Fisuras óptimas y arreglos pésimos

De la Vida Mormona

 Fisuras óptimas y arreglos pésimos

“Los optimistas tienen razón. Los pesimistas también”

Por Mario R. Montani

Las siguientes reflexiones tienen como origen una conjunción de eventos. Por un lado, la preparación de la clase para el Grupo de Sumos Sacerdotes de mi Barrio y, por el otro, el arreglo de algunas pequeñas fisuras en nuestra casa de veraneo. Permítanme explicar.

En la lección del Sacerdocio consideramos algunas enseñanzas del Presidente Gordon B. Hinckley sobre el optimismo y el pesimismo, tales como:

“Hay una terrible enfermedad de pesimismo en la tierra que es endémica. Constantemente se nos alimenta una dieta regular y amarga de difamación, de crítica, de maledicencia de uno en contra del otro…”

“Tenemos todos los motivos para ser optimistas en el mundo. Cierto es que nos rodea la tragedia y que hay problemas por doquier, pero… no se puede edificar algo con pesimismo ni con cinismo. Se ven las cosas con optimismo, se trabaja con fe, y las cosas suceden” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley, 2016, pags. 74 y 75)

Analizamos varias frases que se han acumulado con la sabiduría de los siglos:

“Si miramos hacia el sol nunca veremos nuestra sombra”

“Un pesimista ve la dificultad en cada oportunidad; un optimista ve la oportunidad en cada dificultad” Winston Churchill

“Nos podemos quejar porque los rosales tienen espinas o alegrarnos porque tienen rosas” Abraham Lincoln

Optimismo deriva de óptimo, que a su vez proviene del latín optimuus adjetivo que significa muy bueno o buenísimo. Es el superlativo de bonuss, bueno, aunque muy irregular, ya que su raíz op- es la misma de opulento y opíparo.

Por otra parte, pesimismo deriva de pésimo, en latín pessimus, muy malo. Es el superlativo de peior (peor). Muchos lo asocian a la raíz indoeuropea ped (pie), ya que en sus orígenes se refería a los que tropezaban y caían.

De cualquier modo, tomamos nota de que existe una amplia gama de optimismos así como de pesimismos.

“Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”.

“El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas” W. J. Ward

Todos estamos de acuerdo en que el pesimismo no es un rasgo muy bueno. Pero tampoco lo es el tipo de optimismo que simplemente acepta las cosas tal como son sin creer que haya que cambiarlas.

Cuando mencionamos que el vaso está medio lleno podemos querer decir “No nos quejemos, al menos tenemos eso” o “Todo está bien, arreglémonos con esto el resto de nuestras vidas”. Por otra parte, cuando nos referimos al vaso medio vacío podemos significar “¡Qué lástima, nada más que eso!” o también “¿No sería bueno intentar llenarlo del todo?”

El primer tipo de optimismo puede llegar a fundirse con el conformismo, mientras que el segundo tipo de pesimismo parece acercarse a la practicidad realista.

Hace muchos años ya, estuve en una conferencia del escritor Ray Bradbury, una de mis principales referencias literarias. En muchas de sus historias presenta un futuro de la humanidad un poco sombrío, pero, al mismo tiempo, algún personaje que suele ver una luz en medio de la oscuridad. Allí le escuché decir:

“Muchas veces me preguntan si soy optimista o pesimista. En realidad no soy ninguna de las dos cosas. Soy un optimizador de las conductas, alguien que cree que siempre hay espacio para hacer las cosas un poco mejor”.

Lo cual me lleva al segundo tópico: nuestra casa en las sierras. La construimos con bastante esfuerzo a lo largo de varios años con la idea de que sea un lugar de refugio o quizás de habitación permanente en el futuro. Yo la amo. Me encanta. Estoy orgulloso de ella. Para mi es perfecta, aunque mi esposa siempre planea alguna modificación a la que suelo oponerme dulcemente.

Pasé varios días de nuestras últimas vacaciones sellando algunas pequeñas fisuras en los zócalos exteriores (mi espalda aún lo recuerda) para evitar el ingreso de humedad hacia el interior, debajo de algunas ventanas.

Alguien que me haya visto en esa tarea muy bien podría haber pensado: “Ese hombre, en vez de disfrutar de su hermosa casa, está concentrado en unas pequeñas fisuras que casi ni se ven”. Y yo podría haber respondido: “Porque amo esta casa y porque quiero que siga siendo hermosa es que estoy arrodillado sellando las fisuras. No dejo de apreciar su belleza y tal vez la ame más por lo que estoy haciendo”.

Pensemos por un momento que la casa en las sierras es la Iglesia. Muchos de nuestros hermanos en ella piensan que no hay nada que deba modificarse en sus estructuras, tradiciones o políticas. Que si se señala alguna “fisura” en nuestra historia, pasada o presente, o en nuestra aplicación práctica de ciertas doctrinas, estamos actuando en contra de la belleza total del edificio. En mi caso particular, creo todo lo contrario.

Por supuesto que es más fácil colocar un mueble debajo de la ventana que tape la humedad que tomarnos el trabajo de reparar. Pero no sólo no estaremos resolviendo el problema sino que lo haremos más grave. Algo parecido ocurrió por mucho tiempo en la Iglesia.

Debido a que por un largo período los únicos que se atrevían a señalar fisuras eran los críticos despiadados de la institución, se hizo fácil descartar los defectos como inexistentes o como intentos de destruir la belleza del resto (o sea, pintamos sin reparar o colocamos muebles para ocultar). Pero cuando miembros fieles comenzaron a indicar las mismas fisuras y que algo debía hacerse al respecto, las cosas no fueron tan sencillas.

Desde hace algún tiempo se nos indica que si en una capilla deja de funcionar una cerradura, no le llevemos el problema al Oispo o avisemos a las Oficinas de Mantenimiento para que contraten a una empresa que la repare. La próxima vez que visitemos las instalaciones, llevemos un destornillador, y reparémosla nosotros mismos.

En otros aspectos “menos materiales” no está bien visto que opinemos o que hagamos sugerencias. Las cosas deben “venir desde arriba” indefectiblemente. Nuestros líderes locales han sido desestimulados a decir cosas como “Elder… esto no está funcionando bien en nuestra zona pero podría adaptarse de tal y tal modo” porque temen que la respuesta de manual será “Hermano, si no funciona es porque no lo están haciendo bien o no lo suficiente, o les falta fe”. Con lo cual la responsabilidad le vuelve a ser transferida con una carga adicional y sus sugerencias anuladas.

De modo que sí, es cierto. Los que ven el vaso medio lleno tienen razón. Los que ven el vaso medio vacío, también. Yo prefiero tratar de llenarlo del todo…

Hace cuatro años atrás hablábamos en este blog sobre Joseph Smith ordenando hermanos de color al sacerdocio, hoy ese hecho aparece reflejado en la página oficial de la Iglesia. Hace tres años mencionamos las piedras de vidente y a Joseph Smith traduciendo el Libro de Mormón desde el interior de su sombrero. Actualmente la Liahona y publicaciones oficiales de la Iglesia lo mencionan como una realidad. Las hermanas no podían orar en las Conferencias Generales, hoy pueden. Estaba fuera de discusión que las hermanas misioneras usaran pantalones, hoy los usan.

Pretender que este humilde blog haya tenido algo que ver con esos cambios sería de una insoportable soberbia. Pero me alegra haber sumado la mía a otras voces que creo que sí, han sido escuchadas.

Ya lo dijo el eminente rabino Jacob Neusner:

“No necesitas justificarte por hacer preguntas. Pero si crees haber hallado respuestas, no tienes el derecho de permanecer en silencio”

Para quienes sinceramente opinan que, como la nuestra es la Iglesia de Cristo, todas las indicaciones deben provenir de El, me permito reflexionar que el Salvador siempre supo que el Profeta había ordenado gente de color o el modo en que tradujo el Libro de Mormón. También que las mujeres eran dignas de orar en nuestras congregaciones.

El Señor ayuda en la construcción del Edificio. Las fisuras debemos arreglarlas nosotros…

Podemos ser optimizadores de las conductas.

 

¡Bienvenidos al Blogernáculo!

De la Vida Mormona

¡Bienvenidos al Blogernáculo!

Por Mario R. Montani

El término Blogosfera se ha acuñado para representar el conjunto de todos los blogs que proliferan en la web. El Blog o bitácora web es un sitio web actualizado periódicamente por uno o varios autores, casi en la forma de un diario, con un contenido de interés para sus lectores que se presenta con una cronología inversa (lo escrito recientemente aparece primero). Puede recibir comentarios sobre esos contenidos. El término Weblog comenzó a utilizarse a partir de 1998 y su abreviatura, en 1999.

La sección de la Blogosfera que comenzó a tratar temas relacionados con el Mormonismo, a partir del 2002, se denominó, con el transcurso de los años,  Blogernáculo (como obvia referencia al Tabernáculo Mormón)

Uno de los primeros blogs de ese tipo fue The Metaphysical Elders (Los Elderes Metafísicos) con la aclaración adicional: Ideas sobre el Mormonismo de algunos fieles y peculiares élderes en pos de fama, fortuna y educación (al menos hasta que sus esposas les digan que deben encontrar un trabajo en serio). Como muchos de los primeros blogs, tuvo corta duración (2002-2004), pero sus contenidos aún pueden consultarse en http://elders.blogspot.com.ar/

En los últimos 10 años, blogs de variada naturaleza han proliferado abundantemente por lo que es difícil seguirles el ritmo. Los hay de todo tipo: oficiales, personales, históricos, culturales, doctrinales, apologéticos, críticos, reflexivos, etc, etc.

El propósito de este artículo es dar una somera visión de las posibilidades de elección que cada uno resolverá de acuerdo a sus sensibilidades e intereses.

Blogs oficiales

LDS.org (https://www.lds.org/?lang=spa) Es el blog oficial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. Anotamos aquí su versión en español, que a su vez nos puede redirigir a otros varios sitios.

LDS org

Deseret News (http://blogs.deseretnews.com/) Es la versión on line del diario propiedad de la Iglesia.

Universidad de Brigham Young (https://home.byu.edu/home/) con diferentes derivaciones.

Blogs Apologéticos

FAIR, The Foundation for Apologetic Information & Research (Fundación para la Información Apologética e Investigación) es una organización sin fines de lucro que se especializa en la defensa de la doctrina e historia mormona, respondiendo a las críticas que surgen desde diferentes fuentes. Organizada a fines de 1997, está formada por miembros de la Iglesia voluntarios que responden a preguntas enviadas al blog. En 2013 decidió cambiar su nombre de FAIR a FairMormon. La Fundación realiza una Conferencia anual, mantiene una publicación electrónica mensual (The FairMormon Journal) y una actualización diaria con novedades (The FairMormon Front Page). FairMormon no es una organización oficial de la Iglesia. Tiene la ventaja de poseer en la actualidad una versión en castellano que puede consultarse en http://es.fairmormon.org/

FairMormon

Interpreter: A Journal of Mormon Scripture

(http://www.mormoninterpreter.com/) es una publicación académica de la Interpreter Foundation dedicada a la apología y los Estudios Mormones. Se estableció en 2012 cuando su director, Daniel C. Peterson, fue desplazado de la publicación Mormon Studies Review, originalmente FARMS Review, cuando la Universidad de Brigham Young (que para entonces había absorbido FARMS bajo el Neal A. Maxwell Institute for Religious Scolarship) decidió quitar los aspectos apologéticos y centrarse en los puramente académicos.

Daniel C. Peterson

Daniel C. Peterson

Mormon Scholars Testify (http://mormonscholarstestify.org/) Mensajes de fe de científicos y eruditos que pertenecen a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.

Mormanity es mantenido por el bloger Jeff Lindsay, actualmente viviendo en Shangai. http://mormanity.blogspot.com.ar/ Con el subtítulo Conversaciones sobre los Mormones y la vida mormona, temas y evidencias del Libro de Mormon y otros tópicos Santos de los Ultimos Días.

Jeff Lindsay

Jeff Lindsay

The Millenial Star (http://www.millennialstar.org/) Es otro blog que rememora en su título el desaparecido periódico mormón editado en Inglaterra (1840-1970)

Blogs Históricos

M.H.A (https://mormonhistoryassociation.org/) Es el blog oficial de la Asociación de Historia Mormona.

Mormon History

The Juvenile Instructor (http://juvenileinstructor.org/) es otro blog histórico que toma su nombre de una publicación impresa en Salt Lake City entre 1866 y 1930.

Keepapitchinin es un blog de historia creado por Ardis Parshall, historiadora independiente y columnista del Salt Lake Tribune, nombrado en recuerdo de un diario humorístico que apareció entre 1867 y 1871, escrito bajo seudónimo por los hijos de tres Apóstoles de la época. (http://www.keepapitchinin.org/)

Ardis Parshall

Ardis Parshall

Blogs Culturales

Meridian Magazine, Santos de los Ultimos Días dando forma a su mundo (http://ldsmag.com/), es un blog que comparte noticias, ayudas para las clases y consejos para las familias mormonas. Tiene buena calidad y provee una actualización casi diaria vía mail. En la época de la guerra de Afganistan, sus editores parecían creer que cualquier declaración del Presidente de su país tenía la misma relevancia que si fuese del Profeta, por lo que me di de baja. Puede ser interesante para quien no le moleste esa tendencia.

