Nuestra Madre en los Cielos – Primera Parte

Doctrina

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Nuestra Madre en los Cielos

Primera Parte

Por Mario R. Montani

Dentro del Mormonismo, cuando hablamos de nuestra Madre Celestial, nos estamos refiriendo a la madre de todos los espíritus humanos y  esposa de Dios, el Padre. El tema no se discute ni conversa demasiado en la Iglesia, aunque buena parte de nuestra teología está implícita o explícitamente basada en su existencia.

La historiadora Linda Wilcox, quien posee una Maestría en Educación por la Universidad de Stanford y otra en Historia por la Universidad de Utah, la ha definido como “una vaga y elusiva creencia que flota en los bordes de la conciencia mormona” (Trabajo presentado en la Sunstone’s Mormon Theological Symposium de 1980 y publicado en el número de Septiembre/Octubre de 1980 en la Revista Sunstone).

La doctrina no aparece en ninguno de nuestros Libros Canónicos y jamás fue declarada por Joseph Smith, Jr, nuestro Profeta fundador, mientras estuvo con vida (aunque hay quienes insisten en que sí, basados en evidencia secundaria).

En la Antigüedad

Recientes descubrimientos arqueológicos parecen mostrar que en el antiguo Israel, así como en regiones vecinas, se reverenciaba a una consorte de Dios, bajo el nombre de Asera. Esto concordaría con la idea de varios estudiosos de que Israel no practicaba un monoteísmo absoluto sino cierto henoteísmo o monolatría, la creencia que reconoce la existencia de varios dioses, pero sólo uno de ellos digno de adoración por parte de los fieles.

En una serie de la BBC sobre la Biblia, la Dra. Francesca Stavrakopuolou, especialista en la Biblia Hebrea en la Universidad de Exeter y con un doctorado en teología de Oxford, ha mostrado que el Antiguo Testamento contiene evidencias de una “esposa divina” que ha sido eliminada de las tradiciones principales, en parte por influencia de los rabinos ortodoxos varones, quienes veían a la mujer como un ser inferior y una propiedad. La idea de un dios casado no es filosóficamente más extraña que la de uno eternamente soltero.

Dra. Francesca Stavrakopuolou

Dra. Francesca Stavrakopuolou

El arqueólogo William Dever en su libro “Did God Have a Wife: Archaeology and Folk Religion in Ancient Israel” (¿Tuvo Dios una Esposa?: Arqueología y Religión Popular en el Antiguo Israel) desarrolla la idea de que en ese entorno, Dios aparece siempre como parte de un concilio de dioses. El mayor de ellos lleva por nombre “El”. Yavé y Baal son más jóvenes y, en algunos hallazgos, parecen ser sus hijos. En el panteón también existen diosas femeninas. Baal fue reverenciado entre los fenicios y Yavé en Israel. Asera era la consorte de El y su colaboradora en la creación. Se la simbolizaba con un árbol (¿árbol de la vida?) o con un poste. Asera fue adorada tanto en Canaan como en el Antiguo Israel, en calidad de esposa de El y luego de Yavé. Después del regreso de la cautividad en Babilonia, su figura fue eliminada por los reformadores (poco antes de la partida de Lehi de Jerusalén).

En Tell-Arad se ha descubierto un templo donde probablemente Yavé y Asera eran conjuntamente adorados. En su Sancta Sanctorum se encontraron dos piedras verticales de culto, una más grande que representaba a Yavé y otra más pequeña que representaba a Asera.

William Dever

William Dever

En 1968 Dever descubrió en una tumba de las colinas de Judea una inscripción que dice: “Y los salvó de sus enemigos gracias a Asherah”. Una década después encontró otra inscripción en lo que fuese un almacén de vasijas de un antiguo santuario, al Este del Sinaí. En la inscripción hebrea puede leerse: “Que esta persona sea bendecida por Yahvé y su esposa Asherah”.

Con base en el Talmud, algunos grupos judíos han sostenido que la shejiná o shekinah (presencia o gloria de Dios) da cuenta de los atributos femeninos de Dios presentes en la Creación.

También era usual entre los judíos el juego de palabras con “dicha” o “felicidad” por su cercanía fonológica. Así leemos en Génesis 30:13:

Y dijo Lea: Para dicha mía, porque las mujeres me dirán dichosa; y llamó su nombre Aser”.

Otra comparación vigente es la de Asera con la Dama Sabiduría (Sofía para los griegos). Por ejemplo, en Proverbios 3:13-18 puede hallarse un triple símil con las características de la diosa: sabiduría, árbol de vida, bienaventuranza (dicha)

 13 Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría y que adquiere entendimiento,

 14 porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus beneficios más que el oro fino.

