CUANDO LOS SANTOS VIENEN MARCHANDO

DOCTRINA

      Guerra y Paz

“CUANDO LOS SANTOS VIENEN MARCHANDO”

(Un mosaico de voces mormonas)

Por Mario R. Montani

Un año y medio después de mi última reflexión sobre el tema de la guerra (MRM2006- PERM), me permito este experimento coral en el que sólo trataré de actuar como anfitrión de una amplia y diversa gama de opiniones vigentes hoy entre los miembros de la Iglesia. El debate ha sido establecido, lo cual me parece positivo como punto de partida. Aunque mi posición personal ha quedado claramente definida en otros artículos, creo importante tratar de entender al otro, al que difiere, al que disiente, o al que simplemente se toma el tiempo para defender un punto de vista.

En este año y medio han ocurrido cosas atroces y también cambios en la percepción del pueblo estadounidense sobre los conflictos en los que su gobierno lo ha involucrado. Me permito la opinión de un especialista: Joshua Friedman, Premio Pulitzer 1985, Director de Relaciones Internacionales de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, Presidente del Comité de Protección de Periodistas:

“La mayoría de los estadounidenses no conoce la diferencia entre un árabe, un persa, un turco, un paquistaní, un musulmán o un hindú. Piensan que todos son iguales. Posiblemente, el presidente Bush también lo piensa. Todo el que había leído algo serio al respecto sabía que Al Qaeda no tenía nada que ver con Irak y que no estaba en Irak. Pero la administración Bush aprovechó la confusión masiva y así justificó la guerra. Si un diario se mostraba escéptico con respecto a la guerra de Irak, se decía que no era un medio patriota y que no quería proteger al país de los terroristas. Hubo mucha presión del gobierno de Bush sobre los medios. Por lo tanto, sólo publicaban la versión oficial.

Hubo excepciones, por supuesto. En The New York Times trataron de trabajar de manera independiente. Era difícil. Algunos de los lectores se mostraban muy descontentos si el diario criticaba al gobierno. Ahora que el público estadounidense se ha dado cuenta de que no se le dijo la verdad sobre Irak, los diarios y los canales de TV se están tratando de recuperar. Pero es un camino muy complicado. Desde mi punto de vista, esta guerra ha sido un episodio vergonzoso para el periodismo.” (Clarín, 24 Diciembre 2006, pag. 37)

Una encuesta de The Salt Lake Tribune en enero de 2007 mostró una precipitada caída en el apoyo al manejo de la guerra por parte de Bush entre los Santos de los Ultimos Días de Utah. En el muestreo, sólo el 44% de aquellos que se identificaron como mormones dijeron secundar a Bush en su administración de la guerra. Es un nivel mayor que el que Bush obtiene en la población no mormona de Utah o en el país en general, pero al mismo tiempo está 21 puntos por debajo de las encuestas de cinco meses atrás. Los analistas declaran que los números se mueven de manera gradual y no tan abruptamente a menos que algo los esté asustando. El vocero de la Iglesia, Mark Tuttle insistió en que no ha habido “declaraciones adicionales, aclaraciones, cambio de políticas o anuncios que puedan dar cuenta del rápido cambio en la percepción que los miembros de la Iglesia en Utah tienen de la guerra”. Y reiteró que la Iglesia no tiene posición oficial tomada sobre Irak. (By Matthew D. LaPlante The Salt Lake Tribune

Article Launched: 03/25/2007 01:32:02 AM MDT)

En este nuevo escenario, permítanme presentarles a algunos Santos de los Ultimos Días, nuestros hermanos.

ALYSSA PETERSON

La hermana Alyssa Peterson, de 27 años, nativa de Flagstaff, Arizona, murió el 15 de Septiembre de 2003 de una “descarga no hostil de arma de fuego” (a non-hostile weapons discharge) según el informe oficial.

La hermana Peterson había demostrado una extraordinaria habilidad en el aprendizaje de idiomas extranjeros, hablando fluidamente el holandés aún antes de cumplir una misión en los Paises Bajos a fines de la década del ’90. Después de enlistarse para servir a su país, en Julio de 2001, tomó cursos de árabe en el Defense Language Institute de Monterrey, California. Con el inicio de las acciones se ofreció como voluntaria en reemplazo de alguien que no desease ir a la zona de combate y fue asignada a la prisión de Tel Afar, a 50 millas del límite con Turquía para traducir documentos enemigos y conducir interrogatorios en árabe.

El periodista Kevin Elston, de la ciudad natal de Alyssa, no conforme con la ambigua explicación militar, solicitó copia de la documentación del caso. La misma estuvo disponible recién en el 2005. Elston descubrió allí que la hermana Peterson se había suicidado de un disparo en la cabeza luego de haber objetado las técnicas de los interrogatorios y de haberse negado a participar en ellos.

Los testigos entrevistados confirmaron que Alyssa tenía dificultades en ‘separar sus sentimientos personales de sus obligaciones profesionales”

NATHAN WINDER

Una numerosa familia del sudeste de Utah se lamenta esta noche. Se trata de la familia Winder de Blanding. Tom y Terry Winder criaron a 18 hijos naturales y adoptados, además de servir como padres de crianza a otros 37. Hoy fueron notificados de que su hijo, Nathan, murió durante operaciones de combate en Irak. Recibió un disparo de arma de bajo calibre en el cuello mientras servía como médico de las Fuerzas Especiales. (http://www.ksl.com)

MICHAEL ALLRED  y  QUINN A. KEITH

Dos Marines Santos de los Ultimos Días murieron en un ataque terrorista en Irak, el lunes 6 de Septiembre de 2004. Michael Allred y Quinn A. Keith se encontraban entre los siete Marines que murieron por un ataque suicida en las afueras de la ciudad de Fallujah. El hermano Allred, de 22 años estaba considerando cumplir una misión al dejar el servicio activo en el próximo Enero. El hermano Keith, también de 22, vivía en Blanding, Utah, y se encontraba cerca del final de su actividad en Irak. (Church News 11-09-2004 pag. 5)

ERIC SIEGER

El soldado SUD Eric. R. Sieger, de 18 años, proveniente de Layton, Utah, murió en Irak cuando el vehículo Bradley en el que se encontraba volcó. El padre de Eric, Wolfgang Sieger, declaró que está aguardando información sobre los motivos del vuelco. (Church News Feb 17 2007, pag.13)

STEPHEN BERTOLINO

El Sargento Stephen Bertolino, 40, murió el 29-11-2004 cuando su convoy militar fue emboscado en Haditha, Iraq. Deja a su esposa y 4 hijos entre 13 y 6 años. (Church News 03/01/2004)

DEVIN GRELLA et alter…

Devin Grella, 21, de Akron, Ohio, Reservista de la armada, murió en Irak, 06-09-2004, cuando una bomba explotó cerca del camión que manejaba (Ch.News 18-09-2004)

Capitán Nathan S. Dalley, 27, Sandy, Utah, muerto de una herida de arma no hostil en Bagdad, Nov. 17, 2004

Capitan James A. Shull, 32, Idaho, muerto de una herida de arma no hostil según el Departamento de Defensa, Bagdad, Nov 17, 2004.

Capitán William W. Jacobsen, Jr, 31 de Lacey, Washington  murió en Mosul 21-12-2004, era maestro de la Primaria.

Estos son sólo algunos de los nombres de miembros de la Iglesia que están muriendo en Irak, un dato que es importante tener en mente no como mera estadística sino por ser individuos de carne y hueso, esposos, hijos, potenciales líderes, hijos de Dios. Sus voces ya no están para ser oídas.

Otros se han destacado por otros aspectos.

– Sargento Wade Davis, Utah, 30 fue nombrado Marine del año 2004, habiendo participado en más de 100 misiones de combate en un helicóptero de transporte médico.

JON HUNTSMAN, Jr. (Gobernador de Utah)

Jon Huntsman, Jr., Gobernador de Utah y uno de los más prominentes políticos miembros de la Iglesia regresó de Irak con un informe totalmente desfavorable acerca del caos que observó en la ciudad capital destruida por la guerra. “La seguridad en Bagdad está fuera de control”, dijo Huntsman, quien goza de gran popularidad entre los habitantes de Utah “soy muy poco optimista acerca de una salida exitosa”. La desilusión de Huntsman parece hacer eco con la de otros bien conocidos políticos mormones, los Senadores Harry Reid, un Demócrata de Nevada y el Republicano Gordon Smith de Oregon, quienes efectuaron duras declaraciones sobre lo que la administración Bush ha denominado “progreso” en Irak. (By Matthew D. LaPlante  The Salt Lake Tribune Article Launched: 03/25/2007 01:32:02 AM MDT)

SENADOR  HARRY  REID

El Senador Reid, mormón Demócrata de Nevada declaró en el programa de CNN “Late Edition with Wolf Blitzer.”: “Esta guerra es una situación seria. Se basa en el peor error de política exterior en la historia de este país. De modo que debemos tomarla seriamente. Nos hallamos en un hoyo muy profundo y deberemos encontrar la manera de salir de él”. Consultado sobre si consideraba la aventura en Irak peor que Vietnam respondió afirmativamente.

J. DOUG BAYLESS

Dirige un blog denominado “Mormons for Peace” con el subtítulo “Una presencia y refugio para quienes favorecen la paz por sobre la guerra. Especialmente diseñado para mormones y para discutir las políticas exteriores norteamericanas post 9/11 de modo inteligente y respetuoso”. Se pueden encontrar interesantes discusiones en ese sitio.

DENNIS CLARK

“La respuesta mormona es el pacifismo”, declara Dennis Clark, un SUD de Orem, quien se opone a la guerra en Irak por motivos espirituales “Siempre he sentido que no es posible para mi ser un poseedor del sacerdocio y creer en el uso de la fuerza”. Clark, un escritor y poeta que ha explicado sus puntos de vista en el Simposio 2004 de Sunstone Magazine sobre historia mormona y vida contemporánea, dice que intenta por todos los medios introducir sus ‘ideas subversivas’ cuando enseña a los hombres jóvenes de su Barrio. Pero, con sus 60 años, no espera ver el día en que una mayoría de miembros de la Iglesia se oponga al uso de la fuerza militar. A Clark también le preocupa la relación que muchos de sus hermanos SUD han forjado con los Evangelistas. “Los mormones no son siquiera Cristianos a los ojos de esta gente. Creo que es un verdadero error de cálculo para los miembros de la Iglesia sentirse cómodos en esa compañía, ya que somos los próximos sobre quienes vendrán en su lista de ataque”.

GUY MURRAY

Autor de Messenger and Advocate (http://messengerandadvocate.wordpress.com) un popular blog sobre temas mormones. Hago un pequeño extracto de algunas de las conversaciones allí mantenidas…

“Creo que una encuesta más interesante sería incluir la opinión de Santos de los Ultimos Días a escala mundial, no sólo en los confines de Utah, o aún los Estados Unidos. Sospecho que habría cambios significativos en dicha encuesta…. Yo digo: ‘apoyemos a nuestras tropas. Quitémosles de esta guerra malvada y para nada santa. Traigámosles a casa con sus familias para poder comenzar a construir el reino de Dios, en vez de crear conflictos en el reino de los hombres”

“No encuentro nada en tus comentarios que me persuada de que la Iglesia de Jesucristo, como un asunto de revelación divina, lo cual lo relaciona directamente con la salvación de mi alma eterna, haya sugerido de algún modo que yo deba apoyar esta guerra, como elemento de doctrina religiosa”

Domingo 29 de Enero de 2006, 7:05:49 PM Guy Murray

“Creo que las Autoridades Generales y Profetas tienen derecho a opiniones personales sobre asuntos seculares. Y, como tu, creo que en ocasiones pueden estar equivocados. No creo que las declaraciones del Presidente Hinckley o del Elder Bateman cierren la discusión sobre el tema de la guerra en Irak entre los miembros de la Iglesia. Creo que hay espacio para que los miembros tengan sus propias opiniones, aunque entren en conflicto con las de las Autoridades”.

Domingo 29 de Enero de 2006 6:04:16 Eric Russell

“Me vino a la mente después de leer la biografía de Hugh Nibley, que fue un gran activista en contra de la guerra, particularmente después de su experiencia de primera mano durante la Segunda Guerra Mundial. Eso me dice que hay espacio en la Iglesia para una amplia disparidad de opiniones en este tipo de asuntos. Supongo que no deseo que el mundo piense que porque soy SUD necesariamente debo apoyar esta guerra, o que la Iglesia la apoya, aunque muchos miembros lo hagan. Tienen el derecho otorgado por la primer enmienda, al igual que aquellos de nosotros que diferimos.

Domingo 29 de Enero 2006 8:42:22 PM   Guy Murray

Creo que tu declaración de que “los islámicos son los nuevos comunistas” es más bien un exceso de generalización con la que no estoy de acuerdo. Creo que hay muchos mahometanos, creyentes en su fe, que no tienen nada que ver con el ala políticamente radical que piensa en asesinar y guerrear en nombre de Dios. Simplemente, existen muy buenos islámicos, y todo un sistema de creencias religiosas no debería ser juzgado por unos pocos extremistas. Por otro lado los estados comunistas son completamente seculares, ya que el estado es ateo en su forma. Más aún, tu comentario no toma en cuenta el hecho de que el Irak de Saddam era un estado secular, no islámico. Aunque había elementos de creencia musulmana, eran reprimidos como tantas otras cosas. Finalmente, también estoy en desacuerdo contigo en que “una gran porción de los que están en desacuerdo con la guerra en Irak también tienen opiniones contrarias a otras enseñanzas conservadoras SUD”. Pienso que, nuevamente, se trata de una sobre generalización y probablemente injusta para aquellos que están contra la guerra. De todos modos, gracias por tus ideas…

En el blog de Murray también es posible leer y contestar sobre relatos como el siguiente:

“En una reciente reunión en American Fork, un hombre que se identificó a si mismo como un ex Boina Verde se paró a dar su testimonio. ‘Si hay algún Demócrata, quiero que entienda que yo apoyo a mi presidente… Si alguien tiene algún problema con eso, podemos conversarlo detrás de la iglesia’. El comentario provocó algunas risas en la congregación pero ningún contrincante”.

La historia produjo encendidas reacciones:

“No veo nada divertido en abusar del propósito de una reunión de ayuno y testimonios para abrazar los puntos de vista personales en cuanto a  política, ya sea a favor o en contra de la guerra. Existen foros y ámbitos más apropiados para dichas expresiones”

PETER SORENSEN y JOE MARSHALL

Aún dentro de unidas familias SUD hay desacuerdo acerca de cómo la fe debe influir en las opiniones políticas de un Santo.

‘¿Si aún apoyo la guerra? Sí – dice Peter Sorensen, un agente de seguros mormón en Salt Lake City  – Siempre he sentido desde una posición religiosa que luchar en contra del mal y cuidar del bienestar de nuestros hermanos y hermanas terrenales era suficiente razón para ir a Irak’

Pero el primo de Sorensen, también mormón y amigo de toda su vida, ve las cosas de diferente modo.

‘Mi fe es inalterable’ – dice Marshall – ‘Cristo abogó por la paz incondicional, y la esperó de sus discípulos… Me duele ver a muchos compañeros en el amor por Jesús permitir livianamente que sus agendas políticas se antepongan a estos principios, apoyando este injusto acto de violencia en vez de despreciarlo’.

En su familia, como en toda Utah, el asunto permanece abierto al debate, probablemente ahora más que nunca

En uno u otro sentido, los Santos vienen marchando…

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POR ENCIMA DE LOS REINOS DEL MUNDO

“POR ENCIMA DE LOS REINOS DEL MUNDO”

(Adiciones a las adiciones sobre la Guerra y la Paz)

Mario R. Montani

 

“¿Acaso la guerra no es la semilla y el origen de las más celebradas hazañas? Pero ¿hay algo más insensato que arrojarse, sean cuales sean los motivos, a una pelea de este tipo, si las partes en lucha siempre sacan más perjuicio que provecho? De los que caen, ni una palabra… Jóvenes sanos y fuertes es lo que necesitamos para la cuestión. Hombres llenos de valor y con nada de juicio…

Se dirá que las guerras las gana la capacidad y el criterio. Es verdad, si hablamos del general, que debe tener un talento militar, no filosófico. Por lo tanto, se sabe que tan famosas hazañas no las realizan las genialidades de los filósofos. Más bien son producto de parásitos, bribones, ladrones, sicarios, tramposos, deshonestos, estafadores y toda esa ralea humana”[1]

 

En mi anterior escrito sobre el tema de la guerra y la paz (Polifemo en su cueva, algunas reflexiones adicionales sobre la guerra y la paz, que a partir de ahora será mencionado como MRM 2004-PESC) me permití citar a Thomas More, filósofo y canciller de Inglaterra durante el reinado de Enrique VIII. Hoy he convocado en la introducción a su contemporáneo y amigo Erasmo de Rótterdam y la cita procede de la más conspicua obra de éste, Elogio de la Locura, cuyo título castellano desmerece tradicionalmente el objetivo del autor. Supongo que mi último comentario merece alguna aclaración histórico-literaria. Erasmo, nacido en Holanda como Geert Geertsz (Gerardo, hijo de Gerardo) tomó sus hábitos monacales en 1492, aunque más tarde el papa Julio II lo dispensó de sus votos. Se doctoró en teología en Turín y, después de enseñar en Cambridge y otras universidades, se radicó en Basilea. En 1509, durante una convalecencia, escribe la sátira Moriae encomium, que dedica a su amigo inglés. El título encierra un juego de palabras y una confusión. La palabra moria, que podría traducirse superficialmente como locura del latín, es en realidad de origen griego e identifica a una de las muchas variantes de locura que reconocían los antiguos: la estupidez (stultitia para los latinos). Al mismo tiempo moria estaba en el origen etimológico del apellido More, por lo que el título en cuestión podría interpretarse Encomio o alabanza de More como Encomio de la Estupidez. Por otra parte, la confusión radica en que la obra no se dedica a alabar la estupidez humana, sino que la Estupidez, como una deidad abstracta personificada, alaba, y encubiertamente critica, a aquellos que la adoran. Dentro de ese marco retórico debe entenderse la cita inicial. Erasmo fue perseguido por la Inquisición y sus obras prohibidas aunque no llegó a perder la cabeza como su amigo del otro lado del canal…

 

Acaban de conmemorarse cinco años del atentado en las Torres Gemelas de Nueva York. Se han sumado actos terroristas en Madrid, Londres y otros lugares del globo. También los escándalos de la cárcel de Abu Ghraib y los centros clandestinos de detención. La Estupidez de Erasmo estaría encantada con nuestro mundo…

 

Es mi intención en este artículo prestar el espacio a algunas voces de diferente extracción que no han sido suficientemente escuchadas, particularmente las de Santos de los Últimos Días (SUD) en los EEUU y otras regiones.

 

Para estas fechas las bajas oficiales de soldados norteamericanos en Irak superan los 20.000, más varios centenares pertenecientes a demás naciones de la coalición.

Por otra parte la organización Iraq Body Count, que contabiliza las bajas civiles iraquíes basándose en las noticias que pueden confirmarse en más de un diario, apunta un mínimo de 41.931 y un máximo de 46.613 dependiendo de las fuentes. La publicación médica británica Lancet estima que las bajas ya han superado los 100.000. Y nada parece señalar un fin del conflicto o una disminución de la violencia.