Meridian

Times & Season, An Onymus Mormon Blog (T&S)

(http://www.timesandseasons.org/) Fue fundado en 2003 por Nathan Oman, Matt Evans, Adam Greenwood y Kaimipono Wenger y lleva el nombre de un periódico SUD del siglo XIX.

Nathan Oman

Nathan Oman

By Common Consent (http://www.bycommonconsent.com) (De Común Acuerdo). Es un blog de múltiples autores lanzado en Marzo 2004 en el que se conversa sobre la cultura mormona y el pensamiento religioso contemporáneo. Antes del título actual funcionó como Rameumptom y se analizó la posibilidad de cambiarlo a Zeezrom,Esq y Cureloms & Cumoms.

A Motley Vision (http://www.motleyvision.org/) (Una Visión Variopinta) Es un blog sobre literatura mormona fundado en 2004 por William Morris.

Dawning of a Brighter Day (http://associationmormonletters.org/blog/) Es el blog oficial de la Asociación Mormona de Letras.

Blogs Feministas

Mormon Women’s Forum

(http://66.147.244.239/~girlsgo6/mormonwomensforum/).

Parte de un movimiento no apologético feminista, sin fines de lucro, fundado en 2010 por Neylan McBain, egresada de Julliard y Yale, hija de Ariel Bybee (a quien hemos dedicado un artículo en este blog). Su intención es promover equidad de género y estimular una discusión abierta y honesta de los temas femeninos en el contexto del mormonismo contemporáneo. Desarrolla paneles, debates, conferencias y documentos de investigación.

Neylan McBain

Neylan McBain

Feminist Mormon Housewives

 http://www.feministmormonhousewives.org/ (Amas de Casa Mormonas Feministas) Fue fundado en 2004 por Lisa Butterworth, una activa miembro de la Iglesia, esposa, madre de tres niños, maestra de la Escuela Dominical y ferviente Demócrata, junto a cuatro amigas. Butterworth, oriunda de Boise, Idaho, se encontró con que no podía conversar sobre las preocupaciones liberales y feministas en su círculo de mormones locales por lo que el ciberespacio pareció una posibilidad alternativa. Con el subtítulo inicial de Activistas Enojadas con Pañales para Cambiar se cambió luego a Un lugar seguro para ser feminista y fiel. Proveyó un interesante lugar para conversar sobre temas como maternidad, educación, poligamia y nuestra Madre Celestial. Hoy los colaboradores abarcan todos los EEUU, Australia e Inglaterra  y ha incluido a importantes figuras dentro de los Estudios Mormones como Laurel Tachter Ulrich, Todd Compton y Margaret Toscano.

Lisa Batterworth

Lisa Batterworth

The Exponent  (http://www.the-exponent.com/) Representa a un amplio grupo de blogers enfocados en el feminismo SUD y la historia. Su nombre proviene de The Women’s Exponent, un periódico femenino mormón que existió entre los años 1872 y 1914.

Zelophehad’s Daughters (http://zelophehadsdaughters.com/)

A Well Behaved Mormon Woman.

(http://wellbehavedmormonwoman.blogspot.com.ar/) por otro lado, desarrollado por Kathryn Skaggs, presenta una defensa de los roles tradicionales de la mujer en la Iglesia.

Kathryn Skaggs

Kathryn Skaggs

A ellos pueden sumarse cientos de blogs personales, de variada índole, como el de Jill Strasburg, Mormon Housewife Blog (El Blog del Ama de Casa Mormona)

Mormon Housewife Blog

Jill Strasburg

Jill Strasburg

Blogs de Investigación

Muchos de ellos representan la derivación on line de publicaciones preexistentes.

Dialogue, A Journal of Mormon Thought.

(https://www.dialoguejournal.com/) Probablemente la más importante de esas publicaciones. Está cumpliendo sus 50 años y participan en ellas reconocidas figuras

Dialogue, A Journal of Mormon Thought

Dialogue, A Journal of Mormon Thought

Sunstone, Faith seeking Understanding.

(https://www.sunstonemagazine.com/) Publicada desde 1974 por la Sunstone Education Foundation, Inc.

Sunstone Magazine

Sunstone Magazine

Euro Mormon Studies

(https://euromormonstudies.wordpress.com/) Es el portal de la Asociación Europea de Estudios Mormones (EMSA)

Portales de Blogs

Son sitios que presentan una gran variedad de blogs afiliados (aggregator) y a los que se puede tener acceso a través del portal. Son útiles para saber los temas que se están tratando en los sitios más populares e interesantes de la red.

Mormon Archipelago (http://www.ldsblogs.org/)

Mormon Archipelago

Nothing Wavering (http://www.nothingwavering.org/)

Mormon Blogosphere (http://mormonblogosphere.blogspot.com.ar/)

Los Niblets

A partir de 2005, la comunidad de bloggers mormones creo los Premios Niblet para reconocer las más importantes contribuciones en el blogernáculo (el nombre formaba un juego de palabras ya que “niblet” significa una semilla o algo pequeño pero en realidad se otorgó en memoria de Hugh Nibley, uno de los más distinguidos y amados eruditos mormones). El huésped de la campaña era el sitio Mormon Matters y las categorías incluían Grandes Blogs, Blogs Individuales, Mejor Post, Mejor Post Humorístico así como varias más. No era fácil ponerse de acuerdo sobre los resultados en una comunidad tan extendida y variada, de modo que los premios se discontinuaron después de 9 temporadas. En 2013 el blog Wheat and Tares (Trigo y Cizaña) creó los Premio Wheaties & Tareific y continuó con la tradición.

El impacto de los blogs en la comunidad mormona

El 15 de diciembre de 2007, el élder M. Russell Ballard habló en la graduación de BYU-Hawaii. Instó a los estudiantes a compartir sus creencias en la Internet:

“El surgimiento de la nuevos medios está facilitando una conversación mundial sobre casi cada tema incluyendo la religión, y casi todos pueden participar…

“Las conversaciones continuarán ya sea que escojamos o no participar en ellas.  Pero nosotros no podemos permanecer al margen mientas otros, incluyendo a nuestros críticos, tratan de definir lo que la Iglesia enseña…

“El desafío es que hay demasiada gente participando en conversaciones acerca de la Iglesia como para que el personal de nuestra Iglesia converse con ellos o les responda individualmente.  No podemos contestar a cada pregunta, satisfacer cada solicitud, y responder a cada inexactitud que existe. …algunos que buscan respuestas desean que éstas vengan directamente de un miembro de la Iglesia, como lo son cada uno de ustedes…

“Permítanme pedirles que se unan a la conversación participando en la Internet, particularmente en los nuevos medios, para compartir el evangelio y explicar en términos claros y simples el mensaje de la Restauración.  La mayoría de ustedes ya sabe que si tiene acceso a la Internet,  pueden iniciar un blog en minutos y comenzar a compartir lo que saben que es verdad”.

Desde entonces, miles de miembros se han sumado al proyecto en blogs personales con diferente orientación. Los hay sobre arte,  definición sexual,  temas controvertidos  y  experiencias espirituales. Todos ellos forman parte del blogernáculo y representan a diferentes sectores de nuestra comunidad.

En marzo de 2012 se desarrolló en el campus de la Utah Valley University, en Orem, la duodécima UVU Mormon Studies Conference, cuyo tema fue “Mormonismo en Internet”. Muchas de las ponencias dieron cuenta de la variedad e intensidad con la que ha crecido el blogernáculo. En una encuesta realizada a través de algunos de los más populares blogs mormones se dieron las siguientes respuestas al motivo de por qué eran seguidores de ciertos sitios. Los que intervinieron en la encuesta eran todos estudiantes de posgrado.  Creo que vale la pena escucharlos:

“Para llenar necesidades de otro modo insatisfechas, explorar la relación entre intelecto y espíritu”.

“Por sentirse aislado en una estructura congregacional que valora el consenso y la certeza más que los cuestionamientos y la crítica”.

“Pues son un puente entre la mente y el espíritu que permite la conexión integral con el mormonismo dentro de un marco intelectual”.

“Una intersección entre los ámbitos intelectuales y devocionales”.

“Permiten contactar a una comunidad de individuos con similares actitudes e intereses, lo cual no es tan fácil de lograr en un Barrio Santo de los Ultimos Días geográficamente definido”.

“Por los deseos de hallar una comunidad dentro de la comunidad que comparte la sensación de que la Iglesia institucional no está llenando todas las necesidades espirituales e intelectuales de ese segmento”.

“Los blogs ensanchan el relato discursivo de lo que significa ser un fiel miembro SUD”.

“Han abierto un espacio para formas alternativas de fe, estudio y práctica mormonas”.

Según los estudiosos, los blogs no representan a la completa comunidad SUD pero ayudan a tomar el pulso y medir la profundidad de los debates que se dan dentro del mormonismo. Representan la heterogeneidad dentro de esa comunidad, a la vez que la validan y comparten.

Hay infinidad de blogs personales. Ya es imposible dar cuenta de todos ellos. Como siempre, tenemos la responsabilidad de “examinarlo todo y retener lo bueno”. Ese “bueno” puede variar en cuanto formato, calidad o gustos personales. Pero lo que es cierto es que el blogernáculo ha venido para quedarse. Bienvenidos.

 

 

 

 

La Ley de Común Acuerdo (Cantando todos al unísono)

De la Vida Mormona

La Ley de Común Acuerdo

(Cantando todos al unísono)

Por Mario R. Montani

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Los miembros de la Iglesia participamos semanalmente de reuniones en las que se sostienen y relevan oficiales del Barrio o de la Estaca a los que pertenecemos y una vez al año tenemos la oportunidad de hacer lo mismo con las Autoridades Generales. Es posible que, en esas ocasiones sagradas, pensemos que estamos dando cumplimiento a lo establecido por el Señor en los comienzos de la Restauración:

Y todas las cosas se harán de común acuerdo en la iglesia, con mucha oración y fe, porque recibiréis todas las cosas por la fe. Amén”. (DyC. 26:2)

Sin tener yo mismo una opinión definitiva sobre el particular, me interesa indagar sobre lo que pensaban los miembros que recibieron esa revelación. Quizás un buen punto para comenzar sea el propio nombre de la Iglesia. Todos sabemos que el 6 de abril de 1830, cuando fue organizada oficialmente, lo hizo bajo el título de La Iglesia de Cristo. Debido a que varias otras iglesias del período comenzaron a nombrarse del mismo modo, en Mayo de 1834, se propuso a la congregación el cambio a “La Iglesia de los Santos de los Ultimos Días”. No hubo mención a ninguna revelación, ni la imposición de que ese sería el nombre de allí en adelante. Fue una propuesta que los miembros, democráticamente, votaron positivamente por mayoría. No por unanimidad, ya que, por ejemplo, David Whitmer se apartó pues opinaba que El Libro de Mormón proponía muy claramente que debería ser la Iglesia de Cristo. Recién en Abril de 1838 (4 años después) el Señor estableció el nombre completo de “La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días”. El hecho de que aparezca en DyC 115:4 otorga sanción divina a lo propuesto y decidido por los miembros y también, en cierta forma, reconoce el punto de vista de los que se opusieron. A partir de entonces, el nombre de la Iglesia indica una doble pertenencia. Es la Iglesia de Jesucristo y también la Iglesia de los Santos (es decir los miembros de la Iglesia). Tal doble pertenencia no siempre ha estado claramente presente en los asuntos de la Institución.

Hay un caso paradigmático que da cuenta de lo que Joseph Smith y los primeros santos pensaban sobre la Ley de Común Acuerdo: Nauvoo, 1843. El Profeta planeaba llamar a Amasa Lyman para reemplazar a Sidney Rigdon como su Consejero en la Primera Presidencia. En la Conferencia General más cercana hizo la propuesta a la congregación y fue rechazada. Según los registros, Joseph, bastante disgustado, dijo algo como “He tratado de quitármelo de los hombros y me lo habéis vuelto a poner encima. Vosotros lo cargaréis, no yo” (B.H. Roberts, Succession in the Presidency of the Church of Jesus Christ of Latter Day Saints, 1894, Salt Lake City, Deseret News Publishing Company).

Nunca estuvo en duda el derecho de los miembros a opinar y votar en algo que les concernía, ni al Profeta parece habérsele cruzado por la mente que podía hacer el cambio sin consultarlo y recibir aprobación. Durante la administración de los primeros Profetas de esta Dispensación lo normal era que hubiese votos en disenso y las opiniones personales eran expresadas públicamente antes de que se procediera a votar. Lo único que se necesitaba para analizar una propuesta era que fuese apoyada por otros miembros. Un voto unánime de una Conferencia era algo tan raro que se tomaba nota de ello como una ocasión extraordinaria. Los diarios personales son una prueba histórica irrefutable de hermanos fieles que votaban en negativo u oponiéndose a alguna consideración propuesta por las Autoridades.

