Nuestra Cambiante Percepción del Sacramento de la Santa Cena

DOCTRINA

Nuestra Cambiante Percepción del Sacramento de la Santa Cena

“En memoria de mi” Walter Ranne

Por Mario R. Montani

En una de mis asignaciones durante la Misión no sólo dedicábamos tiempo a la tarea proselitista, sino que yo era el Presidente de la Rama y mi compañero, el Primer Consejero de la unidad. La congregación estaba compuesta básicamente por hermanas y sus hijos. Los varones se hallaban mayormente ausentes por no ser miembros o no muy activos en la Iglesia. De modo que, por varios años, los misioneros habían asumido buena parte de la tarea eclesiástica y administrativa de la Rama. En una Reunión Sacramental típica los misioneros dirigían y, al llegar la Santa Cena, uno de ellos se arrodillaría para ofrecer la oración sacramental y el otro repartiría el pan. En la segunda oración solían invertirse los roles. Ignoro por cuánto tiempo ese había sido el formato, pero así funcionaba. Algún tiempo después logramos convertir a una familia que tenía un hijo en edad de ser Maestro. Simultáneamente, un niño de la unidad había cumplido sus 12 años y podía ser Diácono. De modo que, después de ordenarlos, al domingo siguiente estaban cumpliendo sus responsabilidades, uno preparando los sacramentos y el otro repartiéndolos. Nos encontrábamos más que contentos con el progreso de nuestra pequeña Rama. Pero, al concluir la reunión, encontré a tres hermanas esperándome en la puerta de la antigua habitación que servía como oficina de la Presidencia. Las tres me dijeron lo mismo: que lo que habíamos hecho estaba mal, que nunca se había visto algo así en la unidad, que los misioneros debían conducir el servicio sagrado, que los jóvenes locales no podían entender de esas cosas, etc, etc.

Fue mi primer contacto con una experiencia que con el tiempo he identificado como “rutinización de lo sagrado” o “cristalización de las liturgias”. Los académicos que estudian este tipo de fenómeno en las ceremonias y ordenanzas religiosas suelen relatar la historia de un Pastor Protestante que inició un nuevo culto, contando con  buen número de seguidores. Estableció su propia forma de adoración y dio cierta estructura a los ritos de los que participaban. Tenía un pequeño perro, al que quería mucho, que lo acompañaba a todas partes. Por lo tanto, solía dejarlo atado, al frente de la congregación, cuando dirigía los servicios. Con el paso del tiempo, el Pastor líder de esa comunidad falleció. Quienes continuaron con su prédica y tradición se aseguraron de que siempre hubiese un perro atado al frente, antes de comenzar los servicios…

Los humanos tenemos una tendencia natural a confundir forma con contenido, letra con espíritu, y sellarlo en un todo único e indivisible.

Se nos enseña que nuestras Reuniones Sacramentales son las más importantes que se llevan a cabo en la Iglesia, y es indudable que el aspecto central de esas reuniones es la propia administración de la Santa Cena, que se realiza siguiendo lo establecido por el mismo Salvador.

Los Evangelios Sinópticos dan todos cuenta del origen de la ordenanza (Mateo 26:22-25; Marcos 14:20-25; Lucas 22:17-20). En su revisión inspirada de la Biblia, el Profeta mantuvo y amplió algunos de los conceptos de esos versículos. Juan, si bien no registró el momento histórico, asegura en sus escritos las siguientes palabras de Cristo:

“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:54)

En el aposento alto el Señor reunió a sus Apóstoles e introdujo este nuevo convenio que reemplazaría a los sacrificios cruentos y recordaría Su propio sacrificio.

El Nuevo Testamento da pruebas de que los primeros santos se reunían y participaban del pan y el vino sacramental siguiendo las indicaciones del Maestro, aunque ya introducían algunos cambios propios (1 Corintios 11: 20-29)

Las alteraciones en las ordenanzas suelen producirse por falta de comprensión o por modificación de las condiciones originales en que fueron establecidas. Algunos cambios son establecidos por la Iglesia institucional y otros, generalmente regionales, por la membresía. Hemos tenido de todo tipo…

Comencemos por los emblemas. Todas las referencias anteriores hablan de la administración de vino en la Santa Cena. Con la aparición del Libro de Mormón, en 1829, podemos leer que Cristo se dirigió de similar manera a sus discípulos americanos:

“Y sucedió que cuando hubo dicho estas palabras, mandó a sus discípulos que tomaran del vino de la copa y bebieran de él, y que dieran también a los de la multitud para que bebiesen. Y aconteció que así lo hicieron, y bebieron y fueron llenos; y dieron a los de la multitud, y estos bebieron y fueron llenos. Y cuando los discípulos hubieron hecho esto, Jesús les dijo: Benditos sois por esto que habéis hecho; porque esto cumple mis mandamientos, y esto testifica al Padre que estáis dispuestos a hacer lo que os he mandado. Y siempre haréis esto por todos los que se arrepientan y se bauticen en mi nombre; y lo haréis en memoria de mi sangre, que he vertido por vosotros, para que testifiquéis al Padre que siempre os acordáis de mí. Y si os acordáis siempre de mí, tendréis mi Espíritu para que esté con vosotros. Y os doy el mandamiento de que hagáis estas cosas. Y si hacéis siempre estas cosas, benditos sois, porque estáis edificados sobre mi roca. Pero aquellos que de entre vosotros hagan más o menos que esto, no están edificados sobre mi roca, sino sobre un cimiento arenoso; y cuando caiga la lluvia, y vengan los torrentes, y soplen los vientos, y den contra ellos, caerán, y las puertas del infierno están ya abiertas para recibirlos”. (3 Nefi 18: 8-13)

“El Sacramento”, Minerva Taicher

Cuatrocientos años más tarde, Moroni, al registrar las oraciones sacramentales para su posteridad, también menciona al vino como el elemento a bendecir (Moroni 5)

De modo que tanto la Biblia como el Libro de Mormón son contundentes en cuanto a los elementos a utilizar: pan y vino.

Con el proceso de la Restauración y la organización de la Iglesia en 1830, nuevamente el Señor revela el elemento que debería simbolizar su sangre: el vino (DyC 20:79).

Todos nuestros Libros Canónicos nos hablan de un elemento que no utilizamos. ¿Por qué?

Según la introducción de la Sección 27 de Doctrina y Convenios, cuando Joseph se dirigía a comprar el vino para un servicio religioso, en 1830, recibió la siguiente declaración de un mensajero:

Porque he aquí, te digo que no importa lo que comáis o bebáis al tomar el sacramento, si es que lo hacéis con la mira puesta únicamente en mi gloria, recordando ante el Padre mi cuerpo que fue sacrificado por vosotros, y mi sangre que se derramó para la remisión de vuestros pecados. Por tanto, os doy el mandamiento de no comprar vino, ni bebidas alcohólicas a vuestros enemigos; de modo que, no beberéis de ninguno, a menos que sea recién hecho por vosotros; sí, en este reino de mi Padre que se edificará sobre la tierra” (DyC 27:2-4)

La nueva revelación otorgaba dos alternativas igualmente válidas: cambiar el líquido a utilizar o fabricar el propio vino. Nuestra tradición subliminal ha sido suponer que la decisión de Joseph fue la primera. En realidad, fue la segunda.

En ningún momento la Sección 27 dice que utilizar vino está mal. Simplemente que, dada la persecución que comenzaba a insinuarse, no era conveniente que comprasen bebida a sus enemigos pues podría estar envenenada o adulterada y terminaría siendo un perjuicio para la naciente comunidad.

De hecho, los miembros continuaron utilizando vino fermentado de su propia hechura, al menos por los 80 años siguientes. Con el traslado al oeste, la Iglesia tuvo sus propios viñedos y bodegas, tanto en el sur de Utah como en California, para abastecerse del vino sacramental.

¿Qué hubiésemos encontrado, además, en una típica Reunión Sacramental mormona en los primeros años del siglo XX?

El vino se habría repartido en una única copa o cuenco comunitario del que todos tomarían por turno. La congregación habría estado de rodillas mientras el oficiante pronunciaba la oración sacramental con su mano derecha levantada en ángulo recto. Los maestros y diáconos hubiesen estado totalmente ausentes de la preparación y reparto de los emblemas. No existiría ningún orden preestablecido que considerase a la autoridad presidente.

¿Se trataba de la misma Iglesia? Sí, indudablemente. La creencia de que las ordenanzas y las liturgias tienen una forma estricta e inalterable es falsa. Los actos simbólicos evolucionan. Por supuesto que aceptar eso implica reconocer que pueden seguir cambiando.

Reunión Sacramental en el Tabernáculo, 1871 (detalle)

En la opinión del historiador mormón Justin Bray:

“Con el vasto número de interpretaciones sobre la Cena del Señor, así como las limitadas instrucciones sobre la ordenanza en las revelaciones de Joseph Smith, los primeros líderes de la Iglesia parecieron incorporar aspectos de su fe anterior en la administración de los sacramentos. Por ejemplo, se referían de muy diferentes modos a la ordenanza, incluyendo la Cena del Señor, el sacramento del Señor, partir el pan, la comunión y la eucaristía. Llevó muchos años que los miembros universalizaran el término “sacramento”, que es el modo en que el Señor lo denominó en las revelaciones de Joseph Smith”. (Justin R. Bray, “The Lord’s Supper in Early Mormonism” en You Shall Have My Word: Exploring the Text of the Doctrine & Covenants, eds. Scott Esplin y otros. (Provo UT: Religious Studies Center, 2012), pags. 64–75)

Si bien el Señor mandó a los santos reunirse frecuentemente para participar del pan y el vino (DyC 20:75), la Iglesia no estableció un servicio semanal hasta pasados varios años. A diferencia del catolicismo, donde la eucaristía y sus ritos son parte del camino salvífico a seguir, el protestantismo mayormente descreía de actos y ordenanzas que sacasen del centro de atención a la gracia divina. En dichas religiones la participación en una cena comunal era algo ocasional y simple muestra de agradecimiento, sin otro valor. Es posible que el equilibrio entre obras y gracia, tan bien explicado en el Libro de Mormón (2 Nefi 25:23), aún tuviese que madurar en las mentes y espíritus de la reciente congregación.

Los Santos de los Ultimos Días de las primeras décadas participarían del pan y el vino en cantidades equivalentes a una comida normal, de modo que realmente los llenase tanto espiritual como físicamente. En 1893, cuando se dedicó el Templo de Salt Lake, esa continuaba siendo una práctica común. John F. Tolton, un asistente, registró en su diario personal:

“A cada participante se le daba un gran vaso con la imagen del templo de Salt Lake grabada y una servilleta. El Obispo Presidente Preston bendijo el pan y el vino de Dixie (el sur de Utah) y los hermanos fueron invitados a comer hasta saciarse pero a ser prudentes con el vino para evitar excesos”.

Estos aspectos que hoy pueden parecernos extraños estaban en consonancia con las interpretaciones doctrinales del momento. 3 Nefi dejaba en claro que:

“Y cuando hubieron comido y fueron llenos, mandó que dieran a la multitud. Y cuando la multitud comió y fue llena, dijo a los discípulos…” (3Nefi 18:4-5)

La tarea de bendecir y distribuir el pan y el vino estaba generalmente reservada a las Autoridades, quienes también lo hacían en sus reuniones. Wilford Woodruff escribió en su diario, con fecha 12 de Octubre de 1883:

“Este fue un día de ayuno y oración con los líderes de la Iglesia. Tomé un baño y me lavé por la mañana y fui a la Casa de Investiduras a la 9 en punto para recibir el lavamiento de los pies como lo había hecho 47 años antes el Profeta Joseph Smith en Kirtland como una ordenanza iniciatoria para la Escuela de los Profetas… al cierre de esta ceremonia participamos del pan y el vino como un sacramento como lo hacían en el templo de Kirtland, lo cual concluyó las labores del día” (Wilford Woodruff y Susan Staker, Waiting for World’s End: The Diaries of Wilford Woodruff (Salt Lake City: Signature Books, 1993): pag.362)

En dichas reuniones tampoco encontraríamos niños. Estaban reservadas para los adultos. Solía haber murales detrás del altar de la Santa Cena, el cual siempre se hallaba en posición central, no lateral.

El texto original de la Doctrina y Convenios, Sección 20, versículo 58, rezaba:

“Pero ni los maestros ni los diáconos tienen la autoridad para bautizar, administrar el sacramento o imponer las manos”

Ese “administrar” no estaba claramente establecido por lo que se lo extendió a toda preparación relacionada con los sacramentos. El mismo versículo, en la versión actual, dice “bendecir la santa cena”.

La decisión de permitir su participación data de 1898 pero recién en las décadas de 1920 y 1930 logró implementarse en toda la Iglesia.

La adherencia plena a la Palabra de Sabiduría como mandamiento de observancia llevó, paulatinamente, al uso de agua en los servicios. Esto ocurrió recién en 1902, bajo la administración de Joseph F. Smith y tardó unos 10 años en hacerse extensiva a toda la Iglesia.

Siendo que la responsabilidad de repartir el sacramento pasó a involucrar a jovencitos de 12 años en adelante, muchos líderes locales comenzaron a tomar algunas iniciativas que aumentaran la reverencia en los servicios y evitaran conductas inmaduras de los recientemente admitidos sacerdotes. Las instrucciones incluían cierta uniformidad en la vestimenta y apariencia (camisas blancas, corbatas de moño negras, posturas y modo de caminar cuasi militares, llevar los recipientes con la mano derecha en ángulo y la mano izquierda detrás de la espalda).

Las Autoridades Generales comenzaron a preocuparse de que los miembros y los propios diáconos estuviesen más interesados por la apariencia y cumplimiento de estas formalidades que por el sentido profundo del servicio. A partir de 1940 comenzó a desalentarse la aplicación de normas tan estrictas y a que las apariencias y conductas fuesen más naturales.

Finalmente, el Manual de Instrucciones en vigencia sugiere: “Se recomienda la camisa blanca y la corbata porque contribuyen a la dignidad de la ordenanza. Sin embargo, no deben ser consideradas como un requisito obligatorio para que pueda participar el poseedor del sacerdocio. Ni debe requerirse que estén todos igual en vestimenta o apariencia…”

Muchos de mi generación recordarán ocasiones en que el presbítero o élder que pronunciaba las oraciones sacramentales se equivocaba y debía comenzar una y otra vez desde el inicio, con los consiguientes nervios para él y la congregación. Con el paso del tiempo llegó el sabio consejo, de que, salvo que el error afectase el sentido de la oración, podía corregirse la palabra y seguir adelante, dejando en manos de quien presidía el confirmar la validez de la ordenanza. Gran alivio para todos…

En 1946 la Primera Presidencia y el Quorum de los Doce emitirían una recomendación:

“La condición ideal es la de absoluto silencio mientras se reparte el sacramento, y desaconsejamos el uso de solos, duetos, grupos o música instrumental durante la administración de esta sagrada ordenanza”.

Es posible que pensemos que, como habitantes del siglo XXI, hemos recibido ya una forma definitiva e inalterable de la ordenanza. Aún tenemos cambios sutiles.

La idea de que al participar de la Santa Cena estamos renovando nuestros convenios bautismales no aparece en ninguno de los Libros Canónicos ni en los discursos de las Autoridades en los primeros 100 años.

En la Conferencia General de Octubre de 1950 el Elder Bruce R. McConkie proporcionó un nuevo énfasis al asunto:

“Tan importante es este convenio bautismal a los ojos del Señor que ha provisto un medio y un modo de renovarlo a menudo. La ordenanza por la cual renovamos este convenio es el sacramento…” (Bruce R. McConkie, “Children of the Covenant,” General Conference October, 1950)

La idea comenzó a popularizarse a partir de allí. Ugo A. Perego en su exhaustivo análisis “The Changing Forms of the Latter-Day Saint Sacrament” (http://www.mormoninterpreter.com/the-changing-forms-of-the-latter-day-saint-sacrament/) muestra claramente que el tema se trató unas 5 veces en las Conferencias Generales de la década de 1950 para trepar a 25 en la década de 1990, 18 en la del 2000 y 11 veces en lo que va de la del 2010.

En Abril de 1975 el Presidente Marion G. Romney declaró:

“Con las palabras de las oraciones sacramentales en nuestras mentes, mientras participamos del sacramento, renovamos nuestros convenios bautismales cada semana”. (https://www.lds.org/generalconference/1975/10/according-to-the-covenants)

En Abril de 2014 el Elder Robert D. Hales enseñó:

“Cada domingo renovamos el convenio bautismal al participar del sacramento y testificar que estamos deseosos de guardar los mandamientos”

Como con muchos de los conceptos estimulados por el Elder McConkie, el péndulo parece comenzar a moverse.

En una capacitación de liderismo bajo la dirección de la Primera Presidencia, previa a la Conferencia General de Abril de 2015, el Elder Neil L. Andersen del Quorum de los Doce hizo la siguiente aclaración:

“La frase ‘renovar nuestros convenios bautismales’ no se encuentra en las escrituras. No es inapropiada. Muchos de ustedes la han utilizado en discursos; nosotros la hemos utilizado en nuestros discursos. Pero no es algo que se utilice en las escrituras y no puede ser la clave de lo que digamos sobre el sacramento…” (Neil L. Andersen, “Witnessing to Live the Commandments,” General Conference Leadership Training on the Sabbath Day Observance at Church (April 2015). Disponible para líderes del Sacerdocio)

Para quienes nos gusta leer entre líneas, la doble negación “no es inapropiada” sugiere la presencia de un ‘pero’. Es cierto que la idea de equiparar la participación de la Santa Cena con la renovación de los convenios bautismales no aparece en ninguna escritura. Tampoco tenemos una revelación moderna que lo sostenga. Por lo tanto, se ha tratado de un avance teológico que no es tan fácil de mantener.

Es posible que escuchemos cada vez menos y menos hablar del tema a las Autoridades y deberemos ajustarnos al nuevo ritmo. Es posible también que debamos poner más atención a las propias palabras de las oraciones: “recordarle siempre y guardar sus mandamientos”.

 

Divino Antropomorfismo y Exaltada Corporalidad – Tercera Parte

Doctrina

Divino antropomorfismo y exaltada corporalidad

Tercera Parte

Por Mario R. Montani

Antropología de las esferas celestas

Otro aporte del evangelio restaurado es el establecimiento de un parentesco real entre dioses, ángeles, espíritus y seres humanos. Una verdadera “cosanguineidad celestial” en la que no se presenta una diferencia ontológica entre esos seres sino distintas etapas de su desarrollo. Ese es el motivo por el que, más que de un antropomorfismo de la divinidad, solemos hablar de un teomorfismo de sus hijos.

El Génesis utiliza las palabras semejanza (dumuth) e imagen (zelem) para referirse a la creación del hombre.

Aunque dumuth se puede referir tanto a una vaga similitud como a una copia exacta, zelem es bastante más precisa.

“Zelem se refiere a una relación que sólo puede darse entre ‘personas’. La personalidad del hombre se coloca vis-a-vis con la personalidad de Dios” (Gutmann, Dat Umadda  Religion and Science, pag. 265)

Dios mantiene una relación personal con sus hijos en la etapa en que se encuentren, como espíritus pre existentes, individuos mortales, desincorporados, trasladados, angélicos, resucitados o glorificados, aunque sus cuerpos sufran modificaciones en cada uno de esos procesos.

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Teosis y cuerpos exaltados

La Biblia, en varios pasajes, nos habla de la posibilidad de una divinización o deificación de los humanos. Así, en Mateo 5:48, el Salvador nos propone:

“Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre en los cielos es perfecto”

Y Pablo nos recuerda en su epístola a los Filipenses 3:21

el que transformará el cuerpo de nuestra humillación, para ser semejante al cuerpo de su gloria, mediante el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”

Así como Pedro:

“Por conducto de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia” (2 Pedro 1:4)

También el Antiguo Testamento

 Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo.” (Salmos 82:6)

Muchos estudiosos han reconocido que este principio de la exaltación se hallaba presente en las primeras centurias del cristianismo bajo la denominación griega de ‘teosis’ o ‘teopoiesis’.

