Los Tres Nefitas en el Texto y el Folklore – Segunda Parte

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LOS TRES NEFITAS

En el texto y el folklore

Segunda Parte

Por Mario R. Montani

De los seres trasladados

En 1700 el escritor inglés John Asgill escribió el panfleto An argument proving that according to the covenant of eternal life revealed in the Scriptures, man may be translated from hence into that eternal life, without passing through death (Argumento demostrativo de que, según el pacto de Vida Eterna revelado en las Escrituras, el Hombre puede ser trasladado a la Vida Eterna sin pasar por la Muerte). Aunque Coleridge gustaba de la ironía y lenguaje de la obra, en realidad su autor fue echado del Parlamento por considerársela “blasfema”, perdiendo propiedades y terminando sus días en la cárcel.

Sin embargo para los Santos de los Ultimos Días, el pueblo Judío y los primeros cristianos, la idea de la traslación corporal ha estado siempre presente en escrituras y tradición.

En Hebreos 11:5, Pablo nos recuerda:

“Por la fe Enoc fue trasladado para no ver la muerte, y no fue hallado, porque lo trasladó Dios. Y antes que fuese trasladado, tuvo testimonio de haber agradado a Dios”.

El texto hebreo medieval El Zohar, también describe al Elias trasladado como ‘un ángel entre los ángeles’ (The Zohar, Harry Sperling y otros, New York, Rebecca Bennet Publications, 1958, 4: 165-166)

En el Discurso del Abbaton, un texto cristiano del siglo IV, se confirma que:

“El Santo Apóstol San Juan, teólogo y virgen, no probará la muerte hasta que se hayan establecido los tronos en el Valle de Josafat…” (E. A. Wallis Budge, Coptic Martyrdoms (Londres: British Museum, 1914), pag. 475)

El Valle de Josafat, según las escrituras, es el lugar del Juicio.

Un poco más adelante, el propio Cristo le dice:

“En cuanto a ti, mi amado Juan, no morirás hasta que los tronos hayan sido preparados en el Día de la Resurrección… Enviaré a Abbaton, el Angel de la Muerte, que venga a ti en ese día… Estarás muerto por tres horas y media, sobre tu trono, y toda la creación te verá. Haré que tu alma regrese al cuerpo y te levantarás vestido con atavíos de gloria” (Ibid anterior, pag. 492-493)

Un texto cristiano siríaco incluye una visión dada al Apóstol Juan en la que el Señor le envía un mensajero:

“Juan, he aquí, has sido apartado por nuestro Señor para predicar el Evangelio de Salvación, junto a los tres que practican la verdad; pero vosotros no seréis privados de este don” (The Gospel of the Twelve Apostles Together with The Apocalypses of Each One of Them, J. Rendel Harris, Universidad de Cambridge, 1900, pag. 34)

El pasaje no es demasiado claro, pero muchos investigadores mormones han especulado sobre una referencia a los tres nefitas.

Otros textos sugieren la alternativa de que Melquisedec y su ciudad de Salem también hayan disfrutado de ese estado provisorio. El Libro de Mormón deja abierta las puertas para la posibilidad de que Alma y Nefi, hijo de Helaman, hayan sido trasladados

El Profeta Joseph Smith, Jr:

“Muchos han supuesto que la doctrina de la traslación era una doctrina mediante la cual los hombres eran llevados inmediatamente a la presencia de Dios y a una plenitud eterna, pero ésta es una idea errónea. El lugar donde habitan es según el orden terrestre, y a fin de que fuesen ángeles ministrantes a muchos planetas, Dios apartó un lugar preparado para estos individuos que todavía no han alcanzado una plenitud tan grande como los que han resucitado de los muertos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, Salt Lake City, Utah, 1975, pag. 203)

Los Tres Nefitas en el folklore mormón

Eric Eliason, profesor de folklore y literatura de BYU razona:

“Los relatos son populares en cualquier cultura – parte de la necesidad humana de contar historias que hablen de sus preocupaciones y valores. Las de los Santos de los Ultimos Días no son muy diferentes de las que cuentan los demás. Pero por causa de nuestra cultura particular, tenemos nuestras versiones particulares de ciertas historias… La de los Tres Nefitas emerge del propio relato del Libro de Mormón, que deja abierta la posibilidad de que ellos aún se encuentran hoy por aquí. Lo cual lleva a la gente a preguntarse ¿Dónde están? ¿Qué están haciendo? Y todo hecho extraño o inusual es naturalmente atribuido a ellos, si cumple lo suficiente con el modelo… No he encontrado ningún lugar en el que Jesús aclare si las parábolas son verdaderas. Creo que asumimos que son historias – que no necesariamente existió un samaritano real. Pero El no lo aclara, lo cual creo que nos está diciendo algo – que lo realmente importante no es si ocurrieron de verdad. Pero, desgraciadamente, esa es la forma en que muchas personas se acercan al folklore mormón, como si eso fuese lo único a cuestionarle. Pienso que cuando escuchamos folklore mormón deberíamos preguntarnos ¿Es lo más importante de esta historia si es o no históricamente exacta o lo importante es lo que dice sobre nosotros, nuestra cultura y nuestros valores?”

George Albert Smith, respondiendo a una pregunta del recopilador Hector Lee, manifestó:

“Más aún, en cuanto al registro de manifestaciones se refiere, la doctrina de la Iglesia es que son dadas para la edificación del individuo a quien llegan y que no son para la exhibición o registro del público. Son mantenidas como sagradas por aquellos que las poseen, y, aunque en alguna ocasión puedan contarlas, en general, repito, son para los individuos que las recibieron”. (Carta del Presidente Smith a Hector Lee del 14 de Septiembre de 1949)

De modo que en las historias coexisten las utilizadas por las autoridades en diferentes momentos con los centenares que se han popularizado y transmitido sin que ninguna de ellas tenga certificado de autenticidad.

En Juvenile Instructor 9:224 se relataba como el jefe indio Tobruka recibió en su campamento la visita de un ser barbado quien le indicó que debía bautizarse en el arroyo cercano para lo cual era necesario acudir a los élderes mormones de Deep Creek. Luego del mensaje simplemente desapareció. Pero al buscarlo, Tobruka descubrió a otros dos personajes, uno más alto que el otro, quienes le repitieron el mismo mandato. Gracias a estas manifestaciones, el Elder William Lee y un intérprete terminaron bautizando y confirmando a más de un centenar de indios goshutes.

En una Conferencia del 5 de Enero de 1860, el Apóstol Erastus Snow declararía

“Leemos que ‘Enoc caminó con Dios, y desapareció, pues Dios lo llevó con El’. El Apóstol Pablo declara que fue trasladado. La revelación dada por intermedio de Joseph Smith enseña que muchos otros en los días de Enoc obtuvieron la misma bendición. Leemos en el Libro de Mormón sobe los Tres Nefitas, en quienes el Señor produjo un cambio, para que sus cuerpos no viesen corrupción; mas ese cambio era en sí mismo equivalente a la muerte y la resurrección. Si el cambio completo tuvo lugar en esa fecha, o si aún un cambio mayor aguarda para tener lugar en ellos, no tenemos una información certera. Pero Mormón, escribiendo sobre ello, da como su opinión, y dice que le es revelado por el Espíritu, que les aguarda un cambio mayor en el gran día en que todo será cambiado. Es suficiente decir que, por causa de la caída de Adán, los elementos de la tierra, de los cuales participamos, han sembrado las semillas de la mortalidad en nuestro tabernáculo terrenal, de modo que es necesario que reciban el mismo cambio, ya sea retornando al polvo y siendo nuevamente levantados, o por el cambio que se produce en un momento, en un abrir y cerrar de ojos” (Erastus Snow, Journal of Discourses 7:356)

Y, el 7 de Mayo de 1884, Franklin D. Richards agregaría:

“Si hay algo en el mundo que puede satisfacer el hambre del alma por conocimiento, son las revelaciones del Señor Jesucristo, que se abren continuamente línea sobre línea y precepto sobre precepto; un poco aquí y un poco allí; por cierto, nada más puede satisfacer las ansias del alma humana. Esto nos llevará a lograr las mismas bendiciones y glorias que el Profeta Joseph nos dijo que Enoc había obtenido. El nos enseñó que junto a su ciudad logró en su época una gloria terrestre, y que aún están gozando de esa gloria. Obtuvieron el poder de traslación, de modo de poder llevar sus cuerpos y su ciudad con ellos. La resurrección no sería hasta que llegara Cristo y se transformara en el primer fruto de aquellos que dormían. El análisis de este asunto me lleva a pensar y expresar unas palabras en relación a los Tres Nefitas. Ellos quisieron demorarse hasta la venida de Jesús, y para que pudieran hacerlo El los llevó consigo a los cielos y los invistió con el poder de traslación, probablemente en uno de los templos de Enoc, y los trajo de nuevo a la tierra. De ese modo recibieron el poder de vivir hasta la venida del Hijo del Hombre. Creo que los llevó a la ciudad de Enoc y les confirió sus investiduras allí. Supongo que en la ciudad de Enoc hay templos; y cuando Enoc y su gente regresen, lo harán con su ciudad, sus templos, bendiciones y poderes. El país del norte cederá su multitud, con el Apósto Juan, quien los cuida. Ellos también vendrán a Sión a recibir sus coronas de las manos de sus hermanos de Efraim (F.D. Richards, Journal of Discourses 25:236)

El Elder Legrand Richards, en la Conferencia General de abril de 1954:

“Hace poco, cuando el Presidente Truman envió un comité a Israel, el presidente Chaim Weizmann les habló sobre su creencia en una fuerza mística que trajo a los judíos a Israel y los ha mantenido con vida.

En la revista Jewis Hope, de septiembre 1950, hay un artículo de Arthur U. Michelson. No tomaré tiempo para leerlo completo, pero en él cuenta sobre su visita a Jerusalén, donde escuchó experiencias del ejército israelí. Tenían un solo cañón, y enfrentaban al ejército árabe bien equipado y entrenado, de modo que cada vez que usaban el cañón lo movían de lugar para que el enemigo pensara que tenían muchos… Deseo leerles lo que ocurrió cuando el ejército de Israel estaba a punto de rendirse: ‘Uno de los oficiales me contó cuánto habían sufrido los judíos. No tenían nada con qué resistir el fuerte ataque árabe. Tampoco tenían alimento ni agua, pues las líneas de abastecimiento estaban cortadas. En ese momento crítico… los árabes de pronto dejaron sus armas y se rindieron. Cuando llegó su delegación con la bandera blanca, preguntaron ¿Dónde están los tres hombres y las tropas que vimos? Los judíos no sabían nada acerca de tres hombres y ese pequeño grupo era toda la fuerza que existía. Los árabes insistieron en que habían visto a tres personas con largas barbas y vestimentas blancas quienes les advirtieron que dejaran de pelear o morirían. Se asustaron tanto que decidieron rendirse’… Ahora bien, yo no lo sé, pero el Señor dijo que haría algo por los judíos en los últimos días, y, cuando permitió a los Tres Nefitas permanecer sobre la tierra, declaró:

‘Y he aquí, se hallarán entre los gentiles, y los gentiles no los conocerán. También estarán entre los judíos, y los judíos no los conocerán. Y cuando el Señor lo considere propio en su sabiduría, sucederá que ejercerán su ministerio entre todas las tribus esparcidas de Israel, y entre todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos; y de entre ellos llevarán muchas almas a Jesús, a fin de que se cumplan sus deseos, y también por causa del poder convincente de Dios que hay en ellos’.(3 Nefi 28: 27-29) (Elder Legrand Richards, Conference Report, Abril de 1954, Reunión de la Tarde, pag. 55-56)

También hay folklore más reciente. Respondiendo a una pregunta sobre el tema en el blog askgramps (https://askgramps.org/have-there-been-any-sightings-of-the-three-nephites/), Carl Jensen comenta:

“En 1975, al comenzar mi misión en Bogotá, Colombia, resolví leer un capítulo diario del Libro de Mormón, y al finalizar me quedaba de rodillas esperando recibir una manifestación espiritual (tenía 19 años entonces). Ocho meses después, estando en la ciudad de Cucuta el 15 de Marzo de 1976, terminé de leer Moroni 10. Esa noche, después de habernos fallado una cita para enseñar, caminábamos por la calle cuando un hombre pasó a nuestro lado. Después de un momento tuve la fuerte impresión de que necesitábamos volver y hablar con él. Después de correr una cuadra lo detuvimos y le preguntamos si podíamos establecer un horario para visitar a su familia. Nos dijo que no vivía en Cucuta, pero, viendo una mesa desocupada en un restaurant cercano, sugirió que nos sentásemos y le diésemos nuestros mensajes. En ese momento comencé a tener sensaciones en mi cuerpo como jamás había tenido. Nos dijo que su nombre era Jonas, sin usar un apellido. Cuando le preguntamos qué estaba haciendo en Cucuta, nos contó que viajaba por todo el mundo con su padre y su tío dando seminarios sobre matemáticas astronómicas y física, pero había venido a Cucuta para ‘visitar a sus ancestros’. Mientras le dábamos la primera charla continuó el ardor en mi pecho. Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas. Finalizamos la charla, él se despidió cortésmente y regresamos a nuestro departamento. Inmediatamente abrí el Libro de Mormón y leí los nombres de los discípulos: Nefi, su hermano Timoteo, y su hijo Jonas”.

No obstante, el Manual del Maestro de Doctrina del Evangelio sobre El Libro de Mormón sugiere prudencia:

“Señale que el Salvador dijo a los Tres Nefitas que estarían entre los Judíos y los Gentiles, quienes no los reconocerían (ver 3 Nefi 28:25-30). Por tanto, muchas de las historias que la gente escucha sobre los Tres Nefitas probablemente no son verdaderas…” (Doctrina del Evangelio- Libro de Mormón, Manual del Maestro, 2009, Cap.46 (3 Nefi 27-30)

Los Tres Nefitas y los estudios académicos

Permítanme compartir, antes de finalizar, la siguiente experiencia de James Faulconer, titular de la cátedra Richard L. Evans sobre Comprensión Religiosa en BYU, y que coloca a los relatos sobre los elusivos nefitas en un nivel de mayor respetabilidad y posibilidades:

“A fines de Agosto del 2007, asistí a una conferencia en Sibiu, Rumania: “Las Metáforas Religiosas y los Conceptos Filosóficos”. La conferencia continuaba con un curso de verano de una semana sobre el mismo asunto en el Monasterio Bancoveanu en el poblado de Sambata de Sus, en las Montañas Fagaras.

El tema era interesante. Las ponencias fueron excelentes, representando sitios como las Universidades de Nottingham y Cambridge. También alguien de quien jamás había escuchado antes: Jad Hatem, de la Universidad St. Joseph, de Beirut.

Después de dos días en Sibiu, un joven y formal estudiante de posgrado me condujo en su auto hasta el monasterio. Me registré y fui a la primera cena en el refectorio. La entrada al refectorio era estrecha, y requería que nos colocásemos en línea de a uno para poder ingresar, y mientras estaba en la fila, oí a alguien detrás de mí hablar sobre los mormones. No podía escuchar lo que decía, pero la palabra mormones sonó varias veces y comencé a prepararme para algún tipo de problema, al menos un momento de tensión cuando quedara claro que yo era Santo de los Ultimos Días. No soy por naturaleza paranoico, pero mi experiencia con otros académicos acerca del mormonismo muestra que raras veces comienza con una idea positiva acerca de él.

Al entrar, nos colocamos a ambos lados de unas largas mesas, y cuando establecí mi lugar, me hallé directamente enfrente de la persona a la que había oído hablar. ‘Bueno’, pensé ‘será mejor ocuparme de esto de entrada’. Entonces, de a uno, fuimos presentándonos, siguiendo el orden en que estábamos sentados. Cuando llegó mi turno y dije, ‘Soy de la Universidad de Brigham Young’, el hombre de enfrente se paró, dio la vuelta para abrazarme y decirme ‘¡BYU, amo a los mormones!’. No hace falta decir que yo estaba sorprendido. No esperaba una hostilidad abierta pero menos aún esa clase de respuesta.

La persona que me brindó tan entusiasta bienvenida era el Profesor Jad Hatem. Hablamos durante la cena y después de ella, y al hacerlo me contó de un libro que había publicado recientemente, Les Trois Nephites, le Bodhisattva et le Mahdi (Editions du Cygne, 2007) (Los Tres Nefitas, el Bodhisattva y el Mahdi). Me resultaba difícil cree que un filósofo del Líbano hubiese sabido tanto sobre los mormones como para escribir sobre nosotros, y mucho menos sobre un tema como los Tres Nefitas.

…La mayoría de los trabajos académicos sobre los Tres Nefitas son acerca de ellos como folklore – historias de extraños que aparecen de la nada para ayudar a los que se encuentran en necesidad. A veces cambian la rueda de un auto. En ocasiones entregan alimentos. A menudo aparecen haciendo dedo (autostop). Y tan pronto como concluyen su buena obra, desaparecen.

Este folklore es una extensión de las bendiciones prometidas. Jesús no dijo nada a los tres discípulos sobre cambiar neumáticos. Más que referirse a buenas obras cotidianas, les dice que trabajarán para traer almas a Cristo. A pesar de eso, lo primero en lo que la gente piensa cuando se mencionan a los Tres Nefitas es en ese folklore, y yo no me atrevería a negar que las buenas obras cotidianas podrían ser una parte importante de lo que significa traer almas a Cristo.

Pero el Profesor Hatem me dijo que él había realizado un análisis filosófico y teológico de la historia de los Tres Nefitas tal como aparece en el Libro de Mormón. Después de la cena me dio una copia de su pequeño volumen, y la combinación de jet lag y curiosidad – así como la necesidad de buscar a menudo en mi diccionario de francés – me mantuvo ocupado hasta el desayuno de la siguiente mañana.

No estuve demasiado vivaz durante las conferencias del día, pero estaba entusiasmado con el libro del Profesor Hatem. Sin ser un Santo de los Ultimos Días, el Profesor Hatem había leído el Libro de Mormón cuidadosamente. Lo comprendía y comprendía al mormonismo, ofreciendo un análisis original del pasaje del Libro de Mormón, argumentando que debíamos comprender a los Tres Nefitas como personas, que, al igual que el bodhisattva y el Mahdi, sacrifican su existencia no muriendo sino consagrándola a otros. Así como Cristo murió por los demás, haciendo posible que retornaran al Padre, los Tres Nefitas son preservados para llevar al resto de la humanidad hacia Dios.

Me complace decir que el Instituto de Estudios Religiosos Neal A. Maxwell de BYU planea publicar una traducción al inglés del libro del Profesor Hatem con el título de Postponing Heaven: The Three nephites, the Bodhisattva, and the Mahdi (Posponiendo el Cielo: Los Tres Nefitas, el Bodhisattva y el Mahdi). Esta siendo enviado a la imprenta y debería estar disponible para el otoño. También espero que muestre que el mormonismo es un tema que permite una sofisticada discusión académica. No creo que esas discusiones sean necesarias para el mormonismo como fe. La simplicidad del evangelio no requiere reflexiones filosóficas o teológicas, sólo la simple fe en Jesucristo y un cambio de corazón que emane hacia una vida nueva.

Pero debe haber lugar para la reflexión académica, y Jad Hatem nos muestra el modo de ver al Libro de Mormón como un texto con una profunda enseñanza ética y salvífica sobre la necesidad del auto sacrificio. El acercamiento del Profesor Hatem es original, especialmente por el hecho de que se enfoca en una historia que muchos mormones consideran marginal. Resalta esa historia como emblemática del mensaje del libro. Su análisis ha convertido esa historia de algo a lo que le prestaba poca atención en una metáfora central para la vida cristiana”. (James Faulconer, Maxwell Institute blog –

https://mi.byu.edu/forthcoming-postponing-heaven/)

 

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Los Tres Nefitas en el Texto y en el Folklore – Primera Parte

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LOS TRES NEFITAS

En el texto y el folklore

Primera Parte

Por Mario R. Montani

Imagino que muchos preferirían la grafía castellanizada folclor o folclore, como hemos pasado del quórum a cuórum, pero, al menos en algo, permítanme ser conservador y mantener la palabra como la reconozco.

La historia de los Tres Nefitas aparece en el Libro de Mormón:

Y cuando les hubo hablado, se volvió hacia los tres y les dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros, cuando haya ido al Padre? Y se contristó el corazón de ellos, porque no se atrevían a decirle lo que deseaban. Y él les dijo: He aquí, conozco vuestros pensamientos, y habéis deseado lo que de mí deseó Juan, mi amado, quien me acompañó en mi ministerio, antes que yo fuese levantado por los judíos. Por tanto, más benditos sois vosotros, porque nunca probaréis la muerte; sino que viviréis para ver todos los hechos del Padre para con los hijos de los hombres, aun hasta que se cumplan todas las cosas según la voluntad del Padre, cuando yo venga en mi gloria con los poderes del cielo. Y nunca padeceréis los dolores de la muerte; sino que cuando yo venga en mi gloria, seréis cambiados de la mortalidad a la inmortalidad en un abrir y cerrar de ojos; y entonces seréis bendecidos en el reino de mi Padre. Y además, no sentiréis dolor mientras viváis en la carne, ni pesar, sino por los pecados del mundo; y haré todo esto por motivo de lo que habéis deseado de mí, porque habéis deseado traer a mí las almas de los hombres, mientras exista el mundo. Y por esta causa tendréis plenitud de gozo; y os sentaréis en el reino de mi Padre; sí, vuestro gozo será completo, así como el Padre me ha dado plenitud de gozo; y seréis tal como yo soy, y yo soy tal como el Padre; y el Padre y yo somos uno”. (3 Nefi 28: 4-10)

Teológicamente, entendemos este relato como un caso de seres trasladados, aquellos que, por algún motivo, reciben una transformación en sus cuerpos que les permite seguir viviendo para cumplir ciertos propósitos de Dios. A la lista podríamos agregar a Juan, el Amado, Elías, y probablemente, Moisés.

Más adelante, en el mismo capítulo, Mormón interpola sus comentarios sobre ellos:

Y ahora yo, Mormón, dejo de escribir concerniente a estas cosas por un tiempo. He aquí, estaba a punto de escribir los nombres de aquellos que nunca habían de probar la muerte, pero el Señor lo prohibió; por lo tanto, no los escribo, porque están escondidos del mundo.

Mas he aquí, yo los he visto, y ellos me han ministrado. Y he aquí, se hallarán entre los gentiles, y los gentiles no los conocerán. También estarán entre los judíos, y los judíos no los conocerán. Y cuando el Señor lo considere propio en su sabiduría, sucederá que ejercerán su ministerio entre todas las tribus esparcidas de Israel, y entre todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos; y de entre ellos llevarán muchas almas a Jesús, a fin de que se cumplan sus deseos, y también por causa del poder convincente de Dios que hay en ellos. Y son como los ángeles de Dios; y si ruegan al Padre en el nombre de Jesús, pueden manifestarse a cualquier hombre que les parezca conveniente. Por tanto, ellos efectuarán obras grandes y maravillosas, antes del día grande y futuro, cuando todos ciertamente tendrán que comparecer ante el tribunal de Cristo; sí, aun entre los gentiles ejecutarán ellos una obra grande y maravillosa, antes de ese día de juicio”. (3 Nefi 28:24-32)

De modo que, aunque el Libro de Mormón provee los nombres de los doce discípulos escogidos en América, no sabemos exactamente cuáles son estos tres por causa de la prohibición recibida por Mormón, lo cual ha agregado algo de misterio adicional al asunto.

Comencemos por la entrada sobre el tema que William Wilson ha escrito para la Encyclopedia of Mormonism:

“Los relatos Santo de los Ultimos Días sobre los Tres Nefitas conforman uno de los ciclos de leyendas religiosas más sorprendente de los Estados Unidos. Si bien guardan cierta semejanza con las historias del profeta Elías en el folklore judío, o las de los santos cristianos en la tradición católica, las narraciones acerca de los Tres Nefitas son claramente mormonas. Formando parte de un cuerpo mayor de narrativas SUD tradicionales, estas historias no son doctrina oficial ni se publican en la literatura oficial. A medida que la recién fundada Iglesia aumentaba sus fieles, una creciente cantidad de historias comenzó a circular entre la gente, contando sobre amables ancianos, usualmente considerados los tres discípulos nefitas, que habían aparecido a individuos que se hallaban en peligro físico o espiritual, los ayudaron a resolver sus problemas, y entonces desaparecieron de repente.

