Divino Antropomorfismo y Exaltada Corporalidad – Segunda Parte

Doctrina

Divino antropomorfismo y exaltada corporalidad

Segunda Parte

Por Mario R. Montani

Del cuerpo de Cristo

Si bien con características únicas y propósitos especiales, el cuerpo de Cristo es el gran arquetipo y referente para el género humano.

Parley P. Pratt, amigo y cercano colaborador de Joseph Smith, escribió los versos de “Tan humilde al nacer”, un poema que, en términos contrastantes, evoca las condiciones del  primer arribo del Salvador como siervo y las posteriores a su resurrección, como Rey del mundo (En nuestros himnarios, Nº 120, con música de “IlCrociato in Egitto” del compositor operístico Giacomo Meyerbeer):

“Tan humilde al nacer, Cristo viene con poder

Antes el dolor sufrió, hoy el reino heredó.

Cual cordero El vivió; hoy es El el gran Yo Soy

El que en la cruz murió hoy de gloria se cubrió.

Antes aguantó dolor; hoy vendrá con esplendor.

El que rechazado fue hoy será del mundo Rey

El que humillado fue, de los cielos es el Rey.

Todo cuanto padeció para El ya terminó.”

En Filipenses Cap. 2 aprendemos sobre Cristo que:

“…sin embargo, se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre”

Estos pasajes enseñan que el Salvador se despojó, se vació (ekenosen), de su forma divina para conocer la experiencia corporal de la mortalidad.

Muchos debates provocó esta cuestión en los diferentes Concilios de la Iglesia primitiva. A veces, tomando como base algunos escritos de Pablo, se llegó a pensar que el cuerpo de Cristo era sólo apariencia:

“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Romanos 8:3)

Las escrituras modernas son bastante más claras con respecto a la necesidad del Salvador de pasar por la experiencia mortal con un cuerpo para llevar a cabo la expiación: 

Y he aquí, sufrirá tentaciones, y dolor en el cuerpo,hambre, sed y fatiga, aún más de lo que el hombre puede sufrir sin morir; pues he aquí, la sangre le brotará de cada poro, tan grande será su angustia por la iniquidad y abominaciones de su pueblo” (Mosiah 3:7)

“Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo.Y tomará sobre sí la muerte, para soltar las ligaduras de la muerte que sujetan a su pueblo; y sus debilidadestomará él sobre sí, para que sus entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las debilidades de ellos. Ahora bien, el Espíritu sabe todas las cosas; sin embargo, el Hijo de Dios padece según la carne, a fin detomar sobre sí los pecados de su pueblo, para borrar sus transgresiones según el poder de su liberación; y he aquí, este es el testimonio que hay en mí”. (Alma 7: 11-13)

Y así la carne, habiéndose sujetado al Espíritu, o el Hijo al Padre, siendo un Dios, sufre tentaciones, pero no cede a ellas, sino que permite que su pueblo se burle  de él, y lo azote, y lo eche fuera, y lo repudie… Sí, aun de este modo será llevado, crucificado y muerto, la carne quedando sujeta hasta la muerte, la voluntad del Hijo siendo absorbida en la voluntad del Padre. Y así Dios rompe las ligaduras de la muerte, habiendo logrado la victoria sobre la muerte; dando al Hijo poder para interceder por los hijos de los hombres, habiendo ascendido al cielo, henchidas de misericordia sus entrañas, lleno de compasión por los hijos de los hombres; interponiéndose entre ellos y la justicia; habiendo quebrantado los lazos de la muerte, tomado sobre sí la iniquidad y las transgresiones de ellos, habiéndolos redimido y satisfecho las exigencias de la justicia” (Mosiah 15: 5-9)

Este conocimiento ilumina también la pregunta del ángel a Nefi (1 Nefi 11: 16)

Y me dijo: ¿Comprendes la condescendencia de Dios?” 

