Eugene England y el paradigma del intelecutal mormón

Perfiles

Eugene England

Y el paradigma del intelectual mormón

Si alguien ha influenciado mi vida, con sus ideas y visión del evangelio, durante los últimos 25 años, ha sido Eugene England, quien, junto a su mentor Lowell Bennion, jamás vio publicadas sus obras en Bookraft o Deseret News (las editoras propiedad de la Iglesia), pues algunos de los Apóstoles los consideraban “poco ortodoxos”. Sin embargo, con el paso del tiempo, la Iglesia terminó aplicando sus propuestas, o alguna muy similar, en la resolución de problemas conflictivos. Su legado como educador, creador de Dialogue: a Journal of Mormon Thought y la Asociación de Letras Mormonas, activista en pro de los derechos humanos y de las minorías sigue extendiéndose aún después de su muerte. Sus escritos han resultado imperecederos y continuarán moldeando a la comunidad de los Santos dondequiera que se encuentren.

Por Mario R. Montani

Eugene en brazos de su mamá (1933)

George Eugene England, Jr nació en Logan, Utah, el 22 de Julio de 1933, hijo de Dora Rose Hartvigsen y George Eugene England, Sr.  Sus padres eran ambos graduados de la Utah State Agricultural College. Su hermana, Ann, nació después del traslado de la familia a Downey, Idaho. Allí, su padre enseñó en el seminario de la Iglesia mientras aplicaba nuevas técnicas de cultivo y cierta sagacidad comercial para iniciar una exitosa granja con trigo de baja irrigación.

Eugene England en 1935

En el jardín de infantes Eugene conocería a su amigo de toda la vida, Bert Wilson. Años más tarde, Bert recordaría:

“Nuestra amistad se fue formando lentamente porque nosotros vivíamos del otro lado de las vías en una casa del ferrocarril mientras que Eugene y su familia estaban en la parte alta de la ciudad. Pero gradualmente nos reconocimos el uno al otro como compañeros del alma. Siendo muy jovencitos, decidimos hacernos los héroes y acampar en lo alto de la granja de los England. Armamos la tienda, desplegamos nuestras frazadas, encendimos un fuego y rostizamos las salchichas. Eugene se sentó muy cerca de las llamas de modo que sus pantalones se encendieron y tuvo que saltar al arroyo cercano para apagarlo. Pasó toda la noche y la mañana siguiente con los zapatos mojados. Cuando estábamos a punto de dormirnos, una criatura salió rugiendo de los matorrales y nos asustó terriblemente. Era el padre de Eugene que vino, según dijo, a revisar algo de la granja. Eugene era muy travieso y yo no me quedaba demasiado atrás. Mi mamá, maestra en la Escuela Dominical, jamás lograba contener su inacabable energía y espíritu alegre, aunque admitía con cierto pesar que nunca podía armar una pregunta que él no contestase inmediatamente. Nuestra maestra de cuarto grado, Miss Salvesen, castigaba nuestra mala conducta haciéndonos copiar una página del libro de historia por cada una de nuestras transgresiones. Al finalizar el día, a veces teníamos varias páginas de historia para copiar antes de poder volver a casa. Cuando descubrimos que Miss Salvesen no leía realmente las páginas sino que simplemente las contaba, nos memorizamos la página más corta del libro y la escribimos tantas veces como nos fue posible en nuestros ratos libres – una especie de mala conducta a cuenta para futuras necesidades. En sexto grado, todos los varones nos enamoramos de nuestra joven maestra, Miss Gilbert, y tratábamos de llamar su atención con tontas payasadas, las cuales, por un lado le agradaban, pero, por otro, la obligaban a castigarnos. Cuando llegó nuestro primer boletín de notas, Eugene tenía A en todas las materias académicas, pero una D en “comportamiento” – circunstancia que no ponía a muy contenta a su estricta madre. Mi calificación en comportamiento era C, y debe haber sido la única vez que tuve una nota más alta que Eugene en cualquier materia.

