Padre Celestial: Gracias por Puccini (Segunda Parte)

Arte y Religión

          Música

Padre Celestial: Gracias por Puccini

(Segunda Parte)

 

“Me pregunto si existe un lugar, tal vez cerca de tu trono, donde los ángeles ensayaron sus ‘gloria a Dios en las alturas’ y ‘hossanas” que tan magníficamente vibraron en la noche del nacimiento mesiánico… y en el que otros ángeles practican el sonido cierto de sus trompetas apocalípticas. Si tal lugar existe, y es tu voluntad, Padre, algún día quisiera conocerlo…” M. R. M. Diario Personal 18-02-1983

El coro de la Rama de Bahía Blanca cantando en la escalinata del diario "La Nueva Provincia", yo, con 14 años, el segundo desde la izquierda en la primer fila

El coro de la Rama de Bahía Blanca cantando en la escalinata del diario “La Nueva Provincia”, yo, con 14 años, el tercero desde la izquierda en la primer fila.

 Por Mario R. Montani

La música y las emociones

Como intentaba explicar en la primera parte, el apoyo familiar me acercó a la música mientras que Iglesia se constituía en una caja de resonancia en la que yo podía practicar mis recién adquiridas habilidades. Me estimulaba a tocar los himnos en el piano o el órgano, a aprender a armonizar en el coro y a crear Teatros Ambulantes que incluyesen música en su desarrollo.

Otros elementos se conjugaban en la vida de modo casi mágico. A mis 14 años las circunstancias se daban de la siguiente manera. Los días miércoles tenía en el Colegio una clase de dibujo en la que debía presentar trabajos pautados la semana anterior. Mis manos no eran tan hábiles en esos menesteres, por lo que los martes a la noche dedicaba varias horas a terminar, corregir o embellecer lo más posible las tareas. Pero los martes a la noche era también cuando Radio Nacional transmitía versiones completas de ópera. Mi tía abuela, Enrichetta, quien vivía con nosotros, nacida en Italia y amante del género lírico, se quedaba tejiendo para hacerme compañía y me anunciaba la cercanía de los pasajes más famosos. De modo que mientras el resto de la familia se iba retirando a sus habitaciones, nos quedábamos ambos en silencio, yo dibujando y ella tejiendo, escuchando las voces de Mario del Mónaco, Renata Tebaldi, María Callas, Giuseppe DiStefano o Tito Gobbi. Ahora que lo pienso fue un año maravilloso en el que nació mi amor por la ópera que luego traté de seguir cultivando…

La ópera ha sido criticada, ridiculizada y considerada fuera de época. George Bernard Shaw la definió como la historia de una soprano y un tenor que desean estar juntos y un bajo que trata de impedírselos. Sin embargo, los principales teatros del mundo continúan con llenos totales para escuchar nuevas versiones de antiguas historias, como los griegos se reunían una y otra vez para asistir a sus repetidos dramas mitológicos.

Manon Lescaut 1984

“Manon Lescaut” 1984

Permítanme relatarles una experiencia personal para ingresar al tema que deseo discutir. El armado de una ópera es un tema complejo y artesanal. El coro aprende y memoriza sus intervenciones, ya que no podrá usar la partitura en escena, mientras los solistas hacen lo mismo de forma independiente. La orquesta, bajo su propio director, ensaya las partes instrumentales. Los escenógrafos arman la ambientación con el aporte de los iluminadores. Los vestuaristas y encargados de zapatería ajustan trajes y vestimentas a las necesidades físicas de los cantantes. Los de utilería van preparando los enseres que cada puesta y escena requiere, los que pueden ir desde copas y botellas para un brindis o espadas, puñales y lanzas para un acto de guerra o la defensa de un castillo. Resueltos los aspectos musicales, entra en escena el Regisseur, o director de escena, quien tendrá la responsabilidad dramática de la ópera. El indicará los desplazamientos, posturas y efectos teatrales individuales o grupales para la propuesta que tiene en mente. Los ensayos de escena suelen tener un piano acompañante ya que habrá muchas repeticiones, correcciones, vueltas al inicio, que haría injusta la presencia de una orquesta sinfónica completa. En esta etapa, salvo que el regisseur sea muy avezado, habrá una negociación entre él y los directores musicales para que las exigencias dramáticas no vayan en desmedro de la emisión vocal o la cantidad de gente y de timbres requeridos para una escena en particular. Finalmente comienzan los ensayos con la orquesta que suelen ser “a la italiana” (sólo musicales) primeramente para ir agregando luego la actuación. Al acercarse el estreno se irán sumando vestuario y utilería, y a último momento, maquillaje y peluquería. Para entonces, el Director de la Orquesta se ha ido transformando en el Director de la Obra, el responsable final del hecho artístico, y los demás directores musicales o de escena irán abandonando el escenario, quedando como consultores, con excepción de los maestros de escena y el apuntador que permanecen entre bambalinas para indicar las entradas.

