Lowry Nelson y las cartas incómodas

DOCTRINA

       Raza Negra y Sacerdocio

Lowry Nelson y las cartas incómodas

Introducción y comentarios de Mario R. Montani

Introducción: Las siguientes páginas son una traducción directa de las Memorias del Dr. Lowry Nelson, catedrático y Profesor de Sociología en la Universidad de Minnesota. De hecho, corresponden al Capítulo 16 (pags. 334 a 349) de esas Memorias. Se refiere en ellas a una sustanciosa correspondencia mantenida con las Autoridades a partir de 1947

“Mientras enseñaba en los cursos de verano de la Universidad del Estado de Utah recibí una inquietante carta que estaba destinada a ponerme en una situación de conflicto con las Autoridades de mi iglesia.

La perturbadora misiva venía de Heber Meeks, un antiguo amigo de mi época universitaria en Logan. Heber era ahora Presidente de la Misión de los Estados del Sur de la Iglesia Mormona, con cabecera en Atlanta. Me informaba que había estado en Cuba siguiendo instrucciones de la Primera Presidencia para analizar la posibilidad de realizar obra misional en ese lugar. Ya en La Habana, conoció a Chester Young, un amigo mío, quien le informó que yo había pasado un año estudiando la vida rural en Cuba. Heber me decía:

“Apreciaría tu opinión sobre lo aconsejable de realizar la obra misional, particularmente en los sectores rurales de Cuba, conociendo, por supuesto, nuestro concepto sobre los negros y su situación con respecto al Sacerdocio. ¿Existen grupos de sangre blanca en los sectores rurales, particularmente en las comunidades pequeñas? Si es así, ¿se mantienen segregados de los negros? La información más completa que hemos recibido es que en las comunidades rurales no hay segregación de las razas y que sería difícil hallar, con cierto grado de certeza, grupos de pura raza blanca.

También quisiera tu opinión en cuanto al grado de progreso que la Iglesia podría lograr en la obra misional de Cuba teniendo en cuenta que, al menos en los sectores rurales, abunda la ignorancia y la superstición y están impregnados de catolicismo. ¿Piensas que nuestro mensaje tendría algún atractivo para ellos?”

Yo quedé anonadado. Mi respuesta a Heber, fechada el 26 de Junio de 1947, decía en una de sus partes:

“La actitud de la Iglesia con respecto al Negro me pone muy triste. Tu carta es la primera indicación que tengo de que haya una doctrina fijada en este punto. Siempre supe que algunas declaraciones habían sido hechas por las autoridades con respecto a la situación del Negro, pero jamás asumí que constituían una irrevocable doctrina. Espero que no se haya dicho la última palabra sobre el asunto. Debo declarar que nunca he podido aceptar la idea, ni lo haré jamás. No creo que Dios sea racista. Pero si la Iglesia ha tomado una posición irrevocable, entonces me disgustaría que estableciera la obra misional en Cuba o cualquier otra isla donde las razas conviven bien. Los blancos y la gente de color se llevan mucho mejor en el Caribe y la mayor parte de América Latina de lo que lo hacen en los Estados Unidos. Existen prejuicios, sin duda, y de varios modos los blancos manifiestan sus sentimientos de superioridad, pero en un grado mucho menor del que encontramos en los EEUU, especialmente en el Sur. Que nos pongamos en una situación tal, predicando una doctrina de “supremacía blanca”, me parecería un trágico perjuicio. Estoy hablando con franqueza pues mis sentimientos son muy profundos en esta cuestión. Si la hermandad del mundo y la idea de un Dios universal significan algo, me parece que ese algo es la igualdad entre las razas. No logro ver cómo el Mormonismo, o cualquier otra religión que reclame ser algo más que una iglesia regional, pueda tener otro punto de vista; y no podrá haber paz en el mundo hasta que la perniciosa doctrina de la superioridad de una raza y la inferioridad de otras sea quitada de raíz. Esa es mi creencia.

Los Metodistas, Presbiterianos y Bautistas, como sabes, han hecho un gran trabajo misional en la isla, y han aportado un importante servicio al mantener escuelas, hospitales, etc.; sin embargo, han limitado su trabajo a los centros urbanos, mayormente. Hay un tremendo servicio para ser brindado a los cubanos rurales si se diera un acercamiento apropiado. El mormonismo está más que bien adaptado para brindar tal servicio con su sistema de liderismo laico y su programa de actividades. Para ellos, la familia es la institución básica, y luego, la vecindad. La Iglesia les proveería de algo intensamente necesitado. Desarrollaría líderes entre ellos, les daría esperanza y aspiración, un sentimiento de importancia como individuos que nunca han tenido. Han sido explotados por sacerdotes y políticos; se les ha conducido a pensar que el gobierno no es parte de su responsabilidad y que la iglesia es asunto del obispo y el sacerdote. A pesar del número de individuos, tienen una sensación de inferioridad definida y discernible en temas de liderismo.

Hablo ahora de la gente blanca; el pueblo rural es predominantemente blanco. Es decir, tan blancos como la gente del Mediterráneo – españoles, italianos, etc. – quienes han estado en contacto con los de “color” por siglos. No hay razas puras. En esto, los antropólogos están de acuerdo. Por supuesto, esto no significa que la sangre negra exista en toda la raza blanca o vice versa. Sin embargo, existen serias dudas sobre la pureza de los nórdicos, mediterráneos o negros. Debido a que creo que nuestro sistema de organización religiosa podría servir a los cubanos rurales mejor que cualquier otro sistema, es que me produce tristeza decirte, en mi opinión, que sería mejor para los cubanos que no vayamos a su isla a menos que tengamos el deseo de revisar nuestra teoría racial. Enseñarles la perniciosa doctrina de segregación y desigualdad entre las razas, donde no existe, o darle sanción religiosa donde ya ha mostrado su horrible cabeza, sería, me parece, trágico. Creo que deberíamos dar una batalla en contra de esas ideas.

Repito, mi brusquedad o franqueza, como desees, nace de un ferviente deseo de analizar las causas de la guerra enraizadas en los corazones de los hombres. Todo estudio, aunque limitado, que he podido realizar sobre el asunto me conduce a la conclusión de que el etnocentrismo, con la petulancia e intolerancia que lo acompañan, es uno de los primeros males a atacar si deseamos alcanzar el objetivo de la paz.”

En la misma fecha, 26 de Junio 1947, escribí al Presidente George Albert Smith de la Iglesia, tal como sigue:

Querido Presidente Smith:

He recibido hoy una carta del Presidente Heber Meeks, un antiguo compañero de estudios, copia de la cual le estoy enviando junto a una copia de mi respuesta. Creo que se explican por sí mismas.

Quizás esté fuera de lugar, por así decirlo, expresarme del modo que lo he hecho. Es por mi fuerte convicción sobre el asunto, sumado a la impresión de que no hay una doctrina irrevocable de parte de la Iglesia acerca del particular. Estoy al tanto de declaraciones y comentarios que han circulado, mas nunca me había encontrado frente a frente con la posibilidad de que tal doctrina haya finalmente cristalizado. Devotamente confío que tal cristalización no haya tenido lugar. Los muchos buenos amigos de sangre mixta – lo cual, de paso, no es una falta de ellos – que tengo en el Caribe y que saben que soy mormón quedarían escandalizados si les dijese que mi Iglesia los ha relegado a un estatus inferior.

Como ya dije a Heber, no hay duda en mi mente de que la Iglesia podría realizar un gran servicio en Cuba, particularmente en las áreas rurales, pero sería mejor no ir en absoluto que ir y promover diferencias raciales.

Quería que Ud. Conociese mis sentimientos sobre la cuestión y confío que pueda comprender el espíritu en que son expresados. Deseo vernos promoviendo paz y armonía entre las personas del mundo”

Recibí la siguiente respuesta, fechada el 17 de Julio:

Querido Hermano Nelson:

Como le habíamos avisado, recibimos su carta del 26 de Junio. Hemos considerado cuidadosamente su contenido, y nos complace aconsejarle lo que sigue:

Hacemos esta declaración inicial: el aspecto social del Evangelio Restaurado es sólo un incidente, no es su fin.

El elemento básico de sus ideas y conceptos parece ser que todos los hijos de Dios están en la misma posición frente a Dios en todas las cosas.

Su conocimiento del Evangelio le indicará que eso es contrario a los propios fundamentos de los tratos de Dios con Israel desde la época de Su promesa a Abraham   acerca de su simiente y su posición frente a Dios mismo. De hecho, algunos hijos de Dios fueron asignados a posiciones superiores antes de que el mundo se formase. Estamos al tanto de que algunos Críticos no aceptan esto, pero la Iglesia sí lo hace.

Su posición parece perder de vista las revelaciones del Señor concernientes a la preexistencia de nuestros espíritus, la rebelión en los cielos, y las doctrinas de que nuestro nacimiento en esta vida y las ventajas bajo las cuales podemos nacer tienen relación con la vida anterior.

Desde los días del Profeta José hasta ahora, ha sido la doctrina de la Iglesia, jamás cuestionada por alguno de los Líderes de la Iglesia, de que los negros no tienen derecho a todas las bendiciones del Evangelio.

Más aún, sus ideas, según las entendimos, parecen contemplar el matrimonio entre las razas blanca y negra, un concepto que, hasta aquí, ha sido repugnante para la mayoría de las personas de mentalidad normal desde la época de los patriarcas. La regla de Dios para Israel, Su Pueblo Escogido, fue la endogamia. El moderno Israel ha sido dirigido en el mismo sentido.

No hacemos caso omiso del hecho de una creciente tendencia, particularmente entre los educadores, y se hace manifiesta en esta área, hacia la destrucción de las barreras interraciales en el tema del matrimonio, pero no tiene la sanción de la Iglesia y es contraria a la doctrina de la Iglesia.

Sinceramente suyos. George Albert Smith, J. Reuben Clark, Jr, David O. McKay, La Primera Presidencia

Si estuve sorprendido ante la consulta de Heber Meeks concerniente a la existencia de gente de “pura raza blanca”, esta carta de la Primera Presidencia fue shockeante. Conocía a estos hombres bastante bien, especialmente a los Presidentes Smith y McKay. Conocía a toda la familia McKay; el hijo más joven, Morgan, había sido miembro de mi fraternidad en Logan. El Dr. George R. Hill, quien había atendido mi salud, estaba casado con una hermana de David O. McKay. Adoraba completamente a esa familia. Me había asociado con el Presidente Smith en la actividad de Boy Scouts. Cuando vino a Minneapolis, en 1943, se hizo el tiempo para conversar conmigo. Al Presidente Clark lo conocía sólo informalmente. En mi mente estaba seguro de que él había redactado la carta. Abogado de profesión, había dedicado mayormente su carrera a puestos políticos en Washington: Subsecretario de Estado en la época de Harding-Coolidge y Embajador en México durante la de Hoover. Mientras era embajador fue llamado como Consejero del Presidente Grant. De todos modos continuó trabajando en New York la mayor parte del tiempo hasta los años ’30.

Pero el redactor no era lo importante. Esta era la ley del evangelio sobre el asunto. Una frase reveladora ponía en mi boca que yo parecía favorecer el matrimonio interracial. Eso era gratuito y me enojó, aunque no expresé mis sentimientos por escrito. Revelaba el temor, como lo entendían los blancos del Sur, del “mestizaje” o “mixtura”. Era probablemente un factor fundamental en la continuidad de la política.

Mi respuesta, datada el 8 de Octubre de 1947, fue bastante larga:

Queridos Hermanos: 

Vuestra carta del 17 de Julio enviada a Logan me fue redirigida aquí, pero ya había partido hacia Europa, de modo que no la recibí hasta que regresé a mi oficina, el 8 de Septiembre. Deseo agradecer su envío y la atención prestada. La carta, sin embargo, es una desilusión para mí, como podrán deducir de lo que ya expresara al Presidente Meeks.

Me parece extraño, retrospectivamente – como debe haberles parecido a ustedes – que nunca antes haya tenido que enfrentarme a la doctrina de la Iglesia relativa a los negros. Recuerdo que se conversaba de cuando en cuando durante mi niñez y juventud, durante reuniones del Sacerdocio o alguna otra clase de la Iglesia; en cada ocasión alguien mencionaba algo sobre que ellos se habían “sentado en la cerca, mirando de lejos” durante el Concilio en los Cielos. Se decía que no habían tomado una posición activa. De algún modo, jamás existía una manifiesta convicción con relación a esta doctrina, tal vez porque para nosotros, en Ferron, era una pregunta más bien académica, ya que había muy pocos que hubiesen visto un negro en su vida, y menos aún compartido una vida comunitaria con ellos. De modo que pasábamos ligeramente sobre la doctrina, sin ninguna cita de Escrituras o alguna otra referencia, excepto, quizás, la mención de la maldición de Caín, o Cam, o Canaan. (Hace unas noches volví a leer el evento. Es difícil hallar algún elemento de justicia en el comportamiento de Noe hacia Cam, ya que simplemente mencionó a sus hermanos que su padre yacía ebrio y desnudo, y ellos fueron a cubrirlo. Cam fue maldecido por mencionar las condiciones en que se encontraba su padre).

De cualquier forma, no me había enfrentado cara a cara con el tema hasta este verano. Desde mi juventud, he desarrollado mi carrera profesional en el campo de las ciencias sociales, cuyo propósito general es describir y comprender la conducta humana. Probablemente hubiese tenido menos dificultad con algunos de estos problemas – como el problema de la raza – si hubiese permanecido en agronomía y química, que eran mis originales campos de especialización. Pero, sea como sea, mi experiencia ha sido la que es. Como sociólogo, he intentado sinceramente, y aún lo intento, comprender las relaciones humanas sociales: las varias formas de organización, el proceso de conflictos, cooperación, competencia, asimilación, por qué las personas y las culturas difieren unas de otras, etc.

A medida que uno estudia la historia y características de las sociedades humanas, comienza a reconocer ciertos principios básicos. Uno de ellos es el cambio social. Toda sociedad sufre cambios con el transcurso de los años. Está permanentemente en un estado de fluidez. Algunos estudiosos han considerado a dichos cambios progreso, y que tal progreso es inevitable. Otros señalan el surgimiento y la caída de civilizaciones y lo piensan en términos de cambios cíclicos. Otros expresan hipótesis diferentes, pero ninguno considera a la sociedad como una entidad estática.

Otro principio que aparece al estudiar el desarrollo de culturas es la tendencia de las instituciones a resistir el cambio. Aunque se establecen y crecen, originalmente como medio para satisfacer los propósitos para los cuales surgieron. Me parece que Jesús intentaba señalar esto a la sociedad de su época al hablar de poner vino nuevo en odres viejos, y que el día de reposo había sido dado para el hombre y no viceversa. Esto resultaba una afrenta para el legalismo de los Fariseos, y otros con similares perspectivas, y por supuesto, las instituciones debieron ser protegidas aún a costa de Su crucifixión.

Otro principio que ha pasado a ocupar un lugar central en el análisis de la conducta humana es el de etnocentrismo. Según lo definió William Graham Sumner, quien primero desarrolló el concepto, se refiere a “una visión de las cosas en la que el propio grupo es el centro de todo y los demás evaluados con relación a él” (The Folkways, pag. 13). En la medida en que el “grupo exterior” difiera del “grupo interior” es considerado inferior por este último. Gente con un diferente color de piel sería automáticamente asignada a un estatus inferior. Un lenguaje diferente al del “grupo interior” es, por supuesto, “inferior”; y así con todo. Esta tendencia es común a todos los grupos.

Ahora bien ¿qué agrega esto a mi modo de pensar? Significa 1) que si uno acepta el principio de cambio cultural y lo aplica a los Hebreos, la historia de los grupos del Antiguo Testamento se interpreta del mismo modo. En sus tempranas etapas de desarrollo tenían prácticas y creencias, muchas de las cuales fueron posteriormente suplantadas por otras ideas. Jehová para los Hebreos del Pentateuco era básicamente una deidad tribal. No fue hasta Amos que la idea de un Dios universal se proclamó. Y el concepto de Dios como Amor fue una contribución esencial de la misión del Salvador. 2) Esto, para mí, representa una “revelación progresiva”. Creo que aún tenemos mucho que aprender sobre Dios, y que algunas de nuestras tempranas nociones acerca de El recibirán modificaciones. 3) La antigua creencia hebrea de que la gente de color con la que tenían contacto en la cuenca del Mediterraneo era, bastante naturalmente, que esa gente era inferior a ellos, como consecuencia de su extremo etnocentrismo.

¿Por qué no tenían nada para decir sobre Japoneses, Chinos o Indígenas Americanos? Mi respuesta es que ignoraban que estos grupos existiesen. Uno podría estar bastante seguro de que, si hubiesen sabido sobre ellos, habrían desarrollado alguna explicación similar a la del negro sobre su origen, y les hubiesen asignado una posición menos exaltada que la propia. 4) Y una vez que estas cosas se escriben – e institucionalizan – toman un aura de sagrado. Refiero en este sentido no sólo a las Escrituras, sino también a documentos seculares – la Constitución de los Estados Unidos, por ejemplo, a la cual muchas personas no desean cambiar a pesar de la aparente necesidad de hacerlo. De modo que estamos en la posición, me parece, de aceptar una doctrina relativa a los negros que fuera enunciada por los hebreos durante una muy temprana etapa de su desarrollo. Más aún, y tal es un tema importante para mí, no encaja con lo que pareciera ser un aceptable nivel de justicia hoy, ni con la letra y el espíritu de las enseñanzas de Jesucristo. No logro hallar ningún apoyo para tal doctrina de inequidad en Sus enseñanzas registradas.

Estoy profundamente perturbado. Habiendo decidido mediante sincero estudio que una de las principales causas de la guerra es la existencia de etnocentrismo entre las gentes del mundo; que la guerra es el mayor mal social que amenaza con la destrucción de todos, y que podríamos disminuir estos sentimientos de etnocentrismo promoviendo la comprensión entre unos y otros, debo ahora confrontar con la doctrina de mi propia iglesia que dice, en efecto, que la supremacía blanca es parte del plan de Dios para Sus hijos, que la raza negra ha sido asignada por El para ser el talador de madera y el portador de agua para sus hermanos provistos de una piel más blanca. Esto nos convierte en aliados nominales de los Rankins y Bilbos de Mississippi, una alianza poco feliz, puedo asegurarlo. [El Dr. Nelson está haciendo referencia aquí a Theodore Bilbo y John Rankin, dos políticos del Estado de Mississippi que favorecieron la segregación racial y la supremacía blanca].

