Isaac Asimov y los mormones

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Isaac Asimov y los mormones

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Por Mario R. Montani

Isaac Asimov nació en Petrovichi, Rusia, 400 kms al suroeste de Moscu, el 2 de enero de 1920. De origen judío, sus padres, Judah Asimov y Anna Rachel Berman, se mudaron a Nueva York cuando el futuro escritor contaba sólo tres años. Se crió en Brooklyn, donde aprendió a leer por su cuenta a los cuatro años. En los estantes de las tiendas de golosinas de su padre descubrió las primeras revistas de ciencia ficción y comenzó a escribir. A los 19 años publicó sus primeros trabajos. Para entonces se había graduado de bioquímico en la Universidad de Columbia, donde también realizó un posgrado en 1941. Al año siguiente obtuvo un puesto como investigador en la marina. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial culminó su doctorado, lo que le permitió el acceso a la Universidad de Boston como profesor asociado. Sin embargo, para entonces, sus ingresos como escritor superaban los de su trabajo académico. Entre sus obras principales se encuentran la Saga de la Fundación o Ciclo de Trantor, su serie de robots (en la que plasmó sus tres leyes fundamentales de la robótica), Las Bóvedas de Acero, El Sol desnudo y El Fin de la Eternidad. Con el inicio de la carrera espacial, particularmente el envío ruso del sputnik I, Asimov decidió dejar momentáneamente la ciencia ficción y apostar a la divulgación científica, tarea que desarrolló desde su columna en The Magazine of Fantasy and Science Fiction y con la publicación de ensayos y obras de la más diversa temática.

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Isaac fue siempre un humanista y racionalista. No se oponía a las convicciones religiosas genuinas de los demás pero, como Presidente honorario de la Asociación Humanista Estadounidense, se enfrentó a las supersticiones y creencias infundadas de grupos fundamentalistas. Publicó más de 500 obras, entre ellas, los 14 tomos de la Historia Universal Asimov y firmó más de 900 cartas como respuesta a diferentes temas. En su honor se nombró a un asteroide y también a un cráter en el planeta Marte.

Incluyó en sus trabajos obras sobre la literatura, la historia, el desarrollo de las ideas y la historia de la ciencia ficción. En su retorno triunfal al género produjo obras magistrales como El Hombre Bicentenario o Los Propios Dioses.

En 1967 publicó la primer parte de su Guía Asimov para la Biblia sobre el Antiguo Testamento y que, dos años más tarde, completó con su revisión del Nuevo Testamento, comprendiendo un total de 1300 páginas.

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En 1973, luego de divorciarse de su primera esposa, el “buen doctor” (como solían llamarlo sus fans) contrajo enlace con la eminente médica, sicóloga y escritora Janet Opal Jeppson, de orígenes mormones, por lo que, las pocas referencias a nuestra religión aparecen bastante ligadas a ella.

Isaac Asimov falleció por una afección cardíaca el 6 de abril de 1992.

“Janet y yo tenemos un interés especial en historias sobre los mormones. En el caso de Janet, por una conexión genealógica. En mi caso, porque me despierta interés cualquier grupo que me considera a mí un Gentil”. (Laughing Space, Boston, Houghton Mifflin, 1982, pag. 334)

“A Janet le gusta ese cuento pues ella no toma café. Tuerce su nariz aún con el helado de moca. Lo que es más, no pudiendo forzarme a unirme a ella en esa extraña abstención (aunque en la mayoría de las cosas su palabra es ley para mí), me ha conducido a pasarme a la versión descafeinada por una u otra razón médica (es médica profesional y se le ha subido a la cabeza). De cualquier modo, ella dice que esta historia prueba cuán molesta puede ser la pausa para el café” (Laughing Space, pag. 90)

En su colección de 700 chistes y relatos favoritos, incluyó el siguiente:

El Papa convoca a una reunión de todos los cardenales y les dice: ‘Tengo para ustedes algunas noticias buenas y otras malas. Las buenas son que nuestro bendito Salvador, el Señor Jesucristo, ha retornado en la tan esperada Segunda Venida, y el Día del Juicio está por llegar’.

Por unos momentos se produce un silencio reverente, y entonces uno de los Cardenales pregunta: ‘Pero, Santo Padre, con buenas nuevas como esa ¿qué malas noticias puede haber?’.

El Papa se seca la frente con su pañuelo y declara: ‘La información nos ha llegado desde la Ciudad de Lago Salado’.

(Isaac Asimov, Asimov Laughs Again: More than 700 Favorite Jokes, Limericks, and Anecdotes, New York City, NY: Harper Collins Publishers (1992), pag. 127-128)

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Los que hayan disfrutado del presente artículo pueden consultar en este blog:

Sobre los Libros: Isaac Asimov, “El Indestructible”

“Los Jinetes de la Pradera Roja” por Zane Grey

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“Los Jinetes de la Pradera Roja”

Por Zane Grey

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Introducción de Mario R. Montani

Pearl Zane Gray nació el 31 de Enero de 1872 en Zanesville, Ohio, una ciudad fundada por su bisabuelo materno Ebenezer Zane. Después de una infancia conflictiva, y gracias a su habilidad como basebolista, obtuvo una beca en la Universidad de Pennsylvania para hacer una carrera como dentista. Una vez recibido, continuó dando más importancia al deporte que a su práctica profesional hasta que descubrió que escribir sobre sus antepasados era preferible y más redituable.

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Se casó en 1905 y la buena situación económica de su esposa, Lina “Dolly”, le permitió dedicarse a la escritura tiempo completo. Durante su carrera produjo 89 obras, incluyendo 56 novelas del Oeste (prácticamente creando el género), y otras sobre caza, pesca y beisbol (sus grandes pasiones). Riders of the Purple Sage, publicada en 1912 es considerada una de sus mejores novelas y record de ventas. Entre 1915 y 1924 alguna obra de Grey siempre estuvo entre las 10 más vendidas. Hollywood llevó a la pantalla 46 de sus novelas y el programa televisivo The Zane Grey Western Theatre estuvo al aire entre 1956 y 1960 con 145 episodios. Ya siendo escritor, eliminó su primer nombre y cambió el Gray por Grey, como es hoy conocido. Llegó a formar su propia compañía cinematográfica, aunque algunos años más tarde la vendió a Jesse Lasky, socio del fundador de Paramount Pictures.

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Cuando Raiders of the Purple Sage apareció, el Presidente Heber J. Grant la consideró “escandalosa”. La novela, con una doble historia de amor, se desarrolla en 1872 (40 años antes de su publicación y coincidiendo con el nacimiento del autor) al sur de Utah, en la ficticia población de Cottonwoods. La trama comienza con la encantadora Jane Withersteen, una fiel mormona, salvando de ser ahorcado a Bern Venters, un amigo gentil de la llanura. A continuación Jane será despojada de su ganado y perseguida por negarse a ser una de las esposas plurales del Obispo local. Finalmente se enamorará de Lassiter, un pistolero también gentil en busca de su hermana, que le ayudará a escapar de “las garras mormonas”. Los estereotipos de “buenos” y “malvados” son característicos de la literatura folletinesca de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Así como los paisajes del desierto son descriptos con maestría y majestuosidad, los mormones de Grey son invariablemente sanguinarios, vengativos, lujuriosos y ladrones, rodeados de un ambiente de organizaciones secretas y juramentos que los hace omnipresentes. Los pueblos cerrados, las mujeres cautivas y los vigilantes ejecutores no tienen demasiada base histórica pero eran parte del ideario norteamericano de la época, por lo que Grey simplemente ayudó a intensificarlo y difundirlo.

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El autor vivió durante un tiempo en Utah, donde sólo halló amabilidad y buena disposición pero también muchas historias sobre el pasado. Su visión fue siempre la de un extraño a la comunidad. No casualmente, sus principales protagonistas no son mormones, y, cuando los son, aparecen como víctimas, renegados o irremisiblemente malvados.   

Zane Grey durante el rodaje de "Rideres of the Purple Sage"

Zane Grey durante el rodaje de “Rideres of the Purple Sage”

Zane Grey falleció en Altadena, California, el 23 de Octubre de 1939, a los 67 años.

Debido a la longitud de la novela, solamente ofreceremos algunos párrafos reveladores, indicando la página correspondiente a la versión digital on line de http://www.librodot.com, donde puede leerse completa.

 

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Los jinetes de la pradera roja

-Así será. No tardará en convertirse el pueblo en un infierno. – Se detuvo un momento y descargó un latigazo sobre los arbustos -. Venters, puesto que estáis al corriente de las cosas de aquí, contadme la historia de Milly Eme.

-¿La historia de Milly Erne? -preguntó Venters, muy asombrado-. Bien, Lassiter, os voy a contar lo que sé -añadió-. Cuando vine a Cottonwoods, Milly Erne ya estaba aquí hacía años; lo que voy a contaros pasó casi todo antes de mi llegada. Era una mujer muy hermosa y una religiosa fanática. Yo concebí una sospecha, que a nadie he manifestado: la de que, de corazón, era más gentil que mormona; sin embargo, pasaba por mormona y, tenía los labios sellados de las mormonas. Como sabéis, en todas las aldeas y pueblos mormones hay mujeres de aspecto misterioso, pero el caso de Milly Erne era mucho más misterioso que el de ninguna otra. Cuando llegó a Cottonwoods tenía una preciosa hijita, a la que amaba con locura. Públicamente no se conocía a Milly Eme como mujer de ningún mormón, pero tengo la seguridad de que lo fue realmente. Tal vez la otra esposa o las otras esposas del mormón con quien estaba casada no quisieron reconocerla como su igual. Los mormones soportan el yugo que su ley les impone, pero también conocen los celos. Sea lo que fuere lo que trajo a Milly Eme a esta comarca, el amor o el fanatismo religioso, el caso es que ella se arrepintió.

Dejó de enseñar a los niños en la escuela del pueblo; dejó de ir al templo. Empezó a contrarrestar la educación mormona de su hijita. Entonces los mormones le apretaron las clavijas, lentamente, como tienen por costumbre. Por último, desapareció la niña; se perdió, según dijeron, y no se la vio más. Yo sé que robaron a la criatura, y vos tampoco lo dudáis. Aquello acabó con Milly Eme, que, sin embargo, esperaba siempre. Se convirtió en esclava. Destrozó su corazón, su alma y su vida para que le devolviesen su hija; no volvió a saber de ella. Consumióse rápidamente… Me parece verla, frágil, casi transparente, pálida como una muerta… ¡Y qué ojos…! Su mirada de corza acosada, de tristeza infinita, siempre me ha perseguido. Una amiga verdadera tenía Milly: Jane Withersteen. Pero Jane no podía curar un corazón destrozado, y  Milly murió.

Largo rato estuvo Lassiter sumido en el silencio.

-¡El nombre del mormón! -exclamó por fin, con ronco acento.

-No tengo la más remota idea de quién puede ser -repuso Venters -, ni tampoco lo sabe ninguno de los gentiles que hay en Cottonwoods.

-¿Lo sabe Jane Withersteen?

-Sí, pero ni con unas tenazas candentes le arrancaríais el secreto (Pag 17)

“Arrodillóse junto a la cama y oró como jamás lo había hecho, suplicando que se le perdonara su pecado; que se la librara de aquella oscura y abrasadora sensación de odio; que pudiera amar a Tull como ministro del Señor, aunque lo aborreciera como hombre; que le diese ánimos para cumplir con su religión, con sus correligionarios y con los que dependían de ella; que permaneciese siempre inviolable su fe en Dios y en su libre albedrío de mujer.

Cuando Jane Withersteen se levantó después de aquella plegaria, estaba tranquila y segura de sí misma; era una mujer distinta. Cumpliría su deber tal como lo entendía, viviendo de acuerdo con su verdad. Acaso nunca le sería posible casarse con el hombre de su elección, mas tampoco consentiría en ser esposa de Tull. Los dignatarios de los mormones podrían quitarle los hatos, los caballos, la hacienda, los prados, la casa de Withersteen, el agua que hacía florecer el pueblo de Cottonwoods, pero no la obligarían jamás a casarse con Tull. Decidida y resignada a soportar todas las pérdidas, y muy segura de sí misma, Jane Withersteen sintió una tranquilidad de espíritu de la que no gozaba hacía más de un año. Perdonó a Tull y lamentó melancólicamente su equivocación. Tull, como hombre, quería a Jane para sí, en primer lugar; y en segundo, esperaba salvarla a ella y sus riquezas para la Iglesia mormona. Jane no creía que Tull obrase impulsado tan sólo por el deseo religioso de salvar el alma de ella. Además, no temía a Tull en este sentido. Aunque le habían enseñado que el obispo de la comunión mormona estaba en comunicación directa con Dios y que podría condenar su alma al eterno fuego, dudaba que el obispo pronunciase tal anatema sólo porque ella se negara a casarse con Tull. En cuanto a éste y los demás dignatarios, acaso cuando ella estuviera arruinada, pero indómita, le devolverían todo lo que perdiera. Así razonó Jane Withersteen, leal hasta el fin con su fe en los hombres, cuya bondad acabaría por prevalecer”.  (Pag. 35)

Zane Grey en su estudio cinematográfico

Zane Grey en su estudio cinematográfico

Jane  le contó casi todo lo que había sucedido, pero nada dijo de sus dudas y temores.

 -¿Por qué no te casas con Tull y eres de las nuestras?

-¡Pero, Mary, si no le amo! -dijo Jane con obstinación.

