Tres Micro relatos Mormones

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Tres Micro Relatos Mormones

Por Mario R. Montani

El microcuento es un género del siglo XX, si bien aparece incorporado a formas mayores desde antiguo. Es posible que en la oralidad haya sido muy usado. Emparentado con la poesía haikú, aunque en prosa, su desafío consiste en crear una historia, desarrollar personajes y provocar emociones en menos de veinte líneas. Se supone que, además, debe lograr cierta perfección estética, invitarnos a ver las cosas desde otra perspectiva  y, tal vez, perturbarnos. Muchos desafíos para tan poco espacio…

Se lo ha denominado “miniatura narrativa”, “brevedad”, “microcuento”, “relato hiperbreve”, “narración bonsái” y hasta “textículo”. Posee un carácter lúdico y experimental y suele incorporar la ironía y la sorpresa como elementos constitutivos.

Presento en sociedad estos tres micro relatos. Los he identificado como mormones pues, una de sus características es que el ocasional lector no podrá comprenderlos totalmente sin el conocimiento compartido de algunas creencias, doctrinas y textos de nuestra religión…

Noche en Judea

La noche era fresca. Labán salió tambaleándose del mesón. Ese vino abundante había sido particularmente fuerte. Trató de avanzar a tientas por una de las callejuelas de Jerusalén. La vida era buena. Sus tesoros se habían incrementado recientemente de modo inesperado, y estaban al cuidado de un fiel siervo. ¡Oh, que tremendo mareo! La armadura comenzó a pesarle. Sería mejor echarse a descansar por un momento. Enseguida estaría bien… todo le daba vueltas. De pronto, sintió como si perdiera la cabeza…

 

Apuntes para una historia teatral del árbol

Escena 1: (Jardín, árbol en el centro) La mujer da de comer al hombre parte del fruto. La víbora, contenta, se esconde entre las ramas. Por la derecha entra personaje brillante con espada encendida (Hombre y mujer hacen mutis por el foro). Escena 2: (cambio de luces) Viajero del desierto llega al árbol y come del fruto. Lo comparte con sus familiares y se gozan. Dos  se niegan. Escena 3: (efecto de truenos y relámpagos) El hijo de un carpintero cuelga, sufriente, de una de las ramas del árbol (el guión lo identifica como Hijo del Hombre). Escena 4: (Paraíso, luz blanca sobre el árbol) Coro de ángeles alaba. Hijo del carpintero en trono, hombre del jardín a su diestra. (Víbora hace mutis por el foro). Cae el telón…

 

El hermano que finalmente vino

Cuando se produjo la gran reunión de hermanos, estuvo en desacuerdo conmigo. Cuando partí hacia aquí, no vino a despedirse. Cuando nuestro hermano mayor llegó a visitarnos, finalmente se decidió, pero del modo incorrecto. Fue uno de los cerdos que se despeñó desde lo alto del acantilado…

 

El blog recibirá gustosamente los intentos de quienes deseen escribir este tipo de microficciones y, luego de su revisión y aprobación, las irá publicando

ETERNO INADAPTADO por Roger Terry

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Introducción: Roger Terry vive en Orem, Utah, junto a su esposa, Sheri, y sus cuatro hijos. Se desempeña como editor asociado de BYU Studies. Ha trabajado por siete años como editor de las Revistas de la Iglesia y por nueve años en la facultad de la Marriott School de BYU. Entre sus trabajos literarios, que incluyen la publicación de cinco libros, se encuentra God’s Executioner (Springville, Utah: Cedar Fort, 2005)

Eterno Inadaptado (Eternal Misfit) se publicó en Dialogue: a Journal of Mormon Thought y su aparición en este blog ha sido explícitamente aprobada por el autor. Gracias, Roger (Thanks, Roger!!).

En mi opinión es un buen ejemplo de lo que la literatura mormona debería ser: la intersección de conocimiento doctrinal, habilidad narrativa, capacidad de sorprender y la posibilidad de reírnos de nuestras propias peculiaridades. (Mario R. Montani)

Roger Terry

Roger Terry

ETERNO INADAPTADO

Roger Terry

“Por alguna razón que no puedo explicar,

Sé que San Pedro no me va a llamar…”

Coldplay, “Viva la Vida” (2008)

“Algunas de las funciones del cuerpo celestial no aparecerán en el cuerpo terrestre, ni en el telestial, y el poder de la procreación será quitado. Yo deduzco que los hombres y mujeres serán, en estos reinos, exactamente lo que los que se dicen integrantes del mundo cristiano esperan que todos seamos: ni hombre ni mujer, meramente seres inmortales habiendo recibido la resurrección”

Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, Tomo II, pag. 271, 1979, Editorial Deseret S.C., México

Kim había estado en el reino terrestre por cinco mil treinta y seis años, dos meses y diecisiete días cuando se le ocurrió que estaba aburrido*. Se hallaba en la biblioteca, examinando con detenimiento un tratado sobre democracia monárquica escrito por un senador del cuarto planeta de la estrella Sigma Draconis, cuando súbitamente perdió interés en, digamos, todo… Enrolló el pergamino, lo devolvió al sistema de recuperación y caminó hacia afuera, a la perfecta luz solar.

Cuando Kim llegó a su hogar, se sorprendió al darse cuenta de que deseaba ir a un dormitorio y acostarse; pero dado que los seres terrestres no necesitan dormir, no poseía un dormitorio. De modo que se dirigió al sofá de la sala y se tendió allí. Respiró profundamente y suspiró.

“¿Qué es lo que anda mal conmigo?” se preguntó en voz alta.

No recibió ninguna respuesta

Permaneció tendido por un buen rato. ¿Cómo podría algo estar mal? El reino terrestre era como Utopia, Shangrilá, el Jardín de Edén y Camelot, todo en uno. El clima era mayormente cálido y soleado, con una suave brisa que acariciaba las terminaciones nerviosas y alguna lluvia ocasional para refrescar la vida de las plantas. Reinaban perfecta paz y orden social. No había enfermedades; de hecho, los cuerpos terrestres, no eran sólo incorruptibles e indestructibles sino que estaban dotados de notables sentidos espirituales y físicos. La geografía del mundo terrestre también era asombrosa – montañas escarpadas con nieve en sus cimas, valles fértiles, exuberantes y lozanos bosques, lagos y arroyos puros y prístinos, océanos de azul profundo con arenosas playas blancas, magníficas formaciones rocosas, pero no desiertos. Durante su probación mortal, Kim había vivido en Utah. Conocía el desierto. Atravesando Nevada se había maravillado de lo sosas y adormecedoras para el cerebro que podían ser algunas extensiones de tierra. Pero no había ninguna Nevada aquí, y menos aún una Ciudad del Pecado, ya que no existía pecado. Los moradores del reino terrestre no eran perfectos, pero no había maldad intencional; no sólo no había juegos de azar, no había dinero. ¿Quién necesitaba dinero cuando todo era gratuito?

Kim se preguntó qué andaba mal. Por más de cinco mil años había estado dichosamente satisfecho. Oh, por supuesto sabía que el reino terrestre era, técnicamente, una especie de castigo, pero el mundo terrestre era el grado de gloria que había merecido – era a donde él pertenecía. Los juicios del Señor, lo sabía, eran misericordiosos. Cuando se había presentado ante Jesús, al finalizar su estadía en el mundo espiritual, reconoció que no estaba preparado para entrar al reino celestial donde hubiera sido desdichado entre aquellos que habían vivido vidas más consagradas. El mundo terrestre era el que él se había buscado durante los mediocres días de su probación mortal.

Su único remordimiento era haber defraudado a Julie. Ella siempre había vivido para la gloria Celestial y había llorado de pena ante su separación eterna. Aunque había sido otorgada a otro, lo había visitado de tanto en tanto durante los primeros mil años. De a poco, sus visitas habían cesado. Tenían muy poco sobre lo que hablar. Lo que hubiesen compartido en la mortalidad había sido silenciado por sus diversas resurrecciones – ella a un grado de femenina perfección imposible de imaginar para meros mortales, y él a una corporalidad neutra, desprovista de sexo, que lo dejaba sin las pasiones que hacían al matrimonio no sólo posible sino también intensamente deseable. El estaba incapacitado de sentir ahora lo que había sentido por ella en la mortalidad y mucho menos de hacer surgir en ella esos mismos sentimientos. Por supuesto, como mortal tampoco había tenido demasiado éxito en despertar tales sentimientos en su compañera. Se daba cuenta de la ironía de que, por aquel entonces, era ella la que no estaba demasiado interesada en la intimidad. Lo que son las cosas…

Pero ese remordimiento había mayormente desaparecido gracias a los goces y perfecciones relativas del paraíso terrestre. Por más de cinco mil años, el Espíritu le había brindado paz y contento, luz y verdad así como eterno aprendizaje. Aquí, la memoria era completa y perfecta: tan perfecta, de hecho, que Kim, desde hacía tiempo, la daba por garantizada. ¿Para qué morar en el pasado cuando estaba allí para un recuerdo perfecto? Pero ahora su mente se dirigía al pasado, su propio pasado, y divagaba en él.

Kim había conocido a Julie en la actividad social de inicio del Barrio Treinta y Tres de la Universidad de Brigham Young en Septiembre de 1977. El era un misionero recién retornado, todavía fresco de bajar del avión desde Copenhage. Ella era una estudiante avanzada de Inglés con veinte años y haciendo su carrera con Shakespeare y Dickens y Henry Adams. De algún modo terminaron juntos la velada después de la fiesta caminando una y otra vez por la manzana, hablando y hablando y hablando. Finalmente, cansados de caminar, se detuvieron en la antigua Joaquin School, donde se sentaron en las hamacas del patio de juegos hasta las tres de la mañana.

“Cuéntame de tu familia”, dijo Julie.

“Oh,” contestó Kim, “no hay mucho para decir. Mi familia ha estado en la Iglesia desde la época de los pioneros, por ambas ramas. Mis padres son mormones bastante comunes. Y tengo tres hermanas”.

“¿Se burlan mucho de ti?

“Permanentemente”, rió Kim. “Pero yo también puedo devolvérselo”

“Recordaré eso”, dijo Julie, iluminándolo con la mejor de sus sonrisas. “Pero dime ¿qué deseas hacer con tu vida?”

“Ahh,” exclamó Kim, “siempre haces preguntas fáciles ¿no es cierto? Para decir la verdad, no estoy seguro. Quiero decir, por supuesto que quiero casarme y formar una familia, pero ni siquiera sé en qué voy a graduarme. He pensado en contabilidad. Papá dice que es un pasaje seguro hacia un buen trabajo”.

“Suena aburrido”, sugirió Julie.

“Sí, supongo que sí. Pero no he recibido un fuerte sentimiento hacia ninguna otra cosa. Supongo que lo peor que podría pasar es que me estaría preparando para un trabajo decente. Y tú ¿por qué elegiste Inglés?”

“Porque amo la literatura”.

“¿Te gustaría enseñar?”

“Tal vez”.

“Me cuesta imaginarme como maestro,” respondió Kim. “Pero no me importaría casarme con una profesora”

Se miraron a los ojos bajo el cielo estrellado de Provo y algo se encendió para jamás apagarse. Bueno, al menos no hasta el Día del Juicio.

Kim se había graduado en contabilidad en BYU el año después que Julie obtuvo su título en Inglés y dos años más tarde se casaron en el Templo de Provo. El obtuvo un trabajo en WordPerfect, con un salario decente, pasó a Novell cuando compró los restos de WordPerfect, entonces participó en la puesta en marcha de nuevas tecnologías hasta que Novell lo dejó ir. Mientras tanto, tuvo tres hijos, asistió a partidos de fútbol y básquet, se involucró en reuniones y partidos de tenis, recitales de piano y desfiles. Y, en algún momento de todo eso, el fuego que había sentido mientras golpeaba puertas en Dinamarca bajó de intensidad. Se mantuvo activo en la Iglesia pero cierta urgencia espiritual había desaparecido. Mientras Julie se había vuelto más devota y pasaba horas incontables cumpliendo con sus llamamientos, Kim flotaba de un cargo poco visible a otro, haciendo escaso impacto en las vidas de las personas. Pero no le importaba. No tenía la menor necesidad de la carga emocional o el compromiso de tiempo para ser un líder.

