La Ley de Común Acuerdo (Cantando todos al unísono)

De la Vida Mormona

La Ley de Común Acuerdo

(Cantando todos al unísono)

Por Mario R. Montani

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Los miembros de la Iglesia participamos semanalmente de reuniones en las que se sostienen y relevan oficiales del Barrio o de la Estaca a los que pertenecemos y una vez al año tenemos la oportunidad de hacer lo mismo con las Autoridades Generales. Es posible que, en esas ocasiones sagradas, pensemos que estamos dando cumplimiento a lo establecido por el Señor en los comienzos de la Restauración:

Y todas las cosas se harán de común acuerdo en la iglesia, con mucha oración y fe, porque recibiréis todas las cosas por la fe. Amén”. (DyC. 26:2)

Sin tener yo mismo una opinión definitiva sobre el particular, me interesa indagar sobre lo que pensaban los miembros que recibieron esa revelación. Quizás un buen punto para comenzar sea el propio nombre de la Iglesia. Todos sabemos que el 6 de abril de 1830, cuando fue organizada oficialmente, lo hizo bajo el título de La Iglesia de Cristo. Debido a que varias otras iglesias del período comenzaron a nombrarse del mismo modo, en Mayo de 1834, se propuso a la congregación el cambio a “La Iglesia de los Santos de los Ultimos Días”. No hubo mención a ninguna revelación, ni la imposición de que ese sería el nombre de allí en adelante. Fue una propuesta que los miembros, democráticamente, votaron positivamente por mayoría. No por unanimidad, ya que, por ejemplo, David Whitmer se apartó pues opinaba que El Libro de Mormón proponía muy claramente que debería ser la Iglesia de Cristo. Recién en Abril de 1838 (4 años después) el Señor estableció el nombre completo de “La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días”. El hecho de que aparezca en DyC 115:4 otorga sanción divina a lo propuesto y decidido por los miembros y también, en cierta forma, reconoce el punto de vista de los que se opusieron. A partir de entonces, el nombre de la Iglesia indica una doble pertenencia. Es la Iglesia de Jesucristo y también la Iglesia de los Santos (es decir los miembros de la Iglesia). Tal doble pertenencia no siempre ha estado claramente presente en los asuntos de la Institución.

Hay un caso paradigmático que da cuenta de lo que Joseph Smith y los primeros santos pensaban sobre la Ley de Común Acuerdo: Nauvoo, 1843. El Profeta planeaba llamar a Amasa Lyman para reemplazar a Sidney Rigdon como su Consejero en la Primera Presidencia. En la Conferencia General más cercana hizo la propuesta a la congregación y fue rechazada. Según los registros, Joseph, bastante disgustado, dijo algo como “He tratado de quitármelo de los hombros y me lo habéis vuelto a poner encima. Vosotros lo cargaréis, no yo” (B.H. Roberts, Succession in the Presidency of the Church of Jesus Christ of Latter Day Saints, 1894, Salt Lake City, Deseret News Publishing Company).

Nunca estuvo en duda el derecho de los miembros a opinar y votar en algo que les concernía, ni al Profeta parece habérsele cruzado por la mente que podía hacer el cambio sin consultarlo y recibir aprobación. Durante la administración de los primeros Profetas de esta Dispensación lo normal era que hubiese votos en disenso y las opiniones personales eran expresadas públicamente antes de que se procediera a votar. Lo único que se necesitaba para analizar una propuesta era que fuese apoyada por otros miembros. Un voto unánime de una Conferencia era algo tan raro que se tomaba nota de ello como una ocasión extraordinaria. Los diarios personales son una prueba histórica irrefutable de hermanos fieles que votaban en negativo u oponiéndose a alguna consideración propuesta por las Autoridades.

Tal como lo sugirió en su discurso “Counseling the Councils” Howard W. Hunter, en el Gran Concilio en los Cielos el Padre utilizó el principio del Común Acuerdo con las multitudes de espíritus presentes. A pesar de tener todo el conocimiento y sabiduría no impuso el Plan de Salvación. Dio la opción. La necesidad fundamental de ejercer el libre albedrío comenzó desde entonces. Y ese es el modelo que debemos seguir.

