muy astuto y le dijeron: ‘Tenemos un convenio con los griegos para disputar por señas: pide lo que quieras y te lo daremos, socórrenos en este encuentro’.

Lo vistieron con muy ricos paños de gran valor, como si fuera doctor en filosofía. Subió a una alta cátedra y dijo con fanfarronería: ‘De hoy en más vengan los griegos con toda su porfía’. Llegó allí un griego, doctor sobresaliente, alabado, y escogido entre todos los griegos. Subió a otra cátedra, ante todo el pueblo reunido. Comenzaron sus señas como se había acordado.

Levantose el griego, sosegado, con calma, y mostró sólo un dedo, el que está cerca del pulgar; luego se sentó en su mismo sitio. Levantose el rústico, bravucón y con malas pulgas, mostró tres dedos tendidos hacia el griego, el pulgar y otros dos retenidos en forma de arpón y encogidos. Se sentó el necio mirando sus vestiduras.

Levantose el griego, tendió la palma llana y se sentó luego plácidamente. Levantose el rústico con su simpleza  y  mostró el puño cerrado.

A todos los de Grecia dijo el sabio: ‘ Los romanos merecen las leyes, no se las niego’. Levantáronse todos en sosiego y paz. Gran honra proporcionó a Roma el rústico villano.

Preguntaron al griego qué fue lo que dijera por señas al romano y qué le respondió éste. Dijo: ‘Yo dije que hay un Dios y el romano me respondió que era uno en tres personas y tal seña me hizo. Yo le dije que todo estaba bajo su voluntad. Respondió que en su poder estábamos y dijo verdad. Cuando vi que entendían y creían en la Trinidad, comprendí que merecían las leyes’.

Preguntaron al rústico cuáles habían sido sus ocurrencias: ‘Me dijo que con un dedo me quebraría el ojo: tuve gran pesar e ira. Le respondí con saña, con cólera y con indignación que yo le quebraría, ante toda la gente, los ojos con dos dedos y los dientes con el pulgar. Me dijo después de esto que le prestara atención, que me daría tal palmada que los oídos me vibrarían. Yo le respondí que le daría tal puñetazo que en toda su vida no llegaría a vengarse. Cuando vio que la pelea era tan despareja dejó de amenazar a quien no le temía’.”(La historia es muy antigua y se ha contado de diversas maneras. Para quienes deseen una versión más auténtica he colocado al final del texto la de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, en su “Libro del Buen Amor”, mucho más rica aunque con la dificultad del castellano medieval)

 

El sacerdote y teólogo católico Hans Kung en su obra “Credo. El Símbolo de los Apóstoles explicado al hombre de nuestro tiempo”, 1995, Trotta, Madrid, pag. 152, ha declarado:

“La investigación histórica aporta, en efecto, un resultado curioso: la palabra griega trias aparece por primera vez en el siglo II (en el apologista Teófilo), el término latino trinitas, en el siglo III (en el africano Tertuliano), la doctrina clásica trinitaria de “una naturaleza divina en tres personas”, no antes de finales del siglo IV (formulada por los tres padres capadocios Basilio, Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa)…Ahora bien, nadie que lea el Nuevo Testamento puede negar que en él se habla siempre del Padre, Hijo y Espíritu; no en vano reza la fórmula litúrgica bautismal del evangelio de Mateo: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Pero la totalidad de la cuestión es saber cómo están relacionados entre sí el Padre, el Hijo y el Espíritu… Y, curiosamente, en todo el Nuevo Testamento no hay un solo pasaje donde se diga que Padre, Hijo y Espíritu son “de la misma esencia”, o sea, que poseen una sola naturaleza común (physis, sustancia)… Nos daremos cuenta en seguida de que, en el Nuevo Testamento, Padre, Hijo y Espíritu Santo son tres magnitudes muy diferentes que no aparecen meramente identificadas, de modo esquemático-ontológico, a una naturaleza divina. Y de un “misterio central” o de un “dogma fundamental”, según el cual tres personas divinas, tienen en común “una naturaleza divina”,  Jesús no dice absolutamente nada

De modo que, para comprender lo que estaba ocurriendo, deberemos analizar más de cerca los siglos III y IV de nuestra era. Los primeros cristianos se movían dentro de un ambiente cultural romano altamente helenizado. Los moldes judíos en que se habían gestado las enseñanzas de Cristo eran poco comprensibles y rústicos para dicha cultura, de modo que no es raro que los denominados “padres” de la Iglesia, y aún algunos de los evangelistas, hayan intentado mediar de modo que el mensaje fuese más inteligible para sus nuevas audiencias gentiles.

Algunas de las corrientes neoplatónicas existentes ya proponían el principio de la unidad absoluta, lo Uno, o realidad suprema. Por emanación se desprendían todas las demás realidades. El primer ser emanado del Uno era el Logos, también denominado Verbo o Inteligencia, que contenía las ideas de las cosas posibles. A su vez, la Inteligencia engendraba el Alma (Anima Mundi), principio que animaba y gobernaba la materia y el mundo visible. El Uno, la Inteligencia y el Alma eran las denominadas tres hipóstasis de la Trinidad neoplatónica. Cuando Juan, en su evangelio, identifica a Cristo con el Verbo, la conexión entre ambas doctrinas inició su fusión.

Para proseguir, deberemos tomar nota de la figura de Flavio Valerio Aurelio Constantino, también llamado Constantino I o Constantino, el Grande, emperador romano a partir del año 306. En el 313 promulgaría el Edicto de Milán en el que legalizó la religión cristiana y se le reintegraron a la Iglesia las propiedades confiscadas durante las persecuciones de Diocleciano. En el 330 refundaría la antigua Bizancio (actual Estambul) denominándola Constantinopla (Constantino-polis, la ciudad de Constantino). Preocupado por los disensos dogmáticos dentro de la Iglesia primitiva (aunque él mismo fue recién bautizado en su lecho de muerte) y temiendo que pudiesen desembocar en una fractura del Imperio, convocó a un Concilio, otorgándole el marco político y el espacio físico de su palacio de descanso en Nicea.

Convencido de que era su función como Emperador elegido por Dios evitar las divergencias religiosas (que, en ocasiones, se manifestaban de forma violenta) Constantino convocó a este Concilio de Obispos, proveyendo el alojamiento, comida y viajes de los más de 300 asistentes. El Papa Silvestre I, quien hubiera sido el más indicado para presidir el cónclave, no estuvo presente, pero sí envió a sus representantes, por lo que el propio Constantino, aunque desconocedor de los temas teológicos, dio el discurso inicial y expresó su preocupación por las disputas.

Si bien se trató del primer Concilio Ecuménico por sus características universales, en realidad estaban presentes menos de la tercera parte de los obispos del territorio del Imperio. Los que sí asistieron eran mayoritariamente de habla griega, lo cual condicionó los términos y las filosofías esgrimidas. Entre el 20 de mayo y el 25 de julio de 325 los participantes debatieron.

Algunas de las corrientes teológicas que se habían desarrollado con el paso de los primeros siglos eran: el Subordinacionismo (defendido por Eusebio de Cesarea, Irineo y Clemente de Alejandría) que consideraba a Cristo inferior al Padre, ya que había sido creado por El. El arrianismo (propagado por Arrio de Alejandría) era un grupo dentro del subordinacionismo que había alcanzado muchos adherentes. También estaba el Pneumatomaquismo o Macedonianismo (por Macedonio, Obispo de Constantinopla) que establecía que el Espíritu Santo era inferior al Padre y al Hijo. Luego el Modalismo, una forma de monoteísmo absoluto defendido por Niceto de Esmirna, Práxeas y Sabelio, que aseguraba que Padre, Hijo y Espíritu eran una sola persona con tres diferentes nombres. Finalmente el Patripasianismo (de pater = padre y passus = padecer) que creía que al ser Padre e Hijo la misma persona, el Padre también había padecido y muerto en la cruz.