Con su etimología en el latín condescenderé (prefijo con: convergencia, reunión y verbo descendo: descender, rebajarse para ponerse al nivel de alguien) es el acto de descender a un estado menor, renunciando a privilegios de rango o jerarquía, no por necesidad u obligación, sino por bondad. Está relacionada con la magnanimidad y la empatía e implica otorgar honores a alguien de una posición o categoría inferior.

La corporalidad de Cristo queda también claramente establecida en el siguiente pasaje de Doctrina y Convenios:

“Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten; mas si no se arrepienten, tendrán que padecer así como yo; padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar (DyC 19:16-18)

Es teológicamente obvio que, cuando nos alegramos en el concilio preterrenal por la oportunidad de venir a tomar un cuerpo, también celebramos la elección de un Salvador para cumplir su misión redentora.

Ordenanzas cristianas como el bautismo, la santa cena, la imposición de manos o la unción, todas tienen al cuerpo como objeto central.

El mismo Apóstol Pratt, al referirse a la aparición del Cristo resucitado, según el relato de Lucas, declara:

“Aquí se acababa el misticismo, aquí se hallaba la salvación material; aquí había carne y huesos, inmortales y celestiales, preparados para un eterno florecimiento en las mansiones de gloria; y demostrado por los sentidos de la vista, la percepción y el oído” (Parley P. Pratt, Immortality and Eternal Life… pags. 27-28)

Fotografía de Parley P. Pratt (1852)

Fotografía de Parley P. Pratt (1852)

Una divergencia doctrinal no concluyente es nuestra definición de un dios como un ser exaltado (con un cuerpo celestial glorificado luego de una experiencia terrena, muerte y resurrección) con el hecho de que Cristo ya era considerado un dios (o al menos un componente de la deidad) sin haber aún pasado por la experiencia corporal, lo cual queda claro en la experiencia del hermano de Jared:

 “Y dijo al Señor: Vi el dedo del Señor, y tuve miedo de que me hiriese; porque no sabía que el Señor tuviese carne y sangre. Y el Señor le dijo: A causa de tu fe has visto que tomaré sobre mí carne y sangre; y jamás ha venido a mí hombre alguno con tan grande fe como la que tú tienes; porque de no haber sido así, no hubieras podido ver mi dedo. ¿Viste más que esto?… He aquí, yo soy el que fue preparado desde la fundación del mundo para redimir a mi pueblo. He aquí, soy Jesucristo. Soy el Padre y el Hijo. En mí todo el género humano tendrá vida, y la tendrá eternamente, sí, aun cuantos crean en mi nombre; y llegarán a ser mis hijos y mis hijas. Y nunca me he mostrado al hombre a quien he creado, porque jamás ha creído en mí el hombre como tú lo has hecho. ¿Ves que eres creado a mi propia imagen? Sí, en el principio todos los hombres fueron creados a mi propia imagen. He aquí, este cuerpo que ves ahora es el cuerpo de mi espíritu; y he creado al hombre a semejanza del cuerpo de mi espíritu; y así como me aparezco a ti en el espíritu, apareceré a mi pueblo en la carne”. (Eter 3:8-17)

Algunos han especulado con la posibilidad de que el tiempo no es parte de la eternidad sino que posee una cualidad ontológicamente diferente, la cual no se ve alterada por el devenir de la historia humana. Sin embargo, los pasajes de Eter parecen mostrar claramente que el Salvador interactúa dentro del tiempo histórico, por lo que ha tenido una etapa como espíritu, una etapa como mortal y una final como ser exaltado, sin perder en ningún momento su calidad divina. Suponemos que algo similar ocurrirá oportunamente con el tercer miembro de la trinidad, el Espíritu Santo.

