EL SENDERO, EL RIO Y EL ARBOL… (Primera Parte)

ARTE Y RELIGION

     Literatura

              Libro de Mormón

EL SENDERO, EL RIO Y EL ARBOL…

(Antecedentes literarios, míticos y religiosos del Sueño de Lehi)

Primera Parte 

Por Mario R. Montani

Lehi's dream 4

“Pensé estar viajando por un campo abierto y desolado que parecía totalmente árido. Mientras así viajaba, vino de pronto a mi mente la idea de que sería mejor detenerme y reflexionar sobre lo que estaba haciendo, antes de seguir adelante. De modo que me pregunté, “¿Qué motivos puedo tener para viajar por aquí y qué lugar es éste?”. Mi guía que, como antes, estaba a mi lado, dijo: “Este es el mundo desolado, pero continúa”. El camino era tan ancho y árido que me pregunté por qué debería transitarlo, ya que, me dije, “Amplio es el camino y amplia la puerta que conduce a la muerte, y muchos son los que entran por ella, pero angosta es la senda y estrecha la puerta que conduce a la vida eterna y pocos son los que la hallan”. Adelantándome una corta distancia, llegué a un sendero angosto. Entré en dicho sendero, y, cuando hube avanzado un corto trecho, divisé un hermoso arroyo, que corría de este a oeste. De esta corriente de agua, no podía ver su fuente ni su desembocadura, pero, tan lejos como mis ojos alcanzaban a distinguir, podía ver una soga, que se extendía a lo largo de su orilla, a una altura a la que un hombre podría alcanzarla, y más allá había un valle apacible y placentero en el cual se erguía un árbol como jamás había visto otro. Era  hermoso en extremo, al punto que lo observé maravillado y con admiración. Sus bellas ramas se extendían  como un paraguas, y cargaban cierto tipo de fruto, en su forma muy similar a una castaña, tan blanco como la nieve, o, si fuera posible, aún más blanco. Los observé con considerable interés, y mientras lo hacía, las cáscaras comenzaron a abrirse y a derramar sus partículas, o el fruto que contenían, que era de una blancura deslumbrante. Me acerqué y comencé a comer del mismo, encontrándolo delicioso más allá de toda descripción. Mientras comía, me dije, “No puedo comer ésto yo solo, debo traer a mi esposa e hijos para que participen conmigo”. Por tanto, fui y traje a mi familia, que consistía de mi esposa y siete hijos, y todos comenzamos a comer y a alabar a Dios por esta bendición. Estábamos extremadamente felices, al punto de que nuestro gozo no podía expresarse fácilmente. Estando así entretenidos, observé un espacioso edificio que se levantaba en oposición al valle en que nos encontrábamos, y parecía elevarse hasta los cielos. Poseía muchas puertas y ventanas, y todas estaban llenas de gente, que se encontraba muy finamente vestida. Cuando estas personas nos observaban en el valle, bajo el árbol, nos señalaban con desprecio, y nos trataban con formas irrespetuosas y con desdén. Pero a sus injurias fuimos totalmente indiferentes. Me volví a mi guía y le pregunté el significado del fruto que era tan delicioso. Me dijo que era el amor puro de Dios, que se derramaba abundantemente en los corazones de todos aquellos que lo amaban, y guardaban sus mandamientos. Entonces me ordenó que fuese y trajese al resto de mis hijos. Le dije que todos estaban allí. “No”, replicó, “mira más allá, tienes dos más, y también debes traerlos”. Al levantar mi vista, observé a dos niños pequeños a cierta distancia. Inmediatamente fui por ellos y los traje al árbol, luego de lo cual comenzaron a comer con el resto y todos nos regocijamos juntos. Cuanto más comíamos, más parecíamos desear, hasta que nos pusimos de rodillas y los recogíamos, comiendo a manos llenas. Después de festejar de este modo por un tiempo, pregunté a mi guía cuál era el significado del espacioso edificio que había visto. Replicó “Es Babilonia, es Babilonia, y deberá caer. Las personas en sus puertas y ventanas son sus habitantes, que se burlan y desprecian a los Santos de Dios por causa de su humildad”. De pronto desperté palmeando mis manos de gozo…”

El relato que antecede fue registrado por Lucy Mack Smith, madre del Profeta, en sus memorias (History of Joseph Smith, by His Mother, Bookcraft, Salt Lake City, 1958, pags. 48-50), como parte de un sueño recibido y narrado a ella por su esposo, Joseph Smith, Padre, en Lebanon, New Hampshire, en el año de 1811. Esto es, nueve años antes de que Joseph Jr tuviera la Primera Visión y dieciocho antes de que El Libro de Mormón fuese traducido e impreso.

