Sobre las correcciones de la memoria

HISTORIA

Sobre las correcciones de la memoria

(Funciones homeostáticas en la construcción de la historia doctrinal mormona)

Por Mario R. Montani

Joseph F. Smith, hijo de Hyrum y padre de Joseph Fielding, narró la siguiente historia en diversas ocasiones. La presente versión está tomada de un discurso de 1915:

“Mi propia tía, la esposa de Don Carlos Smith, fue echada de su casa, una pequeña cabaña de troncos, todo lo que poseían por entonces, con tres niñas pequeñas, una bebé en sus brazos, otra de su mano y otra mayor tomada de su pollera, a medianoche en el mes de Noviembre, con el aire helado y la tierra cubierta de escarcha, sin tiempo para colocarse sus ropas; y dejó sus huellas ensangrentadas sobre el suelo helado de Missouri. Huyó de lo poco que tenía a la luz de las llamas que devoraban su pequeña cabaña…” (Joseph F. Smith, discurso en el Barrio Once. En “Boyhood Recollections”, pags. 54-55)

Los recuerdos de Joseph F. Smith son eficaces para reconstruir las persecuciones que sobrellevaban los santos, pero no siempre son históricamente fidedignos. El sabía que su tía, Agnes Moulton Coolbrith, había tenido tres hijas, pero la última de ellas, de hecho, la poetisa Ina Coolbrith (a quien hemos dedicado un artículo completo en este blog, Ina Coolbrith, nuestra poetisa laureada y olvidada) no nacería hasta años después de los hechos que relata sobre esa trágica noche. El pasado está afectado por su presente como niño. Había conocido a esas tres primas, de modo que las colocó en la escena que describía aunque en la realidad sólo había dos de ellas. No hay aquí el menor deseo de engaño sino la aparición de un mecanismo de “memoria selectiva” que intenta ajustar el pasado con el presente conocido. Los mormones tenemos una larga trayectoria en este tipo de uso amnésico de la historia.

Un término tomado originalmente de la biología, homeostasis, del griego homos (similar) y stasis (estado o estabilidad), refleja la capacidad de los organismos de mantener una condición interna estable compensando los cambios en su entorno mediante diferentes mecanismos. Otras ciencias, como la sociología, han adoptado el concepto para referirlo a los individuos, las sociedades y las instituciones. El esquema es particularmente productivo al referirse a las religiones, y, por lo tanto, al mormonismo. Walter Ong proporciona algunos ejemplos interesantes de cómo funciona la homeostasis:

“Las sociedades orales viven intensamente un presente que guarda el equilibrio u homeóstasis desprendiéndose de los recuerdos que ya no tienen pertinencia actual”. (Walter J. Ong, “Oralidad y Escritura, Tecnologías de la Palabra”, Fondo de Cultura Económica, Bs. Aires, 1997, pag. 52)

Walter J. Ong

Walter J. Ong

“Goody y Watt relatan un caso impresionante de “amnesia estructural” entre los gonja en Ghana. Los registros escritos hechos por los ingleses a principios del siglo XX muestran que la tradición oral gonja presentaba entonces a Ndewura Jakpa, fundador del estado de Gonja, como padre de siete hijos, cada uno de los cuales era soberano de una de las siete divisiones territoriales del estado. Para cuando los mitos del estado fueron reunidos otra vez, sesenta años más tarde, dos de las siete divisiones habían desaparecido, una por asimilación a otra y la segunda en virtud de cambio de frontera. En estos mitos posteriores, Ndewura Jakpa tenía cinco hijos, y no se hacía mención de las dos divisiones suprimidas. Los gonja aún estaban en contacto con su pasado, eran tenaces en cuanto a esta relación en sus mitos, pero la parte del pasado con ninguna pertinencia manifiestamente perceptible con el presente había simplemente desaparecido”. (Walter J. Ong, idem anterior, pag. 53-54)