 

¿Cuál Terrorismo?

 

Ken Livingstone, el Alcalde de Londres declaró inmediatamente después de los atentados de Julio de 2005:

 

“Estos atentados probablemente no hubieran ocurrido si Occidente hubiese dejado a los países árabes en libertad de tomar sus propias decisiones al cabo de la Primera Guerra Mundial. Pienso que Occidente ha intervenido durante ochenta años en países mayoritariamente árabes a causa de nuestras necesidades de petróleo… Hemos sostenido a gobiernos muy poco recomendables y hemos derrocado a otros que no considerábamos simpáticos… Si al final de la Primera Guerra Mundial hubiésemos hecho aquello que habíamos prometido a los árabes, es decir, dejarlos en libertad de tener sus propios gobiernos y nos hubiésemos quedado al margen de sus asuntos, simplemente comprando su petróleo, pienso que esto no hubiese ocurrido”[2]

 

No existe una definición universalmente aceptada de lo que es terrorismo, ya que depende de la subjetividad del observador. Robert A. Rees:

 

“Si llamamos a lo que ocurrió el 11 de Septiembre “terrorismo”, como creo que debemos hacerlo, deberíamos incluir allí también lo que nuestro gobierno realizó para desestabilizar procesos democráticos en lugares como Chile, Guatemala, El Salvador y Nicaragua (donde fundamos el terrorismo de los Contras vendiéndole armas a Iran)

¿Qué hay del bombardeo a Dresden y el uso de bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki? ¿Nuestro uso de napalm en Corea y Vietnam fue “terrorismo”? Tal como estamos dándonos cuenta por las tenues alianzas concertadas por el Presidente Bush, los “luchadores de la libertad” de un país son los “terroristas” para otro.” [3]

 

Aún extraño el espíritu amplio e inteligente de Neal Maxwell en nuestras Conferencias Generales, quien más de diez años antes de las Torres preveía:

 

“¿Deberá ser establecido, por el bien de la humanidad, el equivalente de la Pax Británica, un único estado político, al cual todas las otras naciones habrán cedido su soberanía y que tendrá por lo tanto un forzoso monopolio sobre las armas nucleares? No hay muchos de nosotros, los mortales, que confiarían en tal monopolio, sin importar cuáles fueran los beneficios, incluyendo una Pax Americana. Fue Churchill con su elocuencia el que marcó un tiempo de limitada posesión de armas nucleares, cuando había sólo dos naciones con este poder.” [4]

 

Durante la visita del Presidente Bush a Asia en febrero de 2002, consideró a Corea del Norte parte del “eje del mal” por su programa de armas nucleares y por vender mísiles a Irán y Pakistán. Al día siguiente en Pekín llamó a China “un amigo”, y apreció su apoyo a la guerra norteamericana contra el terrorismo, teniendo cabal conocimiento de que, al igual que los norcoreanos, los chinos estaban desarrollando su propio arsenal nuclear y vendiendo tecnología a Irán y Pakistán. Por supuesto, China estaba muy deseosa de ingresar al club anti-terrorismo para justificar sus acciones contra los tibetanos.[5] Bush no puede ser demasiado duro frente a aquellos que comercian con el “eje del mal” ya que su propio Vicepresidente, Dick Cheney, inmediatamente antes de asumir, era Director de Haliburton Industries, la cual, transgrediendo la ley federal, había estado vendiendo equipos y tecnología a Irán, Libia e Irak. [6]

Otro de los claros ejemplos de la inconsistencia estadounidense fue su sostenido apoyo a uno de los más notorios terroristas de Africa, Jonas Savimbi, el líder rebelde de Angola, quien “ha asesinado y torturado con un barbarismo que excede al de los Talibanes”. [7]  Según Nicolas Kristof: “la guerra civil angoleña por él liderada puede ser responsable de más de 500.000 muertes desde 1975. Pero es nuestro “señor de la guerra”, no del otro bando, por lo tanto somos tan ciegos a su brutalidad como los saudíes y pakistaníes lo son a los pecados de sus terroristas” [8]

Del mismo modo, cuando ciertos aliados (Turquía) invaden a sus vecinos (Chipre), el gobierno de EEUU mira hacia otra parte.

 

“En ningún otro lugar es nuestra inconsistencia sobre el terrorismo más evidente que en nuestras relaciones con Arabia Saudita, nuestro antiguo aliado en Medio Oriente y hogar de 15 de los 19 secuestradores del 11 de Septiembre. Aunque la familia real saudita ha creado condiciones económicas y sociales que favorecen el terrorismo, aunque organizaciones saudíes financian a terroristas islámicos, incluyendo Al Qaeda, por causa del petróleo Arabia Saudita es visto como nuestro socio en la guerra contra el terrorismo. El petróleo y las armas pueden también explicar porqué en agosto pasado el Presidente Bush, para desagrado de los agentes del FBI, suspendió las investigaciones que pesaban sobre los hermanos de Osama bin Laden, Omar y Abdulah, y sobre WAMY, una organización de caridad sospechada de financiar el terrorismo. Es irónico que nuestra presencia en Arabia Saudita fue uno de los factores que precipitó la antipatía de bin Laden y su deseo de destruirnos.

Mientras creamos que el terrorismo no tiene relación con nuestras políticas internacionales y continuemos con estrategias agresivas que inflamen a los terroristas (tales como nuestras desiguales políticas con Israel y Palestina) más estaremos fertilizando el terreno del cual el terrorismo crece.  Existen literalmente cientos de miles de jóvenes musulmanes para quienes no hay mayor honor que sacrificar sus vidas para vencer y destruir a los ‘terroristas’ norteamericanos. No hay espías o bombas suficientemente ‘inteligentes’ para detener a estos futuros mártires, como aprenderemos en los años por venir a menos que cambiemos nuestra estrategia.” [9]

 

El escritor argelino Mohamed Moulessehoul ha observado: “La guerra está perdida si Occidente entra en el juego de los fundamentalistas, el cual es la violencia, porque no puede asustarse a alguien que acepta con devoción la muerte” [10]

 

¿Cuál fundamentalismo?

 

John Le Carré, conocido autor de novelas de espionaje y él mismo ex agente de los servicios de inteligencia británicos:

 

“El extremismo militante no sólo se da en el islam, sino también en la extrema derecha de los movimientos cristianos y del sionismo. El señor Bush reitera que el estilo de vida estadounidense es el único que merece la pena vivir. Esto es, para mi, una declaración fundamentalista y la idea de que esa forma de vida es exportable me resulta obscena. No nos dejan sugerir que una forma de extremismo produce otra, pero ciertamente sí podemos decir que una forma de simplificación produce otra” [11]

 

“Una vez que aprobamos una guerra de cruzadas, una vez que nos vemos a nosotros mismos del lado de los ángeles, una vez que abrazamos un sistema de creencias teológico o ideológico que se define como la encarnación de la bondad y la luz, el asunto es sólo cómo llevaremos a cabo los asesinatos” [12]

 

Los iraquíes han visto a las sanciones impuestas por EEUU a su país por más de doce años como un arma deliberadamente empleada para matar un gran número de personas. Joy Gordon:

 

“Los Estados Unidos han impedido consistentemente a Irak satisfacer las más básicas necesidades humanitarias, utilizando sanciones como un arma mortal… Desde el comienzo del programa, se estima que 500.000 niños iraquíes por debajo de los cinco años han muerto como resultado de esas sanciones. Casi el triple del número de japoneses asesinados en los ataques norteamericanos con bombas atómicas” [13]

 

EEUU ha intentado echar toda la culpa sobre Saddam Hussein, pero la verdad es que medio millón de niños murieron por desnutrición, enfermedad o falta de medicina. No existe un contexto civilizado en el que gobierno alguno pueda justificar su castigo a un tirano de un modo que termine matando cientos de miles de niños.

 

Scott Atran, en el New York Times, ha mostrado claramente como, encuesta tras encuesta, la mayoría de los musulmanes está deseosa de aumentar la democracia, la libertad y las posibilidades de estudio, pero rechaza las acciones específicas de EEUU en sus territorios.

También que, “la información histórica muestra una fuerte correlación entre el hecho de que EEUU se involucre en situaciones internacionales y el aumento de los ataques terroristas en su contra” [14]

 

¿Cuál Moral?

 

En nuestra generación la verdadera posición cristiana con relación a la guerra está claramente establecida por una declaración en la que el Señor dice, “Por tanto,  debemos renunciar a la guerra y proclamar la paz… “ (DyC 98:116)

¿Cuál es la posición de la Iglesia con respecto a la guerra? Una declaración de la Primera Presidencia dada durante la Segunda Guerra Mundial es aún aplicable a nuestra época. Tal declaración dice: “ … la Iglesia está y debe estar en contra de la guerra. La Iglesia por si misma no puede apoyar la guerra a menos que el Señor establezca nuevos mandamientos. No puede ver a la guerra como el medio recto de resolver disputas internacionales: éstas deben y pueden resolverse – estando las naciones de acuerdo – mediante negociaciones pacíficas y ajustes[15]

 

Ya en anteriores escritos (ver Renunciando a la Guerra y Proclamando la Paz, algunas reflexiones sobre Guerra, Paz y Doctrina, a partir de ahora mencionado como MRM  2003- RGPP) he definido claramente la doctrina de la Iglesia con relación tanto a la guerra como a la obediencia que los SUD deben a los gobiernos civiles de los países que los cobijan. También he mencionado como dichas doctrinas parecen tornarse conflictivas cuando una de las naciones beligerantes pasa a ser los EEUU de América.

 

Independientemente de las doctrinas, aunque teóricamente derivadas de ellas, están las políticas institucionales. Doctrina y Política no son la misma cosa. Aunque las políticas emanan de la autoridad que debe preservar y aclarar la doctrina, lo cierto es que, la mayoría de las veces, surgen como respuesta a situaciones histórico-sociales específicas y/o geográfico-culturales muy definidas, y no es raro que se vean modificadas con el paso del tiempo. Como se dice dentro de la propia Iglesia: las políticas cambian, la doctrina no.

Se espera que un fiel SUD acepte y obedezca tanto las doctrinas como las políticas.

Ahora bien ¿Hasta que punto puede una política entrar en conflicto con la doctrina a la que debe reglamentar? ¿Cuál es el límite en el que las formas y los procedimientos pueden llegar a contradecir e incluso anular el espíritu de lo fundamental?

Permítaseme dar media vuelta de tuerca a la cuestión: en la reciente guerra en los Balcanes, todos hemos escuchado cómo el ejército de una de las etnias en conflicto procedía a la violación sistemática de las mujeres en las poblaciones que tomaba. No era por mera satisfacción física de los soldados o simbólico botín de vencedores. No. Era una acción de guerra planeada. Los hombres de esas poblaciones estaban muertos o participaban en algún frente de batalla como enemigos, pero las mujeres se quedaban en el lugar resistiendo y, sobre todo, conservando el control racial y cultural en esas zonas. Eso era lo inadmisible que requería una estrategia concreta. El conocimiento previo de las violaciones masivas fue lo único que logró el abandono de sus hogares por parte de mujeres y niños. La operación fue exitosa y militarmente justificable, con bajo costo de vidas humanas.

Pero mi tema no es el éxito o no de ciertas acciones tácticas sino las consecuencias que dichas acciones tienen sobre la moral individual de los participantes.

Imagino a un joven soldado SUD recibiendo la orden de participar en una “acción de guerra” similar a la llevada a cabo en los Balcanes. Me lo imagino también rechazando de plano esa posibilidad. Pero me cuestiono ¿en base a qué podría rechazarla?: “En mi hogar me enseñaron que está bien matar bajo ciertas condiciones, pero violar está mal bajo cualquier condición”? “Dios acepta las muertes pero no las violaciones”?

Pensemos un poco: si existe algo como una gradación moral de las faltas humanas, la más grave, sin lugar a dudas, es tomar la vida de otra persona. Según nuestra teología es un tipo de pecado no cubierto por el sacrificio expiatorio de Cristo. El trasgresor deberá cubrirlo personalmente. Otras faltas pueden llegar a perdonarse con el debido proceso de arrepentimiento.

Si la “obediencia debida” (y en esto los argentinos tenemos mucha experiencia) libera nuestras responsabilidades morales individuales porque algún otro las está asumiendo por nosotros, eso será válido no sólo para las muertes sino también para las mutilaciones, las torturas, las violaciones y cualquier otra aberración que se considere justificada como acción de guerra. Si abro la puerta para que entre el perro grande es muy posible que detrás también pasen los más chicos. El tema es si debo abrir la puerta o no.

 

Aún escapa a mi razonamiento porqué puede estar mal votar a un candidato cuya plataforma incluye la posibilidad de liberalización del aborto (siendo que el uso de tal liberalización será siempre una opción moral individual que puedo escoger o no), pero está bien votar a otro que llevará, sin opción, a esposos, hermanos e hijos a pasar por las mayores experiencias de brutalidad y desintegración moral inherentes a la guerra con la promesa de que saldrán de ellas oliendo a rosas pues el patriotismo todo lo justifica.

 

¿Cuál pacifismo?

 

Los miembros de la Iglesia debemos tener otras alternativas. Eugene England:

 

“La teología SUD ofrece una guía para mejores conductas. Creo que su mensaje fundamental es que el ‘pacifismo efectivo’ – aún desarme unilateral si se lo acompaña de importantes esfuerzos para extender ayuda inteligente, creativa, realista pero amorosa a otras naciones – es la solución ideal, la única que puede hacer que nuestros enemigos no sean más nuestros enemigos” [16]

 

Ya en la década de 1940, el Presidente J. Reuben Clark pensaba algo parecido:

 

“La fuerza moral es mucho más potente que la fuerza física en las relaciones internacionales. Estoy convencido de que América debe retornar a la promoción de ajustes pacíficos en las disputas internacionales” [17]

 

En “A force more powerful: a century of non violent conflict” Ackerman y DuVall se dedican a analizar instancias en que la no violencia ayudó a derrocar regímenes represivos o enfrentar al terrorismo de estado. Incluyen: las campañas de Gandhi en contra del imperialismo en Africa e India, la resistencia holandesa a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, los levantamientos populares en El Salvador, Chile y Argentina, la campaña contra el apartheid en Sud Africa, el movimiento Solidaridad en Polonia, el movimiento contra Ferdinando Marcos en Filipinas, la revolución de los Derechos Civiles liderada por Martín Luther King en los Estados Unidos, la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética. Gene Sharp, teórico de la no violencia ha afirmado: “La acción no violenta es posible, y es capaz de desarrollar un gran poder aún en contra de dictadores crueles y regímenes militares, ya que ataca la característica más vulnerable de todas las instituciones jerárquicas y gobiernos: su dependencia en los gobernados” [18]

 

Nuevamente Robert A. Rees, en Dialogue: a journal of mormon thought :

 

“Durante la Pascua que sucedió a los ataques terroristas del 11 de Septiembre, asistí a los servicios en la iglesia de St. John the Divine en New York. Fue una ocasión refrescante en medio de la violencia de nuestros bombardeos sobre Afganistán y frente a un sentimiento nacional de venganza y castigo. Una de las escrituras para la lectura del día era de la primer epístola de Pedro, con su admonición: ‘no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo. El que quiere amar la vida y ver días buenos… busque la paz, y sígala … Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.’ (1 Pedro 3:9-18)

El ministro que nos dirigió la palabra ese día, 5 de mayo de 2002, era el Reverendo Michael Lapsley, Director del Instituto de Curación de las Memorias de Sud Africa. El había sido víctima del terrorismo de estado: ciertas revistas religiosas enviadas por el gobierno de Sud Africa contenían una bomba que le voló ambas manos. Nos habló de su trayecto desde víctima a victorioso a través de Cristo, quien le ayudó a transformar la violencia perpetrada contra él y sus iniciales sentimientos de venganza en algo redentor – un ministerio a los sufrientes. Había venido a New York a consolar a aquellos que habían perdido seres queridos en el ataque al World Trade Center. El Reverendo Lapsley, advertido de los extendidos sentimientos de venganza, aconsejó que, aunque tales sentimientos eran naturales, ellos terminarían destruyéndonos si les dábamos cabida, no nuestros enemigos. Dijo: ‘La mayor venganza que los Estados Unidos podrá cobrar de Al Qaeda será crear una diferente clase de América – una que termine con la pena de muerte, que se ocupe de los pobres y desvalidos, y acabe con el odio racial’. Agregó, ‘Norteamérica puede transformarse en un líder por sus valores morales, no por su poder militar. Pueden tener poder, pero mientras haya gente con hambre, no tendrán seguridad’. El servicio en St. John the Divine finalizó con una oración, parte de la cual continúa resonando en mi pecho: ‘Eterno Dios, Padre Celestial… Envíanos ahora al mundo en paz, y permítenos la fortaleza y el coraje para amarte y servirte con alegría y resolución, a través de Cristo, nuestro Señor’” [19]

 

Cuál Sión?

 

Comentando la Sección 98 que nos desafía a ‘renunciar a la guerra’, Hugh Nibley ha dicho: “Renunciar es una palabra fuerte: no se supone que debemos intentar ganar la paz por medio de una guerra, o meramente convocar a una tregua, sino renunciar a la propia guerra, desdeñarla como política posible mientras proclamamos la paz sin reservas” [20]

 

El establecimiento de Sión (lugar de paz y recogimiento) ha sido un anhelo del pueblo de Dios durante todas las épocas. En esta última dispensación se han definido algunas de sus características:

 

“Y se llamará la Nueva Jerusalén, una tierra de paz, una ciudad de refugio, un lugar de seguridad para los santos del Dios Altísimo; y la gloria del Señor estará allí, y el terror del Señor también estará allí, de tal manera que los inicuos no llegarán a ella, y se llamará Sión.

Y acontecerá entre los inicuos, que todo hombre que no tome la espada contra su prójimo tendrá que huir a Sión para hallar seguridad

Y se recogerán en ella de todas las naciones debajo del cielo; y será el único pueblo que no estará en guerra el uno contra el otro” (DyC 45: 66-69)

 

Parece obvio mencionar que si es nuestro deseo ayudar a ‘establecer Sión’ deberemos realizar algunos cambios en nuestras actitudes personales y nuestras políticas con relación a la guerra. Por ahora Sión se llama Canadá, que es adonde los miembros de la Iglesia norteamericanos deben huir cuando deciden ‘no tomar la espada contra su prójimo’.

 

Con relación al constante enfrentamiento entre Sión y Babilonia como centros de paz y violencia respectivamente no puedo evitar algunas citas selectas de Hugh Nibley:

 

“Cuando todo lo accidental e incidental sea quitado, ¿qué permanece que sea la quintaesencia de Sión? Los edificios, paredes, calles y portales – aún los de oro y jaspe – no hacen Sión; tampoco las multitudes con ropaje resplandeciente. Sión no es una producción de Cecil B. DeMille; los bienes no desarrollan la obra, sin importar cuán espléndidos sean. ¿Qué es lo que hace a Sión? Dios nos ha dado la definición perfecta: Sión son los puros de corazón – los puros de corazón, no meramente los puros de apariencia.