Sería imposible pasar por alto las similitudes (aunque también diferencias) con el sueño de Lehi en 1 Nefi 8. Tampoco fue la única experiencia onírica recibida por el futuro Patriarca de la Iglesia; varios meses antes, en Royalton, Vermont, había contado a su esposa:

“Parecía estar caminando por un campo abierto y estéril, y, mientras viajaba dirigí mi vista al este, el oeste, el norte y el sur, no pudiendo ver otra cosa  que árboles caídos y muertos. No se veía el menor vestigio de vida animal o vegetal; además, para tornar la escena aún más inhóspita, prevalecía un silencio de muerte, ni el menor sonido de algo animado podía escucharse en todo el campo. Me encontraba sólo en ese desierto tenebroso, con la excepción de un espíritu asistente que se mantenía constantemente a mi lado. Le pregunté el significado de lo que veía y por qué estaba viajando por tan deprimente región. Respondió así: “este campo es el mundo, que ahora yace inanimado y mudo con respecto a la verdadera religión, o plan de salvación…”” (Idem anterior, pag. 47)

¿Confundió Lucy el sueño del esposo con los detalles narrados por el hijo en su círculo familiar? Es poco probable, ya que, si bien de avanzada edad al recopilar sus memorias, su historia personal es bastante precisa con relación a fechas, lugares y eventos, por lo que ha sido tomada como referencia en la propia Historia de la Iglesia.

¿Tomó prestado Joseph, Jr el sueño de su padre y lo incorporó al texto que traducía, como un homenaje? Esto hablaría, si no necesariamente de un fraude, al menos de un armado literario de la obra. ¿Por qué tendría interés, Lucy, una mujer inteligente, en publicar, años más tarde, lo que podría fácilmente rastrearse como una fuente original del Libro?

¿El sueño de 1811 podría constituirse en un testimonio adicional, para los padres, de la inspiración y llamamiento profético de su hijo, al ver reflejados en un antiguo registro los mismos elementos que habían compartido en el pasado y que, ya entonces, consideraban de origen divino?

No es el propósito del presente análisis dilucidar tal cuestión que, como siempre, resolverá cada uno en base a su fe, testimonio y estudio personal, sino señalar la universalidad y extensión de los símbolos que aparecen en el sueño, así como su utilización arquetípica por las más variadas culturas.

Como claramente lo ha expresado el investigador Howard Patch:

En las visiones, los sueños y las simbólicas “imágenes de la verdad”, el hombre ha expuesto sus ideas respecto del Otro Mundo valiéndose de ciertos elementos bastante constantes que reaparecen en las descripciones, lo cual sugiere que para explicar su empleo hay que recurrir a algo más que la pura coincidencia psicológica. (Patch, Howard Rollin, El otro mundo en la literatura medieval, Fondo de Cultura Económica, México, 1956, pag. 13) (el subrayado es mío)

Tomemos como caso testigo la “Narrativa de Zózimo”, un texto pseudoepigráfico, conocido también como “La Vida de los Bienaventurados” o “Historia de los Rekabitas”, ampliamente leído en los monasterios durante la Edad Media pero con raíces judías de los primeros siglos de nuestra era (Comodiano ya hace mención de él en el 250 d.C) La experiencia de Zósimo comienza en un desierto. Deseoso de encontrar el país de los Bienaventurados es ayudado por un mensajero divino. Lo conduce por un desierto sombrío que lo deja agotado. Debe cruzar un gran río (en la versión siríaca es un Gran Océano). De la barrera acuática surge una “muralla de nubes” que le impide avanzar. Ayudado por los árboles puede llegar a la tierra bendita que es plana y florida. Allí come bajo un árbol de cuya raíz brota agua más dulce que la miel. Los elementos presentes coinciden con los del sueño de Lehi y el estudiante avanzado del Libro de Mormón encontrará interesante que algunos de los habitantes que halla Zózimo (los mencionados Rekabitas) salieron de Jerusalén en la época de la prédica de Jeremías (al igual que la colonia de Lehi).