“No se ordenará a ninguna persona a oficio alguno en esta iglesia, donde exista una rama de ella debidamente organizada, sin el voto de dicha iglesia”. (DyC. 20:65)

“Porque es preciso que todas las cosas se hagan con orden y de común acuerdo en la iglesia, por la oración de fe” (DyC. 28:13)

Esto parece muy similar a lo que El Libro de Mormón identifica como “la voz del pueblo” en asuntos políticos o religiosos de interés comunitario.

Los Líderes no siempre estuvieron de acuerdo sobre lo que implicaba esta Voz del Pueblo, pero ciertamente el antiguo proverbio de Vox populi, vox dei no opera dentro del mormonismo desde hace largo tiempo.

Wilford Woodruf declaró:

“La Iglesia tiene el derecho de rechazar o aprobar las revelaciones… Antes de que una revelación sea aceptada por la Iglesia, como ley, debe de una forma u otra ser presentada a la Iglesia y aceptada por la Iglesia” (The Lectures on Faith: a case study in de-canonization, Von Wagoner y otros, Dialogue Vol 20 Nº 3, pag. 74 (1987)

Sin embargo, George Q. Cannon opinaba de modo diferente:

“Pareciera sin sentido que el Profeta de Dios no pueda considerar auténticas las revelaciones que ha recibido hasta que tengan la aprobación de los diferentes quorumes de la Iglesia” (Gospel Truth: Discourses and Writings of President George Q. Cannon, editados por Jerreld L. Newquist, Salt Lake City, 1987, Deseret Book Co, pag. 258)

Creo que ese contraste de ideas muestra un conflicto aún no resuelto totalmente en la Iglesia.

Bruce R. McConkie:

“Los asuntos administrativos de la Iglesia se manejan bajo la ley del común acuerdo. Esta ley consiste en que en el reino terrenal de Dios, el Rey aconseja lo que hay que hacer, pero luego permite que sus súbditos acepten o rechacen sus propuestas. A menos que el principio del libre albedrío se ponga en práctica con justicia, el hombre no progresará hasta lograr la salvación en el reino celestial. En consecuencia, los oficiales de la Iglesia se eligen por el espíritu de revelación que reciben los que son llamados para elegirlos; pero antes de que aquéllos puedan servir en sus puestos, deben recibir un voto formal de sostenimiento de parte de los miembros sobre quienes van a presidir (Mormon Doctrine, pag. 149-150)

En el Manual del Alumno del Curso de Doctrina y Convenios, Sección 26, pag. 51, después de analizar la anterior cita del Elder McConkie, se comenta:

“No sólo se sostiene a los oficiales de la iglesia mediante el común acuerdo, sino que este mismo principio se aplica también a las normas, las decisiones importantes, la aceptación de nuevas Escrituras y otros asuntos que afecten la vida de los santos”. 

Creo que lo anterior es una expresión de deseo muy interesante, no un reflejo de la realidad. ¿Alguno de ustedes fue consultado con respecto al cambio del horario consolidado o la edad de los jóvenes para salir a la misión? ¿Tuvieron oportunidad de votarlo? ¿Afectaban la vida comunitaria de los santos?

No se me malinterprete. He puesto como ejemplos dos casos relativamente cercanos en el tiempo y que afectaron la vida de la membresía y con los que estoy plenamente de acuerdo. Estoy muy feliz de que hayan ocurrido esos cambios. Pero lo de que las normas, las decisiones importantes y que afectan nuestra vida forman parte del común acuerdo es en la actualidad una simple enunciación retórica. De acuerdo al esquema de McConkie, el Rey últimamente toma decisiones pero los súbditos no son consultados…

John A. Widtsoe:

“Cada oficial del Sacerdocio o las organizaciones auxiliares, aunque nombrado apropiadamente, mantiene su posición en la Iglesia sólo con el consentimiento de la gente. Los oficiales pueden ser nombrados por la Presidencia de la Iglesia, pero, a menos que el pueblo los acepte como oficiales, no pueden ejercer la autoridad de los oficios a los que han sido llamados. Todas las cosas en la Iglesia deben hacerse por común acuerdo. Esto convierte a la gente, hombres y mujeres, bajo Dios, en los gobernantes de la Iglesia. Aún el Presidente de la Iglesia, antes de cumplir plenamente sus obligaciones, o continuar en su oficio, debe ser sostenido por las personas… Esto da a cada miembro la oportunidad de votar a favor o en contra de los oficiales…” (Priesthood and Church Goverment, pag. 238)

Uno escucha relatos, sobre todo de las comunidades rurales de fines del siglo XIX y comienzos del XX, en los que Autoridades Generales que viajaban a Conferencias de Estaca veían sus propuestas sobre Obispos o Presidencias de Estacas rechazadas una y otra vez y cómo negociaban con los miembros hasta hallar al indicado que, en ocasiones, ni siquiera estaba presente. Por ese entonces se aceptaba que esa era una de las muchas alternativas por las que se “manifestaban los misteriosos caminos del Señor”.

Alguien podría decirme que, obviamente, hemos aprendido a tener más obediencia en la actualidad. Yo lo negaría. No me atrevería a compararme a la fe de los granjeros que luchaban contra una tierra árida y que habían llegado a esos lugares dejando atrás el desprecio de muchos familiares y sus propios muertos por el camino. No, no creo que seamos más obedientes. Sí creo que somos más indiferentes. Y que hemos sido moldeados bajo algunas normas sociales internas según las cuales el levantar una mano en contra está visto como una deslealtad, un oprobio y una puesta en peligro de nuestra salvación por “oponernos a los ungidos del Señor”. No me cabe duda de que es más sencillo conducir a un rebaño que está convencido de eso y no a otro que cree que lo que dice Doctrina y Convenios sigue teniendo vigencia.

No se me escapa el hecho de que con el crecimiento y la diversidad cultural dentro de la Iglesia sería muy difícil consultar a los miembros y obtener su aprobación para cada pequeña medida que se desee promover. Sin embargo, creo que hay un amplio margen de opciones, con los actuales medios de comunicación, para que eso fuese viable en los temas de verdadera importancia.

Hemos pasado de una participación activa y directa a una en la que delegamos toda responsabilidad a las Autoridades sin que nadie nos haya explicado cómo y cuándo fue ocurriendo ese proceso.

La Enciclopedia del Mormonismo, en su referencia al tema, declara:

“La evidencia de relatos sobre las primeras reuniones y conferencias indica que muchos de los líderes de la Iglesia de Nueva Inglaterra sentían que los miembros deberían estar directamente involucrados en reuniones en las que se tomaban decisiones, incluyendo mociones sobre políticas, siguiendo los procederes parlamentarios estándar para reuniones públicas, y votar para decisiones finales. Los miembros individualmente a veces ejercían la prerrogativa de llamar a reuniones, y una vez en sesión, cualquiera tenía el derecho de dirigirse al grupo. La conducción de sus reuniones seguía el modelo congregacional que les era familiar…”.

Esta explicación histórica intenta mostrar que los primeros líderes utilizaron ese método por razones culturales, y no es algo que debamos desestimar, pero entre esos líderes de Nueva Inglaterra estaba Joseph Smith, el Profeta, el cual entendía mejor que nadie los propósitos de Dios, quien parece ser muy claro en DyC 28:10

No has de partir de este lugar sino hasta después de la conferencia; y por la voz de dicha conferencia mi siervo José será nombrado para presidirla, y lo que él te diga, eso dirás”.

En castellano la palabra conferencia puede significar disertación o reunión (y con cierta connotación de pasividad por parte de los asistentes), pero en inglés expresa: a) reunión para consultar o discutir, b) intercambio de puntos de vista, c) reunión de comités para resolver diferencias entre cuerpos legislativos, d) una asamblea de clérigos o clérigos y laicos en un distrito particular dentro de las iglesias Protestantes.