No es una sociedad o religión de formas y observancias, de gestos píos y preciosos manierismos. Es estrictamente una condición del corazón. Por sobre todo, Sión es pura, lo cual significa  ‘sin ninguna impureza, sin mezcla’. Es todo Sión y ninguna otra cosa. No se logra cuando un corazón es puro, o cuando dos o tres son puros, porque es ‘todos los puros’ – es una sociedad, una comunidad, un medio ambiente en el cual nada impuro puede entrar…  [21]

 

“No es siquiera gente pura en un medio ambiente sucio o gente pura con algunos pocos impuros entre ellos; son los perfectamente puros en un ambiente perfectamente puro.

Babilonia y Sión no pueden mezclarse en grado alguno. Una Sión que hace concesiones no es más Sión.

El ‘principio de Mahan’ (Nibley hace aquí una referencia a la figura de Caín en La Perla de Gran Precio) es un franco reconocimiento de que la economía del mundo está basada en el intercambio de vida por propiedad. Esto es más evidente, por supuesto, en tiempos de guerra. El gran negocio en el mundo de hoy es la venta, de todos para todos, de armas mortales, llevando la ventaja las maquinarias de asesinar más eficientes. No hace mucho eran las drogas, pero es lo mismo en una escala descendiente de responsabilidades en la que nadie está libre de culpa: el que dispara, el soldado de fortuna, el traficante de armas, el que las manufactura, saqueando especies completas por materias primas, destruyendo vida tanto al procesarlas como al obtenerlas y distribuirlas. El terrible proceso de esta industria acorta y empobrece la vida en cada nivel, desde el trabajo esclavo hasta el envenenamiento del agua y el aire. Esta es la economía del mundo, ya que Satanás es ‘el príncipe de este mundo’. [22]

 

Para poder reconciliar los caminos de Babilonia con los de Sión, ha sido necesario dar un rodeo a las inconvenientes barreras de la conciencia y las escrituras mediante el uso del verdadero y probado artilugio de la retórica, definida por Platón como el arte de hacer que las cosas verdaderas parezcan falsas y las falsas verdaderas, mediante el uso de las palabras. Este arte invalorable, desde tiempos de Caín, ha investido a los modos de Babilonia con cierto aire de altos propósitos, sólida virtud e impecable respetabilidad. [23]

 

Todo retórico sabe que sus armas más efectivas son los rótulos. Puede demoler a la oposición con simples y devastadores rótulos tales como comunismo, socialismo, o ateismo, papismo, militarismo o mormonismo, así como dar a los peores crímenes de sus clientes un brillo religioso con nobles rótulos como integridad, honestidad a la antigua, perseverancia o libre empresa competitiva. ‘Puedes salirte con la tuya en lo que quieras con sólo agitar la bandera’ me dijo una vez un socio de mi padre. El llamaba a eso patriotismo. [24]

 

“El cabello largo, las barbas, los collares, el LSD y el rock, Big Sur y Woodstock vienen y van, pero Babilonia está siempre allí: rica, respetable, inamovible, con sus paredes de granito y bóvedas de acero, sus portales de bronce, sus adornos de ónix y pisos de mármol (todo tomado de los antiguos templos, ya que estos son nuestros templos modernos) y sus vidrios a prueba de balas, los sorprendentes símbolos de total seguridad. Manteniendo sus orgías decentemente privadas, nos presenta a todos una fachada apropiadamente inalterable.” [25]

 

“Durante toda mi vida he evitado estos temas problemáticos y altamente impopulares – quizás hasta ofensivos. Pero no puedo hacerlo más porque en mi ancianidad me he volcado a las Escrituras y allí mi reacia atención fue forzada a ver que, desde los tiempos de Adán hasta el presente día, Sión se ha enfrentado contra Babilonia, y el nombre del juego ha sido siempre el dinero, ‘poder y ganancia’” [26]

 

“Si persistimos en revertir las palabras del Salvador, ‘quien tome la espada por la espada perecerá’ para leer perversamente ‘quien no tome la espada por la espada perecerá’ mereceremos lo que nos ocurra” [27]

 

¿Cuál Jesucristo?

 

Cristo estaba en contra de las soluciones violentas. Muchos de sus contemporáneos hubiesen deseado verlo empuñando su espada contra los romanos. El discurso típico del patriotismo antes que nada lo hubiera justificado. Su tierra había sido invadida, sus libertades restringidas, sus propiedades y familias amenazadas. Estos son motivos más que aceptables para la moderna teoría de la guerra justa. Como lo demuestran las genealogías de los evangelios, Jesús de Nazaret pertenecía al linaje de los reyes de Judá. No sólo podría haberse involucrado en una guerra sino que tenía el derecho legal de hacerlo. Sin embargo no lo hizo. Algunas de sus enseñanzas:

 

“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, hace bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5: 44-45)

 

“Bienaventurados los pacificadores porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9)

 

“Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja.

Entonces Jesús le dijo: vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.

¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles (Mato 26: 51-53)

 

El poseer una fuerza que decidimos magnánimamente no usar multiplica infinitamente el poder de esa fuerza. Esa es una verdad que los dirigentes políticos del mundo aún no han aprendido. Ya se quejaba de ello William Shakespere en Medida a medida:

 

O, it is excellent to have a giant’s strength;

but it is tyrannous to use it like a giant (2.2).  [28]

 

Walter Winks ha sugerido:

 

“Jesús claramente rechazó la opción militar como una manera de reparar las aflicciones judías. Rehusó liderar tropas en una guerra contra Roma, o defender su propia causa por medios violentos. Soportó la cruz antes que ser infiel a sus formas no violentas… Jesús descubrió una manera de oponerse a la maldad sin volverse malo en el proceso” [29]

 

Por supuesto, están quienes prefieren la imagen de Jesús echando a los mercaderes del Templo en ‘justa indignación’ o citan Mateo 10:34 (“no he venido para traer paz, sino espada”) como justificación para la guerra. Pero la verdad es que, tomada en contexto, la frase se refiere a las disensiones que, aún dentro de una misma familia, provocaría el aceptar o no sus enseñanzas. Como Pablo lo explicó en Hebreos 4:12 esa espada es el propio evangelio.

En anteriores escritos quedó clara que, como lo expresara el Presidente David O. McKay, la sola idea de la guerra es irreconciliable con el evangelio de Cristo. [30]

 

¿Cuáles Profetas?

 

José Smith. Es interesante notar lo que dice la introducción a la Sección 98 de Doctrina y Convenios, a la cual nos hemos referido reiteradamente:

 

“Esta revelación vino como consecuencia de la persecución de que eran objeto los santos en Misuri. No era sino natural que, después de haber padecido físicamente y también tras haber perdido sus propiedades se hubieran sentido inclinados hacia la represalia y la venganza. Por tanto el Señor dio esta revelación.”

 

Es decir, que el mandato de renunciar a la guerra y proclamar la paz no vino en una circunstancia ideal ni exenta de sentimientos hostiles, sin embargo esa fue la voluntad de Dios.

 

Brigham Young. La relación de los pioneros mormones con los indios Utes había sido amigable por más de siete años, hasta que un colono de Springville intentó defender a una mujer india de la paliza que le propinaba su esposo. El incidente, al que se fueron sumando participantes de ambos bandos, culminó en una escaramuzo y un indio herido que, con el correr de los días, falleció. El jefe de los Utes, Walkara (Walker para los pioneros) inició una guerra de venganza.

Esta era una situación de defensa propia. Las familias, el ganado y las tierras estaban en peligro. ¿Qué hizo Brigham Young? Escribió una carta. Su contenido es interesante:

 

Julio 25 de 1853

Capitán Walker:

 

Te envío algo de tabaco para que fumes en las montañas cuando te sientas solitario. Actúas como un tonto al pelarte con tus mejores amigos, los únicos que tienes en el mundo. Cualquier otro intentaría matarte de tener la oportunidad. Si tienes hambre envía algún indio amistoso a nuestras poblaciones y te daremos carne de ganado y harina. Si tienes miedo del tabaco que te envío, dalo a probar primero a alguno de tus prisioneros y sabrás que es bueno. Cuando nuevamente estés de humor agradable me gustaría verte. ¿No deberías avergonzarte? Sabes que siempre he sido tu mejor amigo.

Brigham Young [31]

 

Un año más tarde se firmó un tratado de paz y las cosas volvieron a normalizarse, pero las cartas continuaron y el Jefe Walkara apreciaba esta distinción del hombre blanco. Al punto que, al morir, fue enterrado con una carta del Presidente Young en sus manos, la que nunca alcanzó a leer. Ahora bien ¿qué expresaban esas cartas? Comprensión, promesas de perdón, amistad ¿qué no expresaban? Odio, enojo, amenazas y orgullo. Como siempre, en los textos y acciones leemos tanto lo que se dice como lo que no se dice. Con respecto a otros Presidentes de la Iglesia me he referido ampliamente en mis anteriores ensayos.

 

¿Cuáles mormones?

 

“Es muy posible que a los Santos que no viven en EEUU les sea mucho más fácil separar el rol de Estados Unidos como la ‘cuna de la restauración’ del de ‘portador permanente de visiones políticas moralmente superiores’” [32]

 

Los norteamericanos representan el 5% de la población mundial. Por otra parte los miembros de la Iglesia que viven en EEUU son sólo el 1.8 % del total de sus habitantes. Además no me cabe duda de que no todos son Republicanos y de que abarcan un amplio espectro de pensamiento político y social.

Simultáneamente, de los 13.000.000 de miembros de la Iglesia en el mundo, el 58% vive fuera del ‘gigante del norte’. De modo que, cuando escuchamos hablar de que los mormones apoyan esto o creen esto otro, ¿de qué estamos hablando? o, ¿de quiénes estamos hablando?

 

Una muy reciente encuesta[33] entre miembros de la Iglesia norteamericanos da interesantes resultados.

Al preguntárseles si sentían que los líderes SUD apoyaban la guerra, el 67% dijo que no (contra el 11% que dijo que sí). Ante la pregunta de si las escrituras SUD apoyaban la guerra, 52% dijo que no (contra un 15% que sí). En respuesta a si sentían que la guerra conduciría a mejorar la obra misional en Medio Oriente, 52% dijo que no (contra un 18.5% que sí). Las respuestas indicaron que los participantes no parecen creer que sus opiniones vengan directamente de las escrituras o de sus líderes en la Iglesia.

¿De dónde vienen entonces?

Tengo ante mi el mapa electoral norteamericano del 2004 [34]. Es muy fácil observar que, salvo los estados del Pacífico y algunos del noreste todos votaron por el partido Republicano. Pero, con la excepción de Nuevo México, el mapa reproduce casi exactamente al de las elecciones del 2000, cuando no existían ni 11 de Septiembre, ni Afganistán, ni Irak.

De modo que creo que paulatinamente deberemos ir cambiando el esquema de “ideas religiosas que apoyan la guerra” por el de “tradiciones culturales regionales con ideas preconcebidas sobre el mundo y las relaciones internacionales” que buscan apoyo en una lectura parcial y tendenciosa de conceptos religiosos.

Enfrentados a frases de carácter pacifista de David O. McKay, Spencer W. Kimball o Hugh Nibley, los participantes en la encuesta, además de no distinguir en su mayoría a quienes correspondían dichas frases, las consideraron ‘liberales’ o ‘excesivamente idealistas’. Es decir que, para el norteamericano promedio del centro y sur del país, el cristianismo enseñado en las Escrituras es ‘demasiado liberal’ y prefieren el ‘home-made’.

Es obvio que una buena proporción de estadounidenses arrastra un pesado bagaje cultural proveniente de su medio que, en circunstancias específicas, afecta aún a sus creencias religiosas.

El portavoz de la Iglesia, Dale Bills ha debido repetir por enésima vez: “En asuntos de gobierno y política la Iglesia se mantiene institucionalmente neutral. A los Santos de los Ultimos Días se les enseña a apoyar a sus gobernantes locales y nacionales, pero la Iglesia no apoya candidatos, partidos o plataformas”  [35]

 

Orson Scott Card, el popular novelista SUD, ganador de los premios Hugo y Nebula ha observado:

 

“Aquellos que realmente han vivido en un barrio Mormón – y especialmente aquellos que han intentado dirigir a un grupo de mormones en cualquier clase de actividad – todos pueden afirmar la siguiente verdad: es posible que sean el grupo más cabeza dura y de opiniones más independientes que jamás se haya reunido en una comunidad religiosa” [36]

 

Los miembros de la Iglesia que habitan los valles de Utah apenas superan el 30% de los que viven en EEUU, y sólo representan el 13% de todos lo que hay en el mundo. Con la actual propagación mundial del evangelio deberemos comenzar a verlos como una de las muchas sub-culturas que forman los Santos en el globo, honrándolos por sus logros histórico-sociales y religiosos pero no necesariamente imitándolos o apoyándolos en aspectos políticos que no tienen asidero doctrinal.

 

“De modo que fabricamos mitos para apoyar nuestras actitudes a favor de la guerra. Esto se hizo evidente en una reciente conversación con una hermana en mi barrio. Me dijo que la razón por la que creía que algunas guerras estaban justificadas era que uno de los Apóstoles había dicho que la guerra de Vietnam se había librado para que Vietnam se abriera a la predicación del evangelio. Quedé anonadado por el hecho de que alguien pudiera creer que Dios permitió (o causó!) 58.000 muertes americanas y más de un millón de bajas vietnamitas para que el evangelio pudiera introducirse en Vietnam (En 2003 había un total de 100 miembros en dos ramas de habla inglesa en Hanoi y Ho Chi Minh, a las que asistían casi exclusivamente familias expatriadas)… Con tales sentimientos deconstruimos la arquitectura moral del mundo y disminuimos en lugar de incrementar las posibilidades de que el evangelio vaya a todas las naciones, pues cuando relacionamos a Dios con la violencia y utilizamos el evangelio para justificar la guerra, erosionamos la frágil fe por la que el mensaje de Cristo puede sobrevivir en un mundo crecientemente hostil.

Los Santos de los Ultimos Días deberíamos establecer un ejemplo para otros renunciando a la violencia, incluyendo nuestra celebración de la cultura de las armas. El hecho de que Utah tenga una de las más altas tenencias de armas per capita de la nación y una de las más permisivas leyes de portación (incluyendo el permiso para llevarlas a las escuelas e iglesias) sugiere que como pueblo estamos bastante lejos de la Sión idealizada en nuestra imaginería cultural. Un indicador de la violencia que producen las armas en los EEUU es que anualmente mueren por su causa diez veces el número de personas que murieron en el World Trade Center. Como lo expresara un ministro, nos hemos transformado en terroristas para nuestra propia gente…” [37]

 

¿Cuál Paz? ¿cuáles corazones?

 

Generalmente definimos la paz en términos de lo que no es en vez de resaltar lo que sí es: Paz es la ausencia de Guerra. Los sicólogos prefieren definirla como la “presencia de cualidades, valores y formas de acercamiento en las relaciones humanas que construyen una mayor armonía” [38]

 

Hemos sido enseñados que no será necesario esperar al Milenio para limitar el poder de Satanás. Que cada uno de nosotros puede adelantar el Milenio en su experiencia individual impidiendo la influencia maligna en su vida. Esto, sin duda, requerirá una oposición activa a las formas y métodos satánicos, incluyendo la guerra. Para ello, deberá producirse un cambio profundo en nuestros corazones:

“Si el deseo de paz es tan universal y profundo, entonces, ¿porqué tantos políticos terminan violándolo? El requerimiento ‘renunciad a la guerra y proclamad la paz’ (DyC 98:16) es obviamente simple… La desesperación no es inspiración. Los requerimientos que deben ser compartidos por todas las naciones a fin de lograr esa clase de paz son nada menos que impresionantes.

Pero, se dirá rápidamente, ¿no pueden aquellos con fe religiosa cooperar plenamente con los agnósticos y los ateos para la supervivencia mutua? Parecería que sí. Entonces ¿por qué no sucede? ¿Creemos realmente que media docena de líderes pueden frustrar una preocupación tan profunda y universal? Incluye un ‘problema de comunicación’, pero es mucho más…

…si el diagnóstico de 1945 de las Naciones Unidas es correcto, y la guerra comienza en los corazones y mentes de los hombres ¿cuán esperanzados podemos estar por el futuro si más y más familias están fallando y nuestros sistemas educacionales están demasiado a menudo vacíos de contenido moral?… La pobreza y la conspiración se combinan para crear más terroristas por año de lo que nosotros podemos producir pacificadores en una generación. A este respecto, todavía tenemos que sondear las profundidades de estos versículos con todas sus implicaciones sobre la avaricia y la envidia:

“Pero no se ha dispuesto que un hombre posea más que otro; por consiguiente el mundo yace en pecado” (DyC 49:20)

“No codiciarás… cosa alguna de tu prójimo” (Deuteronomio 5:21)

Santiago lo sintetizó bien:

‘¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis, matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís’ (Santiago 4:1-2)

De esta manera, la verdadera paz está ligada a la rectitud humana, irrevocablemente… [39]

 

 

También hemos aprendido que los principios del Evangelio deben armonizar entre sí, como engranajes bien aceitados. Cuando centramos nuestra atención en forma desproporcionada en uno sólo de ellos, todo el conjunto se ve afectado. El amor a la patria, un sentimiento noble y bueno de por sí, sacado de contexto y agigantado llega a nublar nuestra visión de ese conjunto imprescindible.

 

 

En suma, entonces, el poder de nuestra fe no está limitado por la historia, ni por la nacionalidad ni por la cultura; no es la propiedad particular de ningún pueblo ni de ninguna edad. Como José Smith lo indicó: “Está por encima de los reinos del mundo” (History of the Church 5:526)  [40]

 

 

 

 

MRM 2006-PERM


[1] Erasmo de Rótterdam, Elogio de la Locura, Buenos Aires, Gradifico SRL, 2004, pag. 35

[2]  Le Monde, Paris 23-07-2005

[3]  Robert A. Rees, America’s war on Terrorism, one Latter-day Saint’s perspective, Dialogue: a Journal of Mormon Thought

[4]  Neal A. Maxwell, Discursos no Pronunciados, 1991, Deseret Book Sudamérica, Bs. Aires, pag. 30

[5]  David E. Sanger, “China is Treated More Gently than North Korea for Same Sin,” New York Times, 21 February 2002, A8.

[6]  Carola Hoyos, “A Discreet Way of Doing Business with Iraq,” London Financial Times, 3 November 2000. Ver también Bob Herbert, “Dancing with the Devil,” New York Times, 22 May 2003, A 31. Herbert  señala además la ironía de que Haliburton sea premiada con billones de dólares por administrar el petróleo irakí y reparar los daños de los bombardeos norteamericanos.

[7]  Chris Hedges, War: A Force that Gives Us Meaning  (New York: Public Affairs, 2002), 24.

[8]  Nicolas D. Kristoff, “Our Own Terrorist,” New York Times, 5 March 2002, A23.

[9]  Robert A. Rees, America’s war on Terrorism, one Latter-day Saint’s perspective, Dialogue: a Journal of Mormon Thought

[10]  Alan Riding, “Losing Pseudonym, Gaining Notoriety,” New York Times, 21 February 2002, B3

[11]  John Le Carré “El engaño político llega a niveles inaceptables” Entrevista a El País, Madrid 24-07-05

[12]  Hedges, War, 9.

