Los Tres Nefitas en el Texto y en el Folklore – Primera Parte

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LOS TRES NEFITAS

En el texto y el folklore

Primera Parte

Por Mario R. Montani

Imagino que muchos preferirían la grafía castellanizada folclor o folclore, como hemos pasado del quórum a cuórum, pero, al menos en algo, permítanme ser conservador y mantener la palabra como la reconozco.

La historia de los Tres Nefitas aparece en el Libro de Mormón:

Y cuando les hubo hablado, se volvió hacia los tres y les dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros, cuando haya ido al Padre? Y se contristó el corazón de ellos, porque no se atrevían a decirle lo que deseaban. Y él les dijo: He aquí, conozco vuestros pensamientos, y habéis deseado lo que de mí deseó Juan, mi amado, quien me acompañó en mi ministerio, antes que yo fuese levantado por los judíos. Por tanto, más benditos sois vosotros, porque nunca probaréis la muerte; sino que viviréis para ver todos los hechos del Padre para con los hijos de los hombres, aun hasta que se cumplan todas las cosas según la voluntad del Padre, cuando yo venga en mi gloria con los poderes del cielo. Y nunca padeceréis los dolores de la muerte; sino que cuando yo venga en mi gloria, seréis cambiados de la mortalidad a la inmortalidad en un abrir y cerrar de ojos; y entonces seréis bendecidos en el reino de mi Padre. Y además, no sentiréis dolor mientras viváis en la carne, ni pesar, sino por los pecados del mundo; y haré todo esto por motivo de lo que habéis deseado de mí, porque habéis deseado traer a mí las almas de los hombres, mientras exista el mundo. Y por esta causa tendréis plenitud de gozo; y os sentaréis en el reino de mi Padre; sí, vuestro gozo será completo, así como el Padre me ha dado plenitud de gozo; y seréis tal como yo soy, y yo soy tal como el Padre; y el Padre y yo somos uno”. (3 Nefi 28: 4-10)

Teológicamente, entendemos este relato como un caso de seres trasladados, aquellos que, por algún motivo, reciben una transformación en sus cuerpos que les permite seguir viviendo para cumplir ciertos propósitos de Dios. A la lista podríamos agregar a Juan, el Amado, Elías, y probablemente, Moisés.

Más adelante, en el mismo capítulo, Mormón interpola sus comentarios sobre ellos:

Y ahora yo, Mormón, dejo de escribir concerniente a estas cosas por un tiempo. He aquí, estaba a punto de escribir los nombres de aquellos que nunca habían de probar la muerte, pero el Señor lo prohibió; por lo tanto, no los escribo, porque están escondidos del mundo.

Mas he aquí, yo los he visto, y ellos me han ministrado. Y he aquí, se hallarán entre los gentiles, y los gentiles no los conocerán. También estarán entre los judíos, y los judíos no los conocerán. Y cuando el Señor lo considere propio en su sabiduría, sucederá que ejercerán su ministerio entre todas las tribus esparcidas de Israel, y entre todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos; y de entre ellos llevarán muchas almas a Jesús, a fin de que se cumplan sus deseos, y también por causa del poder convincente de Dios que hay en ellos. Y son como los ángeles de Dios; y si ruegan al Padre en el nombre de Jesús, pueden manifestarse a cualquier hombre que les parezca conveniente. Por tanto, ellos efectuarán obras grandes y maravillosas, antes del día grande y futuro, cuando todos ciertamente tendrán que comparecer ante el tribunal de Cristo; sí, aun entre los gentiles ejecutarán ellos una obra grande y maravillosa, antes de ese día de juicio”. (3 Nefi 28:24-32)

De modo que, aunque el Libro de Mormón provee los nombres de los doce discípulos escogidos en América, no sabemos exactamente cuáles son estos tres por causa de la prohibición recibida por Mormón, lo cual ha agregado algo de misterio adicional al asunto.

Comencemos por la entrada sobre el tema que William Wilson ha escrito para la Encyclopedia of Mormonism:

“Los relatos Santo de los Ultimos Días sobre los Tres Nefitas conforman uno de los ciclos de leyendas religiosas más sorprendente de los Estados Unidos. Si bien guardan cierta semejanza con las historias del profeta Elías en el folklore judío, o las de los santos cristianos en la tradición católica, las narraciones acerca de los Tres Nefitas son claramente mormonas. Formando parte de un cuerpo mayor de narrativas SUD tradicionales, estas historias no son doctrina oficial ni se publican en la literatura oficial. A medida que la recién fundada Iglesia aumentaba sus fieles, una creciente cantidad de historias comenzó a circular entre la gente, contando sobre amables ancianos, usualmente considerados los tres discípulos nefitas, que habían aparecido a individuos que se hallaban en peligro físico o espiritual, los ayudaron a resolver sus problemas, y entonces desaparecieron de repente.