Los religiosos provenientes de Egipto, embebidos de las ideas platónico-helenistas, tuvieron una gran influencia en el Concilio, aunque las discusiones fueron dirigidas por Osio de Córdoba, un arriano, hombre de confianza del Emperador. La principal controversia era sobre la naturaleza divina de Jesús. Los Nicenos, liderados por Alejandro, Obispo de Alejandría, y su discípulo Atanasio, defendían que Cristo tenía una doble naturaleza, humana y divina, por lo que el Salvador era verdadero Dios y verdadero Hombre. En cambio los Arrianos, encabezados por Eusebio de Nicomedia y el propio Presbítero Arrio, afirmaban que Cristo había sido la primera creación de Dios y, por tanto, no era Dios mismo.

Si se utilizaba la fórmula 1+1+1=3 se rompía con el monoteísmo tradicional, ya que aparecían tres dioses. En cambio la expresión matemática 1x1x1=1 les parecía más aceptable.

Además de Nicenos y Arrianos existía un tercer grupo, al cual el católico J.N.D. Kelly ha denominado “el gran partido conservador del medio”, que enseñaba la existencia de tres personajes divinos “separados en rango y gloria pero unidos en una armonía de su voluntad” (los mormones podríamos haber estado bastante de acuerdo con ellos).

Debido a que los Nicenos manejaron muy bien las palabras de la declaración, el partido del medio no pudo encontrar motivos para rechazarla, pero sí para oponerse a Arrio, por lo que la mayoría estuvo asegurada. Conceptos como “sustancia”, “naturaleza” y “persona” pasaron a ser analizados y redefinidos filosóficamente.

Tal como lo expresa John L. McKenzie:

“La trinidad de personas dentro de la unidad de naturaleza se define en términos de ‘personas’ y ‘naturaleza’, los cuales son términos filosóficos griegos; en realidad estos términos no aparecen en la Biblia. Las definiciones trinitarias surgieron como resultado de largas controversias en las cuales ciertos teólogos aplicaron erróneamente a Dios estos términos y otros, tales como ‘esencia’ y ‘sustancia’. (John L. McKenzie, S.J., Dictionary of the Bible, Nueva York, 1965, pag. 899)

El debate, aunque no tan confuso como la risueña contienda entre griegos y romanos, culminó con la aprobación de la propuesta de los Alejandrinos y el exilio de Arrio.

Como lo declara la propia New Catholic Encyclopedia: “La formulación ‘un solo Dios en tres Personas’ no quedó firmemente establecida, y ciertamente no se asimiló por completo en la vida cristiana ni en su confesión de fe, antes del fin del siglo IV. Pero es precisamente esta formulación la que originalmente reclama el título de dogma trinitario. Entre los Padres Apostólicos no había existido nada que siquiera remotamente se acercara a tal mentalidad o perspectiva”. (New Catholic Encyclopedia, 1967, tomo XIV, pag. 299)

El arrianismo fue declarado herejía. Finalmente, Arrio y varios de sus seguidores fueron excomulgados y sus escritos quemados, siendo su conservación motivo de condena a muerte. No obstante, la corriente arriana se mantuvo popular entre los pueblos germánicos. Arrio murió en circunstancias confusas (probablemente envenenado) en el año 336, el día antes de volver a ser admitido en la Iglesia. Al año siguiente, cuando Constantino pidió ser bautizado en su lecho de muerte, la ordenanza la realizó Eusebio de Nicomedia, un obispo arriano, lo que muestra los vaivenes de la historia y las ideas. Para entonces el desterrado era el anti arriano Atanasio de Alejandría.

“El camino que llevó de Jerusalén a Nicea difícilmente fue recto. El trinitarismo del siglo IV no reflejó con exactitud la enseñanza del cristianismo primitivo respecto a la naturaleza de Dios; manifestó, al contrario, un desvío de esta enseñanza” (The Encyclopedia Americana, 1956, Tomo XXVII, pag. 294)

“La doctrina de la Trinidad no formó parte de la predicación de los apóstoles como se encuentra en el Nuevo Testamento” (Ian Henderson, Encyclopedia International, University of Glasgow, 1969, pag. 226)

“Para Jesús y Pablo la doctrina de la trinidad era aparentemente desconocida. No dicen nada acerca de ella” (Origin and Evolution of Religion, Washburn Hopkins, Universidad de Yale)

Si bien en Nicea se promulgó una declaración, no fue fácilmente aceptada por las iglesias orientales y se modificó en varias ocasiones. En el Concilio de Constantinopla (año 381) recién se incorporó la figura del Espíritu Santo, como proveniente del Padre, e integrante de la Trinidad.

En el Concilio de Toledo (año 397) se añadió al Credo el término “filioque” indicando que el Espíritu procedía no solo del Padre sino también del Hijo. Este fue uno de los motivos doctrinales que se sumó a las diferencias entre Oriente y Occidente y que acabaría en un cisma.

Durante la Reforma, la mayoría de las iglesias Protestantes continuó aceptando la doctrina Trinitaria de Nicea y sus modificaciones por considerar que las desviaciones teológicas y prácticas de la Iglesia Católica habían sido posteriores a los Concilios.

No obstante, existen hoy varias denominaciones cristianas que no aceptan la declaración Trinitaria por diversos motivos. Entre ellos las Iglesias Unitarias, los Testigos de Jehová y los Pentecostales Unicitarios, las Congregaciones de Cristianos Bíblicos y los Cristodelfianos.

¿Son los mormones trinitarios?

La respuesta a esta pregunta final admite tanto un “sí” como un “no”. Nuestro Primer Artículo de Fe declara: “Creemos en Dios, el Eterno Padre, y en su Hijo, Jesucristo y en el Espíritu Santo”. Por lo que podríamos decir que sí, creemos en una trinidad. Pero en realidad, no creemos en la Trinidad de Nicea ni en sus posteriores modificaciones. Para nosotros: “El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino es un personaje de Espíritu. De no ser así, el Espíritu Santo no podría morar en nosotros.” (D.yC. 130:22). Creemos también en la paternidad literal del Padre, como creador de nuestros espíritus, y en nuestra fraternidad con el Salvador.

Para citar un ejemplo de situaciones doctrinales que la propuesta trinitaria no logra explicar me remito a Marcos 13:32, donde el Salvador habla sobre su futura Venida: “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre”.

La pregunta es: ¿cómo puede un Dios único, de una misma esencia y una misma sustancia ignorar parcialmente lo que otra parte de sí conoce?  Es un misterio…

Anexo

DE LA DISPUTA ENTRE GRIEGOS Y ROMANOS.

Aquí se habla de cómo todo hombre entre sus cuidos se debe alegrar y de la disputa que los griegos y romanos una vez tuvieron.

Palabra es del sabio y la dice Catón,
que hombre a sus cuidos que tiene en corazón,
anteponga placeres y alegre razón,
que la mucha tristeza, mucho pecado pon.

Y porque de buen sentido no puede el hombre reír,
habrá algunas burlas aquí a enxerir:
cada vez que la oyeres no quieras comedir
salvo en la manera del trovar y el decir.

Entiende bien mis dichos y piensa en la sentencia;
no me acontezca contigo como al doctor de Grecia,
con el rival romano y su poca sapiencia,
cuando demandó Roma a Grecia por la ciencia.

