Nuestra Madre en los Cielos – Segunda Parte

Doctrina

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Nuestra Madre en los Cielos

Segunda Parte

Por Mario R. Montani

En el siglo XIX

Como observamos en la primer parte de este tratado, la idea de una Madre Celestial no aparece en la Biblia, ni en el resto de los Libros Canónicos o las enseñanzas de Joseph Smith, y lo que las Autoridades han declarado con el paso del tiempo siempre ha enfatizado su carácter de “deducción lógica” o “inferencia de otras doctrinas”.

Sin embargo, a lo largo del siglo XIX, los mormones no estaban tan solos en esta “inferencia”. Como lo ha señalado el estudioso SUD Charles R. Harrell:

“Aún el concepto de un Padre y una Madre Celestiales del mormonismo tardío puede hallarse en las enseñanzas esotéricas de la Kabala, que intrigaba a los místicos cristianos de la época de Joseph Smith” (Charles R. Harrell, “This Is My Doctrine”: The Development of Mormon Theology (Salt Lake City: Greg Kofford Books, 2011), pag.207)

Linda Wilcox, en “Mormon Concept of a Mother in Heaven,” como parte de Women and Authority, editado por M. Hanks, pag. 4, ha indicado:

“El ambiente norteamericano del siglo XIX temprano del cual surgió el mormonismo también poseía algunos prototipos para una deidad femenina”

La década de 1840 marcó el inicio de los movimientos feministas, que tuvo su definición formal en la Convención de Seneca Falls de 1848, a sólo 25 millas de Palmyra. Una de las líderes del movimiento, Elizabet Cady Stanton, publicaría The Woman’s Bible, un comentario sobre la Biblia en el que la Trinidad se entendía compuesta por Padre, Madre e Hijo.

“Los elementos masculinos y femeninos estaban igualmente representados en la creación…Y el reconocimiento para la nueva generación de una Madre Celestial ideal, a quien puedan dirigirse las oraciones así como al Padre”  (Elizabeth Cady Stanton, The Woman’s Bible, pt.1 (1895-98, New York Arno Press, 1972), pag. 218)

Los Shakers eran una secta escindida de los Cuáqueros, con origen en Inglaterra pero trasplantada a América con sus características propias. Enseñaban una doctrina de “Padres Celestiales”. “Una importante, sublime y fundacional doctrina de los Shakers es la existencia de una Madre Eterna y un Padre Eterno en la Deidad, los Padres Celestiales de todos los seres angélicos y humanos” (Frederick W. Evans, Shakers: Compendium of the Origin, History, Principles, Rules and Regulations, Government, and Doctrines of the United Society of Believers in Christ’s Second Appearing (New York: D. Appleton, 1859), pags. 103-104). Desde 1826 existía una comunidad del grupo en Groveland, 48 millas al sur de Palmyra. Varios de los primeros líderes de la Iglesia o sus familiares tuvieron ese origen y los Shakers son mencionados específicamente en la Doctrina y Convenios.

Mary Baker Eddy, fundadora de la Ciencia Cristiana,  publicó en 1875 Science and Health with Key to the Scriptures, en el cual identifica a la deidad como “Padre-Madre Dios”.

Dentro del catolicismo, el siglo XIX también fue un período en el que se resaltó lo femenino. Esto puede observarse en la doctrina de la Inmaculada Concepción establecida como dogma en 1854 y las apariciones de María en Lourdes, 1858.

En esa misma centuria, las Autoridades de la Iglesia no se quedaron atrás.

