“Os hablo como si os hallaseis presentes…” El Libro de Mormón y sus posibles lectores – Tercera Parte

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“Os hablo como si os hallaseis presentes…”

EL LIBRO DE MORMON Y SUS POSIBLES LECTORES

Tercera Parte

Mormón y las planchas por Tom Lovell

Mormón y las planchas por Tom Lovell

Por Mario R. Montani

Por lo visto en las partes previas del presente artículo puede deducirse que la lectura del Libro de Mormón se ha dado, a lo largo de los últimos 180 años, entre diferentes pueblos, lenguajes y momentos históricos. Esas cambiantes circunstancias sin duda han modificado y enriquecido las lecturas de este tomo de las Escrituras. En el tramo final del trabajo, consideraremos las variantes en los modos de lectura que han surgido por el paso del tiempo.

Es un hecho que la traducción de las planchas de oro se dio durante el apogeo del Romanticismo dentro del mundo occidental, es decir, lo que el propio registro identifica como “naciones de los gentiles”. Si bien el movimiento Romántico se inició a fines del siglo XVIII en Alemania e Inglaterra, para comienzos del XIX se había extendido a toda Europa y las Américas. Marcó una abrupta ruptura con la Ilustración y el Clasicismo en los que predominaba la razón y las normas rígidas para dar paso a las emociones y la liberalidad formal. Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne, James Fenimore Cooper y Washington Irving fueron algunos de los escritores contemporáneos de Joseph Smith que participaron de tal movimiento cultural.

La exaltación del yo, el subjetivismo, los misterios del subconsciente, la reivindicación del pasado y lo exótico como formas evasivas del presente, los héroes rebeldes e inconformistas, la melancolía en los paisajes, todo esto impregnaba el nuevo gusto. Había una fascinación por lo nocturno, las ruinas de civilizaciones anteriores, lo sepulcral, lo paranormal, los castillos abandonados (variante denominada ‘gótica’, que aún sobrevive) y la naturaleza podía ser descontrolada (tormentas, mares embravecidos) pero también un espacio para la contemplación y las experiencias espirituales o sobrenaturales. Las normas de los géneros ya no se respetaban como en el período anterior.

Frank Weston Benson (1862-1951) Figura en el cuarto

Frank Weston Benson (1862-1951) Figura en el cuarto

Al señalar estas características no estoy insinuando la inscripción de Joseph Smith, Jr como autor en ese movimiento, ya que su trabajo fue el de un traductor, reelaborando un texto pretérito, sino que los lectores contemporáneos de la obra se ajustaban a ese tipo de paradigma.

La figura del Autor fue supremamente elevada durante el Romanticismo. Se trataba de un Genio, un ser inspirado, quien, como dios en miniatura, daba vida a personajes y situaciones.

La irrupción de la ciencia y la tecnología en la vida diaria a partir de mediados del siglo XIX, los logros sociales, el mejoramiento de los estándares de vida, no sólo produjeron nuevas y mayores generaciones lectoras sino modos alternativos de escudriñar los textos. Movimientos como el formalismo, el estructuralismo, el post estructuralismo, intentaron definir esos modos. En la actualidad, bajo el amplio paraguas de ‘posmodernidad’ se sitúan una gran cantidad de variantes que han afectado y continúan afectando nuestra forma de percibir el mundo y las producciones artísticas.

Volvemos a la pregunta inicial ¿Tuvieron en cuenta los escritores y compiladores de las planchas las nuevas sensibilidades de lectura que aparecerían cuando nos ‘hablaban como si estuviésemos presentes’? ¿Es posible una lectura posmoderna del Libro de Mormón?

James McNeill Whistler (1834-1903) La Novela

James McNeill Whistler (1834-1903) La Novela

Algunos rasgos de la posmodernidad:

Existe diálogo intertextual: Los textos están conscientes de otros textos y entran permanentemente en contacto con ellos. El Libro de Mormón lo hace de modo constante. Las planchas de bronce son el gran hipotexto de las planchas de Nefi y sus continuadores. Tenemos referencias directas a Isaías (1 Nefi cap. 20 y 21; 2 Nefi cap. 6 al 27). Las alusiones a Moisés y otros profetas del Antiguo Testamento son comunes:

“Subamos pues, y seamos fuertes como Moisés; porque él de cierto habló a las aguas del Mar Rojo y se apartaron a uno y otro lado, y nuestros padres salieron de su cautividad sobre tierra seca, y los ejércitos de Faraón los persiguieron y se ahogaron en las aguas del Mar Rojo” (1 Nefi 4:2)

“Vosotros sabéis que los hijos de Israel se hallaban en la esclavitud; y sabéis que estaban sobrecargados con tareas gravosas de soportar… Y vosotros sabéis que Moisés recibió del Señor el mandamiento de hacer esa gran obra… y también sabéis que los hijos de Israel fueron alimentados con maná en el desierto. Sí, y también sabéis que Moisés, por su palabra, según el poder de Dios que había en él, hirió la roca, y salió agua, para que los hijos de Israel calmasen su sed…” (1 Nefi 17: 25-29)

“Y también las palabras que habló este hombre, Moisés, a quien le fue dado tanto poder… Sí, ¿no testificó él que vendría el Hijo de Dios? Y así como él levantó la serpiente de bronce en el desierto, así será levantado aquel que ha de venir”. (Helamán 8:13-14)

Abraham es mencionado en Helamán 8: 17-18 y Melquisedec en Alma 13: 17-19. Hay referencias a Adán en más de 20 ocasiones. José de Egipto y sus hijos, Efraín y Manasés, aparecen a menudo. Lehi cita una profecía de José (2 Nefi 3) que no aparece en nuestras actuales Biblias. Jeremías es reconocido (1 Nefi 5: 13).

Profetas extra canónicos son mencionados abundantemente. Zenos (Jacob 5, 1 Nefi 19: 10,12,16, Alma 33: 3,13,15, Alma 34: 7, en voz de Amulek, Helaman 15:11, en voz de Samuel el Lamanita y 3 Nefi 10:16, en voz de Mormón). Zenoc, por Nefi, Alma, Amulek y Mormón y Ezías por Helamán.

Las planchas antiguas conteniendo la historia de los jareditas, también poseen connotaciones referenciales. Moroni, nos cuenta algo a lo que no tenemos acceso textual pero podemos inferir intertextualmente:

“porque el hermano de Jared dijo al monte de Zerín: ¡Apártate!; y se apartó…” (Eter 12:30)

¿Dónde está la referencia a ese evento? En otro texto al que no tenemos acceso…

Las citas mencionando a Jesucristo, María, Nazaret (Mosiah 3:8; Alma 7:10; 1 Nefi 11:13-21) o Juan, el Revelador (1 Nefi 14:27, 3 Nefi 28:6, Eter 4:16), si bien parecieran anacrónicas, establecen un directo contacto intertextual con el Nuevo Testamento. Alma 5: 52 parece contactarse con Mateo 3:10; Mosiah 16:10 con 1 Corintios 15:53 y 2 Nefi 9:39 con Romanos 8:6. O ambos están citando fuentes anteriores no disponibles para nosotros hoy.

Libros de Alois Heinrich Priechenfried (1867-1953)

Libros de Alois Heinrich Priechenfried (1867-1953)

Hay una multiplicidad de lenguajes e interlocutores: El lenguaje es un tema central del Libro de Mormón, desde su primer versículo:

“… y recibí, por tanto, alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre…” (1 Nefi 1:1)

Lehi y Nefi conocen el egipcio, idioma en el que se encuentran escritas las planchas de bronce:

“porque no habría sido posible que nuestro padre Lehi hubiese recordado todas estas cosas… porque habiendo sido instruido en el idioma de los egipcios, él pudo leer estos grabados”. (Mosiah 1:4)

Las varias referencias al hebreo parecen marcar una tensión entre el idioma coloquial utilizado por los miembros de la colonia y el escrito (egipcio reformado) que se ven obligados a utilizar por un problema técnico de medios disponibles.

Las 24 planchas halladas por la expedición de Limhi (Mosiah 8:29), y cuyo resumen constituye el actual Libro de Eter, estaban escritas en otro antiguo idioma, presumiblemente adámico o al menos pre babélico.

Los Mulekitas habían desarrollado su propio dialecto basado en el hebreo pero tornado incomprensible para los descendientes de Lehi. De modo que sí, el Libro está plagado de lenguajes.

Un análisis detallado y computarizado de los textos revela también estilos y formas que son característicos de los diferentes autores. Podríamos decir que el Libro de Mormón está armado por diversos interlocutores y distintas voces, como es el caso de los textos posmodernos. También hay cambios de registro: la traducción de las planchas menores, y las Palabras de Mormón incluidas, están en primera persona, luego la recopilación de las planchas mayores (Mosiah a 4 Nefi) pasa a la tercer persona para volver a la primera persona con Mormón y Moroni.

Todo esto requiere la atención y habilidad del lector para ir armando el inmenso rompecabezas que despliega la superficie textual. Por ejemplo: en el Libro de Omni, la figura de Mosiah I nos llega como personaje construido por Amaleki, hijo de Abinadom, descendiente de Jacbo, hermano de Nefi. Considerando lo escuetos que fueron sus antecesores, en pocos versículos Amalekí nos da información precisa sobre lenguas, culturas y geografías (la instauración de la monarquía, la separación geográfica definitiva entre nefitas y lamanitas, el hallazgo de los mulekitas y el encuentro de los restos jareditas, la colonia de Zenif, el establecimiento de Zarahemla como capital, etc, etc)

Libros pro Chales Chaplin, pintor francés (1825-1891)

Libros por Charles Chaplin, pintor francés (1825-1891)

Los autores irrumpen en el relato y reflexionan sobre los textos. Esta característica posmoderna también puede hallarse en el Libro de Mormón. Mormón y Moroni intervienen en otros textos que no son suyos. El profeta Mormón irrumpe no sólo en las Palabras de Mormón entre Omni y Mosiah sino también en 4 Nefi (4 Nefi 1:23). Moroni toma el relato en el libro de su padre (Mormón 8) y también ingresa con un discurso sobre la fe en el texto jaredita (Eter 12: 5 y subsiguientes), además de su propio registro. Moroni aparece como personaje en el texto paterno y luego como autor en el suyo. También lo hace Nefi, aunque de otro modo. Cuando leemos las experiencias de las planchas de bronce y la construcción del barco creemos que el relato es inmediato o contemporáneo a los hechos, pero en realidad Nefi, como autor, está recreando al personaje Nefi con sus dudas e inquietudes, cuando él, ya en la tierra prometida y varias décadas después, se dispone a escribir el relato conociendo de antemano el resultado de lo que ocurrió (1 Nefi 19). El efecto es eficaz y mantiene la tensión narrativa. El capítulo 6 de 1 Nefi es en realidad una interpolación del Nefi autor que conecta con el capítulo 19, su imagen especular, como todo lo que ocurre en paralelismo a lo largo del libro, con relación al capítulo 11 (la visión de Nefi con el Espíritu).

Las reflexiones sobre los textos están también presentes (1 Nefi 5: 10-22; los ya mencionados capítulos 6 y 19 del mismo libro, 1 Nefi 22:30; 2 Nefi 5: 30-33; Palabras de Mormón 1: 3-7; Mosiah 1: 3-7; Alma 37: 1-9; 3 Nefi 26: 6-12; Mormón 1: 2-4; Eter 15:33; Moroni 10: 1-2)

Tienden a desaparecer las fronteras entre los géneros. Sydeny B. Sperry fue uno de los primeros en señalar la heterogeneidad de las formas en el Libro. Llegó a identificar dieciséis géneros distintos en su estructura, entre ellos: narrativa histórica, alegoría, bendiciones patriarcales, epístolas, oraciones, memorias, profecías simbólicas, salmos, canciones, lamentaciones, oratoria, genealogías, etc. Denominó a 3 Nefi el Quinto Evangelio o Evangelio Americano y Salmo de Nefi al pasaje de 2 Nefi 4:28-34. Analizó elementos de paralelismo propios de la poesía hebrea, trabajos que luego continuaron John W. Welch y Kevin L. Barney entre otros.

Donald W. Parry ha publicado Poetic parallelisms in the Book of Mormon: the complete text reformatted, en el que ha restituído la forma poética del texto.

Maurice Leloir (1853-1940) Biblioteca Elegante

Maurice Leloir (1853-1940) Biblioteca Elegante

El texto se pone en contacto con otros saberes y es válido interrogarlo no sólo desde la propia literatura sino desde la psicología, las ciencias sociales o la historia.

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La variada gama de trabajos que se ha producido sobre el Libro de Mormón en las últimas décadas hace muy difícil llevar la cuenta.

Sin considerar los monumentales trabajos catedráticos de Hugh Nibley, William J. Hamblin ha escrito Basic Methodological Problems with the Anti-Mormon Approach to the Geography and Archaeology of the Book of Mormon (Problemas Metodológicos Básicos en el enfoque Anti-Mormón a la Geografía y Arqueología del Libro de Mormó). Eugene England, A Second Witness for the Logos: The Book of Mormon and Contemporary Literary Criticism (Un Segundo Testigo del Logos: El Libro de Mormón y la Crítica Literaria Contemporánea). Orson Scott Card, The Book of Mormon, Artifact of Artifice? (El Libro de Mormón, ¿Artefacto o Artificio?). John A. Tvedtnes ha explorado Glowing Stones in Ancient and Medieval Lore  (Piedras que brillan en la tradición Antigua y Medieval). Stephen D. Ricks y William J. Hamblin han editado estudios sobre la Guerra en el Libro (Warfare in the Book of Mormon). Brant Gardner, A Social History of the Early Nephites (Una Historia Social de los Antiguos Nefitas).

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Desde 1992, el Journal of Book of Mormon Studies (Revista de Estudios sobre el Libro de Mormón) ha sido la publicación oficial en el campo de los estudios universitarios. Muy recientemente (2014), su flamante Director ha declarado:

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“Para alinear el nuevo Journal con las directivas académicas del Maxwell Institute y la Brigham Young University, incrementaremos la llegada a catedráticos Mormones y no Mormones en el campo de los estudios religiosos, estudios Mormones, y otras áreas de investigación relevantes. Esperamos promover mayor atención al Libro de Mormón en la ampliada arena académica junto al estudio de otros textos sagrados.

Con esta misión en mente, el Journal se dedicará al estudio académico del Libro de Mormón desde una variedad de perspectivas y disciplinas. Su alcance expandido incluirá investigación de la más alta calidad reflejando los varios significados del texto, estructura interna, características literarias, historia de su recepción, fuentes documentales,, proveniencia histórica, implicaciones teológicas y significancia comparativa”.

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Dialogue: a Journal of Mormon Thought y, más recientemente,  Interpreter: a Journal of Mormon Scripture han publicado trabajos innovadores abriendo nuevas puertas a la investigación seria.

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Royal Skousen, profesor de lingüística en BYU, y su Critical Text Project ha producido ya diez tomos de riquísimo contenido, los que son incorporados, a su vez, como fuente para nuevas investigaciones. Siendo su último trabajo, The Book of Mormon, The Earliest Text, publicado por la Universidad de Yale, una restauración y revaloración del texto original.

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De modo que sí, sin duda, el Libro de Mormón está siendo analizado e interpelado desde los más variados saberes sincrónicos, a la manera posmoderna.

No hay lecturas más legítimas que otras. No hay un único protocolo de lectura. Dichos protocolos son históricos y las coordenadas cronológicas y culturales de cada lector son únicas. El lector es un productor del texto, o como diría D.F. McKenzie: “Los nuevos lectores producen nuevos textos, y los nuevos significados son una función de esas nuevas formas”.

Las Autoridades de la Iglesia, por su posición particular, parecen ser la referencia imperante y casi lógica de la interpretación de nuestros textos sagrados. Pero cuando la de ellos es la única opinión válida admitida, corremos el riesgo del congelamiento de los significados y de la muerte parcial del texto. Cuando Joseph Smith leyó el pasaje de Santiago, no pensó en la interpretación que le darían los diferentes maestros de religión con los que se asociaba. Hizo su propia lectura… podríamos decir que una lectura posmoderna…

Somos únicos, por lo tanto únicas deberían ser nuestras lecturas, no estandarizadas ni normativas. Lo que podemos aprender en la Escuela Dominical, en Seminario, o en un buen mensaje será siempre importante y fructífero. Pero la visión única con la que podemos enriquecer esas ocasiones es una prerrogativa nuestra. Creo que esa es una gran deuda que todos tenemos con el Libro de Mormón como sus lectores actuales.

Jean H. Fragonard 1776, Joven Leyendo

Jean H. Fragonard 1776, Joven Leyendo

También muy recientemente, Benjamin L. McGuire, un investigador mormón de la teoría literaria ha publicado Nephi: A Postmodernist Reading (Nefi: una Lectura Postmodernista), Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 12, 2014, pags. 49-78. Sus reflexiones son más que válidas y deberemos ayudar a hacerlas extensivas al resto del texto sagrado…

 

“Os hablo como si os hallaseis presentes…” El Libro de Mormón y sus posibles lectores – Segunda Parte

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“Os hablo como si os hallaseis presentes…”

EL LIBRO DE MORMON Y SUS POSIBLES LECTORES

Segunda Parte

Traducción del Libro de Mormón por Del Parson

Traducción del Libro de Mormón por Del Parson

Por Mario R. Montani

Quedó establecido en la primer parte de este artículo que el mundo ha venido incrementando su capacidad lectora. Para 1950 el 56% de los habitantes del planeta eran letrados. Para el 2008 ese rasgo había aumentado al 83% (88% de los hombres y 79% de las mujeres). De modo que los potenciales lectores del Libro de Mormón se encuentran dentro de esa creciente masa alfabetizada. También observamos que los primeros lectores del Libro debían conocer el inglés. Los finales destinatarios de la obra (lamanitas y judíos) quedaban momentáneamente excluidos a menos que conociesen ese idioma. Es interesante evaluar la distribución diacrónica de las traducciones. Partiendo de la edición original de 1830, en 1851 se tradujo al danés, en 1852 al francés, al galés, al alemán y al italiano. En 1855 al hawaiano. No extrañamente, los hablantes de esos idiomas figuraron entre los primeros conversos de la Iglesia, siendo mayormente gentiles y, minoritariamente, judíos dispersos. Podría hallarse una incidencia lamanita no confirmada entre los hawaianos.

Deberemos llegar a 1886 para la primer traducción al español y a 1939 para la edición portuguesa. Siendo los principales idiomas en el resto de América, recién a partir de esos momentos los descendientes lamanitas diseminados entre las etnias indígenas pudieron leerlo en sus lenguajes de adopción.

Deberemos esperar a 1983 para el Quiché y a 1986 para el Aymará, las primeras dos lenguas de pueblos originarios que recibieron traducciones. Lentamente, la obra ha continuado desde entonces, aumentando el espectro de los lectores latentes y ayudando a cumplir el propósito de sus redactores iniciales. Hoy el Libro de Mormón se encuentra disponible en unos 150 idiomas diferentes.

En la década de 1970, el teórico de la Escuela de Constanza, Wofgang Iser, instauró el concepto del ‘lector implícito’ en su obra Der implizite Leser (1972). En ella afirmaba que todos los textos crean ‘espacios en blanco’ que el lector debe ir llenando en base a su imaginación y vivencias personales. Este es un proceso inevitable y continuo en el que el receptor debe interactuar con el texto mediante una serie de conjeturas, inferencias y suposiciones que se irán confirmando o modificando a lo largo de la lectura.

“La obra literaria posee dos polos que pueden denominarse el polo artístico y el polo estético; el artístico describe el texto creado por el autor, y el estético la concreción realizada por el lector. De tal polaridad se sigue que la obra literaria no es estéticamente idéntica ni con el texto ni con su concreción. Pues la obra es más que el texto, puesto que sólo cobra su vida en la concreción y, por su parte, ésta no se halla totalmente libre de las aptitudes que le introduce el lector, aun cuando tales aptitudes sean activadas según los condicionantes del texto” (WofgangIser, El acto de Leer, teoría del efecto estético, Alfaguara, Madrid, 1987, pag. 44)

Esta denominada ‘estética de la recepción’, en la que también fueron fundamentales los aportes de Hans Jauss, establece que la significación de los textos sólo se genera en el proceso de lectura. El receptor debe decodificar, reconstruir, restaurar las implicaciones del texto mediante un complejo proceso sicológico en el que intervendrán sus estrategias cognitivas, sus capacidades culturales y su visión particular del mundo.

“El modo en que el lector experimenta el texto reflejará su propia disposición, y en este aspecto el texto literario actúa como una especie de espejo,… De modo que tenemos la aparentemente paradójica situación en la que el lector se ve forzado a revelar aspectos de sí mismo para poder experimentar una realidad diferente de la propia. El impacto que dicha realidad produzca en él dependerá mayormente del grado en el que activamente provea la parte no escrita del texto…” (Wolfgang Iser, “The Reading Process: A Phenomenological Approach,” de The Implied Reader, en Reader-Response Criticism, ed. Jane P. Tompkins (Baltimore: Johns Hopkins UP, 1980), pags. 56–57)

"Dama leyendo" del inglés Francis Hayman (1708-1776)

“Dama leyendo” del inglés Francis Hayman (1708-1776)

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, los teóricos de la lengua y la literatura han desarrollado diferentes propuestas de lector, desde el “lector de época”, que hay que comprender dentro de los marcos históricos y códigos culturales, el “lector ideal”, quien debería poseer los mismos códigos del autor, no poniéndose de acuerdo en el hecho de si el autor es su propio lector ideal o no, el “archilector” de Riffaterre o el “lector pretendido” de Wolff.

Para Stanley Fish y su “lector informado”:

“El lector informado es aquel que: 1) tiene competencia de la lengua con la que el texto está construido; 2) posee el completo ‘conocimiento semántico que un oyente maduro aporta a esta tarea de comprensión’. Esto incluye el conocimiento de los grupos léxicos, probabilidades de combinación, modismos, dialectos profesionales o de otro tipo, etc.; 3) posee competencia literaria…” (Stanley Fish, Literature in the Reader: Affective Stylistics, en New Literary History 2, 1970, pag. 145)

El autor y sus audiencias

En su ensayo sobre teoría de la narrativa (Truth in Fiction: A Reexamination of Audiences, Critical Inquiry 4/1, Otoño 1977, pags. 121-141), Peter J. Rabinowitz distingue cuatro tipos de audiencias conceptuales para un determinado texto

  1. La audiencia real: está formada los únicos lectores reales. El autor no tiene control sobre ellos. Las restantes son construcciones teóricas
  2. La audiencia autoral. Es una audiencia hipotética formada por aquellos que el autor imagina como receptores de su texto. El autor construye dicha audiencia mediante sus recursos retóricos. La brecha entre la audiencia autoral y la real siempre existirá. “Dado que todas las elecciones artísticas, y por tanto todos los efectos, se calculan en términos del conocimiento hipotético de la audiencia autoral, los lectores que deseen apreciar el libro deberán cubrir esa brecha. La mayor distancia – geográfica, cultural, cronológica – entre el autor y sus lectores, presentará desafíos más grandes para ellos” (Rabinowitz, Truth in Fiction, pag. 126-127)
  3. La audiencia narrativa es otra audiencia hipotética que se establece no en base al conocimiento del lector sino a la creencia o credibilidad que le otorga al texto. Así como el autor presume a su audiencia, el lector puede presumir al autor y decidir creerle o no.
  4. La audiencia narrativa ideal es aquella que cree lo propuesto por el texto.
Frank Leyendecker (1902)

Frank Leyendecker (1902)

Los textos cultural o históricamente distantes de sus lectores se suelen tornar difíciles de comprender al no poseer el conocimiento necesario para unirnos a la audiencia autoral.

Nefi parece comprenderlo muy claramente cuando nos dice:

“Ahora bien, yo, Nefi, hablo algo con relación a las palabras que he escrito, palabras que fueron pronunciadas por boca de Isaías. Pues he aquí, Isaías habló muchas cosas que a muchos de los de mi pueblo les fue difícil comprender, porque no saben concerniente a la manera de profetizar entre los judíos(2 Nefi 25:1)

Si a los descendientes de Lehi, después de sólo tres generaciones de salir de Jerusalén, se les dificultaba unirse a la audiencia autoral, no nos extrañe que a nosotros, algunos milenios más tarde, se nos pasen de largo ciertos detalles.

Nefi, nos dice luego, no ya como autor, sino como competente lector de Isaias:

“… porque salí de Jerusalén, y mis ojos han visto las cosas de los judíos, y sé que ellos entienden las cosas de los profetas, y no hay ningún otro pueblo que entienda, como ellos, las cosas que fueron pronunciadas a los judíos, salvo que sean instruidos conforme a la manera de las cosas de los judíos… pero yo mismo he morado en Jerusalén, por lo que sé acerca de las regiones circunvecinas…” (2 Nefi 25:5-6)

En términos de la crítica literaria actual Nefi nos dice, en resumen: ‘Yo tengo el conocimiento para comprender. Yo creo en lo que el texto me dice. Yo puedo unirme no sólo a la audiencia autoral de Isaías sino a su audiencia narrativa ideal’.

En cambio, los lamanitas de la época de Mosiah se transformaron en una audiencia narrativa que no cree lo que el texto relata:

“Os digo, hijos míos, que si no fuera por estas cosas, las cuales se han guardado y preservado por la mano de Dios para que nosotros pudiéramos leer y entender acerca de sus misterios… aun nuestros padres habrían degenerado en la incredulidad, y habríamos sido como nuestros hermanos, los lamanitas, que nada saben de estas cosas, y ni siquiera las creen cuando se las enseñan, a causa de las tradiciones de sus padres, las cuales no son correctas”. (Mosiah 1: 5)

Notablemente, ‘nada saben’ (condición negativa para poder unirse a la audiencia autoral), ‘ni las creen’ (condición negativa para unirse a la audiencia narrativa ideal). Son simplemente una audiencia narrativa, o audiencia narrativa no ideal.

Como el propio Umberto Eco lo señalaba, cada texto es como un mensaje arrojado al mar en una botella. No sabemos quién lo leerá. Ignoramos a qué distancia geográfica, cultural o temporal se encontrará del punto de emisión o cuánto podrá interpretar del mensaje.

"Horas de Ocio" por Croegaert, Georges (1848-1923)

“Horas de Ocio” por Croegaert, Georges (1848-1923)

Sin embargo en el caso del Libro de Mormón tenemos algunos lectores prediseñados por los autores, con la promesa divina de ayuda para que el mensaje llegase a ellos. Comenzando por los propios nefitas contemporáneos a los hechos relatados. Fueron sus primeros destinatarios. Ya ellos leían las planchas de Nefi:

“Y he aquí, también las planchas de Nefi, que contienen los anales y las palabras de nuestros padres desde el tiempo en que salieron de Jerusalén hasta ahora, son verdaderas; y podemos saber su certeza porque las tenemos ante nuestros ojos. Y ahora bien, hijos míos, quisiera que os acordaseis de escudriñarlas diligentemente…” (Mosiah 1: 6-7)

También a sus futuros descendientes, con los que habrá diferencias temporales:

“Por tanto, son de valor a los hijos de los hombres; y a los que suponen que no lo son, yo hablaré más particularmente, y limitaré mis palabras a mi propio pueblo; porque sé que serán de gran valor para ellos en los postreros días, porque entonces las entenderán; por consiguiente, es para su bien que las he escrito”. (2 Nefi 25:8)

A los lamanitas, con diferencias temporales y culturales:

“Y ahora bien, he aquí, éste era el deseo que anhelaba de él: Que si acaso mi pueblo, el pueblo nefita, cayera en transgresión, y fuera de algún modo destruido, y los lamanitas no lo fueran, que el Señor Dios preservara una historia de mi pueblo, los nefitas, aun cuando fuera por el poder de su santo brazo, para que algún día futuro fuera llevada a los lamanitas… (pues) juraron en su ira que, de ser posible, destruirían nuestros anales junto con nosotros, y también todas las tradiciones de nuestros padres. Por tanto, sabiendo yo que el Señor Dios podía preservar nuestros anales, le suplicaba continuamente… e hizo convenio conmigo de que los haría llegar a los lamanitas en el propio y debido tiempo de él”. (Enos 1: 13-18)

“…y ya que estas cosas se escriben con el propósito de beneficiar a nuestros hermanos los lamanitas…” (Jarom 2)

“Y sé que serán preservadas, porque sobre ellas están escritas grandes cosas, por las cuales mi pueblo y sus hermanos serán juzgados en el grande y postrer día, según la palabra de Dios que está escrita”. (Palabras de Mormón 11)

“Y ahora yo, Moroni, escribo algo según me parezca bien; y escribo a mis hermanos los lamanitas…” (Moroni 10:1)

No sabemos con exactitud quiénes son los descendientes de los nefitas y lamanitas hoy en día. De la suposición de que se trataba de todos los indígenas americanos, hemos pasado a una definición más restringida y dubitativa que reconoce la influencia de muchos otros grupos migratorios externos en la conformación de las diferentes etnias de los pueblos originarios.

Un interesante artículo de Gary P. Gillum, Written to the Lamanites: Understanding the Book of Mormon through Native Culture and Religion (Escrito a los Lamanitas: Comprendiendo el Libro de Mormón a través de la Cultura y Religión nativas), Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 6 (2013), pags. 31-48, me ha provisto de un nuevo enfoque en el que debe enfatizarse la visión cultural del receptor y disminuir la del emisor.

A pesar de nuestra ignorancia con respecto a dónde se encuentran hoy esos destinatarios nefita-lamanitas, la lógica parece indicar que dentro de algunos, o dispersos entre muchos, quizás de modo minoritario, de los que denominamos genéricamente “indios americanos”. Para captar cómo ellos pueden llegar a comprender el mensaje (ya que las traducciones a sus lenguas aún están en proceso luego de casi dos siglos, como lo mencionamos más arriba) debamos quizás alejarnos de nuestros preconceptos occidentales y reconocer que una cultura “diferente” no necesariamente significa “inferior”.

Haddon Sundblom (1899-1976) Los libros son las llaves que nos abren el pasado, el presente y el futuro (1927)

Haddon Sundblom (1899-1976) Los libros son las llaves que nos abren el pasado, el presente y el futuro (1927)

Algo de eso parece insinuar el Elder Dallin H. Oaks en su discurso de la Conferencia General de Abril de 1995, La Apostasía y la Restauración:

“En algunos asuntos, el conocimiento general del hombre pasa por un período de regresión a medida que algunas verdades importantes se tergiversan, se dejan de lado, e incluso hasta caen en el olvido. Por ejemplo, en muchos respectos, los indios americanos sabían cómo vivir más en armonía con la naturaleza que nuestra sociedad contemporánea… Seríamos mucho más sabios si pudiéramos recuperar el conocimiento de cosas importantes que se han tergiversado, dejado de lado u olvidado…” (Liahona, Julio 1995, pag. 95)

John Collier, Comisionado de Asuntos Indígenas, ha declarado:

“Ellos poseen lo que el mundo ha perdido: la antigua y olvidada reverencia pasional por la personalidad humana unida a la antigua y olvidada reverencia pasional por la tierra y su entretejido de vida. Desde antes de la Edad de Piedra han tenido esa pasión como un fuego central y sagrado. Debería ser nuestro intenso deseo renovarla en nosotros” (John Collier en Huston Smith, The Illustrated World’s Religions, San Francisco, Harper, 1994, pag. 243)

El anciano Alce Negro da la siguiente información sobre el mundo que lo rodea:

“Estas cuatro cintas en la boquilla de la pipa sagrada son los cuatro rincones del universo. La negra es para el oeste donde viven los seres del trueno que nos envían la lluvia; la blanca para el norte, de donde proviene el gran viento blanco purificador; la roja para el este, de donde surge la luz y la estrella matutina brinda sabiduría a los hombres; la amarilla para el sur, de donde viene el verano y el poder para hacer crecer (John G. Neihardt, Black Elk Speaks, Lincoln, University of Nebraska Press, 1993, pag. 2)

Para quienes han estudiado el Evangelio de Felipe, un texto gnóstico judío hallado en Nag Hammadi, las palabras de Alce Negro sonarán familiares, ya que allí se precisa:

“Una cosecha se recoge en el granero sólo como resultado de la acción natural del agua, la tierra, el viento y la luz. La agricultura de Dios, del mismo modo, tiene cuatro elementos – fe, esperanza, amor, y conocimiento. La fe es nuestro terreno, en el que echamos raíz. La esperanza es el agua a través de la que somos nutridos. El amor es el viento mediante el que crecemos. El conocimiento, la luz con la que cosechamos”. (Robinson, The Nag Hammadi library in English, New York, Harper & Row, 1977, pag. 147)

Y me parece que no sería estéril la comparación con el discurso sobre la fe en Alma 32 donde los conceptos de fe, terreno, semilla, raíz, nutrición, calor y cosecha están interrelacionados.