 “En años recientes se ha notado que, entre el pueblo tiv de Nigeria, las genealogías utilizadas en forma oral para resolver pleitos judiciales difieren considerablemente de las genealogías registradas por escrito en forma minuciosa por los ingleses cuarenta años antes (debido a la importancia que entonces tenían también en los pleitos judiciales). Los tiv posteriores señalaron que utilizan las mismas genealogías como cuarenta años antes, y que el registro anterior escrito estaba equivocado. Lo que sucedió fue que las genealogías posteriores habían sido ajustadas a las nuevas relaciones sociales entre los tiv: eran iguales en cuanto seguían funcionando de igual manera para regular el mundo real. La integridad del pasado estaba subordinada a la del presente”. (Walter J. Ong, idem anterior, pag. 53)

A pesar de no pertenecer a una sociedad puramente oral, la cultura mormona ha tomado el mismo atajo homeostático: se ha ido ajustando al presente. El movimiento restaurado por Joseph Smith, Jr, surgió en un entorno literalizado, con cierto grado de educación y, además, con el mandato de llevar registros. Esos registros han sido utilizados básicamente para validar el presente de la religión, nunca para contradecirlo o presentar opciones alternativas.

Los historiadores, por otro lado, tienen un gran respeto por el pasado, ya que es su fuente básica de investigación:

“Con todo lo envuelto en el olvido, el historiador debe componer nuevamente, en cada época, el epitafio de la vida del Hombre. Sólo el pasado es verdaderamente real… Las vidas de los vivos son fragmentarias, inciertas y cambiantes; las de los muertos, completas, libres del yugo del Tiempo, todopoderoso señor del mundo. Sus éxitos y fracasos, esperanzas y temores, alegrías y penas se han convertido en eternos.  Pesares enterrados en la tumba, tragedias de las que sólo queda un recuerdo lejano, amores inmortalizados por la santa imposición de manos de la Muerte: todos tienen un poder, una tranquilidad mágica, intocable, a la que nada presente puede alcanzar” (Bertrand Russell, Ensayos Filosóficos, Ediciones Altaya S.A., Barcelona, 1993, pag. 95)

Bertrand Russell

Bertrand Russell

El psicólogo Dan P. McAdams denomina “mitos personales” a las historias que contamos sobre nosotros mismos con las que “reacomodamos el pasado de modo que parezca que ha dado nacimiento a nuestro presente” (Dan P. McAdams, The Stories We Live By: Personal Myths and the Making of the Self, New York, Guilford, 1993, pag. 102)

Debemos tomar nota de que la palabra “mito” en este contexto no sugiere necesariamente una mentira o una falsedad deliberada sino más bien “una ideología en forma narrativa”. “El mito naturaliza y legitima las ideolgías” (Bruce Lincoln, Theorizing Myth: Narrative, Ideology, and Scholarship, Chicago, University of Chicago Press, 1999, pag. 147)

El término anamnesis (del griego “recuerdo”) significa recolección, reminiscencia o rememoración, y en general apunta a traer al presente los recuerdos del pasado, recuperar la información registrada en épocas pretéritas.

“La principal función de la anamnesis en comunidades religiosas es recordar los eventos fundacionales que permitieron la formación de la cadena de memorias y/o afirmar el poder grupal de persistir a través de las vicisitudes que hayan enfrentado o que enfrentarán como amenazas”. (Daniele Hervieu-Léger, Religion as a Chain of Memory, New Brunswick, Rutgers University Press, 2000, pag. 125)

Daniele Hervieu-Legere

Daniele Hervieu-Legere

“Un recuerdo es siempre una visión desde dentro de un grupo mientras que la historia observa a los grupos desde afuera” (Geoffrey Cubitt, History and Memory (Manchester, Reino Unido, Manchester University Press, 2007, pag. 44)

No es de extrañar, entonces, que la relación entre autoridades eclesiásticas e historiadores haya sido ocasionalmente un poco tumultuosa. Las primeros han intentado validar siempre una ideología, los segundos, rescatar las verdades del pasado (“El conocimiento de las cosas como fueron…”)

Tomemos algunos casos ejemplares. Todos sabemos, o deberíamos saber, que la Palabra de Sabiduría fue en sus comienzos un consejo sobre normas de salud y recién más adelante pasó a ser un requerimiento de observancia obligatoria (“No por mandamiento o restricción…” reza la Sección 89). Hasta 1870 los miembros podían mascar tabaco en el Tabernáculo. Brigham Young lo hacía y también poseía un bar en el que los viajeros no miembros podían comprar alcohol. En 1901 pasó a ser un requisito aunque con mucha tolerancia para quienes estaban habituados al consumo de ciertas sustancias y para 1921 recién se estableció como necesario para bautizarse, asistir al Templo y ocupar cargos en la Iglesia.

