La Revolución de los Pantalones – Hannah Jung

Doctrina

        Feminismo

De la Vida Mormona

La Revolución de los Pantalones

Hannah Jung

“Las mujeres empleadas por la Iglesia SUD pueden ahora utilizar pantalones en su trabajo” comenzaba el artículo del Deseret News que anunciaba cierto número de cambios en las políticas de empleo de la Iglesia, incluyendo licencia por maternidad de 6 semanas, una semana paga por paternidad, y un espacio para ejercicios físicos en el Edificio de Oficinas de la Iglesia. Aunque todos los cambios son importantes y merecen un serio análisis, este post trata sobre lo que el Deseret News escogió anunciar primero: pantalones.

Mi propio encuentro con el anticuado código de vestimenta de la Iglesia ocurrió en 2013, cuando comencé a trabajar como interna en la Biblioteca de Historia de la Iglesia. Algunas personas me habían advertido que era posible que debiera usar sólo vestidos o polleras, pero yo simplemente no les creí; después de todo, nada en mi contrato mencionaba esa regla. Incluso compré algunos pantalones de vestir como preparación para mi nuevo trabajo. Llegué en mi primer día utilizando un par de esos pantalones. Citaré a continuación de un blog que escribí la noche del día que comencé a trabajar.

“La primera cosa que observé al ingresar a mi inicial (de las cuatro que tuve) orientación laboral ese día fue que ninguna de las mujeres usaba pantalones. Aún el resto de las nuevas contratadas femeninas estaban con vestidos o polleras. Allí fue cuando comencé a darme cuenta de que, realmente, mi lugar de trabajo no permitía a las mujeres usar pantalones… Para que se entienda claramente, no odio a las polleras o los vestidos y no me molesta usarlos para ir a trabajar. Pero la idea de mujeres utilizando pantalones es algo simbólico. Hacia finales del siglo XIX las mujeres lucharon por el derecho a usar pantalones junto a su derecho a votar… A veces me quejo de que mi iglesia se quedó estancada en los años ’60 en lo que respecta a los asuntos femeninos. Pero, en realidad, durante los ’60, tanto las mujeres conservadoras como las feministas usaban pantalones. Quería escribir una carta a los líderes de la Iglesia para decirles cuán humillante era esa regla, y que, como miembro, me sentía avergonzada tanto por la Iglesia como por mí misma. Quería escribirle al Profeta sobre lo descabellada que era esa regla, pero no lograba formar un argumento en mi mente que no sonara totalmente ridículo. “Querida Iglesia ¿Por qué no permiten que las mujeres usen pantalones?” Simplemente no me parecía correcto”.

No podía sobreponerme al hecho de ser forzada a adoptar un particular tipo de exterioridad femenina mientras investigaba precisamente sobre la historia de la mujer.

Quería desesperadamente enfrentar al código de vestimenta de la Iglesia, pero también deseaba conservar mi trabajo. En su libro Bodies That Matter (Cuerpos que Importan), Judith Butler se pregunta ‘¿Qué significaría citar la ley para producir un resultado distinto?’. Ella rechaza la idea de que el albedrío proviene de rechazar las normas regulatorias para enfocarse en la libertad y creatividad de reformularlas de un modo diferente. En otras palabras, discute el potencial subversivo de actuar las normas o reglas de género de forma que sean tanto reconocibles como nuevas. Luce Irigaray también analiza esta actuación intencionada en su concepto de mimesis. Imitar es ocupar intencionalmente una posición femenina. Es cuando una mujer “se somete a ideas particulares sobre sí misma que son elaboradas por una lógica masculina, pero para hacer ‘visible’, por efecto de una repetición lúdica, lo que supuestamente debía permanecer invisible” (Luce Irigaray, This Sex Which Is Not One, Trans. Catherine Porter and Carolyn Burke, (Ithica, New York: Cornell University Press, 1985), pag. 76)

Si una mujer emplea mímesis para resaltar su femineidad en un modo que simultáneamente hace a esta lógica masculina visible, estará encarnando el proceso exacto al que Butler se refiere acerca de apropiarse de las leyes dentro de una estructura y repetirlas de una manera divertida. Necesitaba una forma de protesta que me permitiera simultáneamente continuar con mi empleo y parodiar las reglas.

Llamé a mi talentosa hermana, Katie, que es una artista textil y a quien le encanta trabajar en colaboración. Juntas formulamos el plan de crear una nueva clase de vestido. Continuaría utilizando un vestido para trabajar pero estaría cubierto con la palabra ‘pantalón’. Ella diseñó una impresión, la colocó en la tela y yo la convertí en un vestido.

A pesar de pertenecer a una cultura que desdeña la protesta, el vestido pantalón fue un éxito instantáneo tanto entre mormones como no mormones. Lo menciono no para presumir sino para desentrañar por qué mi vestido fue tan apreciado. ¿Por qué el vestido obtuvo apoyo mientras que el Día de Usar Pantalones para ir a la Iglesia de unos meses antes se convirtió en una especie de pararrayos de las críticas? Tal vez porque yo era una simple interna participando en esta lucha, y mi protesta no mencionaba explícitamente la preocupación por la igualdad de género en la Iglesia SUD, como la otra protesta sí lo hizo ¿Es que la política sobre pantalones es realmente una minucia? ¿O se trata de un ejemplo bastante útil de las ideas de Irigaray o Butler sobre simultáneamente cumplir y exponer una regla? Mi argumento es que mi protesta fue más aceptable pues, en la terminología de Butler, el vestido se allanaba a la ley (la restricción sobre qué tipo de ropa usar), pero al mismo tiempo la impresión sobre pantalones exponía de modo lúdico la equivocada lógica de esa regla.

No tengo idea de quién o por qué el código de vestimenta cambió. Muchos de estos procesos institucionales no son visibles para los que estamos afuera. Hace un año la Iglesia revirtió el código de vestimenta de las hermanas misioneras para acomodarse a la vulnerabilidad de las mujeres frente al virus Zika. Adicionalmente, a las empleadas de la Iglesia que realizan trabajo manual o deben usar escaleras se les pidió que usasen pantalones. Es sencillo ver cuando la Iglesia hace excepciones por razones de modestia o salud pública, pero la causa del nuevo cambio no es tan aparente (exceptuando el hecho de que estamos en 2017 y era ya más que tiempo de hacerlo)

Tal vez mi parte preferida del vestido pantalón fue que, por un breve momento, me otorgó una voz en una iglesia cuyas decisiones me resultan a veces opacas. ¿Por qué la Iglesia continuó con el código de vestimenta hasta ahora y no lo terminó antes? ¿Qué tuvo de especial Junio del 2017? Más importante ¿cómo pueden los individuos expresar desilusión o solicitar cambios en una iglesia que frunce el seño frente a la protesta? No declaro tener las respuestas a esas preguntas. Pero sí sé que me sentí llena de poder cuando descaradamente usé el vestido pantalón en mi último día de trabajo. No pretendo que haya tenido nada que ver con el cambio en la política, pero fue parte de la resistencia. El hecho de que mi próxima compañera de cuarto hubiese escuchado la historia de la pollera aún antes de conocerme significa que debe haber hecho sonreír a algunos a lo largo del camino.

Publicado en Juvenile Instructor el 1 de Julio 2017

Nota: los varones asiduos a ese blog están proponiendo llevar camisas de color a las reuniones con la inscripción “blanca”.

Traducción de Mario R. Montani

 

Anuncios

Nuestra Madre en los Cielos – Primera Parte

Doctrina

        Deidad

Nuestra Madre en los Cielos

Primera Parte

Por Mario R. Montani

Dentro del Mormonismo, cuando hablamos de nuestra Madre Celestial, nos estamos refiriendo a la madre de todos los espíritus humanos y  esposa de Dios, el Padre. El tema no se discute ni conversa demasiado en la Iglesia, aunque buena parte de nuestra teología está implícita o explícitamente basada en su existencia.

La historiadora Linda Wilcox, quien posee una Maestría en Educación por la Universidad de Stanford y otra en Historia por la Universidad de Utah, la ha definido como “una vaga y elusiva creencia que flota en los bordes de la conciencia mormona” (Trabajo presentado en la Sunstone’s Mormon Theological Symposium de 1980 y publicado en el número de Septiembre/Octubre de 1980 en la Revista Sunstone).

La doctrina no aparece en ninguno de nuestros Libros Canónicos y jamás fue declarada por Joseph Smith, Jr, nuestro Profeta fundador, mientras estuvo con vida (aunque hay quienes insisten en que sí, basados en evidencia secundaria).

En la Antigüedad

Recientes descubrimientos arqueológicos parecen mostrar que en el antiguo Israel, así como en regiones vecinas, se reverenciaba a una consorte de Dios, bajo el nombre de Asera. Esto concordaría con la idea de varios estudiosos de que Israel no practicaba un monoteísmo absoluto sino cierto henoteísmo o monolatría, la creencia que reconoce la existencia de varios dioses, pero sólo uno de ellos digno de adoración por parte de los fieles.

En una serie de la BBC sobre la Biblia, la Dra. Francesca Stavrakopuolou, especialista en la Biblia Hebrea en la Universidad de Exeter y con un doctorado en teología de Oxford, ha mostrado que el Antiguo Testamento contiene evidencias de una “esposa divina” que ha sido eliminada de las tradiciones principales, en parte por influencia de los rabinos ortodoxos varones, quienes veían a la mujer como un ser inferior y una propiedad. La idea de un dios casado no es filosóficamente más extraña que la de uno eternamente soltero.

Dra. Francesca Stavrakopuolou

Dra. Francesca Stavrakopuolou

El arqueólogo William Dever en su libro “Did God Have a Wife: Archaeology and Folk Religion in Ancient Israel” (¿Tuvo Dios una Esposa?: Arqueología y Religión Popular en el Antiguo Israel) desarrolla la idea de que en ese entorno, Dios aparece siempre como parte de un concilio de dioses. El mayor de ellos lleva por nombre “El”. Yavé y Baal son más jóvenes y, en algunos hallazgos, parecen ser sus hijos. En el panteón también existen diosas femeninas. Baal fue reverenciado entre los fenicios y Yavé en Israel. Asera era la consorte de El y su colaboradora en la creación. Se la simbolizaba con un árbol (¿árbol de la vida?) o con un poste. Asera fue adorada tanto en Canaan como en el Antiguo Israel, en calidad de esposa de El y luego de Yavé. Después del regreso de la cautividad en Babilonia, su figura fue eliminada por los reformadores (poco antes de la partida de Lehi de Jerusalén).

En Tell-Arad se ha descubierto un templo donde probablemente Yavé y Asera eran conjuntamente adorados. En su Sancta Sanctorum se encontraron dos piedras verticales de culto, una más grande que representaba a Yavé y otra más pequeña que representaba a Asera.

William Dever

William Dever

En 1968 Dever descubrió en una tumba de las colinas de Judea una inscripción que dice: “Y los salvó de sus enemigos gracias a Asherah”. Una década después encontró otra inscripción en lo que fuese un almacén de vasijas de un antiguo santuario, al Este del Sinaí. En la inscripción hebrea puede leerse: “Que esta persona sea bendecida por Yahvé y su esposa Asherah”.

Con base en el Talmud, algunos grupos judíos han sostenido que la shejiná o shekinah (presencia o gloria de Dios) da cuenta de los atributos femeninos de Dios presentes en la Creación.

También era usual entre los judíos el juego de palabras con “dicha” o “felicidad” por su cercanía fonológica. Así leemos en Génesis 30:13:

Y dijo Lea: Para dicha mía, porque las mujeres me dirán dichosa; y llamó su nombre Aser”.

Otra comparación vigente es la de Asera con la Dama Sabiduría (Sofía para los griegos). Por ejemplo, en Proverbios 3:13-18 puede hallarse un triple símil con las características de la diosa: sabiduría, árbol de vida, bienaventuranza (dicha)

 13 Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría y que adquiere entendimiento,

 14 porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus beneficios más que el oro fino.

 15 Más preciosa es que las piedras preciosas, y todo lo que puedas desear no se puede comparar con ella.

 16 Largura de días hay en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra.

 17 Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas, paz.

 18 Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, y bienaventurados son los que la retienen.

 

Si comenzamos a reemplazar las referencias a la sabiduría y el entendimiento como una posible y oblicua referencia a la Diosa Madre, surgen nuevos significados. En los versículos siguientes del mismo Proverbio 3 se lee:

 19 Jehová con sabiduría fundó la tierra; estableció los cielos con entendimiento.

 20 Con su conocimiento los abismos fueron divididos, y destilan rocío las nubes.

De pronto, su lectura, además de mencionar atributos divinos, nos presenta a una activa consorte participando en los momentos de la Creación.

Varios estudiosos bíblicos han propuesto la presencia del Espíritu sobre las aguas primigenias como el elemento femenino de la deidad de donde surge toda vida. De hecho, en la épica de Baal (un texto cananeo de antes del 1200 AC) uno de los nombres de Asera es “Aquella que flota sobre el mar”.

Observemos que interesantes cambios se producen si interpretamos Proverbios 8:22-35 bajo la presencia de la Dama Escogida Asera, Shekinah o Sofía

22 Jehová me poseía en el principio de su camino, antes de sus obras de tiempo antiguo.

 23 Desde la eternidad fui instituida, desde el principio, antes de la tierra.

 24 Antes que existiesen los abismos fui engendrada, antes que existieran los manantiales con muchas aguas.

 25 Antes que los montes fuesen formados, antes que los collados, ya había sido yo engendrada,

 26 cuando él aún no había hecho la tierra, ni los campos ni el principio del polvo del mundo.

 27 Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo,

 28 cuando él afirmaba las nubes arriba, cuando reforzaba las fuentes del abismo,

 29 cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandato, cuando trazaba los fundamentos de la tierra,

 30 con él estaba yo como artífice, y era su delicia cada día, y me regocijaba delante de él en todo tiempo.

 31 Me regocijaba en la parte habitable de su tierra, y mis delicias eran con los hijos de los hombres.

 32 Ahora pues, hijos, escuchadme: Bienaventurados los que guardan mis caminos.

 33 Escuchad la instrucción y sed sabios, y no la desechéis.

 34 Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día, guardando los postes de mis puertas.

 35 porque el que me halle hallará la vida y alcanzará el favor de Jehová.

Daniel C. Peterson

Daniel C. Peterson

En el interesante artículo de Daniel C. Peterson “Nephi and His Asherah” (Nefi y su Asera) aparecido en el Journal of Book of Mormon Studies 9/2 (año 2000), pags. 16-25), el autor propone que, dada la fecha de partida de la colonia lehita de Jerusalén, sus integrantes estaban bien al tanto de los símbolos de Asera, por lo que dichos símbolos son clave para el entendimiento por parte de Nefi de la visión del Arbol de la Vida. Recién cuando Nefi ve la imagen de María portando en sus brazos al hijo de Dios (una forma común de representar a Asera en la estatuaria cananea, como quien nutría a los dioses) parece alcanzar el significado profundo del Arbol y su fruto. La visión está teñida de un fuerte contenido cultural que sólo puede captar un judío viviendo en las postrimerías del siglo VII antes de Cristo.

