Padre Celestial: Gracias por Puccini (Tercera Parte)

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Padre Celestial: Gracias por Puccini

(Tercera Parte)

“Antes de ese día mi alma oía vagamente y nada más allá de clamores y gritos. Mas ahora aprendí a oír el silencio, a oír en él los coros entonando la música de los siglos. Cantando los himnos del espacio y desvelando los secretos de la eternidad”.

Kahlil Gibran

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Por Mario R. Montani

¿Qué hace la música por nosotros?

  1. Nos da un mayor aprecio por las cosas bellas de este mundo.

“Cuando nos regocijamos en bellos escenarios, arte grandioso, y música grandiosa, no es sino por efecto de instintos adquiridos en otro tiempo y en otro lugar”. (Neal A. Maxwell, Ensign, mayo de 1984, pág. 21)

Neal A. Maxwell

Neal A. Maxwell

Este concepto tan propio del mormonismo al que denominamos “preexistencia”, que no aparece en los credos actuales de las religiones pero sí tenía importante presencia en el cristianismo primitivo, también ha sido percibido por otros como Aaron Copland, veterano compositor norteamericano:

“Una obra maestra despierta en nosotros reacciones de un orden espiritual que ya están dentro de nosotros, esperando surgir”.

Aaron Copland

Aaron Copland

Quizás los griegos no estaban tan equivocados cuando señalaban el comienzo de la música como el “recuerdo de una vida anterior” y el despertar de algo que ya estaba allí.

“Ocasionalmente, a solas, escucho la verdad dicha con claridad y frescura; sin coloridos ni traducción habla desde dentro de mi mismo en un lenguaje original pero inarticulado, oído únicamente por el alma, y me doy cuenta de que lo he traído conmigo, nunca me fue enseñado, ni yo puedo enseñarlo eficazmente a otro(Hugh B. Brown)

Hugh B. Brown

Hugh B. Brown

Merril Bradshaw en su ensayo “Hacia una Estética Mormona”:

“Aprendimos sobre la totalidad del plan mientras nos hallábamos en la presencia de Dios antes de venir a la Tierra… Nos alegramos de recibir el privilegio de la experiencia mortal como preparación de las más completas experiencias por venir. Cuando abandonamos ese entorno para morar aquí en la carne, nuestros espíritus trajeron consigo algunos recuerdos de naturaleza celestial semi escondidos. Estos recuerdos permanecen mayormente adormecidos en nuestro interior, pero de tanto en tanto encontramos cosas, personas, situaciones, y experiencias que los despiertan. No siempre estamos conscientes de su significado eterno ni de su origen celestial, sin embargo nos relacionamos con ellos cálidamente pues en su organización, su aspecto, o la perfección implícita en sus relaciones internas, nos recuerdan lo que ya conocimos antes de venir aquí y conoceremos nuevamente de forma más perfecta cuando dejemos la Tierra. Cuando esto nos ocurre, experimentamos la belleza… ¿No hemos tenido muchos de nosotros experiencias con las artes en las que la belleza era tan poderosa que produjo lágrimas, un cosquilleo en la espina dorsal, introspección profunda, y sentimientos de calor y bienestar en el pecho? Lo que esto sugiere es que la experimentación última de la belleza está tan cercanamente relacionada al gozo que tenemos dificultades en distinguir la diferencia. Cuando experimentamos gozo es bello; cuando experimentamos la belleza nos produce gozo. Este gozo es el objeto de todo arte y su representación es la razón por la que existe el arte. Puede que sea la razón del hombre también: ‘existen los hombres para que tengan gozo’ (2 Nefi 2:25)”.

Merrill Bradshaw

Merrill Bradshaw

Estoy plenamente de acuerdo: la música nos permite intensificar las bellezas del mundo y de nuestras experiencias terrenales, recordar bellezas pretéritas fuera del alcance de nuestra memoria y anticipar bellezas del porvenir.