Tempranas visiones del mormonismo sobre  la corporalidad

Una interesante reflexión del antropólogo Bryan Turner:

Bryan Turner

Bryan Turner

“El cuerpo, más que una información brindada naturalmente, es un artefacto construido socialmente, al igual que otros productos culturales. El cuerpo (su imagen, posesión y representación) es el efecto de innumerables prácticas, conductas y discursos que lo construyen y producen como un elemento culturalmente reconocible de las relaciones sociales”(Bryan S. Turner, The Body in Western Society: Social Theory and its perspectives, en Religion and the Body, Sarah Coakley, editora, Cambridge, Inglaterra, Cambridge UniversityPress, 1997, pag. 19)

La notable investigadora en estudios religiosos Marie Griffith:

R. Marie Griffith

R. Marie Griffith

“Una verdad de la que debemos tomar nota es que los cristianos devotos de las primeras etapas desarrollaron una profunda ambivalencia acerca de la carne… sentían que el cuerpo era una carga que debía sufrirse resignadamente durante la vida terrenal mientras también era el material clave en el que se forjaban las prácticas devocionales y el progreso espiritual” (Marie R. Griffith, Born Again Bodies: Flesh and Spirit in American Christianity, Berkeley, University of California Press, 2004, pag. 23)

Esta ambivalencia también fue heredada por los miembros de la Iglesia de las primeras décadas, quienes provenían mayormente de un ambiente cultural puritano.

“El cuerpo, tanto en su calidad de agente material como de símbolo metafórico, fue el centro de los esfuerzos puritanos por dominar la individualidad con el propósito de erigir una sociedad deificada. Siendo el cuerpo la medida exterior de la virtud interna, requería tipos específicos de disciplina. Los modos en que una persona se vestía, comportaba, alimentaba, expresaba su sexualidad y exteriorizaba la piedad eran vistos como indicadores del grado de compromiso con una sociedad jerárquica y estratificada y, por lo tanto, la arena principal en la disputa por el poder cultural” (Robert Fuller, Bradley University, Religion in America, Rituals, Practice and Symbolism, publicación on line, Marzo 2015)

Dr. Robert Fuller

Dr. Robert Fuller

Lorenzo Dow (1777-1834) fue un famoso predicador evangelista itinerante, promotor de los movimientos de “revival” religioso que tan bien describe Joseph Smith al referirse a su niñez. Su fama e influencia fueron tales que muchos de los nacidos en la primera mitad del siglo XIX recibieron su primer nombre como homenaje. De hecho, nuestro Lorenzo Snow (quien vio la luz en 1814) no fue una excepción.

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“El cuerpo mortal es una obstrucción para mi alma y frecuentemente tiende a sobrecargar mi mente con flaquezas de las que no espero librarme hasta que mi espíritu retorne a Dios” [Lorenzo Dow, The Opinion of Dow; or, Lorenzo’s Thoughts, on Different Religious Subjects, in an Address to the People of New England (Windham,Vt.: J. Byrne, 1804), pag. 96]

Jonathan Edwards (1703-1758), un teólogo puritano:

Jonathan Edwards

Jonathan Edwards

“Los mortales están retenidos por un cuerpo pesadamente moldeado, un bulto de carne y sangre, no adecuado como órgano para un alma inflamada por los superiores ejercicios del amor divino. De buen grado volaría, pero es mantenida aquí abajo, cual si tuviese un peso en sus pies”(Jonathan Edwards, “Heaven Is a World of Love,” citado en George M. Marsden, Jonathan Edwards: A Life (New Haven, Conn.: Yale UniversityPress, 2003), pag.191)

No es de extrañar que los primeros miembros de la Iglesia, formados en ese ambiente ideológico, hayan priorizado escrituras como la del “hombre natural, enemigo de Dios” (Mosiah 3:19), que incluían una visión un tanto pesimista sobre la corporalidad como la habitación del pecado, el objetivo de la tentación y la esclavitud del alma.

Por otra parte, Joseph Smith nació en una época en la cual el Romanticismo avanzaba la idea de que el individuo era innatamente bueno, y la recientemente establecida República buscaba, simultáneamente, liberarse de muchas ataduras del pasado, incluyendo algunas de orden moral. Ambas corrientes se mezclaron en el transcurso de su corta vida.