“Un principio fundamental de la ortodoxia en el período patrístico era ver la historia del universo como la historia de la divinización y salvación” (Padre Richard P. McBrien (Catolicismo – Vol. 1 pag. 146))

Padre Richard P. McBrien

Padre Richard P. McBrien

“La noción de teosis es característica de los padres de la Iglesia: Irineo (siglo II  d.C.), Clemente de Alejandría (Siglo III d.C) y Atanasio (Siglo IV a.C). De hecho, tan persistente era la doctrina en el Siglo IV que los archienemigos de Atanasio, los arianos, también sostenían la creencia y los monjes origenistas en Jerusalén debatieron acaloradamente  ‘si todos los hombres llegarían a ser como Cristo o bien si Cristo era en realidad una criatura diferente’” (Daniel C.Peterson y Stephen D. Ricks, Comparing LDS Beliefs with first century christianity)

Aunque la idea de deificación fue desapareciendo paulatinamente de la Iglesia Romana durante la Edad Media, se mantuvo en la fe ortodoxa Oriental. El estudioso Jaroslav Pelikan afirma:

“La principal idea de San Máximo, así como de toda la teología oriental, era la idea de deificación”.

Jaroslav Pelikan

Jaroslav Pelikan

Ese Máximo de Constantinopla, también llamado  “el Confesor”, lo expresó claramente:

“El se transformó en lo que somos con el objeto de que pudiéramos ser lo que El es”.

Maximo de Constantinopla

Maximo de Constantinopla

El principio se ha mantenido hasta la actualidad, tal como lo presentan estudiosos ortodoxos:

“En otras palabras, cada uno de nosotros está destinado a ser un dios, a ser como Dios mismo, a estar unidos con él… Este es el propósito de la vida: que seamos partícipes, compartiendo la naturaleza de Dios… para llegar a ser como Dios, verdaderos Dioses” (Christoforos Stavropoulos, “Partakers of Divine Nature,” en Eastern Orthodox Theology: A Contemporary Reader, ed. Daniel B. Clenendin (Grand Rapids,Mich.: Baker Books, 1995), pag. 184)

Aún en la Iglesia de Occidente la noción se hallaba muy clara durante los primeros siglos, como lo demuestra el siguiente listado de referencias:

“Dios llegó a ser hombre para que el hombre pudiese llegar a ser Dios”.  Tomás de Aquino

Tomas de Aquino

Tomas de Aquino

“Puedo llegar a ser Dios en la misma extensión en que El pudo ser hombre”. Gregorio de Nacianzo

Gregorio de Naciano

Gregorio de Nacianzo

“El Espíritu Santo ayuda al hombre a llegar a ser semejante a Dios, y lo máximo de todo, llegar a ser Dios”. Basilio de Cesarea

Basilio de Cesarea

Basilio de Cesarea

“Huid con toda la fuerza que hay en vosotros de ser hombres y apresuraos en llegar a ser dioses.” Origen

Origen

Origen

“El alma que se mantiene pura, recibiendo poder del Señor, estudia como transformarse en un dios” Clemente de Alejandría

Clemente de Alejandria

Clemente de Alejandria

“Si el Verbo llegó a ser hombre, será que los hombres podrán llegar a ser dioses.” San Irineo (En contra de las Herejías – Libro 5)

San Irineo

San Irineo

“Pero el mismo que justifica, también deifica, porque justificando El hace hijos de Dios. Les dio potestad de ser hijos de Dios. Y luego, si hemos sido hechos hijos de Dios, también hemos sido hechos dioses.” San Agustín (Sobre los Salmos 50.2)

“Quiere Dios hacerte igual a El y tu te esfuerzas en hacer a Dios igual a ti”. San Agustín

“¿Le culpamos a él (Dios) porque no fuimos hechos dioses desde el principio, pero fuimos primeramente creados como hombres, y más tarde como dioses? Aunque ha adoptado este camino, de su pura benevolencia, para que ninguno lo acuse de discriminación o mezquindad, él declara: ‘yo he dicho, vosotros sois dioses, y todos sois hijos del Altísimo’… Porque fue necesario al principio que la naturaleza fuera exhibida, y más tarde lo que era mortal fuera conquistado y transformado en inmortalidad”. San Irineo (En contra de las Herejías – Libro 4.38 cap. 4)

“Si yo digo; el Verbo de Dios se hizo hombre, así podréis aprender de un hombre como llegar a ser dios”. San Clemente de Alejandría (Exhortación a los Griegos 1)

“Si uno se conoce a sí mismo, conocerá a Dios, y conociendo a Dios será como Dios… La suya es hermosura, verdadera hermosura, porque él es Dios, y el hombre llega ser dios, ya que Dios lo desea. Así que Heráclito tenía razón cuando dijo: ‘Los hombres son dioses y los dioses son hombres’”. Clemente de Alejandría, El Instructor 3.1

“En el comienzo los hombres fueron hechos como Dios, libres de sufrimiento y muerte y son así considerados dignos de llegar a ser dioses y de tener el poder de llegar a ser hijos del Altísimo”. San Justiniano Martir (Diálogo con Trypho 134)

“El Verbo fue hecho carne para que nosotros pudiéramos ser capacitados para ser dioses… Tal como el Señor, tomando el cuerpo, llegó a ser hombre, también nosotros los hombres, somos deificados a través de su carne, y de ahora en más heredamos vida eterna”. San Atanasio (Contra los Arianos 1.39 – 3.34)

San Atanasio

San Atanasio

No debe sorprendernos pues, que con el advenimiento del evangelio restaurado, la idea primigenia haya vuelto a extenderse. Tal es lo expresado por Joseph Smith en el discurso con el que iniciamos estas reflexiones:

“… en un tiempo fue hombre como nosotros… habitó sobre una tierra, como Jesucristo mismo lo hizo… vosotros mismos tenéis que aprender a ser Dioses… como lo han hecho todos los Dioses antes de vosotros… (Enseñanzas de José Smith pag. 427-430)

Y lo acabaría plasmando John Taylor en su famosa frase:

“Como el hombre es, Dios una vez fue, y como Dios es, el hombre puede llegar a ser”.

Discusión y acercamientos teológicos

La doctrina Santo de los Ultimos Dias en cuanto a la deidad se acerca a lo que teólogos protestantes han denominado Trinitarianismo Social (Social Trinitarianism). Otro movimiento filosófico cristiano, reconocido como Teismo Abierto (Open Theism), propone que Dios continúa creciendo en conocimiento a medida que sus criaturas escogen y progresan. Esto los acerca mucho a la posición mormona en el tema. Joseph Smith no veía a la deidad como un estado de plenitud estática sino como uno de dinámico y perpetuo crecimiento. Sin embargo, la Iglesia jamás ha adoptado una doctrina oficial al respecto.

Según Brigham Young:

“El Dios al que sirvo progresa eternamente en conocimiento y poder, del mismo modo que sus hijos continuarán creciendo por toda la eternidad, si son fieles” (Brigham Young, Journal of Discourses 11:285)

Y para Wilford Woodruff:

“Si hubiese un punto en el que el hombre no pudiese continuar su progreso, tal idea cubriría de melancolía a toda mente reflexiva e inteligente. Dios mismo está creciendo y progresando en conocimiento, poder y dominio, y así continuará, mundos sin fin…” (Wilford Woodruff, Journal of Discourses 6:120)

Otros pensadores mormones, como Joseph Fielding Smith y Bruce McConkie, opinaban totalmente diferente, argumentando que si Dios ya es perfecto, no tiene necesidad de continuar progresando. Pero esa postura pone en riesgo toda nuestra cadena de progreso por las eternidades, por lo que (ya que los miembros estamos liberados de creer a nuestro parecer hasta que mayor luz sea dada) yo adhiero personalmente a la primer ideología.

David L. Paulsen

David L. Paulsen

Más que interesante fue la inclusión en Modern Reformation, una muy conservadora publicación evangélica, de las respuestas solicitadas a David L. Paulsen, profesor emérito de Filosofía en BYU (me he referido ya a dicho artículo en un texto anterior (Dios una vez fue como nosotros ahora) Por una cuestión de espacio, me limitaré a la cuarta pregunta:

Modern Reformation: Ha existido cierta discusión recientemente, entre los protestantes evangélicos, acerca de la naturaleza de Dios. Algunos teólogos, comúnmente denominados “Teistas Abiertos”, aseguran que Dios crece en conocimiento como respuesta a las acciones y elecciones de sus criaturas. ¿Permite la doctrina SUD una visión similar de Dios creciendo y cambiando según la época y circunstancias?

David Paulsen: Las escrituras Santo de los Ultimos Días resuenan con la abierta enseñanza de que Dios, en su amor, dotó a sus hijos humanos con albedrío moral. Por lo tanto, somos libres de escoger entre la vida eterna o la cautividad eterna. Al dotarnos de libertad, Dios ha escogido no ser totalmente determinante ni totalmente controlador. El responde a nuestros deseos, decisiones y hechos libres de modo creativo, amoroso y persuasivo y obra corporativamente con nosotros para alcanzar sus propósitos. De modo que estamos de acuerdo con los pensadores abiertos en que Dios es el máximo motor móvil… Pero ¿Continúa Dios creciendo o progresando, como lo sugieren los teólogos de la apertura?. Joseph Smith enseñó:

 “¿Qué hiciste tú, Jesús? Hice aquellas cosas que vi hacer a mi Padre cuando venían a su existencia los mundos. Mi Padre labró su reino con temor y temblor, y yo debo hacer lo mismo; y cuando gane mi reino, lo presentaré a mi Padre, a fin de que El pueda tener reino sobre reino y así aumentar en gloria. Entonces tendrá una exaltación mayor, y yo tomaré su lugar y así también lograré la exaltación. De modo que Jesús sigue los pasos de su Padre y hereda lo que Dios hizo antes; y así Dios es glorificado y ensalzado mediante la salvación y exaltación de todos sus hijos” (Joseph Smith, Discurso de King Follet) 

Tomemos nota de que esa declaración implica que los personajes divinos progresan. Joseph Smith no veía la perfección divina como un estado de plenitud estático, sino como una vida dinámica – una de crecimiento y progreso sin fin. Dios, como Dios, está eternamente auto superándose en algunos aspectos. ¿Pero en cuáles aspectos? La mayoría estaría de acuerdo, como Joseph claramente enseñó, que Dios se está auto superando en gloria, dominio y reinado. Del mismo modo todos, o casi todos, probablemente aceptarían que Dios se auto supera eternamente en creatividad y actividad creadora. ¿Pero crece en conocimiento? En este punto, la Iglesia no tiene una posición oficial y fieles Santos de los Ultimos Días están a menudo en desacuerdo.

Resumiendo, los Santos de los Ultimos Días difieren en cierto grado sobre la cuestión de si Dios continúa aumentando en conocimiento, pero afirman con una sola voz concerniente a la libertad humana y a la profunda y tierna pasibilidad de Dios” (Modern Reformation 12 Nº 6, Nov-Dic 2003)

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Por otra parte, el teólogo católico romano Stephen H. Webb, en dos obras recientes, “Mormon Christianity: What Other Christians Can Learn from the Latter-day Saints” (Cristianismo Mormón: Lo que otros cristianos pueden aprender de los Santos de los Ultimos Días) y “Jesus Christ, Eternal God: Heavenly Flesh and the Metaphysics of Matter” (Jesucristo, Eterno Dios: La Carne Celestial y la Metafísica de la Materia), con un abierto y sincero deseo de comprender la doctrina mormona y sus antecedentes en la historia religiosa, advierte sobre la necesidad “de una revisión de casi cada creencia cristiana”

Clark Pinnock, uno de los más creativos teólogos evangélicos de la actualidad, en un ensayo incluido en Mormonism at the Crossroads of Philosophy and Theology: Essays in Honor of David L. Paulsen (Jacob T. Baker, editor, Salt Lake City, Greg Kofford Books, 2012,) reconoce que si Dios es una persona, y la corporalidad es un aspecto esencial de ser una persona, entonces Dios debería estar materialmente corporizado de algún modo fundamental.

Clark Pinnock

Clark Pinnock

Jean-Luc Marion en Modern Theology, Volumen 29, Nº 1, Enero 2013, pags 18 a 47, basándose en reflexiones de Juan Pablo II, plantea la falsa división entre el amor físico-carnal y el supuesto y más elevado amor de tipo espiritual, exponiendo convincentemente que el amor entre un hombre y una mujer es la base para todos los otros tipos de amor. Eso lo acerca muchísimo a algunos presupuestos de Parley P. Pratt.

Jen-Luc Marion

Jen-Luc Marion

En su discurso Conversation in Nauvoo about the corporality of God (Conversación en Nauvoo sobre la Corporalidad de Dios) ofrecido por el eminente rabino Jacob Neusner en la Universidad de Brigham Young, se imaginó a sí mismo siendo enviado por el Gran Rabino de Polonia, en 1844, para averiguar sobre los rumores de una nueva Torah que está siendo revelada a un joven americano.

“Por ello, el sermón de King Follett, presentado en abril de 1844, me hubiese hallado en un costado escuchando cuidadosamente e intentando hallar en las fuentes de mi religión los fundamentos para comprender esta religión que en ese momento estaba en su total expresión y realización… entre las muchas cosas que dijo ese día sólo podría haber absorbido algunas pocas. Su doctrina de cómo Dios, en concejo, llevó a cabo la creación, me hubiese hecho pensar en la lectura de la creación en la recopilación del Midrash, el Genesis Rabbah, que trata lo mismo. Si mi misión hubiese sido la de un erudito, habría regresado a casa y escrito una larga nota al pie sobre los paralelos entre la lectura que hacía Joseph Smith del Génesis y la que realizaban nuestros sabios judíos de bendita memoria. Pero hubiese puesto el mayor foco de interés en su notable insistencia en la corporalidad de Dios, una visión que, tanto en el cristianismo como en el judaísmo, no sobrevivió a los movimientos filosóficos de la Edad Media y a su encuentro con Aristóteles… La doctrina de Joseph Smith me hubiese parecido importante por dos razones; la primera porque iba en contra de la sabiduría recibida de los filósofos, incluso del judaísmo, de que Dios debía concebirse como no físico, no corpóreo. Se nos había enseñado por largo tiempo que todas las referencias a dios como una persona con rasgos y cualidades físicas análogas a las nuestras debían ser consideradas como metáforas. Toda la herencia filosófica que había ingresado al judaísmo, el cristianismo y el islam en épocas medievales, insistía en que dios no debía representarse en forma humana a pesar de las explícitas declaraciones de las escrituras que Joseph citaba ese día en Nauvoo; pero hay una segunda razón por la cual esa doctrina hubiese dejado una marca en mi memoria y atrapado mi atención, y es que en los documentos formativos de la Torah en su versión oral, aparece esa misma convicción de la corporalidad de dios, un ser al que podemos ver y conocer como nos conocemos unos a otros”.

Jacob Neusner

Jacob Neusner

Después de una extensa defensa de las enseñanzas del Profeta en su discurso de Nauvoo con base en las tradiciones y escritos judíos, Neusner finalizó su exposición:

“El Judaísmo de la Tora dual fue, y es, una religión del aquí y el ahora – y así lo era, y es, su Dios. Y debo mantener que, sobre esa base podemos orar – pero sólo sobre esa base. No podemos orar y no lo hacemos a principios filosóficos o doctrinas teológicas sino a la persona que se manifestó a sí misma en la Tora. Como dice el Midrash, cuando el santo, bendito sea, creó al primer hombre, los ángeles lo confundieron con Dios. A finales del siglo veinte, cuando ningún ángel confundiría al hombre con Dios sino probablemente con Satán, es importante contemplar imágenes divinas del Hombre, tal como lo hizo Joseph Smith el 7 de abril de 1844, justamente un siglo antes del apogeo del Holocausto” (BYU Studies 36 Nº 1 (1996-97), pags. 7-30)

Algunas conclusiones provisorias:

El Dios de Abraham, Isaac y Jacob se ha diferenciado a menudo del dios de los filósofos. Este último es sólo una concepción humana – el producto de una racionalización teológica, sin base explícita en la revelación bíblica. Si bien el Dios de los filósofos es concebido de diversos modos, generalmente se lo reconoce, entre otros rasgos, como absolutamente ilimitado en sus aspectos, totalmente otro, magníficamente simple, inmaterial, atemporal, fuera del espacio, inmutable e impasible. De modo contrastante, el registro bíblico describa al Dios de Abraham, Isaac y Jacob como “el Dios viviente” que creó al hombre “a su propia imagen y semejanza” (Gen. 1:26) que habló con Moisés “cara a cara, como u hombre habla con su compañero” (Ex. 33:11) Es el Dios amoroso profundamente (Hebreos 4:15), involucrado salvíficamente en nuestras vidas individuales y colectivas

El rechazo de la corporalidad divina trajo en paralelo un rechazo de la propia corporalidad humana. Tomás de Kempis, el famoso clérigo agustino, en su Imitatio Christi, aseguraba:

 “Bendito el hombre que resiste violentamente a la naturaleza, y mediante el fervor del espíritu crucifica los placeres de la carne para purificarse y ser admitido en los coros angélicos”.

Pero, afirmaciones de este tipo, con la que muchos mormones podrían estar de acuerdo en un inicio, provocarían excesos como la flagelación, el celibato o la auto emasculación de Origen, según cuenta la tradición.

Si bien nuestra doctrina proclama la corporalidad divina y nuestra cosanguineidad con Dios, la corporalidad humana continua siendo una ausencia presente (si se permite el oxímoron) dentro de la tradición mormona. Raramente hablamos sobre ella, salvo en referencias oblicuas relacionadas con la Palabra de Sabiduría o la ley de Castidad. En algunas tendencias discursivas enfatizamos los aspectos negativos, listando lo que no debe hacerse con el cuerpo, pero raramente lo que sí puede y debe hacerse con él, aquello que provocó que las estrellas de los cielos y los hijos de Dios gritaran de gozo al saber del plan.

La venta de literatura educativa sexual en librerías que son propiedad de la Iglesia, en la que se señalan técnicas de satisfacción erótica y se asegura que tanto las relaciones íntimas como el orgasmo han sido divinamente sancionados, parece querer compensar la ausencia del tema en los discursos oficiales o la falta de capacitación en esa área de los líderes eclesiásticos, pero llenar una necesidad y reclamo de los miembros.

El presente trabajo se ha beneficiado con la lectura de los siguientes textos:

 

James E. Faulconer,  Divine Embodiment and Transcendence: Propaedeutic Thoughts and Questions, Element 1:1, Primavera 2005

Daniel B. McKinlay, Joseph Smith on the Body as a Fallen or Blessed Vessel, enJoseph Smith and the Doctrinal Restoration, 34th Annual Sidney B. Sperry Symposium, 2005, BYU, Deseret Book

David L. Paulsen, The God of Abraham, Isaac and Joseph Smith: Defending the Faith.

Aaron S. Reeves, Embodiment in Mormon Thought: Ambiguity, Contradiction and Consensus, International Journal of Mormon Studies, Vol. 5, 2012, pags. 139-164.

Benjamin E. Park, Salvation through a Tabernacle: Joseph Smith, Parley P. Pratt and Early Mormon Theologies of Embodiment, Dialogue: a Journal of Mormon Thought, vol.43 Nro.2 (Verano 2010)

Robert Fuller, Religion and the Body, Bradley University, Oxford Research Encyclopedia.

http://religion.oxfordre.com/view/10.1093/acrefore/9780199340378.001.0001/acrefore-9780199340378-e-18. Consultado online 20-12-2016

Divino Antropomorfismo y Exaltada Corporalidad – Segunda Parte

Doctrina

Divino antropomorfismo y exaltada corporalidad

Segunda Parte

Por Mario R. Montani

Del cuerpo de Cristo

Si bien con características únicas y propósitos especiales, el cuerpo de Cristo es el gran arquetipo y referente para el género humano.