-No puedo reprochártelo. Sin embargo, Jane Withersteen, debes decidirte por el amor de un hombre o por el de Dios. Nosotras, las mujeres mormonas, hemos de hacer eso con frecuencia. No es fácil. La clase de felicidad que tú deseas yo misma la anhelé un día. Nunca la alcancé. Todas hemos observado tu amistad con Venters, temblando y temiendo lo peor. Tú no querrás verle ahorcado ni muerto a tiros, o que le ocurra algo más terrible aún, como le sucedió a aquel joven gentil que hallaron haciendo el amor a una mormona de Glaze. Cásate con Tull. Es tu deber, como mujer mormona. Como esposa suya no sentirás el arrobamiento de las enamoradas, pero… ¡piensa en el Cielo! Sufre tu cruz, Jane. Las mormonas no se casan por lo que puedan hallar en la tierra. En el Cielo hallamos nuestra recompensa. Recuerda que tu padre descubrió la Fuente Ambarina, edificó todas estas casas, trajo aquí a los mormones y fue un padre para ellos. ¡Tú eres la hija de Withersteen!

Jane dejó a Mary Brandt y se fue a visitar a otras amigas. (Pag 43-44)

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-Quisiera explicaros el motivo -continuó Lassiter, con una frialdad que raras veces había empleado con ella. Jane lo advirtió, pero no le produjo ninguna impresión- Sin embargo…, dejemos eso. Sólo os quiero decir una cosa. Esa bondad, esa piedad vuestra, que tanto os ennoblece, no tiene cabida en esta selvática región. La vida aquí es un infierno. Pensáis…, o solíais pensar antes, que vuestra religión convertía esta vida en un paraíso. Tal vez ya se os haya caído la venda de los ojos. Y no es que yo os quisiera distinta, no, pues precisamente porque sois como sois trato de ocultaros en un lugar seguro de este Desfiladero. Y me gustaría llevar también al mismo lugar a otras mujeres de vuestra religión, porque he llegado a comprender que hay muchas como vos entre las mormonas. Yo quisiera que supieseis exactamente lo dura y cruel que es la vida aquí. Es sangrienta y feroz. Creísteis que con ayuda de la Iglesia y sus sacerdotes mejoraría todo y os equivocasteis, porque ha empeorado. Dais nombres altisonantes a las cosas: obispos, dignatarios, ministros, mormonismo, deber, fe, gloria. Yo que soy un hombre, lo sé mejor y les llamo fanáticos, parciales, mujeres ciegas, opresores, ladrones, bandidos, rancheros, jinetes. Ya habéis visto… lo que habéis sufrido estos últimos meses. Es imposible remediarlo, pero no puede durar. Y recordad esto siempre: algún día esta región será más habitable, dulce y suave, más sana y más moral…, pero será debido a hombres como Lassiter. (Pag 145)

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Reflexiones finales:

Tanto mi abuelo como mi madre eran grandes admiradores de la prosa de Grey y disfrutaban de sus novelas que leían en el idioma original. De modo que me crié con su nombre ocupando un lugar distinguido en nuestras bibliotecas, aunque sólo leía las versiones castellanas que, probablemente, dejaban algo por el camino.

A pesar de sus denuncias sobre la poligamia del pasado, Zane parece haber encontrado una forma de la institución propia, ya que vivió casi toda su vida con tres o cuatro mujeres simultáneamente, con la tácita aceptación de su esposa, además de varias amantes que lo acompañaban en sus viajes. Quizás había llegado a la misma conclusión que el antiguo Gobernador de Arizona, George W.P. Hunt, cuando visitó el sur de Utah, y se enfrentó a su clima y condiciones de vida: “¡Por todos los infiernos, si yo viviese aquí, también necesitaría más de una esposa!”

ALBERT ROBIDA: “Les mormons dans la Belle Epoque”

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ALBERT ROBIDA: “Les mormons dans la Belle Epoque”

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Por Mario R. Montani

Albert Robida, nacido en Compiegne el 14 de marzo de 1848, fue uno de los más importantes dibujantes franceses de la segunda mitad del Siglo XIX. Hijo de un carpintero, comenzó sus estudios para ser notario pero terminó dedicándose a su don natural para la caricatura. Sus amplias capacidades lo convirtieron en dibujante, litógrafo, grabador, periodista y novelista.

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Después de ilustrar diversas publicaciones fundó su propia revista, La Caricature, en 1880, de la cual fue director a lo largo de los siguientes 12 años, descubriendo en sus páginas a otros artistas como Caran d’Ache, Louis Morin y Job. También dio vida en imágenes a obras clásicas de Rabelais, Cervantes, Swift, Shakespeare y Balzac.

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Robida fue redescubierto en el siglo XX por sus obras de anticipación Le Vingtieme Siecle (1883), La Guerre au vingtieme siecle (1887) y Le Vingtieme Siecle. La vie electrique (1890). En ellas describía inventos del futuro con asombrosa exactitud. Una de sus más ingeniosas invenciones, el telefonoscopio (una pantalla plana de importantes dimensiones que difunde las últimas informaciones, obras teatrales, cursos y conferencias y permite intercomunicarse) aparece en varias de sus obras. También previó la promoción social de las mujeres y su inclusión en las más variadas profesiones, el turismo de masas, la polución de la naturaleza, la guerra bacteriológica, aérea y con misiles robotizados.

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Como ya vimos previamente en este blog (https://mormosofia.wordpress.com/2011/11/28/la-vuelta-al-mundo-en-80-dias-por-jules-verne/) , la obra de Jules Verne La Vuelta al Mundo en 80 días y su mención de la sociedad mormona generó un cierto número de parodias, entre ellas las del propio Robida.

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Con tan sólo 19 años dibujó una serie de viñetas denominadas Le Mormonisme a Paris (El Mormonismo en Paris) que se publicó en Paris-Caprice el 13 de marzo de 1869. En esta obra satirizaba tanto al mormonismo (con la obligada referencia a la poligamia) como a la importante feminista francesa Olympe Audouard (1830-1890), quien había visitado Utah ese mismo año y había escrito un sorprendente texto de apoyo a la práctica mormona. Según Robida, las conferencias de Audouard “comenzaron a tener un efecto inesperado… la mitad de Paris acaba de convertirse al Mormonismo!!!”

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Más adelante, en 1879, publicará en entregas, Voyages très extraordinaires de Saturnin Farandoul dans les 5 ou 6 parties du monde et dans tous les pays connus et même inconnus de M. Jules Verne  (Los muy extraordinarios viajes de Saturnino Farandula por las 5 ó 6 partes del Mundo y todos los países conocidos y aún desconocidos de Monsieur Jules Verne). Estas historias, con muchas ilustraciones del propio autor, eran exageradas y paródicas, con un efecto humorístico, montadas sobre la fama del propio Verne.

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Massimo Introvigne, sociólogo italiano especializado en religiones modernas y conocedor del movimiento mormón, ha señalado la popularidad de Farandula en Italia, al punto de que una de las primeras películas mudas de ese país lo tenía como protagonista.

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Las aventuras de Farandula (Farandoul en francés) tenían una rica sección sobre Brigham Young y el mormonismo. El protagonista, su segundo de a bordo, Mandibul, el bretón Tournesol y los demás marineros de la nave “Belle Léocadie”, cansados de la vida solitaria deciden convertirse al mormonismo y abrazar la poligamia. Farandula envía un telegrama a Brigham Young, anunciándole sus deseos. Continuamos directamente con el texto:

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 “Brigham Young, encantado y orgulloso de haber conquistado para su religión a tan importantes reclutas, se pone a la total disposición de Saturnino.

Por las siguientes horas del viaje, los telegramas iban y venían:

“Encontrada espléndida oportunidad. Senador recién divorciado de esposas. Dieciseis mujeres bien surtidas. Pueden llegar a diecisiete si se regatea. ¿Le resultaría provechoso? Muchos interesados, pero Ud. tendría preferencia. Brigham Young.”

“Aceptado. Gracias.Teniente Mandibula pregunta si habría similares oportunidades para él. Farandula.”

“Para la respuesta hay cinco negras y una china. No hablan francés. ¿Negociamos? Brigham Young.”

“Mandíbula pide adicionalmente media docena de mujeres blancas para la dulce charla hogareña. Farandula”

“Encontradas. Antes de aceptar preguntan si el Teniente Mandibula es rubio. Brigham Young”.

“De brillantes cabellos rubios. Otro pedido. Tournesol, de treinta y tres años, temperamento volcánico. Quisiera algunas damas mexicanas. Farandula.

“Mandibula trato hecho. Gran grupo de damas mexicanas para Tournesol. Estaré en la estación. Brigham Young”.

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“A la salida de la estación, el cortejo se dirige directamente al templo donde se han preparado los documentos registrales. Todo lo que se necesitó fueron varias rápidas firmas y el grupo partió hacia el Gran Hotel Polígamo, ya que en su salón de gala se había servido un magnífico banquete para tres mil personas provisto por el municipio de Salt Lake City para los nuevos conversos

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“Brigham Young, los obispos y elderes, honran con su presencia el gigantesco almuerzo, en el que se vierten mares de Champagne en honor de Farandula. No tenemos intención de contar todos los detalles, ni enumerar los brindis propuestos al mormonismo, a los antiguos y nuevos fieles, y a las amigables fracciones, como dijo Mandibula refiriéndose a sus esposas, demasiado numerosas para denominarlas caras mitades.” (Robida, Voyages très extraordinaires de Saturnin Farandoul dans les 5 ou 6 parties du monde ed dans tous les pays connus et même inconnus de M. Jules Verne. Paris: M. Dreyfous,  1879, pags. 171-175)

Farandula, una vez que ha apreciado cómo funcionan los hogares mormones, pronuncia un espléndido discurso a favor del mormonismo y la poligamia, y al instante es hecho Obispo. A escondidas, Brigham Young comienza a verlo como un posible rival y planea el asesinato del francés (una alusión al popular tema de los Danitas) mientras éste se halla esperando una placentera velada en compañía de sus diecisiete esposas.

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“El sonido de la puerta lo apartó de sus pensamientos; las diecisiete damas discretamente se desvanecieron, dejándolo a solas con su visitante. Este último simplemente había venido a avisarle que un Consejo de Elderes tendría lugar esa noche, y Brigham Young pedía al nuevo Obispo que honrara la ocasión con su presencia, si los rigores del viaje se lo permitían.

“Conduzcame”, dijo Farandula

Y el infatigable Saturnino, deteniéndose sólo para ofrecer breves disculpas a las señoras, siguió los pasos del mensajero de Brigham Young..

La noche había caído. Nuestro héroe caminaba por una oscura avenida que conducía al Gran Templo Mormón.

De pronto, notó algunas sombras siguiéndolo ruidosamente, mientras otras se escondían detrás de los árboles.

Sus pensamientos retornaron a sus diecisiete esposas y el sonriente futuro que le esperaba. Ni una sombra en el horizonte, ni una nube en el cielo…

Súbitamente, el ulular de una lechuza detrás suyo, y una cascada de seres humanos cayó sobre sus hombros antes de que se diera cuenta de lo que ocurría, y, a pesar de su lucha desesperada, los asaltantes lo habían derribado a tierra, atado y amordazado.

¡Los hombres estaban enmascarados! A pesar de eso, Farandula creyó descubrir entre ellos a dos seguidores de Brigham Young que había visto en el banquete. ¡Todo estaba claro ahora!

Trajeron caballos, y los bandidos ataron fuertemente a Farandula al más vivaz de ellos, luego saltaron sobre sus monturas” (Robida, idem anterior, pags. 180-181)

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Más adelante Brigham Young ordenará que guerreros apaches secuestren y maten a Farandula (en una posible alusión a la masacre de Mountain Meadows), pero el viajero francés los calma pintando diseños en sus pieles. Eventualmente caerá en desgracia pues dedica demasiada atención a las mujeres de la tribu, especialmente a Luna Naciente, la esposa de Búfalo Rojo. Escapa con ella al desierto, siendo perseguidos por los guerreros apaches. Farándula mata a dos osos grises y usan las pieles para disfrazarse. Después de tener que huir de una cueva donde encuentran osos reales, viajan por el Río Colorado y se esconden detrás de una cascada. Con la ayuda de dos cazadores de pieles llegan a Santa Fe.

La primer idea de Farandula es telegrafiar a Mandíbula, en Salt Lake. Pronto arriba una respuesta. Mandibula y sus compañeros, al saber sobre la desaparición de su jefe, han abandonado a sus esposas:

“Farandula regresó a la oficina de telégrafo y envía un mensaje a Brigham Young en los siguientes términos: ‘Pillo, ¿qué ha hecho con mis diecisiete esposas? Farandula. Respuesta paga.

Brigaham Young responde con un telegrama que muestra su astucia e hipocresía.

“Señor mío. Luego de su incomprensible huída que demostró que no era usted un sincero mormón, sus esposas, avergonzadas de haber estado, aunque fuese por un instante, unidas a un hombre tan despojado de convicciones, peticionan el divorcio. Un honorable mormón, Mateo Bikelow, nombrado Obispo en vuestro reemplazo, les ha ofrecido el refugio de su hogar. Las ha desposado ¡y no las abandonará!”.

“Nuevamente, Señor, su conducta ha sido indigna, y le sugiero que nunca vuelva a aparecer en la ciudad de los Santos. Brigham Young”.