Posterior desarrollo de una teología de la corporalidad

Con la irrupción de la materialidad del espíritu así como los muchos conceptos a desgajar del discurso de King Follet y otras novedades doctrinales, el escenario estaba listo para revisar nuestra teología con respecto al cuerpo del hombre:

“Uno de los principales objetivos de nuestro bendito Redentor era la redención de nuestros cuerpos materiales, y la restauración de todo el mundo físico del dominio del pecado, de la muerte y la maldición… ¿Qué tipo de salvación necesitamos entonces? Respondo, necesitamos la salvación de la muerte y la tumba, así como de nuestros pecados… una salvación no sólo de nuestros espíritus,  sino también de nuestro cuerpo y partes, de nuestra carne y huesos, nuestras manos, pies y cabezas, con cada órgano, miembro y articulación”.(Parley P. Pratt, Immortality and Eternal Life of the Material Body, Nauvoo, Illinois, John Taylor editor, 1840, pags. 27-29)

El establecimiento de Sión que impulsaba Joseph Smith incluía tanto lo temporal como lo espiritual, desde compras de inmuebles y edificación de ciudades hasta migraciones inter estatales, afectando la vida diaria de toda una creciente comunidad. También a regular aspectos corporales como el horario de ir a dormir y los alimentos a consumir con vistas a la futura participación en el templo.

Los sacerdotes fieles recibieron una revelación de que, si magnificaban sus llamamientos, serían “santificados por el espíritu para la renovación de sus cuerpos” (DyC 84:33). La Palabra de Sabiduría incluía la promesa de “salud en el ombligo y médula en los huesos”.

De modo que el cuerpo comenzó a ser visto como una herramienta imprescindible para el progreso total del hombre. No necesitaba ser vencido sino perfeccionado.

“El Mormonismo estableció al cuerpo humano como foco principal de la vida religiosa y ritual de un modo mucho más acentuado que cualquier otra forma de Cristianismo en occidente” (Douglas J. Davies, The Mormon Culture of Salvation: Force, Grace, and Glory(Aldershot, England: Ashgate, 2000), pag. 122)

Quien se encargó de llevar esta teología a su máxima expresión fue, sin dudas, el ya mencionado Parley P. Pratt. Para 1839 había escrito The Regeneration and Eternal Duration of Matter (La Regeneración y Duración Eterna de la Materia). Allí argumentó por primera vez que tomar un cuerpo era la principal razón de la existencia de la Tierra y que todos los que desearan recibir una herencia celestial deberían pasar por esa experiencia (Parley P. Pratt, The Millenium and Other Poems… A Treatise on the Regeneration and Eternal Duration of Matter, New York, W. Molineaux, 1840, pags.134-135)

En 1841, el Profeta hizo suya la idea:

“Joseph declaró que antes de la fundación de la Tierra, en el Gran Concilio, todos los espíritus de los Hombres se hallaban bajo opresión y que el expreso propósito de Dios al brindarles un tabernáculo era armarlos en contra de los poderes de las Tinieblas”.(Sermón del 19 de Enero 1841, The Words of Joseph Smith, Ehat and Cook, pag. 62)

También sus allegados:

“(Los espíritus) aceptaron tomar cuerpos de carne y obtener una superior y eterna corona de gloria”.(W.W.Phelps, Samuel Brown, William Phelps’s Paraclete and Early Witness to Joseph Smith’s Divine Anthropology, International Journal of Mormon Studies 2, 2009, pag. 80)

“(Que los espíritus) eran hombres en embrión – inteligencias a la espera de venir al mundo natural y tomar sobre sí carne y huesos, para que mediante el nacimiento, la muerte y la resurrección, también ellos pudiesen ser perfeccionados en la organización material” (Parley P. Pratt, Materiality…)

De este modo el cuerpo pasó de ser un acompañante en la experiencia telestial humana a constituirse en el motivo central de la propia experiencia.