En el Cristianismo

Si bien ninguno de los Evangelios menciona la idea de una Madre Celestial (tampoco el Quinto Evangelio, como denominamos a 3 Nefi), muchas otras fuentes, sobre todo gnósticas, hablan de las enseñanzas recibidas por los Apóstoles inmediatamente después de la resurrección de Cristo. Por ejemplo, en la versión Siríaca de los Hechos de Tomás aparece un himno conocido como La Perla, en el cual, el alma es enviada, desde su hogar celestial, a obtener la perla que custodia una serpiente. En su etapa terrenal olvida su propósito (¿velo de olvido?) hasta que recibe una carta de su padre, madre y hermano celestiales recordándole su misión. Luego de cumplirla, regresa a su hogar, donde es vestida nuevamente con prendas gloriosas.

En la Oda a Sofía, preservada en versión griega, las almas entran al Pleroma donde reciben gloriosa luz y alaban junto “al espíritu viviente, el padre de verdad y la madre de sabiduría”.

En las Oraciones de Consagración se la llama “madre misericordiosa”, “consorte del varón”, “reveladora de los perfectos misterios”, “madre escondida” y “Santo Espíritu”. Entre los Maniqueos se la conoció como “Madre de la Vida” y “Espíritu del Mundo”. Particularmente los Arcónticos, grupo que existió en Palestina y Armenia a mediados del siglo IV, reverenciaban a una “Madre de la Luz”.

La idea parece también estar presente en la obscura frase de San Agustín en su obra De Trinitate, Libro VII, Cap. 5:

“Omito pues tales cosas como contemplar al Espíritu Santo como la Madre del Hijo y la Esposa del Padre, pues tal vez se me responderá que ellas nos ofenderían con asuntos carnales provocando pensamientos de concepción corporal y nacimiento”.

El concepto se mantuvo celosamente guardado en comunidades judías y judeo-cristianas, como lo demuestra la Sentencia-Estatuto de Toledo de 1449 (Kenneth B. Wolf, Medieval Texts in Translation, 2008)

“Así como se ha demostrado que una gran porción de los conversos de la ciudad, quienes descienden del linaje judío, son personas sospechosas para la santa fe católica; que ellos sostienen y creen grandes errores contra los artículos de la santa fe católica; que ellos mantienen los ritos y ceremonias de la antigua ley; que ellos declaran y afirman que nuestro Salvador y Redentor Jesucristo fue un hombre de su linaje que fue asesinado y a quien los cristianos adoran como Dios; que dicen que hay tanto un dios como una diosa en los cielos…”

Para el análisis textual de citas que identifican al Espíritu Santo con la Madre Celestial, sugiero la lectura del trabajo de la Dra. Elaine H. Pagels, “What Became of God the Mother? Conflicting Images of God in Early Christianity” (¿Qué ocurrió con Dios Madre? Imágenes de Dios conflictivas en el temprano Cristianismo) Signs, Winter 1976, pags. 293-303)

Elaine H. Pagels

Elaine H. Pagels

En la Restauración

Como lo hemos dicho al iniciar este artículo, no existe a la fecha una declaración históricamente fiable de que Joseph Smith, Jr haya expuesto la doctrina de una Madre Celestial mientras estuvo con vida. No obstante, la mayor parte de las declaraciones oficiales de la Iglesia, aseveran que así fue. Veamos el contexto.

El tema no aparece en ninguno de los sermones, escritos y revelaciones del Profeta, ni siquiera en aquellos que no son considerados doctrinales, pero sí existen algunas referencias de otros en fechas cercanas a su muerte. Por ejemplo, W.W. Phelps publicó en Febrero de 1844 (poco menos de cinco meses antes del asesinato de Joseph) un himno al que llamó A Song of Zion (Una Canción de Sión), el cual nunca llegó a publicarse en un himnario. En una de sus estrofas contiene la sugestiva frase:

“Como la poca levadura

Que la mujer escondió

Cuando, como reina del cielo,

Sobre oro de Ofir se alzó”.

Si bien la frase es poco clara y bastante enigmática, la mención de la “reina del cielo”, que Phelps utilizó en ocasiones posteriores para referirse a la Madre en los Cielos, hace que ésta pueda ser considerada la primer referencia histórica a la doctrina.

W.W. Phelps

W.W. Phelps

Posiblemente en el mismo año, Phelps compuso otro himno, “Come to Me” (Ven a Mi) que fue publicado en Enero de 1845 (siete meses después de la muerte del Profeta). Aquí fue mucho más explícito:

Come to me; here’s the myst’ry that man hath not seen;
Here’s our Father in heaven, and Mother, the Queen

(Ven a mí; he aquí el misterio que el hombre no ha visto;

Aquí nuestro Padre en los cielos y nuestra Madre, la Reina)

En un artículo oficial de 2015, la Iglesia reconoce a este himno como la referencia más antigua al tema. Sin embargo, no parece ser el modo en que las revelaciones deberían venir al mundo. W.W. Phelps era una persona educada y hábil escritor. Los historiadores lo consideran uno de varios escritores “fantasmas” que redactaban los editoriales que aparecían firmados por Joseph. Sin intención de desacreditar sus muchas buenas acciones ni su dedicación a la causa del Evangelio, para la época de redacción de Come to Me había sido excomulgado en dos ocasiones, una, por quedarse con dineros en la compra de terrenos en Far West, y otra, por testificar en contra del Profeta. Volvería a ser excomulgado, después del Martirio, por contraer matrimonios polígamos no autorizados.

En el Tomo 5 pag. 254 de la History of the Church, compilada por B.H. Roberts en 1902, aparece una nota al pie atribuyendo el par de versos que aparece más arriba a Joseph Smith. Sin embargo, no hay referencias ni la menor evidencia a la fecha (incluyendo los Joseph Smith’s Papers) de que tal sea el caso.

Algunas semanas antes de que Come to Me se publicara, Phelps también escribió una carta a William Smith, hermano del Profeta, quien unos meses más tarde sería nombrado Patriarca Presidente de la Iglesia:

“¡Oh, Mormonismo! Tu padre es Dios, tu madre, la Reina de los cielos, de modo que tu historia toda, de eternidad en eternidad, serán las leyes, ordenanzas y verdades de los Dioses – abarcando el plan de salvación, santificación, muerte, resurrección, glorificación y exaltación del hombre, de la infancia a la vejez, de la vejez a la eternidad, de lo simple a lo sublime… Cristo odiaba el pecado y amaba la rectitud, por tanto fue ungido con santo aceite en los cielos y coronado en medio de sus hermanos y hermanas, mientras su madre permanecía en virtuosa aprobación, y sonreía a un Hijo que mantuvo la fe como heredero de todas las cosas! De hecho, los judíos pensaban tanto sobre esta coronación entre Dioses y Diosas, Reyes y Reinas del cielo, que quitaron toda restricción y comenzaron a adorar a “la Reina del Cielo”, según Jeremías”. (W.W. Phelps, “The Answer”, carta en respuesta a William Smith del 25 de Diciembre 1844, publicada en Times and Seasons 5/24, pag. 758, del 1 de Enero 1845)

¿Revelación, Deducción Doctrinal o Necesidad Teológica?

La presentación de la idea más conocida por los miembros es la de “Oh, Mi Padre” de la poetisa Eliza Roxcy Snow, hermana de Lorenzo Snow y una de las esposas plurales de Joseph Smith. Lo que quizás no sepamos tanto es que fue publicada en Times and Seasons de Octubre de 1845 (es decir, por lo menos nueve meses después de los poemas de W.W. Phelps) con el nombre de “Invocation, or the Eternal Father and Mother” (Invocación, o el Padre y la Madre Eternos). El hecho de que tanto la Madre como la posibilidad de invocarla hayan desaparecido del título es significativo y será objeto de un tratamiento especial en la segunda parte de este artículo.

Eliza R. Snow

Eliza R. Snow

El Himno en cuestión (nº 187 del himnario en castellano, versión 1993) contiene las siguientes expresiones en sus últimas estrofas:

“¿Hay en los cielos padres solos?

Clara la verdad está.

La verdad eterna muestra:

Madre hay también allá.

Cuando deje esta vida

Y deseche lo mortal,

Padre, Madre, quiero veros

En la corte celestial.”

El Presidente Wilford Woodruff consideró a Eliza la originadora de la idea:

“Ese himno es una revelación, aunque nos haya sido dada por una mujer” (Wilford Woodruff, “Discourse”, Millennial Star 56:229, Abril 1894)

Sin embargo, al año siguiente, Joseph F. Smith (Deseret Evening News, 9 Febrero 1895) se encargó de señalar que “el principio de que tenemos tanto una Madre como un Padre Celestial” fue revelado a Joseph Smith, que éste lo trasladó a Eliza Snow, una de sus esposas, y que ella, siendo poetiza, lo puso en versos. Pero no pudo dar ninguna referencia histórica para tal afirmación, que parece más bien diseñada para alejar la idea de que una mujer pudiese recibir revelaciones doctrinales.

Susa Young Gates en su History of the Young Ladies’s Mutual Improvement Association, pag. 15-16, 1911 (obsérvese que ya nos estamos alejando 70 años de los supuestos hechos) cuenta que Joseph Smith, consolando a Zina Diantha Huntington, otra de sus esposas, por la muerte de su madre, ocurrida en 1839, le dijo que la vería nuevamente. Según el relato:

“¿Reconoceré a mi madre como mi madre cuando vaya al Otro Lado?”

“Ciertamente lo harás”, fue la respuesta instantánea del Profeta, “Más aún, conocerás y tendrás cercanía con tu Madre eterna, la esposa de tu Padre Celestial”.

Susa Young Gates era una hija de Brigham Young y Lucy Bigelow, su esposa nº22, escribiendo en 1911 sobre lo que su “tía”, Zina Diantha Huntington Jacobs, en la práctica la esposa nº 33 de Brigham, quien había ya muerto en 1901, le contó sobre hechos acaecidos al momento de la muerte de su propia madre, Zina Baker Huntington, en 1839. De modo que la historia, independientemente de su veracidad, nos llega mediada por tres relatores, lo que le disminuye su importancia como fuente histórica y también nos hace reflexionar sobre las formas en que deberían venir las comunicaciones de los cielos.

Zina Huntington

Zina Huntington

David McKay (padre del Presidente David O. McKay) relató a la Sra. James Hood en 1916 (nótese que a medida que los años pasan las versiones son ya de segunda o tercera mano) y ésta transcribió, que, en un paseo de coche a caballo, David preguntó a Eliza si el Señor le había revelado esa doctrina. La respuesta, no tan clara, fue:

“Obtuve mi inspiración de las enseñanzas del Profeta; todo lo que hice fue utilizar mi don poético y brindar ese principio eterno en poesía”.

Es cierto que, antes de su muerte, Joseph Smith había dado su inspirado, aunque no canónico, discurso en los funerales de King Follet, en el que desplegó un nuevo conocimiento sobre la naturaleza de Dios y su condición de “hombre exaltado”, así como la posibilidad de que el ser humano alcanzase ese mismo grado a través del “nuevo y sempiterno convenio del matrimonio”. Llegar a la conclusión de que debía existir una Madre Celestial parece lógico. De modo que no sabemos si Eliza estaba reconociendo haber hecho esa síntesis en base a las otras enseñanzas, o si la escuchó textualmente de los labios del Profeta.

Para complicar aún más la situación, varias fuentes sugieren que Eliza R. Snow entendía que nuestra Madre Celestial era Eva, una creencia que luego haría explícita Brigham Young, su nuevo esposo. (Ver carta al editor de Boyd Kirkland en Sunstone 6, Abril 1981, pags. 4-5)

En el diario personal de Abraham H. Cannon, en poder de la Iglesia, y con fecha del 25 de Agosto de 1880 aparece el siguiente relato que le fuera transmitido por Zebedee Coltrin, uno de los supuestos partícipes, nuevamente de segunda mano:

“Cierto día el Profeta Joseph le pidió a él (Z.Coltrin) y a Sidney Rigdon que lo acompañaran al bosque a orar. Cuando llegaron a un sitio aislado, Joseph se acostó sobre su espalda y estiró los brazos. Les pidió a los hermanos que yaciesen uno a cada lado y que cerraran sus ojos. Después que hubieron orado les dijo que los abrieran. Así lo hicieron y vieron una luz brillante rodeando un pedestal que parecía descansar sobre la tierra. Cerraron los ojos y volvieron a orar. Entonces, al abrirlos, vieron al Padre sentado en un trono; oraron nuevamente y, al mirar, vieron también a la Madre; después de orar y mirar por cuarta vez, vieron al Salvador agregarse al grupo”.

Todas estas referencias deben tomarse con suma prudencia.

Por otra parte, Joseph Smith no era excesivamente celoso de su función profética. Como lo ha expresado claramente el galardonado Richard Bushman en “Joseph Smith and His Vision” en The Oxford Handbook of Mormonism, Oxford University Press, 2015, pag. 118

“Smith nunca intentó monopolizar su oficio profético. Era como si él intentara reducir su propio rol e infundir en la burocracia de la iglesia sus poderes carismáticos”.

Su liderato jamás fue autocrático sino que tendió o democratizar las revelaciones, esperando que todos tuviesen una que confirmase las de él mismo. Algunos han denominado a esta visión como “divina colaboración” y estaba en el centro de su creación del Quorum de los Ungidos y el Concilio de los Cincuenta así como otras estructuras consultivas. Los miembros deberíamos reconocer que esa es otra alternativa por la que algunas de nuestras creencias han tomado forma: de modo colaborativo y sin considerar el cargo eclesiástico o el género del receptor.

Ya iniciado el siglo XX, B.H. Roberts no veía ningún problema en que una mujer fuese la receptora de verdades fundamentales.

“…en ese espléndido himno nuestro sobre la maternidad celestial, ese palpitante anhelo del alma femenina, que fue dado al mundo a través de la mente inspirada de Eliza R. Snow” (B.H. Roberts, Answers to Ministerial Association Review, M.I.A. Conference, 9 de Junio de 1907)

Continuará en la Segunda Parte///

 

“Serán recompensadas con ricas porciones…” Sexta Parte (Final)

DOCTRINA

     Feminismo

 

“Serán recompensadas con ricas porciones…” 

Sexta Parte (Final)

Por Mario R. Montani

 

Creo que hemos dedicado un buen tiempo a analizar algunos reclamos de las hermanas de nuestra Iglesia y sus motivos. Quisiera tocar un último y delicado tema por el cual algunas mujeres mormonas se han sentido discriminadas y luego pasar a detallar las recientes respuestas de la institución a la situación general.

No existe para un Santo de los Ultimos Días un ámbito más sagrado que el del Templo, ni ordenanzas más trascendentes que las que se llevan a cabo dentro de sus muros. Justamente por ello, algunas de las inequidades históricas relacionadas con dichas ordenanzas han sido particularmente dolorosas.