Después que los hijos se fueron, Kim llegó a la conclusión de que la contabilidad era realmente aburrida. Jugueteó con el sueño de escribir una novela, pero siempre se mantuvo como un sueño. Aunque leía mucha ficción – no las historias livianas que la mayoría de mormones preferían, pero tampoco el tipo de novelas que uno llamaría buena literatura – no pudo encontrar su propia voz o una historia que simplemente tuviese que ser contada.

Y ahora, casi seis mil años después, recordaba ese sueño, y ya no se preguntaba qué era lo que estaba mal. Tenía su respuesta.

Más tarde ese día, Kim realizó un viaje al Mar del Este, donde el clima era perfecto y la vista del océano desde las dunas, espectacular. Se sentó en la playa por horas observando las olas golpear la costa, pero el sonido no lo calmó tanto como había esperado.

De regreso a su cabaña, Kim extrajo un teclado portátil y comenzó a escribir. Intentó comenzar una novela sobre la vida en el reino terrestre; pero, como ya le había ocurrido en la mortalidad, se bloqueó. En esta ocasión, sin embargo, no era por causa de sus propias limitaciones: sencillamente no había historia para contar.

Alejó el teclado, se reclinó y puso los pies sobre la mesa. Pensó en la Biblioteca de Caldora, su ciudad. Todo un piso estaba dedicado a la ficción. Las mejores novelas de la galaxia estaban reunidas allí. Pero, hasta donde supiera, ninguna de ellas había sido escrita en el reino terrestre. Todas habían sido creadas por autores mortales.

“De modo que,” dijo Kim a la pared, “¿qué es lo que hace grande a una novela?”

La pared no le contestó, así que él lo hizo. “¿Muchas páginas, un buen argumento?”. Se rió forzadamente.

“Correcto, ¿y qué es lo que hace que un argumento sea bueno?”

“Suspenso, aventura, conflicto, el bien y el mal, debilidades personales, pecado, violencia, desastres naturales, ironía. Y romance”. Volvió a reír. “¿Adivinan qué es lo que no tenemos aquí?”

“Con razón nadie escribe gran ficción”.

Se dio cuenta entonces de que nadie escribía historia en el reino terrestre, además. Por supuesto, con recuerdos perfectos, los habitantes del mundo terrestre no requerían un registro para recordarles lo que había ocurrido. Pero los eventos no son historia. La Historia requiere interpretación, el recorte de significado a partir de series de eventos. Y sin el drama de luchas por el poder, guerras, catástrofes naturales, o revueltas sociales, los eventos del mundo terrestre no parecían merecer interpretación en absoluto.

“Nada importa aquí”, murmuró Kim

Y allí, en la soledad de la cabaña, tomó una decisión. No sabía a dónde lo conduciría, pero tenía que hacerlo.

Esa noche empacó sus cosas y regresó a Caldora.

Al día siguiente, Kim fue a la biblioteca de Caldora y subió las escalinatas hasta los archivos musicales, en el quinto piso. Había reducido su selección a tres: la Novena Sinfonía de Beethoven, Claire de Lune de Debussy, y un tema de rock que su hija escuchaba cuando él tenía alrededor de 50 años. Extrajo las tres esferas musicales de sus respectivos compartimentos y las observó. Eran primitivas y poco sofisticadas comparadas con la compleja pero emocionalmente estéril música de los compositores del reino terrestre, pero todas compartían un anhelo y una dolorosa pasión que faltaba en la música del mundo de Kim. Finalmente se decidió por una esfera y la llevó al inmenso hall central de la biblioteca, donde cientos de mesas y escritorios se distribuían entre las estanterías de libros bajo un cielorraso cavernoso que brillaba como la luna llena.

Kim halló una mesa por la mitad del hall y colocó la esfera. Tocó una mancha luminosa en un costado y apareció una línea. Deslizó su dedo sobre la línea de izquierda a derecha y presionó una flecha negra que apareció bajo la línea. De pronto un “staccato” de cuerdas llenó el aire, unida a voces más estridentes de lo que cualquier voz “terrestre” era capaz de producir. En un lugar que sólo había conocido el silencio del estudio por más de cinco mil años, el lamento doloroso del cantante sobre dominar el mundo para terminar barriendo las veredas y durmiendo solo, fue chocante. Los usuarios se levantaron de sus escritorios y estiraron el cuello para ver qué ocurría. Kim se reclinó en su silla, cerró los ojos, y dejó que el escrutinio le pasara de largo. Un atisbo de pasión revolvió su interior, algo que no había sentido desde la mortalidad.

La música finalizó, y todos los ojos del hall continuaban clavados en él. Kim dejó la esfera sobre la mesa, se paró, sonrió para sí mismo y abandonó la biblioteca. Al cruzar la salida, el silencio se vio roto por una recorrida de susurros exclamativos. Siguió caminando. Al día siguiente Kim recibió la visita de tres oficiales: Kay, el director de la biblioteca; Marn, administrador de la ciudad de Caldora; y Alma, sumo sacerdote de la sinagoga local.

Kim,” comenzó Marn, “¿podemos preguntarte qué estabas tratando de lograr ayer?”

“Sí” respondió Kim “Pueden preguntar”. Sonrió intentando desarmarlos.

“Bien, estamos preguntando”.

“¿Qué es lo que ustedes creen?” repreguntó Kim.

“No tenemos idea” respondió Kay “Nunca ocurrió algo parecido en la larga existencia de la biblioteca”.

“No, supongo que no.”

“No lo entendemos”, dijo Alma. “¿podrías iluminarnos un poco?”

“Probablemente no”

“Estamos preocupados”, dijo Marn. “Hay ciertas reglas sobre conducta apropiada, como sabes”.

“No conozco ninguna regla específica que prohíba música en el Hall de la biblioteca”

“Esas reglas están sobrentendidas” respondió Marn.

“Quizás no las entiendo”

“Bien” dio Kay, intentando ser amable y firme al mismo tiempo. “no harás esto nuevamente”.

“Es correcto” dijo Kim

“Nos pone contentos que comprendas” afirmó Kay.

“Tal vez haga algo diferente la próxima vez”.

Los tres visitantes se mantuvieron sentados en aturdida consternación por varios segundos. Finalmente habló Alma. “¿Cómo qué?”

“No tengo idea” Kim alzó sus manos, palmas arriba. “Depende de lo que desee aprender”

Alma abrió su boca como si fuese a hablar, pero cambió de opinión.

“¿Puedo ayudarles en algo más?” preguntó Kim.

Los tres visitantes se miraron entre sí silenciosamente. Finalmente se levantaron y se despidieron. Kim los acompañó hasta la puerta y los invitó a retornar cuando lo desearan.

Una vez que se fueron, volvió a sentarse en el sofá. Nunca había tenido algún tipo de trato con las autoridades. Sabía que estaban detrás de la escena, pero jamás había hablado con uno de ellos. Suponía que estaba en problemas, pero también imaginaba que las autoridades no estaban muy seguras  en qué tipo de problema. Era un territorio virgen, y él mismo no estaba seguro hacia dónde iba.

Media hora más tarde, Kim salió y vagó hacia la ciudad sin ningún destino en mente. De algún modo se sentía diferente, pero nadie parecía notarlo. Varios amigos pasaron y lo saludaron como de costumbre. Justo cuando Kim se preguntaba si la visita de las autoridades había sido una reacción sobredimensionada, un ciudadano al que no conocía lo detuvo en la acera.

“Tú eres quien hizo sonar ‘Viva la Vida’ ayer en la biblioteca”.

“Creo que sí”.

“Lo siento. Creo que no nos conocemos”, dijo, “Mi nombre es Cory”.

“Soy Kim”.

“No sé por qué lo hiciste”, continuó Cory, “pero me alegro que lo hayas hecho”.

“¿En serio?” Kim estaba genuinamente complacido.

“Sí. Me hizo recordar algo”

“¿Qué cosa?” preguntó Kim.

“No lo sé. Tal vez un cierto propósito”.

“¿Apasionamiento?”

“Sí, eso es”.

Permanecieron en silencio por un rato. Finalmente Kim habló.

“Cory, vivo en Palacios Boscosos. Ven a visitarme cuando quieras”.

“¿Mañana, quizás…?”

“Por qué no? Estaré en casa a la tarde”.

Kim continuó caminando pero fue detenido rápidamente por una conocida llamada Leslie. Para cuando regresó a casa, se había detenido veinte veces y extendido el mismo número de invitaciones para el día siguiente. Tenía un extraño sentimiento, que reconocía como cierta satisfacción por su flamante fama. Estaba consciente del peligro, pero de todos modos le agradaba la sensación.

La tarde siguiente su casa estaba llena de invitados, incluyendo a Tracy, un buen amigo al que había invitado pues se daba cuenta que necesitaría alguien que le diera una opinión honesta sobre el resultado de la reunión cuando terminara. No estaba muy seguro sobre lo que debía hacer, pero la charla se inició bastante espontáneamente. Primeramente con alguien mencionando la música en el Gran Hall, pero luego derivó en temas más amplios. Los participantes no habían tenido una conversación como ésta en cinco mil años.

“He estado pensando algo”, dijo Kim al cabo de un par de horas. “En la mortalidad, nuestras mejores obras de arte no eran creadas muy a menudo por personas comunes y sensibles, sino por los angustiados e irracionales. ¿Cuántos grandes artistas fueron adictos? ¿Depresivos? ¿Neuróticos? ¿Atormentados? ¿Violentos?”.

“¿Van Gogh?” sugirió Cory

“¿Hemingway?” dijo Ronny.

“¿Mozart?” agregó Kelly.

“Sí”, dijo Kim, “y miles de otros, probablemente millones, observando a todos los mundos de la galaxia”.

“Pero, ¿cuál es la conexión con nosotros?” preguntó Leslie.

“No estoy seguro, pero puede ser que el gran arte pueda surgir únicamente de la gran adversidad o aún de la gran contradicción. Por ejemplo ¿cuántas grandes novelas fueron escritas por autores que pasaban sus días como contables o ingenieros y sus noches y fines de semana como padres modelos? La mayoría de los genios realmente creativos en la mortalidad fueron, de algún modo, disfuncionales.

“O de muchos modos”, agregó Ronny.

“¿Y cuántos de esos individuos acabaron aquí, en el reino terrestre?” observó Cory.

“Ninguno” asintió Ronny, “por definición somos la gente aburrida. No fuimos ‘valientes’ sino gente buena y decente. Ningún asesino, adúltero o mentiroso terminó aquí. Somos lo que no éramos demasiado interesantes en la mortalidad. No fuimos apasionados sobre nada, bueno o malo”.

“De modo que, ¿hay grandes obras de música o literatura viniendo desde el reino telestial?” preguntó Kim.

“He estado un par de veces a visitar a mis hijos”, dijo Leslie, “No, es más o menos como aquí, tranquilo, pacífico y aburrido”.

“Si pudieras escribir una historia de nuestro mundo”, preguntó Kim, “¿sobre qué escribirías?”

“No importaría”, contestó Cory. “Nadie querría leerla”.

“No ocurre nada aquí”, concluyó Ronny. “Nada interesante”.

“No aún”, susurró Kim, “No aún”.

“¿Qué sugieres?” inquirió Cory.

“No lo sé. Todavía”.

Eventualmente la conversación se fue calmando y las personas comenzaron a irse de a poco. Al final, Tracy era la única invitada que quedaba. No había pronunciado palabra en toda la velada, lo que había preocupado un poco a Kim.

“Así que”, dijo él cuando estuvieron solos, “¿qué piensas?”.

Tracy apretó sus labios por algunos segundos. “No funcionará”.

“¿Qué es lo que no funcionará?”

“Lo que sea que estés tratando de iniciar”.

“No estoy tratando de ‘iniciar’ nada.

“Sí, lo estás” ella hizo una pausa. “Estás aburrido y ellos también. Pero ¿qué pueden hacer al respecto?”

“¿Tal vez crear una historia digna de ser escrita?”

“Crear la historia ha sido siempre – digamos – peligroso”, advirtió Tracy.

“Supongo que tienes razón. Pero, ¿qué podrían hacerme? ¿matarme?”

Tracy rió. “Ambos sabemos que hay peores cosas que la muerte”.

El grupo se reencontró al día siguiente, pero esta vez trajeron amigos. Treinta amigos.

Después de unos minutos, Leslie habló. “Desde que nos reunimos ayer, he estado observando las cosas de un modo nuevo. Hay una imagen que no puedo quitarme de la mente: Me siento como si estuviera en una de esos salones de espejos de la feria. Dondequiera que miro veo un reflejo mío. Y no logro escapar”.