De modo que sí, es posible que los descendientes de nefitas y lamanitas comprendan mejor que nosotros los elementos simbólicos del Libro de Mormón porque forman parte de su concepción de la vida misma.

Peta Yuha Mani, curandero de la tribu Lakota, refuerza este concepto:

“Para el Lakota tradicional, cada día es sagrado. Observa  el mundo de esta creación y sabe que todo se interrelaciona. Los árboles y la hierba, el mundo animal, los arroyos que corren y las montañas. Todo se relaciona consigo y lo respeta”. (Don Doll, Vision Quest: Men, Women and Sacred Sites of the Sioux Nation, New York, Crown, 1994, pag. 24)

La búsqueda de visiones y la falta de extrañeza frente a ellas vuelven a aparecer en Alce Negro:

“Me hallaba de pie sobre la más alta de las montañas, y abajo en derredor estaba toda la circunferencia del mundo. Y mientras allí estaba, vi más de lo que puedo decir y comprendí más de lo que vi; porque observaba de modo sagrado las formas de todas las cosas en el espíritu, y la forma de todas las formas como deben vivir juntas como un único ser” (Neihardt, Black Elk, pag. 43)

¿No es posible establecer un paralelo con la visión de Nefi y el Espíritu, desde lo alto de una alta montaña y viendo cosas que no puede contar ni expresar en palabras? ¿O con los relatos de la creación espiritual de todas las cosas? ¿Tal vez con Enoc, percibiendo la Tierra como una entidad viva e interconectada (Moises 7:48-49)?

“Mientras yacía pensando acerca del sitio maravilloso donde había estado y de todas las cosas que había visto, me entristecí mucho; porque me parecía que todos debían saber sobre ello, pero tenía temor de contar, porque sabía que nadie me creería, pequeño como era, pues sólo contaba nueve años. Además, al yacer pensando en mi visión, podía verla nuevamente y percibir el significado con una parte de mí que era como un extraño poder brillando en mi cuerpo; pero cuando la parte mía que habla intentaba ponerle palabras a ese significado, se transformaba como si fuese niebla y se apartaba de mí” (Neihardt, Black Elk, pag. 48-49)

Nuevamente. Ese sentimiento de incapacidad ¿no lo hallamos también en Moisés o el joven Joseph Smith? ¿No se está poniendo Ammón en el lugar del receptor cuando acepta la figura del Gran Espíritu que le propone el rey Lamoni (Alma 18: 24-29)? ¿Somos tan condescendientes y abiertos con los potenciales lectores del Libro de Mormón?

La Doctrina y Convenios lo declara enfáticamente:

“Sin embargo, mi obra avanzará, pues por cuanto el conocimiento de un Salvador ha venido al mundo, mediante el testimonio de los judíos, así también llegará a mi pueblo el conocimiento de un Salvador, y a los nefitas, a los jacobitas, a los josefitas y a los zoramitas, mediante el testimonio de sus padres, y este testimonio llegará al conocimiento de los lamanitas, los lemuelitas y los ismaelitas, que degeneraron en la incredulidad a causa de la iniquidad de sus padres, a quienes el Señor permitió que destruyeran a sus hermanos, los nefitas, a causa de sus maldades y abominaciones. Y para este propósito mismo se preservan estas planchas que contienen esta historia, a fin de que se cumplan las promesas del Señor a su pueblo; y para que los lamanitas lleguen al conocimiento de sus padres, y sepan de las promesas del Señor, y crean en el evangelio y tengan confianza en los méritos de Jesucristo, y sean glorificados por medio de la fe en su nombre, y se salven mediante su arrepentimiento. Amén” (DyC 3: 16-20)

Desearía cerrar esta parte de nuestras reflexiones con un párrafo del trabajo ya citado de Gary P. Gillum:

“Finalmente, necesitamos dar una breve mirada al dualismo de lo natural y sobrenatural, o aún a lo que algunas religiones asiáticas llaman Yin y Yang. Para los pueblos tradicionales no hay diferencia entre los dos. Para ellos cada cosa y lugar es santo o sagrado. No hay milagro o magia, porque para Dios, o el Gran Espíritu ‘todo es posible’ y la vida en su totalidad es su religión. Es el punto de vista ‘mántico’ o tradición vertical de la que nos hablaban tan a menudo Hugh Nibley y H. Curtis Wright. Todos los miembros de una tribu o nación dada comparten lo sagrado en todo momento mediante sus actitudes del espíritu y preparación adecuada: con el ayuno, la oración, la danza, el sacrificio propio y la búsqueda de visiones. Mucho se ha escrito sobre la magia y la búsqueda de tesoros practicada por Joseph Smith. Desde la concepción primitiva del mundo eso era una actividad sagrada en la que ayudaba la ‘gente de piedra’, a quienes nosotros nos referimos como rocas, piedras y cantos rodados (antes de tomar a la ligera este comentario, recordemos que nuestro cosmólogo Orson Pratt declaró que todas las cosas tienen inteligencia o espíritu en ellas. Los pueblos nativos insisten en que las piedras ‘les hablan’ por un procedimiento que nosotros llamaríamos revelación y que sugiere nuestra propia tradición de Urim y Tumim y piedras de vidente)” (Gary P. Gillum, Written to the Lamanites: Understanding the Book of Mormon through Native Culture and Religion, Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 6 (2013), pag. 36)

Continuará…

"Dulce Soledad" (1919) Edmund Blair Leighton

“Dulce Soledad” (1919) Edmund Blair Leighton

“Os hablo como si os hallaseis presentes…” El Libro de Mormón y sus posibles lectores – Primera Parte

ARTE Y RELIGION

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               Libro de Mormón

 

“Os hablo como si os hallaseis presentes…”

EL LIBRO DE MORMON Y SUS POSIBLES LECTORES

Primera Parte

Por Mario R. Montani

“Un libro es más que una estructura verbal, o que una serie de estructuras verbales; es el diálogo que entabla con su lector y la entonación que impone a su voz y las cambiantes y durables imágenes que deja en su memoria. Ese diálogo es infinito… La literatura no es agotable, por la suficiente y simple razón de que un solo libro no lo es. El libro no es un ente incomunicado: es una relación, es un eje de innumerables relaciones. Una literatura difiere de otra, ulterior o anterior, menos por el texto que por la manera de ser leída: si me fuera otorgado leer cualquier página actual – ésta, por ejemplo – como la leerán en el año dos mil, yo sabría cómo será la literatura del año dos mil.” (Otras Inquisiciones , Nota sobre (hacia) Bernard Shaw, J.L. Borges, Obras Completas, Tomo II, pag. 125)

Joven Leyendo, Ernst Anders (1845-1919)

Joven Leyendo, Ernst Anders (1845-1919)

Uno puede preguntarse con todo derecho, si, al estar dirigido el Libro de Mormón a una audiencia de los últimos días, sus autores habrán previsto esas potenciales audiencias y las formas posibles de lectura que poseerían. En el siglo XIX, cuando el texto vio la luz, el papel del lector no era tan importante. Hoy, en cambio, se lo consideraría casi un co-autor de la obra. No es fácil mantener un equilibrio entre ambas posturas sin caer en la sacralidad de la letra, por un lado, o la tiranía del lector sobre el texto haciéndole decir cosas que no quiere, por otro.

Las corrientes post estructuralistas consideran que el cambio de contextos llega a modificar el propio texto. Si eso es cierto, ha habido una constante deriva de significado a lo largo de los últimos 200 años, tomando la fecha de su edición en inglés. Si analizáramos la acumulación de siglos desde su elaboración, la deriva ha sido mucho mayor

Por lo tanto, en el presente artículo, intentaremos analizar el tipo de lectores que el texto propone, intuir cómo pudo haber sido el lector al momento de producirse el texto, el lector al momento de la aparición del texto y el lector actual, casi dos siglos después.

Comencemos por una pregunta más fácil: ¿Podría el Libro de Mormón haber aparecido en otro momento histórico o contexto cultural?

Página de la Biblia impresa por Gutenberg

Página de la Biblia impresa por Gutenberg

Todos los estudios que existen sobre las civilizaciones tradicionales parecen indicar que el índice de alfabetización en el mundo antiguo oscilaba entre el 5 y el 10 % de la población, dependiendo de las regiones y tomando como base un universo masculino y citadino. Es decir que, promediando los valores con las mujeres y los sectores campesinos, es posible que los porcentajes descendieran a la mitad.

Con tan poca población lectora compartiendo centenares de idiomas y dialectos diferentes en espacios geográficos limitados hubiera sido muy difícil que un texto extenso y complejo circulase de manera influyente.

Sin embargo, es muy posible que esas fuesen las características de la sociedad en que se produjo el registro y se grabaron las planchas. Me he referido a tal particularidad en “Con toda la claridad de la Palabra”, que puede encontrarse en este blog.

Precisas coordenadas temporales

Por muchos siglos la situación no cambió o lo hizo de manera casi imperceptible. Durante la edad media, ser instruido implicaba el conocimiento del Latín, ya que la mayoría de las lenguas vernáculas no poseían forma escrita. Era el idioma de los conventos, las universidades y la política.

Es muy posible que en el Imperio Bizantino los índices hayan sido un poco más altos, pero, como contrapartida, en el norte de Europa casi todos eran iletrados. Se conoce la carta de un diplomático musulmán asignado a la corte de Carlomagno en la que relata asombrado cómo los nobles franceses recién experimentaban para poder firmar sus nombres.

2026-2

En “A Companion to Britain in the Later Middle Ages” se establece que el aumento de la alfabetización en Inglaterra comienza a partir del 1100 y que, de allí en adelante, al menos los reyes, eran versados en latín y francés. También estima que la “literacidad” masculina estaba entre el 10 y el 25 % dependiendo de las regiones al llegar el 1500.

Dante Alighieri sería el primer escritor en abandonar el latín para brindar en su dialecto toscano La Divina Commedia (1304-1320). Por entonces los textos se escribían y copiaban manualmente, lo que representaba un alto costo e insumo de tiempo.

Para 1440, cuando Gutenberg desarrolla la imprenta y modifica por completo los costos y las posibilidades de circulación textual, menos del 30% de la población total de Europa era letrada.

Antes de esa época el Libro de Mormón no podría haberse impreso. También por otra sencilla razón: aún no se había descubierto América, donde estaban depositadas las planchas que lo contenían.

Taller de Imprenta en 1752

Taller de Imprenta en 1752

Deberían pasar otros 100 años para que las cosas cambiaran. La primer imprenta del Nuevo Mundo se estableció en México en 1539, la segunda en Lima, Perú, en 1576. La primera instalada en los EEUU llegó a Cambridge, Massachussets, en 1638. No podría haber habido Libro de Mormón antes de eso. Para 1830, cuando apareció el libro, ya existía una extensa red de imprentas en toda América, desde Canadá hasta Argentina con capacidad de reproducir inagotablemente lo que fuese necesario.

Volvamos a los potenciales lectores: Inglaterra, una de las zonas más alfabetizadas del Viejo Mundo, mostraba los siguientes porcentajes: 20% en 1641, 35% en 1696 y el 50% para el 1800.

Otros investigadores consideran que las cifran eran bastante menores:

“En la ‘nación de los lectores’ como denomina Samuel Johnson a Gran Bretaña, E. Burke calcula que en los años 90 del siglo XVIII hay un público de unos 80.000 individuos. Frente a una población total de seis millones, se trata apenas de un porcentaje del uno y medio. Aún en 1788, una cuarta parte de las comunidades inglesas carecía de escuelas. Igualmente vagos son los cálculos relativos a Francia, aquí, unos 9,6 millones de personas eran capaces en los años ’80 de escribir su nombre, pero también en este caso se estima que, hacia 1789, el porcentaje de analfabetos suponía un 60%”

En los Estados Unidos, para 1787 (año de su Constitución) se estima que un 58% de la población blanca estaba alfabetizada, pero para 1870 ya llegaba al 79%, con el adicional de que entre el 5 y el 10% de la población afro americana también lo estaba.

De modo que, para 1830, recién se contaba con métodos de impresión masiva y con poblaciones que en más de un 50 % eran lectoras. Y, ¿casualmente?, recién allí salió a la luz El Libro de Mormón.

En las últimas décadas del Siglo XVIII se produce lo que se denomina una “revolución de la lectura”

“Todo el mundo lee en París… Todo el mundo – pero sobre todo las mujeres – lleva un libro en el bolso. Se lee en el coche, en el paseo, en los teatros durante el entreacto, en el café, en los baños. En las tiendas leen las mujeres, los niños, los mozos, los aprendices. Los domingos leen las personas que se sientan delante de sus casas; los lacayos leen en sus asientos, los cocheros en sus escabeles, los soldados que cumplen guardia…” (citado en Zur Dichtungsgeschichte der romanischen Volker, Leipzig, 1965, pags 194-312)

“De esta manera me parece que debemos pensar en lo que cambió a finales del siglo XVIII sin necesariamente encerrar estos cambios dentro de la oposición de la lectura intensiva y la lectura extensiva. Lo importante quizá es la posibilidad, para un número cada vez mayor de lectores de practicar diversos tipos de lectura: lectura silenciosa, lectura en voz alta, lectura solitaria, lectura dentro de la familia, lectura pedagógica o lectura para el placer. Los intelectuales, los letrados, los medios de las élites en el siglo XVIII han conquistado este repertorio, complejo, diferenciado, de prácticas de lectura.” (Roger Chartier en su Conferencia Magistral del 7 de mayo de 1999 en la Universidad Virtual del Tecnológico de Monterrey)

Durante ese período se multiplican las bibliotecas y los clubes de lectura para permitir un mejor acceso a los bienes culturales.

En la Biblioteca, del italiano Pio Ricci (1850-1919)

En la Biblioteca, del italiano Pio Ricci (1850-1919)

Otro modo de tomar nota del drástico cambio en los hábitos de lectura durante el período de la Restauración, e inmediato posterior, es analizando la publicación de revistas en el mercado editorial. En 1800 existían en los EEUU 13 revistas mensuales con un promedio de tirada de 1000 ejemplares. Para 1900 eran 3500 revistas (1500 semanales y 2000 mensuales o trimestrales) con un promedio mensual en sus tiradas de 21800 ejemplares.

Considerando otra referencia, analicemos el caso de Argentina. Para 1869 más del 77% de la población era analfabeta, en 1895, el 53%, en 1914, el 36% y para 1947, la drástica disminución al 13%. Para 1925, cuando el Libro de Mormón llegó a nuestras costas, existía una población lectora superior al 65% de los pobladores. (Estado de situación en la Argentina – Ministerio de Educación de la Nación, Agosto, 2000, que cita a CFI Analfabetismo en Argentina. Evolución y tendencias actuales, Buenos Aires, 1963. Ministerio de Educación y Justicia, CONAFEP, Plan Nacional de Alfabetización, Buenos Aires, 1985)

Alfabetización y literalización

Ser alfabetizado es tener la capacidad de traducir los códigos de información expresados a través de un alfabeto a un lenguaje oral. El aprendizaje de esos códigos implica que alguien ha sido “alfabetizado”. En las últimas décadas, colegios y universidades han tomado nota de que muchos jóvenes que han alcanzado la etapa de alfabetización no logran una cabal comprensión de lo que leen. Además de los códigos gramaticales es necesario adquirir otras habilidades, incluyendo matemáticas (si no sería imposible buscar una página o el orden de los capítulos), un vocabulario lo más extenso posible y aún la capacidad de “leer entre líneas”. A esto denominamos “literacidad”. Cada momento histórico y social marcó diferentes niveles para considerar a alguien literalizado. En una etapa inicial el poder escribir el nombre propio era suficiente. Luego, leer en voz alta aunque no se comprendiese el significado. Más adelante interpretar. Poder escribir sobre lo que leemos, expresando nuestro propio punto de vista, siempre fue considerado un buen índice de literacidad. En la actualidad debería incluir rudimentarias nociones de computación y la capacidad de seleccionar textos, ya que la oferta de los mismos se ha multiplicado exponencialmente mientras que el tiempo del que disponemos para leerlos no se ha alterado demasiado. Entre el Renacimiento y la etapa del Romanticismo (aproximadamente entre 1500 a 1800), Europa experimentó una profunda transformación en su literacidad, pasando de un tipo restringido a uno masivo. En muchos casos, los adultos disfrutaban de una gran cantidad y variedad de materiales impresos. (Houston, Robert A. Ç”Literacy in Early Modern Europe: Culture and Education, 1500–1800”, London, 2001)

La Lecture, del francés Jules Breton (1827-1906)

La Lecture, del francés Jules Breton (1827-1906)

Los avances para las nuevas generaciones fueron lentos pero seguros. Por ejemplo, en Austria, la Emperatriz María Teresa promulgó una ley que obligaba a los niños mayores de 6 años a asistir a la escuela. En 1774 sólo una sexta parte de los incluidos asistía a clases. Para 1784, los tres quintos y para 1828, 9 de cada 10 lo estaba haciendo. (Ducreux, Marie-Elisabeth: Reading unto Death: Books and Readers in Eighteenth-Century Bohemia, en Roger Chartier (ed.): The Culture of Print: Power and the Uses of Print in Early-Modern Europe, Oxford 1989, pag. 213)

Previo conocimiento de la Biblia

Parece muy difícil que alguien alcanzase una comprensión profunda del contenido del Libro de Mormón sin tener en paralelo conocimiento de la Biblia, ya que las citas intertextuales son permanentes, los símiles y ejemplos hacen constante referencia al texto sagrado judío y cristiano. Para comienzos del siglo XIX dicho conocimiento no estaba asegurado en todo el mundo, de hecho, aún en naciones con larga tradición cristiana, la lectura directa de la Biblia por los feligreses era poco estimulada o directamente prohibida.

“En cambio, en las tierras donde se ha asentado el calvinismo y el puritanismo, la consulta personal y familiar del texto bíblico ha engendrado unas prácticas de lectura harto diferentes. La relación directa, sin intercesiones, entre los fieles y la Palabra sagrada convierte el trato frecuente con la Biblia en una experiencia espiritual fundamental y erige la lectura del texto sagrado en modelo de todas las lecturas posibles. Realizada en silencio para sí mismo o en alta voz a la familia reunida, o practicada tanto en el fuero interno como en la iglesia, y presente en cada momento de la existencia, la lectura de la Biblia define una relación con lo escrito que reviste una singular intensidad. Ese modelo original de lectura, que puede ser considerado como la forma perfecta de la ‘lectura intensiva’, gobierna todas las lecturas, tanto religiosas como seglares, de las comunidades calvinistas, y puritanas…” (Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, Introducción a Historia de la lectura en el mundo occidental, Santillana Ediciones S.A., Madrid, 2001, pag. 58)

Este parece ser el ambiente cultural en el que el joven Joseph Smith, Jr se formó.

Le boudoir del francés Delphin Enjolras(1857-1945)

Le boudoir del francés Delphin Enjolras(1857-1945)

De modo que, como una primera aproximación, el lector ideal del Libro de Mormón debía ser alguien que supiese hablar inglés (ya que ese fue el idioma al que se lo tradujo inicialmente), que fuese no sólo alfabetizado sino literalizado y que tuviese conocimiento previo de las Escrituras. No resulta fácil encontrar tal lector antes de mediados del siglo XVIII o comienzos del XIX y fuera de Inglaterra o sus territorios colonizados.

Lector Modelo y Lector Empírico

“Un texto es un artefacto concebido para producir su Lector Modelo… Cuando un texto es lanzado al mundo como un mensaje en una botella, es decir, cuando un texto se produce no para un solo destinatario, sino para una comunidad de lectores, el autor sabe que no será interpretado de acuerdo con sus intenciones, sino de acuerdo con una compleja estrategia de interacciones que implica también a los lectores, junto con su competencia en su lenguaje como antología social. Con “antología social” no quiero decir solamente una lengua dada compuesta por una serie de reglas gramaticales, sino también toda la enciclopedia que han generado las ejecuciones de la lengua: las convenciones culturales que esa lengua ha producido y la historia de las interpretaciones previas de sus muchos textos, incluido el texto que el lector está leyendo.

El acto de leer tiene que tomar en consideración todos estos elementos, incluso siendo improbable que un solo lector los domine todos. Así que cada acto de lectura es una transacción compleja entre la competencia del lector (el conocimiento del mundo que posee el lector) y el tipo de competencia que un texto determinado requiere para ser leído de una manera “económica”, o sea, de una manera que aumenta la comprensión y el disfrute del texto, y que viene apoyada por el contexto.

El Lector Modelo de una historia no es el Lector Empírico. Cuando leemos un texto, el Lector Empírico es usted, yo, cualquiera. Los Lectores Empíricos pueden leer de muchas maneras, y no existe ninguna ley que les diga cómo leer, porque a menudo usan el texto como vehículo de sus propias pasiones, que pueden venir de fuera del texto o que el texto puede despertar por casualidad. (Umberto Eco, “Confesiones de un joven novelista”, Editorial Lumen, 2011)

Para resumir los conceptos teóricos de Eco: denomina Lector Modelo a aquel previsto por el texto, es decir, a quien idealmente podría tener una comprensión perfecta de él gracias a sus competencias o capacidades. En la medida que poseamos tales competencias, más nos acercaremos a esa figura de Lector Modelo. Pero el Lector Empírico es el lector real que toma el texto en sus manos y que interpretará lo que puede.

Lectura interesante, del alemán Emil Rau (1858-1937)

Lectura interesante, del alemán Emil Rau (1858-1937)

La página inicial del Libro de Mormón prevé a sus futuros lectores:

“Escrito a los lamanitas, quienes son un resto de la casa de Israel, y también a los judíos y a los gentiles…”

Sin embargo, esa enumeración incluye a todo el mundo, sin analizar sus competencias o posible comprensión. Los lamanitas siempre son mencionados como destinatarios étnicos específicos, luego se amplía al resto de la Casa de Israel y finalmente a los Gentiles, es decir, todos aquellos que no pertenecen a Israel, el resto de los habitantes del planeta.

El proceso de aparición, en cambio, sería en sentido inverso. Primeramente a los Gentiles y luego, a través de ellos, a Judíos y Lamanitas, para cumplir con aquello de que ‘los últimos serán los primeros’ y viceversa.

Todo escritor intuye a sus lectores. Imagina a su audiencia. Escribe para ese Lector Modelo al que da forma con su texto. A Mormón, uno de los escritores y gran compilador del Libro de Mormón, le fue dado algo más…

“He aquí, os hablo como si os hallaseis presentes, y sin embargo, no lo estáis. Pero he aquí, Jesucristo me os ha mostrado, y conozco vuestras obras…” (Mormón 8:35)

Personalmente, no creo que a Mormón se le haya permitido penetrar en las mentes y formas de lectura de los millones que han leído el Libro desde su aparición, sino más bien, que supo del contexto que existiría cuando apareciese. Los versículos que continúan dan cuenta de las características espirituales y éticas de esa sociedad…

Henry Nolhac (1884-1948)

Henry Nolhac (1884-1948)

FIN DE LA PRIMERA PARTE

Hipotiposis en el Libro de Mormón

Arte y Religión

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            Libro de Mormón

 

HIPOTIPOSIS EN EL LIBRO DE MORMON

(Ecfrasis, enárgeia, estasis y cinesis como estrategias visuales en la narrativa textual de las planchas)

Por Mario R. Montani

Sí, es cierto. Parecieran demasiadas y muy extrañas palabras para un registro que todos conocemos y que no es de tan difícil comprensión. Ocurre que, desde antiguo, filósofos y retóricos se encargaron de describir las estrategias discursivas de los oradores y los escribas y su forma particular de darles uso. Hoy denominamos a dichas estrategias figuras retóricas y, aunque muchas han desplazado o mutado su significado, continuamos utilizándolas, seamos o no conscientes de ello. Nos ocuparemos en esta ocasión de aquellas que tienen que ver con la imaginería visual. Es decir ¿qué mecanismos utilizaron los diferentes autores del Libro de Mormón, y su compilador final, para trasladarnos descripciones visuales y que las recordásemos con el ojo de la mente? ¿Cómo se pinta un cuadro con puro texto?

Según el diccionario, la hipotiposis (del griego hipo = bajo, debajo y tiposis = figura hecha por moldeado) significaba originalmente esbozo o bosquejo. Como figura retórica corresponde a un tipo de descripción muy vívida que pinta algo lejano o poco relacionado con el público de forma patética o muy emotiva ante los ojos, los oídos y la imaginación de ese público como si estuviese presente y asistiese a ello. Normalmente sirve para presentar de forma muy próxima realidades de carácter más bien abstracto. Por ejemplo: cuando los sacerdotes enseñan a los miembros sobre la futura eternidad.

Quintiliano, al describirla en De Institutione Oratoria 397; IX.2.40, la caracteriza diciendo que “más parece que se percibe con los ojos que con los oídos”.

De acuerdo a Cesar Dumarsais, filósofo francés de comienzos del siglo XVIII en su Tratado de los Tropos, “en las descripciones, se pintan los hechos de los que se habla como si lo que se dice estuviera de verdad ante los ojos; se muestra, por así decirlo, lo que se cuenta…”

Hipotiposis, por tanto, es una representación textual tan vívidamente elaborada que parece estar presente, como si realmente contempláramos con nuestros ojos. Algunos sinónimos utilizados en el pasado fueron evidentia, illustratio o demonstratio.

Para Henri Morier, la hipotiposis representa vigorosamente, como en la pintura, actividades civiles colectivas, eventos bélicos, catástrofes naturales, etc. Sirve para reunir y agrupar una multiplicidad en un conjunto único y para subrayar la ejemplaridad y la grandeza moral de la escena (actividad y solidaridad humana, la crueldad de las fuerzas de la naturaleza, el coraje y el sacrificio) como también el más puro placer de los ojos. (Morier, Henri. Dictionnaire de poétique et de rétorique. 3° ed. París: Presses Universitaires de France, 1981, pag. 521-524)

Tomemos algunos ejemplos de los grandes grupos mencionados por Morier:

Actividades Civiles Colectivas

“… El pueblo se congregó de todas partes, a fin de subir hasta el templo para oír las palabras que el rey Benjamín les iba a hablar. Y hubo un número muy crecido… Y también llevaron de las primicias de sus rebaños, para que ofrecieran sacrificios y holocaustos según la ley de Moisés… Y aconteció que, cuando llegaron al templo, plantaron sus tiendas en los alrededores, cada hombre según su familia… cada hombre con la puerta de su tienda dando hacia el templo… porque tan grande era la multitud, que el rey Benjamín no podía enseñarles a todos dentro de los muros del templo; de modo que hizo construir una torre, para que por ese medio su pueblo oyera las palabras que él les iba a hablar”. (Mosiah 2: 1-7)

El uso de los sustantivos “pueblo”, “templo”, “rebaños”, “sacrificios y holocaustos”, “tiendas”, “familia”, “multitud” y “torre” va creando un inmenso mural del cual, como si de una cámara se tratase, debemos alejarnos para poder abarcarlo en nuestro campo visual. También los pasajes dan cuenta del dónde, quiénes y por qué. Por otro lado, los verbos “congregar”, “subir”, “oír”, “hablar”, “llevar”, “ofrecer”, “plantar”, “enseñar” y “construir” dan idea de actividad y movimiento. No es una pintura estática, es casi una película, aunque el término resulte totalmente anacrónico. Es decir, hay cinesis.

Discurso de Benjamin

Discurso de Benjamin

Cuando Benjamín comienza a hablar, por el contrario, hay estasis. Todo se detiene y la supuesta cámara se centra en la torre, su ocupante y su mensaje.

Siendo que El Libro de Mormón está básicamente formado por sermones, discursos y consejos al mismo tiempo que por actividades sociales (viajes, guerras, conflictos) este esquema se repite a lo largo de sus páginas. Hay estasis en las primeras y cinesis en las segundas. A este tipo de cosas nos referimos al hablar de estrategias narrativas visuales.

Eventos bélicos

Las guerras y batallas ocupan una importante porción de los registros nefitas y jareditas. Algunas acciones bien podrían formar parte de la Iliada de Homero, obra cronológica y geográficamente cercana al Mediterráneo de Lehi. Por ejemplo:

“Y así acamparon durante la noche. Pues he aquí, se hallaban fatigados por motivo de la extensa marcha… excepto Teáncum: porque estaba irritado en extremo en contra de Ammorón… Y sucedió que Teáncum, en su ira, entró en el campo de los lamanitas, y se descolgó de las murallas de la ciudad. Y fue de sitio en sitio, con una cuerda, de modo que halló al rey: y le arrojó una jabalina que lo hirió cerca del corazón. Pero he aquí el rey despertó a sus siervos antes de morir, por lo que persiguieron a Teáncum y lo mataron.” (Alma 62: 35-36)

Escena nocturnal de intensa cinesis y dramatismo que se graba en la mente del lector/oyente. La ira de Teáncum no está quizá tan alejada del tema homérico de la ira de aquel otro paladín: Aquiles…

Un buen ejemplo de hipotiposis bélica lo hallamos en el capítulo 2 de Alma. Amlici, un hombre perverso que intentaba reinstaurar la monarquía en el pueblo de Zarahemla se une a los lamanitas. Alma envía a Zeram, Amnor, Manti y Lmiher a vigilar el campo de los amlicitas. El relato, a su regreso, es de una gran premura visual:

“He aquí, seguimos el campo de los amilicitas, y con gran asombro vimos a una numerosa hueste de lamanitas en la tierra de Minón, más allá de la tierra de Zarahemla, en dirección de la tierra de Nefi; y he aquí, los amlicitas se han unido a ellos: y han caído sobre nuestros hermanos en esa tierra; y están huyendo ante ellos con sus rebaños, y sus esposas, y sus niños hacia nuestra ciudad; y a menos que nos demos prisa, se apoderarán de nuestra ciudad, y nuestros padres, y nuestras esposas y nuestros niños serán muertos”. (Alma 2: 24)

Alma (o Mormón, en su recopilación) decide cambiar el registro en tercera persona que antecede a la historia para dar paso a este relato en primera persona de los espías, y nos hace visualizar su preocupación. No es lo mismo mencionar que una ciudad fue tomada que la descripción minuciosa de rebaños, padres, esposas y niños en tumultuosa huída…

Según la retórica clásica, la épica bélica debía incluir los hechos que precedían al conflicto, la batalla propiamente dicha, y las consecuencias. En el caso anteriormente descripto se cumplen estos requisitos retóricos ya que los versículos previos dan cuenta de la sublevación política de Amlici, de los pasajes cruentos de la batalla propiamente dicha y del restablecimiento de la paz. Hay, incluso, un pasaje que recuerda los combates singulares (aristeia) entre griegos y troyanos.