En uno de los textos más antiguos de la humanidad (2000 a.C.), el poema o epopeya de Gilgamesh, se narra en sumerio y acadio, como el héroe, después de vagar veinticuatro horas en completa oscuridad, sale a un jardín encantado, donde se deleita sobre todo con un árbol divino adornado de piedras preciosas. Luego se las arregla para atravesar las turbulentas aguas de la muerte, llega a los campos de los bienaventurados, se baña en una fuente encantada de virtudes curativas, y come de la planta mágica que renueva el vigor…

Como vemos, el simbolismo básico tiene una larga y antigua tradición…

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El panorama general

Nefi, en la explicación de los elementos del sueño a sus hermanos, presupone que su padre no advirtió algunos detalles, pero en realidad tenemos el derecho de preguntarnos: “¿vieron ambos exactamente la misma cosa?”. La experiencia de Lehi es personal y tiene que ver con sus preocupaciones con respecto a Lamán y Lemuel. Es un actor directo en el amplio paisaje de la visión y también lo son, como invitados, los integrantes de su familia. Se trata de una revelación con propósitos específicos, como la que a Joseph Smith, padre, le ayudó a saber que dos hijos más vendrían a su vida.

La visión de Nefi, en cambio, es universal: no se ve a sí mismo ni a sus seres queridos en ella, sino a una representación del género humano en su totalidad con sus posibles y alternativos destinos.

Analicemos algunos de los elementos constituyentes de la visión:

El desierto y la obscuridad

Lehi, un viajero en el desierto, sueña que es un viajero en el desierto, pero perdido y angustiado. Comienza a orar para que el Señor tenga piedad de él (1 Nefi 8:8). Hay cierta imprecisión en las percepciones; “me pareció ver…” dice en el versículo 4.

La situación se repite en la narrativa de Zózimo…

“Yo, Zózimo, saliendo de mi cueva viajé junto al ángel cuarenta días. Mi espíritu se desanimó y mi cuerpo desfalleció, y desanimado me senté, rogando a Dios durante tres días”  Narración de Zózimo, Cap. 2 vers. 1-2.

Es una situación típica de la poesía y narración árabe. La oscuridad, la desorientación y el pedido de ayuda divina son lugares comunes en su literatura. En la obra Lehi in the Desert and the World of the Jaredites (Salt Lake City, Bookcraft, 1952, pag. 47, nota 2), Hugh Nibley da más de 30 referencias de poetas que utilizan esta situación (La obra puede hallarse hoy en Complete Works of Hugh Nibley, Tomo 5, pag. 137)

No tenemos claro el significado del desierto en el sueño que aparece en 1 Nefi. Si tomamos en consideración la experiencia de Joseph Smith, padre, se trata del mundo “solitario y triste”, sin el conocimiento del Plan de Salvación. Pareciera coincidir con el símbolo utilizado por Juan en el Apocalipsis. Allí se describe a una mujer (la Iglesia) con un hijo varón (el sacerdocio) que son llevados al desierto (la Apostasía) por cierto período. En Doctrina y Convenios también se establece que la Iglesia comienza a salir del desierto gracias a la Restauración.

El guía

“Y aconteció que vi a un hombre vestido con un manto blanco, el cual llegó y se puso delante de mí. Y sucedió que me habló y me mandó que lo siguiera” nos cuenta Lehi en 1 Nefi 8:5-6. La referencia al “manto blanco” podría indicar una experiencia iniciática, pero, de todos modos, el mensajero no es identificado y su presencia se diluye al llegar al campo grande y espacioso.

La tradición literaria de estos guías es numerosísima. Un “espíritu asistente” lo denomina Joseph Smith, padre. En ocasiones son ángeles (ya lo vimos en Zózimo) a veces identificados con Gabriel o Rafael. También el Espíritu Santo o su símbolo, la paloma.

En la visión de Alberico, por ejemplo, uno de los tantos textos medioevales que ha sobrevivido, se cuenta que el protagonista, después de yacer como muerto nueve días y nueve noches es transportado por una paloma hasta el Paraíso, que se encuentra en una alta llanura, cerca del cielo. Allí divisa al Arbol de la Vida, luego visita los siete cielos y llega a una elevada muralla, pero lo que ve del otro lado no puede revelarlo. (J. Le Goff, L’imaginaire médiéval, (Meyenne), Gallimard, 1985, pags. 103-119.)