History of the Church (HC) a veces llamada Documentary History of the Church (DHC) es una obra en 7 tomos encargada por la Primera Presidencia en 1902 y que recolectó los escritos de Joseph Smith y sus allegados. Si bien jamás fue aprobada como “Historia Oficial” de la Iglesia, ha sido por más de un siglo la obra de consulta obligada para la investigación. En ella podemos encontrar las siguientes reminiscencias del Profeta:

“Entonces compartimos algunos refrigerios y nuestros corazones se alegraron con el fruto de la vid” (Enero de 1836, HC, Vol. 2, pag. 369)

“Miercoles 3- Convocado a la oficina, bebí un vaso de vino con la hermana Jenetta Richards…” (Mayo de 1843, HC, Vol. 5, pag. 380)

“Me fue reportado que algunos de los hermanos habían estado bebiendo whisky ese día, violando la Palabra de Sabiduría. Llamé a los hermanos e investigué el caso, quedando satisfecho de que nada malo había ocurrido, y les entregué un par de dólares, con el consejo de que rellenaran la botella para que los estimulara en las fatigas de su viaje sin descanso” (Millennial Star, Vol. 21, pag. 283)

Cuando este último párrafo del Millennial Star se incorporó a la History of the Church lo hizo parcialmente. Finalizaba con “Llamé a los hermanos e investigué el caso, quedando satisfecho de que nada malo había ocurrido” (HC, Vol. 5, pag. 450) La “amnesia” había comenzado. Las Autoridades intentaban instalar la obligatoriedad de la observancia…

En horas previas al martirio:

“El guardia envió inmediatamente por una botella de vino, pipas y dos pequeños atados de tabaco, y uno de los guardias los trajo a la prisión… El Dr. Richards destapó la botella, y presentó un vaso a Joseph, quien lo probó, así como el hermano Taylor”. (HC, Vol. 6, pag. 616)

Todo parece indicar que Joseph no era extremadamente dogmático con respecto a la observancia en muchos aspectos. Pero como esos relatos no coinciden con nuestra actual aplicación de la Palabra de Sabiduría, es mejor hacerlos desaparecer… homeostasis, recuerdos que se olvidan por no ser pertinentes en la actualidad. La verdad histórica es bastante más sencilla: ningún miembro de la Iglesia tuvo la obligación estricta de observancia de la Sección 89 hasta 60 años después de los hechos relatados. No es tan difícil de explicar, sin necesidad de mentir u ocultar evidencia…

Mecanismos de la Memoria

Karim Nader, neurocientífico de la Universidad McGill ha descubierto que los recuerdos no son muy confiables, porque los vamos modificando permanentemente.

Dr. Karim Nader

Dr. Karim Nader

La generación de un nuevo recuerdo requiere el ajuste entre las conexiones de las neuronas. Cada nuevo recuerdo realiza algunos cambios en la forma en que se comunican las neuronas del cerebro, a través de la sinapsis. Para construir recuerdos que duren años las neuronas deben crear nuevas proteínas. Nader descubrió que, a diferencia de lo que se pensaba anteriormente, los recuerdos nunca están consolidados para siempre. Cuando un recuerdo vuelve a la memoria es como empezar todo el proceso desde el principio, creando nuevas proteínas. Es común que al contar un recuerdo se mezcle con el presente, o con historias contadas por otras personas sobre el mismo hecho. Muchos de estos cambios tienen que ver con las experiencias vividas, con lo que nos ha ocurrido desde entonces y que va modificando nuestra percepción de los hechos. (Tal vez el desfasaje de tiempo en el relato inicial de Joseph F. Smith podría comprenderse mejor mediante este mecanismo)

Por tanto, los recuerdos registrados por escrito cerca de la fecha de los acontecimientos tienden a ser más fidedignos que los que se registran mucho tiempo después. Cada vez que los traemos a la memoria, algo se pierde y algo se agrega a esos recuerdos, sin que tengamos demasiada conciencia de ello.