Parley P. Pratt, amigo y cercano colaborador de Joseph Smith, escribió los versos de “Tan humilde al nacer”, un poema que, en términos contrastantes, evoca las condiciones del  primer arribo del Salvador como siervo y las posteriores a su resurrección, como Rey del mundo (En nuestros himnarios, Nº 120, con música de “IlCrociato in Egitto” del compositor operístico Giacomo Meyerbeer):

“Tan humilde al nacer, Cristo viene con poder

Antes el dolor sufrió, hoy el reino heredó.

Cual cordero El vivió; hoy es El el gran Yo Soy

El que en la cruz murió hoy de gloria se cubrió.

Antes aguantó dolor; hoy vendrá con esplendor.

El que rechazado fue hoy será del mundo Rey

El que humillado fue, de los cielos es el Rey.

Todo cuanto padeció para El ya terminó.”

En Filipenses Cap. 2 aprendemos sobre Cristo que:

“…sin embargo, se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre”

Estos pasajes enseñan que el Salvador se despojó, se vació (ekenosen), de su forma divina para conocer la experiencia corporal de la mortalidad.

Muchos debates provocó esta cuestión en los diferentes Concilios de la Iglesia primitiva. A veces, tomando como base algunos escritos de Pablo, se llegó a pensar que el cuerpo de Cristo era sólo apariencia:

“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Romanos 8:3)

Las escrituras modernas son bastante más claras con respecto a la necesidad del Salvador de pasar por la experiencia mortal con un cuerpo para llevar a cabo la expiación: 

Y he aquí, sufrirá tentaciones, y dolor en el cuerpo,hambre, sed y fatiga, aún más de lo que el hombre puede sufrir sin morir; pues he aquí, la sangre le brotará de cada poro, tan grande será su angustia por la iniquidad y abominaciones de su pueblo” (Mosiah 3:7)

“Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo.Y tomará sobre sí la muerte, para soltar las ligaduras de la muerte que sujetan a su pueblo; y sus debilidadestomará él sobre sí, para que sus entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las debilidades de ellos. Ahora bien, el Espíritu sabe todas las cosas; sin embargo, el Hijo de Dios padece según la carne, a fin detomar sobre sí los pecados de su pueblo, para borrar sus transgresiones según el poder de su liberación; y he aquí, este es el testimonio que hay en mí”. (Alma 7: 11-13)

Y así la carne, habiéndose sujetado al Espíritu, o el Hijo al Padre, siendo un Dios, sufre tentaciones, pero no cede a ellas, sino que permite que su pueblo se burle  de él, y lo azote, y lo eche fuera, y lo repudie… Sí, aun de este modo será llevado, crucificado y muerto, la carne quedando sujeta hasta la muerte, la voluntad del Hijo siendo absorbida en la voluntad del Padre. Y así Dios rompe las ligaduras de la muerte, habiendo logrado la victoria sobre la muerte; dando al Hijo poder para interceder por los hijos de los hombres, habiendo ascendido al cielo, henchidas de misericordia sus entrañas, lleno de compasión por los hijos de los hombres; interponiéndose entre ellos y la justicia; habiendo quebrantado los lazos de la muerte, tomado sobre sí la iniquidad y las transgresiones de ellos, habiéndolos redimido y satisfecho las exigencias de la justicia” (Mosiah 15: 5-9)

Este conocimiento ilumina también la pregunta del ángel a Nefi (1 Nefi 11: 16)

Y me dijo: ¿Comprendes la condescendencia de Dios?” 

Con su etimología en el latín condescenderé (prefijo con: convergencia, reunión y verbo descendo: descender, rebajarse para ponerse al nivel de alguien) es el acto de descender a un estado menor, renunciando a privilegios de rango o jerarquía, no por necesidad u obligación, sino por bondad. Está relacionada con la magnanimidad y la empatía e implica otorgar honores a alguien de una posición o categoría inferior.

La corporalidad de Cristo queda también claramente establecida en el siguiente pasaje de Doctrina y Convenios:

“Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten; mas si no se arrepienten, tendrán que padecer así como yo; padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar (DyC 19:16-18)

Es teológicamente obvio que, cuando nos alegramos en el concilio preterrenal por la oportunidad de venir a tomar un cuerpo, también celebramos la elección de un Salvador para cumplir su misión redentora.

Ordenanzas cristianas como el bautismo, la santa cena, la imposición de manos o la unción, todas tienen al cuerpo como objeto central.

El mismo Apóstol Pratt, al referirse a la aparición del Cristo resucitado, según el relato de Lucas, declara:

“Aquí se acababa el misticismo, aquí se hallaba la salvación material; aquí había carne y huesos, inmortales y celestiales, preparados para un eterno florecimiento en las mansiones de gloria; y demostrado por los sentidos de la vista, la percepción y el oído” (Parley P. Pratt, Immortality and Eternal Life… pags. 27-28)

Fotografía de Parley P. Pratt (1852)

Fotografía de Parley P. Pratt (1852)

Una divergencia doctrinal no concluyente es nuestra definición de un dios como un ser exaltado (con un cuerpo celestial glorificado luego de una experiencia terrena, muerte y resurrección) con el hecho de que Cristo ya era considerado un dios (o al menos un componente de la deidad) sin haber aún pasado por la experiencia corporal, lo cual queda claro en la experiencia del hermano de Jared:

 “Y dijo al Señor: Vi el dedo del Señor, y tuve miedo de que me hiriese; porque no sabía que el Señor tuviese carne y sangre. Y el Señor le dijo: A causa de tu fe has visto que tomaré sobre mí carne y sangre; y jamás ha venido a mí hombre alguno con tan grande fe como la que tú tienes; porque de no haber sido así, no hubieras podido ver mi dedo. ¿Viste más que esto?… He aquí, yo soy el que fue preparado desde la fundación del mundo para redimir a mi pueblo. He aquí, soy Jesucristo. Soy el Padre y el Hijo. En mí todo el género humano tendrá vida, y la tendrá eternamente, sí, aun cuantos crean en mi nombre; y llegarán a ser mis hijos y mis hijas. Y nunca me he mostrado al hombre a quien he creado, porque jamás ha creído en mí el hombre como tú lo has hecho. ¿Ves que eres creado a mi propia imagen? Sí, en el principio todos los hombres fueron creados a mi propia imagen. He aquí, este cuerpo que ves ahora es el cuerpo de mi espíritu; y he creado al hombre a semejanza del cuerpo de mi espíritu; y así como me aparezco a ti en el espíritu, apareceré a mi pueblo en la carne”. (Eter 3:8-17)

Algunos han especulado con la posibilidad de que el tiempo no es parte de la eternidad sino que posee una cualidad ontológicamente diferente, la cual no se ve alterada por el devenir de la historia humana. Sin embargo, los pasajes de Eter parecen mostrar claramente que el Salvador interactúa dentro del tiempo histórico, por lo que ha tenido una etapa como espíritu, una etapa como mortal y una final como ser exaltado, sin perder en ningún momento su calidad divina. Suponemos que algo similar ocurrirá oportunamente con el tercer miembro de la trinidad, el Espíritu Santo.

Tempranas visiones del mormonismo sobre  la corporalidad

Una interesante reflexión del antropólogo Bryan Turner:

Bryan Turner

Bryan Turner

“El cuerpo, más que una información brindada naturalmente, es un artefacto construido socialmente, al igual que otros productos culturales. El cuerpo (su imagen, posesión y representación) es el efecto de innumerables prácticas, conductas y discursos que lo construyen y producen como un elemento culturalmente reconocible de las relaciones sociales”(Bryan S. Turner, The Body in Western Society: Social Theory and its perspectives, en Religion and the Body, Sarah Coakley, editora, Cambridge, Inglaterra, Cambridge UniversityPress, 1997, pag. 19)

La notable investigadora en estudios religiosos Marie Griffith:

R. Marie Griffith

R. Marie Griffith

“Una verdad de la que debemos tomar nota es que los cristianos devotos de las primeras etapas desarrollaron una profunda ambivalencia acerca de la carne… sentían que el cuerpo era una carga que debía sufrirse resignadamente durante la vida terrenal mientras también era el material clave en el que se forjaban las prácticas devocionales y el progreso espiritual” (Marie R. Griffith, Born Again Bodies: Flesh and Spirit in American Christianity, Berkeley, University of California Press, 2004, pag. 23)

Esta ambivalencia también fue heredada por los miembros de la Iglesia de las primeras décadas, quienes provenían mayormente de un ambiente cultural puritano.

“El cuerpo, tanto en su calidad de agente material como de símbolo metafórico, fue el centro de los esfuerzos puritanos por dominar la individualidad con el propósito de erigir una sociedad deificada. Siendo el cuerpo la medida exterior de la virtud interna, requería tipos específicos de disciplina. Los modos en que una persona se vestía, comportaba, alimentaba, expresaba su sexualidad y exteriorizaba la piedad eran vistos como indicadores del grado de compromiso con una sociedad jerárquica y estratificada y, por lo tanto, la arena principal en la disputa por el poder cultural” (Robert Fuller, Bradley University, Religion in America, Rituals, Practice and Symbolism, publicación on line, Marzo 2015)

Dr. Robert Fuller

Dr. Robert Fuller

Lorenzo Dow (1777-1834) fue un famoso predicador evangelista itinerante, promotor de los movimientos de “revival” religioso que tan bien describe Joseph Smith al referirse a su niñez. Su fama e influencia fueron tales que muchos de los nacidos en la primera mitad del siglo XIX recibieron su primer nombre como homenaje. De hecho, nuestro Lorenzo Snow (quien vio la luz en 1814) no fue una excepción.

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“El cuerpo mortal es una obstrucción para mi alma y frecuentemente tiende a sobrecargar mi mente con flaquezas de las que no espero librarme hasta que mi espíritu retorne a Dios” [Lorenzo Dow, The Opinion of Dow; or, Lorenzo’s Thoughts, on Different Religious Subjects, in an Address to the People of New England (Windham,Vt.: J. Byrne, 1804), pag. 96]

Jonathan Edwards (1703-1758), un teólogo puritano:

Jonathan Edwards

Jonathan Edwards

“Los mortales están retenidos por un cuerpo pesadamente moldeado, un bulto de carne y sangre, no adecuado como órgano para un alma inflamada por los superiores ejercicios del amor divino. De buen grado volaría, pero es mantenida aquí abajo, cual si tuviese un peso en sus pies”(Jonathan Edwards, “Heaven Is a World of Love,” citado en George M. Marsden, Jonathan Edwards: A Life (New Haven, Conn.: Yale UniversityPress, 2003), pag.191)

No es de extrañar que los primeros miembros de la Iglesia, formados en ese ambiente ideológico, hayan priorizado escrituras como la del “hombre natural, enemigo de Dios” (Mosiah 3:19), que incluían una visión un tanto pesimista sobre la corporalidad como la habitación del pecado, el objetivo de la tentación y la esclavitud del alma.

Por otra parte, Joseph Smith nació en una época en la cual el Romanticismo avanzaba la idea de que el individuo era innatamente bueno, y la recientemente establecida República buscaba, simultáneamente, liberarse de muchas ataduras del pasado, incluyendo algunas de orden moral. Ambas corrientes se mezclaron en el transcurso de su corta vida.

Posterior desarrollo de una teología de la corporalidad

Con la irrupción de la materialidad del espíritu así como los muchos conceptos a desgajar del discurso de King Follet y otras novedades doctrinales, el escenario estaba listo para revisar nuestra teología con respecto al cuerpo del hombre:

“Uno de los principales objetivos de nuestro bendito Redentor era la redención de nuestros cuerpos materiales, y la restauración de todo el mundo físico del dominio del pecado, de la muerte y la maldición… ¿Qué tipo de salvación necesitamos entonces? Respondo, necesitamos la salvación de la muerte y la tumba, así como de nuestros pecados… una salvación no sólo de nuestros espíritus,  sino también de nuestro cuerpo y partes, de nuestra carne y huesos, nuestras manos, pies y cabezas, con cada órgano, miembro y articulación”.(Parley P. Pratt, Immortality and Eternal Life of the Material Body, Nauvoo, Illinois, John Taylor editor, 1840, pags. 27-29)

El establecimiento de Sión que impulsaba Joseph Smith incluía tanto lo temporal como lo espiritual, desde compras de inmuebles y edificación de ciudades hasta migraciones inter estatales, afectando la vida diaria de toda una creciente comunidad. También a regular aspectos corporales como el horario de ir a dormir y los alimentos a consumir con vistas a la futura participación en el templo.

Los sacerdotes fieles recibieron una revelación de que, si magnificaban sus llamamientos, serían “santificados por el espíritu para la renovación de sus cuerpos” (DyC 84:33). La Palabra de Sabiduría incluía la promesa de “salud en el ombligo y médula en los huesos”.

De modo que el cuerpo comenzó a ser visto como una herramienta imprescindible para el progreso total del hombre. No necesitaba ser vencido sino perfeccionado.

“El Mormonismo estableció al cuerpo humano como foco principal de la vida religiosa y ritual de un modo mucho más acentuado que cualquier otra forma de Cristianismo en occidente” (Douglas J. Davies, The Mormon Culture of Salvation: Force, Grace, and Glory(Aldershot, England: Ashgate, 2000), pag. 122)

Quien se encargó de llevar esta teología a su máxima expresión fue, sin dudas, el ya mencionado Parley P. Pratt. Para 1839 había escrito The Regeneration and Eternal Duration of Matter (La Regeneración y Duración Eterna de la Materia). Allí argumentó por primera vez que tomar un cuerpo era la principal razón de la existencia de la Tierra y que todos los que desearan recibir una herencia celestial deberían pasar por esa experiencia (Parley P. Pratt, The Millenium and Other Poems… A Treatise on the Regeneration and Eternal Duration of Matter, New York, W. Molineaux, 1840, pags.134-135)

En 1841, el Profeta hizo suya la idea:

“Joseph declaró que antes de la fundación de la Tierra, en el Gran Concilio, todos los espíritus de los Hombres se hallaban bajo opresión y que el expreso propósito de Dios al brindarles un tabernáculo era armarlos en contra de los poderes de las Tinieblas”.(Sermón del 19 de Enero 1841, The Words of Joseph Smith, Ehat and Cook, pag. 62)

También sus allegados:

“(Los espíritus) aceptaron tomar cuerpos de carne y obtener una superior y eterna corona de gloria”.(W.W.Phelps, Samuel Brown, William Phelps’s Paraclete and Early Witness to Joseph Smith’s Divine Anthropology, International Journal of Mormon Studies 2, 2009, pag. 80)

“(Que los espíritus) eran hombres en embrión – inteligencias a la espera de venir al mundo natural y tomar sobre sí carne y huesos, para que mediante el nacimiento, la muerte y la resurrección, también ellos pudiesen ser perfeccionados en la organización material” (Parley P. Pratt, Materiality…)

De este modo el cuerpo pasó de ser un acompañante en la experiencia telestial humana a constituirse en el motivo central de la propia experiencia.

“El gran principio de felicidad consiste en tener un cuerpo” (Joseph Smith, Sermón del 5 de Enero 1841, George D. Smith, An Intimate Chronicle, pag. 516)

La elaboración de estas ideas no sólo definió la corporalidad de Dios y su progenie sino el establecimiento de lo que daría en llamarse “el cielo doméstico”, el destino final de los seres humanos, pleno de materialidad (edificios, paisajes, vestimentas) y emociones (durabilidad de las relaciones familiares y de amistad, exaltación de los sentimientos purificados)

“Me resultan más dolorosos los pensamientos de aniquilación que los de la muerte. Si no tuviese la esperanza de volver a ver a mi madre, hermanos, hermanas y amigos, mi corazón estallaría de inmediato y yo descendería a mi tumba… La esperanza de ver a mis amigos en la mañana de la resurrección alegra mi alma, y me permite soportar los males de la  vida”  (J.Smith, Sermón del 16 de Abril 1843, The Words of Joseph Smith, Ehat and Cook pag. 196)

“En la resurrección y la vida venidera, los hombres que estén preparados realmente tendrán una herencia material sobre la tierra. Poseerán casas, y ciudades, y poblados, oro y plata y piedras preciosas y alimentos y vestiduras, y comerán, beberán, conversarán, pensarán, caminarán, gustarán, olerán y disfrutarán. También podrán cantar y predicar, y enseñar, y aprender e investigar; tocar instrumentos musicales, y gozar de las puras delicias del afecto, amor y felicidad doméstica. Mientras cada uno, como Jesús resucitado, tomará a su amigo de la mano y le dirá: ‘toca y mira; pues un espíritu no tiene carne y hueso como ves que yo tengo’”.(P.Pratt, Immortality and Eternal Life of the Material Body, pag. 30)

Monumento a Parley P. Pratt en Parowan, Utah

Monumento a Parley P. Pratt en Parowan, Utah

“Quienes ven a nuestros afectos naturales como resultado de una naturaleza caída y corrupta… carnales, sensuales y diabólicos… los que deben ser resistidos, subyugados o vencidos como otros tantos males que evitan nuestra perfección y progreso en la vida espiritual… han equivocado totalmente la fuente y origen de la felicidad. Cualquier intento de reprimir las inclinaciones naturales es entera y expresamente contrario al espíritu y objeto de la verdadera religión”.(Parley P. Pratt, An Appeal to the Inhabitants of the State of New York, Letter to Queen Victoria, (Reprinted from the Tenth European Edition,) The Fountain of Knowledge; Immortality of the Body, and Intelligence and Affection [Nauvoo: John Taylor, Printer, 1840], pags. 37-38)

“La vida religiosa no reprime los sentimientos, aumenta, engrandece, expande y purifica, todas las pasiones y los afectos naturales; y los adapta, por el don de sabiduría, para su uso apropiado… tendiendo a un mayor gozo…inspira virtud, amabilidad, bondad, ternura, dulzura y caridad. Descubre la belleza en la forma y rasgos de las personas… desarrolla y vigoriza todas las facultades físicas e intelectuales del hombre. Fortalece, vigoriza y da tono a los nervios. Resumiendo, es, como médula a los huesos, gozo al corazón, luz a los ojos, música a los oídos y vida a todo el ser” (Parley P. Pratt, Key to the Science of Theology, 1877, pags. 101-102

Según Pratt, estos “afectos naturales” se centraban en el amor físico y emocional entre un hombre y una mujer, el que había sido implantado divinamente en los individuos para promover la unión y felicidad. De esos afectos derivaban los demás deseos naturales que validaban la experiencia humana.

“En vez de buscar a Dios para que produzca un cambio misterioso, o para que vuestros afectos y atributos sean quitados o sometidos… oradle para que cada afecto, atributo, poder y energía de vuestro cuerpo y vuestra mente puedan ser cultivados, aumentados, expandidos, perfeccionados y utilizados para Su gloria, para vuestra propia gloria y felicidad, y para la de todos aquellos que tengan la buena fortuna de asociarse con vosotros”(Parley P. Pratt,… Intelligence and Affection, pag. 38-39)

Parley P. Pratt y su esposa, Elzabeth Brotherton

Parley P. Pratt y su esposa, Elzabeth Brotherton

Cuánto pudo influir esta teología en el establecimiento de la poligamia es algo sobre lo que aún nos debemos una reflexión, aunque investigadores no miembros de la Iglesia ya lo han planteado (Lawrence Foster, Religion and Sexuality: The Shakers, the Mormons, and the Oneida Community, Urbana: University of Illinois Press, 1984).

El cuerpo y Satanás

“Vinimos a esta tierra para tener un cuerpo y presentarlo puro ante Dios en el reino celestial. El gran principio de la felicidad consiste en tener cuerpo. El diablo no lo tiene y ése es su castigo…” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia – José Smith, La Iglesia de Jesucristo de los SUD, 2007, pag. 222)

“Todos los espíritus que poseen cuerpos tienen poder sobre aquellos que no lo poseen” (Joseph Smith, Sermón del 5 de Enero 1841, The Words of Joseph Smith, Ehat and Cook , pag.60)

“el cuerpo es de la tierra, y se halla sujeto al poder del diablo, estando bajo la poderosa influencia de la naturaleza caída propia de la tierra. Si el espíritu se somete al cuerpo, entonces el diablo tiene poder tanto de vencer al cuerpo como el espíritu del hombre, y éste perderá ambos”. (Brigham Young, Journal of Discourses 2:256)

Por propia decisión, Satanás y sus huestes se abstuvieron de participar en el plan de redención que permitiría nuestro progreso mediante la experiencia terrenal. No sólo eso sino que intentaron destruir ese plan. No obstante su rechazo, desde el principio de los tiempos, intentaron usufructuar la corporalidad por medios no autorizados.