Esta doctrina, llevada a sus lógicas conclusiones, diría que el Dr. George Washington Carver, el eminente y devoto científico negro, es, por causa del color de su piel, inferior al menos admirable de los blancos, no por motivo de las virtudes que pueda o no poseer, sino porque – y esto no por una falta personal – hay un pigmento más oscuro en su piel. Toda la gente de la India – quienes no son negros de acuerdo a los etnólogos, sino arios – presumiblemente caería bajo la misma clasificación. Pienso en un hindú, inteligente, de mente amplia y vida recta que fue miembro del Comité Internacional que tuve el honor de presidir en Génova del 4 al 10 de agosto pasado. No fumaba, no consumía bebidas alcohólicas, y sus normas éticas eran tales que podríamos aplaudirlas. ¿Dónde sería ubicado en comparación con la persona menos deseable de Ferron? Y podría nombrar a negros reales con igual calificación.

Ahora bien, ustedes me dicen que “el aspecto social del Evangelio Restaurado es sólo un incidente, no el fin del mismo”. Es posible que yo no tenga el mismo concepto sobre lo “social” que el que ustedes tienen en mente, pero creo que la única virtud que podemos reconocer en los hombres es aquella que se expresa en su relación con otros; esto es, sus relaciones “sociales”. ¿Son las virtudes de honestidad, castidad, humildad, perdón, tolerancia, amor, bondad y justicia, secundarias? Si es así ¿Cuál es la primera? ¿El amor a Dios? Muy bien. Pero la segunda es semejante a la primera.

Debo pedirles disculpas por este abuso de su tiempo. Me doy cuenta de que soy sólo uno entre cientos de miles por los que se preocupan. Mis pequeños problemas debo resolverlos solo. Pero deseo ser comprendido. Por ello me he extendido para registrar la secuencia de mis pensamientos. Intento ser honesto conmigo mismo y con los demás. Trato de hallar mi camino en lo que es un mundo confuso. Después de ver la devastación de Europa este verano, estoy horrorizado por esa visión, y por contemplar lo que la humanidad puede colectivamente hacerse a si misma a menos que de algún modo nosotros – toda la familia humana – pueda colocar el amor del uno por el otro por encima del odio y desarrollemos un mutuo respeto basado en la comprensión y el reconocimiento de que otros, aunque diferentes a nosotros, no son por ello inferiores. ¿No hemos vuelto tan legalistas (al igual que los Fariseos) que no podemos adecuar nuestras instituciones a las cambiantes necesidades de la humanidad? ¿Somos, como algunos nos han acusado, más Hebraicos que Cristianos?

Sinceramente, su hermano Lowry Nelson, Profesor de Sociología

Carta del 12 de Noviembre de 1947

Querido Hermano Nelson:

Recibimos su carta del 8 de Octubre en la cual desarrollaba el tema ya discutido en la carta anterior.

Estamos seguros de que usted entiende las doctrinas de la Iglesia. Ellas son verdaderas o no lo son. Nuestro testimonio es que son verdaderas. Bajo tales circunstancias no nos podemos permitir impresionarnos demasiado por los razonamientos de los hombres, sin importar cuán fundamentados parezcan. Deseamos expresarle con todo cariño y sinceridad que usted es un hombre demasiado refinado para ser apartado de los principios del Evangelio por el saber mundano. Usted posee un tremendo potencial para hacer el bien y por tanto deseamos en oración que pueda reorientar sus pensamientos y ponerlos en concordancia con la palabra revelada de Dios.

Sinceramente suyos, LA PRIMERA PRESIDENCIA

Mostré esta correspondencia a algunos amigos, tal vez tres o cuatro, como máximo. Deseaban tener copias y se las brindé. En poco tiempo comencé a recibir cartas de varias partes del país diciendo que habían leído la correspondencia y felicitándome. No recuerdo haber recibido ningún comentario desfavorable. Comencé a sentir cierta culpa de haber entregado las cartas a mis amigos sin la autorización de la Primera Presidencia. Especialmente cuando se hizo evidente que su circulación era tan amplia. Pero, después de todo, no había ningún secreto sobre la doctrina, excepto para aquellos como yo que no estaban informados de que el dogma era tan estricto. Kimball Young me escribió sorprendido de que no supiese que la doctrina estaba vigente. Pero, a diferencia de Kimball, yo no había servido una misión para la Iglesia, y seguramente los misioneros deben ser instruidos al respecto antes de partir. Sea cual fuese el caso, decidí olvidar el asunto y no hacer nada más. Entonces, en 1952, un amigo de Salt Lake City me envió un recorte de la Sección de la Iglesia en el Deseret News que nuevamente me provocó. La historia tenía que ver con dos misioneros en Sudafrica, a los cuales, una mujer miembro en su lecho de muerte, pidió que realizaran “obra” en el Templo cuando regresasen a Salt Lake. Debido a que vivía en aquella parte del mundo, los misioneros tuvieron que asegurarse de que su sangre no estaba “teñida” antes de cumplir sus deseos. La historia continuaba contando la búsqueda de su genealogía y el feliz descubrimiento de que ella provenía de Holanda. De modo que el pedido de la dama estaba garantizado y aparecían fotos de los hombres y sus esposas, todos sonrientes.

Muy disgustado, me senté y escribí un artículo titulado “Los Mormones y los Negros”, enviándolo a la revista Nation. Se publicó en Mayo de 1952. Por primera vez la política estaba impresa en letras de molde para que el mundo la viese. La prensa de color fue alertada y la historia se publicó ampliamente. Algunos de mis amigos estaban aterrados, aún desilusionados, de que yo lo hubiese publicado. Su razonamiento era típico de los mormones liberales que siempre intentan cambiar las cosas desde adentro. Pero esto nunca ha funcionado. Sólo cuando la poligamia se transformó en un serio motivo de vergüenza la iglesia aceptó finalizar la práctica. En esa época la Iglesia sufría de lo que hoy llamaríamos una “imagen empañada”. No se lograba que Utah obtuviese el estatus de Estado por causa de esto, aunque el territorio cumplía con los requerimientos. Me pareció que jamás habría un cambio en la política relacionada con los negros hasta que los hechos fuesen ampliamente conocidos y la presión fuese ejercida tanto desde afuera como desde adentro.”

Abandono aquí las Memorias del Dr. Nelson. Por una cuestión de espacio no volcaré la totalidad del texto de su artículo aparecido en Nation, pero sí transcribiré algunos de sus conceptos:

Nelson_Mormonism and the Negro_0000

 “Esta desafortunada política de la iglesia es fuente de vergüenza y humillación para miles de sus miembros (quien escribe incluido) que no encuentran base para ella en las enseñanzas de Jesus”.

“La cuestión básica sigue siendo si la iglesia modificará su actual posición sobre este asunto”.

“Una verdadera dificultad yace en el hecho de que aquellos que desaprueban la actitud de la iglesia no tienen modo de expresar su punto de vista. La mayoría de los miembros dan un asentimiento pasivo”.

“Mi conocimiento del profundo humanismo del pueblo mormón me lleva a pensar que, si el asunto se tratara abiertamente, se alinearían del lado de la justicia. Tal discusión abierta, en especial si es impresa, es una actividad peligrosa para cualquier miembro. Lo expone automáticamente a la acusación de ‘desobediencia a la autoridad constituida’, la cual puede llevar a una excomunión. Si bien son muchos los que están teniendo estas conversaciones no se trata de “miembros desleales” sino activos, quienes ponen en la balanza los muchos y admirables aspectos de la iglesia como contrapeso de aquellos con los que están en desacuerdo”.

Algunas reflexiones finales: Estoy convencido de que a esta altura de nuestra historia debemos rescatar a figuras como la del Dr. Nelson que tuvieron el valor de expresar sus pensamientos sin temor a las consecuencias. Esa misma historia nos muestra que él estaba en lo correcto y las Autoridades del momento eran las equivocadas. Tuvo también la habilidad de poner en manos de los líderes las herramientas ideológicas para el cese de la injusticia. Se trataba de una “política” y no de una “doctrina”. A partir de él, David O. McKay y luego Spencer W. Kimball adoptaron la diferenciación, reconociendo que Joseph Smith, Jr jamás enseñó ni practicó tal política. La repetida frase “desde los comienzos de la Iglesia ha sido la ley” nunca fue verdadera, aunque los que la hayan pronunciado y escrito estuviesen sinceramente convencidos de su veracidad. Todos sabemos quien fue George A. Smith. Muy pocos conocemos a Lowry Nelson. Debemos estar dispuestos a que eso cambie…

Mis hermanos en el evangelio cuentan con una amplia paleta de colores para definir a este individuo. Puede verse como un catedrático demasiado influenciado por su saber mundano, como un rebelde dispuesto a enfrentar ideologicamente a las Autoridades, como un individualista que puso a la Iglesia en peligro al exponerla públicamente, por aquello de que “los trapos sucios se lavan en casa”. Yo prefiero verlo como un hombre sincero, con profundas raíces cristianas, orgulloso de los logros de la Iglesia pero crítico de algunas de sus tradiciones. Podemos pintarlo del color que más nos guste, pero no olvidarlo. Necesitamos más como él…

“Hoy en día, la Iglesia desautoriza las teorías promovidas en el pasado de que la piel oscura es una señal de desaprobación divina o maldición, o que refleja las acciones de una vida premortal; que los matrimonios de razas mixtas son un pecado; o que los negros o gente de diferentes razas o etnias son inferiores de cualquier manera a otros. Los Líderes de la Iglesia hoy inequívocamente condenan todo racismo, pasado y presente, en cualquiera de sus formas” (http://www.lds.org/topics/race-and-the-priesthood)

 

 

 

 

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“EL SENDERO QUE SE DESMORONA Y LAS SOMBRAS DISTORSIONADAS” (Revisión diacrónica del tema racial)

DOCTRINA

      Raza Negra y Sacerdocio

“EL SENDERO QUE SE DESMORONA Y LAS SOMBRAS

DISTORSIONADAS”

(Revisión diacrónica del tema racial)

 

Por Mario R. Montani

Algunos de mis queridos hermanos se han sentido molestos de que me detuviera en momentos de nuestro pasado histórico no particularmente agradables pero que han sido corregidos con el paso del tiempo. Creen que las nuevas políticas ponen un “manto de olvido” sobre lo que ocurrió y que ya no debe hablarse de ello. La considero una posición un poco cómoda. Algunas de esas políticas afectaron de modo directo a cientos o miles de personas y también influyeron en las conductas y actitudes defensivas de varios millones. Como raramente se escucha un pedido de disculpas por ello, creo que tenemos la obligación de afirmar un “NUNCA MAS” en tales aspectos y otros de características similares. Me resulta notable que hace más de150 años se asegurara en el Deseret News del 16 de Julio de 1862:

“Si un hombre no lleva un diario, el sendero se desmorona a sus espaldas en cuanto lo dejan sus pies; y los días transcurren como poco más que un espacio en blanco, interrumpido por unas cuantas sombras distorsionadas. Su vida está totalmente confinada dentro de los límites de la actualidad …”

¿Será posible que lo que era un buen consejo para nuestras memorias individuales sea un mal consejo para nuestra memoria colectiva e institucional? ¿Debemos confinarnos únicamente “dentro de los límites de la actualidad”?

Después de más de 30 años sin modificaciones, y culminando una tarea de revisión que abarcó los últimos 8 años, la Iglesia lanzará una nueva edición de las Escrituras. La misma, en su versión en inglés, ya se encuentra disponible en Internet. Varios encabezados han sido modificados ligeramente, intentando versiones más realistas de nuestro pasado e historia. La nueva introducción a la Declaración Oficial 2, da cuenta, abiertamente, de que Joseph Smith ordenó a varios hombres de raza negra al sacerdocio. También declara que los registros de la Iglesia “no ofrecen una clara explicación sobre el origen de la práctica de negarles la ordenación posteriormente”.

Ya he afirmado mis creencias sobre este particular en otros artículos del blog, (“De la preexistencia de los grados de gloria”, “A ningún hombre llame común o inmundo”, “Permitidles que se alleguen a vosotros”, “Cuatro textos de pura raza”) de modo que, en esta ocasión, sólo quisiera intentar un dibujo de la sociedad, mormona y no mormona, en la que se daba un marco para que estas cosas ocurrieran. Los datos son puramente históricos y mencionaré hechos de la Iglesia únicamente para dar una idea de cómo se insertan en la propia cronología SUD:

En 1619 arriban los primeros esclavos africanos a las colonias de donde luego surgirán los Estados Unidos de América.

En la primera edición americana de la Enciclopedia Británica, 1798, bajo la definición NEGROS, podía leerse:

“En el color de la piel de los negros encontramos diferentes matices; pero todos se diferencian de la misma manera de los demás hombres en los rasgos de su rostro. Mejillas redondas, pómulos altos, una frente ligeramente elevada, nariz corta, ancha y roma, labios gruesos, orejas pequeñas, fealdad e irregularidad de forma caracterizan su aspecto exterior. Las mujeres negras tienen caderas muy caídas, y glúteos sumamente rollizos, que les otorgan la forma de una silla de montar. Los vicios más conocidos parecen ser el destino de esta infeliz raza: se dice que ocio, traición, venganza, crueldad, desvergüenza, robo, mentira, lenguaje obsceno, desenfreno, mezquindad e intemperancia han extinguido los principios de la ley natural y han acallado las reprimendas de la conciencia. Son ajenos a todo sentimiento de compasión y constituyen un terrible ejemplo de la corrupción del hombre cuando queda abandonado a sí mismo”

Este párrafo, escrito sólo siete años antes del nacimiento de Joseph Smith, no era sólo un resumen de las creencias del pueblo, sino la obligada y elevada fuente de consulta de catedráticos, juristas y científicos de la época. De modo que no sólo se constituía en una definición autorizada de la raza sino en la divulgadora privilegiada de esa definición.

En 1815 se funda la Iglesia Metodista Epsicopal Africana en Filadelfia, debido a que a los negros no se les permite orar en la Iglesia Metodista Episcopal tradicional.

En la primavera de 1820 el joven Joseph Smith tiene la Primera Visión.

En 1821, la Sociedad Americana de Colonización, dirigida por el ministro presbiteriano Robert Finley, establece la República de Liberia, en Africa Occidental, y comienza a enviar negros libertos a ese territorio. Dicha Sociedad, en apariencia altruista, estaba en realidad formada por racistas que creían imposible la asimilación con otros.

El 6 de abril de 1830 se organiza La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.

En 1831 se produce la rebelión de Nat Turner, en el Condado de Southampton, Virginia. Turner declara que el espíritu del Antiguo Testamento lo ha llamado para liberar a su pueblo. En dos días y secundado por otros 60 esclavos, mata alrededor de 60 blancos y destruye 15 propiedades. Un grupo de 3000 blancos armados salió en su persecución, matando a muchos negros inocentes en su recorrido. Dos meses más tarde Turner es capturado, enjuiciado y colgado. El efecto de esta rebelión estuvo latente en la población americana por muchos años. Varios estados sureños prohibieron a los negros predicar.

En 1832 Ezekiel Roberts bautiza a Elijah Abel, uno de los primeros miembros de color.

En 1833, W.W. Phelps publica un controvertido editorial en el periódico de la Iglesia Evening and Morning Star, bajo el título “Gente de Color Libre”. Describía en él los mecanismos para la migración de negros libres a Missouri. Pero dicho estado era esclavista y castigaba legalmente a cualquier negro libre que pasara sus fronteras con diez latigazos en la espalda. Los habitantes de Missouri reaccionan muy negativamente a este editorial y escriben el denominado Manifiesto de la Turba, que declaraba en alguno de sus párrafos:

En uno de los últimos números del Star, publicado en Independence por los líderes de la secta, hay un artículo invitando a negros y mulatos libres de otros estados a convertirse en mormones, mudarse y establecerse entre nosotros. Esto los muestra con rasgos aún más odiosos que los que ya tenían. Enseña el deseo, de parte de su sociedad, de infligirnos un daño que saben que sería absolutamente insoportable para nuestra sociedad, y uno de los modos más seguros de echarnos del territorio, ya que no se requeriría ninguno de los dones sobrenaturales que pretenden tener para poder ver que la introducción de dicha casta entre nosotros corrompería a nuestros negros y los instigaría al derramamiento de sangre… Creemos que es un deber para nosotros mismos,  nuestras esposas e hijos y  la causa de la moral pública, quitarlos de entre nosotros, ya que no estamos dispuestos a abandonar nuestros lugares placenteros y ricas posesiones para brindárselos o para recibir en el seno de nuestras familias, como compañeros de esposas e hijas, a los corruptos y degradados negros y mulatos que están siendo invitados a establecerse entre nosotros… para lo cual acordamos utilizar los medios que sean necesarios para echarlos … incluyendo nuestro esfuerzo físico, vidas, fortunas y honores sagrados”

 

Esta situación, junto a otras, condujo a la expulsión del Estado de los miembros de la Iglesia. En diciembre de ese mismo año, Joseph Smith recibe la revelación conocida como Sección 101, que, en su versículo 79, sentencia:

“Por tanto, no es justo que un hombre sea esclavo de otro”

De modo que, durante este período inicial, encontramos a los miembros de la Iglesia enclavados en una sociedad altamente racista pero siendo mucho más liberales que el resto en sus puntos de vista, apoyados en ello por sus nuevas escrituras y la conducta personal de sus líderes.

En 1835 se bautiza Josph T. Ball, otro hermano de color quien será Presidente de la Rama de Boston entre 1844 y 1845. Ese mismo año se aprueba lo que hoy conocemos como la Sección 134 de la Doctrina y Convenios. No se trató de una revelación sino de una Declaración de Creencia con respecto a los gobiernos y las leyes para que las actitudes de la Iglesia no fuesen mal interpretadas. En su versículo 12 declaraba:

“Creemos que es justo predicar el evangelio a las naciones de la tierra y amonestar a los justos a salvarse de la corrupción del mundo; pero no creemos que sea propio intervenir en los asuntos de esclavos, ni predicarles el evangelio, ni bautizarlos contra la voluntad y deseos de sus amos, ni mezclarse en sus cosas ni influir en lo más mínimo para que queden descontentos con su situación en esta vida y con ello poner en peligro la vida de los hombres; creemos que tal intervención es ilícita e injusta, y peligrosa para la paz de todo gobierno que permita la esclavitud de seres humanos”.