“También lo he notado”, dijo Ronny. “Somos todos iguales. ¿Alguien más se ha sentido de ese modo?”

“Sí, exactamente”, contestó Kim. “¿Recuerdan el pasaje en el Libro de Mormón acerca de que es necesaria una oposición en todas las cosas?. Eso es lo que falta aquí: oposición. No hay pecado, por tanto no hay verdadera rectitud. No hay enfermedad, por tanto la salud no tiene un significado. No hay muerte, entonces la vida es bastante chata. Tampoco hay ricos ni pobres, cautivos o libres, hombres o mujeres ¿Cuál es nuestro propósito? ¿Qué haremos al respecto?”

“Bueno”, dijo Leslie, “no hay mucho que podamos hacer sobre la muerte o la enfermedad”.

“No”, dijo Kim, “pero podemos crear un poco más de oposición, hacer que la vida cobre más significado”.

“¿Pecado?” preguntó Ronny.

“No,” respondió Kim, sonriendo. “¡Deportes!”

“¿Deportes?”

“Competencia”.

Hubo un momento de silencio, entonces alguien gritó, “¡Buenísimo!”

Kim se había preguntado en ocasiones por qué no había deportes en el mundo terrestre. Los cuerpos resucitados eran indestructibles y sin defectos, por supuesto, pero no idénticos. Algunos eran más altos, más bajos, más rápidos, más lentos, mejor coordinados. Había supuesto que era porque la competencia conduce a la contención y no había contención en el mundo terrestre.

“Pero, ¿qué tipo de deporte?”, preguntó Leslie

“Bien, tenemos un pequeño problema” declaró Kim. “No hay equipo, no tenemos pelotas, ni bates, ni arcos, nada”.

“Conozco a quien podría hacernos una pelota de fútbol”, ofreció un recién llegado llamado Mandy

“Y yo a quien podría ayudarnos con un par de arcos”, dijo Cory

“He leído sobre fútbol”, dijo Ronny, “pero jamás jugué. Viví en el siglo trece. No teníamos demasiadas ocasiones para deportes”.

“No te preocupes”, le aseguró Leslie “Enseguida lo entenderás”.

“¿Puedo preguntar algo?” dijo otro recién venido llamado Pat. “Nos han enseñado que no se supone que debamos intentar sobresalir sobre los demás. ¿Cómo reconcilian la idea de deportes con ese mandamiento?”

“En ocasiones dos objetivos dignos entran en conflicto” respondió Kim. “Debemos decidir cuál es más importante. ¿Dar un significado a nuestras vidas mediante la oposición es más importante que el riesgo de intentar sobresalir?”

Las cabezas comenzaron a asentir, aunque nadie habló.

Dos semanas más tarde el grupo se reunió en el Parque Kolob donde había suficiente césped como para jugar al fútbol. Marcaron el campo y armaron los arcos. Mandy había traído una réplica muy buena de una pelota de fútbol terrícola del siglo XX. Por su lado, Kim apareció con un par de tijeras.

“Supongo que si vamos a jugar fútbol”, dijo, “deberemos modificar un poco nuestras túnicas”.

Cortó la parte baja de su túnica hasta la altura de las rodillas. “Eso es”, dijo “la primer declaración sobre la moda en nuestro mundo. Y sólo requirió cinco mil años”. Todos rieron, y entonces uno a uno tomaron las tijeras e hicieron sus propias modificaciones.

Revisaron las reglas y se dividieron en dos equipos. Meter un gol era tan poco frecuente como en un partido de fútbol mortal. Sus cuerpos eran más rápidos y coordinados que los cuerpos mortales, pero eso daba a la defensa la misma ventaja que a la ofensiva contraria. La gran diferencia es que ninguno se cansaba. Después de cuatro horas, lo dieron por finalizado. El equipo de Kim perdió 6 a 5.

Después de sentarse todos a la sombra de una exuberante morera, Kim se dio cuenta de algo sorprendente.

“¿Saben?” dijo, “tengo una extraña sensación en este preciso momento”.

“Lo sé”, dijo Cory, “es la excitación de la competencia. No había competido en nada después de mi muerte”.

“No,” respondió Kim, “es más que eso. Y no creo que puedas entenderlo, Cory, porque tu equipo ganó. Lo que estoy sintiendo es esta intensa desilusión por haber perdido. ¿Se dan cuenta que yo no había perdido nada por varios milenios? Es increíble. No cambiaría este sentimiento por nada”.

Otros jugadores del equipo de Kim asentían. Había una luz peculiar en sus ojos.

“¿Cuándo jugamos otra vez?” preguntó Kim al grupo.

“¿La próxima semana?” sugirió Leslie.

“Sííí…”, dijo Cory, “y tal vez mi equipo pueda perder la semana entrante”. Rió, agregando, “Pero, lo dudo”.

“Veremos”, dijo Kim. “Ahora que me he reconectado con el sentimiento de perder, me gustaría intentar ganar”.

“¿Por qué no nos reunimos para conversar un poco más?” preguntó Logan rodando en el césped y apoyándose en un codo. Se habían encontrado tres veces después de las dos primeras grandes reuniones.

“¿Qué les parece dentro de dos días, en mi casa?” sugirió Cory

El grupo se reunió en dos ocasiones antes de encontrarse nuevamente en el parque. El segundo partido de fútbol fue aún más intenso. Después de un par de horas en el juego Kim vio a un costado del campo a dos personas que observaban: Marn y Alma. No sonreían. Una hora más tarde decidieron hacer una pausa. Mientras estaban a la sombra, Marn y Alma se acercaron.

“Esta actividad no está permitida” anunció Marn

“¿El fútbol?” preguntó Kim. “¿Por qué?”

“La competencia no es saludable espiritualmente” dijo Alma con voz apacible.

“Es inofensiva” dijo Ronny

“En realidad es mucho mejor que inofensiva” exclamó Cory “es vigorizante, espiritual y físicamente. Realmente. Deberían probarla”.

“No, gracias”, replicó Marn con rostro sombrío.

“Y sus túnicas son inmodestas”, agregó Alma.

Kim rió. “¿Cómo es eso posible? Tenemos cuerpos terrestres, Alma. Ya no hay mucho que esconder. Además, no puedes esperar que juguemos al fútbol con largas túnicas”.

“Lo que puedo esperar es que no jueguen al fútbol” cruzó los brazos y torció su cabeza hacia un costado.

“¿Qué harás para detenernos?” preguntó Kim. “¿Nos encerrarás?”.

“Sabes que no hay cárceles en el mundo terrestre” respondió Marn.

“No,” dijo Kim con repentina formalidad, “no las hay. Y eso es parte del problema.”

“¿La falta de cárceles es un problema?” las cejas de Alma se levantaron.

“Hace un par de semanas” respondió Kim “conversábamos sobre un pasaje del Libro de Mormón que menciona la necesidad de oposición en todas las cosas. Si no hay opuestos ‘habrían sido creadas en vano; de modo que no habría habido ningún objeto en su creación’”.

Alma clavó su mirada en él pero no respondió.

“Tu eres una cosa vana, Alma. Y yo también”. La verdad de sus propias palabras casi quitó a Kim el aliento.

“Intento con todo mi corazón vivir una vida gozosa” contestó Alma serenamente.

“Pero estás fallando. También yo. O al menos lo estaba hasta que comenzamos a jugar fútbol”.

Alma sacudió su cabeza lentamente “Pero el fútbol no es suficiente, ¿verdad?”

Los ojos de Kim se empequeñecieron “Es sólo un juego”, admitió.

“Y nadie desea pasar una eternidad en la que la que la cosa más significativa de la vida sea un partido de fútbol”.

Ahora Kim observaba a Alma en silencio.

“Esto conducirá al mal” declaró Alma.

“O a un mayor bien”.

“¿Qué bien piensas que puedes lograr con esta competición?”

“Estoy haciendo posible que adquieras nuevas virtudes” respondió Kim.

¿Nuevas virtudes? Alma se veía genuinamente sorprendido.

“Paciencia, por ejemplo”, dijo Kim “Y qué tal misericordia? ¿O perdón? Se nos manda perdonar, pero ¿cómo podemos ser perdonadores si nadie nos hace algo malo?  O quizás puedas aprender a ser un pacificador. No puedes ser pacificador si no hay conflicto. Estamos creando un poco de conflicto. Tal vez la semana que viene encontremos el modo de ayudarte a desarrollar generosidad. No eres generoso, Alma, porque nadie en este mundo necesita algo.”

El sumo sacerdote simplemente movió la cabeza, desaprobando.

Kim se paró “Terminó el entretiempo” gritó al grupo. “¿Te nos unirás, Alma?”

Alma miró a Marn, quien, a su vez, estaba desconcertado. “Hoy no” contestó, “Hoy no”.

“Ustedes se lo pierden” dijo Kim mientras corría hacia el campo.

***

Al día siguiente cincuenta personas se reunieron en el hogar de Kim. Algunas caras nuevas estaban allí por simple curiosidad, pero otros habían oído sobre el fútbol y las charlas y deseaban saber acerca de los cambios propuestos por Kim.

Después de dar al grupo unos minutos para que se conocieran, Kim hizo sonar una copa de cristal con una cuchara para tener su atención.

“Vayamos al grano”, dijo “Ayer Alma tenía razón, El fútbol no es suficiente. Si deseamos que nuestras vidas tengan significado, si queremos un propósito que nos sostenga por la eternidad, necesitamos más oposición, más conflicto”.

“¿En qué estás pensando?” preguntó Leslie.

“No hay mucho que podamos hacer para causar dolor físico o enfermedades o pobreza, y no tenemos desastres naturales por aquí. He estado pensando últimamente que lo que necesitamos en el mundo terrestre es un incendio forestal masivo. Necesitaríamos un poco de Nevada para ayudarnos a apreciar toda la belleza. Desgraciadamente, nuestros árboles son tan eternos e indestructibles como nosotros. Y no podemos producir una sequía o un terremoto o un huracán. Así que ¿qué es lo que nos queda sobre lo que podemos tener control?”

“¿Qué sería eso?” preguntó Ronny.

“Podemos crear inequidad”.

Kim miró en derredor y vio expresiones intrigadas. Todos en el cuarto podían recordar la inequidad, por supuesto, pero nadie la había experimentado desde la resurrección.

“La inequidad crea tensión”, explicó Kim, “y la tensión crea conflicto, y el conflicto le da a la gente la oportunidad de levantarse o caer, de conquistar o rendirse. En toda la historia mortal, el propósito era siempre vencer el conflicto y crear una sociedad próspera y pacífica. Los mortales alcanzaron este estado ideal en sólo un puñado de ocasiones; pero cuando lo hicieron, tendieron a estancarse. Por eso Adán y Eva tuvieron que dejar el Jardín de Edén. Era agradable, pero una especie de maldición para ellos. Y para nosotros. Hay algo en la inequidad, el conflicto y la adversidad que empuja a las personas a mejorar. Si no hay conflicto, no puede haber victoria. Y Alma tenía razón – el fútbol es simplemente un conflicto sustituto, de modo que no puede producir una victoria genuina. O una derrota con sentido”.

“¿Cómo te propones crear esa inequidad?” preguntó Cory “Tenemos todo lo que necesitamos”.

“Tal vez crearemos dinero” respondió Kim. “El dinero es la semilla de toda inequidad”.

“Pero ¿qué podríamos comprar o vender? ¿Y quién lo compraría?”

“Comenzaremos acumulando cosas que no necesitamos”.

“¿Tales como…?” preguntó Leslie.

“Para comenzar, tomaré un apellido. Nadie en todo este mundo usa un apellido. De modo que, de ahora en adelante, quiero que me llamen Kim Contra”.

Cory rió. “Todos pensarán que eres presumido”.

“Bien. Eso para comenzar. Luego, vamos a cobrar a la gente para ver nuestros partidos de fútbol y escuchar nuestros planes para una sociedad más  desigual”.

“Pero, ¿qué usaremos como dinero?”

“Joyas, piedras pulidas, botellas con arenas de colores, lo que sea. El dinero es un símbolo. En la Tierra utilizábamos papel, que valía algo únicamente por lo que simbolizaba. O tal vez podamos lograr que nuestros espectadores paguen con un contrato para servirnos de alguna forma”.

“¿Por qué querría alguien vernos jugar al fútbol y mucho menos pagar por ese privilegio?”.