Al cubrir un siglo y medio de historia SUD, estas narrativas reflejan muy bien los cambiantes entornos físicos y sociales en los cuáles los Santos de los Ultimos Días han encontrado sus pruebas de fe. Por ejemplo, en la sociedad agraria previa a la Segunda Guerra Mundial, las historias cuentas acerca de los nefitas guiando a carretas de pioneros hacia pozos de agua, salvando a un granjero de una tormenta de nieve, proveyendo remedios naturales para una enfermedad, arando un campo para que su propietario pudiese cumplir sus responsabilidades en la Iglesia, o entregando comida a misioneros hambrientos. En el mundo contemporáneo, las historias hablan de los nefitas conduciendo a genealogistas SUD a dificultosas fuentes en las bibliotecas, sacando a un joven de un lago después de un accidente en canoa y administrándole respiración artificial, deteniéndose para arreglar el horno de una viuda, guiando a motociclistas perdidos en una tempestad, consolando a una mujer que perdió a su esposo e hija en un accidente de aviación, y sacando a misioneros de un coche incendiado en la autopista.

Aunque el entorno de las historias más recientes ha cambiado de los pueblos pioneros con un camino vecinal serpenteante del pasado a un escenario urbano con autopistas ruidosas como fondo, algunas circunstancias han permanecido constantes. Los Tres Nefitas continúan bendiciendo a la gente y, al contar estas historias, los Santos de los Ultimos Días siguen testificando sobre la validez de las enseñanzas de la Iglesia y estimulando la obediencia a ellas. Las historias continúan proveyendo a los fieles con un sentimiento de seguridad en un mundo incierto, convenciéndolos de que así como Dios ayudó a los pioneros a vencer un mundo físico hostil, del mismo modo ayudará a los fieles a soportar las maldades de una sociedad urbana. En su conjunto, por tanto, las historias siguen brindando comprensión sobre los corazones y mentes de los Santos de los Ultimos Días y de las creencias que los mueven a la acción”.

Con el paso de los años se han acumulado varias colecciones de relatos y estudios sobre el tema:

The Three Nephites: The Substance and Significance of the Legend in Folklore, Lee, Hector, Publicación de la Universidad de New Mexico, Language and Literature, nº 2, Albuquerque, New Mexico, 1949.

The Three Nephites, Ogden Kraut, Salt Lake City, Utah, Kraut, 1969.

The Three Nephites, Glen W. Chapman, compilador

The Three Nephites and Other Translated Beings, Bruce E. Dana

Freeways, Parking Lots, and Ice Cream Stands: The Three Nephites in Contemporary Society. William A. Wilson, Dialogue 21 (Fall 1988):13-26.

About the Three Nephites, Douglas & Jewel Beardall, Provo, Utha, LDS Books, 1992.


Algunos de los recopiladores reclaman tener más de 1500 relatos sobre los elusivos nefitas.

Si bien ahora la Iglesia los descarta o, al menos, no los promueve, en el primer siglo de la historia de nuestra institución formaban parte tanto de los discursos como de las publicaciones oficiales

En 1909, E.D. Partridge, de la Universidad de Brigham Young, escribió un interesante artículo en la Improvement Era titulado ‘The Three Nephites: Did One of Columbus’s Sailor See Them?’ (Los Tres Nefitas: ¿Fueron Vistos por uno de los marinos de Colón?)

Basándose en el texto de “Vida y Viajes de Cristobal Colón” de Washington Irving, Partridge encontró varios párrafos que parecen coincidir con las profecías del Libro de Mormón (1 Nefi 13:12), pero hay uno especialmente llamativo. El relato tiene que ver con el segundo viaje del navegante genovés, cuando, al pasar por las costas de Cuba, ancló cerca de un hermoso grupo de palmeras:

“Aquí, una partida fue enviada a la playa en busca de leña y agua; y hallaron dos manantiales en medio del bosque. Mientras se encontraban ocupados cortando leña y llenando los barriles con agua, un arquero con su ballesta en busca de presa se topó con nativos, pero escapó con grandes muestras de terror, pidiendo ayuda a los gritos a sus camaradas. Declaró que, sin haber avanzado mucho, divisó en un claro a un hombre con larga vestimenta blanca, semejante a los frailes de la orden de Santa María de las Mercedes, el que a primera vista tomó por el capellán del Almirante. Otros dos le seguían con túnicas blancas que les llegaban hasta los tobillos, y los tres eran de tez blanca, como si fuesen europeos. Detrás de ellos aparecieron más, una treintena, armados con palos y lanzas. No dieron muestras de hostilidad sino que permanecieron tranquilos, y únicamente el hombre de las blancas vestiduras avanzó para abordarlo. Pero, alarmado por su número, él huyó al instante en busca de sus compañeros. Estos últimos, sin embargo, intimidados por el informe de nativos armados, no tuvieron el coraje de buscarlos o esperar su llegada, sino que se apresuraron a regresar a las naves”. (Washington Irving, Vol. 6, The Life and Voyages of Christopher Columbus, New York, Peter Fenelon Collier, 1897, pag.329)

Irving, reconociendo que Colón envió dos expediciones infructuosas en su búsqueda, se disculpa por incluir este asunto en su registro, ya que jamás se descubrió en Cuba una tribu que usase vestimentas, por lo que debía tratarse seguramente de un error o una mentira.

Partridge estaba convencido de que se trataba de los Tres Nefitas (Improvement Era 7:621-624)

Las historias relacionaban a los probables antiguos discípulos americanos con la guerra civil norteamericana, el establecimiento de la Constitución, el viaje al oeste, el descubrimiento de agua en el desierto y la prédica a los lamanitas.

“Las historias de los Tres Nefitas son de milagroso poder, profecía, o guía espiritual a personas en todo el mundo. Los tres hacen repentinas apariciones y desapariciones; realizan tareas hercúleas, más allá de las capacidades de los mortales; preanuncian e instruyen con divina guía; y otorgan diversos tipos de bendiciones sobre los justos en todo lugar”. (The Three Nephites: The Substance and Significance of the Legend in Folklore, Lee, Hector, Albuquerque, New Mexico, 1949, pag 7)

En el mes de septiembre de 1938, en Portland, Oregon, el Presidente William R. Sloan, relató el siguiente incidente:

“Era una fría noche, hacia fines de noviembre, y en el hogar de William Huntington la familia se reunió frente al fuego en la espaciosa cocina. Después de cenar y finalizar con las tareas, era habitual en la familia traer sus instrumentos musicales y sentarse frente a los troncos ardientes para ejecutar antiguas tonadas e himnos, incluso algunos aires más alegres, aunque no los bailaban.

El abuelo Huntington tocaba el contrabajo, su hija Zina, el cello, William, la corneta y Dimick, el tambor. Había cinco hijos y dos hijas; la mayor, Presenda, estando casada, vivía a cierta distancia de ellos. Era una feliz familia de Nueva Inglaterra, viviendo vidas puras y limpias al estilo Puritano. Cuando la música cesó y se hizo silencio en el grupo, se oyó un golpe en la puerta, y, al abrirla, un extraño y anciano caballero, de mediano peso, vestido con ropas antiguas y portando un bulto en sus brazos, apareció e ingresando al cuarto dijo: “Usualmente dirijo mis pasos hacia algún valle apartado. ¿Podría tener alojamiento aquí esta noche?”

Con una cordial bienvenida fue invitado y se le dio lugar junto al fuego en una vieja y cómoda silla de granja, y mamá Huntingon le preguntó si gustaría comer algo, a lo que, modestamente, contestó que sí. Entonces una buena cena de Nueva Inglaterra se desplegó ante él, con leche, miel, jarabe de arce, carne fría, delicioso pan casero y manteca. Cenó livianamente mientras la familia hablaba en voz baja. Era la costumbre leer una porción de las escrituras antes de ir a la cama. Nuevamente se unió al círculo, y papá Huntington comenzó a leer de la Biblia, un pasaje del Nuevo Testamento, que todos escucharon atentamente. La abuela Huntington hizo algún comentario sobre el hecho de que les gustaría escuchar el evangelio en su plenitud, como lo explicaba y enseñaba el Salvador. El extraño inmediatamente siguió con el tema y comenzó a explicar las escrituras y citarlas con una nueva luz y mayor belleza de la que jamás antes se les hubiese enseñado. Escucharon con suma atención cada una de sus palabras. Tanto mamá como papá Huntington estuvieron de acuerdo con sus explicaciones, mientras los muchachos intercambiaban miradas de admiración y la hija, Zina, estaba como hechizada observando desde su silla al extraño con reverencia. Después de una hora de conversación sobre estos temas sagrados, papá Huntington ofreció las oraciones, mamá Huntington preparó un confortable espacio de descanso para el forastero y se desearon las buenas noches, los jóvenes yendo escaleras arriba, papá y mamá Huntington a su dormitorio al que se llegaba desde la cocina, y Zina, en su pequeña cama escuchó a los padres hablando bajo sobre el maravilloso extraño y las cosas que había dicho. El forastero los había colmado de asombro y reverencia, a un grado que jamás habían sentido. En la mañana estaban todos animados y en horas tempranas, como es usual en una granja cuando hay tanto para hacer, adentro y afuera.

El extraño se sentó plácidamente observando a esta notable familia, con quienes desayunó. Lo invitaron a quedarse con ellos, pero dijo que tenía otros lugares  para visitar y los abandonó cerrando la puerta suavemente. Cuando papá Huntington vio partir al forastero, envió a Dimick tras él para pedirle que regresase. Abrieron la puerta para llamarlo a voces, pero no se encontraba a la vista. Cuando observaron el umbral en el que se había acumulado la nieve de la noche anterior, no encontraron rastros de huellas, y los muchachos, corriendo en todas las direcciones dijeron que se había desvanecido. Papá Huntington observó que era la persona más extraña que había conocido, que no podía entender adónde había ido, pero que les había mostrado el evangelio bajo una nueva luz.

Mamá Huntington sintió que el extraño era algún tipo de mensajero de los cielos, y toda la familia quedó profundamente impresionada con su maravillosa influencia y la hermosa manera de explicar las escrituras.

Cuando el Evangelio de vida y salvación les fue traído por Hyrum Smith y otros Elderes, parecía coincidir con lo que el forastero les había dicho sobre la Biblia y la restauración del Evangelio. Toda la familia, con excepción de uno, aceptó el Evangelio y se preparó para emigrar a Kirtland en algunos años; allí conocieron al Profeta de Dios, Joseph Smith, y se transformaron en sus fieles amigos y leales seguidores.

En cierta ocasión en que el Profeta Joseph se encontraba hablando sobre los Tres Nefitas, el hermano Huntington le contó este incidente. Puso las manos sobre su cabeza y le dijo:  ‘Mi querido hermano, ese hombre era uno de los Tres Nefitas, quien vino a prepararlo para la restauración del Evangelio y su aceptación’” (Assorted Gems of Priceless Value, by N.B. Lundwall, pp. 20-22)

Años más tarde, uno de los hijos de ese matrimonio, Oliver B. Huntington, escribiría en su diario personal:

“Desearía declarar que los nombres de los Tres Nefitas, que no duermen en la tierra, son Jeremías, Sedecías y Kumenoni”. (Diarios de Oliver B. Huntington, 2:367)

De dónde obtuvo esa información, no está claro. Pero, como veremos más adelante, hay otras propuestas de identificación…

Muy recientemente, el Elder Jeffrey Holland se ha referido a ellos:

“Estos tres Nefitas continúan en su estado trasladado hoy, como cuando viajaban por las tierras de Nefi. En cierto momento, Mormón está a punto de revelar sus nombres a los lectores de los últimos días, pero un mandato del Señor le prohíbe hacerlo. Sin embargo, ellos tres ministraron a Mormón y Moroni, y aún deberán ministrar entre los judíos, los gentiles, y las tribus dispersas de Israel, sí, toda nación, tribu, lengua y pueblo”. (Jeffrey R. Holland, Christ and the New Covenant: The Messianic Message of the Book of Mormon, p.307)

Continuará en la Segunda Parte///

“Os hablo como si os hallaseis presentes…” El Libro de Mormón y sus posibles lectores – Tercera Parte

ARTE Y RELIGION

       Literatura

               Libro de Mormón

 

“Os hablo como si os hallaseis presentes…”

EL LIBRO DE MORMON Y SUS POSIBLES LECTORES

Tercera Parte

Mormón y las planchas por Tom Lovell

Mormón y las planchas por Tom Lovell

Por Mario R. Montani

Por lo visto en las partes previas del presente artículo puede deducirse que la lectura del Libro de Mormón se ha dado, a lo largo de los últimos 180 años, entre diferentes pueblos, lenguajes y momentos históricos. Esas cambiantes circunstancias sin duda han modificado y enriquecido las lecturas de este tomo de las Escrituras. En el tramo final del trabajo, consideraremos las variantes en los modos de lectura que han surgido por el paso del tiempo.

Es un hecho que la traducción de las planchas de oro se dio durante el apogeo del Romanticismo dentro del mundo occidental, es decir, lo que el propio registro identifica como “naciones de los gentiles”. Si bien el movimiento Romántico se inició a fines del siglo XVIII en Alemania e Inglaterra, para comienzos del XIX se había extendido a toda Europa y las Américas. Marcó una abrupta ruptura con la Ilustración y el Clasicismo en los que predominaba la razón y las normas rígidas para dar paso a las emociones y la liberalidad formal. Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne, James Fenimore Cooper y Washington Irving fueron algunos de los escritores contemporáneos de Joseph Smith que participaron de tal movimiento cultural.

La exaltación del yo, el subjetivismo, los misterios del subconsciente, la reivindicación del pasado y lo exótico como formas evasivas del presente, los héroes rebeldes e inconformistas, la melancolía en los paisajes, todo esto impregnaba el nuevo gusto. Había una fascinación por lo nocturno, las ruinas de civilizaciones anteriores, lo sepulcral, lo paranormal, los castillos abandonados (variante denominada ‘gótica’, que aún sobrevive) y la naturaleza podía ser descontrolada (tormentas, mares embravecidos) pero también un espacio para la contemplación y las experiencias espirituales o sobrenaturales. Las normas de los géneros ya no se respetaban como en el período anterior.

Frank Weston Benson (1862-1951) Figura en el cuarto

Frank Weston Benson (1862-1951) Figura en el cuarto

Al señalar estas características no estoy insinuando la inscripción de Joseph Smith, Jr como autor en ese movimiento, ya que su trabajo fue el de un traductor, reelaborando un texto pretérito, sino que los lectores contemporáneos de la obra se ajustaban a ese tipo de paradigma.

La figura del Autor fue supremamente elevada durante el Romanticismo. Se trataba de un Genio, un ser inspirado, quien, como dios en miniatura, daba vida a personajes y situaciones.

La irrupción de la ciencia y la tecnología en la vida diaria a partir de mediados del siglo XIX, los logros sociales, el mejoramiento de los estándares de vida, no sólo produjeron nuevas y mayores generaciones lectoras sino modos alternativos de escudriñar los textos. Movimientos como el formalismo, el estructuralismo, el post estructuralismo, intentaron definir esos modos. En la actualidad, bajo el amplio paraguas de ‘posmodernidad’ se sitúan una gran cantidad de variantes que han afectado y continúan afectando nuestra forma de percibir el mundo y las producciones artísticas.

Volvemos a la pregunta inicial ¿Tuvieron en cuenta los escritores y compiladores de las planchas las nuevas sensibilidades de lectura que aparecerían cuando nos ‘hablaban como si estuviésemos presentes’? ¿Es posible una lectura posmoderna del Libro de Mormón?

James McNeill Whistler (1834-1903) La Novela

James McNeill Whistler (1834-1903) La Novela

Algunos rasgos de la posmodernidad:

Existe diálogo intertextual: Los textos están conscientes de otros textos y entran permanentemente en contacto con ellos. El Libro de Mormón lo hace de modo constante. Las planchas de bronce son el gran hipotexto de las planchas de Nefi y sus continuadores. Tenemos referencias directas a Isaías (1 Nefi cap. 20 y 21; 2 Nefi cap. 6 al 27). Las alusiones a Moisés y otros profetas del Antiguo Testamento son comunes:

“Subamos pues, y seamos fuertes como Moisés; porque él de cierto habló a las aguas del Mar Rojo y se apartaron a uno y otro lado, y nuestros padres salieron de su cautividad sobre tierra seca, y los ejércitos de Faraón los persiguieron y se ahogaron en las aguas del Mar Rojo” (1 Nefi 4:2)

“Vosotros sabéis que los hijos de Israel se hallaban en la esclavitud; y sabéis que estaban sobrecargados con tareas gravosas de soportar… Y vosotros sabéis que Moisés recibió del Señor el mandamiento de hacer esa gran obra… y también sabéis que los hijos de Israel fueron alimentados con maná en el desierto. Sí, y también sabéis que Moisés, por su palabra, según el poder de Dios que había en él, hirió la roca, y salió agua, para que los hijos de Israel calmasen su sed…” (1 Nefi 17: 25-29)

“Y también las palabras que habló este hombre, Moisés, a quien le fue dado tanto poder… Sí, ¿no testificó él que vendría el Hijo de Dios? Y así como él levantó la serpiente de bronce en el desierto, así será levantado aquel que ha de venir”. (Helamán 8:13-14)

Abraham es mencionado en Helamán 8: 17-18 y Melquisedec en Alma 13: 17-19. Hay referencias a Adán en más de 20 ocasiones. José de Egipto y sus hijos, Efraín y Manasés, aparecen a menudo. Lehi cita una profecía de José (2 Nefi 3) que no aparece en nuestras actuales Biblias. Jeremías es reconocido (1 Nefi 5: 13).

Profetas extra canónicos son mencionados abundantemente. Zenos (Jacob 5, 1 Nefi 19: 10,12,16, Alma 33: 3,13,15, Alma 34: 7, en voz de Amulek, Helaman 15:11, en voz de Samuel el Lamanita y 3 Nefi 10:16, en voz de Mormón). Zenoc, por Nefi, Alma, Amulek y Mormón y Ezías por Helamán.

Las planchas antiguas conteniendo la historia de los jareditas, también poseen connotaciones referenciales. Moroni, nos cuenta algo a lo que no tenemos acceso textual pero podemos inferir intertextualmente:

“porque el hermano de Jared dijo al monte de Zerín: ¡Apártate!; y se apartó…” (Eter 12:30)

¿Dónde está la referencia a ese evento? En otro texto al que no tenemos acceso…

Las citas mencionando a Jesucristo, María, Nazaret (Mosiah 3:8; Alma 7:10; 1 Nefi 11:13-21) o Juan, el Revelador (1 Nefi 14:27, 3 Nefi 28:6, Eter 4:16), si bien parecieran anacrónicas, establecen un directo contacto intertextual con el Nuevo Testamento. Alma 5: 52 parece contactarse con Mateo 3:10; Mosiah 16:10 con 1 Corintios 15:53 y 2 Nefi 9:39 con Romanos 8:6. O ambos están citando fuentes anteriores no disponibles para nosotros hoy.

Libros de Alois Heinrich Priechenfried (1867-1953)

Libros de Alois Heinrich Priechenfried (1867-1953)

Hay una multiplicidad de lenguajes e interlocutores: El lenguaje es un tema central del Libro de Mormón, desde su primer versículo:

“… y recibí, por tanto, alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre…” (1 Nefi 1:1)

Lehi y Nefi conocen el egipcio, idioma en el que se encuentran escritas las planchas de bronce:

“porque no habría sido posible que nuestro padre Lehi hubiese recordado todas estas cosas… porque habiendo sido instruido en el idioma de los egipcios, él pudo leer estos grabados”. (Mosiah 1:4)

Las varias referencias al hebreo parecen marcar una tensión entre el idioma coloquial utilizado por los miembros de la colonia y el escrito (egipcio reformado) que se ven obligados a utilizar por un problema técnico de medios disponibles.

Las 24 planchas halladas por la expedición de Limhi (Mosiah 8:29), y cuyo resumen constituye el actual Libro de Eter, estaban escritas en otro antiguo idioma, presumiblemente adámico o al menos pre babélico.

Los Mulekitas habían desarrollado su propio dialecto basado en el hebreo pero tornado incomprensible para los descendientes de Lehi. De modo que sí, el Libro está plagado de lenguajes.

Un análisis detallado y computarizado de los textos revela también estilos y formas que son característicos de los diferentes autores. Podríamos decir que el Libro de Mormón está armado por diversos interlocutores y distintas voces, como es el caso de los textos posmodernos. También hay cambios de registro: la traducción de las planchas menores, y las Palabras de Mormón incluidas, están en primera persona, luego la recopilación de las planchas mayores (Mosiah a 4 Nefi) pasa a la tercer persona para volver a la primera persona con Mormón y Moroni.

Todo esto requiere la atención y habilidad del lector para ir armando el inmenso rompecabezas que despliega la superficie textual. Por ejemplo: en el Libro de Omni, la figura de Mosiah I nos llega como personaje construido por Amaleki, hijo de Abinadom, descendiente de Jacbo, hermano de Nefi. Considerando lo escuetos que fueron sus antecesores, en pocos versículos Amalekí nos da información precisa sobre lenguas, culturas y geografías (la instauración de la monarquía, la separación geográfica definitiva entre nefitas y lamanitas, el hallazgo de los mulekitas y el encuentro de los restos jareditas, la colonia de Zenif, el establecimiento de Zarahemla como capital, etc, etc)

Libros pro Chales Chaplin, pintor francés (1825-1891)

Libros por Charles Chaplin, pintor francés (1825-1891)

Los autores irrumpen en el relato y reflexionan sobre los textos. Esta característica posmoderna también puede hallarse en el Libro de Mormón. Mormón y Moroni intervienen en otros textos que no son suyos. El profeta Mormón irrumpe no sólo en las Palabras de Mormón entre Omni y Mosiah sino también en 4 Nefi (4 Nefi 1:23). Moroni toma el relato en el libro de su padre (Mormón 8) y también ingresa con un discurso sobre la fe en el texto jaredita (Eter 12: 5 y subsiguientes), además de su propio registro. Moroni aparece como personaje en el texto paterno y luego como autor en el suyo. También lo hace Nefi, aunque de otro modo. Cuando leemos las experiencias de las planchas de bronce y la construcción del barco creemos que el relato es inmediato o contemporáneo a los hechos, pero en realidad Nefi, como autor, está recreando al personaje Nefi con sus dudas e inquietudes, cuando él, ya en la tierra prometida y varias décadas después, se dispone a escribir el relato conociendo de antemano el resultado de lo que ocurrió (1 Nefi 19). El efecto es eficaz y mantiene la tensión narrativa. El capítulo 6 de 1 Nefi es en realidad una interpolación del Nefi autor que conecta con el capítulo 19, su imagen especular, como todo lo que ocurre en paralelismo a lo largo del libro, con relación al capítulo 11 (la visión de Nefi con el Espíritu).

Las reflexiones sobre los textos están también presentes (1 Nefi 5: 10-22; los ya mencionados capítulos 6 y 19 del mismo libro, 1 Nefi 22:30; 2 Nefi 5: 30-33; Palabras de Mormón 1: 3-7; Mosiah 1: 3-7; Alma 37: 1-9; 3 Nefi 26: 6-12; Mormón 1: 2-4; Eter 15:33; Moroni 10: 1-2)

Tienden a desaparecer las fronteras entre los géneros. Sydeny B. Sperry fue uno de los primeros en señalar la heterogeneidad de las formas en el Libro. Llegó a identificar dieciséis géneros distintos en su estructura, entre ellos: narrativa histórica, alegoría, bendiciones patriarcales, epístolas, oraciones, memorias, profecías simbólicas, salmos, canciones, lamentaciones, oratoria, genealogías, etc. Denominó a 3 Nefi el Quinto Evangelio o Evangelio Americano y Salmo de Nefi al pasaje de 2 Nefi 4:28-34. Analizó elementos de paralelismo propios de la poesía hebrea, trabajos que luego continuaron John W. Welch y Kevin L. Barney entre otros.

Donald W. Parry ha publicado Poetic parallelisms in the Book of Mormon: the complete text reformatted, en el que ha restituído la forma poética del texto.

Maurice Leloir (1853-1940) Biblioteca Elegante

Maurice Leloir (1853-1940) Biblioteca Elegante

El texto se pone en contacto con otros saberes y es válido interrogarlo no sólo desde la propia literatura sino desde la psicología, las ciencias sociales o la historia.

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La variada gama de trabajos que se ha producido sobre el Libro de Mormón en las últimas décadas hace muy difícil llevar la cuenta.

Sin considerar los monumentales trabajos catedráticos de Hugh Nibley, William J. Hamblin ha escrito Basic Methodological Problems with the Anti-Mormon Approach to the Geography and Archaeology of the Book of Mormon (Problemas Metodológicos Básicos en el enfoque Anti-Mormón a la Geografía y Arqueología del Libro de Mormó). Eugene England, A Second Witness for the Logos: The Book of Mormon and Contemporary Literary Criticism (Un Segundo Testigo del Logos: El Libro de Mormón y la Crítica Literaria Contemporánea). Orson Scott Card, The Book of Mormon, Artifact of Artifice? (El Libro de Mormón, ¿Artefacto o Artificio?). John A. Tvedtnes ha explorado Glowing Stones in Ancient and Medieval Lore  (Piedras que brillan en la tradición Antigua y Medieval). Stephen D. Ricks y William J. Hamblin han editado estudios sobre la Guerra en el Libro (Warfare in the Book of Mormon). Brant Gardner, A Social History of the Early Nephites (Una Historia Social de los Antiguos Nefitas).