En la literatura tradicional, también aparece la figura del guía o acompañante. Eneas es guiado por la sibila de Cumas y Dante por el propio Virgilio.

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El campo espacioso

Caminar por horas en el desierto obscuro y lúgubre ¿es una condición para apreciar mejor el iluminado campo grande y espacioso? Es interesante que Lehi describe como “campo” (¿incluye prados y vegetación, además del árbol?) el nuevo lugar, diferenciándolo del desierto. Desde el punto de vista narrativo es un notable efecto contrastante entre luces y sombras.

Para los árabes, maidan es un campo grande y espacioso “a semejanza de un mundo” (1 Nefi 8:20) pero también significa “vida amplia” por lo que es posible que nos hallemos frente a la descripción de un estado espiritual implícito en la descripción de un lugar físico. Hugh Nibley reconoce que la literatura heroica ha utilizado profusamente este símil y que los primeros cristianos lo emplearon en obras como el Pastor de Hermas y los Reconocimientos Clementinos.

Este topos del campo espacioso se halla muy relacionado con los temas del jardín y de “la isla”.

“En casi todos los relatos orientales, el jardín de los bienaventurados incluye ciertos elementos constantes: los árboles cargados de frutos preciosos, los ríos que riegan los prados, el alimento o bebida celestial. (Patch, Howard Rollin, El otro mundo en la literatura medieval, Fondo de Cultura Económica, México, 1956, pag. 20-21)

“Ese país de los vivientes eternos puede ser la región del castigo eterno, o el más allá de los relatos de Navegaciones – Viaje de Bran o Visión de Adamnan – el País de la juventud, la Tierra de la Promesa, “la famosa isla verde anterior al último diluvio que las aguas no pudieron engullir” y a cuya búsqueda parte Mydhinn – Merlín – con otros nueve vates. En esa isla se dice que hay un árbol del paraíso de hojas siempre verdes y brillantes cuya longitud se compara con la de los pelos de la piel del búfalo y sobre las que se describen asentados, pájaros multicolores; color del azafrán, de púrpura, azur, con cabeza de oro y alas de plata, curiosamente enumerando todos los colores empleados en la heráldica” (Eve Leone “El Misterio Feliz, Los cuentos de Hadas y la tradición universal” Editorial Troquel, Bs. Aires, 1991, Pag. 147-184)

“Era agradable y hermosa, llena de árboles espléndidos, cargados de frutos deliciosos y fragantes; era como una isla grande y extensa sin ninguna montaña ni colina, adornada de flores…” (Narración de Zózimo, Cap. 3, vers. 6)

En el Corán, libro sagrado del Islam, puede leerse en su Sura II (llamada La Vaca):

10. Y los primeros serán los primeros.

11. Éstos serán los más inmediatos a Dios.

12. Habitarán el jardín de las delicias.

13. Habrá un gran número de éstos entre los antiguos

 

23. Anuncia a los que creen y practican las buenas obras que tendrán por morada jardines regados por corrientes de agua. Cada vez que tomen algún alimento de los frutos de estos jardines, exclamarán: He aquí los frutos con que nos alimentábamos en otro tiempo…

 

27. Permanecerán entre árboles de loto sin espinas,

28. Y bananos cargados de fruto desde la cima hasta abajo,

29. Bajo sombras que se extenderán a lo lejos.

30. Cerca de una agua corriente,

 

Isidoro de Sevilla, en sus Etimologías (XIV, 3, 2) afirma que tal jardín está situado en tierras de oriente: allí abunda todo tipo de arboledas y de frutales, incluso el árbol de la vida. No existe allí ni frío ni calor, sino una templanza constante. De su centro brota una fontana que riega todo el bosque, y se divide en cuatro ramales que dan lugar a cuatro ríos distintos. La entrada a este lugar se cerró después del pecado del hombre.

Las connotaciones religiosas del jardín son claramente descifrables cuando pensamos en el Jardín del Edén o el Jardín de Getsemaní, lugares centrales de eventos claves en el desarrollo del Plan de Salvación.