El curso de 2do grado. Eugene y Bert en la fila de atrás, los primeros de la izquierda (1941)

En vez de vender su cosecha a un intermediario, el papá de Eugene compró un elevador y un silo, almacenando su grano hasta obtener un mejor precio. Muy jovencito, Eugene se transformó en el operador del elevador, encendiéndolo cada vez que traían un camión cargado con lo que se cosechaba en la granja, y apagándolo cuando se vaciaba. El elevador se encontraba del otro lado de las vías y de nuestra casa. Eugene sabía exactamente cuánto tiempo tenía entre cada carga, así que, inmediatamente después que terminaba con una, aparecía en casa, o yo iba hasta el elevador. Pasamos casi toda la cosecha juntos. Antes de que el silo se llenara con grano, con otros niños del vecindario, nos metíamos adentro por la puerta-trampa del fondo con nuestras pistolas de goma. Algunos nos colocábamos contra una de las paredes y los otros, en la de enfrente. Entonces apuntábamos nuestras armas, confeccionadas con trozos de madera, tiras de goma de cámaras de aire en desuso y alfileres. Eugene cerraba la puerta y nos reposicionábamos en plena obscuridad. Alguien gritaba “¡Fuego!” y los proyectiles volaban por el silo produciendo aullidos de dolor cuando daban en el blanco. Aún me sorprende que alguno de nosotros no haya quedado ciego. Aunque Eugene fue por siempre mi mejor amigo, pronto me di cuenta que su abrazo era demasiado grande para incluirme sólo a mí. Se estaba transformado en uno de esos raros individuos con un intelecto brillante, personalidad magnética y una preocupación compasiva por todos los que conocía. Aún de pequeño, Eugene era muy diferente del resto de los jóvenes en nuestra comunidad rural. Leía libros, amaba las ideas y amaba hablar sobre ellas. Es probable que me haya convertido a mí a la literatura, mientras dormíamos bajo el cielo estrellado de Idaho y hablábamos toda la noche de los nuevos mundos descubiertos en los libros…” (Dialogue: A Journal of Mormon Thought 35, Nº 1 (Primavera 2002), pags. 1 a 6)

Ya adolecente, la familia se mudó a Salt Lake City. En su escuela, la East High, comenzaron a llamarlo “Gene” y también conoció a quien sería su futura esposa. Después de graduarse, asistió  a la Universidad de Utah, para diplomarse en matemáticas y se unió a la fraternidad Sigma Chi. En el primer año publicó un cuento semi-autobiográfico, “Pinocchio”, en Pen, la revista literaria de la Universidad. Por esa época también se inscribió en el ROTC (Cuerpo de Entrenamiento para Oficiales de la Reserva, es un programa universitario ofrecido en muchos campus que prepara a los candidatos para convertirse en oficiales de las fuerzas armadas. A cambio de estudios superiores pagos y una carrera garantizada, los estudiantes se comprometen a servir en las Fuerzas Armadas después de graduarse). Al año siguiente, su amiga de la secundaria, Charlotte Hawkins, ingresó a la universidad y Gene no perdió tiempo en invitarla a salir.

Contaría Charlotte:

“Cuando Gene y yo nos hallábamos en la etapa de cortejo mi madre estaba un poco preocupada por mi bienestar. Para ella era una especie de loco que provocaba la locura en su hija. ¡Tenía toda la razón! Nuestras citas variaban entre lo tonto, lo tierno y lo serio. Nos reíamos juntos con Pogo, nuestro filósofo favorito de las historietas. Escalamos el Lamb’s Canyon en un caluroso día de verano para descubrir que habíamos dejado la limonada allá abajo, en el auto. Años después, Gene dijo que lo había hecho a propósito para observar mi reacción (¡A menudo encontraba excusas muy creativas para sus errores!). Aparentemente pasé la prueba porque un domingo a la mañana, en la Manzana del Templo, me sorprendió con un anillo de diamantes (Gene lo había comprado con los ahorros de su trabajo nocturno como conserje).

Nos sentíamos tan cómodos el uno con el otro que era natural desear estar juntos. Buscamos buenos profesores como Lowell Bennion, quien nos proporcionó una guía invaluable en su clase de “Cortejo y Matrimonio”, y Marion D. Hanks, quien nos ayudó a obtener un aprecio perdurable por las escrituras” (Dancing with Gene, Sunstone 121, Enero 2002, pags 12-13)

Charlotte fue también la patrocinadora del equipo de basquetbol del Barrio Edgehill, donde jugaba Eugene, el que logró llegar a la final del campeonato general de la Iglesia, pero tuvo que conformarse con el trofeo al mejor espíritu deportivo. Se comprometieron cuando Gene tenía 20 años y Charlotte, 19. El esperaba su llamamiento misional pero estalló la Guerra de Corea y el número de misioneros que la Iglesia podía enviar se vio repentinamente restringido. El Apóstol Spencer W. Kimball les aconsejó casarse y luego esperar un llamamiento a la misión, de modo que se sellaron en el Templo de Salt Lake, el 22 de Diciembre de 1953, Harold B. Lee fue el sellador.