 15 Más preciosa es que las piedras preciosas, y todo lo que puedas desear no se puede comparar con ella.

 16 Largura de días hay en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra.

 17 Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas, paz.

 18 Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, y bienaventurados son los que la retienen.

 

Si comenzamos a reemplazar las referencias a la sabiduría y el entendimiento como una posible y oblicua referencia a la Diosa Madre, surgen nuevos significados. En los versículos siguientes del mismo Proverbio 3 se lee:

 19 Jehová con sabiduría fundó la tierra; estableció los cielos con entendimiento.

 20 Con su conocimiento los abismos fueron divididos, y destilan rocío las nubes.

De pronto, su lectura, además de mencionar atributos divinos, nos presenta a una activa consorte participando en los momentos de la Creación.

Varios estudiosos bíblicos han propuesto la presencia del Espíritu sobre las aguas primigenias como el elemento femenino de la deidad de donde surge toda vida. De hecho, en la épica de Baal (un texto cananeo de antes del 1200 AC) uno de los nombres de Asera es “Aquella que flota sobre el mar”.

Observemos que interesantes cambios se producen si interpretamos Proverbios 8:22-35 bajo la presencia de la Dama Escogida Asera, Shekinah o Sofía

22 Jehová me poseía en el principio de su camino, antes de sus obras de tiempo antiguo.

 23 Desde la eternidad fui instituida, desde el principio, antes de la tierra.

 24 Antes que existiesen los abismos fui engendrada, antes que existieran los manantiales con muchas aguas.

 25 Antes que los montes fuesen formados, antes que los collados, ya había sido yo engendrada,

 26 cuando él aún no había hecho la tierra, ni los campos ni el principio del polvo del mundo.

 27 Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo,

 28 cuando él afirmaba las nubes arriba, cuando reforzaba las fuentes del abismo,

 29 cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandato, cuando trazaba los fundamentos de la tierra,

 30 con él estaba yo como artífice, y era su delicia cada día, y me regocijaba delante de él en todo tiempo.

 31 Me regocijaba en la parte habitable de su tierra, y mis delicias eran con los hijos de los hombres.

 32 Ahora pues, hijos, escuchadme: Bienaventurados los que guardan mis caminos.

 33 Escuchad la instrucción y sed sabios, y no la desechéis.

 34 Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día, guardando los postes de mis puertas.

 35 porque el que me halle hallará la vida y alcanzará el favor de Jehová.

Daniel C. Peterson

Daniel C. Peterson

En el interesante artículo de Daniel C. Peterson “Nephi and His Asherah” (Nefi y su Asera) aparecido en el Journal of Book of Mormon Studies 9/2 (año 2000), pags. 16-25), el autor propone que, dada la fecha de partida de la colonia lehita de Jerusalén, sus integrantes estaban bien al tanto de los símbolos de Asera, por lo que dichos símbolos son clave para el entendimiento por parte de Nefi de la visión del Arbol de la Vida. Recién cuando Nefi ve la imagen de María portando en sus brazos al hijo de Dios (una forma común de representar a Asera en la estatuaria cananea, como quien nutría a los dioses) parece alcanzar el significado profundo del Arbol y su fruto. La visión está teñida de un fuerte contenido cultural que sólo puede captar un judío viviendo en las postrimerías del siglo VII antes de Cristo.

En el Cristianismo

Si bien ninguno de los Evangelios menciona la idea de una Madre Celestial (tampoco el Quinto Evangelio, como denominamos a 3 Nefi), muchas otras fuentes, sobre todo gnósticas, hablan de las enseñanzas recibidas por los Apóstoles inmediatamente después de la resurrección de Cristo. Por ejemplo, en la versión Siríaca de los Hechos de Tomás aparece un himno conocido como La Perla, en el cual, el alma es enviada, desde su hogar celestial, a obtener la perla que custodia una serpiente. En su etapa terrenal olvida su propósito (¿velo de olvido?) hasta que recibe una carta de su padre, madre y hermano celestiales recordándole su misión. Luego de cumplirla, regresa a su hogar, donde es vestida nuevamente con prendas gloriosas.

En la Oda a Sofía, preservada en versión griega, las almas entran al Pleroma donde reciben gloriosa luz y alaban junto “al espíritu viviente, el padre de verdad y la madre de sabiduría”.