El relato más antiguo que conocemos de la Primera Visión fue escrito en 1832 de puño y letra de Joseph. Extrañamente, allí sólo menciona la aparición del Señor y no la del Padre. Ese texto recién se publicó en 1965 y atrajo la atención de los investigadores ya que, por ser el más antiguo, debería ser el más fiel. En 1834 Oliver Cowdery, cercano al Profeta, mencionó la aparición de un ángel diciendo que sus pecados eran perdonados y que no debería unirse a ninguna iglesia. En otra versión de 1835 Joseph menciona a dos personajes no identificados y varios ángeles. Recién en 1838 escribió la historia que hoy, canonizada y con algunas variaciones, aparece en La Perla de Gran Precio.

Muchos historiadores se han preguntado si ha habido una evolución del relato, si el Profeta lo mantuvo en secreto por varios años para evitar una mayor persecución o si los mecanismos de reconstrucción de la memoria fueron agregando elementos adquiridos posteriormente como parte de la Restauración.

Por supuesto que cuando hablamos de memorias colectivas o institucionales, los mecanismos no son los mismos que los de las memorias individuales, aunque pueden verse influidos por ellas. En este ámbito pasan a ser importantes las decisiones políticas, las circunstancias históricas, las relaciones con el entorno y los cambios ideológicos. Los recuerdos se tornan selectivos con fines determinados. El presente identifica los temas del pasado que pueden traerse a la memoria.

Como la poligamia no se practica en el presente, ya no hablamos sobre ella. Recordamos sí que la destrucción de la imprenta donde se publicaba el “Nauvoo Expositor” por disturbios al orden públicos fue un motivo que llevó a Joseph Smith a la cárcel y a su muerte. Pero fallamos en recordar que el único número publicado del “Expositor” se refería a los matrimonios polígamos y poliándricos que se estaban llevando a cabo en la ciudad y de los cuales la mayoría de los miembros no tenían noticias.

Recordamos amargamente la Orden de Exterminio del Gobernador Boggs (orden ciertamente infame en su instrumentación y aplicación) pero decidimos olvidar que los santos del momento enseñaban que el comienzo del milenio era inminente y que el Señor les daría el Estado de Missouri como heredad. Olvidamos mencionar también que, poco tiempo antes de la expulsión, Sidney Rigdon, integrante de la Primera Presidencia, había afirmado en una oración pública en Far West:

“Ponemos a Dios y los santos ángeles como testigos este día, de que advertimos a todos los hombres en nombre de Jesucristo, que jamás vuelvan a venir contra nosotros. Pues, a partir de esta hora, no lo toleraremos más, nuestros derechos no serán pisoteados con impunidad. El hombre, o grupo de hombres, que lo intente, lo hará a expensas de sus vidas. Y al populacho que venga a causar disturbios advertimos que será entre nosotros y ellos una guerra de exterminio; pues los perseguiremos hasta que la última gota de su sangre se derrame, o ellos tendrán que exterminarnos: pues llevaremos la guerra hasta sus casas, y sus propias familias, pues un grupo o el otro será totalmente destruido. Recuérdenlo, por tanto, todos los hombres” (Oration, Sidney Rigdon, 4 Julio 1838, Journal Office, Far West, Caldwell County, Missouri)

Aceptamos las modernas disculpas de las autoridades estatales por las atrocidades cometidas, pero ¿no tendríamos alguna para ofrecer por haber echado combustible al fuego de una inestable situación política y social con milenarismo inminente y promesas de venganza?

Sí. Hemos sido muy selectivos con nuestros olvidos. Y siempre tuvieron que ver con el presente. Recién después de 1978 comenzamos a saber que Joseph Smith había ordenado afroamericanos al sacerdocio. Pero los registros estuvieron siempre allí. Simplemente no deseábamos mirar lo que no coincidía con la actualidad reinante.

De la modificación de los recuerdos con fines positivos.