La Iglesia no favorece ni aconseja el divorcio pero lo acepta bajo ciertas circunstancias. Ambas posiciones me parecen bien. Permite tanto el divorcio civil (la disolución legal de un matrimonio civil) como la anulación de un sellamiento en el Templo (la cancelación de la ordenanza eterna y la liberación para un futuro nuevo sellamiento)

Por la mayor parte de la historia de la Iglesia una mujer podía ser sellada únicamente a un hombre. Podría considerarse como salvedad lo ocurrido durante los primeros 40 años de esa historia, cuando docenas de mujeres fueron selladas por la eternidad a más de un líder prominente en forma sucesiva, incluyendo algunas con matrimonios civiles vigentes con miembros o no miembros.

Para obtener una cancelación (mal llamada “divorcio del Templo”) una mujer debía obtener el permiso escrito de la Primera Presidencia, la autorización de su anterior esposo y estar en la condición de que un nuevo hombre desease sellarse con ella. Si no, dicha cancelación no prosperaría. En esas circunstancias, las únicas opciones disponibles eran un divorcio civil y un nuevo matrimonio civil. Las razones doctrinales esgrimidas eran que, para obtener la salvación, la mujer necesitaba estar “bajo el paraguas protector” de un sellamiento a un hombre.

Los trámites burocráticos eran lentos, penosos, y, en muchas ocasiones, no se llegaban a realizar. Una mujer divorciada al descubrir que su esposo era gay necesitó más de tres años de intenso trabajo y papeleo para obtener la cancelación y volver a sellarse en el Templo.

Los casos de los hombres eran manejados de modo bastante distinto. Un hombre viudo o divorciado no necesitaba cancelación del sellamiento ni autorización de su ex pareja para proceder con una nueva unión eterna. Por más que se esgrimiesen argumentos aparentemente teológicos, la inequidad era bastante manifiesta. Esta situación duró por los primeros 170 años de nuestra historia hasta que en Enero de 1999 fue modificada.

Para tomar el pulso de lo que ocurría en los años previos (sobre los que jamás leeremos mucho en material oficial de la Iglesia) permítaseme compartir un artículo periodístico de Febrero de 1999 por Andrea Moore Emmett, (“Only for Eternity,”  1/02/99 en http://weeklywire.com/)

Antes de pasar a analizarlo, dos pequeñas aclaraciones. Primera: Creo que es muy informativo leer y escuchar lo que otros piensan y observan sobre nosotros. Las opiniones externas no siempre son mal intencionadas ni “anti-mormonas” y, en ocasiones, nos revelan aspectos que, al estar inmersos en una cultura e ideología definidas, no podemos ver. Segunda: El motivo del artículo se originó en la entrevista de Larry King al Presidente Hinckley en la cual, al preguntársele si la Iglesia continuaba practicando la poligamia, respondió rotundamente que no. Muchos miembros, ex miembros y no miembros salieron al cruce afirmando que se continuaba practicando lo que se ha denominado “poligamia eterna”, “poligamia eclesiástica” o, para los más suspicaces, “poligamia encubierta”. Algunos periodistas comenzaron a investigar la cuestión. Curiosamente, el siguiente informe salió exactamente 30 días después de que la Iglesia había modificado su política con respecto a los trámites de las hermanas:

“Los fieles Santos de los Ultimos Días se casan en templos mormones a lo largo de todo el mundo. Los miembros creen que esos matrimonios son “sellados por el tiempo y toda la eternidad”. Una cancelación del sellamiento es considerado un acto muy serio que los miembros son aconsejados a no buscar, aún después de obtener un divorcio legal… Si ocurre un divorcio civil, a un hombre se le autoriza a casarse nuevamente en el templo “por la eternidad”, mientras que una mujer sólo puede estar sellada a un hombre por vez. En el caso de muerte de una de las partes, los sellamientos raramente se rompen. Tras la muerte del hombre en la pareja, una mujer no puede sellarse a un segundo esposo; los hijos nacidos en un subsecuente matrimonio civil son sellados al primer esposo, en vez de al padre biológico.

Dale Bills (vocero de la Iglesia) reconoce que en algunos casos, dentro de las ceremonias del templo por los muertos, los familiares han sellado a una mujer fallecida con varios maridos que tuvo en su vida, sin saber a cuál de ellos escogerá. “En tal caso, el libre albedrío prevalecerá”, dice el vocero.

A las mujeres mormonas siempre se les ha requerido obtener permiso de sus ex compañeros y de la Primera Presidencia de la Iglesia, y también lograr una cancelación de sellamiento, o “divorcio del templo”, antes de permitírsele volver a casarse en una ceremonia del templo. De todos modos, la política de que una mujer esperase a obtener la cancelación del sellamiento hasta que otro hombre quisiese desposarla en el templo ha cambiado recientemente. A partir del 1 de Enero, es ahora posible que una mujer reciba un divorcio del templo después de finalizar su divorcio civil y luego de de que estén “resueltos los asuntos legales”. Bills agrega, sin embargo, que estas cancelaciones se manejarán “con cuidado y metódicamente”.

Desde Febrero de 1994, los hombres SUD deben tener permiso de la Primera Presidencia para volver a casarse en el templo, pero no necesitan permiso de sus ex esposas. A los hombres tampoco se les requiere obtener una cancelación de sellamientos previos para casarse “por la eternidad” (como sí se les requiere a las mujeres), permitiendo de ese modo que los hombres acumulen varias esposas para la vida venidera. De todos modos, Bills no ve esto como poligamia eclesiástica. “Antes que nada, no usaría esos términos”, declara. “Debemos ver a las ordenanzas de sellamiento como una promesa que depende de la fidelidad, pero sí, algunos vivirán la poligamia”…

Ed Cox y su esposa Joan comparten muchas experiencias con la poligamia eclesiástica en una mescolanza de enredos y complicaciones provenientes de varios sellamientos en templos mormones. El padre de Cox se casó y selló a una mujer que posteriormente murió, entonces se casó con la madre de Ed y también fue sellado a ella. Su padre finalmente se divorció de la madre de Ed pero permaneció sellado a ella y se casó y selló a otra mujer, de modo que agrupaba tres esposas por las eternidades, dos de las cuales estaban vivas. Mucho antes de su matrimonio con Joan, Ed Cox se casó y selló en el templo a su primer esposa. Se divorciaron después de 37 años. Ella solicitó una carta de Ed para obtener el permiso de cancelar su sellamiento en el templo, para poder ser sellada a su actual esposo, quien ya está sellado a dos mujeres previas, una de las cuales aún está con vida.

Joan también estuvo previamente sellada en el templo a un hombre con el que estuvo casada por 36 años. Durante algún tiempo de su vida de casados, él fue obispo. “Nunca podría solicitar una cancelación del templo sin su permiso por ser mujer”, explica ella.

Después de su divorcio civil, Joan recibió un llamado del obispo de su ex esposo informándole que él volvería a casarse nuevamente en el templo. “Deseaba que escribiese una carta sobre el divorcio, de modo que le pregunté que obtendría yo a cambio, ya que él bien podía ir al templo sin mi carta”, recuerda ella. “Me preguntó qué era lo que yo deseaba y cuando le respondí que era la cancelación de mi sellamiento, dijo ‘Eso es imposible’”. El obispo le explicó que podría obtenerla algún día – si otro hombre desease sellarse a ella en el templo.

“En otras palabras, era como una transferencia de propiedad – como si una mujer fuese un automóvil. Y aunque mi ex esposo arrastraba serios problemas morales, jamás escribí la carta, pues es el padre de mis hijos, y no deseaba lastimarlo.”

Joan cree firmemente que, como un miembro adulto de la Iglesia, ella debería haber tenido la posibilidad de llevar la sentencia de divorcio a su obispo y solicitar una cancelación del sellamiento sin ninguna otra pregunta o explicación…

DeeVie (una ex mormona, ya abuela) explica que sus hijos sufren significativamente los efectos de la poligamia eclesiástica. “La nueva esposa de mi ex esposo siente que ella posee a mis hijos, y a ellos les moleta mucho. Todo es sobre posesión.”, dice. “En la iglesia, la creencia de su nueva esposa es que, si yo no me arrepiento, regreso a la iglesia y hago lo que me dicen, ella tendrá a mis hijos en el más allá y yo no estaré”.

De acuerdo con DeeVie, su esposo era dominante, abusivo y se involucró en varios romances durante sus 40 años de matrimonio, pero le fue dicho que lo “perdonara 70 veces 7”. Después de los primeros 20 años, lo abandonó brevemente y buscó consejo de un poseedor del sacerdocio quien le recomendó que regresase y apoyase a su esposo. “Me dijo que si él no me trataba bien, yo sería entregada a un hombre más digno en el más allá. Como si yo fuese una de las vacas. Perdoné nuevamente y pretendí que todo estaba maravilloso. Por supuesto, usaba antidepresivos.” Pasaron otros 20 años  hasta que decidió que ya era bastante. El día después de la sentencia de divorcio, su ex esposo volvió a casarse en una ceremonia del templo…”

Algunas ineludibles reflexiones. Hoy, una hermana con su sentencia de divorcio civil en mano puede acudir a su Obispo, quien le ayudará a obtener de modo bastante rápido y positivo una cancelación de su sellamiento en el Templo. La misma regla rige básicamente para los varones. ¿Qué ocurrió con el imprescindible “paraguas masculino”? ¿Qué pasó en los 170 años anteriores? Aparentemente, los fieles Santos de los Ultimos Días no se hacen ese tipo de preguntas.

Un mormón bien adaptado no se cuestiona cosas. El Señor quiso que por 170 años las mujeres en su Iglesia fuesen tratadas con inequidad. Estuvo bien. El Señor desea que en los últimos 15 sean tratadas mejor. Está bien. Lo pasado pasó. No hay que mirar atrás. No hay conclusión que sacar ni lección que aprender.

Yo, que debo haberme perdido algunas clases de ese curso de adaptación, sí me hago preguntas. ¿El Señor quiso que las cosas fueran así por 170 años? ¿La institución Iglesia está inmersa en una sociedad cambiante en sus percepciones y afirmaciones y se ve afectada por ella? Cuando el Hermano Bills habla (especula) sobre que los sellamientos múltiples de una mujer se resolverán con la aplicación del libre albedrío ¿de qué libre albedrío habla? ¿del de ella? ¿no se tomarán en cuenta los libres albedríos de sus varios esposos?

Si cuando las mujeres protestan, al mejor estilo de Maala, Noa, Hogla y Hermanas Asociadas, el Señor las escucha y responde a través de las Autoridades, al mejor estilo de Moisés (y tal cosa parece confirmada en temas como los trámites de cancelación de sellamientos y las oraciones en las Reuniones Sacramentales y, finalmente, Conferencias Generales) ¿no continúa siendo la protesta una forma válida de obtener beneficios de género?

Me gustaría que los hermanos varones fuésemos los suficientemente susceptibles como para reconocer los problemas antes de que comiencen las protestas y dar pasos para intentar resolverlos. Pero pareciera que no poseemos esa capacidad, o no somos estimulados a hacerlo…

Por supuesto, en el tema de las dificultades de cancelación de los sellamientos en el pasado, hay quienes opinan que era una definida política para evitar que las estadísticas de divorcios entre quienes se habían sellado en el Templo se dispararan. Evidentemente, si un mismo individuo se casaba dos o tres veces por las eternidades sin necesidad de cancelación de los anteriores sellamientos, figurarían como dos o tres matrimonios exitosos en las estadísticas. Si, por otro lado, se impedía a las mujeres solicitar la anulación (estadísticamente, cero divorcios) hasta que volviera a casarse, los números cerraban bien. Con la aplicación de las nuevas normas (y si tuviésemos estadísticas publicadas al respecto, cosa que no tenemos o no queremos divulgar) descubriríamos que los matrimonios en el Templo tienen un índice de divorcio muy cercano al promedio nacional de cada país.

Pero, para traer un poco de equilibrio a nuestra conversación, permítanme hacer participar a un representante oficial de la Iglesia, el hermano Michael Otterson, Director General de Asuntos Públicos. Reaccionando frente a los comentarios de varios blogs, particularmente los de activistas de los derechos femeninos. Algunos de sus conceptos.

Recientemente, una mujer subió el siguiente comentario a un blog:

‘Por favor, entienda que no todas las mujeres que desean ser vistas en toda su dignidad buscan ser ordenadas en el sacerdocio… Lo que encuentro es que la mayoría de estas mujeres han sido disminuídas y marginadas por alguno (y generalmente, varios) de sus hermanos en la fe. Se les ha dicho que sus ideas no funcionarán. Se les ha dicho que no son importantes. Se les ha dicho que son menos’.

Este punto debe enfatizarse, es decir que las mujeres SUD que se describen como feministas, no necesariamente están buscando una ordenación, sino ser genuinamente valorizadas y tener una voz que sea bienvenida y respetada.

Hay algunas críticas específicas que han surgido en los diversos blogs a las que me referiré aquí:

La Iglesia no desea escuchar sobre mujeres con experiencias dolorosas, no se dirige a ellas y sólo desea escuchar a las que son “ciegamente obedientes”.

Esto no es cierto. Puedo declarar con certeza que ninguno de los líderes principales de la Iglesia desea que cualquier Santo de los Ultimos Días se sienta disminuido o marginado. Sin embargo ¿Ocurre? Sí, por supuesto. En 30.000 congregaciones conducidas por líderes laicos, sería extraordinario si no ocurriese. Servir como presidente de estaca u obispo es demandante y agotador, y en general, logran un notable trabajo. Del mismo modo los innumerables hombres y mujeres que sirven en diversos niveles en los barrios y ramas. Pero todos somos humanos, y, ocasionalmente, decimos cosas de modo torpe o nos falta la suficiente sensibilidad o habilidades del lenguaje o experiencia. La Iglesia es un lugar en el que cometemos errores y luego, tenemos la esperanza de aprender a hacerlo mejor. También es un lugar en el que les permitimos a otros cometer errores y mejorar.

Lo que en realidad necesitamos son líderes y miembros mejor entrenados, y más paciencia, longanimidad, sensibilidad y conducta cristiana de parte de todos nosotros. Los obispos están tremendamente ocupados, pero, como líderes locales, deberían estar particularmente conscientes de cuán fácil es caer en la condescendencia o el desdén cuando una mujer desea más que nada ser escuchada y tener el sentimiento de que ha sido verdaderamente oída.

Pero esta es una conversación bastante diferente de la de ordenar a las mujeres a todos los oficios, desde obispo a apóstol, redefiniendo radicalmente el modo en que Jesús estructuró Su Iglesia. Aquellos de los Doce Apóstoles cuyas responsabilidades incluyen liderar y capacitar están muy conscientes de estos desafíos y dedican mucha energía a enfrentarlos… Aunque la Iglesia ha crecido mucho, la Primera Presidencia y los Doce se mantienen al tanto de los temas actuales y continuamente viajan  e interactúan con los santos. Tales asignaciones invariablemente los ponen en contacto con miembros comunes de diversa extracción y pensamiento, no sólo con líderes. La Primera Presidencia y los Doce hablan a menudo de esas experiencias, y de lo que aprendieron en esos encuentros. Al regresar, esa interacción es a menudo compartida y una formidable base de conocimiento se va acumulando a lo largo del tiempo, especialmente si consideramos la experiencia de toda una vida de los Hermanos. Lo mismo vale para las hermanas que lideran en la Iglesia, quienes se reúnen individualmente en las casas de miembros, llevan a cabo capacitaciones grupales e innumerables conversaciones con hombres y mujeres mientras viajan por el mundo.