1953 – Casamiento de Eugene y Charlotte.

Varios meses después recibieron ambos un llamamiento sorpresivo como compañeros en la Misión de Samoa. Partieron en Junio de 1954 para participar juntos de una experiencia que cambiaría sus vidas al entrar en contacto con otra cultura y visión del mundo. England recordaría esos momentos en un extenso trabajo que aparecería en BYU Studies 38 Nº 1 (1999), pags 170-185, bajo el título “Mission to Paradise” (Misión al Paraíso):

1954 – Despedida a la Misión en Samoa.

“Cuando despertamos, temprano por la mañana, observamos un mundo que habíamos anhelado frecuentemente pero jamás alcanzado a imaginar. Nos hallábamos anclados dentro de la bahía de Apia, Samoa Occidental, las olas sonando débilmente sobre los arrecifes a nuestras espaldas, los principales edificios de la ciudad reflejando rectamente el blanco con el sol apenas surgiendo, y más allá, todo tipo de sombra verde, sólidas matas de vida creciendo desde los acantilados verticales hasta cumbres que tocaban unas pocas nubes brillantes. Sabía que en la cima del primer cerro detrás de la ciudad, en Valima (Cinco Arroyos), se encontraba el blanquecino monumento de la tumba de Robert Louis Stevenson, quien, cuando construyó allí su casa, en 1890, dijo a los jefes samoanos reunidos: “he escogido esta tierra para que sea mi tierra, a la gente para que sea mi gente, con quienes vivir y morir”.

Charlotte y yo nos encontrábamos en un pequeño vapor, el Matua, proveniente de Suva, Fiji, donde habíamos esperado por diez días después del largo viaje desde San Francisco, via Hawai, en el transatlántico británico Oronsay. Habíamos sido llamados como misioneros de la Iglesia SUD en enero de 1954, unos meses después de nuestro casamiento, partimos en junio, y ahora, en julio, arribábamos, con dos grandes baúles, para predicar a los “nativos” por los próximos dos años y medio. Cuando recibimos nuestro llamamiento, una carta firmada personalmente por el Presidente de la Iglesia, David O. Mckay, buscamos todo sobre Samoa en la biblioteca de la Universidad de Utah. Aprendimos sobre la London Missionary Society, un grupo interdenominacional que llevó el cristianismo a Samoa en la década de 1830, quienes, junto a católicos y mormones, que vinieron después, conforman los tres grupos religiosos más importantes… A las ocho de la mañana, el presidente de la misión con traje blanco, Howard Stone, y su esposa, Maureen, llegaron a bordo para recibirnos. La mayoría de sus setenta misioneros eran jóvenes élderes solteros con asignaciones alejadas de las oficinas en Pesega, capacitando y supervisando nuevos líderes y enseñando en las escuelas de pequeñas poblaciones; las quince hermanas solteras permanecían en Pesega para enseñar en la gran escuela secundaria propiedad de la Iglesia. Una pareja casada era una novedad, y el Presidente Stone probablemente pensó en mantenernos en Pesega para enseñar, pero tuvo el coraje, después de unos días de descanso, de enviarnos a Vaiola (Agua Viviente), en Savai’i, una de las islas más grandes y “primitivas”. Fuimos acompañados por el Elder Martin Stephens, quien manejaba camiones en proyectos de caminos y construcción de capillas y el Elder Leroy Nalder, que supervisaba la plantación de la Iglesia en Vaiola. Tomamos un colectivo hacia el extremo occidental de Upolu y luego un transbordador hacia Savai’i, donde un inmenso y ceñudo oficial de policía (luego supimos que pesaba más de 200 kg), en blanco uniforme almidonado y respaldado por dos ayudantes, nos enfrentó en el embarcadero pidiendo nuestros papeles – los cuales procedió a confiscar mientras nos hablaba severamente en un incomprensible y rápido samoano. Los élderes nos dejaron sufrir un rato, incluso dijeron que deberíamos ir a la estación  de policía, y de pronto, todos comenzaron a reír. El policía nos devolvió los papeles y, en un inglés impecable, nos invitó a almorzar en su casa. Allí, mientras él devoraba platos de frutas y palomas asadas, supimos que este hombre, Fitisemanu, pertenecía a la realeza de Samoa, pero de joven había asistido a la escuela de la Iglesia en Pesaga y se había convertido en mormón. Después de sus estudios universitarios en Nueva Zelanda, lo habían exilado a este puesto menor pues la religión del estado era el protestantismo y no sería aceptable que un mormón permaneciese en los círculos reales, por lo que continuó con su educación y sirviendo en la Iglesia como traductor (recuerdo haber visto su nombre acreditado en la traducción de la Perla de Gran Precio)…”

Ese fue el comienzo de más de dos años de servicio, incluyendo un severo caso de envenenamiento de la sangre en Eugene, del que pudo salir gracias a la bendición de salud de los élderes, las oraciones de Charlotte y la intervención del curandero local…

En junio de 1956, Charlotte regresó a casa, después del nacimiento de su primera hija, Katherine, en Hawai, mientras que Gene permaneció en la misión hasta diciembre de ese año.