Desde el punto de vista literario Juan Eduardo Cirlot ha definido el símbolo del jardín como:

“el ámbito en que la naturaleza aparece sometida, ordenada, seleccionada, cerrada. Por esto constituye un símbolo de la conciencia frente a la selva (inconsciente), como la isla ante el océano.” (CIRLOT, Juan Eduardo, Diccionario de símbolos, Barcelona, Labor, 1969, págs. 270-271)

Es una ruptura del caos de la naturaleza (desierto, océano, bosque) mediante el orden de un oasis civilizado y cultivado. En la tradición de los textos antiguos ha sido identificado como locus amoenus (lugar ameno o idílico) y hortus conclusus (huerto cerrado)

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El río (fuente de aguas vivas)

Lehi declara: “Y al dirigir la mirada en derredor… vi un río de agua; y corría cerca del árbol de cuyo fruto yo estaba comiendo. Y miré para ver de dónde procedía, y vi su fuente no muy lejos de mí; y en su manantial vi a vuestra madre…” (1 Nefi 8:13-14)

Nefi a su vez: “Y aconteció que vi que la barra de hierro… conducía a la fuente de aguas vivas o árbol de la vida ; y estas aguas son una representación del amor de Dios” (1 Nefi 11:25)

El Salmo 1 nos recuerda que el sabio “será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prospera” (Salmos 1:3). Para la gente que habita el desierto es imposible concebir a un árbol sin una fuente de agua que lo nutra, de modo que la imagen de Lehi no es sólo auténtica sino completa y coherente.

“En la leyenda oriental encontramos el ascenso al cielo, la barrera acuática, el río, el puente y la montaña sagrada, solos o en combinaciones diversas.” (Patch, Howard Rollin, El otro mundo en la literatura medieval, Fondo de Cultura Económica, México, 1956, p. 16)

“Entonces comían lo que necesitaban de los frutos de aquellos árboles, en cuanto al agua, que era dulce y deliciosa como la miel, fluía de las raíces de los árboles… (Narración de Zózimo, Cap. 7, vers.3)

El Rabí Isaac en el Talmud dice: “Os daré una similitud: Una vez había un viajero errante en el desierto, hambriento, cansado y sediento, y llegó hasta un árbol con hermosos frutos y sombra, junto a una corriente de agua…

Entre los textos apócrifos, muchos de ellos hallados en el Mar Muerto, puede también leerse:

“Venid y tomad agua de la fuente viva del Señor” (Odas de Salomón 30:1)

“El que rechaza el agua no vivirá (Convenio de Damasco 3:16)

“Vi la fuente de la rectitud … y todos los sedientos bebían de ella y eran saciados…” (1 Enoc 96:6)

“Los rectos… podrán comer del Arbol de la Vida y usar una vestidura blanca… y jamás tendrán sed(Apocalipsis de Elias 21:8)

“El incorruptible alimento del árbol de la vida y la bebida del agua de vida (Hechos de Tomas 36)

En la Visión de Túndale, escrita alrededor de 1150, el héroe, acompañado de su ángel, llega al campo de la alegría y la fuente de la vida. Ve un enorme árbol, cubierto de frutas, flores y pájaros, y, debajo de él, hombres y mujeres que reposan, alabando a Dios (Patch, Howard Rollin, El otro mundo en la literatura medieval, Fondo de Cultura Económica, México, 1956, p. 121-122)

En la Visión de Thurkel, según Rogelio de Wendover narrada a principios del siglo XIII, el protagonista llega a la falda de la Montaña del Júbilo, donde encuentra un prado de flores y árboles frutales; allí una fuente origina cuatro ríos de diversos líquidos y colores. Sobre esa fuente, un árbol de gran altura da frutos especiales (J. Le Goff, L’imaginaire médiéval, (Meyenne), Gallimard, 1985, pags. 119-120)

En la Visión de Gunthelm también se cuenta su visita al Paraíso, donde encuentra un hermoso jardín de prados, árboles y pájaros cantores. Aparece, bajo un árbol, una fuente cuyas aguas atraviesan la ciudad y otro árbol, de enorme altura, en cuya cima está Adán, vestido con ropa de muchos colores (Le Goff, idem anterior)

En la leyenda de Ishtar, esa diosa acadia (Inanna para los sumerios) desciende al inframundo. En su viaje debe atravesar siete puertas, en las cuales debe despojarse de una prenda de ropa y una joya de poder (esta travesía es la que se describe en las famosas danzas de los siete velos). Cuando enfrenta a su hermana Ereshkigal, reina de los infiernos, está totalmente indefensa y es condenada a muerte. El visir Ninshbur, sospechando que algo ha ocurrido a su reina, acude al dios Enki, quien le entrega la Planta y el Agua de la Vida, para que pueda ser rescatada.