Siendo que la respuesta estaba paga, Brigham, como vemos, no escatimó palabras. Farandula entonces se dirigió a Bikelow, reclamando el regreso de sus diecisiete esposas. (Robida, idem anterior, pag. 207-208)

Farandula y Bikelow acuerdan resolver su disputa en un duelo, y el francés sugiere que cada adversario conducirá una locomotora. Ambos trenes saldrán a la misma hora, uno desde Nueva York y el otro de San Francisco para encontrarse en el medio de la línea del Ferrocarril Central Pacific.

El resto de la tripulación ha estado buscando en vano a su capitán, cuando en Nevada oyen las novedades del duelo. Se unen a Farandula cuando éste se prepara para abandonar Nueva York en su tren especial. Los oponentes deberán encontrarse en el Puente del Diablo, cruzando el río Nebraska. Gran cantidad de público viaja a la región. Armadas con cañones, las locomotoras comienzan a disparar tan pronto están a la vista. El tren de Farandula queda muy dañado pero el de Bikelow hace colapsar el puente y cae al vacío. La velocidad que el francés imprime a su máquina le permite alcanzar el otro lado…

“Ahora que está satisfecho mi honor” declara Farandula, “Renuncio a mis diecisiete desagradecidas mujeres; telegrafíen a Brigham Young” (Robida, idem anterior, pag. 216)

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Mormones del Siglo XX

En 1882, Robida comienza a publicar por entregas una nueva novela titulada Le Vingtieme Siecle (El Siglo XX). Las entregas irán finalmente tomando el formato de libros y son hoy consideradas las obras maestras del autor, aunque sólo recientemente se han traducido a otros idiomas. Se trata de novelas de ciencia ficción en las que Albert anticipa los teléfonos, los aeroplanos y la TV. El mormonismo es, en este caso, un tema secundario. La primera de las novelas, de 1883 transcurre en Francia e Inglaterra en el año 1953.

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Robida explica que, a partir de 1910, los Estados Unidos se transforman en tres diferentes naciones: una república China en el Oeste cuya capital es Nueva Nanking (San Francisco), un imperio germánico con capital en Nueva Berlin (antes Nueva York) y una república mormona (los antiguos estados de Utah, Idaho, Colorado y Arizona) con sede en Salt Lake City. (El planteamiento se parece mucho al que, un siglo más tarde, hará Phil K. Dick en “El Hombre en el Castillo”)

Los mormones, percibiendo que serán el campo de batalla de las otras dos grandes naciones americanas, dirigen sus ojos a la madre patria, Inglaterra, particularmente después de que el gobierno británico se traslada a la India. A lo largo de una década, la mormonización de Inglaterra es completa.  La Cámara de los Lores es ahora la Cámara de los Obispos y para ser elegible en la Cámara de los Comunes se deben tener al menos ocho esposas. Los nuevos puntos de atracción son el Gran Templo, réplica del de Salt Lake, y en Hyde Park, el Palacio del Jefe de Estado, que es tanto líder espiritual como Presidente de las Repúblicas Mormonas de Europa y América. El Castillo de Windsor se ha transformado en un sitio de retiro para las viudas de obispos y arzobispos.

Monsieur Ponto, un financista parisino, ha enviado a su hijo Philippe a Inglaterra por un asunto bancario sin caer en la cuenta de que las islas se han vuelto muy peligrosas. Philippe desaparece, hasta que el preocupado padre recibe la siguiente carta:

 

PRISION DE LOS SOLTEROS, 7 de Agosto de 1953

Querido Padre:

¡Qué país tan divertido ha hecho el mormonismo de esta Nueva Inglaterra – me estaría riendo si no estuviese en este momento en prisión!

Permíteme asegurarte que no he asesinado a nadie ni cometido la menor infracción. Simplemente estoy encerrado en la Prisión de Solteros por insubordinación matrimonial. No te rías… ¡esto es muy serio!

Después de salir del túnel de Calais, encontré el aerotaxi de nuestro representante en Londres, Mr. Percival Douglas, según lo planeado, y el caballero me condujo personalmente. Cuando partíamos hacia el Banco, observé una multitud en el puerto, frente a dos enormes dirigibles transatlánticos cargados de gente. Todos empujaban, tratando de acercarse.

“¿Qué es eso?” pregunté a Percival Douglas.

“Es un arribo de esposas” replicó con tranquilidad “algunas serán rematadas”.

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Comencé  a reír, naturalmente, y le pedí ver la llegada desde más cerca. Nuestro aerotaxi se estacionó diez metros arriba de los muelles. Sobre las cubiertas de los dirigibles veía cientos de mujeres y jovencitas de todos los colores y condiciones, algunas bien vestidas y enjoyadas – otras pobremente arropadas.

“¿Qué es esto?” pregunté “Mujeres amarillas, blancas y morenas, incluso algunas negras”

“Es el excedente de la India, de América y Australia” replicó Percival. “Allí sólo se casan con una esposa. Muchas jóvenes, por tanto, quedan sin opción; las agencias que tenemos en las cinco partes del globo las enrolan para la tierra prometida de Nueva Inglaterra…”

“Entonces, ¿todas las damas encontrarán esposo?”

“Serán conducidas a Puerto Matrimonio, donde permanecerán hasta recibir una propuesta”

Me largué a reír. Como las instituciones de Nueva Inglaterra no son tan conocidas, yo ignoraba por completo estos útiles puertos… parecen inmensas posadas. Cuatro grupos de edificios, ocho pisos de habitaciones, cocinas, cuartos de trabajo, donde las jóvenes pueden mostrar sus habilidades a los visitantes, lugares para pintar, jardines donde todos son admitidos ¡Fantástico! La estructura está coronada por un faro… la Luz del Matrimonio. Sus destellos emblemáticos brillan sobre toda la ciudad de Londres, recordando a los interesados que pueden venir a los puertos para encender otras llamas. Un oficial estatal, alojado en el mismo faro, mantiene los registros abiertos noche y día.

Farandul 14

… La primer persona que vi al día siguiente fue un predicador que vino a contarme acerca de las bondades del mormonismo. Al irse, me dejó una buena provisión de Biblias y panfletos: “Virtud Mormona” por el Reveredo J. F. Hobson, “La Vergüenza del Soltero”, “Pena del Monogamo”, sermón presentado en el templo por Mr. Clakwell, vendedor de champagne imitado y arzobispo, “El Arte de Administrar Mujeres”, tratado de Mr. Fred Twic, arzobispo mormón, etc, etc”

“Qué extraño país! Los hombres beben, fuman o cantan himnos en las tabernas mientras las mujeres permanecen en casa y trabajan. Sólo los pobres diablos que tienen una o dos esposas necesitan trabajar. Para los otros – los galanes suficientemente afortunados como para llevar siete u ocho “señoras” frente al oficial civil – la vida transcurre tranquila y feliz. Estuve en varios hogares patriarcales y observe que allí el lema es orden y disciplina! El esposo es la cabeza; es venerado y consentido. Además, en cada barrio y distrito hay una especie de guardería o correccional para las esposas rebeldes. La menor palabra de un esposo al superintendente de policía y una mujer policía viene a buscar a la esposa culpable y llevarla al Correccional, donde la soledad y los sermones de los predicadores asignados a la institución inducen a saludables reflexiones.”

“… el Domingo a la mañana, mientras descendía del aerotaxi al pavimento de Regent Street (con la idea de dar un paseo antes de almorzar), noté que los transeúntes me observaban de modo extraño. Los padres me veían con irritación, y al mirarme las damas, sus gestos denotaban horror. Me devanaba los sesos en vano preguntándome el motivo de tan repulsivas manifestaciones, cuando de repente, dos mujeres policías, enviadas por una señora de edad, vinieron y me tomaron por los brazos.

Farandul 15

“¿Es usted casado?” me preguntaron.

“No!” respondí, sorprendido.

“¿No tiene esposa?”

“En absoluto”

“Oh!!!”

Procedieron a tomarme resueltamente por el cuello. No ofrecí resistencia. Así llegamos hasta el juez de instrucción. El magistrado comenzó con la misma serie de preguntas: “¿Está casado? – No, Señor, aún no! – Entonces, ¿es soltero? – Aparentemente, sí – Esto es serio, ¡muy serio!”

El juez murmuró, mirándome con desaprobación. “Me veré obligado a enviarlo a la prisión de solteros”.

–         “Pero soy un extranjero!”

–         “Todos los que arrestamos dicen lo mismo.

–         Oigan, por mi acento pueden darse cuenta de que soy francés!!

–         “Todo el mundo habla más o menos francés. Eso no prueba nada ¿Tiene papeles?

–         Saben bien que no ha habido pasaportes desde la Edad Media.

–         Peor para usted. Lo enviaré a la Cárcel de Solteros. Presente las protestas que desee.

El episodio parecía tan gracioso que los dejé llevarme a la Prisión, curioso por experimentar esta especie de Bastilla de los desafortunados célibes.

Pero ¡ay!, las paredes de diez metros, las ventanas con barrotes, los anchos portones: esta es una prisión en serio. Las carceleras (pues en la Prisión de Solteros los carceleros son carceleras) me anotaron con frialdad en el registro y me condujeron a una celda con sólo una cama, una mesa y una silla. Otra guardia me alcanzó un manojo de viejas sogas y pronunció una sola palabra: “¡Trabaje”! Pedí una explicación. Estoy condenado a ocho días de trabajos forzados: si deseo almorzar o cenar, debo deshacer las hebras de estas viejas cuerdas sin detenerme, desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde. A las seis en punto como, y a las siete voy a una capilla donde escucho sermones mormones hasta medianoche.

Farandul 16

Este tipo de existencia es todo menos entretenida, y sueño con poder salir (Robida, Albert. 1883. Le Vingtième Siècle. Paris: G. Decaux, pags. 312-318)

Finalmente, lo que ocurre es que Percival Douglas deja que Philippe se quede en la cárcel hasta que acepte casarse con una de sus hijas. A último momento, el joven es rescatado por una bella muchacha, que es secretaria de su padre y llega a Londres, y a la misma prisión, pretendiendo ser su esposa.

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Consideraciones finales

Robida, como escritor popular que es, intenta satirizar a Verne y para ello exagera los ingredientes de su divertida ficción. Obviamente el estereotipo mormón de fines del siglo XIX está muy presente, sin dejar escapar ningún detalle: los matrimonios múltiples, las bandas de Danitas, la referencia sugerida de Mountain Meadows, la invasión de lo público en lo privado y de la religión en las estructuras del estado.

La mención del uso de alcohol y tabaco entre los santos puede deberse a ignorancia de su parte o a que, para su época, la observancia de la Palabra de Sabiduría aún no incluía una absoluta obediencia.

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Fuentes:

–   “100 Years of Science Fiction Illustration” de Anthony Frewin, Granada Publishing Lt., Londres, 1974, Capítulo 2, “Frolics in the Future”, pags. 28-41.

– “The Great Polygamy Hotel”: Albert Robida and the popularization of mormon stereotypes in nineteenth century fiction, presentado por Massimo Introvigne en la conferencia de CESNUR 2010, en la ciudad de Torino.

–    Enciclopedia Britannica on line. (Ingreso con fecha 05-04-2014). http://www.britannica.com/EBchecked/topic/1055119/Albert-Robida

 

“ROMANCE DE REGINALD GLOVERSON Y SUS VEINTE ESPOSAS” por Artemus Ward

ARTE Y RELIGION

     Literatura

              Los Mormones en las Obras Literarias

“Romance de Reginald Gloverson y sus veinte esposas”

por Artemus Ward

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Introducción Mario R. Montani

Charles Farrar Browne (conocido con el nombre de pluma de Artemus Ward) fue un humorista y disertante norteamericano muy popular a mediados del siglo XIX. Era uno de los autores favoritos de Abraham Lincoln y una de las inspiraciones de Mark Twain. Nacido en 1834 en Waterford, Maine, sus historias aparecieron en numerosos periódicos y fueron luego compiladas en varios volúmenes. Acostumbrado a ridiculizar las costumbres y grupos peculiares en la sociedad americana, no es de extrañar que los mormones hayan sido objeto de algunos de sus textos, incluyendo una entrevista con Brigham Young. En 1865, mientras se encontraba en Salt Lake City contrajo fiebre tifoidea y fue curado por un doctor mormón polígamo, lo que tal vez suavizó sus sátiras. En una carta a Mark Twain escribió: “Los santos han sido maravillosamente cálidos conmigo. No podría haber sido mejor o más tiernamente cuidado en mi propia casa. Que Dios los bendiga a todos ellos”. Publicó “Artemus Ward entre los Mormones”.
En 1866 visitó Inglaterra donde se había vuelto muy popular escribiendo para Punch y dando conferencias, pero allí contrajo tuberculosis y falleció en Sauthampton en Marzo de 1867, a la temprana edad de 33 años. Sus restos fueron repatriados en 1868.
La historia que aparece a continuación posee una mezcla de sutil ironía y lenguaje coloquial de la zona oeste que no siempre es fácilmente traducible. Comparada con las críticas atroces que solían escribirse sobre los mormones en la década de 1860, es una suave y risueña anécdota. La palabra “romance” utilizada en el original en inglés tiene el significado de “cuento”, aunque es innegable su connotación simultánea con lo “romántico” como lo entendemos en castellano