[13]  Joy Gordon, “Cool War: Economic Sanctions as a Weapon of Mass Destruction,” Harper’s (Noviembre  2002): 43. Gordon  observa, “Lo que deberíamos aprender de nuestras reacciones con respecto al 11 de Septiembre es que la destrucción masiva de inocentes es algo difícil de olvidar y de perdonar. Siendo esto así, entonces la destrucción de Irak, ya sea con sanciones o con bombas, difícilmente nos traerá la seguridad por cuya preservación hemos ido tan lejos.. (49)

[14] Scott Atran, “Who Wants to Be a Martyr?” New York Times, 5 May 2003, A27.

[15]  Harold B. Lee, From the Valley of Despair to the Mountain Peaks of Hope, The New Era,  August 1971, pags. 4-5

[16]  Eugene England, “Can Nations Love Their Enemies?”, Dialogues With Myself (Midvale, Utah: Orion Books, 1984), 148.

[17]  Edwin Brown, y Christopher L. Blakesley. “Clark, Law and International Order.” BYU Studies 13 (Spring 1973) p. 298

 

[18]  Gene Sharp, “The Role of Power in Nonviolent Struggle,” Monograph Series, no. 3 (The Albert Einstein Institution, 1990), 18, citado en Ackerman and DuVall, A Force More Powerful, 9.

[19]  Robert A. Rees, America’s war on Terrorism, one Latter-day Saint’s perspective, Dialogue: a Journal of Mormon Thought, pag. 11

 

 

[20]  Hugh Nibley, “Renounce War!” BYU Daily Universe, 26 March 1971, citado en Gordon C. Thomasson, War, Conscription, Conscience and Mormonism (Santa Barbara, Calif.: Mormon Heritage, 1972), 24-25.

[21] Hugh Nibley, Of All Things! Classic Quotations from Hugh Nibley, 2nd ed., rev. and expanded, compiled and edited by Gary P. Gillum, p.206

[22]  Hugh Nibley, “Law of Consecration,” CWHN 9:436-37

[23]  Hugh Nibley, “What Is Zion?” CWHN 9:45

[24] Hugh Nibley, Of All Things! Classic Quotations from Hugh Nibley, 2nd ed., rev. and expanded, compiled and edited by Gary P. Gillum, p.208

[25]  Hugh Nibley, “What Is Zion?” CWHN 9:54-55

[26]  Hugh Nibley, “What Is Zion?” CWHN 9:58

[27]  Hugh Nibley, “Renounce War, or, A Substitute for Victory,” citado en Boyd Jay Peterson, Hugh Nibley: A Consecrated Life (Salt Lake City: Greg Kofford Books, 2002), 216-217.

[28]  Oh, es excelente tener la fuerza de un gigante

pero es tiránico usarla como él lo haría.

[29] Walter Wink, The Powers That Be: Theology for a New Millennium (New York: Double-day, 1998),    69.

[30]  MRM 2004-PESC, pag 11-12

[31]  Harvey H. Cluff, Journal 1836-1868

[32]  Marc A. Schindler  Is There Such a Thing as a “Moral War”? Marc Schindler vive en Gloucester, Ontario, Canada, con su esposa, Kathleen, y cuatro hijos. Se ha graduado en 1977 en la Universidad de Calgary. Se ha presentado tanto a la Legislatura de Ontario como al Parlamento por el Partido Libertario.

 

[33]  mormonwarsurvey.wordpress.com/2006/06/30/perceptions-of-war-in-mormon-culture/ – 52k –

[34]  Libro del año 2005, Barsa Planeta, Kentucky, 2005, pag. 287.

[35]  Salt Lake Tribune, 20/01/2006

[36]  Card, Orson Scott. “Hey, Who Are You Calling a Cult?” (Link)

[37]  Robert A. Rees, America’s war on Terrorism, one Latter-day Saint’s perspective, Dialogue: a Journal of Mormon Thought.

[38]  Steve Handwerker, n.d., “Peace Initiatives: A Preventive Approach,” http://www.aaets.org/arts/art81.htm.

 

[39]  Neal A. Maxwell, Discursos no Pronunciados, 1991, Deseret Book Sudamérica, Bs. Aires, pag. 31-36

[40]  Howard W. Hunter, Liahona, enero de 1992, pag. 21

POLIFEMO EN SU CUEVA

POLIFEMO EN SU CUEVA

(Algunas reflexiones adicionales sobre la Guerra y la Paz)

por Mario R. Montani

 

“La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz”.

Thomas Mann

 

“Polifemo está dolido en su cóncava cueva. Un hombre malvado lo ha privado de su único ojo. Es cierto que ello ocurrió después de que el Cíclope su hubo comido a varios camaradas del astuto mortal, y es cierto también que él jamás respetó a dioses o humanos confiado en su propia fuerza. Al llegar la aurora de rosados dedos, a la que ya no puede ver, nace en su pecho un profundo odio hacia su cegador. El muy ingenioso declaró que su nombre era ‘Ninguno’. Cuando los otros Cíclopes se acercaron a la piedra que cubría la caverna para inquirir quién lo lastimaba, Polifemo vociferó en el interior: ‘Ninguno me lastima’, por lo que sus compañeros se alejaron enfadados.

Ahora, enfurecido y atormentado, el gigante arranca las cimas de los montes y las arroja al mar y a las otras islas intentando dañar la nave que se aleja.

Polifemo retorna a su cueva y clama por venganza…

El moderno Polifemo está dolido en todo su territorio. Un hombre malvado lo ha privado de la idea de ser invulnerable. Es cierto que, antes de eso, el gigante ha dejado cadáveres y sueños destruidos en varias regiones del globo. Es cierto también que no ha mostrado respeto a humanos ni dioses, confiado en su propia fuerza.

Cuando se reúne con la Asamblea de Cíclopes Unidos, que gobierna los demás territorios, no puede identificar a su atacante con ‘Ninguno’ de ellos, pero el dolor igual requiere una reparación.

Arrojará cimas de montañas (con lo que él cree ‘precisión quirúrgica’ a pesar de su ceguera) sobre Afganistán, Irak y, quizás, otras regiones convenientes.

Los simples mortales tratarán de alejarse en espera de que pase su furia y rogarán a sus deidades que de la herida de aquel ojo único (que era mayormente utilizado para mirar el propio ombligo) pueda surgir una capacidad de ver más claro, más profundo, más allá…”

 

Escribí esta pequeña alegoría de Polifemo, basada en la narración del Canto IX de ‘La Odisea’, en el 2002. Por aquel entonces la invasión a Afganistán por parte de EEUU era una novedad y la subsiguiente invasión a Irak sólo un proyecto.

Hoy, 10 de noviembre de 2004, días después de que George W. Bush ha sido reelegido como Presidente de su país, descubro con asombro y no oculta incredulidad que el Cíclope sigue enojado, y, me atrevería a insinuar, asustado.

Creo que deberemos prepararnos para más cimas de montes arrancadas y más violaciones a derechos humanos básicos con la excusa de la ‘indignación justa’ y el ‘compromiso de extender la democracia’.

La ciudad de Fallujah, en Irak, acaba de ser destruida no por los misiles, no por los tanques, no por las fuerzas especiales norteamericanas. Acaba de ser destruida por los votos de los ciudadanos de esa nacionalidad, y en algún momento deberán dar cuenta de ello. Por casi cuatro meses Bush evitó el ataque pues no estaba seguro de cómo repercutiría en las elecciones. Ahora que sus conciudadanos le han extendido un cheque en blanco, las repercusiones no importan demasiado.

Hacia 1500, Thomas Moore, el hombre de dos reinos, quien acabaría siendo ejecutado por Enrique VIII al no ceder a sus pretensiones, escribía en su Utopía:

 

“…los príncipes se inclinan más por los asuntos militares que a las artes bienhechoras de la paz, y se preocupan más de conquistar, por buenas o malas artes, nuevos reinos que de regir adecuadamente los que ya poseen.

… Evidentemente, de cualquier forma que se examinen las cosas, no creo que pueda aprovechar a la sociedad el sostener una gran cantidad de individuos de esta clase, que destruye la paz, solamente por la posibilidad de una guerra que no tendrían si no la desearan. La paz exige que le concedamos tanta atención como a la guerra”. Thomas Moore (1478-1535) Utopia (De optimo statu rei publicae deque nova insula Utopia), 1994, Barcelona, Edicomunicación S.A., pags. 40-45

 

“La paz exige que le concedamos tanta atención como a la guerra”. Tal el tema básico de este escrito. ¿Es posible que exista un pacifismo mormón? ¿Debe existirlo? ¿Ha habido posiciones pacifistas entre los líderes de la Iglesia en el pasado? ¿Cuál es nuestra responsabilidad individual al respecto? ¿El pacifismo y la lealtad a un país son incompatibles? Estas son algunas de las preguntas a las que intentaremos dar respuesta.

 

Concepto erróneo I (“Mi padre bombardeó tu casa para que yo pudiera venir a predicarte el Evangelio”).

Existe una corriente de opinión entre algunos miembros de la Iglesia (no en La Iglesia) según la cual las guerras son siempre movimientos preparatorios por los cuales el Señor acomoda los asuntos de los hombres, derriba obstáculos políticos, modifica fronteras y allana el camino para la predicación de la Verdad. Hace algunos meses atrás, en el curso de Doctrina del Evangelio que enseño en mi Barrio, alguien destiló la idea de que tal vez no deberíamos ser tan duros con el gobierno de EEUU en el asunto de la guerra en Irak, ya que el resultado final de esos conflictos podría ser positivo para el mundo y la Iglesia. Como no era mi intención debatir en un ambiente en el cual no correspondía hacerlo, sólo le recordé que la doctrina según la cual el logro de un buen fin justifica el uso de cualquier medio se denomina maquiavélica. Por supuesto, este buen hermano había sido iluminado por un joven misionero norteamericano, quien a su vez recibió la iluminación desde su hogar en el lejano Norte.

Considero este concepto erróneo, además de monstruoso, por varios motivos:

a) La guerra es un instrumento de Satanás. Está fuera del alcance humano predeterminar en qué ocasiones el Señor permitirá su uso con fines benéficos para la raza humana. Por tanto, dejémoslo en Sus manos. Mientras tanto nuestra obligación es “evitar la guerra y proclamar la paz” así como tratar de no encontrarnos entre “los que llaman a lo bueno malo y a lo malo bueno”.

Veamos lo que Brigham Young tenía para decir al respecto:

 

“El Diablo se deleita en las obras de destrucción… se deleita en convulsionar y confundir los asuntos de los hombres, políticos, religiosos y morales, introduciendo la guerra con su larga cadena de consecuencias terribles. Es el mal lo que causa que todas estas miserias y deformidades vengan sobre los habitantes de la tierra” (Disc. 11:240)

 

“De una cosa estoy seguro; Dios nunca instituyó la guerra; Dios no es autor de confusión o de guerra; ellas son el resultado de los actos de los hijos de los hombres. Confusión y guerra vienen necesariamente como consecuencia de las políticas y hechos absurdos de los hombres; pero no vienen porque Dios desea que vengan. Si la gente, en general, se volviese al Señor, nunca habría una guerra. Que el hombre torne de sus pecados e iniquidades, y en vez de ser malvado y codicioso, se vuelva al Señor e intente promover la paz y felicidad por toda la tierra, y las guerras cesarán… Nosotros debemos instaurar paz, plenitud y felicidad para toda la familia humana (Disc. 13:149)

 

b) La caída de la Cortina de Hierro (prevista oportunamente por el Presidente Kimball) se produjo sin guerra ni el menor derramamiento de sangre. La única condición fue que los miembros de la Iglesia se preparasen para atravesarla. La misma promesa fue extendida para las naciones detrás de la Cortina de Bambú.

 

c) El axioma de que “detrás del ejército norteamericano entra el ejército de misioneros” no parece confirmado por la historia reciente. Vietnam podría ser un ejemplo típico. La guerra en ese país culminó con una doble victoria: el éxito militar vietnamita fue una victoria del pueblo vietnamita, pero la derrota militar norteamericana fue una victoria del pueblo norteamericano. No es raro que los pacifistas gocen de escasa fama en ciertos ámbitos a partir de entonces. Es posible que el axioma deba ser reformulado: “en algunas ocasiones muy contadas, y siempre que ganemos la guerra, puede ser que tras el ejército de soldados (no anglosajones en su mayoría) vengan algunos misioneros (no anglosajones en su mayoría)”.

 

Concepto erróneo II – “Te mato pero esta muerte no cuenta” (variante a) o “Para eso te votamos, para ser el chivo expiatorio” (variante b).

 

Acudamos nuevamente a Brigham Young:

 

“Nuestras tradiciones han sido tales que no vemos la guerra entre dos naciones como asesinato, pero supongamos que una familia se levantase en contra de otra y comenzara a matarla, ¿no serían apresados y juzgados por homicidio? Entonces ¿por qué las naciones que se levantan una contra otra y se destruyen científicamente no serían igualmente culpables de asesinato? Porque un gran ejército esté haciendo el trabajo ¿justifica eso la matanza de hombres, mujeres y niños que de otro modo habrían permanecido pacíficamente en casa? No: los culpables serán malditos por ello” (Disc. 7:137)

 

El inicio de acciones de guerra suele estar acompañado de una doble variación en los parámetros normales de apreciación. Por un lado, una sobrevaloración del nacionalismo patriótico a expensas de otras áreas de pertenencia social como ideologías, tradiciones culturales o religión. Por otro, el adormecimiento anestésico de los valores morales, lo cual permite aceptar hechos y actitudes impensables en otras circunstancias. Estas variaciones son estimuladas en cada lugar por los representantes políticos, militares, y a veces, desgraciadamente, religiosos, mediante propaganda, noticias distorsionadas y hábil manipulación de la realidad.

Pero en el corazón de toda la situación, el objetivo es liberar al individuo de la responsabilidad moral de sus acciones (creo recordar vagamente, aunque una especie de velo me lo impide, que alguien, hace mucho, nos propuso algo parecido). La maquinaria bélica no puede admitir que un soldado tenga en cada momento la opción de disparar o no, de si matará a su semejante o no. De modo que lo resuelve de antemano: “tu única misión es disparar, las responsabilidades morales quedarán en nuestras manos y tu registro terrenal permanecerá limpio”. Esto lo logra mediante una larga cadena de mandos en la que la responsabilidad se va diluyendo y, a la vez, acumulando. En una democracia, finalmente, la totalidad de esa responsabilidad recae sobre la figura presidencial o del Primer Ministro. Pero en una democracia, también, el poder está en el electorado, y el voto es un acto por el que asumimos responsabilidades. Si yo sé que un determinado candidato planea llevar a mi país a una guerra, y, a pesar de ello, lo voto, estoy asumiendo una seria responsabilidad: la misma que él. He perdido el derecho de decir: ‘yo sólo te voté, de allí en adelante los errores, las muertes, las violaciones, las torturas, serán sobre tu cabeza, no sobre la mía’. Ese facilismo perverso es también una necesidad de la maquinaria bélica y de los líderes religiosos que deciden acompañarla, no del verdadero Cristianismo.

 

Concepto erróneo III – “Si dices lo mismo que yo digo es porque debes creer lo mismo que yo creo”

 

“Dios escogió a América para que aquí se construyese la sede del paraíso terrestre; por eso, la causa de América será siempre justa y ningún mal le será jamás imputado. Los colonos son los auténticos herederos del pueblo elegido, pues preservan la santa fe. Nuestra misión es dirigir los ejércitos de la luz en dirección a los futuros milenios.”

 

Uno podría suponer que la frase fue pronunciada en el transcurso de alguna Conferencia General de la Iglesia en el siglo XIX, pero no, el texto forma parte de las Prédicas Puritanas publicadas en Nueva Jersey en 1660, casi doscientos años antes de que la Iglesia se organizara. ¿Cómo podemos interpretar esas declaraciones? ¿Significa que los predicadores puritanos fueron inspirados? ¿no figuraban ellos entre los credos ‘que estaban en error …que eran una abominación a Su vista; y que … se habían pervertido’…(José Smith Historia 1:19)?

Aún en 1900 explicaba el senador por Indiana, Albert Beveridge (no miembro de la Iglesia): “Dios designó al pueblo norteamericano como nación elegida para dar inicio a la regeneración del mundo”. ¿También él fue un visionario?

Como escribe Elise Marienstrass:

 

“Los peregrinos que abordan Plymouth y los puritanos que colonizan la bahía de Massachussetts tienen una meta precisa que porta en sí la agresión: crear la Nueva Jerusalén en el corazón del desierto, y para ello, cazar al demonio bajo todos sus disfraces, incluído cuando se encarna en la persona de los indios. Cuando, entre 1633 y 1634, una terrible epidemia de viruela acabe con miles de indios “massachussets”, los puritanos, nuevo pueblo elegido, darán gracias a Dios por enviar ese golpe contra sus enemigos” Marienstrass, E.: La resistance indienne aux Etats Unis, Juliard, París, 1980 (p. 62)

 

George Washington afirmaba: “Los Estados Unidos son una nueva Jerusalén, designada por la Providencia para ser el teatro donde el hombre debe alcanzar su verdadera talla, donde la ciencia, la libertad, la felicidad y la gloria deben extenderse en paz. Thomas Jefferson dirá que “Los Estados Unidos son una nación universal que persigue ideales universalmente válidos”. John Adams los definirá como “una república pura y virtuosa cuyo destino es gobernar el globo e introducir la perfección del hombre” (Las tres citas se tomaron de Jacqueline Grapin, “La dérive à l’Ouest”, en CADMOS, 37, primavera, 1987).

Los EEUU se constituyen como una nación utópica. Las comunidades de cuáqueros, menonitas, shakers que pueblan Nueva Inglaterra rompen con Europa y huyen de ella para crear una utopía cuyos presupuestos básicos son: la igualdad, la libertad, la muerte de la autoridad, el imperio de la moral…

Jean Baudrillard, el teórico francés escribe: “Los EEUU son la utopía realizada… Una utopía encarnada, una sociedad que, con un candor que se puede considerar insoportable, se instituye sobre la idea de que representa la realización de todo lo que los demás han soñado —justicia, abundancia, derecho, riqueza, libertad—; lo sabe, cree en ello y, finalmente, los demás también lo creen”.  (Baudrillard, J.: América, Anagrama, Barcelona, 1987.)