Brigham Young especificó que “Dios creó al hombre, como nosotros creamos a nuestros hijos; pues no hay otro proceso de creación en los cielos, sobre la tierra, en la tierra, o debajo de la tierra, o en todas las eternidades, que sea, que haya sido, o que jamás existirá” (Brigham Young, Journal of Discourses, 18 June 1865, 26 vols, Liverpool, 11:122)

Erastus Snow, un Apóstol, también explicó el concepto como surgido de la lógica y el sentido común:

“Ahora bien, no hay demasiadas referencias en las Escrituras sobre que tengamos una Madre en los cielos así como un Padre. Se ha dejado para que los infiramos de lo que vemos y sabemos sobre todas las cosas vivientes sobre la tierra, incluyendo al hombre. Los principios de lo masculino y lo femenino están unidos y ambos son necesarios para cumplir el propósito de su existencia, y si este no fuese el caso con nuestro Padre en los cielos, a cuya imagen fuimos creados, sería una anomalía en la naturaleza. En nuestras mentes, la idea de un Padre sugiere la de una Madre”. (16. JD, 31 May 1885, 26:214)

Erastus Snow

Erastus Snow

“Dios es un Ser casado, tiene una esposa… y somos los descendientes de El y Su esposa”. (George Q. Cannon, Salt Lake Daily Herald, Abril 15 de 1884, pag. 8)

Otras veces, daban la idea de postular un Dios que incorporaba el elemento femenino en su propia esencia:

“¿Qué”, dice alguien, “quiere decir que debemos entender que la Deidad consiste de hombre y mujer?”. Ciertamente yo lo hago. Si voy a creer lo que dios ha dicho sobre sí mismo y sobre la creación y organización del hombre en la tierra, debo creer que la Deidad consiste de hombre y mujer… no puede haber dios a menos que esté compuesto del hombre y la mujer unidos… Jamás hubo un Dios, o llegará a haberlo en las eternidades, a menos que esté formado por estos dos componentes: un hombre y una mujer, lo masculino y lo femenino”. (Erastus Snow, JD 3 Marzo 1878, 19: 269-70)

¿Madre o Madres?

En un sarcástico chiste mormón de humor gráfico (los hay, y algunos muy buenos) una esposa le pregunta a su esposo: “¿Qué crees que la Madre Celestial pensará sobre la poligamia?”. A lo que su compañero responde: “¿Cuál de las Madres Celestiales?”.

Como todo chiste, para ser efectivo, debe dar cuenta de la existencia previa de una situación en la sociedad a la que va dirigido. A veces, inclusive, a situaciones tensionales o irresueltas en esa sociedad.

Muchos creen que las especulaciones sobre la pluralidad de Madres Celestiales, se originaron en The Seer, de nuestro teólogo Orson Pratt, a las cuales se las considera no doctrinales. Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo XIX son numerosísimas las referencias en discursos de Autoridades a la práctica poligámica de Jesucristo y de su Padre, Elohim, coincidentes con el período en que la poligamia fue común entre los Santos.

Orson Pratt

Orson Pratt

Es decir, sin una motivación puramente doctrinal o teológica, se mencionaban permanentemente las varias esposas de Jesús y de nuestro Padre como forma argumentativa de defender la poligamia decimonónica.

El Apóstol John Taylor (futuro Presidente de la Iglesia) respondiendo a la pregunta de una hermana, publicó:

“¿No sabes tú que eternidades atrás tu espíritu, puro y santo, moró en el seno del Padre Celestial, y en su presencia, y con tu madre, una de las Reinas de los cielos, rodeada por tus hermanos y hermanas espirituales, en el mundo de los espíritus, entre los Dioses?” (John Taylor, Origin, Object, and Destiny of Women, The Mormon, 29 de Agosto 1857)

Obviamente, la mención de “una de las Reinas”, implica la presencia de varias.

John TAylor

John Taylor

Por supuesto, cuando la práctica de matrimonios plurales desapareció, también se mitigaron los usos discursivos. Pero ¿qué hacer con las frases ya pronunciadas? Sobre todo en una religión para la cual cualquier declaración de una Autoridad tiene características cuasi canónicas.

No sólo dentro de la Iglesia Fundamentalista de los Santos de los Ultimos Días existe hoy la creencia. También muchos miembros tradicionales aceptan la posibilidad, basados en los aspectos polígamos de DyC. 132 y en la política de permitir que los esposos vivos (no las esposas) puedan sellarse más de una vez por las eternidades.