"Il Trovatore" 1985

“Il Trovatore” 1985

El coreuta operístico, a estas alturas, debe haber grabado en su cerebro la letra, la música y sus desplazamientos escénicos, mientras sus ojos buscan disimuladamente la batuta del director, un oído escucha a la orquesta y el otro, los bocadillos del apuntador.

Como mencioné anteriormente, “Manon Lescaut” fue la primera ópera de Puccini que llevamos a escena. Se había estrenado en 1893 y estaba basada en la novela del Abad Prevost “Historia del caballero des Grieux y de Manon Lescaut” de 1731, texto que ya había sido trasladado al teatro lírico en dos ocasiones pero por compositores franceses. En el libreto intervinieron demasiadas manos, desde Ruggiero Leoncavallo, pasando por Oliva, Praga, Giacosa, Illica, el editor Giulio Ricordi y el propio compositor.

La obra narra las desventuras de Manon (soprano) quien es acompañada en carruaje por su hermano para entrar en un convento. En el viaje se enamoran de ella Renato des Grieux (tenor), un joven caballero, y Geronte di Ravoir (bajo) un rico y anciano pretendiente… (Hasta aquí, la historia parece confirmar la definición de Bernard Shaw). Luego de varias peripecias que no tiene sentido narrar en detalle pero que ocupan los dos primeros actos, la protagonista es acusada por Geronte del robo de unas joyas a las que ella cree tener derecho, por lo que terminará siendo convicta y deportada a las posesiones francesas de Louisiana.

"El Conde de Luxemburgo" 1986

“El Conde de Luxemburgo” 1986

El tercer acto inicia en el puerto de El Havre con las deportadas subiendo al barco por una pasarela a medida que el capitán las va nombrando. El coro, casi de espaldas al público, conforma el grupo de familiares y curiosos que contempla y comenta la escena. Algunos agitan sus pañuelos en señal de despedida… Aquí el caballero des Grieux toma una audaz decisión: pide permiso al capitán para acompañar a su amada al terrible y finalmente trágico destino. La orquesta toma protagonismo presentando una de las más bellas melodías de Puccini.

Supongo que habíamos practicado esa escena más de una treintena de veces. Sin embargo, la noche del estreno, mientras agitaba mi pañuelo, las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas. Les aseguro que no soy tan buen actor como para provocarme el llanto con simplemente desearlo…

Independientemente de la catarsis de culminar arduas y largas semanas de trabajo, había algo allí que superaba la escenografía, la melodía y la situación dramática. Había música. La música perfecta para el momento perfecto, creada por alguien que sabía cómo hacerlo.

Sí, la música afecta nuestras emociones.

En 1791 James Boswell publicó Life of Johnson (La vida de Johnson) basada en los registros personales que llevaba de las visitas a su amigo Samuel Johnson, intelectual y hombre de letras inglés del siglo XVIII. En la visita del 23 de Septiembre de 1777 Boswell anotó la siguiente conversación sobre la música, muy al modo de la época:

“Le dije que me afectaba hasta tal punto que a menudo mis nervios eran presa de una dolorosa agitación en virtud de la cual mi mente oscilaba entre un sentimiento de patética congoja, que casi me hacía derramar lágrimas, y otro de intrépido arrojo, que me impulsaba a lanzarme hacia el sitio donde el combate era más intenso”.

La lacónica respuesta de Johnson, muy británica, fue:

“Señor, si me va a volver tan tonto prefiero no escucharla”.

Sí, la música afecta nuestras emociones…

"Tosca", 1986

“Tosca”, 1986

Algo parecido debe haber sentido Ludwig van Beethoven cuando declaró, algunos años más tarde:

“La música debiera hacer brotar fuego del corazón del hombre y lágrimas de los ojos de la mujer

Son famosos los pasajes bíblicos en que el rey Saúl acude al arpa de David para calmar sus estados de ánimo  (1 Samuel 16:23)

El compositor mormón Lex de Azevedo, nominado a los Golden Globe por su música para films, pianista, arreglador y coautor de varios musicales mormones como “Saturday’s Warrior”, “The Order is Love” y “My Turn on Earth” expresó en su artículo “Una mirada de cerca a la música popular”:

“La música tiene también un gran poder sobre nuestras emociones. Ha sido llamada el lenguaje universal porque habla directamente a nuestras emociones. Y nuestras emociones y sentimientos afectan nuestras acciones.