Así fue que lo romanos las leyes no tenían,
fuéronlas a demandar a los griegos que las tenían,
respondieron los griegos que no las merecían,
ni las podrían entender, pues que tan poco sabían.

Pero que si las quisieren para por ellas usar,
que antes les convenía con sus sabios disputar,
para ver si las entendían y las merecían llevar:
esta respuesta hermosa daban por excusar.

Respondieron los romanos que les placía de grado:
Para la disputa pusieron pleito firmado;
mas, porque no entendieren el lenguaje no usado,
que disputasen por signos y por señas de letrado.

Pusieron día sabido todos por contender;
fueron romanos en cuita, no sabían que hacer
porque no eran letrados ni podían entender
a los griegos doctores ni a su mucho saber.

Estando en su cuita, dijo un ciudadano
que tomasen un ribaldo, un bellaco romano;
según Dios le demostrase hacer señas con la mano
que tales las hiciese: fuesen consejo sano.

Fueron a un bellaco muy grande y muy ardid;
dijéronle: ¡Nos habemos con griegos en combatir
para disputar por señas; lo que tú quisieres pedir
e nos de dártelo hemos; excúsanos de esta lid!

Vistiéronle muy ricos paños de gran valía,
como si fuese doctor en filosofía;
subió en alta cátedra, dijo con bravuconería:
¡De hoy más vengan los griegos con toda su porfía!

Vino ahí un griego, doctor muy esmerado,
escogido de griegos, entre todos loado
subió en otra cátedra, todo el pueblo juntado,
y comenzó sus señas como era tratado.

Levantose el griego, sosegado, de vagar,
y mostró sólo un dedo que está cerca del pulgar,
luego se asentó en ese mismo lugar;
levantose el ribaldo, bravo, de mal pagar.

Mostró luego tres dedos contra el griego tendidos:
el pulgar con otros dos que con él son contenidos,
en manera de arpón los otros dos encogidos;
asentase el necio, catando sus vestidos.

Levantose el griego, tendió la palma llana
y asentose luego con su memoria sana;
levántase el bellaco con fantasía vana,
mostró puño cerrado: de porfía había gana.

A todos los de Grecia dijo el sabio griego:
¡Merecen los romanos las leyes!, no se las niego.
Levantáronse todos con paz y con sosiego;
gran honra tuvo Roma por un vil andariego.

Preguntaron al griego qué fue lo que dijera
por señas al romano y qué le respondiera.
Yo le dije que hay un Dios; el romano dijo que era
uno en tres personas, y tal seña me hiciera.

Yo le dije que era todo a su voluntad;
Respondió que en su poder tiene el mundo y dice la verdad.
Desde que ví que entienden y creen en la Trinidad,
Entendí que merecieren de leyes eternidad.

Preguntaron al bellaco cuál fuera su antojo;
¡Díjome que con su dedo me quebraría el ojo!
De esto tuve un gran pesar y tomé gran enojo,
respondile con saña, con ira y con cordojo

que yo le quebrantaría ante todas las gentes
con dos dedos los ojos, con el pulgar los dientes;
díjome luego a propósito de esto, que le parase mientes,
que me daría gran palmada en los oídos retinientes.

Yo le respondí que le daría a él una tal puñalada,
que en tiempo de su vida nunca la viese vengada;
desde que vio que la pelea tenía mal aparejada,
dejose de amenazar de no se lo precian nada.

Por esto dice la patraña de la vieja ardida:
No hay mala palabra si no es a mal tenida;
verás que bien es dicha si bien es entendida:
entiende bien mi libro y habrás dueña garrida.

La burla que oyeres no la tengas en vil;
la manera del libro entiéndela sutil
que saber bien y mal, decir encubierto y doñeguil,
tú no fallarás uno de trovadores mil.

Fallarás muchas gracias, no fallarás de nuevo;
remendar bien no sabe todo alfayate nuevo:
a trovar con locura no creas que me muevo,
lo que buen amor dice, con razón te lo pruebo.

El Libro del Buen Amor. Del Arcipreste de Hita. ( Juan Ruiz )

DE NADIE A ALGUIEN – Parte 2

Deidad

DE NADIE A ALGUIEN – Parte 2

(La Restauracióny el reintegro de la Divina Corporalidad)

Por Mario R. Montani

“Cuando el énfasis sobre la trascendencia de dios llega a un extremo en el que no se puede decir nada sobre El, ni tan siquiera metafóricamente, entonces Dios se convierte, como le gustaba decir a Schopenhauer, en algo prácticamente indistinguible de nada… no hay nada que decir sobre una deidad tan distante… si no podemos hablar de ello, ni siquiera con nuestros pobres símbolos humanos ¿cómo nos puede servir de algo, o consolarnos? (Matin Gardner – Los porqués de un escriba filósofo, 1989, Barcelona, Tusquets, pag. 199)

De las virtudes de la Esfera

Ya Platón en el Timeo había declarado que “La esfera es la figura más perfecta porque todos los puntos de la superficie equidistan del centro”. No es de extrañar, pues, que muchos filósofos cristianos de la antiguedad (la mayor parte de ellos neoplatonistas) hayan visto esa esfera como la más probable y perfecta forma de la divinidad.

Para Orígenes, los muertos resucitarían como esferas y, según Fechner, los ángeles son esféricos. En el Corpus Hermeticum, Alanus de Insulis descubrió la fórmula: “Dios es una esfera inteligible cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”. Como bien lo señala Borges en “La esfera de Pascal”, Rabelais copiará el formato en el último libro de Pantagruel, “esa esfera intelectual, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna, que llamamos Dios”.

No me cabe duda de que la idea se filtró también en el cuento de Ray Bradbury “Los globos de fuego”, en el que un grupo de sacerdotes viaja a Marte para evangelizar a los pobladores originales y descubre que éstos han llevado vidas tan espirituales que terminaron abandonando por completo sus cuerpos para transformarse en unos bienhechores globos azules de luz. Pero, al menos la esfera era un Algo y no una Nada…

De la trascendencia antropomórfica y el kabod

Los dioses del antiguo Cercano Oriente eran trascendentemente antropomórficos: poseían cuerpos de forma humana pero supremos en santidad y substancia. En sus literaturas estaba entendido que las características zoomórficas o teriomórficas eran “atributos animales” con los que se representaba alguna de sus características, no su forma, que continuaba siendo básicamente humana. Dios era también trascendentemente antropopático. Tenía sentimientos humanos engrandecidos. En las escrituras hebreas se lo llama permanentemente hombre, aunque no siempre se lo ha traducido así. En hebreo existen al menos cuatro formas de denominar al hombre:

Ish – hombre, macho de la especie humana

Adam – humano, individuo, persona

Ben Adam – persona, hombre, mortal

Enosh – hombre, mortal

Gueber – hombre, valiente

Las tres del medio poseen una connotación de debilidad y fragilidad humana y jamás aparecen en los textos bíblicos refiriéndose a Dios. Ish y Gueber, en cambio, expresan fortaleza, realeza y espiritualidad y son los términos que se aplican en las escrituras. Las teofanías (apariciones de Dios a los humanos) también lo presentan de ese modo.