El análisis de este punto requiere al menos dos consideraciones:

 

a) La primera de ellas es de carácter lingüístico. Tiene que ver con la acumulación y variación semántica que el paso del tiempo otorga a las palabras. Parece demasiado obvio mencionarlo, pero las mismas palabras no siempre significan lo mismo, y muchas veces, algo totalmente opuesto. Creer que la Nueva Jerusalén de Washington o de los puritanos es la misma a la que hacen referencia el Libro de Mormón y la Doctrina y Convenios sería pecar de cierta ingenuidad. No es extraño que las palabras religiosas sean comunes a todos lo grupos cristianos ya que provienen de la Biblia, pero de allí a intentar una unificación del contenido de esas palabras hay un largo trecho. Para una imagen de la Nueva Jerusalén puritana baste recordar los hechos de Salem, Massachussets. Sin embargo, muchos miembros de la Iglesia norteamericanos, mediante un asombroso proceso de simplificación y síntesis, creen que los peregrinos y padres fundadores de su patria estaban diciendo lo mismo que Dios reveló a Joseph Smith, Jr, en todo lo concerniente al futuro promisorio de América. Del mismo modo creen que cuando sus líderes políticos oran automáticamente el Espíritu ilumina todas sus acciones. El acto de orar pasa a ser más importante que las acciones que seguirán a la oración. Los miembros de la Iglesia no creemos eso…

 

b) Otra, quizás más importante, es de tipo ideológico. Analicemos la palabra siempre precisa de Octavio Paz:

 

“Libertad e igualdad fueron valores subversivos; pero lo fueron porque antes habían sido valores religiosos. Libertad e igualdad eran dimensiones de la vida ultramundana; eran dones de Dios y aparecían misteriosamente como expresiones de la voluntad divina. Si en la tragedia griega la libertad de los héroes es una dimensión del Destino, en la teología calvinista está ligada a la predestinación. Así, la revolución religiosa de la Reforma anticipó la revolución política de la democracia” (Paz, Octavio: El Ogro Filantrópico, Seix Barral, Barcelona, 1979, p. 60)

 

El carácter calvinista de los primeros pobladores de Norteamérica no es un tema menor. Todos ellos eran europeos refugiados por su creencia común, directa o indirecta, en las enseñanzas de Calvino. Ingleses presbiterianos, puritanos, holandeses reformados, hugonotes franceses, etc. La doctrina de la predestinación (creencia en que Dios ya ha determinado quienes se salvarán y quienes se condenarán, independientemente de sus acciones) es la antítesis de la doctrina del Libre Albedrío en la que los miembros de la Iglesia creemos como dogma. (Como observó G.K. Chesteron, un determinista enfrenta el problema de explicar por qué dice ‘gracias’ cuando alguien le pasa la mostaza ya que tampoco podría culparlo en caso de que no lo hiciera). En la práctica, ninguna acción humana tiene consecuencias eternas, puesto que, si Dios las permite, es porque ya estaba determinado que así fuera. Tomemos como caso testigo el tratamiento proporcionado a los indígenas. Jeffrey Amherst, un cristiano del siglo XVII no veía contradicción entre sus creencias y la propuesta de exterminar a los indios impregnando con pus de enfermos de viruela las mantas que les vendían. Si morían por esa acción ‘inconsecuente’ era porque Dios así lo había determinado (cit. por José Florit, “Franceses e ingleses en Norteamérica”, en Historia del Mundo, vol. VIII, Salvat ed. Barcelona, 1969)

Todos conocemos el rostro bonachón de Benjamín Franklin según lo muestra el billete de 100 dólares. Yo, personalmente, prefiero imaginarlo remontando su cometa en busca de las tormentas eléctricas o fundando el Saturday Evening Post. Pero su bonhomía o sus intereses científicos y literarios no le impidieron afirmar:

 

“Si en los designios de la Providencia está el destruir a esos salvajes para dejar lugar a los cultivadores de la tierra, no parece inverosímil que el ron sea el medio indicado para ello. Con él se ha aniquilado ya a todas las tribus que en otro tiempo habitaron la región costera” (Astre, G.A. y Lepinasse, P.: La démocratie contrariée. Lobbies et jeux de puvoir aux Etats Unis, la Découverte, París, 1985).

 

Otro rostro al que nos han acostumbrado los dólares es el de Andrew Jackson, presidente norteamericano a partir de 1829. Cuando se encontró oro en Georgia, ordenó al ejército la expulsión inmediata de las tribus Cherokees de sus propias tierras y su ubicación en territorio de Oklahoma, dando lugar a lo que luego se llamó el “camino de las lágrimas”, interminable peregrinar de las tribus indias de un lugar a otro hasta su confinamiento en las reservas que hoy conocemos. Se cuenta que un anciano indio de la tribu Creek llamado Serpiente Moteada pronunció las siguientes palabras ante la política beligerante y expansionista de EEUU:

 

¡Hermanos! He escuchado muchas palabras de nuestro gran padre blanco. Cuando atravesó por primera vez las anchas aguas, no era más que un hombrecito, muy pequeñito. Sus piernas estaban encogidas por haber estado sentado largo tiempo en su gran bote, y nos suplicó un trocito de tierra donde pudiera encender un fuego. Pero cuando el hombre blanco se hubo calentado ante el fuego de los indios y hubo llenado la tripa de su maíz molido, se hizo muy grande. Con un solo paso salvó las montañas y sus pies cubrieron las llanuras y los valles. Su mano alcanzó el mar oriental y el occidental, y su cabeza descansó en la luna. Entonces se convirtió en nuestro Gran Padre. Quería a sus hijos pieles rojas, y dijo: “Apártate un poco más por si te piso”.

 

En esos mismos años se publicaba el Libro de Mormón y se organizaba la Iglesia. Los Santos de los Ultimos Días eran el único pueblo que tenía escrituras que profetizaban la destrucción de los lamanitas por mano de los gentiles, sin embargo ¿cuál fue la actitud humana de la nueva religión hacia este remanente de la Casa de Israel?… Extenderles una mano de amistad y llevarles el evangelio para que conociesen las promesas hechas a sus antepasados. En verdad, uno de los asuntos que ayudó a provocar los disturbios en Misuri fue la relación cordial que mantenían los mormones con las tribus vecinas. Joseph Smith mismo se involucró en la prédica a los lamanitas y Brigham Young se preocupó especialmente por ellos en su viaje hacia el Oeste.

Quizás nos resulte más fácil comprender ahora el tierno pero irónico comentario del joven Joseph a su madre inmediatamente después de la Primera Visión: ‘He sabido a satisfacción mía que el presbiterianismo no es verdadero’ (José Smith Historia 1:20)

La doctrina restaurada de Jesucristo dice: ‘consultemos al Señor antes de actuar. Deberemos sentir una confirmación y además la acción deberá estar en armonía con los demás principios del Evangelio’. La doctrina calvinista, base de la historia y pensamiento norteamericano, dice: ‘Actuemos primero. Si la acción se concreta es porque Dios ya había determinado que fuese así.” Yo veo una ancha y profunda zanja separando ambas posturas. Para otros es sólo una tenue e indefinida línea.

 

Concepto erróneo IV – “El Destino Manifiesto de los Estados Unidos es el arma política e histórica de la que el Señor se vale para lograr el establecimiento de Sión”

 

No sé bien porqué, pero hay muchas cosas que en la escuela nos las enseñaron mal. Cuando tenía unos 11 años escuché hablar por primera vez de la Doctrina Monroe, sintetizada en el slogan “América para los americanos”, como una contraposición a la Doctrina Alberdi o Mitre de “Argentina para el mundo”. Se nos fue explicado cuánto más abierta y bondadosa era la propuesta autóctona pues permitió el ingreso de miles de inmigrantes y un importante comercio con Europa. Claro, en aquel entonces uno no se detenía a meditar que en los Estados Unidos habían ingresado muchos millones más de inmigrantes que aquí y que su comercio de ultramar era bastante más importante y agresivo que el nuestro. No fue hasta mucho más tarde que supe que el Presidente Monroe jamás había expresado el slogan ni tenía la menor idea de que estaba estableciendo tal cosa como una Doctrina. También me fue dado saber, con el paso del tiempo, que la frasecilla en cuestión encerraba un juego de palabras basado en las dos principales acepciones que los norteamericanos dan a la palabra América: “América (toda ella, Norte, Centro y Sur *primera acepción) para los americanos” (es decir, los estadounidenses *segunda acepción)

Fue la ideología utilizada para la compra de Luisiana a Francia, el arrebato de La Florida a España, la expulsión de los indígenas de su territorio y la guerra contra México. Justamente en el transcurso de esa guerra, el periodista John O’Sullivan acuñó el término ‘destino manifiesto’ (Manifest Destiny) para referirse a la proyección político-militar de EEUU sobre el resto del Continente (y, como lo expresaría un científico loco de historieta: esta noche un Continente… mañana el Mundo!)

La noción de supremacía y de superioridad fue construida mediante un proceso de demonización de los indios, españoles, mexicanos, negros, alemanes, japoneses, soviéticos, serbios, latinos, islámicos, o sea, de todos los no americanizables. Procurando mantener intacta su esencia, esta microsociedad europea trasplantada a América se deslizó hacia el integrismo religioso-cultural y hacia el racismo más sórdido. Uno escucha advertencias al respecto en las Conferencias de la Iglesia. Los peores fundamentalismos nacieron en la «Patria de la libertad».  El New Orleáns Creole Courier, del 27 de enero de 1855 declaraba:

 

“La raza pura angloamericana esta destinada a extenderse por todo el mundo con la fuerza de un tifón. La raza hispano-morisca será destruida”

 

Quizás por eso George Bernard Shaw exclamó “Se dice de mí que soy un virtuoso de la ironía, pero una idea como la de erigir una estatua de la libertad en Nueva York no la habría tenido ni siquiera yo”.

Y quizás por eso también nuestro más cercano Rubén Darío advirtió a Roosevelt con ‘voz de la Biblia o verso de Walt Whitman’:

………………………………………………….

Crees que la vida es incendio,

Que el progreso es erupción,

Que en donde pones la bala

El porvenir pones.

No.

Los Estados Unidos son potentes y grandes,

cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor

que pasa por las vértebras enormes de los Andes.

Si clamáis se oye como el rugir del león.

Ya Hugo a Grant lo dijo: Las estrellas son vuestras.

(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol

y la estrella chilena se levanta…) Sois ricos.

Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;

y alumbrando el camino de la fácil conquista,

la Libertad levanta su antorcha en Nueva York

…………………………………………………………………

Tened cuidado. ¡Vive la América española!

Hay mil cachorros sueltos del León Español.

Se necesitaría, Roosevelt, ser, por Dios mismo,

el Riflero terrible y el fuerte Cazador,

para poder tenernos en vuestras férreas garras.

Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!

Concepto erróneo V: “La historia no tiene nada que enseñarnos puesto que el presente nos va dictando cuál es el pasado más conveniente a seleccionar”.

El etnocentrismo y el desconocimiento general sobre el resto del mundo son ya proverbiales en el pueblo norteamericano. Uno puede captarlo como una falla de su sistema educativo, como un exceso de especialización en otras áreas, o, simultáneamente, como un efecto cultural buscado. Cuando se recibe constantemente la idea de que no sólo ‘somos los mejores del mundo’, sino que en realidad no existe otro mundo aparte de nosotros, uno tiende a creerlo. Pero también el pasado suele ser olvidado o reescrito. La absoluta indiferencia respecto a la historia se trata de un hecho bien constatado: un estudio-encuesta realizado con estudiantes de enseñanza media norteamericanos a lo largo de los años 1986 y 1987, y dirigido por el profesor de Historia Lynne Cheney, arrojaba resultados sorprendentes: un tercio de los estudiantes sitúa la fecha del Descubrimiento de América por Colón después de 1750; la mitad de ellos no sabe situar históricamente a Winston Churchill; el 60% no sabe fijar la fecha de la Constitución de los EEUU; el 70% no conoce la fecha de la Guerra de Secesión norteamericana (ABC, 7-IX-87). (Ni queramos imaginar los porcentajes si los temas analizados hubiesen sido externos a su propia cultura) No obstante, esta falta de conocimiento no se considera, por lo general, como una disfunción grave. Para los norteamericanos la historia no existe, o al menos no como se entiende en el resto del mundo. Y ello porque, según Jean Paul Dollé, “lo que los otros pueblos viven como historia, es decir, como destino, los americanos lo perciben como subdesarrollo”  (Dollé, J.P.: Danser aujourd’hui, Grasset, París, 1981.)

Me ha dado la impresión que en las últimas décadas esta forma tan estadounidense de percibir los antecedentes históricos puede haberse filtrado en declaraciones como “eso está en el pasado”, “no forma parte del presente de la Iglesia” o la sobrevaloración de las opiniones de líderes contemporáneos en detrimento de las de sus predecesores. Como si el pasado (una especie de ático donde arrumbamos todo aquello que nos molesta) no necesitase explicaciones o fuese borrado y anulado por la acumulación de actualidades.

Muchos sociólogos han explicado esta cultura del desarraigo y la ruptura con el pasado en los orígenes de los grupos que poblaron primeramente los EEUU; pero Australia y una buena cantidad de países americanos se han constituido por el aporte de grupos desarraigados y no vemos las mismas consecuencias en ellos. Mientras muchas naciones hacen esfuerzos por conservar los rasgos propios de los grupos que las forman, el político californiano John Towler declara con respecto a los hispanos: “los xenófobos son los que apoyan el bilingüismo; tratan de mantener a las minorías en sus pequeñas comunidades, donde su incapacidad para hablar inglés los mantiene alejados de la corriente común” (Carmen Fernández Aguinaco, “¿Qué pasa, USA?”, en CRÍTICA, 741, enero 1987.) O sea, “si quieren ser americanos deben romper con su pasado y su cultura como todos los anteriores americanos han hecho” con lo cual el “et pluribus unum” queda aplicado únicamente dentro de los restringidos límites del escudo nacional.

Concepto erróneo VI “Mi riqueza es símbolo de mi rectitud, tu pobreza lo es de tu iniquidad”

Ya Stendhal había definido a los EEUU como “Ese país singular donde al hombre no le mueven más que tres ideas: el dinero, la libertad y Dios”. (Stendhal: Oeuvres Complètes, Cercle de Bibliophile (comp. de Victor de Litto y Ernst Abravanel): “Travels in North America”. vol. XLVI (pp. 231-237)

Pero Keyserling, en 1931, indagó más profundamente: “En América las gentes creen realmente que el rico es sólo por esta razón un hombre superior; en América, el hecho de tener dinero crea en realidad derechos morales  (Keyserling, Herman: Psychanalyse de L’Amerique)

Esta concepción se traslada hacia el exterior no sólo como una superioridad económica y tecnológica sino también como una superioridad moral con bases en el calvinismo ya analizado (“Si tenemos más es obviamente porque Dios considera que nos hemos merecido más”).

Hacia el interior del propio país da como resultado “una inmensa sociedad anónima, cuyo consejo de Administración está constituído por una cincuentena de accionistas mayoritarios (con ‘derechos morales’ sobre el resto de sus conciudadanos) y cuyas deliberaciones son secretas, mientras que la misión del presidente es comunicar a la opinión pública las decisiones tomadas” (Astre, G.A. y Lepinasse, P.: La démocratie contrariée. Lobbies et jeux de puvoir aux Etats Unis, la Découverte, París, 1985)

 

El Libro de Mormón enseña como verdad que la obediencia a los mandamientos puede traer aparejada un bienestar material (si tal diferenciación entre material-espiritual tiene cabida en la filosofía mormona), sobre todo si se da en una comunidad socialmente organizada que decide pactar esa obediencia. Lo que no enseña es que tal posibilidad tenga carácter recíproco; es decir, que la prosperidad material sea siempre signo de la rectitud. De hecho, los ladrones de Gadiantón y muchos reyes nefitas, lamanitas y jareditas que llegaron al poder por fraude, asesinato y combinaciones secretas, fueron altamente prósperos en lo material. Ocurre que Satanás también promete riquezas mundanas a quienes le obedecen y siguen sus métodos…

 

Concepto erróneo VII – “Las guerras de los últimos días han sido profetizadas, por tanto, si nos oponemos a ellas en realidad nos estamos oponiendo a Dios”.

 

Permítaseme comparar a dos profetas del Señor. El primero de ellos: Jonás. Todos conocemos la historia de su intento de escapar de Dios; del pez grande que lo tragó; de lo que aprendió en su interior sobre la misión de Cristo y de su exitosa prédica a los habitantes de Nínive. Pero la enseñanza quizá más importante se encuentra hacia el fin de su libro, cuando Dios decide no destruir al pueblo y Jonás se enoja porque lo hace quedar como un mentiroso, ya que le había indicado profetizar su absoluta destrucción.

Este antiguo profeta tuvo que aprender que las profecías siempre van antecedidas del condicional “si no se arrepienten … sucederá esto…” aunque la frase no se encuentre explicitada.

El otro profeta es Joseph Smith, Jr. Predijo una terrible guerra civil en su país (D. y C. 87, Navidad de 1832). Dónde comenzaría y cuál sería el motivo. Sin embargo no se sentó a esperar que ocurriera. Meses antes de su muerte presentó su candidatura a Presidente de los EEUU. El tema central en su plataforma electoral era la creación de un fondo, mediante la venta de tierras federales, para comprar los esclavos a los estados que permitían esa inhumana forma de comercio y luego proceder a liberarlos. De haber tenido éxito su propuesta se habrían salvado un millón de vidas humanas, sin contar los lisiados, abusados, torturados y sicológicamente afectados, y se habrían ahorrado más de un billón de dólares en pérdidas materiales. Cuando, once años después de la muerte del Profeta, Ralph Waldo Emerson propuso una solución similar, se lo alabó como “el más sabio y clarividente de los americanos” pero tampoco se le hizo caso.

De modo que podemos ser ‘jonases’ y sentarnos a esperar que la destrucción profetizada se cumpla y hasta enojarnos si no ocurre, o podemos ser ‘josesmithses’ e intentar algo que permita que el arrepentimiento y la gracia de Dios sean considerados y alegrarnos por ello.

 

Concepto erróneo VIII – “Los miembros de la Iglesia no podemos ser pacifistas porque eso nos convertiría en desleales a nuestro país”.

 

Ya he citado a Brigham Young y sus opiniones sobre la paz. Vayamos ahora a 1940. La guerra ya se desarrolla en Europa. La Primera Presidencia de la Iglesia declara:

 

“¡Juventud de la Iglesia! Con estas divinas promesas y profecías delante vuestro, no permitáis que se os involucre en la estampida de pánico que está atravesando el país, deliberadamente propagada por aquellos que desean que ingresemos en una guerra bajo cualquier pretexto – estos temen que si no entramos en guerra enfrentaremos la subyugación por un enemigo foráneo. Si tal subyugación llega a venir, lo hará porque hemos alcanzado una ‘plenitud de iniquidad’, y no porque hayamos fallado en tomar sobre nosotros los horrores de esta guerra. Es rectitud, no el odio de la carnicería humana, lo que esta nación necesita hoy”. (James R. Clark, Messages of the First Presidency, Vol. 6, p. 103)

 

No veo motivos por los que esa declaración no sea tan válida hoy como lo fue en 1940. Pero la Segunda Guerra involucró a Estados Unidos y los miembros de la Iglesia participaron patrióticamente. Dicha participación parecía cumplir los requisitos de una causa justa y la victoria era más que esperada. Cuando todo el país festejaba el triunfo, un artículo en el Improvement Era (órgano oficial de la Iglesia) tronó:

 

“Entonces, coronando el salvajismo de la guerra, nosotros los norteamericanos, destruimos a cientos de miles de civiles con la bomba atómica en Japón, cuando pocos, si acaso algunos de ellos, eran más responsables por la guerra de lo que nosotros lo éramos y quizás no brindaban más apoyo a Japón del que dimos a nuestro país. Los militares comienzan a decir que la bomba atómica fue un error. Fue más que eso: fue una tragedia mundial. Hemos perdido todo lo que se había ganado desde Grocio hasta 1912. Y lo peor de la tragedia de la bomba atómica es que el pueblo de los Estados Unidos no sólo no se levantó en protesta contra ese salvajismo, no sólo no nos espantó leer sobre la total destrucción de hombres, mujeres y niños, sobre los lisiados, sino que en realidad surgió de la nación en general la aprobación de esta perversa carnicería.” (J. Reuben Clark, Jr., “Demand for the Proper Respect for Human Life,” Improvement Era, November 1946, 689)

 

¿Quién se atrevía a hablar así? ¿Nadie le había explicado sobre el patriotismo? ¿Faltó a clase el día que disertaron sobre el destino glorioso de América? ¿Habría que aplicarle una sanción?… Difícilmente. Se trataba de Joshua Reuben Clark, Jr., miembro del Quórum de los Doce Apóstoles e integrante de la Primera Presidencia de la Iglesia de ese momento y también de la siguiente. Por el problema histórico que tratamos algunas páginas atrás, las jóvenes generaciones no tienen mucha idea de quién fue este hombre, pero yo recuerdo claramente sus enseñanzas a través de los manuales del sacerdocio y también el profundo respeto que su persona inspiraba tanto fuera como dentro de la Iglesia.