“El gran principio de felicidad consiste en tener un cuerpo” (Joseph Smith, Sermón del 5 de Enero 1841, George D. Smith, An Intimate Chronicle, pag. 516)

La elaboración de estas ideas no sólo definió la corporalidad de Dios y su progenie sino el establecimiento de lo que daría en llamarse “el cielo doméstico”, el destino final de los seres humanos, pleno de materialidad (edificios, paisajes, vestimentas) y emociones (durabilidad de las relaciones familiares y de amistad, exaltación de los sentimientos purificados)

“Me resultan más dolorosos los pensamientos de aniquilación que los de la muerte. Si no tuviese la esperanza de volver a ver a mi madre, hermanos, hermanas y amigos, mi corazón estallaría de inmediato y yo descendería a mi tumba… La esperanza de ver a mis amigos en la mañana de la resurrección alegra mi alma, y me permite soportar los males de la  vida”  (J.Smith, Sermón del 16 de Abril 1843, The Words of Joseph Smith, Ehat and Cook pag. 196)

“En la resurrección y la vida venidera, los hombres que estén preparados realmente tendrán una herencia material sobre la tierra. Poseerán casas, y ciudades, y poblados, oro y plata y piedras preciosas y alimentos y vestiduras, y comerán, beberán, conversarán, pensarán, caminarán, gustarán, olerán y disfrutarán. También podrán cantar y predicar, y enseñar, y aprender e investigar; tocar instrumentos musicales, y gozar de las puras delicias del afecto, amor y felicidad doméstica. Mientras cada uno, como Jesús resucitado, tomará a su amigo de la mano y le dirá: ‘toca y mira; pues un espíritu no tiene carne y hueso como ves que yo tengo’”.(P.Pratt, Immortality and Eternal Life of the Material Body, pag. 30)

Monumento a Parley P. Pratt en Parowan, Utah

Monumento a Parley P. Pratt en Parowan, Utah

“Quienes ven a nuestros afectos naturales como resultado de una naturaleza caída y corrupta… carnales, sensuales y diabólicos… los que deben ser resistidos, subyugados o vencidos como otros tantos males que evitan nuestra perfección y progreso en la vida espiritual… han equivocado totalmente la fuente y origen de la felicidad. Cualquier intento de reprimir las inclinaciones naturales es entera y expresamente contrario al espíritu y objeto de la verdadera religión”.(Parley P. Pratt, An Appeal to the Inhabitants of the State of New York, Letter to Queen Victoria, (Reprinted from the Tenth European Edition,) The Fountain of Knowledge; Immortality of the Body, and Intelligence and Affection [Nauvoo: John Taylor, Printer, 1840], pags. 37-38)

“La vida religiosa no reprime los sentimientos, aumenta, engrandece, expande y purifica, todas las pasiones y los afectos naturales; y los adapta, por el don de sabiduría, para su uso apropiado… tendiendo a un mayor gozo…inspira virtud, amabilidad, bondad, ternura, dulzura y caridad. Descubre la belleza en la forma y rasgos de las personas… desarrolla y vigoriza todas las facultades físicas e intelectuales del hombre. Fortalece, vigoriza y da tono a los nervios. Resumiendo, es, como médula a los huesos, gozo al corazón, luz a los ojos, música a los oídos y vida a todo el ser” (Parley P. Pratt, Key to the Science of Theology, 1877, pags. 101-102

Según Pratt, estos “afectos naturales” se centraban en el amor físico y emocional entre un hombre y una mujer, el que había sido implantado divinamente en los individuos para promover la unión y felicidad. De esos afectos derivaban los demás deseos naturales que validaban la experiencia humana.

“En vez de buscar a Dios para que produzca un cambio misterioso, o para que vuestros afectos y atributos sean quitados o sometidos… oradle para que cada afecto, atributo, poder y energía de vuestro cuerpo y vuestra mente puedan ser cultivados, aumentados, expandidos, perfeccionados y utilizados para Su gloria, para vuestra propia gloria y felicidad, y para la de todos aquellos que tengan la buena fortuna de asociarse con vosotros”(Parley P. Pratt,… Intelligence and Affection, pag. 38-39)

Parley P. Pratt y su esposa, Elzabeth Brotherton

Parley P. Pratt y su esposa, Elzabeth Brotherton

Cuánto pudo influir esta teología en el establecimiento de la poligamia es algo sobre lo que aún nos debemos una reflexión, aunque investigadores no miembros de la Iglesia ya lo han planteado (Lawrence Foster, Religion and Sexuality: The Shakers, the Mormons, and the Oneida Community, Urbana: University of Illinois Press, 1984).

