Divino Antropomorfismo y Exaltada Corporalidad – Tercera Parte

Doctrina

Divino antropomorfismo y exaltada corporalidad

Tercera Parte

Por Mario R. Montani

Antropología de las esferas celestas

Otro aporte del evangelio restaurado es el establecimiento de un parentesco real entre dioses, ángeles, espíritus y seres humanos. Una verdadera “cosanguineidad celestial” en la que no se presenta una diferencia ontológica entre esos seres sino distintas etapas de su desarrollo. Ese es el motivo por el que, más que de un antropomorfismo de la divinidad, solemos hablar de un teomorfismo de sus hijos.

El Génesis utiliza las palabras semejanza (dumuth) e imagen (zelem) para referirse a la creación del hombre.

Aunque dumuth se puede referir tanto a una vaga similitud como a una copia exacta, zelem es bastante más precisa.

“Zelem se refiere a una relación que sólo puede darse entre ‘personas’. La personalidad del hombre se coloca vis-a-vis con la personalidad de Dios” (Gutmann, Dat Umadda  Religion and Science, pag. 265)

Dios mantiene una relación personal con sus hijos en la etapa en que se encuentren, como espíritus pre existentes, individuos mortales, desincorporados, trasladados, angélicos, resucitados o glorificados, aunque sus cuerpos sufran modificaciones en cada uno de esos procesos.

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Teosis y cuerpos exaltados

La Biblia, en varios pasajes, nos habla de la posibilidad de una divinización o deificación de los humanos. Así, en Mateo 5:48, el Salvador nos propone:

“Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre en los cielos es perfecto”

Y Pablo nos recuerda en su epístola a los Filipenses 3:21

el que transformará el cuerpo de nuestra humillación, para ser semejante al cuerpo de su gloria, mediante el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”

Así como Pedro:

“Por conducto de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia” (2 Pedro 1:4)

También el Antiguo Testamento

 Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo.” (Salmos 82:6)

Muchos estudiosos han reconocido que este principio de la exaltación se hallaba presente en las primeras centurias del cristianismo bajo la denominación griega de ‘teosis’ o ‘teopoiesis’.

“Un principio fundamental de la ortodoxia en el período patrístico era ver la historia del universo como la historia de la divinización y salvación” (Padre Richard P. McBrien (Catolicismo – Vol. 1 pag. 146))

Padre Richard P. McBrien

Padre Richard P. McBrien

“La noción de teosis es característica de los padres de la Iglesia: Irineo (siglo II  d.C.), Clemente de Alejandría (Siglo III d.C) y Atanasio (Siglo IV a.C). De hecho, tan persistente era la doctrina en el Siglo IV que los archienemigos de Atanasio, los arianos, también sostenían la creencia y los monjes origenistas en Jerusalén debatieron acaloradamente  ‘si todos los hombres llegarían a ser como Cristo o bien si Cristo era en realidad una criatura diferente’” (Daniel C.Peterson y Stephen D. Ricks, Comparing LDS Beliefs with first century christianity)

Aunque la idea de deificación fue desapareciendo paulatinamente de la Iglesia Romana durante la Edad Media, se mantuvo en la fe ortodoxa Oriental. El estudioso Jaroslav Pelikan afirma:

“La principal idea de San Máximo, así como de toda la teología oriental, era la idea de deificación”.

Jaroslav Pelikan

Jaroslav Pelikan

Ese Máximo de Constantinopla, también llamado  “el Confesor”, lo expresó claramente:

“El se transformó en lo que somos con el objeto de que pudiéramos ser lo que El es”.

Maximo de Constantinopla

Maximo de Constantinopla

El principio se ha mantenido hasta la actualidad, tal como lo presentan estudiosos ortodoxos:

“En otras palabras, cada uno de nosotros está destinado a ser un dios, a ser como Dios mismo, a estar unidos con él… Este es el propósito de la vida: que seamos partícipes, compartiendo la naturaleza de Dios… para llegar a ser como Dios, verdaderos Dioses” (Christoforos Stavropoulos, “Partakers of Divine Nature,” en Eastern Orthodox Theology: A Contemporary Reader, ed. Daniel B. Clenendin (Grand Rapids,Mich.: Baker Books, 1995), pag. 184)

Aún en la Iglesia de Occidente la noción se hallaba muy clara durante los primeros siglos, como lo demuestra el siguiente listado de referencias:

“Dios llegó a ser hombre para que el hombre pudiese llegar a ser Dios”.  Tomás de Aquino