El Presidente Clark se graduó en Leyes en la Universidad de Columbia en 1913. Había trabajado para el Departamento de Estado de su país mientras estudiaba y en 1928 regresó a él como Subsecretario. Fue Embajador en México entre 1930 y 1933. Hallándose en esa función, emitió el conocido como ‘Memorandum Clark’, un documento en el que aconsejaba al poder central la no intervención en los asuntos latinoamericanos y el cual fue la base para la política de Buena Vecindad que se estableció. Su mención de Grocio en el texto anterior no es casual, ya que éste fue el jurista que en el pasado cimentó los tratados y leyes internacionales.

Y he aquí un dato interesante: J. Reuben Clark sirvió también como Presidente de la organización pacifista más antigua de los EEUU, “Americans for Peace”. (shame on him!)

 

Una declaración oficial de la Primera Presidencia, de 1946, también es crucial.
En ella, George Albert Smith, J. Reuben Clark y David O. McKay, se oponen a un reclutamiento, en un debate que precedió al tratamiento de una ley sobre Servicio Militar Uniforme. Dicha declaración, fue enviada a todos los Congresistas de Utah y apareció en el Improvement Era. Algunos de sus párrafos:

 

“Un reclutamiento conlleva los más graves peligros para nuestra república”

“Pondremos a nuestros jóvenes en donde serán adoctrinados bajo una visión no-americana de la finalidad y propósitos de las vidas individuales y de las vidas de todo pueblo y nación que se funden en los caminos de la paz, ya que serán enseñados a creer en los caminos de la guerra… Enseñaremos a nuestros hijos no sólo la manera de matar sino, en muchos casos, el deseo de matar.”

“La creación de una gran maquinaria bélica constituye un grave peligro para nuestra libertad. Los ejércitos permanentes han sido siempre las herramientas de dictadores ambiciosos para la destrucción de libertades… Terminaremos convirtiendo a toda la tierra en un gran campo militar, cuyos diferentes ejércitos, conducidos por oficiales de mentes guerreras, no descansarán jamás hasta estar cada uno sobre el cuello del otro, en lo que será el más terrible enfrentamiento que el mundo haya visto. Lo que este país necesita y lo que el mundo necesita es un deseo por la paz, no por la guerra” (IE Feb. 1946, 76-77)

 

David O. McKay fue Presidente de la Iglesia entre 1951 y 1970.  Sus opiniones:

 

“América deberá probar al mundo que no sirve a intereses egoístas, ni deseos de conquista, ni arrogancia de superioridad nacional o racial. Pero, repito, la paz permanente sólo se encontrará en la aplicación de los principios del evangelio de paz (IE 47: 657-58, 708).

 

“La guerra es básicamente egoísta. Sus raíces se nutren en el suelo de la envidia, odio, deseos de dominación. Aquellos que la cultivan y propagan, siembran muerte y destrucción y son enemigos de la raza humana. La guerra se origina en los corazones de los hombres que buscan despojar, conquistar o destruir a otros individuos o grupos de individuos. La auto exaltación es un factor motivante, y la fuerza el medio de alcanzarla…

La guerra nos impele a odiar a nuestros enemigos.

El Príncipe de Paz dice, Ama a tus enemigos.

La guerra dice, maldice a aquellos que te maldicen.

El Príncipe de Paz dice, ora por aquellos que te maldicen.

La guerra dice, daña y asesina a aquellos que te odian.

El Señor resucitado dice, haz el bien a aquellos que te odian.

Vemos que la guerra es incompatible con las enseñanzas de Cristo. El evangelio de Jesucristo es el evangelio de paz. La guerra es su antítesis y produce odio. Es en vano intentar reconciliar la guerra con el verdadero Cristianismo (IE 48: 638)

 

Spencer W. Kimball (creo que no necesita presentación), 1976:

 

“Somos un pueblo guerrero, que nos distraemos fácilmente de nuestra asignación de prepararnos para la venida del Señor. Cuando surgen los enemigos, asignamos vastos recursos a la fabricación de dioses de piedra y acero – barcos, aviones, misiles, fortificaciones – y dependemos de ellos para protección y liberación. Cuando estamos bajo amenaza nos convertimos en anti-enemigo en vez de pro-Reino de Dios; entrenamos a un hombre en el arte de la guerra y lo llamamos patriota, de modo que, a la manera de la contrapartida de Satanás del verdadero patriotismo, pervertimos las enseñanzas del Salvador. Olvidamos que, si somos rectos, el Señor o bien impedirá que nuestros enemigos nos ataquen (y esta es una promesa especial para los habitantes de America, 2 Nefi 1:7) o bien El peleará nuestras batallas por nosotros (Exodo 14:14, D & C. 98: 37, para dar sólo dos referencias) “ (The False Gods we Worship, Spencer W. Kimball, Ensign, June 1976, pag. 3-6)

 

¿Está realmente el Presidente Kimball diciendo lo que dice?  ¿Los aviones y misiles son dioses de piedra y acero y los soldados la antítesis del verdadero patriota?. Porque en las páginas del Church News he visto a muchos hermanos de uniforme al lado de sus naves en los diferentes países en que sirven (sobre todo si pertenecen a la OTAN) pero muy pocos en manifestaciones  por la paz. Y no creo que no los haya, simplemente no son fotografiados en esas actitudes ‘políticamente incorrectas’.

 

El 5 de mayo de 1981, en una declaración oficial de la Iglesia, el Presidente Kimball instó al gobierno de su país a encontrar alternativas a la instalación de un arsenal de misiles MX en el área de Utah y Nevada. En uno de sus párrafos declaraba:

 

“Nuestros padres vinieron a esta región del oeste para establecer una base desde donde llevar el evangelio de paz a la gente del mundo. Es irónico, y una negación de la verdadera esencia de ese evangelio, que en el mismo área geográfica se vaya a construir un monstruoso sistema armamentista potencialmente capaz de destruir la mayor parte de la civilización”.

 

De modo que las ideas pacifistas no son nuevas ni en nuestra historia ni en nuestra doctrina. De hecho, estoy convencido de que el pacifismo debería ser siempre la primera opción y no la obediencia ciega a un gobierno civil. El amor a la patria, verdadero patriotismo, debería encontrar alternativas válidas que excluyesen la muerte de inocentes de ambos lados del conflicto.

Quizás no es la opción para un soldado profesional, obviamente tampoco es la opción para quien sincera y voluntariamente cree que participar activamente en una guerra es la mejor manera de servir a su país y está dispuesto a asumir la responsabilidad que esa actitud conlleva y no transferírsela a algún otro. Pero sigue siendo una opción para muchos de nosotros dentro y fuera de EEUU, como claramente lo dejó establecido el Presidente Hinckley.

Creemos que la religión y el gobierno deben mantenerse separados. A veces es necesario mostrar en la acción que realmente lo creemos y al momento de elegir debería pesar tanto en la balanza como las muchas maneras en que podemos demostrar patriotismo.

La mayor ayuda que podemos dar a Polifemo para que salga de su cueva no es incitándole a arrojar cumbres de montañas a ciegas, sino calmarlo y guiarlo de la mano por senderos pacíficos que le estimulen a desarrollar nuevos sentidos…

 

 

 

MARIO R. MONTANI

2004

 

RENUNCIANDO A LA GUERRA Y PROCLAMANDO LA PAZ

“RENUNCIANDO A LA GUERRA Y PROCLAMANDO LA PAZ”

(Algunas reflexiones sobre Guerra, Paz y Doctrina)

por Mario R. Montani

“Todos los que tomen espada, a espada perecerán.”

Mateo 26:52

Desde hace algunos meses mi mente ha estado preocupada por los eventos internacionales que todos conocemos y que se relacionan con una segunda guerra en Irak. Deseaba volcar al papel algunas de mis ideas e impresiones. Simultáneamente, mi hija, me había pedido un estudio exhaustivo de ciertos  discursos de la última Conferencia General. Espero de este modo cumplir con ambas asignaturas pendientes.

El análisis presentará 3 niveles: a) el de las cosas que sé, b) el de las cosas que creo y c) el de las cosas que especulo. Los subrayados de algunos párrafos pretenden enfatizar  y corren por mi cuenta

 

a)      COSAS QUE SE

 

1)      La Guerra es un instrumento de Satanás

 

“Y en aquellos días Satanás ejercía gran dominio entre los hombres y agitaba sus corazones a la ira; y desde entonces hubo guerras y derramamiento de sangre; y buscando poder, el hombre levantaba su mano en contra de su propio hermano…” (Moisés 6:15)

 

“La hora no es aún, mas está próxima, cuando la paz será quitada de la tierra y el diablo tendrá poder sobre su propio dominio”. (D. y C. 1:35)

 

“La guerra es deplorable y repulsiva. Hace que los hombres actúen como normalmente no lo harían. Destroza a las familias y produce odio, inmoralidad y fraudes. Quienes se han visto involucrados en la guerra usualmente se muestran renuentes a recordar o siquiera a hablar de lo que han visto”(El Libro de Mormón, manual para el alumno, Religión 121-122, SEI, pag. 297)

 

La guerra probablemente sea el estado más satánico e inicuo que puede existir en la tierra. Es asesinato organizado y sistemático, con saqueo, robo, inmoralidad sexual y toda otra maldad que se desprende de ella como cosa natural. La guerra es del diablo; ha nacido de las pasiones (Santiago 4:1). … Desde la caída del hombre, han prevalecido las condiciones telestes y de concupiscencia, y las guerras se han multiplicado. Las palabras son incapaces de expresar la depravación humana que ha acompañado a la guerra en cada época, pero la era conocida como los últimos días es aquella en la que se ha peleado y se peleará la más extensa y la más inicua de todas las guerras” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, pag. 826)

 

No caben dudas sobre este punto. Hemos usado hasta aquí las escrituras, un manual oficial del Sistema Educacional de la Iglesia y a una Autoridad General que, no casualmente, fue uno de nuestros grandes teólogos. Quienes reciben sus investiduras en el Templo adquieren un testimonio adicional sobre este principio.

Ahora veamos qué dice alguien que fue Profeta  en estos Ultimos Días (está hablando durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial):

 

Satanás ejerce el dominio ahora. No importa dónde miréis, él tiene el mando, aun en nuestra propia nación. El está dirigiendo a los gobiernos hasta donde el Señor se lo permite. A eso se debe que haya tanta disensión, agitación y confusión por toda la tierra. Una mente superior está gobernando a las naciones. No es el presidente de los Estados Unidos, no es Hitler, no es Mussolini; no es el rey o gobierno de Inglaterra ni de cualquier otro país; es el propio Satanás. … pues (él) ciertamente tiene dominio sobre lo suyo, porque en él está el poder de la confusión, la disensión, y el rencor y la distinción de clases. En él está el poder del engaño y no de paz y rectitud”. (Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, tomo III, pag. 295)

 

2)      Debemos obediencia a los gobiernos de los países en que vivimos.

 

“Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra”. (Tito 3:1)

 

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas … porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujeto, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia” (Romanos 13:1,4)

 

“Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados, en obedecer, honrar y sostener la ley” (Artículo de Fe Nº 12)

 

“Creemos que Dios instituyó  los gobiernos para el beneficio del hombre y que él hace a los hombres responsables de sus hechos con relación a dichos gobiernos, tanto en la formulación de leyes como en la administración de éstas, para el bien y la protección de la sociedad” (D.y C. 134:1) “… que el magistrado civil debe restringir el crimen, pero nunca dominar la conciencia; debe castigar el delito, pero nunca suprimir la libertad del alma” (D.y C. 134:4)

 

“Si vivimos nuestra religión, honramos a nuestro Dios y Su sacerdocio, honraremos también a todo gobierno y ley saludables que existan en la tierra” (Discursos de B. Young, 358)

 

Nuevamente, estamos utilizando los Libros Canónicos y el comentario de un Profeta de esta dispensación para establecer el punto, que creo no plantea ninguna duda.

 

3)      El Presidente de la Iglesia es un Profeta de Dios.

 

“Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amos 3:7)

 

“…edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”. (Efesios 2:20)

 

“… porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca” (DyC. 21:5)

 

Creo que estas citas del Antiguo y Nuevo Testamento así como de las revelaciones modernas deberían bastar para confirmar un principio que en realidad forma parte de nuestros testimonios. Si hemos logrado saber que José Smith fue un Profeta, que hubo una Restauración, que la Iglesia es verdadera, entonces esta cuestión se desprende automáticamente de las anteriores.

El Presidente Gordon B. Hinckley es el actual Profeta, Vidente y Revelador para la Iglesia y el mundo. ¿Qué ha dicho últimamente?:

 

“ ‘¿Por qué se amotinan las gentes y las naciones’ (Salmos 2:1). He vivido durante todas las guerras del siglo XX. Mi hermano mayor está sepultado en la tierra de Francia, víctima de la Primera Guerra Mundial. He vivido durante la Segunda Guerra Mundial, la guerra de Corea, la guerra de Vietnam, la guerra del Golfo y conflictos bélicos menores. Hemos sido gentes muy pendencieras y difíciles en nuestros conflictos de los unos con los otros. Por tanto, debemos volvernos al Señor y acudir a El. (Gordon B. Hinckley Conf. Gral. Liahona Enero 2002 pag. 105)

 

Estos tres principios presentados son pilares básicos para cualquier discusión sobre la guerra que queramos mantener. No deberían entrar en conflicto entre ellos. Si el Profeta declarara en alguna ocasión que la guerra no es de Satanás o que no debemos obediencia a las autoridades seculares establecidas, allí tendríamos un conflicto de doctrina y de conciencia

 

b)     COSAS QUE CREO

 

Ahora pasaré a detallar algunas cosas en las que creo profundamente. Desde mi punto de vista están  basadas en los tres pilares anteriores y no los contradicen, pero no estoy seguro de que todos compartan estas creencias. Por lo tanto las enumero como cosas en las que yo creo:

 

1)      Debemos renunciar a la guerra y proclamar la paz.

 

“Ahora bien, con respecto a los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, ¿qué espera el Señor de nosotros? Como Iglesia, debemos ‘renunciar a la guerra y proclamar la paz’ (D y C 98:16). Como personas, debemos seguir ‘lo que contribuye a la paz’ (Romanos 14:19), ser pacificadores y vivir en paz, como matrimonios, familias y vecinos”. (Russell M. Nelson – Conf. Gral. Liahona Noviembre de 2002 pag. 41)

 

“Esté donde esté y se exprese como se exprese, la Regla de Oro contiene el código moral del reino de Dios. Prohíbe el que una persona se inmiscuya en los derechos de otra. Es igualmente válida con respecto a las naciones, a las asociaciones y a las personas en forma individual. Con compasión y tolerancia, ella reemplaza el deseo de venganza del ‘ojo por ojo, y diente por diente’ (Exodo 21:24-27). Si permaneciéramos en ese viejo e infructuoso camino, estaríamos todos ciegos y sin dientes (Joseph Stein, Un violinista sobre el tejado, 1964, pag. 142)” Russell M. Nelson – Conf. Gral. Liahona, Noviembre de 2002 pag. 39-40)

 

Comparto plenamente estas ideas y aún la forma en que están expresadas. Cumplir esto requeriría un cambio profundo en nuestros corazones, para nada sencillo. Si nos contentáramos con criticar a una nación que invade a otra pero no corrigiéramos las peleas en nuestra familia o con otros individuos, seríamos hipócritas.

 

2)      Hay motivos que podrían justificar el participar en una guerra (no iniciarla)

 

“Tal condición sin embargo, no es un insulto real o fantasioso de una nación a otra. Cuando esto ocurre, se puede reparar el daño mediante el entendimiento mutuo, las disculpas o mediante el arbitraje. Tampoco es causa justificable el deseo o la necesidad de expansión territorial. La toma de territorio significa que los fuertes dominan a los débiles.

Tampoco es justificable entablar la guerra en un intento por establecer un nuevo orden de gobierno ni por compeler a otros a aceptar una forma particular de adoración, no importa cuánto mejor sea el orden que se quiera establecer o cuán eternamente verdaderos sean los principios de la religión que se quieran imponer

Sin embargo, hay dos condiciones que pueden justificar el que un hombre verdaderamente cristiano participe en una guerra, pero no que la provoque: (1) el intento de parte de otros de dominar y quitar el libre albedrío, y (2) la lealtad a su país. Posiblemente haya una tercera: defender a una nación débil del injusto ataque de una nación fuerte y despiadada que desee subyugarla” David O. McKay (Secrets of a Happy Life, pag. 76)

“… las Escrituras están salpicadas de relatos de contención y combates, condenan enérgicamente los actos bélicos de agresión, pero sustentan la obligación de los ciudadanos de defender sus familias y su libertad”. (Elder Russell M. Nelson, Conf. Gral. Liahona Noviembre de 2002, pag. 40)

 

 

3)      Poseemos el derecho y el deber de orar por aquellos que nos dirigen.

 

Creo que están dentro de la categoría de deberes y derechos morales, no exigibles por la ley política. Un gobierno puede estimularlos pero nunca imponerlos. Las listas negras de quienes no participan públicamente en lecturas de la Biblia u oraciones pareciera una negación del libre albedrío al que damos fundamental importancia.

El que un Presidente se dirija a su Creador en busca de consejo me parece un acto de humildad. El que su pueblo ore por él me parece loable. Creo que ambas cosas deberían hacerse en los “aposentos secretos” y no “para ser alabados por los hombres”. Las reuniones públicas y el exceso en este sentido se transforman rápidamente en un rasgo fariseo.

No creo que el hecho de que un funcionario ore haga automáticamente que sus acciones reflejen la voluntad de Dios o lo acredite a tomar decisiones contrarias a los principios del Cristianismo.