Es claro que la Iglesia jamás negó la membresía a los negros ni propuso una institución segregada, pero debía adaptarse a las leyes de los territorios que habitaba para evitar mayores problemas de los que ya había tenido.

En 1836 Elijah Abel es ordenado Elder (su nombre aparece en la lista de Elderes en el ejemplar de abril de The Messenger and Advocate). Más adelante en el año es ordenado Setenta (Minutas del Seventies Journal, 20 de Diciembre 1836). Las normas para el gobierno del Templo de Kirtland declaran ser para “viejos y jóvenes, ricos o pobres, hombres o mujeres, esclavos o libres, negros o blancos, creyentes o incrédulos…” (History of the Church 2: 368-69)

En 1839 se produce el motín en el barco de esclavos Amistad. Cinque, su líder, y sus hombres son llevados a los Estados Unidos. John Quincy Adams, quien ya contaba con 73 años defiende acertadamente su caso en la Suprema Corte por lo que son liberados y devueltos a Africa (La excelente película de Steven Spielberg que lleva por nombre “Amistad” ofrece un pormenorizado relato de esos hechos).

Para 1839 había 12 miembros de raza negra en la Iglesia. En Nauvoo, 1843, se listaban 22, entre esclavos y libres. Samuel Chambers y Edward Leggroan, dos hermanos de color, son ordenados Diáconos. Tanto Elijah Abel como Joseph T. Ball participan en ordenanzas iniciatorias en Kirtland y bautismos por los muertos en el Templo de Nauvoo. El Times and Seasons del 12 de Octubre de 1940 declaraba que a dicho Templo, cuyos trabajos se aceleraban, “vendrían a adorar gentes de todos los lenguajes y de todo color”.

En 1841, la Iglesia Bautista Americana llega a la conclusión de que la esclavitud no es un pecado, de acuerdo a la Biblia.

En 1842, Charles Dickens, el novelista inglés (a quien hemos introducido en este blog mediante “El Viajero no Comercial”) visita los Estados Unidos y queda horrorizado con la institución esclavista. Escribirá en sus “Notas americanas”:

“La opinión pública ha trenzado el látigo, puesto rojo el hierro de marcar, cargado el rifle y protegido al asesino. La opinión pública amenaza con la muerte a los abolicionistas si se arriesgan a viajar por el Sur, y ha sido capaz de arrastrarlos con una soga en la cintura por las calles de la ciudad más importante del Este, sin sonrojo alguno, en pleno mediodía. La opinión pública, aún no hace muchos años, fue capaz, en la ciudad de Saint Louis, de quemar vivo y a fuego lento a un esclavo; y la opinión pública ha sostenido hasta hoy mismo  en su sillón al honrado juez que sostuvo ante el Jurado, reunido en la sala para juzgar a los asesinos del negro, que aquel acto horrendo era simplemente una demostración de la opinión pública, y que, por tanto, no podían aquellos hombres ser castigados por las leyes que el sentimiento público había dictado. La opinión pública aplaudió esta doctrina con un alarido de palmas salvajes y puso en libertad a los acusados para que se paseasen por la ciudad con las mismas prerrogativas de hombres notables, de influencia, y de posición que antes tenían”

Luego se dedicó a transcribir algunos de los avisos aparecidos en los diarios. Me limitaré a algunos, ya que él listó más de cuarenta:

“Huido, el negro Hown. Tiene en su pie izquierdo un aro de hierro. También Grise, su mujer, que tiene un aro y una cadena en la pierna izquierda.”

“Huido, un muchacho negro llamado James. Este muchacho llevaba grilletes cuando escapó”.

“Detenida en la Comisaria una moza negra llamada Myra. Tiene varios cardenales de latigazos y lleva hierros en los pies”. 

“Huidos una mujer negra y dos niños. Pocos días antes que se fugase la marqué con el hierro caliente en el carrillo izquierdo. Quise grabar la letra M”.

“Huido, un negro llamado Henry; tuerto del ojo izquierdo, tiene algunas cicatrices de puñaladas sobre y debajo del brazo izquierdo y muchas marcas de latigazos”.

“Huida, una mujer llamada Raquel. Le faltan todos los dedos, menos el mayor”.

“Huido, un negro llamado Arthur. Tiene una gran cicatriz que le cruza el pecho y los dos brazos, hecha con un cuchillo; le gusta hablar mucho de la bondad divina”.

“Huido, el negro Ben. Tiene una cicatriz en la mano derecha, de resultas de haber recibido un tiro el último otoño en el pulgar y el índice. Perdió una parte del hueso. Tiene también una o dos grandes cicatrices en la espalda y las caderas”.

“Huidos, de la finca de James Rugette, los siguientes negros: Randal, que tiene una oreja mellada; Bob, tuerto; Kentucky Tom, que tiene una mandíbula rota”. 

“Huido, Anthony. Tiene una oreja cortada de raíz y la mano izquierda le fue cortada de un hachazo”.

Y la lista continúa por varias páginas… Los avisos no eran para el argumento de una película moderna. Reflejaban lo que ocurría cotidianamente.

A partir de 1842, Joseph Smith comienza a endurecer su posición con respecto a la esclavitud “mi sangre comienza a hervir al reflexionar sobre la injusticia, crueldad y opresión de los gobernantes de la gente ¿Cuándo dejarán de existir estas cosas, y regirán la Constitución y las leyes?” (History of the Church 4:544). En una entrada de su diario personal con fecha 30 de Diciembre de 1842 escribe que los esclavos que fuesen propiedad de mormones deberían ser llevados “a un territorio libre, dejados en libertad y ver que obtuviesen educación e igualdad de derechos”.

En Enero de 1843 Joseph Smith declara que los negros tienen alma y que son sujetos destinados a la salvación, algo no tan aceptado por entonces. También que si cambiaran su situación con el blanco serían iguales a él (History of the Church 5:217-218)

En ese mismo año, 1.200 ministros Metodistas poseen 1.500 esclavos y 25.000 miembros de esa denominación poseen 208.000 esclavos en conjunto. La Iglesia Metodista se mantiene neutral y en silencio sobre este particular. Al año siguiente esa situación provoca la división entre Metodistas del Norte y del Sur.

1844 es el año en que se bautiza Green Flake, un joven esclavo que guiará la carreta en la que Brigham Young entre en el Lago Salado. Samuel Chambers, otro joven negro, también es bautizado pero en secreto pues no obtiene la autorización para hacerlo. Walker Lewis, es ordenado Elder por William Smith (hermano del Profeta) y se convierte en un estupendo misionero.

Joseph Smith inicia su campaña a Presidente de los EEUU con una plataforma fuertemente antiesclavista:

“Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres han sido creados iguales… pero al mismo tiempo entre dos o tres millones de personas son mantenidos como esclavos de por vida, porque su espíritu está cubierto con una piel más obscura que la nuestra”. (History of the Church, Vol.6, Ch.8, p.197 – p.198)

Propone entonces la venta de terrenos fiscales para efectuar la compra de esos esclavos y dejarlos en libertad en un proceso gradual que debería culminar para 1850.

El 27 de Junio de 1844 Joseph Smith es asesinado en Carthage, Illinois.

En 1848 la Iglesia Bautista se divide en dos, formándose la Iglesia Bautista del Sur, que permanece separada hasta hoy.

En 1851 Josiah Priest publica Bible Defence of Slavery (Defensa Bíblica de la Esclavitud), un libro que se hizo muy popular y en el cual proclamaba que los padres de Caín habían sido Eva y la serpiente.

En ese mismo año, Elijah Abel llega a Utah y, junto a su esposa Mary Ann, administra el Hotel Farnham. También, como carpintero, colabora en la construcción del Templo de Salt Lake.

En 1852 la esclavitud pasa a ser legal en Utah. En 1853 Brigham Young niega a Elijah Abel el permiso para recibir las investiduras a pesar de que había recibido unciones y lavamientos en el Templo de Kirtland y realizado bautismos por los muertos en Nauvoo. En 1857 la Suprema Corte de los EEUU decide que Dread Scott, un esclavo, es propiedad y no un ciudadano, por tanto no puede litigar en la Corte.

El Censo de Utah de 1860 muestra 59 habitantes de raza negra, 29 de los cuales son esclavos.

De modo que en menos de 10 años de la muerte de Joseph Smith, los sueños de libertad para los esclavos desaparecen de territorios mormones y la liberalidad de otorgar el sacerdocio a los hombres de color comienza a ser objetada.

En 1861 da inicio la Guerra Civil, que se extenderá hasta 1865 y culminará con la abolición de la esclavitud (Decimotercera Enmienda de la Constitución). Lincoln es asesinado.

En 1866 se organiza el Ku Klux Klan en los estados del Sur, como un intento de asegurar la supremacía blanca. El mismo año la Iglesia Católica, emite su respuesta a la sanción de la Decimotercera Enmienda:

“La esclavitud como tal, considerada en su naturaleza esencial, no es en absoluto contraria a las leyes naturales o divinas, y pueden existir varios títulos de esclavitud a los que se refieren teólogos autorizados y comentaristas del canon sagrado. No es contrario a la ley natural o divina que un esclavo sea vendido, comprado, intercambiado o cedido. El comprador debe examinar cuidadosamente si el esclavo puesto a la venta ha sido privado de su libertad justa o injustamente, y que el vendedor no hará nada que pueda poner en peligro la vida, virtud o fe católica del esclavo” (Instrucción 20, Junio de 1866)

Por supuesto que a nuestra sensibilidad del siglo XXI tanto los comentarios como los hechos que presuponen nos parecen horripilantes. Pero pongamos las cosas en contexto. A los argentinos nos gusta decir, porque así se nos enseñó en la escuela, que desde 1813 se acabó la esclavitud en nuestro país. La verdad histórica muestra algo bastante diferente. En 1813 se declaró la “libertad de vientres”, es decir que los hijos nacidos a esclavos serían libres. También que los esclavos que ingresaran al territorio quedaban automáticamente en libertad. Pero la puesta en práctica de estas disposiciones no fue automática. Cesó el comercio internacional, pero dentro del Río de la Plata se continuó comprando y vendiendo esclavos. La libertad de los esclavos fugitivos debió derogarse para evitar problemas con Brasil. Tan tarde como 1831, Rosas permitía el ingreso de esclavos bajo la supuesta condición de que eran para servicio particular.

En 1834, Dalmacio Vélez Sarsfield edita un manual para el estudio del derecho civil en el que se declara “el esclavo es hombre pero no persona – en el sentido de persona jurídica – porque no es libre, por lo tanto puede ser vendido, legado y donado como cualquiera de las otras cosas que están en nuestro patrimonio”. También aseguraba que la esclavitud “se halla aprobada en la sagrada escritura que no puede autorizar sino lo que no se opone o es conforme a los principios de equidad que Dios ha grabado en nuestros corazones”.

La abolición definitiva llega con la constitución de 1853, que Buenos Aires recién acepta en 1860, o sea, cuando está comenzando la Guerra de Secesión. De modo que no estoy seguro de que, históricamente, tengamos algo por lo que espantarnos…

En 1867, el Estado de Deseret enmienda su Constitución para permitir votar a las personas de color.

El Papa Pio IX, en 1873, preocupado por los etíopes de Africa Central, ora para que “Dios Todopoderoso pueda con el tiempo quitar la maldición de Caín de sus corazones”. (La Raccolta, colección de oraciones y buenas obras de los soberanos pontífices, 1878, pags. 413-415)

En 1885 B.H. Roberts especula, basándose en la recientemente canonizada Perla de Gran Precio (1880) que la esposa de Cam, Egyptus, es una descendiente de Caín y por lo tanto sus hijos transmiten la maldición del sacerdocio. (The Contributor 6:296-297)

En 1891 el Ku Klux Klan amenaza a los misioneros mormones por predicar a la gente de color, y asesina a un par de ellos. Los linchamientos alcanzan su máximo tope anual, con 161 afroamericanos asesinados.

En 1895 el Quorum de los Doce vuelve a discutir el asunto. Joseph F. Smith defiende la postura de que Joseph Smith deseaba que los negros recibiesen el sacerdocio. George Q. Cannon afirma lo contrario, basándose en lo que John Taylor le dijo que había escuchado del Profeta.

En Agosto de 1900 el Presidente Lorenzo Snow expresa sus dudas de que haya habido una revelación sobre el particular y que la prohibición se basa en opiniones personales (dichas dudas están plasmadas en las minutas del Consejo de los Doce). El 27 de Noviembre de ese año, Elijah Abel, hijo, también de raza negra, es ordenado Elder.

En 1908, Joseph F. Smith abandona su primera posición sobre el sacerdocio, en una actitud que los historiadores no logran explicarse, y asegura que Joseph Smith anuló la ordenación de Elijah Abel (Minutas del Concilio, 26 de Agosto). Los certificados de la ordenación estaban disponibles para todos los participantes y ninguna anulación constaba en ellos.

Los linchamientos continúan y en 1924 el Ku Klux Klan alcanza los 6.000.000 de miembros.

En 1934 Elijah Abel III, el nieto del original Elijah recibe el sacerdocio menor y es ordenado Presbítero. Al año siguiente será un Elder.

En 1936 Jesse Owens gana cuatro medallas de oro en los juegos olímpicos de Berlín. Adolf Hitler se niega a saludarlo.

J. Reuben Clark, Jr, en una reunión de los Doce, según minuta del 25 de Enero de 1940, recomienda la formación de un comité para establecer una regla o reafirmar una regla, si ya la existía, sobre si la presencia de una gota de sangre negra priva al hombre de recibir el sacerdocio. Por entonces aún 31 Estados de la Unión prohibían los matrimonios interraciales. El no cumplimiento de dicha ley se pagaba con la cárcel.

En 1952 se reporta que por primera vez en 71 años no ha habido linchamientos.

Si bien al no tener el sacerdocio los de raza negra no podían entrar al Templo, en 1954 comienza a permitirse que miembros blancos hagan la obra por los antepasados de miembros de origen negro. Si bien esto trae un alivio, al mismo tiempo plantea serias dudas teológicas sobre el origen de la prohibición.

El Presidente David O. McKay llama misioneros para predicar en Nigeria. El gobierno les niega las visas. Mientras tanto, en Ghana, varios conversos comienzan a organizar la Iglesia.

En una entrevista al New York Times de Junio de 1963, Hugh B. Brown, Consejero en la Primera Presidencia, reconoce que se está ante la posibilidad de admitir el sacerdocio a los negros.

En 1967 la Suprema Corte dictamina en un caso la inconstitucionalidad de la prohibición de matrimonios interraciales. El 4 de Abril de 1968 es asesinado Martin Luther King, Jr.

En 1969 la Universidad de Stanford se rehúsa a competir con BYU por la discriminación racial de la Iglesia Mormona. En 1970 la Universidad de Washington rompe relaciones deportivas con BYU y otras seis Universidades proponen lo mismo.

En 1970 el Salt Lake Tribune publica declaraciones de David O. McKay en 1954 en las que menciona que “no hay doctrina, ni la hubo nunca, en esta iglesia, acerca de que los negros estén bajo alguna maldición divina”.

En 1971 se forma el Grupo Génesis para ayudar en el hermanamiento de los miembros de color. En 1973 Spencer W. Kimball es llamado como Profeta. En 1974 el equipo de basketball de BYU tiene su primer integrante de raza negra. En marzo de 1976 Douglace Wallace, un miembro de Portland, Oregon, bautiza a Larry Lester en una pileta de natación y en una conferencia de prensa le otorga el Sacerdocio Aarónico. Al mes siguiente es excomulgado.

En 1977 la miniserie Raíces basada en la obra de Alex Haley se transforma en un éxito de audiencia y desata un gran interés en la investigación genealógica familiar.

En 1978 Spencer W. Kimball proclama lo que hoy conocemos como Declaración Oficial 2. Aquellos de raza negra comienzan a ser ordenados y a recibir las ordenanzas del Templo.

En 1979 la Universidad de Stanford reinicia sus actividades atléticas con BYU.

En 1983 la Iglesia Presbiteriana que se encontraba separada desde 1861 vuelve a unirse. Eldridge Cleaver, un líder del movimiento de las Panteras Negras se bautiza en Oakland, California.

El brasilero Helvecio Martins es el primer hombre de color llamado como Autoridad General en 1990.

Los Bautistas del Sur piden disculpas por su pasado racista. Thurl Bailey, un jugador profesional de basketball, anteriormente bautista, se convierte a la fe mormona.

La cantante de soul, Gladys Knight, se bautiza en 1997.

En 2002 Robert Foster es elegido como Presidente del Cuerpo Estudiantil de BYU, siendo el primer miembro de color en ocupar tal posición.

En 2008 aparece el documental premiado “Nobody knows: the untold story of Black mormons”. La película, creada por Margaret Young y Darius Gray (del Grupo Génesis) relata la difícil historia de los miembros de la Iglesia de color. Entre todos los entrevistados aparece Cecil Murray, pastor de la Primera Iglesia Metodista Episcopal Africana de Los Angeles, quien menciona su cambio de percepción cuando visitó la Universidad de Brigham Young para dar una conferencia, y el Presidente Hinckley le ofreció disculpas por la participación de la Iglesia en hechos de esclavitud y racismo del pasado. Como dato curioso podríamos señalar que la Iglesia que el Pastor Murray dirigía en Los Angeles fue ayudada a fundar por Biddy Mason, una esclava propiedad de un mormón que la dejó en libertad al trasladarse a San Bernardino

En respuesta a las conflictivas opiniones personales de un profesor de religión de BYU, la Iglesia declara en 2012: “Por cierto tiempo existió una restricción al sacerdocio para los miembros masculinos de ascendencia africana. No se sabe con precisión por qué, cómo, o cuándo comenzó esta restricción en la Iglesia pero es claro que finalizó varias décadas atrás”.

Esta es la cronología un poco abreviada de los hechos históricos que dan cuenta de la relación de la Iglesia con los hermanos de color. En una visión sociológica, no necesariamente religiosa, diría que pasamos de una situación totalmente liberal y de avanzada con relación a la problemática racial en las primeras décadas de la Restauración (1830-1852) a una de acomodamiento al status quo imperante en el pensamiento norteamericano por casi un siglo (1852-1947), para finalmente quedar totalmente rezagados por 30 años ante la errónea creencia de que teníamos una doctrina que, en realidad, no teníamos.

