Nuestra Madre en los Cielos – Tercera Parte

Doctrina

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Nuestra Madre en los Cielos

Tercera Parte

Por Mario R. Montani

En la actualidad

Actualmente, la creencia en una Madre Celestial es compartida también por algunos movimientos desgajados del mormonismo como la Restoration Church of Jesus Christ (disuelta en 2010) y la Fundamentalist Church of Jesus Christ of Latter-Day Saint. Por otro lado, no es aceptada por la Comunidad de Cristo (Ex Iglesia Reorganizada)

El siglo XXI ha traído muchas novedades. Las agrupaciones feministas han hecho sentir su presencia en la Iglesia, logrando conquistas impensadas algunas décadas atrás. Los nuevos medios de comunicación, particularmente internet, han ‘democratizado’ las opiniones. Publicaciones no oficiales de larga trayectoria y probada seriedad como Dialogue o Sunstone son leídas por buena parte de los miembros. La apertura de los “Estudios Mormones” en las universidades norteamericanas ha producido interesantes reflexiones de catedráticos miembros y no miembros sobre nuestra doctrina y pasado histórico. La Universidad de Brigham Young ha debido ponerse a tono, modificando la variedad y el enfoque de sus propias publicaciones.

Las poesías que incluyen a la Madre Celestial han comenzado a publicarse ampliamente en los foros literarios mormones, los blogs y aún en el Certamen de Poesía Eliza R. Snow patrocinado por la Sociedad de Socorro.

Sin embargo, oficialmente, continuamos hablando poco sobre ella, aunque, si la dejáramos de lado, buena parte de nuestra doctrina se derrumbaría (preexistencia, matrimonio eterno, exaltación, etc)

Tresa Edmunds, una activa miembro de la Iglesia pero también feminista, que participa de entrevistas en diferentes plataformas, ha escrito en 2011:

“La Madre Celestial también encaja en la particular y complicada cosmología mormona, donde las familias son a menudo mencionadas como “los bloques de la eternidad”. Tenemos familias aquí en la Tierra que podemos llevar con nosotros a la próxima vida, siguiendo el modelo del Dios al que adoramos… Hay muchas razones por las que tal vez no sabemos más de nuestra Madre Celestial. Algunos sugieren que la iglesia moderna está intentando restar importancia a doctrinas que pueden hacer que otros nos clasifiquen como “no cristianos”. Otros dicen que, siendo varones la gran mayoría de nuestros líderes religiosos, no han sentido el mismo anhelo por una diosa madre que han sentido las mujeres, y por tanto, no la han buscado. Otros podrán insinuar que Dios aún no desea darnos más información revelada… Aún así, la doctrina de la Madre Celestial nos ofrece esperanzas. Es un marco ya existente que podría desarrollarse para darle a la mujer una posición más fuerte en la jerarquía de la Iglesia… Si el lugar de Ella fuese más prominente, el lugar de la mujer podría serlo también…” (Tresa Edmunds, “God’s wife, the mysterious mother of Mormons, The Guardian, 6 de Julio 2011)

Tresa Edmunds

Tresa Edmunds

En el 2011 también David L. Paulsen y Martin Pulido publicaron “A Mother There: A Survey of Historical Teachings about Heavenly Mother” (Una Madre Allí: Una Revisión de Enseñanzas Históricas sobre la Madre Celestial) en BYU Studies 50, Nº 1 (2011), pags. 71-97. Allí mencionan más de 600 citas de autoridades sobre el tema, explicando que el “silencio sagrado” nunca existió realmente y manifestando la esperanza de que vuelva a ser tratado más ampliamente.

David L. Paulsen

David L. Paulsen

Hace muy poco, en Octubre de 2015, la Iglesia finalmente emitió una declaración doctrinal:

“La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña que todos los seres humanos, hombres y mujeres, son amados hijos espirituales de padres celestiales, un Padre Celestial y una Madre Celestial. Esta comprensión se basa en las enseñanzas proféticas y de las Escrituras acerca de la naturaleza de Dios, nuestra relación con la Deidad y el potencial divino de hombres y mujeres1. La doctrina de una Madre Celestial es una creencia preciosa y distintiva entre los Santos de los Últimos Días2.