Con las experiencias recientes en su mente, England decidió dar un giro a sus estudios por lo que pasó del campo de las matemáticas a la literatura y la filosofía. Mientras finalizaba la carrera y funcionaba como editor de la revista Pen, su segunda hija, Josephine, nacía en Salt Lake City.

Después de su graduación, en 1957, Gene debía cumplir sus compromisos con el ROTC, por lo que fue asignado por la Fuerza Aerea a estudiar meteorología en el M.I.T (Instituto Tecnológico de Massachusetts). Durante esa etapa en Boston, los England hicieron perdurables amistades y recibieron a su tercer hijo, Mark. Por los siguientes dos años, Eugene sirvió en la Base de la Fuerza Aerea en George, California como oficial meteorólogo. Allí nació su cuarta hija, Jennifer.

Teniente Primero Eugene England (1959)

Finalizados sus compromisos militares, volvió a Salt Lake, a la Universidad de Utah, donde trabajó con Martin Erickson, Decano de Student Life y sirvió como consejero en el obispado de su barrio. Habiendo obtenido la prestigiosa Beca Danforth, inició sus estudios de posgrado en literatura inglesa en la Universidad de Stanford, donde tuvo como tutores al poeta Ivor Winters y al escritor Wallace Stegner. Trabajó como asistente graduado de Winters y le fue concedida la beca Wallace Stegner Creative Writing. También enseñó en el Instituto de Religión y sirvió como consejero en el obispado del barrio de estudiantes en Stanford. En esa etapa, nacieron Rebecca y Jane, sus hijas más pequeñas.

Durante la década de los ’60, Eugene participó en las iniciativas por la libertad de expresión, protestas contra la guerra y derecho a la vivienda, lo que le hacía pertenecer a dos mundos en aparente conflicto.

“En cada lugar me veían como a una persona totalmente diferente. Como un conservador ingenuo (aunque extrañamente del lado “correcto” en cuanto a Vietnam, el racismo y el alto costo educacional) cuando estaba en Stanford, y como un liberal peligroso (aunque extrañamente obediente, devoto y fiel) cuando estaba en la Iglesia”.

En 1966, desde Stanford, Eugene y su compañero universitario Wesley Johnson anunciaron la creación de una revista académica independiente que se enfocaría en la cultura mormona. Esa publicación cuatrimestral, Dialogue: A Journal of Mormon Thought (que ya lleva más de 50 años y ha conducido los debates ideológicos y culturales de buena parte de la membresía mormona), atrajo la atención de numerosos académicos Santos de los Ultimos Días. Eugene fue su editor en jefe hasta 1970, pero de la junta editorial participaron personas como el profesor de leyes en la Universidad de Chicago, Dallin Oaks (luego integrante del Consejo de los Doce) y Laurel Ulrich, profesora de Historia Americana en Harvard y ganadora del premio Pulitzer.

El graduado de Stanford inició así el editorial del primer número de Dialogue:

“‘Examinadlo todo: retened lo bueno’ (Pablo). Dichas palabras son el obvio inicio para considerar las posibilidades de un diálogo sobre la religión cristiana y su herencia cultural. Las palabras son familiares en nuestro tiempo. ‘Examinar. Analizar. Probar’. La demanda por re evaluaciones y pruebas y la presión hacia un profundo escepticismo continúa en nuestras universidades y cubre a nuestra sociedad en general. Las voces en contra del dogmatismo (especialmente el dogmatismo religioso) crecen en la tierra. Y allí se encuentra Pablo, quien trajo el cristianismo al mundo occidental, diciéndonos lo mismo. ‘Examinadlo todo’: considera todo; ve todas las posibilidades; examina tus prejuicios heredados y evalúa nuevamente aún tus más preciadas creencias; permanece abierto a lo que puede ser una nueva comprensión – una nueva fe. Pero, por supuesto, Pablo no era meramente escéptico. El Apóstol quería que diésemos a nuestra búsqueda un significado, no que permitiésemos que sirviese como una postura cómoda. También dijo, ‘retened lo bueno’: respeta las certezas tanto como las dudas, comprométete con lo bueno que encuentres, entrégate a las posibilidades que comienzan a comprobarse, vive la fe que te es dada en la búsqueda – sin importar cuán profundamente continúes poniendo a prueba esa fe y examinando otras”.