     2. Aumenta nuestra capacidad de comunicación y comprensión porque va más allá que las palabras.

“Somos capaces de sentir y aprender muy rápidamente a través de la música, el arte y la poesía cosas que de otro modo aprenderíamos muy lentamente” (Boyd K. Packer, 1976, Devotional Speeches of the Year (1977), pag. 267)

Boyd K. Packer

Boyd K. Packer

Durante los últimos diez años se han llevado a cabo interesantes estudios que demuestran que los músicos logran una gran plasticidad cerebral, mejorando las habilidades del lenguaje, la memoria, la conducta y la inteligencia espacial.

Lutz Jancke, profesor del Instituto Tecnológico de Zurich, en Suiza, propone la música como terapia neuropsicológica. Un estudio llevado a cabo con niños de seis años, a los que se enseñó a tocar un instrumento por 15 meses seguidos, mostró cambios en su anatomía cerebral. Ciertas áreas crecieron y se mostraron más activas. Los resultados se publicaron en la revista “Journal of Neuroscience”. Otra investigación independiente, realizada por los canadienses en la Universidad McMaster en 2006, mostró que los cambios comienzan a detectarse a los cuatro meses de iniciado el aprendizaje.

La formación musical mejora las habilidades de lectura y escritura, aún en niños disléxicos. Teppo Sarkamo, neurólogo de la Universidad de Helsinki mostró en 2008 mejoras significativas en la recuperación de la memoria verbal y capacidad de atención en pacientes que, tras un accidente cerebrovascular, escuchaban música diariamente.

Otras investigaciones han dejado claro que aprender a tocar un instrumento en la infancia no sólo consigue mejorar el rendimiento cognitivo (definitivamente un vocabulario más amplio y una mejor capacidad de lectura) sino que compensa la pérdida cognitiva propia del envejecimiento. La música genera conexiones neuronales que mejoran otros aspectos de la comunicación y se extienden en el tiempo.

     3. Nos enseña disciplina y orden.

Los miembros de la Iglesia deberíamos recordar que la disciplina y el orden son requisitos esenciales para la Salvación. Los instrumentos musicales son delicados y requieren cuidado en su manipulación y mantenimiento. Esta responsabilidad y cuidado suelen trasladarse también a otras áreas y actividades de la vida.

Carolyn Phillips, directora ejecutiva de la Joven Sinfónica de Norwalk, ha señalado en su libro “Twelve Benefits of Music Education” que tocar un instrumento convierte a quien lo hace en una persona metódica y cuidadosa de los detalles. Planifica sus tareas y tiempos y desarrolla gran capacidad de concentración y atención. Se acostumbra a exigirse calidad y resultados. Una partitura da a al músico instrucciones precisas sobre el ritmo, la altura, la duración, la velocidad, el carácter, la técnica y la expresividad. Todo ello está expresado en símbolos que constituyen otro alfabeto. También hay frases, sintagmas, que son otro idioma,  y dan sentido al discurso musical mediante un coherente sistema sintáctico. El estudiante competente deberá ir dominando paulatinamente todos estos recursos.

Carolyn Phillips (derecha)

Carolyn Phillips (derecha)

Si toca en una orquesta o agrupación musical deberá agregar al estudio personal los ensayos de conjunto, donde aprenderá a ensamblar, afinar y seguir a un director. Alguien ha dicho que una orquesta es el mejor ejercicio de democracia ideal. Cada uno arriba con un instrumento diferente y una parte musical diversa pero aprende a tocar armoniosamente. No sólo eso: aprende a escuchar al otro y a necesariamente encontrar un punto de acuerdo. Sabe que a veces deberá permitir que un instrumento solista “hable” y sólo acompañarlo. Ya le tocará hacer lo mismo a él y sus compañeros respetarán su turno. Si lográramos trasladar esos principios a nuestras sociedades, indudablemente tendríamos un mundo mejor.

     4. Nos enseña una forma pura de adoración.

Se cuenta que ante la pregunta de cómo hacía para tocar de una forma tan divina, el a veces llamado Padre de la Música Occidental, Johann Sebastian Bach, respondió inocentemente:. “Yo toco las notas en orden, como están escritas. Es Dios el que hace la música”.

Johann Sebastian Bach

Johann Sebastian Bach

En otra ocasión declaró:

“La finalidad principal de la música no es otra que la de glorificar a Dios y vivificar el Espíritu”.