“Porque está prohibido” Kim se iluminó con una sonrisa cómplice.

Después de que todos se fueran, Kim yacía en el sofá cuando algo extraño ocurrió: Se durmió. Y soñó. Estaba parado en un terreno rocoso viendo pequeños brotes de cereal, sosteniendo una primitiva azada hecha con un mango de madera labrada y una piedra chata.  Trataba de evitar que las malas hierbas asfixiaran a su cultivo. Kim se maravilló. No había visto hierbas malas por más de seis mil años. Una vaca pastaba tranquilamente a la distancia, y el cloqueo de gallinas cercanas casi ahogaba su rumiar. Una cerca de maderas separaba el plantío de varios edificios bajos hechos de madera áspera y adobe con techo de paja.

“Sam” una voz llamó desde algún lugar cerca de la casa. “¡Sam!”.

“Aquí” gritó él sin siquiera preguntarse porqué respondía al nombre de Sam.

Una mujer surgió detrás de uno de los edificios, una mujer auténtica, arrastrando detrás de sí, con una soga, a una vaca con manchas blancas y negras.

“Sam, Melba se ha metido de nuevo en mi jardín. Debes reparar la cerca”.

“Lo haré luego, a la tarde, Nori”, dijo él. De algún modo no sólo conocía su nombre sino que además sabía que era su esposa.

“No, más vale que lo hagas ahora mismo. No puedo tener a Melba comiéndose mis habas. Deberás esperar para desherbar”.

“Sí, querida” respondió con un dejo de impaciencia, pero sintiendo en su interior unas tremendas ansias de vivir y un lazo de unión con Nori que era tan tangible como la azada que sostenía en sus manos.

Estaba cansado. Estaba siempre cansado y su cuerpo le dolía por el trabajo duro, pero se sentía muy bien. Apoyó la azada en la cerca y caminó hacia Nori con una amplia sonrisa en el rostro. La tomó en sus brazos, y, de pronto, se despertó.

Su corazón estaba latiendo fuertemente, una reacción física que ni siquiera cuatro horas de fútbol habían logrado producir.

***

Su próxima reunión fue en casa de Ronny. Cuando los demás supieron sobre el sueño de Kim, estaban tanto nerviosos como celosos.

“¿Por qué ocurrió?” preguntó Leslie. “No es normal”.

“Lo que estamos haciendo no es normal” contestó Kim. “Creo que es una señal”.

“¿De qué?” consultó Ronny.

“De que algo estamos haciendo bien. Estamos cambiando las cosas”.

“¿Qué es lo que sigue?” preguntó Cory.

“Necesitamos crear algo de oposición real en este mundo”.

“¿Qué tienes en mente?” preguntó Pat, mostrándose preocupado.

“Bien, sin maldad en este mundo, no existe verdadera virtud. Y porque no hay ni bien ni mal, no tenemos historias dignas de ser contadas o que valgan la pena escribirse. Para que la gente que vive aquí sea virtuosa y creativa, debe haber algo a lo que oponerse, en contra de lo cual enfrentarse. Debe haber maldad. Y si nadie más la provee, entonces yo lo haré”.

Un ahogado grito colectivo escapó del grupo.

“No puedes hablar en serio” dijo Ronny.

“Por supuesto que sí. ¿Hacia dónde crees que nos ha estado conduciendo este pequeño experimento, Ronny? ¿A una liga de fútbol eterna? Estoy aburrido. Ustedes también lo están. Estamos estancados aquí. ¿Quieren esto por toda la eternidad? ¿Creen que alguien realmente lo quiere – aún Alma? Claro que no. Pero nadie desea darnos oposición, de modo que debo hacerlo. Estoy dispuesto a hacer el sacrificio por el bien de todos. Pueden unírseme, si quieren”.

“Pero ninguna cosa impura puede morar en el reino de Dios”, dijo Cory. “Esa es una verdad eterna. Es la condición para permanecer aquí. Si nos rebelamos, seremos echados fuera”.

“Entonces que me echen afuera” declaró Kim, desafiante. “Porque no quiero vivir aquí si no tengo algo por lo que luchar, nada por lo que valdría la pena perder todo”.

Observó al grupo, pero sólo un puñado se atrevió a mirarlo a los ojos. Todos sabían que la reunión había terminado, y lentamente, la mayoría se fue dispersando. Al final sólo cinco permanecieron.

“Bien, allí va nuestra liga de fútbol”, dijo Leslie con ironía.

Kim rió. “Habrá otros. Pero tenemos trabajo para hacer. Vayan a casa y piensen sobre esto. Si están decididos, vengan a casa mañana al mediodía. Si no, yo entenderé”.

Dio media vuelta y caminó hasta su casa.

Luego, al atardecer, Alma se detuvo allí.

“Algunos de tus antiguos discípulos vinieron a verme Kim Contra”, dijo. A Kim le pareció captar un indicio de ironía en la voz de Alma.

“No son mis discípulos. Son mis amigos”

“Ya no”.

“Tal vez ellos no me consideren su amigo, pero para mí, lo son”.

“Como sea” Alma se encogió de hombros. “Me han contado lo que quieres hacer”.

“Lo que debo hacer” corrigió Kim.

“Esto no tiene precedentes, sabes” dijo Alma. “Crear el mal intencionalmente para que otros puedan alcanzar la bondad genuina. Admirable, pero equivocado”.

“Estoy sorprendido de que me haya llevado cinco mil años. Y que sea el primero que haya llegado a esta conclusión”.

“No te enorgullezcas tanto”.

“¿Ha habido otros?” preguntó Kim genuinamente sorprendido.

Alma intentó no darle importancia “No en Caldora”.

“Ni en ningún otro lado, lo apostaría”

“El mundo terrestre no es precisamente un semillero de ex revolucionarios”. concedió Alma “Todos los genios creativos y verdaderos líderes de la Tierra terminaron en el reino celestial o en el telestial. Nosotros somos los que no estuvimos dispuestos a pagar el precio”.

“Tal vez es que simplemente somos lentos” propuso Kim.

“Tal vez”

“De modo que ¿has venido a convencerme de abandonar mis planes heréticos?”

“Oh, no, para nada”.

“¿Quieres unirte a mí?” Kim sonrió maliciosamente.

Alma también sonrió “Tampoco eso”.

“Entonces ¿por qué estás aquí?”

“Cuando tus desilusionados discípulos me dejaron, hice contacto con las autoridades”.

“¿Soy un problema demasiado grande para ti y Marn?”

“Francamente, sí” replicó Alma. “Les conté lo que has estado haciendo y lo que planeas”.

“¿Y?”

“Recibirás una visita mañana”.

“¿De la Capital?”

“No, del mundo celestial”.

“Entonces, mejor que me ponga a limpiar este lugar”.

“Buena suerte, Kim”.

Kim no se tomó el trabajo de ponerse a limpiar. Se sentó en soledad, preguntándose qué harían las autoridades. Nadie había sido puesto en prisión en el mundo terrestre. Y nadie había sido desterrado. Era un asunto de discusión doctrinal en la Tierra si se podría avanzar de un reino menor a uno mayor en el más allá; pero después de la resurrección, nadie necesitaba preguntar. La naturaleza de los cuerpos resucitados en los diferentes reinos acabó toda discusión. Pero ahora Kim se hacía la pregunta inversa. ¿Era posible que una persona regresara, fuese degradada de un reino más alto a uno más bajo, o a la oscuridad exterior? Este último pensamiento congeló su espíritu, pero sabía que no podía retroceder.

En algún momento de la medianoche Kim escuchó, e ignoró, un llamado a la puerta. Después de unos minutos, Cory y Leslie entraron.

“Hablamos con Alma”, dijo Cory. “Nos dijo lo que está ocurriendo”.

“¿Están aquí por curiosidad? ¿Quieren saber lo que me ocurrirá?”

“No”, replicó Leslie. “Estamos aquí porque somos tus amigos. Y te apoyamos”.

“Pero, ¿Qué ocurrirá si ya no estoy en condiciones de permanecer en este mundo?”

“Entonces, nos iremos contigo”.

“¿Y si soy enviado a la oscuridad exterior?”

“No pueden hacerte eso”, dijo Cory

“¿Cómo lo sabes?”

“Porque no estás intentando hacer nada malo”

“Por supuesto que sí. Me estoy rebelando. Deseo crear el mal”.

“No, estás tratando de crear oposición, que la gente necesita, aun cuando no se dé cuenta de ello”.

“Quizás estoy equivocado. Tal vez la gente no la necesita.  Tal vez soy sólo yo. Tal vez no pertenezca aquí”.

“Entonces, nosotros tampoco”

“Gracias por su apoyo”, dijo Kim. “Pero creo que necesito estar solo hasta que vengan”.

“Lo entendemos” explicó Leslie. “Queríamos que supieras que estamos contigo”.

Kim asintió, y sus dos amigos se fueron.

Al día siguiente, exactamente al mediodía, arribó el visitante celestial.

Kim tenía una experiencia muy limitada con seres celestiales, pero la luz que emanaba de éste era tan intensa que tuvo que protegerse los ojos.

Kim se desplazó hacia el sofá. “Por favor, siéntese”. El ser no se sentó sino que se mantuvo rectamente delante de Kim mirándolo con una mezcla de compasión y curiosidad.

“Kim” dijo. “Soy Rafael. ¿Sabes por qué estoy aquí?”

“Creo que sí”.

“Hemos advertido tu pequeño movimiento. Me temo que has llegado a un punto de no retorno. No puedes permanecer más tiempo en el mundo terrestre”.

Kim bajó la cabeza. Esto era lo que había temido.

“¿A dónde me envían? ¿al mundo telestial? ¿a la oscuridad exterior? ¿a un planeta donde pasaré la eternidad solo? ¿Cómo manejan casos como el mío?”

“Afortunadamente”, respondió Rafael, “hay pocos casos como el tuyo. Pero tenemos un programa especial que puede resultarte interesante”.

“¿Qué hacen con eternos inadaptados como yo? No pertenezco a ningún lugar, salvo, tal vez, la mortalidad”. Kim suspiró “Supongo que intento terminar de encontrar el propósito que no pude lograr en la Tierra”.

“Sí, estás en lo cierto. De modo que esto es lo que te ofrecemos”.

“¿Volver a la mortalidad?”

“Sí”

“Pero soy inmortal. La resurrección es permanente”.

“Tal vez no tan permanente como crees”

Kim miró de soslayo a la brillante luz celestial y enfrentó a su visitante.

“Existe un fruto” declaró Rafael. “Tú ya lo sabes pero nunca has hecho la conexión. Es un fruto con el poder de transformar un cuerpo inmortal nuevamente en mortal, pero no crece en este mundo”.

“El árbol del conocimiento del bien y del mal” murmuró Kim. “Pero no lo entiendo”.

“Cuando poblamos un nuevo mundo, necesitamos dos primeros padres que sean inmortales y deseosos de caer”.

“Pero tengo un cuerpo terrestre. Ni siquiera puedo procrear, tú los sabes”.

“El fruto es muy potente” la expresión de Rafael era seria pero su voz dejaba entrever una tierna diversión. “¿Qué dices?”

“¿Tengo elección?”

“No, realmente. Ya sabemos lo que elegirás”.

De pronto, una luz se encendió en la mente de Kim. “¿Y de dónde vendrá Nori?”

Ahora Rafael sonrió abiertamente “Su nombre por el momento es Leslie”.

“¿Y qué ocurrirá con Cory y los otros?”

“Si siguen tus pasos, también participarán del fruto”.

“¿Y si logro encontrar un mayor propósito que en mi primer intento en la mortalidad?”

“Entonces conducirás a tu posteridad a un mundo celestial”.

“¿Y Julie?”

“Ya sabes la respuesta”.

“Sí, lo sé. Y sé que será difícil”.

“Entonces, ¿nos vamos?”

Kim asintió.

“Tómate de mi mano”.

En cuanto Kim tocó el cuerpo celestial, una calma lo cubrió, y luego una sutil brisa lo estremeció hasta la médula, y de pronto ya no pudo recordar nada.

“Ven, Sam”, dijo Rafael. “Hay mucho que debes aprender antes de que te coloquemos en el Jardín”.