“Y aconteció que Alma luchó con Amlici cara a cara con la espada; y lucharon tenazmente uno con otro” (Alma 2:29)

Catástrofes naturales

En el capítulo 14 de Alma se relata cómo Alma y Amulek son llevados a prisión por un juez de la orden de Nehor, en la ciudad de Amoniah. Mientras allí se encuentran:

“Y rompieron las cuerdas con las que estaban atados… y la tierra se estremeció fuertemente, y los muros de la cárcel se partieron en dos y cayeron al suelo; y al caer mataron al juez superior y a los abogados y sacerdotes y maestros que habían golpeado a Alma y a Amulek” (Alma 14: 26-27)

Hay allí intensa cinesis y los verbos romper, estremecer, partir, caer, matar, golpear, rigen la acción. El relato cierra con otra ingeniosa imagen visual armada en una estructura cuasi quiástica:

“Y los del pueblo… huyeron de la presencia de Alma y Amulek, así como una cabra con su cría huye de dos leones; y así huyeron ellos de la presencia de Alma y Amulek” (Alma 14:29)

Otras imágenes memorables ocurren de modo previo a la aparición de Cristo, en los capítulos 8 al 10 de 3 Nefi:

“… se desató una gran tormenta  como jamás se había conocido en toda la tierra. Y hubo también una grande y horrenda tempestad; y hubo terribles truenos de tal modo que sacudían toda la tierra como si estuviera a punto de dividirse. Y hubo relámpagos extremadamente resplandecientes, como nunca se habían visto en toda la tierra. Y se incendió la ciudad de Zarahemla. Y se hundió la ciudad de Moroni en las profundidades del mar. Y se amontonó la tierra sobre la ciudad de Moroníah, de modo que en lugar de la ciudad, apareció una enorme montaña… y se rompieron las calzadas, y se desnivelaron los caminos, y muchos terrenos llanos se hicieron escabrosos…” (3 Nefi 8: 6-13)

Luego, en medio de la oscuridad y las tinieblas, la voz del Salvador recapitulará lo ocurrido con las ciudades de Gilgal, Oníah, Mocum y Jerusalén (sepultadas por tierra o agua), las de Gadiandi, Gadiomna, Jacob y Gimgimno (hundidas), las de Jacobugat, Lamán, Josh, Gad y Kishkumen (quemadas por fuego) y recién después se producirá su aparición. Nuevamente, juego de sombras y luces.

En la mnemotécnica clásica, una imagen terrible tenía más posibilidades de ser recordada y, por consiguiente, evocada en el momento oportuno. Tal vez este uso es el que tenemos aquí…

Cristo visita al remanente del Libro de Mormón

Cristo visita al remanente del Libro de Mormón

El escritor, semiólogo e investigador italiano Umberto Eco:

“En los ejemplos nos encontramos ante técnicas descriptivas y narrativas distintas, que tienen en común sólo el hecho de que el destinatario recibe una impresión visual (si quiere, es decir, si tiene la intención de colaborar con el texto). Lo cual me permite decir que la hipotiposis como figura retórica específica no existe. El lenguaje nos permite describir formas, escenas, secuencias de acciones… en el curso de nuestra actividad cotidiana y con mayor razón nos anima a hacerlo por razones artísticas, pero nos lo permite gracias a técnicas múltiples, que no pueden reducirse a una fórmula o instrucción…” (Umberto Eco, Sobre Literatura, 2012 Random House Mondadori, pag. 193)

Eco menciona aquí dos aspectos importantes, uno, la necesidad de participación del lector para que la hipotiposis se produzca, y, dos, la no existencia de una fórmula rígida para esa producción, dependiendo de la capacidad y herramientas con que cuente el escritor. Se ha denominado enárgeia a esta facultad de generar lo visual. Dicha enárgeia no es una propiedad del lenguaje sino una habilidad del narrador.

Veamos por un momento la enárgeia de Nefi, hijo de Lehi, en la narración de su visión y entrevista con el Espíritu y luego con un ángel en los capítulos 11 al 14 del libro de 1 Nefi. Un gran lienzo se despliega ante los ojos de Nefi con variadas y cambiantes escenas. Cada uno de esos cambios esta precedido por la invitación/mandato del ángel: “¡Mira!” y las consiguientes respuestas del joven profeta: “Y miré, y vi…”, “y aconteció que vi…”, “y sucedió que vi…”.

No es sólo Nefi el que ve. Los lectores (en la medida en que estemos dispuestos a participar) también somos convocados por el mandato y vemos a través de los ojos de Nefi.

Sin duda, la hipotiposis transforma a los lectores u oyentes en espectadores…

Ecfrasis

Si bien la palabra écfrasis o ekphrasis (del griego: visible, palpable, etimológicamente “explicar hasta el final”) tenía en el pasado un sentido más general, el uso de la crítica literaria moderna la ha restringido a la reconstrucción textual de una obra de arte plástica, siendo el ejemplo clásico la descripción del escudo de Aquiles, creado por Hefestos, en el canto XVIII de la Ilíada. Es el moldeado, mediante palabras, de un objeto artístico.

Ya Horacio en su Epístola a los Pisones había declarado que ut pictura poesis, la poesía es como la pintura, entendiendo que para los antiguos poesía era equivalente a literatura.

Guideon Burton, profesor de literatura en BYU especializado en el Renacimiento, retórica y literatura mormona, en su página web Silva Reotricae define tres acepciones (http://humanities.byu.edu/rhetoric/Silva.htm.) :

  • Descripción vívida; utilizando detalles que colocan a un objeto, persona o evento frente a los ojos del oyente.
  • El término griego para los progymnásmata (ejercicios de retórica).
  • Ecfrasis posee otra definición más restringida: la descripción literaria de una obra de arte. Filóstrato de Lemnos colaboró a fijar este sentido del término en el siglo II.

Ahora bien, no parece que en El Libro de Mormón haya mucho espacio para la descripción de obras de arte. Sin embargo, hay algunos interesantes ejemplos.

En el capítulo 4 de 1 Nefi, el narrador entra furtivamente dentro de las murallas de Jerusalén, al amparo de la noche, guiado por el Espíritu pero sin saber lo que hará:

“…vi a un hombre, y éste había caído al suelo delante de mí, porque estaba ebrio de vino. Y al acercarme a él, hallé que era Labán. Y percibiendo su espada, la saqué de la vaina; y el puño era de oro puro, labrado de una manera admirable, y vi que la hoja era de un acero finísimo…” (1 Nefi 4: 7-9)

Es notable que la descripción artística, al igual que en el caso de Aquiles, corresponda a un arma. Nefi es atraído por la belleza de la espada lo que lo lleva a desenvainarla, cuando aún está lejos de él la idea de utilizarla para acabar con Labán. El juego de luz y sombra entre la noche circundante y el brillo del acero acentúa la escena.

Nefi y la espada de Labán

Nefi y la espada de Labán

El valor simbólico y fundacional de esa espada quedará patente en varios pasajes posteriores:

“Y yo, Nefi, tomé la espada de Labán, y conforme a ella hice muchas espadas…” (2 Nefi 5: 14)

“Y como el pueblo amaba a Nefi en extremo… pues había empuñado la espada de Labán en su defensa…” (Jacob 1:10)

“Mas he aquí, el rey Benjamín reunió a sus ejércitos y les hizo frente; y luchó con la fuerza de su propio brazo, con la espada de Labán” (Palabras de Mormón 1: 13)

“Y además, le encargó (a Mosiah) los anales que estaban grabados sobre las planchas de bronce; y también las planchas de Nefi; y también la espada de Labán…” (Mosiah 1:16)

Como obra de arte, símbolo de poder real, patrón para la construcción de otras armas o recuerdo del sacrificio cruento inicial, la espada llegó hasta la Restauración:

“…y si lo hacéis con íntegro propósito de corazón, veréis las planchas, y también el pectoral, la espada de Laban, el Urim y Tumim que le fue dado al hermano de Jared en el monte…” (D y C. 17:1)

Otros ejemplos de écfrasis pueden hallarse en la descripción de la Liahona:

“…y al dirigirse a la entrada de la tienda, con gran asombro vio en el suelo una esfera de bronce fino, esmeradamente labrada; y en la esfera había dos agujas, una de las cuales marcaba el camino que debíamos seguir por el desierto” (1 Nefi 16:10)

“Y aconteció que yo, Nefi, vi las agujas que estaban en la esfera, y que funcionaban de acuerdo con la fe, diligencia y atención que nosotros les dábamos. Y también se escribía sobre ella una escritura nueva que era fácil de leer, la que nos daba conocimiento…y se escribía y cambiaba de cuando en cuando…” (1 Nef 16:28-29)

“…tengo algo que decir concerniente a lo que nuestros padres llaman esfera o director, o que ellos llamaron Liahona, que interpretado quiere decir brújula; y el Señor la preparó. Y he aquí, ningún hombre puede trabajar con tan singular maestría”. (Alma 37:38-39)

La Liahona

La Liahona

O en las maravillas arquitectónicas del malvado rey Noé

“Y sucedió que el rey Noé construyó muchos edificios elegantes y espaciosos; y los adornó con obras finas de madera, y con toda clase de cosas preciosas, de oro y de plata, de hierro, de bronce, de ziff y de cobre. Y también edificó para sí un amplio palacio, y un trono en medio, todo lo cual era de madera fina, y estaba adornado de oro y plata y cosas preciosas. Y también mandó que sus artesanos elaboraran toda clase de obras finas dentro de los muros del templo: de madera fina, y de cobre, y de bronce. Y los asientos que se reservaron para los sumos sacerdotes, que eran más altos que todos los demás asientos, él los adornó con oro puro; e hizo construir un antepecho delante de ellos… Y ocurrió que edificó una torre cerca del tempo, sí, una torre muy alta…” (Mosiah 11: 8-12)

Abinadi y el rey Noé

Abinadi y el rey Noé

Diatiposis (descripción)

Los progymnásmata incluían y distinguían como formas de diatiposis: prósoma, prógmata, tópoi y crónoi.

Prósoma (descripción de personas)

Como en toda la épica clásica y bíblica conocemos pocos rasgos físicos o psicológicos de los personajes. Los definen sus nombres y algunas pinceladas de carácter.

“…vino entre el pueblo de Nefi un hombre que se llamaba Sherem. Y aconteció que empezó a predicar… que no habría ningún Cristo… Y era un hombre instruido, pues tenía un conocimiento perfecto de la lengua del pueblo; por tanto, podía emplear mucha lisonja y mucha elocuencia…” (Jacob 7: 1-4)

“Había entre ellos un hombre que se llamaba Gedeón, y como era un hombre fuerte y enemigo del rey, sacó, por tanto, su espada y juró en su ira que mataría al rey…” (Mosíah 19: 4)

El lector debe construir la imagen visual de esas prósoma con muy pocos datos. En realidad conocemos a los individuos por sus hechos, más que por su descripción. Tampoco hallamos en los textos bíblicos aportes sobre el aspecto de Abraham, Salomón o Cristo. El análisis literario moderno diría que son construidos mediante la “exterioridad” y no su “interioridad”.

Prógmata (descripción de circunstancias o hechos)

“Y aconteció que Moroni no cesó de hacer preparativos para la guerra… e hizo que sus ejércitos empezaran a levantar montones de tierra alrededor de todas las ciudades… y sobre esos montones… hizo colocar vigas, sí, obas de maderos erigidas a la altura de un hombre… e hizo que se construyeran estacadas por todos lados; y eran altas y fuertes. E hizo que se erigieran torres más altas que estas estacadas… y las dispusieron para lanzar piedras desde su cumbre, según su voluntad y fuerza, y matar a quien intentara aproximarse a las murallas de la ciudad” (Alma 50: 1-5)

Un buen ejemplo de prógmata en el que se unen actividad comunitaria con preparativos bélicos.

El Capitán Moroni

El Capitán Moroni

Tópoi (descripción de lugares)

“… entre todos los de su pueblo que vivían en sus dominios… los cuales colindaban con el mar por el este y el oeste, y estaban separados de la tierra de Zarahemla por una angosta faja de terreno desierto que se extendía desde el mar del este hasta el mar del oeste… por las fronteras de Manti, cerca de los manantiales del río Sidón…” (Alma 22:27)

Crónoi (descripción de períodos de tiempo)

“Porque he aquí, aconteció que ya habían pasado cincuenta y cinco años desde que Lehi había salido de Jerusalén; por tanto, Nefi me dio a mí, Jacob, un mandato respecto de las planchas menores…” (Jacob 1:1)

“Y sucedió que habían transcurridos doscientos años; y todos los de la segunda generación habían muerto… Y ahora bien, en este año, el doscientos uno, empezó a haber entre ellos algunos que se ensalzaron en el orgullo…” (4 Nefi 1: 22-24)

Casi todos los anclajes temporales de los crónoi en el Libro de Mormón están dados con relación a la salida de Lehi de Jerusalén, la venida de Cristo, o los períodos de gobierno de jueces y reyes.

Entre las técnicas de representación verbal del espacio, con carga visual, podríamos enumerar aquellas categorías estudiadas por los teóricos:

Denotación

Es el modo más sencillo de descripción. Se utiliza para referirse a un objeto extralingüístico (denotatum) y designar la realidad por medio del lenguaje.

“Y había en Shemlón un paraje donde las hijas de los lamanitas se reunían para cantar, para bailar y para divertirse”. (Mosiah 20:1)

En este tópoi no es mucha la información que recibimos sobre Shemlón, con excepción de su nombre y lo que allí ocurría. No es tan fácil representarnos visualmente dicho lugar, salvo que utilicemos activamente nuestra imaginación.

Descripción pormenarizada

Comparémoslo con lo que ocurre en las aguas de Mormón, algunos capítulos antes:

“Y ahora bien, había en Mormón una fuente de agua pura… y cerca del agua había un paraje poblado de árboles pequeños, donde su ocultaba, durante el día, de las pesquisas del rey…” (Mosiah 18: 5)

“Y ahora bien, aconteció que todo esto se hizo en Mormón, sí, al lado de las aguas de Mormón, en el bosque inmediato a las aguas de Mormón; sí, el paraje de Mormón, las aguas de Mormón, el bosque de Mormón, ¡cuán hermosos son a los ojos de aquellos que allí llegaron al conocimiento de su Redentor…! (Mosiah 18:30)

Las aguas de Mormón

Las aguas de Mormón

Hay allí muchísima mayor información (objetiva y subjetiva) sobre un sitio que no debería estar muy lejano del otro. Sin embargo, las referencias hacen que nos sea más sencillo visualizarlo en detalle.

Enumeración

“pues tenían toda clase de frutas y granos, y de sedas, y de lino fino, y de oro, y de plata, y de objetos preciosos; y también todo género de ganado, de bueyes , y vacas, y de ovejas, y de cerdos, y de cabras, y también muchas otras clases de animales que eran útiles para el sustento del hombre. Y también tenían caballos y asnos, y había elefantes y curelomes y cumomes, todos los cuales eran útiles para el hombre, y más particularmente los elefantes y curelomes y cumomes” (Eter 9:17-19)

Es interesante ver como la enumeración nos ayuda a crear imágenes visuales de lo nombrado, aún de los curelomes y cumomes, que cada uno reconstruirá de acuerdo a su imaginación.

Acumulación

“… a la mañana siguiente, después que los lamanitas hubieron vuelto a sus campamentos, vimos, desde la cima del cerro de Cumorah, a los diez mil de mi pueblo que fueron talados, al frente de los cuales había estado yo. Y también vimos a los diez mil de mi pueblo que había acaudillado mi hijo Moroni. Y he aquí, los diez mil de Gidgiddona habían caído, y él en medio de ellos. Y había caído Lámah con sus diez mil; y Gilgal había caído con sus diez mil; y Límhah había caído con sus diez mil; y Jeneum había caído con sus diez mil; y habían caído Cumeníah, y Moroníah, y Antiónum, y Shiblom, y Shem, y Josh, cada uno con sus diez mil. Y sucedió que hubo diez más que cayeron por la espada, cada uno con sus diez mil, sí, había caído todo mi pueblo” (Mormón 6: 11-15)

Desde la cima del cerro de Cumorah, mediante los “vimos” y “he aquí”, somos invitados a presenciar la horrible matanza de todo un pueblo.  El motivo de la enumeración de los guerreros es propio de la poesía épica. La espeluznante contabilidad comienza con los conocidos Mormón y Moroni, continúa con cinco generales a los que agrega sus diez mil guerreros cada uno y luego otros seis que confirma que tenían la misma cifra. Finalmente añade otros diez no identificados con sus propias huestes. Es como si la acumulación léxica acompañara la acumulación de cadáveres, comenzando por los más cercanos y alejándose hasta una total despersonalización innombrable. No sabemos si cada ejército tenía exactamente la cifra de diez mil o si se trata de un recurso retórico para decir que “eran muchos”. No sabemos si las esposas e hijos que acompañaban a los guerreros están incluidos en el número de víctimas. Imaginar a las más numerosas huestes lamanitas que pudieron destruirlos es casi imposible…

Los narradores eficaces de todas las épocas han tenido en cuenta estos elementos constitutivos del buen relato.

Joseph Conrad, en su prólogo a El Negro del “Narciso”, escribió:

“La tarea que intento llevar a cabo, gracias al poder de la palabra escrita, es haceros oír, haceros sentir… es, antes que nada, haceros ver”. (J.Conrad, Edición crítica, New York, Norton, 1979, pag. 147)

Y Robert L. Stevenson, el autor de La Isla del Tesoro, Raptado y Dr. Jeckyll y Mr. Hyde agregó:

“Los hilos de un relato se entrelazan cada tano y forman un diseño en la trama; los personajes adoptan cada tanto una actitud, los unos ante los otros o ante la naturaleza, que graba el relato en la memoria como una ilustración. Crusoe retrocediendo ante la huella de un pie, Aquiles gritando contra los troyanos, Ulises doblando el enorme arco… y cada uno quedó impreso en el ojo de la mente para siempre. Podemos olvidarnos de otras cosas; olvidaremos las palabras, por bellas que sean; olvidaremos el comentario del autor, aunque haya sido ingenioso y exacto, pero estas escenas memorables, que ponen la marca definitiva de la verdad en un relato y colman, de una vez, nuestra capacidad de goce simpático, las adoptamos de tal modo en el seno de nuestra mente que ya nada podrá borrar o debilitar esa impresión. Es esta, pues, la función plástica de la literatura: dar cuerpo a un personaje, pensamiento o emoción en algún acto o actitud que impresione de manera notable al ojo de la mente”. (Stevenson, Works, New York, Scribner’s Sons, XIII, pags. 332-333)

Jorge L. Borges, en un ensayo de 1921, nos recordaba:

“Nuestra memoria es, principalmente, visual y secundariamente auditiva. De la la serie de estados que eslabonan lo que denominamos conciencia, sólo perduran los que son traducibles en términos de visualidad o de audición. Ni lo muscular ni lo olfatorio ni lo gustable, hallan cabida en el recuerdo, y el pasado se reduce, pues, a un montón de visiones barajadas y a una pluralidad de voces. Entre éstas tienen más persistencia las primeras, y si queremos retrotraernos a los momentos iniciales de nuestra infancia, constataremos que únicamente recuperamos unos cuantos recuerdos de índole visual… Nombrar un sustantivo cualquiera equivale a sugerir su contexto visual… la idea de su aspecto precede siempre a la de su sonido y se opera casi instantáneamente”. (Jorge L. Borges, Cosmópolis, Noviembre 1921, pags. 396-397)

Recientemente, Herman Parret, en Nel nome dell’ipotiposi, reconoce en la hipotiposis a una de las figuras que concurren en la producción de lo Sublime (Petitot y Fabbr, compiladores, Nel nome del senso, Milán, Sansoni, 2001)

Si eso es cierto, el Libro de Mormón está plagado de imágenes visuales que nos relacionan con lo Sublime, desde el pilar de fuego que ve Lehi en el primer capítulo de 1 Nefi hasta la experiencia del hermano de Jared con el dedo de Señor, pasando por la visión del Arbol de la Vida, la visita angélica a Alma, hijo y la aparición del Cristo resucitado. Las escenas visuales memorables relacionadas con la Deidad son innumerables y cada uno podrá buscar y encontrar los ejemplos que más le agraden.

¿Nos dará esa investigación un testimonio de la veracidad del Libro? No… El único modo de lograr eso es aplicar la regla de Moroni que aparece en su propio texto. Pero sí nos ayudará a comprender la complejidad y densidad de la obra, algo que, en las últimas décadas, los catedráticos no miembros han comenzado a reconocer. La importancia literaria del Libro de Mormón está a la altura del mensaje espiritual que transmite…

NINGUN OTRO PUEBLO CONOCE NUESTRA LENGUA

ARTE Y RELIGION

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            Libro de Mormón

“NINGUN OTRO PUEBLO CONOCE NUESTRA LENGUA”

Algunos apuntes sobre las raíces egipcias del Libro de Mormón así como sugerencias metodológicas para el tratamiento de las evidencias halladas.

por Mario R. Montani

“Para ser conocida, la verdad debe ser declarada, y cuanto más clara y completa sea la declaración, mayor oportunidad tendrá el Espíritu Santo de testificar a las almas de los hombres que la obra es verdadera”

B.H. Roberts, New Witnesses for God, 1909, Salt Lake City, Deseret Book, Vol. 2, vi-vii

INTRODUCCIÓN (El estado de las cosas)

Se cuenta en Las Mil y Una Noches que un joven que habitaba en la ciudad de las ciencias, deseoso de aprender siempre más, oyó el relato de un mercader según el cual, en cierto lejano país, vivía el hombre más santo y sabio de todo el Islam, ejerciendo el ancestral oficio de herrero. Sin pensarlo dos veces tomó alforja y báculo y, con su anhelo de conocimiento a cuestas, partió en busca del afamado maestro.

Después de cuarenta días y cuarenta noches de fatigas y penurias consiguió llegar a la ciudad del sabio. Siguiendo las indicaciones de los transeúntes localizó la tienda del herrero y, luego de besarle el borde de la vestimenta en señal de respeto, se puso a su servicio.

– ¿Qué deseas, hijo mío? – preguntó el herrero.

– Aprender ciencia! – contestó el joven.

– Entonces toma la cuerda del fuelle de la fragua y tira …

Aunque le pareció una extraña respuesta, al ver que los demás discípulos cumplían cada uno con su tarea decidió hacer lo mismo… Así sucedió al día siguiente, desde la madrugada hasta la puesta del sol, y al siguiente… y al siguiente… hasta que transcurrieron cinco años y ni una palabra de ciencia había salido de los labios del maestro.

Un día, sin poder soportarlo más, se atrevió tímidamente a abrir la boca:

– Maestro!

– ¿Qué quieres?

– ¡Ciencia!

– ¡Tira de la cuerda!

…Así pasaron otros cinco años… Hasta que una noche, cuando terminaba las tareas del día y se disponía a soltar la cuerda del fuelle de la fragua, el anciano maestro puso la mano sobre su hombro y le habló diciendo:

–  Hijo mío, ya puedes tornar a tu tierra, a tu parentela y tus amigos con el corazón pleno de toda la ciencia del mundo y de la vida. La has adquirido al adquirir la divina virtud de la paciencia!

Habiendo dicho esto le despidió con el beso de la paz. Y el discípulo regresó iluminado a su tierra donde vivió feliz y vio claro todos los días de su vida…

Si la obtención y aplicación del conocimiento ha sido siempre una “larga y continua paciencia”, no debemos llegar a pensar que los miembros de la Iglesia están exceptuados de los afanes del joven discípulo del relato. El profesionalismo y la autoridad en ciencia se logran al tener un dominio completo sobre el paradigma que rige cada campo de investigación. Un experto debe lograr convertir esos paradigmas en herramientas de trabajo y utilizarlas de forma rápida, habilidosa y casi inconsciente para resolver los problemas dentro de su área.

Hacia 1907 B.H. Roberts, a la sazón integrante del Primer Consejo de los Setenta, polemizaba con el crítico Theodore Schroeder en un debate sobre el origen del Libro de Mormón. Roberts publicaría tres tomos de la obra New Witnesses for God (1895-1911) en los que establecía la diferencia entre “evidencia interna” (aquella que surgía del estudio y análisis del propio texto) y “evidencia externa” (la provista por las Ciencias Naturales, la Arqueología, la Historia y otros textos) estableciendo un fundamento sobre el que construirían los que vendrían más adelante.

Para 1912, el Reverendo Franklin S. Spalding, iniciaba su ataque en contra de las traducciones de Joseph Smith, comenzando por el Libro de Abraham y recurriendo a diferentes egiptólogos de la época para que diesen su opinión. Resultado del informe: la Perla de Gran Precio era un fraude!… El propio B.H. Roberts llegó a confesar candorosamente que el método utilizado por Spalding era legítimo y aparentemente irreprochable.

Con el paso de las décadas se supo que las intenciones del Reverendo no habían sido tan limpias como parecían en un primer momento. Diversos allegados a su trabajo confirmaron que Spalding recelaba de la alta organización y actividad de la Iglesia, que su plan maestro consistía en lograr la deserción de la membresía intelectual de la misma y que para ello no dudó en dejar fuera del informe las opiniones de egiptólogos que no apoyaban su visión. De hecho, en aquella ocasión, la defensa de los principios de imparcialidad y el rechazo a la metodología utilizada corrió por cuenta de investigadores no mormones. No había entre las filas de miembros quien estuviera capacitado para hacerlo.

Sin embargo, un joven que asistía por aquel entonces a la LDS High School de Salt Lake City, tomó nota de que debía prepararse para defender las sagradas escrituras que había visto bajo ataque: su nombre Sidney B. Sperry.

Después de graduarse en Matemáticas y Química en la Universidad de Utah, Sidney decidió realizar una Maestría en Lenguaje y Literatura del Antiguo Testamento en la Universidad de Chicago (1926) y, mientras servía como director del Instituto de la Universidad de Idaho, concluyó su doctorado en Lenguas Bíblicas, convirtiéndose en el primer Santo de los Ultimos Días en alcanzar esa distinción (1931). A continuación, y sin soltar la cuerda del fuelle, viajó a Palestina a estudiar en la American School of Oriental Research en Jerusalén. Su experiencia lo transformó en un académico brillante y maduro.

Para 1940 declaraba:

“La gran literatura debe tener un gran tema o asunto. Un tema trivial y común, sin importar cuan bellamente tratado, difícilmente califica para los requerimientos de la gran literatura, porque su visión de la vida es demasiado estrecha y limitada. Su contenido se agota fácilmente y no nos brinda el constante estímulo de un nuevo descubrimiento con cada lectura repetida.

Para que pueda ser llamada gran literatura, una pieza dada deberá estar hermosamente expresada. Su dicción e imágenes deben estar cerca de la perfección. Si tiene esas cualidades tendrá probabilidades de sobrevivir.

La gran literatura tiene la facultad de poner en actividad al ser completo del hombre. Cuanto mayor sea el espectro de cualquier literatura – es decir, cuanto mayor sea el número, variedad, color y complejidad de los impulsos que haga surgir en el hombre – mayor será su calidad”. [1]

El Dr. Sperry desarrolló ampliamente la idea de que El Libro de Mormón no es sólo un texto doctrinal, sino también una obra maestra de la literatura. En su clásico Our Book of Mormon identificó y ejemplificó 16 géneros literarios distintos en la estructura del texto. Fue el primero en denominar a 3 Nefi el “evangelio americano” y  “salmo de Nefi” al pasaje de 2 Nefi 4: 28-34.[2]

Mientras el “affaire” Spalding se desarrollaba, otra mente brillante, Hugh W. Nibley,  daba sus primeros pasos en Pórtland, Oregon. …  Nacido el 27 de marzo de 1910, a los 17 años partía a cumplir una misión en Alemania, lo que le permitiría dominar el idioma en que la mayoría de los estudios clásicos eran escritos por esa época. Con 34 años, y un doctorado en Historia Antigua de la Universidad de California en Berkeley,  participaba del desembarco en Normandía como oficial de inteligencia. Ese día, en la castigada playa Utah, con una copia del Libro de Mormón en su bolsillo, obtuvo un potente testimonio adicional de esta obra. Como lo ha expresado John W. Welch: “Desde ese momento en la playa Hugh Nibley nunca volvió a ser el mismo. Tampoco los estudios académicos sobre el Libro de Mormón” [3]

Este verdadero “hombre del Renacimiento” con sus inagotables conocimientos de árabe, griego, egiptología e historia podía reconstruir la trama cultural y social de hombres como Lehi y Nefi y leer entre líneas los antiguos textos

De entre sus aproximadamente 200 publicaciones sobre diversos temas, hay al menos tres obras monumentales que analizan el Libro de Mormón: Lehi in the Desert and the World of the Jaredites (1952), An approach to the Book of Mormon (1957), Since Cumorah (1967). En ellas ha dejado claro cuan cómodamente se encuentran las personalidades del Libro de Mormón en el marco del mundo antiguo, y las coincidencias formales, lingüísticas y religiosas con otras obras del pasado.

Afortunadamente, las clases magistrales del Dr. Nibley en la Universidad de Brigham Young, así como centenares de artículos publicadas, permitieron que otros se iniciaran en el paciente sendero de la ciencia.

Nombres como Richard Lloyd Anderson, John W. Welch, John L. Sorensen, Royal Skousen, John A. Tvedtnes y John Gee, entre muchos otros, aparecen regularmente en el Journal of Book of Mormon Studies y otras publicaciones de FARMS (Fundación para la Investigación Antigua y Estudios Mormones)

Cuando en abril de 1986, el Presidente Benson declaró que la Iglesia había descuidado su libro principal de Escrituras y que “el Señor (había) revelado la necesidad de dar un renovado énfasis al Libro de Mormón”, bendijo a los santos con una mayor comprensión del libro.

Los catedráticos, junto con el resto de los miembros, respondieron. Tan sólo a modo de  ejemplo, la publicación de estudios serios sobre el Libro de Mormón aumentó un 50% a finales del decenio de 1970 y se disparó hasta un 230% en la década de 1980. Ese aumento continúa.[4]

No es de extrañar que en el Trinity Journal (la más importante publicación Evangelista) del otoño de 1998, en un extenso artículo con el también extenso título de “Erudición Mormona, Apologistas, y Negligencia Evangélica: ¿Perdiendo la Batalla y Sin Saberlo?”, pueda leerse:

“El mito de que los SUD entrenados en áreas como teología y lenguajes bíblicos invariablemente abandonan sus creencias en la historicidad del Libro de Mormón y en la estatura profética de Joseph Smith debe ser dejado de lado por aquellos Evangelistas que deseen ser responsables. Dichos mitos han estado basados en la ignorancia y en lecturas parciales.