El Presidente J. Reuben Clark Jr., en Conference Report, Octubre 1936, pag. 111:

“Nos acercamos más al Señor a través de la música que tal vez de cualquier otra cosa con excepción de la oración”

J. Reuben Clark

J. Reuben Clark

Bruce R. McConkie en su obra The Promised Messiah, pag. 553:

“La Música es parte del lenguaje de los Dioses. Ha sido dada al hombre para que pudiese cantar alabanzas al Señor. Es un medio para poder expresar, con palabras poéticas y tonos melodiosos, los profundos sentimientos de regocijo y agradecimiento que se encuentran en los corazones de aquellos que poseen un testimonio de la divinidad del Hijo y que conocen las glorias y maravillas efectuadas para ellos por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La música se halla tanto en la voz como en el corazón. Todo verdadero santo encuentra su corazón pleno de canciones de alabanza a su Hacedor. Aquellos cuyas voces pueden cantar exteriorizando las alabanzas de su corazón son doblemente bendecidos. “Sed llenos del Espíritu” aconsejó Pablo, “hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5:18-19). “La palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros en toda sabiduría con salmos e himnos y cánticos espirituales, cantando con gratitud en vuestros corazones al Señor” (Colosenses 3:16)”

Bruce R. McConkie

Bruce R. McConkie

Pareciera que este punto en particular no presenta demasiado interés para quien declaradamente se manifiesta no creyente, ateo, agnóstico o que considera que Dios, si existe, no está muy interesado en los asuntos humanos. Sin embargo, nadie se halla totalmente alejado del “misterio de la vida”, “lo sublime”, “lo inexplicable” o como sea que decida llamarlo.

Roy Samuelsen, barítono profesional mormón, profesor de música por más de 30 años en la Universidad de Indiana, y también Obispo en el Barrio de Bloomington, ha declarado:

“La música puede aumentar nuestro conocimiento del evangelio y edificar testimonios. En cierta ocasión, conducía a un afamado director orquestal a un ensayo. Mientras guiaba mi automóvil escuchábamos un programa de música clásica en la radio. Después de una obra en particular, el director, quien profesaba ser ateo, exclamó: ‘Si hay un Dios, El debe haber metido su mano en la creación de esta música’. Esto hizo desaparecer su credibilidad como ateo” (Church News, 28 de Agosto 1983).

Roy Samuelsen

Roy Samuelsen

     5. Nos brinda consuelo, relajación, evasión, seguridad y energía.

La buena música puede transformar por completo nuestras vidas. Además de todo lo ya explicado, se ha demostrado su influencia en el código genético humano, nuestros pensamientos, nuestros cuerpos y hasta en cómo nos relacionamos socialmente.

Un estudio de Ferguson & Sheldon (2013) muestra que el involucrarse activamente con la música comparado con quienes sólo la escuchaban pasivamente otorgó una experiencia emocional superior y una adicional sensación de felicidad.

En Finlandia, un estudio sobre 1000 alumnos que tomaban clases de música como materia extraescolar reportó una mejora en el rendimiento en otras materias. La Música es una actividad social, ejecutarla en grupo une a las personas.

Paivi-Sisko Eerola, el director de la investigación finlandesa, declaró:

“Cantar en un coro y la práctica en grupo son actividades muy populares en las clases extraescolares de Música. Otros estudios han establecido que la gente encuentra satisfactorio el hecho de sincronizarse con otros. Esto incrementa la afiliación entre miembros del grupo  e incluso, que los participantes se gusten más entre sí que antes de las clases.” 

En otro estudio de Zentner & Eerola (2010) se observó que los bebés de tan sólo 5 meses responden rítmicamente a la música y parecen encontrarla más interesante que el lenguaje verbal. Los bebés bailaban espontáneamente todo tipo de música y los que más bailaban eran los que más sonreían.

Otras investigaciones han mostrado mejoras en el coeficiente intelectual, reducción del estrés y la ansiedad, un aumento en la sensibilidad artística y la capacidad de reflexión. También mejora nuestra autoestima, empatía y habilidades sociales.

¿Qué podemos hacer nosotros por la música?