*Nota del autor y del traductor:

Dado que los habitantes del reino terrestre son asexuados, su lenguaje incluye pronombres y adjetivos que reflejan tal condición. Desafortunadamente, en inglés (y en castellano) no existen pronombres o adjetivos totalmente libres de género, de modo que hemos escogido describir a los personajes de esta historia de acuerdo a las identidades de género que poseían durante su etapa mortal. También el tiempo está medido con parámetros terrenales.

Traducido por Mario R. Montani

“EL ORIGEN DE LA TRAGEDIA” por Hugo Olaiz

ARTE Y RELIGION

        Literatura

               Ficción Mormona

EL ORIGEN DE LA TRAGEDIA

Por Hugo Olaiz

Para Neal Chandler, il miglior fabbro

“¿Es el Mormonismo todavía parte de tu Weltanschauung*?” me pregunta Tía Doris cada vez que me ve. Ella sabe que todos los domingos a las 2:15 estoy bendiciendo la Santa Cena como cualquier otro presbítero mormón, aunque de mañana esté de acólito en la iglesia episcopal de Saint James, administrando el cáliz (“la sangre de nuestro Señor Jesucristo te conserve en la vida eterna”) y a veces hasta ayudando a preparar el café. Cuando voy de Saint James al Barrio Dos en la ciudad de Sacramento (California), es como revertir las bodas de Caná – el vino se transforma en agua, las ropas sacerdotales en traje y corbata, y el anoréxico cuerpo de Cristo, que en Saint James es una hostia, milagrosamente se levanta a la textura del pan lacteado. “Así nos criaron” le digo a Tía Doris por millonésima vez. Papá es mormón y mamá es episcopal, así que mi hermano Steve y yo nacimos mormones-episcopales. Hace cinco años Steve decidió que quería ser sólo mormón, y mamá y papá le dijeron “está bien”; pero después de la misión se mudó con su novio Ramón y ahora dice que no es ninguna de las dos cosas.

Tía Doris me perdona que asista al Barrio Dos de Sacramento porque sabe que acudo a los ensayos del sábado en el McHenry con igual devoción. El McHenry fue construido cuando Sacramento crecía a pasos agigantados y cierta Sra. McHenry (también conocida como la Viuda Alegre) no pudo pensar en mejor manera de inmortalizar a su esposo que edificando un teatro en su memoria. Ahora la Municipalidad de Sacramento es la propietaria del edificio y costea todas las producciones de la McHenry Company. Como directora artística, Tía Doris insiste en que la llamemos “compañía amateur” en vez de teatro comunal, y en cierta ocasión demandó a un periodista del Sacramento Bee que describió a nuestra compañía  como “una troupe de lunáticos y bohemios que pasan el fin de semana en compañía de la Mari-Juana”. Me involucré con el McHenry cuando cumplí los doce, y aunque es cierto que tenemos un montón de lunáticos y bohemios (con la tía Dora encabezando la lista), la única Mari-Juana que he visto hasta ahora es María Juana López, la encargada de la limpieza.

Algunos en el Barrio piensan que papá, como patriarca de la familia, no debería apoyar mis actividades episcopales, pero el patriarcado es uno de los muchos conceptos mormones que él no entiende. “Anoche tuve un sueño notable” le contó papá a mamá recientemente durante la cena. “Habían relevado a Keith y llamado al Hermano Marks en su lugar, y en menos de lo que dices ‘¡ay!’ nuestros dos hijos habían sido oficialmente expulsados de la Iglesia Mormona”.

Keith Roberts es nuestro obispo, y preferiría ser relevado antes que colocarme en el banquillo de la Inquisición Mormona. En las entrevistas ni siquiera menciona la palabra que empieza con E – sólo me habla de sentirse bien cuando uno va a la iglesia y vive el evangelio. Pero su primer consejero, el Hermano Marks, es un mormón de otro planeta.

Uno podría decir que, entre Saint James y Sacramento Dos, tengo lo mejor de ambos mundos. Cada junio voy de campamento con los Boy Scouts, mi deber a Dios y a la Patria y luego, hacia fines de julio, visito lugares repiolas con el grupo de jóvenes episcopales, que es de varones y mujeres. Estuvimos en Yellowstone, en el Gran Cañón, y en una ocasión, en Baja California. Hay poco conflicto, porque en Saint James el año se centra en Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, mientras que en Sacramento Dos no hay muchos domingos especiales salvo las Conferencias Generales.

Mamá dice que es bueno que yo crezca en un hogar mixto. “Es como ordenar dos platillos en un restaurante” me dijo una vez. “Cuando te los traen a la mesa, los puedes oler de cerca, probarlos, y entonces sabes por seguro cuál va mejor con tu apetito”. Ella viene a Sacramento Dos cuando papá y yo cantamos en el coro o damos discursos. Cuando el Hermano Marks la ve en la iglesia, siempre se asegura de estrecharle la mano con una sonrisa calculada para mostrarle qué simpáticos que somos los mormones, pero cuando mamá no viene, las cosas no siempre salen tan bien. Un domingo Marks se llevó a papá en privado y le preguntó sombríamente si el rumor que había escuchado era cierto, “que tu hijo menor es un alcohólico”. “Un acólito”, dijo papá, corrigiéndolo. Eso ocurrió hace dos años y todavía nos estamos riendo.

Inicié mi carrera en el McHenry a los doce como telonero, luego me ascendieron como apuntador y finalmente Tía Doris me puso a cargo de los telones de fondo y el mobiliario de escena. Hace algunos meses, cuando cumplí los diecisiete, me otorgó el título adicional de“chauffeur”, lo cual significa que cada sábado, antes de los ensayos, la debo llevar de compras. Primero compramos comestibles, luego pasamos por Props & Frocks, y siempre terminamos en el Ejército de Salvación o algún otro mercado de pulgas que ella insiste en llamar “tienda  de antigüedades”. El sábado pasado estábamos buscando yelmos y espadas y en Props & Frocks también conseguimos una cabeza de cera y sangre de utilería. Aunque tenemos un presupuesto ajustado, compramos sangre de utilería porque lo que gastamos en sangre lo ahorramos en sudor: con sangre de utilería no hay que mandar el vestuario a la tintorería y, sobre todo, no tenemos que escuchar a María Juana quejarse de las manchas que la salsa de tomate deja en el piso del escenario. Con la pasión que Tía Doris siente por las heroínas clásicas, la sangre es uno de nuestros artículos básicos. El año pasado interpretó a Blanche Dubois** (“como una ramera parisina” dijo Steve). Hace dos años protagonizó a Juana de Arco, para lo cual se cortó el pelo al ras, como Sigourney Weaver en Aliens. Este año estamos produciendo la Judit de Hebbel y quién sino Tía Doris va cortarle la cabeza a Holofernes y servírsela al público en bandeja de plata.

Tía Doris asistió con nosotros a la reunión sacramental de bienvenida cuando Steve volvió de la misión, pero luego se quejó de que los servicios mormones estuviesen tan desprovistos de drama. “Cuando la procesión camina hacia el altar, cuando uno huele el incienso y escucha las campanas – eso es lo que llamo celebración. Los servicios mormones son el epítome del tedio”. Yo le contesté que papá y yo asistimos a la iglesia mormona porque nos sentimos bien en ella. “¿Y no ves el problema?” me replicó. “La base del mormonismo es sentirse cálido y abrigado, lo cual puede ser un criterio maravilloso a la hora de comprar una bufanda, pero desastroso cuando se trata de elegir una religión. Mi querido, tú necesitas cierta distancia brechtiana. Necesitas un poco de Verfremdangseffekt***

Steve conoció a Ramón en la Universidad de Stanford y a veces, los fines de semana, vienen de visita. El último Día de Acción de Gracias estábamos los seis juntos por primera vez. Ramón se sentó junto a Tía Doris y ella hizo reverberar la R de “Ramón” como sólo una soprano de coloratura podría hacerlo. “Rrrramón, cuéntame, ¿quién es tu dramaturgo favorito?” le preguntó. Ramón respondió algo sobre obras con temas religiosos: Antígona como heroína religiosa y El Experimento Sagrado de Hochwälder. La respuesta le agradó inmensamente, porque para Tía Doris no existe lengua como el alemán ni heroína como Antígona.

“¡Por supuesto!” dijo Tía Doris. “La tragedia siempre nace del impulso religioso. ¿Has leído Die Geburt der Tragodie?”. Steve le dijo que se equivocaba – no había sido Nietzsche quien dijo eso sino Lévi-Strauss, y los tres se pasaron el resto de la tarde discutiendo Carl Jung y los méritos del pavo de Acción de Gracias como víctima propiciatoria.

El domingo pasado finalmente ocurrió: Relevamos a Keith Roberts con un voto de agradecimiento y sostuvimos al Hermano Marks en su lugar. Marks no perdió mucho tiempo. Hoy, antes del ensayo, el secretario del barrio me llamó para agendar una entrevista, y sé perfectamente lo que va a ocurrir: Marks va a emplear la palabra que empieza con E. Probablemente va a citar a Mateo: Nadie puede servir a dos señores. En cuanto colgué llamé a Steve para contarle. Steve dijo, “Esta es la decisión más sencilla que tendrás que tomar en tu vida”. Me apresuré a llegar al McHenry y encontré a Tía Doris entre bambalinas – acababa de matar a Holofernes y llevaba la cabeza de cera en una mano y la espada en la otra. “Eso es tan edípico”, me dijo cuando le conté. “¿No te das cuenta? Vas a tener que matar a tu padre para poder casarte con tu madre”. Entonces comenzó a recitar el parlamento que había aprendido cuando interpretó a la Reina Isabel en María Estuardo de Schiller:

¿Qué han de importar los vínculos de sangre

si la Iglesia destruye todo lazo,

y consagra la traición y el crimen?

Eso enseñan vuestros propios sacerdotes.

Mientras decía eso, seguía sosteniendo la cabeza de Holofernes por el cabello, y esas gotitas de sangre falsa caían sobre el piso que era un contento.

Traducción de Mario R. Montani, revisada y corregida por el autor.

Notas del traductor:

*En alemán en el original: ideología o filosofía conceptual de la vida.

** Blanche Dubois es la protagonista principal de “Un tranvía llamado deseo” de Tennessee Williams, un clásico del teatro norteamericano.

*** En alemán en el original: Verfremdangseffekt, efecto de distanciamiento, alienación o extrañamiento.

Hugo Olaiz pertenece a una tercera generación de mormones argentinos. Graduado en Literatura con especialización en Clásicos en la Universidad Nacional de La Plata, vive desde hace años en los EEUU. Ha obtenido un Master en Filosofía y Letras en la Universidad de Brigham Young y un posgrado en Lingüística Hispánica de la Universidad de Berkeley en California. Es el editor de noticias de la revista Sunstone. Hugo se ha mostrado interesado en el proyecto de este blog y colaborará desde la distancia.

 

“RICHARD GOLIGHTLY: UNA NOVELA” por Ryan Shoemaker

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Richard Golightly: Una Novela

Ryan Shoemaker

Concepción

“Están allí arriba ahora mismo”, canturrea el Obispo Gray desde el púlpito. Sus ojos se mueven hacia el cielorraso de la capilla. “Billones y billones de espíritus aguardando para habitar cuerpos mortales, guerreros reservados para estos últimos días, listos para enfrentar al adversario en su momento de fortaleza, y ellos nos necesitan, hermanos y hermanas, para que los traigamos a este mundo.”

Las palabras chisporrotean en los oídos de Jackie. Un ardor llena su pecho. Más tarde ese día, descarta su diafragma. John lo encuentra debajo de una flácida hoja de lechuga en el recipiente de la basura.

“¿Qué es lo que ocurre, Jackie?” pregunta él.

Aturdida, levanta su vista de la tabla de picar en la que rebana zanahorias. “Todos esos espíritus,” dice. “No quiero ser una madre vieja”.

“Pero Jackie” – él, todavía sosteniendo  el diafragma – “sólo tienes veinte años”

“Diez hijos”, dice ella. “¿Sabes cuántos años lleva eso? Piensa en nuestra posteridad. Están esperando por nosotros”

Posteridad. La palabra envía una onda de estremecimiento a la entrepierna  de John.

Nacimiento

4:30 de la mañana. Fluidos oscuros rezuman de Jackie. En algún lugar a la distancia, el sistema hidráulico de un camión de basura gimotea estridentemente. Ella confunde el sonido con el canto de ángeles.

John se siente al filo de la conciencia. Una y otra vez traga dificultosamente una acidez abrasadora en lo profundo de su garganta. La habitación se ladea y luego se endereza. Observa una incandescencia borrosa en los márgenes de las cosas.