En las Oraciones de Consagración se la llama “madre misericordiosa”, “consorte del varón”, “reveladora de los perfectos misterios”, “madre escondida” y “Santo Espíritu”. Entre los Maniqueos se la conoció como “Madre de la Vida” y “Espíritu del Mundo”. Particularmente los Arcónticos, grupo que existió en Palestina y Armenia a mediados del siglo IV, reverenciaban a una “Madre de la Luz”.

La idea parece también estar presente en la obscura frase de San Agustín en su obra De Trinitate, Libro VII, Cap. 5:

“Omito pues tales cosas como contemplar al Espíritu Santo como la Madre del Hijo y la Esposa del Padre, pues tal vez se me responderá que ellas nos ofenderían con asuntos carnales provocando pensamientos de concepción corporal y nacimiento”.

El concepto se mantuvo celosamente guardado en comunidades judías y judeo-cristianas, como lo demuestra la Sentencia-Estatuto de Toledo de 1449 (Kenneth B. Wolf, Medieval Texts in Translation, 2008)

“Así como se ha demostrado que una gran porción de los conversos de la ciudad, quienes descienden del linaje judío, son personas sospechosas para la santa fe católica; que ellos sostienen y creen grandes errores contra los artículos de la santa fe católica; que ellos mantienen los ritos y ceremonias de la antigua ley; que ellos declaran y afirman que nuestro Salvador y Redentor Jesucristo fue un hombre de su linaje que fue asesinado y a quien los cristianos adoran como Dios; que dicen que hay tanto un dios como una diosa en los cielos…”

Para el análisis textual de citas que identifican al Espíritu Santo con la Madre Celestial, sugiero la lectura del trabajo de la Dra. Elaine H. Pagels, “What Became of God the Mother? Conflicting Images of God in Early Christianity” (¿Qué ocurrió con Dios Madre? Imágenes de Dios conflictivas en el temprano Cristianismo) Signs, Winter 1976, pags. 293-303)

Elaine H. Pagels

Elaine H. Pagels

En la Restauración

Como lo hemos dicho al iniciar este artículo, no existe a la fecha una declaración históricamente fiable de que Joseph Smith, Jr haya expuesto la doctrina de una Madre Celestial mientras estuvo con vida. No obstante, la mayor parte de las declaraciones oficiales de la Iglesia, aseveran que así fue. Veamos el contexto.

El tema no aparece en ninguno de los sermones, escritos y revelaciones del Profeta, ni siquiera en aquellos que no son considerados doctrinales, pero sí existen algunas referencias de otros en fechas cercanas a su muerte. Por ejemplo, W.W. Phelps publicó en Febrero de 1844 (poco menos de cinco meses antes del asesinato de Joseph) un himno al que llamó A Song of Zion (Una Canción de Sión), el cual nunca llegó a publicarse en un himnario. En una de sus estrofas contiene la sugestiva frase:

“Como la poca levadura

Que la mujer escondió

Cuando, como reina del cielo,

Sobre oro de Ofir se alzó”.

Si bien la frase es poco clara y bastante enigmática, la mención de la “reina del cielo”, que Phelps utilizó en ocasiones posteriores para referirse a la Madre en los Cielos, hace que ésta pueda ser considerada la primer referencia histórica a la doctrina.

W.W. Phelps

W.W. Phelps

Posiblemente en el mismo año, Phelps compuso otro himno, “Come to Me” (Ven a Mi) que fue publicado en Enero de 1845 (siete meses después de la muerte del Profeta). Aquí fue mucho más explícito:

Come to me; here’s the myst’ry that man hath not seen;
Here’s our Father in heaven, and Mother, the Queen

(Ven a mí; he aquí el misterio que el hombre no ha visto;

Aquí nuestro Padre en los cielos y nuestra Madre, la Reina)

En un artículo oficial de 2015, la Iglesia reconoce a este himno como la referencia más antigua al tema. Sin embargo, no parece ser el modo en que las revelaciones deberían venir al mundo. W.W. Phelps era una persona educada y hábil escritor. Los historiadores lo consideran uno de varios escritores “fantasmas” que redactaban los editoriales que aparecían firmados por Joseph. Sin intención de desacreditar sus muchas buenas acciones ni su dedicación a la causa del Evangelio, para la época de redacción de Come to Me había sido excomulgado en dos ocasiones, una, por quedarse con dineros en la compra de terrenos en Far West, y otra, por testificar en contra del Profeta. Volvería a ser excomulgado, después del Martirio, por contraer matrimonios polígamos no autorizados.