Romance de Reginald Gloverson y sus Veinte Esposas

La mañana en que Reginald Gloverson partía de la ciudad del Gran Lago Salado con su arreo de mulas había amanecido hermosa.
Reginald Gloverson era un austero y joven mormón, con una interesante familia de 20 jóvenes y bellas esposas. Sus uniones no habían sido bendecidas con hijos. Una vez al año solía ir a Omaha, Nebraska, con su caravana de mulas en busca de suministros; pero, aunque había realizado el peligroso viaje con total seguridad en muchas ocasiones, su corazón estaba extrañamente triste y lleno de sombrías premoniciones esa mañana en particular.
El momento de la partida había llegado. Las animadas mulas estaban en la puerta, mordisqueando sus bocados impacientemente. El mormón se encontraba apesadumbrado en medio de sus llorosas esposas.
“Queridas mías”, les dijo, “Estoy particularmente triste esta mañana, pero que eso no las deprima. El viaje es peligroso. Pero, bah. Siempre he regresado seguro hasta aquí ¿por qué debería temer? Además, se que cada noche cuando me acueste bajo las estrellas en la extensa pradera, vuestros rostros esplendorosos me aparecerán cuando duerma y harán mis sueños dulces y apacibles. Tu, Emily, con tus tiernos ojos azules, y tu, Henrietta, con tu espléndido cabello negro, y tu, Nelly, con tu cabellera dorada y brillante, y tu, Molly, con tus tersas mejillas, y tu, Betsy, con tus labios rojos como vino – aunque más deliciosos que cualquier vino que haya probado jamás – y tu, María, con tu voz cautivadora, y tu, Susan, con tus – con tus – es decir, Susan, con tus – y las otras 13 de ustedes, cada una tan buena y hermosa ¿me visitarán en mis dulces sueños, verdad, queridas?”
“Nuestro bien,” repiquetearon ellas amorosamente, “claro que lo haremos”
“¡Entonces, despidámosnos!” gritó Reginald. “Venid a mis brazos, mías, es decir, tantas de ustedes como pueda abrazar convenientemente de una vez, pues debo partir”
Agrupó varias de ellas junto a su pecho palpitante y se alejó con tristeza.
No había andado mucho trecho cuando el arreo de la última mula se desenganchó. Desmontando, se apresuró a ajustarlo, pero no bien hubo comenzado la tarea, la mula, un animal ciertamente obstinado, resopló largamente y pateó a Reginald peligrosamente en el estómago. Se levantó con dificultad y fue tambaleándose débilmente hasta la casa de su madre, que se hallaba en las cercanías, cayendo muerto en el patio con la declaración, “Querida madre, he regresado a casa a morir”.
“Ya lo veo”, dijo ella. “Y ¿dónde están las mulas?”
Pero, he aquí, Reginald Gloverson no podía responder. En vano la compungida madre se arrojó sobre su forma inanimada, gritando, “¡Oh, hijo mío, hijo mío, sólo dime dónde están las mulas, y entonces puedes morirte si es lo que quieres!”
¡En vano, en vano! Reginald había partido.
Las mulas jamás se encontraron.
Con el corazón lleno de dolor, la madre de Reginald llevó el cuerpo a la casa de las desafortunadas viudas de su hijo. Pero antes de su arribo envió a un muchacho para que discretamente adelantara las noticias a las afligidas esposas, lo cual éste hizo al informarles que “el viejo había estirado la pata”.
Las esposas se sintieron realmente mal.
“Me era tan devoto”, sollozó Emily
“Y también a mí”, dijo Maria.
“Sí”, dijo Emily, “te tenía en consideración pero no tanto como a mí”.
“¡Te digo que tenía mucha consideración!”
“¡Y yo digo que no tanta!”
“¡Sí, me tenía!”
“¡No te tenía!”
“¡No me mires de reojo!”
“Y tú, ¡no sacudas tu pelo rojizo frente a mí!”
“Hermanas”, dijo Henrietta, la de los negros cabellos, “que cese esta inapropiada riña. Yo, como su primera esposa, esparciré flores sobre su tumba”.
“No, no lo harás”, dijo Susan. “Yo, su más reciente esposa, esparciré las flores. Es mi tarea esparcir”.
“Pues te aseguró que no lo harás!” dijo Henrietta.
“Te apuesto que sí” respondió Susan, con las mejillas bañadas de lágrimas.
“Bien, en cuanto a mí”, dijo Betsy, la práctica, “No pienso esparcir mucho, ¡pero iré a la cabeza de la procesión fúnebre!”.
“¡Ciertamente que no!”, dijo Nelly, la más rubia. “Esa es mi posición. ¡Apuesta el lazo de tu sombrero a que allí estaré!”
“Niñas”, dijo la madre de Reginald, “Como saben, deben llorar un poco en el día del funeral ¿Cuántos pañuelos va a requerir eso? Betsy, tú y Nelly deberían compartir uno”
“¡Le sacaré los ojos si se atreve a sollozar en mi pañuelo!”
“Queridas nueras”, dijo la madre de Reginald, ”¡qué inapropiado es este enojo! Las mulas cuestan $500 la yunta, y todas las mulas que poseía mi pobre muchacho han sido comidas por los pieles rojas. ¡Ya sabía, cuando mi Reginald cayó frente a la puerta del patio, que había llegado a morir, pero si sólo hubiese podido averiguar sobre esas mulas antes que su espíritu gentil se alejase tendríamos $ 4.000 en los bolsillos, sin lugar a dudas! Perdonen estas lágrimas, pero ustedes no pueden comprender los sentimientos de una madre…”
“Fue un descuido”, sollozó María. “¡No nos culpes a nosotras!”
El funeral transcurrió placenteramente, sin nada que alterase la armonía de la ocasión. Por una feliz ocurrencia de la madre de Reginald, las esposas marcharon hombro con hombro, las 20 juntas, lo que tornó totalmente imparcial esa parte de la ceremonia.
Esa noche las 20 esposas, con corazones apesadumbrados, buscaron el consuelo de sus 20 respectivas camas. ¡Pero ningún Reginald ocuparía ya esos 20 lechos – Reginald nunca más retardaría su bendito reposo en esos 20 lechos – la cabeza de Reginald nunca más aplastaría las 20 almohadas de esos 20 respectivos lechos – nunca, nunca más!
En otra casa, a no demasiadas leguas de allí, una mujer con cabellos ya grises lloraba con vehemencia. “Murió”, se lamentaba, “¡murió sin dar la menor señal de a dónde habían ido las condenadas mulas!”
Se supone que han transcurrido dos años entre el tercer y cuarto capítulo de este original cuento americano.
Cierta tarde, un viril hombre mormón, mientras el sol se preparaba para ponerse en su selecto aposento de nubes rojizas y doradas del horizonte oeste – aunque, por cierto, el sol tiene el derecho de ponerse donde quiera, tal como, me permito agregar, cualquier gallina – un viril hombre mormón, decía, golpeó gentilmente a la puerta de la mansión del difunto Reginald Gloverson.
La puerta fue abierta por la Sra. Susan Gloverson.
“¿Es esta la casa de la Viuda Gloverson?” preguntó el mormón.
“Lo es”, respondió Susan.
“¿Y cuánto de viuda hay?” inquirió él.
“Alrededor de 20, incluyéndome a mí” aseguró cortésmente la hermosa Susan.
“¿Puedo verla?”
“Por cierto.”
“Señora”, dijo él dulcemente, dirigiéndose a las 20 desconsoladas viudas, “He visto parte de usted anteriormente. Y, aunque ya poseo 25 esposas, a las que respeto y trato tiernamente, puedo asegurar que jamás sentí la sagrada emoción del amor hasta que os vi. ¡Sed mía, sed mía!” gritó entusiasmado “y mostraremos al mundo una sorprendente ilustración de la verdad y belleza de esas nobles líneas que, más o menos, dicen:
“Veintiuna almas con un solo pensamiento,
Veintiún corazones que laten con un son.”
Fueron unidos, ciertamente lo fueron.
Gentil lector, ¿no nos demuestra la moraleja de este cuento – no lo hace, de hecho, que, no importa cuántas viudas jóvenes haya – o, más bien, no muestra que, sin tener en cuenta de cuántas personas puede una mujer consistir? – bueno… no importa lo que demuestra, sólo que escribir estos cuentos mormones es confuso para el intelecto. Prueben y verán…

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“ARROJANDONOS DE PRECIPICIOS Y CONSTRUYENDO ALAS EN LA CAIDA” – Ray Bradbury y los Mormones

Los Mormones en las Obras Literarias

“ARROJANDONOS DE PRECIPICIOS Y CONSTRUYENDO ALAS EN LA CAIDA”

(Ray Bradbury y los Mormones)

Por Mario R. Montani

Ray Bradbury en La Máquina del Tiempo de la película homónima

INTRODUCCION Ray Bradbury acaba de morir a los 91 años. Por mas de siete décadas se mantuvo como uno de los más vigorizantes escritores de fantasía y ciencia ficción blanda (la que da prioridad a las emociones humanas frente a los avances científicos) aunque jamás se sintió cómodo con los rótulos. Maestro indiscutible del cuento corto, abarcó también géneros tan diversos como la poesía, el ensayo, la novela, el teatro, y guiones para el cine, tv y el teatro musical. Mi aprecio personal por la obra e ideología de este genial norteamericano había previsto su paso por esta sección de Los Mormones en las Obras Literarias. Su fallecimiento simplemente lo ha adelantado

Ilustración para “Crónicas Marcianas” por Michael Whelan (1989)

BREVE  NOTA  BIOGRAFICA Raymond Douglas Bradbury nació en Wakegan, Illinois el 22 de agosto de 1920. El pueblo natal aparecerá constantemente en su obra como Green Town, Illinois. Era el tercer hijo de Leonard Spaulding Bradbury  y Esther Marie Moberg, una inmigrante sueca (el apellido Spaulding será utilizado junto con su segundo nombre, Douglas, recibido en honor a Douglas Fairbanks, tanto como seudónimo en sus primeros escritos como en personajes de sus creaciones posteriores). Por el otoño de 1926 la familia del joven  Ray se mudó a Tucson, Arizona,  sólo para volver a Waukegan en mayo de 1927. Influenciado por sus lecturas de las tiras de Flash Gordon y Buck Rogers, así como por las novelas de Tarzán y John Carter de Marte del prolífico Edgar Rice Burroughs, en el año 1931 empezó escribiendo sus propias historias. En 1932, después de que su padre dejó su trabajo como instalador de líneas telefónicas,  los Bradbury se trasladaron de nuevo a Tucson. En 1934, durante la Gran Depresión la familia residió definitivamente en Los Angeles, California. Ray se graduó en una escuela secundaria de esa ciudad en 1938. Por razones económicas su educación formal acabó allí, pero él la llevó más allá por su cuenta, pasándose las noches en las bibliotecas y escribiendo durante el día. Vendió periódicos en las esquinas de Los Angeles de 1938 a 1942. La primera historia de Bradbury publicada fue “El Dilema de Hollerbochen”  aparecida en 1938 en Imagination!, una revista amateur (fanzine). En 1939, Bradbury  publicó cuatro números de Futuria Fantasia, su propio fanzine, donde la mayor parte del material era de su autoría. El primer cuento por el que recibió pago fue  “Pendulum”, en 1941 . En 1942 Bradbury escribió “The Lake,” la historia que le ayudó a descubrir su estilo de escritura distintivo. En 1943 inició su carrera como escritor de  jornada completa y publicó numerosos cuentos en las revistas especializadas, hasta convertirse en un profesional.

Ilustración de Hannes Bok para “Pendulum” (1941) la primer historia publicada por Bradbury

En 1945 su historia corta “The Big Black and White Game”  fue seleccionada como Best American Short  Story. En 1947 Bradbury se casó con Marguerite McClure (con quien tuvo cuatro hijas). Ese mismo año apareció su primer libro de cuentos, Dark Carnival (Carnaval Oscuro). Para 1950 publicó otra colección, “Crónicas Marcianas”, admirada y prologada por Borges en su edición castellana. Le siguieron “El Hombre Ilustrado” en 1951 y su novela Fahreinheit 451 (llevada al cine por Francois Truffaut) en 1953. Al año siguiente, su relato Sol y sombra, incorporado en “Las doradas manzanas del sol” ganó el premio Benjamín Franklin otorgado al mejor cuento del año. Para 1956 fue convocado por John Huston para escribir el guión de Moby Dick, con Gregory Peck como el Capitán Ahab. En 1961 escribió la narración de Rey de Reyes, leída por Orson Wells. Al año siguiente, el cortometraje basado en su cuento Icaro Montgolfier Wright fue nominado para el Oscar. En 1964 fundó el teatro Pandemonium, donde se representan sus obras teatrales. Escribió la primer ópera de ciencia ficción con música del francés Michel Colombier. Además, colaboró con nuestro compatriota Lalo Schiffrin creando letras especiales para madrigales. En la luna, dentro del Mar de la Tranquilidad, donde Neil Armstrong pisó por primera vez nuestro satélite, hay un cráter bautizado “Dandelion” en su honor. (Por su novela evocativa “Dandelion Wine”, El Vino del Estío). También el asteroide 9766 recibió el nombre de Bradbury. Comenzando en 1985 adaptó sus historias para el programa de televisión por cable The Ray Bradbury Television Theater. Ese mismo año escribió “La muerte es un asunto solitario”, un homenaje a los autores del género policial, protagonizado por el detective Crumley y un joven escritor que no es otro que el propio Bradbury en la época de oro de Hollywood. La misma pareja protagonizó también “Cementerio para Lunáticos” y “Matemos todos a Constance”. Entre los muchos premios recibidos están el Balrog de Poesía (1979), el Gandalf de Fantasía (1980), el Jules Verne (1984), el Bram Stocker en tres categorías (1989), un Emmy (1994), un Hugo en 2004  y una mención especial en los Pulitzer de 2007. Autor prolífico, conocido como el poeta de la ciencia ficción, su obra excede cualquier tipo de clasificación, incluyendo más de  400 cuentos cortos y un centenar de novelas, libros de poesía y guiones para el cine y la TV. Se han vendido más de 8 millones de ejemplares de sus obras en 36 diferentes idiomas y un par de semanas antes de su muerte The New Yorker acababa de publicar su último relato.