“Un hermoso varoncito”, dice la enfermera, depositando un bulto blanco sobre el pecho de Jackie.

“Richard”, dice Jackie. “Así lo llamaremos.”

Pálido y con náuseas, John de pronto está lúcido. “Estás bromeando”, dice. “¿No es ese el antepasado que se cayó en el…?”

Jackie lo mira con fiereza. “En esa época, le ocurría a mucha gente”.

Un nombre inspirador

El niño recibe su nombre en honor de Richard Mordecai Golightly, su tatara-tatara-tatara-tatara-abuelo, un hombre que empujó un carro de mano a través de las planicies en el invierno de 1857, cultivó una granja de remolacha azucarera al sur de Utah con sus seis esposas, trajo hijos al mundo hasta entrado en sus setenta y falleció una noche sin luna cuando cayó en el pozo de agua mientras buscaba el excusado.

Extracto de la bendición infantil de Richard

John: Richard, te bendecimos para que nunca te apartes por senderos oscuros y pierdas el camino, que nunca tropieces y caigas en los abismos que el adversario ha cavado para los justos, que tus pies estén siempre plantados en el terreno del evangelio…

Hermanos

Kyle, Nick, Olivia, Katie, Curt, Cindy, Libby, Jack, y Jeffery.

Una vacación familiar en San Francisco

Con las mandíbulas caídas, los transeúntes miran llenos de asombro mientras los Golightlys salen en fila de su van Ford Econline. Sus ojos se dilatan a medida que más y más niños emergen. Una mujer toca a John en el hombro. Su dedo índice apunta al cielo. “El medio ambiente”, le dice.

Primeros Años

Para su octavo cumpleaños Richard recibe una pequeña plaqueta negra con la inscripción Futuro Misionero. La usa en la iglesia, en la escuela, para dormir, en el natatorio de la comunidad. Le regala un Libro de Mormón ilustrado a un chico Protestante de la escuela y lo invita a la Primaria.

Comidas favoritas

A Richard le encanta la gelatina, el asado a la cacerola, los caramelos de regaliz y el estofado de atún.

Primera Cita

Richard tiene dieciséis años. Plancha su camisa blanca y quita las hilachas de su saco. El nombre de la jovencita es Heather. Richard conduce la mini-van de su mamá. Sus padres se sientan en silencio en el asiento trasero mientras Richard se para en una entrada abovedada y estrecha la mano del padre de Heather, un hombre corpulento y de barba, un abogado.

“¿Te gusta la pintura?” pregunta el padre de Heather al ver los ojos de Richard dirigirse al cuadro en la pared.

“No está usando nada de ropa,” dice Richard, “y está parada sobre una almeja”.

“Es la Venus de Boticcelli”, dice el hombre observando los cremosos muslos de la mujer. “Encantadora. Sorprendente”.

Secretamente, Richard lo desaprueba.

Segunda cita

Galletas, jugo, Ludo, Uno, Ungame. Richard devuelve a Heather a su casa a las 21:30 hs. Esa noche duerme bien y se levanta rápidamente a las 6:30 de la mañana.

Intolerancia a la lactosa

Después de sobrepasarse en una actividad social de helados en el barrio, Richard descubre que padece intolerancia a la lactosa.

Discurso de Graduación de la Secundaria de Penrose

La primera frase del discurso de Richard: “el infinito no es un número, sino una dirección. Del mismo modo nuestro potencial humano…”

Hay un sonido, como el traquetear de una cortadora de césped moviéndose en pasto espeso, cada vez más fuerte. Richard hace una pausa, levanta la vista de la pila de hojas sobre el podio y echa una ojeada al cielo radiante. Un pequeño Cessna aparece de pronto desde el norte y vuela muy bajo sobre el estadio repleto. El piloto, de cabello muy corto y lentes de sol, ríe histéricamente en los comandos, y su pasajera, una rubia, presiona sus pechos desnudos contra el vidrio de la cabina. El Superintendente Abbott aparta a Richard del podio. “Ahh. Sí” – Abbott mira al micrófono como a algo que le han pedido que se tragase. Una sirena ulula – “Gente, Sí. No se alarmen. El jefe de policía piensa que deberíamos evacuar el estadio. Desalojen de manera ordenada, por favor”.

Llamado a servir

Un extracto del llamamiento misional de Richard: Ha sido asignado a trabajar en la Misión de San Pedro Sula, Honduras. Usted debe prepararse para predicar el evangelio en Español…

Jackie saca un mapa del armario de los abrigos y lo despliega sobre la mesa del comedor. Ahora está al teléfono con la Abuela Golightly.

“Sí, acaba de recibir su llamamiento” grita en el teléfono. “Honduras. Lo estoy viendo en el mapa. Está al sur de Mexico… Por supuesto que sí… En esta época todos tienen lavarropas y microondas”.

Richard desempolva sus antiguas tareas de Español de la preparatoria. Para la cena, Jackie prepara tacos. John compra una piñata que la familia se encarga de pulverizar con un palo después de comer.

Discurso de Despedida

Richard, extracto de su discurso: Hago mías las palabras de ese primer gran profeta de esta dispensación, Joseph Smith, cuando mirando a su amada Nauvoo por última vez, dijo: “Voy como un cordero al matadero, pero me hallo tan tranquilo como una mañana veraniega. Tengo la conciencia limpia de pecados y ofensas ante Dios y ante todos los hombres. Moriré inocente, y se dirá de mi – fue muerto a sangre fría”.

Richard llora, Jackie llora, John llora, Grandma y Grandpa Golightly lloran. Tíos, tías, primos, sobrinos lloran. Heather llora, los amigos lloran, los bebés lloran. Presbíteros y Sumos Sacerdotes duermen. El Obispo Sanders mira su reloj y nerviosamente juguetea con los cordones del zapato. Un diácono trae una nueva caja de Kleenex

Centro de Entrenamiento Misional: Provo, Utah

Filete Salisbury saborizado, spaghetti con salsa de carne enriquecida. Richard sube de peso. Se dedica devotamente a aprender Español. De hecho, jamás pronuncia una palabra en Inglés. Brian Holland, su compañero, ocasionalmente olvida el nombre del Elder Golightly.

Aeropuerto

Richard musita adioses en Español. “Voy a convertir al mundo”, dice en castellano. Abraza a Jackie, abraza a John, afectuosamente da la mano a Heather. Mientras él esté lejos, ella promete planear su casamiento.

Primer Noche en Honduras

Pulgas, garrapatas, naguas, gusanos del oído, jejenes, cucarachas, ratas. Murciélagos, cascarudos, ratones, ácaros, piojos. Arañas escupidoras, arañas saltadoras, arañas ladradoras, arañas voladoras. Hormigas de fuego, hormigas aztecas, hormigas de sombrilla, hormigas de traje. Monos aulladores. Excavadores, acanaladores, picadores, punzadores, apuñaladores. Iguanas. Mosquitos.

Regresa con honor

Carta de John, un extracto: Richard, una misión honorable es el fundamento de una vida exitosa. Realmente creo en eso. Muchos desperdician esta experiencia. Quizás pienses que no es parte de mi carácter lo que te diré a continuación, pero permíteme compartir el consejo que mi padre me dio cuando salí a mi misión. “Hijo” me dijo “Mantén el cierre relámpago cerrado”

Primer bautismo de Richard

Richard y Pedro Sanchez vadean el río oscuro y meandroso. Las pirañas pellizcan sus talones, en la orilla opuesta los cocodrilos desmiembran el cadáver de un yak, golpeteos de tambores primitivos y salvajes en la distancia.

Subiendo del agua, Pedro abraza a Richard y entona un agudo y ceceante Gracias en su oído. Richard siente la mano de Pedro fuertemente aferrada a su nalga derecha. “Qué extraña costumbre”, piensa Richard.

Altercado

Carta del compañero de Richard, el Elder Parker, a Guadalupe Rancho de la Lengua, un párrafo traducido del Español: Qué no daría para poner cierta distancia entre este nuevo Elder y yo. ¿Cómo se llama? Golightly. Eso es. ¿Qué clase de nombre es ese? Cada mañana debo despertarme al son de su voz jovial y esa estúpida y falsa sonrisa de felicidad. Quiero que deje de lustrar mis zapatos. Creo que gritaré si me dice una vez más con ese aspecto soñador en sus ojos, “Elder, estos son nuestros días en la historia de la Iglesia”. Lo único que me lo hace soportable es verte en la capilla los Domingos y recibir tus cartas. Cuando regrese a Utah, te enviaré el dinero para un pasaje en avión. Viajaremos a Provo Canyon en mi Mustang. Almorzaremos sobre la hierba de una colina. Podrás preparar esas empanadas de queso que me encantan.

Richard confronta con el Elder Parker por causa de una carta que encuentra en el lavamanos. Parker niega todo. Richard también expresa preocupación por la falta de interés de Parker en el estudio matinal. “Nunca comprenderás nuestro amor”, dice Parker, y entonces, justo antes de patear a Richard en la ingle, grita, “¡Anota esto en tu diario personal!”.

Más problemas con compañeros

Resumen de la carta de Richard a John: Acabo de recibir un traslado a una ciudad de la Costa Mosquito llamada Trujillo. Ahora soy compañero del Elder Ramirez. El es de Caracas y me cuenta que solía ser luchador, pero lo abandonó al unirse a la Iglesia.

Creo que no entiende bien lo que se supone que debemos hacer. Está siempre intentando vender a nuestros investigadores unos Rolex en oferta. Lleva un montón de ellos en una cuerda atada al forro de su saco y, al terminar una charla, abre su saco y comienza su propaganda. Es bastante extraño. ¿Crees que debería hablar con el Presidente Hurley?

Una noche Richard despierta en medio de un sueño ligeramente erótico con Heather. Están en una ciudad que no reconoce, sentados en un taxi que atraviesa calles desiertas. Inexplicablemente, ambos llevan ropa deportiva púrpura. Heather masajea delicadamente el cuello de Richard.

Hay un sonido de pies desnudos moviéndose sobre baldosas de terracota, un libro que cae, el roce de una tela. A través de la pálida oscuridad, Richard observa a Ramirez hurgando en su billetera, extrayendo crujientes dólares y mirando insinuante la foto de Heather.

“Elder,” pregunta Richard. “¿Qué estás haciendo?”

“Amigo,” sisea Ramirez, y luego, en un inglés femenino y entrecortado, dice, “lo único en el mundo que da órdenes son las pelotas”. Su cabello se eriza. Sus ojos se tornan salvajes. “Silenzio, Elder”

Querido John

Heather no ha escrito en meses. Richard asume que la causa debe ser la carga horaria del curso de ciencia familiar que está tomando en BYU, y entonces un día una carta llega. En vez de emanar el placentero aroma del Chanel Nº 5 de Heather, la carta apesta a pañales sucios.

Heather, cita de su carta: Ocurrió tan rápido con Phil. Quiero decir, éramos un grupo mirando La Historia sin Fin, y Phil y yo llorábamos durante las mismas escenas, como al final, cuando Bastian y la Emperatriz están sentados y ella sostiene en su palma el último grano de arena de Fantasia. Todos se cansaron de la película y se fueron, dejándonos solos, y yo decía “Esta es mi película favorita de todos los tiempos”, y él, “Sí, la mía también”. Fue como si debiera ocurrir. Quiero decir, amamos la misma película. Era una señal. De todos modos, ya que había planeado nuestra boda, todo lo que tuve que hacer fue reemplazar tu nombre por el de Phil en las invitaciones. Por eso ocurrió tan rápido. Fue una locura. Olvidé escribir. Perdóname. Espero que tengas una buena mission. Hay alguien para ti seguramente. Me gustaría escribir más pero debo alimentar a Lizzy. Ha estado molesta últimamente. Creo que tiene un sarpullido.

Esa noche Richard llora silenciosamente sobre su almohada.

Una carta del Presidente Hurley

Un resumen: Elder Golightly, la semana próxima estaré enviando un nuevo misionero hacia allí, el Elder Casper de Vernon, Utah, recién llegado del MTC. Espero que usted lo entrene bien. Enséñele a predicar el evangelio con valor. Enséñele español. Con grandes responsabilidades vienen grandes bendiciones.