  1. Estudiar

No estamos descubriendo algo nuevo. Ya Platón en “La República” lo mencionaba:

“El entrenamiento musical es un instrumento más potente que cualquier otro debido a que el ritmo y la armonía penetran las regiones íntimas del alma, dentro de la cual se afirma poderosamente, impartiendo gracia, y convirtiendo al espíritu educado en lleno de gracia y a aquel sin educación en falto de ella”

No es de extrañar pues que la música formara por siglos parte del quadrivium, las cuatro artes esenciales de la universidad medieval, junto a la aritmética, la geometría y la astronomía. Con relación al estudio, los padres y otros miembros adultos de las familias tienen una gran responsabilidad. En palabras del compositor húngaro Zoltan Kodaly (1882-1967)

“A menudo una experiencia única abrirá el alma de un joven a la música para todo el resto de su vida. Esta experiencia no puede dejarse librada al azar…”

Zoltan Kodaly

Zoltan Kodaly

El Elder Spencer W. Kimball, mientras cumplía asignaciones lejos del hogar, escribió a su esposa Camilla:

“Creo que deberíamos hacer un poco más por los niños en su desarrollo cultural. Si LeVan va a escoger trompeta o violín, y lo mismo Bobbie, deberíamos conseguirles uno y que tengan lecciones. Al menos deberían continuar con sus estudios de piano. Creo que nos hemos despreocupado un poco de este asunto y los años vuelan. Ellos no lo lograrán por sí mismos a menos que se haga ahora, mientras nosotros podemos insistir sobre el tema”.

Spencer W. Kimball

Spencer W. Kimball

LaDawn Jacob en Church News del 16 de Noviembre 1991, pag. 7:

“Nuestros hijos no recordarán tanto lo que decimos en nuestros hogares como lo que sintieron en ellos. Y nada puede ayudar a resaltar tanto esos sentimientos como la música y el estar involucrados musicalmente”.

     2. Involucrarnos en actividades musicales en la Iglesia y la comunidad. 

Así como los hogares de padres lectores producen hijos lectores, lo mismo ocurre con los hábitos de escuchar música. Estamos acostumbrados al concepto del Plan de Bienestar familiar, almacenando elementos que cubran nuestras necesidades físicas y nos protejan en momentos de adversidad, pero no tenemos tan presente la conformación de “un plan de almacenamiento de belleza” que transforme nuestros hogares en sitios más agradables poblados de música, literatura y buen arte

Es posible apoyar de muchos modos a las orquestas juveniles y a las instituciones de enseñanza de música en nuestras comunidades. O realizar un mecenazgo de aquellos jóvenes talentosos en nuestros vecindarios y unidades eclesiásticas.

“Una de las responsabilidades de los padres es ayudar a los hijos a desarrollar sus talentos. Esto a menudo significa sacrificar comodidades personales e invertir grandes cantidades de tiempo, paciencia y – agregaría – dinero. Relativamente pocos niños llegan a ser talentos profesionales por tomar lecciones de música en su temprqana edad, pero esa no es la meta principal. Esperamos que entre nuestros misioneros haya talentosos ejecutantes de piano. Pero más importante que el hecho de que necesitamos pianistas y músicos para servir en la Iglesia son las cualidades que pueden desarrollarse a través de las lecciones de música y el aprendizaje musical. El mayor valor es para el individuo que aprende, además del servicio que ese individuo puede dar con su talento…” (Michael F. Moody, del Comité General de Música de la Iglesia- Church News 16 Noviembre 1991, pag. 7)

Michael F. Moody

Michael F. Moody

Hace muchos años atrás, mientras intentaba convencer a un grupo de músicos de la Orquesta Sinfónica local para dar un concierto en una de nuestras capillas, me dijeron algo interesante:

“Eso es muy bueno, pero en vez de llevar la música a las capillas ¿por qué no traen a sus miembros al Teatro?”

Si bien un tipo de actividad no excluye a la otra, creo que tenían razón. Vayamos al teatro o las salas de concierto con nuestros hijos y con los jóvenes que estén bajo nuestra responsabilidad. Comencemos temprano. Quizás es lo que tenía en mente el poeta Gustavo Riccio (1900-1927) cuando escribió:

CONCIERTO

Ansermet rasgaba el aire con su batuta.