Resumiendo : la tradición nos habla de una fuente o manantial de donde surge el agua de vida y que da origen a una o más corrientes (ríos) y que representa el amor de Dios.

El otro río (barrera acuática, lúgubre río)

“La barrera acuática es un elemento común en una forma  u otra a todos los relatos. El Avesta persa habla del mar Puitika en el occidente y también del mar Vouru-Kasha. En ese último se encuentra el árbol Gaokerena, que produce el blanco Haoma, alimento de inmortalidad… Vouru-Kasha es un elemento de Otro Mundo que en parte sirve como trasfondo para una representación del Arbol de la Vida. (Patch, pags.16-17)

Cuando Lamán y Lemuel preguntan a su hermano menor: “¿Qué significa el río de agua que nuestro padre vió?” (1 Nefi 15:27) la respuesta es:

“el agua que mi padre vio representaba la inmundicia … que era un abismo horroroso que separaba a los inicuos del árbol de la vida…  y que era una representación de aquel infierno terrible…” (1 Nefi 15: 27-29)

Obviamente, Nefi no está hablando de la corriente de agua que “representa el amor de Dios” sino de otro río. Para mí, es evidente que, o las visiones de Nefi y Lehi fueron diferentes en sus detalles o en el sueño de ambos aparecen al menos dos ríos con características propias que no deben ser confundidos.

“Nótese también “el negro y lúgubre río de aguas fétidas” formado con las lágrimas vertidas por los parientes de los muertos”. (Patch, Notas p.19)

“En la mitología germánica el Valhalla tiene el río Thund y en torno a Asgard corre un río sobre el cual,  “flota una neblina oscura, reluciente, inflamable” … En el Libro de Arda Viraf (persa) el viajero cruza el puente Chinvat. En una escena del primer infierno hay un gran río “lúgubre como el terrible infierno”.” (Patch, Pag. 103)

Para la tradición griega, el Hades estaba limitado por cinco ríos: el Aqueronte (río de la pena), el Cocito (río de los lamentos), el Flegetonte (río de fuego), el Lete (río del Olvido) y el Estigia (río del Odio)

Cuando Hunahpú e Ixbalanqué, los héroes maya-quichés, enfrentan a los Señores de Xibalbá (el inframundo maya), nos cuenta el Popol Vuh:

«Después descendieron al camino que lleva a Xibalbá, de pendientes muy en declive. Habiendo descendido así, llegaron al borde de los ríos encantados de barrancos llamados Barranco Cantante Resonante, Barranco Cantante, que pasaron sobre ríos encantados con árboles espinosos; innumerables [eran] los árboles espinosos, pasaron sin hacerse daño . En seguida llegaron al borde del río de la Sangre , [y] allí pasaron sin beber. Llegaron a otro río, de agua solamente; no habiendo sido vencidos, lo pasaron también. Entonces llegaron allí donde cuatro caminos se cruzaban: allí fueron vencidos, allí donde cuatro caminos se cruzaban. Un camino rojo, un camino negro, un camino blanco, un camino amarillo; cuatro caminos…”

El carácter infernal de este segundo río y del abismo por donde circula está claramente establecido en las palabras del ángel a Nefi:

“He aquí la fuente de aguas sucias que tu padre vio; sí, el río del que habló; y sus profundidades son las profundidades del infierno… Y un grande y terrible abismo los separa…” (1 Nefi 12: 16, 18)

En nuestra actual versión del Libro de Mormón dice que ese abismo representa “la palabra de la justicia del Dios Eterno” (1 Nefi 12:18). Sin embargo, en su exhaustiva y enciclopédica obra Analysis of Textual Variants of The Book of Mormon (Análisis de las variantes textuales en el Libro de Mormón), Royal Skousen ha detectado que en el manuscrito original, uno de los escribas (identificado en los estudios como Escriba 2, ya que su letra no coincide con la de Oliver Cowdery ni con la de Emma Smith) deletreó sword (espada) y no word (palabra) pero con la “s” prácticamente unida a la “w”. Cuando Oliver preparó el texto para llevar a la imprenta leyó simplemente “Word” y el error pasó a nuestras ediciones, entre muchos otros. (Royal Skousen, Op.Cit. Part One,FARMS, Provo, Utah, 2004, pag. 257-258)

Este conocimiento da otra dimensión al abismo y al río que representan “la espada de la justicia del Dios Eterno” y lo diferencian totalmente de la barra de hierro que sí representa “la palabra de Dios”.