Los académicos SUD han respondido tan eficazmente a las críticas a sus creencias que ningún libro con la perspectiva evangélica está a la altura para interponérseles. La sofisticación y erudición de los apologistas SUD ha crecido considerablemente mientras que las respuestas evangélicas no lo han hecho. Los estudiosos SUD con visión erudita y rigurosa han provisto una robusta defensa de la fe mormona, lo cual amerita la seria atención de la comunidad evangélica…

… Por ejemplo, el equipo internacional de editores de los Rollos del Mar Muerto incluye cuatro académicos SUD y tanto FARMS como la Universidad de Brigham Young auspician conferencias internacionales sobre los Rollos. La investigación mormona de los Rollos es prontamente aceptada por la mayor parte de la comunidad científica y los estudiosos mormones son crecientemente llamados a colaborar, contribuir o editar libros con eruditos no SUD…” [5]

Si bien el artículo en cuestión es más bien una sugerencia a los eruditos evangélicos para que comiencen el largo camino a la casa del herrero, es posible advertir que, en el siglo transcurrido entre el Reverendo Spalding y nosotros, algo ha pasado.

INTRATEXTUAL, EXTRATEXTUAL, INTERTEXTUAL, PARATEXTUAL

Nunca habrá un cúmulo tal de evidencias que pueda concedernos el testimonio de la veracidad del Libro de Mormón. Por una sencilla razón: el testimonio es un don otorgado por Dios, a través del Espíritu, a quien esté dispuesto a cumplir con los pasos que El ha dispuesto a ese efecto. Entonces … ¿para qué perder el tiempo buscando evidencias? … Se me ocurren al menos dos razones: 1) Para aquellos que ya poseen un testimonio es causa de regocijo y estímulo el comprobar intelectualmente lo que ya saben por otra vía. 2) Para los que no lo poseen aún, el estudio intensivo y detallado puede ser un marco adecuado para que inicien el proceso por el cual una revelación personal venga a sus vidas.

Quizás habría una tercera razón sugerida por Hugh Nibley: el ámbito de la crítica religiosa es como un campeonato deportivo; si no enfrentamos al contrincante perdemos por falta de presentación. Y el evangelio de Jesucristo merece más que eso.

De modo que el presente texto no tiene por objetivo convencer a nadie, sino que adquiere validez únicamente dentro de los límites de los dos o tres motivos antes mencionados.

Denominaremos intratextual a la evidencia que surge de las propias páginas del Libro de Mormón. Por ejemplo: en las lenguas semíticas (tanto egipcio como hebreo) existe una construcción denominada ‘acusativo cognado’. Acusativo suele ser el equivalente de lo que llamamos en nuestra gramática objeto directo. Cognado tiene el valor semántico de pariente, y de allí proviene el castellano ‘cuñado’. Esa construcción consiste en el uso de un verbo seguido inmediatamente por un sustantivo derivado de la misma raíz, a menudo para dar énfasis. A pesar de no ser una construcción deseable ni en castellano ni en inglés (idioma de la traducción original), sí aparece en las páginas del Libro de Mormón.

“He aquí, he soñado un sueño, en el que… (1 Nefi 3:2)

“… he soñado un sueño o, en otras palabras, he visto una visión. (1 Nefi 8:2)

“…aunque maldecidos con severa maldición… (Jacob 3:3)

Hay otros ejemplos que los traductores han destruido para que se adaptasen mejor al castellano:
“WORK all manner of fine WORK” Mosiah 11:10

(“elaboraran (obraran) toda clase de obras finas”)
“and he did JUDGE righteous JUDGMENTS” Mosiah 29:43

(y juzgó con justicia (rectos juicios)

Estas “palabras emparentadas” son particularmente evadidas en castellano e inglés pero intencionalmente buscadas en los idiomas semíticos. Podría por lo tanto ser una EVIDENCIA INTRATEXTUAL de la proveniencia antigua y hebrea del texto original.

Por otro lado, denominaremos evidencia extratextual a la aportada por elementos y conocimientos exteriores a la obra analizada.

En 1907, en la Tumba 55 del Valle de los Reyes, cerca de Luxor, Egipto, se encontraron láminas de oro con inscripciones y, entre otros artefactos, una cimitarra.[6] El descubrimiento fue datado como del período Amarna (entre 1351 – 1333 A.C.) Este hallazgo es importante al menos por dos razones: 1) Muestra que los egipcios utilizaban finas láminas de oro para sus inscripciones desde mucho antes que el 600 A.C., y 2) Prueba que la cimitarra estaba ya en uso en ese mismo período, contradiciendo un ataque de los críticos que aseguraban que la mención de ese arma en el Libro de Mormón era un anacronismo histórico pues la misma se había desarrollado en Turquía en la época de Mahoma (600 D.C)

Por tanto, se constituye en un buen ejemplo de EVIDENCIA EXTRATEXTUAL de la coherencia del Libro de Mormón con respecto a las costumbres y artefactos de la región y época de donde declara venir.

Analicemos un tercer ejemplo. Deuteronomio 12 declara que los sacrificios rituales en Israel debían realizarse únicamente en el templo de Jerusalén. Nuevamente los críticos arremetían con el siguiente argumento: ‘si Lehi era realmente un judío obediente de la ley mosaica ¿por qué realizaba sacrificios en medio del desierto, en franca contradicción con lo declarado en Deuteronomio?’ Por varias décadas los apologistas mormones consideraron la posibilidad de que, siendo Lehi un poseedor del sacerdocio de Melquisedec, estaba autorizado para  hacerlos, a la manera de los antiguos patriarcas.

Con el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto y sus lentas traducciones y ediciones, una nueva luz surgió. En el conocido como Rollo del Templo aparece en dos ocasiones la frase ‘a tres días de viaje del Templo’ como aparente límite para el cumplimiento de ciertas ordenanzas:

“No sacrificaréis un buey limpio o cordero o macho cabrío en todas vuestras ciudades, cerca de mi templo dentro de una distancia de tres días de viaje; no, sino que dentro de mi templo los sacrificaréis, como una ofrenda ardiente u ofrenda de paz, y comeréis y os regocijaréis ante mi en el lugar sobre el cual escogeré poner mi nombre” [7]

El investigador Aharon Shemesh, sugiere que el límite de tres días incluía todo el territorio de Israel, pero no tenía alcance fuera de él.[8] De otro manera, nunca se habrían autorizado otros templos judíos donde se realizaban sacrificios como el de Onías, en Egipto.

De modo que, cuando leemos en el Libro de Mormón:

“Y aconteció que después de haber viajado tres días por el desierto, asentó su tienda en un valle situado a la orilla de un río de agua. Y sucedió que erigió un altar de piedras y presentó una ofrenda al Señor, y dio gracias al Señor nuestro Dios” 1 Nefi 2: 6-7

Nefi no nos está dando únicamente la referencia temporal de que habían pasado tres días desde su partida de Jerusalén. Nos está diciendo también: ‘mi padre era tan fiel cumplidor de la Ley que esperó a estar a la distancia establecida para presentar una ofrenda al Señor’.

De este modo, con la presencia efectiva de un texto en otro, nos encontramos con un ejemplo de EVIDENCIA INTERTEXTUAL a favor de la alta obediencia de Lehi a sus compromisos religiosos. El Libro de 1 Nefi y el Rollo del Templo entablan un diálogo entre ellos que ilumina nuestro saber.

En el siglo X de nuestra era existió un erudito musulmán llamado Muhammad ibn-Ibrahim ath-Tha’labi quien se dedicó a recoger leyendas orales y de otras fuentes sobre muchos personajes bíblicos. Entre ellas una sobre el ropaje de José, la cual él reconocía “no haber encontrado en ningún otro lugar”, y que relataba cómo la túnica había sido hecha pedazos, cómo una parte fue preservada y el significado que eso tenía. Esa tradición, de la cual Muhammad no pudo encontrar confirmación,  tiene una clara réplica en Alma 46:23-25:

“… sí, somos un resto de la posteridad de José, cuya túnica sus hermanos hicieron pedazos… Sí recordemos la palabras de Jacob, antes de su muerte, pues ha aquí, vio que parte del resto de la túnica de José se había conservado y no se había deteriorado. Y dijo: Así como este resto de la ropa de mi hijo se ha conservado, así preservará Dios un resto de la posteridad de mi hijo…”

Nuevamente, el análisis intertextual viene a apoyar las declaraciones del Libro de Mormón. En ocasiones las evidencias son complejas y no tan fácilmente identificables. El descubrimiento de documentos antiguos es un hecho arqueológico (extratextual) y sin embargo el contenido de los documentos establece un nexo intertextual con la obra con la que los comparamos. En estos casos la intertextualidad puede considerarse una subdivisión de la extratextualidad.

En 2 Nefi 5: 7-16 leemos:

“Y yo, Nefi, edifiqué un templo, y lo construí según el modelo del templo de Salomón, salvo que no se construyó de tantos materiales preciosos, pues no se hallaban en esa tierra, por tanto, no se pudo edificar como el templo de Salomón. Pero la manera de su construcción fue semejante a la del templo de Salomón ; y su obra fue sumamente hermosa”.

Aquí las objeciones presentadas eran varias: 1) ¿Por qué judíos fieles construirían un templo en contra de lo establecido en Deuteronomio? 2) Aunque hubiesen querido hacerlo ¿dónde habrían conseguido los materiales, la gente, el tiempo y los fondos suficientes para semejante emprendimiento? 3) ¿Dónde estaban los restos de esos templos?

Hoy conocemos antiguos documentos que revelan que una colonia judía habitando en Elefantina, en el Alto Egipto (cerca de la actual Aswan), construyó un templo, con el consentimiento escrito del sumo sacerdote de Jerusalén, en el siglo V A.C. [9] Curiosamente, esos documentos mencionan también a una mujer de nombre Sariah, (que con esa grafía no es bíblico pero sí aparece en el Libro de Mormón).

Por otro lado, el francés Jacques de Mahieu desenterró los restos del denominado Tupao Cué (“antiguo templo”, en guaraní), cerca de Tacuatí, Paraguay. Sus medidas generales son las mismas del Templo de Salomón, su puerta principal tiene iguales dimensiones, ubicación y orientación que la de ese templo. Otro descubrimiento similar se produjo en Chavín de Huantar, Perú. [10]

Las tres objeciones quedan contestadas por una mezcla de evidencias extra e intertextuales. La construcción de templos fuera de Jerusalén (y a considerable distancia) era una práctica aceptada y constatada en la época en que Lehi se dirigía a la Tierra Prometida. Los restos hallados en América dan fe de que fueron construidos con iguales dimensiones, distribución y orientación aunque con elementos más simples, tal como lo indica 2 Nefi.

Con esto no queremos decir que Tupao Cué o Chavin de Huantar sean el templo mencionado en el Libro de Mormón. Sino que era absolutamente posible que fuese construido y que alguien conocía los detalles para hacerlo.

Por otro lado, a partir de esta apreciación, el pasaje de 2 Nefi se constituye en una evidencia intratextual del origen de los restos hallados, a los que la ciencia aún no ha podido dar explicación satisfactoria.

Finalmente, encontramos en El Libro de Mormón elementos que no son parte del texto en sí. El relato de la obtención de las planchas por Joseph Smith, Jr., si bien una evidencia de la divinidad de la obra, es paratextual. El testimonio de los testigos, una evidencia externa de su veracidad y el cumplimiento de una promesa que se halla en el texto, es paratextual. La división en capítulos y versículos, muy útil para el estudio, no es parte del texto sino del paratexto, y puede no coincidir siempre con las estructuras internas del relato. Sucede algo similar con la cronología tentativa que aparece al pie. Es una ayuda para ubicarnos en la línea del tiempo y no una declaración de certeza histórica que implicaría la aceptación de todos los cambios que se produjeron en la manera de calcular el calendario en el mundo antiguo. Cuando en 3 Nefi 1:1 se nos dice que habían pasado 600 años desde la partida de Jerusalén ¿de qué tipo de años está hablando Nefi, hijo de Helamán? ¿de los años gregorianos de 365,24 días que rigen la vida occidental desde 1582 D.C y que él no conocía, del calendario judío que es lunisolar, con 354 días, y que compensa las diferencias cada 19 años o de algún antecesor del sistema maya que es uno de los más perfectos en el devenir de la historia? No tenemos aún una respuesta adecuada para estas preguntas por lo que la prudencia indica mantener una actitud flexible a la hora de datar un hecho.

Con el paso del tiempo se han acumulado también, en sucesivas ediciones, algunas diferencias léxicas y/o sintácticas que tuvieron que ver básicamente con un adecuamiento a las reglas de la gramática inglesa. Pero recientemente se ha puesto de relieve que lo que parecía un “mal inglés” es en realidad un “muy buen hebreo o egipcio” por lo que Royal Skousen con el apoyo de FARMS trabaja en un proyecto de edición crítica que incluiría las variaciones entre los manuscritos originales, la copia del editor, la edición de 1830 y otras ediciones con el objeto de compararlas más eficazmente.

Esas diferencias acumuladas, si bien textuales para nuestras actuales ediciones, son en realidad paratextuales con relación al manuscrito original, y abren todo un interesante campo de estudio.

COTEXTUAL, CONTEXTUAL, HIPOTEXTUAL, HIPERTEXTUAL

Cuando leemos en Mosiah 2:17 la declaración:

“Y he aquí, os digo estas cosas para que aprendáis sabiduría; para que sepáis que cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes sólo estáis al servicio de vuestro Dios.”

nos encontramos con una frase textual que se encuentra inserta en una forma discursiva más extensa (el discurso del rey Benjamín, Cap. 2 al 5) que a su vez se halla incluida en el Libro de Mosíah. Tanto el discurso como el Libro forman el COTEXTO del pasaje anterior. El cotexto se ha definido a veces como el “contexto verbal o textual” de una unidad determinada. La unidad en cuestión no puede ser comprendida totalmente si no es analizada dentro de su cotexto.

Por otro lado, existe el CONTEXTO, es decir, la situación real o “contexto situacional” en el que se produjo el discurso. Algunas de las características del contexto en el ejemplo del rey Benjamín aparecen al comenzar el Capítulo 2 y en el Capítulo 6 y tienen que ver con la gran reunión a la que es convocado el pueblo, en la que muchos estudiosos ven marcadas relaciones con la Fiesta de los Tabernáculos del pueblo hebreo y otras festividades estacionales semíticas.

El contexto puede dividirse para su estudio en contexto natural o entorno, contexto social y contexto individual los cuales van encajados sucesivamente por ese orden uno dentro del otro.

También, en determinados casos, podrían darse enfoques diastráticos (que tengan en cuenta el habla de los diferentes estratos sociales), diatrópicos (las diferencias que se producen en el lenguaje por la expansión geográfica), diafásicos (a través de las diferentes fases y usos del lenguaje: vulgar, cotidiano, culto, literario, religioso, legal, etc) y diacrónicos (las diferencias acumuladas por el paso del tiempo). Todas estas áreas han sido relativamente inexploradas en el texto del Libro de Mormón, y si bien tal exploración se vuelve dificultosa por el hecho de que los escritos reflejan, en general, el pensamiento y las formas de la clase dirigente, más el agravante de estar reunificados en el relato de una sola voz (Mormón), aún hay indicios como para efectuar el trabajo.

En el relato de Zeniff, el colonizador, algunos capítulos más adelante del discurso de Benjamín, leemos:

“Y empezamos a cultivar la tierra, sí, con toda clase de semillas, con semillas de maíz, de trigo y de cebada, con neas y con sheum, y con semillas de toda clase de frutas…” (Mosiah 9:9)

Por más que nos esforcemos, no lograremos hallar en el COTEXTO de Mosíah o en todo el Libro de Mormón una indicación del significado de “sheum”. Pero si nos trasladamos al CONTEXTO que nos plantea el Libro, es decir, el de una colonia antigua de origen hebreo, con ramificaciones culturales entre sus contemporáneos del Mediterráneo y la Mesopotamia, descubriremos que “sheum” significa cebada y, en ocasiones, otros granos, en Acadio. Por tanto, Zeniff nos está diciendo que sembraron otra variedad de cebada o bien agrupa bajo ese nombre a otros granos. El vocablo carece de sentido en el contexto estadounidense del siglo XIX pero posee mucho significado en el contexto de una cultura y lenguaje desaparecidos hace milenios. Ciertamente no sería lógico cambiar caprichosamente de contexto una y otra vez para intentar que el texto nos de respuestas que ya hemos predefinido.

Retomando el concepto de intertextualidad o transtextualidad, que se define como todo lo que pone a un texto en relación, manifiesta o secreta, con otros textos, llamaremos  hipertextualidad a toda relación que une a un texto B (HIPERTEXTO) con un texto anterior A (HIPOTEXTO). Estas relaciones pueden incluir, la cita, la alusión, la paráfrasis, etc. El gran hipotexto del Libro de Mormón lo constituyen sin duda las Planchas de Bronce de Labán. Dichas planchas…

“… contenían los cinco libros de Moisés, los cuales relataban la historia de la creación del mundo, y también de Adán y Eva, nuestros primeros padres; y asimismo la historia de los judíos desde su principio, aun hasta el comienzo del reinado de Sedequías, rey de Judá; y también las profecías de los santos profetas desde el principio, hasta comenzar el reinado de Sedequías, y muchas profecías declaradas por boca de Jeremías…” (1 Nefi 5: 11-13)

Lehi también halló en ellas:

“… la genealogía de sus padres, por lo que supo que descendía de José, sí, aquel José que era hijo de Jacob, que fue vendido para Egipto y preservado por la mano del Señor… Y Labán también era descendiente de José, por lo que él y sus padres habían llevado los anales”. (1 Nefi 5: 14-16)

Eran por tanto un registro histórico-religioso, que incluía además la genealogía familiar y fue no sólo el modelo de las planchas de oro mayores y menores, sino también la fuente de muchas de las citas y referencias que se mencionan a lo largo del contenido. Por ejemplo, las abundantes citas de Isaías. En un sentido las planchas de bronce eran equiparables a nuestro Antiguo Testamento.

“El libro que ves es una historia de los judíos, el cual contiene los convenios que el Señor ha hecho con la casa de Israel; y también contiene muchas de las profecías de los santos profetas; y es una narración semejante a los grabados sobre las planchas de bronce, aunque menos en número” (1 Nefi 11:23)

La diferencia numérica se explicaría por la falta de algunos registros como los de Zenoc, Neum y Zenós (1 Nefi 19: 10), que también formaban parte de ese hipotexto pero no tenemos como constatarlos por faltar en el Antiguo Testamento.

El descubrimiento del Libro de Enoc en 1888 permitió verificar que algunas citas provenían de él (p. Ej. Helamán 13:33) y que varios autores del Nuevo Testamento lo mencionaban en abundancia, “a la antigua”, es decir, sin aclarar que se trataba de una cita, ya que los conceptos de originalidad y autoría diferían mucho de los nuestros.

Otro hipotexto a tener en cuenta es el de las tradiciones orales judías (considerando el absurdo de asignar un valor textual a la oralidad). Cuando Nefi reprende a sus hermanos en el primer viaje de regreso a Jerusalén, les dice:

“Subamos pues, y seamos fuertes como Moisés, porque él de cierto habló a las aguas del Mar Rojo y se apartaron a uno y otro lado, y nuestros padres salieron de su cautividad sobre tierra seca, y los ejércitos de Faraón los persiguieron y se ahogaron en las aguas del Mar Rojo” (1 Nefi 4:2)

Es interesante recordar que aún no tenían consigo las planchas de bronce, pues, de hecho, iban en su busca, sin embargo los detalles de la saga mosaica estaban claros en las mentes tanto del emisor como de los receptores. La repetida aparición del esquema o patrón del Exodo en el Libro de Mormón también ha sido ampliamente estudiada.

BENDITO EL PUEBLO MIO, EGIPTO… (Isaías 19:25)

Veamos dos comentarios recientes de publicaciones anti-mormonas. El primero de Mormon Claims Answered:

“1 Nefi 1:1-4 declara que Lehi, un devoto judío de Jerusalén, guardaba un registro sagrado en lenguaje egipcio. Pero en el año 600 A.C. los judíos eran enemigos de los Egipcios. El rey Josías había muerto en batalla luchando contra Egipto alrededor del 608 A.C., y Judá pagaba tributo a Egipto después de ello (2 Crónicas 35:20-27, 36:1-4). Dado que el hebreo era el lenguaje sagrado y el Señor estaba en ese momento “contra Egipto” (Jeremías 46: 1-2), ningún devoto judío escribiría en Egipcio”.[11]

El segundo de Everything You Ever Wanted to Know about Mormonism:

“El Mormonismo nunca ha explicado como judíos temerosos de Dios  del 400 D.C. alegaban conocer el Egipcio, ni porqué habrían escrito enteramente sus registros sagrados en el lenguaje de sus enemigos paganos e idólatras (p. 284) ¿Qué posibilidades hay de que estos Nefitas, supuestamente Judíos hubiesen usado la lengua Egipcia para registrar sus sagradas escrituras? La fuerte antipatía que sentían hacia los Egipcios y su cultura hace muy difícil de aceptar esto. Cuando los modernos Judíos copian sus escrituras utilizan Hebreo, no Egipcio o Arabe, el lenguaje de sus enemigos (pp. 294-95). No existe tal lenguaje (como Egipcio reformado) y los egiptólogos lo declaran inequívocamente (p. 294)”. [12]

Hagamos explícitas algunas de las objeciones presentes en estos textos:

1- Los judíos no usarían el lenguaje de sus enemigos para textos sagrados debido a la antipatía y larga rivalidad que mantenían con ellos. La verdad es que partes del Antiguo Testamento (Capítulos 2 al 5 de Daniel y capítulos 4 al 6 de Esdras) fueron escritos en arameo o caldeo, el idioma utilizado en Babilonia. No hace falta recordar que esta ciudad y sus habitantes eran sinónimo de la maldad para los judíos y que estuvieron sometidos casi permanentemente a sus ataques e imposiciones. Sin embargo judíos fieles registraron parte de sus escrituras en este supuestamente “odiado” idioma de paganos e idólatras. Recientemente, se ha descifrado una versión del Salmo 20 en arameo, pero escrito con caracteres de egipcio demótico.[13]  En la época de Cristo, muchos judíos leían versiones del Antiguo Testamento en griego, y de hecho, buena parte del Nuevo Testamento fue escrito en esa misma lengua. Pero los griegos habían sido tradicionalmente enemigos de los judíos por varias generaciones (1 Macabeos 1: 7-64). El Salvador mismo es registrado hablando en arameo.

Si la propuesta inicial fuese cierta, los pueblos dominados por el Imperio Romano hubieran abandonado el uso del latín con la caída de ese poderío. Todos sabemos que no fue así. Lo que los lingüistas reconocen desde hace mucho tiempo es que los sistemas de escritura tienden a trascender las enemistades históricas y a seguir un camino independiente.

2- Los egipcios eran enemigos de los judíos al menos en la época en que Lehi comienza su relato. Esta afirmación no parece coincidir con la realidad histórica. Palestina estuvo siempre en el medio de las ambiciones expansionistas de Asiria (luego Babilonia) por un lado y Egipto por el otro. En las diferentes ocasiones en que los judíos estuvieron bajo uno u otro dominio, los egipcios fueron siempre amos más benevolentes, contentándose con cobrar impuestos pero dejando la administración de los asuntos internos en manos de los propios conquistados. No así los asirio-babilonios que provocaron grandes destrucciones y desarraigos. De modo que, para la mayoría de los hebreos, la elección de Egipto como mal menor era obvia.

La alianza judeo-egipcia frente a Babilonia parece un hecho ante estos indicios:

– Judá participó en acciones militares egipcias contra Babilonia en el 613 A.C. según las propias crónicas babilonias.

– Tropas judías eran empleadas por los egipcios como lo demuestran las colonias militares judías en Elefantina.

– Personal militar de Judá estaba presente en la derrota de Egipto por las fuerzas de Nabucodonosor en 605 A.C. según lo registra Josefo. [14]

– Egipto contrató mercenarios griegos (hoplitas) para proteger esa zona de Palestina y el apoyo logístico de esas tropas era provisto por Judá, en calidad de aliado.[15]

El motivo por el cual el profeta Jeremías se oponía a la alianza se basaba justamente en que, al realizarla, los judíos ponían su confianza en un poder humano y no en Jehová.

3- No existe tal cosa como egipcio reformado. Es interesante lo que el propio Mormón escribió al respecto:

“Y he aquí, hemos escrito estos anales según nuestro conocimiento, en los caracteres que entre nosotros se llaman egipcio reformado; y los hemos transmitido y alterado conforme a nuestra manera de hablar.

Y si nuestras planchas hubiesen sido suficientemente amplias, habríamos escrito en hebreo; pero también hemos alterado el hebreo; y si hubiésemos podido escribir en hebreo, he aquí, no habríais tenido ninguna imperfección en nuestros anales.

Pero el Señor sabe las cosas que hemos escrito, y también que ningún otro pueblo conoce nuestra lengua; y por motivo de que ningún otro pueblo conoce nuestra lengua, por lo tanto, él ha preparado los medios para su interpretación.” (Mormón 9:32-34)

Del pasaje anterior es posible concluir: a) que el nombre de egipcio reformado era de uso interno en la civilización nefita. No lo publicaron en ningún catálogo de idiomas antiguos o extraños para que los actuales arqueólogos pudieran identificarlo como tal. b) que habían acudido a esa variedad de grafolecto por una causa técnica: la falta de espacio en las planchas. De otro modo hubiesen escrito preferentemente en hebreo (la elección de un grafolecto específico estará siempre condicionada por las circunstancias culturales y los medios disponibles) y c) que estaban conscientes tanto de las alteraciones ocurridas por la selección del idioma combinado como por las acumuladas con el paso de un milenio, ya que Mormón reconoce que el lenguaje escrito “fue alterado conforme a nuestra manera de hablar”. Es un hecho constatable lingüísticamente que la variedad hablada por Mormón en 400 D.C no podría ser la misma que la hablada por Lehi en 600 A.C. Sí es posible que la variedad textual haya permanecido menos alterada por el ‘anclaje’ o punto de referencia que la escritura misma supone.

Para simplificar lo antedicho, debemos estar conscientes de que cuando escribimos “Pekín” o “Bei-jin”, “Confucio” o “Kung-fu-tse”, independientemente de cuánto nos acerquemos a la pronunciación original, estamos escribiéndolo en chino reformado. Es decir, que estamos traduciendo los signos de escritura chinos a nuestro alfabeto occidental. Cuando escribimos Tschaikovsky, Borodin, Rachmaninoff o el nombre de cualquier otro compositor ruso, lo estamos haciendo en ruso reformado, puesto que intentamos reproducir en nuestras letras latinas (con mayor o menor suerte) lo que originalmente está escrito en alfabeto cirílico. Esto, que realizamos cotidianamente, tiene un nombre técnico; se denomina transliteración (la representación de signos pertenecientes a un sistema de escritura mediante los signos de otro).

Es muy posible que si preguntásemos a un egiptólogo eminente si conoce el egipcio reformado nos diga que no. Pero si preguntáramos si conoce transliteraciones del antiguo egipcio a otros sistemas, incluyendo el antiguo hebreo, indudablemente nos contestará que sí. A los científicos también hay que hablarles en el idioma que comprenden.

Con respecto a la afirmación de que a los modernos Judíos no se les ocurriría copiar sus escritos en egipcio o árabe sólo podemos declarar falta de conocimiento. El egipcio es una lengua muerta desde hace centurias, por lo que mal podrían hacerse traducciones a ella en la actualidad. Con respecto al árabe, la primera de las varias traducciones del Antiguo Testamento fue hecha por Sa’adya el Ga’or, director de la escuela rabínica en Sura, Babilonia, alrededor del 900 D.C. [16] Afortunadamente no llegó a leer los folletos modernos que le prohibían hacer tal cosa.

El historiador griego Heródoto declaró hace ya milenios que Egipto era el don del Nilo. Sería bueno recordar que también fue y es el don de Dios, ya que se trata de una tierra que El ha utilizado para sus propósitos a través de todos los tiempos (incluyendo la protección de su pueblo escogido y de su Hijo Unigénito). Así lo entendió Isaías al profetizar:

“En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra; porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad” (Isaías 19: 24-25)

Por otro lado, y específicamente relacionado con estos apuntes, el lenguaje de Egipto así como sus gentes y costumbres forman una de las fibras imprescindibles para la comprensión del extenso tapiz que es el Libro de Mormón. [17]

Deberíamos repasar también algunos hechos conocidos por todos los lectores de la Biblia. José, el que fue vendido en Egipto, ayudó a preparar las circunstancias para que toda la casa de su padre, Jacob, encontrase la salvación temporal del hambre en la tierra del Nilo. El Génesis nos cuenta:

“Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello; y lo hizo subir en su segundo carro… y lo puso sobre toda la tierra de Egipto… Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat (Aseneth) hija de Potifera sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto”. (Gen. 41:42-45)

De modo que aquí tenemos a uno de los padres fundadores de las Doce Tribus de Israel funcionando como un alto ejecutivo gubernamental en la corte de Faraón, y teniendo hijos (Manases y Efraín) con una esposa egipcia. Por tanto los descendientes de la tribu de José, por cualquiera de sus dos vertientes, eran egipcios en un 50%. Existe un texto hebreo del siglo I a.C. conocido como la Historia de Joseph y Aseneth (basado en tradiciones orales mucho más antiguas) que relata la conversión de Aseneth y su iniciación mística antes de desposarse con José. Este material debería recibir una mayor atención por parte de los estudiosos miembros de la Iglesia, ya que la riqueza de su contenido es invalorable y los paralelos con las creencias mormonas muy notables.

Los hebreos, según el relato bíblico, vivieron en Egipto por unos 400 años. ¿Podemos mensurar el impacto social y cultural de ese período de convivencia? Para tomar una idea, es equivalente a la duración histórica del Reino de Judá y mayor que la existencia independiente del Reino de Israel. ¿Nos puede parecer extraño que en particular los descendientes de José, una vez cogobernante de Egipto, casado con una egipcia, hayan estimulado tradiciones culturales y formas de escritura que mantuviesen vivo el orgullo y las memorias familiares? ¿Suena descabellado que Labán, un descendiente de José por los lomos de Manases, mantuviese registros personales en una variante del idioma de sus ancestros? ¿Es inconcebible que Lehi, otro descendiente de José, pretendiera hacer lo mismo?

Es cierto que una parte del período mencionado fue en calidad de esclavos de los egipcios por causa de Faraones “que no conocieron a José”, pero cuando llegó el momento de la liberación, nació un niño que fue criado y protegido por la hija de Faraón, quien le puso por nombre Moisés. ¿No habrá sido este Príncipe de Egipto enseñado en las artes y ciencias de su época? ¿No habrá participado del “idioma de los egipcios” a través de su madre adoptiva así como de la “ciencia de los judíos” por vía de su madre natural que funcionó como nodriza?

No sería posible contar la historia de Israel sin José, su salvador y sin Moisés, su liberador. Sin embargo, ambos fueron Príncipes de Egipto en algún momento de sus vidas. Creo que eso también merece nuestra reflexión.

“HISTORIA VERO EST TESTIS TEMPORE… NUNTIA VETUSTATIS”

Los puntos analizados anteriormente nos han puesto frente a la necesidad de precisar si la relación cultural entre Egipto e Israel era posible, plausible y probable para el contexto dado.

