Fisuras óptimas y arreglos pésimos

De la Vida Mormona

 Fisuras óptimas y arreglos pésimos

“Los optimistas tienen razón. Los pesimistas también”

Por Mario R. Montani

Las siguientes reflexiones tienen como origen una conjunción de eventos. Por un lado, la preparación de la clase para el Grupo de Sumos Sacerdotes de mi Barrio y, por el otro, el arreglo de algunas pequeñas fisuras en nuestra casa de veraneo. Permítanme explicar.

En la lección del Sacerdocio consideramos algunas enseñanzas del Presidente Gordon B. Hinckley sobre el optimismo y el pesimismo, tales como:

“Hay una terrible enfermedad de pesimismo en la tierra que es endémica. Constantemente se nos alimenta una dieta regular y amarga de difamación, de crítica, de maledicencia de uno en contra del otro…”

“Tenemos todos los motivos para ser optimistas en el mundo. Cierto es que nos rodea la tragedia y que hay problemas por doquier, pero… no se puede edificar algo con pesimismo ni con cinismo. Se ven las cosas con optimismo, se trabaja con fe, y las cosas suceden” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley, 2016, pags. 74 y 75)

Analizamos varias frases que se han acumulado con la sabiduría de los siglos:

“Si miramos hacia el sol nunca veremos nuestra sombra”

“Un pesimista ve la dificultad en cada oportunidad; un optimista ve la oportunidad en cada dificultad” Winston Churchill

“Nos podemos quejar porque los rosales tienen espinas o alegrarnos porque tienen rosas” Abraham Lincoln

Optimismo deriva de óptimo, que a su vez proviene del latín optimuus adjetivo que significa muy bueno o buenísimo. Es el superlativo de bonuss, bueno, aunque muy irregular, ya que su raíz op- es la misma de opulento y opíparo.

Por otra parte, pesimismo deriva de pésimo, en latín pessimus, muy malo. Es el superlativo de peior (peor). Muchos lo asocian a la raíz indoeuropea ped (pie), ya que en sus orígenes se refería a los que tropezaban y caían.

De cualquier modo, tomamos nota de que existe una amplia gama de optimismos así como de pesimismos.

“Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”.

“El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas” W. J. Ward

Todos estamos de acuerdo en que el pesimismo no es un rasgo muy bueno. Pero tampoco lo es el tipo de optimismo que simplemente acepta las cosas tal como son sin creer que haya que cambiarlas.

Cuando mencionamos que el vaso está medio lleno podemos querer decir “No nos quejemos, al menos tenemos eso” o “Todo está bien, arreglémonos con esto el resto de nuestras vidas”. Por otra parte, cuando nos referimos al vaso medio vacío podemos significar “¡Qué lástima, nada más que eso!” o también “¿No sería bueno intentar llenarlo del todo?”

El primer tipo de optimismo puede llegar a fundirse con el conformismo, mientras que el segundo tipo de pesimismo parece acercarse a la practicidad realista.

Hace muchos años ya, estuve en una conferencia del escritor Ray Bradbury, una de mis principales referencias literarias. En muchas de sus historias presenta un futuro de la humanidad un poco sombrío, pero, al mismo tiempo, algún personaje que suele ver una luz en medio de la oscuridad. Allí le escuché decir:

“Muchas veces me preguntan si soy optimista o pesimista. En realidad no soy ninguna de las dos cosas. Soy un optimizador de las conductas, alguien que cree que siempre hay espacio para hacer las cosas un poco mejor”.

Lo cual me lleva al segundo tópico: nuestra casa en las sierras. La construimos con bastante esfuerzo a lo largo de varios años con la idea de que sea un lugar de refugio o quizás de habitación permanente en el futuro. Yo la amo. Me encanta. Estoy orgulloso de ella. Para mi es perfecta, aunque mi esposa siempre planea alguna modificación a la que suelo oponerme dulcemente.

Pasé varios días de nuestras últimas vacaciones sellando algunas pequeñas fisuras en los zócalos exteriores (mi espalda aún lo recuerda) para evitar el ingreso de humedad hacia el interior, debajo de algunas ventanas.

Alguien que me haya visto en esa tarea muy bien podría haber pensado: “Ese hombre, en vez de disfrutar de su hermosa casa, está concentrado en unas pequeñas fisuras que casi ni se ven”. Y yo podría haber respondido: “Porque amo esta casa y porque quiero que siga siendo hermosa es que estoy arrodillado sellando las fisuras. No dejo de apreciar su belleza y tal vez la ame más por lo que estoy haciendo”.