De atrás de las rasgaduras

Vino saliendo la música.

 

En la sala un aire espeso

Flotaba, y en ella el Tiempo

Se detuvo a escuchar el concierto.

 

Nuestras miradas perdidas entre la selva

De notas… Nuestras cabezas

Y nuestras manos muy cerca…

 

De pronto te hiciste a un lado. Muy pequeñito

Un hueco entre nosotros se hizo.

Los dos pensamos lo mismo:

En ese hueco algún día se ha de sentar nuestro hijo…

Gustavo Riccio

Gustavo Riccio

Para contextualizar: Ernest Ansermet (1883-1969) fue un afamado director orquestal suizo, fundador de la Orchestre de la Suisse Romande, quien visitó Buenos Aires en 1918. Gustavo Riccio, excelente y poco conocido poeta argentino, era hijo de muy pobres inmigrantes italianos. Los lugares insalubres donde vivieron hicieron que Gustavo contrajera asma y luego tuberculosis, de la que falleció antes de cumplir sus 27 años. Dedicó la poesía a su amada novia Stella… El pequeño hueco que soñó nunca pudo llenarse… Quizás nosotros logremos que sea diferente…

De la otra música

“Desafortunadamente no toda música es buena y edificante. Lucifer utiliza mucho de lo que se oculta bajo el nombre de música para conducir a las personas hacia lo que no edifica ni es de Dios. Así como el lenguaje puede utilizarse para bendecir o maldecir, del mismo modo la música es un medio de cantar alabanzas al Señor o de implantar pensamientos y deseos malvados en las mentes de los hombres” (Bruce R. McConkie , The Promised Messiah, pag. 553)

Por más de tres décadas, el Secretario General Artístico del Burgtheater de Viena, un teatro prestigioso en el que Beethoven llegó a estrenar algunas de sus obras, fue un mormón. Johann Wondra, quien en 1981 recibió la Medalla de Honor por Servicio a la República de Austria de manos del Presidente de ese país, también ha sido Presidente de Estaca, Presidente de Misión, Presidente del Templo y Setenta de Area.

En su ensayo Art: A Possibility for Love, aparecido en la recopilación Arts and Inspiration, (Brigham Young University Press, 1980, pag. 144) escribió:

“El Adversario utiliza el poder del arte para sofocar el concepto de salvación y llevar a nuestro mundo hacia la destrucción… El arte ennoblecedor, en cambio, ayuda a preparar a los elegidos para el mensaje del evangelio y nos permite poner las esperanzas en una Sión donde los santos vivirán juntos en una cultura de paz, amor y belleza”.

Johann Wondra

Johann Wondra

El ya mencionado compositor SUD Lex de Azevedo, en un lenguaje típicamente mormón:

“Vivimos en un mundo telestial pleno de entretenimientos y arte telestiales, los que pueden llenar nuestra mente de imágenes telestiales. Esas imágenes telestiales a menudo estimulan pensamientos telestiales, los que, si no son rechazados, conducirán a un comportamiento telestial. Eventualmente el resultado será una persona telestial.

La música es una de las mayores herramientas del Señor para ayudarnos a obtener espiritualidad. Pero también es una de las armas mortales del adversario. Al utilizarla crea venenos revestidos de azúcar que lentamente pueden destruir nuestros más brillantes sueños y dejarnos espiritualmente lastimados. La ironía es que llevamos voluntariamente este veneno espiritual a nuestros hogares, escuelas e iglesias… Como incautos troyanos, abrimos los portales de nuestras plazas fuertes y permitimos entrar al enemigo”

Lex de Azevedo

Lex de Azevedo

Creo que en este punto deberemos hacer una aclaración: la buena o mala música no depende de los géneros. Existe música excelente y música mediocre en todos ellos. Es bueno tener un acopio de diferentes tipos de música para diferentes momentos de la vida. Yo disfruto de la ópera, la música sinfónica, el jazz, las bandas de sonido cinematográficas y la música de los años ’50. Pero eso son mis gustos. También escucho el folklore argentino y la música country así como ciertas variantes del tango. Cada uno desarrollará las preferencias estéticas que desee pero dentro de ellas deberíamos ir en pos de lo excelente.