Si, como lo pensó Cicerón en De Oratore, la Historia es verdaderamente prueba y testigo de los tiempos y heraldo de la antigüedad, veamos qué tiene para decirnos. Una advertencia adecuada para el correcto acercamiento es que debemos permitir que los antiguos (fuertemente influidos por las formas y tradiciones orales) nos comuniquen sus propias categorías y no intentar imponerles  nuestras propias clasificaciones. Un peligro latente para el lector de textos antiguos es encontrar fáciles paralelos con el mundo moderno y su experiencia personal, mientras que los paralelos deben establecerse con la sociedad y época de donde el texto proviene.

Debemos recordar, por ejemplo, que para esas civilizaciones, los hechos históricos repiten eventos míticos que supuestamente restaurarán la perfecta y original condición de las cosas.

Donald B. Redford es Profesor de Estudios sobre el Cercano Oriente en la Universidad de Toronto. Sus investigaciones demuestran que Israel, encontrándose tan cerca de la costa del Mediterráneo y de los territorios de Africa del Norte se hallaba dentro de la penumbra cultural egipcia y no podía evitar recibir consciente o inconscientemente tales influencias lingüísticas y léxicas.[18] También que hubiese sido muy extraño que Israel y Judá, durante la Edad de Hierro, transcurriesen sus relativamente cortas vidas como estados independientes totalmente aisladas de la influencia irradiada por la más importante nación-estado de la región (Las dos capitales, Jerusalem y Samaria, se encontraban a sólo 440 y 470 Km de Memfis, respectivamente).[19]

Considera además la posibilidad de una conexión fenicia (es decir la aceptación de estilos e influencia egipcia a través del comercio marítimo fenicio con el Nilo). Durante la Edad de Hierro II, Judá y particularmente Israel mantuvieron mucho contacto con ciudades fenicias, lo cual puede constatarse tanto en la arquitectura como en las letras. [20]

El establecimiento del reino de David y Salomón debió contar con modelos de estructura a seguir. Las ciudades estado de los cananeos eran muy simples y pequeñas, de modo que ese modelo fue Egipto. Por tanto, debió haber escribas egipcios en la corte de Jerusalén en capacidad de asesores y consejeros.

Las ciudades fenicias como Byblos poseían egipcios entre sus empleados, lo cual daba prestigio y cierta categoría a la ciudad. En el Relato de Wenamun, tanto un mayordomo, Penamun  como un cantante, Tanno, son egipcios desempeñándose en cortes cananeas. [21]

En noviembre de 1997, en San Franciso, en la reunión anual de la Academia Americana de Religión (AAR) y de la Sociedad de Literatura Bíblica (SBL), el catedrático (no SUD) Nili S. Fox disertó sobre el desarrollo de los numerales hieráticos egipcios usados en textos hebreos por los israelitas entre los siglos noveno y séptimo A.C., haciendo notar que los escribas israelitas estaban muy familiarizados con el sistema de escritura egipcio y que existía una historia de vínculos entre Egipto y Judá e Israel mucho más larga de lo que se pensaba previamente.[22]

 

BREVE CRONOLOGÍA

 

722 a.C.    El Reino de Israel desaparece. Samaria cae frente a Sargon II, rey de Asiria.

705 a.C.    Senaquerib, nuevo rey de Asiria, pone sitio a Jerusalén. Ezequías, rey de Judá, con el consejo de Isaías prepara la ciudad para el sitio y finalmente son liberados.

701 a.C.    Senaquerib vuelve a sitiar Jerusalén y esta vez logra someterla. Del propio registro de su victoria puede leerse:“Ezequías, el judío, temeroso, pidió ayuda a los reyes de Egipto y sus arqueros, a los carros y caballería del rey de Etiopía, un ejército imposible de contar… después de un oráculo favorable dado por Asur, mi señor, les presenté batalla y los derroté en la llanura de Eltekeh. En cuanto a Ezequías, quien no se sometió a mi yugo, puse sitio a 46 de sus ciudades fuertes y a innumerables villas de su vecindad… Me llevé a 200.150 de su pueblo, jóvenes y viejos, varones y mujeres, caballos, mules, asnos, camellos, ganado grande y pequeño imposible de contar, y lo consideré botín. A él lo hice prisionero en Jerusalén, su residencia real, como a un pájaro en su jaula.”..[23]

697 a.C.    Manasés, hijo de Ezequías asume el trono de Judá. Hace lo malo ante Dios. Sigue como tributario de Asiria. Por esta época finaliza Isaías su ministerio. Según Josefo durante el reinado de Manases fueron asesinados muchos profetas (Antigüedades de los Judíos, libro 10 cap. 3)

670 a.C.    Asaradón, sucesor de Senaquerib, ataca y conquista Egipto. Asiria se transforma en el mayor imperio conocido y Nínive, su capital, en la ciudad más grande del mundo. Su sucesor, Assurbanipal, construyó la mayor biblioteca de su época (más de 22.000 tablas de arcilla).

650 a.C.    Aproximadamente en esta época nace Lehi, un descendiente de la tribu de José habitando en Jerusalén.

642 a.C.    Amon sucede a su padre Manases en el trono de Judá. Es asesinado por sus siervos.

639 a.C.    Comienza el reinado justo de Josías.

622 a.C.    Se descubre el libro de la Ley durante una renovación del Templo. Importantes reformas religiosas. Jeremías, Sofonías y Nahum predican al pueblo.

620 a.C.    Probable nacimiento de Nefi, hijo de Lehi.

612 a.C.    Los caldeos unidos a los medos toman Nínive bajo la dirección de Nabopolasar. Fin del imperio asirio. Comienzo del neobabilónico con capital en Babilonia. Egipto recupera su libertad.

609 a.C.    El rey Josías muere enfrentando a tropas egipcias en un confuso episodio. Su sucesor, Joacim, comienza a perseguir a Jeremías, quien predice la destrucción de Jerusalén y la cautividad en Babilonia.

605 a.C.    Nabucodonosor vence a los egipcios en Carquemis. Joacim se rebela. Jerusalén es saqueada y varios miles deportados (entre ellos Daniel y Ezequiel). Probable prédica de Habacuc en Judá. Joaquín, hijo de Joacim, lo sucede en el trono

601 a.C.    Después de tres años de tributar a Babilonia Joaquín se rebela. El faraón Neco lo apoya con un ejército que vence a Nabucodonosor.

598 a.C.    Los neobabilonios  ponen sitio a Jerusalén. Colocan a un nuevo rey “títere”, el tío de Joaquín, Matanías, cuyo nombre es cambiado a Sedequías (Sedecías). Lehi y otros profetas ministran al pueblo. Finalmente Lehi y su familia parten hacia el desierto.

588 a.C.    Destrucción de Jerusalén. Sedequías es cegado y llevado a Babilonia. Los egipcios envían un ejército en ayuda pero sólo logran distraer a los babilonios temporalmente. El remanente judío que no fue deportado termina huyendo a Egipto.

Tal cual lo señala el anterior esquema diacrónico, el pueblo judío siempre tuvo a Egipto como referente. Su calidad pudo variar entre la penumbra cultural, la alianza o el imperio dominante, pero las preferencias frente a los asirio-babilonios eran claras.

Según Hogarth, Egipto ejercía tres grados de imperio: el primero, la fuerza bruta; el segundo, el temor a una reconquista que una pequeña guarnición y el prestigio del conquistador mantenían vivo, y tercero, nada más una esfera de influencia exclusiva, sin presencia militar, de la que se esperaba el pago de tributos y que solía ser intermitente.

Aunque, para el período que nos ocupa, Egipto comenzaba a declinar en su grandeza, la influencia cultural (única que finalmente nos preocupa para el presente trabajo) aún permeaba la civilización hebrea tal como lo venía haciendo desde siglos atrás.

“LA CIENCIA DE LOS JUDIOS Y EL IDIOMA DE LOS EGIPCIOS”

Habiendo utilizado algunas referencias históricas para demostrar que la relación judeo-egipcia existió de manera fluida y que era por lo tanto más que probable para el período y entorno considerado, deberemos ahora plantearnos qué vestigios de esa relación es posible rastrear en el Libro de Mormón a pesar de los procesos de selección, condensación y traducción por los que  pasaron los anales.

En el primer capítulo del Libro de Mosíah, cuando ya han transcurrido más de cuatro siglos de la partida de Jerusalén, se nos explica que Mosíah, Helorum y Helamán, los hijos del rey Benjamín:

“fueron instruidos en todo el idioma de sus padres, a fin de que así llegaran a ser hombres de entendimiento; y que supiesen concerniente a las profecías que habían sido declaradas por boca de sus padres, las cuales les fueron entregadas por la mano del Señor (v.2)

Y también los instruyó con respecto a los anales que estaban grabados en las planchas de bronce… (v.3)

… porque (nuestro padre Lehi) habiendo sido instruido en el idioma de los egipcios, él pudo leer estos grabados y enseñarlos a sus hijos, para que así éstos los enseñaran a sus hijos, y de este modo cumplieran los mandamientos de Dios, aun hasta el tiempo actual.” (v.4)

En estos pasajes obtenemos información muy importante: 1) La confirmación de que Lehí había recibido instrucción en egipcio, lo cual estaba sólo sugerido en la introducción de 1 Nefi. 2) Que las planchas de bronce estaban escritas en egipcio o alguna de sus transliteraciones. 3) Que aparentemente éstas fueron el modelo a seguir en la constitución del resto de las planchas tanto en la forma como el grafolecto, aunque no en el material.

La referencia a “todo el idioma” pareciera incluir mucho más que el simple aprendizaje de la lengua oral materna. Es, sin duda, una mención a la escritura y a todos los modos y formas culturales que la acompañaban. El “todo” podría indicar también que estos príncipes recibían una instrucción superior a la normal, la cual consistiría sólo en “algo”. Esta idea se fortalece cuando analizamos que el objeto de su aprendizaje era a) ser hombres de entendimiento y b) saber concerniente a las profecías. Pero ya Nefi nos había advertido que esto último no podía lograrse “salvo que sean instruidos conforme a la manera de las cosas de los judíos” pues “no hay ningún otro pueblo que entienda como ellos las cosas de los profetas”. (2 Nefi 25:5) Tanto “las maneras” como “las cosas” parecen referirse a algo más que el idioma en que fueron escritas. Se aplicaría más bien a modos, estructuras, claves de interpretación, símiles y entornos culturales.

Coincidencias Onomásticas

Los nombres tienden a ser las palabras más arcaicas, fuera de uso e intraducibles de todo idioma. En ocasiones no sólo identifican a un individuo sino también a su habitat, su lugar de origen o su función social .[24]Que el propio nombre de Nefi es de origen egipcio puede constatarse en la aparición de la misma raíz en otros como Nefertiti o Nefertari. Una de las etimologías propuestas para su origen es NFR. Como sabemos, los semitas poseían un alfabeto consonántico, es decir que no escribían las vocales sino que éstas se agregaban en la lectura. Por lo tanto, hay cierta imprecisión con respecto a las vocales utilizadas, las cuales deben deducirse de los usos en idiomas derivados del egipcio o de la similitud con palabras que puedan ser constatadas científicamente. Para la época de Lehi dicha raíz se pronunciaba “nefe” o “nefi” (NEH-fee), ya que la R final había caído hacía tiempo mientras que las vocales adecuadas surgen de las transliteraciones de la palabra al copto y al arameo. [25]

El significado en egipcio es “bueno” en su función adjetiva y como sustantivo denota “bondad”. Si ese es el origen etimológico del nombre del primer escritor del actual Libro de Mormón, entonces hay alguna evidencia interna de su origen egipcio. Volviendo a 1 Nefi 1:1 (tan citado pero aún deparándonos sorpresas):

“Yo, Nefi, nací de buenos padres y recibí, por tanto alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre; y habiendo conocido muchas aflicciones durante el curso de mi vida, siendo no obstante, altamente favorecido del Señor todos mis días; sí, habiendo logrado un conocimiento grande de la bondad y los misterios de Dios, escribo, por tanto, la historia de los hechos de mi vida”.

Este juego de palabras con el nombre de Nefi hace que el pasaje cobre un nuevo significado, se revista de belleza poética y nos permita vislumbrar el grado de antigüedad y complejidad textual que estamos enfrentando.

Cuando Helamán instruye a sus hijos Nefi y Lehi, a quienes ha nombrado así en memoria de sus antepasados, les dice claramente:

“He aquí, os he dado los nombres de nuestros primeros padres que salieron de la tierra de Jerusalén; y he hecho esto para que cuando recordéis vuestros nombres los recordéis a ellos; y cuando os acordéis de ellos, recordéis sus obras; y cuando recordéis sus obras, sepáis por qué se dice y también se escribe, que eran buenos.

Por lo tanto, hijos míos, quisiera que hicieseis lo que es bueno, a fin de que se diga, y también se escriba, de vosotros, así como se ha dicho y escrito de ellos” (Helamán 5:6-7)

Estos versículos, que constituyen una variedad de quiasmo al que se llega por un paralelismo de climax o escalera, tienen su centro en el concepto “bueno”, el cual, no casualmente, repite el nombre de Nefi. [26]

Otros nombres propios que muestran una marcada influencia egipcia son los siguientes [27](se ha mantenido la grafía del Libro de Mormón en inglés, cuya pronunciación se acerca más al original semítico):

LIBRO DE MORMON

 

ANTIGUO EGIPTO

AHA, un oficial militar nefita hijo de Zoram. AHA, uno de los primeros Faraones. Su nombre significa “guerrero”.
AMINADAB, misionero nefita en la época de los jueces. AMANATHABI, comandante de una ciudad cananita bajo dominio egipcio.
AMMON, uno de los nombres más comunes en el Libro de Mormón AMMON, uno de los nombres más comunes en el Imperio Egipcio. Corresponde al gran dios universal.
CAMENI-HAH, Un general nefita. KHAMUNI-RA, Un nombre personal del período Amarna.
CEZORAM, Juez principal de los nefitas. CHIZIRI, Gobernador egipcio de una ciudad siria.
GIDDONAH, Un Sumo Sacerdote que juzgó a Korihor y también el padre de Amulek. DJI-DW-NA, El nombre egipcio de Sidon.
GIDDIANHI, Jefe de los ladrones. DJHWTI-ANKHI, Nombre egipcio con el significado de “Thoth es mi vida”.
GIDGIDDONI y GIDGIDDONAH, Dos Generales nefitas. DJED-DJHWT-IW-F y DJED-DJHWTI-IW-S, nombres propios egipcios con el significado de “Thoth ha dicho: él vivirá” y “Thoth ha dicho: ella vivirá” respectivamente. Según este patrón los nombres nefitas significarían “Thoth ha dicho: viviré” y “Thoth ha dicho: viviremos” respectivamente.
HEM, hermano de Ammon. HEM, significa “siervo”, en particular de Ammon, como en el título Hem tp n ‘Imn, “jefe de los siervos de Ammon” otorgado al sumo sacerdote de Tebas.
HELAMAN, uno de los grandes profetas nefitas. HER-AMON, “en la presencia de Amon” como en el nombre propio egipcio Heri-i-her-imn. La “l” semita se escribe a menudo “r” en egipcio pues no posee la “l” y viceversa.
HIMNI, uno de los hijos del rey Mosiah. HMN, uno de los nombres del dios halcón egipcio, símbolo del emperador.
KORIHOR, un agitador político que fue capturado por el pueblo de Ammon. KHERIHOR (también escrito Khurhor) sumo sacerdote de Ammon que capturó el trono de Egipto en Tebas alrededor del 1085 A.C.
MATHONI, uno de los discípulos nefitas. MAITENA, MATTENOS, dos jueces de Tyro, los que en diferentes momentos se autoprocla-maron reyes, posiblemente bajo los auspicios de Egipto.
MORIANTON, nombre tanto de una ciudad nefita como de su fundador. MERIATON y MERIAMON, nombres de príncipes egipcios que significan “Amado por Aton” y “Amado por Amon” respectivamente.
PAANCHI, hijo de Pahoran y pretendiente del asiento judicial. PAANCHI, hijo de Kherihor. Gobernador del sur que conquistó todo Egipto y fue sumo sacerdote de Amon en Tebas.
PAHORAN, juez superior de los Nefitas. Tuvo un hijo del mismo nombre. PA-HER-AN, Embajador de Egipto en Palestina, donde su nombre aparece “reformado” como Pahura. En egipcio, la forma Pa-her-y significa “el Sirio” o Asiático.
PACUMENI, hijo de Pahoran. PAKAMEN, nombre propio egipcio que significa “ciego”. También se presenta como Pamenches (Pachomios en griego), comandante del sur y sacerdote de Horus.
PACHUS, líder revolucionario que usurpó el trono. PA-KS y PACH-QS, nombre propio egipcio. Compárese con Pa-ches-i, “él es alabado”.
SAM, hermano de Nefi. Una forma egipcia de Sem. SAM TAWI, en egipcio “unificador de los territorios”, título asumido por el hermano de Nehri al asumir el trono.
SEEZORAM y ZEEZROM, un juez malvado y un abogado respectivamente. ZOSER, ZESER, gobernante de la Tercera Dinastía.
ZEMNA-RI-HAH, Jefe de los ladrones. ZMN-HA-RE, nombre propio. Presenta los mismos elementos constitutivos que la versión nefita pero en diferente orden, una práctica común entre los egipcios.
ZENIFF, dirigente de una colonia nefita. ZNB, SNB, elemento muy común en los nombres propios egipcios. Por ejemplo: Senep-ta.
ZENOCH, un antiguo profeta hebreo, según los registros nefitas. ZENEKH, nombre propio egipcio. Dios serpiente.

El nombre Mormon podría haberse formado por la combinación de dos antiguas palabras egipcias: mor (amor) y mon (establecido por siempre). Si tal fuese el caso, significaría “amor establecido por siempre”, lo cual lo acerca a la declaración de Pablo, probablemente tomada de fuentes más antiguas, de que “el amor nunca deja de ser”. Una prueba adicional que fortalece esta interpretación semántica está dada por los caracteres copiados por Frederick G. Williams, segundo Consejero del Profeta, de los símbolos que Joseph Smith le declaró que representaban el nombre de Mormón en las planchas de oro. Son los siguientes

Los jeroglíficos egipcios para las partículas mor y mon serían:

Tomando en cuenta que el ‘egipcio reformado’ era una simplificación del egipcio, y no particularmente del jeroglífico sino de las ya economizadas variantes hierática o demótica, las similitudes no dejan de ser llamativas. [28]

Mosiah, el gobernante y profeta americano, también pareciera poseer un nombre formado por la raíz hebrea Yah (simplificación poética de Yahweh, el Señor) y el egipcio mos (ha nacido), por lo que se constituiría en una designación de carácter profético.[29]

No estamos considerando la gran cantidad de nombres de origen exclusivamente hebreo que surgen en las páginas del Libro de Mormón, muchos de ellos no bíblicos, ya que excederían los propósitos del presente estudio, baste decir que, de los 337 nombres propios que aparecen, 149 son comunes a la Biblia y el Libro de Mormón mientras que 188 son exclusivos del Libro de Mormón. De estos últimos 142 son de origen Lehita-Mulekita, 41 Jareditas y sólo 5 comunes a ambos grupos. [30]  El onomasticón Jaredita no se contempla aquí pues su antigüedad es mayor que la de Egipto y no se relaciona con esa civilización si bien sus raíces parecen indicar una proveniencia protosemítica.

El caso de Sam, hermano de Nefi, es un buen ejemplo de los vaivenes de la investigación. Por más de un siglo dicho nombre fue objeto de ridiculización pues era un claro “anacronismo”, ya que “todos saben” que Sam es la abreviatura anglosajona de Samuel y “nadie” en la antigüedad hubiera usado esa moderna versión. Hoy “todos saben” que Sam es una forma árabe y egipcia de Sem  [31]

Coincidencias Toponímicas

Las similitudes se extienden también a ciudades y regiones geográficas. Por ejemplo, Ammoni-hah tiene su correlativo en Ammuni-ra, príncipe de Beirut bajo la tutela egipcia.

Gimgim-no podría ser la ciudad de Gimgim si lo comparamos con la bíblica No-Amon (ciudad de Amon).

Manti, que da nombre tanto a una ciudad, un territorio y una colina en el Libro de Mormón, es la forma semítica de un nombre propio egipcio (por ejemplo: Manti-mankhi, príncipe del Alto Egipto que vivió alrededor del 650 A.C.) el cual, a su vez, proviene del uso tardío del apelativo Month o Montu. A este dios se había dedicado la ciudad de Hermonthis.

Dicha ciudad, Iunu-Montu para los egipcios, Hermontis para los griegos, Ermont para los coptos, aparece en el Libro de Mormón como Hermounts, un desierto al norte y al oeste de Zarahemla poblado por animales salvajes.

La raíz arábica NHM tiene el significado de suspirar o lamentar y siempre se expresa en la tercera persona, acompañando a alguien. Por tanto no debe extrañarnos la aparición de Nahom a la muerte de Ismael, aunque en el Libro de Mormón no aclare su semántica:

“Y aconteció que murió Ismael, y fue enterrado en el lugar llamado Nahom. Y sucedió que las hijas de Ismael se lamentaron sobremanera a causa de la muerte de su padre…(1 Nefi 16: 34-35)

El pasaje es llamativo también por otros dos motivos: 1) en el Medio Oriente la función de lloro y lamento ante la muerte es una prerrogativa femenina y en ese aspecto existe una total coherencia entre el texto y las costumbres del desierto al decir que “las hijas de Ismael se lamentaron”. 2) Existe en la Península Arábica una región tribal aún conocida como Nehem. Es el único lugar que ha preservado la raíz NHM (la cual se pronuncia en todas sus variantes: Nahm, Nehem, Nihm, etc) y se encuentra a unas veinticinco millas al noreste de Sana’a, capital de Yemen. El lugar aparece en mapas que llegan al año 600 d.C. Pero el actual Nehem incluye un área tradicional de entierros, algunas de cuyas tumbas datan de tiempos neolíticos. Esto confirmaría la expresión “fue enterrado en el lugar llamado Nahom”, que nos transmite una idea de existencia previa y función ritual, así como explicaría la ausencia de “al que llamaron Nahom”, que sí ocurre en otros pasajes equivalentes. Además, el valle de Jawf, donde Nehem se halla enclavada, es el sitio en el que la antigua ruta del incienso se aparta del Mar Rojo y se dirige al Este, al igual que lo hace la colonia de Lehi en ese punto.

Otras coincidencias léxicas

Liahona es un vocablo hebreo con terminación egipcia.

L es una preposición hebrea que significa ‘a’, y a veces se usa para expresar el posesivo, Iah es una forma abreviada de ‘Jehová’, y algo común en los nombres hebreos. On es el nombre hebreo del egipcio ‘ciudad del Sol’ … L-iah-on significa literalmente, entonces, ‘a Dios es luz’, o, ‘de Dios es la luz. Es decir, Dios da luz, tal como la da el sol. La a final nos recuerda que la forma egipcia del nombre hebreo On es Annu, y ésa parece ser la forma que usó Lehi…(El) dio a la esfera de metal un nombre conmemorativo de una de las grandes experiencias de su vida… Y, además, fue un nombre que nadie sino un hebreo devoto influido por la cultura egipcia hubiera pensado”. [32]

Irreantum, las “muchas agues” mencionadas en 1 Nefi 17:5 parece relacionarse con Iaru, el nombre que los egipcios daban al Mar Rojo. Los grandes cuerpos de agua se denominaban Iny-t. J.R. Towers, Journ. Near Eastern Studies, 18, 1959, pages 150-3.).

Coincidencias Estructurales y estilísticas

Sboyet

El sboyet (enseñanza en egipcio) es una forma de composición en la que un sabio (padre, rey, o superior) dirige un discurso que incluye un cierto rasgo de sabiduría, a un subordinado (hijo, súbdito, aprendiz, etc). Por lo tanto el sboyet  será siempre un monólogo, didáctico y preceptivo. La fórmula es “si (tu eres…) mejor es … que (en vez de)” [33]

Es interesante observar que Lehi utiliza la forma preceptiva del sboyet cuando establece comparaciones entre Lamán, Lemuel y el medio que los rodea en el capítulo 2 de 1 Nefi.:

A Lamán: “¡Oh, si fueras semejante a este río, fluyendo continuamente en la fuente de toda rectitud!” (vers. 9)

A Lemuel: “¡Oh, si fueras tú semejante a este valle, firme, constante e inmutable en guardar los mandamientos del Señor!” (vers.10)

El pasaje es indudablemente monológico (no nos es dado escuchar respuestas de la otra parte), didáctico (es una ocasión de enseñanza), preceptivo (hay reprensión y señalamiento de la pauta correcta), formulaico (si en vez de … fueras como…) y con una clara relación de superior a subordinado (padre a hijos). Los mismos rasgos reaparecen en la despedida de Lehi (2 Nefi cap 1 al 3). Sin duda, parte del enojo de Lamán y Lemuel con su hermano menor estribaba en el hecho de que se permitía utilizar con ellos formas preceptivas sin que la relación formal superior-inferior estuviese cumplimentada. El hombre ideal (silencioso, paciente, obediente), el castigo como herramienta pedagógica y el oído como receptor de la instrucción se encuentran tanto en Egipto como en Israel.[34]

 Estructuras formulaicas

Anteriormente (ver mi ensayo “Con toda la claridad de la palabra, relaciones de tensión entre oralidad y escritura en el Libro de Mormón”) he señalado la aparición de fórmulas mnemónicas relacionadas con la oralidad, particularmente la secuencia oro, plata y otros objetos preciosos.

“Y sucedió que descendimos a la tierra de nuestra herencia y recogimos nuestro oro, y nuestra plata y todos nuestros objetos preciosos(I Nefi 3:22)

“…a cambio de las cuales le entregaríamos nuestro oro, y nuestra plata, y todas nuestras cosas preciosas... (1 Nefi 3:24)

Es curioso que dicha secuencia aparece reiteradamente en textos egipcios como la Estela del supervisor del tesoro Iyjerneferet:

70:16 … supervisor de las dos casas del oro, supervisor de las dos casas de la plata y supervisor del tesoro Iyjerneferet, señor venerable…

71:5  … he construido para él la capilla portátil, ‘la que ensalza la belleza de aquel que está al frente de los occidentales’ con oro, plata, lapislázuli, bronce, madera noble y madera ‘meru’.

Paralelismo invertido (quiasmo)

El típico esquema AB-BA forma parte de la literatura egipcia. En los Textos de las Pirámides (Texto 219) se lee:

Cuando tu partes, este Rey Unas parte;

Cuando el Rey Unas parte, tu partes.

Con diversos grados de complejidad el mismo esquema aparece repetidamente en el Libro de Mormón. Por ejemplo, Alma 13:2-3

Para recibir la redención

Fueron ordenados

Habiendo sido llamados y preparados

Por causa de su fe excepcional

Escoger el bien o el mal

Habiendo escogido el bien

Ejercido una fe sumamente grande

Son llamados por un santo llamamiento

Sí, con ese santo llamamiento

Con una redención preparatoria

Duplicación

Frases que repiten el mismo concepto, de diferente modo, duplicándolo, como en el Diálogo del desesperado con su alma, de Egipto

A quién hablaré hoy?

Los hermanos son malos

Y no es posible querer a los amigos de hoy

Y el texto de 1 Nefi 1:15

porque su alma se regocijaba

y todo su corazón estaba enchido

Repetición

Comparemos las egipcias Lamentaciones de Isis (Pag. 57)

Ven a tu casa,

Ven a tu casa de Heliopolis,

Ven a tu casa, pues tus enemigos no están más.

Oh! Hermoso ejecutante del sistro, ven a tu casa

Con  Alma 48: 11-13

Y era Moroni

Un hombre fuerte y poderoso,

Un hombre de un entendimiento perfecto;

Sí, un hombre que no se deleitaba en derramar sangre;

Un hombre cuya alma se regocijaba en la libertad e independencia …

Sí, un hombre cuyo corazón se henchía de agradecimiento a su Dios …;

Un hombre que trabajaba en gran manera por el bienestar … de su pueblo.

Sí, y era un hombre firme en la fe de Cristo

Es de observar el ‘sí’ enfático que se repite intercaladamente. El anterior, además de constituirse en un buen ejemplo de repetición es un ejemplo también de elipsis, ya que el sujeto y el verbo están elididos (‘era Moroni’) en todas las oraciones y cláusulas salvo en la última de la serie en la que sólo el verbo reaparece. Este tipo de elisión de sujeto y verbo se encuentra en los “Textos de las Pirámides” y en el “Himno de Victoria de Thutmosis III”:

Yo he venido

 para hacer que tu pisotees a los grandes de Djahi,

                              Para que ellos se tiendan bajo tus pies, a lo largo y lo ancho de tus países,

                              Para que ellos vean a Tu Majestad como Señor del rayo solar.

El ejemplo de Alma 48 también nos enfrenta con otro aspecto de la poesía egipcia: su cantidad de versos coincidía con los números que consideraban sagrados, particularmente el 7. ¿Es un resabio de esas influencias estilísticas que sean precisamente 7 los rasgos de virtud que se le asignan al Capitán Moroni en el pasaje antedicho?

¿Lo son también las 7 preguntas retóricas consecutivas de Alma 5: 53-55?

¿Podéis resistir estas palabras?

Sí, ¿podéis desechar estas cosas …?

Sí, ¿podéis inflaros con el orgullo…?

Sí, ¿persistiréis aún en usar ropas costosas…?

Sí, ¿persistiréis en suponer que unos sois mejores que otros?

Sí, ¿persistiréis en perseguir a vuestros hermanos…?

Sí. ¿persistiréis en volver vuestras espaldas al pobre…?

Por todo lo expuesto anteriormente es que el profundo análisis intratextual e intertextual del Libro de Mormón parece un procedimiento rico en hallazgos y altamente productivo como para continuar trabajando en él. En el presente esbozo sólo se ha intentado indicar algunos de los senderos que deberán transitarse. Todos conducen a la casa del herrero de las Mil y una Noches

Mario R. Montani

MRM/NOPCNL 2008


[1]   Sperry, Sidney, The Spirit of the Old Testament, Salt Lake City, LDS Department of Education, 1940, p. 52

[2]   Ramussen, Ellis T. , Sidney B. Sperry: Student of the Book of Mormon,

[3]   Welch, John W., “Hugh Nibley and the Book of Mormon”, Ensign, Abril 1985, pag. 50

[4]   Peterson, Daniel C. “Mas evidencias para el Libro de Mormón”, Liahona Septiembre 2000 pag. 28-35

[5]   Mosser, Carl & Owen, Paul, “Mormon Scholarship, Apologetics, and Evangelical Neglect: Losing the Battle and Not     Knowing?”, Trinity Journal, fall 1998, 179-205

[6]   Forbes, Dennis “Cairo Museum in Possession of a Quantity of Gold Foil Which Once Partially Lined the Lid of the Coffin from KV55,” KMT: A Modern Journal of Ancient Egypt 12 (summer 2001): 19-25.

[7]   Rollo del Templo, 11QT 52:13-16.

[8]   Shemesh, Aharon,”‘Three-Days’ Journey from the Temple’: The Use of this Expression in the Temple Scroll,” Dead Sea Discoveries 6/2 (1999): 126-38; también, “A New Reading of Temple Scroll 52:13-16. Does this Scroll Permit Sacrifices Outside the Land of Israel?” Proceedings of the International Congress, Fifty Years of the Discovery of the Dead Sea Scrolls, ed. Lawrence H. Schiffman, Emanuel Tov, y James C. Vanderkam (Jerusalem: Israel Exploration Society, 2000), 400-410.

[9]   Papiro P13495, en arameo, actualmente en  el Staatliche Museen, Berlin, Ver Peterson, Daniel C. , 1 Nefi 1-7.