Nuestras conferencias se han ido castellanizando, pues ya no hay en ellas consulta, discusión o intercambio de ideas, más bien reuniones y disertaciones. Los miembros deberíamos estar activamente involucrados en el crecimiento y perfeccionamiento de la Iglesia, y la ley de Común Acuerdo es una de las herramientas más poderosas para lograrlo, cuando opera y no es acallada por la costumbre y la indiferencia.

Los líderes locales deberían tener más participación en la definición de políticas internas que afectan a los miembros. Después de todo, si bien su llamamiento proviene del Señor, no han podido asumirlo plenamente sin el voto de los fieles, por tanto también representan a ellos. He observado con el paso de los años que un creciente verticalismo se ha apoderado de las estructuras eclesiásticas mormonas. Las sugerencias que vienen de arriba hacia abajo (y todos sabemos que tales sugerencias suelen tener las características de mandatos) deben ser cumplimentadas, informadas, medidas y registradas. Mientras que cualquier sugerencia desde abajo hacia arriba suele ser obstaculizada u olvidada por un aparato burocrático acostumbrado a operar en una sola dirección. Algunos han denominado a esta situación Profetocracia o propuesto que el nombre de la institución se cambie a La Iglesia de Jesucristo de las Autoridades Generales. No me sumo a esas iniciativas pero sí reconozco que son indicadoras de los sentimientos de una parte de los miembros.

Finalmente, el ejemplo del Salvador mostró que los Líderes están para servir. Es muy difícil poder servir sin escuchar y es difícil poder escuchar cuando nos cubren las demandas formales de programas y actividades exigidas y cuando no hay un ámbito donde se pueda hablar de temas que no aparezcan en la curricula oficial de la Iglesia.

Algo similar ha ocurrido con los informes sobre las finanzas. Desde 1959 en adelante la Iglesia ha dejado de compartir sus estados financieros (En Canadá y el Reino Unido debe hacerlo pues así lo establece la ley y supongo que en los demás países se ajustará a la legislación que rige).

Pero los miembros, en el Informe del Departamento de Auditorías, sólo sabemos que “se han registrado de acuerdo con los presupuestos, las normas y las prácticas de contabilidad de la Iglesia”. Por supuesto que todos confiamos básicamente en que eso es suficiente. Pero analicemos un par de cuestiones. Cuando se organizó la Orden Unida no podía tocarse una sola moneda sin que todos los integrantes de la Orden diesen su aprobación mediante voto. Se podrá argumentar que siendo la Ley de Diezmos una ley menor, también los procesos administrativos son menores…

El 8 de Julio del 2000, el Deseret News mencionaba que Farm Management Company (una subsidiaria perteneciente a la Iglesia para administrar las propiedades agrícolas) estaba estableciendo reservas de caza en algunas de esas propiedades con la idea de obtener dividendos adicionales cobrando a cazadores pudientes. Si bien la Iglesia no posee ninguna doctrina oficial condenando la caza deportiva es conocido que, a lo largo de un siglo, Profetas como Lorenzo Snow, Joseph F. Smith y Spencer W. Kimball han sido muy duros con respecto a esta práctica. Parecía haber aquí un problema ético irresuelto. El tema se agravaba pues la Iglesia estaba utilizando misioneros regulares para administrar estos sitios. Gracias a la acción de grupos defensores de los derechos del animal, para el 2001 se habían eliminado a los misioneros y contratado administradores pagos, limitado la cantidad de piezas a cobrar y abandonado la práctica de liberar aves enjauladas con la llegada de los cazadores. Primer pregunta: ¿Se podría haber evitado esa situación si los miembros de la Iglesia hubiésemos tenido la oportunidad de votar al respecto?. Segunda pregunta: ¿Cómo se revirtió, aunque sea parcialmente, el daño? Pues porque, además de los activistas de la naturaleza, los propios miembros comenzaron a escribir a sus Obispos y a las Autoridades Generales expresando su disconformidad. La respuesta a ambas preguntas está en un solo lugar: los miembros.