En el Tomo 5 pag. 254 de la History of the Church, compilada por B.H. Roberts en 1902, aparece una nota al pie atribuyendo el par de versos que aparece más arriba a Joseph Smith. Sin embargo, no hay referencias ni la menor evidencia a la fecha (incluyendo los Joseph Smith’s Papers) de que tal sea el caso.

Algunas semanas antes de que Come to Me se publicara, Phelps también escribió una carta a William Smith, hermano del Profeta, quien unos meses más tarde sería nombrado Patriarca Presidente de la Iglesia:

“¡Oh, Mormonismo! Tu padre es Dios, tu madre, la Reina de los cielos, de modo que tu historia toda, de eternidad en eternidad, serán las leyes, ordenanzas y verdades de los Dioses – abarcando el plan de salvación, santificación, muerte, resurrección, glorificación y exaltación del hombre, de la infancia a la vejez, de la vejez a la eternidad, de lo simple a lo sublime… Cristo odiaba el pecado y amaba la rectitud, por tanto fue ungido con santo aceite en los cielos y coronado en medio de sus hermanos y hermanas, mientras su madre permanecía en virtuosa aprobación, y sonreía a un Hijo que mantuvo la fe como heredero de todas las cosas! De hecho, los judíos pensaban tanto sobre esta coronación entre Dioses y Diosas, Reyes y Reinas del cielo, que quitaron toda restricción y comenzaron a adorar a “la Reina del Cielo”, según Jeremías”. (W.W. Phelps, “The Answer”, carta en respuesta a William Smith del 25 de Diciembre 1844, publicada en Times and Seasons 5/24, pag. 758, del 1 de Enero 1845)

¿Revelación, Deducción Doctrinal o Necesidad Teológica?

La presentación de la idea más conocida por los miembros es la de “Oh, Mi Padre” de la poetisa Eliza Roxcy Snow, hermana de Lorenzo Snow y una de las esposas plurales de Joseph Smith. Lo que quizás no sepamos tanto es que fue publicada en Times and Seasons de Octubre de 1845 (es decir, por lo menos nueve meses después de los poemas de W.W. Phelps) con el nombre de “Invocation, or the Eternal Father and Mother” (Invocación, o el Padre y la Madre Eternos). El hecho de que tanto la Madre como la posibilidad de invocarla hayan desaparecido del título es significativo y será objeto de un tratamiento especial en la segunda parte de este artículo.

Eliza R. Snow

Eliza R. Snow

El Himno en cuestión (nº 187 del himnario en castellano, versión 1993) contiene las siguientes expresiones en sus últimas estrofas:

“¿Hay en los cielos padres solos?

Clara la verdad está.

La verdad eterna muestra:

Madre hay también allá.

Cuando deje esta vida

Y deseche lo mortal,

Padre, Madre, quiero veros

En la corte celestial.”

El Presidente Wilford Woodruff consideró a Eliza la originadora de la idea:

“Ese himno es una revelación, aunque nos haya sido dada por una mujer” (Wilford Woodruff, “Discourse”, Millennial Star 56:229, Abril 1894)

Sin embargo, al año siguiente, Joseph F. Smith (Deseret Evening News, 9 Febrero 1895) se encargó de señalar que “el principio de que tenemos tanto una Madre como un Padre Celestial” fue revelado a Joseph Smith, que éste lo trasladó a Eliza Snow, una de sus esposas, y que ella, siendo poetiza, lo puso en versos. Pero no pudo dar ninguna referencia histórica para tal afirmación, que parece más bien diseñada para alejar la idea de que una mujer pudiese recibir revelaciones doctrinales.

Susa Young Gates en su History of the Young Ladies’s Mutual Improvement Association, pag. 15-16, 1911 (obsérvese que ya nos estamos alejando 70 años de los supuestos hechos) cuenta que Joseph Smith, consolando a Zina Diantha Huntington, otra de sus esposas, por la muerte de su madre, ocurrida en 1839, le dijo que la vería nuevamente. Según el relato:

“¿Reconoceré a mi madre como mi madre cuando vaya al Otro Lado?”

“Ciertamente lo harás”, fue la respuesta instantánea del Profeta, “Más aún, conocerás y tendrás cercanía con tu Madre eterna, la esposa de tu Padre Celestial”.