[10]   Charalambou, Demetrio, Corresponsal para América Latina de Imago Mundi, en Suplemento Ideas- Imágenes Nro.147 de La Nueva Provincia.

[11]   Cowan, Marvin W., Mormon Claims Answered, Salt Lake City, Utah Lighthouse Ministry, 1997, Cap. 4.

[12]   Ankerberg, John  & Weldon, John , Everything You Ever Wanted to Know about Mormonism, Eugene; OR Harvest House, 1992 p. 294-295.

[13]   Nims,Charles F.  y Steiner, Richard C., “A Paganized Version of Psalm 20:2-6 from the Aramaic Text in Demobc Script,” Journal of the American Oriental Society 103 (1983): 261-74; Richard C. Steiner, “The Aramaic Text in Demotic Script: The Liturgy of a New Year’s Festival Imported from Bethel to Syene by Exiles from Rash,” Journal of the American Orientnal Society 111/2 (1991): 362-63

[14]   Josefo, Contra Apion I, 136-137.

[15]   McGuire, Ben, Did Lehi Use Egyptian? Examining Jewish-Egyptian Relations in the Seventh Century B.C., FAIR on line, 2000, pag. 4-5.

[16]   Buttrick,George A., ed., The Interpreter’s Dictionary of the Bible [IDB], 4 vols. y suplemento, Nashville: Abingdon, 1962-1976, 4:758

[17]   Romney, Richard M. “Lands of Pharaohs”, Tambuli Oct. 1990, pag. 35.

[18]   Redford, Donald B., “Egypt, Canaan, and Israel in Ancient Times”, Princeton University Press, Princeton, New Jersey, 1992, pag. 386.

[19]   Idem anterior, pag. 365.

[20]   Idem anterior, pag. 366

[21]   Gardiner, A.H., Late Egyptian Stories, Bruselas, 1931, pag. 60-70. Otros músicos egipcios en Canaan aparecen en H. Hickman, “Le metier de musicien au temps des pharaons, Paris, 1954, 286-87.

[22]   Ver Insights Feb. 1998, publicación de FARMS.

[23]   ANET 287-288 citado en Pritchard, James B.. The Ancient Near East, Princeton, New Jersey, Princeton University Press, 1958, pag. 199-200.

[24]   Ensign, Mar. 1978, p. 76

[25]   Gee, John, “A Note on the Name Nephi,” Journal of Book of Mormon Studies 1/1 (1992): 189-91; y “Four Suggestions on the Origin of the Name Nephi,” in Pressing Forward with the Book of Mormon, ed. John W. Welch y  Melvin J. Thorne (Provo, Utah: FARMS, 1999), 1-5.

[26]   Bowen, Matthew L., Internal Textual Evidence for the Egyptian Origin of Nephi’s Name, Insights 2002 Vol. 11, FARMS, Provo, Utah.

[27]   Nibley, Hugh, Collected Works, Vol.5, Part.1, Ch.2 y Reynolds, George, A Dictionary of the B. of Mormon, SLC, Utah, 1929.

[28]   Urrutia, Benjamin, “The Name Connection,” New Era, June 1983, 39

[29]   Urrutia, Benjamin, idem anterior.

[30]   Hoskisson, Paul Y. “Una introducción a la importancia de una metodología para el estudio de los nombres propios del Libro de Mormón.” En By study and also by Faith, ed. J. Lundquist y S. Ricks, Vol.2, pp. 126-35. , 1990 Salt Lake City.

[31]   Reifenberg, A. Palest. Explor. Fund Quart. 1943, p.102, S.E. Cook, P.E.F.O. 1907, p.68. S.K.R., Glanville, “The Letters of Ahmose of Peniate,” Journ. of Egypt. Arch. Vol.14, p.304 linea 10. Y: H.E. Winlock, “The llth Egyptian Dynasty” Journ. of Near East Studies, II, 1943, p.266.

[32]   Reynolds, George y Sjodahl, Janne M., Commentary on the Book of Mormon, Philip C. Reynolds, editor, Salt Lake City, Deseret Book Co. 7 tomos, 1955-1961,  4: 178-179

33 -Donald B. Redford “Egypt, Canaan and Israel in ancient Times (Profesor de Estudios sobre Cercano Oriente de la Universidad de Toronto) 1992, Princeton University Press, princeton, New Jersey, p. 392

[34]   Whybray, Wisdom, 59-61; 65-67

CON TODA LA CLARIDAD DE LA PALABRA

Arte y Religión

     Literatura

           Libro de Mormon

“CON TODA LA CLARIDAD DE LA PALABRA”

 Relaciones de tensión entre oralidad y escritura en el Libro de Mormón

por Mario R. Montani

“En todo creador hay cierta exigencia, oculta, permanente, que lo sostiene y lo devora, que guía sus pensamientos, le impone tarea, lo estimula en sus desfallecimientos y no le da tregua si trata de írsele”

Emile Benveniste, Problemas de Lingüística General, Siglo Veintiuno editores S.A, México, 1973, pag. 34

“Aunque un argumento no produce convicción, la falta de uno destruye la creencia. Lo que parece probado puede no ser aceptado, pero aquello que nadie tiene la habilidad de defender es rápidamente abandonado. Un argumento racional no provoca una creencia, pero mantiene un clima en el cual la creencia puede florecer”.

Austin Farrer sobre C.S. Lewis

La primer regla de la crítica histórica al tratar con el Libro de Mormón o cualquier otro texto antiguo es nunca simplificar en exceso. Por causa de su estilo narrativo simple y directo, esta historia se halla colmada como pocas otras con una asombrosa riqueza de detalles que escapan completamente al lector casualsolamente la pereza y la vanidad pueden llevar al estudiante a la temprana convicción de que tiene las respuestas finales sobre el contenido del Libro de Mormón.

Hugh Nibley, The Collected Works of Hugh Nibley, vol. 5, p.237

INTRODUCCION I DE LA DIVINIDAD DEL PAPEL

John Wilkins, inglés post renacentista nacido dos años antes de la muerte de Shakespeare, tuvo una vida abundante en obras, roles y especulaciones. Primer Secretario de la Sociedad Real de Londres, rector de uno de los colegios de Oxford, capellán de miembros de la Corte; lamentaba Borges que en las últimas ediciones de la Encyclopaedia Britannica se hubiese suprimido su artículo biográfico.[1]

El obispo Wilkins fue teólogo, criptógrafo, músico, diseñador de colmenas transparentes. Especuló sobre las bases de un idioma universal y de un posible viaje a la Luna (“Descubrimiento de un Mundo en la Luna, discurso tendiente a demostrar que puede haber otro Mundo habitado en aquel Planeta”) 300 años antes de que ocurriera. De su “Mercury, Or the Secret and Swift Messenger” (1641) está tomado el siguiente relato (se han respetado las mayúsculas arcaicas del original):

“Cuan extraño debió resultar este Arte de la Escritura en su primera Invención lo podemos adivinar por los Americanos recién descubiertos, que se sorprendían al ver Hombres que conversaban con Libros, y a duras penas podían hacerse a la idea de que un Papel pudiera hablar…

Hay una graciosa Historia a Propósito de esto, concerniente a un Esclavo indio, el cual, habiendo sido enviado por su Amo con una cesta de higos y una Carta, se comió durante el Camino gran Parte de su Carga, llevando el Resto a la Persona a la que iba dirigido, la cual, cuando leyó la Carta, y no encontrando la Cantidad de Higos de que se hablaba, acusó al Esclavo de habérselos comido, diciéndole lo que la Carta alegaba contra él. Pero el Indio (a pesar de esta Prueba) negó cándidamente el Hecho, maldiciendo la Carta, por ser un Testigo falso y mentiroso.

Después de esto, habiendo sido enviado de nuevo con una Carga igual, y con una Carta que expresaba el Número preciso de Higos que habían de ser entregados, devoró otra vez, según su anterior Práctica, gran Parte de ellos por el Camino, pero antes de tocarlos, (para prevenir toda posible acusación) cogió la Carta, y la escondió debajo de una gran Piedra, tranquilizándose al pensar que si no lo veía comiéndose los Higos, nunca podría referir nada de él, pero al ser ahora acusado con mayor fuerza que antes, confiesa su Error, admirando la Divinidad del Papel, y para el futuro promete la mayor Fidelidad en cada Encargo [2]

La tendencia presentada en esta narración (escrita tres siglos después de que Europa comenzara la fabricación del papel y dos desde la invención de la imprenta), al mostrar a la Escritura como un medio de comunicación superior al Habla, se ve acentuada con el paso del tiempo.  Basta escuchar a Henry D. Thoreau, contemporáneo de Joseph Smith, Jr, en Walden:

“El orador cede a la inspiración de una ocasión transitoria, y habla a la multitud que está delante de él, a aquellos que pueden oírlo, pero el escritor cuya uniforme vida es su constante ocasión, y a quien distraería el suceso y la multitud que inspiran al orador, habla al intelecto y al corazón de la humanidad, en cualquier siglo, y a todos los que pueden entender lo que dice. Por mucho que podamos admirar los ocasionales estallidos de elocuencia de un orador, las palabras escritas, más nobles, quedan. generalmente tan por detrás o por encima del huidizo lenguaje hablado como el cielo y sus estrellas detrás de las nubes Ahí están las estrellas, y los que pueden leerlas las leen” [3]

Para la mayoría de nosotros, humanos en los albores del siglo XXI, esclavos de la página, herederos de la letra, amanuenses arbitrarios de la “jota y el tilde”, esa continúa siendo una verdad irrefutable.

Pero ¿ha sido siempre así? O, reformulando la pregunta: ¿es así?, ¿debe ser así?

Escuchemos desde una más profunda antigüedad la voz de Platón, en Fedro. Habla a través de sus personajes, el rey y el dios Theuth o Thot, a quien los griegos llamaron Hermes Trismegisto, creador de las ciencias y las artes e inventor del lenguaje y la escritura jeroglífica:

“Muchas, según se cuenta, son las observaciones que, a favor o en contra de cada arte, hizo Thamus a Theuth, y tendríamos que disponer de muchas palabras para tratarlas todas Pero, cuando llegaron a lo de las letras, dijo Theuth ‘este conocimiento, oh rey, hará más sabios a los egipcios y más memoriosos, pues se ha inventado como un fármaco de la memoria y de la sabiduría’ Pero él le dijo: ‘¡Oh artificiosísimo Theuth! A unos les es dado crear arte, a otros juzgar qué de daño o provecho aporta a los que pretenden hacer uso de él. Y ahora tú, precisamente, padre que eres de las letras, por apego a ellas, les atribuyes poderes contrarios a los que tienen. Porque es olvido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. No es, pues un fármaco de la memoria lo que has hallado, sino un simple recordatorio. Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos, que no verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, y difíciles, además, de tratar, porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad”. [4]

Alcidamas de Elea, alrededor de 425 a.C., afirmaba que el escribir hacía lento el pensamiento y colocaba al espíritu en cadenas. [5]

Quinientos años más tarde, Pablo de Tarso mismo continuaba advirtiendo que la letra (gramma) mata pero el espíritu (pneuma) vivifica. Llamativamente, el término pneuma que se traduce como espíritu significa, simultáneamente, movimiento del aire o respiración de la boca, lo que lo coloca muy cerca de la “palabra hablada” y nos permite vislumbrar la cercanía semántica de Poder de la Palabra y Poder del Espíritu. “Viento”, “aliento” y “espíritu” eran lo mismo para muchos pueblos primitivos. Espíritu deriva de spiro (Yo respiro). La raiz aria ‘an’ significa  tanto viento como espíritu y sobrevive en palabras tales como animal, anima, animado, etc. En egipcio, Knef significa también viento, aliento y espíritu (el aire de vida). En hebreo nephesh ruach, y en árabe ruh y nefs tienen similar sentido. (Donald A. McKenzie “Egyptian myth and legend” Londres, Gresham publishing co. pag 188)

¿Hablar o escribir? Pareciera que la eficacia adjudicada a uno u otro sistema de comunicación está inevitablemente “filtrada” por la época y cultura de sus respectivos exaltadores o críticos.

INTRODUCCION II – UNA VOZ DESDE EL POLVO

Hace ya algunos años, Spencer W. Kimball declaraba sobre el Libro de Mormón: “Su historia contiene un mensaje vital para todas las gentes. Los arqueólogos pueden emocionarse al leer sobre las ruinas de ciudades antiguas, carreteras y edificios. Los periodistas encontrarán una crisis tras otra, ofreciendo un rico material para una infinidad de historias culminantes… Este libro sin paralelo intrigaría a los navegantes… El estudiante de economía encontrará en este insólito libro la desintegración de naciones por causa del orgullo, la vida fácil y las riquezas… El astrónomo y el geólogo podrán ver enfocadas … las señales de los cielos y las nuevas estrellas… Los ingenieros aprenderán que hace muchos siglos los hombres erigieron edificios, templos y carreteras con cemento… El educador encontrará tesoros de literatura y poesía. Este amplio volumen debería ser estudiado por políticos, gobernantes, reyes, presidentes y ministros, a fin de que observaran el surgimiento y la caída de imperios, así como la diferencia entre el verdadero arte de gobernar y la demagogia…” [6]

Es cierto que en el pasado no todos han visto al Libro de Mormón como una gran pieza de literatura. Los juicios apresurados del siglo XIX y comienzos del XX se basaban en las siguientes cuestiones cargadas de intencionalidad: “Si un texto es originado mediante un fraude, ¿que valores literarios intrínsecos puede contener?”, “Si su autoría y verdad histórica son dudosas ¿para qué perder tiempo investigándolo?”. Son clásicos los comentarios de Mark Twain al respecto. En cierta ocasión declaró que el Libro de Mormón era “cloroformo impreso” (Chloroform in print), y en otra, que si se le quitaran todos los “and it camee to pass”  (traducidos en castellano como ‘y aconteció…’ ‘y vino a suceder’ ” la biblia de Joseph Smith sería sólo un pequeño panfleto”.

Para ser justos tanto con el Libro como con su comentarista, deberíamos repasar algunos hechos fundamentales. [7] Mark Twain no era un crítico literario y mucho menos un investigador de la escritura antigua (disciplina que aún se encontraba en desarrollo), sino un autor satírico e irreverente, el gran bufón del público norteamericano en la segunda mitad del siglo XIX. Los lectores anticipaban con deleite sus gestos iconoclastas y los rasgos caricaturescos con los que dibujaba a sus contemporáneos. Por medio de libros y artículos periodísticos daba a la sociedad justamente lo que esperaba de él. No sólo los mormones cayeron bajo su filosa pluma: otros grupos, gobernantes y políticos, los propios relatos de la Biblia, así como casi toda corriente de pensamiento de la época, también recibieron sus toques de ridiculización. Basta leer la supuesta e hilarante entrevista con Brigham Young para captar que esas tremendas habilidades estaban enfocadas en el efecto a causar más que en la veracidad de lo relatado. Volviendo a lo que él denominó “la biblia de Joseph Smith” nada parece indicar que Clemens (verdadero nombre de Twain) la haya estudiado seriamente o siquiera leído. Es probable que sólo la haya hojeado y sacado algunas conclusiones de los rumores que existían sobre ella. Como bien lo señala John Welch, a la aguda mente de Mark Twain no se le hubiera pasado por alto, después de acuñar su frase “cloroformo impreso”, que la obra contenía precisamente un libro con el sugestivo nombre de “Eter”. [8]

Su desmesurado análisis de los “and it came to pass” tampoco puede ser considerado seriamente. Tomemos, por ejemplo, una edición del Libro de Mormón en alemán (“Das Buch Mormón”, 1968). Allí, la expresión “und es geschah” (and it came to pass) ha sido eliminada y reemplazada por un corchete en los lugares donde aparecía. Sin embargo, dicha edición, con tipografía más pequeña que en inglés, lejos de ser un panfleto, continúa teniendo alrededor de 500 páginas.

Pero algo sí hubiera sorprendido al autor norteamericano: enterarse de que lo que él consideraba una debilidad de la obra, tal como la entendía, es decir, una novela fraudulenta del siglo XIX con características épico-religiosas, era en realidad una fortaleza para lo que la obra misma declaraba ser: el registro antiguo y fidedigno de una civilización ya desaparecida.

Se asombraría también de que lingüistas, historiadores sociales y teóricos actuales de varias disciplinas coincidieran en que la expresión gramatical básica asociada con la tradición oral sería simplemente la frase ‘y luego ocurrió que…’  o sea el tan mencionado “and it came to pass…”. [9] Por supuesto, mucho tiempo debía pasar y mucha investigación realizarse antes de que esto fuese aceptado. A comienzos del siglo XX surgió en Rusia una escuela crítica constituida por poetas y lingüistas conocida como los Formalistas. Aunque en poco más de una década fueron prohibidos por el gobierno, su influencia en otros países europeos y sus enriquecedores aportes llegan hasta nuestros días. La visión de literatura que propugnaban se fundaba en el valor de la palabra per se, sin tener que ser justificada por otro campo de investigación como la filosofía o la sociología. Lo que una obra tenía para decir estaba siempre dentro de sus páginas, no fuera de ellas. De modo que, a la manera formalista, dejemos que las planchas se expresen… dejemos que la voz nos hable desde el polvo… “con toda la claridad de la palabra” (2 Nefí 32:7)

1 – ANALISIS DIACRONICO DE LA RELACION ORALIDAD ESCRITURA

La doble introducción precedente aspira a un también doble propósito. Por un lado, hacernos conscientes del sello que una sociedad determinada imprime en sus producciones artísticas e intelectuales, por ejemplo, el libro. Por el otro, recordarnos que esas producciones tienen mucho para decirnos sobre sí mismas y sobre la cultura que les dio origen sin que tengamos que obligarlas o que acudir a retorcidos subterfugios para ello. Sólo debemos encontrar preguntas adecuadas e inteligentes y dejar que se comuniquen. “Habla para que pueda conocerte” sentenció Séneca.

También hacer patente que la evaluación de una obra desde coordenadas espacio-temporales diferidas y lingüístico-culturales ajenas tendrá siempre un carácter restrictivo, parcializante y provisorio. De modo que el presente estudio tendrá como uno de sus objetivos abrir algunas puertas e indicar la presencia de otras, sin pretender agotar lo que se encuentra detrás de ellas.

Muchas respuestas en cuanto a las estructuras, lenguaje e interpretación del Libro de Mormón deberán hallarse en el marco de los estudios sobre la oralidad y su recorrido hacia una textualidad plena.

A todos nosotros, personas modernas (o post-modernas como preferirían algunos) nos gusta repetir verdades estadísticas del tipo: “en los últimos cincuenta años el hombre descubrió más cosas que durante el resto de la historia”, seguidas de sus respectivos corolarios. Y mientras dormitamos en la gloria tecnológica, nos olvidamos de que el descubrimiento más importantes para la humanidad no vio la luz en el último medio siglo, sino que se remonta unos 5000 anos atrás en la línea del tiempo. Se trata de la escritura. Más que el fuego -que muchos consideran condición sine qua non para el desarrollo tecnológico- el habla, y posteriormente la escritura, son la base de toda expresión societaria, tal como el hombre las conoce.

Escritura es la representación de palabras o ideas mediante símbolos gráficos. Si bien entre 5000 y 4000 años A.C. aparecen signos pictográficos con cierto valor comunicativo como los petroglifos (dibujos grabados en piedra), los científicos concuerdan que no es hasta el 3300 o 3200 A.C. que aparecen los primeros sistemas de escritura, particularmente en la zona de Mesopotamia. Primeramente la escritura cuneiforme (símbolos en forma de cuña) y luego la escritura jeroglífica en Egipto (De hecho, los egipcios jamás denominaron así a su escritura. El término lo acuñaron los griegos siglos más tarde como derivado de hieros = sagrado y glifos = escritura).

En el siglo XV a.C. los fenicios desarrollan el alfabeto que será tomado con ciertas alteraciones por todos los pueblos vecinos, incluyendo los hebreos. En siglo XII a.C. surgen las lenguas paleohebraicas y el arameo (de allí derivan el árabe, el hebreo, el sirio y algunos idiomas hindúes) y comienza a registrarse el Antiguo Testamento. Los griegos toman como base los signos fenicios y agregan las vocales constituyendo el primer alfabeto completo (Las versiones semitas sólo representaban las consonantes) Para el siglo VI a C., el área del Mediterráneo comienza a transformarse en una zona de desarrollo cultural con la presencia simultánea de varias escrituras. Esta es la época en la que El Libro de Mormón declara que Lehi vivía en Jerusalen. Surge el egipcio demótico, probablemente relacionado con el grafolecto utilizado por Nefí.

Sería posible clasificar a las sociedades teniendo en cuenta sus medios de comunicación. Para ello consideraremos la terminología ampliada propuesta por Vemon K. Robbins, con los aportes de Bernard Branden Scott y Robert M. Fowler. [10]

1.1 – Culturas orales: Se desarrollan únicamente en base a la palabra hablada. Los textos escritos no están presentes ni presupuestos en ese entorno cultural. El lenguaje es básicamente oral, es decir, sonido articulado. Los complementos no verbales, como la gesticulación, suelen ser sólo apoyos del lenguaje oral. Para tomar una idea de la “oceánica” inmensidad oral frente a los “islotes” de escritura baste mencionar que de las decenas de miles de lenguas que han existido en el curso de la historia del hombre, muchos miles nunca llegaron a escribirse jamás, y sólo 106 desarrollaron su cultura caligráfica al punto de producir una literatura. [11]

Hoy en día, iniciado el siglo XXI, de las más de 2500 lenguas que han sobrevivido, varios centenares no poseen forma escrita y sólo 78 han desarrollado una literatura. [12] Tendíamos a llamar a esas otras sociedades “ágrafas”, es decir, sin escritura, pero al hacerlo les asignábamos una carencia de la que ellas no tenían noticia. Es decir, les trasladábamos nuestros preconceptos culturales, pensando que si no eran como nosotros, les “faltaba” algo. Lo mismo ha ocurrido con la denominación de “literatura oral” asignada a los relatos transmitidos generacionalmente. Según Ong, equivale a describir un caballo como “automóvil sin ruedas”, ya que la utilización de la palabra “literatura” implica automáticamente la existencia de la letra, un concepto totalmente ajeno a las culturas de este tipo.

Utilizaremos entonces la frase “oralidad primaria” para aplicarla a aquellas sociedades de tradición meramente oral, sin contacto con tipo alguno de escritura. De este modo la distinguiremos de la “oralidad secundaria” que existe en nuestras sociedades (Por ejemplo, en un noticiero televisivo, donde recibimos la palabra hablada pero con base en la palabra escrita)

Los pueblos primariamente orales no han sido ni son menos inteligentes ni menos cultos. Sólo que sus formas de aprendizaje y conservación de conocimientos son diferentes de las nuestras. Estas formas incluyen entrenamiento, discipulado, repetición de lo oído, dominio de proverbios y otros elementos formularios, así como las diversas maneras de combinarlos, y participación en una especie de memoria corporativa. El poder de la palabra hablada es tremendamente grande. Hemos oído decir “Una imagen equivale a mil palabras”. Pero, si esto es cierto ¿por qué está expresado en un dicho?

1.2 – Culturas Caligráficas: Implican la consignación de la palabra en el espacio. La escritura nunca puede prescindir de la oralidad. La expresión oral, en cambio, sí es capaz de existir sin ninguna escritura. El habla se caracteriza por ser un medio fluido y flexible pero a la vez frágil en el tiempo y de corto alcance en el espacio. Los especialistas llaman a esto “fading rápido” (rápido desvanecimiento) imprescindible para que el canal comunicativo quede siempre libre para hacer posible la interlocución. La comunicación hablada es la comunicación del “aquí” y del “ahora” (hic et nunc, dirían los latinos). El mensaje solamente existe en el acto comunicativo, y su contenido depende y se adapta a las circunstancias en la cual el mismo tiene lugar. La escritura, por el contrario, otorga al mensaje una cierta rigidez que torna a sus contenidos en algo más confiable, más duradero en el tiempo y de mayor alcance en el espacio, pero a la vez menos relevante a las circunstancias del acto comunicativo. La escritura pone una distancia entre el emisor y el receptor que las culturas basadas en lo oral no conocen.

Cuando entre 1906 y 1910 Ferdinand de Saussure, el Padre de la Lingüística, dictaba su famoso curso en Ginebra (de hecho, reconstruido en base a los apuntes de sus alumnos) advirtió: “La escritura posee simultáneamente utilidad, defectos y peligros” [13] Algunos de estos “peligros” tienen que ver con el desfasaje de nuestros sentidos al momento de percibir.

1.3 – Cultura de escribas: Es una cultura local al servicio de ciertas instituciones o prácticas oficialmente sancionadas. En un primer momento produce registros de ganado y acopios de cereales, narraciones de batallas victoriosas, acuerdos de pago de tributos. Es una etapa de copiado y edición limitada. El escriba toma notas y luego “copia y edita” lo mínimo que sea necesario para cumplir su función. En un segundo nivel este tipo de cultura se va transformando en “cultura retórica -de escribas” y produce lo que se denominan “composiciones progimnásticas” (el nombre proviene de ‘progymasmata”, es decir, los ejercicios preliminares que realizaban los estudiantes de retórica)

1,4 – Cultura retórica: En sociedades de este tipo las operaciones orales (presentación y recepción auditiva) y las operaciones literarias (lectura y escritura) se encuentran íntimamente combinadas, de modo que unas imitan a otras. Existe interacción entre ambas formas de comunicación.

1.5 – Cultura lectora: Existen declaraciones pronunciadas palabra por palabra mediante la lectura de un texto escrito. En esas condiciones culturales “leer” equivale a la ecuación “leer a = ser leído por”, es decir, requiere la presencia de un “recitador” y de los “escuchas de la recitación”. La lectura es una función social, únicamente se da en voz alta. No existe la lectura introspectiva para uno mismo.

1.6 – Cultura literaria: Presupone que la gente lee textos regularmente. Dicho tipo de cultura puede existir sin imprenta, aunque no sin copias manuscritas. Comienza, al menos ocasionalmente, la lectura silenciosa. “Literacidad” es la competencia con relación a un lenguaje escrito. Dicha competencia incluye no sólo la habilidad individual de leer y escribir un texto, sino también el posible acceso y competencia con las fuentes documentales de una sociedad letrada. Como se ve, la literacidad es un concepto más amplio aún que la lectura y la escritura. Sociedades literarias, letradas o “documentales” son aquellas en las que los archivos de textos y documentos juegan un papel central y un rol de autoridad. Se intensifica el desfasaje entre oído y vista.

1.7 – Cultura de impresión (tipográfica): Muchas características que hemos dado por sentadas en la forma de pensar y de expresamos tanto en la literatura como en la filosofía y las ciencias no son inherentemente humanas, sino consecuencia de la invención del alfabeto y la escritura. Todos los medios son prolongaciones de alguna facultad humana psíquica o física. La rueda es una prolongación del pie, el arado del brazo, la ropa una prolongación de la piel, el telescopio del ojo, el circuito eléctrico una prolongación del sistema nervioso central, el dinero, un medio para extender y almacenar el trabajo, EL LENGUAJE, un medio para acumular y transmitir EXPERIENCIA y CONOCIMIENTOS. La prolongación de cualquier sentido modifica nuestra manera de pensar y de actuar — nuestra manera de percibir el mundo. Cuando esas proporciones cambian, los hombres cambian. Mientras rige la oralidad primaria las formas de percepción son principalmente auditivas y táctiles. Cuando comienza a surgir la escritura, lo visual se equilibra con los otros sentidos. Pero con el advenimiento de la imprenta el ingrediente visual crece en forma desproporcionada disminuyendo las percepciones auditivas. Este es un motivo por el que nos cuesta comprender sociedades fundadas en desarrollos perceptivos diferentes del nuestro. El canadiense Marshall McLuhan ha estudiado profundamente estos cambios en su apasionante libro “La Galaxia Gutenberg: génesis del homo typographicus”. De modo que los medios por los que se traslada el conocimiento y la cultura no son inocuos, como se consideraba en el pasado. Eric Havelock expresó con prudencia (“…en general los medios de comunicación tienden a condicionar el contenido de aquello que es comunicado”) [14] lo que McLuhan estamparía luego con fuerza inaudita: “El Medio es el Mensaje”. La imprenta confirmó y amplió la tensión visual. Es dentro de una cultura de este tipo que adquieren sentido dichos tales como: “De lo que te dicen no creas nada y de lo que ves, sólo la mitad”

Por supuesto, estos modelos o paradigmas no son rígidos sino permeables y los procesos por los cuales se van transformando lentos y no siempre perceptibles en el lapso de una vida humana. De allí lo acertado de la propuesta de Werner Kelber:

“Separar una modalidad de comunicación como entidad distinta de todas las otras es más bien distorsionar las realidades lingüísticas. Sería más prudente prestar atención a fenómenos tales como rastros de residuos orales, la oralidad filtrada mediante la textualidad, transformación de la voz y superación retórica en los textos, cooperación y tensión entre modos textuales y orales” [15]

2 – ANALISIS SINCRONICO (JERUSALEN – 600 a.C.)

Ahora bien, ¿qué estaba ocurriendo con estos modos de comunicación en la época en que Nefí comienza su relato? ¿Qué paradigma regía la cultura de los habitantes del sureño Reino de Judá y en particular de los de su capital, Jerusalén? Es probable que estas preguntas no tengan hoy, en nuestro actual estado de conocimiento, una respuesta definitiva. Sin embargo es posible hacer algunas estimaciones y proyecciones que nos acerquen a la realidad histórica de ese período.

Para lograrlo partamos primero del presente: el 8 de Septiembre de 1999, día internacional de la alfabetización, el Banco Mundial declaró mil millones de adultos analfabetos, la mayoría mujeres. Además OXFAM (red de organizaciones no gubernamentales) denunciaba 120 millones de niños sin acceso a la escuela primaria, y otros 150 millones adicionales incapaces de leer o escribir al terminar la escuela primaria. (Siendo la población mundial de 6.000 millones, el analfabetismo representa más del 20%) Para mediados del siglo XX el 50% de la población mundial era analfabeta. [16] Si observamos algunos países específicos en la primer mitad de ese mismo siglo encontraremos los siguientes valores de analfabetismo: Turquía (1927) 91.8%, Egipto (1927) 85.7%, Sudáfrica (1921) 90.3%, India (1921) 90.5%, Afganistán, Irán, Iraq, Arabia Saudita (antes de 1950) todos superando el 90%. [17] Para mediados del Siglo XIX, en plena Industrialización, es posible que entre el 70 y 75% de la población mundial fuese analfabeta.

Cuanto más atrás profundizamos en la Historia más se agudizan estas tendencias pero también se hacen más lentas. En la actualidad, con los sistemas de comunicación y aprendizaje vigentes, en el transcurso de una década se pueden modificar los porcentajes de alfabetización drásticamente. Anteriormente tal proceso (si es que hubiese sido de interés político constante) podía llevar siglos. Con respecto a las culturas tradicionales de un pasado más remoto, los estudiosos consideran que la Grecia de la antigüedad clásica, sin duda la región más literalizada de todo el Mediterráneo, nunca superó un 5% de alfabetización. Recientes estudios, que toman en cuenta la relación entre población urbana y campesina, los índices de natalidad y mortalidad, etc., llegan a la conclusión de que Israel en el siglo I de nuestra era no pudo tener más de un 3% de alfabetizados. [18]

Si, después de pasar por el exilio y la influencia greco-romana, esos eran realmente los valores de Judea, difícilmente hayan sido mayores cinco siglos antes.