Escuchemos a Joanna Brooks, de “Ask Mormon Girl”:

“Sí, es cierto que algunos SUD imaginan que nuestros Padres en los Cielos crean a los espíritus humanos de manera similar a la que los cuerpos  humanos son creados sobre la tierra. Eso es un montón de procreación espiritual, cuenta la historia, de allí la necesidad de tantas Madres Celestiales. Nuevamente, nada de esto es doctrina, pero es el tipo de cuento que escuchamos en ausencia de doctrina. Y, para dejarlo en claro, lo diré nuevamente, conozco muchas mujeres que estarían totalmente en desacuerdo con que una eterna preñez en compañía de una manada de otras esposas eternamente embarazadas sea su imagen del cielo”.

 (https://askmormongirl.wordpress.com/2012/06/19/ask-mormon-girl-why-do-we-not-talk-about-heavenly-mother/)

Dra. Joanna Brooks

Dra. Joanna Brooks

El Sagrado Silencio

Varios motivos han contribuido a la ausencia de la Madre Celestial en los discursos oficiales de la Iglesia. Algunos estudiosos han denominado a esta situación la controversia sobre “el sagrado silencio”. Es notable que, a partir de mediados del siglo XX, nuestra Madre esté ausente en las Conferencias Generales y, desde la creación del programa de correlación, de todos los manuales de enseñanza en uso.

Esto ha hecho especular a la membresía que, tal vez, la falta de información cumpla un propósito divino. Ya hemos conversado en otros post sobre la tendencia humana a llenar los huecos con suposiciones.

En 1960 Melvin R. Brooks, un maestro de Seminario, propuso en la LDS Reference Encyclopedia “que el nombre de la Madre en los Cielos ha sido preservado para que no fuese profanado como suelen serlo el de Dios y Jesucristo” (Melvin R. Brooks, LDS Reference Encyclopedia, Salt Lake City, Utah, Bookcraft, 1960, pags. 309-10).

Aunque jamás una Autoridad General respaldó esa propuesta, la misma se extendió entre los santos durante las décadas siguientes. Las sanciones por parte de la Iglesia a varias feministas que discutieron el tema de la Madre Celestial tampoco ayudaron demasiado a su tratamiento público.

David L. Paulsen, profesor de BYU, ha probado eficazmente que el silencio sagrado es el resultado de una percepción cultural relativamente reciente, ya que en los discursos del siglo XIX y comienzos del XX aparece con frecuencia la figura materna celestial

Esta percepción cultural ha tenido como origen el alejamiento de la poligamia, la posición general de la mujer en la Iglesia y las sanciones a feministas.

“Lo que hemos tomado como ausencia ha sido una presencia continua, sólo que no teníamos los ojos para verla” (V.H. Cassler,  Square Two 5 Nº 2 , 2012 “Plato’s Son, Augustine’s Heir: A Post-Heterosexual Mormon Theology?”)

Retornando a Joanna Brooks:

“El silencio que rodea a la Madre Celestial no es doctrinal. Un amplio estudio publicado en BYU Studies el año pasado ubica más de 600 referencias a la Madre Celestial en los discursos y escritos de líderes SUD. Es una lectura importante y los autores dan cuenta de que no existe base doctrinal para la prohibición de conversar sobre nuestra Madre Celestial. ¡Y es la publicación de BYU Studies, por favor!

El silencio sobre la Madre Celestial, por tanto, es cultural. Es simplemente una tradición humana – un hábito que se desarrolló y que resulta difícil desactivar. No la hallamos como objeto de discusión o siquiera mención en los discursos de las Conferencias Generales. Pocas preguntas tienen lugar en cuanto a sus atributos, carácter o contribuciones, como si tales preocupaciones fuesen marginales o periféricas.

De modo que por muchas décadas ha existido un virtual vacío de reflexiones sustantivas sobre nuestra Madre Celestial.