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Desde 1992, el Journal of Book of Mormon Studies (Revista de Estudios sobre el Libro de Mormón) ha sido la publicación oficial en el campo de los estudios universitarios. Muy recientemente (2014), su flamante Director ha declarado:

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“Para alinear el nuevo Journal con las directivas académicas del Maxwell Institute y la Brigham Young University, incrementaremos la llegada a catedráticos Mormones y no Mormones en el campo de los estudios religiosos, estudios Mormones, y otras áreas de investigación relevantes. Esperamos promover mayor atención al Libro de Mormón en la ampliada arena académica junto al estudio de otros textos sagrados.

Con esta misión en mente, el Journal se dedicará al estudio académico del Libro de Mormón desde una variedad de perspectivas y disciplinas. Su alcance expandido incluirá investigación de la más alta calidad reflejando los varios significados del texto, estructura interna, características literarias, historia de su recepción, fuentes documentales,, proveniencia histórica, implicaciones teológicas y significancia comparativa”.

http://wp.patheos.com.s3.amazonaws.com/blogs/enigmaticmirror/files/2014/04/jbms_letter.pdf

9781629733128

Dialogue: a Journal of Mormon Thought y, más recientemente,  Interpreter: a Journal of Mormon Scripture han publicado trabajos innovadores abriendo nuevas puertas a la investigación seria.

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Royal Skousen, profesor de lingüística en BYU, y su Critical Text Project ha producido ya diez tomos de riquísimo contenido, los que son incorporados, a su vez, como fuente para nuevas investigaciones. Siendo su último trabajo, The Book of Mormon, The Earliest Text, publicado por la Universidad de Yale, una restauración y revaloración del texto original.

9780300142181

De modo que sí, sin duda, el Libro de Mormón está siendo analizado e interpelado desde los más variados saberes sincrónicos, a la manera posmoderna.

No hay lecturas más legítimas que otras. No hay un único protocolo de lectura. Dichos protocolos son históricos y las coordenadas cronológicas y culturales de cada lector son únicas. El lector es un productor del texto, o como diría D.F. McKenzie: “Los nuevos lectores producen nuevos textos, y los nuevos significados son una función de esas nuevas formas”.

Las Autoridades de la Iglesia, por su posición particular, parecen ser la referencia imperante y casi lógica de la interpretación de nuestros textos sagrados. Pero cuando la de ellos es la única opinión válida admitida, corremos el riesgo del congelamiento de los significados y de la muerte parcial del texto. Cuando Joseph Smith leyó el pasaje de Santiago, no pensó en la interpretación que le darían los diferentes maestros de religión con los que se asociaba. Hizo su propia lectura… podríamos decir que una lectura posmoderna…

Somos únicos, por lo tanto únicas deberían ser nuestras lecturas, no estandarizadas ni normativas. Lo que podemos aprender en la Escuela Dominical, en Seminario, o en un buen mensaje será siempre importante y fructífero. Pero la visión única con la que podemos enriquecer esas ocasiones es una prerrogativa nuestra. Creo que esa es una gran deuda que todos tenemos con el Libro de Mormón como sus lectores actuales.

Jean H. Fragonard 1776, Joven Leyendo

Jean H. Fragonard 1776, Joven Leyendo

También muy recientemente, Benjamin L. McGuire, un investigador mormón de la teoría literaria ha publicado Nephi: A Postmodernist Reading (Nefi: una Lectura Postmodernista), Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 12, 2014, pags. 49-78. Sus reflexiones son más que válidas y deberemos ayudar a hacerlas extensivas al resto del texto sagrado…

 

“Os hablo como si os hallaseis presentes…” El Libro de Mormón y sus posibles lectores – Segunda Parte

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“Os hablo como si os hallaseis presentes…”

EL LIBRO DE MORMON Y SUS POSIBLES LECTORES

Segunda Parte

Traducción del Libro de Mormón por Del Parson

Traducción del Libro de Mormón por Del Parson

Por Mario R. Montani

Quedó establecido en la primer parte de este artículo que el mundo ha venido incrementando su capacidad lectora. Para 1950 el 56% de los habitantes del planeta eran letrados. Para el 2008 ese rasgo había aumentado al 83% (88% de los hombres y 79% de las mujeres). De modo que los potenciales lectores del Libro de Mormón se encuentran dentro de esa creciente masa alfabetizada. También observamos que los primeros lectores del Libro debían conocer el inglés. Los finales destinatarios de la obra (lamanitas y judíos) quedaban momentáneamente excluidos a menos que conociesen ese idioma. Es interesante evaluar la distribución diacrónica de las traducciones. Partiendo de la edición original de 1830, en 1851 se tradujo al danés, en 1852 al francés, al galés, al alemán y al italiano. En 1855 al hawaiano. No extrañamente, los hablantes de esos idiomas figuraron entre los primeros conversos de la Iglesia, siendo mayormente gentiles y, minoritariamente, judíos dispersos. Podría hallarse una incidencia lamanita no confirmada entre los hawaianos.

Deberemos llegar a 1886 para la primer traducción al español y a 1939 para la edición portuguesa. Siendo los principales idiomas en el resto de América, recién a partir de esos momentos los descendientes lamanitas diseminados entre las etnias indígenas pudieron leerlo en sus lenguajes de adopción.

Deberemos esperar a 1983 para el Quiché y a 1986 para el Aymará, las primeras dos lenguas de pueblos originarios que recibieron traducciones. Lentamente, la obra ha continuado desde entonces, aumentando el espectro de los lectores latentes y ayudando a cumplir el propósito de sus redactores iniciales. Hoy el Libro de Mormón se encuentra disponible en unos 150 idiomas diferentes.

En la década de 1970, el teórico de la Escuela de Constanza, Wofgang Iser, instauró el concepto del ‘lector implícito’ en su obra Der implizite Leser (1972). En ella afirmaba que todos los textos crean ‘espacios en blanco’ que el lector debe ir llenando en base a su imaginación y vivencias personales. Este es un proceso inevitable y continuo en el que el receptor debe interactuar con el texto mediante una serie de conjeturas, inferencias y suposiciones que se irán confirmando o modificando a lo largo de la lectura.

“La obra literaria posee dos polos que pueden denominarse el polo artístico y el polo estético; el artístico describe el texto creado por el autor, y el estético la concreción realizada por el lector. De tal polaridad se sigue que la obra literaria no es estéticamente idéntica ni con el texto ni con su concreción. Pues la obra es más que el texto, puesto que sólo cobra su vida en la concreción y, por su parte, ésta no se halla totalmente libre de las aptitudes que le introduce el lector, aun cuando tales aptitudes sean activadas según los condicionantes del texto” (WofgangIser, El acto de Leer, teoría del efecto estético, Alfaguara, Madrid, 1987, pag. 44)

Esta denominada ‘estética de la recepción’, en la que también fueron fundamentales los aportes de Hans Jauss, establece que la significación de los textos sólo se genera en el proceso de lectura. El receptor debe decodificar, reconstruir, restaurar las implicaciones del texto mediante un complejo proceso sicológico en el que intervendrán sus estrategias cognitivas, sus capacidades culturales y su visión particular del mundo.

“El modo en que el lector experimenta el texto reflejará su propia disposición, y en este aspecto el texto literario actúa como una especie de espejo,… De modo que tenemos la aparentemente paradójica situación en la que el lector se ve forzado a revelar aspectos de sí mismo para poder experimentar una realidad diferente de la propia. El impacto que dicha realidad produzca en él dependerá mayormente del grado en el que activamente provea la parte no escrita del texto…” (Wolfgang Iser, “The Reading Process: A Phenomenological Approach,” de The Implied Reader, en Reader-Response Criticism, ed. Jane P. Tompkins (Baltimore: Johns Hopkins UP, 1980), pags. 56–57)

"Dama leyendo" del inglés Francis Hayman (1708-1776)

“Dama leyendo” del inglés Francis Hayman (1708-1776)

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, los teóricos de la lengua y la literatura han desarrollado diferentes propuestas de lector, desde el “lector de época”, que hay que comprender dentro de los marcos históricos y códigos culturales, el “lector ideal”, quien debería poseer los mismos códigos del autor, no poniéndose de acuerdo en el hecho de si el autor es su propio lector ideal o no, el “archilector” de Riffaterre o el “lector pretendido” de Wolff.

Para Stanley Fish y su “lector informado”:

“El lector informado es aquel que: 1) tiene competencia de la lengua con la que el texto está construido; 2) posee el completo ‘conocimiento semántico que un oyente maduro aporta a esta tarea de comprensión’. Esto incluye el conocimiento de los grupos léxicos, probabilidades de combinación, modismos, dialectos profesionales o de otro tipo, etc.; 3) posee competencia literaria…” (Stanley Fish, Literature in the Reader: Affective Stylistics, en New Literary History 2, 1970, pag. 145)

El autor y sus audiencias

En su ensayo sobre teoría de la narrativa (Truth in Fiction: A Reexamination of Audiences, Critical Inquiry 4/1, Otoño 1977, pags. 121-141), Peter J. Rabinowitz distingue cuatro tipos de audiencias conceptuales para un determinado texto

  1. La audiencia real: está formada los únicos lectores reales. El autor no tiene control sobre ellos. Las restantes son construcciones teóricas
  2. La audiencia autoral. Es una audiencia hipotética formada por aquellos que el autor imagina como receptores de su texto. El autor construye dicha audiencia mediante sus recursos retóricos. La brecha entre la audiencia autoral y la real siempre existirá. “Dado que todas las elecciones artísticas, y por tanto todos los efectos, se calculan en términos del conocimiento hipotético de la audiencia autoral, los lectores que deseen apreciar el libro deberán cubrir esa brecha. La mayor distancia – geográfica, cultural, cronológica – entre el autor y sus lectores, presentará desafíos más grandes para ellos” (Rabinowitz, Truth in Fiction, pag. 126-127)
  3. La audiencia narrativa es otra audiencia hipotética que se establece no en base al conocimiento del lector sino a la creencia o credibilidad que le otorga al texto. Así como el autor presume a su audiencia, el lector puede presumir al autor y decidir creerle o no.
  4. La audiencia narrativa ideal es aquella que cree lo propuesto por el texto.
Frank Leyendecker (1902)

Frank Leyendecker (1902)

Los textos cultural o históricamente distantes de sus lectores se suelen tornar difíciles de comprender al no poseer el conocimiento necesario para unirnos a la audiencia autoral.

Nefi parece comprenderlo muy claramente cuando nos dice:

“Ahora bien, yo, Nefi, hablo algo con relación a las palabras que he escrito, palabras que fueron pronunciadas por boca de Isaías. Pues he aquí, Isaías habló muchas cosas que a muchos de los de mi pueblo les fue difícil comprender, porque no saben concerniente a la manera de profetizar entre los judíos(2 Nefi 25:1)

Si a los descendientes de Lehi, después de sólo tres generaciones de salir de Jerusalén, se les dificultaba unirse a la audiencia autoral, no nos extrañe que a nosotros, algunos milenios más tarde, se nos pasen de largo ciertos detalles.

Nefi, nos dice luego, no ya como autor, sino como competente lector de Isaias:

“… porque salí de Jerusalén, y mis ojos han visto las cosas de los judíos, y sé que ellos entienden las cosas de los profetas, y no hay ningún otro pueblo que entienda, como ellos, las cosas que fueron pronunciadas a los judíos, salvo que sean instruidos conforme a la manera de las cosas de los judíos… pero yo mismo he morado en Jerusalén, por lo que sé acerca de las regiones circunvecinas…” (2 Nefi 25:5-6)

En términos de la crítica literaria actual Nefi nos dice, en resumen: ‘Yo tengo el conocimiento para comprender. Yo creo en lo que el texto me dice. Yo puedo unirme no sólo a la audiencia autoral de Isaías sino a su audiencia narrativa ideal’.

En cambio, los lamanitas de la época de Mosiah se transformaron en una audiencia narrativa que no cree lo que el texto relata:

“Os digo, hijos míos, que si no fuera por estas cosas, las cuales se han guardado y preservado por la mano de Dios para que nosotros pudiéramos leer y entender acerca de sus misterios… aun nuestros padres habrían degenerado en la incredulidad, y habríamos sido como nuestros hermanos, los lamanitas, que nada saben de estas cosas, y ni siquiera las creen cuando se las enseñan, a causa de las tradiciones de sus padres, las cuales no son correctas”. (Mosiah 1: 5)

Notablemente, ‘nada saben’ (condición negativa para poder unirse a la audiencia autoral), ‘ni las creen’ (condición negativa para unirse a la audiencia narrativa ideal). Son simplemente una audiencia narrativa, o audiencia narrativa no ideal.

Como el propio Umberto Eco lo señalaba, cada texto es como un mensaje arrojado al mar en una botella. No sabemos quién lo leerá. Ignoramos a qué distancia geográfica, cultural o temporal se encontrará del punto de emisión o cuánto podrá interpretar del mensaje.

"Horas de Ocio" por Croegaert, Georges (1848-1923)

“Horas de Ocio” por Croegaert, Georges (1848-1923)

Sin embargo en el caso del Libro de Mormón tenemos algunos lectores prediseñados por los autores, con la promesa divina de ayuda para que el mensaje llegase a ellos. Comenzando por los propios nefitas contemporáneos a los hechos relatados. Fueron sus primeros destinatarios. Ya ellos leían las planchas de Nefi:

“Y he aquí, también las planchas de Nefi, que contienen los anales y las palabras de nuestros padres desde el tiempo en que salieron de Jerusalén hasta ahora, son verdaderas; y podemos saber su certeza porque las tenemos ante nuestros ojos. Y ahora bien, hijos míos, quisiera que os acordaseis de escudriñarlas diligentemente…” (Mosiah 1: 6-7)

También a sus futuros descendientes, con los que habrá diferencias temporales:

“Por tanto, son de valor a los hijos de los hombres; y a los que suponen que no lo son, yo hablaré más particularmente, y limitaré mis palabras a mi propio pueblo; porque sé que serán de gran valor para ellos en los postreros días, porque entonces las entenderán; por consiguiente, es para su bien que las he escrito”. (2 Nefi 25:8)

A los lamanitas, con diferencias temporales y culturales:

“Y ahora bien, he aquí, éste era el deseo que anhelaba de él: Que si acaso mi pueblo, el pueblo nefita, cayera en transgresión, y fuera de algún modo destruido, y los lamanitas no lo fueran, que el Señor Dios preservara una historia de mi pueblo, los nefitas, aun cuando fuera por el poder de su santo brazo, para que algún día futuro fuera llevada a los lamanitas… (pues) juraron en su ira que, de ser posible, destruirían nuestros anales junto con nosotros, y también todas las tradiciones de nuestros padres. Por tanto, sabiendo yo que el Señor Dios podía preservar nuestros anales, le suplicaba continuamente… e hizo convenio conmigo de que los haría llegar a los lamanitas en el propio y debido tiempo de él”. (Enos 1: 13-18)

“…y ya que estas cosas se escriben con el propósito de beneficiar a nuestros hermanos los lamanitas…” (Jarom 2)

“Y sé que serán preservadas, porque sobre ellas están escritas grandes cosas, por las cuales mi pueblo y sus hermanos serán juzgados en el grande y postrer día, según la palabra de Dios que está escrita”. (Palabras de Mormón 11)

“Y ahora yo, Moroni, escribo algo según me parezca bien; y escribo a mis hermanos los lamanitas…” (Moroni 10:1)

No sabemos con exactitud quiénes son los descendientes de los nefitas y lamanitas hoy en día. De la suposición de que se trataba de todos los indígenas americanos, hemos pasado a una definición más restringida y dubitativa que reconoce la influencia de muchos otros grupos migratorios externos en la conformación de las diferentes etnias de los pueblos originarios.

Un interesante artículo de Gary P. Gillum, Written to the Lamanites: Understanding the Book of Mormon through Native Culture and Religion (Escrito a los Lamanitas: Comprendiendo el Libro de Mormón a través de la Cultura y Religión nativas), Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 6 (2013), pags. 31-48, me ha provisto de un nuevo enfoque en el que debe enfatizarse la visión cultural del receptor y disminuir la del emisor.

A pesar de nuestra ignorancia con respecto a dónde se encuentran hoy esos destinatarios nefita-lamanitas, la lógica parece indicar que dentro de algunos, o dispersos entre muchos, quizás de modo minoritario, de los que denominamos genéricamente “indios americanos”. Para captar cómo ellos pueden llegar a comprender el mensaje (ya que las traducciones a sus lenguas aún están en proceso luego de casi dos siglos, como lo mencionamos más arriba) debamos quizás alejarnos de nuestros preconceptos occidentales y reconocer que una cultura “diferente” no necesariamente significa “inferior”.

Haddon Sundblom (1899-1976) Los libros son las llaves que nos abren el pasado, el presente y el futuro (1927)

Haddon Sundblom (1899-1976) Los libros son las llaves que nos abren el pasado, el presente y el futuro (1927)

Algo de eso parece insinuar el Elder Dallin H. Oaks en su discurso de la Conferencia General de Abril de 1995, La Apostasía y la Restauración:

“En algunos asuntos, el conocimiento general del hombre pasa por un período de regresión a medida que algunas verdades importantes se tergiversan, se dejan de lado, e incluso hasta caen en el olvido. Por ejemplo, en muchos respectos, los indios americanos sabían cómo vivir más en armonía con la naturaleza que nuestra sociedad contemporánea… Seríamos mucho más sabios si pudiéramos recuperar el conocimiento de cosas importantes que se han tergiversado, dejado de lado u olvidado…” (Liahona, Julio 1995, pag. 95)

John Collier, Comisionado de Asuntos Indígenas, ha declarado:

“Ellos poseen lo que el mundo ha perdido: la antigua y olvidada reverencia pasional por la personalidad humana unida a la antigua y olvidada reverencia pasional por la tierra y su entretejido de vida. Desde antes de la Edad de Piedra han tenido esa pasión como un fuego central y sagrado. Debería ser nuestro intenso deseo renovarla en nosotros” (John Collier en Huston Smith, The Illustrated World’s Religions, San Francisco, Harper, 1994, pag. 243)

El anciano Alce Negro da la siguiente información sobre el mundo que lo rodea:

“Estas cuatro cintas en la boquilla de la pipa sagrada son los cuatro rincones del universo. La negra es para el oeste donde viven los seres del trueno que nos envían la lluvia; la blanca para el norte, de donde proviene el gran viento blanco purificador; la roja para el este, de donde surge la luz y la estrella matutina brinda sabiduría a los hombres; la amarilla para el sur, de donde viene el verano y el poder para hacer crecer (John G. Neihardt, Black Elk Speaks, Lincoln, University of Nebraska Press, 1993, pag. 2)

Para quienes han estudiado el Evangelio de Felipe, un texto gnóstico judío hallado en Nag Hammadi, las palabras de Alce Negro sonarán familiares, ya que allí se precisa:

“Una cosecha se recoge en el granero sólo como resultado de la acción natural del agua, la tierra, el viento y la luz. La agricultura de Dios, del mismo modo, tiene cuatro elementos – fe, esperanza, amor, y conocimiento. La fe es nuestro terreno, en el que echamos raíz. La esperanza es el agua a través de la que somos nutridos. El amor es el viento mediante el que crecemos. El conocimiento, la luz con la que cosechamos”. (Robinson, The Nag Hammadi library in English, New York, Harper & Row, 1977, pag. 147)

Y me parece que no sería estéril la comparación con el discurso sobre la fe en Alma 32 donde los conceptos de fe, terreno, semilla, raíz, nutrición, calor y cosecha están interrelacionados.

De modo que sí, es posible que los descendientes de nefitas y lamanitas comprendan mejor que nosotros los elementos simbólicos del Libro de Mormón porque forman parte de su concepción de la vida misma.

Peta Yuha Mani, curandero de la tribu Lakota, refuerza este concepto:

“Para el Lakota tradicional, cada día es sagrado. Observa  el mundo de esta creación y sabe que todo se interrelaciona. Los árboles y la hierba, el mundo animal, los arroyos que corren y las montañas. Todo se relaciona consigo y lo respeta”. (Don Doll, Vision Quest: Men, Women and Sacred Sites of the Sioux Nation, New York, Crown, 1994, pag. 24)

La búsqueda de visiones y la falta de extrañeza frente a ellas vuelven a aparecer en Alce Negro:

“Me hallaba de pie sobre la más alta de las montañas, y abajo en derredor estaba toda la circunferencia del mundo. Y mientras allí estaba, vi más de lo que puedo decir y comprendí más de lo que vi; porque observaba de modo sagrado las formas de todas las cosas en el espíritu, y la forma de todas las formas como deben vivir juntas como un único ser” (Neihardt, Black Elk, pag. 43)

¿No es posible establecer un paralelo con la visión de Nefi y el Espíritu, desde lo alto de una alta montaña y viendo cosas que no puede contar ni expresar en palabras? ¿O con los relatos de la creación espiritual de todas las cosas? ¿Tal vez con Enoc, percibiendo la Tierra como una entidad viva e interconectada (Moises 7:48-49)?

“Mientras yacía pensando acerca del sitio maravilloso donde había estado y de todas las cosas que había visto, me entristecí mucho; porque me parecía que todos debían saber sobre ello, pero tenía temor de contar, porque sabía que nadie me creería, pequeño como era, pues sólo contaba nueve años. Además, al yacer pensando en mi visión, podía verla nuevamente y percibir el significado con una parte de mí que era como un extraño poder brillando en mi cuerpo; pero cuando la parte mía que habla intentaba ponerle palabras a ese significado, se transformaba como si fuese niebla y se apartaba de mí” (Neihardt, Black Elk, pag. 48-49)

Nuevamente. Ese sentimiento de incapacidad ¿no lo hallamos también en Moisés o el joven Joseph Smith? ¿No se está poniendo Ammón en el lugar del receptor cuando acepta la figura del Gran Espíritu que le propone el rey Lamoni (Alma 18: 24-29)? ¿Somos tan condescendientes y abiertos con los potenciales lectores del Libro de Mormón?

La Doctrina y Convenios lo declara enfáticamente:

“Sin embargo, mi obra avanzará, pues por cuanto el conocimiento de un Salvador ha venido al mundo, mediante el testimonio de los judíos, así también llegará a mi pueblo el conocimiento de un Salvador, y a los nefitas, a los jacobitas, a los josefitas y a los zoramitas, mediante el testimonio de sus padres, y este testimonio llegará al conocimiento de los lamanitas, los lemuelitas y los ismaelitas, que degeneraron en la incredulidad a causa de la iniquidad de sus padres, a quienes el Señor permitió que destruyeran a sus hermanos, los nefitas, a causa de sus maldades y abominaciones. Y para este propósito mismo se preservan estas planchas que contienen esta historia, a fin de que se cumplan las promesas del Señor a su pueblo; y para que los lamanitas lleguen al conocimiento de sus padres, y sepan de las promesas del Señor, y crean en el evangelio y tengan confianza en los méritos de Jesucristo, y sean glorificados por medio de la fe en su nombre, y se salven mediante su arrepentimiento. Amén” (DyC 3: 16-20)

Desearía cerrar esta parte de nuestras reflexiones con un párrafo del trabajo ya citado de Gary P. Gillum:

“Finalmente, necesitamos dar una breve mirada al dualismo de lo natural y sobrenatural, o aún a lo que algunas religiones asiáticas llaman Yin y Yang. Para los pueblos tradicionales no hay diferencia entre los dos. Para ellos cada cosa y lugar es santo o sagrado. No hay milagro o magia, porque para Dios, o el Gran Espíritu ‘todo es posible’ y la vida en su totalidad es su religión. Es el punto de vista ‘mántico’ o tradición vertical de la que nos hablaban tan a menudo Hugh Nibley y H. Curtis Wright. Todos los miembros de una tribu o nación dada comparten lo sagrado en todo momento mediante sus actitudes del espíritu y preparación adecuada: con el ayuno, la oración, la danza, el sacrificio propio y la búsqueda de visiones. Mucho se ha escrito sobre la magia y la búsqueda de tesoros practicada por Joseph Smith. Desde la concepción primitiva del mundo eso era una actividad sagrada en la que ayudaba la ‘gente de piedra’, a quienes nosotros nos referimos como rocas, piedras y cantos rodados (antes de tomar a la ligera este comentario, recordemos que nuestro cosmólogo Orson Pratt declaró que todas las cosas tienen inteligencia o espíritu en ellas. Los pueblos nativos insisten en que las piedras ‘les hablan’ por un procedimiento que nosotros llamaríamos revelación y que sugiere nuestra propia tradición de Urim y Tumim y piedras de vidente)” (Gary P. Gillum, Written to the Lamanites: Understanding the Book of Mormon through Native Culture and Religion, Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 6 (2013), pag. 36)

Continuará…

"Dulce Soledad" (1919) Edmund Blair Leighton

“Dulce Soledad” (1919) Edmund Blair Leighton

“Os hablo como si os hallaseis presentes…” El Libro de Mormón y sus posibles lectores – Primera Parte

ARTE Y RELIGION

       Literatura

               Libro de Mormón

 

“Os hablo como si os hallaseis presentes…”

EL LIBRO DE MORMON Y SUS POSIBLES LECTORES

Primera Parte

Por Mario R. Montani

“Un libro es más que una estructura verbal, o que una serie de estructuras verbales; es el diálogo que entabla con su lector y la entonación que impone a su voz y las cambiantes y durables imágenes que deja en su memoria. Ese diálogo es infinito… La literatura no es agotable, por la suficiente y simple razón de que un solo libro no lo es. El libro no es un ente incomunicado: es una relación, es un eje de innumerables relaciones. Una literatura difiere de otra, ulterior o anterior, menos por el texto que por la manera de ser leída: si me fuera otorgado leer cualquier página actual – ésta, por ejemplo – como la leerán en el año dos mil, yo sabría cómo será la literatura del año dos mil.” (Otras Inquisiciones , Nota sobre (hacia) Bernard Shaw, J.L. Borges, Obras Completas, Tomo II, pag. 125)

Joven Leyendo, Ernst Anders (1845-1919)

Joven Leyendo, Ernst Anders (1845-1919)

Uno puede preguntarse con todo derecho, si, al estar dirigido el Libro de Mormón a una audiencia de los últimos días, sus autores habrán previsto esas potenciales audiencias y las formas posibles de lectura que poseerían. En el siglo XIX, cuando el texto vio la luz, el papel del lector no era tan importante. Hoy, en cambio, se lo consideraría casi un co-autor de la obra. No es fácil mantener un equilibrio entre ambas posturas sin caer en la sacralidad de la letra, por un lado, o la tiranía del lector sobre el texto haciéndole decir cosas que no quiere, por otro.