“El mayor de los castigos del diablo es que no tendrá un tabernáculo; ese es su castigo. De modo que el diablo, pensando en torcer los decretos de Dios al ir y venir por la tierra, busca a quien destruir; a cualquiera que halle y se doblegue ante él, lo atrapará, tomando posesión del cuerpo, y reinará allí, glorificándose grandemente, sin pensar que tiene un cuerpo robado. Con el paso del tiempo, alguien con Autoridad vendrá, lo echará, y restaurará el tabernáculo a su legítimo dueño, pues el diablo roba el tabernáculo pues no posee uno propio, sino uno del que será finalmente despedido” (The Words of Joseph Smith, Ehat and Cook, pag. 196)

“Se nos ha enseñado que debemos considerar a nuestros cuerpos un don de Dios. Los Santos de los Ultimos Días no vemos al cuerpo como algo que debe ser condenado, o aborrecido. Tomamos al cuerpo como signo de nuestro linaje real… Reconocemos que a aquellos que no guardaron su primer estado se les negó esta inestimable bendición… Creemos que estos cuerpos pueden llegar a ser, en verdad, templos del Espíritu Santo”.(James E. Talmage, CR Octubre 1913, pag. 117)

Boyd K. Packer, en su calidad de Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, ha agregado recientemente:

“El adversario tiene celos de todos los que tienen el poder de procrear. Satanás no puede procrear; es impotente, “…él busca que todos los hombres sean miserables como él”. Él trata de degradar el debido uso de los poderes procreadores tentándolos a ustedes para que sostengan relaciones inmorales”.  (Boyd K. Packer, Limpiemos el vaso interior, Octubre 2010)

El cuerpo como Templo y en el Templo

Hugh Nibley señala que en toda la literatura apócrifa “El alma no es enviada aquí como castigo ni para ser aprisionada en la carne… más bien se la envía para ser examinada y puesta a prueba en la “bendita vasija” de la carne cuya inmortalidad está garantizada por la resurrección” (Hugh Nibley, Mormonism and Early Christianity, Provo, FARMS, 1987, pag. 16)

El uso de “vasijas” o “vasos”, como aparece en otras traducciones, skeuos en el original,  indica una conexión con el Templo de Jerusalén, ya que los instrumentos que se utilizaban allí llevaban esa denominación, y preanuncia la descripción de Pablo:

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”(1 Corintios 3:16)

Lo cual se confirma en las escrituras modernas:

“Los elementos son el tabernáculo de Dios; sí, el hombre es el tabernáculo de Dios, a saber, templos; y el templo que fuere profanado, Dios lo destruirá” (DyC 93:35)

Nuevamente surge el dualismo de considerar al cuerpo tanto un elemento caído y proclive a pecar como un sagrado recinto. A pesar de la tendencia carnal a fallar, la comparación enaltece la corporalidad. El cuerpo tiene la posibilidad no sólo de albergar al espíritu humano, provisto por Dios, sino también al Espíritu de Dios. Con la creciente importancia del Templo como lugar dedicado y consagrado en la doctrina y práctica mormona, la equivalencia no puede ser dejada de lado. Si el Templo representa una embajada del Reino Celestial enclavada en nuestro planeta, donde rigen tiempos y espacios sagrados, en cierto modo también eso son nuestros cuerpos, si debemos creer lo que las Escrituras nos dicen. Tanto el uso de “tabernáculo” como de “templo” habilitan y revalidan nuestra particular concepción de una teología de la divina corporalidad.

Las narrativas de la Creación, la Caída y la posibilidad de Redención, con diferentes ropajes siempre presentes en los templos de toda época, también avalan esa teología. James Talmage propuso que tanto la tierra como el hombre siguen un camino paralelo de nacimiento, bautismo, muerte y resurrección como parte de su progreso eterno (James E Talmage, Articles of Faith, Salt Lake City, Deseret Book Co., 1981, pag. 341)

Quizás una de las formas de comprender las innovaciones introducidas por la Restauración sea comparar la liturgia de la extrema unción, practicada a los moribundos por algunas religiones, en la que se ungen los centros de los cinco sentidos pidiendo el perdón de los deseos carnales durante la vida, con el ritual del Templo, en el que esos mismos centros sensoriales son ungidos no como acto de arrepentimiento por sus funciones sino para ser incrementados y santificados.

Todos los actos simbólicos y litúrgicos que se llevan a cabo en los templos poseen una profunda raíz corporal. Nuestros cuerpos son allí los actores principales, mientras repasamos las experiencias mortales de nuestros primeros padres y del Salvador. Un caso particular son las ordenanzas vicarias. Si bien no es teológicamente claro por qué los espíritus desincorporados no pueden recibir el bautismo y otras ordenanzas en el Mundo de los Espíritus, ya que creemos en una cierta “materialidad” de ese mundo, con sus equivalentes de “agua”, “edificios” y “Templos”, aparentemente el hecho de que los individuos serán juzgados por “sus hechos en la carne” indica que aún las ordenanzas salvadoras deben realizarse “en la carne”, ya sea por ellos mismos o sus representantes.

Continuará en la Tercera y última Parte /////

El presente trabajo se ha beneficiado con la lectura de los siguientes textos:

James E. Faulconer,  Divine Embodiment and Transcendence: Propaedeutic Thoughts and Questions, Element 1:1, Primavera 2005

Daniel B. McKinlay, Joseph Smith on the Body as a Fallen or Blessed Vessel, enJoseph Smith and the Doctrinal Restoration, 34th Annual Sidney B. Sperry Symposium, 2005, BYU, Deseret Book

David L. Paulsen, The God of Abraham, Isaac and Joseph Smith: Defending the Faith.

Aaron S. Reeves, Embodiment in Mormon Thought: Ambiguity, Contradiction and Consensus, International Journal of Mormon Studies, Vol. 5, 2012, pags. 139-164.

Benjamin E. Park, Salvation through a Tabernacle: Joseph Smith, Parley P. Pratt and Early Mormon Theologies of Embodiment, Dialogue: a Journal of Mormon Thought, vol.43 Nro.2 (Verano 2010)

Robert Fuller, Religion and the Body, Bradley University, Oxford Research Encyclopedia. http://religion.oxfordre.com/view/10.1093/acrefore/9780199340378.001.0001/acrefore-9780199340378-e-18. Consultado on line 20-12-2016

Divino Antropomorfismo y Exaltada Corporalidad – Primera Parte

Doctrina

Divino antropomorfismo y exaltada corporalidad

Primera Parte

Por Mario R. Montani

De la corporalidad divina

Establezcamos el escenario: era la Conferencia General Anual de la Iglesia Nº 14, el 7 de abril de 1844, en Nauvoo, Illinois. Una de las sesiones, la de la tarde, fue una despedida del Elder King Follet, amigo personal del Profeta, quien había muerto semanas atrás al desmoronarse un pozo en el que trabajaba. Si bien Joseph Smith ya había dejado un mensaje en los funerales propiamente dichos, el 10 de marzo, la esposa de Follet, Louisa, acompañada de sus seis hijos, le pidió que volviese a referirse al tema de los muertos. Los santos se reunían al aire libre, en una arboleda que daba al río y que se había acondicionado con bancas de madera y una tribuna para los oradores. Aunque varios diarios personales hablan de 20.000 asistentes, hoy se estima que la concurrencia real rondaba los 14.000 o 15.000. Si bien el día anterior había llovido, la tarde dominical era típicamente de primavera, templada y apacible. El Profeta habló durante 2 horas y cuarto, en el que sería un clásico de la literatura religiosa mormona, uno de los más extensos de sus discursos y pleno de ampliaciones doctrinales y teológicas. También fue la última Conferencia a la que asistió, ya que poco más de dos meses después estaría muerto. Debido a las pobres condiciones auditivas, Joseph debió esforzarse para ser escuchado. Al día siguiente abrevió su discurso pues ya no podía proyectar la voz. Tres secretarios tomaron notas oficialmente: William Clayton, Thomas Bullock y Willard Richards. También Wilford Woodruff lo escribió en su diario personal. Clayton (el autor de “Oh, Está Todo Bien”) y Richards eran secretarios personales de Joseph. Bullock era asistente legal capacitado en Inglaterra, donde había servido como secretario de aduana de la reina Victoria. De las notas tomadas por los cuatro antedichos pudo reconstruirse eficazmente la totalidad del discurso.

Discurso de King Follet

Discurso de King Follet

En esa ocasión declaró enfáticamente:

“¡Dios una vez fue como nosotros ahora; es un hombre glorificado, y está sentado sobre su trono allá en los cielos! Ese es el gran secreto. Si el velo se partiera hoy, y el Gran Dios, que conserva este mundo en su órbita y sostiene todos los mundos y todas las cosas con su poder, se manifestase a sí mismo, digo que si fueseis a verlo hoy, lo veríais en la persona, imagen y forma misma de un hombre, así como vosotros os halláis en toda la persona, imagen y forma misma de un hombre; porque Adán fue creado a la misma imagen y semejanza de Dios, y de Él recibió instrucciones, y conversó con Él, como un hombre habla y se comunica con otro.”

Un poco más adelante, repitió los conceptos, asegurándose de que ni la presencia del viento ni los diversos registros tomados impidiesen que la idea quedase en claro:

“El primer principio del evangelio es saber con certeza la naturaleza de Dios, y saber que podemos conversar con Él como un hombre conversa con otro, y que en un tiempo fue hombre como nosotros; sí, que Dios mismo, el Padre de todos nosotros, habitó sobre una tierra, como Jesucristo mismo lo hizo; y voy a probarlo por medio de la Biblia”. (Ambas citas de Joseph Fielding Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, Salt Lake City, Utah, 1975, pags. 427-428)

La extensión, novedad impactante, e implicaciones doctrinales, hicieron que el discurso no estuviera siempre disponible. Jamás fue incorporado a las ediciones de Doctrina y Convenios o considerado con rango canónico. Curiosamente, cuando en 1912 B.H. Roberts publicaba la oficial History of the Church, había incluido en la misma el discurso de King Follet, sin embargo, a último momento, se decidió excluirlo, cuando ya la edición estaba lista para ser encuadernada, y es notable que faltasen las páginas 302 a 317, que lo contenían en el Volumen 6. No sabemos los motivos precisos de la remoción, pero se ha especulado sobre dudas en cuanto a la autenticidad de algunos conceptos y también sobre la exactitud de las anotaciones. En la segunda edición de la obra (1950) las páginas fueron reinsertadas y el discurso estuvo oficialmente disponible para los miembros. Es decir que, entre 1844 y 1950, más de 100 años, los Santos en general no tuvieron acceso al texto. (Otra reflexión, que quizás merezca ser tratada oportunamente, es sobre cuántos cambios se producen y cuantas barreras desaparecen con la administración del Presidente McKay)

Para 1944 ya Preston Nibley en Joseph Smith the Prophet, Deseret New Press, pag. 503, lo había considerado el máximo sermón del Profeta. Una vez oficializado, se hizo popular en la recopilación de Joseph Fielding Smith, Teachings of the Prophet Joseph Smith, de 1954, y así llegó hasta nosotros.

Pero ¿cuál era la trascendencia de las declaraciones del Profeta? Para comenzar, contradecían las resoluciones de los Concilios del siglo III en adelante y a la propia Reforma que las había validado. Todos habían convenido en que Dios era un espíritu, sin cuerpo, ni partes, ni pasiones. Que era también un Ser trino consubstanciado misteriosamente como un solo Dios. Joseph dio por tierra con esa acumulación de concilios:

“El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino es un personaje de Espíritu” (DyC 130:22)

El Padre y el Hijo no son espíritus sino seres materiales corporizados y, además, dejan de ser consustanciales para recuperar su independencia individual, manteniendo sí una unidad de propósito: la salvación y exaltación del género humano. Eso era muy diferente a lo que se enseñaba en el momento, aunque no tan diferente a lo que judíos y primitivos cristianos habían considerado en el pasado

“Del mismo modo en que el Cristianismo ha sido desescatologizado y desmitologizado en nuestros días, en el siglo cuarto fue totalmente desmaterializado, y desde entonces cualquier concepto que oliese a “cósmico”, es decir, que tendiese a asociar de cualquier modo la religión con el universo físico, ha sido automáticamente condenado, por los clérigos judíos y cristianos en conjunto, como blasfemia y paganismo. Joseph Smith fue criticado por el crudo literalismo de su religión – no sólo por conversar con ángeles como si fuesen personas normales, sino por otorgar a Dios el aspecto que le atribuyeran los primitivos profetas de Israel, y, lo más extraño de todo, por traer sin reservas a otros mundos y universos a la escena religiosa. Ahora bien, algunos de los escritores cristianos y judíos de la antigüedad hicieron exactamente lo mismo, pero esta debilidad de ellos se explica demasiado fácilmente como una aberración gnóstica…” (Hugh Nibley “Treasures in the Heavens, pag. 171)

Con respecto a la frase de Génesis 1:26 “a nuestra imagen y semejanza” el estudioso no mormón Umberto Cassuto explica:

“No hay dudas de que el significado original de esa expresión en lengua cananea, de acuerdo al uso babilónico, es corporal, de acuerdo con la concepción antropomórfica de la deidad entre los pueblos del antiguo oriente”. (Umberto Cassuto, A Commentary on the Book of Genesis, Jerusalén, Magnes, 1961, 1:56)

Umberto Cassuto

Umberto Cassuto

“Lo que es sin cuerpo, partes y pasiones no es nada” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pag. 216)

“No podemos creer ni por un momento que Dios esté desprovisto de cuerpo, partes, pasiones o atributos. Los atributos pueden sólo manifestarse a través de un personaje organizado. Todos los atributos están expresados en y son el resultado de existencia organizada” (Brigham Young,  Journal of Discourses 10:192

“Algo sin entidad es la negativa de la existencia” (Parley P. Pratt, Key to the Science of Theology, pag. 43)

¿Qué queremos decir con que Dios y Jesucristo tienen cuerpos materiales?

En realidad, no lo sabemos del todo bien. Desde la Primera Visión en adelante aprendimos que pueden estar en el aire sin nada que los sostenga y que pueden brillar más allá de toda descripción. Por los relatos de Lucas sabemos que pueden desaparecer sin dejar rastro y entrar a una habitación que está cerrada. Su traslación y empleo del espacio-tiempo están más allá de nuestra capacidad de comprensión. Son, también, inmortales. De modo que, en realidad, no se parecen demasiado a los cuerpos que conocemos como su “imagen y semejanza”

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James E. Faulconer en Divine Embodiment and Transcendence: Propaedeutic Thoughts and Questions, Element 1:1, Primavera 2005, Punto 3, razona del siguiente modo:

“Siempre es posible explicar tales cosas como el brillo divino y las características inusuales del desplazamiento divino al considerar la posibilidad de leyes físicas que no comprendemos. Sin embargo, esa respuesta, más que una respuesta, es una declaración de fe. Es como, oblicuamente, decir, “No entiendo plenamente lo que significa decir que Dios es corporal, pero confío en que es verdad”. Yo comparto esa confianza. No obstante, hallo dificultades para hablar filosóficamente sobre la corporalidad divina. Mi interrogación en este ensayo no es si el Padre y el Hijo están corporizados, sino cómo comprender filosóficamente tal afirmación”.

James Faulconer

James Faulconer

Sabemos por 1 Corintios 15: 50 que “Carne y sangre no pueden heredar el Reino de Dios”, pero afirmamos simultáneamente que Padre e Hijo son de “carne y hueso, como nosotros”. Esta aparente incongruencia doctrinal fue resuelta por Joseph Smith y sus sucesores:

“En cuanto a la resurrección solamente diré que todos los hombres saldrán de la tumba tal como mueren, sean viejos o jóvenes. No se añadirá un codo a su estatura, no se quitará de ella; todos resucitarán por el poder de Dios, y habrá espíritu en sus cuerpos y no sangre…” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pag. 241)

“Un cuerpo de carne y sangre no puede ir allá; pero el cuerpo de carne y huesos, vivificado por espíritu de Dios, sí puede” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pag. 402)

 “La sangre que El derramó sobre el Calvario no volvió a sus venas. Fue vertida, y cuando resucitó, otro elemento tomó el lugar de la sangre. Así será con cada persona que reciba la resurrección; la sangre no resucitará con el cuerpo, pues fue diseñada sólo para sostener la vida de la presente organización. Cuando esta se disuelva, y nuevamente tengamos nuestros cuerpos por el poder de la resurrección, aquello que denominamos la vida del cuerpo, y que está formada por los alimentos que comemos y el agua que bebemos, será suplantada por otro elemento, pues carne y sangre no pueden heredar el Reino de Dios” (Discourses of Brigham Young, pag. 374)

 “La naturaleza de la progenie está determinada por la naturaleza de la sustancia que fluye en las venas del ser. Cuando es sangre lo que fluye en las venas del ser, la progenie será lo que la sangre produce, lo cual es tangible carne y hueso, pero cuando lo que fluye en las venas es materia espiritual, una sustancia mucho más refinada y pura y gloriosa que la sangre, los descendientes de tales seres serán hijos espirituales. Lo que quiero decir es que serán a la imagen de los padres. Tendrán un cuerpo espiritual y una chispa de lo eterno o divino que siempre existió en ellos”. (The Three Degrees of Glory, Apóstol Melvin J. Ballard, discurso pronunciado en el Tabernáculo de Ogden el 22 de Septiembre de 1922, Sermons and Missionary Services of melvin J. Ballard, pags. 234-261)

Melvin J. Ballard

Melvin J. Ballard

Tenemos allí otra gran diferencia entre nuestros cuerpos y los de los integrantes de la Deidad.

Desde nuestra limitada experiencia mortal nos es muy difícil imaginar las características divinas. Cuando decimos que Dios es omnisciente, que su conocimiento, justicia y misericordia son perfectos, lo único que podemos hacer es extrapolar esas características como las conocemos entre los humanos e intentar agrandarlas pero sin tener una referencia real y absoluta para ello.

“Las escrituras y las enseñanzas de Joseph Smith no nos permiten decir mucho más sobre la divina corporalidad que el hecho de que Dios posee un cuerpo con la misma forma que el nuestro. A partir de allí, creo que también podemos inferir que el abismo ontológico entre nosotros y Dios no puede ser tan ancho como lo asume la tradición, ya sea que esa tradición considere a Dios como ser o como el Bien. Aunque es difícil avanzar con confianza más allá de esa conclusión negativa, dos cosas parecieran evidentes. Primero, la comprensión de los Santos de los Ultimos Días de lo que significa estar en el mundo es, por implicancia, radicalmente diferente a la comprensión de cualquier otro grupo cristiano… Segundo, nuestra experiencia del cuerpo, la única medida que tenemos para entender la corporalidad, sugiere que decir que Dios tiene un cuerpo es decir que su omnisciencia y omnipotencia deben comprenderse en modos bastante diferentes a los del Cristianismo tradicional, ya que la corporalidad implica una apertura situacional con respecto al mundo. En otras palabras, la divina corporalidad implica también que Dios es afectado por el mundo y por las personas en su mundo” (James E. Faulconer, Divine Embodiment and Transcendence: Propaedeutic Thoughts and Questions, Element 1:1, Primavera 2005, Punto 36. Conclusión)

De la materialidad de lo espiritual

“Se supone que el cuerpo es materia organizada, y el espíritu, según muchos, es inmaterial y sin substancia. Nos permitimos impugnar esta última declaración, y diremos que el espíritu es una substancia; que es materia, pero materia más pura elástica y refinada que el cuerpo; que existió antes que el cuerpo, puede existir en el cuerpo, y existirá separada del cuerpo cuando el cuerpo se esté convirtiendo en polvo; y que en la resurrección los dos serán unidos de nuevo. Sin intentar describir esta unión misteriosa, ni las leyes que gobiernan el cuerpo y el espíritu del hombre ni la relación del uno con el otro o el propósito de Dios en cuanto al cuerpo y espíritu humanos, quisiera solamente decir que los espíritus de los hombres son eternos…” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pags. 251-252)

“No hay tal cosa como material inmaterial. Todo espíritu es materia, pero es más refinado o puro, y sólo los ojos más puros lo pueden percibir; no lo podemos ver; pero al purificarse nuestros cuerpos veremos que todo es materia”. (Enseñanzas del Profeta José Smith, pag.  367)

Aquí nos encontramos con otra gran diferencia filosófica enfrentada con las creencias prevalecientes entre los credos del siglo XIX. Todo es materia. Tanto el universo físico como el espiritual están formados por materia. La materia es co-eterna con Dios. No ha habido creación ex nihilo sino la organización de materia pre existente. Nuestros espíritus provienen de una esfera anterior en la que ya han sido corporizados en tal calidad, de un principio, también eterno, al que llamamos “inteligencia”. Dichas inteligencias tomaron forma espiritual mediante un “nacimiento” como hijos e hijas de Dios. Si bien ignoramos mucho sobre ese proceso, lo cierto es que nuestros cuerpos están habitados por otros cuerpos, de características distintas, pero no inmateriales. Debemos tener esto en cuenta cuando nos relacionamos con pensadores de otras denominaciones religiosas, pues aunque ambos utilicemos la palabra “espíritu” es posible que le asignemos significados totalmente disímiles.

