Espíritu y Música – Carta Nº 6 – Merrill Bradshow

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Espíritu y Música

Cartas a un joven compositor mormón

Carta Nº 6 Merrill Bradshow

Traducción Julián Mansilla

Carta número Seis

Querido amigo/a,

Mi carta anterior sobre el estilo puede haber parecido querer esquivar algunos otros temas. Pero creo que lo que tengo que decir en esta carta llenará algunos de esos vacíos. Me gustaría hablar sobre “música mormona“.

En tu vida y la mía hemos visto algo de polarización entre la gente en diversos campos de la música. Cada uno tiene un tipo de música que le gusta, personas que suministran la música que necesitan, y una gran desconfianza de la que desconocen. Me niego a tomar partido en este altercado. Yo digo, “una bendición sobre todos sus esfuerzos justos.”

Pero como ya he insinuado en mi última carta, para ser justos, no considero negarme a escuchar la de un lado o la del otro. Por lo tanto, la pregunta es la siguiente: ¿Cómo podemos construir puentes entre los diferentes grupos culturales en el reino para que puedan escucharse unos a otros?

Permítanme dar un rápido fundamento filosófico-teológico para mi posición. El mormonismo es diferente del resto del cristianismo de una manera muy importante: Creemos que ha habido repetidas y válidas revelaciones del plan de Dios desde el cielo a lo largo de la historia de la humanidad. Creemos que no todas estas revelaciones están contenidas en la Biblia ni en las escrituras modernas, ni se limitan a los dos o tres lugares principales con los cuales se identifican las escrituras existentes. Emerge, más bien, un cuadro con muchas culturas diferentes, lugares y eras, cada una parte de un gran plan maestro en los cielos para la salvación de todos los hijos de Dios. Las profecías en las escrituras de nuestro tiempo hablan de la “restitución de todas las cosas” o “reunir en una todas las cosas desde el comienzo del mundo“, es decir, una síntesis viva de elementos espirituales y culturales en una sociedad celestial. Tampoco esta síntesis es una fuerza que obliga a la uniformidad en todas nuestras composiciones. Lo veo emergiendo de la totalidad del esfuerzo musical en nuestra cultura, no como algo que se le impone. Así, el estilo de un compositor puede diferir mucho de otro sin alterar el equilibrio que requiere la síntesis. Después de todo, el hilo común a todas las obras en el reino y que mantiene unida la síntesis se encuentra en el Espíritu, no en el estilo.

Es mi opinión que todos aquellos que están tratando de construir el Reino estén  comprometidos en una u otra faceta de crear esa síntesis espiritual que nos hará a todos celestiales al final. Por lo tanto, me parece ridículo que se generen contiendas con el otro acerca de cuál de los estilos del mundo debemos adoptar. Debemos adoptar lo que es espiritualmente apropiado para las necesidades del Reino y crear nuestra propia música de cualquier recurso disponible y que valga la pena. Me niego a excluir cualquier cosa que pueda servir a un propósito espiritual.

El reino tiene necesidad de muchos tipos de música: Los santos no dejan de necesitar entretenimiento después de bautizados, ni tampoco dejan de necesitar inspiración musical, consuelo, ni música para trabajar, música como desarrollo artístico, o la música divertida. En resumen, necesitamos música de todo tipo.

Lo que todo esto me dice es que necesito saber y absorber lo más que pueda sobre todos los estilos y técnicas, sobre todos los diversos tipos de música para poder construir puentes, para que los santos adoren, trabajen, canten y jueguen juntos. Necesitamos escribir música que ayude en los programas de la Iglesia, música que represente las más altas aspiraciones de los santos por el logro artístico, la música que entretiene, la música que consuela. Hay espacio, sí, hay un hambre de todo tipo de música en el reino.

Las escuelas de pensamiento en el mundo de la música son aficionadas a alinearse con esta o aquella tendencia histórica y menospreciar todas las otras tendencias como históricamente insignificantes. No te dejes atrapar por esto. Hay, en esta dispensación, sólo un sistema que está destinado a perdurar y ese es Su sistema. Abarca el bien de todos los demás sistemas. Así, podremos adoptar o adaptar el mundo, pero en el largo plazo, si queremos hacer contribuciones que perdurarán, tendremos que hacerlos a través del Reino.

Es por eso que encarnar el espíritu en su música es tan importante. Esas adaptaciones e influencias de estilo que en última instancia son incómodas para el Espíritu finalmente morirán, y serán expulsadas. Aquellas que capturan el Espíritu vividamente, inspirarán y edificarán a los santos, perdurando en sus corazones.

Permítanme resumir lo que tenemos que hacer – aprender todo lo que hay que saber acerca de nuestro arte, ganar habilidad consumada en aplicar lo que sabemos para construir el Reino, vivir para tener el Espíritu en nuestras vidas para que podamos tener sustancia a nuestro arte y algo eternamente significativo que decir a nuestros hermanos santos.

Nadie más va a hacer estas cosas. Un compositor del “ámbito internacional” no va a entrar en la Iglesia para hacerlas por nosotros. Los que somos y pertenecemos al Reino debemos hacerlas. ¡Tú y yo! ¿Quieres una actividad significativa? ¡Es esta! El Señor no nos ha bendecido con nuestros talentos sólo para engrosar el mundo. Él nos ha bendecido para que podamos construir el Reino, edificar a los santos, y glorificarlo a Él que nos dio todo. Esto no puede esperar hasta que cumplas 50 o 60. Tienes que comenzar ahora.

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