Releyendo su última carta, veo que está considerando ingresar en la escuela de leyes cuando regrese a BYU. Como abogado le aconsejo en contra de esa decisión.  Verá que soy tan grande como una casa. Ocurrió de golpe al cumplir los treinta. Demasiado tiempo sentado en salones y cortes, demasiados almuerzos en Essex House y Jean Georges, todas esas horas produciendo honorarios para ser asociado en la firma. Me dejé ir. Ya no puedo comprar pantalones normales. Mis rodillas están destruidas. Si pudiera retroceder, sería un leñador o pescador o granjero. Aprendería a remendar zapatos. ¡La Ley es la muerte, Elder! Muerte, dolor y soledad. Soy un alma tierna y sin embargo todos me creen un monstruo. Encuentre el éxito sirviendo al Señor, Elder. Ese es el secreto.

Entrenador

Advertencias de Richard al Elder Casper: No beba agua, no acaricie a los perros, no crea a ninguna chica que le confiese su amor, no ande a caballo, no coma pescado deshidratado, y jamás comparta la cama con su compañero.

Escalan colinas boscosas, vadean arroyos, golpean puertas. Sonríen. Entregan panfletos y Libros de Mormón a los no creyentes. Oran por los pobres y necesitados. Imploran a los miembros inactivos que regresen a la iglesia.

Cierto día, un niño los detiene. Está escarbando una pila de basura. Sus mejillas y dedos están negros como el hierro y lleva una remera extra grande con la frase “Don’t Piss me off, Butt-Munch” impresa sobre el pecho.

(Conversación traducida del Español)

El niño señala la plaqueta negra de Richard. “Ese es también mi nombre”

“¿Tu nombre?” Richard está desconcertado. Siente que algo no está bien.

“Elder,” dice el niño. Sonríe. Extrañamente sus dientes son blancos y prolijos. “Elder es mi primer nombre”.

Richard se ríe y apoya una de sus rodillas en el suelo, frente al niño. “Elder. ¿Y dónde obtuviste semejante nombre?”

El chico contempla sus sucios pies descalzos, de pronto avergonzado. “Mamá dice que era el primer nombre de papá, como el suyo. Usted y mi papá tienen el mismo nombre. ¿Saben dónde está él? Yo nunca lo conocí”.

El Elder Casper sonríe tontamente mientras manipula con torpeza un diccionario Inglés/Español de bolsillo. “¿Qué está diciendo? Sólo capto una tercera parte. Su padre. ¿Está su padre interesado?”

“Vayámonos de aquí” dice Richard

El Triunfante Retorno a Casa

Richard aparece al final de la manga de abordaje. Su traje está destrozado. Tiene hongos en la ingle y un parásito intestinal. Conserva en derredor suyo el aroma de la jungla. Los flashes de las cámaras lo ciegan. Alcanza a divisar un estandarte de papel que dice Bien hecho buen siervo fiel. Todos lloran

Compromiso

BYU. Ambos se encuentran hacienda cola en Taco Bell. Richard ordena un burrito relleno grillado. Ella pide tres tacos suaves con queso extra y porotos pinto para acompañar. Su nombre es Linda Slack. Tres meses más tarde se casan.

Casamiento

… Por tiempo y toda la eternidad, dice el acartonado obrero del templo

Richard se inclina sobre el altar, los labios temblando, recogido, inseguro. Contacto.

Recién Casados

Richard y Linda viven en un departamento ubicado en un sótano en las afueras de Center Street. De noche escuchan a la pareja de arriba haciendo el amor estrepitosamente.

Toman juntos un curso de cerámica en el Centro Recreacional de Orem. Richard siente algo profundamente espiritual mientras modela la arcilla. Está confeccionando una estatua del Cristus para el cumpleaños de Linda.

“¿El Monte Timpanogos?” pregunta el instructor

Richard pasa un cincel sobre el montón de arcilla. “No, la estatua del Cristus en miniatura. Está casi lista”.

El instructor se adelanta. Observa la arcilla por sobre sus lentes. “Sí, el Cristus. Sí” – su boca abierta de par en par – “sí … una interpretación muy moderna”

Un párrafo de la carta del Departamento de Parques y Recreación de la Ciudad de Orem: Queridos estudiantes, lamentamos informarles que durante el proceso de horneado se produjo una explosión imprevista que dañó toda la cerámica. Ninguna pudo recuperarse. Lo sentimos profundamente. Por favor reciban el cheque adjunto por veinte dólares para cubrir este inconveniente. Esperamos verlos nuevamente, tal vez este otoño para nuestras clases de pintura o acolchados.

Representante de Ventas Farmacéuticas para Logan y Este del Valle de Lago Salado

Lipitor, Zithromax, Simvastatin, Ambien, Allegra. Richard los vende todos. En la iglesia, siente una extraña incomodidad cada vez que un sumo sacerdote ya mayor le pregunta al pasar si su compañía no vende Viagra y si por casualidad no tendrá algunas muestras gratis en el auto.

Primer Hogar

Richard y Linda compran una casa en Nibley. Hay un sauce en el patio delantero, un juego de barras infantiles atrás, la vista de las montañas nevadas.

“Niños, un perro” dice el agente inmobiliario, su voz haciendo eco en las paredes desnudas. “Un lugar en el cual se puede envejecer”.

El nacimiento de Scott Richard Golightly

Nausea, el sabor amargo a bilis, un vientre que crece, una vida extraña que se retuerce debajo de la piel estirada, fatiga permanente, un pequeño calambre en la parte baja de la columna, treinta y seis horas de trabajo de parto, una cesárea de emergencia a las 3 de la mañana.

“Es su útero, Sra. Golightly” – es la mañana posterior al nacimiento. El Dr. York está parado junto a Linda. Suspira profundamente – “el útero está dañado, demasiado delgado para soportar otro embarazo. No les aconsejaría tener otro bebé”.

Richard está en la ventana del hospital y mira hacia abajo al parque donde entrena una liga infantil de fútbol. “Un Isaac”, piensa Richard, tamborileando sobre el vidrio. “Al menos tendré un Isaac”.

Competencia Culinaria de Chili del Quorum de Elderes

Reunión de Presidencia previa a la Competencia Culinaria Anual de Chili del Quorum de Elderes del Tercer Barrio de Nibley, un extracto:

Presidente Golightly: “No sé acerca de este volante. No estoy seguro de sentirme cómodo con él”.

Primer consejero: “¿es por el pimiento chili? ¿por el sombrero que usa? ¿por su bigote negro y rizado? ¿es por el acordeón inmenso que toca?”

Presidente Golightly: “No, no es eso”

Segundo consejero: “¿Es por el caldero de chili ardiente junto al pimiento? ¿Es el color de las llamas? ¿Son demasiado rojas?”

Presidente Golightly: “No es el pimiento ni las llamas. Es con el texto con lo que tengo problemas, esa parte debajo del pimiento sobre que la velada seguramente terminará con una explosión. Es… es grosera.”

Obsipo Golightly

Se propone que sostengamos a Richard Mordecai Golightly como Obispo del Tercer Barrio de Nibley. Todos aquellos a favor manifestarlo levantando su mano derecha. Cualquiera que se oponga, por la misma señal.

“¿Qué es esto?” pregunta Richard a su primer consejero Chuck Pendleton.

“Verá, Obispo, esa es la cuenta de cable de la hermana Verken. El Barrio la ha estado pagando por los últimos cinco años”

“¿Hemos estado pagando por el paquete premium? Ciento veinte por mes para que ella pueda ver HBO y Showtime?”

“Tiene noventa años, Obispo. Ya no puede salir afuera. No tiene familia”.

“Ciento veinte por mes. Díganle que pagaremos el paquete básico de cable. No hay nada malo con PBS y el Discovery Channel. Justamente creo que Destructores de Mitos y Cash Cab son los mejores programas de TV en este momento.”

Trigésimo tercer cumpleaños

Una nota de Scotty abrochada a una tarjeta de cumpleaños para Richard: Aquí está tu tarjeta de cumpleaños. Dentro hay un cupón por un abrazo. Le pegué un imán detrás. Puedes ponerlo en la heladera para que no se pierda. Usalo cuando necesites un abrazo. Te ama. Scotty.

Un gran honor: Premio de Ventas Sederberg

Hank Tudor, Vicepresidente de ventas de Seabrook Pharmaceuticals. Un párrafo de su discurso en la entrega de premios de la cena anual de ventas Seabrook en Indianapolis: Aunque no puedo decir que conozco a Richard demasiado bien, tengo un inmenso respeto por él. No lo he visto demasiado “on line” o en las reunions sociales, pero todos saben que no recuerdo nada una vez que abren el bar o que alguien con un carrito de golf comienza a ofrecer bebidas (pausa para risas). Seriamene, gente, es un honor otorgar a Richard el premio Sederberg como nuestro representante de ventas más exitoso.

Cena de Aniversario en Fredrico’s

“¿Qué será?” Pregunta Linda recibiendo la caja enorme envuelta para regalo de Richard y sacudiéndola. “¿Tal vez ese equipo de Pilates del que he estado hablando?”

“¿Equipo de Pilates?” dice Richard. “Esto es cien veces mejor. Mil veces”.

Jocosamente, Linda rompe el papel. Su risa se detiene. Observa lo que tiene en sus manos: una caja metálica negra con manijas, cuatro platos de acero inoxidable, un termómetro. “¿qué es esto?” pregunta.

“Un horno solar” Richard corta un trozo de su calzone y lo pincha con el tenedor. “Puedes cocinar un pavo en esa cosa. Confía en mi” – se acerca. Su voz es un susurro – “cuando la economía se derrumbe y retornemos a la Edad de Piedra, no estarás haciendo Pilates”.

Problemas Laborales

Una carta para Richard de Sal Rose, Gerente General de la Región Oeste de Seabrook Pharmaceuticals, un párrafo: El jueves pasado recibí una llamada telefónica de su cliente, el Dr. Gupta, cerrando su cuenta con nosotros. No quería decir por qué, pero después de inquirir el Dr. Gupta admitió que en los últimos meses ha sentido que usted trataba de imponerle su religión. Mencionó una serie de panfletos que recibió de usted así como visitas cuyo propósito, así lo sintió él, tenían más que ver con la religión que con los negocios. Si bien valoro y respeto sus creencias personales, su trabajo en Seabrook no es una plataforma desde la cual hacer proselitismo. Por favor, desista de hacer tal cosa. Cordialmente, Sal Rose.

Transformándose en el Presidente Golightly

Sábado a la mañana. Suena el teléfono de la cocina.

“Hola,” dice Scotty. “Hola. Hola”

La voz es baja y jadeante, prácticamente inintelegible, quebrada por sollozos y lloriqueos. “Quieren que sea presidente de Estaca. Oren por mí. Oren por mí.”

Scotty traslada el auricular al otro oído. “¿Quién es?” pregunta

Tiempo de Padre-Hijo

“Ves, Scotty, este era un verdadero hombre” dice Richard, sopesando una copia bastante usada de la autobiografía de Richard Mordecai Golightly, Dando coces contra los aguijones: una vida en la planicie. “Un hombre que podía levantar un carromato o caminar cincuenta millas por día. Y teniendo setenta años. En una ocasión peleó con un indio salvaje por un pote de miel en las afueras de Omaha.”.

“¿No tenía un montón de esposas?” pregunta Scotty

“Bueno, eran épocas diferentes”, dice Richard

“¿No cayó en un pozo de agua o algo así y se murió? dice Scotty.

Richard se mueve incómodo en su silla. “Era una noche oscura. Alguien movió el excusado. Tal vez fue una broma. Algunos de los muchachos vecinos tratando de reírse barato”. Richard suspira y mira por la ventana del living. Observa a su vecino, Rob Munson, aplicar otra capa de cera en su nuevo Mercedes. “Realmente una pena”, dice Richard, colocando su mano sobre el hombro de Scotty. “Podría haber vivido otra década. Sí, entonces era cuando un hombre era verdaderamente un hombre, uno podía saber de qué estaba hecho al tener que enfrentarse con los elementos. ¿Nunca piensas eso?” pregunta Richard “¿probarte enfrentando a los elementos?”

“No sé” dice Scotty pasando su pulgar por la nariz y luego por sus jeans.

Richard masajea los bíceps de Scotty. Se asombra de la flojedad suelta que hay allí, del  temblor gelatinoso bajo sus dedos. Mira la cara redonda de su hijo. Su piel tan pálida, casi traslúcida. Richard tiene una idea repentina, una revelación. Se restriega las manos

“¿Qué te parece, Scotty? Este sábado. Diez millas subiendo el Pico Box Elder. ¿Enfrentarnos a los elementos? Llevaremos algo de carne salada”.