Sendero

“Sus sendero son llanos para el inocente, sin embargo presentan piedras de tropiezo para el ofensor” (Ben Sirach 39:24)

“Nos apartamos del camino de la verdad y viajamos por desiertos sin ruta, el sendero del Señor nos conocimos” (Sabiduría de Salomón 5:6 f)

Según el estudioso H. Grapow, en la literatura egipcia antigua “un hombre nunca debería apartarse del sendero recto, ni asociar su corazón con lo malvado ni caminar por el sendero del mal.”

R.P.B. Couroyer en “Le Chemin de Vie en Egypte et en Israel” demuestra que el concepto de Camino de la Vida en Egipto e Israel provenían de tradiciones literarias comunes a ambos.

Debemos recordar que en el desierto los caminos tradicionales eran anchos y buscaban las zonas llanas y de fácil acceso pero, simultáneamente, eran los más visitados por los ladrones, por lo que los advertidos buscaban constantemente nuevos senderos entre las montañas, más trabajosos y angostos pero, al mismo tiempo, más seguros.

Y vi también un sendero estrecho y angosto que corría a un lado de la barra de hierro…” dice Lehi (1 Nefi 8:20)

Acudamos nuevamente a Skousen: para la época en que fue traducido el Libro, el idioma inglés y su escritura no estaban totalmente estandarizados en los EEUU. Hay en ese idioma dos palabras homófonas: strait, tomada del francés antiguo estreit y éste del latín strictus (que significaría estrecho), y straight, del Inglés Antiguo strehte, cuyo sentido es “recto o que no se desvía”. Por otros muchos ejemplos de traducción en el Libro de Mormón se desprende que la frase debería ser “un sendero recto y angosto”, lo que haría que la barra de hierro que lo acompaña en su recorrido fuese también totalmente recta, intensificando el sentido simbólico de la misma. (Skousen, Op.Cit, pags. 174-181)

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Niebla

Ya tomamos nota de la neblina oscura que rodea a Asgard en la mitología germana y de la muralla de nubes que impide a Zózimo avanzar en su camino. En el Corán (Sura LVI) también se menciona:

40. Y los hombres de la izquierda (¡oh, los hombres de la izquierda!)

41. Estarán en medio de un viento pestilente y de agua hirviendo.

42. En la sombra de un humo negro,

43. En la sombra que no es ni fresca ni agradable.

Para la mitología china, la niebla oscura representa el caos previo a la creación y al orden.

En la saga irlandesa de San Brendan leemos que: “navegaron a través de una lluvia de granizo y entonces una niebla oscura los rodeó. Por muchos días no pudieron ver nada hasta que oyeron una voz: “Alegraos pues habéis arribado a la Tierra Prometida”. Salieron de la oscura niebla para encontrarse con el más hermoso paisaje que jamás hubiesen visto. Era iluminado y lleno de gozo. Cada hierba estaba en su sazón y los árboles cargados de frutos. La tierra brillaba por las piedras preciosas y no había oscuridad”.

“Y ocurrió que surgió un vapor de tinieblas, sí, un sumamente extenso vapor de tinieblas, tanto así que los que habían entrado en el sendero se apartaron del camino…” (1 Nefi 8:23)

“Y los vapores de tinieblas son las tentaciones del diablo que ciegan los ojos y endurecen el corazón de los hijos de los hombres, y los conducen hacia caminos anchos, de modo que perecen y se pierden” (1 Nefi 12:17)

Breves consideraciones preliminares

Tal lo propuesto, hemos analizado antecedentes de algunos de los elementos presentes en el llamado Sueño de Lehi: el desierto, el guía, el campo espacioso, los ríos, el sendero y la oscura niebla. En la segunda parte veremos la barra de hierro, el espacioso edificio, el  Arbol de la Vida y su particular fruto…

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