Así como la doctrina folklórica – alguna por cierto bastante cruel – se filtró para racionalizar la prohibición de más de un siglo a la ordenación al sacerdocio de los negros, una buena cantidad de doctrina folklórica también se hizo lugar para racionalizar nuestra falta de conversación sobre nuestra Madre. Crecí en los ’80 escuchando a mi maestro de Seminario decir que el Padre Celestial mismo había prohibido las conversaciones sobre nuestra Madre porque deseaba protegerla de los abusos del mundo – de que los mortales tomasen su nombre en vano y cosas parecidas – una historia que siempre me sonó absolutamente absurda…

Una también escucha a veces en ciertos círculos mormones la especulación susurrada de que no hablamos sobre la Madre Celestial, porque en realidad existen plurales Madres Celestiales…”

Algunas semanas atrás, me encontraba en un grupo de mujeres SUD, cuando una de ellas relató la historia de un amigo suyo que había dado un discurso sobre la Madre Celestial el Día de la Madre, en su congregación, en el oeste de los EEUU. Fue sumamente cuidadoso, armando su mensaje con referencias oficiales de Autoridades mormonas prestigiosas. ¿Por qué no hablar de la Madre Celestial, precisamente en el Día de la Madre? Pero, tan pronto como terminó su discurso, tomó su lugar el obispo denunciando lo que había declarado y avergonzando al hombre. En algunas semanas, su Presidencia de Estaca emitió un comunicado afirmando que los discursos sobre la Madre Celestial estaban prohibidos.

“Eso estuvo mal”, les dije a las mujeres del grupo, “Eso no es doctrinal”.

“¿Cómo lo sabes?”, me miraron con inmensos ojos asombrados y temerosos.

“Pues porque lo sé”, les respondí, “No es un misterio. Las declaraciones oficiales están disponibles para quien quiera estudiarlas. Deberíamos asumir la responsabilidad de conocer nuestra propia religión ¿verdad?

Es la negación a saber y actuar con relación a nuestra propia doctrina lo que mantiene a nuestra Madre Celestial en silencio. Y esa negación tiene raíces en lo cultural. La cultura mormona, conservadora en cuanto a los géneros, a menudo privilegia la objeción educada y la pasividad en las mujeres antes que la curiosidad intelectual y la autoridad. Tal vez la quietud que asignamos a la Madre Celestial es un reflejo de lo que la cultura mormona, en sus aspectos más conservadores, valora en la mujer.

Ciertamente no creo que los líderes de la Iglesia estén complotando para mantener a la Madre Celestial fuera de la conversación. Para nada. Pienso que están preocupados con los muchos desafíos de dirigir una iglesia mundial, y la Madre en los Cielos no se les presenta como otra cosa que una especulación teológica marginal. De modo que corresponderá a aquellos de nosotros para quien ella no es una preocupación marginal – tal vez  porque se parece a nosotros o a alguien a quien amamos – tomar la responsabilidad de conocer la doctrina.

Y no culpemos a Dios por el silencio. Después de todo ¿Por qué prohibiría Dios conversar sobre la verdad de que las mujeres son socias de la Deidad, que Dios no sólo se parece a esposos, hermanos e hijos que adoramos, sino también a nosotras, nuestras hermanas y nuestras hijas?

La poetisa mormona Carol Lynn Pearson, ha expresado también su preocupación por este desplazamiento de la figura materna: 

“Mi madre murió cuando yo tenía 15 años, y aprendí lo que es vivir en un hogar desprovisto de madre. En mi anhelo por Dios, he encontrado la misma angustia”.

Carol Lynn Pearson

Carol Lynn Pearson

La muy crítica Margaret Toscano, excomulgado en el año 2000 por sus posiciones con relación al tema:

“El silencio rodea la imagen de la Madre Diosa Mormona. ¿Alguna vez será algo más que la reproductora de billones de hijos espirituales o una prohibición de la que no se puede hablar?”