Cuando hace muy poco las Autoridades decidieron invertir u$s 1.500 millones (lo que ellos expresan como 1.5 billions) en un complejo comercial en el centro de Salt Lake para embellecer y promover ese sector, hubo muchas voces locales en contra.  No me cabe duda de que los miembros extranjeros (es decir el 60% de la población actual de la Iglesia) también podrían haber sugerido proyectos alternativos para esos fondos, pero tal oportunidad no existió. En Salt Lake y sus regiones inmediatas viven menos de 500.000 mormones, lo que representa hoy el 3% del total de miembros. Por supuesto que es la capital religiosa y administrativa de la Iglesia, allí viven las Autoridades y es visitada anualmente por millones de otros mormones y turistas. No estoy en contra del emprendimiento en sí, sino de la poca oportunidad que los miembros tienen para opinar.

Tampoco tienen demasiada oportunidad de saber. Todos hemos escuchado hablar de Deseret Books Co. y de Deseret News Publishing Co., las empresas editoriales de la Iglesia o del ala educativa de BYU en Utah, Idaho y Hawai. Quizás también de Beneficial Financial Group, a cargo de Seguros e Inversiones y de Bonneville International Corporation, en el área de Comunicaciones. Pero ¿Han oído hablar sobre Deseret Management Corporation, AgReserve  o el Polynesian Cultural Center? Es posible que si le preguntan a su Obispo o Presidente de Estaca tampoco les pueda responder. No es información que esté disponible. Hace falta la consulta a un periodista de investigación especializado como Caroline Winter, de Bloomberg, para comenzar e entender la compleja organización de negocios de la Iglesia.

Hawaii Reserves, por ejemplo, posee más de 3.000 hectáreas en Oahu, donde mantiene edificios residenciales y comerciales, parques y dos cementerios. El PCC (Polynesian Cultural Center) es un parque temático tropical de 17 hectáreas en las costas de Oahu con luaus, paseos en canoa y visitas a siete aldeas polinesias simuladas. El ticket general cuesta u$s 49,95 y el Vip u$s 228,95. En 2010 el Centro colectó unos u$s 70 millones.

No es el propósito de este artículo analizar las finanzas de la Iglesia ni los métodos gerenciales para administrarlos, los que a partir del programa de Correlación comenzaron a “aplicar prácticas gerenciales que eran comunes en el mundo de negocios norteamericano” (Edward L. Kimball – hijo del Presidente Kimball – en su biografia, Lengthen Your Stride: The Presidency of Spencer W. Kimball, Salt Lake City, 2005, Deseret Book, pag. 249). Sólo señalar que los Santos de los Ultimos Días no tienen participación activa en ellas. Es una repetida frase en la iglesia que cuando alguien delega autoridad en otro no debe interferir con esa delegación pero sí debe supervisar y controlar. Los miembros no tenemos forma de hacer eso con el poder que delegamos a las autoridades superiores.

En un folleto publicado en 1971 bajo el título de Common Consent por Bruce R. McConkie sobre el tema, en el punto 4 puede leerse:

“Los asuntos generales de la Iglesia no pueden tramitarse en secreto. Ningún hombre, por lo tanto, puede ser designado para conducir la Iglesia o llevar adelante ningún supuesto gran programa para la salvación del hombre. El Señor lo ha decretado de otro modo. Las Conferencias deben tramitar los asuntos de la Iglesia”.

Nos advierte DyC 121:39

“Hemos aprendido por tristes experiencias, que la naturaleza y disposición de casi todos los hombres, en cuanto reciben un poco de autoridad, como ellos suponen, es comenzar inmediatamente a ejercer  injusto dominio”.

Joseph está hablando sobre “casi todos los hombres” de la Iglesia. ¿Qué nos hace creer que la naturaleza y disposición humana ha cambiado tanto entre el siglo XIX y el XXI?

Las Autoridades deberían estar brindándonos “conocimiento puro” sobre estos menesteres con “mansedumbre, benignidad, persuasión, longanimidad y amor sincero” pues son los únicos métodos por lo que se puede mantener “cierto poder o influencia en virtud del sacerdocio” (DyC 121:41-42). No ocultándolo.