Pero no todos veían con agrado la iniciativa. En una entrevista que England y Johnson tuvieron con los líderes SUD del área de San Francisco, su presidente de Estaca les declaró: “Lo que planean parece muy bien pero, si lo llevan a cabo, jamás tendrán llamamientos de importancia en la Iglesia”.

En 1970 aceptó un puesto como Decano de Asuntos Académicos en Saint Olaf, una universidad luterana en Northfield, Minnesota. Allí completó su tesis doctoral sobre el poeta del siglo XIX, Frederick Tuckerman, contemporáneo de Ralph Waldo Emerson y Emily Dickinson, recibiendo de Stanford su diploma de Doctor en Literatura en 1974. Durante todo ese período sirvió como Presidente de Rama de una pequeña congregación dispersa entre varios condados.

1974 – Doctorado en Stanford.

Junto a un colega de la universidad editó A Teacher’s Faith and Values (La fe y los valores de un maestro), en el que proponía mantener el énfasis religioso en un momento en que otras universidades de origen confesional lo estaban perdiendo. Con su atractiva personalidad, Eugene se transformó pronto en un excelente y popular profesor, pero cuando algunos de sus alumnos comenzaron a mostrar interés en el mormonismo, ciertos padres se quejaron y le fue negada una cátedra en el Departamento de Inglés, por lo que abandonó St. Olaf en 1975.

La familia se mudó nuevamente a Utah, donde consiguió trabajo en la oficina del Historiador de la Iglesia, Leonard Arrington, mientras enseñaba en el Instituto de Religión. Aprovechando su posibilidad de acceso a los papeles de Brigham Young, escribió la biografía Brother Brigham. También publicó diversos artículos en revistas oficiales de la Iglesia como Ensign y New Era.

En 1976 fue uno de los co fundadores de la Association for Mormon Letters (Asociación de Letras Mormonas), otra prestigiosa organización que ya lleva más de 40 años funcionando. Era, además, consejero en un obispado. Por esa época tuvo un importante accidente automovilístico, junto a su padre, y terminó con varias costillas rotas y un pulmón perforado.

Irreantum – Publicación de la Asociación de Letras Mormonas.

Para 1977, y con la ayuda de Jeffrey R. Holland, (quien luego serviría en el Consejo de los Doce), logró establecerse como profesor en BYU, donde enseñó por los próximos 21 años diversas materias, desde Literatura Americana y Mormona, hasta Shakespeare y el Libro de Mormón. Fue galardonado con el Honors Professor of the Year y también recibió el Karl G. Maeser Distinguished Teaching Award.

Sus experiencias con cursos de seis meses desarrollados en Inglaterra denominados London Study Abroad en 1981 y 1985, lo llevaron a desarrollar, junto a Tim Slover, un programa más accesible e intensivo de dos meses, el London Theatre Study Abroad.

En 1981 tuvo lugar una intensa disputa epistolar con el Elder Bruce R. McConkie respecto a algunos puntos de doctrina. (Debido a su extensión e importancia la analizaremos oportunamente en este blog. También anticipo que, en la disputa, estoy totalmente del lado de Eugene, tanto en el tema en sí como en la forma de trato)

Intento de asesinato del Papa Juan Pablo II, en 1981. Detrás, el asombrado y ensordecido Eugene.

Ese mismo año, habiendo sido testigo presencial del intento de asesinato del Papa Juan Pablo II, fundó Food for Poland (Alimentos para Polonia) que, de manera exitosa, logró enviar millones de dólares en comida y otros materiales para apoyar al movimiento no violento Solidaridad. Permítaseme compartir algunos testimonios sobre ese proyecto:

“En 1982, yo era un misionero retornado y recién casado tomando una clase de Gene sobre literatura mormona. Un día, terminó nuestra charla un poco antes y comenzó a hablar en cuanto a su preocupación por la gente de Polonia. Recuerdo haber pensado que fuese lo que fuese que ocurriera en Polonia estaba muy lejos de Provo, Utah. Pero para Gene, existía una conexión muy clara. Gene relató cómo se había encontrado en la abarrotada plaza del Vaticano, meses atrás, cuando un hombre directamente detrás de él había intentado asesinar al nuevo Papa Católico. De hecho, la bala casi roza el oído derecho de Gene, produciéndole dolor y tintineo por bastante tiempo. Gene estaba convencido de que el atentado contra la vida del Papa había ocurrido no porque fuese Católico sino porque era Polaco. Gene creía que Dios iba a utilizar a este nuevo Papa para ayudar a derribar la Cortina de Hierro, comenzando en Polonia. Gene expresó su convicción de que el movimiento laboral Solidaridad estaba destinado a jugar un rol central en derribar esa pared y explicó cómo los oficiales del gobierno comunista intentaban hambrear a Solidaridad para lograr su sumisión, especialmente durante los gélidos inviernos polacos. Si la gente de Estados Unidos pudiese llevar comida a los que estaban en el movimiento, si pudiésemos mantenerlos con vida y entusiasmados, entonces existía la esperanza de la caída del comunismo en Polonia… y en Alemania Oriental… y Rusia… De pronto me di cuenta en qué forma se ligaba Provo con Varsovia: si podíamos unir nuestras fuerzas con el Papa y alimentar a Solidaridad, algún día podríamos enviar misioneros al Bloque Oriental. De modo que me propuse como voluntario para ayudar, y, antes de darme cuenta, era el presidente de facto del grupo estudiantil de Food for Poland. Mi esposa Michelle confeccionó una lista de potenciales donantes en una computadora prestada mientras yo luchaba por convencer a estudiantes de otras universidades (Berkeley, Yale, Stanford) que un movimiento de buena fe comenzaba a emanar desde BYU”. (Mitch Davis, A Bullet and a Vision: Food for Poland, 1982-1985, Sunstone 121 (Enero 2002), pags. 46-47)

“Ronald Ockey, el asesor legal y voluntario de Food for Poland, acompañó el primer envío aéreo de mercaderías hacia Polonia en la primavera de 1982. Al encontrarse con el Obispo Domin de la Iglesia Católica, recibió su agradecimiento, ‘significa tanto saber que no estamos solos’. Al mes siguiente, al recibir un envío marítimo en Gdansk, el mismo astillero donde había comenzado el movimiento Solidaridad, me encontraba junto a otros viendo contenedor tras contenedor siendo desembarcado. Esos suministros serían recibidos por familias, hospitales y otros necesitados. La Iglesia Católica utilizaba su importante influencia en todo el país proveyendo los medios de distribución. Esa noche, mientras cenábamos en un monasterio, recibí la noticia de que mi esposa, en un parto anticipado, había dado a luz a una saludable y hermosa bebé. Mi anfitrión, el obispo local, sabiendo que, como mormón, no bebía vino, sugirió que brindásemos con alguna otra cosa. Salió apresurado y finalmente regresó con dos botellas de jugo de zanahorias para bebé – ¡del cargamento que había llegado ese día! Me confirmó que los Cielos aprobaban el trabajo que hacíamos en Polonia y me dio esperanzas para el futuro” (Michael G. Sullivan, A Bullet and a Vision: Food for Poland, 1982-1985, Sunstone 121 (Enero 2002), pags. 46-47)

1982 – Eugene firmando un acuerdo estatal con el Gobernador Matheson para establecer un ayuno especial y dedicar los donativos a Polonia.

Los England tenían su casa en Provo permanentemente abierta para amigos, colegas y desconocidos, recibiéndolos para charlas durante el almuerzo, grupos de estudio y de escritura, conciertos, recepciones y encuentros.

Los England en 1983

Durante su etapa en BYU, Eugene continuó trabajando en la comunidad mormona, primero como consejero en el Barrio 1 de Pleasant View, luego como obispo del Barrio 139 de BYU, y como maestro de Doctrina del Evangelio. Sus pasatiempos favoritos eran el tenis y la pesca. Todos sus seis hijos recibieron licenciaturas o doctorados universitarios, cinco se sellaron en el Templo y cuatro sirvieron misiones regulares.

Eugene pescando

En 1988 estuvo muy involucrado en la transformación de la Asociación de Estudiantes de BYU, que se encargaba principalmente de actividades sociales y culturales así como de la relación entre estudiantes en una organización de servicio, la BYUSA.

El 27 de Marzo de 1993 en la Iglesia Católica de Saint James, Las Vegas, Nevada, Eugene ofreció un importante discurso en la primera Reunión de Mormones por la Paz, en protesta por las pruebas nucleares en el desierto de Nevada que comenzaban a afectar a la población. Trabajó también en la Utah Heritage Foundation ayudando en la preservación de sitios históricos.