Al cubrir un siglo y medio de historia SUD, estas narrativas reflejan muy bien los cambiantes entornos físicos y sociales en los cuáles los Santos de los Ultimos Días han encontrado sus pruebas de fe. Por ejemplo, en la sociedad agraria previa a la Segunda Guerra Mundial, las historias cuentas acerca de los nefitas guiando a carretas de pioneros hacia pozos de agua, salvando a un granjero de una tormenta de nieve, proveyendo remedios naturales para una enfermedad, arando un campo para que su propietario pudiese cumplir sus responsabilidades en la Iglesia, o entregando comida a misioneros hambrientos. En el mundo contemporáneo, las historias hablan de los nefitas conduciendo a genealogistas SUD a dificultosas fuentes en las bibliotecas, sacando a un joven de un lago después de un accidente en canoa y administrándole respiración artificial, deteniéndose para arreglar el horno de una viuda, guiando a motociclistas perdidos en una tempestad, consolando a una mujer que perdió a su esposo e hija en un accidente de aviación, y sacando a misioneros de un coche incendiado en la autopista.

Aunque el entorno de las historias más recientes ha cambiado de los pueblos pioneros con un camino vecinal serpenteante del pasado a un escenario urbano con autopistas ruidosas como fondo, algunas circunstancias han permanecido constantes. Los Tres Nefitas continúan bendiciendo a la gente y, al contar estas historias, los Santos de los Ultimos Días siguen testificando sobre la validez de las enseñanzas de la Iglesia y estimulando la obediencia a ellas. Las historias continúan proveyendo a los fieles con un sentimiento de seguridad en un mundo incierto, convenciéndolos de que así como Dios ayudó a los pioneros a vencer un mundo físico hostil, del mismo modo ayudará a los fieles a soportar las maldades de una sociedad urbana. En su conjunto, por tanto, las historias siguen brindando comprensión sobre los corazones y mentes de los Santos de los Ultimos Días y de las creencias que los mueven a la acción”.

Con el paso de los años se han acumulado varias colecciones de relatos y estudios sobre el tema:

The Three Nephites: The Substance and Significance of the Legend in Folklore, Lee, Hector, Publicación de la Universidad de New Mexico, Language and Literature, nº 2, Albuquerque, New Mexico, 1949.

The Three Nephites, Ogden Kraut, Salt Lake City, Utah, Kraut, 1969.

The Three Nephites, Glen W. Chapman, compilador

The Three Nephites and Other Translated Beings, Bruce E. Dana

Freeways, Parking Lots, and Ice Cream Stands: The Three Nephites in Contemporary Society. William A. Wilson, Dialogue 21 (Fall 1988):13-26.

About the Three Nephites, Douglas & Jewel Beardall, Provo, Utha, LDS Books, 1992.


Algunos de los recopiladores reclaman tener más de 1500 relatos sobre los elusivos nefitas.

Si bien ahora la Iglesia los descarta o, al menos, no los promueve, en el primer siglo de la historia de nuestra institución formaban parte tanto de los discursos como de las publicaciones oficiales

En 1909, E.D. Partridge, de la Universidad de Brigham Young, escribió un interesante artículo en la Improvement Era titulado ‘The Three Nephites: Did One of Columbus’s Sailor See Them?’ (Los Tres Nefitas: ¿Fueron Vistos por uno de los marinos de Colón?)