Ilustración de Jim Burns para “El Hombre Ilustrado”

LOS MORMONES EN SU VIDA Según una entrevista telefónica mantenida con la profesora Linda Hunter Adams, de la Universidad de Brigham Young, el autor recordaba su amistad con Reid Nibley durante la época que vivió en Tucson (entre los 10 y 14 años). Lo acompañaba a veces a actividades de la Mutual (AMM), e incluso colaboraron juntos en la creación de algún Teatro Ambulante, en el que Ray escribía el texto y Reid, la música. Con el paso de los años Reid Nibley llegaría a ser un importante compositor y pianista. De hecho debutó con la Glendale Symphony Orchestra a los 11 años (coincidiendo con la etapa de amistad con Bradbury) y actuó como concertista en Los Angeles Philarmonic a los 17. Por más de 10 años fue el pianista principal de la Sinfónica de Utah. El himno dela Primaria “Dios Vive” (hoy incorporado a nuestro himnario como Nº 199) es de su autoría. El hermano de Reid, Hugh Nibley,  llegaría a ser uno de los más importantes eruditos dela Iglesia en varios campos, con reconocimiento internacional. Ya viviendo en Los Angeles, Ray se involucró en un teatro mormón, dirigido por la actriz mormona Laraine Day, para quien escribía libretos y actuaba ocasionalmente. La hermana Day, una importante exponente del star-system durante los años ’40, trabajó en más de 30 films, acompañando a actores de la talla de Gary Cooper, Cary Grant, John Wayne, Robert Ryan o Kirk Douglas y había actuado bajo la dirección de Alfred Hitchcock y Cecil B. DeMille, entre otros. Grant Vaughn, un miembro de la Iglesia que dirige el blog Passionate Moderate Mormon, escribió a Bradbury hace ya varios años, pues una prima de su mamá recordaba haber actuado junto a él en esas ocasiones. Permítanme traducir el contenido revelador de la respuesta en la que el autor recuerda que ensayaban en una capilla (facsímil del original  puede consultarse en el blog antes mencionado)

“Querido Grant Vaughn:¡Norma Jean Wright! Por todos los cielos. La conozco desde octubre de 1939 cuando me uní a la Wilshire Players Guild en la Iglesia Mormona, aquí cerca, en Pico y Western. Yo vivía a sólo dos cuadras de allí, en la Calle 12, y fui para ser entrevistado por Norma Jean y Laraine Day, quien era la directora del grupo actoral. Pertenecí al grupo por dos años y ayudé a montar varias obras. Colaboré en el guión y aparecí como actor en LAME BRAINS AND DAFFODILS, escrita por Laraine, quien tenía que soportar mis bromas y extravagancias. De modo que Norma Jean era parte de mi vida, al menos una vez por semana y en ocasiones hasta cinco veces por semana, a lo largo de dos años. ¿Tienes la dirección de Norma Jean? Sería agradable contactarla y enviarle uno de mis libros por los buenos tiempos.”

Además de las disertaciones que el autor brindó al alumnado de la Universidad de Brigham Young, en 1984, Mike McDonough, un productor de bandas sonoras de BYU Movie Studio realizó “Bradbury 13” una serie de trece relatos radiofónicos de extraordinaria calidad, financiada por la U.S. National Public Radio. Bradbury quedó encantado con la propuesta y brindó su voz en la introducción de cada historia. La serie ganó 14 premios de prestigiosas emisoras y organizaciones artísticas, incluyendo un Peabody y dos Gold Cindy. Los actores, músicos y especialistas en sonido fueron todos pertenecientes a la Universidad. McDonough también encargó las partituras a dos músicos mormones:  Greg Hansen y Roger Hoffman. Ambos continuaron exitosas carreras como compositores y productores discográficos. Hoffman ha compuesto, entre otras obras, “Consider the Lilies of the Field” (Considera los lirios del campo) que ha sido grabada por el Coro del Tabernáculo.

Una versión en historieta de “I, Rocket” dibujada por Al Williamson y entintada por el famoso Frank Frazetta

LOS MORMONES EN SU OBRA

“Fahrenheit 451”, Ediciones Orbis S.A., Madrid,1985, pags.71-74

En esta novela, Bradbury plantea un futuro en el que los bomberos en vez de apagar incendios se dedican a quemar bibliotecas, ya que la lectura ha pasado a ser subversiva. El protagonista, Montag, es uno de esos bomberos que un día decide guardarse uno de los libros y no quemarlo: se trata de la Biblia. Los párrafos siguientes están tomados del parlamento de Beatty, el Jefe de Bomberos, quien le explica cómo comenzó todo:  

“Ahora, consideremos las minorías en nuestra civilización. Cuanto mayor es la población, más minorías hay. No hay que meterse con los aficionados a los perros, a los gatos, con los médicos, abogados, comerciantes, cocineros, mormones, bautistas, unitarios, chinos de segunda generación, suecos, italianos, alemanes, tejanos, irlandeses, gente de Oregón o de México… A la gente de color no le gusta El Pequeño Sambo. A quemarlo. La gente blanca se siente incómoda con La cabaña del tío Tom. A quemarlo. ¿Alguien escribe un libro sobre el tabaco y el cáncer de pulmón? ¿Los fabricantes de cigarrillos se lamentan? A quemar el libro…”

“Fahrenheit 451” con portada de Bruce Pennington

En una edición posterior de Fahrenheit 451 (BallantineBooks, 1991) aparece un comentario al que Bradbury denominó “Coda” y que aclara un poco la situación:

“Alrededor de dos años atrás, me llegó una carta de una solemne jovencita de Vassar College contándome cómo había disfrutado mi experimento de mitología espacial, Las Crónicas Marcianas. Pero, agregaba, ¿no sería buena idea reescribir el libro insertando más personajes femeninos? Antes de eso recibí bastante correspondencia sobre el mismo libro Marciano quejándose de que los personajes negros eran muy al estilo de La Cabaña del Tío Tom y por qué no los rehacía. Por la misma época recibí una nota de un sureño blanco que sugería que yo tenía prejuicios a favor de los negros y debía eliminar toda la historia… Hace un par de semanas mi montaña de correo me entregó una nota de una bien conocida casa editorial que deseaba reimprimir mi cuento “La sirena de la niebla” para lectura en escuelas secundarias. En mi historia había descripto un faro, en la noche, como si fuese un “Dios de la Luz”. Mirándolo desde el punto de vista de una criatura marina se habría sentido que uno estaba en “la Presencia”. Los editores habían eliminado “Dios de Luz” y “Presencia”… Estamos en un mundo loco y será más loco si permitimos que las minorías, sean enanos o gigantes, orangutanes o delfines, pro cabezas nucleares o conservacionistas del agua, interfieran con la estética. El mundo real es el campo de juego para cada uno de esos grupos, en el que pueden hacer o deshacer leyes. Pero en el inicio de mis libros, cuentos o poemas es donde acaban sus derechos y comienzan y gobiernan mis imperativos territoriales. Si a los Mormones no les gustan mis obras, que escriban las suyas propias. Si los Irlandeses odian mis historias de Dublin, que alquilen máquinas de escribir…”

Es obvio que el autor se sentía molesto con esa “tiranía de las minorías” en la cual era imposible conformar a todos y que atentaba contra la libertad creativa. Con respecto a los Mormones escribiendo sus propias obras, pareciera que los autores Santos de los Ultimos Días han recogido el guante. En un artículo publicado en el Boston Globe en el 2009 la escritora Carol Lynch Williams comenta como las casas editoriales han comenzado a observar la proliferación de autores de fantasía y ciencia ficción provenientes de Utah y a preguntarse “¿Qué diablos contiene el agua de allá?”. Entre los mencionados, aparte de Orson Scott Card y Stephenie Meyer, aparecen Dave Wolverton, M. Shayne Bell, Susan Kroupa, James Jordan, Virginia Bake, Brandon Sanderson, Shannon Hale, Brandon Mull, Aprilynne Pike y John Brown

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Cementerio para lunáticos (A Greveyard for Lunatics), Emecé Editores S.A., Bs. Aires, 1991,pag. 139

El personaje principal se encuentra con un actor que ha personificado a Cristo y repasan juntos sus experiencias religiosas…

–         Eh, me sigues los pasos  ¿Cómo puede ser que hayas estado en todos esos lugares?

–         Quería respuestas

–         ¿Leiste el Talmud y el Corán?

–         Me llegaron demasiado tarde en la vida.

–         Te diré lo qué fue lo que me vino demasiado tarde a mí.

–         ¿El Libro de Mormón? – pregunté riéndome

–         Exacto!

–         Estuve en una pequeña compañía de teatro mormona cuando tenía veinte. El Angel Moroni me hacía dormir de aburrimiento.

Jesús rugió y se tocó los estigmas.

El pasaje completo hace referencia al recuerdo de los personajes involucrándose con diferentes grupos cristianos, incluyendo a Pentecostales, Santos de los Ultimos Días y Bautistas. También hay una mención personal sobre la época en que el autor escribía argumentos para el teatro que dirigía la actriz mormona Laraine Day. Un poco más adelante (pag. 152) se menciona al Monte Rushmore, la monumental escultura de cuatro cabezas de presidentes norteamericanos realizada sobre la montaña, obra del artista mormón Gutzon Borglum, pero no podemos estar seguros de si Bradbury estaba consciente de tal relación.

“El Hombre del Cohete” aparecido en Argosy de Febrero 1952 ilustrado por James Bingham

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Virgen Resusitas, en “A Ciegas”, Emecé Editores S.A., 1998, Buenos Aires, Pag. 202

–         Agárrate fuerte: me uní a la Iglesia.

–         Que te… ¿a qué iglesia? – pregunté, balbuceando.

–         Pero ¡cómo! ¡Hay una sola!

–         Tienes muchos amigos mormones y algunos parientes luteranos por parte de…

–         Ay, por favor. ¡Hablo de la Iglesia Católica, por supuesto!

–         ¿Desde cuándo te simpatizan los católicos? Creía que te habías criado en una familia irlandesa protestante, oriunda de Cork, de esas que se burlan del Papa.

–         Qué tontería. Eso quedó en el pasado. Ya fui admitida como miembro…

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Bradbury, un hábil artesano de las imágenes visuales hiperbólicas, ha utilizado al Coro del Tabernáculo (un ícono fácilmente reconocible para el público norteamericano e internacional) como metáfora diversa de sonido, multitud o alegría, en muchas de sus obras.  

“Matemos todos a Constance”, Ediciones Minotauro, Barcelona, 2004, Pag. 31

La línea férrea se inauguró el 4 de Julio de 1893, con pastel y helado gratis y miles de pasajeros. La Pasadena Brass Band iba en el primer coche tocando “Hail, Columbia”. Pero como estaban a punto de entrar en las nubes habían cambiado a “Nearer My God to Thee” (Más cerca Dios, a Ti), que hizo llorar por lo menos a diez mil personas en el camino… Los seguía, en tres funiculares, la orquesta Los Angeles Symphony; los violines en un coche, los bronces en un segundo y los timbales y los instrumentos de viento en el tercero. En la confusión, se olvidaron del director y de su batuta. Más tarde subió el Salt Lake City Mormon Tabernacle Choir, también en tres coches; las sopranos en uno, los barítonos en otro y los bajos en el tercero. Cantaron “Onward, Christian Soldiers” (Con valor marchemos), lo cual parecía muy apropiado mientras desaparecían en la niebla…”  

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“Una vez más, legato  en “Más rápido que la vista”, Emecé Editores S.A., Buenos Aires, 1997, pag. 220

Fentriss es un compositor que logra el éxito imitando en sus creaciones a los pájaros que visitan su jardín. Luego del suceso de sus obras “Cuarenta y siete urracas”, “Alas” y “Vuelos”, algunos rivales cortan el árbol en el que solían posarse sus inspiradores. Fentriss sale a buscarlos en su auto…

“Pero salir en su búsqueda no sirvió. No era como buscar perros perdidos o gatos aficionados a los postes de teléfonos. Tenían que encontrar y enjaular a todo el Coro del Tabernáculo Mormón, sopranos voraces de alpiste trinando en las Rocallosas en la estación primaveral, para demostrar que más vale pájaro en mano que cien volando. Pero aun así, fueron de calle en calle y de jardín en jardín buscando y aguzando el oído. Sus espíritus de pronto se elevaban con el eco sublime del Coro del Aleluya de las oropéndolas, para luego sucumbir en un ocaso de desesperanza de color pardo gorrión”.