El pedido de disculpas del Presidente Hinckley me parece correcto pero me hace surgir dos preguntas: ¿por qué debemos ofrecer disculpas por algo si es que realmente aún no estamos seguros de que Dios mismo lo haya mandado? ¿Por qué deben mantenerse esas disculpas en privado y no hacerlas públicas y extensivas?

CUATRO TEXTOS DE PURA RAZA

DOCTRINA

    Raza Negra

CUATRO TEXTOS DE PURA RAZA

Por Mario R. Montani

He escrito con anterioridad tres textos que se relacionan con la prohibición para la gente de color de poseer el sacerdocio y acceder a las ordenanzas del Templo. Pueden encontrarse en este blog. La presente es una breve recopilación de cuatro textos adicionales de diferentes épocas y diverso contenido que me parece que aportan luz sobre el asunto.

PRIMER TEXTO (England-Smith)

Eugene England fue un profesor de literatura mormón, de amplio prestigio y que goza, para mí, de las mejores credenciales, tanto por la agudeza de sus reflexiones como por su fidelidad a los principios del Evangelio restaurado. Fundador de Dialogue: a journal of mormon thougt (publicación que ya cuenta con 46 años de profunda investigación sobre la cultura santo de los últimos días) así como de la Asociación Mormona de Letras.

Joseph Fielding Smith, por entonces Presidente del Quorum de los Doce Apóstoles (estamos hablando de los años ’60, mucho antes de la Declaración Oficial II de 1978) había escrito algunos artículos afirmando que a los de raza negra se les había negado el sacerdocio por algo que habían hecho (o dejado de hacer) en la pre-existencia. Eugene tenía el fuerte sentimiento de que no era así y pudo concertar una reunión para conversar el tema. Su relato es el siguiente:

“Le conté al Presidente Smith mis experiencias con el tema de los negros y el sacerdocio y le pregunté si yo debía creer en la doctrina de su situación en la pre-existencia para estar en armonía con la Iglesia. Me respondió, “Sí, porque esa es la enseñanza de las escrituras”. Le pedí al Presidente Smith si podría mostrarme esa enseñanza en las escrituras (con cierto temor, ya que estaba convencido de que si alguien en el mundo podía mostrármelo ese era él). Leyó conmigo las fuentes de escrituras modernas y entonces, después de cierta reflexión, dijo algo que me reveló la formidable integridad que caracterizó toda su vida: “No, no tienes que creer que a los negros se les negó el sacerdocio por algo en la pre-existencia. Yo siempre he supuesto eso porque así se me enseñó y tenía sentido, pero no tienes que creerlo para estar en armonía con la Iglesia, porque no está declarado en las escrituras. Y yo no he recibido ninguna revelación sobre el asunto” (Dialogues with Myself, pag. 131-132)

SEGUNDO TEXTO (Stapley-Romney)

En el año 1964, el Elder Delbert L. Stapley, un Apóstol de la Iglesia, (a quien, dada mi edad, recuerdo perfectamente) envió una carta al entonces Gobernador de Michigan, George W. Romney (padre del actual candidato presidencial Mitt Romney). En esa carta (cuya copia fascimil completa en inglés puede encontrarse en www.boston.com/news/daily/24/delbert_stapley.pdf) el Elder Stapley expresa su malestar y asombro por el apoyo del Gobernador al Proyecto de Ley sobre Derechos Civiles.

Debido a su extensión no incluiré todo el texto pero sí algunos párrafos con mis comentarios intercalados.

“Después de escuchar su discurso sobre Derechos Civiles, estoy muy preocupado. Varios otros me han expresado también su preocupación. No armoniza con mi propio entendimiento de este asunto por lo que he decidido enviarle esta nota, no en mi posición oficial dentro de la Iglesia, sino como amigo personal”.

Es cierto que el Elder Stapley hace sus comentarios a nivel personal, y no me cabe duda de que creía en lo que expresaba, pero no se privó de enviar la carta con el membrete oficial de la Iglesia utilizado por los Apóstoles (como cualquiera podrá ver en el sitio antes descripto), lo cual podría constituir una presión adicional para cualquier miembro.

“Cuando reflexiono sobre las declaraciones del Profeta y recuerdo lo que les ocurrió a tres presidentes de nuestra nación que fueron muy activos en la causa de los negros, me pongo serio por su desaparición. Fueron en contra de las enseñanzas del Profeta Joseph Smith…”

Aquí, el Elder Stapley parece creer que tres presidentes de su país (aparentemente está hablando de Abraham Lincoln, James Garfield y John F. Kennedy, quien había sido asesinado sólo dos meses atrás) fueron muertos por involucrarse a favor de los negros y, por lo tanto, ir en contra de las enseñanzas de Joseph Smith, igualadas a la voluntad del Señor. La verdad es que Joseph Smith, Jr. jamás habló en contra de la raza negra. Sus opiniones eran más que abiertas para la época que le tocó vivir. Durante su administración directa varios negros recibieron el sacerdocio y las ordenanzas del Templo que estaban disponibles. Su declaración de vender terrenos fiscales para comprar la libertad de los esclavos a sus amos y regresarlos a Africa formaba parte de su plataforma política como candidato a la Presidencia, nadie la entiende ni la entendió jamás como la voluntad del Señor con respecto a la raza.

“Estoy completamente de acuerdo en que el negro merece las consideraciones arriba mencionadas, pero no la totalidad de los beneficios sociales ni privilegios de matrimonio interracial con los blancos, ni los blancos deberían verse forzados a aceptarlos en áreas restringidas para blancos…”

Sin comentarios… afortunadamente había aclarado que no estaba representado a la Iglesia.

“No crea que tengo algo en contra de la gente de color, ya que varios de ellos son mis empleados…”

Aunque la Autoridad está intentado ser compasivo y mostrar su amplitud de criterio, la verdad es que el comentario suena al remate de un mal chiste racista…

“Permítame contarle une experiencia personal. Un amigo en Arizona – no miembro y promotor de la raza de color – vino a verme después de mi llamamiento al Quórum de los Doce, reconociendo que el Pte. McKay era un Profeta de Dios. Pretendía que le pidiese al Pte. McKay que acudiera al Señor para ver si estaba dispuesto a levantar la maldición sobre la raza de color y otorgarle los privilegios del Sacerdocio. Le expliqué que el Señor había colocado una maldición sobre los negros, negándoles el sacerdocio; por lo tanto, era responsabilidad del Señor – no del hombre – cambiar Su decisión. Este amigo mío encontró un trágico final al ahogarse. Abogaba entusiasmado por la gente de color y promovía todos los privilegios, oportunidades sociales y participación de la que gozaban los blancos…”

Nuevamente, el Elder Stapley parece sugerir (en una peculiar variante mormona del pensamiento mágico) que su amigo había tenido un trágico final por haberse involucrado en la defensa de los derechos de la raza negra…¿¿¿???

En el resto de la nota, le indica al Gobernador la lectura de varios libros, ninguno de ellos representando la doctrina oficial de la Iglesia y casi todos escritos por Joseph Fielding Smith, obras que hoy se nos recomienda olvidar.

No me interesa señalar aquí la posible presión ideológica ejercida sobre un Gobernador (de hecho, Romney hizo caso omiso de la nota y continuó apoyando el Proyecto que, finalmente, se aprobó) Tampoco criticar ideas retrógradas, como decimos los argentinos “profetizando con el diario del día siguiente en la mano” (Para el caso sería “un diario de 1978 en la mano”). Sí agregar esta evidencia a las muchas que he mencionado en textos anteriores de que las ideas religiosas simplemente fortalecían un sustrato social e ideológico de permanencia propia en la mentalidad norteamericana. Repito: ¿Qué tenía que ver la política de negación del Sacerdocio con la posibilidad de progresar con los derechos civiles?

TERCER TEXTO – (Kimball-Kimball)

En la reciente biografía de Spencer W. Kimball (Lengthen your stride), escrita por su hijo, Edward, queda claro que el racismo cultural de mediados del siglo XX ayudaba a mantener la prohibición del sacerdocio. Relata un incidente en 1942, cuando un Presidente de Estaca en Washington DC escribió a la Primera Presidencia, explicando que los miembros blancos de un Barrio estaban ofendidos por la presencia de dos mujeres negras. En una respuesta que hoy nos causaría estupor, la Primera Presidencia le pidió que sugiriese a las mujeres de color que se sentasen en la parte de atrás de la capilla.

También relata los esfuerzos del Apóstol Hugh B. Brown (Canadiense y Demócrata) y del propio Presidente McKay por modificar lo que ambos consideraban una política y no una doctrina. La negación de los equipos deportivos de otras universidades, incluyendo Stanford, a jugar con los de BYU por causa de la prohibición.

Aclara la inexplicable aparición de un artículo en el Church News desaconsejando los matrimonios interraciales en el mismo número en que aparecía la nueva revelación. Aparentemente fue exigido por Mark E. Petersen como parte del consenso de unanimidad que se buscaba (Petersen había escrito varios artículos que hoy se catalogarían como profundamente racistas).

Finalmente rescata un incidente que involucra a la escritora mormona de color Mary Sturlaugson, autora de “A Soul So Rebellious”. Después de escuchar la nueva política se acercó llorando al Pte. Kimball, ya que estaba enamorada de un miembro de la Iglesia blanco. Según sus propias palabras: “Al llegar hasta él, me abrazó gentilmente como alguien lo haría con un niño pequeño. Entonces suave pero enfáticamente susurró: “mi hija, no está mal. No está mal”…

CUARTO TEXTO (Newsroom)

La siguiente nota acaba de aparecer en el Newsroom, que es el sitio oficial de la Iglesia de recursos para los medios de noticias, líderes de opinión y público en general  (www.mormonnewsroom.org/article)

“El Evangelio de Jesucristo es para todos. El Libro de Mormón declara, “y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres…”    (2 Nefi 26:33). Esta es la enseñanza oficial de la Iglesia.

Personas de todas las razas han sido bienvenidas y bautizadas en la Iglesia desde sus comienzos. De hecho, hacia el final de su vida en 1844 Joseph Smith, el profeta fundador de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, se opuso a la esclavitud. Durante ese período algunos hombres de color fueron ordenados al sacerdocio. En algún punto la Iglesia dejó de ordenar miembros varones de ascendencia africana, aunque hubo algunas excepciones. No se sabe con precisión por qué, cómo o cuándo esta restricción comenzó en la Iglesia, pero ha terminado. Los líderes de la Iglesia buscaron la guía divina sobre este asunto y hace más de tres décadas extendieron el sacerdocio a todos los miembros varones dignos. La Iglesia inmediatamente comenzó a ordenar miembros a los oficios del sacerdocio dondequiera que asistieran a lo largo del mundo.

La Iglesia inequívocamente condena el racismo, incluyendo todas y cualquier forma de racismo del pasado tanto dentro como fuera de la Iglesia…

Recientemente, la Iglesia también ha emitido la siguiente declaración sobre el particular:

“Los orígenes de la disponibilidad para el sacerdocio no son totalmente claros. Algunas explicaciones al respecto fueron hechas en ausencia de revelación directa y referencias a estas explicaciones a veces se citan en publicaciones. Estas previas declaraciones personales no representan la doctrina de la Iglesia

Finalmente la Iglesia reconoce que hubo ordenaciones de negros en el pasado y que cualquier declaración anterior no representa la Doctrina. Yo creo que sí sabemos el cuándo, el cómo y el porqué de la prohibición, pero como estoy de acuerdo en que haya cesado no voy a insistir con ello…

“PERMITIDLES QUE SE ALLEGUEN A VOSOTROS…”

DOCTRINA

           Raza Negra y Sacerdocio

“Permitidles que se alleguen a vosotros, y no los vedéis…”

Por Mario R. Montani

Querido amigo: Hace ya más de un año atrás compartíamos algunas ideas sobre raza negra y sacerdocio y, aunque no era mi intención retomar el tema, ocasionalmente encuentro material relacionado con él y aprovecho a enviártelo y a compaginarlo en esta nota para futuras referencias.

Una de tus preguntas de aquél entonces era ¿quiénes eran racistas?. Como hemos crecido en una sociedad donde ese problema no es tan marcado es un poco difícil para nosotros entenderlo cabalmente. Ya te comenté que mi experiencia de primera mano había ocurrido en Uruguay, pero los uruguayos son aún más abiertos que los argentinos con relación al tema racial. De modo que si queremos comprender lo que ocurría realmente, deberemos permitir que quienes estaban inmersos en esa sociedad racista nos lo cuenten:

La Gente:

1) Armand L. Mauss, miembro activo de la Iglesia, integrante de varios obispados a lo largo de su vida, profesor emérito de Sociología y Estudios Religiosos por la Washington State University (Reflections on a lifetime with the race issue, Sunstone, Marzo 2003, pags. 28-29)

“Mi experiencia personal con el tema racial se retrotrae a mi infancia, en el antiguo Barrio Oakland, en California. En ese Barrio vivía una pareja de ancianos, negros, de nombre Graves, quienes asistían regularmente a la Reunión Sacramental pero (al menos por lo que yo recuerdo) no tomaban parte activa en otras actividades de la Iglesia. Todos en el Barrio parecían tratarlos con cierta cordial distancia, y periódicamente el hermano Graves ofrecía su ferviente testimonio el Domingo de Ayuno. Nunca pude entender claramente a través de mis padres qué era (además de su color) lo que los hacía ‘diferentes’, dada su obvia fidelidad. Era simplemente algo sobre lo que nadie hablaba, pero podía percibirse su marginalidad. Murieron mientras yo era aún un niño, pero recuerdo el sentimiento de pena por no haber podido conocerlos mejor.

Cuando era un adolescente, en el mismo barrio, una familia blanca se unió a la Iglesia con un joven de aproximadamente mi edad (llamado Richard) y también una muy bonita hermana mayor. Antes de que el joven pudiera recibir el Sacerdocio Aarónico, de algún modo se produjo el descubrimiento de que la familia podría tener un remoto ancestro de origen negro – lo que parecía increíble ya que el cabello rubio y los ojos azules abundaban en la familia. Este descubrimiento, sin embargo, tuvo un efecto a largo plazo sobre los hijos, ya que a Richard nunca se le permitió participar de las actividades del Sacerdocio con el resto de los jóvenes del barrio, servir una misión cuando el resto de nosotros lo hacíamos, o aspirar a un casamiento en el templo. A pesar de lo que yo recuerdo como una cálida y genuina aceptación social de Richard por parte de nosotros, la red de los jóvenes SUD, él gradualmente se alejó de la Iglesia a medida que esa red se fue dispersando por el paso a la vida adulta y no pudo proveerle el apoyo social que lo había mantenido en la Iglesia como adolescente.

Su hermana, mientras tanto, había ido a la universidad, donde atrajo la atención romántica de un joven perteneciente a una prominente familia SUD. El descubrimiento de su cuestionable genealogía presentaba un serio obstáculo para su casamiento en el templo, por supuesto, hasta que la familia de su pretendiente se movilizó para presionar a la Primera Presidencia de la Iglesia y obtener una resolución para esa ambigüedad genealógica. Esa resolución se materializó cuando la Presidencia concedió el beneficio de la duda a las partes involucradas. En el debido momento, la pareja se casó en el templo, pero la resolución llegó demasiado tarde para Richard…

Mi propia esposa, Ruth, creció en una familia estigmatizada por los residentes SUD de su pequeño pueblo, en Idaho, pues la tía de su padre, en Utah, había preferido fugarse con un músico negro de apellido Tanner, en vez de aceptar el arreglo de un matrimonio polígamo. Antes de que los padres de Ruth pudieran casarse, la novia (madre de Ruth) sintió la necesidad de asegurarse, a través del Obispo local, de que la familia a la cual estaba entrando no se encontraba bajo ninguna maldición divina por causa del esposo de la tía. La familia de Ruth finalmente se trasladó al este de Idaho, donde sus sobrinos y primos paternos hallaron periódicamente cierto distanciamiento social por causa de los rumores sobre parientes negros. Debido a esos rumores,  algunos jóvenes de la ciudad recibieron la prohibición, por parte de sus padres, de tener citas con los miembros de esta familia.

Menciono estas anécdotas personales sólo para ilustrar cuán amplio era el daño causado por las doctrinas y políticas tradicionales con relación a los negros. Aunque nuestros miembros negros fueron los que primariamente sufrieron, en formas que no podemos llegar a imaginar, es de notar que aún a nuestra membresía blanca le costaba quedar intacta dentro de esta política racista tradicional.”