Basándose en el texto de “Vida y Viajes de Cristobal Colón” de Washington Irving, Partridge encontró varios párrafos que parecen coincidir con las profecías del Libro de Mormón (1 Nefi 13:12), pero hay uno especialmente llamativo. El relato tiene que ver con el segundo viaje del navegante genovés, cuando, al pasar por las costas de Cuba, ancló cerca de un hermoso grupo de palmeras:

“Aquí, una partida fue enviada a la playa en busca de leña y agua; y hallaron dos manantiales en medio del bosque. Mientras se encontraban ocupados cortando leña y llenando los barriles con agua, un arquero con su ballesta en busca de presa se topó con nativos, pero escapó con grandes muestras de terror, pidiendo ayuda a los gritos a sus camaradas. Declaró que, sin haber avanzado mucho, divisó en un claro a un hombre con larga vestimenta blanca, semejante a los frailes de la orden de Santa María de las Mercedes, el que a primera vista tomó por el capellán del Almirante. Otros dos le seguían con túnicas blancas que les llegaban hasta los tobillos, y los tres eran de tez blanca, como si fuesen europeos. Detrás de ellos aparecieron más, una treintena, armados con palos y lanzas. No dieron muestras de hostilidad sino que permanecieron tranquilos, y únicamente el hombre de las blancas vestiduras avanzó para abordarlo. Pero, alarmado por su número, él huyó al instante en busca de sus compañeros. Estos últimos, sin embargo, intimidados por el informe de nativos armados, no tuvieron el coraje de buscarlos o esperar su llegada, sino que se apresuraron a regresar a las naves”. (Washington Irving, Vol. 6, The Life and Voyages of Christopher Columbus, New York, Peter Fenelon Collier, 1897, pag.329)

Irving, reconociendo que Colón envió dos expediciones infructuosas en su búsqueda, se disculpa por incluir este asunto en su registro, ya que jamás se descubrió en Cuba una tribu que usase vestimentas, por lo que debía tratarse seguramente de un error o una mentira.

Partridge estaba convencido de que se trataba de los Tres Nefitas (Improvement Era 7:621-624)

Las historias relacionaban a los probables antiguos discípulos americanos con la guerra civil norteamericana, el establecimiento de la Constitución, el viaje al oeste, el descubrimiento de agua en el desierto y la prédica a los lamanitas.

“Las historias de los Tres Nefitas son de milagroso poder, profecía, o guía espiritual a personas en todo el mundo. Los tres hacen repentinas apariciones y desapariciones; realizan tareas hercúleas, más allá de las capacidades de los mortales; preanuncian e instruyen con divina guía; y otorgan diversos tipos de bendiciones sobre los justos en todo lugar”. (The Three Nephites: The Substance and Significance of the Legend in Folklore, Lee, Hector, Albuquerque, New Mexico, 1949, pag 7)

En el mes de septiembre de 1938, en Portland, Oregon, el Presidente William R. Sloan, relató el siguiente incidente:

“Era una fría noche, hacia fines de noviembre, y en el hogar de William Huntington la familia se reunió frente al fuego en la espaciosa cocina. Después de cenar y finalizar con las tareas, era habitual en la familia traer sus instrumentos musicales y sentarse frente a los troncos ardientes para ejecutar antiguas tonadas e himnos, incluso algunos aires más alegres, aunque no los bailaban.

El abuelo Huntington tocaba el contrabajo, su hija Zina, el cello, William, la corneta y Dimick, el tambor. Había cinco hijos y dos hijas; la mayor, Presenda, estando casada, vivía a cierta distancia de ellos. Era una feliz familia de Nueva Inglaterra, viviendo vidas puras y limpias al estilo Puritano. Cuando la música cesó y se hizo silencio en el grupo, se oyó un golpe en la puerta, y, al abrirla, un extraño y anciano caballero, de mediano peso, vestido con ropas antiguas y portando un bulto en sus brazos, apareció e ingresando al cuarto dijo: “Usualmente dirijo mis pasos hacia algún valle apartado. ¿Podría tener alojamiento aquí esta noche?”