Tampoco son las Autoridades Generales inmunes a los desafíos que puedan surgir en sus propias familias, con hijos y nietos, sobrinos y sobrinas. Una de las mayores bendiciones de la Iglesia es que tenemos líderes que experimentan las mismas tribulaciones que el resto de nosotros. No están al margen.

Adicionalmente, varios cuerpos de la Iglesia, tales como los departamentos Misionales y del Sacerdocio, constantemente acercan información a los líderes de la Iglesia mediante canales más formales como los concilios en los que los apóstoles participan. Ciertas entidades de la Iglesia como Asuntos Públicos y la División de Investigación e Información de la Iglesia específicamente buscan opiniones de los miembros.

Un ejemplo: hace algunos años Asuntos Públicos invitó a tres grupos de mujeres, todas activas Santos de los Ultimos Días, incluyendo feministas, para venir a discutir por varias horas sus preocupaciones. Utilizo aquí el término “feminista” no para implicar campañas o activismo político sino simplemente para describir a aquellas que desean promover los intereses de la mujer de variadas maneras. Los primeros dos grupos incluían mujeres casadas y solteras, hogareñas y trabajadoras. Varias en el grupo poseían doctorados. El tercer grupo consistía mayormente de miembros de las presidencias de la Sociedad de Socorr y Mujeres Jóvenes a nivel de estaca, y estábamos particularmente interesados en conocer si existían diferencias de percepción entre estos grupos.

Para construir un entorno de confianza, no informamos con quiénes nos reunimos o los temas que discutimos, aunque ocasionalmente les pedimos permiso para grabar las conversaciones de modo de no perder nada importante. Esto crea una atmósfera segura para conversaciones transparentes. Durante varias horas una mujer de nuestro staff facilitó la conversación, y yo, sentado, escuché la mayor parte del tiempo. Les aseguro que esas mujeres no eran para nada tímidas. Aprendimos muchísimo, y esos hallazgos ya han sido compartidos con integrantes de los Doce individualmente y en los apropiados concilios. Ese tipo de conversaciones continúan bajo similares condiciones para promover una honesta discusión.

No existe un lugar en el que aquellas mujeres que no se sienten seguras en sus barrios puedan tener una conversación sobre sus experiencias negativas y en el que no sean vistas como subversivas.

Esta es una cuestión seria y creo que es el tipo de discusión que los Hermanos valoran al tratar de comprender las preocupaciones de los miembros. Mi consejo es ser paciente, y confiar en aquellos que sostenemos como apóstoles y profetas así como en el proceso de revelación.

Como ya dijimos, la mayoría de los obispos, presidentes de estaca y líderes locales, hacen un notable trabajo. En ocasiones, los hombres y mujeres en los barrios se ofenden cuando reciben un consejo. Y, sí, a veces no manejamos bien las cosas.

Primero, a los líderes locales se les debe dar la oportunidad de escuchar. Si son abordados sinceramente y con oración, la mayoría lo hará.

Segundo, todo miembro, ya sea hombre o mujer, debería iniciar esas entrevistas con el deseo de recibir consejo tanto como entregar un mensaje.

Tercero, todo barrio tiene también una presidencia de la Sociedad de Socorro. Si bien los temas de dignidad personal permanecen entre el miembro y el Obispo, que es el “juez común”, otros asuntos de preocupación para una mujer pueden tratarse privadamente con los fieles miembros de la presidencia de la Sociedad de Socorro u otros líderes locales. Sin funcionar como abogados, tales confidentes pueden no sólo ofrecer consejo, sino también acompañar a una hermana a ver al obispo o al presidente de estaca bajo ciertas circunstancias.

(Una versión completa del artículo del Hermano Otterson en inglés puede hallarse en http://www.ldsliving.com/story/75946-church-pr-spokesman-context-missing-from-the-discussion-about-women)

Creo que los comentarios del Hermano Otterson son sinceros e importantes. Por supuesto, jamás podrán enfrentarse con lo que son las políticas oficiales de la Iglesia, lo cual puede leerse perfectamente entre líneas.

La Iglesia invierte mucho esfuerzo y materiales en capacitar a los miembros y líderes sobre los más diversos aspectos y programas. Aún no he visto el mismo esfuerzo centrado en aquietar y resolver los cuestionamientos de muchas de nuestras hermanas sin que siquiera tengamos que acercarnos al tema del sacerdocio…

“Serán recompensadas con ricas porciones…” – Quinta Parte

Doctrina

     Feminismo

 

“Serán recompensadas con ricas porciones…” 

Quinta Parte

 

“El Sacerdocio no está simplemente centrado en el hombre – o esposo – sino que alcanza su potencial únicamente en la relación eterna del esposo y la esposa compartiendo y administrando estas grandes bendiciones a la familia” (James E. Faust del Quorum de los Doce, hablando a un grupo de psicoterapeutas miembros de la Iglesia  “Psychotherapists, Love Your Wives,” AMCAP Journal (Enero 1981): 4-6, 30-32.)

Por Mario R. Montani

Quizás no estemos demasiado conscientes de ello, pero, en el pasado, muchas mujeres tuvieron funciones en la Iglesia que serían impensables en nuestro actual esquema. En 1876 Emmeline B. Wells fue llamada por Brigham Young para presidir sobre el proyecto de almacenamiento de grano de toda la Iglesia. Se denominó a este proyecto una Misión. Emmeline, quien sintió su tarea equiparable a la de José de Egipto, solicitó el apoyo de las Sociedades de Socorro por lo que Eliza R. Snow la nombró Presidenta del Comité Central de Granos. A nivel local, los Obispos respondían a ese Comité… Emmeline no fue nombrada de modo provisorio o excepcional, sirvió desde 1876 a 1918…

Eliza Snow, en 1872, fue apartada para cumplir una misión en Palestina, junto a otros líderes de la Iglesia. El propósito de la asignación era observar las condiciones de los países que visitara para analizar las posibilidades de introducir el Evangelio. Una tarea que hoy, sin dudas, se reservaría para una Autoridad General.

Eliza Snow se dirige a las hermanas de la Sociedad de Socorro

Eliza Snow se dirige a las hermanas de la Sociedad de Socorro

Nadie cuestionó la capacidad de estas hermanas o el tiempo fuera del hogar que les requeriría cumplir sus funciones. ¿Trabajaron “fuera de sus casas”? Sin duda. ¿Dejaron hijos y tareas hogareñas en manos de otros? Sin duda. ¿Fueron fieles miembros de la Iglesia? Sin duda…

Pareciera que hemos desarrollado un doble standard de medida. Si la mujer está todo el día fuera de casa por asignaciones de la Iglesia, es un ejemplo que aparece en nuestros libros de historia. Si se ausenta por algunas horas para traer algo más de dinero a la mesa, probablemente sea reprendida de modo tácito en un discurso durante la próxima Reunión Sacramental…

Para comprender el proceso de “desmantelamiento” que sufrieron las organizaciones y actividades de las hermanas, deberemos introducirnos en el espíritu de cambio que apareció en la sociedad y la Iglesia en la última década del Siglo XIX y las primeras del Siglo XX.

Desde la publicación del Primer Manifiesto en 1890 y por los siguientes treinta años, la Primera Presidencia y el Quorum de los Doce redefinieron y modificaron muchas de las doctrinas y prácticas que habían sido centrales en los 60 años anteriores (Poligamia, sellamiento a Autoridades, ordenanzas del Templo, establecimiento del Reino Político de Dios, inmediatez del Milenio, etc, etc) La relación de la mujer y el sacerdocio fue una más de esas modificaciones.

Sin embargo, en ocasiones, los cambios fueron lentos y parciales. Tomemos como caso testigo la unción de los enfermos con aceite consagrado por parte de las mujeres. ¿Por qué en la década de 1940 continuaban haciéndolo si ya las Autoridades habían redefinido el rol de la mujer en la Iglesia?

Primero: porque la práctica original era ungir a las personas en los sectores del cuerpo afectados e incluso dar a beber el aceite para fortalecer los órganos internos. Segundo: el rol social de la mujer era fácilmente asimilable al de una enfermera con poderes curativos especiales. En la época victoriana, las mujeres recibían entrenamiento especial de parte de las comadronas y doctoras para asistir a las parturientas en caso necesario. En esa misma época hubiera sido impensable que un hombre colocase sus manos sobre zonas privadas de una mujer, especialmente en conexión con embarazos, partos o ‘problemas femeninos’. Eso obligaba a que las hermanas continuaran actuando “como sacerdotisas” aunque declaradamente “ya no eran sacerdotisas”.

En Diciembre de 1935, la Primera Presidencia y el Obispado Presidente analizaron un informe del Apóstol John A. Widtsoe proponiendo que los misioneros pudieran ungir solamente la cabeza. Pero rechazaron el cambio considerando que “si un enfermo desea ser ungido por los Elderes en la región afectada, así debe realizarse, e incluso permitírsele beber un poco de aceite consagrado”.

Sin embargo, a lo largo de la década, la nueva fórmula se comenzó a imponer. Una vez que los Elderes comenzaron a realizar las unciones y sellamientos sobre la cabeza de los hombres, no había razones por las que no pudieran hacerlo también sobre la cabeza de las mujeres. De allí que en 1946 llega la prohibición de la que ya hablamos anteriormente…acabando con más de un siglo de administración femenina a los enfermos.

Sociedad de Socorro en la segunda mitad del Siglo XIX

Sociedad de Socorro en la segunda mitad del Siglo XIX

Las modificaciones en la doctrina y práctica del evangelio trajeron consigo la revisión de algunos textos fundamentales. Por ejemplo, la History of the Church, una obra oficial compilada por B. H. Roberts en 1902 en 7 volúmenes, eliminó toda referencia de Joseph Smith a la mujer y el Sacerdocio. Donde el Profeta dijo “haré de esta Sociedad (hablándole a los miembros de la Sociedad de Socorro) un reino de Sacerdotes…” se tradujo “haré de esta Iglesia … un reino de Sacerdotes”. Las minutas de la Sociedad de Socorro fueron bastante alteradas para quitar  toda idea de concesión de autoridad.

Recién durante la segunda mitad del siglo XX, gracias al trabajo de historiadores miembros y no miembros, y en siglo XXI, gracias a los Joseph Smith Papers, pudieron los mormones actuales tomar conocimiento de las promesas extendidas por el Profeta a las mujeres de la Iglesia.

Para adquirir conciencia de cuál ha sido el consenso sobre este tema entre las Autoridades, permítanme relatarles lo siguiente. En 1992 se conmemoró el Sesquicentenario de la organización de la Sociedad de Socorro. El Museo de Arte e Historia de la Iglesia organizó una muestra retrospectiva. En uno de los paneles se mostraban algunas citas de Joseph Smith con relación a la Sociedad de Socorro (permítaseme aclarar que se trataba de las versiones edulcoradas de History of the Church, no las de las Minutas de la Sociedad de Socorro, hoy disponibles). Loren C. Dunn, uno de los Presidentes de los Setenta, hizo que el panel fuese retirado explicando que “no podría justificar las citas frente a sus superiores” (Salt Lake Tribune, 11 de Abril 1992, A-10) ¿¿¿¿????

¿Los hombres se sienten amenazados?

Pareciera ser que, para algunos varones SUD, la perspectiva de tener mujeres con autoridad dentro de la Iglesia sería intolerable. Hartman Rector, Jr, presidiendo sobre el Primer Quorum de los Setenta, en una carta personal a la esposa de Teddie Wood, del 29 de Agosto de 1978, afirmó que si la porción femenina de la humanidad recibiera el sacerdocio, entonces:

“El hombre estaría tan por debajo de la mujer en poder e influencia que no habría casi propósito para su existencia, … de hecho, probablemente sería comido por la hembra como en el caso de la Araña viuda negra” (Utah Women’s Issues, 1970-1980, Western Americana, J. Willard Marriott Library, Universidad de Utah)

Boyd K. Packer en 1983 también creyó oportuno señalar que todo esposo mormón:

“necesita sentirse dominante… Jóvenes hermanas, si le quitan ese rol, que él necesita, ustedes reducen su masculinidad” (Come All Ye Sons of God, Ensign Agosto de 1983, pag. 68)

A pesar de las objetables descripciones de nuestras hermanas como castradoras, reductoras de la masculinidad y viudas negras, afortunadamente el Presidente Kimball trajo un poco de equilibrio en una sesión del sacerdocio de la Conferencia General.

“Nuestras hermanas no desean que las consintamos o que las tratemos con condescendencia; desean ser respetadas y reverenciadas como nuestras hermanas y nuestras iguales… Menciono estas cosas, mis hermanos… porque en muchas situaciones, nuestra conducta es de dudosa  calidad” (Ensign Noviembre 1979, pag. 49)

En el mismo año, el Elder Neal Maxwell diría:

“Sabemos tan poco acerca de las razones para una división de tareas entre hombre y mujer como entre la maternidad y el sacerdocio. Fueron divinamente determinadas en otro tiempo y lugar. Nos hemos acostumbrado a centrarnos en los hombres de Dios porque la suya es la línea del liderismo y el sacerdocio. Pero en paralelo a esa línea de autoridad existe una corriente de recta influencia que refleja a las notables mujeres de Dios que han existido en todas las épocas y dispensaciones, incluyendo la nuestra”. (Apóstol Neal A. Maxwell, Women of God, 1979, pag. 94)

El Sacerdocio existe de modo independiente a los llamamientos y oficios en la Iglesia, pero esos oficios y llamamientos son “apéndices” que no pueden existir sin el sacerdocio. Esto fue claramente establecido por varios Profetas de la última dispensación…

De acuerdo a lo enseñado por Joseph Smith a la Sociedad de Socorro y en el Quorum de los Ungidos, una mujer recibe una porción del Sacerdocio de Melquisedec cuando es investida, lo cual no significa que reciba un oficio particular dentro de ese Sacerdocio. Es decir, no necesariamente tiene que ser una diaconisa, maestra, presbítera o élder para tener una porción del Sacerdocio. Este suele definirse como las llaves, autoridad y poder para actuar en nombre de Dios. Pero existen dos áreas diferentes en las que dicho poder se ejerce: en el ritual y en la administración. Las hermanas que trabajan en los Templos, en cierto modo, ejercen el aspecto ritualístico de ese poder, pero en cuanto al área administrativa, no son tenidas en cuenta.

También hablamos del sacerdocio como el divino derecho, privilegio y poder de servir a otros. Si es así, las mujeres han ejercido ese divino derecho y privilegio por más de un siglo en su servicio tanto fuera como dentro de la Iglesia.

Jacob Baker, en su blog All Eternity Shakes: Letters From the Vineyard .