Aunque no hay registro de una revelación oficial de José Smith de esta doctrina, algunas de las primeras mujeres Santos de los Últimos Días indicaron que él les enseñó personalmente acerca de una Madre Celestial3. Las referencias publicadas más antiguas de la doctrina aparecieron poco tiempo después de la muerte de José Smith en 1844, en documentos escritos por sus colaboradores cercanos4. La expresión más notable de la idea se encuentra en un poema de Eliza R. Snow, titulado “My Father in Heaven” [Mi Padre Celestial] y ahora conocido como el himno “Oh mi Padre”. Este texto declara: ¿Hay en los cielos padres solos? Clara la verdad está; la verdad eterna muestra: madre hay también allá”5.

De forma subsecuente los líderes han confirmado la existencia de una Madre Celestial. En 1909, la Primera Presidencia enseñó que “Todos los hombres y mujeres son a semejanza del Padre y la Madre universales, y son literalmente hijos e hijas de la Deidad”6. Susa Young Gates, una líder prominente de la Iglesia, escribió en 1920 que las visiones y enseñanzas de José Smith revelaron la verdad de que “la divina Madre, [está] lado a lado con el divino Padre”7. En “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, emitida en 1995, la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles declararon: “Cada [persona] es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos”8.

Los profetas han enseñado que nuestros padres celestiales obran juntos para lograr la salvación de la familia humana. El élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Somos parte de un divino plan diseñado por Padres Celestiales que nos aman”9. El presidente Harold B. Lee declaró: “Olvidamos que tenemos un Padre Celestial y una Madre Celestial que, probablemente, están incluso más preocupados por nosotros que nuestro padre y madre terrenal, y esa influencia del cielo está obrando constantemente para tratar de ayudarnos cuando hacemos todo lo que podemos”10.

Los Santos de los Últimos Días dirigen su adoración al Padre Celestial, en el nombre de Cristo, y no oran a la Madre Celestial. En esto, siguen el modelo establecido por Jesucristo, que enseñó a Sus discípulos que, “siempre debéis orar al Padre en mi nombre”11. A los Santos de los Últimos Días se les enseña a orar al Padre Celestial, pero como el presidente Gordon B. Hinckley dijo: “El hecho de que no oremos a nuestra Madre Celestial de ninguna manera disminuye ni denigra la importancia que ella tiene”12. Ciertamente, como el élder Rudger Clawson escribió: “Honramos a la mujer cuando reconocemos la divinidad que hay en ella en su función eterna”13.

Como con muchas otras verdades del Evangelio, nuestro conocimiento actual acerca de la Madre Celestial es limitado; no obstante, se nos ha dado suficiente conocimiento para apreciar lo sagrado de esta doctrina y comprender el modelo divino que se ha establecido para nosotros como hijos de padres celestiales. Los Santos de los Últimos Días creen que este modelo se refleja en la declaración de Pablo: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón”14. El hombre y la mujer no pueden ser exaltados el uno sin el otro. Al igual que tenemos un Padre Celestial, tenemos una Madre Celestial. Como el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, ha dicho: “Nuestra teología empieza con padres eternos; nuestra mayor aspiración es llegar a ser como ellos”15.