“Existe una teofanía en el ciclo de Abraham en la que Yavé se le aparece con otros acompañándole… Yavé aparece aquí como hombre… lo que no debe confundirse con un mero antropomorfismo metafórico. Mientras Dios se presenta como un hombre y habla y come como tal, no hay ningún intento de describir la forma de Dios o su apariencia externa… Es la aparición humana en la teofanía lo que es esencial, y existe consistencia y cohesión en el Antiguo Testamento al presentar estas historias sistemáticamente. Dios desea aparecer, y lo hace, en forma humana” (Letellier, Day in Mamre, pag. 39)

Los profetas de la antigüedad no acusaban a los dioses paganos por su aparente antropomorfismo sino por su antropomorfismo insuficiente:

“Sacan oro de la bolsa, y pesan plata con balanzas, alquilan un platero para hacer un dios de ellos; se postran y adoran. Se lo echan sobre los hombros, lo llevan, y lo colocan en su lugar; allí se está y no se mueve de su sitio. Le gritan, y tampoco responde, ni libra de la tribulación” (Isaías 46:7-8)

 

“Tienen bocas, mas no hablan;

Tienen ojos, mas no ven;

Orejas tienen, mas no oyen

Tienen narices, mas no huelen;

Manos tienen, mas no palpan;

Tienen pies, mas no andan…”    (Salmos 115:5-7)

Como se puede ver en estos pasajes, el reclamo no tiene que ver con la apariencia humana de los ídolos, sino con sus incapacidades humanas. No pueden hacer siquiera lo que los hombres comunes hacen, por tanto, mucho menos lo que el Hombre Divino, el Gueber trascendente, puede lograr.

Según los estudiosos bíblicos, la misma idea está presente en el Nuevo Testamento:

“La idea de Jesús sobre Dios es bastante simple y antropomórfica, y no hay señales de que estuviese preocupado por problemas o dificultades especulativas… Dios era estrictamente una persona – Rey, Juez, Señor, Padre. Cristo pensaba en El en términos antropomórficos, no metafísicos o místicos.” A. McGriffert, The God of the Early Christians (New York: Charles Scribners Sons, 1924, pags. 3, 17)

Dios posee un cuerpo claramente antropomórfico pero demasiado sagrado para los ojos humanos. Su calidad humana es de un grado diferente al de los mortales, de allí la definición de antropomorfismo transcendente, cuyas imágenes están ausentes en el lugar de culto (Aniconismo) y sólo puede ser enfrentado después de una especial protección (Moisés, los Setenta Ancianos de Israel, el hermano de Jared, Joseph Smith). Una de las evidencias que ayuda a establecer tal creencia es el concepto hebreo de Kabod, un sustantivo que se traduce como “Gloria” en la mayor parte del Antiguo Testamento. El Kabod es una antigua creencia que declara que la forma física de Dios está rodeada por una túnica de luz y, en ocasiones, por un velo de nubes o humo, que se consideran manifestaciones visibles de la presencia física de Dios.

Humo subió de su nariz

Y de su boca fuego consumidor…

Puso tinieblas por su escondedero,

Por cortina suya alrededor de sí;

Oscuridad de aguas, nubes de los cielos

Por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron (Salmos 18: 8, 11-12)

 

Nubes y oscuridad alrededor de él;

Justicia y juicio son el cimiento de su trono.

Fuego irá delante de él. (Salmos 97:2-3)

 

El que se cubre de luz como de vestidura

El que pone las nubes por su carroza

Y a las flamas de fuego sus ministros. (Salmos 104:2-4)

 

Y la apariencia de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel. Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte…(Exodo 24:17-18)

 

Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. (Lucas 2:9)

 

“Y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz… Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube…” (Mateo 17: 2,5)

 

“… cuando hubieron llegado al valle de Nimrod, descendió el Señor y habló con el hermano de Jared; y estaba en una nube, y el hermano de Jared no lo vio”. (Eter 2:4)

 

“el Señor extendió su mano y tocó las piedras, una por una, con su dedo. Y fue quitado el velo de ante los ojos del hermano de Jared, y vio el dedo del Señor; y era como el dedo de un hombre…” (Eter 3:6)

 

“precisamente en este momento de tan grande alarma vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí” (José Smith – Historia 1:17)

 

“Y mientras meditábamos en estas cosas, el Señor tocó los ojos de nuestro entendimiento y fueron abiertos, y la gloria del Señor brilló alrededor…” (DyC 76:19)

Los ejemplos podrían multiplicarse, pero he intentado una recorrida por el Antiguo y Nuevo Testamento, el Libro de Mormón, la Perla de Gran Precio y la Doctrina y Convenios. Todos nos cuentan la misma historia: que la gloria (el Kabod hebreo) oculta en la luz, el fuego y nubes la presencia de la Deidad. El pilar de fuego y de nubes que acompaña a Israel por el desierto, la zarza ardiendo sin consumirse, la columna de luz de la Restauración, son indicativos de la compañía real de un Dios antropomórfico que se muestra sólo ocasionalmente y que protege a los humanos de su propio poder…

Importante información adicional sobre el tema puede hallarse en Thomas S. Mann, Divine Presence and Guidance in Israelite Traditions: The Typology of Exaltation  (John Hopkins, Baltimore, 1977) 217-218. ; Frank Moore Cross, Canaanite Myth and Hebrew Epic, Essays in the History of the Religion of Israel (Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 1973), 30, 164.

El retorno a Alguien

La experiencia de la Primera Visión marcó una división con respecto a las creencias religiosas y teológicas del momento. Provenía de la praxis y no del pensamiento filosóficamente elaborado:

“Ni la lectura de las experiencias de otros, ni las revelaciones que ellos reciben, podrán jamás darnos a nosotros un concepto comprensible de nuestra condición y nuestra verdadera relación con Dios. El conocimiento de estas cosas sólo se puede obtener por la experiencia, mediante las ordenanzas que Dios ha establecido para ese propósito. Si por cinco minutos pudiéramos ver lo que hay en el cielo, aprenderíamos más que si leyésemos todo lo que se ha escrito sobre el asunto.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 400).

Como bien la expresara el Presidente Stephen L. Richards:

“La primera visión aportó claridad, definición y certeza a esta situación, no como producto del razonamiento o del argumento sofisticado sino como la seguridad plena de la experiencia. Cuando José salió de la arboleda, no tuvo necesidad de inventar una teoría, él conocía los hechos. Dios tiene semejanza con el hombre, tiene voz, habla. Es considerado y bondadoso. Contesta las oraciones. Su Hijo es semejante a El pero es una persona distinta. Es obediente con el Padre y es el mediador entre El y los hombres. La suposición de Dios como simple esencia o principio de poder y fuerza en el universo fue derribada para siempre. Este testimonio es directo, positivo e irrefutable. Muchos no han creído en él pero nadie ha tenido jamás el suficiente conocimiento para refutarlo.” (Stephen L. Richards – Las contribuciones de José Smith)

La Restauración también proveyó importantes conceptos adicionales sobre la naturaleza de Dios, de sus hijos, y de la relación entre ambos.

“Los elementos son eternos; y espíritu y elemento, inseparablemente unidos, reciben una plenitud de gozo…” (D.y C. 93:33)

“El Dios verdadero existe tanto en el tiempo como en el espacio, y tiene tanta relación con ellos como el hombre o cualquier otro ser” Orson Pratt, citado en Thomas F. O’Dea, TheMormons (Chicago: University of Chicago Press, 1963), 122.