Aquellos que tienen mi edad recordarán los discursos de Paul H. Dunn. Era una persona amable y con una gran habilidad para dar mensajes entretenidos. Dunn fue llamado como Autoridad General en 1964 e integró la Presidencia del Primer Quorum de Setentas entre 1976 y 1980. Durante ese período escribió alrededor de 50 libros y se expresó públicamente en infinidad de ocasiones. Muchos de sus relatos estaban extraídos de sus experiencias personales. En la década de 1980, algunos periodistas e investigadores comenzaron a rastrear el origen de esas historias y descubrieron que muchas de ellas no habían ocurrido nunca o estaban ampliamente modificadas. Entre ellas, que Paul había jugado en las ligas mayores de baseball con los St. Louis Cardinals. Que era el único de los 6 sobrevivientes de su unidad de combate de 1000 hombres en la Segunda Guerra Mundial que no había sido herido. Que había sido el único infante de marina sobreviviente de 11 que debieron correr 100 yardas bajo fuego de metralla enemigo con balas que le fueron sacando la bota derecha, su cinturón con cantimplora y su casco. Que su mejor amigo había muerto en sus brazos en la batalla de Okinawa.

Elder Paul H. Dunn

Elder Paul H. Dunn

Cuando se lo enfrentó con la evidencia, Dunn reconoció que muchas de las historias no eran verdaderas pero que las había modificado para que fueran más interesantes y pudiesen enseñar principios del Evangelio. Intentó compararlas a las parábolas de Jesús, que sin ser verdaderas transmitían una enseñanza. El punto era insostenible ya que Jesús nunca pretendió que sus historias hubiesen ocurrido. “Simplemente puse a la historia en paquetes mejores”, fue su defensa.

Paul H. Dunn recibió el estatus de Autoridad Emérita en 1989, con sólo 65 años y con alguna dura penitencia nunca clarificada. En 1991 expresó sus disculpas en una carta a todos los miembros de la Iglesia por sus errores y en 1998 fallecía a los 73 años.

De todos modos la pregunta a hacernos es: ¿Fue el Elder Dunn un caso aislado y excepcional presionado por su fama de elocuente expositor de ideas o era el emergente de la creencia de que el pasado puede modificarse siempre que nuestras intenciones sean promover la fe?

Cada uno deberá responder esa pregunta…

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Esta entrada fue publicada en Historia.

3 comentarios el “Sobre las correcciones de la memoria

  1. Lázaro Vázquez dice:

    SON CIERTOS LOS COMENTARIOS ACERCA DE ADAPTAR LA HISTORIA CON EL PRESENTE,Y ES BUENO QUE EL ARTÍCULO SEA OBJETIVÓ E ILUSTRE EL TEMA, NO SÓLO EN CUANTO A LA IGLESIA, SINO EN UN PLANO GENERAL, GRACIAS POR LA CLARIDAD AL COMPARTIR…

  2. Julián Mansilla dice:

    A menudo me pregunto, si el perdón en sí mismo no contiene elementos de lo que aquí se menciona como “memoria selectiva” o homeostasis de la memoria. Pienso que es imposible desarrollar un perdón completo sin una reestructuración de nuestra memoria, eso pareciera que nos permite seguir adelante en nuestras vidas. Creo que de lo contrario podemos perder el equilibrio entre el peso que ocupa nuestras vidas nuestro pasado, presente y futuro. En D y C 58:42 dice: “He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más.” Este pasaje me lleva a pensar que nos encontramos con un Dios con “memoria selectiva”. Esto me hace pensar que la relación que tiene con nosotros no es solo la de un historiador, hay algo más. Pareciera que el olvido y el recuerdo son mecanismos necesarios, aún en la eternidad, quizás el desafío esté en que cosas podemos decidir nosotros olvidar y recordar.
    En cuanto a la historia de la iglesia hoy felizmente contamos con proyectos de dimensiones monumentales como es el http://www.josephsmithpapers.org
    Nunca en la historia se pudo acceder a tantas fuentes con tanta claridad y precisión como ahora. Hoy más que nunca podemos acceder a miles de fuentes y opiniones diversas, donde la responsabilidad de reconstruir la historia queda cada vez más en nuestras manos. A veces ante semejantes aciertos, quizás podemos incurrir en la falacia de aplicar un “olvido selectivo” sobre los aciertos del presente y enfocarnos solo en los recuerdos de los errores del pasado. Al fin de cuentas si los historiadores son humanos, creo que también podrán recibir perdón. Y el perdón en cierta medida es el resultado de un presente que modifica el pasado… cosa que a veces olvidamos.

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