Las corrientes post estructuralistas consideran que el cambio de contextos llega a modificar el propio texto. Si eso es cierto, ha habido una constante deriva de significado a lo largo de los últimos 200 años, tomando la fecha de su edición en inglés. Si analizáramos la acumulación de siglos desde su elaboración, la deriva ha sido mucho mayor

Por lo tanto, en el presente artículo, intentaremos analizar el tipo de lectores que el texto propone, intuir cómo pudo haber sido el lector al momento de producirse el texto, el lector al momento de la aparición del texto y el lector actual, casi dos siglos después.

Comencemos por una pregunta más fácil: ¿Podría el Libro de Mormón haber aparecido en otro momento histórico o contexto cultural?

Página de la Biblia impresa por Gutenberg

Página de la Biblia impresa por Gutenberg

Todos los estudios que existen sobre las civilizaciones tradicionales parecen indicar que el índice de alfabetización en el mundo antiguo oscilaba entre el 5 y el 10 % de la población, dependiendo de las regiones y tomando como base un universo masculino y citadino. Es decir que, promediando los valores con las mujeres y los sectores campesinos, es posible que los porcentajes descendieran a la mitad.

Con tan poca población lectora compartiendo centenares de idiomas y dialectos diferentes en espacios geográficos limitados hubiera sido muy difícil que un texto extenso y complejo circulase de manera influyente.

Sin embargo, es muy posible que esas fuesen las características de la sociedad en que se produjo el registro y se grabaron las planchas. Me he referido a tal particularidad en “Con toda la claridad de la Palabra”, que puede encontrarse en este blog.

Precisas coordenadas temporales

Por muchos siglos la situación no cambió o lo hizo de manera casi imperceptible. Durante la edad media, ser instruido implicaba el conocimiento del Latín, ya que la mayoría de las lenguas vernáculas no poseían forma escrita. Era el idioma de los conventos, las universidades y la política.

Es muy posible que en el Imperio Bizantino los índices hayan sido un poco más altos, pero, como contrapartida, en el norte de Europa casi todos eran iletrados. Se conoce la carta de un diplomático musulmán asignado a la corte de Carlomagno en la que relata asombrado cómo los nobles franceses recién experimentaban para poder firmar sus nombres.

2026-2

En “A Companion to Britain in the Later Middle Ages” se establece que el aumento de la alfabetización en Inglaterra comienza a partir del 1100 y que, de allí en adelante, al menos los reyes, eran versados en latín y francés. También estima que la “literacidad” masculina estaba entre el 10 y el 25 % dependiendo de las regiones al llegar el 1500.

Dante Alighieri sería el primer escritor en abandonar el latín para brindar en su dialecto toscano La Divina Commedia (1304-1320). Por entonces los textos se escribían y copiaban manualmente, lo que representaba un alto costo e insumo de tiempo.

Para 1440, cuando Gutenberg desarrolla la imprenta y modifica por completo los costos y las posibilidades de circulación textual, menos del 30% de la población total de Europa era letrada.

Antes de esa época el Libro de Mormón no podría haberse impreso. También por otra sencilla razón: aún no se había descubierto América, donde estaban depositadas las planchas que lo contenían.

Taller de Imprenta en 1752

Taller de Imprenta en 1752

Deberían pasar otros 100 años para que las cosas cambiaran. La primer imprenta del Nuevo Mundo se estableció en México en 1539, la segunda en Lima, Perú, en 1576. La primera instalada en los EEUU llegó a Cambridge, Massachussets, en 1638. No podría haber habido Libro de Mormón antes de eso. Para 1830, cuando apareció el libro, ya existía una extensa red de imprentas en toda América, desde Canadá hasta Argentina con capacidad de reproducir inagotablemente lo que fuese necesario.

Volvamos a los potenciales lectores: Inglaterra, una de las zonas más alfabetizadas del Viejo Mundo, mostraba los siguientes porcentajes: 20% en 1641, 35% en 1696 y el 50% para el 1800.

Otros investigadores consideran que las cifran eran bastante menores:

“En la ‘nación de los lectores’ como denomina Samuel Johnson a Gran Bretaña, E. Burke calcula que en los años 90 del siglo XVIII hay un público de unos 80.000 individuos. Frente a una población total de seis millones, se trata apenas de un porcentaje del uno y medio. Aún en 1788, una cuarta parte de las comunidades inglesas carecía de escuelas. Igualmente vagos son los cálculos relativos a Francia, aquí, unos 9,6 millones de personas eran capaces en los años ’80 de escribir su nombre, pero también en este caso se estima que, hacia 1789, el porcentaje de analfabetos suponía un 60%”

En los Estados Unidos, para 1787 (año de su Constitución) se estima que un 58% de la población blanca estaba alfabetizada, pero para 1870 ya llegaba al 79%, con el adicional de que entre el 5 y el 10% de la población afro americana también lo estaba.

De modo que, para 1830, recién se contaba con métodos de impresión masiva y con poblaciones que en más de un 50 % eran lectoras. Y, ¿casualmente?, recién allí salió a la luz El Libro de Mormón.

En las últimas décadas del Siglo XVIII se produce lo que se denomina una “revolución de la lectura”

“Todo el mundo lee en París… Todo el mundo – pero sobre todo las mujeres – lleva un libro en el bolso. Se lee en el coche, en el paseo, en los teatros durante el entreacto, en el café, en los baños. En las tiendas leen las mujeres, los niños, los mozos, los aprendices. Los domingos leen las personas que se sientan delante de sus casas; los lacayos leen en sus asientos, los cocheros en sus escabeles, los soldados que cumplen guardia…” (citado en Zur Dichtungsgeschichte der romanischen Volker, Leipzig, 1965, pags 194-312)

“De esta manera me parece que debemos pensar en lo que cambió a finales del siglo XVIII sin necesariamente encerrar estos cambios dentro de la oposición de la lectura intensiva y la lectura extensiva. Lo importante quizá es la posibilidad, para un número cada vez mayor de lectores de practicar diversos tipos de lectura: lectura silenciosa, lectura en voz alta, lectura solitaria, lectura dentro de la familia, lectura pedagógica o lectura para el placer. Los intelectuales, los letrados, los medios de las élites en el siglo XVIII han conquistado este repertorio, complejo, diferenciado, de prácticas de lectura.” (Roger Chartier en su Conferencia Magistral del 7 de mayo de 1999 en la Universidad Virtual del Tecnológico de Monterrey)

Durante ese período se multiplican las bibliotecas y los clubes de lectura para permitir un mejor acceso a los bienes culturales.

En la Biblioteca, del italiano Pio Ricci (1850-1919)

En la Biblioteca, del italiano Pio Ricci (1850-1919)

Otro modo de tomar nota del drástico cambio en los hábitos de lectura durante el período de la Restauración, e inmediato posterior, es analizando la publicación de revistas en el mercado editorial. En 1800 existían en los EEUU 13 revistas mensuales con un promedio de tirada de 1000 ejemplares. Para 1900 eran 3500 revistas (1500 semanales y 2000 mensuales o trimestrales) con un promedio mensual en sus tiradas de 21800 ejemplares.

Considerando otra referencia, analicemos el caso de Argentina. Para 1869 más del 77% de la población era analfabeta, en 1895, el 53%, en 1914, el 36% y para 1947, la drástica disminución al 13%. Para 1925, cuando el Libro de Mormón llegó a nuestras costas, existía una población lectora superior al 65% de los pobladores. (Estado de situación en la Argentina – Ministerio de Educación de la Nación, Agosto, 2000, que cita a CFI Analfabetismo en Argentina. Evolución y tendencias actuales, Buenos Aires, 1963. Ministerio de Educación y Justicia, CONAFEP, Plan Nacional de Alfabetización, Buenos Aires, 1985)

Alfabetización y literalización

Ser alfabetizado es tener la capacidad de traducir los códigos de información expresados a través de un alfabeto a un lenguaje oral. El aprendizaje de esos códigos implica que alguien ha sido “alfabetizado”. En las últimas décadas, colegios y universidades han tomado nota de que muchos jóvenes que han alcanzado la etapa de alfabetización no logran una cabal comprensión de lo que leen. Además de los códigos gramaticales es necesario adquirir otras habilidades, incluyendo matemáticas (si no sería imposible buscar una página o el orden de los capítulos), un vocabulario lo más extenso posible y aún la capacidad de “leer entre líneas”. A esto denominamos “literacidad”. Cada momento histórico y social marcó diferentes niveles para considerar a alguien literalizado. En una etapa inicial el poder escribir el nombre propio era suficiente. Luego, leer en voz alta aunque no se comprendiese el significado. Más adelante interpretar. Poder escribir sobre lo que leemos, expresando nuestro propio punto de vista, siempre fue considerado un buen índice de literacidad. En la actualidad debería incluir rudimentarias nociones de computación y la capacidad de seleccionar textos, ya que la oferta de los mismos se ha multiplicado exponencialmente mientras que el tiempo del que disponemos para leerlos no se ha alterado demasiado. Entre el Renacimiento y la etapa del Romanticismo (aproximadamente entre 1500 a 1800), Europa experimentó una profunda transformación en su literacidad, pasando de un tipo restringido a uno masivo. En muchos casos, los adultos disfrutaban de una gran cantidad y variedad de materiales impresos. (Houston, Robert A. Ç”Literacy in Early Modern Europe: Culture and Education, 1500–1800”, London, 2001)

La Lecture, del francés Jules Breton (1827-1906)

La Lecture, del francés Jules Breton (1827-1906)

Los avances para las nuevas generaciones fueron lentos pero seguros. Por ejemplo, en Austria, la Emperatriz María Teresa promulgó una ley que obligaba a los niños mayores de 6 años a asistir a la escuela. En 1774 sólo una sexta parte de los incluidos asistía a clases. Para 1784, los tres quintos y para 1828, 9 de cada 10 lo estaba haciendo. (Ducreux, Marie-Elisabeth: Reading unto Death: Books and Readers in Eighteenth-Century Bohemia, en Roger Chartier (ed.): The Culture of Print: Power and the Uses of Print in Early-Modern Europe, Oxford 1989, pag. 213)

Previo conocimiento de la Biblia

Parece muy difícil que alguien alcanzase una comprensión profunda del contenido del Libro de Mormón sin tener en paralelo conocimiento de la Biblia, ya que las citas intertextuales son permanentes, los símiles y ejemplos hacen constante referencia al texto sagrado judío y cristiano. Para comienzos del siglo XIX dicho conocimiento no estaba asegurado en todo el mundo, de hecho, aún en naciones con larga tradición cristiana, la lectura directa de la Biblia por los feligreses era poco estimulada o directamente prohibida.

“En cambio, en las tierras donde se ha asentado el calvinismo y el puritanismo, la consulta personal y familiar del texto bíblico ha engendrado unas prácticas de lectura harto diferentes. La relación directa, sin intercesiones, entre los fieles y la Palabra sagrada convierte el trato frecuente con la Biblia en una experiencia espiritual fundamental y erige la lectura del texto sagrado en modelo de todas las lecturas posibles. Realizada en silencio para sí mismo o en alta voz a la familia reunida, o practicada tanto en el fuero interno como en la iglesia, y presente en cada momento de la existencia, la lectura de la Biblia define una relación con lo escrito que reviste una singular intensidad. Ese modelo original de lectura, que puede ser considerado como la forma perfecta de la ‘lectura intensiva’, gobierna todas las lecturas, tanto religiosas como seglares, de las comunidades calvinistas, y puritanas…” (Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, Introducción a Historia de la lectura en el mundo occidental, Santillana Ediciones S.A., Madrid, 2001, pag. 58)

Este parece ser el ambiente cultural en el que el joven Joseph Smith, Jr se formó.

Le boudoir del francés Delphin Enjolras(1857-1945)

Le boudoir del francés Delphin Enjolras(1857-1945)

De modo que, como una primera aproximación, el lector ideal del Libro de Mormón debía ser alguien que supiese hablar inglés (ya que ese fue el idioma al que se lo tradujo inicialmente), que fuese no sólo alfabetizado sino literalizado y que tuviese conocimiento previo de las Escrituras. No resulta fácil encontrar tal lector antes de mediados del siglo XVIII o comienzos del XIX y fuera de Inglaterra o sus territorios colonizados.

Lector Modelo y Lector Empírico

“Un texto es un artefacto concebido para producir su Lector Modelo… Cuando un texto es lanzado al mundo como un mensaje en una botella, es decir, cuando un texto se produce no para un solo destinatario, sino para una comunidad de lectores, el autor sabe que no será interpretado de acuerdo con sus intenciones, sino de acuerdo con una compleja estrategia de interacciones que implica también a los lectores, junto con su competencia en su lenguaje como antología social. Con “antología social” no quiero decir solamente una lengua dada compuesta por una serie de reglas gramaticales, sino también toda la enciclopedia que han generado las ejecuciones de la lengua: las convenciones culturales que esa lengua ha producido y la historia de las interpretaciones previas de sus muchos textos, incluido el texto que el lector está leyendo.

El acto de leer tiene que tomar en consideración todos estos elementos, incluso siendo improbable que un solo lector los domine todos. Así que cada acto de lectura es una transacción compleja entre la competencia del lector (el conocimiento del mundo que posee el lector) y el tipo de competencia que un texto determinado requiere para ser leído de una manera “económica”, o sea, de una manera que aumenta la comprensión y el disfrute del texto, y que viene apoyada por el contexto.

El Lector Modelo de una historia no es el Lector Empírico. Cuando leemos un texto, el Lector Empírico es usted, yo, cualquiera. Los Lectores Empíricos pueden leer de muchas maneras, y no existe ninguna ley que les diga cómo leer, porque a menudo usan el texto como vehículo de sus propias pasiones, que pueden venir de fuera del texto o que el texto puede despertar por casualidad. (Umberto Eco, “Confesiones de un joven novelista”, Editorial Lumen, 2011)

Para resumir los conceptos teóricos de Eco: denomina Lector Modelo a aquel previsto por el texto, es decir, a quien idealmente podría tener una comprensión perfecta de él gracias a sus competencias o capacidades. En la medida que poseamos tales competencias, más nos acercaremos a esa figura de Lector Modelo. Pero el Lector Empírico es el lector real que toma el texto en sus manos y que interpretará lo que puede.

Lectura interesante, del alemán Emil Rau (1858-1937)

Lectura interesante, del alemán Emil Rau (1858-1937)

La página inicial del Libro de Mormón prevé a sus futuros lectores:

“Escrito a los lamanitas, quienes son un resto de la casa de Israel, y también a los judíos y a los gentiles…”

Sin embargo, esa enumeración incluye a todo el mundo, sin analizar sus competencias o posible comprensión. Los lamanitas siempre son mencionados como destinatarios étnicos específicos, luego se amplía al resto de la Casa de Israel y finalmente a los Gentiles, es decir, todos aquellos que no pertenecen a Israel, el resto de los habitantes del planeta.

El proceso de aparición, en cambio, sería en sentido inverso. Primeramente a los Gentiles y luego, a través de ellos, a Judíos y Lamanitas, para cumplir con aquello de que ‘los últimos serán los primeros’ y viceversa.

Todo escritor intuye a sus lectores. Imagina a su audiencia. Escribe para ese Lector Modelo al que da forma con su texto. A Mormón, uno de los escritores y gran compilador del Libro de Mormón, le fue dado algo más…

“He aquí, os hablo como si os hallaseis presentes, y sin embargo, no lo estáis. Pero he aquí, Jesucristo me os ha mostrado, y conozco vuestras obras…” (Mormón 8:35)

Personalmente, no creo que a Mormón se le haya permitido penetrar en las mentes y formas de lectura de los millones que han leído el Libro desde su aparición, sino más bien, que supo del contexto que existiría cuando apareciese. Los versículos que continúan dan cuenta de las características espirituales y éticas de esa sociedad…

Henry Nolhac (1884-1948)

Henry Nolhac (1884-1948)

FIN DE LA PRIMERA PARTE

Hipotiposis en el Libro de Mormón

Arte y Religión

      Literatura

            Libro de Mormón

 

HIPOTIPOSIS EN EL LIBRO DE MORMON

(Ecfrasis, enárgeia, estasis y cinesis como estrategias visuales en la narrativa textual de las planchas)

Por Mario R. Montani

Sí, es cierto. Parecieran demasiadas y muy extrañas palabras para un registro que todos conocemos y que no es de tan difícil comprensión. Ocurre que, desde antiguo, filósofos y retóricos se encargaron de describir las estrategias discursivas de los oradores y los escribas y su forma particular de darles uso. Hoy denominamos a dichas estrategias figuras retóricas y, aunque muchas han desplazado o mutado su significado, continuamos utilizándolas, seamos o no conscientes de ello. Nos ocuparemos en esta ocasión de aquellas que tienen que ver con la imaginería visual. Es decir ¿qué mecanismos utilizaron los diferentes autores del Libro de Mormón, y su compilador final, para trasladarnos descripciones visuales y que las recordásemos con el ojo de la mente? ¿Cómo se pinta un cuadro con puro texto?

Según el diccionario, la hipotiposis (del griego hipo = bajo, debajo y tiposis = figura hecha por moldeado) significaba originalmente esbozo o bosquejo. Como figura retórica corresponde a un tipo de descripción muy vívida que pinta algo lejano o poco relacionado con el público de forma patética o muy emotiva ante los ojos, los oídos y la imaginación de ese público como si estuviese presente y asistiese a ello. Normalmente sirve para presentar de forma muy próxima realidades de carácter más bien abstracto. Por ejemplo: cuando los sacerdotes enseñan a los miembros sobre la futura eternidad.

Quintiliano, al describirla en De Institutione Oratoria 397; IX.2.40, la caracteriza diciendo que “más parece que se percibe con los ojos que con los oídos”.

De acuerdo a Cesar Dumarsais, filósofo francés de comienzos del siglo XVIII en su Tratado de los Tropos, “en las descripciones, se pintan los hechos de los que se habla como si lo que se dice estuviera de verdad ante los ojos; se muestra, por así decirlo, lo que se cuenta…”

Hipotiposis, por tanto, es una representación textual tan vívidamente elaborada que parece estar presente, como si realmente contempláramos con nuestros ojos. Algunos sinónimos utilizados en el pasado fueron evidentia, illustratio o demonstratio.

Para Henri Morier, la hipotiposis representa vigorosamente, como en la pintura, actividades civiles colectivas, eventos bélicos, catástrofes naturales, etc. Sirve para reunir y agrupar una multiplicidad en un conjunto único y para subrayar la ejemplaridad y la grandeza moral de la escena (actividad y solidaridad humana, la crueldad de las fuerzas de la naturaleza, el coraje y el sacrificio) como también el más puro placer de los ojos. (Morier, Henri. Dictionnaire de poétique et de rétorique. 3° ed. París: Presses Universitaires de France, 1981, pag. 521-524)

Tomemos algunos ejemplos de los grandes grupos mencionados por Morier:

Actividades Civiles Colectivas

“… El pueblo se congregó de todas partes, a fin de subir hasta el templo para oír las palabras que el rey Benjamín les iba a hablar. Y hubo un número muy crecido… Y también llevaron de las primicias de sus rebaños, para que ofrecieran sacrificios y holocaustos según la ley de Moisés… Y aconteció que, cuando llegaron al templo, plantaron sus tiendas en los alrededores, cada hombre según su familia… cada hombre con la puerta de su tienda dando hacia el templo… porque tan grande era la multitud, que el rey Benjamín no podía enseñarles a todos dentro de los muros del templo; de modo que hizo construir una torre, para que por ese medio su pueblo oyera las palabras que él les iba a hablar”. (Mosiah 2: 1-7)

El uso de los sustantivos “pueblo”, “templo”, “rebaños”, “sacrificios y holocaustos”, “tiendas”, “familia”, “multitud” y “torre” va creando un inmenso mural del cual, como si de una cámara se tratase, debemos alejarnos para poder abarcarlo en nuestro campo visual. También los pasajes dan cuenta del dónde, quiénes y por qué. Por otro lado, los verbos “congregar”, “subir”, “oír”, “hablar”, “llevar”, “ofrecer”, “plantar”, “enseñar” y “construir” dan idea de actividad y movimiento. No es una pintura estática, es casi una película, aunque el término resulte totalmente anacrónico. Es decir, hay cinesis.

Discurso de Benjamin

Discurso de Benjamin

Cuando Benjamín comienza a hablar, por el contrario, hay estasis. Todo se detiene y la supuesta cámara se centra en la torre, su ocupante y su mensaje.

Siendo que El Libro de Mormón está básicamente formado por sermones, discursos y consejos al mismo tiempo que por actividades sociales (viajes, guerras, conflictos) este esquema se repite a lo largo de sus páginas. Hay estasis en las primeras y cinesis en las segundas. A este tipo de cosas nos referimos al hablar de estrategias narrativas visuales.

Eventos bélicos

Las guerras y batallas ocupan una importante porción de los registros nefitas y jareditas. Algunas acciones bien podrían formar parte de la Iliada de Homero, obra cronológica y geográficamente cercana al Mediterráneo de Lehi. Por ejemplo:

“Y así acamparon durante la noche. Pues he aquí, se hallaban fatigados por motivo de la extensa marcha… excepto Teáncum: porque estaba irritado en extremo en contra de Ammorón… Y sucedió que Teáncum, en su ira, entró en el campo de los lamanitas, y se descolgó de las murallas de la ciudad. Y fue de sitio en sitio, con una cuerda, de modo que halló al rey: y le arrojó una jabalina que lo hirió cerca del corazón. Pero he aquí el rey despertó a sus siervos antes de morir, por lo que persiguieron a Teáncum y lo mataron.” (Alma 62: 35-36)

Escena nocturnal de intensa cinesis y dramatismo que se graba en la mente del lector/oyente. La ira de Teáncum no está quizá tan alejada del tema homérico de la ira de aquel otro paladín: Aquiles…

Un buen ejemplo de hipotiposis bélica lo hallamos en el capítulo 2 de Alma. Amlici, un hombre perverso que intentaba reinstaurar la monarquía en el pueblo de Zarahemla se une a los lamanitas. Alma envía a Zeram, Amnor, Manti y Lmiher a vigilar el campo de los amlicitas. El relato, a su regreso, es de una gran premura visual:

“He aquí, seguimos el campo de los amilicitas, y con gran asombro vimos a una numerosa hueste de lamanitas en la tierra de Minón, más allá de la tierra de Zarahemla, en dirección de la tierra de Nefi; y he aquí, los amlicitas se han unido a ellos: y han caído sobre nuestros hermanos en esa tierra; y están huyendo ante ellos con sus rebaños, y sus esposas, y sus niños hacia nuestra ciudad; y a menos que nos demos prisa, se apoderarán de nuestra ciudad, y nuestros padres, y nuestras esposas y nuestros niños serán muertos”. (Alma 2: 24)

Alma (o Mormón, en su recopilación) decide cambiar el registro en tercera persona que antecede a la historia para dar paso a este relato en primera persona de los espías, y nos hace visualizar su preocupación. No es lo mismo mencionar que una ciudad fue tomada que la descripción minuciosa de rebaños, padres, esposas y niños en tumultuosa huída…

Según la retórica clásica, la épica bélica debía incluir los hechos que precedían al conflicto, la batalla propiamente dicha, y las consecuencias. En el caso anteriormente descripto se cumplen estos requisitos retóricos ya que los versículos previos dan cuenta de la sublevación política de Amlici, de los pasajes cruentos de la batalla propiamente dicha y del restablecimiento de la paz. Hay, incluso, un pasaje que recuerda los combates singulares (aristeia) entre griegos y troyanos.