1985 – Gene en Stonhenge.

Durante todo ese tiempo luchó por la libertad académica y la aceptación de la diversidad en una universidad que se había tornado extremadamente conservadora. Después de dos décadas de experiencias positivas en las administraciones de Dallin Oaks, Jeffrey Holland y Rex Lee, la llegada de Merrill J. Bateman como rector puso fin a su carrera en 1998. Sin mayores explicaciones, Bateman le pidió la renuncia, sugiriéndole a la vez que no hiciera comentarios públicos al respecto.

Con el paso del tiempo, Eugene declararía que muchos miembros de la facultad veían al feminismo y al post modernismo no como herramientas críticas sino como equivocadas y diabólicas.

“Enseñar algo que fuese crítico de la cultura mormona era leído como una crítica a la religión mormona, aunque hay una gran diferencia entre ambas que los profetas siempre señalaron”

El mes de su retiro, el periódico estudiantil Student Review publicó una edición tributo a sus 21 años en la institución.

William A. Wilson, profesor retirado de BYU, diría:

“Gene siempre trabajó fuertemente por el bien de la Iglesia. Por eso es tan trágico lo que ha ocurrido… su mejor sermón es su propia vida, en la que, a pesar de los obstáculos, críticas y absoluta crueldad, jamás perdió su fe”.

Marden Clark, otro profesor retirado:

“Debajo del espíritu inquieto de Gene England existe una fe profunda y constante en Cristo y en, extrañamente, una especie de justicia cósmica que finalmente nos llevará a reconciliarnos con El”

1997 – Tres generaciones de Englands en la cabaña de South Fork.

Ese mismo año fue contratado como Escritor Residente en la Utah Valley State College. Diría sobre su nueva carrera:

“Las escrituras mormonas casi universalmente cuentan la historia del pueblo de Dios en guerra con Dios, y Dios criticándolos por fallar en vivir al nivel que El les propuso. Si seguimos ese modelo, todos deberíamos hacer crítica cultural… Lo que me gusta de UVSC es que están genuinamente interesados en la literatura SUD. El presidente no es mormón, sin embargo me ha estimulado a ser un recurso útil. Muchos profesores no miembros me han consultado, buscando modos de acercarse mejor a sus alumnos SUD”

Allí, England organizó el Center for the Study of Mormon Culture y recreó su London Theatre Study Abroad. Su colaborador, Tim Slover:

“Cada año, desde 1992 al 2000, Gene y yo acompañábamos a entre veinticinco y cincuenta alumnos a Londres en un programa de estudio teatral en el extranjero. Con nosotros viajaban siempre otros dos integrantes de la familia England: su esposa, Charlotte, quien funcionaba como profesora de historia del arte, conductora, cocinera y consejera; y su hija, Jane, quien asumía el rol de asistente en la enseñanza y directora de asuntos culturales. Mi esposa, Mary, generalmente se sumaba por una o dos semanas para alegrar mi corazón, y esas eran las semanas en que los England y los Slover tenían sus máximas aventuras. Ibamos a reunirnos nuevamente en Londres en el 2001, pero, por supuesto, no fue posible. Gene amaba Londres. Nunca lo vi allí y que no estuviese feliz…Cada año daba un curso sobre Shakespeare, pero era diferente cada vez porque diseñaba el curriculum en base a las obras que se estuviesen presentando esa primavera… También usaba su misteriosa organización instantánea para crear charlas fogoneras, reuniones en departamentos y excursiones a conferencias y exhibiciones en la ciudad. Era incansable y, en ocasiones, agotador: cierto día memorable despertó a Charlotte y otros England que estaban de visita en Londres, en medio de la noche, para tomar un taxi, un tren y otro taxi e ir a ver una exposición de pinturas de Vermeer, en Paris, y retornar – todo en un día. Mientras los demás dormían, el corregía trabajos de los alumnos… El departamento de los England en Londres era una especie de hotel y centro transitorio. Charlotte lo decoraba con flores y enormes recipientes con frutas, y todas las visitas recibían una bienvenida calurosa, aunque abarrotada. Un cajón del escritorio, en el living del departamento, se transformaba en el Banco de Inglaterra, donde Gene guardaba el dinero del programa, y donde, siempre lo sospeché, en la obscuridad de las noches sin luna, realizaba los ritos cabalísticos que él denominaba ‘finanzas creativas’, un proceso por el cual el dinero se multiplicaba misteriosamente para cubrir todos los gastos del programa y préstamos a estudiantes desprevenidas que, desacostumbradas a los valores de Londres, se hacían arreglos en el cabello pero no guardaban lo necesario para comer… Recientemente, he descubierto en qué grado importante suplementaba las cuentas con los fondos privados familiares. Era el Gran Arreglador, el que hacía que todo sucediera. Dejando de lado las muchas tareas que lo involucraban en desarrollar el programa cada año, buscaba experiencias que lograran el crecimiento y felicidad de los estudiantes: una conferencia del dramaturgo David Hare en la Abadía de Westminster, escuchar las campanas en la Catedral de Saint Paul, charlas en el National Theatre con los actores y directores, intercambios con líderes políticos mormones, una presentación sobre los devastadores efectos de la guerra en la Catedral de Coventry, una visita al Castillo de Warwick, una obra teatral extra por aquí, un concierto de Bach por allá – aún entradas para el tenis en Wimbledon… Era educación del individuo completo, usando el teatro como libro de texto…” (Tim Slover, In Joy and Bliss to be near by: How Gene was in London, Sunstone 121, Enero 2002, pags. 50-52)