La música posee además un gran efecto sobre las palabras. Usualmente, la música da a una canción su poder emocional, mientras que la letra ata ese poder a una idea concreta. En general, la letra apela a la mente mientras que la música captura el corazón”

El director de banda de la Penitenciaría del Sur de Illinois cree que los músicos entrenados no cometen crímenes. Ha entrenado a prisioneros sin conocimiento musical previo para tocar en la banda de la prisión y éstos de alguna manera se mantuvieron fuera de problemas después de ser liberados.

En sus más de cincuenta años de existencia, la Music School Settlement (situada en el corazón del distrito este de Nueva York), ninguno de los 30.000 niños y jóvenes que estuvieron allí enrolados jamás debió presentarse ante una corte juvenil por delincuencia.

Sí, la música afecta nuestras emociones y conductas…

"Madama Butterfly", 1999

“Madama Butterfly”, 1999

La música y el cuerpo

El musicoterapueta español, Fernando Salazar Bañol en su obra “Biomúsica” ha dicho:

“Cuando escuchamos música, todo nuestro cuerpo escucha”

Volviendo a Lex de Azevedo

“La música es tan poderosa que afecta aún a nuestro cuerpo… muchos pueblos antiguos reconocieron el poder de la música sobre el cuerpo físico, y algunos la utilizaron como agente curativo. En algunas mitologías el dios de la música es al mismo tiempo el dios de la medicina.

Los estudios de años recientes han demostrado los efectos de la música en una miríada de funciones corporales: pulso, respiración, presión sanguínea, sensibilidad cutánea, ondas cerebrales, respuesta muscular, coordinación y velocidad de lectura y comprensión. Una fuerza tal que puede influenciar nuestros corazones, glándulas y músculos debe ser tenida en cuenta”.

Se ha demostrado que la música es capaz de afectar el nivel básico de la respuesta sensorial, como en el caso de pacientes víctimas de lesiones cerebrales que han recobrado alguna conciencia luego de meses de coma profundo, tras la exposición continua a música transmitida por la radio.

Los relatos tradicionales desde los mitos de Orfeo al Flautista de Hamelin muestran el efecto del arte musical en la naturaleza y las otras criaturas. De hecho, se ha abierto una corriente de investigación sobre la música apropiada para que las vacas den más leche o las gallinas pongan mejores huevos…

Cuando éramos pequeños y comenzaban las vacaciones escolares, yo y mis hermanos solíamos quedarnos en cama un rato más. Durante los primeros días nuestra mamá lo toleraba, tal vez en recompensa por todas las madrugadas invernales previas. Pero, con el transcurso de las semanas y requiriéndonos para alguna tarea en el hogar, había descubierto un método persuasivo. Colocaba un disco de marchas militares… No había manera de quedarse en la cama después de algunos minutos!… Supongo que los grandes conductores de ejércitos lo habían descubierto muchos siglos antes que mi mamá.

La pionera de la Musicoterapia en Argentina, Frances Guthrie de Wolf, nacida en Inglaterra:

“La música… es capaz de consolarnos, permite la evasión, puede brindar seguridad y paz, optimismo o pesimismo, mejorar el equilibrio, brindarnos relajación, puede también ser unfa fuente de energía. Pero también el ritmo, por ejemplo, está presente en todo: en el movimiento de los astros, en las funciones del cuerpo humano, hasta en las células más pequeñas. Es natural, entonces, que el ritmo también nos influya a todos en forma directa y a veces inconsciente. Miguel Angel dijo, refiriéndose a la música que lo que ésta produce es indefinible y no puede ser captado por el intelecto. En la mitología griega encontramos a Orfeo, quien domó a los animales más salvajes con la música de la lira. Los griegos, en un intento por formar una conexión armoniosa entre el cuerpo humano y el espíritu, consideraron la enfermedad como un desorden espiritual que debía ser reordenado para que pudiera sanar el cuerpo. Aristóteles recomendaba  la música en todos los casos de disturbios emocionales, mientras que Platón la encontró ser una gran educadora y formadora de carácter. Pitágoras afirmó que no sólo la música sino también el silencio (parte de la música) poseían gran fuerza de curación y de entrenamiento. Más o menos en la misma época, en China, Confucio prescribía la música para la salud…”