“Y aconteció que Alma luchó con Amlici cara a cara con la espada; y lucharon tenazmente uno con otro” (Alma 2:29)

Catástrofes naturales

En el capítulo 14 de Alma se relata cómo Alma y Amulek son llevados a prisión por un juez de la orden de Nehor, en la ciudad de Amoniah. Mientras allí se encuentran:

“Y rompieron las cuerdas con las que estaban atados… y la tierra se estremeció fuertemente, y los muros de la cárcel se partieron en dos y cayeron al suelo; y al caer mataron al juez superior y a los abogados y sacerdotes y maestros que habían golpeado a Alma y a Amulek” (Alma 14: 26-27)

Hay allí intensa cinesis y los verbos romper, estremecer, partir, caer, matar, golpear, rigen la acción. El relato cierra con otra ingeniosa imagen visual armada en una estructura cuasi quiástica:

“Y los del pueblo… huyeron de la presencia de Alma y Amulek, así como una cabra con su cría huye de dos leones; y así huyeron ellos de la presencia de Alma y Amulek” (Alma 14:29)

Otras imágenes memorables ocurren de modo previo a la aparición de Cristo, en los capítulos 8 al 10 de 3 Nefi:

“… se desató una gran tormenta  como jamás se había conocido en toda la tierra. Y hubo también una grande y horrenda tempestad; y hubo terribles truenos de tal modo que sacudían toda la tierra como si estuviera a punto de dividirse. Y hubo relámpagos extremadamente resplandecientes, como nunca se habían visto en toda la tierra. Y se incendió la ciudad de Zarahemla. Y se hundió la ciudad de Moroni en las profundidades del mar. Y se amontonó la tierra sobre la ciudad de Moroníah, de modo que en lugar de la ciudad, apareció una enorme montaña… y se rompieron las calzadas, y se desnivelaron los caminos, y muchos terrenos llanos se hicieron escabrosos…” (3 Nefi 8: 6-13)

Luego, en medio de la oscuridad y las tinieblas, la voz del Salvador recapitulará lo ocurrido con las ciudades de Gilgal, Oníah, Mocum y Jerusalén (sepultadas por tierra o agua), las de Gadiandi, Gadiomna, Jacob y Gimgimno (hundidas), las de Jacobugat, Lamán, Josh, Gad y Kishkumen (quemadas por fuego) y recién después se producirá su aparición. Nuevamente, juego de sombras y luces.

En la mnemotécnica clásica, una imagen terrible tenía más posibilidades de ser recordada y, por consiguiente, evocada en el momento oportuno. Tal vez este uso es el que tenemos aquí…

Cristo visita al remanente del Libro de Mormón

Cristo visita al remanente del Libro de Mormón

El escritor, semiólogo e investigador italiano Umberto Eco:

“En los ejemplos nos encontramos ante técnicas descriptivas y narrativas distintas, que tienen en común sólo el hecho de que el destinatario recibe una impresión visual (si quiere, es decir, si tiene la intención de colaborar con el texto). Lo cual me permite decir que la hipotiposis como figura retórica específica no existe. El lenguaje nos permite describir formas, escenas, secuencias de acciones… en el curso de nuestra actividad cotidiana y con mayor razón nos anima a hacerlo por razones artísticas, pero nos lo permite gracias a técnicas múltiples, que no pueden reducirse a una fórmula o instrucción…” (Umberto Eco, Sobre Literatura, 2012 Random House Mondadori, pag. 193)

Eco menciona aquí dos aspectos importantes, uno, la necesidad de participación del lector para que la hipotiposis se produzca, y, dos, la no existencia de una fórmula rígida para esa producción, dependiendo de la capacidad y herramientas con que cuente el escritor. Se ha denominado enárgeia a esta facultad de generar lo visual. Dicha enárgeia no es una propiedad del lenguaje sino una habilidad del narrador.

Veamos por un momento la enárgeia de Nefi, hijo de Lehi, en la narración de su visión y entrevista con el Espíritu y luego con un ángel en los capítulos 11 al 14 del libro de 1 Nefi. Un gran lienzo se despliega ante los ojos de Nefi con variadas y cambiantes escenas. Cada uno de esos cambios esta precedido por la invitación/mandato del ángel: “¡Mira!” y las consiguientes respuestas del joven profeta: “Y miré, y vi…”, “y aconteció que vi…”, “y sucedió que vi…”.

No es sólo Nefi el que ve. Los lectores (en la medida en que estemos dispuestos a participar) también somos convocados por el mandato y vemos a través de los ojos de Nefi.

Sin duda, la hipotiposis transforma a los lectores u oyentes en espectadores…

Ecfrasis

Si bien la palabra écfrasis o ekphrasis (del griego: visible, palpable, etimológicamente “explicar hasta el final”) tenía en el pasado un sentido más general, el uso de la crítica literaria moderna la ha restringido a la reconstrucción textual de una obra de arte plástica, siendo el ejemplo clásico la descripción del escudo de Aquiles, creado por Hefestos, en el canto XVIII de la Ilíada. Es el moldeado, mediante palabras, de un objeto artístico.

Ya Horacio en su Epístola a los Pisones había declarado que ut pictura poesis, la poesía es como la pintura, entendiendo que para los antiguos poesía era equivalente a literatura.

Guideon Burton, profesor de literatura en BYU especializado en el Renacimiento, retórica y literatura mormona, en su página web Silva Reotricae define tres acepciones (http://humanities.byu.edu/rhetoric/Silva.htm.) :

  • Descripción vívida; utilizando detalles que colocan a un objeto, persona o evento frente a los ojos del oyente.
  • El término griego para los progymnásmata (ejercicios de retórica).
  • Ecfrasis posee otra definición más restringida: la descripción literaria de una obra de arte. Filóstrato de Lemnos colaboró a fijar este sentido del término en el siglo II.

Ahora bien, no parece que en El Libro de Mormón haya mucho espacio para la descripción de obras de arte. Sin embargo, hay algunos interesantes ejemplos.

En el capítulo 4 de 1 Nefi, el narrador entra furtivamente dentro de las murallas de Jerusalén, al amparo de la noche, guiado por el Espíritu pero sin saber lo que hará:

“…vi a un hombre, y éste había caído al suelo delante de mí, porque estaba ebrio de vino. Y al acercarme a él, hallé que era Labán. Y percibiendo su espada, la saqué de la vaina; y el puño era de oro puro, labrado de una manera admirable, y vi que la hoja era de un acero finísimo…” (1 Nefi 4: 7-9)

Es notable que la descripción artística, al igual que en el caso de Aquiles, corresponda a un arma. Nefi es atraído por la belleza de la espada lo que lo lleva a desenvainarla, cuando aún está lejos de él la idea de utilizarla para acabar con Labán. El juego de luz y sombra entre la noche circundante y el brillo del acero acentúa la escena.

Nefi y la espada de Labán

Nefi y la espada de Labán

El valor simbólico y fundacional de esa espada quedará patente en varios pasajes posteriores:

“Y yo, Nefi, tomé la espada de Labán, y conforme a ella hice muchas espadas…” (2 Nefi 5: 14)

“Y como el pueblo amaba a Nefi en extremo… pues había empuñado la espada de Labán en su defensa…” (Jacob 1:10)

“Mas he aquí, el rey Benjamín reunió a sus ejércitos y les hizo frente; y luchó con la fuerza de su propio brazo, con la espada de Labán” (Palabras de Mormón 1: 13)

“Y además, le encargó (a Mosiah) los anales que estaban grabados sobre las planchas de bronce; y también las planchas de Nefi; y también la espada de Labán…” (Mosiah 1:16)

Como obra de arte, símbolo de poder real, patrón para la construcción de otras armas o recuerdo del sacrificio cruento inicial, la espada llegó hasta la Restauración:

“…y si lo hacéis con íntegro propósito de corazón, veréis las planchas, y también el pectoral, la espada de Laban, el Urim y Tumim que le fue dado al hermano de Jared en el monte…” (D y C. 17:1)

Otros ejemplos de écfrasis pueden hallarse en la descripción de la Liahona:

“…y al dirigirse a la entrada de la tienda, con gran asombro vio en el suelo una esfera de bronce fino, esmeradamente labrada; y en la esfera había dos agujas, una de las cuales marcaba el camino que debíamos seguir por el desierto” (1 Nefi 16:10)

“Y aconteció que yo, Nefi, vi las agujas que estaban en la esfera, y que funcionaban de acuerdo con la fe, diligencia y atención que nosotros les dábamos. Y también se escribía sobre ella una escritura nueva que era fácil de leer, la que nos daba conocimiento…y se escribía y cambiaba de cuando en cuando…” (1 Nef 16:28-29)

“…tengo algo que decir concerniente a lo que nuestros padres llaman esfera o director, o que ellos llamaron Liahona, que interpretado quiere decir brújula; y el Señor la preparó. Y he aquí, ningún hombre puede trabajar con tan singular maestría”. (Alma 37:38-39)

La Liahona

La Liahona

O en las maravillas arquitectónicas del malvado rey Noé

“Y sucedió que el rey Noé construyó muchos edificios elegantes y espaciosos; y los adornó con obras finas de madera, y con toda clase de cosas preciosas, de oro y de plata, de hierro, de bronce, de ziff y de cobre. Y también edificó para sí un amplio palacio, y un trono en medio, todo lo cual era de madera fina, y estaba adornado de oro y plata y cosas preciosas. Y también mandó que sus artesanos elaboraran toda clase de obras finas dentro de los muros del templo: de madera fina, y de cobre, y de bronce. Y los asientos que se reservaron para los sumos sacerdotes, que eran más altos que todos los demás asientos, él los adornó con oro puro; e hizo construir un antepecho delante de ellos… Y ocurrió que edificó una torre cerca del tempo, sí, una torre muy alta…” (Mosiah 11: 8-12)

Abinadi y el rey Noé

Abinadi y el rey Noé

Diatiposis (descripción)

Los progymnásmata incluían y distinguían como formas de diatiposis: prósoma, prógmata, tópoi y crónoi.

Prósoma (descripción de personas)

Como en toda la épica clásica y bíblica conocemos pocos rasgos físicos o psicológicos de los personajes. Los definen sus nombres y algunas pinceladas de carácter.

“…vino entre el pueblo de Nefi un hombre que se llamaba Sherem. Y aconteció que empezó a predicar… que no habría ningún Cristo… Y era un hombre instruido, pues tenía un conocimiento perfecto de la lengua del pueblo; por tanto, podía emplear mucha lisonja y mucha elocuencia…” (Jacob 7: 1-4)

“Había entre ellos un hombre que se llamaba Gedeón, y como era un hombre fuerte y enemigo del rey, sacó, por tanto, su espada y juró en su ira que mataría al rey…” (Mosíah 19: 4)

El lector debe construir la imagen visual de esas prósoma con muy pocos datos. En realidad conocemos a los individuos por sus hechos, más que por su descripción. Tampoco hallamos en los textos bíblicos aportes sobre el aspecto de Abraham, Salomón o Cristo. El análisis literario moderno diría que son construidos mediante la “exterioridad” y no su “interioridad”.

Prógmata (descripción de circunstancias o hechos)

“Y aconteció que Moroni no cesó de hacer preparativos para la guerra… e hizo que sus ejércitos empezaran a levantar montones de tierra alrededor de todas las ciudades… y sobre esos montones… hizo colocar vigas, sí, obas de maderos erigidas a la altura de un hombre… e hizo que se construyeran estacadas por todos lados; y eran altas y fuertes. E hizo que se erigieran torres más altas que estas estacadas… y las dispusieron para lanzar piedras desde su cumbre, según su voluntad y fuerza, y matar a quien intentara aproximarse a las murallas de la ciudad” (Alma 50: 1-5)

Un buen ejemplo de prógmata en el que se unen actividad comunitaria con preparativos bélicos.

El Capitán Moroni

El Capitán Moroni

Tópoi (descripción de lugares)

“… entre todos los de su pueblo que vivían en sus dominios… los cuales colindaban con el mar por el este y el oeste, y estaban separados de la tierra de Zarahemla por una angosta faja de terreno desierto que se extendía desde el mar del este hasta el mar del oeste… por las fronteras de Manti, cerca de los manantiales del río Sidón…” (Alma 22:27)

Crónoi (descripción de períodos de tiempo)

“Porque he aquí, aconteció que ya habían pasado cincuenta y cinco años desde que Lehi había salido de Jerusalén; por tanto, Nefi me dio a mí, Jacob, un mandato respecto de las planchas menores…” (Jacob 1:1)

“Y sucedió que habían transcurridos doscientos años; y todos los de la segunda generación habían muerto… Y ahora bien, en este año, el doscientos uno, empezó a haber entre ellos algunos que se ensalzaron en el orgullo…” (4 Nefi 1: 22-24)

Casi todos los anclajes temporales de los crónoi en el Libro de Mormón están dados con relación a la salida de Lehi de Jerusalén, la venida de Cristo, o los períodos de gobierno de jueces y reyes.

Entre las técnicas de representación verbal del espacio, con carga visual, podríamos enumerar aquellas categorías estudiadas por los teóricos:

Denotación

Es el modo más sencillo de descripción. Se utiliza para referirse a un objeto extralingüístico (denotatum) y designar la realidad por medio del lenguaje.

“Y había en Shemlón un paraje donde las hijas de los lamanitas se reunían para cantar, para bailar y para divertirse”. (Mosiah 20:1)

En este tópoi no es mucha la información que recibimos sobre Shemlón, con excepción de su nombre y lo que allí ocurría. No es tan fácil representarnos visualmente dicho lugar, salvo que utilicemos activamente nuestra imaginación.

Descripción pormenarizada

Comparémoslo con lo que ocurre en las aguas de Mormón, algunos capítulos antes:

“Y ahora bien, había en Mormón una fuente de agua pura… y cerca del agua había un paraje poblado de árboles pequeños, donde su ocultaba, durante el día, de las pesquisas del rey…” (Mosiah 18: 5)

“Y ahora bien, aconteció que todo esto se hizo en Mormón, sí, al lado de las aguas de Mormón, en el bosque inmediato a las aguas de Mormón; sí, el paraje de Mormón, las aguas de Mormón, el bosque de Mormón, ¡cuán hermosos son a los ojos de aquellos que allí llegaron al conocimiento de su Redentor…! (Mosiah 18:30)

Las aguas de Mormón

Las aguas de Mormón

Hay allí muchísima mayor información (objetiva y subjetiva) sobre un sitio que no debería estar muy lejano del otro. Sin embargo, las referencias hacen que nos sea más sencillo visualizarlo en detalle.

Enumeración

“pues tenían toda clase de frutas y granos, y de sedas, y de lino fino, y de oro, y de plata, y de objetos preciosos; y también todo género de ganado, de bueyes , y vacas, y de ovejas, y de cerdos, y de cabras, y también muchas otras clases de animales que eran útiles para el sustento del hombre. Y también tenían caballos y asnos, y había elefantes y curelomes y cumomes, todos los cuales eran útiles para el hombre, y más particularmente los elefantes y curelomes y cumomes” (Eter 9:17-19)

Es interesante ver como la enumeración nos ayuda a crear imágenes visuales de lo nombrado, aún de los curelomes y cumomes, que cada uno reconstruirá de acuerdo a su imaginación.

Acumulación

“… a la mañana siguiente, después que los lamanitas hubieron vuelto a sus campamentos, vimos, desde la cima del cerro de Cumorah, a los diez mil de mi pueblo que fueron talados, al frente de los cuales había estado yo. Y también vimos a los diez mil de mi pueblo que había acaudillado mi hijo Moroni. Y he aquí, los diez mil de Gidgiddona habían caído, y él en medio de ellos. Y había caído Lámah con sus diez mil; y Gilgal había caído con sus diez mil; y Límhah había caído con sus diez mil; y Jeneum había caído con sus diez mil; y habían caído Cumeníah, y Moroníah, y Antiónum, y Shiblom, y Shem, y Josh, cada uno con sus diez mil. Y sucedió que hubo diez más que cayeron por la espada, cada uno con sus diez mil, sí, había caído todo mi pueblo” (Mormón 6: 11-15)

Desde la cima del cerro de Cumorah, mediante los “vimos” y “he aquí”, somos invitados a presenciar la horrible matanza de todo un pueblo.  El motivo de la enumeración de los guerreros es propio de la poesía épica. La espeluznante contabilidad comienza con los conocidos Mormón y Moroni, continúa con cinco generales a los que agrega sus diez mil guerreros cada uno y luego otros seis que confirma que tenían la misma cifra. Finalmente añade otros diez no identificados con sus propias huestes. Es como si la acumulación léxica acompañara la acumulación de cadáveres, comenzando por los más cercanos y alejándose hasta una total despersonalización innombrable. No sabemos si cada ejército tenía exactamente la cifra de diez mil o si se trata de un recurso retórico para decir que “eran muchos”. No sabemos si las esposas e hijos que acompañaban a los guerreros están incluidos en el número de víctimas. Imaginar a las más numerosas huestes lamanitas que pudieron destruirlos es casi imposible…

Los narradores eficaces de todas las épocas han tenido en cuenta estos elementos constitutivos del buen relato.

Joseph Conrad, en su prólogo a El Negro del “Narciso”, escribió:

“La tarea que intento llevar a cabo, gracias al poder de la palabra escrita, es haceros oír, haceros sentir… es, antes que nada, haceros ver”. (J.Conrad, Edición crítica, New York, Norton, 1979, pag. 147)

Y Robert L. Stevenson, el autor de La Isla del Tesoro, Raptado y Dr. Jeckyll y Mr. Hyde agregó:

“Los hilos de un relato se entrelazan cada tano y forman un diseño en la trama; los personajes adoptan cada tanto una actitud, los unos ante los otros o ante la naturaleza, que graba el relato en la memoria como una ilustración. Crusoe retrocediendo ante la huella de un pie, Aquiles gritando contra los troyanos, Ulises doblando el enorme arco… y cada uno quedó impreso en el ojo de la mente para siempre. Podemos olvidarnos de otras cosas; olvidaremos las palabras, por bellas que sean; olvidaremos el comentario del autor, aunque haya sido ingenioso y exacto, pero estas escenas memorables, que ponen la marca definitiva de la verdad en un relato y colman, de una vez, nuestra capacidad de goce simpático, las adoptamos de tal modo en el seno de nuestra mente que ya nada podrá borrar o debilitar esa impresión. Es esta, pues, la función plástica de la literatura: dar cuerpo a un personaje, pensamiento o emoción en algún acto o actitud que impresione de manera notable al ojo de la mente”. (Stevenson, Works, New York, Scribner’s Sons, XIII, pags. 332-333)

Jorge L. Borges, en un ensayo de 1921, nos recordaba:

“Nuestra memoria es, principalmente, visual y secundariamente auditiva. De la la serie de estados que eslabonan lo que denominamos conciencia, sólo perduran los que son traducibles en términos de visualidad o de audición. Ni lo muscular ni lo olfatorio ni lo gustable, hallan cabida en el recuerdo, y el pasado se reduce, pues, a un montón de visiones barajadas y a una pluralidad de voces. Entre éstas tienen más persistencia las primeras, y si queremos retrotraernos a los momentos iniciales de nuestra infancia, constataremos que únicamente recuperamos unos cuantos recuerdos de índole visual… Nombrar un sustantivo cualquiera equivale a sugerir su contexto visual… la idea de su aspecto precede siempre a la de su sonido y se opera casi instantáneamente”. (Jorge L. Borges, Cosmópolis, Noviembre 1921, pags. 396-397)

Recientemente, Herman Parret, en Nel nome dell’ipotiposi, reconoce en la hipotiposis a una de las figuras que concurren en la producción de lo Sublime (Petitot y Fabbr, compiladores, Nel nome del senso, Milán, Sansoni, 2001)

Si eso es cierto, el Libro de Mormón está plagado de imágenes visuales que nos relacionan con lo Sublime, desde el pilar de fuego que ve Lehi en el primer capítulo de 1 Nefi hasta la experiencia del hermano de Jared con el dedo de Señor, pasando por la visión del Arbol de la Vida, la visita angélica a Alma, hijo y la aparición del Cristo resucitado. Las escenas visuales memorables relacionadas con la Deidad son innumerables y cada uno podrá buscar y encontrar los ejemplos que más le agraden.

¿Nos dará esa investigación un testimonio de la veracidad del Libro? No… El único modo de lograr eso es aplicar la regla de Moroni que aparece en su propio texto. Pero sí nos ayudará a comprender la complejidad y densidad de la obra, algo que, en las últimas décadas, los catedráticos no miembros han comenzado a reconocer. La importancia literaria del Libro de Mormón está a la altura del mensaje espiritual que transmite…

NINGUN OTRO PUEBLO CONOCE NUESTRA LENGUA

ARTE Y RELIGION

     Literatura

            Libro de Mormón

“NINGUN OTRO PUEBLO CONOCE NUESTRA LENGUA”

Algunos apuntes sobre las raíces egipcias del Libro de Mormón así como sugerencias metodológicas para el tratamiento de las evidencias halladas.

por Mario R. Montani

“Para ser conocida, la verdad debe ser declarada, y cuanto más clara y completa sea la declaración, mayor oportunidad tendrá el Espíritu Santo de testificar a las almas de los hombres que la obra es verdadera”

B.H. Roberts, New Witnesses for God, 1909, Salt Lake City, Deseret Book, Vol. 2, vi-vii

INTRODUCCIÓN (El estado de las cosas)

Se cuenta en Las Mil y Una Noches que un joven que habitaba en la ciudad de las ciencias, deseoso de aprender siempre más, oyó el relato de un mercader según el cual, en cierto lejano país, vivía el hombre más santo y sabio de todo el Islam, ejerciendo el ancestral oficio de herrero. Sin pensarlo dos veces tomó alforja y báculo y, con su anhelo de conocimiento a cuestas, partió en busca del afamado maestro.

Después de cuarenta días y cuarenta noches de fatigas y penurias consiguió llegar a la ciudad del sabio. Siguiendo las indicaciones de los transeúntes localizó la tienda del herrero y, luego de besarle el borde de la vestimenta en señal de respeto, se puso a su servicio.

– ¿Qué deseas, hijo mío? – preguntó el herrero.

– Aprender ciencia! – contestó el joven.

– Entonces toma la cuerda del fuelle de la fragua y tira …

Aunque le pareció una extraña respuesta, al ver que los demás discípulos cumplían cada uno con su tarea decidió hacer lo mismo… Así sucedió al día siguiente, desde la madrugada hasta la puesta del sol, y al siguiente… y al siguiente… hasta que transcurrieron cinco años y ni una palabra de ciencia había salido de los labios del maestro.

Un día, sin poder soportarlo más, se atrevió tímidamente a abrir la boca:

– Maestro!

– ¿Qué quieres?

– ¡Ciencia!

– ¡Tira de la cuerda!

…Así pasaron otros cinco años… Hasta que una noche, cuando terminaba las tareas del día y se disponía a soltar la cuerda del fuelle de la fragua, el anciano maestro puso la mano sobre su hombro y le habló diciendo:

–  Hijo mío, ya puedes tornar a tu tierra, a tu parentela y tus amigos con el corazón pleno de toda la ciencia del mundo y de la vida. La has adquirido al adquirir la divina virtud de la paciencia!

Habiendo dicho esto le despidió con el beso de la paz. Y el discípulo regresó iluminado a su tierra donde vivió feliz y vio claro todos los días de su vida…

Si la obtención y aplicación del conocimiento ha sido siempre una “larga y continua paciencia”, no debemos llegar a pensar que los miembros de la Iglesia están exceptuados de los afanes del joven discípulo del relato. El profesionalismo y la autoridad en ciencia se logran al tener un dominio completo sobre el paradigma que rige cada campo de investigación. Un experto debe lograr convertir esos paradigmas en herramientas de trabajo y utilizarlas de forma rápida, habilidosa y casi inconsciente para resolver los problemas dentro de su área.