Pensemos por un momento que la casa en las sierras es la Iglesia. Muchos de nuestros hermanos en ella piensan que no hay nada que deba modificarse en sus estructuras, tradiciones o políticas. Que si se señala alguna “fisura” en nuestra historia, pasada o presente, o en nuestra aplicación práctica de ciertas doctrinas, estamos actuando en contra de la belleza total del edificio. En mi caso particular, creo todo lo contrario.

Por supuesto que es más fácil colocar un mueble debajo de la ventana que tape la humedad que tomarnos el trabajo de reparar. Pero no sólo no estaremos resolviendo el problema sino que lo haremos más grave. Algo parecido ocurrió por mucho tiempo en la Iglesia.

Debido a que por un largo período los únicos que se atrevían a señalar fisuras eran los críticos despiadados de la institución, se hizo fácil descartar los defectos como inexistentes o como intentos de destruir la belleza del resto (o sea, pintamos sin reparar o colocamos muebles para ocultar). Pero cuando miembros fieles comenzaron a indicar las mismas fisuras y que algo debía hacerse al respecto, las cosas no fueron tan sencillas.

Desde hace algún tiempo se nos indica que si en una capilla deja de funcionar una cerradura, no le llevemos el problema al Oispo o avisemos a las Oficinas de Mantenimiento para que contraten a una empresa que la repare. La próxima vez que visitemos las instalaciones, llevemos un destornillador, y reparémosla nosotros mismos.

En otros aspectos “menos materiales” no está bien visto que opinemos o que hagamos sugerencias. Las cosas deben “venir desde arriba” indefectiblemente. Nuestros líderes locales han sido desestimulados a decir cosas como “Elder… esto no está funcionando bien en nuestra zona pero podría adaptarse de tal y tal modo” porque temen que la respuesta de manual será “Hermano, si no funciona es porque no lo están haciendo bien o no lo suficiente, o les falta fe”. Con lo cual la responsabilidad le vuelve a ser transferida con una carga adicional y sus sugerencias anuladas.

De modo que sí, es cierto. Los que ven el vaso medio lleno tienen razón. Los que ven el vaso medio vacío, también. Yo prefiero tratar de llenarlo del todo…

Hace cuatro años atrás hablábamos en este blog sobre Joseph Smith ordenando hermanos de color al sacerdocio, hoy ese hecho aparece reflejado en la página oficial de la Iglesia. Hace tres años mencionamos las piedras de vidente y a Joseph Smith traduciendo el Libro de Mormón desde el interior de su sombrero. Actualmente la Liahona y publicaciones oficiales de la Iglesia lo mencionan como una realidad. Las hermanas no podían orar en las Conferencias Generales, hoy pueden. Estaba fuera de discusión que las hermanas misioneras usaran pantalones, hoy los usan.

Pretender que este humilde blog haya tenido algo que ver con esos cambios sería de una insoportable soberbia. Pero me alegra haber sumado la mía a otras voces que creo que sí, han sido escuchadas.

Ya lo dijo el eminente rabino Jacob Neusner:

“No necesitas justificarte por hacer preguntas. Pero si crees haber hallado respuestas, no tienes el derecho de permanecer en silencio”

Para quienes sinceramente opinan que, como la nuestra es la Iglesia de Cristo, todas las indicaciones deben provenir de El, me permito reflexionar que el Salvador siempre supo que el Profeta había ordenado gente de color o el modo en que tradujo el Libro de Mormón. También que las mujeres eran dignas de orar en nuestras congregaciones.

El Señor ayuda en la construcción del Edificio. Las fisuras debemos arreglarlas nosotros…

Podemos ser optimizadores de las conductas.

 

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2 comentarios el “Fisuras óptimas y arreglos pésimos

  1. Obeth Paravicini dice:

    excelente. debe existir equilibrio entre optimismo y realismo.
    toda la información que que esta en este block me ayuda a tener otra perspectiva que quizá no comprendía…por eso muchas gracias
    tengo una consulta sobre los del sacerdocio a los hermanos de origen africano.
    en la liahona de febrero existe un articulo de.
    Cómo comprender la historia de la Iglesia por el estudio y la fe
    Por Keith A. Erekson
    Director de la Biblioteca de Historia de la Iglesia ay un párrafo que me llamo la atención..
    De igual manera, si bien tenemos registros de que no se confería el sacerdocio a los hombres de ascendencia negra africana, no existe ningún registro que explique con autorizadamente por qué comenzó dicha práctica. En el estudio de la historia, la falta de pruebas no es motivo válido de duda. Aprender sobre el pasado es una labor de recopilar toda la evidencia confiable posible y, donde sea posible, verificable, al tiempo que reservarse el veredicto final de las partes de la historia que no podemos plenamente comprender por falta de información.
    que piensa sobre este articulo?, fue doctrina o política lo que se hizo en este contexto.
    le agradecería de antemano información confiable y verídica que pueda compartir

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