Tomas de Aquino

Tomas de Aquino

“Puedo llegar a ser Dios en la misma extensión en que El pudo ser hombre”. Gregorio de Nacianzo

Gregorio de Naciano

Gregorio de Nacianzo

“El Espíritu Santo ayuda al hombre a llegar a ser semejante a Dios, y lo máximo de todo, llegar a ser Dios”. Basilio de Cesarea

Basilio de Cesarea

Basilio de Cesarea

“Huid con toda la fuerza que hay en vosotros de ser hombres y apresuraos en llegar a ser dioses.” Origen

Origen

Origen

“El alma que se mantiene pura, recibiendo poder del Señor, estudia como transformarse en un dios” Clemente de Alejandría

Clemente de Alejandria

Clemente de Alejandria

“Si el Verbo llegó a ser hombre, será que los hombres podrán llegar a ser dioses.” San Irineo (En contra de las Herejías – Libro 5)

San Irineo

San Irineo

“Pero el mismo que justifica, también deifica, porque justificando El hace hijos de Dios. Les dio potestad de ser hijos de Dios. Y luego, si hemos sido hechos hijos de Dios, también hemos sido hechos dioses.” San Agustín (Sobre los Salmos 50.2)

“Quiere Dios hacerte igual a El y tu te esfuerzas en hacer a Dios igual a ti”. San Agustín

“¿Le culpamos a él (Dios) porque no fuimos hechos dioses desde el principio, pero fuimos primeramente creados como hombres, y más tarde como dioses? Aunque ha adoptado este camino, de su pura benevolencia, para que ninguno lo acuse de discriminación o mezquindad, él declara: ‘yo he dicho, vosotros sois dioses, y todos sois hijos del Altísimo’… Porque fue necesario al principio que la naturaleza fuera exhibida, y más tarde lo que era mortal fuera conquistado y transformado en inmortalidad”. San Irineo (En contra de las Herejías – Libro 4.38 cap. 4)

“Si yo digo; el Verbo de Dios se hizo hombre, así podréis aprender de un hombre como llegar a ser dios”. San Clemente de Alejandría (Exhortación a los Griegos 1)

“Si uno se conoce a sí mismo, conocerá a Dios, y conociendo a Dios será como Dios… La suya es hermosura, verdadera hermosura, porque él es Dios, y el hombre llega ser dios, ya que Dios lo desea. Así que Heráclito tenía razón cuando dijo: ‘Los hombres son dioses y los dioses son hombres’”. Clemente de Alejandría, El Instructor 3.1

“En el comienzo los hombres fueron hechos como Dios, libres de sufrimiento y muerte y son así considerados dignos de llegar a ser dioses y de tener el poder de llegar a ser hijos del Altísimo”. San Justiniano Martir (Diálogo con Trypho 134)

“El Verbo fue hecho carne para que nosotros pudiéramos ser capacitados para ser dioses… Tal como el Señor, tomando el cuerpo, llegó a ser hombre, también nosotros los hombres, somos deificados a través de su carne, y de ahora en más heredamos vida eterna”. San Atanasio (Contra los Arianos 1.39 – 3.34)

San Atanasio

San Atanasio

No debe sorprendernos pues, que con el advenimiento del evangelio restaurado, la idea primigenia haya vuelto a extenderse. Tal es lo expresado por Joseph Smith en el discurso con el que iniciamos estas reflexiones:

“… en un tiempo fue hombre como nosotros… habitó sobre una tierra, como Jesucristo mismo lo hizo… vosotros mismos tenéis que aprender a ser Dioses… como lo han hecho todos los Dioses antes de vosotros… (Enseñanzas de José Smith pag. 427-430)

Y lo acabaría plasmando John Taylor en su famosa frase:

“Como el hombre es, Dios una vez fue, y como Dios es, el hombre puede llegar a ser”.

Discusión y acercamientos teológicos

La doctrina Santo de los Ultimos Dias en cuanto a la deidad se acerca a lo que teólogos protestantes han denominado Trinitarianismo Social (Social Trinitarianism). Otro movimiento filosófico cristiano, reconocido como Teismo Abierto (Open Theism), propone que Dios continúa creciendo en conocimiento a medida que sus criaturas escogen y progresan. Esto los acerca mucho a la posición mormona en el tema. Joseph Smith no veía a la deidad como un estado de plenitud estática sino como uno de dinámico y perpetuo crecimiento. Sin embargo, la Iglesia jamás ha adoptado una doctrina oficial al respecto.