(http://lettersfromthevineyard.wordpress.com/2013/12/09/on-being-needed-vs-being-necessary-some-thoughts-on-women-priesthood-and-responsibility/), ha escrito un muy interesante editorial del cual me permito tomar algunos párrafos:

“Nos ocasionamos un perjuicio cuando insistimos, como lo hacen algunos, con que las políticas de poder no juegan ningún rol en nuestra institución. Aunque creemos que la Iglesia fue instituida por Dios y sus líderes pueden recibir, y de hecho reciben, guía divina como ayuda, es, sin embargo, una institución humana dirigida y poblada por seres humanos. Creo que esta es la subyacente defensa teológica del status quo, que si Dios quiere que algo cambie, Dios hará que ocurra; por lo tanto, el género de quien toma las decisiones es insignificante pues, como mayordomos del poder de Dios, simplemente recibirán divina instrucción y todo estará bien, todas las heridas serán eventualmente sanadas, todos los problemas resueltos en el debido tiempo del Señor. Sin embargo, parece muy evidente (basado tanto en la experiencia personal como en la abundante evidencia pública) no sólo que los líderes de la Iglesia (y del sacerdocio) toman decisiones que no están basadas en clara revelación como un método regular, sino que poseer el sacerdocio hace que sea obligatorio y correcto que a menudo lo deban hacer. En otras palabras, el sacerdocio no convierte a sus poseedores en receptáculos pasivos de una corriente constante de revelación divina, sino que los hace responsables de tomar decisiones de su propia voluntad y sabiduría, con la esperanza de ratificación divina. ¿Cómo puede ser que no incluyamos a las mujeres en este proceso? ¿Cómo podemos no dotarlas de poder como portadoras de esa responsabilidad? Las mujeres no podrán ser vistas como totalmente humanas hasta que una plenitud de responsabilidad y compromiso sean suyos. Aquí es donde la cargada retórica de modestia, colocación en un pedestal, y singularidad y especialización de género están mutuamente interconectadas – en la hermosa y terrible bendición y carga de la responsabilidad y compromiso cultural, institucional y religioso, o en la falta de ellos… La responsabilidad es lo que está realmente en discusión con este tipo de poder y es lo que queremos significar con “igualdad”. Responsabilidad es la decisiva e irrevocable diferencia entre llegar a ser ángeles o dioses”.

Hermanas asistentes a una Conferencia de la Sociedad de Socorro en la actualidad

Hermanas asistentes a una Conferencia de la Sociedad de Socorro en la actualidad

Tras muchos años de confrontación y mutuas descalificaciones, la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días (actualmente la Comunidad de Cristo) y nuestra Iglesia han intercambiado información histórica importante. Dicha información, particularmente las declaraciones de Joseph Smith a las mujeres, ha llevado a que la Iglesia Reorganizada aceptara integrantes femeninos en su Sacerdocio a partir de 1984.

La Iglesia Católica, por otro lado, tiene una larga tradición de exclusión de la figura femenina:

“En la Iglesia se entiende por mujer a quien obra de manera mujeril o boba” (Haimo d’Auxerre – Siglo VIII)

“La mujer no puede recibir órdenes sagradas porque por su naturaleza se encuentra en condiciones de servidumbre” (Graciano – Siglo XII)

“Como el sexo femenino no puede significar ninguna eminencia de grado, porque la mujer tiene un estado de sujeción, por eso no puede recibir el sacramento del Orden” (Santo Tomás – Siglo XIII)

La teóloga católica Margarita Pintos ha reflexionado:

“Con este argumento se apela a que Jesús eligió libremente doce varones para formar su grupo de apóstoles. Esto es cierto, pero también es importante tener en cuenta que además de varones eran israelitas, estaban circuncidados, algunos casados, etc, y sin embargo, el único dato que se presenta como inamovible es el de que eran varones, mientras que los demás datos se consideran culturales…” (El ministerio ordenado de las mujeres” – Tiempo de Hablar 44-45, pag. 39-40, 1990)

El argumento es inapelable. Todos los demás rasgos sociales cambiaron. Hoy a nadie se le ocurriría que para ser un ministro cristiano haya que ser de origen israelita o deba estar circuncidado. Varias religiones cristianas rechazan el matrimonio de su clero. ¿Por qué todas esas particularidades pudieron cambiarse y el sexo del ordenado no?

Los Bautistas Americanos comenzaron a ordenar mujeres en 1964, los Anglicanos en 1974, la Iglesia Episcopal en 1976, la Evangélica Luterana en 1970 y la Iglesia de Inglaterra en 1992. Muchas más se han ido sumando desde entonces…

Lo que creo

Después de haber compartido todas estas voces mormonas y no mormonas que nos llegan desde el pasado y desde un más apremiante presente, me permito algunas reflexiones personales.

Creo que existen razones doctrinales e históricas para que la mujer tenga una participación más plena en la administración y toma de decisiones de la Iglesia. Creo que es obligación de todos los miembros ser más perceptivos de las necesidades que nuestras hermanas tienen y escucharlas mucho más. Como alguien ha dicho, nos resultan imprescindiblemente “necesarias” para que la Iglesia funcione, sin embargo, no las “necesitamos” para tomar decisión alguna, aunque esas decisiones involucren su posición, su actividad o su rol.

No estoy demasiado de acuerdo con las actitudes de los grupos feministas extremos. No creo que llevar pantalones a las Reuniones Sacramentales o intentar ingresar a las Sesiones del Sacerdocio de las Conferencias sean métodos productivos, aunque, debo reconocer que, como actos simbólicos, han hecho que el tema sea presentado ampliamente en sociedad. Las reacciones virulentas de otros miembros (masculinos y femeninos) a esas actitudes en las redes virtuales también me han producido cierta preocupación sobre el tipo de comunidades que hemos ayudado a crear.

No creo que, en lo inmediato, las Autoridades producirán algún cambio. Primero, porque no será fácil reconocer que se han alterado registros importantes de los fundadores de nuestra religión y que ha habido una constante actitud de callar (excomuniones y sanciones), modificar (redefinición de roles) y apartar (no inclusión en ningún comité de toma real de decisiones) a la mujer. Segundo, porque en este particular momento histórico de las religiones, la Iglesia ha formado una importante coalición junto a la Iglesia Católica y el Protestantismo Ortodoxo para frenar el avance del liberalismo en áreas como matrimonio igualitario, definición de familia, aborto y uso de drogas. Ninguno de estos otros grupos religiosos acepta la idea de otorgar el sacerdocio al sector femenino de sus congregaciones. No creo que la Iglesia esté dispuesta a romper esa unidad momentánea…

De modo que es muy posible que yo no llegue a ver el cambio. Sin embargo, estoy absolutamente convencido de que ocurrirá… y de que todos, aún desde nuestra mínima área de incumbencia, deberemos ayudar a que ocurra.

El recientemente fallecido escritor Gabriel García Márquez propuso hace años:

“Creo que las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate, mientras los hombres tratan de empujar la historia. Al final, uno se pregunta cuál de las dos cosas será la menos insensata…”

Si cambiáramos “mundo” por “iglesia” e “historia” por “autoridad”, la frase continuaría teniendo sentido…

“Serán recompensadas con ricas porciones…” – Cuarta Parte

DOCTRINA

     Feminismo

 

“Serán recompensadas con ricas porciones…” 

Cuarta Parte

“Cada tanto y repetidamente escuchamos a hombres hablar burlonamente sobre las mujeres y demasiado ligeramente sobre sus obligaciones públicas, en vez de apoyarlas y estimularlas… También hay algunos que observan celosamente los movimientos de las hermanas como si ellas pudieran venir a quitar algunos dones y se muestran temerosos de que vengan a arrebatar alguna bendición del evangelio que sólo los hombres deberían tener… Por causa de esta envidia, algunos no desean otorgarles nada que pueda elevarlas y hacer que sus talentos brillen como hijas de Eva y Sara.” (El Apóstol Franklin D. Richards, 1 de Septiembre 1888, Woman’s Exponent 17, pag. 53)

a-tall-dark-stranger

Por Mario R. Montani

Los celos, el temor, la envidia y la burla, según el Apóstol Richards en su discurso de hace más de 120 años, están en la base de la histórica actitud social mormona hacia la mujer. Si bien muchas cosas buenas y malas han ocurrido con nuestras hermanas entre esa época y la nuestra, creo que sus comentarios mantienen cierta vigencia…

Sobre Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa

El Antiguo Testamento tiene otro interesante ejemplo acerca de las mujeres; sobre la importancia de peticionar aunque el pedido parezca “contra la corriente” y de cómo la respuesta a ese pedido puede no sólo beneficiarlas a ellas sino a todas sus congéneres de allí en adelante. Las mujeres no solían recibir herencias de sus padres en los pueblos semíticos. Heredaban los varones, tradición social aún vigente en muchas regiones del globo. Pero, según nos relata Números en su capítulo 27: 1-8

 Y vinieron las hijas de Zelofehad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de Manasés hijo de José, los nombres de las cuales eran Maala, y Noa, y Hogla, y Milca y Tirsa; y se presentaron delante de Moisés, y delante del sacerdote Eleazar, y delante de los príncipes y de toda la congregación, a la entrada del tabernáculo de reunión, y dijeron:

Imaginemos a estas audaces mujeres, contraviniendo todas las normas establecidas y reclamando frente a las autoridades políticas y religiosas de su pueblo.

“Nuestro padre murió en el desierto; y él no estuvo en el grupo de los que se reunieron contra Jehová en el grupo de Coré, sino que en su propio pecado murió, y no tuvo hijos. ¿Por qué será quitado el nombre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre.”

¡Qué descaro! Insistir con algo que no les correspondía… Mas tenían frente a sí a un Profeta comprensivo (que quizás conservaba aún fresca su deuda de vida con Séfora)

 Y Moisés llevó su causa delante de Jehová. Y Jehová respondió a Moisés, diciendo: Bien dicen las hijas de Zelofehad. Les darás la posesión de una heredad entre los hermanos de su padre, y traspasarás la heredad de su padre a ellas. Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cuando alguno muera sin hijos, traspasaréis su heredad a su hija.

Si estas descendientes de Manasés no hubiesen insistido, ni ellas ni ninguna mujer en Israel jamás habría heredado… Sólo había que preguntar. Y cuando alguien pregunta hay que escuchar atentamente, no descartar la pregunta como impropia…¿Fueron  Maala, y Noa, y Hogla, y Milca y Tirsa proto feministas? Sin duda, lo fueron…

Las mujeres no son “hombres que salieron mal”, son perfectibles hijas de Dios, como los varones son perfectibles hijos del mismo Dios. Sin embargo por siglos se discutió si en realidad poseían alma. Por milenios aún las más importantes tradiciones religiosas diluyeron y suprimieron los aspectos femeninos en su ritual. El pueblo elegido, tan adelante como en la época de Jesús, no permitía que estudiaran la Torah.  En las oraciones matutinas y en el quórum necesario para dichas oraciones no eran tenidas en cuenta, con el mismo status que los niños, los esclavos y los locos.

Con la Restauración del evangelio, el Profeta Joseph Smith deseaba traer un alivio a las injusticias e inequidades sufridas por el género femenino.

Para quien aún conserve dudas sobre las verdaderas intenciones del Profeta a pesar de lo ya presentado previamente en este texto, una nueva cita. Esta vez de su diario privado, también denominado Libro de la Ley del Señor, refiriéndose a las instrucciones dadas a las hermanas el 28 de abril de 1842:

“Di un discurso sobre el sacerdocio, mostrando cómo las Hermanas tendrían posesión de los privilegios, bendiciones y dones del sacerdocio, y que las señales las seguirían, tales como sanar a los enfermos, echar fuera demonios, etc, y que alcanzarían estas bendiciones por una vida y conversación virtuosa así como diligencia en guardar los mandamientos”.(Book of the Law of the Lord, 28 de abril 1842, también Dean C. Jessee, The Papers of Joseph Smith, Vol. 2, pags. 378-379, Salt Lake City, Deseret Book, 1992)

En esa misma ocasión, Joseph prometió a las hermanas que “las llaves del reino estaban a punto de serles dadas para que pudieran ser capaces de detectar todo lo falso, así como los Elderes” (Minutas de la Sociedad de Socorro de Nauvoo, 28 de Abril 1842, pag. 38, también Ehat and Cook, Words of Joseph Smith, pag. 117)

No es mi deseo repetir innecesariamente citas sobre el mismo tema, pero quisiera dejar en claro que no se tratan de expresiones excepcionales o aisladas. Existen cientos de ellas y sólo he seleccionado las que me parecieron más representativas:

“Serás bendecida con el conocimiento de los misterios de Dios así como con la plenitud del Sacerdocio”  (Hyrum Smith, bendición patriarcal a Olive G. Frost, 17 de Septiembre 1843, Archivos de la Iglesia)

En la ordenanza de la segunda unción los participantes eran “ordenados Rey y Reina, Sacerdote y Sacerdotisa del Más alto Dios por el Tiempo y toda la Eternidad” (Phinehas Richards, diario, 22 de Enero 1846, Archivos de la Iglesia, también Juvenile Instructor 15, pag. 111, 15 de Mayo 1880)

La mención de “por el Tiempo” indica que no se refiere a una posterior época sino a esta etapa mortal en la que el “tiempo” existe.

Sobre estos eventos, el Primer Consejero de Joseph Smith, Sidney Rigdon, comentaría más adelante:

“Emma fue aquella a quien el sacerdocio femenino fue otorgado por primera vez”. (Junio 1868, Sidney Rigdon a Stephen Post, Archivos de la Iglesia)

Bathseheba W. Bigler Smith, una de las integrantes del Quorum de los Ungidos manifestó, refiriéndose a Joseph Smith: “Dijo que había dado instrucciones a las hermanas para que pudiesen administrar a los enfermos, y que él deseaba convertirnos, como a las mujeres en los días de Pablo, en un reino de sacerdotisas”. (Declaración de Bathsheba W. Smith del 9 de Junio 1905, minutas de la Sociedad de Socorro de la Estaca Pioneer, Archivos de la Iglesia)

En febrero de 1844 el patriarca John Smith (hermano menor de Joseph) estableció que algunas mujeres tenían derecho al sacerdocio por su linaje:

“Eres de la sangre de Abraham por los lomos de Manasés y una heredera legal del Sacerdocio” (Bendición Patriarcal de Louisa C. Jackson, 6 de Febrero de 1844, Archivos de la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los SUD)

John Smith continuó con la línea patriarcal que perteneció a Joseph Smith, padre, luego a Hyrum hasta su muerte en Carthage. Por un tiempo (hasta su excomunión) William, otro hermano del Profeta, fue el Patriarca. En 1849, siendo ya un patriarca o evangelista, John fue ordenado Patriarca de la Iglesia, con el status de Autoridad General. Las siguientes bendiciones corresponden a años posteriores a esa ordenación. Es decir, está hablando una Autoridad General…

“… el Sacerdocio que Abraham selló sobre sus hijas…” (Bendición Patriarcal  de Caroline Cottam, 26 de Marzo 1853, Archivos de la Iglesia)

“Sello sobre ti todas las bendiciones de Abraham, Isaac y Jacob, y todo el sacerdocio que fue sellado sobre las hijas de José en la tierra de Egipto…” (Bendición Patriarcal de Elizabeth Bean, 1 Mayo 1853, Archivos de la Iglesia)

Estas citas, junto a muchas otras del mismo período, abren una nueva dimensión al tema, pues descubrimos que el Profeta no estaba inaugurando una etapa novísima sino realmente “restaurando” un poder que existió desde antiguo.