2) Quisiera contarte también sobre Len Hope, otro hermano de color, quien fue amenazado y perseguido por el Klu Klux Klan por haberse unido a la Iglesia. Logró sobrevivir y se casó con Mary, también miembro de la Iglesia. Desgraciadamente “experimentaron lo que era común en esos tiempos cuando se mudaron a Cincinnati, cerca de Kentucky, y al ir a la Iglesia los miembros blancos les hicieron saber que no querían que una familia negra estuviese presente. Le dijeron al presidente de la rama que dejarían de asistir si había un negro asistiendo, y así es que tenemos al Elder Hanks (se refiere a Marion D. Hanks, futura Autoridad General, en su época de misionero) junto al Hermano y la Hermana Hope. Los Hope iban cada tres meses a la Iglesia para pagar sus diezmos y ofrendas. Cada mes en Domingo de Ayuno, los misioneros, incluyendo a Marion D. Hanks, iban al hogar de los Hope, les llevaban los sacramentos y tenían una reunión de testimonios con ellos. “Había música, costillas y helado casero”, nos contó el Elder Hanks, “así como un gran espíritu, un gran testimonio”. El Elder Hanks se enfermó mientras estaban con los Hope y se quedó con ellos por varios días, llegando a ser muy buenos amigos. Esta amistad se mantuvo a lo largo de sus vidas… Cuando finalmente el Elder Hanks tuvo que irse, un poco de nieve había caído en los escalones de salida de la casa. Según supo más tarde el misionero, Mary le había dicho a Len, ‘Len, ¿podrías barrer los escalones?’ Y Len le contestó a Mary, ‘Te he tratado como una dama todos los días de nuestro matrimonio, pero no vuelvas a pedirme jamás que haga algo como eso. ¿No sabes lo que dicen las escrituras? “Cuan hermosos son los pies de aquellos que predican el evangelio de paz”. No me pidas que barra las huellas de ese misionero’. (Margaret Blair Young, Black Latter-day Saints: a Faith-full History, podrás encontrarlo también en FAIR)

3) Son interesantes los comentarios de los miembros que respondieron a un blog cuando se cumplieron los 25 años de la revelación sobre el sacerdocio (2003) acerca de qué estaban haciendo en Junio de 1978

“Yo estaba en mi misión en Chile. En ese momento mi compañero menor era del sur (no recuerdo exactamente de dónde – Georgia, Alabama, Mississippi) y declaró que si era verdad, abandonaría el campo. Por supuesto, siguieron varias charlas con el Presidente de la misión y finalmente se quedó” (Strange, 05/06/2003, 16:26)

“El tío de mi esposa, quien se había unido a la iglesia específicamente porque no permitía a los negros poseer el sacerdocio, en cuanto supo de la revelación, la abandonó. Instantáneamente” (Wag, 05/06/2003, 19:57 hs)

“Yo estaba golpeando puertas en Norfolk, Virginia. Recuerdo que el tamaño del área en la que podíamos efectuar proselitismo activo virtualmente se triplicó. Los miembros de esa zona no estaban contentos con el tema. Hubo muchos comentarios sobre un profeta caído…” (Segue 09/06/2003)

Este año se cumplirán los 30 años de la declaración oficial II. Será interesante escuchar otras anécdotas.
De modo que el muestreo me parece suficiente, ya que incluye no sólo Utah, sino también Idaho, California, Cincinnati, Virginia. Y me dice algo: un alto porcentaje de los miembros de la Iglesia norteamericanos, sin importar donde vivieran, eran racistas. Estas historias no son excepciones a la regla. Son lo que comúnmente ocurría. Lo excepcional era que, en esas condiciones, hubiese miembros de color en nuestras congregaciones. No sólo eran rechazados o mantenidos aparte por los miembros blancos sino que los de su propia raza los despreciaban por unirse a una iglesia que los humillaba de ese modo. No encuentro relación posible entre esos hechos y la siguiente declaración del Libro de Mormón (que me ha ayudado a titular el presente artículo):

“Y he aquí, os reuniréis con frecuencia; y a nadie le prohibiréis estar con vosotros cuando os reunáis, sino pemitidles que se alleguen a vosotros, y no los vedéis”. 3 Nefi 18:22

La Institución:

Entiendo claramente que la mayoría de esas actitudes negativas corrieron por cuenta de miembros en forma individual. La Iglesia, como institución, jamás aprobó actitudes segregacionistas. Al mismo tiempo debe haber habido miembros que actuaron mucho más compasiva y cristianamente que en los ejemplos anteriores y otro gran grupo que simplemente no sabía qué hacer ante esas situaciones.

Para traer un poco de equilibrio a la discusión señalaré pasos concretos que la institución ha dado a través del tiempo:

1) El Profeta Joseph Smith abogó por los derechos de la gete de colar, en un período en el que era muy poco popular mantener esas ideas. Rechazó la noción, por entonces ampliamente aceptada, de que los negros eran ‘naturalmente inferiores’ a los blancos. Estaba consciente de que la aparente ignorancia de la raza se debía a que eran mantenidos de ese modo por los supuestamente ‘superiores blancos’. Sus actitudes pueden resumirse en un incidente ocurrido mientras era Alcalde de Nauvoo, en 1842, mucho antes del fin de la esclavitud:

“Mientras actuaba como alcalde de la ciudad, un hombre de color llamado Anthony fue arrestado por vender licor un domingo, lo que era contrario a la ley. Se defendió diciendo que el motivo por el que lo hacía era para juntar el dinero para comprar la libertad de su querido hijo que aún permanecía como esclavo en un estado sureño. Había logrado comprar su propia libertad y la de su esposa y ahora deseaba traer a su pequeño hijo al nuevo hogar. Joseph le dijo, ‘lo siento, Anthony, pero la ley debe ser cumplida y debemos imponerte una multa’. Al día siguiente el Hermano Joseph le entregó a Anthony un fino caballo, diciéndole que lo vendiera y utilizara el dinero para traer al pequeño (Young Women’s Journal, p.538)

2) Los mormones como pueblo tendieron a reflejar las actitudes raciales de la mayoría de los blancos norteamericanos de su época, la cual era ser moderadamente racistas. No había odio hacia la gente de color, pero sí la creencia de que eran inferiores, pues esto es lo que se les enseñaba, aún en las universidades, hasta la década de 1950. No había racistas radicales entre los miembros, como integrantes del Ku Klux Klan, por ejemplo. En la década de 1920, cuando el Klan tenía más de 5 millones de adherentes (el equivalente a 15 millones con la población actual) la Iglesia tomó posiciones claramente antagónicas lo que provocó que el Klan la llamara “su mayor enemiga” y los misioneros fueran perseguidos y maltratados en los estados del Sur.

3) David O. McKay, en 1954: “No existe ahora, ni nunca ha habido una doctrina en esta Iglesia de que los negros estén bajo condenación divina. No hay doctrina de ningún tipo en la iglesia con respecto al negro. Creemos tener un precedente en las escrituras para impedir el sacerdocio a los negros. Es una práctica, no una doctrina, y la práctica algún día será cambiada. Eso es todo lo que hay” (Sterling M. McMurrin affidavit, March 6, 1979. See David O. McKay and the Rise of Modern Mormonism by Greg Prince and William Robert Wright. Citada por el Genesis Group.)

4) A partir de 1971, la creación del Genesis Group, que aglutinaba a los miembros de color en EEUU. Nunca fue una unidad segregada, sino que sus integrantes continuaban asistiendo a donde les correspondiera geográficamente pero una vez al mes y complementariamente se reunían para compartir sus testimonios, experiencias y bagaje cultural. La presidencia de ese grupo, que hasta su muerte ostentó Ruffin Bridgeforth, es un llamamiento de la Iglesia. El entonces Apóstol Gordon B. Hinckley apartó al hermano Bridgeforth en tal calidad. Después de 1978 Bridgeforth condenó públicamente las enseñanzas previas a la nueva revelación como “doctrina falsa” y las denominó “herejías abominables” tanto en conferencias de prensa como en discursos internos. No es de mi conocimiento que alguna vez haya sido reprendido o llamado al orden por dichas expresiones, más aún, el hecho de que permaneciese en su llamamiento (ahora con el sacerdocio) hasta su muerte, me indica que no fue así.

El actual presidente del Grupo, Darius Gray, ha disertado en BYU como parte de la Black History Month Lecture, que se repite anualmente cada mes de Febrero, y que es promovida por la BYU Multicultural Student Services. Algunos de los conceptos vertidos en tal exposición incluyeron que la raza es un llamamiento, no una maldición y que jamás hubo una revelación que instituyera la prohibición. Declaró también que si los negros son descendientes de Cam, él no tendría problemas en aceptarlo, ya que según la Biblia,  Melquisedec también lo era, y la genealogía de José, padre adoptivo de Jesús, parece incluir dicha ascendencia. “Si el Salvador no tenía problemas con eso, yo tampoco”, concluyó. Tampoco conozco que haya sido desautorizado por sus dichos.

4) Spencer W. Kimball, en 1972: “El prejuicio racial es del diablo. El prejuicio racial proviene de la ignorancia. No hay lugar para él en el Evangelio de Jesucristo (Teachings of Spencer W. Kimball, p 237)

5) La Iglesia brinda apoyo a publicaciones de SUD de color tales como Ebony Rose y UpLift. Debido a las muchas iniciativas promovidas por la Iglesia (investigación histórica y genealógica, preservación de raíces culturales, ayudas humanitarias en zonas específicas, etc.) las organizaciones nacionales afro-americanas han honrado tanto al Presidente Hinckley como a Darius Gray

6) En Ensign de Septiembre del 2000, bajo la firma de Alexander Morrison, se declaraba: “Desafortunadamente, el racismo – esa aborrecible y moralmente destructiva teoría que proclama la superioridad de un individuo sobre otro por razones de raza, color, etnia o bagaje cultural – permanece como uno de los pecados que afecta a las sociedades en el mundo entero. Siendo la causa de batallas y conflictos en el orbe, el racismo es una ofensa contra Dios y una herramienta en las manos del diablo. En comunión con otros cristianos, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días lamenta las acciones y declaraciones de individuos que han sido insensibles al dolor sufrido por las víctimas del racismo y piden perdón divino para aquellos culpables de este grave pecado. El pecado del racismo será eliminado únicamente cuando cada ser humano trate a los demás con la dignidad y el respeto que merecen como amados hijos de nuestro Padre Celestial. Me siento agradecido de que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días se haya mantenido desde sus inicios en fuerte oposición al racismo en cualquiera de sus malignas manifestaciones.”

Creo firmemente que la Iglesia nunca fue racista o segregacionista. Creo también que la política de prohibición del sacerdocio a los negros (establecida por el Señor, o no, que es otra parte de nuestra discusión) fue usada como una herramienta racista y segregacionista por un alto porcentaje de miembros norteamericanos. (En algunas unidades los miembros de color se quejaban de que se les permitía participar del sacramento pero no pasar las bandejas de la santa cena, aunque las mujeres blancas, que tampoco tenían el sacerdocio, sí podían hacerlo. Uno de los tantos ejemplos que muestra que, aunque la Iglesia no aconsejara tales conductas, el sustrato racista de la sociedad promedio norteamericano se abriera paso, desde el inconsciente colectivo, y produjera estas manifestaciones.)

Ahora bien, hay otras actitudes de la Institución que aún no logro comprender. Por ejemplo, el no predicar en barrios negros. Independientemente de las persecuciones que eso pudiese provocar o del enojo de los blancos SUD, el bautismo es una ordenanza esencial para la salvación, y la Iglesia la encargada de hacerlo accesible a toda la humanidad. ‘Porque no te puedo dar el sacerdocio mejor tampoco te llevo el Evangelio’ suena más bien como ‘porque no te puedo dar la frutilla del postre tampoco te voy a dar la entrada y el plato fuerte’. No encuentro justificación doctrinal para eso. Sí encuentro justificación social e histórica, pero de eso a vos no te gusta hablar.

Tampoco encuentro justificación para la promoción de obras no oficiales, como las de Joseph Fielding Smith, en las que se declaraba que los negros no obtendrían el sacerdocio jamás en esta vida, sino hasta después del Milenio (que hoy se nos aconsejan olvidar) y se hayan soslayado las de otros, John A. Widtsoe, por ejemplo (tan Apóstol como el anterior) pero que opinaba completamente distinto.

Creo también que la Institución deberá hacer mayores esfuerzos por erradicar los discursos sutilmente racistas que sobreviven. La teoría de los negros como descendientes de Caín, que compartían todas las iglesias cristianas protestantes norteamericanas en los siglos XVIII y XIX, hoy es solamente compartida por otra Institución: el Klu Klux Klan.

Me parecieron iluminadoras las palabras de Darron Smith, disertante en Sociología en el Utah Valley State College y la Universidad de Brigham Young. Completa  su doctorado en la Universidad de Utah en educación, cultura y sociedad. (Lo siguiente corresponde a The persistence of racialized discourse in mormonism, Sunstone, Marzo 2003, pag. 31):

“Los proyectos diseñados para involucrar totalmente a los santos afro-americanos encontrarán dificultades, creo, hasta que cada uno de nosotros reconozca cuan persistente y penetrante es el racismo en la sociedad norteamericana. Está virtualmente presente en cada faceta de la vida, incluyendo el trabajo de las organizaciones religiosas. Si bien la prohibición del sacerdocio fue quitada en 1978, el discurso que construyó lo que significa ser negro continúa intacto hasta el día de hoy. Bajo la dirección del Presidente Spencer W. Kimball, la Primera Presidencia y los Doce removieron la política que impedía a los negros poseer el sacerdocio pero hicieron muy poco por discontinuar los múltiples discursos que habían llegado a producir esa política en primer lugar. Por lo tanto hay miembros de la Iglesia que todavía continúan citando y enseñando en cada nivel de la educación religiosa el discurso racial de que los negros son descendientes de Cain, que merecieron menores privilegios terrenales por ser “meros espectadores” en la Guerra de los Cielos, y que, dejando de lado factores científicos y climáticos, hay una relación entre el color de la piel y la rectitud.

Un completo abandono de estos discursos requeriría la rearticulación de la historia de la Iglesia y la comprensión de cómo el pasado se interrelaciona con la historia racial secular. Más aún, será necesario que un mayor número de voces negras sean escuchadas en los ambientes académicos y de liderismo, donde, con sensibilidad y sin la amenaza de censura o sanciones, puedan explicar los modos en los que la ya difunta prohibición continúa aún creando una posición de inferioridad para los afro-americanos en los espacios de la Iglesia.”

A mi sólo me resta decir ‘amén y amén’ a esas palabras, pero sigo teniendo dudas con respecto a cuántos miembros norteamericanos lo están entendiendo.

La Revelación:

He leído en detalle el discurso que Brigham Young ofreció como Gobernador, ante la legislatura del estado en Febrero de 1852. Es extenso, con ciertas ambigüedades en la puntuación, que tienen que ver con la trascripción de los escribas del Congreso y fue la primera ocasión en que se refirió públicamente al tema de los negros y el sacerdocio. Está disponible en internet y puede leerse. Mi apreciación personal es que se trata de un discurso político, en el cual intenta dar forma al consenso generalizado de que los negros no debían tener acceso a cargos públicos y busca para ello motivaciones religiosas. También es bueno saber que cuando Utah fue invitada a formar parte de los EEUU se le dio la opción de ingresar como estado esclavista o no. Lo hizo como estado esclavista (lo cual es otra muestra de cuál era el consenso general). Recién con la guerra de Secesión se alió a la Unión. Pero para saber eso hay que leer historia… y es algo que los Santos no hacemos…

Con relación a los detalles de la revelación de 1978 es interesante señalar que entre los empleados del MTC y las Oficinas de la Iglesia de aquella época existe el consenso, por sus charlas con las Autoridades involucradas, de que fue un proceso que algunos denominaron ‘revelación negativa’, es decir que la Primera Presidencia y los Doce tomaron una decisión, la plantearon al Señor, y ante la ausencia de ninguna señal en contra, cambiaron la política

Te aclaro que no tengo ninguna objeción con respecto al método, pues me parece una de las formas válidas de inspiración y revelación. Finalmente es lo que se nos sugiere que hagamos en nuestras oraciones personales.

La siguiente entrevista al Elder Le Grand Richards (Apóstol y autor de Una Obra Maravillosa y un Prodigio),  por Wesley Walters y Chris Vlachos el 16 de Agosto de 1978, en el Edificio de las Oficinas de la Iglesia, Salt Lake City, es esclarecedora:

Walters: Sobre esta revelación del sacerdocio a los negros, he escuchado toda clase de historias: que Cristo apareció a los Apóstoles; que Joseph Smith apareció; y luego oí otra historia de que Spencer Kimball había tenido una preocupación sobre el tema por cierto tiempo, y simplemente la compartió con los Apóstoles, y decidieron que era el momento correcto para moverse en esa dirección. ¿alguna de esas historias es verdad, o lo son todas ellas?

Richards: Bien, la última de ellas es bastante acertada, y podría decirle qué la provocó en cierto modo. En Brasil, existe tanta sangre de origen negro entre la población que es difícil conseguir líderes que no la tengan. Acabamos de construir un templo allí. Será dedicado en octubre. Toda esta gente de ascendencia negra ha estado recaudando dinero para construir ese templo. Si no cambiamos, entonces ellos no podrían siquiera usarlo. Bien, el Hermano Kimball se preocupó por esto, y oró muchísimo al respecto. Nos pidió a cada uno de los doce que orásemos – y así lo hicimos – para que el Señor le diese la inspiración para saber cual era Su voluntad. Entonces nos invitó a cada uno a su oficina – individualmente, porque, usted sabe, cuando uno está en un grupo, uno no siempre puede expresar todo lo que está en su corazón. Uno es parte del grupo ¿verdad? – de modo que nos entrevistó a cada uno, personalmente, para ver como nos sentíamos al respecto, y nos pidió que orásemos sobre el particular. Además nos pidió a cada uno que le acercásemos todas las referencias que tuviéramos tanto a favor como en contra de la propuesta. Como verá, él pensaba favorablemente en cuanto a dar el sacerdocio a la gente de color. Entonces tuvimos una reunión, como la tenemos semanalmente en el templo, y lo discutimos como grupo, y tuvimos un círculo de oración al cierre de dicha reunión. El (el Presidente Kimball) condujo la oración, pidiendo que el Señor nos diese la inspiración que necesitábamos para hacer lo que fuese aceptable para El y para bendecir a Sus hijos.

Y el jueves siguiente – nos reunimos cada jueves – la Presidencia llegó con este pequeño documento escrito para hacer el anuncio – para ver como nos sentiríamos al respecto – y lo presentaron por escrito. Bien, algunos de entre los Doce sugirieron ciertos cambios en el anuncio, y en esa reunión todos votamos a favor de él – los Doce y la Primera Presidencia. Un miembro de los Doce, Mark Peterson, se encontraba en América del Sur, pero el Hermano Benson, nuestro presidente, había hecho los arreglos para localizarlo por teléfono, y allí mismo, mientras estábamos en la reunión, el Hermano Kimball habló con el Hermano Peterson, le leyó el artículo, y él (Peterson) lo aprobó.

Walters: ¿No hubo un documento especial como una “revelación”, que él había escrito?

Richards: Lo discutimos en nuestra reunión. ¿Qué más debería decirse aparte del anuncio? Y decidimos que era suficiente. Que nada más necesitaba ser dicho.”

La fe de los santos brasileños, que tantas veces se ha mencionado como factor desencadenante, me parece un tema paradójico. No dudo que las decenas de miles de miembros de color en Brasil y otras naciones americanas tengan fe. Tampoco de la fidelidad de los ya cientos de miles en Africa. Lo que digo es que por más de un siglo habían tenido la fe de varios cientos o quizás miles de hermanos negros norteamericanos para mirarla muy de cerca y no parecen haberla reconocido. La fe se ve mejor desde lejos…

Otro detalle curioso tiene que ver con la forma en que se decidió anunciar la nueva revelación. Una de las mayores quejas de los miembros (que estaban contentos con el cambio) fue que se enteraron por la televisión o la radio o por algún vecino que ni era miembro y hubieran preferido saberlo por sus líderes locales. Los diarios ‘gentiles’ fueron muy ‘vociferantes’ con sus grandes titulares, pero la noticia en el Church News fue muy corta y en las páginas interiores. En la tapa, un desfile y la referencia a algunos discursos anteriores del Pte. Kimball acerca de la conveniencia de casarse dentro del propio grupo socio-cultural ¿¿¿???