Tal como lo sugirió en su discurso “Counseling the Councils” Howard W. Hunter, en el Gran Concilio en los Cielos el Padre utilizó el principio del Común Acuerdo con las multitudes de espíritus presentes. A pesar de tener todo el conocimiento y sabiduría no impuso el Plan de Salvación. Dio la opción. La necesidad fundamental de ejercer el libre albedrío comenzó desde entonces. Y ese es el modelo que debemos seguir.

“No se ordenará a ninguna persona a oficio alguno en esta iglesia, donde exista una rama de ella debidamente organizada, sin el voto de dicha iglesia”. (DyC. 20:65)

“Porque es preciso que todas las cosas se hagan con orden y de común acuerdo en la iglesia, por la oración de fe” (DyC. 28:13)

Esto parece muy similar a lo que El Libro de Mormón identifica como “la voz del pueblo” en asuntos políticos o religiosos de interés comunitario.

Los Líderes no siempre estuvieron de acuerdo sobre lo que implicaba esta Voz del Pueblo, pero ciertamente el antiguo proverbio de Vox populi, vox dei no opera dentro del mormonismo desde hace largo tiempo.

Wilford Woodruf declaró:

“La Iglesia tiene el derecho de rechazar o aprobar las revelaciones… Antes de que una revelación sea aceptada por la Iglesia, como ley, debe de una forma u otra ser presentada a la Iglesia y aceptada por la Iglesia” (The Lectures on Faith: a case study in de-canonization, Von Wagoner y otros, Dialogue Vol 20 Nº 3, pag. 74 (1987)

Sin embargo, George Q. Cannon opinaba de modo diferente:

“Pareciera sin sentido que el Profeta de Dios no pueda considerar auténticas las revelaciones que ha recibido hasta que tengan la aprobación de los diferentes quorumes de la Iglesia” (Gospel Truth: Discourses and Writings of President George Q. Cannon, editados por Jerreld L. Newquist, Salt Lake City, 1987, Deseret Book Co, pag. 258)

Creo que ese contraste de ideas muestra un conflicto aún no resuelto totalmente en la Iglesia.

Bruce R. McConkie:

“Los asuntos administrativos de la Iglesia se manejan bajo la ley del común acuerdo. Esta ley consiste en que en el reino terrenal de Dios, el Rey aconseja lo que hay que hacer, pero luego permite que sus súbditos acepten o rechacen sus propuestas. A menos que el principio del libre albedrío se ponga en práctica con justicia, el hombre no progresará hasta lograr la salvación en el reino celestial. En consecuencia, los oficiales de la Iglesia se eligen por el espíritu de revelación que reciben los que son llamados para elegirlos; pero antes de que aquéllos puedan servir en sus puestos, deben recibir un voto formal de sostenimiento de parte de los miembros sobre quienes van a presidir (Mormon Doctrine, pag. 149-150)

En el Manual del Alumno del Curso de Doctrina y Convenios, Sección 26, pag. 51, después de analizar la anterior cita del Elder McConkie, se comenta:

“No sólo se sostiene a los oficiales de la iglesia mediante el común acuerdo, sino que este mismo principio se aplica también a las normas, las decisiones importantes, la aceptación de nuevas Escrituras y otros asuntos que afecten la vida de los santos”. 

Creo que lo anterior es una expresión de deseo muy interesante, no un reflejo de la realidad. ¿Alguno de ustedes fue consultado con respecto al cambio del horario consolidado o la edad de los jóvenes para salir a la misión? ¿Tuvieron oportunidad de votarlo? ¿Afectaban la vida comunitaria de los santos?

No se me malinterprete. He puesto como ejemplos dos casos relativamente cercanos en el tiempo y que afectaron la vida de la membresía y con los que estoy plenamente de acuerdo. Estoy muy feliz de que hayan ocurrido esos cambios. Pero lo de que las normas, las decisiones importantes y que afectan nuestra vida forman parte del común acuerdo es en la actualidad una simple enunciación retórica. De acuerdo al esquema de McConkie, el Rey últimamente toma decisiones pero los súbditos no son consultados…

John A. Widtsoe:

“Cada oficial del Sacerdocio o las organizaciones auxiliares, aunque nombrado apropiadamente, mantiene su posición en la Iglesia sólo con el consentimiento de la gente. Los oficiales pueden ser nombrados por la Presidencia de la Iglesia, pero, a menos que el pueblo los acepte como oficiales, no pueden ejercer la autoridad de los oficios a los que han sido llamados. Todas las cosas en la Iglesia deben hacerse por común acuerdo. Esto convierte a la gente, hombres y mujeres, bajo Dios, en los gobernantes de la Iglesia. Aún el Presidente de la Iglesia, antes de cumplir plenamente sus obligaciones, o continuar en su oficio, debe ser sostenido por las personas… Esto da a cada miembro la oportunidad de votar a favor o en contra de los oficiales…” (Priesthood and Church Goverment, pag. 238)

Uno escucha relatos, sobre todo de las comunidades rurales de fines del siglo XIX y comienzos del XX, en los que Autoridades Generales que viajaban a Conferencias de Estaca veían sus propuestas sobre Obispos o Presidencias de Estacas rechazadas una y otra vez y cómo negociaban con los miembros hasta hallar al indicado que, en ocasiones, ni siquiera estaba presente. Por ese entonces se aceptaba que esa era una de las muchas alternativas por las que se “manifestaban los misteriosos caminos del Señor”.

Alguien podría decirme que, obviamente, hemos aprendido a tener más obediencia en la actualidad. Yo lo negaría. No me atrevería a compararme a la fe de los granjeros que luchaban contra una tierra árida y que habían llegado a esos lugares dejando atrás el desprecio de muchos familiares y sus propios muertos por el camino. No, no creo que seamos más obedientes. Sí creo que somos más indiferentes. Y que hemos sido moldeados bajo algunas normas sociales internas según las cuales el levantar una mano en contra está visto como una deslealtad, un oprobio y una puesta en peligro de nuestra salvación por “oponernos a los ungidos del Señor”. No me cabe duda de que es más sencillo conducir a un rebaño que está convencido de eso y no a otro que cree que lo que dice Doctrina y Convenios sigue teniendo vigencia.

No se me escapa el hecho de que con el crecimiento y la diversidad cultural dentro de la Iglesia sería muy difícil consultar a los miembros y obtener su aprobación para cada pequeña medida que se desee promover. Sin embargo, creo que hay un amplio margen de opciones, con los actuales medios de comunicación, para que eso fuese viable en los temas de verdadera importancia.

Hemos pasado de una participación activa y directa a una en la que delegamos toda responsabilidad a las Autoridades sin que nadie nos haya explicado cómo y cuándo fue ocurriendo ese proceso.

La Enciclopedia del Mormonismo, en su referencia al tema, declara:

“La evidencia de relatos sobre las primeras reuniones y conferencias indica que muchos de los líderes de la Iglesia de Nueva Inglaterra sentían que los miembros deberían estar directamente involucrados en reuniones en las que se tomaban decisiones, incluyendo mociones sobre políticas, siguiendo los procederes parlamentarios estándar para reuniones públicas, y votar para decisiones finales. Los miembros individualmente a veces ejercían la prerrogativa de llamar a reuniones, y una vez en sesión, cualquiera tenía el derecho de dirigirse al grupo. La conducción de sus reuniones seguía el modelo congregacional que les era familiar…”.

Esta explicación histórica intenta mostrar que los primeros líderes utilizaron ese método por razones culturales, y no es algo que debamos desestimar, pero entre esos líderes de Nueva Inglaterra estaba Joseph Smith, el Profeta, el cual entendía mejor que nadie los propósitos de Dios, quien parece ser muy claro en DyC 28:10

No has de partir de este lugar sino hasta después de la conferencia; y por la voz de dicha conferencia mi siervo José será nombrado para presidirla, y lo que él te diga, eso dirás”.

En castellano la palabra conferencia puede significar disertación o reunión (y con cierta connotación de pasividad por parte de los asistentes), pero en inglés expresa: a) reunión para consultar o discutir, b) intercambio de puntos de vista, c) reunión de comités para resolver diferencias entre cuerpos legislativos, d) una asamblea de clérigos o clérigos y laicos en un distrito particular dentro de las iglesias Protestantes.

Nuestras conferencias se han ido castellanizando, pues ya no hay en ellas consulta, discusión o intercambio de ideas, más bien reuniones y disertaciones. Los miembros deberíamos estar activamente involucrados en el crecimiento y perfeccionamiento de la Iglesia, y la ley de Común Acuerdo es una de las herramientas más poderosas para lograrlo, cuando opera y no es acallada por la costumbre y la indiferencia.

Los líderes locales deberían tener más participación en la definición de políticas internas que afectan a los miembros. Después de todo, si bien su llamamiento proviene del Señor, no han podido asumirlo plenamente sin el voto de los fieles, por tanto también representan a ellos. He observado con el paso de los años que un creciente verticalismo se ha apoderado de las estructuras eclesiásticas mormonas. Las sugerencias que vienen de arriba hacia abajo (y todos sabemos que tales sugerencias suelen tener las características de mandatos) deben ser cumplimentadas, informadas, medidas y registradas. Mientras que cualquier sugerencia desde abajo hacia arriba suele ser obstaculizada u olvidada por un aparato burocrático acostumbrado a operar en una sola dirección. Algunos han denominado a esta situación Profetocracia o propuesto que el nombre de la institución se cambie a La Iglesia de Jesucristo de las Autoridades Generales. No me sumo a esas iniciativas pero sí reconozco que son indicadoras de los sentimientos de una parte de los miembros.

Finalmente, el ejemplo del Salvador mostró que los Líderes están para servir. Es muy difícil poder servir sin escuchar y es difícil poder escuchar cuando nos cubren las demandas formales de programas y actividades exigidas y cuando no hay un ámbito donde se pueda hablar de temas que no aparezcan en la curricula oficial de la Iglesia.

Algo similar ha ocurrido con los informes sobre las finanzas. Desde 1959 en adelante la Iglesia ha dejado de compartir sus estados financieros (En Canadá y el Reino Unido debe hacerlo pues así lo establece la ley y supongo que en los demás países se ajustará a la legislación que rige).

Pero los miembros, en el Informe del Departamento de Auditorías, sólo sabemos que “se han registrado de acuerdo con los presupuestos, las normas y las prácticas de contabilidad de la Iglesia”. Por supuesto que todos confiamos básicamente en que eso es suficiente. Pero analicemos un par de cuestiones. Cuando se organizó la Orden Unida no podía tocarse una sola moneda sin que todos los integrantes de la Orden diesen su aprobación mediante voto. Se podrá argumentar que siendo la Ley de Diezmos una ley menor, también los procesos administrativos son menores…

El 8 de Julio del 2000, el Deseret News mencionaba que Farm Management Company (una subsidiaria perteneciente a la Iglesia para administrar las propiedades agrícolas) estaba estableciendo reservas de caza en algunas de esas propiedades con la idea de obtener dividendos adicionales cobrando a cazadores pudientes. Si bien la Iglesia no posee ninguna doctrina oficial condenando la caza deportiva es conocido que, a lo largo de un siglo, Profetas como Lorenzo Snow, Joseph F. Smith y Spencer W. Kimball han sido muy duros con respecto a esta práctica. Parecía haber aquí un problema ético irresuelto. El tema se agravaba pues la Iglesia estaba utilizando misioneros regulares para administrar estos sitios. Gracias a la acción de grupos defensores de los derechos del animal, para el 2001 se habían eliminado a los misioneros y contratado administradores pagos, limitado la cantidad de piezas a cobrar y abandonado la práctica de liberar aves enjauladas con la llegada de los cazadores. Primer pregunta: ¿Se podría haber evitado esa situación si los miembros de la Iglesia hubiésemos tenido la oportunidad de votar al respecto?. Segunda pregunta: ¿Cómo se revirtió, aunque sea parcialmente, el daño? Pues porque, además de los activistas de la naturaleza, los propios miembros comenzaron a escribir a sus Obispos y a las Autoridades Generales expresando su disconformidad. La respuesta a ambas preguntas está en un solo lugar: los miembros.

Cuando hace muy poco las Autoridades decidieron invertir u$s 1.500 millones (lo que ellos expresan como 1.5 billions) en un complejo comercial en el centro de Salt Lake para embellecer y promover ese sector, hubo muchas voces locales en contra.  No me cabe duda de que los miembros extranjeros (es decir el 60% de la población actual de la Iglesia) también podrían haber sugerido proyectos alternativos para esos fondos, pero tal oportunidad no existió. En Salt Lake y sus regiones inmediatas viven menos de 500.000 mormones, lo que representa hoy el 3% del total de miembros. Por supuesto que es la capital religiosa y administrativa de la Iglesia, allí viven las Autoridades y es visitada anualmente por millones de otros mormones y turistas. No estoy en contra del emprendimiento en sí, sino de la poca oportunidad que los miembros tienen para opinar.