Ilustración de Joe Petagno para “The Silver Locust”

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Al oeste de octubre, en “En el Expreso, al norte” (The Toynbee Convector) Emecé Editores S.A., Bs. Aires, 1990, Pag. 74. También en “De las cenizas volverás” (From the dust returned), Emecé Editores S.A., Bs. Aires, 2001 , pag 97

En varios relatos, Bradbury ha descripto a los integrantes de una extraña familia de brujos (La bruja de abril), parientes con alas de murciélago (El Tio Einar) y otros poderes extraordinarios que se reúnen ocasionalmente (Reunión de Familia). En esta oportunidad, los cuatro primos de Cecy, que comparten con ella el poder de abandonar sus mentes y entrar en las de otras criaturas, deben dormir en el granero pues no queda lugar en la casa. Con sus mentes viajando por otras regiones, el granero se incendia y los cuatro cuerpos quedan carbonizados. Mientras la familia busca una solución definitiva para esas inteligencias viajeras, comparten la mente de Cecy, pero luego de varias situaciones confusas, se trasladan a la del Abuelo…

–         No. ¡Devuélveme las manos! ¡Lávame la boca con jabón!

–         Basta de charla – dijo una voz interior, la de Philip.

–         Estamos perdiendo el tiempo – dijo Tom.

–         Vayamos a saludar a esa muchacha que está al otro lado del corredor – sugirió Tom – ¿De acuerdo?

–         ¡Claro! – respondió el Coro del Tabernáculo Mormón desde el fondo de una sola garganta.

El Abuelo se sintió tironeado por hilos invisibles que lograron ponerlo de pie.

SUS IDEAS

Bradbury ha sido un gran humanista, receloso de la influencia excesiva de la tecnología en la vida terrestre. Ha rescatado las emociones, la importancia de la vida familiar y el optimismo de lograr lo mejor posible con lo que se tiene. Ha vislumbrado un Cristo que viaja por el cosmos visitando diferentes planetas y llevando sus buenas nuevas, en un claro paralelo con nuestras creencias religiosas de que el Salvador podría haber extendido su plan a otras creaciones y  a “otras ovejas que no son de este redil”

“La gente me pide que prediga el futuro, cuando todo lo que quiero hacer es prevenirlo. Mejor aún, construirlo. De todos modos predecir el futuro es fácil. Mire a la gente alrededor suyo, la calle sobre la que se para, el aire que  respira, y pronostique más de lo mismo. Al diablo con más de lo mismo. Yo quiero algo mejor!”. (Beyond 1984: The People Machines)

“En el centro de la religión está el amor. Amo y perdono. Soy como tú y tú eres como yo. Amo a la gente. Amo al mundo. Amo crear. Todo en nuestra vida debería estar basado en el amor” (“Sci-fi legend, RayBradburyonGod, monsters and angels” por John Blake)

“No me interesan los rótulos, me interesala Humanidadque se halla en contacto con el Misterio en muchos niveles. Uno de ellos es, por supuesto, a través dela Ciencia, que sólo puede avanzar hacia arriba o hacia abajo, a través del macrocosmos o del microcosmos hasta que termina en el mismo viejo rompecabezas, donde debe ser auxiliada por la teología. Las dos fes deben vivir una junto a la otra; la ciencia, con la esperanza de que las Leyes no cambien, confiando en que permanecerán inmutables; yla Religión, diciéndonos que hay un Misterio Ultimo tan sorprendente que no puede ser comprendido. Mi propósito, si puedo, es fundirlas y permitirles entablar una relación que no entrañe ninguna hostilidad o deseo de destrucción mutuos… En cualquier época, el número de los líderes espirituales con capacidad de creación es limitado. La mayoría necesita ser ayudada con materiales imaginativos para actuar de acuerdo con los ya familiares Viejo y Nuevo Testamentos. Esos materiales son excelentes auxiliares para ampliar la limitada capacidad de la mayoría de los hombres y las mujeres para sentirse entusiastas y alegres, de modo que en ese entusiasmo y en esa alegría se pueda enseñar y ser escuchado. Considero mis cuentos y mis poemas como herramientas. Espero que los creyentes lo utilicen constructivamente…” (RayBradbury y el apetito por el universo,La Nación, 12 de Octubre 1980, pag. 7)

Siguiendo esa idea, en 2001 publicó una recopilación de cuentos y poesías con el título de A Chatbook for Priests, Rabbis and Ministers que se tradujo al castellano como Libro para Inspirar a Curas, Rabinos y Pastores Desanimados

CONCLUSION

Algunos de sus consejos y reflexiones:

“Tienes que saber cómo aceptar el rechazo y rechazar la aceptación”.

“La divagación es el alma del ingenio”.

“La ciencia ficción te balancea en el acantilado. La fantasía te empuja”.

“Hay peores cosas que quemar libros, una de ellas es no leerlos”.

“Debemos permanentemente arrojarnos de precipicios y construirnos alas mientras caemos”.  

“Como verán, los dinosaurios que cayeron por el acantilado en ‘El Mundo Perdido’, esa antigua película de 1925, aterrizaron directamente sobre mí, como lo hizo King Kong cuando yo tenía doce. Por el camino conocí a otro joven, exactamente de mi edad, con el mismo amor, por no decir pasión… Su nombre era Ray Harryhausen. Construía y animaba una familia de dinosaurios con el sistema de stop-motion en 8 mm, en el garage de su patio trasero… Hace un año (1982) estaba yo presentando a Harryhausen en un evento especial para honrarlo, en la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Cuando terminé mi introducción, Fay Wray, la heroína de la versión de King Kong de 1933, se levantó corriendo desde la audiencia y nos abrazó a ambos, colocando el broche de oro a dos vidas que se habían iniciado con simples y directos amores en museos, cinematógrafos y garages, hace mucho tiempo atrás” (Introducción a “Dinosaur Tales”, Bantam Books, 1983, New York, pag. 17)

Es muy posible que Bradbury ignorase que la actriz Fay Wray, aunque poco activa religiosamente en su etapa adulta, también era mormona… proveniente de un hogar mormón y con una formación cultural mormona…

Un ejemplar de la revista “Planet Stories” donde apareció su relato Pilar de Fuego.

MI HOMENAJE PERSONAL

En el año 2008 escribí este cuento que es, en realidad, una versión fantástica de mi encuentro con él en la Feria del Libro de Buenos Aires. 

QUERIDO TIO RAY

Yo soy un marciano.

Soy un marciano y vivo en Bahía Blanca.