Si fue una estrategia para enfrentar a los miembros reticentes con un hecho ya acabado no me parece mal. Pero para que una revelación tenga validez doctrinal debe ser aprobada en una Conferencia General, lo cual no ocurrió hasta meses después ¿Significa que anunciamos al mundo que teníamos una revelación que aún no tenía la aprobación del cuerpo de la Iglesia? ¿O significa que, como la Declaración Oficial II discontinuaba una política que nunca fue sostenida por los miembros, tampoco necesitaba de su aprobación?

Bien, a la espera de tus agudos comentarios, te saludo cariñosamente

Mario R. Montani

“A NINGUN HOMBRE LLAME COMUN O INMUNDO”

“A NINGUN HOMBRE LLAME COMUN O INMUNDO”

Por Mario R. Montani

Querido amigo: He recibido finalmente tus interesantes comentarios y me alegra descubrir una mente inquisitiva y un espíritu sensible detrás de esas reflexiones.

Comparto la inquietud por el exceso de intelectualidad en la vida de muchos individuos, pero añado una preocupación equivalente por la ausencia total de algo de intelectualidad en la vida de muchos otros. Como lo expresó muy risueñamente Isaac Asimov: “Los que creen saberlo todo son una verdadera molestia para aquellos que lo sabemos todo”.

Entrando en el tema que nos atañe quisiera puntualizar varios hechos:

1)      Los propósitos de mi escrito original “Sobre la preexistencia de los grados de gloria y otras inexactitudes doctrinales” fueron:

a)      Denunciar lo erróneo de una teoría que fue enseñada en una clase de la Escuela Dominical a 6 o 7 jóvenes, incluyendo a un familiar cercano. Dicha “corriente de pensamiento” fue expuesta una y otra vez como falsa por las Autoridades Generales e incluía, entre otros, el concepto de que la raza negra representaba en la Tierra a aquellos que habían estado en el reino Telestial en la vida premortal. Hubiese preferido que un Presidente de la Escuela Dominical, una autoridad del Sacerdocio o algún otro padre preocupado por lo que sus hijos aprenden hiciese la corrección, pero, ante la ausencia total de comentarios, y no porque me considere el paladín de las causas perdidas, creí necesario llamar la atención sobre el tema.

b)      Advertir sobre la existencia de otra “corriente” para la cual, a pesar de la doctrina claramente establecida en 1978, aquellos de raza negra han tenido restricciones espirituales serias e insiste en enseñar los pasajes que parecían apoyar la política previa a la fecha mencionada, aunque las Autoridades han aconsejado no hacerlo. Para darte un ejemplo reciente, tuvimos en la clase del Sacerdocio del pasado verano a un hermano de afuera, ex Obispo, con buena preparación secular, y, por su abundante conversación, conocedor de los modos y formas dentro de la Iglesia. Como parte de una exposición espontánea (no solicitada) el “espíritu” lo levantó de su silla y comenzó a explicarnos lo agradecidos que debíamos estar por vivir en un país con libertad religiosa y, mientras pellizcaba suavemente el dorso de sus manos, “por tener piel blanca y no tener restricciones para poseer el Sacerdocio”. Ahora bien, a este buen hermano o se le borró una parte del disco rígido o ha pasado los últimos 30 años leyendo los manuales administrativos de la Iglesia pero nada más. Me parece ya preocupante que dicha corriente exista en los EEUU donde hay una larga tradición de racismo. Me resulta inadmisible que exista entre nosotros. En la ocasión que te menciono a ninguno de los presentes se les movió ni un pelo de la ceja por lo que escuchaba y algunos asentían con la cabeza admirados por el canal de comunicación directa que el Señor había abierto para iluminar nuestra clase.

c)      Compartir lo que yo creo acerca de la política anterior a 1978. A nadie intento convencer ni convertir a lo que yo creo, pero no puedo evitar tener una muy clara convicción al respecto. Es posible que sea dentro de este último punto donde se encuentran algunas de tus principales objeciones, por lo que no volveré sobre los puntos a) y b) que, creo, están bastante claros.

2)      Tengo un testimonio insoslayable de que el Presidente de la Iglesia es un Profeta de Dios. Lo honro y lo sostengo en tal calidad. Pero sí evito las elucubraciones voluntaristas y ampliatorias que a veces se escuchan desde el púlpito tales como: “el Profeta tiene contacto diario con Jesucristo” o “a cada segundo estamos recibiendo revelación”. No encuentro ni en las escrituras ni en la doctrina oficial de la Iglesia nada que apoye tales afirmaciones. Me basta con saber que Jesucristo está a la cabeza de la Iglesia y que si tiene algo que comunicarnos lo hará por el canal adecuado y con la frecuencia que considere necesaria, no la que nosotros queramos asignarle. Creo también (y nuevamente es mi creencia) que el plan del Señor para con sus hijos es de la menor intervención divina posible.  Mientras haya un hombre que pueda hacer algo no vendrá un ángel a hacerlo, mientras haya escrituras no vendrá una voz de los cielos a repetirlas, mientras haya sabiduría, los hombres de Dios deberán razonar y luego buscar confirmación a su razonamiento mediante el Espíritu y no esperar una extraordinaria manifestación.

3)      Si hay líderes del pasado por los que siento una profunda admiración son precisamente el Pte. Kimball y el Pte. McKay. Esa admiración está basada no sólo en lo que hicieron por la Iglesia y todo el género humano sino particularmente por la claridad y amplitud de su pensamiento. Creo que estaban a años luz de distancia del resto de nosotros. El término ‘norteamericano’ no tiene para mi un carácter peyorativo per se. De hecho, admiro al pueblo norteamericano a pesar de algunos de sus gobernantes. El señalar ciertos defectos de su cultura no implica incapacidad de reconocer sus virtudes. Los profetas de todas las épocas han estado inmersos en su propio medio socio- cultural y han transmitido los mensajes del Señor con los patrones, modos y estructuras de esa cultura. Isaías es inevitablemente judío en sus símiles como Pablo es fariseo romanizado en sus discursos, del mismo modo Mormón arrastra las formas judeo-egipcias de los nefitas y José Smith las de un colono americano del siglo XIX. El Señor pulirá esas raíces al máximo de manera que sus expresiones sean paradigmas de esas culturas, pero difícilmente las trascenderán. Los profetas de todas las épocas han creído lo mismo que sus contemporáneos sobre montones de cosas, aún aquellas que con el tiempo se han demostrado equivocadas. Dios ilumina sus mentes con relación a aspectos específicos de su plan tanto espirituales como temporales, pero no con relación a todos los planos en los que hay verdades existentes. Si fuese de otro modo, todos los adelantos científicos y tecnológicos de los últimos 200 años tendrían que haber llegado a través del Profeta viviente, y sabemos que no fue así.

Doctrina o Política

 

Creo que la base del tema es la disyuntiva que planteo en ese subtítulo.

Sin excepción, hasta ahora, he salido de mis investigaciones con un testimonio fortalecido y una comprensión mayor que la que tenía antes de iniciarlas. Pero reconozco que ese es mi método. Parafraseando a alguien mucho más inteligente que yo: lo que he logrado entender me ayuda a confiar en el Señor para lo que aún no he logrado entender. A otros individuos puede resultarles difícil la confrontación de ideas y piensan que no es posible entender y creer al mismo tiempo, por lo tanto no se los recomiendo. No creo que ese sea tu caso.

Comenzaré diciéndote que fui misionero por más de un año en zonas de Uruguay que limitaban con Brasil, de modo que el tema de la gente de color y mulata era bastante común en nuestra predicación. La política en aquellos años era la siguiente: Si encontrábamos alguien de piel negra no le hablábamos ni le hacíamos las preguntas de oro. Si alguien de raza negra nos atendía al golpear la puerta le dejábamos un mensaje inspirador pero jamás dábamos ni concertábamos charlas porque tenían “the problem”. Para que enseñáramos a un negro debía venir él mismo en nuestra búsqueda y asistir a la Iglesia por un período inimaginable para un blanco y entonces, tal vez, le daríamos charlas. Esto aunque fuese mujer y no tuviese el menor reclamo sobre el Sacerdocio. Yo conocía lo que entonces consideraba la doctrina de la Iglesia al respecto, pero la aplicación práctica de esos asuntos me resultaba sumamente desagradable. Debo confesarte que mi espíritu también se sintió ofendido en varias ocasiones, pues recordaba la comisión del Salvador de predicar el Evangelio a toda criatura y la seguridad que da el Libro de Mormón de que Dios no hace acepción de personas y que el blanco y el negro, el libre y el esclavo son iguales para El. Veía una brecha difícil de llenar entre ambas posiciones, pero en aquel entonces no se me hubiera ocurrido desobedecer o discutir lo que era una regla. Jamás la vi escrita en un manual de misioneros, jamás la escuché en una conferencia, pero todos sabíamos que esa era la ley y que ese era “the problem”.

En una ocasión, a punto de bautizar a un padre con tres hijas adolescentes, mi compañero creyó ver, en una foto familiar, que la madre de las chicas (de quien el padre estaba separado) tenía rasgos negroides. Esto fue suficiente para detener el bautismo, viajar en dos ocasiones a otra ciudad, encontrar a la madre y, con una excusa infantil, analizar su aspecto. Para mi compañero sus antepasados podrían haber sido mulatos, para mi era igual a cualquier vecina de la vuelta de mi casa. Pero claro, yo era un simple sudamericano y mis ojos no habían sido entrenados socialmente para detectar “the problem”. Afortunadamente para entonces yo era el compañero mayor y asumí la responsabilidad en la decisión de bautizarlos.

No encuentro en todo el Nuevo Testamento la mención de restricciones sobre el Sacerdocio. Pero sí el mandato de Cristo de predicar a “toda criatura” (salvo que seamos tan selectivos que decidamos que una tercera parte de la población del mundo no merece llamarse siquiera criatura). Tampoco aparece el tema en los rollos del Mar Muerto o en cartas de los primeros cristianos aunque el contacto con Africa del Norte era permanente a través del Mediterráneo y había comunidades cristianas en esa zona. En cambio encuentro a Pedro, Presidente de la Iglesia antigua diciendo: “Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mi me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hechos 10:27). También a Felipe bautizando a un etíope (Hechos 8:26-40) sin hacerle advertencias sobre el Sacerdocio o cuántas veces debería asistir a las reuniones.

En 1829, cuando el Sacerdocio es restaurado, no hay ninguna restricción para la gente de color. En toda la Doctrina y Convenios no encontrarás una sola revelación o mención del tema, aunque hay varias que reglamentan el Sacerdocio, y muchas otras que universalizan el Evangelio. Por ejemplo: “ y toda carne es mía, y no hago acepción de personas” (DyC 38:16). Tampoco aparece ninguna referencia a la prohibición en los extensos escritos de José Smith que no forman parte de las obras canónicas. Sin embargo la Iglesia Restaurada se organizó en una sociedad donde existían negros y el tema de la esclavitud y los derechos se trataba regularmente. Era, además, un lugar común en esa sociedad la suposición de que tanto el color como la esclavitud eran un castigo divino

Sí aparece una mención en las Enseñanzas de José a no bautizar u ordenar esclavos sin la autorización previa de sus amos. (ver también DyC 134:12). En 1832 el Profeta recibe la revelación (DyC 87) sobre la guerra y la sublevación en Carolina del Sur.

Tan temprano como en 1830 hay registro de bautismo de gente de color sin que se mencione ningún impedimento sobre el Sacerdocio. En 1832 se bautiza Elijah Abel; el 3 de marzo de 1836 es ordenado Elder, en diciembre del mismo año es avanzado al grado de Setenta, sirviendo misiones en Ohio, New York y Canadá. La ordenación fue efectuada por Zebedee Coltrin. En esa misma época recibe lavamientos y unciones en el Templo de Kirtland. En 1839 es llamado al Quórum de Setentas de Nauvoo. En 1843 Elijah participa en al menos dos bautismos por los muertos y luego sale a cumplir una nueva misión. En esta ocasión el Apóstol Heber C. Kimball lo envía a trabajar entre los de su propia raza, sin ninguna otra restricción. Por ese entonces los censos indican 22 negros viviendo en Nauvoo, entre esclavos y libres.

En 1844 Walker Lewis, otro miembro negro es ordenado Elder, probablemente por William Smith, hermano del Profeta, y en noviembre del mismo año Wilford Woodruff visita la región y anota que un hermano de color, el cual era Elder, estaba presente  y levantó la mano para sostener a las Autoridades, sin mencionar que la existencia de tal Elder fuese contraria a la doctrina o prácticas de la Iglesia.

En junio de 1844 el Profeta José es asesinado sin que en su vida hubiese declarado o comentado restricción alguna sobre el Sacerdocio a la raza negra.

Resumen: Desde la restauración a la muerte de José Smith (14 años) nadie supo que hubiese un interdicto que impidiese el Sacerdocio a los negros, cuando simultáneamente fue el período en que mayor cantidad de revelaciones se recibieron, en que la Iglesia se organizó como institución y se establecieron la mayor parte de sus leyes y doctrinas.

En abril de 1845 Orson Hyde declara por primera vez la posibilidad de que la maldición de servidumbre de la raza negra provenga de acciones preexistentes (Speech Delivered Before the High Priest Quórum in Nauvoo, hallable en Utah State Historical Society). Pero en Octubre del año siguiente el mismo Hyde ordena a William McCary, otro negro que se había bautizado tiempo atrás, acto que parece indicar que la maldición de servidumbre no incluía una maldición con respecto al Sacerdocio.

26 de Marzo de 1847, Brigham Young, respondiendo sobre ciertas actitudes equivocadas de William McCary declara: “no tiene nada que ver con la sangre, porque de una sangre ha hecho Dios a toda carne, tenemos que arrepentirnos para reconquistar lo que hemos perdido. Uno de nuestros mejores Elderes es Walker Lewis, un Africano”.

Para el otoño de 1847 McCary continúa con actividades apóstatas, incluyendo la seducción de varias mujeres para establecer su propia forma de poligamia, y es finalmente excomulgado. Muy poco tiempo después Brigham Young declara que los negros no son elegibles para ciertas ordenanzas del templo. Cuánto tuvo que ver tal decisión con los anteriores hechos es aún materia de discusión.

En Febrero de 1849 B. Young menciona que los negros no pueden tener el Sacerdocio y recién en 1852 (22 años después de la organización de la Iglesia) se produce la primer declaración pública en la legislatura del Territorio sobre el tema. Para ese entonces 12 esclavistas mormones poseían unos 70 esclavos negros en Deseret, entre ellos un Apóstol, Charles C. Rich, lo cual era totalmente legal pero éticamente cuestionable. Recién después de la Guerra Civil se abolirá la esclavitud en Utah.

En 1853 B. Young niega a Elijah Abel la posibilidad de recibir sus investiduras.

En 1879 (49 años después de la organización de la Iglesia) Zebedee Coltrin y Abraham Smoot (aún propietario de 2 esclavos) declaran que, alrededor de 1938, escucharon en Far West al Profeta José declarar que ninguna persona que tuviese una gota de sangre negra podría tener el Sacerdocio. (No me parece la manera normal en la que las revelaciones llegan a la Iglesia).

En 1880 el Quórum de los Doce vuelve a negar las investiduras a Elijah Abel, pero aún en 1883 sigue registrado como un Setenta. Para 1884 es enviado a una misión y muere poco después de regresar.

El 27 de Noviembre de 1900 Enoch Abel, hijo de Elijah Abel es ordenado Elder (La fotocopia de su ordenación ha sido publicada por Modern Microfilms)

En 1902 a una fiel hermana negra bautizada en la época de José Smith, Jane Manning James, se le concede una investidura especial en el templo.

29 de Septiembre de 1935, Elijah Abel, nieto de su homónimo es ordenado Elder.

25 de Enero de 1940 El Apóstol J. Ruben Clark, Jr (otro de mis ídolos) recomienda la creación de un sub-comité del Consejo de los Doce para crear una regla o considerar si la existencia de sangre negra priva al hombre del derecho a poseer el Sacerdocio (“Council Meeting” 25 Jan 1940, George Albert Smith Papers, LDS Church Archives).

En 1949 la Primera Presidencia declara: “La actitud de la Iglesia con referencia a los Negros permanece como siempre ha sido. No es un asunto de declaración o política sino de directo mandamiento del Señor, en el cual se basa la doctrina de la Iglesia desde los días de su organización, con respecto a que los Negros pueden ser miembros de la Iglesia pero no pueden recibir el sacerdocio en el presente”. (Ninguna revelación específica es citada y el ‘desde del día de su organización’ hay que entenderlo como 22 años más tarde.)

El New York Times del 7 de Junio de 1963 cita al Apóstol Hugh B.Brown diciendo que la Iglesia estaba considerando la posibilidad de admitir negros en el sacerdocio. En 1969, Hugh B. Brown, integrante de la Primera Presidencia propone que la política de la Iglesia sea revertida. El cambio fue aprobado por el Quórum de los Doce y la Primera Presidencia estando ausentes el Presidente McKay (por su avanzada edad) y Harold B. Lee  (por estar de viaje en una asignación). Al regresar, el Presidente Lee solicitó una nueva votación y esta vez la moción no prosperó. El Presidente Brown escribió en sus memorias: “Un serio problema que nos ha enfrentado, especialmente durante las últimas décadas, ha sido nuestra negación del sacerdocio a los Negros. Personalmente, dudo si podremos mantenernos o sostenernos en la posición que hemos adoptado, pero que no tiene justificación en las escrituras hasta donde yo sepa. El Presidente dice que sólo puede venir por revelación. Si eso es verdad, entonces el cambio vendrá en el debido curso. Me parece que si hubiéramos admitido al Negro en la Iglesia como un miembro completo habríamos tenido más problemas con el gobierno del que tuvimos… En otras palabras, fue una política, no necesariamente una doctrina” (1988.  Edwin B. Firmate, editor.  The Memoirs of Hugh B. Brown.  Salt Lake City:  Signature Books.  P. 129.)

Ahora bien, querido amigo, si un Apóstol e integrante de la Primera Presidencia tenía sus dudas de que se tratase de una doctrina, ¿por qué no puedo tenerlas yo, un despreciable ciudadano de segunda en los confines del Imperio?