Tampoco tienen demasiada oportunidad de saber. Todos hemos escuchado hablar de Deseret Books Co. y de Deseret News Publishing Co., las empresas editoriales de la Iglesia o del ala educativa de BYU en Utah, Idaho y Hawai. Quizás también de Beneficial Financial Group, a cargo de Seguros e Inversiones y de Bonneville International Corporation, en el área de Comunicaciones. Pero ¿Han oído hablar sobre Deseret Management Corporation, AgReserve  o el Polynesian Cultural Center? Es posible que si le preguntan a su Obispo o Presidente de Estaca tampoco les pueda responder. No es información que esté disponible. Hace falta la consulta a un periodista de investigación especializado como Caroline Winter, de Bloomberg, para comenzar e entender la compleja organización de negocios de la Iglesia.

Hawaii Reserves, por ejemplo, posee más de 3.000 hectáreas en Oahu, donde mantiene edificios residenciales y comerciales, parques y dos cementerios. El PCC (Polynesian Cultural Center) es un parque temático tropical de 17 hectáreas en las costas de Oahu con luaus, paseos en canoa y visitas a siete aldeas polinesias simuladas. El ticket general cuesta u$s 49,95 y el Vip u$s 228,95. En 2010 el Centro colectó unos u$s 70 millones.

No es el propósito de este artículo analizar las finanzas de la Iglesia ni los métodos gerenciales para administrarlos, los que a partir del programa de Correlación comenzaron a “aplicar prácticas gerenciales que eran comunes en el mundo de negocios norteamericano” (Edward L. Kimball – hijo del Presidente Kimball – en su biografia, Lengthen Your Stride: The Presidency of Spencer W. Kimball, Salt Lake City, 2005, Deseret Book, pag. 249). Sólo señalar que los Santos de los Ultimos Días no tienen participación activa en ellas. Es una repetida frase en la iglesia que cuando alguien delega autoridad en otro no debe interferir con esa delegación pero sí debe supervisar y controlar. Los miembros no tenemos forma de hacer eso con el poder que delegamos a las autoridades superiores.

En un folleto publicado en 1971 bajo el título de Common Consent por Bruce R. McConkie sobre el tema, en el punto 4 puede leerse:

“Los asuntos generales de la Iglesia no pueden tramitarse en secreto. Ningún hombre, por lo tanto, puede ser designado para conducir la Iglesia o llevar adelante ningún supuesto gran programa para la salvación del hombre. El Señor lo ha decretado de otro modo. Las Conferencias deben tramitar los asuntos de la Iglesia”.

Nos advierte DyC 121:39

“Hemos aprendido por tristes experiencias, que la naturaleza y disposición de casi todos los hombres, en cuanto reciben un poco de autoridad, como ellos suponen, es comenzar inmediatamente a ejercer  injusto dominio”.

Joseph está hablando sobre “casi todos los hombres” de la Iglesia. ¿Qué nos hace creer que la naturaleza y disposición humana ha cambiado tanto entre el siglo XIX y el XXI?

Las Autoridades deberían estar brindándonos “conocimiento puro” sobre estos menesteres con “mansedumbre, benignidad, persuasión, longanimidad y amor sincero” pues son los únicos métodos por lo que se puede mantener “cierto poder o influencia en virtud del sacerdocio” (DyC 121:41-42). No ocultándolo.

El propio Joseph Smith lo tomó en cuenta hace años:

“El hecho es que debe existir un balance o equilibrio de poder entre el Obispo y la gente, y de ese modo la armonía y la buena voluntad podrán preservarse entre ustedes” (History of the Church, 1:364)

Ese equilibrio debe existir no sólo entre obispos y miembros sino también entre Presidentes de Estaca y Autoridades Generales. El nuestro no es un sistema parlamentario por el que elegimos a nuestros representantes y de allí en adelante únicamente ellos toman las decisiones. El hecho de que casi semanalmente se nos planteen relevos y sostenimientos  muestra que no es así. Cuando un miembro de un obispado o de un sumo consejo propone un nombre no nos está diciendo que ya fue elegido, nos está haciendo una propuesta, una nominación por la cual deberemos votar.

Tengo en claro que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días es dirigida por Jesucristo y también por los miembros. Con respecto a La Corporación del Obispado Presidente tengo en claro que no le corresponde a los miembros saber, ser informados o preguntar sobre su accionar. Sólo confío en que a Jesucristo se le permita…

Las sutiles sugerencias de que sólo “faltas muy graves” de los candidatos admiten un voto negativo o de que tal manifestación pone en peligro nuestra propia salvación, además de acarrearnos el ostracismo social de nuestra comunidad, parecen formas sofisticadas de modificar, transformar y recortar el principio del Común Acuerdo. Según lo poco que sabemos de nuestra vida anterior, el Padre otorgó ese don y beneficio y el único que intentó quitarlo fue Lucifer.

Como lo expresé al iniciar el artículo, éstas son sólo reflexiones personales. No tengo una definición al respecto. Dejar de pagar los diezmos, inactivarnos o comenzar a votar todas las propuestas en negativo no me parecen actitudes conducentes ni maduras. Cuando me bauticé (hace ya 55 años) contraje algunos compromisos con mi Padre Celestial. Es mi intención cumplir con ellos hasta donde mis fuerzas y debilidades me lo permitan, aunque no esté de acuerdo con cada detalle y política de la institución que nos engloba.

El himnario que utilizamos en nuestras reuniones ha sufrido algunos cambios a lo largo del tiempo. Una de las más notables fue en 1948 cuando el registro se bajó un semitono. Otra en 1985 cuando descendió un tono entero. En términos de la voz humana un tono y medio es un intervalo muy importante. La explicación dada incluía el facilitar el canto ya que las melodías eran muy agudas. En realidad, el objetivo del Comité de Música de la Iglesia era otro, con el visto bueno de algunas Autoridades: colocar los himnos en una tesitura en la que se hiciese más difícil el canto a cuatro voces. Tanto en 2002 como en 2011 hubo intentos de confeccionar himnarios para que el canto fuese al unísono. Afortunadamente, desde mi punto de vista, no prosperaron. ¿Por qué no? Porque en 2004 se creó el Unison Hymn Singing Pilot Project para evaluar entre la población universitaria de BYU la posibilidad de cantar a una sola voz. Los resultados fueron contundentes: los mormones no queremos hacerlo. Preferimos cantar en armonía. Esto hizo dar marcha atrás con los proyectos de una nueva modificación del himnario.

Me parece un caso paradigmático, no sólo porque de algún modo se consultó a los miembros, sino porque simbólicamente revela que nos gusta la diversidad, el enriquecimiento y la armonía. No deseamos marchar al sonido de una sola voz…

Entre las muchas historias de J. Golden Kimball existe una en la que, al participar de una Conferencia de Estaca y efectuar los sostenimientos, observó que los miembros respondían a las propuestas de forma automatizada. Entonces propuso el traslado de una montaña de las cercanías a otro lugar. Algunas manos distraídas se levantaron a favor… por lo que la Autoridad aprovechó para dar un sermón sobre la importancia del común acuerdo. Es posible que, a partir de entonces, haya nacido el dicho “Recuerde que al levantar la mano usted no se está desperezando, está votando…”

Los que creen que todo está bien en Sión sírvanse expresarlo levantando la mano derecha…

Por la negativa, mediante la misma señal…

Jo, Jo, Jo… Una helada brisa desde el Polo Norte

De la Vida Mormona

Jo, Jo, Jo…

Una helada brisa desde el Polo Norte

"Haciendo una Lista" por el pintor mormón Greg Olsen

“Haciendo una Lista” por el pintor mormón Greg Olsen

Por Mario R. Montani

San Nicolás, Santa Claus, Papá Noel o el Viejito Pascuero son algunos de los nombres que el personaje ha tomado en diferentes regiones y momentos.

Nicolas de Bari por Giaquinto Corradi

Nicolas de Bari por Giaquinto Corradi

El origen del personaje parece haber estado en la figura de San Nicola di Bari, obispo que vivió en el siglo IV. Nicola nació en Patara, región de Licia en Anatolia (actualmente territorio de Turquía). Desde niño se destacó por su generosidad y carácter piadoso. Al morir sus padres repartió su fortuna a los necesitados y se fue a Myra, donde sería consagrado obispo. Según la leyenda, San Nicolás repartía bienes entre los pobres y proporcionaba dotes a las jovencitas para que pudieran casarse y evitar el camino de la prostitución. Es conocido en oriente como San Nicolás de Myra (ya que allí murió) y en occidente como San Nicolás de Bari, pues con la invasión musulmana sus restos fueron trasladados a esa ciudad italiana. Se convirtió en patrono de varias causas: los niños, los pobres y las prostitutas.

Versiones antiguas de Papá Noel

Versiones antiguas de Papá Noel

Durante la Edad Media la gente comenzó a conmemorar su historia dando regalos a los niños el 6 de Diciembre. En los países protestantes, Nicolás fue perdiendo su calidad de obispo aunque mantuvo su rol de portador de regalos. Se lo llamó Sinterclaus o Santa Claus y su fecha se llevó al 25 de Diciembre.

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En el norte de Europa, la figura fue modificada por su asimilación con deidades de la tradición germánica, en particular Odin, gobernante de Asgard. Odin solía ser representado con una larga barba blanca y dirigiendo una partida de caza por los cielos en su caballo de ocho patas, Sleipnir. Durante el invierno, los niños colocaban sus botas cerca de la chimenea, llenándolas de paja y zanahorias como ofrendas para Sleipnir y eran recompensados con regalos en esos calzados. La práctica se mantuvo aún con la llegada del cristianismo.

E.B.Smith, 1908, Santa Claus and all about him

E.B.Smith, 1908, Santa Claus and all about him

Cuando los holandeses arribaron al Nuevo Mundo y poblaron la zona de New Amsterdam, trajeron consigo a Sinterklaas y el hábito de dejar los zapatos para ser llenados de regalos.

Santa Claus por Norman Price, 1927

Santa Claus por Norman Price, 1927

El escritor Washington Irving en 1809 describió a este personaje en su versión holandesa, pero la verdadera popularidad llegó con el poema de Clement C. Moore, A Visit from St. Nicholas (Una visita de San Nicolás) que se hizo más conocido con el nombre del primero de sus versos, Twas the Night Befor Christmas (Era en Nochebuena). Eventualmente, Santa Claus se incorporó a la literatura. C.S. Lewis lo incluyó en sus Crónicas de Narnia y Ray Bradbury en Los Desterrados, una de las historias de su colección “El Hombre Ilustrado”.

Santa, Joseph C. Leyendecker

Santa, Joseph C. Leyendecker

El aspecto físico de Santa Claus fue variando con los años hasta adquirir los rasgos que hoy le conocemos, en buena parte gracias al trabajo de ilustradores como Joseph Lyendecker, Norman Rockwell y Haddon Sundblom. Después de la Segunda Guerra Mundial y en los años ’50 la figura de Papá Noel se internacionalizó.

Norman Rockwell, 1926

Norman Rockwell, 1926

En las últimas décadas ha surgido una controversia, fuera de los EEUU y los países nórdicos, sobre el uso comercial de la figura, también sobre su no existencia o la poca representatividad como símbolo cristiano. No han faltado quienes la objetan como intrusión cultural.

Haddon Sundblom, 1945

Haddon Sundblom, 1945

Para traer un poco de equilibrio a la discusión me permito presentar algunos párrafos de Autoridades Generales que se han ido acumulando con el paso del tiempo.