Por supuesto que si eliminamos de la estadística a la población femenina (que estaba excluida en Medio Oriente de todo proceso cultural) y a los infantes, y nos centramos únicamente en la población urbana de Jerusalén, podríamos llegar a hablar de un 8 a 10% de sus hombres adultos con capacidad de leer y escribir, con diferentes niveles de competencia.

De ese porcentaje (bajo para nuestra óptica pero muy alto para la de una cultura tradicional) un buen número debían ser alfabetizados por su función: sacerdotes, escribas, cortesanos, etc. Los escribas, antes del exilio, eran funcionarios del gobierno expertos en leer y escribir. Preparaban cartas y copiaban documentos gozando de un alto prestigio. Luego del exilio pasaron a ser intérpretes de la ley.

No existían escuelas públicas y, según la tradición, los padres tenían el deber de educar a sus hijos y lo hacían según las posibilidades y conocimiento con que contaban.

De modo que cuando Nefí nos dice: “nací de buenos padres y recibí, por tanto, alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre”, no sólo les reconoce la vida y sus enseñanzas morales sino que liga la calidad de “buenos padres” a la altamente sofisticada educación secular que recibió. Educación que, en general, sólo estaba reservada a la elite gobernante, a sus artesanos y escribas. Que Lehi gozaba de las condiciones para brindársela tanto intelectual como económicamente se desprende de los pasajes que continúan a esa declaración inicial de Nefí. Si Lehi mismo formaba parte de la clase dirigente o si era un adinerado comerciante habitando en la región circunvecina a la ciudad podría ser objeto de especulación. Sin embargo, al menos dos detalles pueden hacernos favorecer la segunda hipótesis:

a)      Para el año 602 a.C., al momento de instaurar a Sedecías en el trono, los neobabilonios habían efectuado un primer saqueo de Jerusalén. Deportaron a 10.000 artesanos (trabajadores especializados), a toda la corte y a la mayoría de los poderosos de la ciudad, en un intento de desarraigo y eliminación de futuros conflictos. Si Lehi hubiese pertenecido a alguno de esos grupos probablemente habría sido llevado también. De hecho, la figura de Labán como un inescrupuloso dirigente militar o paramilitar de segunda línea (su armadura, espada y poder sobre más de 50 personas así lo atestiguan) complotando contra los amos extranjeros en reuniones nocturnas con los ancianos de la ciudad (situación contra la que advertía Jeremías) debería ser analizada más profundamente en ese contexto de vacío de poder.

b)      Vislumbramos una sociedad en la cual el acceso a los textos no estaba dado únicamente por la capacidad de leerlos o por el poder económico para hacerlos copiar, sino más bien por el rol social que desempeñaban sus tenedores. Es notable que Lehi, contando con la instrucción y los medios no haga mención de escrituras entre sus posesiones, mientras que sí las hallamos en poder de Labán, tal vez por alguna de las razones expuestas en el punto a).

Ahora bien, intentando responder a los planteos de este análisis sincrónico, la propuesta del presente estudio es que el Reino de Juda vivía condiciones que nos permitirían incluirlo dentro del modelo “cultura de escribas” planteado en el punto 2), y dentro de ese paradigma en una variedad “retórica – de escribas”, ya que tanto Nefí como sus continuadores textuales tenían la habilidad de expandir un discurso, reducirlo (de hecho casi todo el Libro de Momón es un compendio), comentarlo, interpolarlo y darle aplicación cambiando de contexto, todas ellas prácticas progimnásticas. Si tal era la situación, tanto el estilo como las formas hebreas del período deben haber estado altamente impregnadas de oralidad. Rastros e indicios de ella es lo que intentaremos encontrar en los siguientes puntos.

3 – MEMORIA

Diría Francis Yates en “The Art of Memory” que la influencia del arte de la memoria en la literatura es un tema prácticamente no abordado. [19]

Sin embargo los griegos tenían claro que sus nueve Musas (Calíope, que cuida la bella voz al recitar, Melpómene y Terpsícore, que custodian, respectivamente, el arte de la música y la danza, Euterpe, que vuelve el canto alegre a los corazones de los hombres, Erato, que excita en los hombres el deseo de la poesía. Urania, que eleva el canto por encima de lo humano, Polyhymia, que guarda el principio de rica variedad, Talia, que conserva la relación de la poesía con la fiesta, Clío, que otorga fama al canto) eran hijas de Mnemosyne (la memoria, la evocación). Los atributos de la poesía estaban al servicio de la memoria y no hubieran existido sin ella.

¿Cómo se pueden traer a la memoria infinidad de detalles elaborados cuando no tenemos la ayuda de la escritura? La única posibilidad: pensando cosas memorables. Pareciera ser que existía en el mundo antiguo una mayor sensibilidad hacia el significado simbólico de los modelos y metáforas sensoriales. [20] En una sociedad de residualidad oral la realidad continúa siendo principalmente temporal, dependiente de la memoria y asume una forma narrativa como en la épica. La memoria pasa a ser la capacidad habilitante, la repetición su convención y la narración formulaica una práctica de su género. El discurso de tal sociedad no es el soliloquio sino la conversación.

Según San Agustín la memoria es casi un estómago del alma (“memoria quasi venter est animi”), ya que siendo depositaría de las imágenes y sonidos realiza las transacciones en todos nuestros procesos conscientes o inconscientes. John Donne creía que: “El Espíritu Santo toma el camino más cercano para llevar a un hombre hasta Dios, despertando su memoria… [pues] la memoria es muy a menudo el pulpito del Espíritu Santo” [21]

Las bases para el redescubrimiento de la memoria y su función dentro de los sistemas orales fueron puestas por Milman Parry (1928), Alfred Lord y el hijo de Parry, Adam con sus estudios de campo tendientes a dilucidar la cuestión homérica.

“Se produjo entonces una transición apartándose de la cultura oral. Esta fue, de todos modos, una transición no hacia la cultura escrita sino hacia una condición intermedia, ni primitiva ni moderna. En ese mundo, después del período arcaico, toda la élite se apoyaba intensamente en la escritura y el resto de la población se veía afectada por ello. Pero algunas de las marcas de una cultura oral permanecieron visibles, más notoria que ninguna, el amplio uso y cultivo de la facultad de la memoria” [22]

Algunas citas del Libro de Mormón que muestran que sus autores también estaban conscientes de la situación de transición que enfrentaban:

Zarahemla dio una genealogía, según su memoria (Omni 1:18)

La anterior cita corresponde al encuentro con los Mulekitas: “y su idioma se había corrompido, y no habían llevado anales consigo, y negaban la existencia de su Creador; y ni Mosíah ni su pueblo podían entenderlos” (Omni 1:17)” (Es decir la cultura mulekita había retornado a un estadio puramente oral y su idioma había evolucionado en un sentido totalmente distinto al nefita por falta del “anclaje” de la escritura, lo que había llegado a modificar su sistema de creencias)

Porque no habría sido posible que nuestro padre Lehi hubiese recordado todas estas cosas para haberlas enseñado a sus hijos, de no haber sido por la ayuda de estas planchas (Mosíah 1:4)

(Las planchas) han ensanchado la memoria de este pueblo (Alma 3 7:8)

Las opciones para estos pueblos eran: la memoria o el olvido total.

“se hará memoria de ellos otra vez entre la casa de Israel (1 Nefi 15:16)

De allí que la amonestación más frecuente de los profetas y maestros sea: ‘recordad’

“Recordad la grandeza del Santo de Israel” 2 Nefi 9: 40

Para cerrar este panorama de las formas de comunicación en el mundo antiguo, el mismo puede resumirse como la acción creciente del poder de la escritura en medio de una cultura lentamente cambiante pero con fuerte presencia de la oralidad. No es casual que los centros de la letra: Babilonia, Persia, Egipto, Grecia y Roma fueron los centros de poder militar, económico y político que sucesivamente sojuzgaron a Israel.

4 – TENSION Y COOPERACION ENTRE ORALIDAD Y ESCRITURA

Como vimos en los puntos anteriores, la oralidad y la literacidad no son mutuamente excluyentes. De hecho, según lo argumenta Ong no sólo no desplaza una a la otra sino que, por un tiempo, parece reforzarla, para luego comenzar a transformarla lentamente. Algunos ejemplos de la presencia de esta tensión:

“También has hecho grandes y potentes nuestras palabras (oralidad) al grado de que no las podemos escribir, así que, cuando escribimos (textualidad), vemos nuestra debilidad, y tropezamos por la manera de colocar nuestras palabras (oralidad); y temo que los gentiles se burlen de nuestras palabras” (Eter 12:25)

¡Oh hijos míos, quisiera que recordaseis (facultad de la memoria, relacionada con oralidad) que estas palabras (oralidad) son verdaderas, y también que estos anales (textualidad) son verdaderos! Y he aquí también las planchas de Nefi, que contienen los anales y las palabras de nuestros padres desde el tiempo en que salieron de Jerusalén hasta ahora, son verdaderas; y podemos saber de su certeza porque las tenemos ante nuestros ojos (facultad de la vista, relacionada con textualidad)Mosiah 1:6

“Por tanto, escribiré (textualidad) y esconderé los anales (textos) en la tierra Y he aquí, no digo (oralidad) más de ellos, porque ya no hay sino lamanitas y ladrones …He aquí, ceso de hablar (oralidad) concerniente a este pueblo. Soy hijo de Mormón y mi padre era descendiente de Nefi (declaración de genealogía, rasgo oral) (Mormón 8: 4,9,13)

Walter Ong en su obra “Oralidad y Escritura” ha detallado los rasgos característicos de la oralidad, lo que él denominó “psicodinámicas de la oralidad”. El análisis de esos rasgos ocupará el resto de este estudio. Son los siguientes:

4.1 – Aditivas antes que subordinadas

Con relación a las diferencias entre discurso hablado y escrito, varios lingüistas han descubierto que los textos escritos son sintácticamente más complejos que los orales, exhibiendo un mayor número de estructuras subordinadas. [23] La oralidad por otro lado es sintácticamente más simple y se basa en estructuras coordinadas para proveer cohesión e interrelación. [24]

Un ejemplo conocido del estilo oral aditivo es la narración del Génesis 1: 1-5, por todos conocida, que de hecho constituye un texto pero que guarda una organización oral reconocible. La versión de Douay (1610), producida en una cultura con huellas aún considerables de la tradición oral se ciñe de muchas maneras al original hebreo aditivo (aunque mediado a través del latín, en base al cual se produjo la versión de Douay):

“Al principio Dios creó el cielo y la tierra. Y la tierra era informe y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo; y el espíritu de Dios se cernía sobre las aguas. Y Dios dijo: Hágase la luz. Y se hizo la luz. Y Dios vio que la luz era buena; y separó la luz de las tinieblas. Y llamó a la luz día, y a las tinieblas noche; y hubo tarde y mañana, un día “.

Podrá observarse que hay nueve “y” introductores, además de otros tres que tienen carácter de conectores copulativos simples. Lo mismo ocurre con la versión castellana de Casiodoro de Reina (1596) y su revisión por parte de Cipriano de Valera en 1602, lo que la hace casi contemporánea a la de Douay:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día “.

En cambio, la New American Bible (1970), con una sensibilidad más moldeada por la escritura y la impresión, traduce:

“En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra, la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, mientras un poderoso viento se movía sobre la faz de las aguas. Entonces dijo Dios: sea la luz, y fue la luz. Viendo Dios cuan buena era la luz, entonces separó la luz de las tinieblas. Dios llamó a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche, por tanto vino el anochecer y la mañana siguió al primer día

Aquí aparecen sólo dos “y” introductores, cada uno sumergido en una oración compuesta. Las versiones de Douay o de Valera transcriben el hebreo “w” como “y”, que es lo que significa, mientras que la New American lo interpreta como, cuando, entonces, mientras o por tanto, a fin de que la narración fluya con la subordinación razonada y analítica que caracteriza nuestra escritura. [25] Como recurso retórico llamaríamos a esta superabundancia de “y” polisíndeton, el cual da un valor de acción acumulada a la narrativa. ¿Aparece en el Libro de Mormón? Ciertamente. Y sin necesidad de buscar largamente, ya que está plagado de ejemplos:

“Y aconteció que vi un vapor de tinieblas sobre la faz de la tierra de promisión; y vi relámpagos, y oí truenos y terremotos y toda clase de ruidos estrepitosos; y vi que se hendieron las rocas y la tierra; y vi montañas desplomarse en pedazos; y vi las llanuras tornarse escabrosas; y vi que se hundieron muchas ciudades; y vi que muchas otras fueron abrasadas por fuego; y vi muchas que cayeron a tierra por causa de los terremotos ” (1 Nefi 12:4)

“Y sucedió que salieron a buscar los rebaños, y siguieron a Ammón; y corrieron con mucha ligereza y atajaron los rebaños del rey y los juntaron en el abrevadero otra vez(Alma 17:32)

Y nos multiplicamos en sumo grado, y nos extendimos sobre la superficie de la tierra, y llegamos a ser sumamente ricos en oro, y en plata y en cosas preciosas, y en finas obras de madera, en edificios, y en mecanismos, y también en hierro y cobre, y en bronce y acero, elaborando todo género de herramientas de varias clases para cultivar la tierra, y armas de guerra, sí, la flecha puntiaguda, y la aljaba, y el dardo, y la jabalina y todo preparativo para la guerra “. (Jarom 1:8)

En este sólo versículo aparecen quince “y”. Cinco de ellas (las que no están marcadas con negrita) serían justificables en nuestra cultura plenamente textual. Las diez restantes (marcados con negrita) no. Pero para una cultura “retórica – de escribas” ésta sería una forma no sólo estética y deseable, sino probablemente la única para poder expresar lo narrado.

4.2 Formularias antes que analíticas

Los elementos del pensamiento y de la expresión de condición oral no tienden tanto a ser entidades simples sino grupos de entidades, tales como términos, locuciones u oraciones, paralelos o antitéticos. Una vez que se ha cristalizado una expresión formularia, más vale mantenerla intacta. Sin un sistema de escritura, el pensamiento que divide en partes – es decir, el análisis – representa un procedimiento muy arriesgado. Por tanto el pensamiento oral tiene inclinación a totalizar. [26]

¿Cuáles son algunos de estos esquemas formularios? ¿Se encuentran en el Libro de Mormón?

La mayoría de ellos se relacionan con el paralelismo, un elemento siempre presente en la poesía de Medio Oriente y aún en toda la cuenca del Mediterraneo. Dentro de una amplia gama al menos podemos identificar:

4.2.1 – Paralelismo Sinónimo Simple: Es la forma de paralelismo más usual en las escrituras, en el cual la segunda frase repite o produce un eco de la primera

… porque su alma se regocijaba

y todo su corazón estaba enchido

1 Nefi 1:15

…orad a él continuamente durante el día,

y dad gracias a su santo nombre en la noche

2 Nefi 9:52

Porque no saldréis con prisa

ni iréis huyendo;

porque el Señor irá delante de vosotros,

y el Dios de Israel será vuestra retaguardia

3 Nefi 20:42

4.2.2 – Paralelismo Sintético Simple: Consiste de dos frases, la segunda de la cuales aclara, complementa o explica el contenido de la primera.

Con todo, el Señor considera conveniente castigar a su pueblo,

Sí, El prueba su paciencia y su fe.

Mosíah 23:21

Mediante esta explicación comprendemos que el castigo del Señor es equivalente a la prueba de la paciencia y la fe.

¡Oh recuerda, hijo mío, y aprende sabiduría en tu juventud;

sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios!

Alma 35:35

Sabiduría = guardar los mandamientos de Dios (Síntesis)

Y me siento lleno de caridad,

Que es amor eterno.

Moroni 8:17

4.2.3 – Paralelismo de Ideas Contrastantes: Compara una idea o asunto con otro para contrastarlos. Mediante esta forma era fácil para los profetas llegar a la enseñanza de los opuestos (muerte/vida, felicidad/miseria, obediencia/desobiediencia).

Tened presente que ser de ánimo carnal es muerte,

Y ser de ánimo espiritual es vida eterna

2 Nefi 9:39

Porque os digo que todo lo que es bueno viene de Dios;

Y todo lo que es malo, del diablo procede

Alma 5:40 (ver vers. 41 para otro ejemplo)

Sí, hijo mío, te digo que no podía haber cosa tan intensa ni tan amarga como mis dolores,

Sí, hijo mío, y también te digo que por otra parte no puede haber cosa tan intesa y dulce como lo fue mi gozo.

Alma  36:21

Este esquema también puede darse en categorías más amplias:

Porque he aquí, amáis

El dinero,

Y vuestros bienes,

Y vuestros costosos vestidos

Y el adorno de vuestras iglesias

Más de lo que amáis a

Los pobres

Y los necesitados,

Los  enfermos

Y los afligidos 

Mormón 8:37

4.2.4 – Paralelismo Antitético  Aquí las ideas contrastantes aparecen como opuestos (antítesis). Ha sido una tradicional herramienta retórica para involucrar al lector. Aristóteles escribió: “esta variedad de estilo es agradable ya que los contrarios son fácilmente comprendidos, más aún cuando se colocan lado a lado, y también porque la antítesis parece un silogismo; finalmente una refutación consiste en nada más que poner juntos a los contrarios”. [27]

Sois prontos en cometer iniquidad,

Pero lentos en recordar al Señor vuestro Dios 

1 Nefi 17:45

No doy porque no tengo,

Mas si tuviera daría

Mosiah 4:17

Y no quisera que pensaras que yo sé de mi mismo;

No de lo temporal,

Sino de lo espiritual;

No de la mente carnal,

Sino de Dios.

Alma 36:4

Y un ejemplo de paralelismo antitético extendido con dos estrofas que comienzan con el condicional “si” y son seguidas inmediatamente por los resultados contrastantes, de modo que no sólo las contrapone sino que las conecta. El lector/escucha se ve obligado a realizar una comparación mental e incluso una elección entre dos ideas opuestas.

Si han sido justas,

Segarán la salvación de sus almas

Según el poder y redención

De Jesucristo

Y si han sido malas,

Segarán la condenación de sus almas

Según el poder y cautiverio

Del Diablo

Alma 9:28

4.2.5 – Paralelismo Alternado Simple: Cuatro frases que contienen repeticiones alternadas siguiendo el esquema A-B/B-A. Donde las ‘A’ son frases iguales, sinónimas o cercanamente relacionadas entre sí, al igual que las ‘B’

A                      Y aconteció que vi que la barra de hierro que mi padre había visto

B                      representaba la palabra de Dios,

A                      la cual conducía a la fuente de aguas vivas o árbol de la vida;

B                      y esta agua son una representación del amor de Dios; y también vi que el árbol de la vida representaba al amor de Dios.

1 Nefi 11:25

Donde A = elementos del sueño de Lehi y B = su correspondiente significado.

A                      Pues, he aquí, tan fácil es prestar atención a la palabra de Cristo,

B                      que te indicará un curso directo a la felicidad eterna,

B                      como lo fue para nuestros padres prestar atención a esta brújula

A                      que les señalaba un curso directo a la tierra prometida.

Alma 37:44

A                      Y así como hablé acerca de convencer a los judíos

B                      de que Jesús es el verdadero Cristo,

A                      es menester que los gentiles también sean convencidos

B                      de que Jesús es el Cristo, el Dios Eterno

2 Nefi 26:12

4.2.6 – Paralelismo alternado con repetición: En estos casos las líneas alternadas se repiten más de una vez:

A                      por tanto, lo azotan,

B                      y él lo soporta;

A                      lo hieren,

B                      y él lo soporta.

A                      Sí, escupen sobre él,

B                      y él lo soporta

1 Nefi 19:9

A                      y el Dios de Jacob se entrega a sí mismo como hombre

B                      según las palabras del ángel,

A                      en manos de hombres inicuos para ser levantado,

B                      según las palabras de Zenoc,

A                      y para ser crucificado,

B                      según las palabras de Neum,

A                      y para ser enterrado en un sepulcro,

B                      de acuerdo con las palabras de Zenós.

1 Nefi 19:10

 

A                      Mas si asesinaba,

B                      era castigado con la pena de muerte;

A                      y si robaba,

B                      también se lo castigaba;

A                      y si hurtaba,

B                      también era castigado;

A                      y si cometía adulterio,

B                      era también castigado;

A                      sí, por todas estas iniquidades

B                      se le castigaba.

Alma 30:10

4.2.7 – Paralelismo alternado extendido. Es una variación de los anteriores en la que se extiende el número de frases alternadas, siguiendo el patrón ABC…/ABC…

A                      Y también dice:

B                      Si mi pueblo siembra inmundicia

C                     segará el tamo de ella en el torbellino

D                     y su efecto es veneno.

A                      Y dice además:

B                      Si mi pueblo siembra inmundicia

C                     segará el viento oriental

D                     el cual trae destrucción inmediata.

Mosiah 7:30-31

4.2.8 – Paralelismo numérico: En los lenguajes semíticos los números no presentan sinónimos. De modo que los paralelismos se dan por repetición directa (a) o por acrecentamiento y múltiplos: efecto ‘a fortiori’ (b)

a)

                 He aquí, es un hombre poderoso

                 Y puede mandar a cincuenta,

                 Sí, y aún puede matar a cincuenta

1 Nefi 3:31

b)

                Y en un año millares

                Y decenas de millares de almas

                Fueron enviadas al mundo eterno.

Alma 3:26

                 Y se dirigieron por miles

                 Y decenas de miles

                 Hasta que todos hubieron llegado al sitio señalado.

3 Nefi 3:22

4.2.9 – Paralelismo circular o de repetición: Esta variante se encuentra cuando una frase es repetida en intervalos dentro de un pasaje de cierta extensión, de modo que el mensaje se reitera en un aparente “movimiento circular”.

Y pondré sobre ellos una señal para que ellos y su posteridad …

Y además: Pondré una señal sobre aquel que mezcle su simiente con la de tus hermanos…

Y además: Podré una señal sobre el que pelee contra ti …

Alma 3: 14-16

Y ahora, he aquí os digo, hermanos míos…

¿Habéis retenido suficientemente en la memoria

el cautiverio de vuestros padres?

Sí, ¿y habéis retenido suficientemente en la memoria

la misericordia y longanimidad de Dios para con ellos?

Y además, ¿habéis retenido suficientemente en la memoria

que él ha rescatado sus almas del infierno?

Alma 5:6

4.2.10 – Paralelismo de Climax: En este caso las últimas palabras de una frase se repiten al comienzo de la siguiente como si se tratase de una escalera por la que el discurso va desarrollándose y afirmándose. Suele ir acompañado de la sensación de ascenso, desde un principio simple hacia una visión eterna (climax)

Por tanto, él ha dado una ley;

y donde no se ha dado ninguna ley, no hay castigo;

y donde no hay castigo, no hay condenación;

y donde no hay condenación las misericordias del Santo de Israel tienen derecho a reclamarlos /por motivo de la expiación

Porque la expiación satisface lo que su justicia demanda…

2 Nefi 9: 25-26

Aquí el ascenso se produce desde el primer peldaño de “ley” hasta el último de “expiación”.

Y las primicias del arrepentimiento es el bautismo;

y el bautismo viene por la fe para cumplir los mandamientos;

y el cumplimiento de los mandamientos trae la remisión de los pecados;

y la remisión de los pecados trae la mansedumbre y la humildad de corazón

y por motivo de la mansedumbre y la humildad de corazón viene la visitación del Espíritu Santo,

el cual Consolador llena de esperanza y de amor perfecto,

amor que perdura por la diligencia en la oración,

hasta que venga el fin, cuando todos los santos morarán con Dios.                                                    

Moroni 8:25-26

Es notable el inicio a partir del arrepentimiento y la conclusión de climax con los santos morando con Dios. También es de resaltar el uso de Consolador como sinónimo de Espíritu Santo.

Pueden hallarse ejemplos similares en Alma 42:22-23 y Mormón 9:12-13                                       

4.2.11 – Paralelismo invertido o especular (Quiasmo) Quiasmo o Chiasmus es la traducción del griego chiasma que designa la figura de dos líneas cruzadas como en la letra X (griega chi). Como diseño retórico y gramatical se corresponde con el paralelismo invertido. Con respecto a un eje o punto central los temas y estructuras se repiten como imágenes especulares:

A            Porque he aquí, a la puesta del sol

B                    no hubo obscuridad;

C                                      y el pueblo comenzó a asombrarse

B                    porque no hubo obscuridad

A            al caer la noche

3 Nefi 1:16

A            Y sucedió que vi a otros que se adelantaban,

B                       y llegaron

C                                      y se asieron del extremo de la barra de hierro

D                                                 y avanzaron a través del vapor de tinieblas

C                                      asidos a la barra de hierro

B                      hasta que llegaron

A            y participaron del fruto del árbol

1 Nefi 8:24

Debido a que este tipo de paralelismo ha sido ampliamente estudiado por John Welch y otros en las recientes décadas, me limitaré a algunos ejemplos ya clásicos y de complejidad creciente. Mosiah 5:10-12 llamó la atención del joven Welch mientras cumplía una misión en Alemania y dedicaba sus días de preparación a participar de un curso sobre estructura hebrea en el Nuevo Testamento dictado en un Seminario Católico. Fue el primer caso de quiasmo encontrado en el Libro de Mormón. Aparecen en él seis elementos básicos que luego se repiten de forma invertida

El versículo 10 comienza: “Y acontecerá que quien no tome sobre sí el nombre de Cristo [Nro.l – el nombre] , tendrá que ser llamado [Nro.2 – llamado] por algún otro nombre; por tanto se hallará a la izquierda de Dios [Nro.3 – la mano izquierda].

“Y quisiera que también recordaseis [Nro.4 – recordar], que éste es el nombre que dije que os daría , el cual nunca sería borrado [Nro.5], sino por transgresión [Nro.6]”.

Incluso se nos da un indicador de que nos hallamos en el centro “por tanto”, que es el punto de retomo, “tened cuidado de no transgredir [6], para que el nombre no sea borrado [5] de vuestros corazones” “Yo os digo: Quisiera que os acordaseis [4] de conservar siempre escrito este nombre en vuestros corazones para que no os halléis a la izquierda de Dios [3] , sino que oigáis y conozcáis la voz por la cual seréis llamados [2] y también el nombre [1] por el cual él os llamará'”.

Nombre

…..Llamado

…………..Mano izquierda

……………………Recordar

……………………………….Borrar

…………………………………………….Transgresión

…………………………………………….Transgredir

……………………………….Borrado

…………………….Acordarse

……………Izquierda

……Llamado

Nombre

Hay fuerte evidencia de que Benjamín está haciendo esto conscientemente. La frase a la izquierda de Dios aparece sólo dos veces en el Libro de Mormón; una en Mosiah 5:10 y la segunda vez en Mosiah 5:12. De modo que la repetición es, sin duda, intencional. La intensificación que produce también es digna de notarse. Obsérvese que en la primera ocasión simplemente dice: debéis recordar que este es el nombre que dije que os daría, mientras que en la segunda mitad, desea que recuerden algo más importante, y esto es: debéis retener el nombre escrito en vuestros corazones. Se transforma en algo más personal e intenso. Veamos otro caso tomado del mismo discurso de Benjamín, que se trata de una pieza magistral de oratoria. Se halla en Mosiah 3:18-19. De hecho, colocando en la computadora las palabras del discurso del Rey Benjamín y contando el número de palabras, únicamente sus propias palabras, no las introducciones editoriales, y dividiéndolas por dos, encontraremos que este pasaje es justo el centro del discurso. Es el punto de retomo, el punto focal de todo el discurso en Mosiah 2-5. Nótense los elementos. Comienza diciendo: “los hombres beben condenación para su propias almas a menos [y esta es la importantes cláusula de condicionalidad] que se humillen y se vuelvan como niños pequeños, y crean que la salvación fue, y es, y ha de venir en la sangre expiatoria de Cristo, el Señor Omnipotente, y por medio de ella”

“Porque el hombre natural es enemigo de Dios, y lo ha sido desde la caída de Adán, y lo será para siempre jamás, [este es el punto de retorno, “lo ha sido y lo será”] a menos que se someta al influjo del Santo Espíritu, y se despoje del hombre natural, y se haga santo por la expiación de Cristo el Señor, y se vuelva como un niño’, sumiso, manso, humilde’ etc”

Con gran habilidad. Benjamín entra y sale del quiasmo pero sin llamar la atención sobre él, de modo que la forma no resulta intrusa al desarrollo del pensamiento. Esto es verdaderamente la marca de un gran maestro, alguien que, como artista, puede utilizar las formas sin permitir que ellas atraigan la atención sobre sí mismas, pero al mismo tiempo logrando que la forma produzca su magia sobre el lector, permitiéndole comprender en un segundo nivel la fuerza que se señala, especialmente en el punto de retorno:

Humillen
..  Niños

….  Sangre expiatoria de Cristo

…….  Hombre natural

……….  Dios

…………..  Lo ha sido
…………..  Lo será

………   Santo Espíritu

…….  Hombre natural

….  Expiación de Cristo
..  Niño
Humilde

Miremos otro caso. Helamán 6:7-13

A      “Y he aquí, hubo paz en toda la tierra” (6:7)

B       [Se analizan la libertad de comercio y de viajar en ambos territorios] (6:7-8)
C       “Y sucedió que tanto los lamanitas como los nefitas se hicieron sumamente ricos
D       y tenían  abundancia de oro, y de plata, y de toda clase de metales preciosos, 

          tanto en la tierra del sur como en la tierra del norte

E      Ahora bien, la tierra del sur

F       se llamaba Lehi, y

G      la del norte

H      se llamaba Mulek
I       por el hijo de Sedequías
I       porque el Señor
H     condujo a Mulek
G     a la tierra del norte,
F     y Lehi
E     a la tierra del sur (6:10)

D   “Y he aquí, había en ambas tierras toda clase de oro, y de plata, y de minerales preciosos

C   y había también ingeniosos artífices que trabajaban y refinaban toda especie de minerales; y de este modo se hicieron ricos.”(6:11)

B   [Se analiza la prosperidad económica en ambas tierra]  (6:12-13)
A   Y así pasó en paz el año sesenta y cuatro.'”(6:13)

Este quiasmo abarca el registro anual de todo el año 64 del gobierno de los Jueces. Anuncia que después  de varias generaciones finalmente hubo paz en los territorios del norte y del sur y este anuncio ha sido envuelto apropiadamente en una gema literaria. En el punto de retorno aparece la identificación de Mulek como el hijo de Sedequías, y la terminación ías al final del nombre Sedequías es un “sufijo teofórico”, el cual, en su idioma original, debe haber hecho un paralelismo con la siguiente palabra para Señor, la cual debe haber  sido Jehová. De modo que tenemos en el punto de retomo una doble mención del nombre de Jehová. La divinidad a menudo aparece como parte central de estas importantes estructuras.

En Alma 41:13-15 tenemos un uso muy creativo del quiasmo. El profeta está enseñando a su hijo Corianton que el significado de la palabra restauración no es que todos serán restaurados a la felicidad; sino que se restituirá bueno por bueno, malo por malo, etc. Se trata de un quiasmo doble con el siguiente formato:

Restauración

…   Bueno Bueno
……   Recto Recto
………   Justo Justo
………..   Misericordia Misericordia
………..   Misericordia Misericordia
………   Justo Justo
……   Recto Recto
…   Bueno Bueno

Restauración

Una de las mayores composiciones en paralelismo invertido que se han analizado hasta ahora la constituye todo el capítulo 36 de Alma. Aquí habla a su hijo Helaman:

“Hijo mío, da oído a mis palabras, porque te juro que al grado que guardes los mandamientos de Dios, prosperarás en la tierra.