De acuerdo con Heber C. Kimball, Primer Consejero de B. Young:  “¿Estaba cualquier mujer calificada para criar a ese niño (Jesús)? No. Ustedes encontrarán que María pertenecía al Real Sacerdocio, que es según el orden de Dios…” (Journal of Discourses 6:125, 1857)

En 1845, Kimball registró los nombres de 23 hombres y 19 mujeres que eran “miembros del Santo Orden del Santo Sacerdocio, habiéndolo recibido durante la vida de Joseph y Hyrum, los Profetas”.

De las mujeres mencionadas, tres de ellas no habían recibido la Segunda Unción, una ordenanza aún existente aunque mucho menos utilizada que en el pasado, y que muchos han interpretado como la ocasión en que las hermanas recibían finalmente la plenitud del Sacerdocio.

Son interesantes algunas bendiciones del Patriarca John Smith a mujeres cuyos esposos no eran miembros:

“Tú tienes derecho al Sacerdocio por herencia de tus Padres y si tu compañero se rehúsa a tomar su lugar y a recibir el evangelio, y tu permaneces fiel, no serás privada del privilegio de que te sea sellado en plenitud en el debido tiempo” (Bendición Patriarcal de Nancy Howd, 16 de Diciembre 1845, Biblioteca Lee, BYU)

“El Sacerdocio en su plenitud te será conferido en el debido tiempo… tendrás  poder sobre tus parientes y amigos, tu esposo e hijos, para conducirlos donde desees si buscas verdadera y fielmente conservarlos en los lazos del nuevo y sempiterno convenio” (Bendición patriarcal de Mehitable Duty, 27 de Diciembre 1845, Archivos Iglesia Reorganizada)

Durante toda la segunda mitad del siglo XIX será posible hallar declaraciones similares por Autoridades Generales y locales en todos los rangos.

Por ejemplo Charles W. Hyde, patriarca de Estaca y último integrante admitido en el Quorum de los Ungidos de Nauvoo en una bendición especial a Mary Ann Dowdle, el 22 de Noviembre 1875 declaró que “eres una hija de Efraim y tienes derecho a la plenitud del Sacerdocio así como tus hijos hasta la cuarta generación”. (Diario de John Clark Dowdle, Archivos BYU).

En 1889 el patriarca Ola N. Liljenquist dio la bendición patriarcal a la misma hermana, en la cual amplió los conceptos doctrinales al reconcer: “Has sido escogida en los mundos eternos para recibir la plenitud del Sacerdocio con coronas y principados y poderes. Eres del linaje de Efraim y heredera de todas las bendiciones por nacimiento y elección” (Diario de John Clark Dowdle, pags. 73-74, Archivos BYU).

my-darling-bride

Esta última declaración plantea algunos cuestionamientos teológicos. En Abraham 3:22-23 se nos explica que el Señor escogió de “entre todas las inteligencias” (sin especificar si eran inteligencias masculinas o femeninas, aunque nuestra tradición y condicionamiento nos hace otorgarles un único género) aquellas que serían sus gobernantes. De Alma 13:3 y otras enseñanzas de Joseph Smith aprendemos que quienes reciben el Sacerdocio en esta vida han sido preordenados para ello en la vida anterior.

Ciertamente, en Septiembre de 1978 había hombres viviendo sobre la Tierra  preordenados para recibir el Sacerdocio, pero por una política existente de la Iglesia no lo podían recibir. ¿Cómo lo sabemos? Porque a partir del mes siguiente comenzaron a ser ordenados y nadie puede serlo, según las escrituras antes mencionadas, sin haber sido ordenado antes de esta vida para ello. ¿Estará ocurriendo algo parecido con las hermanas? ¿Tendremos mujeres que han sido preordenadas y no están teniendo la oportunidad de recibir su ordenación? ¿Será esa una de las razones porque insisten con el tema y anhelan algo que tuvieron y hoy les es negado?

La Declaración Oficial 2 afirma: “La expansión de la obra del Señor sobre la tierra… nos ha inspirado el deseo de extender a todo miembro digno de la Iglesia todos los privilegios y bendiciones que el evangelio proporciona”.

El Presidente Kimball anunció luego: “Oramos a Dios para que nos revele su parecer y siempre lo haremos, pero no esperamos ninguna revelación con respecto a la mujer y el sacerdocio”. (Salt Lake Tribune, 13 de Junio 1978)

¿Será posible que el “no esperar” ninguna revelación condicione una respuesta, a diferencia del “deseo de extender”?

Los muy tradicionalistas Joseph Fielding Smith y Bruce R. McConkie explicaron en Doctrinas de Salvación que:

“Las mujeres no poseen el sacerdocio, pero si son fieles y verídicas llegarán a ser sacerdotisas y reinas en el reino de Dios, y eso implica que se les dará autoridad”. (Joseph Fielding Smith, Doctrinas de Salvación, Compilada por Bruce R. McConkie, Salt Lake City, Bookcraft, 1956, Vol. 3 pag. 178)

Si decididamente tendrán autoridad en el futuro ¿significa que fueron preordenadas para tenerla?

Hay una interesante experiencia relatada en los evangelios. Los Apóstoles, celosos de la autoridad que les ha sido concedida, reprenden a alguien que ni siquiera es un discípulo por arrogarse ese poder. La respuesta de Jesucristo es interesante:

“No se lo prohibáis, porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no está contra nosotros, por nosotros está.” (Marcos 9: 38-41)

¿Deberíamos comenzar a leer también “porque la que no está contra nosotros por nosotros está”?

A pesar de la prohibición de ungir e imponer las manos para la bendición de los enfermos surgida a mediados del siglo XX, muchas hermanas fieles han continuado haciéndolo.

Después de publicar su artículo “A Gift Given, a Gift Taken” (Un Don otorgado, un Don Quitado), en 1981, Linda King Newell recibió decenas de relatos de activas mujeres SUD contándole sus experiencias espirituales con relación a sanar enfermos en su familia y entre sus allegados. Por supuesto que no comunicaban esas experiencias en la Iglesia, en parte por considerarlas sagradas y en parte por la prohibición. Si un hombre contara en una Reunión Sacramental una experiencia personal de ese tipo, sería bien recibida, si lo hiciese una mujer, no…

Para traer un poco de equilibrio al tema, escuchemos las palabras de Spencer W. Kimball:

“El hombre y la mujer son complementarios… En su sabiduría y misericordia, nuestro Padre hizo al hombre y la mujer mutuamente dependientes para el desarrollo completo de su potencial. Al ser sus naturalezas un poco diferentes, pueden complementarse el uno al otro; porque son de muchos modos iguales, pueden comprenderse el uno al otro. Que ninguno envidie al otro por sus diferencias; que ambos puedan discernir qué es superficial y qué es hermosamente básico en esas diferencias y actuar de acuerdo a ello. Y que puedan la hermandad del sacerdocio y la hermandad de la Sociedad de Socorro ser una bendición en las vidas de todos los miembros de esta gran Iglesia, mientras nos ayudamos unos a otros a lo largo del sendero hacia la perfección.” (The Teachings of Spencer W. Kimball, pag. 315)

3ar0039

 

 Las ilustraciones son de Robert Berran

 

“Serán recompensadas con ricas porciones…” – Tercera Parte

DOCTRINA

     Feminismo

 

“Serán recompensadas con ricas porciones…” 

Tercera Parte

Tom Lovell Love in the mist

“Serás bendecida con la porción del Sacerdocio que te pertenece, para que puedas ser apartada para tu unción e investidura” (Hyrum Smith, bendición patriarcal de Leonora Taylor, 28 de Julio 1843, Archivos de la Iglesia)

“Ahora bien, hermanos, el hombre que honra su (‘his’, masculino en el original) Sacerdocio, la mujer que honra su (‘her’,  femenino en el original) Sacerdocio, recibirá una herencia sempiterna en el reino de Dios” (Brigham Young, Journal of Discourses, Vol. 17, pag. 119)

Por Mario R. Montani

Cuando Joseph Smith, hijo, producía las revisiones que hemos conocido como Versión Inspirada de la Biblia, muchas de las cuales tenemos hoy en nuestras Escrituras bajo el título “Selecciones de la Traducción de José Smith” (TJS), se encontró con un obscuro pasaje del Capítulo 4 de Exodo. Su restauración o aclaración del texto original dice lo siguiente:

“Y aconteció que Jehová se le apareció estando él en el camino, junto a la posada. Jehová estaba enojado con Moisés, y su mano estuvo a punto de caer sobre él, para matarlo, porque no había circuncidado a su hijo. Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y circuncidó a su hijo, y echó el pedernal a los pies de Moisés, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre. Y Jehová le perdonó la vida a Moisés y le dejó ir, por haber Séfora, su esposa, circuncidado al niño…” (TSJ Exodo 4:24-27)

Siendo que la circuncisión era una ordenanza, debía ser realizada por un sacerdote, ya que representaba el ingreso al convenio abrahámico, vigente en esa época. ¿Estaba Séfora, hija de Jetro de Madián, poseedor del Sacerdocio de Melquisede, autorizada para realizarla? El texto restablecido por Joseph no sólo parece confirmar ese hecho sino que declara que de ese modo salvó Moisés su vida y pudo ser el libertador de todo Israel. Parece como que las mujeres son y han sido importantes ¿verdad?

Después de la muerte de Joseph Smith, en Junio de 1844, la Sociedad de Socorro dejó de reunirse. Cuando las mujeres reclamaron reasumir sus funciones y congregarse, un Brigham Young bastante parecido al Pedro del Evangelio de María Magdalena respondió:

“Las hermanas… no tienen derecho a entrometerse en los asuntos del reino de Dios… ellas jamás podrán tener el Sacerdocio si no es con sus esposos. Cuando desee que las Hermanas o las Esposas de los miembros de la iglesia organicen la Sociedad de Socorro las convocaré en mi ayuda pero hasta ese momento que se queden en casa y, si ven mujeres agrupándose, yo prohíbo esa iniciativa… y si declaran que fue Joseph quien lo instituyó les diré que es una maldita mentira pues sé que él jamás estimuló eso…” (Seventies Record, 9 de Marzo 1845)

Lamentablemente, Brigham no parece haber tenido cerca ningún Levi que le ayudara a reflexionar y las publicaciones de los Joseph Smith Papers muestran que el equivocado fue él, y que lo que afirmaban las hermanas no era ninguna “maldita mentira”.

Por los siguientes diez años, la Sociedad de Socorro no existió como institución, lo cual no significa que las hermanas no se reunieran para recordar los convenios y promesas hechas a ellas por Joseph Smith, reuniones que tenían lugar, preferentemente, cuando las Autoridades estaban viajando. Eliza Snow había conservado los registros de la Sociedad original y eran motivo de estudio y conversaciones.

Algunas grupos locales comenzaron a trabajar en 1854 y 1855 con la idea de alimentar y vestir a los indios, pero recién en 1866 (22 años después de la desaparición de la primera Sociedad) fue Eliza Snow llamada como Presidenta General de la Sociedad de Socorro, aunque ya desde varios años antes actuaba de facto en tal calidad.

Tom Lovell 1942 The Caribbean Conspiracy

Durante todos esos años de, podríamos decir, “intervención”, las manifestaciones espirituales en reuniones femeninas y familiares continuaban siendo moneda corriente.

Del diario de Eliza Jane Merrick, una converso inglesa, en 1849: “La ungí en el pecho con aceite consagrado y le di un poco para que tomara… Continuó muy enferma toda la tarde; su aliento muy agitado, y la fiebre muy alta. Nuevamente ungí su pecho en nombre del Señor y pedí por sus bendiciones; El tuvo la gracia de escucharme, y en el curso de veinticuatro horas, se encontraba como si nada hubiera pasado” (LDS Millennial Star 2, 1 Julio 1849, pag. 205)

Otras veces, la idea de la mujer manteniendo ciertos poderes se reforzaba cuando esposos y esposas se unían en la bendición de sus familias. Un hijo de Wilford Woodruff, recién ordenado presbítero, iba a comenzar con sus responsabilidades. El futuro Presidente de la Iglesia reunió a la familia y registró en su diario (hablando en tercera persona): “Su padre y su madre (Phoebe Carter Woodruff) pusieron las manos sobre él, lo bendijeron y lo dedicaron al Señor.  (Diario, entrada del 2 de Febrero de 1854)

George Goddard registró un acontecimiento similar en el decimosexto cumpleaños de su hijo, Brigham H.: “Su Madre y yo colocamos nuestras manos sobre su cabeza y pronunciamos una bendición de padres sobre él” (George Goddard, Diary 1875-76, 8 de Septiembre 1875, Archivos de la Iglesia)

En 1857, Guy Messiah Keysor, registró su sellamiento a una nueva esposa, en la Casa de Investiduras. Eliza Snow colocó las manos sobre la cabeza de ella y “profetizó que viviría muchos días, que recibiría sus lavamientos y unciones y mucha salud y que todo ocurriría de acuerdo con su fe. También profetizó concerniente a otros dos integrantes del grupo.” (Guy Messiah Keysor, Reminiscences and Journal, 2 de Enero 1857, pags. 40-41)

Ya en 1907, la Improvement Era publicó la respuesta del Presidente Joseph F. Smith a la pregunta “¿Posee una mujer el sacerdocio con su esposo? ¿Puede imponer las manos sobre los enfermos junto a él con autoridad?”. Hablando a una nueva generación, intentando imponer nuevos criterios, pero reconociendo las prácticas existentes, esta fue la contestación:

“Una esposa no posee el sacerdocio en conexión con su esposo, pero goza de los beneficios del mismo con él; y si se le pide que imponga las manos sobre los enfermos con él, o con cualquier otro oficial que posea el sacerdocio de Melquisedec, puede hacerlo perfecta y apropiadamente. No es inusual que un hombre y su esposa administren en unión a sus hijos, y actuando como portavoz, él puede declarar correctamente y cortésmente: ‘Por la autoridad del sagrado sacerdocio sobre nosotros investida”. (Joseph F. Smith, “Question and Answers,” Improvement Era 10 (Feb. 1907) pag. 308)

Aunque el nuevo concepto es que la esposa no posee el sacerdocio en conexión con su esposo (recordemos que hasta unas décadas antes sí lo poseía siempre que fueran “uno”), el Presidente de la Iglesia reconoce la normalidad de que, ciertas ordenanzas, se hagan en conjunto y se reconozca la participación femenina. Estaremos de acuerdo en que, con el transcurso de los años, eso ha pasado a ser “muy inusual”.

En 1913, y en parte como reflejo de algunas preocupaciones de la Presidenta Emmeline B. Wells, el Presidente Joseph F. Smith, endurece la posición del Sacerdocio sobre la Sociedad de Socorro y, por primera vez, la coloca junto a las organizaciones auxiliares.