“¡Hay personas que tienen objeciones sobre Santa Claus porque él no existe! Tales personas necesitan anteojos para lograr ver que Santa Claus es un símbolo; un símbolo del amor y gozo de la Navidad y el espíritu navideño. En mi tierra natal no había Santa Claus, pero se empujaba una pequeña cabra en el cuarto, portando una cesta con juguetes y regalos navideños. La cabra en sí misma no significaba nada; pero el espíritu de la navidad, que representaba, significaba muchísimo”. John A. Widtsoe (El Elder Widtsoe nació en Noruega)

Clara M. Burd, Niños visitando a Santa

Clara M. Burd, Niños visitando a Santa

“Es glorioso tener al Viejo San Nicolás en nuestros corazones y hogares hoy, ya sea que ingrese por la puerta abierta o se deslice por la chimenea en la Nochebuena. Llevar felicidad a otros sin buscar honores o reconocimiento personal es una virtud muy loable… El buen San Nicolás hace mucho que siguió el camino de todos los mortales, pero el gozo que experimentó al realizar actos de bondad es ahora compartido por millones, que están aprendiendo que la verdadera felicidad viene únicamente por hacer a otros felices – la aplicación práctica de la doctrina del Salvador de perder la vida propia para realmente ganarla. En resumen, el espíritu de la Navidad es el espíritu de Cristo, que hace que nuestros corazones resplandezcan con amistad y amor fraternal y nos induce a actitudes amables de servicio”. (David O. McKay)

A. Michalik, 1976

A. Michalik, 1976

“Deseo enfatizar que no tengo ningún conflicto con el caballero bien alimentado, del traje rojo y blanca barba. Fue muy generoso conmigo de niño, y anhelamos con gran expectación su visita a nuestro hogar. Todas las cosas relacionadas con la Navidad son buenas y apropiadas, y son todas para los niños – con excepción, supongo, del muérdago”. Boyd K. Packer, 1962, Devocional en BYU (La referencia al muérdago tiene que ver con la tradición de que, bajo sus hojas, los varones pueden robar un beso a las jóvencitas)

Scott Gustafson, San Nicoals en su estudio

Scott Gustafson, San Nicolas en su estudio

“¿Cómo observamos hoy la Navidad? La leyenda de Santa Claus, el árbol de Navidad, los decorados de oropel y muérdago, y la entrega de regalos, todo expresa el espíritu del día que celebramos; pero el verdadero espíritu de la Navidad yace mucho más profundo que todo eso. Se encuentra en la vida del Salvador, en los principios que enseñó, en Su sacrificio expiatorio – que han llegado a ser nuestra mayor herencia.” (Howard W. Hunter – Devocional de 1972 en BYU)

Scott Gustafson, 1993 La Historia de Santa Claus

Scott Gustafson, 1993 La Historia de Santa Claus

“El recuerdo de esa primer Nochebuena nos traerá a Santa Claus a Frosty y a Rudolph – y todos serán bienvenidos. Pero al comienzo y para siempre jamás había sólo una pequeña familia, sin juguetes ni árboles ni oropel. Con un niñito – así comenzó la Navidad”. (Jeffrey R. Holland, Without Ribbons and Bows, Ensign Diciembre 1994)

Scott Gustafson 1993 La Historia de Santa Claus

Scott Gustafson 1993 La Historia de Santa Claus

“Como niño, me encantaba ir a la cañada a cortar un árbol de navidad, y siempre intentaba conseguir uno que llegase hasta el cielorraso. Aunque recibíamos pocos regalos, nuestras medias se llenaban con frutas, nueces y dulces, y Santa siempre nos dejaba algo. Como todos los niños, sufríamos con nerviosa anticipación la época navideña, hasta que encontramos el disfraz de Santa Claus en el fondo de un viejo arcón. De pronto el secreto se había develado. Esa era la razón por la que nuestro papá se encontraba fuera cumpliendo algún encargo cuando Santa llegaba la mañana de Navidad”. (Ezra Taft Benson, The Joys of Christmas)

Scott Gustafson, 1993 La Historia de Santa Claus

Scott Gustafson, 1993 La Historia de Santa Claus

Agreguemos una voz femenina en la presencia de Ardeth G. Kapp, Presidenta General de las Mujeres Jóvenes:

“Nuestra familia ha establecido ciertas tradiciones familiares. Cada Nochebuena, nos reunimos en derredor del árbol de Navidad. Con las luces bajas y el fuego ardiendo en el hogar, nos hacemos la pregunta nuevamente, la pregunta más importante del año, “¿Es posible que creamos por un año más?” – no sólo creer en las tradiciones de la niñez con Santa Claus y los renos, sino mucho más importante, en el mensaje del nacimiento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, cuyo cumpleaños celebramos”. (Christmas Remembered, New Era, Diciembre 1988)

No es difícil distinguir que todas las citas corresponden a personas que se han criado en el hemisferio norte, por lo que las tradiciones navideñas provienen de su sociedad en la que han estado inmersos desde temprana edad.

¿Hace esto que los miembros de la Iglesia debamos automáticamente incorporar a Santa Claus en nuestros festejos?… La respuesta es un rotundo NO

Cada pueblo ha desarrollado su propia variante de esas tradiciones, como tan claramente lo dejaba traslucir el Elder Widtsoe, y está bien que nos sumemos a ellas en la medida que se mantengan dentro de los límites morales y de buenas costumbres a los que aspiramos.

Hace exactamente 60 años atrás, en 1945, el novelista y ganador del Pulitzer, Booth Tarkington, escribió una reflexión sobre su relación con cierta obra de arte, a la que denominó Christmas This Year.

Ocurrió que varios años antes había adquirido en New York una pintura del Renacimiento Florentino subastada a un precio por debajo del real. Pertenecía a Sebastiano Mainardi (1460-1513), artista italiano, y representaba a la virgen con el niño acompañada por dos santos. Una vez colgada la obra en su casa, decidió investigar sobre la identidad de esas personas del pasado. La figura femenina, sosteniendo un libro, era Santa Justina, pero no le resultó fácil identificar al otro, anciano, de barba, delgado, y portando hogazas de pan. Con el paso del tiempo y la ayuda de especialistas, pudo determinar que se trataba de Nicolás de Bari.

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En palabras del propio Tarkington:

“Una cosa era segura: este antiguo caballero poseía una inmensurable compasión. Estaba marcada en su expresión. Una profunda tristeza por el mundo subyacía tras su piadosa mirada; era visiblemente alguien que sufría menos por sus propias angustias que por las de otros… Se trataba de San Nicolás de Bari, y sus cuatro hogazas de pan representaban su generosidad, su capacidad de dar. Con el paso del tiempo, y a medida que las leyendas crecen y cambian, de esta figura triste y preocupada surgió un símbolo jocoso y hogareño. Nicolás de Bari se transformó en el Viejo San Nick, Kris-Kringle y Santa Claus.

Aquel preocupado e infeliz, ahora baja riendo por la chimenea, gordo y alegre, para ser la inspiración jovial de nuestra más festiva época del año. Decimos que el tiempo lo cambió, logró la metamorfosis; pero fuimos nosotros – la gente – quien lo hizo. El tiempo sólo nos hizo olvidar que San Nicolás era un hombre apenado. Mainardi colocó una fecha en la pintura. Se ve muy clara en uno de los escalones del trono de la virgen – 1507. En la larga marcha de la humanidad, los cuatrocientos treinta y ocho años que han transcurrido desde que el pintor toscano finalizó su pintura es sólo un suspiro. San Nicolas, tal como lo conocemos hoy, nuestro alegre y resonante amigo, una diversión para los niños, puede volver a transformarse en el más triste de los santos, algún día. Lo que nos hizo convertirlo en un resplandeciente Santa Claus fue el conocimiento de que el mundo se había tornado más amable que en 1507. San Nicolás de Bari conoció un mundo cruel. La Navidad de este año necesita su imagen transfigurada – la del alegre que es feliz porque el mundo ha aumentado en sabiduría, y amabilidad”.

Es posible que Booth Tarkington, quien murió al año siguiente de ese escrito, haya sido demasiado optimista. La Segunda Guerra Mundial acababa de terminar y se esperaba un nuevo comienzo … que aún tarda en llegar.

La forma que decidamos darles a nuestras celebraciones es lo de menos siempre que tengamos en claro que son un símbolo de otra cosa, la verdaderamente importante.

Santa Claus, 1959

Santa Claus, 1959

Finalmente, ni Santa Claus, ni el árbol ni los adornos tienen mucho que ver con el nacimiento de Cristo, a menos que decidamos que sí tienen que ver, y los convirtamos en una metáfora de esos festejos.

Algunos han supuesto que utilizar una figura ficticia e insistir en su real existencia hará que los niños pierdan confianza en los padres, al descubrir la verdad. Personalmente, creo que la niñez posee una habilidad especial para distinguir, discernir e interactuar con los mundos reales e imaginarios sin que eso afecte su crecimiento y desarrollo emocional. Todo lo contrario. Es posible que tal habilidad sea imprescindiblemente necesaria para ese desarrollo.

Crecí con la figura del anciano rollizo y jocoso formando una parte importante de mi vida y recuerdo con cariño las navidades pasadas en la magia expectante de su visita. Sin embargo, tengo en claro que es sólo una opción…

Greg Olsen, "El Espíritu de la Navidad"

Greg Olsen, “El Espíritu de la Navidad”

 

 

JOSEPH FIELDING SMITH Y LA LUNA (Entre críticos poco amorosos y amantes poco críticos)

De la Vida Mormona

JOSEPH FIELDING SMITH Y LA LUNA

(Entre críticos poco amorosos y amantes poco críticos)

LA LUNA
Jorge Luis Borges

Hay tanta soledad en ese oro.
La luna de las noches no es la luna
que vio el primer Adán. Los largos siglos
de la vigilia humana la han colmado
de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.

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Por Mario R. Montani

Debería comenzar este texto reseñando la importancia del Presidente Smith en mi vida intelectual y aún emocional. Mi niñez y primera juventud en la Iglesia fueron marcadas por sus enseñanzas. Con ayuda de mi hermana consumí ávidamente su “The Way to Perfection” (1931) que estaba en la biblioteca familiar como herencia de mi abuelo. Luego vinieron las traducciones de su recopilación de “Las Enseñanzas del Profeta José Smith”, los “Elementos Esenciales en la Historia de la Iglesia” y los tres tomos de “Doctrina de Salvación”. Tenía muy en claro que era el Presidente del Quorum de los Doce, que era un estudioso de las Escrituras, un teólogo y también un historiador. En el álbum de fotos de mi madre teníamos una imagen suya compartiendo una sesión del Club de los Che, formado por los ex misioneros que habían servido en Argentina, quienes se reunían para tomar mate y compartir experiencias.

Cuando falleció el Presidente McKay fue toda una conmoción. Nunca había conocido a otro Profeta y pensaba que él viviría para siempre. Pero la tristeza se alivió parcialmente cuando Joseph Fielding ocupó su lugar. Conocía a este hombre. Leía sus discursos y enseñanzas y lo sentía cercano. Había visitado mi ciudad, un lugar en la periferia del mundo. De hecho, conservo con especial cariño mi llamamiento a la Misión firmado de su propio puño y letra.

En la primera edición de sus Answers to Gospel Questions (Respuestas a Preguntas del Evangelio) (1957), Joseph Fielding escribió:

“El Salvador declaró que precediendo su venida habría señales en los cielos. Sin duda existirá la apariencia de conmoción entre los cuerpos celestiales. Nos informan las profecías que la tierra se sacudirá. Esto podría lograr la apariencia de que las estrellas están cayendo. El sol se oscurecerá y la luna parecerá de sangre. Todas estas maravillas tendrán lugar antes de la venida de Cristo. Naturalmente, los prodigios en los cielos creados por el hombre se sumarán a las señales que se han predicho – los aeroplanos, los misiles dirigidos, y los pequeños planetas creados por humanos que circunvalan la tierra. Tengan en mente, sin embargo que esos planetas de origen humano pertenecen a la tierra, y es dudoso que al hombre se le permita construir cualquier instrumento o nave para visitar la luna u otros planetas distantes” (Joseph Fielding Smith, Answers to Gospel Questions (1º Edición) (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1957), 2:190-191)

Hasta aquí, el Presidente Smith plantea una válida duda sobre los viajes espaciales. Pero algunos años más tarde, el 14 de mayo de 1961, durante una conferencia de estaca en Honolulu, reafirmó sus aseveraciones:

“Jamás llevaremos al hombre al espacio. Esta tierra es la esfera del hombre y nunca se planeó que se alejara de ella. La luna es un planeta superior a la tierra y nunca ha estado en los planes que el hombre vaya allí. Pueden escribir en sus cuadernos que eso nunca ocurrirá”. (D. Michael Quinn, Elder statesman: A Biography of J. Reuben Clark (2002), pag. 498)

¿Por qué diría Joseph Fielding algo así el mismo año en que tanto Rusia como EEUU colocarían hombres en el espacio y a punto de iniciarse la carrera que llevaría a seres terráqueos a la Luna?  Sin duda porque estaba convencido de ello.

Su nieto, Joseph Fielding McConkie, ha escrito:

“Con respecto al tema de los hombres en la luna, estuve presente al menos en una ocasión cuando el Presidente Smith lo dijo. Fue en un almuerzo dominical en nuestra casa. Mi otro abuelo, Oscar W. McConkie, le preguntó al Presidente Smith si él pensaba que el Señor nos permitiría ir a otros mundos y comunicarnos con las personas que allí viviesen. El Presidente Smith indicó que no lo creía. Razonó que dado que la expiación de Cristo operaba en esta tierra pero se aplicaba a todas las creaciones del Padre, nuestra llegada a otros mundos para descubrir que poseían el mismo Salvador y el mismo plan de salvación haría innecesaria la aceptación del evangelio por la fe. Para enfatizar su punto de vista dijo, ‘No creo siquiera que el Señor permitirá que los hombres vayan a la luna’. Yo estaba de acuerdo con el razonamiento del Presidente Smith y sigo estándolo. Lo que dijo, a mi juicio, era correcto. La ilustración que utilizó para dramatizar su punto de vista se ha demostrado errónea. Pero no lo que intentaba explicar”. (Joseph Fielding McConkie, “On Second Thought: Growing up as a son of Bruce R. McConkie”.)