El propio Joseph Smith lo tomó en cuenta hace años:

“El hecho es que debe existir un balance o equilibrio de poder entre el Obispo y la gente, y de ese modo la armonía y la buena voluntad podrán preservarse entre ustedes” (History of the Church, 1:364)

Ese equilibrio debe existir no sólo entre obispos y miembros sino también entre Presidentes de Estaca y Autoridades Generales. El nuestro no es un sistema parlamentario por el que elegimos a nuestros representantes y de allí en adelante únicamente ellos toman las decisiones. El hecho de que casi semanalmente se nos planteen relevos y sostenimientos  muestra que no es así. Cuando un miembro de un obispado o de un sumo consejo propone un nombre no nos está diciendo que ya fue elegido, nos está haciendo una propuesta, una nominación por la cual deberemos votar.

Tengo en claro que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días es dirigida por Jesucristo y también por los miembros. Con respecto a La Corporación del Obispado Presidente tengo en claro que no le corresponde a los miembros saber, ser informados o preguntar sobre su accionar. Sólo confío en que a Jesucristo se le permita…

Las sutiles sugerencias de que sólo “faltas muy graves” de los candidatos admiten un voto negativo o de que tal manifestación pone en peligro nuestra propia salvación, además de acarrearnos el ostracismo social de nuestra comunidad, parecen formas sofisticadas de modificar, transformar y recortar el principio del Común Acuerdo. Según lo poco que sabemos de nuestra vida anterior, el Padre otorgó ese don y beneficio y el único que intentó quitarlo fue Lucifer.

Como lo expresé al iniciar el artículo, éstas son sólo reflexiones personales. No tengo una definición al respecto. Dejar de pagar los diezmos, inactivarnos o comenzar a votar todas las propuestas en negativo no me parecen actitudes conducentes ni maduras. Cuando me bauticé (hace ya 55 años) contraje algunos compromisos con mi Padre Celestial. Es mi intención cumplir con ellos hasta donde mis fuerzas y debilidades me lo permitan, aunque no esté de acuerdo con cada detalle y política de la institución que nos engloba.

El himnario que utilizamos en nuestras reuniones ha sufrido algunos cambios a lo largo del tiempo. Una de las más notables fue en 1948 cuando el registro se bajó un semitono. Otra en 1985 cuando descendió un tono entero. En términos de la voz humana un tono y medio es un intervalo muy importante. La explicación dada incluía el facilitar el canto ya que las melodías eran muy agudas. En realidad, el objetivo del Comité de Música de la Iglesia era otro, con el visto bueno de algunas Autoridades: colocar los himnos en una tesitura en la que se hiciese más difícil el canto a cuatro voces. Tanto en 2002 como en 2011 hubo intentos de confeccionar himnarios para que el canto fuese al unísono. Afortunadamente, desde mi punto de vista, no prosperaron. ¿Por qué no? Porque en 2004 se creó el Unison Hymn Singing Pilot Project para evaluar entre la población universitaria de BYU la posibilidad de cantar a una sola voz. Los resultados fueron contundentes: los mormones no queremos hacerlo. Preferimos cantar en armonía. Esto hizo dar marcha atrás con los proyectos de una nueva modificación del himnario.

Me parece un caso paradigmático, no sólo porque de algún modo se consultó a los miembros, sino porque simbólicamente revela que nos gusta la diversidad, el enriquecimiento y la armonía. No deseamos marchar al sonido de una sola voz…

Entre las muchas historias de J. Golden Kimball existe una en la que, al participar de una Conferencia de Estaca y efectuar los sostenimientos, observó que los miembros respondían a las propuestas de forma automatizada. Entonces propuso el traslado de una montaña de las cercanías a otro lugar. Algunas manos distraídas se levantaron a favor… por lo que la Autoridad aprovechó para dar un sermón sobre la importancia del común acuerdo. Es posible que, a partir de entonces, haya nacido el dicho “Recuerde que al levantar la mano usted no se está desperezando, está votando…”