“Lo que es sin cuerpo, partes y pasiones no es nada. No hay otro Dios en los cielos sino el Dios que tiene carne y huesos. Juan 5:26 “El Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo”… (Enseñanzas del Profeta José Smith, pag. 216)

“Siguiendo el asunto hasta su fundamento, y considerándolo filosóficamente, hallaremos una diferencia muy notable entre el cuerpo y el espíritu. Se supone que el cuerpo es materia organizada, y el espíritu, según muchos, es inmaterial y sin substancia. Nos permitimos impugnar esta última declaración, y diremos que el espíritu es una substancia; que es materia, pero materia más pura, elástica y refinada que el cuerpo; que existió antes que el cuerpo, puede existir en el cuerpo, y existirá separado del cuerpo cuando el cuerpo se esté convirtiendo en polvo; y que en la resurrección los dos serán unidos de nuevo” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pag. 51)

Conclusiones

De modo que, como parte de “la restauración de todas las cosas”, el conocimiento de la personalidad del Dios Verdadero, que originalmente formaba parte de las creencias judías y de los primitivos cristianos, ha vuelto a la Tierra. Es una idea de la que no debemos avergonzarnos y en la que tenemos el apoyo de muchos pensadores modernos, aunque no, quizás, de las religiones organizadas.

Permítaseme cerrar esta serie de reflexiones con las ideas de dos creyentes no mormones. El primero de ellos C.S. Lewis, apologista cristiano y autor de los ciclos de Narnia y Perelandra, así como de Mero Cristianismo y el Problema del Dolor:

“No creo en un Dios impersonal – dice uno, sino que creo en una gran fuerza espiritual”. De lo que no se ha percatado es de que la palabra “fuerza” se ha empleado en toda clase de imágenes del viento, la marea, la electricidad y la gravitación. “No creo en un Dios personal”, dice otro, “sino que todos formamos parte de un gran Ser que se mueve y actúa a través de nosotros” – sin darse cuenta de que simplemente ha cambiado la imagen de un hombre que parece un rey y un padre por la imagen de algo que lo ocupa todo, como un gas o fluido… Si un hombre observa su propia mente encontrará, creo, que lo que se presenta como concepciones filosóficas de Dios especialmente avanzadas va siempre acompañado, en su pensamiento, de unas imágenes vagas que, si se miran más detenidamente, resultan ser más absurdas aún que las imágenes humanoides de la teología cristiana. Pues al fin y al cabo, el hombre es la más elevada de las cosas que nos encontramos en nuestra experiencia sensible”. (C.S. Lewis, Miracles 1947)

El segundo, Martin Gardner, filósofo, matemático y divulgador científico:

“Creo, como Soren Kierkegaard, que un politeísta primitivo, orando honesta y piadosamente ante un ídolo de madera de entre varios, está más cerca de Dios, expresando un sentimiento religioso más verdadero, que un monoteísta filosófico que intente orar, o que no puede orar, a una deidad impersonal abstracta”  Martin Gardner (Los porqués de un escriba filósofo, 1989, Barcelona, Tusquets, pag. 190)

De modo que los miembros de la Iglesia creemos en un Alguien, un Dios trascendentemente antropomórfico y divinamente corporal así como en un ser humano teomórfico, hijo de ese Dios. Además de la palabra revelada, tenemos el cúmulo del pensamiento de varios milenios para apoyar esa creencia…

La Segunda Venida – Harry Anderson

DE NADIE A ALGUIEN – Parte 1

DOCTRINA

      Deidad

“DE NADIE A ALGUIEN” – Parte 1

(La Restauración y el reintegro de la Divina Corporalidad)

Por Mario R. Montani

“Todo teísmo es antropomórfico, y no hay modo de escapar a ello. El rechazo al antropomorfismo es un intento fallido desde el comienzo, porque como máximo uno puede oponerse a ciertos puntos a lo largo del espectro del antropomorfismo, pero jamás al fenómeno completo,  al menos, si uno quiere permanecer como teísta. La simple noción de un Dios al cual podemos dirigirnos es antropomórfica. Sin cierto tipo de antropomorfismo, no puede haber religión tal como la conocemos. Proponer una deidad con una mente o deseo estaría excluido. Dirigir nuestros deseos a algo sin deseos es un sin sentido, y adorar algo sin una mente es idolatría. La oración quedaría descartada .”

(Esther J. Hamori, When Gods were Men: The Embodied God in Biblical and Near Eastern Literature(Berlin: Walter De Gruyter, 2008), 46-47.)

Me he permitido iniciar este ensayo con el epígrafe de una investigadora de la religión no mormona, ya que en muchas oportunidades los miembros de la Iglesia somos ridiculizados por creer en la “primitiva” idea de un Dios con cuerpo y sentimientos. De modo que necesitaba introducir a alguien que nos mostrase que no estamos solos en nuestro reclamo. A continuación convocaré a un escritor más cercano, que no fue teólogo pero conocía al dedillo las filosofías del mundo; quizás ni siquiera fuese creyente, pero sabía cómo expresar sus ideas de modo breve y altamente preciso. Me refiero a Jorge Luis Borges. En su reflexión de 1950 “De Alguien a Nadie” (Otras Inquisiciones, Obras Completas, Tomo II, pag. 115, Emecé Editores, 1994) declaraba:

“… Elohim es concreto; se llama Jehová Dios y leemos que se paseaba en el huerto al aire del día o, como dicen las versiones inglesas, in the cool of the day. Lo definen rasgos humanos, en un lugar de la Escritura se lee Arrepintióse Jehová de haber hecho hombre en la tierra y pesóle en su corazón y en otro, Porque yo Jehová tu Dios soy un Dios celoso y en otro, He hablado en el fuego de mi ira. El sujeto de tales locuciones es indiscutiblemente Alguien, un Alguien corporal que los siglos irán agigantando y desdibujando…En los primeros siglos de nuestra era, los teólogos habilitan el prefijo omni, antes reservado a los adjetivos de la naturaleza o de Júpiter; cunden las palabras omnipotente, omnipresente, omniscio, que hacen de Dios un respetuoso caos de superlativos no imaginables. Esa nomenclatura, como las otras, parece limitar la divinidad: a fines del siglo V, el escondido autor del Corpus Dionysiacum declara que ningún predicado afirmativo conviene a Dios. Nada se debe afirmar de El, todo puede negarse. Schopenhauer anota secamente: “Esa teología es la única verdadera, pero no tiene contenido”… Juan el Irlandés (Escoto Erígena), para definirlo, acude a la palabra nihilum, que es la nada; Dios es la nada primordial de la creatio ex nihilo, el abismo en que se engendraron los arquetipos y luego los seres concretos. Es Nada y Nada; quienes lo concibieron así obraron con el sentimiento de que ello es más que ser un Quién o un Qué… Ser una cosa es inexorablemente no ser todas las otras cosas; la intuición confusa de esa verdad ha inducido a los hombres a imaginar que no ser es más que ser algo y que, de alguna manera, es ser todo. Esta falacia está en las palabras de aquel rey legendario del Indostán, que renuncia al poder y sale a pedir limosna en las calles: “Desde ahora no tengo reino o mi reino es ilimitado, desde ahora no me pertenece mi cuerpo o me pertenece toda la tierra”…

Borges describe a la perfección el proceso por el cual la idea de Dios fue paulatinamente despojada de un cuerpo y demás atributos humanos. Es, quizás, el momento de repasar algunas definiciones.  Antropomórfico: del griego anthropos (hombre) y morphé (forma), es decir de forma o apariencia humana, zoomórfico (con forma de animal), dendromórfico (con apariencia de árbol o arbusto), teomórfico (con forma de Dios), creatio ex nihilo (Creación de la nada).

Jenófanes de Colofón fue el primer filósofo del que tenemos noticias que criticó la idea del antropomorfismo, señalando que si los animales pudiesen imaginar dioses los harían semejantes a ellos. Para ser justos, deberemos recordar que Jenófanes, quien escribía alrededor del año500 A.C., era un crítico de Homero y Hesíodo y del modo en que éstos habían prefigurado la religión politeísta griega. Los dioses del Olimpo eran literalmente hombres y mujeres agigantados en sus poderes, virtudes y vicios, y su interacción con los humanos era el origen de mitos interminables con los que se enseñaba y también divertía al pueblo.