Recursos

  1. Génesis 1:26–27; Moisés 3:4–7; Romanos 8:16–17; Salmos 82:6; Doctrina y Convenios 132:19–20.
  2. Véase “Llegar a ser como Dios”; véase también Elaine Anderson Cannon, “Mother in Heaven”, en Encyclopedia of Mormonism, ed. Daniel H. Ludlow, 5 tomos, Nueva York: Macmillan, 1992, tomo II, pág. 961. Para una revisión detallada de estas enseñanzas, véase David L. Paulsen y Martín Pulido, “‘A Mother There’: A Survey of Historical Teachings about Mother in Heaven”, BYU Studies, tomo L, nro. 1, 2011, págs. 70–97.
  3. Zina Diantha Huntington Young mencionó que cuando su madre falleció en 1839, José Smith la consoló al decirle que en el cielo ella vería a su propia madre de nuevo y llegaría a conocer a su Madre Eterna. Susa Young Gates, History of the Young Ladies’ Mutual Improvement Association of the Church of Jesus Christ of Latter-Day Saints, Salt Lake City: Deseret News, 1911, págs. 15–16.
  4. Véase de W. W. Phelps, “Come to Me”, en “Poetry, for the Times and Seasons”, Times and Seasons, tomo VI, 15 de enero de 1845, pág. 783.
  5. My Father in Heaven”, en “Poetry, for the Times and Seasons”, Times and Seasons, tomo VI, 15 de noviembre de 1845, pág. 1039; “Oh mi Padre”, Himnos, nro. 187; véase también Jill Mulvay Derr, “The Significance of ‘O My Father’ in the Personal Journey of Eliza R. Snow”,BYU Studiestomo XXXVI, nro. 1,1996–1997, págs. 84–126.
  6. “The Origin of Man”, Improvement Era, tomo XIII, nro. 1, noviembre de 1909, pág. 78.
  7. “The Vision Beautiful”, Improvement Eratomo XXIII, nro. 6, abril de 1920, pág. 542. En ese momento, Gates era la secretaria de registros de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro.
  8. La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.
  9. Russell Ballard, When Thou Art Converted: Continuing Our Search for Happiness, Salt Lake City: Deseret Book, 2001, pág. 62.
  10. Harold B. Lee, “The Influence and Responsibility of Women”, Relief Society Magazinetomo LI, nro. 2, febrero de 1964, pág. 85.
  11. 3 Nefi 18:19–21Mateo 6:6–9Juan 17:1, 5, 21, 24–25; véase tambiénMateo 4:10Lucas 4:8; y 3 Nefi 13:917:15.
  12. Gordon B. Hinckley, “Hijas de Dios”, Liahona, enero de 1992, pág. 112.
  13. “Our Mother in Heaven”, Latter-day Saints’ Millennial Star, tomo LXXII, nro. 39, 29 de septiembre de 1910, pág. 620. Rudger Clawson era el editor de la publicación periódica y posiblemente el autor de este editorial.
  14. 1 Corintios 11:11.
  15. Dallin H. Oaks, “La Apostasía y la Restauración”, Liahona, julio de 1995, pág. 95.

 

La investigadora Fiona Givens ha apuntado también a otros símbolos a los que no hemos dado importancia suficiente:

“Un símbolo poco reconocido se encuentra en el umbral del cuarto celestial en el Templo de Salt Lake. Justo sobre el velo, en la pared occidental, se yergue la notable estatua de una mujer, de más de 1,80 mts de altura, sosteniendo lo que parecen ser hojas de palma. Se halla flanqueada  por dos querubines fácilmente discernibles a los que se encuentra unida por guirnaldas de coloridas flores. Mientras que los regordetes querubines están siempre presentes en el arte renacentista y podrían, por tanto, confundirse con meras decoraciones, el número y su ubicación en el cuarto celestial del templo nos retrotraen a los majestuosos, temibles Querubines – guardianes del propiciatorio en el Santísimo del Primer Templo. La Dama del Templo está ubicada en el portal del velo – la representación del cuerpo herido de del Señor Jesucristo – a través del cual toda nación, tribu, lengua y pueblo entrará al reino celestial (Hebreos 10:20, Mateo 27:50-51) La estatua original fue obtenida por Joseph Don Carlos Young, quien fue llamado por la Presidencia de la Iglesia para suceder a Truman O. Angell como decorador del interior del Templo. Young compró la estatua alada llamada “El Angel de la Paz” y los querubines en una visita a Nueva York en 1877. Sin embargo, en una visión en sueño cierta noche, Young registró: “Me sentí impelido a quitarle las alas. Ahora le veo una sonrisa y una expresión que jamás había notado antes y puedo permitir que sea colocada allí” (Anotaciones privadas de Joseph Don Carlos Young, citado en “The Woman at the Veil”,Alonzo L. Gaskill & Seth G. Soha, Provo, Religious Studies Center, 2015, pags. 91-111) . La enigmática dama colocada en el velo del templo, plena de imágenes relacionadas con la crucifixión, no parece ser Eva. María, la madre mortal del Señor, es una posibilidad, dada su relación maternal con el Mesías. Sin embargo, la presencia de la Dama a la entrada del cuarto celestial, representando el reino celestial, sugiere a alguien más. (Fiona Givens, Joseph Smith’s Theology Making, Dialogue 49.1 Spring 2016, pags. 6-7)