Según Brigham Young:

“El Dios al que sirvo progresa eternamente en conocimiento y poder, del mismo modo que sus hijos continuarán creciendo por toda la eternidad, si son fieles” (Brigham Young, Journal of Discourses 11:285)

Y para Wilford Woodruff:

“Si hubiese un punto en el que el hombre no pudiese continuar su progreso, tal idea cubriría de melancolía a toda mente reflexiva e inteligente. Dios mismo está creciendo y progresando en conocimiento, poder y dominio, y así continuará, mundos sin fin…” (Wilford Woodruff, Journal of Discourses 6:120)

Otros pensadores mormones, como Joseph Fielding Smith y Bruce McConkie, opinaban totalmente diferente, argumentando que si Dios ya es perfecto, no tiene necesidad de continuar progresando. Pero esa postura pone en riesgo toda nuestra cadena de progreso por las eternidades, por lo que (ya que los miembros estamos liberados de creer a nuestro parecer hasta que mayor luz sea dada) yo adhiero personalmente a la primer ideología.

David L. Paulsen

David L. Paulsen

Más que interesante fue la inclusión en Modern Reformation, una muy conservadora publicación evangélica, de las respuestas solicitadas a David L. Paulsen, profesor emérito de Filosofía en BYU (me he referido ya a dicho artículo en un texto anterior (Dios una vez fue como nosotros ahora) Por una cuestión de espacio, me limitaré a la cuarta pregunta:

Modern Reformation: Ha existido cierta discusión recientemente, entre los protestantes evangélicos, acerca de la naturaleza de Dios. Algunos teólogos, comúnmente denominados “Teistas Abiertos”, aseguran que Dios crece en conocimiento como respuesta a las acciones y elecciones de sus criaturas. ¿Permite la doctrina SUD una visión similar de Dios creciendo y cambiando según la época y circunstancias?

David Paulsen: Las escrituras Santo de los Ultimos Días resuenan con la abierta enseñanza de que Dios, en su amor, dotó a sus hijos humanos con albedrío moral. Por lo tanto, somos libres de escoger entre la vida eterna o la cautividad eterna. Al dotarnos de libertad, Dios ha escogido no ser totalmente determinante ni totalmente controlador. El responde a nuestros deseos, decisiones y hechos libres de modo creativo, amoroso y persuasivo y obra corporativamente con nosotros para alcanzar sus propósitos. De modo que estamos de acuerdo con los pensadores abiertos en que Dios es el máximo motor móvil… Pero ¿Continúa Dios creciendo o progresando, como lo sugieren los teólogos de la apertura?. Joseph Smith enseñó:

 “¿Qué hiciste tú, Jesús? Hice aquellas cosas que vi hacer a mi Padre cuando venían a su existencia los mundos. Mi Padre labró su reino con temor y temblor, y yo debo hacer lo mismo; y cuando gane mi reino, lo presentaré a mi Padre, a fin de que El pueda tener reino sobre reino y así aumentar en gloria. Entonces tendrá una exaltación mayor, y yo tomaré su lugar y así también lograré la exaltación. De modo que Jesús sigue los pasos de su Padre y hereda lo que Dios hizo antes; y así Dios es glorificado y ensalzado mediante la salvación y exaltación de todos sus hijos” (Joseph Smith, Discurso de King Follet) 

Tomemos nota de que esa declaración implica que los personajes divinos progresan. Joseph Smith no veía la perfección divina como un estado de plenitud estático, sino como una vida dinámica – una de crecimiento y progreso sin fin. Dios, como Dios, está eternamente auto superándose en algunos aspectos. ¿Pero en cuáles aspectos? La mayoría estaría de acuerdo, como Joseph claramente enseñó, que Dios se está auto superando en gloria, dominio y reinado. Del mismo modo todos, o casi todos, probablemente aceptarían que Dios se auto supera eternamente en creatividad y actividad creadora. ¿Pero crece en conocimiento? En este punto, la Iglesia no tiene una posición oficial y fieles Santos de los Ultimos Días están a menudo en desacuerdo.