Hacia 1907 B.H. Roberts, a la sazón integrante del Primer Consejo de los Setenta, polemizaba con el crítico Theodore Schroeder en un debate sobre el origen del Libro de Mormón. Roberts publicaría tres tomos de la obra New Witnesses for God (1895-1911) en los que establecía la diferencia entre “evidencia interna” (aquella que surgía del estudio y análisis del propio texto) y “evidencia externa” (la provista por las Ciencias Naturales, la Arqueología, la Historia y otros textos) estableciendo un fundamento sobre el que construirían los que vendrían más adelante.

Para 1912, el Reverendo Franklin S. Spalding, iniciaba su ataque en contra de las traducciones de Joseph Smith, comenzando por el Libro de Abraham y recurriendo a diferentes egiptólogos de la época para que diesen su opinión. Resultado del informe: la Perla de Gran Precio era un fraude!… El propio B.H. Roberts llegó a confesar candorosamente que el método utilizado por Spalding era legítimo y aparentemente irreprochable.

Con el paso de las décadas se supo que las intenciones del Reverendo no habían sido tan limpias como parecían en un primer momento. Diversos allegados a su trabajo confirmaron que Spalding recelaba de la alta organización y actividad de la Iglesia, que su plan maestro consistía en lograr la deserción de la membresía intelectual de la misma y que para ello no dudó en dejar fuera del informe las opiniones de egiptólogos que no apoyaban su visión. De hecho, en aquella ocasión, la defensa de los principios de imparcialidad y el rechazo a la metodología utilizada corrió por cuenta de investigadores no mormones. No había entre las filas de miembros quien estuviera capacitado para hacerlo.

Sin embargo, un joven que asistía por aquel entonces a la LDS High School de Salt Lake City, tomó nota de que debía prepararse para defender las sagradas escrituras que había visto bajo ataque: su nombre Sidney B. Sperry.

Después de graduarse en Matemáticas y Química en la Universidad de Utah, Sidney decidió realizar una Maestría en Lenguaje y Literatura del Antiguo Testamento en la Universidad de Chicago (1926) y, mientras servía como director del Instituto de la Universidad de Idaho, concluyó su doctorado en Lenguas Bíblicas, convirtiéndose en el primer Santo de los Ultimos Días en alcanzar esa distinción (1931). A continuación, y sin soltar la cuerda del fuelle, viajó a Palestina a estudiar en la American School of Oriental Research en Jerusalén. Su experiencia lo transformó en un académico brillante y maduro.

Para 1940 declaraba:

“La gran literatura debe tener un gran tema o asunto. Un tema trivial y común, sin importar cuan bellamente tratado, difícilmente califica para los requerimientos de la gran literatura, porque su visión de la vida es demasiado estrecha y limitada. Su contenido se agota fácilmente y no nos brinda el constante estímulo de un nuevo descubrimiento con cada lectura repetida.

Para que pueda ser llamada gran literatura, una pieza dada deberá estar hermosamente expresada. Su dicción e imágenes deben estar cerca de la perfección. Si tiene esas cualidades tendrá probabilidades de sobrevivir.

La gran literatura tiene la facultad de poner en actividad al ser completo del hombre. Cuanto mayor sea el espectro de cualquier literatura – es decir, cuanto mayor sea el número, variedad, color y complejidad de los impulsos que haga surgir en el hombre – mayor será su calidad”. [1]

El Dr. Sperry desarrolló ampliamente la idea de que El Libro de Mormón no es sólo un texto doctrinal, sino también una obra maestra de la literatura. En su clásico Our Book of Mormon identificó y ejemplificó 16 géneros literarios distintos en la estructura del texto. Fue el primero en denominar a 3 Nefi el “evangelio americano” y  “salmo de Nefi” al pasaje de 2 Nefi 4: 28-34.[2]

Mientras el “affaire” Spalding se desarrollaba, otra mente brillante, Hugh W. Nibley,  daba sus primeros pasos en Pórtland, Oregon. …  Nacido el 27 de marzo de 1910, a los 17 años partía a cumplir una misión en Alemania, lo que le permitiría dominar el idioma en que la mayoría de los estudios clásicos eran escritos por esa época. Con 34 años, y un doctorado en Historia Antigua de la Universidad de California en Berkeley,  participaba del desembarco en Normandía como oficial de inteligencia. Ese día, en la castigada playa Utah, con una copia del Libro de Mormón en su bolsillo, obtuvo un potente testimonio adicional de esta obra. Como lo ha expresado John W. Welch: “Desde ese momento en la playa Hugh Nibley nunca volvió a ser el mismo. Tampoco los estudios académicos sobre el Libro de Mormón” [3]

Este verdadero “hombre del Renacimiento” con sus inagotables conocimientos de árabe, griego, egiptología e historia podía reconstruir la trama cultural y social de hombres como Lehi y Nefi y leer entre líneas los antiguos textos

De entre sus aproximadamente 200 publicaciones sobre diversos temas, hay al menos tres obras monumentales que analizan el Libro de Mormón: Lehi in the Desert and the World of the Jaredites (1952), An approach to the Book of Mormon (1957), Since Cumorah (1967). En ellas ha dejado claro cuan cómodamente se encuentran las personalidades del Libro de Mormón en el marco del mundo antiguo, y las coincidencias formales, lingüísticas y religiosas con otras obras del pasado.

Afortunadamente, las clases magistrales del Dr. Nibley en la Universidad de Brigham Young, así como centenares de artículos publicadas, permitieron que otros se iniciaran en el paciente sendero de la ciencia.

Nombres como Richard Lloyd Anderson, John W. Welch, John L. Sorensen, Royal Skousen, John A. Tvedtnes y John Gee, entre muchos otros, aparecen regularmente en el Journal of Book of Mormon Studies y otras publicaciones de FARMS (Fundación para la Investigación Antigua y Estudios Mormones)

Cuando en abril de 1986, el Presidente Benson declaró que la Iglesia había descuidado su libro principal de Escrituras y que “el Señor (había) revelado la necesidad de dar un renovado énfasis al Libro de Mormón”, bendijo a los santos con una mayor comprensión del libro.

Los catedráticos, junto con el resto de los miembros, respondieron. Tan sólo a modo de  ejemplo, la publicación de estudios serios sobre el Libro de Mormón aumentó un 50% a finales del decenio de 1970 y se disparó hasta un 230% en la década de 1980. Ese aumento continúa.[4]

No es de extrañar que en el Trinity Journal (la más importante publicación Evangelista) del otoño de 1998, en un extenso artículo con el también extenso título de “Erudición Mormona, Apologistas, y Negligencia Evangélica: ¿Perdiendo la Batalla y Sin Saberlo?”, pueda leerse:

“El mito de que los SUD entrenados en áreas como teología y lenguajes bíblicos invariablemente abandonan sus creencias en la historicidad del Libro de Mormón y en la estatura profética de Joseph Smith debe ser dejado de lado por aquellos Evangelistas que deseen ser responsables. Dichos mitos han estado basados en la ignorancia y en lecturas parciales.

Los académicos SUD han respondido tan eficazmente a las críticas a sus creencias que ningún libro con la perspectiva evangélica está a la altura para interponérseles. La sofisticación y erudición de los apologistas SUD ha crecido considerablemente mientras que las respuestas evangélicas no lo han hecho. Los estudiosos SUD con visión erudita y rigurosa han provisto una robusta defensa de la fe mormona, lo cual amerita la seria atención de la comunidad evangélica…

… Por ejemplo, el equipo internacional de editores de los Rollos del Mar Muerto incluye cuatro académicos SUD y tanto FARMS como la Universidad de Brigham Young auspician conferencias internacionales sobre los Rollos. La investigación mormona de los Rollos es prontamente aceptada por la mayor parte de la comunidad científica y los estudiosos mormones son crecientemente llamados a colaborar, contribuir o editar libros con eruditos no SUD…” [5]

Si bien el artículo en cuestión es más bien una sugerencia a los eruditos evangélicos para que comiencen el largo camino a la casa del herrero, es posible advertir que, en el siglo transcurrido entre el Reverendo Spalding y nosotros, algo ha pasado.

INTRATEXTUAL, EXTRATEXTUAL, INTERTEXTUAL, PARATEXTUAL

Nunca habrá un cúmulo tal de evidencias que pueda concedernos el testimonio de la veracidad del Libro de Mormón. Por una sencilla razón: el testimonio es un don otorgado por Dios, a través del Espíritu, a quien esté dispuesto a cumplir con los pasos que El ha dispuesto a ese efecto. Entonces … ¿para qué perder el tiempo buscando evidencias? … Se me ocurren al menos dos razones: 1) Para aquellos que ya poseen un testimonio es causa de regocijo y estímulo el comprobar intelectualmente lo que ya saben por otra vía. 2) Para los que no lo poseen aún, el estudio intensivo y detallado puede ser un marco adecuado para que inicien el proceso por el cual una revelación personal venga a sus vidas.

Quizás habría una tercera razón sugerida por Hugh Nibley: el ámbito de la crítica religiosa es como un campeonato deportivo; si no enfrentamos al contrincante perdemos por falta de presentación. Y el evangelio de Jesucristo merece más que eso.

De modo que el presente texto no tiene por objetivo convencer a nadie, sino que adquiere validez únicamente dentro de los límites de los dos o tres motivos antes mencionados.

Denominaremos intratextual a la evidencia que surge de las propias páginas del Libro de Mormón. Por ejemplo: en las lenguas semíticas (tanto egipcio como hebreo) existe una construcción denominada ‘acusativo cognado’. Acusativo suele ser el equivalente de lo que llamamos en nuestra gramática objeto directo. Cognado tiene el valor semántico de pariente, y de allí proviene el castellano ‘cuñado’. Esa construcción consiste en el uso de un verbo seguido inmediatamente por un sustantivo derivado de la misma raíz, a menudo para dar énfasis. A pesar de no ser una construcción deseable ni en castellano ni en inglés (idioma de la traducción original), sí aparece en las páginas del Libro de Mormón.

“He aquí, he soñado un sueño, en el que… (1 Nefi 3:2)

“… he soñado un sueño o, en otras palabras, he visto una visión. (1 Nefi 8:2)

“…aunque maldecidos con severa maldición… (Jacob 3:3)

Hay otros ejemplos que los traductores han destruido para que se adaptasen mejor al castellano:
“WORK all manner of fine WORK” Mosiah 11:10

(“elaboraran (obraran) toda clase de obras finas”)
“and he did JUDGE righteous JUDGMENTS” Mosiah 29:43

(y juzgó con justicia (rectos juicios)

Estas “palabras emparentadas” son particularmente evadidas en castellano e inglés pero intencionalmente buscadas en los idiomas semíticos. Podría por lo tanto ser una EVIDENCIA INTRATEXTUAL de la proveniencia antigua y hebrea del texto original.

Por otro lado, denominaremos evidencia extratextual a la aportada por elementos y conocimientos exteriores a la obra analizada.

En 1907, en la Tumba 55 del Valle de los Reyes, cerca de Luxor, Egipto, se encontraron láminas de oro con inscripciones y, entre otros artefactos, una cimitarra.[6] El descubrimiento fue datado como del período Amarna (entre 1351 – 1333 A.C.) Este hallazgo es importante al menos por dos razones: 1) Muestra que los egipcios utilizaban finas láminas de oro para sus inscripciones desde mucho antes que el 600 A.C., y 2) Prueba que la cimitarra estaba ya en uso en ese mismo período, contradiciendo un ataque de los críticos que aseguraban que la mención de ese arma en el Libro de Mormón era un anacronismo histórico pues la misma se había desarrollado en Turquía en la época de Mahoma (600 D.C)

Por tanto, se constituye en un buen ejemplo de EVIDENCIA EXTRATEXTUAL de la coherencia del Libro de Mormón con respecto a las costumbres y artefactos de la región y época de donde declara venir.

Analicemos un tercer ejemplo. Deuteronomio 12 declara que los sacrificios rituales en Israel debían realizarse únicamente en el templo de Jerusalén. Nuevamente los críticos arremetían con el siguiente argumento: ‘si Lehi era realmente un judío obediente de la ley mosaica ¿por qué realizaba sacrificios en medio del desierto, en franca contradicción con lo declarado en Deuteronomio?’ Por varias décadas los apologistas mormones consideraron la posibilidad de que, siendo Lehi un poseedor del sacerdocio de Melquisedec, estaba autorizado para  hacerlos, a la manera de los antiguos patriarcas.

Con el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto y sus lentas traducciones y ediciones, una nueva luz surgió. En el conocido como Rollo del Templo aparece en dos ocasiones la frase ‘a tres días de viaje del Templo’ como aparente límite para el cumplimiento de ciertas ordenanzas:

“No sacrificaréis un buey limpio o cordero o macho cabrío en todas vuestras ciudades, cerca de mi templo dentro de una distancia de tres días de viaje; no, sino que dentro de mi templo los sacrificaréis, como una ofrenda ardiente u ofrenda de paz, y comeréis y os regocijaréis ante mi en el lugar sobre el cual escogeré poner mi nombre” [7]

El investigador Aharon Shemesh, sugiere que el límite de tres días incluía todo el territorio de Israel, pero no tenía alcance fuera de él.[8] De otro manera, nunca se habrían autorizado otros templos judíos donde se realizaban sacrificios como el de Onías, en Egipto.

De modo que, cuando leemos en el Libro de Mormón:

“Y aconteció que después de haber viajado tres días por el desierto, asentó su tienda en un valle situado a la orilla de un río de agua. Y sucedió que erigió un altar de piedras y presentó una ofrenda al Señor, y dio gracias al Señor nuestro Dios” 1 Nefi 2: 6-7

Nefi no nos está dando únicamente la referencia temporal de que habían pasado tres días desde su partida de Jerusalén. Nos está diciendo también: ‘mi padre era tan fiel cumplidor de la Ley que esperó a estar a la distancia establecida para presentar una ofrenda al Señor’.

De este modo, con la presencia efectiva de un texto en otro, nos encontramos con un ejemplo de EVIDENCIA INTERTEXTUAL a favor de la alta obediencia de Lehi a sus compromisos religiosos. El Libro de 1 Nefi y el Rollo del Templo entablan un diálogo entre ellos que ilumina nuestro saber.

En el siglo X de nuestra era existió un erudito musulmán llamado Muhammad ibn-Ibrahim ath-Tha’labi quien se dedicó a recoger leyendas orales y de otras fuentes sobre muchos personajes bíblicos. Entre ellas una sobre el ropaje de José, la cual él reconocía “no haber encontrado en ningún otro lugar”, y que relataba cómo la túnica había sido hecha pedazos, cómo una parte fue preservada y el significado que eso tenía. Esa tradición, de la cual Muhammad no pudo encontrar confirmación,  tiene una clara réplica en Alma 46:23-25:

“… sí, somos un resto de la posteridad de José, cuya túnica sus hermanos hicieron pedazos… Sí recordemos la palabras de Jacob, antes de su muerte, pues ha aquí, vio que parte del resto de la túnica de José se había conservado y no se había deteriorado. Y dijo: Así como este resto de la ropa de mi hijo se ha conservado, así preservará Dios un resto de la posteridad de mi hijo…”

Nuevamente, el análisis intertextual viene a apoyar las declaraciones del Libro de Mormón. En ocasiones las evidencias son complejas y no tan fácilmente identificables. El descubrimiento de documentos antiguos es un hecho arqueológico (extratextual) y sin embargo el contenido de los documentos establece un nexo intertextual con la obra con la que los comparamos. En estos casos la intertextualidad puede considerarse una subdivisión de la extratextualidad.

En 2 Nefi 5: 7-16 leemos:

“Y yo, Nefi, edifiqué un templo, y lo construí según el modelo del templo de Salomón, salvo que no se construyó de tantos materiales preciosos, pues no se hallaban en esa tierra, por tanto, no se pudo edificar como el templo de Salomón. Pero la manera de su construcción fue semejante a la del templo de Salomón ; y su obra fue sumamente hermosa”.

Aquí las objeciones presentadas eran varias: 1) ¿Por qué judíos fieles construirían un templo en contra de lo establecido en Deuteronomio? 2) Aunque hubiesen querido hacerlo ¿dónde habrían conseguido los materiales, la gente, el tiempo y los fondos suficientes para semejante emprendimiento? 3) ¿Dónde estaban los restos de esos templos?

Hoy conocemos antiguos documentos que revelan que una colonia judía habitando en Elefantina, en el Alto Egipto (cerca de la actual Aswan), construyó un templo, con el consentimiento escrito del sumo sacerdote de Jerusalén, en el siglo V A.C. [9] Curiosamente, esos documentos mencionan también a una mujer de nombre Sariah, (que con esa grafía no es bíblico pero sí aparece en el Libro de Mormón).

Por otro lado, el francés Jacques de Mahieu desenterró los restos del denominado Tupao Cué (“antiguo templo”, en guaraní), cerca de Tacuatí, Paraguay. Sus medidas generales son las mismas del Templo de Salomón, su puerta principal tiene iguales dimensiones, ubicación y orientación que la de ese templo. Otro descubrimiento similar se produjo en Chavín de Huantar, Perú. [10]

Las tres objeciones quedan contestadas por una mezcla de evidencias extra e intertextuales. La construcción de templos fuera de Jerusalén (y a considerable distancia) era una práctica aceptada y constatada en la época en que Lehi se dirigía a la Tierra Prometida. Los restos hallados en América dan fe de que fueron construidos con iguales dimensiones, distribución y orientación aunque con elementos más simples, tal como lo indica 2 Nefi.

Con esto no queremos decir que Tupao Cué o Chavin de Huantar sean el templo mencionado en el Libro de Mormón. Sino que era absolutamente posible que fuese construido y que alguien conocía los detalles para hacerlo.

Por otro lado, a partir de esta apreciación, el pasaje de 2 Nefi se constituye en una evidencia intratextual del origen de los restos hallados, a los que la ciencia aún no ha podido dar explicación satisfactoria.

Finalmente, encontramos en El Libro de Mormón elementos que no son parte del texto en sí. El relato de la obtención de las planchas por Joseph Smith, Jr., si bien una evidencia de la divinidad de la obra, es paratextual. El testimonio de los testigos, una evidencia externa de su veracidad y el cumplimiento de una promesa que se halla en el texto, es paratextual. La división en capítulos y versículos, muy útil para el estudio, no es parte del texto sino del paratexto, y puede no coincidir siempre con las estructuras internas del relato. Sucede algo similar con la cronología tentativa que aparece al pie. Es una ayuda para ubicarnos en la línea del tiempo y no una declaración de certeza histórica que implicaría la aceptación de todos los cambios que se produjeron en la manera de calcular el calendario en el mundo antiguo. Cuando en 3 Nefi 1:1 se nos dice que habían pasado 600 años desde la partida de Jerusalén ¿de qué tipo de años está hablando Nefi, hijo de Helamán? ¿de los años gregorianos de 365,24 días que rigen la vida occidental desde 1582 D.C y que él no conocía, del calendario judío que es lunisolar, con 354 días, y que compensa las diferencias cada 19 años o de algún antecesor del sistema maya que es uno de los más perfectos en el devenir de la historia? No tenemos aún una respuesta adecuada para estas preguntas por lo que la prudencia indica mantener una actitud flexible a la hora de datar un hecho.

Con el paso del tiempo se han acumulado también, en sucesivas ediciones, algunas diferencias léxicas y/o sintácticas que tuvieron que ver básicamente con un adecuamiento a las reglas de la gramática inglesa. Pero recientemente se ha puesto de relieve que lo que parecía un “mal inglés” es en realidad un “muy buen hebreo o egipcio” por lo que Royal Skousen con el apoyo de FARMS trabaja en un proyecto de edición crítica que incluiría las variaciones entre los manuscritos originales, la copia del editor, la edición de 1830 y otras ediciones con el objeto de compararlas más eficazmente.

Esas diferencias acumuladas, si bien textuales para nuestras actuales ediciones, son en realidad paratextuales con relación al manuscrito original, y abren todo un interesante campo de estudio.

COTEXTUAL, CONTEXTUAL, HIPOTEXTUAL, HIPERTEXTUAL

Cuando leemos en Mosiah 2:17 la declaración:

“Y he aquí, os digo estas cosas para que aprendáis sabiduría; para que sepáis que cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes sólo estáis al servicio de vuestro Dios.”

nos encontramos con una frase textual que se encuentra inserta en una forma discursiva más extensa (el discurso del rey Benjamín, Cap. 2 al 5) que a su vez se halla incluida en el Libro de Mosíah. Tanto el discurso como el Libro forman el COTEXTO del pasaje anterior. El cotexto se ha definido a veces como el “contexto verbal o textual” de una unidad determinada. La unidad en cuestión no puede ser comprendida totalmente si no es analizada dentro de su cotexto.

Por otro lado, existe el CONTEXTO, es decir, la situación real o “contexto situacional” en el que se produjo el discurso. Algunas de las características del contexto en el ejemplo del rey Benjamín aparecen al comenzar el Capítulo 2 y en el Capítulo 6 y tienen que ver con la gran reunión a la que es convocado el pueblo, en la que muchos estudiosos ven marcadas relaciones con la Fiesta de los Tabernáculos del pueblo hebreo y otras festividades estacionales semíticas.

El contexto puede dividirse para su estudio en contexto natural o entorno, contexto social y contexto individual los cuales van encajados sucesivamente por ese orden uno dentro del otro.

También, en determinados casos, podrían darse enfoques diastráticos (que tengan en cuenta el habla de los diferentes estratos sociales), diatrópicos (las diferencias que se producen en el lenguaje por la expansión geográfica), diafásicos (a través de las diferentes fases y usos del lenguaje: vulgar, cotidiano, culto, literario, religioso, legal, etc) y diacrónicos (las diferencias acumuladas por el paso del tiempo). Todas estas áreas han sido relativamente inexploradas en el texto del Libro de Mormón, y si bien tal exploración se vuelve dificultosa por el hecho de que los escritos reflejan, en general, el pensamiento y las formas de la clase dirigente, más el agravante de estar reunificados en el relato de una sola voz (Mormón), aún hay indicios como para efectuar el trabajo.

En el relato de Zeniff, el colonizador, algunos capítulos más adelante del discurso de Benjamín, leemos:

“Y empezamos a cultivar la tierra, sí, con toda clase de semillas, con semillas de maíz, de trigo y de cebada, con neas y con sheum, y con semillas de toda clase de frutas…” (Mosiah 9:9)

Por más que nos esforcemos, no lograremos hallar en el COTEXTO de Mosíah o en todo el Libro de Mormón una indicación del significado de “sheum”. Pero si nos trasladamos al CONTEXTO que nos plantea el Libro, es decir, el de una colonia antigua de origen hebreo, con ramificaciones culturales entre sus contemporáneos del Mediterráneo y la Mesopotamia, descubriremos que “sheum” significa cebada y, en ocasiones, otros granos, en Acadio. Por tanto, Zeniff nos está diciendo que sembraron otra variedad de cebada o bien agrupa bajo ese nombre a otros granos. El vocablo carece de sentido en el contexto estadounidense del siglo XIX pero posee mucho significado en el contexto de una cultura y lenguaje desaparecidos hace milenios. Ciertamente no sería lógico cambiar caprichosamente de contexto una y otra vez para intentar que el texto nos de respuestas que ya hemos predefinido.

Retomando el concepto de intertextualidad o transtextualidad, que se define como todo lo que pone a un texto en relación, manifiesta o secreta, con otros textos, llamaremos  hipertextualidad a toda relación que une a un texto B (HIPERTEXTO) con un texto anterior A (HIPOTEXTO). Estas relaciones pueden incluir, la cita, la alusión, la paráfrasis, etc. El gran hipotexto del Libro de Mormón lo constituyen sin duda las Planchas de Bronce de Labán. Dichas planchas…

“… contenían los cinco libros de Moisés, los cuales relataban la historia de la creación del mundo, y también de Adán y Eva, nuestros primeros padres; y asimismo la historia de los judíos desde su principio, aun hasta el comienzo del reinado de Sedequías, rey de Judá; y también las profecías de los santos profetas desde el principio, hasta comenzar el reinado de Sedequías, y muchas profecías declaradas por boca de Jeremías…” (1 Nefi 5: 11-13)

Lehi también halló en ellas:

“… la genealogía de sus padres, por lo que supo que descendía de José, sí, aquel José que era hijo de Jacob, que fue vendido para Egipto y preservado por la mano del Señor… Y Labán también era descendiente de José, por lo que él y sus padres habían llevado los anales”. (1 Nefi 5: 14-16)

Eran por tanto un registro histórico-religioso, que incluía además la genealogía familiar y fue no sólo el modelo de las planchas de oro mayores y menores, sino también la fuente de muchas de las citas y referencias que se mencionan a lo largo del contenido. Por ejemplo, las abundantes citas de Isaías. En un sentido las planchas de bronce eran equiparables a nuestro Antiguo Testamento.