Bruce McConkie (después de recibida  la revelación de 1978): “Hay declaraciones de los Hermanos en nuestra literatura que hemos interpretado como que los negros no recibirían el sacerdocio en la mortalidad. Yo he dicho lo mismo y ahora la gente me escribe diciendo: ‘ Usted dijo tal y cual cosa y ahora estamos haciendo esto y esto otro’. Todo lo que puedo decir es que es tiempo de arrepentirse, ponerse en línea y creer en un profeta moderno y viviente. Olviden todo lo que yo haya dicho, o lo que el Presidente Brigham Young o George Q. Cannon o cualquiera que haya dicho en el pasado algo que es contrario a la presente revelación. Hablamos con un entendimiento limitado y sin la luz y conocimiento que ahora han venido al mundo … Hemos recibido un flujo adicional de inteligencia y luz sobre este asunto en particular, y ello borra toda la oscuridad y puntos de vista y pensamientos del pasado. Ellos ya no importan más. No produce ni una partícula de diferencia lo que cualquiera haya dicho sobre el asunto de los negros antes del 1 de Junio de este año.” . (All Are Alike Unto God, A SYMPOSIUM ON THE BOOK OF MORMON, The Second Annual Church Educational System Religious Educator’s Symposium, August 17-19, 1978)

El 28 de Septiembre de 2002 el Elder Russell Ballard dedicó un monumento a Elijah Abel. Dejo la interpretación de esos hechos históricos a tu voluntad. Solamente contestaré algunas de tus preguntas

“¿Que tiene más validez: los libros canónicos o la palabra del profeta viviente?”. Esa pregunta encierra una falsa dicotomía y las usamos bastante en la Iglesia cuando queremos resaltar la importancia de algo en detrimento de otros aspectos que son igualmente importantes. Esa pregunta no puede responderse in abstracto. Deberíamos saber sobre qué estamos hablando: doctrina, políticas, sugerencias, consejos, opiniones personales… Si me pedís una respuesta que involucre la doctrina te la diré muy claramente: Las palabras del Profeta viviente no tienen más validez que los libros canónicos en asuntos de doctrina. Las palabras del Profeta viviente deberán estar en condiciones de ser incluidas en los libros canónicos para tener la misma validez. Si el Profeta o cualquier Autoridad dice algo que contradice la doctrina conocida tendrá que ser presentado a la Iglesia como una nueva revelación y, después de ser aprobada e incorporada a un libro canónico, pasará a ser la doctrina de la Iglesia. Esto ocurrió en el tema de la Poligamia. Teníamos una revelación que la ordenaba. Fue necesaria una revelación que la discontinuara. No hay contradicción. Esa es la nueva doctrina. Pero no ocurre lo mismo con el tema de los negros. La revelación de 1978 establece una doctrina, pero no discontinúa una doctrina anterior pues jamás fue sometida al voto una revelación que dijese que los negros no podían tener el sacerdocio. Por lo tanto lo que existía era una política.

Creo que el no tener claros estos conceptos provoca bastantes problemas. Aun escucho de vez en cuando las discusiones sobre el discurso del Pte. Hinckley al inicio de las acciones de guerra en Afganistán e Irak. Hay quienes creen que habló a favor de la guerra, otros que habló en contra, otros que habló nada más que a los norteamericanos, otros que habló a todo el mundo, otros que habló como Profeta del Señor y otros como ciudadano de un país en guerra. Pero ¿cuáles eran las características de su discurso, era una revelación, un consejo, una opinión? El que él diga: ‘los miembros de la Iglesia pueden hacer esto o esto otro. Yo haré esto’, ¿hace que debamos encolumnarnos detrás de su decisión en bloque? ¿Está diciendo lo que Dios quiere que hagamos o está presentando dos buenas opciones que podemos escoger? Si la opción es: ‘los miembros de la Iglesia pueden ser Demócratas o Republicanos. Yo soy Republicano’, intuyo que tu razonamiento te llevaría a ser republicano también. Pero si es así, la segunda parte de la frase niega la posibilidad de la primera.

Con respecto a tu pregunta ¿a quién debo hacer caso: al Profeta del Señor o a un argentino que se atreve a razonar? Mi respuesta es también muy clara: debes obedecer al Profeta del Señor. Porque él ha sido elegido para guiarnos y porque yo no soy ni infalible ni desprovisto de serias imperfecciones y además no se me ha llamado para ese propósito. Pero nuevamente aquí veo aparecer falsas antinomias. 1) Si leíste atentamente mi artículo te darás cuenta que creo que durante la administración del Presidente Kimball por primera vez tuvimos una doctrina sobre este tema y me alegro profundamente de que así sea ¿cómo podría criticarlo o desacreditarlo por eso? 2) El que creas que alguien deba elegir entre él o yo nunca estuvo en mi mente, ni en la del Profeta ni en la del Señor, creo que sólo en la tuya…

El Elder Marion D. Hanks (Autoridad General Emérita) “Todos teníamos una sensación de incomodidad por la política continuada que mantenía a gente buena y honorable lejos de las bendiciones de sus posibilidades. Por treinta y nueve años fui una Autoridad General y tuve que encontrar formas de responder a lo que era una realidad problemática de que existiese esa maravillosa y digna gente a la que no se le permitía poseer el sacerdocio. Uno no puede responder preguntas acerca de esto por años, sabiendo que el Señor “estima a toda carne por igual” (1 Nefi 17:35) y no desear que haya un cambio”

Tu comparación con el pueblo de Israel bajo la dirección de Moisés me pareció brillante y atinada. La comparto plenamente. Ahora bien, el uso de ‘los tiempos del Señor’ para ese caso en particular me parece, si no objetable, al menos discutible. La salida de Egipto, el deseo de establecer una nación con poseedores del Sacerdocio Mayor, el primer juego de tablas, eso sí estaba marcando el ‘tiempo del Señor’, el ‘ya’ de asumir responsabilidades. La negativa a aceptar el Sacerdocio, el segundo juego de tablas, los 40 años en el desierto marcan ‘el tiempo de Israel’ al que aparentemente vos llamarías ‘el nuevo tiempo del Señor’. Pero esto me recuerda una reflexión de Saint Exupery en El Principito. Cuando el protagonista llega a un asteroide, lo encuentra habitado sólo por un rey que le dice: ‘Te ordeno que te sientes!’, y él responde: ‘no quiero sentarme’. Entonces el rey replica: ‘Pues te ordeno que no te sientes!’. Porque (nos aclara el autor) lo importante para un rey es ser obedecido… Creo que la relación de Dios con sus hijos da para más que eso.

Brigham Young enseñó en sus mensajes que María de Betania y María de Magdala fueron esposas de Jesús. ¿Por qué no lo enseñamos en nuestras clases hoy, si cada palabra que sale de la boca de un profeta viviente es la voz del Señor? Tal vez lo que enseñó sea verdad, pero no tenemos cómo confirmarlo a través de la Doctrina Oficial de la Iglesia. No hay en las Escrituras nada que lo apoye, entonces no lo enseñamos.

También enseñó en múltiples ocasiones (como para descartar la posibilidad de una mala transcripción) que Dios el Padre es Adán y que Adán fue el padre de Cristo en la carne. Nuestros mejores teólogos aún discuten que quiso decir con eso. Pero como no tenemos ninguna escritura que lo confirme y sí varias que lo niegan, no lo enseñamos. Pero hay una cosa peor que llegar a enseñar esa doctrina en la Iglesia, y es enseñar que Brigham Young nunca lo dijo, porque estaríamos enseñando una mentira aunque tuviésemos el maquiavélico ‘buen propósito’ de evitar confusión.

He tratado de incluir en mi presente texto casi únicamente Autoridades Generales, ya que otras referencias no parecen gozar de tu aprobación. Te diré que soy bastante cuidadoso con la elección de mis fuentes. Eugene England fue un profesor universitario cuya fidelidad a la Iglesia está fuera de discusión. Le fueron negadas cátedras en la Universidad de Utah (intensamente atea o agnóstica en su cuerpo de profesores), que con su currículum tenía aseguradas, por el hecho de ser miembro activo de la Iglesia. Cuando él habla de ‘nuestro racismo’ está hablando de la población blanca norteamericana y de un alto porcentaje de miembros de la Iglesia allí incluidos. No de las Autoridades, no de vos o de mi y ciertamente no de él. England fue uno de los pocos profesores blancos en Utah que participó activamente en las campañas y protestas para que los negros pudiesen usar el mismo sistema de colectivos y tener acceso a la enseñanza, mientras el resto de los blancos, incluyendo a muchos miembros, miraban para otro lado porque ‘algo habrán hecho, y si no fue aquí habrá sido en la preexistencia’.

Independientemente de los asuntos doctrinales o políticos está el planteo humano. Creemos que si hay algo bueno, o de buena reputación o digno de alabanza, lo apoyamos. El tema de los derechos de la gente de color en los EEUU merecía el apoyo de los miembros de la Iglesia por constituirse en un asunto de justicia social básico. Sin embargo no lo tuvo de forma extensiva porque la política religiosa vigente sirvió como freno. Pero ¿qué tiene que ver no poder poseer el Sacerdocio con no poder estudiar o no poder usar un colectivo?.

La política no fue tan simple como: “Uds. son bienvenidos, sólo que no pueden tener el Sacerdocio”. Fue más bien: “Uds. no pueden casarse con nosotros a) porque no pueden entrar al Templo b) porque sus hijos no van a tener el Sacerdocio y eso amenazaría la supervivencia de la Iglesia. Por tanto son bienvenidos limitadamente y siempre que ni Uds. ni sus hijos intenten mezclarse con nosotros”. Lo cual constituía un andamiaje ideológico perfecto para mantener la segregación.

Así como hubo un grupo de miembros norteamericanos que reaccionó muy mal con la nueva revelación (y si ya no están con nosotros, me alegro), una gran mayoría reaccionó positivamente, pero aún dentro de ese grupo la pregunta más repetida fue: ‘que bien, pero eso no significa que pueden casarse con nosotros ¿verdad?’ … y creo que el problema sigue estando allí… el único problema que en realidad siempre existió.

Cuando leo la historia de la Iglesia en Africa tengo toda la impresión de que el Señor se las ingenió para organizar Su Iglesia sin la participación de La Iglesia, hasta que nos pusimos a tono. Resumiendo nuevamente: no creo que fuese necesario esperar al 2002 para hacerle un monumento a Elijah Abel. Su trabajo desinteresado por la Iglesia sin tener a su lado más que al Señor lo ameritaban para que ese reconocimiento hubiese llegado por lo menos 100 años antes.

Mi conocimiento y certezas sobre Dios, sobre la Iglesia, sobre el Profeta José y sus sucesores vienen de primera mano. No se basan en lo que leo ni en lo que especulo ni en lo que me cuentan. Como durante todas las dispensaciones anteriores un testimonio viene como un don de Dios a través del Espíritu. Ese conocimiento es tan importante que no puedo imaginar nada que intente ocupar su lugar.

Pero generalmente hay dos actitudes: a) suprimir, modificar o negar cualquier información que  no se adapte o que no pueda explicar mediante mi testimonio, b) mantener claro y limpio mi testimonio, porque sé de donde proviene, a pesar de la mucha información que no puedo entender totalmente pero tampoco negar, y confiar en que podré entender más en el futuro. Si alguien necesita usar el primer método, yo lo acepto. Personalmente, me quedo con el segundo. Me parece más inteligente, más productivo, más respetuoso de nuestros albedríos.

Bien, creo que me he extendido un poco, más aún, demasiado. El debate no está cerrado pero tampoco tiene sentido prolongarlo.

Siento una gran admiración por tu empuje, por tus certezas y por tus defensas.

Con aprecio. Tu amigo

Mario R. Montani

DE LA PREEXISTENCIA DE LOS GRADOS DE GLORIA…

Doctrina

            Raza Negra

De la preexistencia de los grados de gloria, de la raza negra y otras inexactitudes doctrinales.

Por Mario R. Montani

Querido amigo: Como ha ocurrido en otras ocasiones, tus inquietudes me invitan a escribir una carta que (ya lo sé desde el inicio) terminará siendo más larga de lo que originalmente me propongo. La semana pasada, en una clase de la Escuela Dominical, te fueron enseñados estos principios que aparecen en el título como si fueran la doctrina de la Iglesia. Debido a que guardaba las esperanzas de que, como Institución y como Pueblo, ya no repitiésemos algunos errores del pasado, el tema me tomó con la guardia baja. De modo que me he puesto a desempolvar algunos viejos libros y anotaciones de mi misión así como material que poseía y ya no recordaba. Agradezco la oportunidad que me brindas de organizar un poco mis ideas sobre el asunto, y guardar esas notas dispersas en el compendio siguiente:

Los canales de la preexistencia

La teoría que se expuso en tu clase me resulta bien conocida. Fue establecida por Alvin R. Dyer, Asistente del Consejo de los Doce (un llamamiento que ha dejado de existir con la organización de los diferentes Quorumes de Setentas), en la década de 1960. Para quien desee una fuente original de sus enseñanzas puedo citar “The Challenge”, Deseret Book Company, Salt Lake City, 1968 pgs. 145-150. Ese libro está disponible en mi biblioteca aunque no debiera estarlo, porque en 1973, estando en mi misión, recibimos la sugerencia (y todos sabemos que para cualquier misionero una sugerencia es una orden) de quemar todos los ejemplares. Como resulta obvio yo no lo hice con el mío por estar convencido de que las ideas erróneas, al igual que las brujas, se combaten con la verdad y no con el fuego. Días atrás, el Elder Jorge Abad me confirmaba que en su misión, algunos años antes, recibieron la misma sugerencia.

En esa obra y otros discursos, el Elder Dyer establecía como un hecho que antes de venir a la tierra vivíamos en tres niveles diferentes de dignidad y progreso, los cuales determinaban las condiciones y linajes con los cuales llegábamos a esta vida. Estos tres niveles, equivalentes a los futuros reinos celestial, terrestre y telestial, estaban representados en nuestro mundo por la descendencia de Sem, Cam y Jafet, quienes fueron preservados del diluvio con ese propósito. Los descendientes de Cam, la raza negra, era el canal por el que llegaban los espíritus menos favorecidos, con el agravante de serles negado el poseer el sacerdocio. Las buenas acciones y la obediencia a la ley permitía que en esta vida pudiera cambiarse de nivel y recibir el reino adecuado en el más allá. La teoría era atrayente, establecía contactos con otras doctrinas existentes y daba coherencia a muchas de las opiniones y políticas que la Iglesia aplicaba en esa época, pero tenía sólo un pequeño problema: NO ERA VERDADERA.

Hace unos 20 años atrás, un joven misionero que trabajaba en nuestro barrio, me trajo la misma inquietud sobre este asunto y me detalló cómo había afectado al resto de sus compañeros. Le expliqué lo que sabía al respecto, leímos algún material y quedó satisfecho. Pero fue reconfortante leer una carta de su padre algunas semanas más tarde (aún conservo la copia que me dejó) que en uno de sus párrafos decía:

“ABSOLUTA Y TOTAL MENTIRA. NO ES DOCTRINA SUD. En un discurso dado alrededor de 1960 Alvin R. Dyer – por esa época un presidente de misión o quizás un Asistente al Consejo de los Doce – propuso esa idea. Desde entonces se ha estado denunciando como falsa una y otra vez. No es doctrina verdadera. Estaba simplemente especulando y estaba errado. Pero ha seguido dando vueltas por las misiones para siempre”.

Este padre del joven misionero restauró mi confianza en la capacidad de razonar y aprender de los miembros de la Iglesia y en que la solución no está en una caja de fósforos. También me puso en contacto (y le estaré eternamente agradecido por ello) con los escritos de Eugene England, un profesor de literatura de BYU, cuya obra he admirado desde entonces.

Entre el racismo y la revelación.

Pero cuando uno analiza el tema un poco más profundamente comienza a preguntarse ¿Por qué una Autoridad General dijo eso? ¿Por qué le permitieron publicar el libro en primer lugar? Y comienza a descubrir que el Elder Dyer sólo dio un paso más allá unificando algunas ideas que habían circulado por la Iglesia desde décadas atrás.

A continuación algunas citas de Autoridades de diferentes épocas. Se hace difícil leerlas en este nuevo siglo, pero sería peor negar que fueron dichas:

“Los descendientes de Cain… son negros, rústicos, feos, desagradables y de hábitos bajos, salvajes y aparentemente privados de casi cualquier don de inteligencia que en general se ha conferido a la humanidad”….

“¿Debo decirles cuál es la ley de Dios con respecto a la raza africana? Si el hombre blanco que pertenece al linaje escogido mezcla su sangre con la simiente de Cain, la penalidad bajo la ley de Dios es la muerte en el acto. Esto siempre será así.” (Brigham Young, citado en Richard Ostling & Joan K. Ostling, Mormon America, San Francisco, Harper Collins, 2000, pag. 100-101)

“¿Hay alguna razón para pensar que los mismos principios de premios y castigos no se aplicaron a nosotros en nuestros hechos del mundo pre-existente como se aplicarán en el más allá? ¿Existe alguna razón para que el tipo de nacimiento que recibimos en esta vida no sea un reflejo de nuestra dignidad o falta de ella en la vida pre-existente?. Debemos aceptar la justicia de Dios. El es justo con todos. El no respeta a personas. El nos dará de acuerdo a lo que merezcamos. Con eso en mente ¿podemos explicar de algún otro modo el nacimiento de hijos de Dios en la oscura Africa, o en la inundada China, o entre las hambrientas multitudes de la India, mientras que un resto de nosotros nacemos aquí en los Estados Unidos?”.

“… No debemos contraer matrimonios interraciales con negros. Hay 50 millones de negros en los Estados Unidos. Si lograran una absorción completa con la raza blanca, piensen lo que eso haría. Con 50 millones de negros casados con nosotros ¿dónde quedaría el sacerdocio? ¿Quién podría tenerlo, en toda América? Piensen lo que eso haría a la obra de la Iglesia…” (Mark E. Peterson, “Race Problems as they affect the Church”)

“Cain, Cam y toda la raza negra han sido malditos con una piel negra, la marca de Cain, de modo que puedan ser identificados como una casta aparte, un pueblo con el que los otros descendientes de Adán no deben casarse” (Bruce McConkie, Mormon Doctrine)

Los que así se expresaban eran un Presidente de la Iglesia del siglo XIX y dos Apóstoles del siglo XX, todos ellos en funciones cuando emitieron sus opiniones. Por más explicaciones semidoctrinales que intentemos, se hace difícil defender esas declaraciones de la acusación de racismo que su lectura provoca.