Resumiendo, los Santos de los Ultimos Días difieren en cierto grado sobre la cuestión de si Dios continúa aumentando en conocimiento, pero afirman con una sola voz concerniente a la libertad humana y a la profunda y tierna pasibilidad de Dios” (Modern Reformation 12 Nº 6, Nov-Dic 2003)

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Por otra parte, el teólogo católico romano Stephen H. Webb, en dos obras recientes, “Mormon Christianity: What Other Christians Can Learn from the Latter-day Saints” (Cristianismo Mormón: Lo que otros cristianos pueden aprender de los Santos de los Ultimos Días) y “Jesus Christ, Eternal God: Heavenly Flesh and the Metaphysics of Matter” (Jesucristo, Eterno Dios: La Carne Celestial y la Metafísica de la Materia), con un abierto y sincero deseo de comprender la doctrina mormona y sus antecedentes en la historia religiosa, advierte sobre la necesidad “de una revisión de casi cada creencia cristiana”

Clark Pinnock, uno de los más creativos teólogos evangélicos de la actualidad, en un ensayo incluido en Mormonism at the Crossroads of Philosophy and Theology: Essays in Honor of David L. Paulsen (Jacob T. Baker, editor, Salt Lake City, Greg Kofford Books, 2012,) reconoce que si Dios es una persona, y la corporalidad es un aspecto esencial de ser una persona, entonces Dios debería estar materialmente corporizado de algún modo fundamental.

Clark Pinnock

Clark Pinnock

Jean-Luc Marion en Modern Theology, Volumen 29, Nº 1, Enero 2013, pags 18 a 47, basándose en reflexiones de Juan Pablo II, plantea la falsa división entre el amor físico-carnal y el supuesto y más elevado amor de tipo espiritual, exponiendo convincentemente que el amor entre un hombre y una mujer es la base para todos los otros tipos de amor. Eso lo acerca muchísimo a algunos presupuestos de Parley P. Pratt.

Jen-Luc Marion

Jen-Luc Marion

En su discurso Conversation in Nauvoo about the corporality of God (Conversación en Nauvoo sobre la Corporalidad de Dios) ofrecido por el eminente rabino Jacob Neusner en la Universidad de Brigham Young, se imaginó a sí mismo siendo enviado por el Gran Rabino de Polonia, en 1844, para averiguar sobre los rumores de una nueva Torah que está siendo revelada a un joven americano.

“Por ello, el sermón de King Follett, presentado en abril de 1844, me hubiese hallado en un costado escuchando cuidadosamente e intentando hallar en las fuentes de mi religión los fundamentos para comprender esta religión que en ese momento estaba en su total expresión y realización… entre las muchas cosas que dijo ese día sólo podría haber absorbido algunas pocas. Su doctrina de cómo Dios, en concejo, llevó a cabo la creación, me hubiese hecho pensar en la lectura de la creación en la recopilación del Midrash, el Genesis Rabbah, que trata lo mismo. Si mi misión hubiese sido la de un erudito, habría regresado a casa y escrito una larga nota al pie sobre los paralelos entre la lectura que hacía Joseph Smith del Génesis y la que realizaban nuestros sabios judíos de bendita memoria. Pero hubiese puesto el mayor foco de interés en su notable insistencia en la corporalidad de Dios, una visión que, tanto en el cristianismo como en el judaísmo, no sobrevivió a los movimientos filosóficos de la Edad Media y a su encuentro con Aristóteles… La doctrina de Joseph Smith me hubiese parecido importante por dos razones; la primera porque iba en contra de la sabiduría recibida de los filósofos, incluso del judaísmo, de que Dios debía concebirse como no físico, no corpóreo. Se nos había enseñado por largo tiempo que todas las referencias a dios como una persona con rasgos y cualidades físicas análogas a las nuestras debían ser consideradas como metáforas. Toda la herencia filosófica que había ingresado al judaísmo, el cristianismo y el islam en épocas medievales, insistía en que dios no debía representarse en forma humana a pesar de las explícitas declaraciones de las escrituras que Joseph citaba ese día en Nauvoo; pero hay una segunda razón por la cual esa doctrina hubiese dejado una marca en mi memoria y atrapado mi atención, y es que en los documentos formativos de la Torah en su versión oral, aparece esa misma convicción de la corporalidad de dios, un ser al que podemos ver y conocer como nos conocemos unos a otros”.

Jacob Neusner

Jacob Neusner

Después de una extensa defensa de las enseñanzas del Profeta en su discurso de Nauvoo con base en las tradiciones y escritos judíos, Neusner finalizó su exposición:

“El Judaísmo de la Tora dual fue, y es, una religión del aquí y el ahora – y así lo era, y es, su Dios. Y debo mantener que, sobre esa base podemos orar – pero sólo sobre esa base. No podemos orar y no lo hacemos a principios filosóficos o doctrinas teológicas sino a la persona que se manifestó a sí misma en la Tora. Como dice el Midrash, cuando el santo, bendito sea, creó al primer hombre, los ángeles lo confundieron con Dios. A finales del siglo veinte, cuando ningún ángel confundiría al hombre con Dios sino probablemente con Satán, es importante contemplar imágenes divinas del Hombre, tal como lo hizo Joseph Smith el 7 de abril de 1844, justamente un siglo antes del apogeo del Holocausto” (BYU Studies 36 Nº 1 (1996-97), pags. 7-30)