“El libro que ves es una historia de los judíos, el cual contiene los convenios que el Señor ha hecho con la casa de Israel; y también contiene muchas de las profecías de los santos profetas; y es una narración semejante a los grabados sobre las planchas de bronce, aunque menos en número” (1 Nefi 11:23)

La diferencia numérica se explicaría por la falta de algunos registros como los de Zenoc, Neum y Zenós (1 Nefi 19: 10), que también formaban parte de ese hipotexto pero no tenemos como constatarlos por faltar en el Antiguo Testamento.

El descubrimiento del Libro de Enoc en 1888 permitió verificar que algunas citas provenían de él (p. Ej. Helamán 13:33) y que varios autores del Nuevo Testamento lo mencionaban en abundancia, “a la antigua”, es decir, sin aclarar que se trataba de una cita, ya que los conceptos de originalidad y autoría diferían mucho de los nuestros.

Otro hipotexto a tener en cuenta es el de las tradiciones orales judías (considerando el absurdo de asignar un valor textual a la oralidad). Cuando Nefi reprende a sus hermanos en el primer viaje de regreso a Jerusalén, les dice:

“Subamos pues, y seamos fuertes como Moisés, porque él de cierto habló a las aguas del Mar Rojo y se apartaron a uno y otro lado, y nuestros padres salieron de su cautividad sobre tierra seca, y los ejércitos de Faraón los persiguieron y se ahogaron en las aguas del Mar Rojo” (1 Nefi 4:2)

Es interesante recordar que aún no tenían consigo las planchas de bronce, pues, de hecho, iban en su busca, sin embargo los detalles de la saga mosaica estaban claros en las mentes tanto del emisor como de los receptores. La repetida aparición del esquema o patrón del Exodo en el Libro de Mormón también ha sido ampliamente estudiada.

BENDITO EL PUEBLO MIO, EGIPTO… (Isaías 19:25)

Veamos dos comentarios recientes de publicaciones anti-mormonas. El primero de Mormon Claims Answered:

“1 Nefi 1:1-4 declara que Lehi, un devoto judío de Jerusalén, guardaba un registro sagrado en lenguaje egipcio. Pero en el año 600 A.C. los judíos eran enemigos de los Egipcios. El rey Josías había muerto en batalla luchando contra Egipto alrededor del 608 A.C., y Judá pagaba tributo a Egipto después de ello (2 Crónicas 35:20-27, 36:1-4). Dado que el hebreo era el lenguaje sagrado y el Señor estaba en ese momento “contra Egipto” (Jeremías 46: 1-2), ningún devoto judío escribiría en Egipcio”.[11]

El segundo de Everything You Ever Wanted to Know about Mormonism:

“El Mormonismo nunca ha explicado como judíos temerosos de Dios  del 400 D.C. alegaban conocer el Egipcio, ni porqué habrían escrito enteramente sus registros sagrados en el lenguaje de sus enemigos paganos e idólatras (p. 284) ¿Qué posibilidades hay de que estos Nefitas, supuestamente Judíos hubiesen usado la lengua Egipcia para registrar sus sagradas escrituras? La fuerte antipatía que sentían hacia los Egipcios y su cultura hace muy difícil de aceptar esto. Cuando los modernos Judíos copian sus escrituras utilizan Hebreo, no Egipcio o Arabe, el lenguaje de sus enemigos (pp. 294-95). No existe tal lenguaje (como Egipcio reformado) y los egiptólogos lo declaran inequívocamente (p. 294)”. [12]

Hagamos explícitas algunas de las objeciones presentes en estos textos:

1- Los judíos no usarían el lenguaje de sus enemigos para textos sagrados debido a la antipatía y larga rivalidad que mantenían con ellos. La verdad es que partes del Antiguo Testamento (Capítulos 2 al 5 de Daniel y capítulos 4 al 6 de Esdras) fueron escritos en arameo o caldeo, el idioma utilizado en Babilonia. No hace falta recordar que esta ciudad y sus habitantes eran sinónimo de la maldad para los judíos y que estuvieron sometidos casi permanentemente a sus ataques e imposiciones. Sin embargo judíos fieles registraron parte de sus escrituras en este supuestamente “odiado” idioma de paganos e idólatras. Recientemente, se ha descifrado una versión del Salmo 20 en arameo, pero escrito con caracteres de egipcio demótico.[13]  En la época de Cristo, muchos judíos leían versiones del Antiguo Testamento en griego, y de hecho, buena parte del Nuevo Testamento fue escrito en esa misma lengua. Pero los griegos habían sido tradicionalmente enemigos de los judíos por varias generaciones (1 Macabeos 1: 7-64). El Salvador mismo es registrado hablando en arameo.

Si la propuesta inicial fuese cierta, los pueblos dominados por el Imperio Romano hubieran abandonado el uso del latín con la caída de ese poderío. Todos sabemos que no fue así. Lo que los lingüistas reconocen desde hace mucho tiempo es que los sistemas de escritura tienden a trascender las enemistades históricas y a seguir un camino independiente.

2- Los egipcios eran enemigos de los judíos al menos en la época en que Lehi comienza su relato. Esta afirmación no parece coincidir con la realidad histórica. Palestina estuvo siempre en el medio de las ambiciones expansionistas de Asiria (luego Babilonia) por un lado y Egipto por el otro. En las diferentes ocasiones en que los judíos estuvieron bajo uno u otro dominio, los egipcios fueron siempre amos más benevolentes, contentándose con cobrar impuestos pero dejando la administración de los asuntos internos en manos de los propios conquistados. No así los asirio-babilonios que provocaron grandes destrucciones y desarraigos. De modo que, para la mayoría de los hebreos, la elección de Egipto como mal menor era obvia.

La alianza judeo-egipcia frente a Babilonia parece un hecho ante estos indicios:

– Judá participó en acciones militares egipcias contra Babilonia en el 613 A.C. según las propias crónicas babilonias.

– Tropas judías eran empleadas por los egipcios como lo demuestran las colonias militares judías en Elefantina.

– Personal militar de Judá estaba presente en la derrota de Egipto por las fuerzas de Nabucodonosor en 605 A.C. según lo registra Josefo. [14]

– Egipto contrató mercenarios griegos (hoplitas) para proteger esa zona de Palestina y el apoyo logístico de esas tropas era provisto por Judá, en calidad de aliado.[15]

El motivo por el cual el profeta Jeremías se oponía a la alianza se basaba justamente en que, al realizarla, los judíos ponían su confianza en un poder humano y no en Jehová.

3- No existe tal cosa como egipcio reformado. Es interesante lo que el propio Mormón escribió al respecto:

“Y he aquí, hemos escrito estos anales según nuestro conocimiento, en los caracteres que entre nosotros se llaman egipcio reformado; y los hemos transmitido y alterado conforme a nuestra manera de hablar.

Y si nuestras planchas hubiesen sido suficientemente amplias, habríamos escrito en hebreo; pero también hemos alterado el hebreo; y si hubiésemos podido escribir en hebreo, he aquí, no habríais tenido ninguna imperfección en nuestros anales.

Pero el Señor sabe las cosas que hemos escrito, y también que ningún otro pueblo conoce nuestra lengua; y por motivo de que ningún otro pueblo conoce nuestra lengua, por lo tanto, él ha preparado los medios para su interpretación.” (Mormón 9:32-34)

Del pasaje anterior es posible concluir: a) que el nombre de egipcio reformado era de uso interno en la civilización nefita. No lo publicaron en ningún catálogo de idiomas antiguos o extraños para que los actuales arqueólogos pudieran identificarlo como tal. b) que habían acudido a esa variedad de grafolecto por una causa técnica: la falta de espacio en las planchas. De otro modo hubiesen escrito preferentemente en hebreo (la elección de un grafolecto específico estará siempre condicionada por las circunstancias culturales y los medios disponibles) y c) que estaban conscientes tanto de las alteraciones ocurridas por la selección del idioma combinado como por las acumuladas con el paso de un milenio, ya que Mormón reconoce que el lenguaje escrito “fue alterado conforme a nuestra manera de hablar”. Es un hecho constatable lingüísticamente que la variedad hablada por Mormón en 400 D.C no podría ser la misma que la hablada por Lehi en 600 A.C. Sí es posible que la variedad textual haya permanecido menos alterada por el ‘anclaje’ o punto de referencia que la escritura misma supone.

Para simplificar lo antedicho, debemos estar conscientes de que cuando escribimos “Pekín” o “Bei-jin”, “Confucio” o “Kung-fu-tse”, independientemente de cuánto nos acerquemos a la pronunciación original, estamos escribiéndolo en chino reformado. Es decir, que estamos traduciendo los signos de escritura chinos a nuestro alfabeto occidental. Cuando escribimos Tschaikovsky, Borodin, Rachmaninoff o el nombre de cualquier otro compositor ruso, lo estamos haciendo en ruso reformado, puesto que intentamos reproducir en nuestras letras latinas (con mayor o menor suerte) lo que originalmente está escrito en alfabeto cirílico. Esto, que realizamos cotidianamente, tiene un nombre técnico; se denomina transliteración (la representación de signos pertenecientes a un sistema de escritura mediante los signos de otro).

Es muy posible que si preguntásemos a un egiptólogo eminente si conoce el egipcio reformado nos diga que no. Pero si preguntáramos si conoce transliteraciones del antiguo egipcio a otros sistemas, incluyendo el antiguo hebreo, indudablemente nos contestará que sí. A los científicos también hay que hablarles en el idioma que comprenden.

Con respecto a la afirmación de que a los modernos Judíos no se les ocurriría copiar sus escritos en egipcio o árabe sólo podemos declarar falta de conocimiento. El egipcio es una lengua muerta desde hace centurias, por lo que mal podrían hacerse traducciones a ella en la actualidad. Con respecto al árabe, la primera de las varias traducciones del Antiguo Testamento fue hecha por Sa’adya el Ga’or, director de la escuela rabínica en Sura, Babilonia, alrededor del 900 D.C. [16] Afortunadamente no llegó a leer los folletos modernos que le prohibían hacer tal cosa.

El historiador griego Heródoto declaró hace ya milenios que Egipto era el don del Nilo. Sería bueno recordar que también fue y es el don de Dios, ya que se trata de una tierra que El ha utilizado para sus propósitos a través de todos los tiempos (incluyendo la protección de su pueblo escogido y de su Hijo Unigénito). Así lo entendió Isaías al profetizar:

“En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra; porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad” (Isaías 19: 24-25)

Por otro lado, y específicamente relacionado con estos apuntes, el lenguaje de Egipto así como sus gentes y costumbres forman una de las fibras imprescindibles para la comprensión del extenso tapiz que es el Libro de Mormón. [17]

Deberíamos repasar también algunos hechos conocidos por todos los lectores de la Biblia. José, el que fue vendido en Egipto, ayudó a preparar las circunstancias para que toda la casa de su padre, Jacob, encontrase la salvación temporal del hambre en la tierra del Nilo. El Génesis nos cuenta:

“Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello; y lo hizo subir en su segundo carro… y lo puso sobre toda la tierra de Egipto… Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat (Aseneth) hija de Potifera sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto”. (Gen. 41:42-45)

De modo que aquí tenemos a uno de los padres fundadores de las Doce Tribus de Israel funcionando como un alto ejecutivo gubernamental en la corte de Faraón, y teniendo hijos (Manases y Efraín) con una esposa egipcia. Por tanto los descendientes de la tribu de José, por cualquiera de sus dos vertientes, eran egipcios en un 50%. Existe un texto hebreo del siglo I a.C. conocido como la Historia de Joseph y Aseneth (basado en tradiciones orales mucho más antiguas) que relata la conversión de Aseneth y su iniciación mística antes de desposarse con José. Este material debería recibir una mayor atención por parte de los estudiosos miembros de la Iglesia, ya que la riqueza de su contenido es invalorable y los paralelos con las creencias mormonas muy notables.

Los hebreos, según el relato bíblico, vivieron en Egipto por unos 400 años. ¿Podemos mensurar el impacto social y cultural de ese período de convivencia? Para tomar una idea, es equivalente a la duración histórica del Reino de Judá y mayor que la existencia independiente del Reino de Israel. ¿Nos puede parecer extraño que en particular los descendientes de José, una vez cogobernante de Egipto, casado con una egipcia, hayan estimulado tradiciones culturales y formas de escritura que mantuviesen vivo el orgullo y las memorias familiares? ¿Suena descabellado que Labán, un descendiente de José por los lomos de Manases, mantuviese registros personales en una variante del idioma de sus ancestros? ¿Es inconcebible que Lehi, otro descendiente de José, pretendiera hacer lo mismo?

Es cierto que una parte del período mencionado fue en calidad de esclavos de los egipcios por causa de Faraones “que no conocieron a José”, pero cuando llegó el momento de la liberación, nació un niño que fue criado y protegido por la hija de Faraón, quien le puso por nombre Moisés. ¿No habrá sido este Príncipe de Egipto enseñado en las artes y ciencias de su época? ¿No habrá participado del “idioma de los egipcios” a través de su madre adoptiva así como de la “ciencia de los judíos” por vía de su madre natural que funcionó como nodriza?

No sería posible contar la historia de Israel sin José, su salvador y sin Moisés, su liberador. Sin embargo, ambos fueron Príncipes de Egipto en algún momento de sus vidas. Creo que eso también merece nuestra reflexión.

“HISTORIA VERO EST TESTIS TEMPORE… NUNTIA VETUSTATIS”

Los puntos analizados anteriormente nos han puesto frente a la necesidad de precisar si la relación cultural entre Egipto e Israel era posible, plausible y probable para el contexto dado.

Si, como lo pensó Cicerón en De Oratore, la Historia es verdaderamente prueba y testigo de los tiempos y heraldo de la antigüedad, veamos qué tiene para decirnos. Una advertencia adecuada para el correcto acercamiento es que debemos permitir que los antiguos (fuertemente influidos por las formas y tradiciones orales) nos comuniquen sus propias categorías y no intentar imponerles  nuestras propias clasificaciones. Un peligro latente para el lector de textos antiguos es encontrar fáciles paralelos con el mundo moderno y su experiencia personal, mientras que los paralelos deben establecerse con la sociedad y época de donde el texto proviene.

Debemos recordar, por ejemplo, que para esas civilizaciones, los hechos históricos repiten eventos míticos que supuestamente restaurarán la perfecta y original condición de las cosas.

Donald B. Redford es Profesor de Estudios sobre el Cercano Oriente en la Universidad de Toronto. Sus investigaciones demuestran que Israel, encontrándose tan cerca de la costa del Mediterráneo y de los territorios de Africa del Norte se hallaba dentro de la penumbra cultural egipcia y no podía evitar recibir consciente o inconscientemente tales influencias lingüísticas y léxicas.[18] También que hubiese sido muy extraño que Israel y Judá, durante la Edad de Hierro, transcurriesen sus relativamente cortas vidas como estados independientes totalmente aisladas de la influencia irradiada por la más importante nación-estado de la región (Las dos capitales, Jerusalem y Samaria, se encontraban a sólo 440 y 470 Km de Memfis, respectivamente).[19]

Considera además la posibilidad de una conexión fenicia (es decir la aceptación de estilos e influencia egipcia a través del comercio marítimo fenicio con el Nilo). Durante la Edad de Hierro II, Judá y particularmente Israel mantuvieron mucho contacto con ciudades fenicias, lo cual puede constatarse tanto en la arquitectura como en las letras. [20]

El establecimiento del reino de David y Salomón debió contar con modelos de estructura a seguir. Las ciudades estado de los cananeos eran muy simples y pequeñas, de modo que ese modelo fue Egipto. Por tanto, debió haber escribas egipcios en la corte de Jerusalén en capacidad de asesores y consejeros.

Las ciudades fenicias como Byblos poseían egipcios entre sus empleados, lo cual daba prestigio y cierta categoría a la ciudad. En el Relato de Wenamun, tanto un mayordomo, Penamun  como un cantante, Tanno, son egipcios desempeñándose en cortes cananeas. [21]

En noviembre de 1997, en San Franciso, en la reunión anual de la Academia Americana de Religión (AAR) y de la Sociedad de Literatura Bíblica (SBL), el catedrático (no SUD) Nili S. Fox disertó sobre el desarrollo de los numerales hieráticos egipcios usados en textos hebreos por los israelitas entre los siglos noveno y séptimo A.C., haciendo notar que los escribas israelitas estaban muy familiarizados con el sistema de escritura egipcio y que existía una historia de vínculos entre Egipto y Judá e Israel mucho más larga de lo que se pensaba previamente.[22]

 

BREVE CRONOLOGÍA

 

722 a.C.    El Reino de Israel desaparece. Samaria cae frente a Sargon II, rey de Asiria.

705 a.C.    Senaquerib, nuevo rey de Asiria, pone sitio a Jerusalén. Ezequías, rey de Judá, con el consejo de Isaías prepara la ciudad para el sitio y finalmente son liberados.

701 a.C.    Senaquerib vuelve a sitiar Jerusalén y esta vez logra someterla. Del propio registro de su victoria puede leerse:“Ezequías, el judío, temeroso, pidió ayuda a los reyes de Egipto y sus arqueros, a los carros y caballería del rey de Etiopía, un ejército imposible de contar… después de un oráculo favorable dado por Asur, mi señor, les presenté batalla y los derroté en la llanura de Eltekeh. En cuanto a Ezequías, quien no se sometió a mi yugo, puse sitio a 46 de sus ciudades fuertes y a innumerables villas de su vecindad… Me llevé a 200.150 de su pueblo, jóvenes y viejos, varones y mujeres, caballos, mules, asnos, camellos, ganado grande y pequeño imposible de contar, y lo consideré botín. A él lo hice prisionero en Jerusalén, su residencia real, como a un pájaro en su jaula.”..[23]

697 a.C.    Manasés, hijo de Ezequías asume el trono de Judá. Hace lo malo ante Dios. Sigue como tributario de Asiria. Por esta época finaliza Isaías su ministerio. Según Josefo durante el reinado de Manases fueron asesinados muchos profetas (Antigüedades de los Judíos, libro 10 cap. 3)

670 a.C.    Asaradón, sucesor de Senaquerib, ataca y conquista Egipto. Asiria se transforma en el mayor imperio conocido y Nínive, su capital, en la ciudad más grande del mundo. Su sucesor, Assurbanipal, construyó la mayor biblioteca de su época (más de 22.000 tablas de arcilla).

650 a.C.    Aproximadamente en esta época nace Lehi, un descendiente de la tribu de José habitando en Jerusalén.

642 a.C.    Amon sucede a su padre Manases en el trono de Judá. Es asesinado por sus siervos.

639 a.C.    Comienza el reinado justo de Josías.

622 a.C.    Se descubre el libro de la Ley durante una renovación del Templo. Importantes reformas religiosas. Jeremías, Sofonías y Nahum predican al pueblo.

620 a.C.    Probable nacimiento de Nefi, hijo de Lehi.

612 a.C.    Los caldeos unidos a los medos toman Nínive bajo la dirección de Nabopolasar. Fin del imperio asirio. Comienzo del neobabilónico con capital en Babilonia. Egipto recupera su libertad.

609 a.C.    El rey Josías muere enfrentando a tropas egipcias en un confuso episodio. Su sucesor, Joacim, comienza a perseguir a Jeremías, quien predice la destrucción de Jerusalén y la cautividad en Babilonia.

605 a.C.    Nabucodonosor vence a los egipcios en Carquemis. Joacim se rebela. Jerusalén es saqueada y varios miles deportados (entre ellos Daniel y Ezequiel). Probable prédica de Habacuc en Judá. Joaquín, hijo de Joacim, lo sucede en el trono

601 a.C.    Después de tres años de tributar a Babilonia Joaquín se rebela. El faraón Neco lo apoya con un ejército que vence a Nabucodonosor.

598 a.C.    Los neobabilonios  ponen sitio a Jerusalén. Colocan a un nuevo rey “títere”, el tío de Joaquín, Matanías, cuyo nombre es cambiado a Sedequías (Sedecías). Lehi y otros profetas ministran al pueblo. Finalmente Lehi y su familia parten hacia el desierto.

588 a.C.    Destrucción de Jerusalén. Sedequías es cegado y llevado a Babilonia. Los egipcios envían un ejército en ayuda pero sólo logran distraer a los babilonios temporalmente. El remanente judío que no fue deportado termina huyendo a Egipto.

Tal cual lo señala el anterior esquema diacrónico, el pueblo judío siempre tuvo a Egipto como referente. Su calidad pudo variar entre la penumbra cultural, la alianza o el imperio dominante, pero las preferencias frente a los asirio-babilonios eran claras.

Según Hogarth, Egipto ejercía tres grados de imperio: el primero, la fuerza bruta; el segundo, el temor a una reconquista que una pequeña guarnición y el prestigio del conquistador mantenían vivo, y tercero, nada más una esfera de influencia exclusiva, sin presencia militar, de la que se esperaba el pago de tributos y que solía ser intermitente.

Aunque, para el período que nos ocupa, Egipto comenzaba a declinar en su grandeza, la influencia cultural (única que finalmente nos preocupa para el presente trabajo) aún permeaba la civilización hebrea tal como lo venía haciendo desde siglos atrás.

“LA CIENCIA DE LOS JUDIOS Y EL IDIOMA DE LOS EGIPCIOS”

Habiendo utilizado algunas referencias históricas para demostrar que la relación judeo-egipcia existió de manera fluida y que era por lo tanto más que probable para el período y entorno considerado, deberemos ahora plantearnos qué vestigios de esa relación es posible rastrear en el Libro de Mormón a pesar de los procesos de selección, condensación y traducción por los que  pasaron los anales.

En el primer capítulo del Libro de Mosíah, cuando ya han transcurrido más de cuatro siglos de la partida de Jerusalén, se nos explica que Mosíah, Helorum y Helamán, los hijos del rey Benjamín:

“fueron instruidos en todo el idioma de sus padres, a fin de que así llegaran a ser hombres de entendimiento; y que supiesen concerniente a las profecías que habían sido declaradas por boca de sus padres, las cuales les fueron entregadas por la mano del Señor (v.2)

Y también los instruyó con respecto a los anales que estaban grabados en las planchas de bronce… (v.3)

… porque (nuestro padre Lehi) habiendo sido instruido en el idioma de los egipcios, él pudo leer estos grabados y enseñarlos a sus hijos, para que así éstos los enseñaran a sus hijos, y de este modo cumplieran los mandamientos de Dios, aun hasta el tiempo actual.” (v.4)

En estos pasajes obtenemos información muy importante: 1) La confirmación de que Lehí había recibido instrucción en egipcio, lo cual estaba sólo sugerido en la introducción de 1 Nefi. 2) Que las planchas de bronce estaban escritas en egipcio o alguna de sus transliteraciones. 3) Que aparentemente éstas fueron el modelo a seguir en la constitución del resto de las planchas tanto en la forma como el grafolecto, aunque no en el material.

La referencia a “todo el idioma” pareciera incluir mucho más que el simple aprendizaje de la lengua oral materna. Es, sin duda, una mención a la escritura y a todos los modos y formas culturales que la acompañaban. El “todo” podría indicar también que estos príncipes recibían una instrucción superior a la normal, la cual consistiría sólo en “algo”. Esta idea se fortalece cuando analizamos que el objeto de su aprendizaje era a) ser hombres de entendimiento y b) saber concerniente a las profecías. Pero ya Nefi nos había advertido que esto último no podía lograrse “salvo que sean instruidos conforme a la manera de las cosas de los judíos” pues “no hay ningún otro pueblo que entienda como ellos las cosas de los profetas”. (2 Nefi 25:5) Tanto “las maneras” como “las cosas” parecen referirse a algo más que el idioma en que fueron escritas. Se aplicaría más bien a modos, estructuras, claves de interpretación, símiles y entornos culturales.

Coincidencias Onomásticas

Los nombres tienden a ser las palabras más arcaicas, fuera de uso e intraducibles de todo idioma. En ocasiones no sólo identifican a un individuo sino también a su habitat, su lugar de origen o su función social .[24]Que el propio nombre de Nefi es de origen egipcio puede constatarse en la aparición de la misma raíz en otros como Nefertiti o Nefertari. Una de las etimologías propuestas para su origen es NFR. Como sabemos, los semitas poseían un alfabeto consonántico, es decir que no escribían las vocales sino que éstas se agregaban en la lectura. Por lo tanto, hay cierta imprecisión con respecto a las vocales utilizadas, las cuales deben deducirse de los usos en idiomas derivados del egipcio o de la similitud con palabras que puedan ser constatadas científicamente. Para la época de Lehi dicha raíz se pronunciaba “nefe” o “nefi” (NEH-fee), ya que la R final había caído hacía tiempo mientras que las vocales adecuadas surgen de las transliteraciones de la palabra al copto y al arameo. [25]

El significado en egipcio es “bueno” en su función adjetiva y como sustantivo denota “bondad”. Si ese es el origen etimológico del nombre del primer escritor del actual Libro de Mormón, entonces hay alguna evidencia interna de su origen egipcio. Volviendo a 1 Nefi 1:1 (tan citado pero aún deparándonos sorpresas):

“Yo, Nefi, nací de buenos padres y recibí, por tanto alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre; y habiendo conocido muchas aflicciones durante el curso de mi vida, siendo no obstante, altamente favorecido del Señor todos mis días; sí, habiendo logrado un conocimiento grande de la bondad y los misterios de Dios, escribo, por tanto, la historia de los hechos de mi vida”.