Por supuesto que mis vecinos no lo saben. Por supuesto que mi familia no lo sabe y no lo supo nunca. Mi esposa ha tenido sus sospechas pero, con el paso del tiempo, optó por descartarlas. Y no soy el único. Esto ha estado ocurriendo por generaciones… En realidad nos hemos intercalado, amalgamado, fusionado, mezclado con ustedes por mucho, mucho tiempo. Cuando en nuestro antiguo planeta comenzaron a escasear el agua y el aire, los científicos-sacerdotes planearon el traslado a la Tierra. No puedo ni debo explicar los pormenores de ese traslado. Además, los detalles técnicos me superan. Después de todo, mis genes son los de un simple Recolector de Tradiciones. Sólo puedo afirmar que la aceptación por parte de los terráqueos se debe principalmente a nuestras cualidades de adaptación metamórfica y sugestión telepática, ambas habilidades muy bien descriptas en los relatos del tío Ray. Por mi función de Recolector era importante que tuviese acceso a fuentes literarias específicas, de modo que se programó mi crianza como el tercer hijo de una familia bahiense con una mamá muy lectora y una biblioteca bien provista. Los nuestros han estado enviando mensajes cifrados por siglos… ¿Cómo se explica que  Jonathan Swift, en 1726, al publicar sus famosos Viajes de Gulliver describa a la perfección el descubrimiento, por parte de los científicos del reino de Laputa, de dos lunas en Marte, cuando en realidad esos satélites naturales fueron detectados por Asaph Hall ciento cincuenta años después? Muy sencillamente: Jonathan Swift era marciano… La bisabuela Mary Wollstonecraft Godwin, quien utilizaba el apellido de su esposo terráqueo, Percy Shelley, fue una de las creadoras del género literario que hemos utilizado para mantenernos en comunicación con su novela gótica Frankenstein o el Moderno Prometo y su apocalíptica El Ultimo Hombre. El bisabuelo Edgar Poe, con el apellido Allan de sus padres adoptivos, también aportó varias ideas en La Aventura sin par de un tal Hans Pfaall, Mellonta Tauta, Coloquio entre Monos y Una o su revelador ensayo Eureka, en el que dejó traslucir conocimiento marciano. Después, para despistar, creó el género policial y el cuento de terror. Infiltrado en Nantes, el abuelo Jules Verne comenzó como dramaturgo pero, bajo la influencia de Poe, rápidamente sorprendió al mundo con su serie de “voyages extraordinaires”. En aquella época nuestro objetivo era lograr que el hombre llegase a la Luna como un primer paso para luego conducirnos de regreso al planeta rojo. De modo que sus De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna fueron proféticos en muchos detalles llevados a la práctica luego por el programa espacial humano. Para mi constituye una prueba (aunque otros Recolectores no estén de acuerdo) de que nuestro don de sugestión telepática se traslada parcialmente a las obras escritas. Del otro lado del Canal de la Mancha, el abuelo Herbert George no se limitó a Los Primeros Hombres en la Luna sino que introdujo el tema de Marte de modo directo en La Guerra de los Mundos. En esa obra magistral logró dos objetivos: 1) que los humanos pusiesen los ojos en nuestro lejano planeta con ansias de llegar a él y conquistarlo. 2) imponer la idea de un extraterrestre verdoso y de largos tentáculos que podría venir del espacio exterior, lo cual era una cortina de humo perfecta para ocultar la verdad: que ya estábamos aquí y que pasábamos totalmente inadvertidos. Edwin Lester Arnold, en 1905, tomó la antorcha de Swift y escribió Gulliver de Marte. El tío Edgar Rice Burroughs (ERB para los iniciados) lanzó su serie marciana en 1911, comenzando con Una Princesa de Marte para continuar con Los Dioses de Marte, El guerrero de Marte, Thuvia y toda la saga. Allí desplegó ante los ojos terráqueos muchas de nuestras tradiciones, leyendas y héroes: Tars Tarkas, el guerrero verde, Dator Xodar, de los Piratas Negros, Mors Kajak, Jed de Hestor, la bella princesa Dejah Thoris, los reinos de Helium y Zodanga. Tuvo que introducir un personaje humano muy poco creíble llamado John Carter, tan habilidoso con la espada como con sus saltos acrobáticos, porque en aquella época los lectores parecían necesitar que el protagonista fuese norteamericano y se llamara John, o se negaban a leer. Después de eso, ERB se hizo famoso con Tarzan, la historia de un niño criado en la selva por los simios. El relato es altamente simbólico y refleja los sentimientos del Burroughs extraterreno, en su primer etapa, creciendo junto a una familia humana. Lo expresó muy sutilmente. Pero yo, que puedo leer entre líneas la fina ironía de mi gente, les aseguro que allí está todo detallado. Más adelante, y para desorientar a cualquier suspicaz, escribió sobre un tal Carson de Venus (¡como si en Venus pudiese existir alguna forma de vida!) Pero nadie ha sabido describir nuestros paisajes y estados de ánimo como el tío Ray. Su fraseo, su prosa poética, sus tonalidades, sus dinámicas expresivas, todo, tiene que ver con nuestra mentalidad y nuestra raza. ¿Quién podrá superar sus nostálgicas Crónicas Marcianas? ¿Quién podrá emular sus otras Crónicas, nunca compiladas pero estratégicamente presentes y dispersas a lo largo de esa inmensa obra? ¿Quién podría transmitir la soledad de Historia de Amor en “The Toynbee Convector”? ¿O la antigüedad expectante de La Ciudad Perdida de Marte en “I Sing the body Electric!”? ¿O la lenta transformación de lo conocido en los menos conocido de Eran Morenos y de Ojos Dorados, en “A Medicine for Melancholy”? Por supuesto que también hemos tenido al tío Isaac (quien nació en Rusia pero se las ingenió para arribar a América como infante) con “A la Manera Marciana” o la hilarante “Estoy en Puerto Marte sin Hilda”. Pero él mismo reconoció que el único lugar en el que podía aventajar al tío Ray era en el diccionario, pues allí la palabra Asimov aparecía antes que Bradbury. Creo que el principal logro del tío Isaac ha sido su estímulo intelectual para los viajes espaciales. Para ello abandonó por una década el campo de la ciencia ficción y se dedicó específicamente a la divulgación científica. Además, están los primos Stanley G. Weinbaum con “Una Odisea Marciana” y Fredric Brown con “Martians, go home”, junto a tantos otros. No todos han podido adaptarse fácilmente. El tío abuelo Franz Kafka, en Praga, nunca pudo superar la idea de que vivir como terráqueo era similar a encontrarse atrapado dentro de una gigantesca cucaracha. El primo segundo H.P. Lovecraft padeció un genial desvarío que lo hizo extraviarse por senderos de horror cósmico y abismos sin fin. Algunos humanos se nos han sumado a lo largo del tiempo. Jorge L. Borges jamás fue marciano. Sin embargo, su amor por Wells, Stevenson y otros alienígenas lo convirtió en una especie de embajador de nuestras causas. Su prólogo a la edición castellana de las Crónicas del tío Ray continúa siendo una página brillante. Para no extenderme más con esta lista que, a pesar de mis esfuerzos, quedará siempre incompleta, básteme decir que los he leído, releído, copiado, marcado, citado, a todos ellos. He registrado y tomado nota de los símbolos, las claves ocultas, los mensajes interlineales. También he analizado por horas el trabajo de los ilustradores de Marte, para nosotros el planeta Tyrr, como bien lo ha llamado el tío Ray. Algunos nostálgicos prefieren el antiguo nombre de Barsoom. El prolífico John Allen St. John, ilustrador de las obras de Burroughs, era tyrrano, al igual que Frank R. Paul, el padre de todos los dibujantes de ciencia ficción. Deberemos reconocer que sin J.A. St. John no existiría Frank Frazetta y sin Frazetta no existirían Vallejos, ni Jusko, ni Hoffman, ni Cho. De modo que he analizado cada centímetro de sus pinturas en busca de los detalles auténticos, los patrones originales. Eso es lo que hacemos los Recolectores. Investigar para recrear nuestra cultura. Mi función específica fue diseñar el plan maestro por el que reviviremos nuestras tradiciones, la gloriosa arquitectura, la literatura olvidada, la mágica música, una vez que nuestros pies retornen a las rojas arenas de Barsoom… Entonces edificaremos ciudades con reluciente mármol blanco, incrustado de oro y piedras brillantes… Erigiremos las altas torres inmaculadas, que semejarán piezas de ajedrez trabajadas con cincel. Pintaremos con fuegos químicos las hazañas inmemoriales… Leeremos los libros de metal con sus jeroglíficos en relieve, y, al pasar la mano suavemente, como quien toca un arpa, surgirán las voces antiguas que nos hablarán de otros tiempos… Soplaremos los cuernos dorados… Nadaremos nuevamente en los canales por donde correrá el licor verde de las viñas… Volaremos sobre los valles de ópalo y esmeralda, vistiendo nuestras máscaras de plata y conduciendo las naves como silenciosas mariposas de cobalto… Yll e Ylla volverán a la ciudad de Xi y pasearán por las Montañas Azules en su barquilla tirada por pájaros de luz… Muhe Ca saltará en su máquina verde jade hacia las fiestas del vino de lavándula y surcará el líquido violáceo en su barca, hermosa y esbelta como mujer, al encuentro de mujeres hermosas y esbeltas como barcas… Entonces iremos … Perdón, perdón… A veces me entusiasmo y comienzo a hablar de cosas que no tienen sentido para ustedes, tejidas de la sustancia de los sueños, nacidas de la vana fantasía, tan delgadas como el aire y más inconstantes que el viento… para ponerlo en versos de William Shakespeare, otro tyrrano extraordinario. El plan maestro se fue desarrollando con el paso de los años, y ya estaba casi concluido. Me faltaba la información que aparecía en una de las obras menos conocidas del tío Ray. Se trataba de “Ghosts Forever/Fantasmas para Siempre”, un libro en colaboración con el argentino Aldo Sessa, que combinaba arte y literatura. Se había agotado la edición limitada y no era fácil encontrarlo. Como veinte años después de su publicación logré hallar un ejemplar único y caro. Estaba tan emocionado de tenerlo en mis manos que olvidé dónde había estacionado mi auto y pensé que lo habían robado. Con esa última información trabajé puliendo detalles y ajustando esquemas. En nuestra cultura, el arte, la ciencia y la religión se complementan y enriquecen mutuamente. Los terrícolas aún no han logrado esa fluidez. Finalmente, el plan quedó concluido. Tomaría el formato aparente de un ensayo crítico sobre las fuentes e influencias literarias en la narrativa bradburiana, pero todos sabíamos que era más, mucho más que eso… Los demás Recolectores se opusieron al envío por medios electrónicos o correo. Era demasiado peligroso. La entrega debía efectuarla yo, en mano, al tío Ray, y con confirmación telepática de recepción. La excusa ideal surgió con la 23º Feria del Libro de Buenos Aires de 1997. Ray fue invitado y confirmó rápidamente su asistencia.  Yo anticipaba el encuentro con deleite. Quizás estaba tan ansioso que cometí algunas imprudencias…¡Encontrarme en persona con el tío Ray! En un arranque de júbilo intenté dar un típico salto marciano…Debo reconocer que jamás logré adaptarme totalmente a la gravedad terrestre. Mientras volaba por los aires, creí emular las hazañas de John Carter bajo las lunas gemelas de Barsoom, pero, al caer y resbalar, todo el peso de mi cuerpo oprimió el tobillo derecho que crujió lastimosamente… Dos meses más tarde, aún dolorido, con bastón y paso inseguro, viajaba hacia Buenos Aires con el plan maestro en la maleta. El día anterior, en el Planetario, irónicamente, habían declarado al tío Ray “marciano ilustre” de la ciudad. La Feriadel Libro de ese año fue particularmente especial. Ese fin de semana se encontraban presentes Sábato, Vargas Llosa y Skármeta, pero Bradbury era, sin duda, la estrella principal. Después de horas y largas colas de espera, unos setecientos de nosotros fuimos introducidos en la sala de conferencias; otro tanto quedó escuchando desde afuera. Nelson Castro traducía (¿él es o no es barsoomiano?) El tío Ray con su rostro de duende bonachón y miope comenzó a hablarnos. Esa voz, grave y profunda, era como la de los antiguos libros de metal. Nos llevó de paseo desde Wakegan, Illinois, hasta los confines del sistema solar del brazo de su hermano, Buck Rogers y de su primo, Flash Gordon. Nos habló de sus inicios en Venice, California, y de su trabajo con John Huston en Moby Dick; de sus proyectos en el cine, la televisión y el teatro; de su amor por otras formas de arte, la música, la pintura; de la supresión de las guerras y de la necesidad de retomar la exploración del universo… así llegamos a Marte en nuevas y mágicas naves, dejando una estela de incienso en la aterciopelada catedral del espacio. Nos contó de los  deseos de  que sus cenizas sean sepultadas allá… Por más de una hora nos mantuvo encantados y en silencio como si una lluvia suave nos refrescara luego de una larga sequía. Por más de una hora fuimos jóvenes de un mercado persa  sentados a los pies del relator de historias… Explotamos en aplausos. No deseábamos irnos. La fila para firmar ejemplares comenzó a delinearse. Me vio desde lejos. Sus gruesos lentes se posaron en el dossier de tapas rojas que yo guardaba bajo el brazo. Me sonrió. Ambos sabíamos porqué estábamos allí… Cuando llegó el turno, firmó gentilmente mi ejemplar de “Más rápido que la vista” y aceptó con entusiasmo el trabajo, abrazándolo contra su pecho y asegurándome que lo leería atentamente. El momento quedó captado por la cámara de mi sobrino terráqueo, con quien me hospedaba, y apareció en algunos medios. Pero la foto nunca podría explicar lo que ocurrió en esos breves instantes. Nuestros registros de memoria se unieron y allí se produjo el verdadero encuentro. Mi mente fue captada y absorbida, pero no despojada, sino simultáneamente enriquecida. Tuvo lugar un intercambio telepático a una escala que yo ignoraba que pudiera producirse. Todo mi conocimiento, acumulado en años, fue compartido en segundos y entendí su real magnitud y sentido desde un plano totalmente superior. Vi como era visto y contemplé como era contemplado. Me fue dado habitar, momentáneamente, esa mente prodigiosa… Vi partículas atómicas y galaxias inmensurables; vi atardeceres en lejanos planetas y ferias en pequeños pueblos terrestres; vi un cráter en la Luna, bautizado Dandelion, y un ático que guardaba olores de otros tiempos; vi máquinas que ganaban humanidad y hombres que perdían la suya; vi a Shaw, a Dickens y a Bierce; vi caer nuevamente a la Casa Usher en un paisaje alienígena; vi el gran juego de blancos y negros y un zapato que apretaba en el otro pie; vi la fruta en el fondo de un tazón, oí el ruido de un trueno, olí el aroma de zarzaparrilla, probé el jugo de diente de león envasado en 1929; volé en alas de búho y acaricié la suavidad de un gato junto a Cecy, la bruja de abril. Pude ver Tyrr, como era, como es y como será. Pude ver el plan maestro tomando forma aceleradamente mientras los canales se llenaban de líquido cristalino y el aire vigorizaba flamantes bosques en los que banths de seis patas volvían a rugir. Vi… un guiño en los ojos del tío Ray y una sonrisa cómplice en su rostro que me indicó que la recepción telepática había culminado y que debía permitir que continuara con la firma de ejemplares a los asistentes. Me alejé, junto a mi sobrino y mi bastón, sin volver la vista atrás, pero mi vida había cambiado para siempre. Por primera vez entendí cómo este “marciano ilustre”, con sólo un diploma de secundaria en su haber, se las había ingeniado para ser asesor dela NASA así como consultor de estudios de arquitectura y urbanismo. Regresé a Bahía Blanca, a una etapa de  existencia más tranquila, habiendo cumplido mi parte en el gran plan y con imágenes imborrables en los pliegues de mi cerebro. Más de diez años han pasado desde aquella ocasión. No he vuelto a ver personalmente al tío Ray, pero me he mantenido al tanto de sus escritos y de los viajes interplanetarios. Algunas semanas atrás, en mayo de 2008, la sonda robótica Phoenix “amartizó” en el polo norte del planeta rojo. En su interior llevaba un DVD de la Sociedad Planetaria, creada por Carl Sagan. Contenido: las obras literarias de Marte, “La Guerra de los Mundos” de H.G. Wells, “Marte Verde” de Kim Stanley Robinson y, por supuesto, “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury. Los experimentos de la sonda han mostrado la existencia de agua en el pasado (ninguna novedad para nosotros). Los científicos hablan ya de la “terraformación” de Marte, es decir, un proceso que permitirá ir creando condiciones ambientales con oxígeno y humedad suficiente como para sustentar la vida. Claro que, a lo que ellos llaman “terraformación”, nosotros lo denominamos “remarcianización” de Marte. Las lunas también han sido objeto de estudio y de proyectos de colonización. Curiosamente, los terráqueos las han llamado Deimos y Fobos, terror y temor, como los hijos de Ares, dios griego de la guerra, versión anterior del Marte romano. Nosotros las distinguimos con nombres cálidos y nostálgicos como Cluros y Thuria. El tío Ray ha envejecido y yo también. Como todos los humanos y marcianos antes que nosotros, en algún momento, seguiremos el camino de nuestros antepasados por los mundos sin fin. Allí volveremos a encontrarnos. No sé cuándo ocurrirá pero sí exactamente dónde. Lo he  visto claramente al fusionarse nuestras mentes. Iré al Valle Dor, más allá de Nix Olímpica, cerca de donde crecía el Arbol dela Vida. Buscaré esa región que posee una eterna estación templada en la que florecen los pensamientos. Allí moran los filósofos y los científicos-sacerdotes. Estarán el abuelo Edgar Allan Poe y el abuelo Jules Verne con sus seguidores, el tío Edgar Rice Burroughs y el tío Isaac Asimov con sus iniciados. Estarán todos, todos… Y yo me haré un lugar a los pies del tío Ray, como otro joven en el mercado persa, y lo oiré decir:

“Iremos a otros mundos, y sumaremos las distintas fracciones de la verdad hasta que el total se alce ante nosotros como la luz de un nuevo día… Al igual que millones de humanos que observan, y que nacieron como filósofos a medio formar, nos hemos preguntado una y otra vez: ¿Por qué estamos acá? ¿Por qué estamos vivos? ¿Hemos nacido para un misterioso propósito?… ¿Cuál es el sentido de un universo al que nadie ve, un teatro de mundos vacíos? Estamos acá. ¡Aleluya! Y otra vez salvajes aleluyas, para ser testigos de todo esto, para atestiguar y celebrar y explorar”

Y sembrar la Luna y dar aliento a Marte

Con el Niño/joven/hombre en nuevos carros de fuego egipcios de Ra.

Mario R. Montani con Ray Bradbury en la Feria del Libro (Fotografia de Pablo Nitto)

“El Viajero No Comercial” por Charles Dickens

ARTE Y RELIGION

     Literatura

            Los Mormones en las Obras Literarias

“El Viajero No Comercial”

por Charles Dickens

Charles Dickens (1812-1870) fue el principal novelista inglés de la era victoriana. Sus obras maestras, David Copperfield, Oliver Twist, Nicholas Nickleby, Historia de dos ciudades, Tiempos Difíciles, La Pequeña Dorrit, le valieron el cariño del público y la admiración de otros escritores como Dostoievsky, Tolstoi, Balzac y Thackeray. Dominó el género narrativo con importantes dosis de humor, fantasía y tonos irónicos. Sobresalió en la descripción costumbrista, la creación de personajes y la crítica social de su época. La mayoría de sus historias fueron publicadas por entregas mensuales o semanales en periódicos. En 1860, tras un desacuerdo con sus editores, fundó su propio semanario, el All the year round, con una tirada de 100.000 ejemplares. Allí publicó, hasta su muerte, las crónicas de The Uncommercial Traveller (El viajero sin propósito comercial o simplemente El Viajero sin propósito) en las que observaba al mundo con nuevos ojos. De esas crónicas proviene la selección del siguiente texto (Introducción y traducción: Mario R. Montani)

EL VIAJERO SIN PROPOSITO COMERCIAL

Por Charles Dickens

Lugar: Los muelles de Londres sobre el río Támesis.

El barco: El “Amazon”

Fecha: 4 de Junio 1863

Los Emigrantes: Cierta gente peculiar conocida como Mormones.