1999 – Eugene y su hija, Jane.

En el 2000 Eugene comenzó a mostrar señales de fatiga y una severa depresión. En el 2001, luego de una cirugía de emergencia se le diagnosticó cáncer cerebral y falleció el 17 de Agosto a los 68 años. Su entierro fue una ceremonia privada pero a la semana siguiente tuvo lugar un servicio especial en el Tabernáculo de Provo. Tenía para entonces 15 nietos. Tanto Dialogue como Sunstone e Irreantum publicaron ediciones especiales celebrando la vida y legado del profesor. Sus colegas en BYU publicaron Eugene England: Ensayos sobre los Valores en la Literatura, una colección de sus escritos. En 2010 se presentó un sitio Web sobre su vida y obra y en 2011 los Eugene England Papers pasaron a estar disponibles entre las colecciones especiales de la biblioteca de la Universidad de Utah.

2000 – Clan de los England.

Me gustaría despedirme de esta extraordinaria persona con otro entrañable recuerdo de Tim Slover:

“Gene debe haber visto unas trescientas obras teatrales durante los años de la experiencia en el extranjero, pero entre todas ellas, su favorita, sobre la que ha hablado y escrito mucho, era una dramatización del ciclo medieval que contaba la historia del mundo desde la caída de Lucifer hasta el Juicio Final. Vio por primera vez esta producción, The Mysteries, in 1985. Era una obra gigantesca que llevaba tres noches o un día entero para verla, pero a la vez íntima, en una arena pequeña donde los actores y el público se mezclaban. Gene la amaba por su belleza áspera, su total convicción y la mezcla de modernidad y antigüedad que le daba una cualidad atemporal. Quince años después, en el Año de Nuestro Señor del 2000, la última temporada de Gene en Londres, quince meses antes de que dejara esta Tierra, el National Theatre repuso The Mysteries. Una de las últimas noches en Londres, después de ver otra obra, Gene, Charlotte, Jane y yo fuimos a presenciar la última media hora de la tercera y última parte de The Mysteries (Gene, por supuesto, amigo del director del teatro, nos hizo entrar). Ingresamos al espacio teatral justo cuando Jesús y su Padre juzgaban al mundo. Jesús tornó hacia una sección de la audiencia que, sin saberlo, se había ubicado en los asientos que ya habían sido marcados como los de aquellos que serían maldecidos. ‘Vosotros, miserables y malditos de la familia de Cain’ declaró a los espantados asistentes ‘que jamás me confortasteis en mis necesidades, apartaos de mi, a morar a los infiernos sin fin’. Para entonces, Gene, que conocía la secuencia, se había escabullido hacia la sección de aquellos que serían salvos. Jesús se volvió hacia él y le sonrió. ‘Mis pequeños benditos que os halláis a mi diestra’, dijo, ‘vuestra vida tendréis en armonía, en este reino que os pertenece por vuestras buenas obras. El cielo será vuestro descanso, para morar conmigo en gozo y bienaventuranza’. Gene, lo noté mientras observaba desde mi lugar con lágrimas en los ojos, le devolvió beatíficamente la mirada”.


 

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Un comentario el “Eugene England y el paradigma del intelecutal mormón

  1. gracias de nuevo por darnos a conocer pensadores excepcionales y de igual forma su vida y digamos quizas las injusticias(¿?) que de vez en cuando se viven o desarrollan en la iglesia en esos niveles (bateman) bendiciones y seguieremos mas de esteos materiales …”retened lo bueno…””

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