“Quisiera que hicieses lo que yo he hecho,[ese lo que yo aparecerá luego también] recordando el cautiverio de nuestros padres; porque estaban en el cautiverio, y nadie podía rescatarlos salvo que fuese el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob.

Por tanto [advierte] “quienes pongan su confianza en Dios serán sostenidos en sus tribulaciones, dificultades y aflicciones”.

En el siguiente par de versículos Alma explica que él sabe esto, no por la mente camal, sino por la mente espiritual; pues el ha nacido de Dios.

Luego explica cómo fue convertido. Cómo había perseguido a la Iglesia, cuando un ángel le apareció y después de hacerle ciertas declaraciones. Alma relata cómo sus miembros quedaron paralizados. Durante tres días Alma perdió el uso de sus extremidades, y mientras se hallaba en este estado su alma fue atormentada. Primeramente, temió estar en la presencia de Dios para ser juzgado por los males que había hecho. Mi mente sufrió las penas de un alma condenada, nos dice, y también que se hallaba “atribulado” en sumo grado..

Mientras Alma sufría en este estado extremo, su mente recordó a su padre hablando de un Jesucristo, un Hijo de Dios, quien vendría para expiar los pecados del mundo. Y ese fue el punto de retomo de su vida. En ese momento clamó “Oh, Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mi que estoy en la hiél de la amargura”. Obsérvese que “Jesús, Hijo de Dios” se menciona dos veces justamente en el punto central de retomo del capítulo. Veamos el esquema:

Palabras

Guardar mandamientos.Prosperar

Como yo

Cautividad

Librar

Confianza,

Sostener, tribulaciones, dificultades y aflicciones

Saber

Nacido

Iglesia

Miembros

Presencia

Dolor

Atormentado

Jesús, hijo de Dios

Jesús, hijo de Dios

Atormentado

Gozo

Presencia

Miembros

Gente

Nacido

Saber

Sostener, tribulaciones, dificultades y aflicciones

Confianza

Librar

Cautividad

Como yo

Guardar los mandamientos. Prosperar

Palabra

Al hacer esto, declara que no sintió más dolor. “Dejó de atormentarme el recuerdo de mis pecados”. Dice: “Oh, qué gozo y qué luz tan maravillosa”. Incluso realiza un contraste explícito entre su gozo actual y su anterior dolor. “Sí, … un gozo tan profundo como había sido mi dolor”. Esta es una de las raras ocasiones en las que el escritor pareciera decimos: “Observen de paso cómo estoy haciendo esto. Me estoy repitiendo a mi mismo con un propósito”, dibujando una comparación explícita entre el dolor pasado y el gozo presente. Antes había temido comparecer ante Dios, pero ahora, citando a Lehi en Nefí 1:8 [y de hecho hay una extensa cita con el lenguaje de Lehi], desea entrar en la presencia de Dios y unirse a los coros en actitud de cantar y alabar al Señor. Entonces comienza a desandar lo andado, repitiéndose a sí mismo, con el regreso de su capacidad de mover sus miembros. Explica luego cómo pasó el resto de su vida predicando el evangelio, edificando la Iglesia; para que pudieran nacer de Dios así como el había nacido, y para que pudieran saber, como él lo sabía , que cualquiera que pusiese su confianza en Dios sería sostenido en todas sus tribulaciones y dificultades. Recordemos que en la primer mitad dijo “tribulaciones, dificultades y aflicciones”. En la segunda mitad dice: “sostenido en tribulaciones y dificultades de todas clases, sí, y en todo género de aflicciones”. No va a perder una sola palabra. Y coloca el para dar énfasis, como si quisiera nuevamente llamar la atención sobre el hecho de que se trata de una repetición explícita. Por tanto, declara, pondré mi confianza en Dios [esa palabra figuraba antes] y él me librará como libró a nuestros padres. Pues ellos se hallaban en cautiverio, en Egipto, en Jerusalén y en la tierra de Nefi. Por tanto, dice, hijo mío, haz como yo he hecho, pues al grado que guardes los mandamientos prosperarás en la tierra, y esto de acuerdo a su palabra. Termina con palabra, que es como comenzó. Es una obra maestra de literatura, perfectamente consistente con las formas antiguas. Es uno de los más grandes desarrollos en el uso de este estilo, una implementación exquisita de todos los principios quiásticos. Como mecanismo creador de un marco, nos dice exactamente sobre qué se produjo la conversión de Alma. Con precisión, longitud y punto de retomo, logra capturar el momento en que apela a Jesucristo, el Hijo de Dios. Este es el punto de retomo de su vida. El quería que todos, y especialmente su hijo, supieran cuál era ese punto, y lo transforma en el punto de retomo del capítulo y de todas sus bendiciones.

4.2.12 – Hysteron Proteron La función del quiasmo puede ser meramente ornamental. Pero en las literaturas griega, hebrea y otras del Cercano Oriente se eleva a niveles más elaborados, asumiendo la función de un principio constructivo, o principio estructural de la forma, al que los escolásticos de Alejandría identificaron como hysteron proteron (lo último primero). De este modo da orden no sólo a palabras y sonidos sino a ideas completas. Es básicamente un instrumento psicológico que utiliza el narrador para dar continuidad a su relato y captar la atención de quien escucha. [28] En el presente estudio reservaremos la denominación de Hysteron Proteron para la estructuración textual extensa, que supere la longitud de nuestros actuales capítulos y que puede llegar a abarcar libros enteros. Tomemos nota del esquema sobre el cual está armado el Libro de Eter:

Genealogía sintética en sentido inverso

(Eter, Coriantor, Morón, Etem, Ahah, Set, Shiblón, Com, Coriántum, Amnigadda, Aarón, Het, Heartom, Lib, Kish, Corom, Leví, Kim, Moriantón, Riplákish, Shez, Het, Com, Coriántum, Emer, Omer, Shule, Kib, Oríah, Jared) Cap. 1 Historia de Jared y su hermano

Hierofania de Mahonri (Visión del hermano de Jared en el monte de Shelem) Cap.3 PUNTO CENTRAL Comentarios de Moroni Cap. 4 y 5 Continúa la historia de Jared y su hermano Cap. 6 Genealogía detallada en sentido histórico

Jared, Oríah, Kib, Shule (Cap.7), Omer (Cap. 8) Emer (ve al Hijo de Justicia), Coriántum, Com, Het (Cap.9), Shez, Riplákish, Moriantón, Kim, LevÍ, Corom, Kish, Lib, Heartom, Het, Aarón, Amnigadda, Coriántum (Cap. 10), Com, Shiblom, Etem, Morón, Coirantor, Eter (Cap. 11) Ministerio de Eter con interpolaciones de Moroni. Destrucción pueblo Jaredita (Cap. 12 al 15)

Esta estructura, con las genealogías apuntando por ambos extremos a un punto central (la visión del Redentor) no es casual. Es una aplicación práctica del esquema mental establecido en el Hysteron Proteron. Con respecto al uso de genalogías, Ong tiene algunos comentarios interesantes:

“incluso las genealogías que provienen de una tradición de características marcadamente orales resultan generalmente narrativas. En lugar de una recitación de nombres, encontramos una secuencia de ‘engendró‘. Este tipo de agregación proviene en parte de la tendencia oral a utilizar fórmulas, en parte del gusto mnemotécnico oral de aprovechar el equilibrio (la repetición de sujeto-predicado-objeto produce un esquema que facilita el recuerdo, lo que una mera secuencia de nombres no tendría), en parte de la propensión oral a la redundancia (cada persona se menciona dos veces, como el que engendra y como el engendrado), y en parte de la costumbre oral de narrar antes que simplemente yuxtaponer (las personas no se encuentran inmóviles, sino que están haciendo algo, a saber: engendrando)[29]

Quizás el ejemplo más estudiado de Hysteron Proteron sea todo el Libro de 1 Nefí, cuyo diagrama conceptual aparece a continuación:

a)      El sueño de Lehi y sus profecías a los judíos. Cap.l

.               b) La partida de Jerusalem. Cap.2

.                            c) Nefí logra obtener las planchas. Sus hermanos son confundidos. Cap. 3-5

.                                 Escritura clave: 1 Nefí 3:7

.                                      c1) La espada de Labán “de acero finísimo”. 1 Nefí 4:9 – Arma

.                                      c2) Las planchas de “bronce”. Cap. 4-5 – Guía

.                                      c3) Zoram. 1 Nefí 4:35-37

.                                               d) Ismael y sus hijas se unen al grupo. Cap. 7

.                                                     e) El árbol y la barra de hierro. Cap. 8

.                                                            f) Lehi profetiza sobre el Antiguo Mundo y la venida de

.                                                                Cristo. Cap. 10

.                                                                   g) NEFÍ Y EL ESPIRITU DEL SEÑOR Cap.11

.                                                                        -Nacimiento,

.                                                                   g) Ministerio y Muerte de Cristo (Punto Central del

,                                                                        Evangelio)

.                                                            f) Nefí profetiza sobre el Nuevo Mundo y la venida de

.                                                                Cristo. Cap. 12-14

.                                                     e) Interpretación del árbol y la barra de hierro. Cap. 15

.                                            d) Los hijos de Lehi se casan con las hijas de Ismael, e Ismael

.                                                  muere. Cap. 16

.                                     c3) Zoram. 1 Nefí 16:7

.                                     c2) La esfera de “bronce fino”. 1 Nefí 16:10 – Guía

.                                     c1) El arco de “acero fino”. 1 Nefí 16:18 – Arma

.                           c) Nefi logra construir un barco; sus hermanos son

.                                confundidos. Cap. 17 Escritura clave: 1 Nefí 17:50

.                 b) La partida del Viejo Mundo. Cap. 18

a) Nefí advierte a los judíos y cita las profecías de Isaías. Cap. 19-22.

Comparemos las repeticiones que se producen en esta estructura. ¿Cuántas veces es atado Nefí? Dos. Una en el capítulo 7, en el desierto, y nuevamente en el capítulo 18 en el barco. ¿Cuántos utensilios de bronce se mencionan? Primero, las planchas de bronce, en la parte inicial, que son una guía espiritual del Señor; en la segunda parte, tenemos la esfera de bronce, que es otro director espiritual del Señor. ¿Objetos de acero? También hay dos. En la primer mitad la espada de acero de Laban. En la segunda mitad el arco de acero que se rompe. ¿Cuántas veces alcanza Nefí el éxito en algo que sus hermanos dicen que no podrá lograr? ¿Y cuántas veces sus hermanos intentan obstruir físicamente esas misiones? Tenemos el plan para obtener las planchas, que los hermanos objetan, y el éxito en lograrlo. Y luego, en el capítulo 17, hacia el final, construye el barco, algo que los hermanos dicen que tampoco podrá hacer. El famoso versículo de 1 Nefí 3:7 “Iré y haré lo que el Señor ha mandado” tiene un paralelo que generalmente pasamos por alto. Capítulo 17 vers.3, la segunda historia de Nefí alcanzando el éxito cuando sus hermanos fallan, también comienza con un texto que es casi igual palabra por palabra.

De modo que, si analizamos esto, hallamos elementos circundantes que se van centrando en derredor del medio exacto del libro. ¿Qué es lo que hay en el medio? Nada menos que la experiencia de Nefi con el Espíritu en lo alto de la montaña (Hierofanía o de hecho Teofanía, ya que el Espíritu es parte constituyente de la Deidad) Allí verá el nacimiento del Salvador, su ministerio terrenal y su misión redentora (Lo cual es plenamente coherente con otros centros quiásmicos que encierran profecías mesiánicas y con el propósito declarado del libro: ser testigo de Cristo) Hacia ambos lados de la Visión encontramos el sueño de Lehi y su correspondiente interpretación. Además Ismael, por ejemplo, es mencionado dos veces en el libro. En el capítulo 7, cuando van a buscar a las hijas de Ismael, y en el capítulo 16, cuando se casan con las hijas de Ismael e Ismael mismo muere. Difícilmente Laman y Lemuel hayan esperado tanto tiempo para casarse con las hijas de Ismael, seguramente no hasta el capítulo 16. En otras palabras, es posible que lo que tenemos en 1 Nefí no posea una base cronológica sino más bien artística y literaria. Y el hysteron proteron puede ser un factor importante para la manera en que esas cosas nos son presentadas. De hecho podría explicar las extensas citas de Isaías de los últimos capítulos como un posible “retomo virtual a Jerusalen” para equilibrar la estructura narrativa con el comienzo de la historia (las visiones y prédica de Lehi en la Ciudad Santa). Podría también explicar la existencia de un Segundo Libro de Nefí: ante un texto ya definido en su estructura y contenido por las convenciones artísticas y mnemotécnicas no hay otra alternativa que el inicio de otro texto.

4.3 – Redundantes o “copiosos” en vez de lineales

Prestemos atención al siguiente pasaje del Libro de Mosiah posterior al relato de la organización de la Iglesia por parte de Alma en el paraje de Mormón:

“Y ahora bien, aconteció que todo esto se hizo en Mormón, sí, al lado de las aguas de Mormón, en el bosque inmediato a las aguas de Mormón; sí, el paraje de Mormón, las aguas de Mormón, el bosque de Mormón, ¡cuan hermosos son a los ojos de aquellos que allí llegaron al conocimiento de su Redentor; sí y cuan benditos son, porque le cantarán alabanzas para siempre!” (Mosiah 18:30)

Aún hoy nos es posible captar el esfuerzo repetitivo por identificar el lugar de tales experiencias espirituales, con el agregado de esos “sí” enfáticos y la exaltación poética en el uso de los “cuan'”, pero ¿era realmente necesario mencionar seis veces el paraje cuando el método de escritura era en extremo dificultoso? ¿Tan sólo para cumplir con el esquema estilístico del paralelismo antes analizado?. Los estudiosos nos dicen que sí era necesario y que los propósitos no eran estilísticos sino mucho más profundos por un lado (los procesos mentales) y mucho más prácticos por otro (las condiciones físicas de la audiencia)

“La escritura establece en el texto una ‘línea’ de continuidad fuera de la mente. Si una distracción confunde o borra de la mente el contexto del cual surge el material que estoy leyendo, es posible recuperarlo repasando selectivamente el texto anterior. La mente concentra sus energías propias en adelantarse, porque aquello a lo que vuelve yace inmóvil fuera de ellasiempre disponible. En el discurso oral (o en el textual de marcada influencia oral,) la situación es distinta. Fuera de la mente no hay nada a qué volver pues el enunciado oral desaparece en cuanto es articulado. Por lo tanto, la mente debe avanzar con mayor lentitud, conservando cerca del foco de atención mucho de lo que ya ha tratado.

La redundancia, la repetición de lo apenas dicho, mantiene eficazmente tanto al hablante como al oyente en la misma sintonía.

La redundancia caracteriza el pensamiento y la lengua orales y en un sentido profundo resulta más natural a éstos que el carácter lineal escueto…

La redundancia es favorecida también por las condiciones físicas de la expresión oral ante un público numeroso… No todos los integrantes de un público grande entiende cada palabra pronunciada por un hablante, aunque esto sólo se deba a problemas acústicos. Es conveniente que el orador diga lo mismo, o algo equivalente dos o tres veces…

Las culturas orales estimulan la fluidez, el exceso, la verbosidad. Los retóricos llamarían a esto ‘copia’. Siguieron alentándola, por una especie de inadvertencia. Los primeros textos escritos… a menudo son rellenados con la ‘amplificación’ exasperantemente redundante según criterios modernos [30]

Recordemos que la mayor parte de los escritores del Libro de Mormón fueron reyes, sacerdotes y profetas, acostumbrados a dirigirse a auditorios extensos. Que sus estilos escritos hayan sido moldeados por sus prácticas retóricas no sería una excepción sino la confirmación de lo que ocurría en todo el Mundo Antiguo.

Otra característica de la redundancia es que, una vez establecida una secuencia formulaica, será repetida exactamente en el mismo orden o con alternancias mínimas para permitir la memorización. Una revisión de los capítulos 2 y 3 de 1 Nefi puede ser instructiva en ese aspecto:

“…y abandonó su casa, y la tierra de su herencia, y su oro, su plata y objetos preciosos… (1 Nefi 2:4)

 “…abandonando la tierra de su herencia, y su oro, y su plata y objetos preciosos(1 Nefi 2:11)

 “Descendamos, pues, a la tierra de la herencia de nuestro padre, pues he aquí, él dejó oro y plata y toda clase de riquezas(INefl 3:16)

“Y sucedió que descendimos a la tierra de nuestra herencia y recogimos nuestro oro, y nuestra plata y todos nuestros objetos preciosos(I Nefi 3:22)

“…a cambio de las cuales le entregaríamos nuestro oro, y nuestra plata, y todas nuestras cosas preciosas… (1 Nefi 3:24)

Puede observarse que la secuencia es siempre la misma: 1) tierra de herencia, 2) oro, 3) plata , 4) objetos preciosos (riquezas). La única referencia en la que no aparece el punto 1) (tierra de la herencia) es la última, porque en realidad ese elemento no forma parte del trato con Labán, lo cual nos permite vislumbrar que, pese a la aparente rigidez de este artilugio mnemónico, siempre está al servicio de la coherencia del relato.

Lo que en el ejemplo anterior se aplica claramente a una secuencia de sustantivos, en otras ocasiones ordena adjetivos calificativos:

Y aconteció que después de haber orado al Señor, vi un campo grande y espacioso ” (1 Nefi 8:9)

y también pasaba por donde brotaba el manantial hasta un campo grande y espacioso a semejanza de un mundo ” (1 Nefi 8:20)

“… y vi del otro lado del río un edificio grande y espacioso que parecía erguirse en el aire, a gran altura de la tierra(1 Nefi 8:26) “

otras multitudes que se dirigían a tientas hacia el grande y espacioso edificio(1 Nefi 8:31)

 

Con nuestra cultura de imprenta a cuestas, si en una frase escribiéramos “grande y espacioso” en la siguiente trataríamos de colocar un sinónimo como “inmenso” o “descomunal” o una estructura equivalente como “de grandes dimensiones” para no repetirnos. Pero Nefí no pertenecía a nuestra cultura sino a una en que la “claridad” y las “buenas maneras” se expresaban de una manera copiosa y redundante. “Grande” y “espacioso” tienen además entre sí prácticamente el mismo significado, al igual que sus antónimos “estrecho y angosto” que aparecen en el vers. 20. De modo que a la copiosidad sintáctica agregamos también copiosidad semántica.

Es interesante observar que algunos de los más profusos ejemplos de este tipo aparecen dentro de la variante de “discurso directo”. Es cuando el relator no nos “cuenta” lo que dijo (lo cual constituiría el “discurso indirecto”) sino que se hace a un lado como intermediario y nos permite escuchar las voces en forma directa y por lo tanto mucho más cargadas de razgos y modos orales. En el Libro de Mormón esta variante suele estar precedida de la forma “les habló, diciendo:” o alguna similar.

“Y yo, Nefi, les hablé a Laman y Lemuel, diciendo:

¿Cómo es que sois tan duros de corazón…?

¿Cómo es que no habéis escuchado la palabra del Señor... ?

¿Cómo es que os habéis olvidado… ?

¿Cómo es que habéis olvidado cuan grandes cosas el Señor…?” 1 Nefi 7:8-12

Estas preguntas cuasi retóricas vuelven a formularse en el Cap. 15 vers. 10-12. No por casualidad ambas referencias equidistantes del centro del hysteron proteron del Cap. 11

4.4 – Presencia de dichos, consejos y sentencias

La idea de originalidad no estaba presente en el Mundo Antiguo. La eficacia de un bardo, de un rapsoda, de un poeta, estaba dada por su capacidad de recordar y de reorganizar material ya existente, no por “inventar”. La tradición (los mitos para griegos y romanos, “la ley y los profetas” para Israel) era un bien comunitario, una enciclopedia social a la cual todos acudían pero no todos interpretaban o aplicaban a nuevas circunstancias. La venerada figura del “anciano” y “sabio” en general tenía que ver con su experiencia en aplicar el conocimiento tradicional a las situaciones cambiantes de la vida. Para ejemplificar lo antedicho tenemos en la lengua castellana las imágenes de Don Quijote y Sancho Panza. Mientras que el primero es un gran lector y su visión del mundo está perturbada por esas lecturas, el segundo, iletrado y sencillo, se maneja con una sabiduría oral a través de refranes y sentencias muchas veces desopilantes pero siempre atinadas y juiciosas. Por tanto no es extraño detectar en textos de base oral la presencia de esas formas:

“el que es justo es favorecido de Dios ” / Nefi 17:35

“bueno es ser instruido si hacen caso de los consejos de Dios2 Nefi 9: 29

“Por tanto, no procuréis aconsejar al Señor, antes bien aceptad el consejo de su manoJacob 4:10

“Los insensatos hacen burla, mas se lamentarán” Eter 12:26

“La maldad nunca fue felicidad” Alma 41:10

“Es por los inicuos que los inicuos son castigadosMormón 4:5

“un rey inicuo pervierte las vías de toda rectitud” Mosiah 29:23

Estos dichos, de fuerte contenido moral, aparecerán aplicados a una situación específica que los requiera, difícilmente como un catálogo abstracto de citas.

4.5 – Cajas dentro de Cajas en vez de Pirámides de Freytag

El último punto a considerar tiene que ver con la línea narrativa. Dice el infatigable Ong:

“El diagrama de Whitman de la organización de la Iliada insinúa cajas dentro de cajas, creadas por las repeticiones temáticas, y no una pirámide de Freytag” [31]

¿Qué significa todo esa palabrería? Que los estudios de C.M. Whitman (particularmente Homer and the heroic tradition, Cambridge, Mas. Harvard Univ. Press, 1963) hechos sobre la Iliada griega (no demasiado lejana en tiempo y espacio del mundo de Lehi) demuestran que la narración no avanza de la manera a la que estamos acostumbrados en nuestra cultura occidental.

La pirámide de Freytag describe una acción ascendente que acumula tensión, alcanza un punto culminante el cual a menudo consiste en un reconocimiento u otro incidente que causa una peripeteia o vuelco de la acción, y que es seguida por un desenredo o desenlace, pues esta trama lineal climática común ha sido comparada con atar y desatar un nudo.

Para un caso sencillo, tomemos el comienzo del sueño de Lehi, en el Cap. 8 de 1 Nefi: un viajero en el desierto sueña sobre un viajero perdido en el desierto. Una caja más grande que sirve de marco, contiene, a una caja más pequeña pero de idénticas características… Mamushkas rusas…

Veamos un ejemplo más complejo: la alegoría del Olivo, que ya fuera preanunciada por Lehi en 1 Nefi 10:12-14. Esta alegoría de Zenos es desarrollada completamente en el Cap. 5 del libro de Jacob. Es un resumen simbólico de la historia del Libro de Mormón (y de toda la casa de Israel). Allí aparecen: la situación corrupta del pueblo en Jerusalén (“salió el amo de la viña y vio qu su olivo empezaba a secarse” Vers. 4), el envío de profetas para prevenirle de su destrucción (“y aconteció que lo podó, y cavó alrededor de él y lo nutrió según su palabra” Vers. 5), la dispersión de grupos de la casa original de Israel (“y escondió las ramas naturales del olivo cultivado en las partes más bajas de la viña, unas en una parte y otras en otra, según su volutnad y placer” Vers. 14), que uno de esos grupos sería llevado a una tierra especial (América) (“He aquí, ésta la he plantado en terreno bueno” Vers. 25) (“lo planté en un terreno fértil; sí, el que para mi era el más escogido de todos los demás parajes de mi viña” Vers. 43), la pérdida de la promesa por parte de los Jareditas, habitantes anteriores de la tierra prometida, y su entrega al grupo de Lehi (“Y tú viste que también derribé lo que obstruía este pedazo de tierra, a fin de que yo pudiera plantar este árbol en su lugar” Ver. 44), la división entre Nefitas y Lamanitas (“y sólo parte del árbol ha dado fruto cultivado, y la otra parte del árbol ha producido fruto silvestre” Vers. 25), la labor de profetas entre esos grupos (“Podémoslo, y cavemos alrededor de él y nutrámoslo un poco más…” Vers. 27) y la destrucción final del pueblo Nefita (“y el fruto silvestre del último había sobrepujado a esa parte del árbol que produjo buen fruto, de tal modo que la rama se había marchitado y secado” V. 40). De modo que tenemos la alegoría de un profeta israelita (Zenos) (1º Caja), probablemente tomada de las planchas de bronce de Laban (2º Caja), envuelta en la estructura narrativa de un profeta ya americano (Jacob) (3º Caja), contenida en las Planchas Menores, escritas por Nefi y sus familiares inmediatos (4º Caja), las que a su vez se insertan en medio de las Planchas Mayores, compendiadas por Mormón y su hijo Moroni (5º Caja). Recordemos que el relato de Lehi, hoy faltante, era parte de las Planchas Mayores y precedía al de Nefi, de modo que las planchas Menores estaban literalmente “rodeadas” por las Mayores. Esa alegoría resume toda la historia que el propio Libro de Mormón se encargará de desarrollar. Pequeños libros dentro de grandes libros pero con el mismo contenido temático. Cajas dentro de cajas, no pirámides de Freytag.

Otros casos a considerar: el enfrentamiento entre nefitas y lamanitas, primero como profecía (historia futura), luego como desarrollo vivencial (historia presente) para culminar en la destrucción (pueblo Nefita formando parte de la historia pasada) guarda esta misma relación de estructuras inclusivas. O la figura del Salvador, cuya “caja central”, que se encuentra en 3 Nefi, está envuelta por otras cajas temáticas que la preceden (Visión de Lehi en 1 Nefi 1, Visión de Nefi en 1 Nefi 11, hasta profecías de Samuel, el Lamanita) y la continúan (Mormón 9, Eter 3, Moroni 7-11)

CONCLUSIONES

Por todo lo antes expuesto pareciera evidente que las estructuras literarias, formulaicas, acumulativas, redundantes, esquemáticas y de fuerte reminiscencia oral que se encuentran en el Libro de Mormón, se corresponden con las de una cultura retórica-de escribas, similar a la que se desarrollaba en Medio Oriente por la época datada en la propia obra. Se ha intentado dejar que “la voz desde el polvo” hable por sí misma, interrogándola desde la crítica textual, la lingüística, la sociología y la historia de la cultura.

Mucho deberá profundizarse y debatirse al respecto, incorporando nuevos y variados conocimientos al tema. Si estas conclusiones preliminares fuesen el inicio de tal debate, habrán cumplido con creces su objetivo.


[1] Borges, Jorge L., “El idioma analítico de John Wilkins”, Otras Inquisiciones (1952), Obras Completas, Tomo II, Emecé Editores S.A., Buenos aires, 1974, pag. 84

[2] Wilkins, John, “Mercury, or the Secret an Swift Messenger”, (1641), 3º edición, Nicholson, Londres, 1707, pag. 3-4)

[3]  Thoreau, Henry D., “Walden o la vida en los bosques”, Buenos Aires, Marymar, 1977, pag. 106

[4]  Platón, “Fedro”, Círculo de Lectores (Biblioteca Universal, Clásicos Griegos), Barcelona, 1995, 275 a-b

[5]  Alcidamas de Elea, “Concerniente a aquellos que escriben discursos”  (Peri ton tous graptous logus graphonton) – tomado de Readings from Classical Rhetoric. Ed. Patricia P. Matsen, Philip Rollinson y Marion Sousa. Carbondale & Edwardsville; Southern Illinois University Press, 1990, pags. 38-42

[6]  Kimball, Spencer W., “Conference Report”, abril de 1963, pag. 62-68

[7]  Teniendo en mente que los miembros de la Iglesia siempre apreciaron y estimularon la lectura de las obras literarias de Twain entre su gente y, de hecho, la versión cinematográfica de “Tom Sawyer” de 1973 tenía como protagonista principal a un joven actor mormón.

[8]  Welch, John W., “Chiasmus in the Book of Mormon”, 1994, F.A.R.M.S. Book of Mormon Lecture Series, Wel-VT1 Pag. 2

[9]  Havelock, Eric, “Preface to Plato”, Cambridge, Massachussets; Belknap Press of Harvard University Press, 1963, pag. 180

[10]  Robbins, Vernon K. Emory University “Oral, Rhetorical, and Literary Cultures:a Response” – Semeia Nº 65 an experimental Journal for Biblical Criticism; Orality and Textuality, Atlanta, Scholars Press, 1994, pag. 77-82

[11]  Ong, Walter, “Oralidad y Escritura, Tecnologías de la palabra”, 1993, Buenos aires, Fondo de Cultura Económica de Argentina S.A., pags. 16-17

[12]  Edmonson, Munro E. “Lore: an introduction to the science of folklore and literature”, 1971, New York, Holt, Rinehart & Winston, p. 323

[13]  Saussure, Ferdinand de, “Course in General Linguistic”, 1959, New York, Philosophical Library, pp. 23-24

[14]  Havelock, Eric A. “The Greek Concept of Justice: from its shadow in Homer to its substance in Plato”, 1978, Cambridge, Harvard University Press.

[15]  Kelber, Werner H., “Modalities of communication, cognition and physiology of perception: Orality, Rhetoric, Scribality”, Semeia Nº 65 (an experimental Journal for Biblical Criticism: Orality and Textuality), Atlanta, Scholars Press, 1994, pag. 195

[16]  Enciclopedia Británica publishers inc. Versailles, Kentucky – Libro del año 2000, pag. 168

[17]  Bari-Ilan, M., “Illiteracy in the Land of Israel in the First Centuries C.E.”, S. Fishban, S. Schoenfield & A. Goldschlaeger (eds) Essays in the Social Scientific Study of Judaism and Jewish Society, II, New York: Ktav, 1992, pag. 46-61.

[18]  (idem anterior)

[19]  Yates, Francis, “The Art of Memory”, 1966, Chicago, University of Chicago Press, pag. 312

[20]  Chidester, David “Word and Light: Seeing, Hearing and Religious Discourse” 1992, Urbana and Chicago, University of Illinois Press.

[21]  Donne, John “Donne’s Prebend Sermons”, Janet M. Mueller, ed., Harvard University Press, 1971, pag. 33

[22]  Harris, William V., “Ancient Literacy”, Cambridge: Harvard University Press, 1989, pag. 327

[23]  O’Donnell, Roy C., 1974, “Syntactic difference between speech and writing”, American Speech Nº 49, pags. 102-110

[24]  Kroll, Barbara, 1977, Combining ideas in written and spoken English: A look at subordination and coordination. Discourse across time and space, Southern California Occasional Papers in Linguistics Nº 5, Los Angeles, CA, University of Southern California, pags. 69-108

[25]  Ong, Walter, op.cit., pag. 43-44

[26]  Ong, Walter, op.cit. pag. 45

[27] Aristóteles, “The Art of Rhetoric”, traducc. De J.H. Freese (London:Heinemann, 1967), III, 9, 7-10

[28] Gasché, Rudolphe, Introducción a Readings in Interpretation: Holderlin, Hegel, Heidegger, de Andrzej Warminski, pag. 16

[29]  Ong, Walter, op.cit. pag. 100

[30]  Ong, Walter, op.cit. pag- 46-47

[31] Ong, Walter, op.cit. pag. 141.