El ejemplo clásico de la mano ingresando en el guante para simbolizar la relación cuerpo-espíritu sigue siendo más pertinente que la de un globo que adquiere formato al llenarse de aire y que lo pierde al desinflarse.

 “La materia no es esencialmente mala sino que su propósito es servir al espíritu, mientras el espíritu controla y glorifica a la materia. Existe una beneficiosa y eterna relación entre espíritu y elemento” (Hugh B.Brown, Conference Report, Abril 1957, pag. 104)

Según nuestra doctrina, el cuerpo, a pesar de sus limitaciones, no es una carga o un impedimento sino motivo de gozo:

Porque el hombre es espíritu. Los elementos son eternos; y espíritu y elemento, inseparablemente unidos, reciben una plenitud de gozo; y cuando están separados, el hombre no puede recibir una plenitud de gozo”. (DyC 93:33-34)

En cuanto al parecido o semejanza entre cuerpo y espíritu, mucho se ha escrito:

“Cuando se manifieste el Salvador, lo veremos como es. Veremos que es un varón como nosotros. Y la misma sociabilidad que existe entre nosotros aquí, existirá entre nosotros allá; pero la acompañará una gloria eterna que ahora no conocemos” (DyC 130: 1-2)

Erastus Snow:

“Nuestros espíritus son la expresa imagen de nuestros tabernáculos y, juntos, según nos informan las escrituras, son la expresa imagen de Dios” (Millennial Star, 13 de Mayo 1878, pag. 295)

Erastus Snow

Erastus Snow

“Las cosas sobre la tierra, siempre que no se hayan pervertido por la maldad, son típicas de las cosas en los cielos. El cielo fue el prototipo de esta hermosa creación cuando surgió de las manos del Creador, y fue declarada ‘buena’” (Joseph F. Smith, Gospel Doctrine, Salt Lake City, Deseret Book, 1946, pag. 21)

“P.– ¿Qué hemos de entender por los cuatro seres vivientes de los que habla el mismo versículo?

R.– Son expresiones metafóricas que usa Juan el Revelador para describir los cielos, el paraíso de Dios, la felicidad del hombre, y la de los animales, y de lo que se arrastra y de las aves del cielo; siendo lo espiritual a semejanza de lo temporal, y lo temporal a semejanza de lo espiritual; el espíritu del hombre a semejanza de su persona, como también el espíritu de los animales y toda otra criatura que Dios ha creado”. (DyC 77:2)

Parley P. Pratt:

“a nuestro espíritu organizado denominamos cuerpo, pues, aunque compuesto por elementos espirituales, posee todo órgano según el patrón, parecido o similitud con el tabernáculo externo o carnal que está destinado eventualmente a habitar. Sus órganos del pensamiento, habla, vista, oído, sabor, olfato, sensación, etc, todos existen en su orden como en el cuerpo físico, siendo el uno la exacta similitud del otro”  (Key to the Science of Theology, Salt Lake City, George Q. Cannon, 1891, pags. 51-52)

Parley-P-Pratt

Parley P. Pratt

“Nuestro espíritu se asemeja a nuestro cuerpo, o, mejor dicho, nuestro cuerpo fue hecho a medida de nuestro espíritu. El espíritu porta la imagen y semejanza de Dios, y el cuerpo, si es normal, es a la imagen y semejanza del espíritu” (Mark E. Petersen, We Believe in God, the Eternl Father, Speeches fo the Year, 1973, pag. 241)

“Nada nos sorprenderá tanto como darnos cuenta, al pasar el otro lado del velo, cuán bien conocemos a nuestro Padre y cuán familiar su rostro nos resulta” (Ezra Taft Benson, Jesus Christ-Gifts and Expectations, Ensign Diciembre 1988, pag. 6)

No obstante todo lo declarado anteriormente, es bastante obvio que las leyes de la genética indican una clara influencia de nuestros predecesores en las características físicas. Un caso particular son los gemelos idénticos ¿Significa que sus espíritus son también idénticos o deberemos buscar la semejanza en otros aspectos?

Por supuesto, si Adán era la imagen misma del Creador y todos somos descendientes de él y su esposa Eva, entonces todos llevamos algo de esa imagen en nosotros. Ese “algo” deberá ser necesariamente independiente de las razas y las leyes genéticas instauradas por El mismo.

De la corporalidad humana

Leonardo Da Vinci - El Hombre de Vitrubio

Leonardo Da Vinci – El Hombre de Vitrubio

Desde la antigüedad, el cuerpo ha sido el vehículo de los dioses. Las deidades griegas se corporizaban para entrar en contacto con los humanos. Toda la literatura tiene una base corporal. Es imposible relatar historia o ficción sin establecer puntos de contacto con los sentidos humanos o las referencias físicas. Los escritores de ciencia ficción han encontrado serios problemas para describir seres extraterrestres totalmente desprovistos de características reconocibles, aunque sea por extrapolación. Nuestro mundo está pleno de corporalidad, porque a través de ella podemos comprenderlo y comprendernos. Los filósofos han reflexionado bastante sobre el tema. Para Platón el cuerpo era la cárcel del alma. Es cierto que el cuerpo representa infinitas posibilidades pero también ciertos límites. De allí provienen tanto el hedonismo y la sensualidad para satisfacerlo, por un lado, como el extremo ascetismo y el castigo físico para sojuzgarlo, por otro.

Está establecido que el Cristianismo fue fuertemente influenciado por las ideas platónicas. En su famosa alegoría de la cueva, el filósofo griego proponía un mundo de las Formas o Ideas y el nuestro, que no era totalmente real sino una “sombra” o reflejo de ese otro mundo. Los Padres de la Iglesia no sólo encontraron analogías con el Verbo (Logos) mencionado por Juan en la introducción de su Evangelio sino también con el “ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido…” de Pablo (Per speculum in aenigmate… 1 Corintios 13:12)  ¿No estaban hablando de lo mismo las sombras de la cueva que la oscura imagen especular? Nuestro exterior no era del todo real, era imperfecto, pasajero y una verdadera molestia para el yo verdadero.

 “Había al menos dos modos en los que una persona observaba al cuerpo en la antigüedad, y el legado se extiende hasta hoy: se lo percibía o bien como un juguete, un entretenimiento, diseñado naturalmente con propiedades para la gratificación sensual, la cual podía y debía consumarse; o era considerado una molestia y una irritación por los estragos que lo afligían en la continua experiencia del mundo natural. En ambas circunstancias, podía ser despreciado y denigrado. Se lo ha llamado choza repulsiva, prisión del alma, pila de barro y una hueste de similares epítetos degradantes. A lo largo de la historia, los hombres han anhelado la liberación del alma del impedimento del cuerpo que la tiene como huésped. Se ha visto a la salvación como el alivio de las frustraciones de la mortalidad” (Daniel B. McKinlay, Joseph Smith on the Body as a Fallen or Blessed Vessel, en Joseph Smith and the Doctrinal Restoration, 34th Annual Sidney B. Sperry Symposium, 2005, BYU, Deseret Book, pag. 289)

De nuestros cuerpos telestiales

De las muchas descripciones literarias del cuerpo humano, he escogido una. Se trata de la conversación entre Dios y Satanás al comienzo de “La Llama Inmortal” (TheUndyingFire), novela de H.G. Wells de 1919. Consiste en una revisión moderna del libro de Job y, por lo tanto, posee un prólogo que transcurre en el Cielo. Dice Satanás:

“Sobre un pequeño planeta se yergue esta Cosa, esta tierra roja, este Adán, este Edomita, este Job. Construye ciudades, cultiva la tierra, se apodera del relámpago y lo hace su esclavo, introduce cambios de linaje en las bestias y los cereales. Cosas interesantes, sin duda, pero pequeñas todavía. Tú dices que de algún modo habrá de llegar al final a esto… Es demasiado tonto y demasiado débil. Sus hazañas lo único que hacen es iluminar sus limitaciones… ¡Mira su cuerpo, como una bolsa llena de desperdicios y órganos rudimentarios, un vivero de pestes! Su vida es decadencia…”

Finalmente, Dios le concede:

“Prueba al Hombre hasta el extremo. Fíjate bien, sin que quepa duda, si no es más que una pequeña burbuja en el fango, un alboroto en el barro que no significa nada” (H.G. Wells, La Llama Inmortal, Bs. Aires, Editorial Claridad, 1934, pags 29-31)

Durante los primeros tres siglos de la era cristiana, la naciente teología aceptó una visión tripartita (tricotomía) de esta pequeña burbuja en el fango. Estaba formada por cuerpo, alma y espíritu. Irineo, Melito, Dídimo de Alejandria, Justino Mártir, Clemente de Alejandría, Origen, Gregorio de Nisa y Basileo de Cesarea, todos compartieron esta concepción tripartita.

La base para ello la encontraban, obviamente, en los primeros capítulos del Génesis:

“Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre alma viviente” (Génesis 2:7)

Las palabras hebreas utilizadas fueron neshamah para el aliento de vida y nephesh para alma viviente. El hecho de que neshamah aparezca en Proverbios 20:27 refiriéndose al espíritu del hombre definió su uso.

1 Tesalonicenses 5:23 también fue utilizado por los tricotomistas a favor de su idea:

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, y espíritu, y alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

En el Antiguo Testamento, el sustantivo carne (basar), que define el aspecto externo y material del hombre aparece 266 veces, nephesh(alma) 754, y ruach (que significa tanto viento como aliento y espíritu), 378 (de las cuales unas 100, por lo menos, se refieren al espíritu humano)

En el Nuevo Testamento, los equivalentes griegos fueron sarx (151 apariciones) y soma (129), ambas refiriéndose al aspecto físico, psyché (105) al aspecto psicológico y pneuma (385) de las cuales en unas 80 ocasiones se refieren al espíritu humano.

El surgimiento de algunas herejías como el Apolinarismo y el Semi Pelagianismo en el Siglo IV terminó volcando las ideologías hacia una visión bipartita o dicotomista, en la que alma y espíritu eran dos palabras que se referían a una misma entidad. La influencia de Agustín terminó implantándola en la Iglesia de Occidente y los Reformadores no vieron motivo para rechazarla siglos más tarde.

En Diciembre de 1832 Joseph Smith propuso una síntesis superadora de las dos posiciones anteriores:

“Y el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre” (DyC 88: 15)

Para resumir las tres posturas y denominando C al cuerpo, E al espíritu y A al alma:

Tricotomismo:  Hombre = C+E+A

Dicotomismo: Hombre = C+E = C+A   donde  E = A

Restauración: Hombre = C+E = A

No obstante esa definición, aún muchas escrituras modernas no son claras en la distinción, pareciendo favorecer la intercambiable función dicotomista vigente en el Siglo XIX. Por ejemplo:

“El alma será restaurada al cuerpo, y el cuerpo al alma; sí, y todo miembro y coyuntura serán restablecidos a su cuerpo…” (Alma 40:23)

El Profeta recibió la revelación de DyC. 88 tres años después de la traducción del Libro de Mormón.

Como parte de la Restauración también se introdujo el concepto de “cuerpos telestiales”. Percibiendo una incongruencia en los escritos paulinos de 1 Corintios:

“Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrestres; mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrestres. Una es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria” (1 Corintios 15:40-41)

Joseph Smith escribiría:

“A mi regreso de la conferencia de Amherst, reanudé la traducción de las Escrituras. Según las varias revelaciones que se habían recibido, era patente que se habían quitado de la Biblia muchos puntos importantes relacionados con la salvación del hombre, o que se habían perdido antes de que se recopilara. Parecía de por sí evidente, a juzgar por las verdades que quedaban, que si Dios premiaba a cada uno de acuerdo con las obras hechas en la carne, el término ‘cielo’, al referirse a la morada eterna de los santos, tenía que incluir más de un reino” (Introducción DyC Secc. 76)

Nuestro mundo y sus habitantes fueron creados con un nivel terrestre (paradisíaco). La Caída los llevó a un nivel telestial (caído). Con la Venida del Salvador y el inicio del Milenio recuperará su gloria inicial para luego transformarse en la morada de seres celestiales.

Continuará en la Segunda Parte////

El presente trabajo se ha beneficiado con la lectura de los siguientes textos:

James E. Faulconer,  Divine Embodiment and Transcendence: Propaedeutic Thoughts and Questions, Element 1:1, Primavera 2005

Daniel B. McKinlay,  Joseph Smith on the Body as a Fallen or Blessed Vessel, en Joseph Smith and the Doctrinal Restoration, 34th Annual Sidney B. Sperry Symposium, 2005, BYU, Deseret Book

David L. Paulsen, The God of Abraham, Isaac and Joseph Smith: Defending the Faith.

Aaron S. Reeves, Embodiment in Mormon Thought: Ambiguity, Contradiction and Consensus, International Journal of Mormon Studies, Vol. 5, 2012, pags. 139-164.

Benjamin E. Park, Salvation through a Tabernacle: Joseph Smith, Parley P. Pratt and Early Mormon Theologies of Embodiment, Dialogue: a Journal of Mormon Thought, vol.43 Nro.2 (Verano 2010)

Robert Fuller, Religion and the Body, Bradley University, Oxford Research Encyclopedia. http://religion.oxfordre.com/view/10.1093/acrefore/9780199340378.001.0001/acrefore-9780199340378-e-18. Consultado on line 20-12-2016

Nuestra Madre en los Cielos – Tercera Parte

Doctrina

        Deidad

Nuestra Madre en los Cielos

Tercera Parte

Por Mario R. Montani

En la actualidad

Actualmente, la creencia en una Madre Celestial es compartida también por algunos movimientos desgajados del mormonismo como la Restoration Church of Jesus Christ (disuelta en 2010) y la Fundamentalist Church of Jesus Christ of Latter-Day Saint. Por otro lado, no es aceptada por la Comunidad de Cristo (Ex Iglesia Reorganizada)

El siglo XXI ha traído muchas novedades. Las agrupaciones feministas han hecho sentir su presencia en la Iglesia, logrando conquistas impensadas algunas décadas atrás. Los nuevos medios de comunicación, particularmente internet, han ‘democratizado’ las opiniones. Publicaciones no oficiales de larga trayectoria y probada seriedad como Dialogue o Sunstone son leídas por buena parte de los miembros. La apertura de los “Estudios Mormones” en las universidades norteamericanas ha producido interesantes reflexiones de catedráticos miembros y no miembros sobre nuestra doctrina y pasado histórico. La Universidad de Brigham Young ha debido ponerse a tono, modificando la variedad y el enfoque de sus propias publicaciones.

Las poesías que incluyen a la Madre Celestial han comenzado a publicarse ampliamente en los foros literarios mormones, los blogs y aún en el Certamen de Poesía Eliza R. Snow patrocinado por la Sociedad de Socorro.

Sin embargo, oficialmente, continuamos hablando poco sobre ella, aunque, si la dejáramos de lado, buena parte de nuestra doctrina se derrumbaría (preexistencia, matrimonio eterno, exaltación, etc)

Tresa Edmunds, una activa miembro de la Iglesia pero también feminista, que participa de entrevistas en diferentes plataformas, ha escrito en 2011:

“La Madre Celestial también encaja en la particular y complicada cosmología mormona, donde las familias son a menudo mencionadas como “los bloques de la eternidad”. Tenemos familias aquí en la Tierra que podemos llevar con nosotros a la próxima vida, siguiendo el modelo del Dios al que adoramos… Hay muchas razones por las que tal vez no sabemos más de nuestra Madre Celestial. Algunos sugieren que la iglesia moderna está intentando restar importancia a doctrinas que pueden hacer que otros nos clasifiquen como “no cristianos”. Otros dicen que, siendo varones la gran mayoría de nuestros líderes religiosos, no han sentido el mismo anhelo por una diosa madre que han sentido las mujeres, y por tanto, no la han buscado. Otros podrán insinuar que Dios aún no desea darnos más información revelada… Aún así, la doctrina de la Madre Celestial nos ofrece esperanzas. Es un marco ya existente que podría desarrollarse para darle a la mujer una posición más fuerte en la jerarquía de la Iglesia… Si el lugar de Ella fuese más prominente, el lugar de la mujer podría serlo también…” (Tresa Edmunds, “God’s wife, the mysterious mother of Mormons, The Guardian, 6 de Julio 2011)

Tresa Edmunds

Tresa Edmunds

En el 2011 también David L. Paulsen y Martin Pulido publicaron “A Mother There: A Survey of Historical Teachings about Heavenly Mother” (Una Madre Allí: Una Revisión de Enseñanzas Históricas sobre la Madre Celestial) en BYU Studies 50, Nº 1 (2011), pags. 71-97. Allí mencionan más de 600 citas de autoridades sobre el tema, explicando que el “silencio sagrado” nunca existió realmente y manifestando la esperanza de que vuelva a ser tratado más ampliamente.

David L. Paulsen

David L. Paulsen

Hace muy poco, en Octubre de 2015, la Iglesia finalmente emitió una declaración doctrinal:

“La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña que todos los seres humanos, hombres y mujeres, son amados hijos espirituales de padres celestiales, un Padre Celestial y una Madre Celestial. Esta comprensión se basa en las enseñanzas proféticas y de las Escrituras acerca de la naturaleza de Dios, nuestra relación con la Deidad y el potencial divino de hombres y mujeres1. La doctrina de una Madre Celestial es una creencia preciosa y distintiva entre los Santos de los Últimos Días2.

Aunque no hay registro de una revelación oficial de José Smith de esta doctrina, algunas de las primeras mujeres Santos de los Últimos Días indicaron que él les enseñó personalmente acerca de una Madre Celestial3. Las referencias publicadas más antiguas de la doctrina aparecieron poco tiempo después de la muerte de José Smith en 1844, en documentos escritos por sus colaboradores cercanos4. La expresión más notable de la idea se encuentra en un poema de Eliza R. Snow, titulado “My Father in Heaven” [Mi Padre Celestial] y ahora conocido como el himno “Oh mi Padre”. Este texto declara: ¿Hay en los cielos padres solos? Clara la verdad está; la verdad eterna muestra: madre hay también allá”5.

De forma subsecuente los líderes han confirmado la existencia de una Madre Celestial. En 1909, la Primera Presidencia enseñó que “Todos los hombres y mujeres son a semejanza del Padre y la Madre universales, y son literalmente hijos e hijas de la Deidad”6. Susa Young Gates, una líder prominente de la Iglesia, escribió en 1920 que las visiones y enseñanzas de José Smith revelaron la verdad de que “la divina Madre, [está] lado a lado con el divino Padre”7. En “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, emitida en 1995, la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles declararon: “Cada [persona] es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos”8.