“Ninguna de ellas (está hablando de las organizaciones auxiliares pero entre líneas debe leerse Sociedad de Socorro) es independiente del Sacerdocio del Hijo de Dios, ninguna de ellas puede existir por un momento con la aceptación del Señor cuando se apartan de la voz y el consejo de aquellos que poseen el Sacerdocio y presiden sobre ellas. Están sujetas a los poderes y autoridad de la Iglesia y no son independientes de ellos; ni pueden ejercer ningún derecho en sus organizaciones independientemente del Sacerdocio y de la Iglesia; y ahora deseo que lleven con ustedes este concepto a sus hogares – cada uno de ustedes. Si no lo hacen, escucharán cosas aún más fuertes”. (Conference Report, 4 de Abril 1913, pag. 7)

Cuando el Sacerdocio, que sólo puede mantenerse por “longanimidad, paciencia y amor crecido”, se ve impelido a realizar semejantes declaraciones auto referenciales sobre su autoridad es, generalmente, porque las cosas no están tan claras…

El periódico Women’s Exponent que venía publicándose desde 1872 y había permitido el contacto entre miles de mujeres mormonas desaparece en 1914 y es reemplazado al año siguiente por la Relief Society Magazine, una publicación oficial de la Sociedad de Socorro.

Las hermanas, que por varios años habían sido estimuladas a recibir entrenamiento médico profesional en el Este, establecen el Hospital Deseret. También se organiza la Primaria, totalmente a cargo de mujeres.

En 1916, las Maestras Visitantes comienzan a dar un mensaje sobre el evangelio en los hogares. También recogen las contribuciones de los miembros, lo cual continuarán haciendo hasta tan adelante como 1944. Por supuesto, eso sería impensable hoy, cuando ha pasado a ser una intransferible función del Sacerdocio Menor, pero es bueno conocer cómo se escribió la historia…

En 1918, al terminar la Primer Guerra Mundial, la Sociedad de Socorro vende al gobierno de los EEUU 200.000 fanegas de trigo (alrededor de 6.000 toneladas). ¿Podemos imaginar hoy a la Sociedad de Socorro negociando directamente con un poder político? El Plan de Bienestar de la Iglesia recién se organizaría en 1936.

De modo que, miremos hacia donde miremos, nuestras hermanas nos llevaron la delantera por décadas. Por eso suena bastante ridículo que en los años ‘70 un boletín del Sacerdocio explique que está bien que las Maestras Visitantes oren en los hogares. ¡Lo habían estado haciendo por más de un siglo, mientras recogían las contribuciones y eran casi el único nexo con los obispados!

tOM Lovell 029

Pero el péndulo comenzaba a dirigirse al otro extremo. En 1956, el Apóstol Marion G. Romney, hablando en la Conferencia General sobre los dones espirituales, incluyó la siguiente frase:

“Hombres rectos, poseyendo del santo sacerdocio del Dios viviente e investidos con el don del Espíritu Santo, que estén magnificando sus llamamientos… son los únicos hombres sobre la tierra con el derecho de recibir y ejercer los dones del espíritu” (Conference Report, Abril de 1956, pag. 72)

¿¿¡¡Cómo!!?? ¿Dónde quedaba el derecho de todo miembro de la Iglesia, hombre o mujer, con o sin sacerdocio, de recibir y ejercer esos dones?

Quizás la actitud más extrema de esta tendencia pudo escucharse en BYU, en 1966, en una charla de Rodney Turner, profesor de Religión en la Universidad, presentada ante las seis Estacas que conformaban el alumnado, sobre el tema “La mujer y el Sacerdocio”:

“La mayordomía de la mujer está englobada en la mayordomía del hombre… Por lo tanto, la mujer encuentra su realización en el hombre como el hombre la encuentra en Dios.” A continuación leyó la siguiente copla, supuestamente escrita por una mujer:

 

“Las mujeres son alfombras,

Y ese es su interés:

Evitar que los hombres

Vayan a Dios con sucios pies”.

 

Me temo que eso es demasiado cierto. El hombre necesita ese tipo de apoyo de modo que pueda regresar a casa sin los pies embarrados”.

Sin importar cuán buenas hayan sido las intenciones (tal vez señalar que la mujer es la ayuda idónea del hombre) el símil fue muy desafortunado. La imagen degradante de la mujer como alfombra, o de que el hombre necesita limpiar sus pecados en ella, no era lo que la audiencia femenina (que ya comenzaba a plantearse algunas dudas sobre su posición real en la Iglesia) necesitaba escuchar…

Pero, como siempre, me pregunto quién le permitió decir lo que dijo y cuál era la sociedad en la que eso podía decirse sin consecuencias.

Veinticinco años después, ya retirado, Turner continuaba pensando igual:

“Las mujeres son reinas y sacerdotisas pero no dioses. La Trinidad, la “Presidencia de los Cielos”, es una presidencia de tres deidades masculinas, similar a una presidencia de estaca cuyos miembros tienen esposas que son responsables de la educación religiosa doméstica pero sin funciones eclesiásticas” (Sunstone Panel Discussion, 7 de Septiembre 1991)

Turner parecía saber de importantes fuentes desconocidas cómo estaban organizadas las familias de los integrantes de la Trinidad, pero muy poco sobre lo que Joseph Smith enseñó en cuanto al rol de las mujeres.

Luego vino la década de 1970 sobre la que ya hemos conversado en otros posts del blog y la absoluta dilución de la poca autonomía que aún le quedaba a la Sociedad de Socorro.

Entre 1950 y 1980 la igualdad de hombre y mujer fue reemplazada por la glorificación de la maternidad, ignorando tanto a las solteras como a aquellas que no podían tener familia. Las funciones femeninas se redefinieron con moldes ultratradicionalistas y los roles de género más que expandirse parecieron limitarse. Ese nuevo esquema no tuvo en cuenta que en la historia de la Iglesia la mujer había desempeñado una multitud de funciones y llamamientos sin sacrificar para nada su importante tarea como madre o ama de casa. Tampoco dejaba demasiado bien parados a los hombres, pues, si una mujer no podía ocupar cargos de responsabilidad para no desatender las funciones de esposa y madre, ¿significaba esto que los varones, al sí aceptarlos, era a costa de desatender sus propias funciones como esposos y padres? Creo que está fuera de la discusión la superior capacidad femenina de hacer infinidad de cosas en simultáneo…

Pero, con los nuevos tiempos, el péndulo comenzó a equilibrarse. En la Ensign de Diciembre de 1980, Daniel Ludlow afirmaría:

El don de profecía es una especial investidura espiritual que está disponible para todo miembro digno de la iglesia”… y pasó a citar a George Q. Cannon: “lo extraordinario del reino es convertir a todo hombre en profeta y a toda mujer en profetisa, para que puedan comprender los planes y propósitos de Dios” (Daniel H. Ludlow, “I Have a Question”, Ensign Diciembre 1980, pag. 31)

Algunas reflexiones:

Existe en la Iglesia una corriente de opinión, muy respetable en su esencia, que considera: a) que la Restauración no ha sido un momento histórico puntual sino un proceso iniciado en 1820 y que continúa ininterrumpidamente hasta nuestros días; b) Que todos los cambios producidos en las estructuras, políticas y doctrinas durante ese lapso han sido para el mejoramiento de la institución y para el beneficio de los miembros y c) (casi un corolario de los dos puntos anteriores) el momento actual representa el punto de mayor perfección de ese proceso evolutivo: que hoy comprendemos mejor que nunca antes los propósitos y destinos finales de la Iglesia; que nunca antes tuvimos tanto conocimiento impartido sobre el evangelio y los planes de Dios.

Yo, que podría estar bastante de acuerdo con el punto a) no lo estoy demasiado con el b) ni con el c). Primeramente porque implican que cada acción histórica fue beneficiosa y contó con apoyo de los cielos, mientras que lo que me muestra la línea temporal es que, en ocasiones, nos adentramos en callejones sin salida de los cuales hubo que retroceder con fuertes costos políticos e institucionales (léase: poligamia, Guerra de Utah, interconexión de Estado e Iglesia, negación del sacerdocio a grupos étnicos, etc)

También implican que los Líderes de la actualidad saben más de lo que jamás supieron Joseph Smith o Brigham Young. Por el contrario, opino que aún estamos tratando de entender algunas de las cosas que esos primeros Profetas nos dejaron y que, en muchos aspectos, estamos bastante por debajo de la visión que tenían de la Iglesia y del constante flujo de inspiración que los acompañó.

El desarrollo de las llamadas dispensaciones del Evangelio tiene momentos cumbre: la ciudad de Enoc, los 200 años de paz de la sociedad nefita, la iglesia apostólica del meridiano de los tiempos. Me pregunto si el momento actual marca uno de esos puntos cumbre o si nos hallamos en una cómoda meseta. Es cierto, nunca antes tuvimos tantos templos como hoy, nunca antes tuvimos tantos miembros ni tantos misioneros. Pero dentro de 10 años todos esos indicadores mejorarán. Es casi una profecía autocumplida… La etapa actual será recordada como una sección mediocre y poco entendida del plan total. Lo cual no significará que dentro de 10 años seremos una mejor iglesia de lo que somos hoy. No en la medida en que no logremos cumplir con las necesidades y anhelos de nuestros miembros, entre ellos, nuestras hermanas…

Si hoy la Iglesia es mejor que hace 50 años, eso implica que dentro de otros 50 será todavía mejor. Que habrá cambios que ayudarán a ese mejoramiento.

Hemos visto como, recientemente, la modificación de la edad para servir como misionero, produjo un incremento de más del 30% en nuestras fuerzas de predicación. ¿Podemos visualizar lo que provocaría incluir a siete millones de hermanas en la administración de la Iglesia, el fortalecimiento de los Santos y la solución de problemas que ahora están fuera de sus manos? ¿Podríamos imaginar el alivio para los actuales líderes que provocaría esa multiplicación de manos y mentes?

Entre las muchas gentilezas que aún debemos a nuestras hermanas, una es que se les permita usar el apellido que ellas decidan utilizar. Puede ser el de soltera, aunque estén casadas o hayan pasado por un divorcio o separación. Irónicamente, los apellidos que se utilizan a veces en los registros de la Iglesia, no coinciden con los registros legales, laborales o de identificación personal.

Muchos Obispos permiten también a las madres hablar antes o después de la bendición de uno de sus niños, reconociendo su fundamental participación en el nacimiento y evitando el sentimiento de exclusión y de que se trata de una ocasión puramente masculina.

“Llamar a la mujer sexo débil es una difamación; es una injusticia que comete el hombre con ella. Si por fuerza entendemos la fuerza bruta, entonces es cierto que la mujer es menos brutal que el hombre. Si por fuerza entendemos firmeza moral, la mujer es inconmensurablemente superior al hombre. ¿No tiene ella más intuición? ¿No está más presta al sacrificio? ¿No posee más poder de resistencia? ¿No tiene más valor? Sin ella, el hombre no existiría. Si la no violencia es la ley del ser, el futuro pertenece a las mujeres” – Mahatma Gandhi

Repito: no hace falta ninguna sanción de los cielos para que seamos más sensibles a las necesidades de nuestras hermanas y más amables con ellas, sin que el tema del sacerdocio esté siquiera en discusión…

Tom Lovell 1942

 

Las ilustraciones, como en la Primera Parte, corresponden todas al artista Tom Lovell, y son una buena representación de los roles femeninos a mediados del siglo XX.

 

 

“Serán recompensadas con ricas porciones…” Segunda Parte

DOCTRINA

     Feminismo

 

“Serán recompensadas con ricas porciones…” 

Segunda Parte

Por Mario R. Montani

Como ya vimos en la primer parte de este texto, fue en Kirtland donde se instituyeron muchas de las ordenanzas en las que participaban las mujeres. También existían reuniones de “bendiciones” en las que el Patriarca Joseph Smith, padre, pronunciaba bendiciones patriarcales y profecías sobre los fieles. El diario de Caroline Barnes Crosby relata el momento en que ella y su esposo recibieron una de esas bendiciones:

“Estas bendiciones alegraron y regocijaron tremendamente nuestros corazones… Mamá Smith (Lucy, la madre del Profeta) estaba en la habitación. Ella agregó sus bendiciones, o confirmó lo que ya habíamos recibido” (Diario de Caroline Barnes Crosby, copia hológrafa en la Utah State Historical Society)

¿Podemos imaginar a la esposa de un patriarca, hoy, estando presente durante una bendición patriarcal, agregando bendiciones y confirmando lo declarado por su esposo?

Sarah Studevant Leavitt registró una experiencia espiritual en la que, orando por su hija Louisa, gravemente enferma, vio a un ángel, quien le dijo que levantara a la niña, pusiera las manos sobre su cabeza en el nombre de Jesucristo y le administrara para que se recuperase. Sarah despertó a su esposo y le pidió que preparara a Louisa. Después de que su madre la bendijera, pronto estaba levantada y yendo de aquí para allá (History of Sarah Studevant Leavitt, copiada por Juanita Leavitt, 1919, pags. 9 y 10)

Nuevamente, ¿podemos visualizar a un esposo, hoy, siendo despertado para observar como su compañera impone las manos sobe una hija enferma?

Joseph Smith, Padre, también bendijo a Eda Rogers en 1837 diciéndole: “En ausencia de tu esposo debes orar con tu familia. Cuando estén enfermos impondrás tus manos sobre ellos y se recuperarán. La enfermedad se retirará” (Carol Lynn Pearons, Daughters of Light, Salt Lake City, Bookcraft, 1973, pag. 65)

06500_all_02-04-first_zps509625fe

Parece obvio que, cuando Joseph, hijo, organizó la Sociedad de Socorro de Nauvoo en 1842 les otorgó una autonomía hoy desconocida en la Iglesia. En esa primera reunión, el Profeta les dijo que “las ordenaría para presidir sobre la Sociedad… como la Presidencia preside sobre la Iglesia… Si cualquier oficial es necesario para llevar a cabo los designios de la Institución, que sean señalados y apartados, como lo son los Diáconos, Maestros, etc, entre nosotros” (Joseph Smith Papers, Minutas de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo, 17 de Marzo 1842)

El 17 de mayo, Newell K. Whitney acompañó a Joseph Smith y declaró a la Sociedad: “En el principio, Dios creó al hombre, varón y mujer, y otorgó al hombre ciertas bendiciones propias de un hombre de Dios, de las cuales la mujer participaría, de modo que sin el sexo femenino no pueden ser restauradas todas las cosas a la tierra – hacen falta todos para restaurar el Sacerdocio” (Joseph Smith Papers, Minutas de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo, 17 de Mayo 1842)

06500_all_02-07-conducting

Del propio Profeta:

“Ahora otorgo a ustedes esta llave en el nombre de Dios y esta Sociedad se regocijará, y conocimiento e inteligencia emanarán de ella a partir de este momento.” (Joseph Smith Papers, Minutas de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo, 28 de Abril 1842)

La palabra “llave” ha estado siempre ligada a “poderes del sacerdocio”. Y el profeta afirmó que estaba “otorgando esas llaves”, no “girando la llave en beneficio de las hermanas” como aparecería corregido en History of the Church Vol 4, pag. 607, después de la revisión hecha en 1851 por George A. Smith, cuando ya el Profeta estaba muerto.