Joseph Fielding Smith fue siempre dogmático y literalista, independientemente de las muchas cosas buenas que llevó a cabo en su vida. Desconfiaba de la ciencia y de las consecuencias que la tecnología tendría en la vida de las personas. Se había enfrentado duramente con los evolucionistas en una batalla en la que la Iglesia jamás tomó partido. Opinaba que el intelectualismo, tanto dentro como fuera de la Iglesia, traería problemas a la sencilla fe de muchos miembros.

Según el Dr. Michael Quinn en el Apéndice 5 de su obra “The Mormon Hierarchy: Extensions of Power”, pag. 848, en 1962, Joseph Fielding Smith instruyó privadamente a los encargados del programa Educativo para que su declaración se incorporase al material de Seminarios. Al no constatarse la incorporación ni tener otra fuente, no puedo asegurar que eso haya ocurrido realmente, pero sí existen suficientes testimonios como para confirmar que él creía lo que declaró.

El 20 de Julio de 1969 los astronautas de la Apolo 11 caminaron sobre la superficie lunar. Seis meses más tarde, Joseph Fielding Smith asumía como Presidente de la Iglesia. En la conferencia de prensa posterior a su asunción se le preguntó sobre sus declaraciones astronómicas. El Presidente Smith contestó sinceramente:

“Bien, parece que estaba equivocado ¿verdad? (Conferencia de Prensa del 23 de enero de 1970, reminiscencia personal de David Fansworth publicada en FAIR, 21 de Noviembre 2010)

El 14 de Septiembre de 1971, los astronautas de la Apolo 15 visitaron Salt Lake y entregaron a la Presidencia de la Iglesia una pequeña bandera del Estado de Utah que había realizado el viaje Tierra-Luna-Tierra y también había participado en la exploración vehicular sobre la superficie de nuestro satélite (Deseret News, 14 de Septiembre 1971)

Un problema con la postura original de Joseph Fielding parece ser que nunca consideró la posibilidad de la visita a mundos no habitados, cuando la ciencia ya daba certezas de que, al menos en el sistema solar, los planetas conocidos tenían esa característica. Pudo haber influido allí tanto su desconfianza en la ciencia como algunas opiniones de líderes del pasado.

Por ejemplo, Brigham Young, en Journal of Discourses, Vol. 13, pag. 271 del 24 de Julio de 1870:

“Les diré quienes son los verdaderos fanáticos: son aquellos que adoptan falsos principios e ideas como si fuesen hechos y establecen una superestructura sobre fundamentos falsos. Ellos son los fanáticos; y sin importar cuán ardientes y celosos sean, podrán razonar y argumentar hasta el día del juicio, pero el resultado será falso. Si nuestra religión tiene esas características nos gustaría que lo supieseis; también nos gustaría hallar a un filósofo que nos lo probase. Se nos llama ignorantes; así que lo somos, pero ¿qué hay con eso? ¿No somos todos ignorantes? Yo creo que sí. ¿Quién puede hablarnos sobre los habitantes de ese pequeño planeta que brilla en las noches, llamado la luna? Cuando observamos su faz podemos ver lo que se ha dado en llamar “el hombre en la luna”, lo que algunos filósofos declaran como la sombra de las montañas. Estas declaraciones son vagas y casi no aportan nada; pero cuando uno pregunta sobre los habitantes de esa esfera se da cuenta que los más instruidos son tan ignorantes como el más ignorante de sus semejantes. Lo mismo ocurre con los habitantes del sol. ¿Piensan que está habitado? Yo creo que sí. ¿Creen que hay algún tipo de vida allí? Sin duda; no fue hecho en vano. Se formó para dar luz a aquellos que lo habitan, y a otros planetas; y así lo hará esta tierra cuando sea celestializada”

O este artículo publicado en The Young Woman’s Journal, Vol. 3, pags. 263-264, del 6 de Febrero de 1892, por Oliver B. Huntington, bajo el título Nuestro Capítulo Dominical:

“Casi todos los grandes descubrimientos de la humanidad en la última mitad de siglo, han contribuido de un modo u otro, directa o indirectamente, a probar que Joseph Smith fue un Profeta. Tan atrás como en 1837, yo sé que él declaró que la luna estaba habitada por hombres y mujeres al igual que la tierra, y que vivían hasta una edad más avanzada que la nuestra – generalmente se acercaban a los 1000 años. Describió a los hombres como de una altura promedio de seis pies, y que se vestían de modo uniforme, similar al de los cuáqueros. En mi bendición patriarcal, dada por el padre de Joseph el Profeta, en Kirtland, en 1837, se me dijo que predicaría el evangelio antes de los 21 años, que lo predicaría a los habitantes de las islas del mar, y a los habitantes de la luna, el planeta que pueden contemplar con sus ojos. Las primeras dos promesas se han cumplido, y la última puede verificarse. Del cumplimiento de dos promesas uno puede razonablemente esperar que se cumpla la tercera también”.

Al no haber otros testimonios que confirmen las palabras de Huntington, uno puede guardar cierta suspicacia sobre su veracidad. Pero hay dos cosas que no podemos eludir: que su bendición patriarcal debe estar registrada en la Oficina del Patriarca General de la Iglesia y que tanto The Young Woman’s Journal como el Journal of Discourses eran publicaciones y registros oficiales de la Iglesia. Nadie, a través de los mismos medios u otros, negó las afirmaciones allí contenidas.

De modo que es muy posible que el Apóstol Joseph Fielding Smith se estuviese basando en estas opiniones previas para fundamentar las suyas propias.

Por supuesto, no faltaron críticos que lo calificaron de profeta caído. De que al haberse equivocado en eso, en cuántas otras ocasiones lo habría hecho, etc, etc.  Tampoco faltaron los “fieles” miembros que respondieron con su tradicional sin razón: que la historia jamás había ocurrido, que era todo un invento, que Smith era “sólo” un Apóstol en aquella ocasión, no aún el Presidente de la Iglesia, pues de otro modo no se hubiese “equivocado”, que era nada más que una opinión y no una afirmación, etc, etc…

El eminente educador John W. Gardner observó en cierta ocasión:

“Las instituciones del siglo veinte se han visto atrapadas en un salvaje fuego cruzado entre los amantes poco críticos y los críticos poco amorosos. Por un lado, aquellos que aman sus instituciones tienden a ahogarlas en un abrazo mortal, amando más sus rígidas ataduras que sus promesas, protegiéndolas de la crítica que da vida. Por el otro lado, surgió una raza de críticos sin amor, especializados en la demolición pero poco entrenados en las artes por las que las instituciones humanas se nutren, fortalecen y pueden florecer. Entre ambos, las instituciones perecen. El amor sin crítica produce estancamiento, y la crítica sin amor trae destrucción…

Me pareció que era una acertada y sabia apreciación de lo que nos ocurre también en la Iglesia. Quizás no podamos lograr que los críticos poco amorosos cambien. Sin duda que, con negación, desinformación y explicaciones pueriles, sólo les daremos nuevo y más rico material para continuar con sus críticas…

Pero hay mucho que podemos hacer como amantes un poco más críticos de nuestras instituciones. Es tan sencillo reconocer que nuestras autoridades se han equivocado en algún aspecto en el pasado y que probablemente lo harán en el futuro, pues tenemos una doctrina de falibilidad vigente. Con sólo eso dejaríamos a los críticos poco amorosos con la mitad de las municiones que preparan inservibles. Las equivocaciones humanas no cancelan los llamamientos divinos. No lo hicieron con Pedro ni con Abraham ni con Joseph Smith. Para cualquiera de las otras excusas que solemos presentar es posible encontrar ejemplos que las nieguen. Contra la falibilidad humana no hay argumentos…Todos somos falibles.

Hace ya muchos años, en Agosto de 1985, el Elder Dallin Oaks, instruyendo a los oficiales del Sistema Educativo de la Iglesia, declaró:

“El balance se halla al contar ambos lados de una situación. Pero esta no es la misión de la literatura oficial de la Iglesia ni la de la declaradamente llamada literatura anti mormona. Ninguna de las dos tiene la responsabilidad de presentar ambos lados”.

Me permito disentir cordialmente con las opiniones del Elder Oaks. Es posible que la literatura crítica a la Iglesia no sienta ninguna responsabilidad de presentar los pro y los contras de cualquier situación. La Iglesia sí la tiene, pues posee un compromiso moral con la verdad. Si debemos utilizar los mecanismos de Satanás (medias mentiras, ocultamiento, modificación de datos en ediciones posteriores, impedir el acceso a los registros), para ganar una batalla, es muy posible que estemos perdiendo la guerra. La Iglesia y sus miembros debemos buscar y defender la verdad dondequiera que se encuentre, aunque sea en el campo enemigo… o quizás, más precisamente, cuando se encuentra en el campo enemigo.

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“Del Inglés al Castellano pasando por el Mormonés Básico”

DE LA VIDA MORMONA

 

“Del Inglés al Castellano pasando por el Mormonés Básico”

 

Por Mario R. Montani

Es bastante común que cuando dos culturas y, en particular, dos lenguas, entran en contacto se produzca un proceso de hibridación con resultados novedosos y, en ocasiones, un poco cómicos. De modo que no es extraño que los miembros de la Iglesia, con la influencia por décadas de misioneros y autoridades norteamericanas, hayamos desarrollado nuestro propio “pidgin” o “esperanto” al que algunos han denominado “mormonés básico”.

Supongo que algo similar ocurrirá en otras latitudes con otros idiomas. Eso sería simplemente una nota de color dentro del amplio panorama de la difusión internacional del Evangelio. El conflicto surge porque, simultáneamente, los miembros somos estimulados a expresarnos de modo apropiado y ser buenos ejemplos en el uso de nuestros lenguajes maternos o nacionales.

Del uso del artículo definido

En el idioma inglés no se usa un artículo para introducir el rango, función o (en el caso de la Iglesia) llamamiento de un individuo.

Así escucharemos en inglés

Elder Packard said…

Brother Benson said…

President Monson said…

Que en correcto castellano debería ser:

El Elder Packard dijo…

El Hermano Benson dijo…

El Presidente Monson dijo

Pero en mormonés básico ha pasado a ser una mezcla de ambos:

Elder Packard dijo…

Hermano Benson dijo…

Presidente Monson dijo…

O sea, elidimos el artículo, pensando que de ese modo nos acercamos más a la expresión de las Autoridades o a un supuesto idioma eclesiástico, cuando en realidad estamos hablando un muy mal castellano. La práctica es confusa para los visitantes. Bastante común es que nos produzca gracia cuando les presentamos los misioneros a un investigador: “Este es Elder Smith, este es Elder Johnson…” y la persona presentada dirá: “Ah, tienen el mismo nombre!”. Entonces pasaremos a explicarle que no es así y qué significa la palabra Elder. Pero todo ese proceso no sería necesario si habláramos en correcto castellano y hubiéramos antepuesto el artículo. Cualquier hablante del español, sin ser un filólogo, sabe intuitivamente que la precedencia de ese artículo indica la presencia de un título, cargo, o función, como si dijésemos este es el Padre Marinelli, el Pastor González, o el Rabino Elias.

De los falsos cognados.

En inglés la palabra companionship significa compañerismo pero, simultáneamente, posee la acepción de “pareja” o “grupo de compañeros”. En castellano, esa segunda acepción no existe. Compañerismo, en el idioma de Cervantes, es un sustantivo abstracto que indica el vínculo entre las personas pero no el grupo de personas. De modo que cuando nos referimos a las parejas de misioneros o a los compañeros de orientación familiar como “compañerismos”, creemos imitar el idioma universal de la Iglesia o tal vez de los cielos, pero estamos hablando un defectuoso castellano. Si bien el uso de “parejas” podría tener hoy alguna connotación no deseada, creo que el simple “compañeros” sería correcto y alejaría cualquier duda. Este tipo de errores ocurre por la presencia de los denominados “falsos cognados”, palabras que poseen una grafía o pronunciación similar en ambos idiomas pero no significan exactamente lo mismo. Cognado quiere decir “emparentado” (de allí proviene nuestra palabra “cuñado”, pariente), por lo que se trata de vocablos “falsamente emparentados”. No sólo es nuestra responsabilidad no utilizarlos sino ayudar a los hablantes del inglés a no caer en el fácil error de traducir automáticamente esos falsos cognados.

Por ejemplo, en inglés, la palabra embarrassed significa “avergonzado, turbado o abochornado”. Pero si una misionera traduce de modo automático “I’m embarrassed” por “estoy embarazada” queriendo decir “me siento turbada”, la confusión irá en aumento, pues si bien entre las acepciones castellanas de “embarazo” está la posibilidad de “turbación”, en el uso cotidiano se refiere “estar preñada” o en espera de un hijo. Sin duda, existe toda una variedad de “chistes mormones” basados en esa confusión, no todos de buen gusto.

Si un misionero nos dice que “realizó” algo, nosotros preferentemente entenderemos que “hizo algo”, que “llevó a cabo alguna acción”, pero lo más probable es que quiera transmitirnos que “se dio cuenta” de algo, pues en ingles la palabra realize significa exactamente eso. Son sutilezas de los idiomas que deberemos aprender a conocer para ayudar a los nuevos hablantes y ser más eficaces y amables en nuestra interacción.