Los profetas han enseñado que nuestros padres celestiales obran juntos para lograr la salvación de la familia humana. El élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Somos parte de un divino plan diseñado por Padres Celestiales que nos aman”9. El presidente Harold B. Lee declaró: “Olvidamos que tenemos un Padre Celestial y una Madre Celestial que, probablemente, están incluso más preocupados por nosotros que nuestro padre y madre terrenal, y esa influencia del cielo está obrando constantemente para tratar de ayudarnos cuando hacemos todo lo que podemos”10.

Los Santos de los Últimos Días dirigen su adoración al Padre Celestial, en el nombre de Cristo, y no oran a la Madre Celestial. En esto, siguen el modelo establecido por Jesucristo, que enseñó a Sus discípulos que, “siempre debéis orar al Padre en mi nombre”11. A los Santos de los Últimos Días se les enseña a orar al Padre Celestial, pero como el presidente Gordon B. Hinckley dijo: “El hecho de que no oremos a nuestra Madre Celestial de ninguna manera disminuye ni denigra la importancia que ella tiene”12. Ciertamente, como el élder Rudger Clawson escribió: “Honramos a la mujer cuando reconocemos la divinidad que hay en ella en su función eterna”13.

Como con muchas otras verdades del Evangelio, nuestro conocimiento actual acerca de la Madre Celestial es limitado; no obstante, se nos ha dado suficiente conocimiento para apreciar lo sagrado de esta doctrina y comprender el modelo divino que se ha establecido para nosotros como hijos de padres celestiales. Los Santos de los Últimos Días creen que este modelo se refleja en la declaración de Pablo: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón”14. El hombre y la mujer no pueden ser exaltados el uno sin el otro. Al igual que tenemos un Padre Celestial, tenemos una Madre Celestial. Como el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, ha dicho: “Nuestra teología empieza con padres eternos; nuestra mayor aspiración es llegar a ser como ellos”15.

Recursos

  1. Génesis 1:26–27; Moisés 3:4–7; Romanos 8:16–17; Salmos 82:6; Doctrina y Convenios 132:19–20.
  2. Véase “Llegar a ser como Dios”; véase también Elaine Anderson Cannon, “Mother in Heaven”, en Encyclopedia of Mormonism, ed. Daniel H. Ludlow, 5 tomos, Nueva York: Macmillan, 1992, tomo II, pág. 961. Para una revisión detallada de estas enseñanzas, véase David L. Paulsen y Martín Pulido, “‘A Mother There’: A Survey of Historical Teachings about Mother in Heaven”, BYU Studies, tomo L, nro. 1, 2011, págs. 70–97.
  3. Zina Diantha Huntington Young mencionó que cuando su madre falleció en 1839, José Smith la consoló al decirle que en el cielo ella vería a su propia madre de nuevo y llegaría a conocer a su Madre Eterna. Susa Young Gates, History of the Young Ladies’ Mutual Improvement Association of the Church of Jesus Christ of Latter-Day Saints, Salt Lake City: Deseret News, 1911, págs. 15–16.
  4. Véase de W. W. Phelps, “Come to Me”, en “Poetry, for the Times and Seasons”, Times and Seasons, tomo VI, 15 de enero de 1845, pág. 783.
  5. My Father in Heaven”, en “Poetry, for the Times and Seasons”, Times and Seasons, tomo VI, 15 de noviembre de 1845, pág. 1039; “Oh mi Padre”, Himnos, nro. 187; véase también Jill Mulvay Derr, “The Significance of ‘O My Father’ in the Personal Journey of Eliza R. Snow”,BYU Studiestomo XXXVI, nro. 1,1996–1997, págs. 84–126.
  6. “The Origin of Man”, Improvement Era, tomo XIII, nro. 1, noviembre de 1909, pág. 78.
  7. “The Vision Beautiful”, Improvement Eratomo XXIII, nro. 6, abril de 1920, pág. 542. En ese momento, Gates era la secretaria de registros de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro.
  8. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.
  9. Russell Ballard, When Thou Art Converted: Continuing Our Search for Happiness, Salt Lake City: Deseret Book, 2001, pág. 62.
  10. Harold B. Lee, “The Influence and Responsibility of Women”, Relief Society Magazinetomo LI, nro. 2, febrero de 1964, pág. 85.
  11. 3 Nefi 18:19–21Mateo 6:6–9Juan 17:1, 5, 21, 24–25; véase tambiénMateo 4:10Lucas 4:8; y 3 Nefi 13:917:15.
  12. Gordon B. Hinckley, “Hijas de Dios”, Liahona, enero de 1992, pág. 112.
  13. “Our Mother in Heaven”, Latter-day Saints’ Millennial Star, tomo LXXII, nro. 39, 29 de septiembre de 1910, pág. 620. Rudger Clawson era el editor de la publicación periódica y posiblemente el autor de este editorial.
  14. 1 Corintios 11:11.
  15. Dallin H. Oaks, “La Apostasía y la Restauración”, Liahona, julio de 1995, pág. 95.

 

La investigadora Fiona Givens ha apuntado también a otros símbolos a los que no hemos dado importancia suficiente:

“Un símbolo poco reconocido se encuentra en el umbral del cuarto celestial en el Templo de Salt Lake. Justo sobre el velo, en la pared occidental, se yergue la notable estatua de una mujer, de más de 1,80 mts de altura, sosteniendo lo que parecen ser hojas de palma. Se halla flanqueada  por dos querubines fácilmente discernibles a los que se encuentra unida por guirnaldas de coloridas flores. Mientras que los regordetes querubines están siempre presentes en el arte renacentista y podrían, por tanto, confundirse con meras decoraciones, el número y su ubicación en el cuarto celestial del templo nos retrotraen a los majestuosos, temibles Querubines – guardianes del propiciatorio en el Santísimo del Primer Templo. La Dama del Templo está ubicada en el portal del velo – la representación del cuerpo herido de del Señor Jesucristo – a través del cual toda nación, tribu, lengua y pueblo entrará al reino celestial (Hebreos 10:20, Mateo 27:50-51) La estatua original fue obtenida por Joseph Don Carlos Young, quien fue llamado por la Presidencia de la Iglesia para suceder a Truman O. Angell como decorador del interior del Templo. Young compró la estatua alada llamada “El Angel de la Paz” y los querubines en una visita a Nueva York en 1877. Sin embargo, en una visión en sueño cierta noche, Young registró: “Me sentí impelido a quitarle las alas. Ahora le veo una sonrisa y una expresión que jamás había notado antes y puedo permitir que sea colocada allí” (Anotaciones privadas de Joseph Don Carlos Young, citado en “The Woman at the Veil”,Alonzo L. Gaskill & Seth G. Soha, Provo, Religious Studies Center, 2015, pags. 91-111) . La enigmática dama colocada en el velo del templo, plena de imágenes relacionadas con la crucifixión, no parece ser Eva. María, la madre mortal del Señor, es una posibilidad, dada su relación maternal con el Mesías. Sin embargo, la presencia de la Dama a la entrada del cuarto celestial, representando el reino celestial, sugiere a alguien más. (Fiona Givens, Joseph Smith’s Theology Making, Dialogue 49.1 Spring 2016, pags. 6-7)

Fiona Givens

Fiona Givens

Orando a la Madre Celestial

He dejado para el final un tema bastante conflictivo:

“Las influencias de más allá del velo pueden ayudarnos. Ocasionalmente olvidamos que hay seres amados fuera de nuestra vista que piensan sobre nosotros y nuestros hijos. Olvidamos que tenemos un Padre Celestial y una Madre Celestial que están, probablemente, más preocupados que nuestros padres y madres terrenales, y que las influencias del más allá están operando constantemente para tratar de ayudarnos cuando hemos hecho todo lo posible” (Harold B. Lee, “The Influence and Responsability of Women”, Relief Society Magazine 51, Febrero 1964, pag. 85)

Para muchos miembros, declaraciones como la anterior y otras del pasado más profundo, han significado que podemos dirigirnos tanto a nuestro Padre como a nuestra Madre en busca de la colaboración prometida.

Probablemente el primero en oponerse a tales prácticas fue el Apóstol Orson Pratt, pero el motivo que expuso fue que, como en cualquier hogar bien organizado del siglo XIX, “la Madre en los cielos debía la más perfecta obediencia a su Esposo” (frase que nunca fue vista con simpatía por las feministas de todas las épocas). Sin embargo, a partir de 1865, las propuestas de Pratt fueron dejadas de lado en lo relacionado a valor doctrinal por su oposición a la idea de Brigham Young sobre Adán-Dios (hoy llamada teoría pero en aquel entonces impulsada como doctrina por la Primera Presidencia)

Susa Young Gates, una de las hijas de B. Young, y ella misma activista por los derechos de la mujer (la hemos mencionado anteriormente como una de las fuentes indirectas por las que se ha intentado mostrar que Joseph Smith reveló la existencia de nuestra Madre) pensaba que “la gran Madre Celestial había moldeado la personalidad de Abraham… y ha cumplido un rol significativo en nuestras vidas, vigilándonos y proveyendo un cuidadoso entrenamiento”

Susa Young Gates

Susa Young Gates

En una carta del lector aparecida en Dialogue, A Journal of Mormon Though 7 (Otoño 1974), pag. 7, la remitente relataba que después de meditar y arrodillarse para orarle por primera vez a la elusiva figura Femenina, tuvo esta experiencia:

“Madre en los Cielos, creo que tu puedes existir. ¿Estás allí? Conocemos al Padre y al Hijo, pero ¿por qué no te has revelado a nosotros?”

Entonces una voz maravillosa le respondió claramente:

“Buena hija, hasta este momento, nadie preguntó. Los hombres jamás pensaron en preguntar”.

Finalmente, en la década de 1990, con cientos de mujeres mormonas (tal vez miles) intentando establecer una relación personal con la figura materna celestial, el Presidente Gordon B. Hinckley, como Consejero de la Primera Presidencia, se expidió oficialmente:

“Esta práctica se inició en oraciones privadas, pero está comenzando a surgir en oraciones que se ofrecen en algunas reuniones… Sin embargo, en vista de la instrucción que hemos recibido del Señor mismo, considero inapropiado que alguien en la Iglesia se dirija en oración a nuestra Madre Celestial. El Señor Jesucristo nos enseñó la forma en que debemos orar…me gustaría agregar que ninguno de nosotros puede añadir ni quitar a la gloria de nuestra Madre Celestial de quien no tenemos un conocimiento revelado (Conf. General Octubre 1991, Liahona Enero 1992, pag. 112)

En 1995 la teóloga feminista Janice Allred, quien había publicado God, the Mother fue excomulgada, y en 1996 la Profesora Gail Houston fue despedida de BYU por describir públicamente su relación personal con la Madre. A partir de allí, la oración ha pasado a la clandestinidad, pero, indudablemente, sigue existiendo, como lo ha demostrado el artículo de Kevin L. Barney “How to Worship Our Mother in Heaven (Without Getting Excommunicated) (Cómo adorar a nuestra Madre en los Cielos, sin ser excomulgados) Dialogue 41, Nº4 (Invierno 2008), pags. 121-146)

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El razonamiento utilizado por Gordon B. Hinckley que se inicia con la introducción de “considero inapropiado” (bastante alejada de “así dice el Señor” o “esta es la doctrina de la Iglesia) y que se basa en que no aparecen referencias a oraciones a la Madre en las Escrituras, presenta también sus puntos débiles. Varios han objetado ya que, con el mismo razonamiento, siendo que las Escrituras no mencionan jamás a la Madre, deberíamos concluir, por lo tanto, que no existe.

Algunas provisorias consideraciones finales

Creo en la existencia de una Madre Celestial. La idea me parece razonable y me siento cómodo con ella. También estoy cómodo con que una mujer puede haber tenido una revelación al respecto. Tengo en claro que nadie dejará de recibir una recomendación para el Templo por creer o no creer en ella. De hecho, es más probable que la obtenga alguien que no cree en su existencia que alguien que sí cree pero le ora (lo cual suena un poco raro ¿no?). En el brevísimo lapso histórico (para una Iglesia) de dos siglos, hemos pasado de ignorar la existencia de una Madre Celestial a proclamar su realidad; hemos pasado de hablar profusamente sobre sus características a un silencio sagrado sin propósitos definidos; importantes y diferentes Autoridades Generales la han considerado como Eva, el Espíritu Santo, una colaboradora en la Creación o como Una entre Varias. Siendo una doctrina que nos ha llegado por “inferencias” y no por revelación (el propio Gordon B. Hinckley así lo reconoce en su categórico discurso) todo lo que digamos y opinemos sobre ella siguen siendo “inferencias” la cual es una palabra un poco más suave que “suposiciones” o “deducciones”. Todo lo que se ha hablado sobre la preocupación de nuestra Madre, de sus preparativos para nuestro recibimiento al otro lado del velo, son expresiones bien intencionadas, anhelos humanos “inferidos” de nuestra experiencia terrenal. Hemos creído que el hecho de poseer la teología de un dios antropomórfico nos habilita a trasladar a los cielos nuestra pobre experiencia mortal. Es cierto, no tenemos otro modo de imaginar. Pero deberíamos aclarar que se trata de un “andamiaje provisorio de la verdad” y no la Verdad Ultima de la que poco sabemos.  Creo también que si no tenemos revelación confirmativa de la existencia de nuestra Madre, tampoco la tenemos sobre las oraciones dirigidas a ella. No imagino al Padre negándose a revelar su ser pero tomándose el trabajo de asegurarnos que no debemos orarle. Se trata de otra “inferencia”, o si se quiere darle carácter institucional, una “política”, con poca base como para que se definan excomuniones por ella.

Me despido con la frase de alguien por quien sentí mucho cariño, el último de los Patriarcas Presidentes de la Iglesia, con una fe sencilla y profunda, pero consciente de que llenamos los huecos doctrinales con andamiajes provisorios:

“El único de mi conocimiento que ha resucitado y tenido hijos – que yo lo sepa – es mi Padre en los Cielos y mi Madre en los Cielos. No se puede tener una Padre en los Cielos sin una Madre en los Cielos… nuestro Padre en los cielos debe haber pasado por una vida mortal y llegar a resucitar, y debemos tener una Madre en los Cielos, porque no podemos tener un Padre sin una Madre en ningún tiempo, en ninguna vida. Fuimos sus hijos, nacidos después de sus respectivas resurrecciones…” (Eldred G. Smith, “Exaltation,” in Brigham Young University Speeches of the Year, 1963–64, Provo: Brigham Young University, 1964: 6)

Esta serie de artículos se ha beneficiado con las siguientes lecturas:

“The Mormon Concept of a Mother in Heaven” – Linda P. Wilcox

“Mormon Doctrine” – Bruce R. McConkie

“Adan, Eva y la Serpiente” – Elaine Pagels

“The Perfect union of man and woman: reclamation and collaboration in Joseph Smith’s theology making” – Fiona Givens

“A Mother There” A Survey of Historical Teachings about Mother in Heaven – David L. Paulsen & Martin Pulido (BYU Studies Symposium)

“How to Worship our Mother in Heaven (Without Getting Excommunicated)” – Kevin L Barney (Dialogue Vol. 41 Nº4, pag. 121-146

 

 

Nuestra Madre en los Cielos – Segunda Parte

Doctrina

        Deidad

Nuestra Madre en los Cielos

Segunda Parte

Por Mario R. Montani

En el siglo XIX

Como observamos en la primer parte de este tratado, la idea de una Madre Celestial no aparece en la Biblia, ni en el resto de los Libros Canónicos o las enseñanzas de Joseph Smith, y lo que las Autoridades han declarado con el paso del tiempo siempre ha enfatizado su carácter de “deducción lógica” o “inferencia de otras doctrinas”.

Sin embargo, a lo largo del siglo XIX, los mormones no estaban tan solos en esta “inferencia”. Como lo ha señalado el estudioso SUD Charles R. Harrell:

“Aún el concepto de un Padre y una Madre Celestiales del mormonismo tardío puede hallarse en las enseñanzas esotéricas de la Kabala, que intrigaba a los místicos cristianos de la época de Joseph Smith” (Charles R. Harrell, “This Is My Doctrine”: The Development of Mormon Theology (Salt Lake City: Greg Kofford Books, 2011), pag.207)

Linda Wilcox, en “Mormon Concept of a Mother in Heaven,” como parte de Women and Authority, editado por M. Hanks, pag. 4, ha indicado:

“El ambiente norteamericano del siglo XIX temprano del cual surgió el mormonismo también poseía algunos prototipos para una deidad femenina”

La década de 1840 marcó el inicio de los movimientos feministas, que tuvo su definición formal en la Convención de Seneca Falls de 1848, a sólo 25 millas de Palmyra. Una de las líderes del movimiento, Elizabet Cady Stanton, publicaría The Woman’s Bible, un comentario sobre la Biblia en el que la Trinidad se entendía compuesta por Padre, Madre e Hijo.

“Los elementos masculinos y femeninos estaban igualmente representados en la creación…Y el reconocimiento para la nueva generación de una Madre Celestial ideal, a quien puedan dirigirse las oraciones así como al Padre”  (Elizabeth Cady Stanton, The Woman’s Bible, pt.1 (1895-98, New York Arno Press, 1972), pag. 218)

Los Shakers eran una secta escindida de los Cuáqueros, con origen en Inglaterra pero trasplantada a América con sus características propias. Enseñaban una doctrina de “Padres Celestiales”. “Una importante, sublime y fundacional doctrina de los Shakers es la existencia de una Madre Eterna y un Padre Eterno en la Deidad, los Padres Celestiales de todos los seres angélicos y humanos” (Frederick W. Evans, Shakers: Compendium of the Origin, History, Principles, Rules and Regulations, Government, and Doctrines of the United Society of Believers in Christ’s Second Appearing (New York: D. Appleton, 1859), pags. 103-104). Desde 1826 existía una comunidad del grupo en Groveland, 48 millas al sur de Palmyra. Varios de los primeros líderes de la Iglesia o sus familiares tuvieron ese origen y los Shakers son mencionados específicamente en la Doctrina y Convenios.

Mary Baker Eddy, fundadora de la Ciencia Cristiana,  publicó en 1875 Science and Health with Key to the Scriptures, en el cual identifica a la deidad como “Padre-Madre Dios”.

Dentro del catolicismo, el siglo XIX también fue un período en el que se resaltó lo femenino. Esto puede observarse en la doctrina de la Inmaculada Concepción establecida como dogma en 1854 y las apariciones de María en Lourdes, 1858.

En esa misma centuria, las Autoridades de la Iglesia no se quedaron atrás.

Brigham Young especificó que “Dios creó al hombre, como nosotros creamos a nuestros hijos; pues no hay otro proceso de creación en los cielos, sobre la tierra, en la tierra, o debajo de la tierra, o en todas las eternidades, que sea, que haya sido, o que jamás existirá” (Brigham Young, Journal of Discourses, 18 June 1865, 26 vols, Liverpool, 11:122)

Erastus Snow, un Apóstol, también explicó el concepto como surgido de la lógica y el sentido común:

“Ahora bien, no hay demasiadas referencias en las Escrituras sobre que tengamos una Madre en los cielos así como un Padre. Se ha dejado para que los infiramos de lo que vemos y sabemos sobre todas las cosas vivientes sobre la tierra, incluyendo al hombre. Los principios de lo masculino y lo femenino están unidos y ambos son necesarios para cumplir el propósito de su existencia, y si este no fuese el caso con nuestro Padre en los cielos, a cuya imagen fuimos creados, sería una anomalía en la naturaleza. En nuestras mentes, la idea de un Padre sugiere la de una Madre”. (16. JD, 31 May 1885, 26:214)

Erastus Snow

Erastus Snow

“Dios es un Ser casado, tiene una esposa… y somos los descendientes de El y Su esposa”. (George Q. Cannon, Salt Lake Daily Herald, Abril 15 de 1884, pag. 8)

Otras veces, daban la idea de postular un Dios que incorporaba el elemento femenino en su propia esencia:

“¿Qué”, dice alguien, “quiere decir que debemos entender que la Deidad consiste de hombre y mujer?”. Ciertamente yo lo hago. Si voy a creer lo que dios ha dicho sobre sí mismo y sobre la creación y organización del hombre en la tierra, debo creer que la Deidad consiste de hombre y mujer… no puede haber dios a menos que esté compuesto del hombre y la mujer unidos… Jamás hubo un Dios, o llegará a haberlo en las eternidades, a menos que esté formado por estos dos componentes: un hombre y una mujer, lo masculino y lo femenino”. (Erastus Snow, JD 3 Marzo 1878, 19: 269-70)

¿Madre o Madres?