"Aida", 2005

“Aida”, 2005

Aristóteles:

“Después de oír melodías que elevan el alma hasta el éxtasis, la persona retorna a su estado normal como si hubiera experimentado un tratamiento médico o depurativo”

El pedagogo belga Edgard Willems:

“La música afecta al individuo a nivel físico a través del ritmo; a nivel afectivo a través de la melodía y a nivel mental a través de la estructura armónica… su acción induce el orden dentro de la persona”

Juliette Alvin en su libro Musicoterapia:

“El goce musical ayuda a estimular la mente, revive viejos recuerdos y activa el cuerpo. Muchos pacientes tienen poca estimación propia. Levantarse, cantar por placer, puede darles un sentido de dignidad que sea lo que marque la diferencia en su felicidad cotidiana o bienestar”.

El impacto musical afecta nuestra fisiología, por ejemplo la circulación sanguínea o el ritmo respiratorio. Estimula el movimiento y nos motiva a participar. Posibilita la autoexpresión y permite sacar afuera las emociones que, al reprimirse, son base de importantes desórdenes.

En palabras del célebre virtuoso del violín Jehudi Menuhin:

“Estoy seguro de que la buena música la vida alarga”

Sí, la música afecta a todo nuestro cuerpo… 

"La Boheme", 2005

“La Boheme”, 2005

De la ratio y la magia

En el Mercader de Venecia, Acto III, Escena II, William Shakespeare se pregunta:

“Tell me, where is fancy bred,

Or in the heart, or in the head”

(Dime dónde nace la fantasía, si en el corazón o en la cabeza)

Varios siglos después, el escritor libanés Khalil Gibrán diría:

“Vuestra razón y vuestra pasión son timón y velamen de vuestra alma navegante. Si vuestras velas o vuestro timón se rompen, sólo podréis navegar a la deriva o permanecer inmóviles en medio del mar. Porque la razón, si por sí sola reina, restringe todo impulso; y la pasión,  abandonada a sí misma, es un fuego que arde hasta su propia destrucción.

Por lo tanto, que vuestra alma eleve vuestra razón a la altura de vuestra pasión, y así esta última podrá cantar; y que dirija vuestra pasión para que ella pueda vivir una resurrección cotidiana y, como el fénix, renazca de sus propias cenizas”

El alemán Herman Hesse

“El secreto de todo arte auténtico consiste, tal vez, en aunar la ‘ratio’ y la magia”

Y nuestro Jorge L. Borges

“La poesía es álgebra y fuego

Todas estas duplas de “corazón y cabeza”, “timón y velamen”, “ratio y magia” o “álgebra y fuego” parecen indicar los elementos indispensables en todo arte: uno más relacionado con la mente, con el contar sílabas o marcar compases y otro más intuitivo, en contacto con lo que llamamos inspiración, alma o espíritu. Ambos son necesarios.

"Dido y Eneas", 2006 (una puesta muy particular)

“Dido y Eneas”, 2006 (una puesta muy particular)

En el campo de la música podrían identificarse con técnica y expresividad. Todos hemos escuchado a músicos o cantantes con una gran técnica pero que no nos transmiten nada y también otros casos en los que los términos se invierten.

Entre los miembros de la Iglesia se corre el riesgo de confundir el elemento intuitivo con “la presencia del Espíritu” y con la noción de que si tenemos el espíritu entonces no importa el nivel de la técnica porque el Señor se encargará de transmitir el mensaje a los corazones de los receptores.

Yo opino un poco diferente (y me hago cargo de ello, no necesitan estar de acuerdo conmigo) pues creo que el dominio de la técnica es un gran liberador de nuestros potenciales espirituales. Si estamos muy pendientes de la duración de una nota o de la afinación de una voz será muy difícil transmitir algo. Podemos superar a la técnica de dos modos: obviándola o dominándola. Yo creo en la segunda opción.