Más bien opino como Joseph Fielding Smith:

“Nunca he tenido mucha confianza en la proclamación o solicitud que se hizo de que los habitantes de este país oraran para que hubiese paz, por la muy válida razón de que no fue sincera. No podemos orar al Señor y decir: ‘Atiende a nuestra causa; danos la victoria; haz lo que nosotros queremos que hagas; pero no nos pidas que hagamos lo que Tú quieres que se haga’”  Conference Report, Oct. 1944, pags. 144-145)

 

4)      La Guerra es política por otros medios.

 

Esta idea, que comparto, no es mía. Pertenece a  Karl von Clausewitz, uno de los estrategas más brillantes de la Historia, quien viviera entre 1780 y 1831. A principios del siglo XIX ya era un joven oficial. Cuando nuestro país iniciaba su revolución en busca de libertad, él estaba en Rusia preparando a las tropas para repeler a Napoleón. Cuando se organizó la Iglesia, se encontraba  a punto de morir. Su esposa publicó en 1832 algunas de sus ideas en ‘De la Guerra’ (von Kriege). A pesar de los 180 años transcurridos y de los cambios en la forma de combatir, su pensamiento continúa siendo muy lúcido. Por ejemplo:

 

“La Guerra es un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversario y no hay límite para la aplicación de dicha fuerza”.

“La Guerra no pertenece al área de las artes o las ciencias, sino a aquella de la existencia social … Sería mejor relacionarla con la competencia en los negocios… y aún más con la política, la cual podría considerarse competencia de negocios en una gran escala”

“La Guerra es nada más que la continuación de las políticas de estado por otros medios…La Guerra es política por otros medios … Los negocios son economía política…”

 

“En los grandes combates que denominamos guerras… usualmente no hay sentimientos hostiles de un individuo contra otro… el odio nacional se transforma en algo parecido a un poderoso sustituto de la hostilidad personal entre individuos”

No hay agresores en la Guerra. “…el agresor siempre tiende a ser amante de la paz porque le gustaría alcanzar su conquista sin derramamiento de sangre, por lo tanto, la agresión debe ser siempre presentada como una reacción defensiva de parte de la nación agresora”.

 

Hugh Nibley, con la brillantez que lo caracteriza, estableció una comparación entre Moroni y Clausewitz en una notable disertación (Two authorities on war, 21-02-91) durante la Guerra del Golfo. De lectura más que recomendable, sólo aporto un par de párrafos de ella:

“Toda guerra es absoluta. Nunca será otra cosa – si uno no quiere que sea así no debe pelear. Aprobarla es aprobar todo lo que viene con ella. Las expresiones ‘guerra civilizada’ y ‘reglas de la guerra’ son contradictorias en sí mismas, si fuésemos civilizados y cumpliéramos las reglas no tendríamos necesidad de entrar en un conflicto armado. Esto convierte a la guerra en una atrocidad, y el iniciar una guerra en un acto de malicia infinita. Con nuestro fenomenal adelanto técnico debería admitirse más abiertamente que antes que la guerra nunca estará desprovista de ‘daños colaterales’ y devastación por ‘fuego amistoso’”.

“Cada bando está empeñado en la destrucción del otro. Esto significa que ambos deben compartir la culpa. Por ejemplo, es imposible desarrollar violencia sin límites y no tener ‘daños colaterales’, de modo que quien da una orden de ataque debe compartir la culpa con su oponente. Se desarrolla este diálogo: A dice: ‘Ustedes pusieron a su pueblo en riesgo’. B contesta: ‘pero ustedes sabían que habría gente inocente en situación de riesgo a pesar del cuidado exquisito con que bombardearan y sin embargo siguieron adelante y descargaron sus artefactos de dos toneladas’. A dice: ‘Pero ustedes nos forzaron a hacerlo’. B: ‘¿de qué manera?’. A: ‘Al rehusarse a hacer lo que les dijimos que hicieran’. Esto hace que la escalada sea inevitable. B, siendo un árabe a quien nada le gusta más que regatear y negociar, sugiere una charla, pero A dice: ‘no hay nada que discutir. Es sólo una treta para distraernos. Deben hacer lo que les dijimos sin condiciones’ ¿Pueden imaginar a un orgulloso oponente aceptando esos términos?”

 

5)      Las guerras suelen ser la solución ideal para acabar con los problemas domésticos y críticas internas.

 

Cedent leges inter arma: La ley cede ante las armas. En época de Guerra todas las leyes se suspenden. Este era el instrumento conveniente por el que los Patricios Romanos que eran propietarios de todos los bienes silenciaban a la plebe disconforme. ‘¿No saben que hay una Guerra desarrollándose? Acaben pues con toda esa crítica…’”

La amenaza exterior como elemento de cohesión ha sido siempre eficaz a pesar de lo repetida. Sólo ha cambiado el nombre de la amenaza, no la situación. Una vez fueron los persas, los bárbaros, o los turcos y en otra ocasión el fascismo, el comunismo o el terrorismo. La escena final de ‘Ensayo de Orquesta’ de Fellini es una plástica ilustración de este principio.

El pueblo norteamericano acaba de sufrir la mayor reducción en sus derechos civiles desde épocas del macarthismo. Sin embargo creen que es por su bien. Los artistas no pueden hablar, los periodistas son despedidos, el FBI pretende que las bibliotecas informen los datos de quienes solicitan ‘ciertos libros’. 1984 de Orwell y Fahrenheit 451 de Bradbury están a la vuelta de la esquina.

Curiosamente, las sospechas de fraude electoral, la profunda recesión, el desempleo, los contratos ‘asignados’ por seguridad nacional, ya no se discuten.

 

6)      Las guerras suelen requerir del síndrome de John Wayne

 

Todos vimos ‘con alivio’ hace unas décadas como Charles Bronson se dedicaba a matar delincuentes en los parques y subtes de la gran ciudad sin estar autorizado para ello. Digo que lo vimos con alivio porque, además de eliminar a esos indeseables, el personaje de Bronson estaba realizando una venganza personal. Su esposa había sido asesinada y su hija violada por mal vivientes, lo cual es descripto detallada y crudamente en las primeras escenas de la película. También hemos visto la maldad de los indios al atacar y torturar a los colonos americanos de las más diversas maneras. Por eso cuando más adelante sus campamentos eran destruidos por la caballería permanecía una cierta sensación de que sólo se había hecho justicia. Algunos estudiosos han denominado a este esquema y los sentimientos que lo gobiernan como el síndrome de John Wayne.

Este síndrome, que entremezcla la justa indignación con el clamor de venganza (sentimiento nada cristiano, por cierto) ha sido utilizado en todas las guerras. Sin Pearl Harbor los EEUU no hubiesen ingresado en la Segunda Guerra Mundial, sin el 11 de Septiembre no estaríamos en el actual conflicto. Otra característica de este síndrome es el desconocimiento (más bien la negación al conocimiento) del otro, del enemigo. Una escena típica de western de los años ’50 comenzaría con una granja aislada y una hermosa familia con hijos de diferentes edades (siempre incluyendo un bebé), un padre que vuelve cansado de trabajar todo el día y una madre abnegada que, con escasos recursos, prepara una rica comida. Nos sentimos identificados porque conocemos lo que es una relación familiar, y simpatizamos con los pequeños y el perro echado cerca del fuego o moviendo la cola bajo la mesa (preferentemente un Golden Retriver). Además indirectamente captamos que con su trabajo y sacrificio se han ganado el derecho de estar allí. …Entonces se produce el ataque, pero ¿qué vemos de los indios? Sólo sombras, gritos y flechas. No nos son descriptos como individuos, no sabemos nada de sus familias, ni de sus sueños ni de sus motivaciones. Sólo los describen sus acciones aparentemente malvadas contra aquellos que ya se han ganado nuestro corazón.

Este discurso simplista y unidireccional fue cambiando en el cine con los años. Pero no en la guerra. Allí John Wayne sigue vivo.

En las semanas previas al ataque a Afganistán  nos enteramos de que las mujeres de ese país llevaban un nivel secundario de vida  y que sería bueno liberarlas de su yugo. Pero ¿no había sido así por años? Además ¿porqué no se informó que hay más mujeres parlamentarias y militares en Irak que en EEUU? ¿Significaría esto que la primer democracia del mundo pone restricciones a sus propias mujeres?

A los otros es mejor no conocerlos, salvo en aquellos detalles que justifiquen las acciones que pensamos tomar en contra de ellos.

 

7)      Toda América es una tierra escogida y los EEUU una nación con importantes propósitos que cumplir.

 

Yo acepto plenamente que nuestro continente tiene un destino glorioso, que Sión será edificada en América, que nadie ha sido traído a estas tierras, o lo será, sin el impulso del Espíritu Santo, que la constitución de los EEUU ha sido inspirada y, como la mayor parte de las naciones americanas la ha tomado como base para las suyas propias, esa inspiración se encuentra hoy entre todos nuestros pueblos. Creo firmemente en todo esto.

Amo a los Estados Unidos de América. No sólo por ser la tierra en donde se restauró el Evangelio. Por ser la cuna de Joseph Smith, Brigham Young, John Taylor y tantos líderes a los que admiro.

Amo la tierra de Thoreau, de Emerson, de Poe, de Whitman, de Hawthorne y Melville. Crecí con  Fenimore Cooper, Mark Twain y Louise May Alcott. En mi juventud me acompañaron Lovecraft, Bierce, Bradbury y Asimov.

Creo en el país del que Sarmiento volvía extasiado, en el país de los adelantos tecnológicos y el alto estándar  de  vida. En el país que admiraban Verne y Dickens.

Creo en el Benjamín Franklin que declaró: “Nunca existió una buena guerra ni una mala paz.” Creo en Thomas Jefferson diciendo: “He visto lo bastante de una guerra para no desear volver a ver otra”. Creo en estadounidenses pensantes como Jeannette Rankin (“No se puede ganar una guerra, como tampoco se puede ganar un terremoto”) o John J. Mearsheimer (“No debe sorprendernos que aquellos a favor de una guerra con Irak presenten a Saddam como un agresor inveterado y sólo parcialmente racional. Están en el negocio de vender una guerra preventiva, de modo que deben intentar que mantenerse en paz parezca inaceptablemente peligroso. Y la mejor manera de lograrlo es agrandando el peligro, ya sea exagerando la capacidad de Irak o sugiriendo cosas horribles que podrían pasar si EEUU no actúa pronto”)

No me gusta renunciar a ideales; creo que todos los necesitamos. Por eso cuando oigo los epítetos de ‘ugly americans’ y ‘gendarmes del mundo’  aunque más que justificadamente aplicados, me duelen.

Porque creo que esa gran nación y una muy buena parte de sus habitantes están viviendo por debajo de las expectativas que el Señor y el resto de las naciones tienen para con ellos.

Creo que todos necesitamos que los EEUU vuelva a ser lo que sus ciudadanos creen que es, pero que, en realidad, hace tiempo ha dejado de ser.

 

8)      La Iglesia no es responsable de las acciones de ningún gobierno.

 

Con el claro principio de que no deben existir elementos de compromiso entre Iglesias y Estados, los Santos de los Ultimos Días rechazaron de parte de la administración Bush millones de dólares en ayuda económica para ser aplicada a obras de caridad. La noticia fue titular en los más importantes diarios de los EEUU durante el 2001.

“Lo agradecemos, pero no los necesitamos” fue la diplomática respuesta. Pero Garth Mangum, profesor emérito de economía en la Universidad de Utah y autor de “La guerra mormona en contra de la pobreza” opina: “no hay nada que el gobierno pueda proveer que la Iglesia no tenga ya. Además produciría indeseables cambios en la estructura y una cierta dependencia del poder político. La Iglesia no desea que el gobierno le diga cómo hacer el trabajo que es propio de la Iglesia”.

 

“… el gobierno es responsable del control civil de sus ciudadanos o súbditos, así como del bienestar político de ellos y de llevar a cabo tácticas políticas, interiores y exteriores… Pero la Iglesia en sí, como tal, no tiene responsabilidad de esas tácticas [ni de otra cosa] que no sea exhortar a sus miembros a dar toda su lealtad a su país.” (Messages of the First Presidency, James R. Clark, tomo VI pags. 155-156)

 

c) COSAS QUE ESPECULO

 

Así como expliqué que las cosas que creo están basadas en las cosas que sé, estoy convencido de que las especulaciones que aparecen abajo están basadas en las cosas que creo. Nadie más que yo es responsable de ellas y tampoco nadie debe sentirse en la obligación de apoyarlas o suscribirlas:

 

a)      Como vimos anteriormente existen dos causas que aparentemente justificarían el participar en una guerra: A) La amenaza de nuestras libertades y familias y B) La lealtad a nuestro país. Se hace necesario aclarar que el requisito no es A + B sino A y/o B. Es decir que B por sí solo puede constituirse en justificativo suficiente.

Busquemos un ejemplo para comprender mejor y darle la dimensión histórica adecuada. Cuando en 1846 los Santos aportaron sus hombres para la constitución del Batallón Mormón que participaría en la guerra contra México no fue porque sus familias o libertades estuviesen siendo amenazadas (causa A) sino por obediencia al gobierno federal (causa B). De hecho la guerra comenzó tiempo después de que un grupo de colonos norteamericanos viviendo en territorio mejicano intentara la incorporación de esas tierras tejanas a la Unión.

Las familias, libertades y propiedades mormonas habían sido más amenazadas dentro del territorio oficial de los EEUU (asesinatos, violaciones, pillaje, estafas) de lo que podían llegar a serlo en la cuenca del Gran Lago Salado, hacia donde se dirigían y a la sazón perteneciente a México.

Sin embargo, por una serie de causas, entre las que no descarto la obediencia al principio religioso, el patriotismo, el sentido de pertenencia, el idioma y las tradiciones culturales compartidas, los miembros de la Iglesia optaron por la lealtad. Diría Brigham Young: “Nunca recuerdo a esa pequeña compañía de hombres sin pensar, ‘Dios los bendiga siempre y para siempre’. Todo eso lo hicimos para demostrarle a nuestro gobierno que éramos leales”.

Hoy sabemos que la guerra contra México fue una guerra de expansión territorial por la cual los EEUU se quedaron con los actuales estados de Nuevo México, Utah, Nevada, Arizona y California, lo cual excedía con creces el origen de la disputa. Es decir una guerra no justificada según el canon establecido por David O. McKay.

Por otra parte, ¿qué posibilidades reales tenía ese grupo de hombres, alejado de la civilización y de los centros de poder, de evaluar si se trataba de una guerra justa o no? Si hubiesen podido leer algún periódico del Este, habrían descubierto que los demócratas favorecían la guerra mientras los liberales y abolicionistas la consideraban un exceso del poder central. Además la información (como en toda guerra) estaba teñida de mentiras, el agresor era el agredido, y el síndrome de John Wayne cabalgaba sobre todo ello.

b)      Con base en lo expuesto anteriormente, he tenido la sensación de que el motivo B (lealtad) ha sido utilizado en el pasado como una ‘cláusula de reaseguro’. Es decir, si no logro demostrar por el motivo A (libertad, familia) que me voy a involucrar en una guerra justa, no importa, porque finalmente el motivo B me obliga a hacerlo. Si eso es realmente así, entonces no tiene sentido que perdamos tiempo discutiendo si una guerra es justa o no. Pero yo no creo que sea o deba ser así. Creo más bien que si uno tiene la certeza de que su país planea ingresar en una guerra injusta, entonces por causa de su lealtad al país y a los principios de justicia debe hacer todo lo que esté a su alcance (dentro de las reglas permitidas) para evitar que ese error se cometa. Creo que la lealtad a un país y a su trayectoria histórica sobrepasa y engloba a la lealtad a una administración ocasional y los ciudadanos responsables deberían analizarla prioritariamente al momento de tomar decisiones morales. (Si este aspecto presenta dudas, invito a reflexionar dónde estaba la lealtad de los Santos durante la llamada Guerra de Utah, cuando el ejército de los EEUU fue enviado a reprimir las libertades y formas de administración mormonas)

c)      Permítanme profundizar un poco el debate hablando de Helmuth Huebner, un joven alemán Santo de los Ultimos Días de sólo 16 años quien fuera asesinado por los nazis en 1941. Curiosamente, el partido nacional socialista, tenía predilección por los jóvenes mormones para ingresar a las files de la juventud hitleriana. Solían ser educados, buenos patriotas (recibían esa instrucción en el hogar y en la Iglesia), fieles, dispuestos y con un cierto grado de liderismo entre sus compañeros. Helmuth fue captado de ese modo. Sin embargo, siendo un muchacho inteligente e inquieto, comenzó a escuchar por las noches las retransmisiones radiales que venían desde Inglaterra vía Francia, lo que era una falta grave. No sólo las escuchó y creyó (al constatarlas con la realidad distorsionada en que vivía) sino que comenzó a compartirlas con otros. Resumiendo: Helmuth Huebner fue muerto, a pesar de sus cortos años, como traidor a la patria. Los alemanes en general y hasta algunos miembros de la Iglesia en particular despreciaron su nombre. El debía haber sido un ejemplo de lealtad y patriotismo, un orgullo para sus padres, el país y su religión; en cambio sólo había traído la desgracia sobre él y los suyos con su crimen de actividades subversivas, agravado por su pertenencia a la organización juvenil. Nadie quiso siquiera nombrar a Helmuth por mucho tiempo. Pero con la victoria aliada la historia se rescribe y el joven mártir es sacado a la luz. Su nombre es reivindicado como un patriota que advertía el peligro que se cernía sobre su nación. Se escriben artículos, libros y creo que una obra teatral con el pomposo título de “Un mormón contra el Tercer Reich”.