En un sarcástico chiste mormón de humor gráfico (los hay, y algunos muy buenos) una esposa le pregunta a su esposo: “¿Qué crees que la Madre Celestial pensará sobre la poligamia?”. A lo que su compañero responde: “¿Cuál de las Madres Celestiales?”.

Como todo chiste, para ser efectivo, debe dar cuenta de la existencia previa de una situación en la sociedad a la que va dirigido. A veces, inclusive, a situaciones tensionales o irresueltas en esa sociedad.

Muchos creen que las especulaciones sobre la pluralidad de Madres Celestiales, se originaron en The Seer, de nuestro teólogo Orson Pratt, a las cuales se las considera no doctrinales. Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo XIX son numerosísimas las referencias en discursos de Autoridades a la práctica poligámica de Jesucristo y de su Padre, Elohim, coincidentes con el período en que la poligamia fue común entre los Santos.

Orson Pratt

Orson Pratt

Es decir, sin una motivación puramente doctrinal o teológica, se mencionaban permanentemente las varias esposas de Jesús y de nuestro Padre como forma argumentativa de defender la poligamia decimonónica.

El Apóstol John Taylor (futuro Presidente de la Iglesia) respondiendo a la pregunta de una hermana, publicó:

“¿No sabes tú que eternidades atrás tu espíritu, puro y santo, moró en el seno del Padre Celestial, y en su presencia, y con tu madre, una de las Reinas de los cielos, rodeada por tus hermanos y hermanas espirituales, en el mundo de los espíritus, entre los Dioses?” (John Taylor, Origin, Object, and Destiny of Women, The Mormon, 29 de Agosto 1857)

Obviamente, la mención de “una de las Reinas”, implica la presencia de varias.

John TAylor

John Taylor

Por supuesto, cuando la práctica de matrimonios plurales desapareció, también se mitigaron los usos discursivos. Pero ¿qué hacer con las frases ya pronunciadas? Sobre todo en una religión para la cual cualquier declaración de una Autoridad tiene características cuasi canónicas.

No sólo dentro de la Iglesia Fundamentalista de los Santos de los Ultimos Días existe hoy la creencia. También muchos miembros tradicionales aceptan la posibilidad, basados en los aspectos polígamos de DyC. 132 y en la política de permitir que los esposos vivos (no las esposas) puedan sellarse más de una vez por las eternidades.

Escuchemos a Joanna Brooks, de “Ask Mormon Girl”:

“Sí, es cierto que algunos SUD imaginan que nuestros Padres en los Cielos crean a los espíritus humanos de manera similar a la que los cuerpos  humanos son creados sobre la tierra. Eso es un montón de procreación espiritual, cuenta la historia, de allí la necesidad de tantas Madres Celestiales. Nuevamente, nada de esto es doctrina, pero es el tipo de cuento que escuchamos en ausencia de doctrina. Y, para dejarlo en claro, lo diré nuevamente, conozco muchas mujeres que estarían totalmente en desacuerdo con que una eterna preñez en compañía de una manada de otras esposas eternamente embarazadas sea su imagen del cielo”.

 (https://askmormongirl.wordpress.com/2012/06/19/ask-mormon-girl-why-do-we-not-talk-about-heavenly-mother/)

Dra. Joanna Brooks

Dra. Joanna Brooks

El Sagrado Silencio

Varios motivos han contribuido a la ausencia de la Madre Celestial en los discursos oficiales de la Iglesia. Algunos estudiosos han denominado a esta situación la controversia sobre “el sagrado silencio”. Es notable que, a partir de mediados del siglo XX, nuestra Madre esté ausente en las Conferencias Generales y, desde la creación del programa de correlación, de todos los manuales de enseñanza en uso.

Esto ha hecho especular a la membresía que, tal vez, la falta de información cumpla un propósito divino. Ya hemos conversado en otros post sobre la tendencia humana a llenar los huecos con suposiciones.

En 1960 Melvin R. Brooks, un maestro de Seminario, propuso en la LDS Reference Encyclopedia “que el nombre de la Madre en los Cielos ha sido preservado para que no fuese profanado como suelen serlo el de Dios y Jesucristo” (Melvin R. Brooks, LDS Reference Encyclopedia, Salt Lake City, Utah, Bookcraft, 1960, pags. 309-10).

Aunque jamás una Autoridad General respaldó esa propuesta, la misma se extendió entre los santos durante las décadas siguientes. Las sanciones por parte de la Iglesia a varias feministas que discutieron el tema de la Madre Celestial tampoco ayudaron demasiado a su tratamiento público.

David L. Paulsen, profesor de BYU, ha probado eficazmente que el silencio sagrado es el resultado de una percepción cultural relativamente reciente, ya que en los discursos del siglo XIX y comienzos del XX aparece con frecuencia la figura materna celestial

Esta percepción cultural ha tenido como origen el alejamiento de la poligamia, la posición general de la mujer en la Iglesia y las sanciones a feministas.

“Lo que hemos tomado como ausencia ha sido una presencia continua, sólo que no teníamos los ojos para verla” (V.H. Cassler,  Square Two 5 Nº 2 , 2012 “Plato’s Son, Augustine’s Heir: A Post-Heterosexual Mormon Theology?”)

Retornando a Joanna Brooks:

“El silencio que rodea a la Madre Celestial no es doctrinal. Un amplio estudio publicado en BYU Studies el año pasado ubica más de 600 referencias a la Madre Celestial en los discursos y escritos de líderes SUD. Es una lectura importante y los autores dan cuenta de que no existe base doctrinal para la prohibición de conversar sobre nuestra Madre Celestial. ¡Y es la publicación de BYU Studies, por favor!

El silencio sobre la Madre Celestial, por tanto, es cultural. Es simplemente una tradición humana – un hábito que se desarrolló y que resulta difícil desactivar. No la hallamos como objeto de discusión o siquiera mención en los discursos de las Conferencias Generales. Pocas preguntas tienen lugar en cuanto a sus atributos, carácter o contribuciones, como si tales preocupaciones fuesen marginales o periféricas.

De modo que por muchas décadas ha existido un virtual vacío de reflexiones sustantivas sobre nuestra Madre Celestial.

Así como la doctrina folklórica – alguna por cierto bastante cruel – se filtró para racionalizar la prohibición de más de un siglo a la ordenación al sacerdocio de los negros, una buena cantidad de doctrina folklórica también se hizo lugar para racionalizar nuestra falta de conversación sobre nuestra Madre. Crecí en los ’80 escuchando a mi maestro de Seminario decir que el Padre Celestial mismo había prohibido las conversaciones sobre nuestra Madre porque deseaba protegerla de los abusos del mundo – de que los mortales tomasen su nombre en vano y cosas parecidas – una historia que siempre me sonó absolutamente absurda…

Una también escucha a veces en ciertos círculos mormones la especulación susurrada de que no hablamos sobre la Madre Celestial, porque en realidad existen plurales Madres Celestiales…”

Algunas semanas atrás, me encontraba en un grupo de mujeres SUD, cuando una de ellas relató la historia de un amigo suyo que había dado un discurso sobre la Madre Celestial el Día de la Madre, en su congregación, en el oeste de los EEUU. Fue sumamente cuidadoso, armando su mensaje con referencias oficiales de Autoridades mormonas prestigiosas. ¿Por qué no hablar de la Madre Celestial, precisamente en el Día de la Madre? Pero, tan pronto como terminó su discurso, tomó su lugar el obispo denunciando lo que había declarado y avergonzando al hombre. En algunas semanas, su Presidencia de Estaca emitió un comunicado afirmando que los discursos sobre la Madre Celestial estaban prohibidos.

“Eso estuvo mal”, les dije a las mujeres del grupo, “Eso no es doctrinal”.

“¿Cómo lo sabes?”, me miraron con inmensos ojos asombrados y temerosos.

“Pues porque lo sé”, les respondí, “No es un misterio. Las declaraciones oficiales están disponibles para quien quiera estudiarlas. Deberíamos asumir la responsabilidad de conocer nuestra propia religión ¿verdad?

Es la negación a saber y actuar con relación a nuestra propia doctrina lo que mantiene a nuestra Madre Celestial en silencio. Y esa negación tiene raíces en lo cultural. La cultura mormona, conservadora en cuanto a los géneros, a menudo privilegia la objeción educada y la pasividad en las mujeres antes que la curiosidad intelectual y la autoridad. Tal vez la quietud que asignamos a la Madre Celestial es un reflejo de lo que la cultura mormona, en sus aspectos más conservadores, valora en la mujer.

Ciertamente no creo que los líderes de la Iglesia estén complotando para mantener a la Madre Celestial fuera de la conversación. Para nada. Pienso que están preocupados con los muchos desafíos de dirigir una iglesia mundial, y la Madre en los Cielos no se les presenta como otra cosa que una especulación teológica marginal. De modo que corresponderá a aquellos de nosotros para quien ella no es una preocupación marginal – tal vez  porque se parece a nosotros o a alguien a quien amamos – tomar la responsabilidad de conocer la doctrina.

Y no culpemos a Dios por el silencio. Después de todo ¿Por qué prohibiría Dios conversar sobre la verdad de que las mujeres son socias de la Deidad, que Dios no sólo se parece a esposos, hermanos e hijos que adoramos, sino también a nosotras, nuestras hermanas y nuestras hijas?

La poetisa mormona Carol Lynn Pearson, ha expresado también su preocupación por este desplazamiento de la figura materna: 

“Mi madre murió cuando yo tenía 15 años, y aprendí lo que es vivir en un hogar desprovisto de madre. En mi anhelo por Dios, he encontrado la misma angustia”.

Carol Lynn Pearson

Carol Lynn Pearson

La muy crítica Margaret Toscano, excomulgado en el año 2000 por sus posiciones con relación al tema:

“El silencio rodea la imagen de la Madre Diosa Mormona. ¿Alguna vez será algo más que la reproductora de billones de hijos espirituales o una prohibición de la que no se puede hablar?”

En el Siglo XX

En 1902, a pesar de los más de 70 años transcurridos desde la organización formal de la Iglesia, las doctrinas de la Trinidad y los Padres Celestiales continuaban confusas. Respondiendo a la declaración de un señor Kinsman en cuanto a que los integrantes de la Trinidad eran todos hombres, el Elder Charles W. Penrose, Profesor de Teología en BYU y futuro Apóstol y Consejero en la Primera Presidencia, aseguraba:

“Si la imagen divina, para estar completa, debe reflejar un elemento femenino así como masculino, es evidente que ambos deben estar contenidos en la Deidad. Y lo están. Porque el divino Espíritu que en la mañana de la creación “se movía sobre la faz de las aguas”, produciendo vida y orden, es del género femenino, sin importar lo que la moderna teología pueda pensar sobre ello” (Millennial Star 64:410, 26 de Junio 1902)

James Talmage: “La Iglesia es lo suficientemente audaz como para declarar que el hombre tiene una Madre Eterna en los Cielos así como un Padre Celestial, y, en el mismo sentido, vemos a la mujer como un ser esencial en todo aspecto para lograr los propósitos de Dios con relación a la humanidad” (Deseret News, 28 de Abril 1902)

En 1907, respondiendo a una revisión de la Ministerial Association de Salt Lake City aparecida en el Salt Lake Herald del 4 de junio de 1907, en su página 8, en la que se tildaba a los mormones de “no cristianos” por la creencia en una maternidad celestial, B.H. Roberts, del Consejo de los Setenta, diría:

“¡Creemos que tenemos tanto una madre celestial como un padre celestial de nuestros espíritus! Obsérvese la peculiar posición de estos críticos: está perfectamente bien que Jesús tuviese una madre, pero está muy mal que tuviese un padre. Por otro lado, está muy bien que los espíritus humanos tengan un padre en los cielos, pero esos revisores objetan nuestra doctrina de que tengan una madre allí”. (B. H. Roberts, “Answer to Ministerial Association Review,” 9 Junio 1907, ien An Address: The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints to the World (Salt Lake City, 1907), pags. 18-19)

En 1909, al cumplirse el aniversario 50 del “Origen de las Especies” de Darwin, la Primera Presidencia emitió el primer comunicado oficial en el que aparece mencionada nuestra Madre.

“Todos los hombres y mujeres son a semejanza del Padre y la Madre universales, y son literalmente hijos e hijas de la Deidad” (The Origin of Man”, Improvement Era, tomo XIII, nro. 1, noviembre de 1909, pág. 78)

En 1910 el Apóstol Rudger Clawson parecía oír su propia campana al mencionar “el anhelo de sus hijos por adorarla”:

“El corazón del hombre anhela esta fe y ha demandado desde tiempos inmemoriales la deificación de la mujer. No quita nada de la adoración a nuestro Padre Eterno, que rindamos culto a nuestra madre Eterna, del mismo modo que no disminuye el amor que brindamos a nuestros padres terrenales el que incluyamos a las madres terrenales en nuestro afecto” (Millennial Star 72, 29 Sept. 1910, pag. 619-20)

Rudger Clawson

Rudger Clawson

En la década de 1920 varios Apóstoles tocaron el tema. Melvin J. Ballard aseveró que “la maternidad es eterna dentro de la Deidad, y no hay tal cosa como vida eterna o sin fin sin la continuidad eterna y sin fin de la maternidad”. También que nuestra Madre está al lado del Padre Celestial “en toda su gloria, una gloria semejante a la de El… como su compañera, la Madre de sus hijos… una Madre glorificada, exaltada y ennoblecida”. (Melvin J. Ballard, Journal History, 8 Mayo 1921, pags. 1-3)

John A. Widtsoe hallaba “una radiante calidez en la idea de que entre los seres exaltados del mundo venidero encontraremos una madre que posee los atributos de la Deidad. Tal concepto eleva a la maternidad a una posición muy alta. Explica la generosa provisión dada a la mujer en la Iglesia de Cristo. Ser madre es involucrarse en la eterna obra de Dios” (John A. Widtsoe, “Everlasting Motherhood,” Latter-day Saints’ Millennial Star 90 (10 Mayo 1928): 298)

En 1945, el Apóstol Milton R. Hunter, asignando a Joseph Smith una revelación de la que no tenía constancia, aseguró la “estupenda verdad de la existencia de una Madre Celestial y el completo descubrimiento que somos la simiente de Padres Celestiales”. También confirmó que estas ideas eran “hechos establecidos de la teología mormona y parte integral de la filosofía mormona” (The Gospel Through the Ages (Salt Lake City: Stevens and Wallis, Inc. 1945), pags. 98-99)

Milton R. Hunter

Milton R. Hunter

Joseph Fielding Smith, 1960:

“Respondiendo a su pregunta sobre una madre celestial, razonemos… El hecho de que no haya referencia a una madre en los cielos en la Biblia, el Libro de Mormón o Doctrina y Convenios, no es suficiente prueba de que algo como una madre no exista allí. Si tuvimos un Padre, que, de hecho, tuvimos, ya que todos esos registros hablan de El, entonces ¿no nos dice el buen sentido común que debemos tener también una madre allí?” (Joseph Fielding Smith, Answers to Gospel Questions (1960), 3:142)

Es digno de observarse el uso de “razonemos” y “el buen sentido común” para definir una doctrina cuando no tenemos revelación al respecto.

Hugh B. Brown, de la Primera Presidencia:

“Algunos han cuestionado nuestro concepto de una madre celestial, mas ningún hogar, ninguna iglesia, ningún cielo sería completo sin una madre allí”. (Hugh B. Brown, “Relief Society—An Extension of the Home,” Relief Society Magazine 48 (Dic. 1961) pag. 814.)

“Un Hombre de Santidad (Moisés 6:57) exaltado y glorificado no podría ser Padre a menos que una Mujer de su misma gloria, perfección y santidad estuviese asociado con él como Madre. La procreación de hijos convierta a un hombre en padre y a una mujer en madre ya sea que tratemos con el estado mortal o inmortal del hombre” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine (Salt Lake City: Bookcraft, 1966), pag. 516)

El Elder Neal A. Maxwell:

“Cuando regresemos a nuestro verdadero hogar, será con la ‘mutua aprobación’ de aquellos que gobiernan en ‘las cortes reales de lo alto’. Allí encontraremos tal belleza como los ‘ojos mortales jamás hayan visto’, escucharemos sonidos que sobrepasarán la música que ‘oidos mortales hayan oido’. ¿Podría tal regia bienvenida a casa ser posible sin los arreglos anticipados de una Madre Celestial?” (Neal A. Maxwell, Ensign 8 (May 1978) pag. 11)

Harold B. Lee: “Tuvimos una Madre Celestial – ¿pueden pensar en tener un padre sin una madre”. (The Teachings of Harold B. Lee, ed. Clyde J. Williams (Salt Lake City: Deseret, 1996), pag. 22)

Gordon B. Hinckley, en la Conferencia General de Octubre 1991:

“La lógica y la razón ciertamente sugieren que si tenemos un Padre Celestial, tenemos una Madre Celestial” (Gordon B. Hinckley, Daughters of God, Ensign, Nov. 1991, pag. 100)

En la Encyclopedia of Mormonism, la autora Elaine Anderson Cannon, seleccionada para desarrollar el tema en 1992, aseguraba:

“Los Santos de los Ultimos Días infieren de fuentes autorizadas en las escrituras y la profecía moderna que hay una Madre Celestial así como un Padre Celestial. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días rechaza la idea que se encuentra en algunas religiones de que los espíritus o almas de los seres humanos han sido creadas ex nihilo… Los Santos de los Ultimos Días creen que todos los habitantes de la tierra que han vivido o vivirán son descendientes espirituales de Dios, el Padre Eterno. Una Madre Celestial comparte esa calidad con el Padre Celestial. El concepto conduce a los SUD a creer que ella es igual a El en gloria, perfección, compasión, sabiduría y santidad…”

Nuevamente, la palabra “inferencia” vuelve a ser fundamental y en cuanto a “Escrituras y profecía moderna” no pueden citarse ejemplos de ninguna de las dos.

En 1995, la Iglesia emitió “La Familia: Una Proclamación al Mundo” en la cual declaraba que “toda persona es un hijo o hija espiritual de padres celestiales”.

Continuará en la Tercera y última parte///

 

Nuestra Madre en los Cielos – Primera Parte

Doctrina

        Deidad

Nuestra Madre en los Cielos

Primera Parte

Por Mario R. Montani

Dentro del Mormonismo, cuando hablamos de nuestra Madre Celestial, nos estamos refiriendo a la madre de todos los espíritus humanos y  esposa de Dios, el Padre. El tema no se discute ni conversa demasiado en la Iglesia, aunque buena parte de nuestra teología está implícita o explícitamente basada en su existencia.

La historiadora Linda Wilcox, quien posee una Maestría en Educación por la Universidad de Stanford y otra en Historia por la Universidad de Utah, la ha definido como “una vaga y elusiva creencia que flota en los bordes de la conciencia mormona” (Trabajo presentado en la Sunstone’s Mormon Theological Symposium de 1980 y publicado en el número de Septiembre/Octubre de 1980 en la Revista Sunstone).

La doctrina no aparece en ninguno de nuestros Libros Canónicos y jamás fue declarada por Joseph Smith, Jr, nuestro Profeta fundador, mientras estuvo con vida (aunque hay quienes insisten en que sí, basados en evidencia secundaria).

En la Antigüedad

Recientes descubrimientos arqueológicos parecen mostrar que en el antiguo Israel, así como en regiones vecinas, se reverenciaba a una consorte de Dios, bajo el nombre de Asera. Esto concordaría con la idea de varios estudiosos de que Israel no practicaba un monoteísmo absoluto sino cierto henoteísmo o monolatría, la creencia que reconoce la existencia de varios dioses, pero sólo uno de ellos digno de adoración por parte de los fieles.