Antes de seguir adelante deberemos dejar algo bien en claro: LOS MORMONES NO CREEMOS EN UN DIOS ANTROPOMORFICO SINO MAS BIEN EN UN HOMBRE TEOMORFICO. Este concepto que siglos atrás era compartido por las principales religiones monoteístas (Judaísmo, Islamismo, Cristianismo) hoy se ha disuelto. Si bien es cierto que en el pasado muchos pueblos imaginaron a sus dioses como hombres de pasiones agigantadas, con relación al Unico Dios Verdadero judeo-cristiano el proceso es inverso: El ha creado al hombre a Su imagen y semejanza. Podríamos hablar de antropomorfismo propiamente dicho cuando el dios en cuestión es una invención a la cual se le han asignado características humanas, no cuando creemos en un Dios existente fuera de nuestra mente y que declara irrevocablemente habernos otorgado rasgos teomórficos a nosotros, sus hijos.

Hecha esta salvedad, para los fines prácticos, deberemos reconocer que nuestras creencias encajan dentro de lo que, globalmente, se denomina antropomorfismo, es decir, la aceptación de un Ser superior, con forma definida, capaz de sentimientos y acciones dentro del tiempo y el espacio material.

El Dios del Antiguo Testamento

William F. Albright, padre de la arqueología bíblica, reconoce que el monoteísmo mosaico “tuvo que incluir a Dios, el Creador, el cual tiene forma humana”. (William F. Albright, “From the Stone Age to Christianity,” Doubleday Anchor Books, 2nd ed., 1957, p. 272)

“Fundamental para la temprana religión Israelita y profundamente enraizada en la tradición mosaica está la concepción antropomórfica de Yavé… con una sola mirada a las mitologías, las iconografías y las letanías del cercano oriente vemos que los dioses cambiaban sus manifestaciones de lo astral a lo zoomórfico, lo dendromórfico y las formas compuestas. Yavé, por otro lado, en las fuentes originales, siempre es referido de modo que sugiere su forma humana, aunque su cuerpo usualmente aparece escondido bajo una cobertura refulgente llamada su Gloria” (Albright, idem, p. 264.)

Además del obvio “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” de Génesis 1:26, hay muchas referencias explícitas a partes físicas de la deidad:  “Vi (Jacob) a Dios cara a cara” (Génesis 32:30); “ y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro…”(Exodo 24:10); “Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro” (Exodo 33:23).

Dios puede sentir enojo, furia e indignación (1 Reyes 11:9; 2 Reyes 22:17; Nahum 1:2,6; Ezequiel 5:15)

Dios puede aparecerse al hombre (2 Crónicas 18:18-22; Amos 9:1; Isaías 1:1-5)

Dios puede brindar consuelo y ser compasivo (2 Reyes 13:23; Jeremías 12:15)

Dios se involucra con el tiempo, el espacio y la naturaleza (2 Reyes 8:1; Jonas 1:4; Amos 4:7-10; Isaías 23:11; 29:6)

“Es obvio que, desde el punto de vista bíblico, los hechos de los hombres pueden motivar a Dios, afectarlo, apenarlo, o, por otro lado, alegrarlo y complacerlo. Esta noción de que Dios puede ser íntimamente afectado, que El posee no sólo inteligencia y deseos, sino también sentimientos y pathos, define básicamente la conciencia profética de Dios.” (Abraham J. Heschel, “The Divine Pathos,” en Judaism, vol. 2, no. 1 (Enero 1963), p.61.)

El académico judío Jacob Neusner declara que la “encarnación de Dios era un lugar común dentro del judaísmo desde la formación de las Escrituras en adelante”  (Neusner, Incarnation of God, 4), entendiendo que encarnación es “la representación de Dios en la carne, como corpóreo, consubstancial en emociones y virtudes con los seres humanos, y compartiendo los modos y medios de acción que llevan a cabo los mortales…”(Neusner, Incarnation of God, 12, 17)

Para detectar cuán claro era este concepto para los hebreos hasta el primer siglo de nuestra era baste recordar el relato del Rabí Hosias, en el que los ángeles confunden a Adán recién creado con Dios y sólo cuando lo ven dormir se dan cuenta de la diferencia (Midrash Rabbah Genesis 8:10). El propósito de estas historias era siempre elevar la figura humana y no disminuir la divina.

El Dios del Nuevo Testamento

El Salvador mantuvo el patrón corpóreo del pueblo Judío con relación a Dios. Las múltiples menciones de “quien me ha visto a mí ha visto a mi Padre” parecen haber sido consideradas textualmente por sus contemporáneos.

Algunos estudiosos encuentran una referencia adicional de Jesucristo a la apariencia humana del Padre en su declaración de Juan 8:16-18: “Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres (duo anthropon) es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mi”.

De todos modos, durante el período primitivo de la Iglesia (que la mayoría ubica entre la muerte de los Apóstoles y la primer mitad del segundo siglo de nuestra era), el Nuevo Testamento no existía como tal. La mención de “las Escrituras” en esa etapa apunta a la lectura del Antiguo Testamento y su impronta judía.

No obstante lo mencionado anteriormente, en los textos dispersos que pasarían a formar el canon neotestamentario, es posible encontrar pasajes que sustentan la divina corporalidad: Hechos 7:56 nos cuenta de Esteban viendo al Hijo del Hombre parado a la diestra de Dios; Hebreos 1:3 nos informa de Cristo como “el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia”.

En dos notas al pie de su inmensa obra en siete volúmenes La Historia del Dogma, el historiador de la religión Adolph Harnack declara:

Dios fue naturalmente concebido y representado como corpóreo por los Cristianos incultos, aunque no sólo por ellos, como lo demuestran controversias posteriores (por ejemplo: Orígenes contra Melito o Tertuliano De anima). En el caso de los que poseían cierto grado de cultura, la idea de la corporalidad de Dios puede rastrearse hasta influencias estoicas; en el caso de los incultos las ideas populares operaron conjuntamente con las enseñanzas del Antiguo Testamento entendidas literalmente y la impresión de imágenes apocalípticas.  Adolph Harnack, History of Dogma (New York: Dover, 1961), 1:180 n 1.

Más adelante reconoce:

“Durante el segundo siglo… las ideas escatológicamente realistas sin duda continuaron impulsando, en círculos muy amplios, la idea popular de que Dios tenía una forma y cierta existencia corporal  (Harnack, History of Dogma, 2:255 n 5.)

La versión helenística (Inmaterialismo)

Así como Roma era la capital política del imperio, Alejandría, en Egipto, se mantenía como una especie de capital cultural. Tanto el judaísmo como el incipiente cristianismo se vieron influenciados por las filosofías y doctrinas de allí emanadas.  El inmaterialismo (la idea de un Dios no material) fue introducido en la segunda mitad del siglo II precisamente por Clemente de Alejandría

Orígenes

Considerado uno de los Padres de la Iglesia, nacido también en Alejandría, y discípulo de Clemente. En un arrebato de ascetismo se autoemasculó, convirtiéndose en eunuco, lo que le impedía recibir las órdenes sacerdotales, como eran entendidas en su época. Su conocimiento de las escrituras y erudición eran extraordinarios. En el año 248 escribió ocho libros Contra Celso. El Concilio de Constantinopla condenó sus obras en 553.

Los escritos de Origenes dan suficiente prueba de que, durante el segundo y tercer siglo, a pesar de los embates de los platonistas, tanto dentro como fuera de la Iglesia, los cristianos continuaban creyendo en un Dios corporal.