En el Siglo XX

En 1902, a pesar de los más de 70 años transcurridos desde la organización formal de la Iglesia, las doctrinas de la Trinidad y los Padres Celestiales continuaban confusas. Respondiendo a la declaración de un señor Kinsman en cuanto a que los integrantes de la Trinidad eran todos hombres, el Elder Charles W. Penrose, Profesor de Teología en BYU y futuro Apóstol y Consejero en la Primera Presidencia, aseguraba:

“Si la imagen divina, para estar completa, debe reflejar un elemento femenino así como masculino, es evidente que ambos deben estar contenidos en la Deidad. Y lo están. Porque el divino Espíritu que en la mañana de la creación “se movía sobre la faz de las aguas”, produciendo vida y orden, es del género femenino, sin importar lo que la moderna teología pueda pensar sobre ello” (Millennial Star 64:410, 26 de Junio 1902)

James Talmage: “La Iglesia es lo suficientemente audaz como para declarar que el hombre tiene una Madre Eterna en los Cielos así como un Padre Celestial, y, en el mismo sentido, vemos a la mujer como un ser esencial en todo aspecto para lograr los propósitos de Dios con relación a la humanidad” (Deseret News, 28 de Abril 1902)

En 1907, respondiendo a una revisión de la Ministerial Association de Salt Lake City aparecida en el Salt Lake Herald del 4 de junio de 1907, en su página 8, en la que se tildaba a los mormones de “no cristianos” por la creencia en una maternidad celestial, B.H. Roberts, del Consejo de los Setenta, diría:

“¡Creemos que tenemos tanto una madre celestial como un padre celestial de nuestros espíritus! Obsérvese la peculiar posición de estos críticos: está perfectamente bien que Jesús tuviese una madre, pero está muy mal que tuviese un padre. Por otro lado, está muy bien que los espíritus humanos tengan un padre en los cielos, pero esos revisores objetan nuestra doctrina de que tengan una madre allí”. (B. H. Roberts, “Answer to Ministerial Association Review,” 9 Junio 1907, ien An Address: The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints to the World (Salt Lake City, 1907), pags. 18-19)

En 1909, al cumplirse el aniversario 50 del “Origen de las Especies” de Darwin, la Primera Presidencia emitió el primer comunicado oficial en el que aparece mencionada nuestra Madre.

“Todos los hombres y mujeres son a semejanza del Padre y la Madre universales, y son literalmente hijos e hijas de la Deidad” (The Origin of Man”, Improvement Era, tomo XIII, nro. 1, noviembre de 1909, pág. 78)

En 1910 el Apóstol Rudger Clawson parecía oír su propia campana al mencionar “el anhelo de sus hijos por adorarla”:

“El corazón del hombre anhela esta fe y ha demandado desde tiempos inmemoriales la deificación de la mujer. No quita nada de la adoración a nuestro Padre Eterno, que rindamos culto a nuestra madre Eterna, del mismo modo que no disminuye el amor que brindamos a nuestros padres terrenales el que incluyamos a las madres terrenales en nuestro afecto” (Millennial Star 72, 29 Sept. 1910, pag. 619-20)

Rudger Clawson

Rudger Clawson

En la década de 1920 varios Apóstoles tocaron el tema. Melvin J. Ballard aseveró que “la maternidad es eterna dentro de la Deidad, y no hay tal cosa como vida eterna o sin fin sin la continuidad eterna y sin fin de la maternidad”. También que nuestra Madre está al lado del Padre Celestial “en toda su gloria, una gloria semejante a la de El… como su compañera, la Madre de sus hijos… una Madre glorificada, exaltada y ennoblecida”. (Melvin J. Ballard, Journal History, 8 Mayo 1921, pags. 1-3)

John A. Widtsoe hallaba “una radiante calidez en la idea de que entre los seres exaltados del mundo venidero encontraremos una madre que posee los atributos de la Deidad. Tal concepto eleva a la maternidad a una posición muy alta. Explica la generosa provisión dada a la mujer en la Iglesia de Cristo. Ser madre es involucrarse en la eterna obra de Dios” (John A. Widtsoe, “Everlasting Motherhood,” Latter-day Saints’ Millennial Star 90 (10 Mayo 1928): 298)

En 1945, el Apóstol Milton R. Hunter, asignando a Joseph Smith una revelación de la que no tenía constancia, aseguró la “estupenda verdad de la existencia de una Madre Celestial y el completo descubrimiento que somos la simiente de Padres Celestiales”. También confirmó que estas ideas eran “hechos establecidos de la teología mormona y parte integral de la filosofía mormona” (The Gospel Through the Ages (Salt Lake City: Stevens and Wallis, Inc. 1945), pags. 98-99)