El cuerpo y Satanás

“Vinimos a esta tierra para tener un cuerpo y presentarlo puro ante Dios en el reino celestial. El gran principio de la felicidad consiste en tener cuerpo. El diablo no lo tiene y ése es su castigo…” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia – José Smith, La Iglesia de Jesucristo de los SUD, 2007, pag. 222)

“Todos los espíritus que poseen cuerpos tienen poder sobre aquellos que no lo poseen” (Joseph Smith, Sermón del 5 de Enero 1841, The Words of Joseph Smith, Ehat and Cook , pag.60)

“el cuerpo es de la tierra, y se halla sujeto al poder del diablo, estando bajo la poderosa influencia de la naturaleza caída propia de la tierra. Si el espíritu se somete al cuerpo, entonces el diablo tiene poder tanto de vencer al cuerpo como el espíritu del hombre, y éste perderá ambos”. (Brigham Young, Journal of Discourses 2:256)

Por propia decisión, Satanás y sus huestes se abstuvieron de participar en el plan de redención que permitiría nuestro progreso mediante la experiencia terrenal. No sólo eso sino que intentaron destruir ese plan. No obstante su rechazo, desde el principio de los tiempos, intentaron usufructuar la corporalidad por medios no autorizados.

“El mayor de los castigos del diablo es que no tendrá un tabernáculo; ese es su castigo. De modo que el diablo, pensando en torcer los decretos de Dios al ir y venir por la tierra, busca a quien destruir; a cualquiera que halle y se doblegue ante él, lo atrapará, tomando posesión del cuerpo, y reinará allí, glorificándose grandemente, sin pensar que tiene un cuerpo robado. Con el paso del tiempo, alguien con Autoridad vendrá, lo echará, y restaurará el tabernáculo a su legítimo dueño, pues el diablo roba el tabernáculo pues no posee uno propio, sino uno del que será finalmente despedido” (The Words of Joseph Smith, Ehat and Cook, pag. 196)

“Se nos ha enseñado que debemos considerar a nuestros cuerpos un don de Dios. Los Santos de los Ultimos Días no vemos al cuerpo como algo que debe ser condenado, o aborrecido. Tomamos al cuerpo como signo de nuestro linaje real… Reconocemos que a aquellos que no guardaron su primer estado se les negó esta inestimable bendición… Creemos que estos cuerpos pueden llegar a ser, en verdad, templos del Espíritu Santo”.(James E. Talmage, CR Octubre 1913, pag. 117)

Boyd K. Packer, en su calidad de Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, ha agregado recientemente:

“El adversario tiene celos de todos los que tienen el poder de procrear. Satanás no puede procrear; es impotente, “…él busca que todos los hombres sean miserables como él”. Él trata de degradar el debido uso de los poderes procreadores tentándolos a ustedes para que sostengan relaciones inmorales”.  (Boyd K. Packer, Limpiemos el vaso interior, Octubre 2010)

El cuerpo como Templo y en el Templo

Hugh Nibley señala que en toda la literatura apócrifa “El alma no es enviada aquí como castigo ni para ser aprisionada en la carne… más bien se la envía para ser examinada y puesta a prueba en la “bendita vasija” de la carne cuya inmortalidad está garantizada por la resurrección” (Hugh Nibley, Mormonism and Early Christianity, Provo, FARMS, 1987, pag. 16)

El uso de “vasijas” o “vasos”, como aparece en otras traducciones, skeuos en el original,  indica una conexión con el Templo de Jerusalén, ya que los instrumentos que se utilizaban allí llevaban esa denominación, y preanuncia la descripción de Pablo:

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”(1 Corintios 3:16)