Fiona Givens

Fiona Givens

Orando a la Madre Celestial

He dejado para el final un tema bastante conflictivo:

“Las influencias de más allá del velo pueden ayudarnos. Ocasionalmente olvidamos que hay seres amados fuera de nuestra vista que piensan sobre nosotros y nuestros hijos. Olvidamos que tenemos un Padre Celestial y una Madre Celestial que están, probablemente, más preocupados que nuestros padres y madres terrenales, y que las influencias del más allá están operando constantemente para tratar de ayudarnos cuando hemos hecho todo lo posible” (Harold B. Lee, “The Influence and Responsability of Women”, Relief Society Magazine 51, Febrero 1964, pag. 85)

Para muchos miembros, declaraciones como la anterior y otras del pasado más profundo, han significado que podemos dirigirnos tanto a nuestro Padre como a nuestra Madre en busca de la colaboración prometida.

Probablemente el primero en oponerse a tales prácticas fue el Apóstol Orson Pratt, pero el motivo que expuso fue que, como en cualquier hogar bien organizado del siglo XIX, “la Madre en los cielos debía la más perfecta obediencia a su Esposo” (frase que nunca fue vista con simpatía por las feministas de todas las épocas). Sin embargo, a partir de 1865, las propuestas de Pratt fueron dejadas de lado en lo relacionado a valor doctrinal por su oposición a la idea de Brigham Young sobre Adán-Dios (hoy llamada teoría pero en aquel entonces impulsada como doctrina por la Primera Presidencia)

Susa Young Gates, una de las hijas de B. Young, y ella misma activista por los derechos de la mujer (la hemos mencionado anteriormente como una de las fuentes indirectas por las que se ha intentado mostrar que Joseph Smith reveló la existencia de nuestra Madre) pensaba que “la gran Madre Celestial había moldeado la personalidad de Abraham… y ha cumplido un rol significativo en nuestras vidas, vigilándonos y proveyendo un cuidadoso entrenamiento”

Susa Young Gates

Susa Young Gates

En una carta del lector aparecida en Dialogue, A Journal of Mormon Though 7 (Otoño 1974), pag. 7, la remitente relataba que después de meditar y arrodillarse para orarle por primera vez a la elusiva figura Femenina, tuvo esta experiencia:

“Madre en los Cielos, creo que tu puedes existir. ¿Estás allí? Conocemos al Padre y al Hijo, pero ¿por qué no te has revelado a nosotros?”

Entonces una voz maravillosa le respondió claramente:

“Buena hija, hasta este momento, nadie preguntó. Los hombres jamás pensaron en preguntar”.

Finalmente, en la década de 1990, con cientos de mujeres mormonas (tal vez miles) intentando establecer una relación personal con la figura materna celestial, el Presidente Gordon B. Hinckley, como Consejero de la Primera Presidencia, se expidió oficialmente:

“Esta práctica se inició en oraciones privadas, pero está comenzando a surgir en oraciones que se ofrecen en algunas reuniones… Sin embargo, en vista de la instrucción que hemos recibido del Señor mismo, considero inapropiado que alguien en la Iglesia se dirija en oración a nuestra Madre Celestial. El Señor Jesucristo nos enseñó la forma en que debemos orar…me gustaría agregar que ninguno de nosotros puede añadir ni quitar a la gloria de nuestra Madre Celestial de quien no tenemos un conocimiento revelado (Conf. General Octubre 1991, Liahona Enero 1992, pag. 112)

En 1995 la teóloga feminista Janice Allred, quien había publicado God, the Mother fue excomulgada, y en 1996 la Profesora Gail Houston fue despedida de BYU por describir públicamente su relación personal con la Madre. A partir de allí, la oración ha pasado a la clandestinidad, pero, indudablemente, sigue existiendo, como lo ha demostrado el artículo de Kevin L. Barney “How to Worship Our Mother in Heaven (Without Getting Excommunicated) (Cómo adorar a nuestra Madre en los Cielos, sin ser excomulgados) Dialogue 41, Nº4 (Invierno 2008), pags. 121-146)

god

El razonamiento utilizado por Gordon B. Hinckley que se inicia con la introducción de “considero inapropiado” (bastante alejada de “así dice el Señor” o “esta es la doctrina de la Iglesia) y que se basa en que no aparecen referencias a oraciones a la Madre en las Escrituras, presenta también sus puntos débiles. Varios han objetado ya que, con el mismo razonamiento, siendo que las Escrituras no mencionan jamás a la Madre, deberíamos concluir, por lo tanto, que no existe.