“Abordo mi barco de emigrantes… Nadie está de mal humor, nadie se encuentra bebido, nadie maldice o utiliza un lenguaje grosero, nadie parece estar deprimido, nadie llora, y a lo largo de la cubierta, en cada rincón donde es posible hallar algunos pies de superficie para arrodillarse, agacharse o recostarse, las personas, en las posturas más incómodas para escribir que puedan imaginar, están escribiendo cartas.

Ahora bien, he visto naves de emigrantes antes de este día de Junio. Pero esta gente es tan sorprendentemente diferente de cualquier otra en iguales circunstancias que jamás haya observado, que no puedo evitar preguntarme en voz alta, ‘¡qué podría pensar un extraño sobre estos emigrantes!’

El rostro alegre y vigilante del capitán del Amazon, tostado por el clima, aparece sobre mi hombro y dice: ‘¡Por cierto! La mayoría de ellos subieron a bordo ayer por la tarde. Vienen de diferentes regiones de Inglaterra en pequeños grupos que jamás se habían visto con anterioridad. Sin embargo, un par de horas después ya habían establecido su propia policía, ordenado sus propias reglas, y organizado sus propias rondas a lo largo de todas las escotillas. Antes de las nueve el barco estaba tan ordenado y tranquilo como un buque de guerra.’

‘Un extraño quedaría perplejo al averiguar el nombre de esta gente, Sr. Viajero’ dice el capitán

“¡Ciertamente!’

‘Si usted no lo supiera ¿podría haberlo imaginado?’

‘¿Cómo podría suponerlo? Hubiese dicho que, entre los de su clase, eran la flor y nata de Inglaterra’

‘Lo mismo me ocurriría a mí’, dice el capitán

‘¿Cuántos son?’

‘En números redondos, ochocientos…’

‘¿Ochocientos qué? ¿Gansos, villanos?’ ‘OCHOCIENTOS MORMONES’. Yo, Viajero No Comercial de la firma de Hermanos del Interés Humano, había abordado esta nave de emigrantes para ver cómo eran ochocientos Santos de los Ultimos Días, y los encontré (en contra de todas mis expectativas) del modo que ahora describo con escrupulosa exactitud.

Me señalaron al Agente Mormón que había estado activo organizándolos y haciendo el contrato con mis amigos, los propietarios del barco, para llevarlos hasta Nueva York como parte de su viaje al Gran Lago Salado. Un hombre bien parecido, robusto y bajo, vestido de negro, con abundante cabello y barba, y ojos castaños claro. Por su acento lo identifiqué como Americano.  Probablemente un hombre que había visto mucho mundo. Un hombre de modales francos y abiertos y apariencia vigorosa; con todo, una persona de gran vivacidad. Creo que ignoraba por completo mi individualidad No Comercial y, en consecuencia, mi importancia No Comercial.

Viajero. ‘Es un buen grupo de gente el que ha reunido aquí’.

Agente Mormón. ‘Sí, señor, un muy buen grupo de gente’.

Viajero (mirando en derredor). ‘De hecho, creo que sería difícil hallar otros ochocientos en otro lugar con tanta belleza, fortaleza y capacidad para trabajar entre ellos’

Agente Mormón (sin mirar a su alrededor sino directamente al Viajero). ‘Así es. Ayer enviamos otros mil, desde Liverpool…’

De entre todos los agradables y hermosos niños, sólo observé a dos con marcas en sus cuellos que podrían haber sido de tuberculosis. De todo el número completo de emigrantes solamente una mujer mayor había sido aislada temporalmente por el doctor, sospechada de tener fiebre; pero aún ella obtuvo luego un certificado de buena salud…

Supe más tarde que el capitán había enviado un informe a la costa, antes de internarse en el amplísimo Atlántico, encomiando la conducta de estos emigrantes así como el perfecto orden y propiedad de su organización social. Qué habrá en el futuro de esta pobre gente en las orillas del Gran Lago Salado,  qué falsas ilusiones abrigan ahora, en qué miserable ceguedad se abrirán luego sus ojos, no pretendo saberlo. Subí al barco para testificar contra ellos si lo merecían, cosa de la cual estaba completamente convencido; para mi sorpresa, fue lo contrario; y mis predisposiciones y tendencias no deben afectarme como testigo honesto. Abandoné el Amazon sintiendo que era imposible negar que alguna influencia extraordinaria ha producido un resultado extraordinario, que influencias más conocidas a menudo no consiguen.” (Traducido de Charles Dickens, The Uncommercial Traveler and Reprinted Pieces, 1958, pp 222-232.)

ESTUDIO EN ESCARLATA de Sir Arthur Conan Doyle

Los Mormones en las Obras Literarias

ESTUDIO EN ESCARLATA

Sir Arthur Conan Doyle

Arthur Conan Doyle nació el 22 de mayo de 1859 en Edimburgo y estudió en las universidades de Stonyhurst y de Edimburgo. De 1882 a 1890 ejerció la medicina en Southsea (Inglaterra). Estudio en escarlata, el primero de los 68 relatos en los que aparece Sherlock Holmes, se publicó en 1887. El autor se basó en un profesor que conoció en la universidad para crear al personaje de Holmes con su ingeniosa habilidad para el razonamiento deductivo y también en Dupin, el detective de Edgar A. Poe. Igualmente brillantes son las creaciones de los personajes que le acompañan: su amigo bondadoso y torpe, el doctor Watson, que es el narrador de los cuentos, y el archicriminal profesor Moriarty. Conan Doyle tuvo tanto éxito al principio de su carrera literaria que en cinco años abandonó la práctica de la medicina y se dedicó por entero a escribir. Tan poco definidos estaban algunos aspectos de Holmes en esta primer novela que, en la versión manuscrita, el título era “Una madeja enmarañada” y el primer nombre del detective, Sherrinford (que se cambió a último momento por el más eufónico Sherlock).

Los mormones de Conan Doyle presentan características totalmente negativas, ya que el sustento de su información se basaba en la lectura de los diarios norteamericanos del Este, en los que se  libraba una verdadera guerra ideológica presionando al gobierno a intervenir en la administración del semi autónomo estado de Utah. Como en toda obra literaria de fines del siglo XIX y comienzos del XX los mormones son malvados, asesinos e insaciablemente polígamos (es lamentable, pero esa es la forma en que ingresamos a la literatura). A diferencia de Verne, que investigó un poco más y mantuvo una cierta distancia crítica, Conan Doyle tomó el estereotipo que le daban los medios y ayudó a propagarlo.

Estudio en Escarlata es una obra dividida en dos partes de siete capítulos cada una. En la primer parte se presentan los personajes, se produce un crimen y termina con la captura del culpable sin que el Dr. Watson, la policía o los lectores entiendan como Sherlock Holmes logró hacerlo. En la segunda parte, denominada El País de los Santos, nos vamos enterando de los antecedentes que el sagaz detective ya había deducido. Allí conoceremos a John Ferrier y a Lucy, quien pasará a ser su hija adoptiva luego de la muerte de sus padres. Ambos son salvados por una partida de mormones en viaje hacia el oeste y deberán, como condición, aceptar su fe. A partir de allí comienza su vida entre los Santos. Los siete capítulos son excesivamente extensos como para transcribirlos, por lo que sólo tomo una parte del Capítulo 3, que sirve como muestra. La obra completa es fácilmente hallable para quien desee leerla. (Introducción y comentarios de Mario R. Montani)

Capítulo 3

John Ferrier habla con el Profeta

Una hermosa mañana, cuando estaba a punto de partir hacia sus campos de trigo, oyó John Ferrier el golpe seco del pestillo al ser abierto, tras de lo cual pudo ver, a través de la ventana, a un hombre ni joven ni viejo, robusto y de cabello pajizo, que se aproximaba sendero arriba. Le dio un vuelco el corazón, ya que el visitante no era otro que el mismísimo Brigham Young. Lleno de inquietud -pues nada bueno presagiaba semejante encuentro- Ferrier acudió presuroso a la puerta para recibir al jefe mormón. Este último, sin embargo, correspondió fríamente a sus solicitaciones, y, con expresión adusta, le siguió hasta el salón.

-Hermano Ferrier -dijo, tomando asiento y fijando en el granjero la mirada a través de las pestañas rubias-, los auténticos creyentes te han demostrado siempre bondad. Fuiste salvado por nosotros cuando agonizabas de hambre en el desierto, contigo compartimos nuestra comida, te condujimos salvo hasta el Valle de los Elegidos, recibiste allí una generosa porción de tierra y, bajo nuestra protección, te hiciste rico. ¿Es esto que digo cierto?

-Lo es -repuso John Ferrier.

-A cambio de tantos favores, no te pedimos sino una cosa: que abrazaras la fe verdadera, conformándote a ella en todos sus detalles. Tal prometiste hacer, y tal, según se dice, desdeñas hacer.

-¿Es ello posible? -preguntó Ferrier, extendiendo los brazos en ademán de protesta-. ¿No he contribuido al fondo común? ¿No he asistido al Templo? ¿No he..?

-¿Dónde están tus mujeres? -preguntó Young, lanzando una ojeada en derredor-. Hazlas pasar para que pueda yo presentarles mis respetos.

-Cierto es que no he contraído matrimonio -repuso Ferrier-. Pero las mujeres eran pocas, y muchos aquellos con más títulos que yo para pretenderlas. Además, no he estado solo: he tenido una hija para cuidar de mí.

-De ella, precisamente, quería hablarte -dijo el jefe de los mormones-. Se ha convertido, con los años, en la flor de Utah, y ahora mismo goza del favor de muchos hombres con preeminencia en esta tierra.

John Ferrier, en su interior, dejó escapar un gemido.

-Corren rumores que prefiero desoír, rumores en torno a no sé qué compromiso con un gentil. Maledicencias, supongo, de gente ociosa. ¿Cuál es la decimotercera regla del código legado a nosotros por Joseph Smith, el santo? «Que toda doncella perteneciente a la fe verdadera contraiga matrimonio con uno de los elegidos: pues si se uniera a un gentil, cometería pecado nefando.» Siendo ello así, no es posible que tú, que profesas el credo santo, hayas consentido que tu hija lo vulnere.

Nada repuso John Ferrier, ocupado en juguetear nerviosamente con su fusta.

-Por lo que en torno a ella resuelvas, habrá de medirse la fortaleza de tu fe. Tal ha convenido el Sagrado Consejo de los Cuatro. Tu hija es joven: no pretendemos que despose a un anciano, ni que se vea privada de toda elección. Nosotros los Ancianos poseemos varias novillas(1), mas es fuerza que las posean también nuestros hijos. Stangerson tiene un hijo varón, Drebber otro, y ambos recibirían gustosos a tu hija en su casa. Dejo a ella la elección… Son jóvenes y ricos, y profesan la fe verdadera. ¿Qué contestas?

1. Heber C. Kemball, en uno de sus sermones, alude con este título galante a sus cien esposas. (nota: respeto tanto el apellido erróneo como la exageración de las esposas por parte de Conan Doyle)

Ferrier permaneció silencioso un instante, arrugado el entrecejo.

-Concédeme un poco de tiempo -dijo al fin-. Mi hija es muy joven, quizá demasiado para tomar marido. -Cuentas con un plazo de un mes -dijo Young, enderezándose de su asiento-. Transcurrido éste, habrá de dar la chica una respuesta.

Estaba cruzando el umbral cuando se volvió de nuevo, el rostro encendido y centelleantes los ojos:

-¡Guárdate bien, John Ferrier -dijo con voz tonante-, de oponer tu débil voluntad a las órdenes de los Cuatro Santos, porque en ese caso sentiríais tu hija y tú no yacer, reducidos a huesos mondos, en mitad de Sierra Blanco!

Con un amenazador gesto de la mano soltó el pomo de la puerta, y Ferrier pudo oír sus pasos desvaneciéndose pesadamente sobre la grava del sendero.

Estaba todavía en posición sedente, con el codo apoyado en la rodilla e incierto sobre cómo exponer el asunto a su hija, cuando una mano suave se posó en su hombro y, elevando los ojos, observó a la niña de pie junto a él. La sola vista de su pálido y aterrorizado rostro, fue bastante a revelarle que había escuchado la conversación.

-No lo pude evitar -dijo ella, en respuesta a su mirada-. Su voz atronaba la casa. Oh, padre, padre mío, ¿qué haremos?

-No te asustes -contestó éste, atrayéndola hacia sí, y pasando su mano grande y fuerte por el cabello castaño de la joven-. Veremos la manera de arreglarlo. ¿No se te va ese joven de la cabeza, no es cierto?

A un sollozo y a un ademán de la mano, súbitamente estrechada a la del padre, se redujo la respuesta de Lucy.

-No, claro que no. Y no me aflige que así sea. Se trata de un buen chico y de un cristiano, mucho más, desde luego, de lo que nunca pueda llegar a ser la gente de por aquí, con sus rezos y todos sus sermones. Mañana sale una expedición camino de Nevada, y voy a encargarme de que le hagan saber el trance en que nos hallamos. Si no me equivoco sobre el muchacho, le veremos volver aquí con una velocidad que todavía no ha alcanzado el moderno telégrafo.

Lucy confundió sus lágrimas con la risa que las palabras de su padre le producían.

-Cuando llegue, nos señalará el curso más conveniente. Es usted el que me inquieta. Una oye…, oye cosas terribles de quienes se enfrentan al Profeta: siempre sufren percances espantosos.

-Aún no nos hemos opuesto a nadie -repuso el padre-. Tiempo tenemos de mirar por nuestra suerte. Disponemos de un mes de plazo; para entonces espero que nos hallemos lejos de Utah.