“Cómo debe ser Dios mismo entendido – ya sea corpóreo, con alguna otra forma, o de una naturaleza diferente a los cuerpos – es un asunto que no está claramente indicado en nuestras enseñanzas” Origenes, De Principiis 1.9, 1.10 (ANF 4:241). También reconoce que el término griego asomatos (incorpóreo) no aparece en todo el texto bíblico.

En su obra Contra Celso responde a un autor pagano que criticaba a los cristianos por su ingenua concepción de un Dios corporal y comienza a dar forma a su creencia platonista de una divinidad desincorporada. Deberemos entender que para Orígenes el propio cuerpo era motivo de vergüenza (su propia castración lo demuestra), causa de pecado y una humillación de la que convenía liberarse, por lo cual la sola idea de un Ser corporal le parecía absurda.

Al responder y contraatacar las ideas corporalistas, Orígenes nos permite conocer a varios intelectuales de su época que las defendían y cuya obra ha sido  mayormente destruida, particularmente Melito, Obispo de Sardis, en Lidia, quien defendía la divina corporalidad al menos hasta el 197 d.C.

Inesperadamente, Orígenes reconoce que el pasaje de Juan 4:24 “Dios es Espíritu y en espíritu y en verdad debe adorársele” (quizás uno de los más citados por quienes propugnan la inmaterialidad divina) era comprendido por los antiguos cristianos como un testimonio de la materialidad de Dios, ya que la palabra pneuma (traducida como espíritu) significaba literalmente aire o aliento. Siendo el aire uno de los cuatro elementos básicos que constituían el universo para su época, el pasaje confirmaba que Dios era un ser material, aunque más sutil y refinado.

Tertuliano

Quinto Septimio Florente Tertuliano, vivió entre la segunda parte del siglo II y primera del III y, a diferencia de los otros, su actividad se desarrolló en Cartago. Converso al cristianismo, fue presbítero casado (el celibato no existía por entonces), pero con el tiempo derivó de la ortodoxia católica al montanismo (fundado por Montano) y terminó creando su propio movimiento. La doctrina montanista, a veces denominada de La Nueva Profecía, incluía la recuperación de la revelación profética y los dones espirituales de la época de los Apóstoles, preservar la doctrina de influencias filosóficas y preparar al mundo para una inminente Segunda Venida

“Todas las herejías en último término tienen su origen en la filosofía. De ella proceden los eones y no sé qué formas infinitas y la tríada humana de Valentín; es que había sido platónico. De ella viene el Dios de Marción, cuya superioridad está en que está inactivo; es que procedía del estoicismo. Hay quien dice que el alma es mortal y ésta es doctrina de Epicuro. […] Es el miserable Aristóteles el que les ha instruido en la dialéctica, que es el arte de construir y destruir, de convicciones mudables, de conjeturas firmes, de argumentos duros, artífice de disputas, enojosa hasta a sí misma, siempre dispuesta a reexaminarlo todo, porque jamás admite que algo esté suficientemente examinado. […] Quédese para Atenas esta sabiduría humana manipuladora y adulteradora de la verdad, por donde anda la múltiple diversidad de sectas contradictorias entre sí con sus diversas herejías. Pero, ¿qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? ¿Qué relación hay entre la Academia y la Iglesia? ¿Qué tienen que ver los herejes y los cristianos? Nuestra escuela es la del pórtico de Salomón, que enseñó que había que buscar al Señor con simplicidad de corazón. Allá ellos los que han salido con un cristianismo estoico, platónico o dialéctico. No tenemos necesidad de curiosear, una vez que vino Jesucristo, ni hemos de investigar después del Evangelio. Creemos, y no deseamos nada más allá de la fe: porque lo primero que creemos es que no hay nada que debamos creer más allá del objeto de la fe.”(De Praescriptione, 7, 1)

Tertuliano creía en la corporalidad de Dios y en que el  físico humano era una obra maravillosa del Creador, no el origen del pecado, que, en realidad, nacía en nuestras almas. “La naturaleza debería ser objeto de nuestra reverencia, no de nuestra vergüenza” (Tratado sobre el Alma 1.27) También consideraba que Cristo había conservado su cuerpo físico una vez resucitado. (De la Resurrección de la Carne 1.48)

Como cristiano instruido, Tertuliano testificó tempranamente de la intrusión de las filosofías mundanas en el dogma de la Iglesia.

Advertencias similares han sido hechas recientemente por el profesor de la Sorbona, Claude Tresmontante, quien reconoce que Dios es Alguien y que esa idea es defendible dentro del propio contexto bíblico:

“La enseñanza en la Biblia no se opone a la filosofía griega como la fe no se opone al pensamiento racional. Es más bien la oposición de cierto sistema de pensamiento a otro de una estructura radicalmente diferente… de modo que no podemos pasar del universo del pensamiento griego al mundo bíblico a menos que olvidemos la perspectiva griega… y a menos que transformemos por completo el sistema de referencias y coordenadas… de hecho, a menos que desafiemos los a priori implícitos y los hábitos intelectuales inconscientes de la filosofía occidental – hábitos tiránicos justamente por ser inconscientes – no tendremos la capacidad de descubrir y comprender las características y estructura del pensamiento hebreo” Claude Tresmontante,  A Study in Hebrew Thought, traducc. Michael G. Gibson (New York: Desclee Company, 1960), 141.

Agustín

San Agustín de Hipona, nació en el 345 d.C. en el norte de Africa, de Patricio, padre pagano y Mónica, conversa cristiana. Si bien su madre le educó en los preceptos de su religión, la creencia de los primeros cristianos en un Dios corporal se constituyó en un tema inaceptable para él. Debido a esto, se acercó a la secta maniquea que creía en una deidad material pero no antropomórfica. Eventualmente su carrera como maestro de retórica lo llevó a Roma y Milán, donde conoció a Ambrosio quien le habló de la posibilidad del Dios inmaterial. A los 32 años se bautizó. En sus escritos, Agustín brinda un catálogo de los grupos (a su entender, errados) que enseñaban la divina corporalidad: por ejemplo, los Audiani o Vadiani, seguidores del diácono Audius, en Siria y Mesopotamia, y los Antropomorfitas que se distribuían en Egipto. Casiano, un monje que pasó buena parte de su ministerio en Egipto testifica lo mismo: que alrededor del año 400 la norma en aquella región era el antropomorfismo y el incorporealismo una innovación resistida .” Monks and Monasteries of the Egyptian Deserts, rev. ed. (Cairo: American University in Cairo Press, 1989), 53.

“Me han quitado mi Dios!”

Gracias a Casiano conocemos también los problemas del monje Serapion en aceptar la idea de un Dios sin cuerpo. Serapion había tenido una larga vida de austeridad y disciplina monástica, la que, junto a sus años, lo había puesto al frente de otros monjes. El Obispo de la región envió una carta estableciendo la nueva doctrina de incorporalidad pero Serapion se negaba a aceptarla, ya que iba en contra de lo que había creído toda su vida y le habían enseñado sus predecesores. Por lo tanto el Obispo mandó reunir a todos los monjes del desierto y envió a Fotinus, un diácono anticorporealista muy hábil y versado en los textos sagrados, quien les explicó que los líderes de la Iglesia ya estaban enseñando el nuevo concepto. Después de escuchar los argumentos de tan ilustre visitante, el anciano Serapion quedó convencido, pero al pararse para agradecer al Señor por haber hallado un acuerdo, se sintió confundido, pues la imagen del Dios a quien siempre oraba había desaparecido de su corazón. Por lo tanto, cayó al suelo, y entre lágrimas y sollozos gritaba: “Ay de mi! Me han quitado mi Dios. Ya no tengo a quién aferrarme, y no sé a quién adorar o dirigirme!”