En ciertas circunstancias, aún los diccionarios son engañosos. Mi madre nos contaba de alguien que, intentando impresionar a un angloparlante, lo esperaba en su casa con diccionario en mano y, en cuanto éste golpeó a la puerta lo recibió con un:

– Between no more and drink a chair!

Queriendo decir, en español bonaerense:

– Entre nomás y tome asiento!

Pero, al haber buscado las palabras por separado y no haber tenido demasiado en cuenta los significados y acepciones, en realidad dijo algo tan sin sentido como:

– Entre medio de nunca más y bébase una silla!

Las misiones son, probablemente, fuentes inagotables de anécdotas. Uno de mis primeros compañeros me sorprendió al decirle a un investigador: “Ahora es su toca”, queriendo invitarlo a decir la oración. Había escuchado que decíamos: “Ahora me toca a mí” o “Ahora le toca a usted” y había razonado que “toca” era “turno”.

En ese mismo lugar, otra pareja de misioneros (no “compañerismo”) con la que compartíamos nuestro alojamiento, había bautizado a una nueva hermana. Por supuesto, el domingo inmediato posterior al bautismo estaba el compañero mayor en la puerta de la capilla junto a la recién bautizada para ir presentándola orgullosamente a cada miembro de la Rama que llegaba. Pero, al rato, vino a verme, preocupado, pues los jóvenes y señoritas se reían y cuchicheaban cada vez que hacía la presentación. Tenía miedo de que su bautismo lo tomara a mal y no volviera a aparecer por allí. Me paré cerca para observar el procedimiento. El Elder recibía a cada miembro con una sonrisa de oreja a oreja y declaraba:

– Ella es miembra nueva!

Claro, el razonamiento no era tan malo. Había aprendido que la mayoría de las terminaciones masculinas en “o” cambian al femenino con “a” y aplicaba esa regla sin tener en cuenta que había excepciones, pero lo peor era que los maliciosos jóvenes traducían:

Ella es mi hembra nueva!

Algo que el misionero jamás hubiera dicho. De hecho, era una frase bastante “embarazada” pero él no había “realizado” lo que significaba…

 

 

Poniendo las barbas en remojo

De la Vida Mormona 

PONIENDO LAS BARBAS EN REMOJO

“Porque Jehová no mira lo que el hombre mira, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7)

Por Mario R. Montani

Un chiste no mormón pero con bastante conocimiento de nuestras peculiaridades dice que el motivo por el que los varones Santos de los Ultimos Días no usan barba es para que, al pasar a la otra vida, puedan reconocer más fácilmente a Jesucristo.

He usado barba la mayor parte de mi vida. La última vez que me afeité por completo fue hace unos 25 años atrás, por un requerimiento artístico para una ópera. Mi hija menor era pequeña y, aunque reconocía mi voz, cada vez que me miraba se largaba a llorar y se escondía detrás de su madre. Volvía a hablarle y ella se asomaba esperanzada pero al verme irrumpía nuevamente en llanto. ¿Quién era este extraño que había robado la voz de su papá? Decidí entonces que no volvería a afeitarme.

Tengo también algunas otras razones de peso. Una mitad de mi rostro tiene una piel muy sensible y una barba tremendamente dura, lo que hace que no pueda afeitarme cada día sino al menos día por medio, con la consiguiente apariencia de desprolijidad. Además, con el paso de los años, mi papada (barbilla, bocio, papo o sotobarba, como gusten) ha ido adquiriendo un desarrollo autónomo que no la hace precisamente atractiva desde el punto de vista estético. La barba me hace un poco más aceptable y estilizado, o así me gusta creerlo.

Finalmente, no creo que al Salvador o a su Padre les moleste que yo intente emular su apariencia física, ya que fui creado a su imagen y semejanza. Seguramente estarán más preocupados porque trate de imitar algunos otros rasgos de carácter que aún no he logrado incorporar y no por ese pequeño detalle.

Por supuesto, no faltarán opiniones ultra ortodoxas que asegurarán que, si algún miembro de la Deidad nos visitara hoy, sería en impecable traje oscuro, camisa blanca, corbata, totalmente afeitados y con placa identificatoria, pero yo tiendo a resistirlo y  a aceptar la tradicional túnica y manto con barba incluída.

Tres años atrás, mientras me cambiaba en el Templo para comenzar una sesión, un hermano de una provincia norteña en el cubículo vecino me preguntó: “¿Cómo lo dejaron entrar con esa barba? A mí me hicieron cortar una barba de años para poder venir al Templo”. Le respondí con una verdad: nadie me había entrevistado jamás para que me afeitara la barba ni fue un obstáculo en mis llamamientos. También con una especulación: “el día en que deje de escuchar desde el púlpito doctrinas que no forman parte de La Doctrina, y que alguien las detecte y corrija, ese día, tal vez, decida afeitarme”. Intuyo que, por lo que he visto hasta ahora, no hay mucho peligro de que deba poner las barbas en remojo y verme obligado a cumplir tal promesa…

Breve historia de la Barba

¿Qué es esta vellosidad que crece en las mejillas, pómulos, mentón y cuello de los hombres junto a su inseparable amigo superior, el bigote? Salvo que se desarrolla con una constante velocidad de 0,25 mm por día, no es mucho lo que sabemos de ella. Los estudiosos han descartado como función la protección del frío porque las mujeres necesitan tanta o más protección y a ellas no les crece. De modo que en la actualidad las teorías apuntan a una mayor amortiguación de los golpes en el rostro y a ayudar a aparentar un mayor tamaño del hombre (como en el caso de la melena en los leones).

Por tanto, la historia que podamos contar estará siempre ligada a sus usos sociales, culturales o religiosos. En la antigüedad, solía estar relacionada con la sabiduría, virilidad y estatus social.

Los sumerios, asirios y caldeos dedicaban especial cuidado a sus barbas y las rizaban de un modo elaborado. Para los egipcios, el vello en la barbilla, ya fuese real o postizo, era un signo de soberanía.

En la India, las largas barbas simbolizaban dignidad y eran tratadas con veneración. El castigo por libertinaje era el afeitado público de la barba.

Los griegos la tenían como signo de virilidad. Su ausencia era considerada afeminamiento. Los espartanos que mostraban cobardía eran afeitados como castigo. Entre los celtas, la ausencia de vello en el rostro era considerada deshonrosa.

Tanto en el judaísmo como en el Islam la barba ha sido bastante común e importante.

En occidente, la barba desapareció en el siglo XV y reapareció en el XVI. Alternadamente gozó del favor de unos y el desprecio de otros. A mediados del siglo XIX se produjo un auge de barbas. De allí que Dickens, Garibaldi, Lincoln, Marx y Verdi, así como buena proporción de los líderes de la Iglesia del período las mostraran con orgullo.

En los EEUU, el último Presidente con vello facial dejó el poder en 1913 y el último Vicepresidente con esas característicos lo hizo en 1933. De allí en adelante, las barbas han desaparecido del ambiente político norteamericano, lo cual no deja de ser un dato para el tema que tratamos.

La barba volvió a aparecer a mediados de la década de los ’60 como parte de la contracultura promovida por el movimiento hippie. Fueron muy populares hasta fines de los años ’70.

En las últimas décadas del siglo XX y comienzos del XXI  se ha hecho común el uso de la barba candado o una barba completa recortada, aún con la apariencia de dos días sin afeitar pero con un fin estético buscado. Su uso está ampliamente difundido en los ámbitos artísticos, académicos y científicos, aunque también en buena parte de la población.

¿Qué ocurre con la barba mormona?

Desde Brigham Young hasta George Albert Smith, es decir entre 1844 y 1951 (107 años) todos los Presidentes de la Iglesia usaron barba de algún tipo, larga, recortada, grande, pequeña.

Orson Pratt

Orson Pratt

Cuando Heber J. Grant llegó a Inglaterra en 1903, como Apóstol, para hacerse cargo de la Misión, se encontró con que su predecesor había pedido a todos los misioneros que se dejaran crecer la barba como señal de madurez y dignidad. El Apóstol Grant autorizó a afeitarse a aquellos que lo desearan.

Orrin Porter Rockwell

Orrin Porter Rockwell

En 1951 comenzó la administración de David O. McKay quien, personalmente jamás había usado barba y, además, deseaba iniciar cambios en la imagen de la Iglesia. Por más de 100 años las barbas de los profetas se habían relacionado en la opinión pública con una sola cosa: poligamia. De hecho, durante los primeros años de la presidencia de McKay, por viudez o por muerte, fueron desapareciendo los últimos polígamos mormones activos de la Iglesia (entre ellos Edward Eyring, padre de Camilla, la esposa de Spencer W. Kimball y abuelo del actual Apóstol Henry B. Eyring).

De modo que si tuviésemos que buscar los motivos de la desaparición del vello facial entre los mormones tendríamos que encontrarlos entre: el alejamiento del aspecto de los polígamos, la modernización de imagen acercándose a moldes estéticos empresariales y políticos y el comienzo del uso de la barba en grupos de la contracultura y la protesta.

La barba en BYU

En enero de 1949, estudiantes de la Universidad de Brigham Young junto a la “Fraternidad Blue Key” (una sociedad honorífica que reconoce la excelencia en los estudios, liderismo y servicio dentro de  las universidades norteamericanas) establecieron un Código de Honor al cual todo estudiante debería adherirse o sufrir las consecuencias en caso de desobediencia. No hay registro de que durante los primeros 10 años de existencia del Código (1950-1960) existiese una norma con respecto a las barbas. De hecho, cuando la Iglesia organizó Ricks College (hoy BYU-Idaho) se estableció un concurso (1952) por el que los varones se dejaban la barba para ganar un premio.

En diciembre de 1971, el flamante Rector de la Universidad, Dallin H. Oaks, pronunció el siguiente discurso frente a 25000 integrantes del alumnado:

“A diferencia de la modestia,  que es un valor eterno en el sentido de correcto o incorrecto a los ojos de Dios, nuestras normas contra las barbas y el cabello largo son contemporáneas y pragmáticas. Responden a condiciones y actitudes en nuestra sociedad en este particular momento. Los precedentes históricos no tienen validez en esta área. Las normas están sujetas al cambio, y me sorprendería  que no se cambiaran en el futuro. Pero las normas están ahora con nosotros, y es importante comprender el razonamiento detrás de ellas.

En las mentes de la mayoría de las personas de esta época, la barba y el cabello largo están asociados con la revolución y la protesta contra la autoridad. También son símbolo de la cultura de las drogas y el movimiento hippie. Las personas que usan barbas o el cabello largo, ya sea que lo deseen o no, podrían identificarse, emular y honrar la cultura de la droga o las prácticas extremas de aquellos que han hecho de una apariencia desaliñada la insignia de la protesta y el disenso. Además, el descuido en la apariencia – a menudo (aunque no siempre) asociado con las barbas y el cabello largo – es una señal de indiferencia hacia las mejores cosas de la vida.”(Dallin H. Oaks, Standards of Dressing and Grooming, Dic. 1971)

Dos años después, Hugh Nibley, venerado profesor de la institución y una eminencia mundial en varios campos, hizo escuchar su voz:

“Los peores pecadores, de acuerdo a Jesús, no son las rameras y publicanos, sino los líderes religiosos con su insistencia en las ropas y apariencias apropiadas, su cuidadosa observancia de todas las reglas, su preciosista preocupación por los símbolos del estatus, su estricta legalidad, su piadoso patriotismo… el corte de cabello se transforma en una prueba de virtud en un mundo donde Satán engaña y manda por las apariencias” (Waterman, Brian and Kagel, Brian Kagel. The Lord’s University: Freedom and Authority at BYU. Signature Books. 1998. ISBN 1-56085-117-1).

Tengamos en claro varias cosas:  Cuando Dallin Oaks pronunció ese discurso no era una Autoridad General sino el Rector de BYU, sin embargo sus palabras suelen sacarse de contexto tomando en cuenta su actual status de Apóstol, llamamiento que se produjo 14 años después. El discurso estaba dirigido al alumnado de BYU y a su adhesión al denominado Código de Honor, no a la totalidad de la membresía de la Iglesia.

En la actualidad, BYU admite el uso de bigotes en su alumnado y cuerpo de profesores, siempre que no se extiendan por debajo de la línea de la boca, y acepta barbas por razones médicas o por estar participando de producciones teatrales.

Cuando, hace pocos años, un miembro del consejo estudiantil de la institución propuso una compulsa entre los inscriptos para tratar de alivianar las reglas sobre barbas y corte de cabello, la encuesta fue quitada del sitio de internet de la Universidad. Según la vocera, Carri Jenkins, la misma no había pasado “por el apropiado proceso de aprobación”. También aseguró: “Nadie dice que haya algo malo en las barbas. Es simplemente parte del modo en que hemos decidido mostrarnos, es parte de nuestras reglas de vestido y apariencia”.

Barba y bigotes en Templos y Misiones.