Lo cual se confirma en las escrituras modernas:

“Los elementos son el tabernáculo de Dios; sí, el hombre es el tabernáculo de Dios, a saber, templos; y el templo que fuere profanado, Dios lo destruirá” (DyC 93:35)

Nuevamente surge el dualismo de considerar al cuerpo tanto un elemento caído y proclive a pecar como un sagrado recinto. A pesar de la tendencia carnal a fallar, la comparación enaltece la corporalidad. El cuerpo tiene la posibilidad no sólo de albergar al espíritu humano, provisto por Dios, sino también al Espíritu de Dios. Con la creciente importancia del Templo como lugar dedicado y consagrado en la doctrina y práctica mormona, la equivalencia no puede ser dejada de lado. Si el Templo representa una embajada del Reino Celestial enclavada en nuestro planeta, donde rigen tiempos y espacios sagrados, en cierto modo también eso son nuestros cuerpos, si debemos creer lo que las Escrituras nos dicen. Tanto el uso de “tabernáculo” como de “templo” habilitan y revalidan nuestra particular concepción de una teología de la divina corporalidad.

Las narrativas de la Creación, la Caída y la posibilidad de Redención, con diferentes ropajes siempre presentes en los templos de toda época, también avalan esa teología. James Talmage propuso que tanto la tierra como el hombre siguen un camino paralelo de nacimiento, bautismo, muerte y resurrección como parte de su progreso eterno (James E Talmage, Articles of Faith, Salt Lake City, Deseret Book Co., 1981, pag. 341)

Quizás una de las formas de comprender las innovaciones introducidas por la Restauración sea comparar la liturgia de la extrema unción, practicada a los moribundos por algunas religiones, en la que se ungen los centros de los cinco sentidos pidiendo el perdón de los deseos carnales durante la vida, con el ritual del Templo, en el que esos mismos centros sensoriales son ungidos no como acto de arrepentimiento por sus funciones sino para ser incrementados y santificados.

Todos los actos simbólicos y litúrgicos que se llevan a cabo en los templos poseen una profunda raíz corporal. Nuestros cuerpos son allí los actores principales, mientras repasamos las experiencias mortales de nuestros primeros padres y del Salvador. Un caso particular son las ordenanzas vicarias. Si bien no es teológicamente claro por qué los espíritus desincorporados no pueden recibir el bautismo y otras ordenanzas en el Mundo de los Espíritus, ya que creemos en una cierta “materialidad” de ese mundo, con sus equivalentes de “agua”, “edificios” y “Templos”, aparentemente el hecho de que los individuos serán juzgados por “sus hechos en la carne” indica que aún las ordenanzas salvadoras deben realizarse “en la carne”, ya sea por ellos mismos o sus representantes.

Continuará en la Tercera y última Parte /////

El presente trabajo se ha beneficiado con la lectura de los siguientes textos:

James E. Faulconer,  Divine Embodiment and Transcendence: Propaedeutic Thoughts and Questions, Element 1:1, Primavera 2005

Daniel B. McKinlay, Joseph Smith on the Body as a Fallen or Blessed Vessel, enJoseph Smith and the Doctrinal Restoration, 34th Annual Sidney B. Sperry Symposium, 2005, BYU, Deseret Book

David L. Paulsen, The God of Abraham, Isaac and Joseph Smith: Defending the Faith.

Aaron S. Reeves, Embodiment in Mormon Thought: Ambiguity, Contradiction and Consensus, International Journal of Mormon Studies, Vol. 5, 2012, pags. 139-164.

Benjamin E. Park, Salvation through a Tabernacle: Joseph Smith, Parley P. Pratt and Early Mormon Theologies of Embodiment, Dialogue: a Journal of Mormon Thought, vol.43 Nro.2 (Verano 2010)

Robert Fuller, Religion and the Body, Bradley University, Oxford Research Encyclopedia. http://religion.oxfordre.com/view/10.1093/acrefore/9780199340378.001.0001/acrefore-9780199340378-e-18. Consultado on line 20-12-2016

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