Como lo declaró Spencer W. Kimball en la Conferencia General de Octubre 1982:

“Se ha dicho que no habrá música en el infierno, pero hay algunos ruidos que reciben ese nombre y parecen pertenecer a dicho lugar”.

Algunas reflexiones finales 

Les agradezco por haberme acompañado en este recorrido, dando salida a algunos sentimientos que han permanecido largamente en mi interior. Creo que debemos aprovechar todas las oportunidades de hacer algo al respecto y no convertirnos en meros espectadores. La Iglesia siempre será el lugar para recibir estímulo, practicar y aplicar, pero, salvo raras excepciones, no será el lugar para aprender música. Ese no es el propósito de la Iglesia. Sí lo es el de los conservatorios y las escuelas de música. Como parte del recogimiento de los últimos días deberemos tomar esas “verdades artísticas” y traerlas a Sión.

Creo también que, como institución, deberemos avanzar. Cuando la confección de nuestro primer himnario fue asignada a Emma Smith, se suponía que tenía un carácter transitorio, “hasta que más sean compuestos o hasta que seamos bendecidos con una copiosa variedad de las canciones de Sión”. Si bien es cierto que, con el paso de los años, algunas adiciones han tenido lugar, la mayoría de ellas sigue manteniendo el formato del coral, la estructura religiosa típica de las iglesias protestantes a partir de los siglos XV y XVI. Pareciera que la costumbre y la comodidad nos han hecho pensar que nada bueno ha podido concebirse después de entonces. Hay una barrera cultural que deberemos vencer. Siempre pienso que si interpretásemos algunos de los Salmos con la instrumentación y modos en que fueron planeados, nos echarían rápidamente de la Reunión Sacramental. ¿Por qué el Señor los aceptaba con tanto agrado y sus textos siguen siendo una fuente de esperanza y consuelo? Aquí no cuentan ni inspiración ni estética, sólo una cosa: el entorno cultural en que fueron creados. Deberemos tomar conciencia de que el actual crecimiento de la Iglesia en las más diversas e insospechadas regiones del globo ha traído también nuevas verdades musicales para llevar a Sión. Ya no basta con que un himno haya sido escrito en inglés o alemán para asegurar su inspiración. Los hay por millares en francés, italiano, ruso o latín y su inspiración está asegurada pues utilizan a las Escrituras como base. Simplemente los hemos pasado de largo, como hemos pasado de largo la mayor parte del Romanticismo y del Impresionismo. Deberemos ahondar en esas verdades que esperan ser rescatadas…

Pocas veces he sentido tanto la cercanía del Señor como al entonar el famoso Coro de los Peregrinos de Tannhauser de R. Wagner:

Er geht einst ein in der Seligen Frieden!

Vor Holl’ und To dist ihm nicht bang,

Drum preis’ich Gott mein Lebelang

Halleluja! Halleluja!

In Ewigkeit, in Ewigkeit

(Una vez que entre en la bendita paz! Sin miedo al infierno ni a la muerte, alabaré a Dios por el resto de mis días. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Eternamente, eternamente!)

O en el hermoso ensamble coral Va pensiero sull’alli dorate (Ve, pensamiento, sobre alas doradas) de los esclavos hebreos, en Nabucco de G. Verdi.

De modo que sí, renuevo con vigor mi oración de hace más de treinta años: “Nuestro Padre Celestial: gracias por Puccini, y también por Wagner y por Verdi, por Lizt, Tschaikovsky y Chopin, por Bach y Beethoven, y por todos aquellos a quienes has inspirado para que nos brindaran algo parecido a lo que se escucha cerca de Tu trono. Y perdónanos por no usarlos lo suficiente…”

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P.D. Muchas de estas reflexiones y citas, originalmente registradas en mi diario personal, tomaron forma en un curso del Instituto de Religión de Bahía Blanca al que denominamos “Filosofía de la Música para Santos de los Ultimos Días”. Debo agradecer inmensamente a mi amigo Ricardo Rubio, por entonces Director del Instituto, (y quien recientemente nos ha abandonado para unirse a los coros celestes) por el apoyo y la libertad académica brindados para poder desarrollarlo.

Esta entrada fue publicada en Música.

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