Me parece que Merrill Bradshaw, decano entre los compositores mormones, opina algo parecido en el siguiente relato:

“No seáis como aquel hombre que de pronto acumuló cierta fortuna y decidió convertir en realidad el sueño de toda su vida de ser un director orquestal. De modo que se compró una orquesta… El primer día de ensayo, estaba parado sobre el podio, sintiéndose en el séptimo cielo, mientras los intérpretes compartían miradas de complicidad entre sí, preguntándose si valía la pena el dinero que percibían por tocar bajo la conducción de alguien que sabía tan poco de música. Comenzaron por saltearse una nota aquí y otra allá. El no lo notó. Continuaron dejando de lado partes enteras de la pieza, la melodía por aquí, la armonía por allí. El no lo notó. Finalmente, el músico del timbal, exasperado ante la obvia falta de capacidad, ejecutó una cerrada descarga de fuertes golpes en su instrumento, en medio de una sección sumamente apacible. El Director, finalmente sacudido de su ensoñación, dejó caer sus brazos y, con una mirada amenazadora a la orquesta bramó: ‘¡Muy bien! ¿Quién hizo eso?!!!’”

A veces pienso que los miembros de la Iglesia corremos ese riesgo. El saber que la música es un don de Dios, que formó parte de nuestra vida anterior y seguramente lo hará en la venidera nos hace pensar que ya somos “dueños” de ella. También podemos llegar a creer que la presencia del espíritu es un atajo más corto en el dominio de cualquier arte. Permítanme compartir un secreto escondido en los pliegues de la eternidad: el espíritu no puede reemplazar las intensas e incontables horas de práctica de un instrumento o una voz.

En la Iglesia, como ejemplo de constancia y dedicación, solemos relatar la historia de un miembro del auditorio que se acercó a felicitar al ejecutante de violín después de su concierto:

“¡Daría la mitad de mi vida por tocar como Ud lo hace!- fue su comentario.

“Pues eso es lo que yo he dado” – la certera respuesta.

No estoy seguro de que estemos plenamente conscientes de las implicaciones prácticas de ese relato. Tenemos cada vez más jóvenes ingresando a conservatorios y escuelas de música. Eso es muy bueno. No sé si aún estamos logrando el nivel de excelencia reclamado por el Presidente Kimball de ser “iguales o mejores que el resto”.

Que no se me malinterprete. No estoy diciendo que cada joven que ingresa a una institución musical debe salir siendo un concertista o un músico profesional. El conocimiento es una recompensa en sí mismo. El contar con un modo de expresión único e irremplazable será una fuente de gozo a lo largo de toda nuestra vida.

Hace años, un buen Director me enseñó que Músico no es el que vive de la música sino el que vive la música.

Muchos jóvenes abandonan sus estudios por falta de apoyo familiar, porque les cuesta juntar el dinero para un instrumento o porque cree que la práctica le quita tiempo a sus llamamientos. En todos estos casos la Iglesia y sus miembros deberíamos estar presentes.

Gustavo Adolfo Becquer en su Rima III, una poesía demasiado extensa para incluir aquí, dedica ocho cuartetas a definir la inspiración y otras ocho para hacerlo con la razón, concluyendo:

“Con ambas siempre en lucha

Y de ambas vencedor

Tan sólo el Genio puede

A un yugo atar las dos”.

"La Fille du Regiment", 2011

“La Fille du Regiment”, 2011

Lamentablemente,  con el transcurrir del tiempo, las ciencias pasaron a ser un asunto del intelecto y las artes un asunto del espíritu, lo cual, según mi punto de vista, es una gran pérdida para la ciencia; el artista suele reconocer que necesita del intelecto para desarrollar su arte, pero al científico, en general, le cuesta aceptar que necesita del espíritu para desarrollar el suyo.

No me cabe duda de que en la vida venidera todos desearemos unirnos a los coros celestes cantando alabanzas a Dios. Supongo que intuimos que nuestras voces serán automáticamente perfectas y entrenadas y resucitaremos con el pleno conocimiento de nuestras partes vocales o que podremos tocar todos los instrumentos que se nos ocurra de modo maravilloso…

Pero lo que me dice Doctrina y Convenios es algo un poco distinto: “Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección” (DyC. 130:18)

Como expliqué al principio de estas reflexiones, mi diario personal ha sido una fuente invalorable e insospechada de ideas que, con el paso del tiempo, van adquiriendo otra dimensión.

Me resultó interesante que las jubilosas anotaciones sobre un concierto o el estreno de una ópera estuvieran precedidas por días en los que no había anotaciones, o tal vez alguna muy sucinta como: “Anoche nos acostamos tarde”, “Pasamos siete horas en el teatro”, “Estoy muy cansado” o “No sé cómo lograré hacer todo lo que debo hacer hoy”…

Así es la vida y así es la música.

2011 08 12 La Fille 2da. Función 009

Continuará en la tercera y última parte…

Esta entrada fue publicada en Música.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s