Milton R. Hunter

Milton R. Hunter

Joseph Fielding Smith, 1960:

“Respondiendo a su pregunta sobre una madre celestial, razonemos… El hecho de que no haya referencia a una madre en los cielos en la Biblia, el Libro de Mormón o Doctrina y Convenios, no es suficiente prueba de que algo como una madre no exista allí. Si tuvimos un Padre, que, de hecho, tuvimos, ya que todos esos registros hablan de El, entonces ¿no nos dice el buen sentido común que debemos tener también una madre allí?” (Joseph Fielding Smith, Answers to Gospel Questions (1960), 3:142)

Es digno de observarse el uso de “razonemos” y “el buen sentido común” para definir una doctrina cuando no tenemos revelación al respecto.

Hugh B. Brown, de la Primera Presidencia:

“Algunos han cuestionado nuestro concepto de una madre celestial, mas ningún hogar, ninguna iglesia, ningún cielo sería completo sin una madre allí”. (Hugh B. Brown, “Relief Society—An Extension of the Home,” Relief Society Magazine 48 (Dic. 1961) pag. 814.)

“Un Hombre de Santidad (Moisés 6:57) exaltado y glorificado no podría ser Padre a menos que una Mujer de su misma gloria, perfección y santidad estuviese asociado con él como Madre. La procreación de hijos convierta a un hombre en padre y a una mujer en madre ya sea que tratemos con el estado mortal o inmortal del hombre” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine (Salt Lake City: Bookcraft, 1966), pag. 516)

El Elder Neal A. Maxwell:

“Cuando regresemos a nuestro verdadero hogar, será con la ‘mutua aprobación’ de aquellos que gobiernan en ‘las cortes reales de lo alto’. Allí encontraremos tal belleza como los ‘ojos mortales jamás hayan visto’, escucharemos sonidos que sobrepasarán la música que ‘oidos mortales hayan oido’. ¿Podría tal regia bienvenida a casa ser posible sin los arreglos anticipados de una Madre Celestial?” (Neal A. Maxwell, Ensign 8 (May 1978) pag. 11)

Harold B. Lee: “Tuvimos una Madre Celestial – ¿pueden pensar en tener un padre sin una madre”. (The Teachings of Harold B. Lee, ed. Clyde J. Williams (Salt Lake City: Deseret, 1996), pag. 22)

Gordon B. Hinckley, en la Conferencia General de Octubre 1991:

“La lógica y la razón ciertamente sugieren que si tenemos un Padre Celestial, tenemos una Madre Celestial” (Gordon B. Hinckley, Daughters of God, Ensign, Nov. 1991, pag. 100)

En la Encyclopedia of Mormonism, la autora Elaine Anderson Cannon, seleccionada para desarrollar el tema en 1992, aseguraba:

“Los Santos de los Ultimos Días infieren de fuentes autorizadas en las escrituras y la profecía moderna que hay una Madre Celestial así como un Padre Celestial. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días rechaza la idea que se encuentra en algunas religiones de que los espíritus o almas de los seres humanos han sido creadas ex nihilo… Los Santos de los Ultimos Días creen que todos los habitantes de la tierra que han vivido o vivirán son descendientes espirituales de Dios, el Padre Eterno. Una Madre Celestial comparte esa calidad con el Padre Celestial. El concepto conduce a los SUD a creer que ella es igual a El en gloria, perfección, compasión, sabiduría y santidad…”

Nuevamente, la palabra “inferencia” vuelve a ser fundamental y en cuanto a “Escrituras y profecía moderna” no pueden citarse ejemplos de ninguna de las dos.

En 1995, la Iglesia emitió “La Familia: Una Proclamación al Mundo” en la cual declaraba que “toda persona es un hijo o hija espiritual de padres celestiales”.

Continuará en la Tercera y última parte///

 

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