Con una cordial bienvenida fue invitado y se le dio lugar junto al fuego en una vieja y cómoda silla de granja, y mamá Huntingon le preguntó si gustaría comer algo, a lo que, modestamente, contestó que sí. Entonces una buena cena de Nueva Inglaterra se desplegó ante él, con leche, miel, jarabe de arce, carne fría, delicioso pan casero y manteca. Cenó livianamente mientras la familia hablaba en voz baja. Era la costumbre leer una porción de las escrituras antes de ir a la cama. Nuevamente se unió al círculo, y papá Huntington comenzó a leer de la Biblia, un pasaje del Nuevo Testamento, que todos escucharon atentamente. La abuela Huntington hizo algún comentario sobre el hecho de que les gustaría escuchar el evangelio en su plenitud, como lo explicaba y enseñaba el Salvador. El extraño inmediatamente siguió con el tema y comenzó a explicar las escrituras y citarlas con una nueva luz y mayor belleza de la que jamás antes se les hubiese enseñado. Escucharon con suma atención cada una de sus palabras. Tanto mamá como papá Huntington estuvieron de acuerdo con sus explicaciones, mientras los muchachos intercambiaban miradas de admiración y la hija, Zina, estaba como hechizada observando desde su silla al extraño con reverencia. Después de una hora de conversación sobre estos temas sagrados, papá Huntington ofreció las oraciones, mamá Huntington preparó un confortable espacio de descanso para el forastero y se desearon las buenas noches, los jóvenes yendo escaleras arriba, papá y mamá Huntington a su dormitorio al que se llegaba desde la cocina, y Zina, en su pequeña cama escuchó a los padres hablando bajo sobre el maravilloso extraño y las cosas que había dicho. El forastero los había colmado de asombro y reverencia, a un grado que jamás habían sentido. En la mañana estaban todos animados y en horas tempranas, como es usual en una granja cuando hay tanto para hacer, adentro y afuera.

El extraño se sentó plácidamente observando a esta notable familia, con quienes desayunó. Lo invitaron a quedarse con ellos, pero dijo que tenía otros lugares  para visitar y los abandonó cerrando la puerta suavemente. Cuando papá Huntington vio partir al forastero, envió a Dimick tras él para pedirle que regresase. Abrieron la puerta para llamarlo a voces, pero no se encontraba a la vista. Cuando observaron el umbral en el que se había acumulado la nieve de la noche anterior, no encontraron rastros de huellas, y los muchachos, corriendo en todas las direcciones dijeron que se había desvanecido. Papá Huntington observó que era la persona más extraña que había conocido, que no podía entender adónde había ido, pero que les había mostrado el evangelio bajo una nueva luz.

Mamá Huntington sintió que el extraño era algún tipo de mensajero de los cielos, y toda la familia quedó profundamente impresionada con su maravillosa influencia y la hermosa manera de explicar las escrituras.

Cuando el Evangelio de vida y salvación les fue traído por Hyrum Smith y otros Elderes, parecía coincidir con lo que el forastero les había dicho sobre la Biblia y la restauración del Evangelio. Toda la familia, con excepción de uno, aceptó el Evangelio y se preparó para emigrar a Kirtland en algunos años; allí conocieron al Profeta de Dios, Joseph Smith, y se transformaron en sus fieles amigos y leales seguidores.

En cierta ocasión en que el Profeta Joseph se encontraba hablando sobre los Tres Nefitas, el hermano Huntington le contó este incidente. Puso las manos sobre su cabeza y le dijo:  ‘Mi querido hermano, ese hombre era uno de los Tres Nefitas, quien vino a prepararlo para la restauración del Evangelio y su aceptación’” (Assorted Gems of Priceless Value, by N.B. Lundwall, pp. 20-22)

Años más tarde, uno de los hijos de ese matrimonio, Oliver B. Huntington, escribiría en su diario personal:

“Desearía declarar que los nombres de los Tres Nefitas, que no duermen en la tierra, son Jeremías, Sedecías y Kumenoni”. (Diarios de Oliver B. Huntington, 2:367)

De dónde obtuvo esa información, no está claro. Pero, como veremos más adelante, hay otras propuestas de identificación…

Muy recientemente, el Elder Jeffrey Holland se ha referido a ellos:

“Estos tres Nefitas continúan en su estado trasladado hoy, como cuando viajaban por las tierras de Nefi. En cierto momento, Mormón está a punto de revelar sus nombres a los lectores de los últimos días, pero un mandato del Señor le prohíbe hacerlo. Sin embargo, ellos tres ministraron a Mormón y Moroni, y aún deberán ministrar entre los judíos, los gentiles, y las tribus dispersas de Israel, sí, toda nación, tribu, lengua y pueblo”. (Jeffrey R. Holland, Christ and the New Covenant: The Messianic Message of the Book of Mormon, p.307)

Continuará en la Segunda Parte///

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2 comentarios el “Los Tres Nefitas en el Texto y en el Folklore – Primera Parte

  1. Federico dice:

    Esperamos que pronto pueda aparecer la continuación de este artìculo. Gracias

  2. muy instructivo e igual a la espera de la segunda tercera o cuantas sean las partes y gracias bendiciones por esfuerzo y ayuda a nosotros los neofitos en estos temas

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