Espíritu y Música – Carta Nº 5 – Merrill Bradshaw

Arte y Religión

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Espíritu y Música

Cartas a un joven compositor mormón

Carta Nº 5 Merrill Bradshow

Traducción Julián Mansilla

Querido amigo/a,

La cuestión del estilo es una de las más difíciles, ya que implica pensar claramente en un área en la que todas las herejías sobre las artes te seducen para apartarte de tu posición inicial. El problema suele aparecer más claramente cuando trabajas con la llamada “música moderna”.

Al menos desde la época del antiguo Egipto, la gente ha relacionado la nueva música con la inspiración del demonio. Esos estilos en boga eran, ya sea hace un par de décadas o un par de siglos, considerados irreverentes, rebeldes o toscos. Parece que siempre ha sido así.

Pero hay un cuchillo que corta a través de esta densa selva: tu tarea como compositor es encontrar el fuego oculto, comprender sus contornos, y corporizarlos en sonido, para que puedan ser comunicados a tu audiencia. De alguna manera, cuando el alma de un hombre está en contacto con ese fuego, no se preocupa mucho por el estilo.

El factor de complicación es tu relación con tu audiencia, y las preguntas aquí son de nivel espiritual. ¿Qué opinas de tu público? ¿Son inteligentes o “tontos”? ¿Desean edificación o entretenimiento? ¿Estás dispuesto a operar en su nivel de expresión? ¿En qué afectará hacer eso a tu propio sentido de lo que es bueno? ¿Son abiertos o cerrados? ¿Cuáles son los requisitos de tu mensaje? ¿Puedes decir lo que tienes que decir en un estilo que van a entender?

La respuesta fácil, snob, a estas y otras preguntas similares es el “hacer tu propia cosa” y dejar que las fichas caigan donde caigan. Pero recuerda que tú estás tratando de encarnar al Espíritu para que se comunique con los demás. Un estilo, tomado de una fuente ajena e injertada en tu encarnación del Espíritu, no hará que tu música sea mejor. Probablemente dé como resultado una expresión rebuscada y artificial que puede comunicar algo sólo a los devotos de ese estilo.

Lo que estoy diciendo en realidad es que si tu principal preocupación es la  exquisita expresión… el estilo surgirá de ella con una intensidad y convicción que será cautivante para todos los que escuchen. Cualquier cosa más o menos que esto me parece  artificial y condenada al fracaso.

Pero tengo también una palabra para el oyente. (Tú puedes decírsela por mí.) Si el oyente se está esforzando junto a ti para adquirir la experiencia del Espíritu, no fallarás. Si él está contendiendo contigo por el estilo, sólo puedes tener éxito capitulando (que no es un éxito en absoluto) De alguna manera tenemos que salir de la situación en la que “ellos” están en un lado y “nosotros” estamos en el otro. Los dos queremos (o deberíamos querer) la misma cosa: una vital experiencia espiritual.

Ahora ¿qué he dicho? Sé fiel al Espíritu. Deja que te dicte ambos: estilo y contenido. Búscalo cuando lo escuches.

¿Ves? ¡El estilo no es tan difícil después de todo!

 

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