Este juego de palabras con el nombre de Nefi hace que el pasaje cobre un nuevo significado, se revista de belleza poética y nos permita vislumbrar el grado de antigüedad y complejidad textual que estamos enfrentando.

Cuando Helamán instruye a sus hijos Nefi y Lehi, a quienes ha nombrado así en memoria de sus antepasados, les dice claramente:

“He aquí, os he dado los nombres de nuestros primeros padres que salieron de la tierra de Jerusalén; y he hecho esto para que cuando recordéis vuestros nombres los recordéis a ellos; y cuando os acordéis de ellos, recordéis sus obras; y cuando recordéis sus obras, sepáis por qué se dice y también se escribe, que eran buenos.

Por lo tanto, hijos míos, quisiera que hicieseis lo que es bueno, a fin de que se diga, y también se escriba, de vosotros, así como se ha dicho y escrito de ellos” (Helamán 5:6-7)

Estos versículos, que constituyen una variedad de quiasmo al que se llega por un paralelismo de climax o escalera, tienen su centro en el concepto “bueno”, el cual, no casualmente, repite el nombre de Nefi. [26]

Otros nombres propios que muestran una marcada influencia egipcia son los siguientes [27](se ha mantenido la grafía del Libro de Mormón en inglés, cuya pronunciación se acerca más al original semítico):

LIBRO DE MORMON

 

ANTIGUO EGIPTO

AHA, un oficial militar nefita hijo de Zoram. AHA, uno de los primeros Faraones. Su nombre significa “guerrero”.
AMINADAB, misionero nefita en la época de los jueces. AMANATHABI, comandante de una ciudad cananita bajo dominio egipcio.
AMMON, uno de los nombres más comunes en el Libro de Mormón AMMON, uno de los nombres más comunes en el Imperio Egipcio. Corresponde al gran dios universal.
CAMENI-HAH, Un general nefita. KHAMUNI-RA, Un nombre personal del período Amarna.
CEZORAM, Juez principal de los nefitas. CHIZIRI, Gobernador egipcio de una ciudad siria.
GIDDONAH, Un Sumo Sacerdote que juzgó a Korihor y también el padre de Amulek. DJI-DW-NA, El nombre egipcio de Sidon.
GIDDIANHI, Jefe de los ladrones. DJHWTI-ANKHI, Nombre egipcio con el significado de “Thoth es mi vida”.
GIDGIDDONI y GIDGIDDONAH, Dos Generales nefitas. DJED-DJHWT-IW-F y DJED-DJHWTI-IW-S, nombres propios egipcios con el significado de “Thoth ha dicho: él vivirá” y “Thoth ha dicho: ella vivirá” respectivamente. Según este patrón los nombres nefitas significarían “Thoth ha dicho: viviré” y “Thoth ha dicho: viviremos” respectivamente.
HEM, hermano de Ammon. HEM, significa “siervo”, en particular de Ammon, como en el título Hem tp n ‘Imn, “jefe de los siervos de Ammon” otorgado al sumo sacerdote de Tebas.
HELAMAN, uno de los grandes profetas nefitas. HER-AMON, “en la presencia de Amon” como en el nombre propio egipcio Heri-i-her-imn. La “l” semita se escribe a menudo “r” en egipcio pues no posee la “l” y viceversa.
HIMNI, uno de los hijos del rey Mosiah. HMN, uno de los nombres del dios halcón egipcio, símbolo del emperador.
KORIHOR, un agitador político que fue capturado por el pueblo de Ammon. KHERIHOR (también escrito Khurhor) sumo sacerdote de Ammon que capturó el trono de Egipto en Tebas alrededor del 1085 A.C.
MATHONI, uno de los discípulos nefitas. MAITENA, MATTENOS, dos jueces de Tyro, los que en diferentes momentos se autoprocla-maron reyes, posiblemente bajo los auspicios de Egipto.
MORIANTON, nombre tanto de una ciudad nefita como de su fundador. MERIATON y MERIAMON, nombres de príncipes egipcios que significan “Amado por Aton” y “Amado por Amon” respectivamente.
PAANCHI, hijo de Pahoran y pretendiente del asiento judicial. PAANCHI, hijo de Kherihor. Gobernador del sur que conquistó todo Egipto y fue sumo sacerdote de Amon en Tebas.
PAHORAN, juez superior de los Nefitas. Tuvo un hijo del mismo nombre. PA-HER-AN, Embajador de Egipto en Palestina, donde su nombre aparece “reformado” como Pahura. En egipcio, la forma Pa-her-y significa “el Sirio” o Asiático.
PACUMENI, hijo de Pahoran. PAKAMEN, nombre propio egipcio que significa “ciego”. También se presenta como Pamenches (Pachomios en griego), comandante del sur y sacerdote de Horus.
PACHUS, líder revolucionario que usurpó el trono. PA-KS y PACH-QS, nombre propio egipcio. Compárese con Pa-ches-i, “él es alabado”.
SAM, hermano de Nefi. Una forma egipcia de Sem. SAM TAWI, en egipcio “unificador de los territorios”, título asumido por el hermano de Nehri al asumir el trono.
SEEZORAM y ZEEZROM, un juez malvado y un abogado respectivamente. ZOSER, ZESER, gobernante de la Tercera Dinastía.
ZEMNA-RI-HAH, Jefe de los ladrones. ZMN-HA-RE, nombre propio. Presenta los mismos elementos constitutivos que la versión nefita pero en diferente orden, una práctica común entre los egipcios.
ZENIFF, dirigente de una colonia nefita. ZNB, SNB, elemento muy común en los nombres propios egipcios. Por ejemplo: Senep-ta.
ZENOCH, un antiguo profeta hebreo, según los registros nefitas. ZENEKH, nombre propio egipcio. Dios serpiente.

El nombre Mormon podría haberse formado por la combinación de dos antiguas palabras egipcias: mor (amor) y mon (establecido por siempre). Si tal fuese el caso, significaría “amor establecido por siempre”, lo cual lo acerca a la declaración de Pablo, probablemente tomada de fuentes más antiguas, de que “el amor nunca deja de ser”. Una prueba adicional que fortalece esta interpretación semántica está dada por los caracteres copiados por Frederick G. Williams, segundo Consejero del Profeta, de los símbolos que Joseph Smith le declaró que representaban el nombre de Mormón en las planchas de oro. Son los siguientes

Los jeroglíficos egipcios para las partículas mor y mon serían:

Tomando en cuenta que el ‘egipcio reformado’ era una simplificación del egipcio, y no particularmente del jeroglífico sino de las ya economizadas variantes hierática o demótica, las similitudes no dejan de ser llamativas. [28]

Mosiah, el gobernante y profeta americano, también pareciera poseer un nombre formado por la raíz hebrea Yah (simplificación poética de Yahweh, el Señor) y el egipcio mos (ha nacido), por lo que se constituiría en una designación de carácter profético.[29]

No estamos considerando la gran cantidad de nombres de origen exclusivamente hebreo que surgen en las páginas del Libro de Mormón, muchos de ellos no bíblicos, ya que excederían los propósitos del presente estudio, baste decir que, de los 337 nombres propios que aparecen, 149 son comunes a la Biblia y el Libro de Mormón mientras que 188 son exclusivos del Libro de Mormón. De estos últimos 142 son de origen Lehita-Mulekita, 41 Jareditas y sólo 5 comunes a ambos grupos. [30]  El onomasticón Jaredita no se contempla aquí pues su antigüedad es mayor que la de Egipto y no se relaciona con esa civilización si bien sus raíces parecen indicar una proveniencia protosemítica.

El caso de Sam, hermano de Nefi, es un buen ejemplo de los vaivenes de la investigación. Por más de un siglo dicho nombre fue objeto de ridiculización pues era un claro “anacronismo”, ya que “todos saben” que Sam es la abreviatura anglosajona de Samuel y “nadie” en la antigüedad hubiera usado esa moderna versión. Hoy “todos saben” que Sam es una forma árabe y egipcia de Sem  [31]

Coincidencias Toponímicas

Las similitudes se extienden también a ciudades y regiones geográficas. Por ejemplo, Ammoni-hah tiene su correlativo en Ammuni-ra, príncipe de Beirut bajo la tutela egipcia.

Gimgim-no podría ser la ciudad de Gimgim si lo comparamos con la bíblica No-Amon (ciudad de Amon).

Manti, que da nombre tanto a una ciudad, un territorio y una colina en el Libro de Mormón, es la forma semítica de un nombre propio egipcio (por ejemplo: Manti-mankhi, príncipe del Alto Egipto que vivió alrededor del 650 A.C.) el cual, a su vez, proviene del uso tardío del apelativo Month o Montu. A este dios se había dedicado la ciudad de Hermonthis.

Dicha ciudad, Iunu-Montu para los egipcios, Hermontis para los griegos, Ermont para los coptos, aparece en el Libro de Mormón como Hermounts, un desierto al norte y al oeste de Zarahemla poblado por animales salvajes.

La raíz arábica NHM tiene el significado de suspirar o lamentar y siempre se expresa en la tercera persona, acompañando a alguien. Por tanto no debe extrañarnos la aparición de Nahom a la muerte de Ismael, aunque en el Libro de Mormón no aclare su semántica:

“Y aconteció que murió Ismael, y fue enterrado en el lugar llamado Nahom. Y sucedió que las hijas de Ismael se lamentaron sobremanera a causa de la muerte de su padre…(1 Nefi 16: 34-35)

El pasaje es llamativo también por otros dos motivos: 1) en el Medio Oriente la función de lloro y lamento ante la muerte es una prerrogativa femenina y en ese aspecto existe una total coherencia entre el texto y las costumbres del desierto al decir que “las hijas de Ismael se lamentaron”. 2) Existe en la Península Arábica una región tribal aún conocida como Nehem. Es el único lugar que ha preservado la raíz NHM (la cual se pronuncia en todas sus variantes: Nahm, Nehem, Nihm, etc) y se encuentra a unas veinticinco millas al noreste de Sana’a, capital de Yemen. El lugar aparece en mapas que llegan al año 600 d.C. Pero el actual Nehem incluye un área tradicional de entierros, algunas de cuyas tumbas datan de tiempos neolíticos. Esto confirmaría la expresión “fue enterrado en el lugar llamado Nahom”, que nos transmite una idea de existencia previa y función ritual, así como explicaría la ausencia de “al que llamaron Nahom”, que sí ocurre en otros pasajes equivalentes. Además, el valle de Jawf, donde Nehem se halla enclavada, es el sitio en el que la antigua ruta del incienso se aparta del Mar Rojo y se dirige al Este, al igual que lo hace la colonia de Lehi en ese punto.

Otras coincidencias léxicas

Liahona es un vocablo hebreo con terminación egipcia.

L es una preposición hebrea que significa ‘a’, y a veces se usa para expresar el posesivo, Iah es una forma abreviada de ‘Jehová’, y algo común en los nombres hebreos. On es el nombre hebreo del egipcio ‘ciudad del Sol’ … L-iah-on significa literalmente, entonces, ‘a Dios es luz’, o, ‘de Dios es la luz. Es decir, Dios da luz, tal como la da el sol. La a final nos recuerda que la forma egipcia del nombre hebreo On es Annu, y ésa parece ser la forma que usó Lehi…(El) dio a la esfera de metal un nombre conmemorativo de una de las grandes experiencias de su vida… Y, además, fue un nombre que nadie sino un hebreo devoto influido por la cultura egipcia hubiera pensado”. [32]

Irreantum, las “muchas agues” mencionadas en 1 Nefi 17:5 parece relacionarse con Iaru, el nombre que los egipcios daban al Mar Rojo. Los grandes cuerpos de agua se denominaban Iny-t. J.R. Towers, Journ. Near Eastern Studies, 18, 1959, pages 150-3.).

Coincidencias Estructurales y estilísticas

Sboyet

El sboyet (enseñanza en egipcio) es una forma de composición en la que un sabio (padre, rey, o superior) dirige un discurso que incluye un cierto rasgo de sabiduría, a un subordinado (hijo, súbdito, aprendiz, etc). Por lo tanto el sboyet  será siempre un monólogo, didáctico y preceptivo. La fórmula es “si (tu eres…) mejor es … que (en vez de)” [33]

Es interesante observar que Lehi utiliza la forma preceptiva del sboyet cuando establece comparaciones entre Lamán, Lemuel y el medio que los rodea en el capítulo 2 de 1 Nefi.:

A Lamán: “¡Oh, si fueras semejante a este río, fluyendo continuamente en la fuente de toda rectitud!” (vers. 9)

A Lemuel: “¡Oh, si fueras tú semejante a este valle, firme, constante e inmutable en guardar los mandamientos del Señor!” (vers.10)

El pasaje es indudablemente monológico (no nos es dado escuchar respuestas de la otra parte), didáctico (es una ocasión de enseñanza), preceptivo (hay reprensión y señalamiento de la pauta correcta), formulaico (si en vez de … fueras como…) y con una clara relación de superior a subordinado (padre a hijos). Los mismos rasgos reaparecen en la despedida de Lehi (2 Nefi cap 1 al 3). Sin duda, parte del enojo de Lamán y Lemuel con su hermano menor estribaba en el hecho de que se permitía utilizar con ellos formas preceptivas sin que la relación formal superior-inferior estuviese cumplimentada. El hombre ideal (silencioso, paciente, obediente), el castigo como herramienta pedagógica y el oído como receptor de la instrucción se encuentran tanto en Egipto como en Israel.[34]

 Estructuras formulaicas

Anteriormente (ver mi ensayo “Con toda la claridad de la palabra, relaciones de tensión entre oralidad y escritura en el Libro de Mormón”) he señalado la aparición de fórmulas mnemónicas relacionadas con la oralidad, particularmente la secuencia oro, plata y otros objetos preciosos.

“Y sucedió que descendimos a la tierra de nuestra herencia y recogimos nuestro oro, y nuestra plata y todos nuestros objetos preciosos(I Nefi 3:22)

“…a cambio de las cuales le entregaríamos nuestro oro, y nuestra plata, y todas nuestras cosas preciosas... (1 Nefi 3:24)

Es curioso que dicha secuencia aparece reiteradamente en textos egipcios como la Estela del supervisor del tesoro Iyjerneferet:

70:16 … supervisor de las dos casas del oro, supervisor de las dos casas de la plata y supervisor del tesoro Iyjerneferet, señor venerable…

71:5  … he construido para él la capilla portátil, ‘la que ensalza la belleza de aquel que está al frente de los occidentales’ con oro, plata, lapislázuli, bronce, madera noble y madera ‘meru’.

Paralelismo invertido (quiasmo)

El típico esquema AB-BA forma parte de la literatura egipcia. En los Textos de las Pirámides (Texto 219) se lee:

Cuando tu partes, este Rey Unas parte;

Cuando el Rey Unas parte, tu partes.

Con diversos grados de complejidad el mismo esquema aparece repetidamente en el Libro de Mormón. Por ejemplo, Alma 13:2-3

Para recibir la redención

Fueron ordenados

Habiendo sido llamados y preparados

Por causa de su fe excepcional

Escoger el bien o el mal

Habiendo escogido el bien

Ejercido una fe sumamente grande

Son llamados por un santo llamamiento

Sí, con ese santo llamamiento

Con una redención preparatoria

Duplicación

Frases que repiten el mismo concepto, de diferente modo, duplicándolo, como en el Diálogo del desesperado con su alma, de Egipto

A quién hablaré hoy?

Los hermanos son malos

Y no es posible querer a los amigos de hoy

Y el texto de 1 Nefi 1:15

porque su alma se regocijaba

y todo su corazón estaba enchido

Repetición

Comparemos las egipcias Lamentaciones de Isis (Pag. 57)

Ven a tu casa,

Ven a tu casa de Heliopolis,

Ven a tu casa, pues tus enemigos no están más.

Oh! Hermoso ejecutante del sistro, ven a tu casa

Con  Alma 48: 11-13

Y era Moroni

Un hombre fuerte y poderoso,

Un hombre de un entendimiento perfecto;

Sí, un hombre que no se deleitaba en derramar sangre;

Un hombre cuya alma se regocijaba en la libertad e independencia …

Sí, un hombre cuyo corazón se henchía de agradecimiento a su Dios …;

Un hombre que trabajaba en gran manera por el bienestar … de su pueblo.

Sí, y era un hombre firme en la fe de Cristo

Es de observar el ‘sí’ enfático que se repite intercaladamente. El anterior, además de constituirse en un buen ejemplo de repetición es un ejemplo también de elipsis, ya que el sujeto y el verbo están elididos (‘era Moroni’) en todas las oraciones y cláusulas salvo en la última de la serie en la que sólo el verbo reaparece. Este tipo de elisión de sujeto y verbo se encuentra en los “Textos de las Pirámides” y en el “Himno de Victoria de Thutmosis III”:

Yo he venido

 para hacer que tu pisotees a los grandes de Djahi,

                              Para que ellos se tiendan bajo tus pies, a lo largo y lo ancho de tus países,

                              Para que ellos vean a Tu Majestad como Señor del rayo solar.

El ejemplo de Alma 48 también nos enfrenta con otro aspecto de la poesía egipcia: su cantidad de versos coincidía con los números que consideraban sagrados, particularmente el 7. ¿Es un resabio de esas influencias estilísticas que sean precisamente 7 los rasgos de virtud que se le asignan al Capitán Moroni en el pasaje antedicho?

¿Lo son también las 7 preguntas retóricas consecutivas de Alma 5: 53-55?

¿Podéis resistir estas palabras?

Sí, ¿podéis desechar estas cosas …?

Sí, ¿podéis inflaros con el orgullo…?

Sí, ¿persistiréis aún en usar ropas costosas…?

Sí, ¿persistiréis en suponer que unos sois mejores que otros?

Sí, ¿persistiréis en perseguir a vuestros hermanos…?

Sí. ¿persistiréis en volver vuestras espaldas al pobre…?

Por todo lo expuesto anteriormente es que el profundo análisis intratextual e intertextual del Libro de Mormón parece un procedimiento rico en hallazgos y altamente productivo como para continuar trabajando en él. En el presente esbozo sólo se ha intentado indicar algunos de los senderos que deberán transitarse. Todos conducen a la casa del herrero de las Mil y una Noches

Mario R. Montani

MRM/NOPCNL 2008


[1]   Sperry, Sidney, The Spirit of the Old Testament, Salt Lake City, LDS Department of Education, 1940, p. 52

[2]   Ramussen, Ellis T. , Sidney B. Sperry: Student of the Book of Mormon,

[3]   Welch, John W., “Hugh Nibley and the Book of Mormon”, Ensign, Abril 1985, pag. 50

[4]   Peterson, Daniel C. “Mas evidencias para el Libro de Mormón”, Liahona Septiembre 2000 pag. 28-35

[5]   Mosser, Carl & Owen, Paul, “Mormon Scholarship, Apologetics, and Evangelical Neglect: Losing the Battle and Not     Knowing?”, Trinity Journal, fall 1998, 179-205

[6]   Forbes, Dennis “Cairo Museum in Possession of a Quantity of Gold Foil Which Once Partially Lined the Lid of the Coffin from KV55,” KMT: A Modern Journal of Ancient Egypt 12 (summer 2001): 19-25.

[7]   Rollo del Templo, 11QT 52:13-16.

[8]   Shemesh, Aharon,”‘Three-Days’ Journey from the Temple’: The Use of this Expression in the Temple Scroll,” Dead Sea Discoveries 6/2 (1999): 126-38; también, “A New Reading of Temple Scroll 52:13-16. Does this Scroll Permit Sacrifices Outside the Land of Israel?” Proceedings of the International Congress, Fifty Years of the Discovery of the Dead Sea Scrolls, ed. Lawrence H. Schiffman, Emanuel Tov, y James C. Vanderkam (Jerusalem: Israel Exploration Society, 2000), 400-410.

[9]   Papiro P13495, en arameo, actualmente en  el Staatliche Museen, Berlin, Ver Peterson, Daniel C. , 1 Nefi 1-7.

[10]   Charalambou, Demetrio, Corresponsal para América Latina de Imago Mundi, en Suplemento Ideas- Imágenes Nro.147 de La Nueva Provincia.

[11]   Cowan, Marvin W., Mormon Claims Answered, Salt Lake City, Utah Lighthouse Ministry, 1997, Cap. 4.

[12]   Ankerberg, John  & Weldon, John , Everything You Ever Wanted to Know about Mormonism, Eugene; OR Harvest House, 1992 p. 294-295.

[13]   Nims,Charles F.  y Steiner, Richard C., “A Paganized Version of Psalm 20:2-6 from the Aramaic Text in Demobc Script,” Journal of the American Oriental Society 103 (1983): 261-74; Richard C. Steiner, “The Aramaic Text in Demotic Script: The Liturgy of a New Year’s Festival Imported from Bethel to Syene by Exiles from Rash,” Journal of the American Orientnal Society 111/2 (1991): 362-63

[14]   Josefo, Contra Apion I, 136-137.

[15]   McGuire, Ben, Did Lehi Use Egyptian? Examining Jewish-Egyptian Relations in the Seventh Century B.C., FAIR on line, 2000, pag. 4-5.

[16]   Buttrick,George A., ed., The Interpreter’s Dictionary of the Bible [IDB], 4 vols. y suplemento, Nashville: Abingdon, 1962-1976, 4:758

[17]   Romney, Richard M. “Lands of Pharaohs”, Tambuli Oct. 1990, pag. 35.

[18]   Redford, Donald B., “Egypt, Canaan, and Israel in Ancient Times”, Princeton University Press, Princeton, New Jersey, 1992, pag. 386.

[19]   Idem anterior, pag. 365.

[20]   Idem anterior, pag. 366

[21]   Gardiner, A.H., Late Egyptian Stories, Bruselas, 1931, pag. 60-70. Otros músicos egipcios en Canaan aparecen en H. Hickman, “Le metier de musicien au temps des pharaons, Paris, 1954, 286-87.

[22]   Ver Insights Feb. 1998, publicación de FARMS.

[23]   ANET 287-288 citado en Pritchard, James B.. The Ancient Near East, Princeton, New Jersey, Princeton University Press, 1958, pag. 199-200.

[24]   Ensign, Mar. 1978, p. 76

[25]   Gee, John, “A Note on the Name Nephi,” Journal of Book of Mormon Studies 1/1 (1992): 189-91; y “Four Suggestions on the Origin of the Name Nephi,” in Pressing Forward with the Book of Mormon, ed. John W. Welch y  Melvin J. Thorne (Provo, Utah: FARMS, 1999), 1-5.

[26]   Bowen, Matthew L., Internal Textual Evidence for the Egyptian Origin of Nephi’s Name, Insights 2002 Vol. 11, FARMS, Provo, Utah.

[27]   Nibley, Hugh, Collected Works, Vol.5, Part.1, Ch.2 y Reynolds, George, A Dictionary of the B. of Mormon, SLC, Utah, 1929.

[28]   Urrutia, Benjamin, “The Name Connection,” New Era, June 1983, 39

[29]   Urrutia, Benjamin, idem anterior.

[30]   Hoskisson, Paul Y. “Una introducción a la importancia de una metodología para el estudio de los nombres propios del Libro de Mormón.” En By study and also by Faith, ed. J. Lundquist y S. Ricks, Vol.2, pp. 126-35. , 1990 Salt Lake City.

[31]   Reifenberg, A. Palest. Explor. Fund Quart. 1943, p.102, S.E. Cook, P.E.F.O. 1907, p.68. S.K.R., Glanville, “The Letters of Ahmose of Peniate,” Journ. of Egypt. Arch. Vol.14, p.304 linea 10. Y: H.E. Winlock, “The llth Egyptian Dynasty” Journ. of Near East Studies, II, 1943, p.266.

[32]   Reynolds, George y Sjodahl, Janne M., Commentary on the Book of Mormon, Philip C. Reynolds, editor, Salt Lake City, Deseret Book Co. 7 tomos, 1955-1961,  4: 178-179

33 -Donald B. Redford “Egypt, Canaan and Israel in ancient Times (Profesor de Estudios sobre Cercano Oriente de la Universidad de Toronto) 1992, Princeton University Press, princeton, New Jersey, p. 392

[34]   Whybray, Wisdom, 59-61; 65-67