Algunas conclusiones provisorias:

El Dios de Abraham, Isaac y Jacob se ha diferenciado a menudo del dios de los filósofos. Este último es sólo una concepción humana – el producto de una racionalización teológica, sin base explícita en la revelación bíblica. Si bien el Dios de los filósofos es concebido de diversos modos, generalmente se lo reconoce, entre otros rasgos, como absolutamente ilimitado en sus aspectos, totalmente otro, magníficamente simple, inmaterial, atemporal, fuera del espacio, inmutable e impasible. De modo contrastante, el registro bíblico describa al Dios de Abraham, Isaac y Jacob como “el Dios viviente” que creó al hombre “a su propia imagen y semejanza” (Gen. 1:26) que habló con Moisés “cara a cara, como u hombre habla con su compañero” (Ex. 33:11) Es el Dios amoroso profundamente (Hebreos 4:15), involucrado salvíficamente en nuestras vidas individuales y colectivas

El rechazo de la corporalidad divina trajo en paralelo un rechazo de la propia corporalidad humana. Tomás de Kempis, el famoso clérigo agustino, en su Imitatio Christi, aseguraba:

 “Bendito el hombre que resiste violentamente a la naturaleza, y mediante el fervor del espíritu crucifica los placeres de la carne para purificarse y ser admitido en los coros angélicos”.

Pero, afirmaciones de este tipo, con la que muchos mormones podrían estar de acuerdo en un inicio, provocarían excesos como la flagelación, el celibato o la auto emasculación de Origen, según cuenta la tradición.

Si bien nuestra doctrina proclama la corporalidad divina y nuestra cosanguineidad con Dios, la corporalidad humana continua siendo una ausencia presente (si se permite el oxímoron) dentro de la tradición mormona. Raramente hablamos sobre ella, salvo en referencias oblicuas relacionadas con la Palabra de Sabiduría o la ley de Castidad. En algunas tendencias discursivas enfatizamos los aspectos negativos, listando lo que no debe hacerse con el cuerpo, pero raramente lo que sí puede y debe hacerse con él, aquello que provocó que las estrellas de los cielos y los hijos de Dios gritaran de gozo al saber del plan.

La venta de literatura educativa sexual en librerías que son propiedad de la Iglesia, en la que se señalan técnicas de satisfacción erótica y se asegura que tanto las relaciones íntimas como el orgasmo han sido divinamente sancionados, parece querer compensar la ausencia del tema en los discursos oficiales o la falta de capacitación en esa área de los líderes eclesiásticos, pero llenar una necesidad y reclamo de los miembros.

El presente trabajo se ha beneficiado con la lectura de los siguientes textos:

 

James E. Faulconer,  Divine Embodiment and Transcendence: Propaedeutic Thoughts and Questions, Element 1:1, Primavera 2005

Daniel B. McKinlay, Joseph Smith on the Body as a Fallen or Blessed Vessel, enJoseph Smith and the Doctrinal Restoration, 34th Annual Sidney B. Sperry Symposium, 2005, BYU, Deseret Book

David L. Paulsen, The God of Abraham, Isaac and Joseph Smith: Defending the Faith.

Aaron S. Reeves, Embodiment in Mormon Thought: Ambiguity, Contradiction and Consensus, International Journal of Mormon Studies, Vol. 5, 2012, pags. 139-164.

Benjamin E. Park, Salvation through a Tabernacle: Joseph Smith, Parley P. Pratt and Early Mormon Theologies of Embodiment, Dialogue: a Journal of Mormon Thought, vol.43 Nro.2 (Verano 2010)

Robert Fuller, Religion and the Body, Bradley University, Oxford Research Encyclopedia.

http://religion.oxfordre.com/view/10.1093/acrefore/9780199340378.001.0001/acrefore-9780199340378-e-18. Consultado online 20-12-2016

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Esta entrada fue publicada en Doctrina.

Un comentario el “Divino Antropomorfismo y Exaltada Corporalidad – Tercera Parte

  1. Javier dice:

    Maravilloso artículo. Me encanta como trata los temas. Los últimos párrafos dan mucho para reflexión. Gracias por compartir tan interesante material y reflexiones, pero sobre todo gracias porque al hacerlo no es pretencioso, sino que se percibe la sencillez de su persona. Saludos.

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