Personalmente, la trágica figura de Helmuth me llena de simpatía y consternación. Pero aquí estamos hablando de guerra, paz y doctrina. ¿Fue Helmuth un patriota fiel a su país según el canon doctrinal? Por más que me duela debo responder: No. Si yo analizara exclusivamente el canon, la obra teatral se debería llamar “De cómo un joven mormón desobediente intentó traicionar a su País”. Cambiemos nuevamente las coordenadas espacio temporales y consideremos algo cercano: 1982, Guerra de las Malvinas. El gobierno que detenta el poder no ha sido elegido por el pueblo (Hitler sí lo había sido). Las Juntas Militares llevan sobre sus espaldas 30.000 asesinatos por causas políticas e ideológicas. Algunos ciudadanos lo creen y otros lo niegan. De hecho, los paralelos con la Alemania del ’40 son más que significativos. Imaginemos en ese contexto a un joven mormón argentino que, convencido de la falta de moralidad de sus dirigentes y con la buena intención de evitar mayor derramamiento de sangre, lleva a Chile un plan de invasión perfecto por el que las fuerzas británicas podrían retomar las islas en poco tiempo y escaso costo humano de ambos lados, con la certeza de que los chilenos harán llegar la idea a los comandantes ingleses. ¿Como llamaríamos a ese joven?… Como ven la respuesta no es fácil. ¿Qué ocurriría si fuese descubierto y ejecutado por espionaje? ¿Qué opinaría la Iglesia en Argentina al respecto? ¿Y la iglesia en Norteamérica?

d)      La actitud del joven Huebner podría ser aceptable si previamente se considera mi definición de prioridades en cuanto a las lealtades expresada en el punto b). Pero que yo sepa nadie ha aceptado esa definición de manera doctrinal. En la práctica, pareciera estar implícita dentro del siguiente condicionamiento:  si la nación donde ocurre ese tipo de infidelidad no es los EEUU de América  pero esos mismos EEUU se constituyen en la otra fuerza beligerante del conflicto, la cuestión de las prioridades podría ser considerada. Si la infidelidad ocurriese en los EEUU tal prioridad no podría siquiera ser traída a consideración. Lo cual establece un doble sistema de medición moral.

e)      En general, las Autoridades Generales no se refieren a los conflictos armados y mucho menos toman partido con relación a ellos. No recuerdo que se haya hablado sobre la guerra en Kosovo, Ruanda o Somalia. Tampoco recuerdo que se haya mencionado el conflicto argentino-británico en el Atlántico Sur durante 1982. Y me parece correcto que así sea. La Iglesia debe bregar por la paz y apartarse, como institución, de cualquier compromiso que pudiera implicar parcialidad. Pero sólo basta que EEUU entre en conflicto para que alguien sienta que es su responsabilidad redefinir la idea de guerra y correr algunos centímetros el límite de lo que hasta entonces se consideraba una guerra justa. Repitiendo la última parte de lo que he denominado el canon McKay, recuerdo que: “Posiblemente haya una tercera (razón): defender a una nación débil del injusto ataque de una nación fuerte y despiadada que desee subyugarla”.  El uso del ‘posiblemente’ nos advierte que esta es una razón muy excepcional o que aún debe continuar estudiándose. Porque si yo la tomo tal como está expresada, entonces cualquier nación árabe que hubiese defendido a Irak en este último conflicto estaría justificada pues  defendería a una nación débil (Irak tal como se demostró después del bloqueo comercial) del injusto ataque de una nación fuerte y despiadada (EEUU, lo injusto lo declaró la Corte Internacional, lo fuerte y despiadada se vio en los noticiosos).

f)       Al comienzo de este texto cité al Presidente Hinckley en un discurso anterior en el que menciona las dos Guerras Mundiales, Corea, Vietnam y la Guerra del Golfo como los conflictos importantes del Siglo XX que le tocó vivir. El resto fueron guerras menores. Veo que menciona únicamente aquellas guerras en las que participó EEUU. Soy consciente de las limitaciones que nuestras sociedades y culturas ponen sobre nosotros. Pero Ruanda en 1995 con más de un millón de muertos en 5 meses de duración ¿menor?. El conflicto en los Balcanes con sus importantes bajas en todas las etnias y sus consecuencias geopolíticas ¿menor? El conflicto árabe-israelí que lleva más de 50 años con novedades diarias y al que ningún mandatario norteamericano, si es que realmente lo ha querido, ha logrado ponerle fin ¿menor?. ¿Porqué cuando Irak hace la guerra con Irán es un conflicto menor pero cuando enfrenta a los EEUU es incorporada a los anales de la Historia? Si realmente aspiramos a una congregación internacional (de hecho ya más de la mitad de los miembros de la Iglesia viven fuera de los EEUU) estas limitaciones culturales e informativas deberán comenzar a eliminarse. El comentario de ‘hemos sido gente muy pendenciera’ que el Profeta agrega a continuación y que yo en un principio pensé que se aplicaba a todo el mundo, al analizar lo selectivo que es en los ejemplos deduzco que sólo se aplican a su propio país.

 

Motivos por los que no creo que la guerra contra Irak sea una guerra justa.

 

a)      Según las declaraciones del Presidente McKay que aparecen arriba, la toma de territorio por otra nación sólo demuestra que los fuertes dominan a los débiles pero no es justificación para la guerra. Si bien aquí quizás no haya deseos de anexarse un territorio, sí los hay de controlar y utilizar los recursos de ese territorio, además del uso estratégico del mismo.

b)      De acuerdo a esas mismas declaraciones, tampoco es justificable ‘desear establecer un nuevo orden de gobierno … no importa cuánto mejor sea dicho orden’. Ya Grotius, famoso jurista del siglo XVII en De iure belli ac pacis advertía que: “Querer gobernar a los otros contra su voluntad bajo pretexto de que es un bien para ellos constituye el argumento más frecuente de las guerras injustas”. Consideremos bajo esta luz las recientes declaraciones de Donald Rumsfeld, ministro de Defensa de EEUU: “Washington se negará a reconocer un régimen islámico en Irak aunque fuera el deseo de la mayoría de los iraquíes y reflejara el resultado de las urnas”  (El País, Madrid, 22-04-03) O sea, ‘les llevaremos la democracia aunque para ello debamos violentar todas las normas de la democracia’. Comparemos esas declaraciones con el ideal cristiano planteado por Brigham Young: “Quienquiera que viva hasta el día en que el Reino de Dios se encuentre establecido en la tierra en su totalidad podrá ver a un gobierno que protegerá los derechos de toda persona. Si ese gobierno estuviese reinando actualmente… veríamos a los católicos romanos, a los católicos griegos, a los episcopales, a los presbiterianos, a los metodistas, a los cuáqueros, a los tembladores, a los hindúes, a los musulmanes y a toda clase de gente devota estrictamente protegida en sus derechos civiles y en su privilegio de adorar a quien, lo que y cuando le plazca sin que interfiera en los derechos de otros ¿Podría cualquier persona honrada en su sano juicio desear una libertad mayor?” (Discursos de B.Young, 355)

c)      La Carta de las Naciones Unidas reza en su Preámbulo: “Nosotros, pueblo de las Naciones Unidas, resueltos a preservar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra… y a instaurar métodos que garanticen que no se recurrirá a la fuerza de las armas… hemos decidido asociar nuestros esfuerzos para realizar estos designios”. La Comisión Internacional de Juristas, organismo de consulta de la ONU, ante la posibilidad de un ataque estadounidense a Irak se expidió del siguiente modo: “Un ataque así sería ilícito y constituiría una guerra de agresión… No hay ningún fundamento jurídico posible para una intervención de esa naturaleza”. Un gobierno que no está dispuesto a aceptar la ley internacional ni a regirse por ella, como tampoco a cumplir con los pactos internacionales que su país ha firmado en el pasado, no tiene el derecho moral de exigir a sus ciudadanos la obediencia absoluta a las leyes internas, que incluyen el posible sacrificio de sus vidas y de muchos de sus derechos civiles. El doble discurso de los EEUU en el manejo de los ámbitos externo e interno es ya proverbial. Desde las recetas económicas que sugiere a otros países pero jamás aplicaría en el propio hasta el proteccionismo sobre sus productos que desaconseja absolutamente a los demás. Las exigencias de firmas de tratados de no proliferación nuclear mientras continúa la fabricación interna de armas de ese tipo, la negativa a que sus militares puedan ser juzgadas por crímenes de guerra en tribunales internacionales, el continuo veto a resoluciones de la ONU que condenarían sus acciones, son otros tantos ejemplos de esa dual tendencia. No estoy diciendo que en el actual orden mundial esas no sean presiones y negociaciones válidas desde el punto de vista estratégico. Lo que digo es que, moral y religiosamente, dichas conductas son inaceptables en una nación que pretende erigirse como salvaguarda de la libertad y derechos universales.

d)      Los motivos aducidos para la guerra no son los reales: Ni la existencia de las armas de destrucción masiva ni las relaciones con Al Qaeda (imprescindible para el apoyo del pueblo norteamericano por su relación con el 11 de Septiembre) han sido demostradas. Es muy posible que en el futuro aparezcan evidencias (de hecho debe haber varias Agencias trabajando en su detección o fabricación) pero eso jamás corregirá el hecho de que los ataques se realizaron sin la menor de ellas en mano de las Inteligencias de la Alianza. Sólo el ‘por si acaso’. Mientras tanto, Pakistán, siendo una dictadura mucho más inestable que la de Saddam, con sus propias armas nucleares y brindando apoyo directo a las redes terroristas sigue existiendo y nadie se rasga las vestiduras por ello.

e)      Leamos el siguiente editorial de un diario norteamericano: “Bien, ahora sabemos cuál era la ambición final del presidente en la guerra. El Presidente Bush desea la cabeza de Saddam Hussein. Bush no desea un acuerdo negociado, Bush quiere una rendición incondicional.. Desde el 2 de Agosto, el presidente ha desarrollado una intensa animosidad personal hacia Saddam Hussein. En lo que alguno de nosotros veía como otro tirano más del Medio Oriente, no muy diferente a Afees al-Assad de Siria, Bush ha llegado a ver la encarnación del mal.. Si este fuese un match de box, el referí lo habría detenido en el primer round (salvando miles de vidas). A lo largo de la crisis del Golfo, el Presidente Bush ha sido el más implacable de los adversarios…Al demonizar a Saddam* como el nuevo Hitler hemos elevado a un tirano regional al estatus de mito…”  Pareciera haber sido escrito hace algunas semanas, pero no es así, apareció en el Salt Lake Tribune del 21 de Febrero de 1991 (hace más de 12 años), firmado por Pat Buchanan. ¿Por qué lo menciono entonces? Porque muestra la misma situación, las mismas actitudes, la misma forma de encarar las soluciones. Para mi hay algo evidente: el ataque a Irak figuraba en las carpetas internas del programa de gobierno del hijo como una deuda pendiente del gobierno de su padre. Sólo faltaba un motivo de mayor adhesión que la mención de Hitler (figura un poco lejana para las nuevas generaciones norteamericanas). El 11 de Septiembre se encargó de proveerlo. Con esto no estoy sugiriendo que fue auto perpetrado, planeado, o siquiera permitido. Lo que estoy diciendo es que el 11 de Septiembre era ‘funcionalmente necesario’ para los propósitos de George W. Bush y que pudiese llevar a la práctica lo que ya existía como plan. Afganistán fue un preámbulo. Las extrañas relaciones de la familia Bush tanto con Bin Laden como con Saddam son objeto de investigación. De ello se encargarán los propios periodistas estadounidenses en la medida que sepan que sus puestos no están en juego. [* Si debo creer a los especialistas en comunicación mediática, el uso de ‘Saddam’ por parte de ambos Presidentes Bush en vez de Hussein o el nombre completo no es por un exceso de confianza o deseo de abreviar. Simplemente que en la pronunciación de inglés americano dicho nombre suena prácticamente igual a ‘Satan’ (Satanás) ¿subliminal o grosero?]

 

Motivos por los que yo no sería un buen soldado.

 

Si bien intento sentir el mayor de los respetos por aquellos que deciden seguir una carrera militar, incluyendo a muchos Santos de los Ultimos Días, en realidad pienso como George Bernard Shaw que “Un soldado es un anacronismo del que debemos desembarazarnos”

Creo que implica el compromiso voluntario de dejar de razonar bajo ciertas circunstancias y ese es un compromiso que no estoy dispuesto a tomar, mientras pueda evitarlo.

Ya lo dijo Federico II: “En el momento que mis soldados comiencen a reflexionar, ninguno querrá permanecer en su puesto”. Y también Céline: “Los caballos en la guerra eran más felices que nosotros los soldados, porque aunque ellos también soportaban la guerra como nosotros, por lo menos no se les obligaba a creer en ella. Desgraciados, pero libres, los caballos”.

Un escritor anónimo también apuntó: “Un buen soldado sobre todo debe pensar en tres cosas: en la patria, en Dios y en nada”.

 

Algunas reflexiones sobre el mensaje “La guerra y la paz” del Presidente Gordon B. Hinckley

Dicho mensaje fue pronunciado en la Sesión General del domingo por la mañana de la Conferencia General Anual Nº 173, el 6 de abril de 2003. Debido a que el texto completo del mismo aparece en la revista Liahona de Mayo de 2003, me limitaré a citar la página correspondiente de esa publicación de aquí en adelante.

Como no es muy común que el Presidente de la Iglesia se refiera a asuntos tan puntuales y explícitos y menos aún a aquellos que podrían producir divisiones dentro del seno de la Iglesia, el discurso creó expectativas y un detallado estudio posterior. Algunos analistas lo han considerado “críptico”en el sentido de que es tanto lo que esconde como lo que expresa. Una buena parte de él debe leerse entre líneas, lo cual entraña sus riesgos.

Veamos algunos párrafos:

 

“A veces tendemos a glorificar los grandes imperios del pasado, como por ejemplo, el Imperio Otomano, los Imperios Romano y Bizantino, y, en tiempos más recientes, el vasto Imperio Británico: Pero hay un aspecto sombrío en cada uno de ellos. Hay un revestimiento funesto y trágico de conquista brutal, de subyugación, de represión y un precio astronómico que se ha pagado en vidas humanas y en dinero”(Liahona Mayo 2003, pag.79). Si lo que el Presidente Hinckley está insinuando con esa introducción es: “no les extrañe por tanto que este nuevo imperio en el que vivimos tenga también sus aspectos sombríos, sus conquistas brutales y su represión” estoy plenamente de acuerdo con él. Quizás por razones diplomáticas no pudo ser más claro. Si analizo el contexto, esa pareciera la manera más lógica de concluir la idea. Pero ¿será eso lo que quiso decir? Algunos de los analistas que menciono en la introducción observan en el lenguaje utilizado durante todo el discurso un marcado acento anti-imperialista. Si bien lo he leído tanto en castellano como en el original, se me escapan esas sutilezas del idioma como para apoyar tal visión, salvo en el párrafo que acabo de mencionar.

 

“Ahora bien, hay mucho que podemos y que debemos hacer en estos tiempos peligrosos. Podemos dar nuestra opinión sobre los diversos aspectos de la situación, pero nunca digamos nada indebido ni participemos en actividades ilícitas con respecto a nuestros hermanos y a nuestras hermanas de las diversas naciones de un lado o del otro. Las diferencias políticas nunca justifican el odio o la mala voluntad…” Aquí, por primera vez, el Profeta reconoce que el tema de la guerra es una causa política. Si en una Reunión Sacramental un discursante incluyese declaraciones que explícitamente manifestasen o justificasen sus preferencias o rechazos políticos, la autoridad que preside tiene todo el derecho de invitarlo a sentarse y cerrar su boca. Pareciera que dichos recaudos no se toman en las Conferencias Generales.

 

Desde el punto de vista de la construcción discursiva, el mensaje comienza muy eficazmente con la historia del sargento James Cawley, un fiel miembro de la Iglesia que resultó muerto en Irak. Digo que es eficaz porque además de captar la atención de la audiencia logra 1) Introducir la idea de que se está librando una guerra irreversible en Irak, nos guste o no 2) Comunicar que hay miembros de la Iglesia participando y muriendo en ella y 3) al mencionar la trayectoria del hermano Cawley desde diácono hasta misionero en Japón así como a su viuda y pequeños hijos huérfanos, teñir el resto del discurso con congoja y recogimiento.

Más adelante leerá la conmovedora carta de una madre despidiendo a su hijo que va al frente. En esa conversación existe el siguiente párrafo: “Mamá, tengo que ir para que tú y la familia sean libres, libres de adorar como les parezca… Y si eso me cuesta la vida… entonces, el haber dado mi vida habrá valido la pena…” A nivel de la coherencia del discurso aquí ocurren varias cosas que me gustaría señalar. El Profeta no dice esa frase pero invita a alguien para que la diga dentro de su mensaje. Esta carta también está permeada de elementos altamente subjetivos, culturales y parcializantes. No dudo de la sinceridad de la madre (¿quién puede dudar de las emociones de una madre amorosa que ve partir a su hijo a la batalla?) como tampoco dudo de la sinceridad del hijo al expresarse (¿quién puede dudar de la sinceridad de un joven soldado mormón entrenado militar e ideológicamente para lo que va a hacer?) Tampoco quiero dudar de la sinceridad del Presidente Hinckley al incluir este relato en su exposición. El joven tiene mi simpatía no sólo porque comparte mis creencias, sino porque intuyo que hay en común muchos valores culturales e históricos. Pero analicemos fríamente el contenido. ¿Irak pone en peligro la libertad política y religiosa de los EEUU? Creo que esa premisa no la cree ni el Presidente Bush,  aunque le gustaría que otros la creyeran.

Por otro lado los contrincantes aparecen bastante desdibujados: “Hay otras madres, civiles inocentes, que abrazan a sus hijos con temor y miran al cielo, con desesperadas súplicas mientras la tierra que pisan se estremece con las bombas mortíferas que rugen a través del cielo nocturno” (pag. 79) Es decir, como en las viejas películas del oeste, mucho detalle de ‘la casa en la pradera’ pero muy poco de los ‘indios’. También falta un nexo obvio pero necesario entre los jóvenes que se despiden emotivamente de sus madres y que son los mismos que dejarán caer las bombas mortíferas sobre esas ‘otras’ madres.

Resumiendo, creo que el discurso del Presidente Hinckley es un alegato anti bélico pero expresado de modo atenuado. Quizás el motivo de esta atenuación haya que buscarlo en que los discursos de la anterior Conferencia produjeron titulares tales como: “Los mormones en contra de la guerra” y “Mensajes pacifistas en la Conferencia mormona”. No lo sé. Como ya lo dije, estas son meras especulaciones. De todos modos, la doctrina está clara. No somos belicistas pero cada SUD tiene responsabilidades en relación a los gobiernos políticos del país donde viva. Si se es militar las opciones no son muchas, salvo obedecer. Si se es civil se puede ejercer el libre albedrío plenamente: se puede apoyar las decisiones del gobierno por un sentimiento de patriotismo o “en una democracia podemos renunciar a la guerra y proclamar la paz. Hay oportunidad de expresar desacuerdo. Muchas personas han expresado su opinión y muy enfáticamente. Ese es su privilegio. Ese es su derecho siempre que lo hagan conforme a la ley”. (pag. 80)

 

El Profeta decidió dar un discurso muy difícil en una situación muy difícil. Ignoro, como es lógico, todos lo motivos que pudieron impulsarlo a hacerlo. En mi opinión el ámbito de una Conferencia General internacional no era el apropiado. Tampoco era necesario que expresase su aval personal al gobierno de su nación porque en su doble condición de ciudadano y de Portavoz del Señor esos roles pueden ser confundidos en la mente de muchos Santos, salvo que ese fuese el efecto buscado. He hablado con varios hermanos de la Iglesia que están convencidos de que el Profeta apoyó la actual guerra en su función de Profeta. Yo no lo creo así. De todos modos, si fue sólo una definición personal debió permitir que otros expresasen sus convicciones personales a favor o en contra. Lo que el Profeta dijo está en la Liahona y no es tan difícil de leer. Lo que el Profeta quiso decir ¿alguien se encargará de explicarlo?

 

El que hemos tratado más arriba es un tema muy puntual y simultáneamente conflictivo. La Iglesia hace muchas cosas por la paz en este mundo, desde la propagación del Evangelio de Paz por los misioneros hasta las ordenanzas sagradas del Templo, que son verdaderamente las cosas pacíficas del Reino. Desde las inagotables ayudas humanitarias, que no promociona, hasta el desarrollo de planes de autosuficiencia. Se que alienta la integración y estimula el conocimiento y el progreso. El Fondo Perpetuo para la Educación me parece un programa maravilloso. Todas estas cosas las he tenido en mente mientras escribía el presente texto aunque no parecen reflejarse en el mismo por causa de su naturaleza específica.

 

Bahía Blanca, Junio de 2003