Susa Young Gates era una hija de Brigham Young y Lucy Bigelow, su esposa nº22, escribiendo en 1911 sobre lo que su “tía”, Zina Diantha Huntington Jacobs, en la práctica la esposa nº 33 de Brigham, quien había ya muerto en 1901, le contó sobre hechos acaecidos al momento de la muerte de su propia madre, Zina Baker Huntington, en 1839. De modo que la historia, independientemente de su veracidad, nos llega mediada por tres relatores, lo que le disminuye su importancia como fuente histórica y también nos hace reflexionar sobre las formas en que deberían venir las comunicaciones de los cielos.

Zina Huntington

Zina Huntington

David McKay (padre del Presidente David O. McKay) relató a la Sra. James Hood en 1916 (nótese que a medida que los años pasan las versiones son ya de segunda o tercera mano) y ésta transcribió, que, en un paseo de coche a caballo, David preguntó a Eliza si el Señor le había revelado esa doctrina. La respuesta, no tan clara, fue:

“Obtuve mi inspiración de las enseñanzas del Profeta; todo lo que hice fue utilizar mi don poético y brindar ese principio eterno en poesía”.

Es cierto que, antes de su muerte, Joseph Smith había dado su inspirado, aunque no canónico, discurso en los funerales de King Follet, en el que desplegó un nuevo conocimiento sobre la naturaleza de Dios y su condición de “hombre exaltado”, así como la posibilidad de que el ser humano alcanzase ese mismo grado a través del “nuevo y sempiterno convenio del matrimonio”. Llegar a la conclusión de que debía existir una Madre Celestial parece lógico. De modo que no sabemos si Eliza estaba reconociendo haber hecho esa síntesis en base a las otras enseñanzas, o si la escuchó textualmente de los labios del Profeta.

Para complicar aún más la situación, varias fuentes sugieren que Eliza R. Snow entendía que nuestra Madre Celestial era Eva, una creencia que luego haría explícita Brigham Young, su nuevo esposo. (Ver carta al editor de Boyd Kirkland en Sunstone 6, Abril 1981, pags. 4-5)

En el diario personal de Abraham H. Cannon, en poder de la Iglesia, y con fecha del 25 de Agosto de 1880 aparece el siguiente relato que le fuera transmitido por Zebedee Coltrin, uno de los supuestos partícipes, nuevamente de segunda mano:

“Cierto día el Profeta Joseph le pidió a él (Z.Coltrin) y a Sidney Rigdon que lo acompañaran al bosque a orar. Cuando llegaron a un sitio aislado, Joseph se acostó sobre su espalda y estiró los brazos. Les pidió a los hermanos que yaciesen uno a cada lado y que cerraran sus ojos. Después que hubieron orado les dijo que los abrieran. Así lo hicieron y vieron una luz brillante rodeando un pedestal que parecía descansar sobre la tierra. Cerraron los ojos y volvieron a orar. Entonces, al abrirlos, vieron al Padre sentado en un trono; oraron nuevamente y, al mirar, vieron también a la Madre; después de orar y mirar por cuarta vez, vieron al Salvador agregarse al grupo”.

Todas estas referencias deben tomarse con suma prudencia.

Por otra parte, Joseph Smith no era excesivamente celoso de su función profética. Como lo ha expresado claramente el galardonado Richard Bushman en “Joseph Smith and His Vision” en The Oxford Handbook of Mormonism, Oxford University Press, 2015, pag. 118

“Smith nunca intentó monopolizar su oficio profético. Era como si él intentara reducir su propio rol e infundir en la burocracia de la iglesia sus poderes carismáticos”.

Su liderato jamás fue autocrático sino que tendió o democratizar las revelaciones, esperando que todos tuviesen una que confirmase las de él mismo. Algunos han denominado a esta visión como “divina colaboración” y estaba en el centro de su creación del Quorum de los Ungidos y el Concilio de los Cincuenta así como otras estructuras consultivas. Los miembros deberíamos reconocer que esa es otra alternativa por la que algunas de nuestras creencias han tomado forma: de modo colaborativo y sin considerar el cargo eclesiástico o el género del receptor.

Ya iniciado el siglo XX, B.H. Roberts no veía ningún problema en que una mujer fuese la receptora de verdades fundamentales.

“…en ese espléndido himno nuestro sobre la maternidad celestial, ese palpitante anhelo del alma femenina, que fue dado al mundo a través de la mente inspirada de Eliza R. Snow” (B.H. Roberts, Answers to Ministerial Association Review, M.I.A. Conference, 9 de Junio de 1907)

Continuará en la Segunda Parte///

 

Un comentario el “Nuestra Madre en los Cielos – Primera Parte

  1. Wul dice:

    Muy buen trabajo. Esperaremos la segunda parte.

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