En una serie de la BBC sobre la Biblia, la Dra. Francesca Stavrakopuolou, especialista en la Biblia Hebrea en la Universidad de Exeter y con un doctorado en teología de Oxford, ha mostrado que el Antiguo Testamento contiene evidencias de una “esposa divina” que ha sido eliminada de las tradiciones principales, en parte por influencia de los rabinos ortodoxos varones, quienes veían a la mujer como un ser inferior y una propiedad. La idea de un dios casado no es filosóficamente más extraña que la de uno eternamente soltero.

Dra. Francesca Stavrakopuolou

Dra. Francesca Stavrakopuolou

El arqueólogo William Dever en su libro “Did God Have a Wife: Archaeology and Folk Religion in Ancient Israel” (¿Tuvo Dios una Esposa?: Arqueología y Religión Popular en el Antiguo Israel) desarrolla la idea de que en ese entorno, Dios aparece siempre como parte de un concilio de dioses. El mayor de ellos lleva por nombre “El”. Yavé y Baal son más jóvenes y, en algunos hallazgos, parecen ser sus hijos. En el panteón también existen diosas femeninas. Baal fue reverenciado entre los fenicios y Yavé en Israel. Asera era la consorte de El y su colaboradora en la creación. Se la simbolizaba con un árbol (¿árbol de la vida?) o con un poste. Asera fue adorada tanto en Canaan como en el Antiguo Israel, en calidad de esposa de El y luego de Yavé. Después del regreso de la cautividad en Babilonia, su figura fue eliminada por los reformadores (poco antes de la partida de Lehi de Jerusalén).

En Tell-Arad se ha descubierto un templo donde probablemente Yavé y Asera eran conjuntamente adorados. En su Sancta Sanctorum se encontraron dos piedras verticales de culto, una más grande que representaba a Yavé y otra más pequeña que representaba a Asera.

William Dever

William Dever

En 1968 Dever descubrió en una tumba de las colinas de Judea una inscripción que dice: “Y los salvó de sus enemigos gracias a Asherah”. Una década después encontró otra inscripción en lo que fuese un almacén de vasijas de un antiguo santuario, al Este del Sinaí. En la inscripción hebrea puede leerse: “Que esta persona sea bendecida por Yahvé y su esposa Asherah”.

Con base en el Talmud, algunos grupos judíos han sostenido que la shejiná o shekinah (presencia o gloria de Dios) da cuenta de los atributos femeninos de Dios presentes en la Creación.

También era usual entre los judíos el juego de palabras con “dicha” o “felicidad” por su cercanía fonológica. Así leemos en Génesis 30:13:

Y dijo Lea: Para dicha mía, porque las mujeres me dirán dichosa; y llamó su nombre Aser”.

Otra comparación vigente es la de Asera con la Dama Sabiduría (Sofía para los griegos). Por ejemplo, en Proverbios 3:13-18 puede hallarse un triple símil con las características de la diosa: sabiduría, árbol de vida, bienaventuranza (dicha)

 13 Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría y que adquiere entendimiento,

 14 porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus beneficios más que el oro fino.

 15 Más preciosa es que las piedras preciosas, y todo lo que puedas desear no se puede comparar con ella.

 16 Largura de días hay en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra.

 17 Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas, paz.

 18 Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, y bienaventurados son los que la retienen.

 

Si comenzamos a reemplazar las referencias a la sabiduría y el entendimiento como una posible y oblicua referencia a la Diosa Madre, surgen nuevos significados. En los versículos siguientes del mismo Proverbio 3 se lee:

 19 Jehová con sabiduría fundó la tierra; estableció los cielos con entendimiento.

 20 Con su conocimiento los abismos fueron divididos, y destilan rocío las nubes.

De pronto, su lectura, además de mencionar atributos divinos, nos presenta a una activa consorte participando en los momentos de la Creación.

Varios estudiosos bíblicos han propuesto la presencia del Espíritu sobre las aguas primigenias como el elemento femenino de la deidad de donde surge toda vida. De hecho, en la épica de Baal (un texto cananeo de antes del 1200 AC) uno de los nombres de Asera es “Aquella que flota sobre el mar”.

Observemos que interesantes cambios se producen si interpretamos Proverbios 8:22-35 bajo la presencia de la Dama Escogida Asera, Shekinah o Sofía

22 Jehová me poseía en el principio de su camino, antes de sus obras de tiempo antiguo.

 23 Desde la eternidad fui instituida, desde el principio, antes de la tierra.

 24 Antes que existiesen los abismos fui engendrada, antes que existieran los manantiales con muchas aguas.

 25 Antes que los montes fuesen formados, antes que los collados, ya había sido yo engendrada,

 26 cuando él aún no había hecho la tierra, ni los campos ni el principio del polvo del mundo.

 27 Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo,

 28 cuando él afirmaba las nubes arriba, cuando reforzaba las fuentes del abismo,

 29 cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandato, cuando trazaba los fundamentos de la tierra,

 30 con él estaba yo como artífice, y era su delicia cada día, y me regocijaba delante de él en todo tiempo.

 31 Me regocijaba en la parte habitable de su tierra, y mis delicias eran con los hijos de los hombres.

 32 Ahora pues, hijos, escuchadme: Bienaventurados los que guardan mis caminos.

 33 Escuchad la instrucción y sed sabios, y no la desechéis.

 34 Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día, guardando los postes de mis puertas.

 35 porque el que me halle hallará la vida y alcanzará el favor de Jehová.

Daniel C. Peterson

Daniel C. Peterson

En el interesante artículo de Daniel C. Peterson “Nephi and His Asherah” (Nefi y su Asera) aparecido en el Journal of Book of Mormon Studies 9/2 (año 2000), pags. 16-25), el autor propone que, dada la fecha de partida de la colonia lehita de Jerusalén, sus integrantes estaban bien al tanto de los símbolos de Asera, por lo que dichos símbolos son clave para el entendimiento por parte de Nefi de la visión del Arbol de la Vida. Recién cuando Nefi ve la imagen de María portando en sus brazos al hijo de Dios (una forma común de representar a Asera en la estatuaria cananea, como quien nutría a los dioses) parece alcanzar el significado profundo del Arbol y su fruto. La visión está teñida de un fuerte contenido cultural que sólo puede captar un judío viviendo en las postrimerías del siglo VII antes de Cristo.

En el Cristianismo

Si bien ninguno de los Evangelios menciona la idea de una Madre Celestial (tampoco el Quinto Evangelio, como denominamos a 3 Nefi), muchas otras fuentes, sobre todo gnósticas, hablan de las enseñanzas recibidas por los Apóstoles inmediatamente después de la resurrección de Cristo. Por ejemplo, en la versión Siríaca de los Hechos de Tomás aparece un himno conocido como La Perla, en el cual, el alma es enviada, desde su hogar celestial, a obtener la perla que custodia una serpiente. En su etapa terrenal olvida su propósito (¿velo de olvido?) hasta que recibe una carta de su padre, madre y hermano celestiales recordándole su misión. Luego de cumplirla, regresa a su hogar, donde es vestida nuevamente con prendas gloriosas.

En la Oda a Sofía, preservada en versión griega, las almas entran al Pleroma donde reciben gloriosa luz y alaban junto “al espíritu viviente, el padre de verdad y la madre de sabiduría”.

En las Oraciones de Consagración se la llama “madre misericordiosa”, “consorte del varón”, “reveladora de los perfectos misterios”, “madre escondida” y “Santo Espíritu”. Entre los Maniqueos se la conoció como “Madre de la Vida” y “Espíritu del Mundo”. Particularmente los Arcónticos, grupo que existió en Palestina y Armenia a mediados del siglo IV, reverenciaban a una “Madre de la Luz”.

La idea parece también estar presente en la obscura frase de San Agustín en su obra De Trinitate, Libro VII, Cap. 5:

“Omito pues tales cosas como contemplar al Espíritu Santo como la Madre del Hijo y la Esposa del Padre, pues tal vez se me responderá que ellas nos ofenderían con asuntos carnales provocando pensamientos de concepción corporal y nacimiento”.

El concepto se mantuvo celosamente guardado en comunidades judías y judeo-cristianas, como lo demuestra la Sentencia-Estatuto de Toledo de 1449 (Kenneth B. Wolf, Medieval Texts in Translation, 2008)

“Así como se ha demostrado que una gran porción de los conversos de la ciudad, quienes descienden del linaje judío, son personas sospechosas para la santa fe católica; que ellos sostienen y creen grandes errores contra los artículos de la santa fe católica; que ellos mantienen los ritos y ceremonias de la antigua ley; que ellos declaran y afirman que nuestro Salvador y Redentor Jesucristo fue un hombre de su linaje que fue asesinado y a quien los cristianos adoran como Dios; que dicen que hay tanto un dios como una diosa en los cielos…”

Para el análisis textual de citas que identifican al Espíritu Santo con la Madre Celestial, sugiero la lectura del trabajo de la Dra. Elaine H. Pagels, “What Became of God the Mother? Conflicting Images of God in Early Christianity” (¿Qué ocurrió con Dios Madre? Imágenes de Dios conflictivas en el temprano Cristianismo) Signs, Winter 1976, pags. 293-303)

Elaine H. Pagels

Elaine H. Pagels

En la Restauración

Como lo hemos dicho al iniciar este artículo, no existe a la fecha una declaración históricamente fiable de que Joseph Smith, Jr haya expuesto la doctrina de una Madre Celestial mientras estuvo con vida. No obstante, la mayor parte de las declaraciones oficiales de la Iglesia, aseveran que así fue. Veamos el contexto.

El tema no aparece en ninguno de los sermones, escritos y revelaciones del Profeta, ni siquiera en aquellos que no son considerados doctrinales, pero sí existen algunas referencias de otros en fechas cercanas a su muerte. Por ejemplo, W.W. Phelps publicó en Febrero de 1844 (poco menos de cinco meses antes del asesinato de Joseph) un himno al que llamó A Song of Zion (Una Canción de Sión), el cual nunca llegó a publicarse en un himnario. En una de sus estrofas contiene la sugestiva frase:

“Como la poca levadura

Que la mujer escondió

Cuando, como reina del cielo,

Sobre oro de Ofir se alzó”.

Si bien la frase es poco clara y bastante enigmática, la mención de la “reina del cielo”, que Phelps utilizó en ocasiones posteriores para referirse a la Madre en los Cielos, hace que ésta pueda ser considerada la primer referencia histórica a la doctrina.

W.W. Phelps

W.W. Phelps

Posiblemente en el mismo año, Phelps compuso otro himno, “Come to Me” (Ven a Mi) que fue publicado en Enero de 1845 (siete meses después de la muerte del Profeta). Aquí fue mucho más explícito:

Come to me; here’s the myst’ry that man hath not seen;
Here’s our Father in heaven, and Mother, the Queen

(Ven a mí; he aquí el misterio que el hombre no ha visto;

Aquí nuestro Padre en los cielos y nuestra Madre, la Reina)

En un artículo oficial de 2015, la Iglesia reconoce a este himno como la referencia más antigua al tema. Sin embargo, no parece ser el modo en que las revelaciones deberían venir al mundo. W.W. Phelps era una persona educada y hábil escritor. Los historiadores lo consideran uno de varios escritores “fantasmas” que redactaban los editoriales que aparecían firmados por Joseph. Sin intención de desacreditar sus muchas buenas acciones ni su dedicación a la causa del Evangelio, para la época de redacción de Come to Me había sido excomulgado en dos ocasiones, una, por quedarse con dineros en la compra de terrenos en Far West, y otra, por testificar en contra del Profeta. Volvería a ser excomulgado, después del Martirio, por contraer matrimonios polígamos no autorizados.

En el Tomo 5 pag. 254 de la History of the Church, compilada por B.H. Roberts en 1902, aparece una nota al pie atribuyendo el par de versos que aparece más arriba a Joseph Smith. Sin embargo, no hay referencias ni la menor evidencia a la fecha (incluyendo los Joseph Smith’s Papers) de que tal sea el caso.

Algunas semanas antes de que Come to Me se publicara, Phelps también escribió una carta a William Smith, hermano del Profeta, quien unos meses más tarde sería nombrado Patriarca Presidente de la Iglesia:

“¡Oh, Mormonismo! Tu padre es Dios, tu madre, la Reina de los cielos, de modo que tu historia toda, de eternidad en eternidad, serán las leyes, ordenanzas y verdades de los Dioses – abarcando el plan de salvación, santificación, muerte, resurrección, glorificación y exaltación del hombre, de la infancia a la vejez, de la vejez a la eternidad, de lo simple a lo sublime… Cristo odiaba el pecado y amaba la rectitud, por tanto fue ungido con santo aceite en los cielos y coronado en medio de sus hermanos y hermanas, mientras su madre permanecía en virtuosa aprobación, y sonreía a un Hijo que mantuvo la fe como heredero de todas las cosas! De hecho, los judíos pensaban tanto sobre esta coronación entre Dioses y Diosas, Reyes y Reinas del cielo, que quitaron toda restricción y comenzaron a adorar a “la Reina del Cielo”, según Jeremías”. (W.W. Phelps, “The Answer”, carta en respuesta a William Smith del 25 de Diciembre 1844, publicada en Times and Seasons 5/24, pag. 758, del 1 de Enero 1845)

¿Revelación, Deducción Doctrinal o Necesidad Teológica?

La presentación de la idea más conocida por los miembros es la de “Oh, Mi Padre” de la poetisa Eliza Roxcy Snow, hermana de Lorenzo Snow y una de las esposas plurales de Joseph Smith. Lo que quizás no sepamos tanto es que fue publicada en Times and Seasons de Octubre de 1845 (es decir, por lo menos nueve meses después de los poemas de W.W. Phelps) con el nombre de “Invocation, or the Eternal Father and Mother” (Invocación, o el Padre y la Madre Eternos). El hecho de que tanto la Madre como la posibilidad de invocarla hayan desaparecido del título es significativo y será objeto de un tratamiento especial en la segunda parte de este artículo.

Eliza R. Snow

Eliza R. Snow

El Himno en cuestión (nº 187 del himnario en castellano, versión 1993) contiene las siguientes expresiones en sus últimas estrofas:

“¿Hay en los cielos padres solos?

Clara la verdad está.

La verdad eterna muestra:

Madre hay también allá.

Cuando deje esta vida

Y deseche lo mortal,

Padre, Madre, quiero veros

En la corte celestial.”

El Presidente Wilford Woodruff consideró a Eliza la originadora de la idea:

“Ese himno es una revelación, aunque nos haya sido dada por una mujer” (Wilford Woodruff, “Discourse”, Millennial Star 56:229, Abril 1894)

Sin embargo, al año siguiente, Joseph F. Smith (Deseret Evening News, 9 Febrero 1895) se encargó de señalar que “el principio de que tenemos tanto una Madre como un Padre Celestial” fue revelado a Joseph Smith, que éste lo trasladó a Eliza Snow, una de sus esposas, y que ella, siendo poetiza, lo puso en versos. Pero no pudo dar ninguna referencia histórica para tal afirmación, que parece más bien diseñada para alejar la idea de que una mujer pudiese recibir revelaciones doctrinales.

Susa Young Gates en su History of the Young Ladies’s Mutual Improvement Association, pag. 15-16, 1911 (obsérvese que ya nos estamos alejando 70 años de los supuestos hechos) cuenta que Joseph Smith, consolando a Zina Diantha Huntington, otra de sus esposas, por la muerte de su madre, ocurrida en 1839, le dijo que la vería nuevamente. Según el relato:

“¿Reconoceré a mi madre como mi madre cuando vaya al Otro Lado?”

“Ciertamente lo harás”, fue la respuesta instantánea del Profeta, “Más aún, conocerás y tendrás cercanía con tu Madre eterna, la esposa de tu Padre Celestial”.

Susa Young Gates era una hija de Brigham Young y Lucy Bigelow, su esposa nº22, escribiendo en 1911 sobre lo que su “tía”, Zina Diantha Huntington Jacobs, en la práctica la esposa nº 33 de Brigham, quien había ya muerto en 1901, le contó sobre hechos acaecidos al momento de la muerte de su propia madre, Zina Baker Huntington, en 1839. De modo que la historia, independientemente de su veracidad, nos llega mediada por tres relatores, lo que le disminuye su importancia como fuente histórica y también nos hace reflexionar sobre las formas en que deberían venir las comunicaciones de los cielos.

Zina Huntington

Zina Huntington

David McKay (padre del Presidente David O. McKay) relató a la Sra. James Hood en 1916 (nótese que a medida que los años pasan las versiones son ya de segunda o tercera mano) y ésta transcribió, que, en un paseo de coche a caballo, David preguntó a Eliza si el Señor le había revelado esa doctrina. La respuesta, no tan clara, fue:

“Obtuve mi inspiración de las enseñanzas del Profeta; todo lo que hice fue utilizar mi don poético y brindar ese principio eterno en poesía”.

Es cierto que, antes de su muerte, Joseph Smith había dado su inspirado, aunque no canónico, discurso en los funerales de King Follet, en el que desplegó un nuevo conocimiento sobre la naturaleza de Dios y su condición de “hombre exaltado”, así como la posibilidad de que el ser humano alcanzase ese mismo grado a través del “nuevo y sempiterno convenio del matrimonio”. Llegar a la conclusión de que debía existir una Madre Celestial parece lógico. De modo que no sabemos si Eliza estaba reconociendo haber hecho esa síntesis en base a las otras enseñanzas, o si la escuchó textualmente de los labios del Profeta.

Para complicar aún más la situación, varias fuentes sugieren que Eliza R. Snow entendía que nuestra Madre Celestial era Eva, una creencia que luego haría explícita Brigham Young, su nuevo esposo. (Ver carta al editor de Boyd Kirkland en Sunstone 6, Abril 1981, pags. 4-5)

En el diario personal de Abraham H. Cannon, en poder de la Iglesia, y con fecha del 25 de Agosto de 1880 aparece el siguiente relato que le fuera transmitido por Zebedee Coltrin, uno de los supuestos partícipes, nuevamente de segunda mano:

“Cierto día el Profeta Joseph le pidió a él (Z.Coltrin) y a Sidney Rigdon que lo acompañaran al bosque a orar. Cuando llegaron a un sitio aislado, Joseph se acostó sobre su espalda y estiró los brazos. Les pidió a los hermanos que yaciesen uno a cada lado y que cerraran sus ojos. Después que hubieron orado les dijo que los abrieran. Así lo hicieron y vieron una luz brillante rodeando un pedestal que parecía descansar sobre la tierra. Cerraron los ojos y volvieron a orar. Entonces, al abrirlos, vieron al Padre sentado en un trono; oraron nuevamente y, al mirar, vieron también a la Madre; después de orar y mirar por cuarta vez, vieron al Salvador agregarse al grupo”.

Todas estas referencias deben tomarse con suma prudencia.

Por otra parte, Joseph Smith no era excesivamente celoso de su función profética. Como lo ha expresado claramente el galardonado Richard Bushman en “Joseph Smith and His Vision” en The Oxford Handbook of Mormonism, Oxford University Press, 2015, pag. 118

“Smith nunca intentó monopolizar su oficio profético. Era como si él intentara reducir su propio rol e infundir en la burocracia de la iglesia sus poderes carismáticos”.

Su liderato jamás fue autocrático sino que tendió o democratizar las revelaciones, esperando que todos tuviesen una que confirmase las de él mismo. Algunos han denominado a esta visión como “divina colaboración” y estaba en el centro de su creación del Quorum de los Ungidos y el Concilio de los Cincuenta así como otras estructuras consultivas. Los miembros deberíamos reconocer que esa es otra alternativa por la que algunas de nuestras creencias han tomado forma: de modo colaborativo y sin considerar el cargo eclesiástico o el género del receptor.

Ya iniciado el siglo XX, B.H. Roberts no veía ningún problema en que una mujer fuese la receptora de verdades fundamentales.

“…en ese espléndido himno nuestro sobre la maternidad celestial, ese palpitante anhelo del alma femenina, que fue dado al mundo a través de la mente inspirada de Eliza R. Snow” (B.H. Roberts, Answers to Ministerial Association Review, M.I.A. Conference, 9 de Junio de 1907)

Continuará en la Segunda Parte///