Entonces ¿cómo debemos leer esos comentarios? ¿la posición jerárquica de estos hermanos nos obliga a aceptarlos como doctrina?

Para poder responder de alguna manera a esas preguntas deberemos primero analizar brevemente otros asuntos.

¿Qué es doctrina y qué no lo es?

A veces hemos recordado juntos la frase de Richard Bach: “Hay una prueba para saber si tu misión en la vida se ha cumplido: si estás vivo, no se ha cumplido”. Permitiéndome parafrasearla digo: “Hay una prueba para saber si algo es doctrina o no: si no está en las escrituras, no lo es”. La única doctrina de transmisión oral es la que se aprende dentro del Templo. El resto está donde debe estar: en los Libros Canónicos.

Pero, alguien dirá, ¿y lo que se enseña en las Conferencias Generales no es doctrina? Sí lo es en el sentido de que se enseña lo que ya aparece en las Escrituras, su aplicación práctica o adaptación a nuevas situaciones y nuevas épocas, pero no lo es en el sentido de que agregue algo a las Escrituras. Para expandir el Canon una enseñanza debe ser propuesta como Revelación por la Primera Presidencia de la Iglesia y sostenida como tal por el cuerpo de la Iglesia. Mientras eso no ocurra, no es doctrina oficial de la Iglesia.

“No debe enseñarse que cada palabra hablada por las Autoridades Generales es inspirada, o que son movilizados por el Espíritu Santo en todo lo que escriben” (Harold B. Lee, Stand Ye in Holy Places, Salt Lake City, Deseret Book Company, 1974, pag. 162)

“Proclamar que todo lo enseñado en Conferencias Generales es doctrina oficial, hace que el lugar en donde algo se dice en vez de lo que se dice sea tomado como medida de la verdad. Ni tampoco algo es doctrina simplemente porque fue dicho por alguien que ocupa una posición u oficio en particular. La verdad no es un oficio o posición al que alguien sea ordenado” (Joseph Fielding McConkie, Answers: Straightforward Answers to Tough Gospel Questions, Salt Lake City, Deseret Book Company, 1998, pag. 213-214)

“Las declaraciones hechas por líderes pueden ser útiles y verdaderas, pero cuando se expresan fuera de los parámetros proféticos establecidos, no representan la doctrina oficial o posición de la Iglesia” (Brent L. Top & Larry E. Dahl, Follow the Living Prophets, Salt Lake City, Bookcraft, 1993, pag. 118)

“Hay muchos temas sobre los que las escrituras no son claras y acerca de los cuales la Iglesia no se ha pronunciado oficialmente. En tales asuntos, uno puede hallar diferencias de opinión entre líderes y miembros de la Iglesia. Hasta que la verdad de esos asuntos sea dada a conocer por revelación, hay espacio para diferentes niveles de comprensión e interpretación en los temas no resueltos” (Daniel H. Ludlow, ed, Enciclopedia of Mormonism, New York, Macmillan, 1992, Tomo I, pag. 395)

Cuándo un Profeta habla como tal y cuándo no.

“… tuve de visita a un hermano y una hermana de Michigan, que pensaban que ‘un profeta es siempre profeta’. Pero yo les dije que un profeta era profeta solamente cuando obraba como tal” (José Smith, Enseñanzas, pag. 341)

Si bien los Católicos Romanos aceptan la Infalibilidad Papal en materia de doctrina y algunos Protestantes creen en la infalibilidad de la Biblia, los Santos de los Ultimos Días no creemos que los Profetas, pasados o presentes, sean infalibles.

“Somos capaces de errar… muchos creen que un hombre en mi posición debe ser perfecto: eso no es así” (Brigham Young, JD 10:212)

“No creemos en la infalibilidad del hombre. Cuando Dios revela algo, eso es verdad, y la verdad es infalible. Ningún Presidente ha reclamado para sí infalibilidad” (Charles Penrose, de la Primera Presidencia, Improvement Era, Sept. 1912: 1045)

La Biblia en ningún momento sugiere que los Profetas fuesen infalibles. Santiago enseñó que Elías había estado sujeto a las mismas pasiones que nosotros (Santiago 5:17). Jeremías proclamó que el Señor lo había engañado y que no volvería a predicar en su nombre (Jeremías 20: 7,9). Jonás se enojó con Dios porque no destruyó la ciudad de Nínive en vez de alegrarse porque sus habitantes se arrepintieron. Pedro y Pablo tenían sus diferencias de opinión (Gálatas 2:11-14). José Smith parecía opinar distinto que Brigham Young en el tema de los negros: “Si cambiaran de situación con los blancos, serían como ellos. Tienen almas y merecen la salvación. Si uno va a Cincinnati o cualquier otra ciudad, y ve a un negro bien educado, que tiene su propio coche, allí está mirando a un individuo que se ha elevado por la fuerza de su propia inteligencia a su alto estado de respetabilidad. Los esclavos que se hallan en Washington son más educados que muchos de los hombres que ocupan puestos de importancia, y los jóvenes negros alcanzarán mayor cultura que aquellos a quienes sirven de mozos” (Enseñanzas, pag. 330)

Además de eso, los Profetas no surgen aislados de su medio. Sus ideas, sus palabras, sus imágenes, reflejarán siempre el entorno social al que pertenecen. Cuando no están recibiendo una revelación del Señor, lo más probable es que crean lo que sus contemporáneos creen en relación a infinidad de asuntos. Muchas veces, esas creencias generalizadas demuestran ser incorrectas con el paso del tiempo. Por ejemplo, cuando Thomas Jefferson hizo su importante declaración de que todos los hombres son creados iguales, no estaba ni por un momento en su mente incluir en esa igualdad a las mujeres ni a los negros. Pero cuando nosotros la leemos, más de 200 años después, tendemos a creer que sí.

“La inspiración no implica la suspensión de las facultades naturales… no los convierte en máquinas, los conserva hombres. Por tanto a veces hallamos que su conocimiento no es mayor que el de sus contemporáneos” (J.R. Dummelow, ed. One Volume Bible Commentary, New York, Macmillan, 1936, cxxxv)

Pero entonces ¿cuál es la doctrina oficial de la Iglesia sobre estos temas?

La doctrina oficial de la Iglesia se encuentra en la Declaración Oficial 2 de Doctrina y Convenios, fechada en junio de 1978 y aprobada en septiembre del mismo año: …”se puede conferir el sacerdocio a todos los varones que sean miembros dignos de la Iglesia sin tomar en consideración ni su raza ni su color”.

Pero antes de eso ¿cuál era la doctrina? Antes de eso no había doctrina. Había una cierta conexión de pasajes de las escrituras que, con un poco de ayuda ideológica, parecían decir algo. Había muchas declaraciones de los líderes y había una política definida basada en la teología así armada. Pero eso no es doctrina, y mucho menos doctrina oficial.

“Esta es una teología que se fue desarrollando  – desde Orson Pratt a B.H. Roberts y de éste a Joseph Fielding Smith – como una tentativa no oficial de racionalizar la política oficial de negar el sacerdocio a los negros. Pero dicha teología gradualmente llegó a ser tan universalmente aceptada, a pesar de su inconsistencia con las creencias mormonas centrales y con las propias escrituras, que muy fácilmente tomó un estatus dogmático casi oficial cuando se incorporó en la edición de 1958 de Mormon Doctrine por Bruce McConkie (una obra no oficial pero muy popular y utilizada en la Iglesia). (England, Eugene “The Mormon Cross”, Dialogue, Spring 1973)

¿Pero qué dicen las escrituras? Están allí para ser leídas:

“Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra y de tu presencia me esconderé… y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará… Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara” (Génesis 4: 13-15)

La naturaleza de esa señal puesta sobre Caín no es conocida, como tampoco que fuese a ser transmitida a sus descendientes. En los versículos equivalentes de Moisés 5, en la Perla de Gran Precio no se aclara y en la revisión de la Biblia, José Smith dejó el pasaje sin modificar. Si el Señor deseaba que conociésemos las características de esa marca para advertirnos en contra de ella, sin duda dejó pasar tres buenas oportunidades. De modo que la piel negra y la nariz ancha como marca de Caín no tienen hasta allí cabida en la doctrina oficial de la Iglesia.

Los otros pasajes relacionados con el tema en Abraham 1 no dicen que Egyptus fuese de raza negra o que fuese descendiente de Caín, sólo que su nombre en caldeo quería decir aquello que está prohibido. Si queremos llenar los huecos que faltan con enseñanzas para-doctrinales podemos hacerlo. Yo mismo lo he hecho gran parte de mi vida. En ningún lugar de las escrituras dice  tampoco que Caín recibiese alguna restricción con respecto al sacerdocio, aunque me parece más que lógico que así fuera. La marca, (sea lo que fuese) fue colocada para proteger su vida, no para evitar que alguien formara una familia y tuviese progenie con él.

Si debo creer lo que dice Moisés 7:8 relatando una visión de Enoc, ni Egyptus ni su hijo Canaán fueron negros, porque recién en la siguiente generación aparece esta maldición y aparentemente muy ligada al gran calor de la región que habitaba su descendencia

“porque he aquí, el Señor maldecirá la tierra con mucho calor, y su esterilidad continuará para siempre; y vino un color obscuro sobre todos los hijos de Canaán, de modo que fueron despreciados entre toda gente”

Pero según la Biblia, Cam tuvo otros hijos varones además de Canaán sobre los que no parecen caer ni la maldición del color oscuro ni la prohibición del sacerdocio (Génesis 10: 6 menciona a Cus, Mizraim y Fut). De hecho Moisés tomó como esposa a una descendiente de Cus (Números 12:1) ¿Sería posible que el gran líder de Israel, tan cuidadoso al desposarse con Séfora, de pura casta sacerdotal, haya luego tomado una esposa portadora de la maldición de Caín? ¿O habrá tenido Cam otras compañeras además de Egyptus? Como vemos, toda respuesta es posible si llenamos los huecos con información que no proviene de las propias escrituras.

La maldición de Canaán parece tener más bien origen en los hecho poco claros narrados en el capítulo 9 de Génesis, sobre los cuales existen también diversas e interesantes especulaciones, ninguna de ellas oficial.

Algunas semanas después de que fue dada la revelación que permitía otorgar el Sacerdocio a los varones negros,  el Elder McConkie declaró que en el pasado la Iglesia, incluyéndose a sí mismo, no había entendido las escrituras plenamente, al asumir que había una diferencia para Dios entre las razas. Dijo “Olviden todo lo que yo haya dicho o escrito que sea contrario a la presente revelación. Hablé con un entendimiento limitado” (Charge to Religious Educators p. 152)

En realidad el Elder McConkie, quizás el especialista doctrinal más prominente de su momento, se presentó como chivo expiatorio por las ideas aparecidas en Mormon Doctrine y otras publicaciones y valientemente pidió que se olvidara todo lo que él hubiese dicho o escrito al respecto. Pero, ¡un momento!, aún con la brillantez que lo caracterizaba, Bruce McConkie no elucubró una sola de las ideas que aparecen en Mormon Doctrine. El fue el gran organizador y compilador de las ideas teológicas de su suegro, Joseph Fielding Smith, de modo que, olvidemos también lo que él escribió al respecto, y lo que escribieron B.H. Roberts y Mark E. Petersen y Orson Pratt y Brigham Young al respecto. Porque el Señor ha hablado y una nueva luz ha sido dada.

En la conferencia de prensa que siguió al anuncio oficial de la revelación sobre el sacerdocio le fue preguntado al Pte. Kimball porqué dicha revelación había venido en esta época, y él admitió francamente que había venido porque las condiciones y la gente habían cambiado. “Es un mundo diferente al que teníamos 20 o 25 años atrás. El mundo esta listo para esto”. Por mi experiencia he aprendido que cuando un norteamericano habla de “el mundo”, habla del mundo como él lo entiende, es decir los Estados Unidos de América. ¿Qué había pasado en ese mundo en los 20 años anteriores? Se me ocurren algunas cosas: Martín Luther King, su lucha y su asesinato, los hermanos Kennedy, sus luchas por los derechos civiles y sus respectivos asesinatos (aunque tal vez esos dos lo merecieran porque eran Demócratas y además Católicos) y un escritor afro-americano de nombre Alex Hailey que parecía tener más del espíritu de Elías que muchos miembros de la Iglesia.

Me permito intercalar alguna ideas de mi apreciado mentor, Eugene England:

“Durante los ’60 y ’70 vivía con gran dolor y a veces humillación, como estudiante graduado y como profesor, tratando de contribuir al movimiento de los derechos civiles, mientras que al mismo tiempo tenía que defender la negación de la Iglesia a otorgar el sacerdocio y las bendiciones del templo a los negros. Estaba convencido, confirmado por mis tempranas experiencias espirituales con lo que yo creo que era el espíritu de Cristo, que ‘todos son iguales ante Dios’ y que era equivocado discriminar de cualquier modo por la raza, y sin embargo creía por el mismo espíritu que los líderes de la Iglesia eran dirigidos por Dios. Llegué a la conclusión de que Dios no estaba conforme con la política vigente pero, como ha hecho a menudo con su pueblo escogido, nos estaba permitiendo vivir una ley inferior por un tiempo. Creí que este acomodamiento por parte del Señor se debía a nuestro racismo, no a que hubiese algo malo con los negros, y que así continuaría hasta que pudiésemos tratar de vivir la ley mayor de total igualdad de un modo que fuese una bendición genuina para los negros mismos, y no meramente una fuente de mayor prejuicio y división en la Iglesia como seguramente lo sería si tratábamos de vivirla entonces, dado nuestro racismo.” (Eugene England, On living the Gospel, 1998)

Creo que los miembros de la Iglesia, en general, no hemos entendido totalmente lo que ocurrió en 1978. El Señor habló con voz fuerte. Hemos aceptado que los hermanos de color ahora pueden tener el sacerdocio pero no comprendemos bien que eso cambió su eternidad y la eternidad de todos sus antepasados (incluyendo los supuestamente malditos). Hemos creído que aceptábamos la nueva revelación, pero en realidad seguimos atados al antiguo esquema teológico que nos fue enseñado en nuestra juventud. Debo decir enfáticamente que ambos son incompatibles. Por más que intentemos remendar aquí y estirar allá, son incompatibles.

Renee Olson es una hermana de color quien, como el Pablo de la antigüedad, perseguía a los santos modernos por sus creencias racistas. Conoció a un joven blanco, quien le ayudó a entender los principios del evangelio; se convirtió, se bautizó y terminó casándose con su amigo, quien, como ella lo dice con cierta ironía, afortunadamente nunca había leído la frase de Brigham Young. Hoy es una asesora de FAIR, una organización de apoyo para los apologistas mormones, en los casos de acusaciones de discriminación racial.

En su disertación Dispelling the Black Myth, nos dice:

“Quisiera comentar alguno de los mitos que rodean a la Iglesia Mormona. Estoy segura que todos hemos oído que los negros no peleamos valientemente en la pre-existencia (yo misma llegué a enseñarlo). También he escuchado que debido a que Cam, el hijo de Noé se casó con Egyptus, una negra fuera del linaje aprobado, su posteridad no pudo tener el sacerdocio. Otra versión dice que Egyptus intentó establecer una línea matriarcal en vez de honrar al hombre como patriarca y por ese error se le negó el sacerdocio a sus descendientes. También existe el mito de que los negros no son tan superiores intelectualmente. Todavía hay muchas viejas tradiciones y mitos que se enseñan en los hogares de los miembros de la Iglesia durante las noches de hogar. Y aunque muchos de ustedes probablemente me dirán que no tienen problemas con el racismo o con las personas de otras culturas, pregúntense sobre sus sentimientos si un hijo o hija llega a casa a contarles que se ha enamorado de alguien de descendencia Afro-americana o China o de cualquier otra cultura que Uds. encuentran menos que deseable. ¿Aún sigue todo bien?”

Algunos problemas adicionales con la antigua teología

1)      “Esa teología niega la expiación universal de Cristo al decir a los negros que hicieron algo malo en la preexistencia o que son inferiores espiritualmente por un pretérito acto de maldad pero sin brindarles la posibilidad de saber qué es lo que hicieron mal ni tampoco la de arrepentirse por ello” – Stuart Pace en Student Review de BYU, pag. 12.

2)      La sangre negra se ha dispersado por todo el mundo en una amplia gama de proporciones, regiones y períodos históricos. En lugares como EEUU y Brasil no era raro que cuando un converso comenzaba a trazar su línea genealógica descubriera antepasados de color. Generalmente dejaba de investigar…

3)      ¿Cuál era la proporción de sangre negra que determinaba el mantenimiento de la maldición? ¿Un 10%, un 30%, un 80%? ¿Significaba que si alguien llegaba al 50% podía al menos obtener el Sacerdocio Aarónico? Si el tener una sola gota de sangre negra condenaba, ¿el tener una gota de sangre blanca redimía? Si 50 millones de negros en USA eran un problema, la solución estaba en mezclarlos con los 250 millones de blancos  restantes y en dos o tres generaciones no habría más negros y habríamos quitado la maldición. En el ínterin, el sacerdocio podría haber quedado seguro en manos de los hermanos lamanitas, a quienes alabamos mucho pero no damos demasiada participación.

Como verás, ya empiezo a acercarme a límites de locura insospechados al iniciar la carta, por lo que será mejor ir terminando.

Pero, para resumir el tema, creo que esto es lo que ha ocurrido: No tuvimos una doctrina en este asunto, sí una política definida basada en el preconcepto de la sociedad promedio americana del siglo XIX. No eran los únicos. Te señalo la siguiente copla popular tomada del Martín Fierro:

A los blancos hizo Dios

A los mulatos San Pedro

Y a los negros hizo el Diablo,

Para tizón del Infierno.

De modo que en nuestras pampas también tuvimos teólogos.

La política vigente necesitaba un andamio intelectual y se lo proporcionó una mezcla de escrituras y filosofías de los hombres, hasta que el Señor estableció Su Doctrina. Me parece que ambas posiciones son irreconciliables y que para aceptar una se debe abandonar la otra. Creo también que en ninguna clase, púlpito u hogar mormón debería enseñarse algo que no sólo no forma parte de la doctrina de la Iglesia sino que va en contra de ella.

Me despido con esta reconfortante cita del Libro de Mormón:

“… y nada hace que no sea claro para los hijos de los hombres; y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles” (2 Nefi 26:33)

Con cariño,

 

Mario R. Montani