A pesar de la claudicación de Serapion, muchos monjes continuaron enseñando la divina corporalidad hasta bien entrado el siglo V. Owen Chadwick, John Cassian, 2nd ed. (Cambridge: Cambridge University Press, 1968), 28—29.

Los credos

Independientemente de los resultados de los Concilios de Nicea (325 d.C) y de Constantinopla (381 d.C) que consolidaron la doctrina trinitaria, la cual, por su propia complejidad, dejaremos para una ocasión futura, aún los nuevos movimientos cristianos que surgieron, dieron por sentada la falta de corporalidad de Dios, como algo que ya no había que discutir.

Así vemos, por ejemplo, que uno de los 39 artículos de la Iglesia Anglicana, el cual coincide con uno de los 25 de la Iglesia Metodista, dice en su texto:
“Hay un solo Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo, partes o pasiones; de infinito poder, sabiduría y bondad; el creador y conservador de todas las cosas tanto visibles como invisibles. Y en la unidad de esta naturaleza Divina hay tres personas de una misma substancia, poder y eternidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.”

La Restauración

El Reverendo Doctor Edmond La Beaume Cherbonnier es un académico especializado en estudios religiosos, Profesor en Trinity College y Diácono de la Iglesia Episcopal. En 1962 publicó en la Harvard Theological Reviw (vol. 55 pags. 187-206) el artículo “The Logic of Biblical Anthropomorphism”  (La lógica del Antropomorfismo Bíblico)

“Siempre que los pensadores cristianos han intentado medirse a sí mismos y a sus religiones con las reglas de la argumentación racional, han hallado que el Dios de la piedad popular es una fuente de bochorno. Un Dios que puede comunicarse con la humanidad, y que juega un papel en los eventos humanos, sin duda está adaptado al nivel mental de los niños y aquellos sin educación, pero difícilmente es tomado en serio por los más sofisticados. De allí la tendencia, tanto en la teología Católica como Protestante, de distinguir entre las creencias adaptadas para el consumo masivo y aquellas otras que son solo inteligibles para una elite. De allí también la tendencia a mirar con cierta condescendencia a las ramas de la Cristiandad, a menudo mencionadas como agrupaciones marginales, que se rehúsan a hacer tal distinción y que no ofrecen ninguna disculpa por concebir a Dios como un ser personal; es decir, un ser que puede hacer conocer sus propósitos para el mundo y llevarlos a cabo dentro de la historia humana. Ninguna otra denominación se aferra más lealmente a esta concepción de Dios como Persona que los Mormones” Edmond LaB. Cherbonnier, “In Defense of Anthropomorphism,” in Reflections on Mormonism: Judaeo-Christian Parallels, ed. Truman G. Madsen (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1978), 155–74.

Ya desde la Primera Visión, las enseñanzas restauradoras de Joseph Smith, Jr. sacudieron las mismas bases de la larga tradición de incorporealismo desarrollada durante la apostasía. Basta leer algunas de sus revelaciones y enseñanzas:

“El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre” (DyC 130:22)

“El primer principio del evangelio es saber con certeza la naturaleza de Dios…”

“Si el velo se partiera hoy, y el Gran Dios, que conserva este mundo en su órbita y sostiene todos los mundos y todas las cosas con su poder, se manifestase a sí mismo, digo que si fueseis a verlo hoy, lo veríais en la forma de un hombre así como vosotros os halláis en toda la persona, imagen y forma misma de un hombre; porque Adán fue creado a la misma imagen y semejanza de Dios, y de El recibió instrucciones, y anduvo y conversó con El, como un hombre habla y se comunica con otro.” (“Enseñanzas del Profeta Jose Smith” pag. 427, compilación de Joseph Fielding Smith, 1975)

“Vinimos a esta tierra para tener un cuerpo y presentarlo puro ante Dios en el reino celestial. El gran principio de la felicidad consiste en tener un cuerpo. El diablo no lo tiene y ése es su castigo; él está contento cuando puede obtener el tabernáculo del hombre; y cuando fue expulsado por el Salvador, le pidió que lo dejara ir a una manada de cerdos, demostrando que prefería ocupar el cuerpo de un cerdo que no tener ninguno. Todos los seres que tienen un cuerpo poseen potestad sobre los que no lo tienen”. “El diablo no tiene poder sobre nosotros sino hasta donde se lo permitimos.(Enseñanzas del Profeta José Smith,compilación de Joseph Fielding Smith, 1982, pág. 217; Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith,2007, pág. 222 )

“Si los hombres no comprenden la naturaleza de Dios, no se comprenden a sí mismos” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia – José Smith, pag. 42)

De modo que la Restauración nos brinda, más que nueva luz, el conocimiento que tuvieron los antiguos. Este saber ha iluminado toda nuestra doctrina de formas diversas que seguiremos viendo en la continuación de este análisis. El proceso desintegrador de la individualidad divina prefigurado por Borges ha comenzado a revertirse. Después de la larga noche filosófica, la Nada comienza a ser Alguien. Por ahora, deberé cerrar con estas

Conclusiones provisorias

Utilizaré nuevamente las ideas de pensadores no miembros de la Iglesia a quienes podemos sentir junto a nosotros:

En primer lugar al Profesor W.H.V. Reade de Oxford, cuya tesis es que “la única filosofía cristiana es la religión cristiana”

“Cuando el temor al antropomorfismo induce al hombre a rechazar la idea de un Dios personal, y substituirlo por algún producto del pensamiento abstracto, simplemente se engaña a sí mismo. Lo que proponen es tan antropomórfico como lo que rechazan, y el único resultado evidente será que habrán provisto un sustituto inferior de Dios… El motivo es que la personalidad, por indefinible que sea, es la más alta “categoría” que poseemos. Siempre que se nos promete algo supra-personal, podemos estar seguros que lo que obtendremos será algo infra-personal” W. H. V. Reade, The Christian Challenge to Philosophy (London: Society for the Promotion of Christian Knowledge, 1951), 67.)

O a nuestro ya conocido Edmond Cherbonnier:

“La conclusión es que ni Judíos, ni Mormones u otros Cristianos deben sentirse avergonzados por la idea de que Dios es una Persona. No necesitan pedir disculpas por una interpretación literal, ya que es la que más justicia hace a las intenciones de los autores bíblicos. Tampoco tienen necesidad de disculparse frente a la teología  tradicional, la que finalmente ha llegado al final de un callejón sin salida ¿Dónde está la vitalidad del Cristianismo, hoy? ¿Dónde está creciendo en vez de achicándose? Entre los así llamados grupos “marginales”, quienes francamente reconocen que Dios es una Persona. ¿Es, tal vez, un mensaje para la teología? ¿Podría ella también rejuvenecerse si dejara de deificar lo subhumano e impersonal? ¿Si se basara sólidamente en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, podría alcanzar la consistencia que hasta ahora le ha sido elusiva? En el pasado, Dios se ha iniciado, característicamente, desde pequeños e improbables peldaños. No hace falta recordárselo a los Mormones. ¿Sería posible que hiciera lo mismo en el campo del pensamiento? No sería la primera vez que escogería lo simple del mundo para confundir al sabio.” Edmond LaB. Cherbonnier, “In Defense of Anthropomorphism,” in Reflections on Mormonism: Judaeo-Christian Parallels, ed. Truman G. Madsen (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1978), 174.

CONTINUARA…