Algunas provisorias consideraciones finales

Creo en la existencia de una Madre Celestial. La idea me parece razonable y me siento cómodo con ella. También estoy cómodo con que una mujer puede haber tenido una revelación al respecto. Tengo en claro que nadie dejará de recibir una recomendación para el Templo por creer o no creer en ella. De hecho, es más probable que la obtenga alguien que no cree en su existencia que alguien que sí cree pero le ora (lo cual suena un poco raro ¿no?). En el brevísimo lapso histórico (para una Iglesia) de dos siglos, hemos pasado de ignorar la existencia de una Madre Celestial a proclamar su realidad; hemos pasado de hablar profusamente sobre sus características a un silencio sagrado sin propósitos definidos; importantes y diferentes Autoridades Generales la han considerado como Eva, el Espíritu Santo, una colaboradora en la Creación o como Una entre Varias. Siendo una doctrina que nos ha llegado por “inferencias” y no por revelación (el propio Gordon B. Hinckley así lo reconoce en su categórico discurso) todo lo que digamos y opinemos sobre ella siguen siendo “inferencias” la cual es una palabra un poco más suave que “suposiciones” o “deducciones”. Todo lo que se ha hablado sobre la preocupación de nuestra Madre, de sus preparativos para nuestro recibimiento al otro lado del velo, son expresiones bien intencionadas, anhelos humanos “inferidos” de nuestra experiencia terrenal. Hemos creído que el hecho de poseer la teología de un dios antropomórfico nos habilita a trasladar a los cielos nuestra pobre experiencia mortal. Es cierto, no tenemos otro modo de imaginar. Pero deberíamos aclarar que se trata de un “andamiaje provisorio de la verdad” y no la Verdad Ultima de la que poco sabemos.  Creo también que si no tenemos revelación confirmativa de la existencia de nuestra Madre, tampoco la tenemos sobre las oraciones dirigidas a ella. No imagino al Padre negándose a revelar su ser pero tomándose el trabajo de asegurarnos que no debemos orarle. Se trata de otra “inferencia”, o si se quiere darle carácter institucional, una “política”, con poca base como para que se definan excomuniones por ella.

Me despido con la frase de alguien por quien sentí mucho cariño, el último de los Patriarcas Presidentes de la Iglesia, con una fe sencilla y profunda, pero consciente de que llenamos los huecos doctrinales con andamiajes provisorios:

“El único de mi conocimiento que ha resucitado y tenido hijos – que yo lo sepa – es mi Padre en los Cielos y mi Madre en los Cielos. No se puede tener una Padre en los Cielos sin una Madre en los Cielos… nuestro Padre en los cielos debe haber pasado por una vida mortal y llegar a resucitar, y debemos tener una Madre en los Cielos, porque no podemos tener un Padre sin una Madre en ningún tiempo, en ninguna vida. Fuimos sus hijos, nacidos después de sus respectivas resurrecciones…” (Eldred G. Smith, “Exaltation,” in Brigham Young University Speeches of the Year, 1963–64, Provo: Brigham Young University, 1964: 6)

Esta serie de artículos se ha beneficiado con las siguientes lecturas:

“The Mormon Concept of a Mother in Heaven” – Linda P. Wilcox

“Mormon Doctrine” – Bruce R. McConkie

“Adan, Eva y la Serpiente” – Elaine Pagels

“The Perfect union of man and woman: reclamation and collaboration in Joseph Smith’s theology making” – Fiona Givens

“A Mother There” A Survey of Historical Teachings about Mother in Heaven – David L. Paulsen & Martin Pulido (BYU Studies Symposium)

“How to Worship our Mother in Heaven (Without Getting Excommunicated)” – Kevin L Barney (Dialogue Vol. 41 Nº4, pag. 121-146

 

 

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