Joseph, nuevamente dirigiéndose a las hermanas de la Sociedad de Socorro, les declaró: “que la Sociedad debería actuar de acuerdo con el antiguo Sacerdocio… que él haría de esa Sociedad un reino de Sacerdotes como en los días de Enoc, como en los días de Pablo.” (Joseph Smith Papers, Minutas de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo, 30 de Marzo 1842)

36481_all_39-01-JosephReliefSociety

El lenguaje utilizado por el Profeta no deja dudas de que no veía a la Sociedad de Socorro como “otra” organización auxiliar a la par de la Primaria o la Escuela Dominical.

La mención de “como en los días de Enoc, como en los días de Pablo” atrajo la atención del investigador Mahonri Stewart, ya que es muy poco lo que sabemos sobre Enoc, y la figura de Pablo se relaciona preferentemente con cierta misoginia más que con una voz a favor de la liberación femenina.

El texto completo de Stewart puede leerse en el blog “Feminist Mormon Housewives” (http://www.feministmormonhousewives.org/2014/01/as-in-enochs-day-as-in-pauls-day-an-approach-to-mormon-female-ordination/) pero tomaré algunas de sus ideas centrales que me parecen interesantes. En su introducción:

“No somos una Iglesia que no cambia, sino más bien una Iglesia eternamente en progreso que aún se está esforzando para alcanzar su potencial de edificar Sión sobre la Tierra…Me han venido dudas cuando he considerado la confusa retórica de “separados pero iguales”, establecida para defender la falta de autoridad del sacerdocio otorgada a las mujeres. No he sentido otra cosa que alienación, confusión y obscuridad cuando he analizado con oración tales justificaciones para la inequidad de género”.

Antes de considerar porqué Joseph Smith pudo mencionar a esos personajes bíblicos y relacionarlos con las mujeres de la Iglesia deberemos comprender que el Profeta, quien inició su ministerio siendo casi un iletrado, se había transformado en algo bastante distinto. Sus visiones eran complementadas con un fuerte estudio de las lenguas y las culturas que habían originado las Escrituras. El hebreo, griego, latín y alemán no le eran desconocidos hacia el final de sus días.

En su diario personal registró con fecha 17 de Febrero de 1836:

“… asistí a la escuela y leí y traduje con mi clase como usualmente, y mi alma se deleita al leer la palabra del Señor en su original, y estoy determinado a estudiar las lenguas hasta que pueda ser un maestro en ellas, si se me permite vivir lo suficiente, así y todo, tanto como viva, estoy determinado a hacer de esto mi objetivo, y con las bendiciones de Dios tendré éxito para mi satisfacción”.

Joshua Seixas, el erudito judío traído a Kirtland por los líderes, dejó el siguiente testimonio:

“El Sr. Joseph Smith, hijo, ha asistido a un curso completo de lecciones de hebreo bajo mi tutoría, y ha sido infatigable adquiriendo los principios de la sagrada lengua de las Escrituras del Antiguo Testamento en su idioma original. Hasta el momento ha logrado un conocimiento que le permite traducir a mi entera satisfacción y, continuando sus estudios será altamente competente en el uso del Hebreo. Aprovecho esta oportunidad para agradecerle por su industriosidad y su marcada amabilidad hacia mi persona.”

Menciono estas referencias para dejar en claro que Joseph se estaba transformando en lo que hoy se consideraría un lingüista competente y mucho de su conocimiento provenía de sus lecturas alternativas.

“Como en los días de Pablo”

Para llegar a Pablo deberemos analizar primero la etapa terrenal del Salvador. Cristo, al igual que Joseph, fue mucho más abierto en cuanto al papel femenino en la Iglesia de lo que era aceptado por la cultura de su época. Los rabinos oraban “Te agradezo, Dios, no haber nacido ni gentil, ni perro, ni mujer…” (creo que el orden ya es indicativo de los sentimientos imperantes). En la época de Jesús a algunos Fariseos se los denominaba “amoratados”, pues, debido a lo que entendían como estricto cumplimiento de la Ley, ni siquiera miraban a una mujer. Si veían que una de ellas se iba a cruzar en su camino, cerraban firmemente los ojos y continuaban caminando. No era extraño que se golpearan con alguna pared o cayeran en una zanja, de allí el apelativo “amoratados”.

El relato de Lucas 13:10-17 es significativo. Según los estudiosos, la sinagoga de Capernaum tenía unos 20 mts de ancho por 40 de largo y, como las mesquitas, era un sitio para hombres. Siendo el shabat, estaría plena de hombres listos para escuchar al nuevo Maestro, que explicaría la palabra de Dios. (vers. 10)

Jesus tomó el rollo de la Ley y comenzó a enseñar. De pronto vio a una mujer encorvada en el fondo del salón. Entonces quebró por completo los moldes culturales establecidos.

Llamó a la mujer desde la parte de atrás, asignada a las mujeres, a la parte de adelante, reservada para los hombres. Interrumpió la lectura, el momento más sagrado de la vida judaica, para ministrar a una mujer. (vers. 11 y 12) Le habló y finalmente colocó sus manos sobre ella. Todos actos impropios para la mentalidad de sus contemporáneos. Finalmente afirmó la dignidad de la mujer en la sociedad, llamándola hija de Abraham (vers. 16).

También es notable que tanto la palabra griega “Cristos” como la hebrea “Messiah” significan lo mismo: el ungido. Pero ¿en qué momento fue ungido el Salvador para cumplir con la función que su título le asignaba? La única ocasión que registran los Evangelios (y, quizás no casualmente, los cuatro Evangelios) es cuando es ungido por una mujer… ¿Se trató de una ordenanza? El nombre que asignamos al Salvador ¿deriva de esa única y especial ocasión? No lo sabemos … pero es una buena pregunta a hacerse.

De modo que los Apóstoles ya recibieron de su Maestro una imagen expansiva del rol de la mujer en las congregaciones.

St-1PaulPreaches

Los diáconos en la Iglesia primitiva (y también durante la época de Joseph Smith) eran hombres maduros, no jóvenes de 12 años. Sus responsabilidades eran importantes, tal como lo señala la Sección 20 de Doctrina y Convenios, aunque ignoramos si en la antigüedad su función era equivalente a la actual. En Filipenses 1:1, Pablo menciona a los Diáconos junto a los Obispos. El nombre para esa función en el original griego era “diakonon”.

Nuestra versión de la Biblia en Romanos 16:1-2 tiene a Pablo diciendo:

“Os encomiendo a Febe, nuestra hermana, quien está al servicio de la iglesia que está en Cencrea; que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que a ella le sea menester…”

Pero la palabra original que aparece en griego para referirse a ella, después de hermana (adelphen) es diaconisa (diakonon). Parece que los traductores medievales quisieron alejar la idea de que una mujer pudiese tener autoridad eclesiástica y cuando aparecía diakonon aplicado a un hombre lo traducían como diácono pero cuando se refería a una mujer lo traducían como sierva. Varias nuevas ediciones bíblicas, entre ellas la RSV y NRSV, están restaurando el sentido original traduciendo como “ministro” o “diaconisa”.

Los estudiosos sostienen que ya no es plausible limitar el rol de Febe a actividades filantrópicas. El calificativo posesivo de la traducción correcta (“Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea”) la muestra como una líder de esa comunidad que merece ser recibida y honrada en tal calidad.

La carta de Pablo continúa mencionando a muchas mujeres activas en la Iglesia: Priscila, María, Trifena, Trifosa, Pérsida, Julia y la hermana de Nereo.

El versículo 7 se lee en nuestras versiones: “Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones, los que son muy estimados por los apóstoles, quienes también fueron antes de mí en Cristo”

El original parece decir que Junias estaba “entre los Apóstoles”, utilizando una frase inclusiva y no “estimada por ellos”. De hecho, ningún comentarista bíblico anterior al siglo XIII dudaba de que se trataba de una mujer y de que era un apóstol. Juan Crisóstomo, por ejemplo, que en sus escritos era bastante misógino, declara: “¡Cuán grande la devoción de esta mujer para ser digna de recibir el nombre de apóstol!”

¿Se estaría refiriendo a casos como éstos Joseph Smith cuando declaró que “creemos en la Biblia siempre que esté traducida correctamente” y cuando prometió convertir a la Sociedad de Socorro en un reino de sacerdotes “como en los días de Pablo”?

Hoy no cabe duda de que en el período Apostólico las mujeres cumplían funciones de liderismo, particularmente al reunir a los conversos en sus propias casas. María, madre de Juan Marcos, dirigía una casa en Jerusalén a la cual Pedro golpeó para anunciar a los allí reunidos que había sido liberado de la prisión. Ninfas en Laodicea (Colosenses 4:15) y Lidia en Tiatira (Hechos 16:15) parecen cumplir funciones similares en “unidades hogareñas” de la Iglesia. Las mujeres tuvieron también un importante rol económico y de apoyo en los primeros tiempos: Juana, Susana y María Magdalena se nombran entre aquellas que brindan de sus bienes y su tiempo para ayudar en la obra.

Es interesante recordar también que Jesús, en su resurrección, decide mostrarse primero que nadie a las mujeres (¿Serían el equivalente antiguo de una Sociedad de Socorro?) Lucas 24:10-11 es más que claro:

“Y eran María Magdalena, y Juana, y María, madre de Jacobo, y las demás con ellas, las que dijeron estas cosas a los apóstoles. Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creyeron”.

O sea, la actitud tradicionalmente masculina: “¡Qué saben ustedes de estas cosas! No se metan en asuntos de religión…”

En el Evangelio de María Magdalena, hallado en Nag Hammadi, se repite la misma actitud de Pedro:

“¿’Realmente habló con una mujer sin nuestro conocimiento y sin hacerlo abiertamente? ¿Deberemos escucharla? ¿La prefirió El a ella antes que a nosotros?’ Entonces María lloró y dijo a Pedro, ‘Mi hermano Pedro ¿Qué crees? ¿Qué yo pensé estas cosas en mi corazón o que estoy mintiendo acerca del Salvador?’. Levi respondió y dijo a Pedro, “Pedro, siempre has tenido un temperamento arrebatado. Te observo contendiendo con las mujeres como si fueran nuestras adversarias. Pero si el Salvador la consideró digna ¿Quién eres tú para rechazarla? Seguramente el Salvador la conoce bien. Por eso la amó más que a nosotros. Más bien avergoncémonos y busquemos ser hombres perfecto como El nos mandó, y prediquemos el evangelio, no poniendo ninguna otra regla o ley que lo que el Salvador dijo’… y comenzaron a salir a proclamar y predicar.”

San Agustín llamaba a María Magdalena “la Apóstol de los Apóstoles”, tomando en cuenta el valor literal y etimológico de la palabra (Apostolos = el que es enviado). Sin dudas, fue la primer testigo del Cristo resucitado y si la función de un Apóstol es ser testigo especial de Cristo, el título no le va tan mal.

“Como en los días de Enoc”

La mención de Enoc como perteneciente a un período en el que las mujeres pudieron haber ejercido el sacerdocio no es tan clara, particularmente porque es poco lo que sabemos sobre la enigmática figura de ese profeta.

De acuerdo a la Biblia, lo único seguro es que fue hijo de Jared y padre de Matusalén y que: “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque lo llevó Dios” (Genesis 5:21-24)

Pero, cuando el Profeta comenzó a llevar a cabo la revisión de la Biblia, nueva información le fue revelada, incluyendo el Libro de Moises que tenemos en La Perla de Gran Precio. La figura debe haber impactado a Joseph, ya que un seudónimo que utilizó intentando eludir a sus enemigos fue precisamente Enoc. El restaurado relato de este profeta antiguo incluye la visión de un Dios sensible, capaz de llorar por los habitantes del mundo (de hecho, otros de los Libros de Enoc hallados incluyen ese momento) y la mención de la ciudad y sociedad de Sión, un concepto que pasaría a ser fundamental en el mormonismo de allí en adelante. La historia de Moisés nos habla de una comunidad entera llevada por Dios a causa de su bondad y justicia.

“Y el Señor llamó Sión a su pueblo, porque eran uno en corazón y voluntad, y vivían en rectitud; y no había pobres entre ellos”. (Moisés 7:18)

enoch

Generalmente recordamos el hecho de que era un pueblo sin exclusión social, pero ¿hasta dónde se extendían su unidad de corazón y voluntad que es la primera característica señalada?

Según el Libro de Mormón, para alcanzar el estatus de esta casi utópica sociedad: “… él invita a todos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de lo que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles.” (2 Nefi 26:33)

“No había ladrones, ni asesinos, ni lamanitas, ni ninguna especie de –itas, sino que eran uno, hijos de Cristo y herederos del reino de Dios”. (4 Nefi 1: 15-17)

¿La lista de –itas, incluiría feministas y machistas? Lo cierto es que la esencia de Sión parece incluir una cierta calidad de unidad que no existirá mientras no se levanten algunas barreras defensivas que crean distancia más que unión.

Hay otro aspecto de la teología santo de los últimos días, que podría haber hecho que Joseph hablase de los días de Enoc y es la presencia de una Madre Celestial. El Libro de Enoc estuvo perdido por siglos, salvo algunos pasajes que aparecen como referencia en las Escrituras (P.Ej. Epístola de Judas), lo cual maestra que los autores bíblicos lo consideraban verdadero. El Libro fue redescubierto en Abisinia en 1773. El manuscrito etíope se tradujo al inglés en 1821 pero recién en 1838 llegó a América. Para entonces, el Libro de Moisés ya había sido dictado en 1831.

El Libro de Enoc hallado se refiere a una figura conocida como Sabiduría y también como Asera, nombre de la diosa hebrea que fuera adorada en Israel junto a Jehová, como su esposa. Esta figura fue quitada de la adoración por los deuteronomistas en en siglo VII antes de Cristo.

“Sabiduría no halló lugar en la tierra en el cual habitar; por tanto su habitación es en los cielos. Sabiduría intentó morar entre los hijos de los hombres, pero no encontró lugar. Sabiduría retornó a su lugar, y se sentó en medio de los ángeles. Después de su regreso avanzó la iniquidad, y habitó entre ellos, como lluvia en el desierto, como el rocío en la tierra sedienta.”

Esta Diosa rechazada tiene su equivalente en la doctrina mormona. Joseph Smith la explicó a Zina D. Huntington en 1839, quién la explicó a Susa Young Gates, quien la explicó a Eliza Snow, quien fuera la autora de “Oh, Mi Padre”, originalmente denominado “Invocación, o Padre y Madre Eternos”. Nuevamente, una cadena exclusivamente femenina para restaurar un conocimiento perdido.

¿Estaba este conocimiento presente en lo que Joseph Smith recibió como ampliación de la Biblia? ¿Comprendía mejor el pueblo de Enoc lo que el Génesis decía sobre la creación “a nuestra semejanza, varón y hembra…”? ¿Fueron los motivos por lo que incluyó a Enoc en la disertación a la Sociedad de Socorro?

No podemos dar respuestas definitivas a estas preguntas, pero sí podemos meditar sobre ellas…

(Continuará)