Como ya leímos, en Inglaterra, a principios del siglo XX, la barba era una exigencia para los misioneros. Cuando mi madre se convirtió a la Iglesia, en la década de 1940, la mitad de los misioneros usaban bigote. De modo que el tema parece tener características cambiantes y adaptarse a lo que se percibe como “apropiado”. El problema es que, con el evangelio abarcando distintas sociedades y culturas el concepto de “lo apropiado” no es tan fácil de definir. Días atrás, un ex misionero de mi Barrio me contaba que su primer compañero pertenecía a una etnia indígena en la que el cabello largo era un rasgo honorable y que no debía cortarse, por lo que cumplió su misión con una prolija “cola de caballo” a pesar de la normativa vigente. Me agrada que la Iglesia comience a tener esa amplitud de criterio.

Los obreros regulares del templo tampoco pueden usar vello facial. Lo cual lleva a la paradoja de que ninguno de los Presidentes de la Iglesia del pasado que usaban barba podrían hoy servir allí. La norma se aplica sin tener en cuenta dónde se encuentra el templo, si en Europa, Africa o Sudamérica, ni lo que es considerado “apropiado” en esas regiones.

El eminente sociólogo SUD, Armand Mauss ha declarado: “Es irónico que se espere que los obreros del templo estén más afeitados que las figuras divinas – Dios y Jesucristo – que se muestran en los films y cuadros. Quizás los hombres deban alcanzar el estatus de dioses antes de poder hacer crecer sus barbas nuevamente”.

La barba entre los líderes eclesiásticos.

Si bien no existe una norma escrita al respecto que aparezca en los manuales de instrucciones, si hay expectativas.

Continúa Armand Mauss (quien usa barba desde 1980): “Una vez que estas normas se ‘canonizaron’ en BYU mediante el código de honor se transformaron en la regla no sólo para las futuras generaciones de jóvenes mormones, sino, por extensión, también para sus padres. Todo hombre que desea ser considerado elegible para puestos de liderismo en el futuro tiende a vestirse con el estilo de “un líder del sacerdocio”, incluyendo rostro afeitado, camisa blanca, traje oscuro. Es un estudiado esfuerzo por asimilarse con las Autoridades Generales, quienes, muchos asumen, han alcanzado un plano de mayor espiritualidad”.

En el ámbito de los llamamientos locales el tema parece haber quedado en manos de los Líderes Presidentes. Como mencioné antes, jamás fui entrevistado para afeitarme, lo cual no quiere decir que no conozca gente que sí lo fue. De hecho, sé de varios hermanos que eliminaron un pequeño bigote que habían usado por 40 años y pasaron a ser desconocidos hasta por sus esposas, después de esas entrevistas. Tampoco negaré haber estado en reuniones donde integrantes de la Presidencia de Area presionaron fuertemente sobre el tema y lo transformaron en un asunto de “estar o no con el Señor” o “Seguir o no al Profeta”. Para mí, como ya he dicho en otras ocasiones, ese tipo de obediencia compulsiva nos acerca más a la Masacre de Mountain Meadows que a un estilo de vida cristiano.

No creo estar solo.

Matt Marostica, obispo del Barrio Berkeley, California, recuerda: “Me dejé crecer la barba porque mi hermano mayor, Tony (ex misionero, sellado en el templo, con dos hijos) la usaba y me gusta cómo me queda.”

Pamela, la futura esposa de Marostica opinaba igual, de modo que, para su sellamiento en el Templo de Lago Salado, en 1983, le pidió que se la dejara crecer. A partir de allí siempre la usó, con la excepción de un par de años en los que enseñó ciencias políticas en BYU. Matt era el único Obispo con barba en una reunión de capacitación de 11 Estacas del Area de la Bahía. El Apóstol Quentin L. Cook dirigió la reunión y nada mencionó.

“Me presenté orgullosamente a los Apóstoles como el Obispo Marostica. Ninguno siquiera pestañó frente a mi barba. Jamás se me pidió que me afeitara en los cinco años que he sido Obispo”

La barba entre los miembros comunes de la Iglesia

Hasta ahora hemos analizado situaciones específicas de la negativa al vello facial masculino en el código de instituciones privadas, misiones o templos. Más de 40 años después de las palabras del Elder Oaks (que fueron dirigidas al alumnado de una de esas instituciones en un período histórico muy específico) el consenso general pareciera indicar la necesidad de un cambio de criterio.

Por ejemplo, docenas de actores y un millar de extras se dejaron crecer la barba recientemente para filmar una serie de películas sobre la vida de Cristo en la locación creada como la antigua Jerusalén en el Condado de Utah. Pareciera que lo que no está bien en la vida real está perfectamente bien en las películas de la Iglesia.

El problema con las barbas del miembro común, con o sin llamamiento eclesiástico, es que, una parte de la comunidad mormona las considera fuera de lugar, símbolo de falta de espiritualidad y manifiesta desobediencia. Si realmente hemos llegado a manipular las apariencias de tal modo que preferimos “colar el mosquito y dejar pasar el camello”, o resaltar el continente por sobre el contenido, creo que nos mereceríamos la descripción de “sepulcros blanqueados” que el Salvador aplicaba a los fariseos de su época.

Hace más de dos años se planteó la pregunta en varios sitios de Internet sobre la opinión de los miembros en cuanto a la “no escrita” norma. Las respuestas son más que interesantes, aunque sólo me puedo permitir un muestreo que creo representativo del resto:

…………………………………………………………………………………………….

“Después de servir por varias semanas en el baptisterio del Templo de Salt Lake, llegó el comunicado de que el vello facial no estaba permitido. Por entonces yo cantaba en el Coro de la Opera de Utah, que a menudo nos requería usar barba. Se me dio a escoger: ópera o templo. Dado que había servido en cuatro obispados usando una barba bien cuidada, la cual fue alabada incluso por el Presidente Kimball, elegí mantener mi vello facial. Actualmente estoy sirviendo una misión en la Manzana de Bienestar, junto a otros misioneros “barbados”, y nadie ha dicho nada, que debería ser lo correcto. En tanto, espero que la Iglesia desarrolle una actitud más agradable y complaciente hacia lo que es una insignificante preferencia personal. Si el vello facial es tan claramente un “no!, no!, no!” para los obreros del templo ¿por qué vemos tantas barbas en las películas y obras de arte del templo?”

 

“He usado un bigote recortado y barba por 40 años. Soy un converso desde hace 25. Sellado en el Templo y con una recomendación vigente. Tengo dos hijos que son Aguilas Scouts y he estado involucrado en el programa Scout por 16 años. Fui al Centro de Entrenamiento Misional para Mayores en Provo con bigote y barba. Nadie me ha dicho jamás que no puedo o debo ser lo que soy. Lo que es importante es lo que uno es y no juzgar a las personas por su apariencia.”

“Donde yo crecí los varones usaban vaqueros, botas y sombreros de cowboy para ir a la iglesia, a la escuela, reuniones de negocios y encuentros sociales. Muchos usaban el pelo largo y algunos incluso barba. Todos eran, y aún lo son, miembros respetables de la sociedad. Una de las cosas de la que estaban orgullosos era que se ocupaban de sus propios asuntos…”

“Poseo una clara opinión sobre este tema. He servido en Obispados, como maestro de Seminario, Secretario Ejecutivo de Estaca y maestro de varios cursos de la Escuela Dominical y jamás se me ha “mandado” afeitar mi bigote. Cuando conocí a mi esposa hace 38 años tenía bigote y lo he conservado todo nuestro matrimonio. Hace varios años me ofrecí voluntario en el templo como obrero del velo y se me dijo que si deseaba cumplir esa asignación debería afeitarme. Bueno, fue una decisión muy fácil. No fui obrero en el templo. Creo que reglas de ese tipo son arbitrarias y caprichosas… Este tipo de políticas no deberían estar sujetas a la decisión de los Presidentes de Estaca o de los Templos sino que la Iglesia debería promover dichas políticas a lo largo de todo el mundo, la cual debiera ser que el vello facial no importa pues no tiene nada que ver con el nivel de espiritualidad de una persona”. (rsdyer, 19 Mayo 2011)

 

“Soy la mamá de un joven de 16 años a quien le crece el vello en el rostro con facilidad. Recientemente decidió dejarse crecer una pequeña barba en la línea de la barbilla. Creo que principalmente porque su cuñado usa una. Un líder de los hombres jóvenes comentó que no tendrían la opción de bendecir o repartir los sacramentos a menos que estuviesen afeitados. Era obvio a quién le hablaba, pues es el único de su edad a quien le crece la barba. Mi hijo se encontraba molesto, pero estaba dispuesto a afeitarse si eso implicaba no bendecir los sacramentos. Yo estaba un poco contrariada con el asunto pues me preguntaba de dónde había surgido ese dictamen. Con mi hijo estudiamos “Por la Fuerza de la Juventud”, donde dice que los jóvenes deben estar limpios y ordenados, pero nada menciona sobre “afeitados”. Llevé mi preocupación al Presidente de Hombres Jóvenes quien se mostró avergonzado por el asunto, pues era uno de sus consejeros quien tomó la decisión sin consultarle a él o al Obispo. Lo que lo hacía peor era que, ese líder en particular, usaba una profusa barba blanca. Se decidió que se gobernarían por lo que dice “Por la Fuerza de la Juventud”…” (lglong, 19 Mayo 2011)

“Cuando conocí a mi esposo, hace más de treinta años, tenía una bien cuidada barba y bigote. Ha servido fielmente como secretario ejecutivo, Presidente de la Escuela Dominical, Presidente de los Hombres Jóvenes, Presidente del Quorum de Elderes, miembro de dos Obispados y Obispo. Como Obispo apoyó e influenció positivamente a muchos jóvenes para que hicieran buenas elecciones… Su barba y bigote nunca le impidieron servir con amor y completa energía. No puedo creer que el Señor lo aprecie menos porque use vello facial. Aquellos que miran con menosprecio a hombres como mi esposo, alimentan la actitud de prejuzgamiento que ofende a las personas al punto de abandonar la Iglesia y nos da a los Santos de los Ultimos Días una imagen de intolerancia. Realmente me apena” (tybenham 19 mayo 2011)

“Cuando recibí un llamamiento en el Obispado, me pregunté si mi barba sería un tema a considerar, y estaba preparado para afeitarme si así me lo pedían mis líderes en el sacerdocio. Ni el presidente de estaca ni el obispo con quien sirvo mencionaron nada al respecto. No obstante, estando consciente de las opiniones de otros, decidí investigar y “estudiarlo en mi mente” para determinar el mejor curso a seguir. Mi barba permaneció y así lo prefiere mi esposa. Una nueva presidencia de estaca tampoco tuvo nada que decir sobre el tema. Escuché que un miembro del sumo consejo llevó el tema de las barbas y los llamamientos a una reunión pero el consenso fue enfocarse en cosas que realmente importaran…” (rob67 19 Mayo 2011)

“No es bueno que un hombre sea compelido en todo. Por si alguno se lo pregunta, soy Presidenta de la Sociedad de Socorro en nuestra Rama y mi esposo es el Secretario Ejecutivo. Hemos tenido otros llamamientos con el correr de los años y nadie le dijo que debía afeitar su barba. Espero que nunca lo hagan porque tendría un par de palabras para decir…” (Ginni 26 Sep. 2011)

“Es triste que tantos miembros de la iglesia definan a otros miembros por algo que no sea la verdadera doctrina de Cristo. Me dejé crecer una barbita en parte para que mis hijos supiesen que las personas con vello facial no son malas, o extraños en los que no se debe confiar. También me gusta pensar que, si alguien con barba visita la iglesia por primera vez, mi presencia la pueda hacer sentir un poco más cómodo. Como misionero en Guatemala, tuve investigadores que se sintieron fuera de lugar pues eran los únicos con vello facial. La gente no tendría por qué sentirse así. (michaelm 26 Sep. 2011)

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En Febrero de 1993 apareció el siguiente artículo en la Ensign: “Los líderes de la Iglesia, reconociendo que los estilos cambian en ciclos, son sensibles a la rica diversidad cultural dentro de la Iglesia. Por ejemplo, recientemente han sostenido que las barbas cuidadas y prolijamente recortadas… son aceptables para el templo, dado que no son inherentemente ofensivas o vulgares”. (David S. King “I Have a Question” Ensign, Feb. 1993)

Sin embargo para el 2001 “totalmente afeitados” se transformó en la política para aquellos que trabajan regularmente en los templos SUD.

Por un lado tenemos una escritura canónica que declara: “No cortaréis el cabello de vuestras sienes, ni dañaréis la punta de vuestra barba” (Levítico 19:27) y por el otro una política no escrita  que dice lo contrario. Si reconocemos que normas de transmisión verbal tienen prioridad sobre los textos que son fuente de la doctrina tenemos un pequeño y contradictorio problema teológico.

Para quienes consideran que estas políticas pasajeras y cambiantes son de origen divino, sólo me resta recordar que “En el principio Dios creó los cielos y la tierra…” y también las barbas…