Preocupación Creciente sobre la Salud

Richard, un párrafo de su diario: ¡Los chicos de estos días! Caminan dificultosamente con sus entrañas colgando por sobre los cinturones. Toda esa grasa y azúcar que palean hacia adentro. No hay autocontrol. No pueden hacer nada que requiera cierta incomodidad. Al menor indicio de dolor abandonan. Es una lástima que no podamos tirar de un carro de mano por las planicies cada diez años, enfrentarnos a la tierra dura como el acero y a los fieros vientos. Eso sería vida. Entonces era cuando un hombre era un hombre.

El Presidente Golightly escoge un Campamento

Campamento de Supervivencia Pale Horse, párrafo de su folletería: Nada de tejer canastas en este campamento scout, ninguna cafetería repleta de Fruity-Pebbles y creme-brulee. Si desea que su hijo coma, él deberá afilar un palo y meterse en el bosque. Así es como vivimos aquí: de la grosura de la tierra.

Su hijo pasará la semana viviendo en refugios primitivos. Se deleitará con espadañas, ortigas, pasto, bellotas, y una variedad de juegos silvestres. Rastreará pumas, trepará a la cima de Bald Mountain, y fabricará su ropa de animales que perseguirá y matará.

Cuando la falta de alimento finalmente llegue, cuando los gobiernos colapsen, cuando la educación formal ya no valga nada, esto es lo que usted querrá que su hijo tenga: el conocimiento y la confianza para sobrevivir.

Una pobre decisión

Un memo interno de Mark Bailey, asesor legal de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, a la Primera Presidencia, un párrafo: en Agosto, recibimos cierto número de quejas de parte de miembros de la Estaca Nibley de Utah, cuyos hijos asistieron al Campamento de Supervivencia Pale Horse, en las cercanías de Ketchum, Idaho, un campamento escogido, según declaran, por Richard Golightly, presidente de la Estaca Nibley, Utah, quien sintió que el Campamento Grizzly, la opción tradicional para acampar por los cinco años anteriores, se había tornado excesivamente derrochador y costoso, y había perdido el espíritu austero y el enfoque en la supervivencia del antiguo escautismo. Después de ver las tarifas de registración de Pale Horse, estos padres coincidieron con el Presidente Golightly.

Cuando los scouts retornaron de Pale Horse a fines de Julio, muchos padres declararon que no podían reconocer a sus hijos. Algunos habían perdido peso significativamente. Sus caras estaban pintadas de negro y la mayoría usaba taparrabos de piel de liebre o zarigüeya. Además, todos portaban lo que parecían ser armas primitivas como lanzas y hachas confeccionadas con madera y piedra.

En las semanas que siguieron, parece que la mayoría de los muchachos presentaron dificultades para readecuarse a sus vidas anteriores. Uno de ellos mató al conejo mascota de su vecino. Otros prefirieron  un hoyo en el patio trasero antes que retornar a sus camas. Algunos pocos únicamente hablaban con frases cortadas y gruñidos. Sus sicólogos, sin embargo, creen que están progresando maravillosamente y podrán regresar a la escuela en Enero.

En múltiples oportunidades he intentado contactar al dueño del campamento, un tal Sargento Silko, pero los de su equipo me comunican que está involucrado en algún tipo de proyecto gubernamental en Jalalbad. No están seguros cuándo regresará.

Si bien el Presidente Golightly, cuyo hijo Scotty también asistió al campamento, jamás indujo a error a los padres en cuanto al propósito de este campamento de supervivencia, él admite que omitió algunos detalles, tal como el enfoque en rastreo y caza. La mayoría de los padres asegura que, si hubiesen sabido esto no habrían permitido a sus hijos asistir. Más aún, muchos padres están enojados porque sus hijos no trajeron a casa más insignias de mérito.

Linda cambia las cerraduras

Las puertas trasera y delantera no se abren. Las llaves de Richard no entran en la cerradura. Empuja la puerta, ruega a través del sólido roble en un susurro, disca el móvil de Linda y observa las ventanas oscuras mientras el teléfono suena y pasa a la grabadora de mensajes. Hay un sobre blanco bajo la maseta de los geranios de Linda.

Extracto de la carta de Linda: ¿Te vas todo el tiempo tratando de construir tu pequeño cielo en la tierra y no ves que tu propia casa se cae en pedazos? ¿Acaso todavía me conoces? ¿Acaso conoces a tu hijo? Ni quería ir a tu estúpido campamento, pero lo hizo para que estuvieras feliz. Míralo ahora. Todo lo que hace es sentarse en el sótano atando ramitas y golpeando ese horrible tambor.

Estás siempre tan preocupado por el mundo malvado, siempre advirtiendo que si no observamos y escuchamos nuestras vidas se destruirán, siempre tan rápido para juzgar. Tu familia se está destruyendo y ni siquiera lo ves.

Viviendo en la Capilla: Día 1

Richard no puede mudarse al Holiday Inn. Habría muchos rumores, habladurías. Vive en el centro de estaca.

Están la incomodidad del piso duro, el picor de la alfombra, una cama hecha de ropa olvidada que tomó de la caja de objetos perdidos en la biblioteca. Un abrigo infantil de piel sintética está encajado bajo su barbilla, sus pies se hallan arropados por una remera de basquetbol maloliente que, equivocadamente, usó primero como almohada. Afuera el viento mueve ramas frente a las ventanas. El edificio cruje y se lamenta.

Viviendo en la Capilla. Día 3

Richard compra un pequeño colchón inflable en una tienda deportiva. Se baña en la pila bautismal y se seca con un mantel azul que alguien dejó en el aula de la Sociedad de Socorro. Lava los cuellos de sus camisas en la pileta del baño. De un modo extraño, esta vida primitiva le recuerda a su misión, menos la malaria, los monos, las erupciones tropicales y parásitos intestinales. Se siente veinte años más joven.

Noches Largas

Richard yace allí, los dientes castañeteando, la noche como una incomodidad sin fin mientras piensa en Linda y Scotty. ¿Quiénes son sus más cercanos amigos, cuáles son sus hobbies, sus libros favoritos, sus aspiraciones, esperanzas, deseos? El no lo sabe. ¿Qué es lo que temen? ¿A la oscuridad, la niebla, el viento, los rayos? ¿A qué le temen más? De pronto Richard lo sabe. El darse cuenta es como un golpe de agua fría. A la soledad y la separación –  a esto es lo que más temen.

Atrapado

La Hermana Grover, quien regresa a la iglesia tarde en la noche para recuperar una partitura de piano olvidada, descubre a Richard caminando por el pasillo, desnudo y ligeramente húmedo, envuelto sólo por un mantel azul. Ella se congela, su rostro tan blanco como una pared de bloques, su boca un orificio oscuro y profundo.  Ella huye. Richard considera perseguirla por la playa de estacionamiento para explicarle. En cambio, se retira rápidamente a su oficina.

Relevo

Carta de renuncia de Richard a la Primera Presidencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, un párrafo: ¿De qué le aprovecha a alguien tener la alabanza de los hombres sin tener la de su propia familia? Fui a realizar el trabajo del Señor pero teniendo a la vista mis propios fines. Di de menos a aquellos que estaban más cerca de mí. Me convertí en un extraño para mi familia. Estaba desesperado porque me recordaran extraños y relaciones circunstanciales. Perdí la perspectiva.

Nuevo Llamamiento

Richard enseña la clase de la Escuela Dominical a jóvenes de catorce y quince años. Un cuestionario que Richard da a sus estudiantes el primer domingo juntos:

1)      Nombra dos de tus amigos más cercanos

2)      Nombra uno de tus hobbies

3)      ¿Cuál es tu grupo musical favorito?

4)      ¿Cuál es tu deporte favorito?

5)      ¿Cuál es tu canción favorita?

6)      ¿Cuáles son tus aspiraciones, esperanzas y deseos?

Eritrofobia (Rhodophobia)

Richard presenta un profundo e inexplicable temor al color rojo. Observando el carmesí intenso de la mermelada de frambuesa que Linda prepara cada año, siente un trastorno de indisposición en el bajo vientre.

Higiene Dental

Richard se cepilla tres veces al día y utiliza hilo dental regularmente. Visita al dentista dos veces al año. Sus dientes son blancos, duros como el granito.

Jubilación

La genealogía consume a Richard. Traza su linaje hasta Adán, desilusionado por no poder ir más atrás. Habla orgullosamente del largo viaje de Richard Mordecai Golightly a través de las planicies pero se vuelve reticente cuando Linda le recuerda que está emparentado lejanamente con Benedict Arnold * por su lado paterno.

*Nota del traductor: Benedict Arnold fue un general norteamericano que, en medio de la guerra por la independencia, se pasó al bando inglés. A partir de esos hechos, para el imaginario colectivo estadounidense, su nombre es sinónimo de traición, no confiabilidad y toda bajeza humana concebible.

Un Vicio Secreto

Escondida en la despensa, detrás de una bolsa de cincuenta libras de porotos negros, Richard guarda una caja de Dr. Pepper**. No lo puede evitar. Le encanta el sabor.

**Nota del Traductor: Dr. Pepper es una antigua gaseosa americana. Algunos miembros cuestionan su contenido de cafeína, similar al de las bebidas cola.

Segunda Misión

Agobiado, encogido, la mitad de lo que solía ser, Richard inicia y culmina el día con un gran vaso de Metamucil. Pero aún acepta el llamamiento de trabajar en la enlatadora de la estaca. Por causa de las muchas quejas se le prohíbe manejar el grifo del pimiento jalapeño durante la producción de salsa.

Richard trata de explicarle a Linda que él creía que a todos les encantaba la salsa picante.

Años Dorados

Richard no puede recordar los nombres de todos sus nietos y bisnietos. En las reuniones familiares preside sobre la gran congregación y sonríe para sí mismo, preguntándose cómo se habrá sentido Abraham al contemplar las arenas del mar.

Ayuda Internacional

Una carta de Richard a Edward Magugavi, un párrafo: Me enviaron una foto tuya. En verdad, estás demasiado delgado para tener ocho años. Pero es comprensible. He visto Comidas Bizarras en el Canal de Viajes. Tengo una idea aproximada de lo que se come en Zimbawe. En Honduras, comí una vez vejiga de cabra rellena con cierta especie de calabaza. No fue agradable. ¿Te conté que viví en Honduras por dos años? Conozco algo de enfermedades tropicales.

Espero que los veinte dólares que te envío cada mes lleguen a tu plato. Si no, házmelo saber. Te los enviaré directamente a ti.

Sonríe, Eddie. Espero que no te moleste que te llame así. La vida mejorará. Pronto el gran Jehová declarará su obra terminada e introducirá mil años de paz. Será el paraíso, con mucho para comer. Nada de gusanos y disentería. El paraíso te espera, pero no te confíes en ello. Vive la vida al máximo. Abraza a tu hermano. Besa a tu madre. Encuentra el paraíso ahora.

Muerte

La sensación de flotar, el tañido de campanas, un largo túnel de luz que conduce hacia arriba. Richard se desliza entre las oleadas de neblina blanca. Un hombre con túnica blanca suelta lo recibe

“Hermano, sígame”, dice el hombre. “Tanto trabajo para hacer, tan poco tiempo”.

“Usted me resulta familiar” dice Richard “¿Lo conozco?”

El hombre se detiene. “Olvidé presentarme” Adelanta su mano. “Somos familares por el lado de tu padre. Arnold fue mi nombre, Benedict Arnold”.

Del otro lado del velo, del otro lado de la ciudad, Baxter, el nieto de Richard de ocho años está frente al espejo probándose una plaqueta negra con las palabras Futuro Misionero inscriptas en ella.

Publicado en Dialogue: A Journal of Mormon Thought, Abril 1, 2011

Traducido por Mario R. Montani

 

Nota:

En mi correspondencia personal con Ryan Shoemaker se mostró complacido y halagado de que una de sus historias fuese traducida y compartida por este medio. Ryan vive en Burbank, California, con su esposa y dos hijos. Ha publicado en The MacGuffin, Irreantum, Santa Mónica Review, Natural Bridge y Dialogue. Sirvió su misión en Italia, pero las muchas historias de sus amigos que lo hicieron en Sudamérica le ayudaron en la construcción de Richard Golightly