Los que creen que todo está bien en Sión sírvanse expresarlo levantando la mano derecha…

Por la negativa, mediante la misma señal…

6 comentarios el “La Ley de Común Acuerdo (Cantando todos al unísono)

  1. Javier dice:

    Válgame hermano, no dudo que va a haber algunos que te quieran crucificar por este artículo. Es en verdad es muy bueno y se ve el gran tiempo que llevas meditando en él. Yo llevo realmente poco tiempo refelxionando al respecto y, de alguna manera, de haber abandonado mi inocencia respecto a estos asuntos.

    Yo realmente creo que esta estructura verticalizante de la jerarquía de la Iglesia comenzó timidamente con Brigham Young y se ha ido fortaleciendo con los años por medio de la “institucionalización”. Hay un maravilloso ejemplo en la historia de la Iglesia Mexicana como a mediados del siglo XX (los años 20’s a los 40’s) donde este aspecto afectó la relación entre un gran número de mormones mexicanos organizados en un grupo llamado la Tercera Convención y las autoridades de la Iglesia llevando por consecuencia un cisma que duró alrededor de 10 años y que afortunadamente no terminó en la conformación de una iglesia disidente (bueno… mas o menos).¿Cómo se originó el conflicto? Pues al solicitar los mexicanos un presidente de misión que fuera mexicano de nacimiento en una época que no había estacas y solo existían ramas y un pequeño distrito con una capacidad de actuación insuficiente. Es interesante notar que la iglesia mexicana fue abandonada constantemente por la central de Utah (sin dejar nadie visible a la cabeza), durando el último abandono alrededor de 10 años. ¿La razón?… pues que la Primera Presidencia era la única que estaba facultada a proponer y llamar a un presidente de misión, sin importar si había una adecuada atención o no. Pero sobre todo la relaciónj fue muy entorpecida por el presidente de Misión de aquel entonces (norteamericano nacido en México)… en fin se solucionó pero realmente por razones de aceptar la rotunda negativa de parte de a Iglesia.

    Por otro lado ayer estábamos mi esposa y yo en el coro de la estaca (a mi esposa, que es músico, le pidieron hace escasamente mes y medio organizar un coro para la conferencia de estaca que es el próximo domingo). Llegó el presidente, quien siceramente no me agrada del todo, y pidió que cantáramos. Después de moverse un tanto desesperado y nervioso por todo el salón sacramental, abrir las cortinas que dividen con el salón social e irse hasta el fondo y escuchar desde el foro. Se acercó a hablar con mi esposa en voz baja. Acto seguido empezó a regañar al los integrantes del coro (los cuales sinceramente no tienen experiencia coral pero que estan cantando decentemente) diciendo que de ellos dependía que la actividad empezará con el Espíritu (hasta cierto punto es correcto) pues le molestó un tanto una serie de risas que tuvimmos varios por cosas incocentes, después empezó a decirnos que sonaba bien pero… jeje bueno. Platicando con mi esposa me comentaba que le comenzó a preguntar el presidente a ella si sonaba bien o no… buneo ya para este momento ella con los ojos del tamaño de platos. Bueno a que voy, e presidente me dio la impresión de ser el gerente de “x” sucursal que va a recibir la visita del director general (y es la impresión que siempre me da cuando lo veo)… no se, antes veía a este tipo de lideres como casos aislados en la Iglesia, pero donde yo vivo, por lo menos, en los últimos 15 años se han vuelto la regla y no la excepción.

    En fin es triste, sin embargo esto no significa de mi parte que tenga dudas o vea mi testimonio afectado por esto, pero es trágico que en muchos sentidos el mormonismo pierda su esencia (reacción profética contra el sectarismo y el formalismo tradicional para gestionar la religión y las almas en el cristianismo, criticando abiertamente las formas dogmáticas y presentándo una religión viva y totalmente penetrante del ser donde su práctica está intima y profundamente relacionada con las intenciones del corazón).

    Es refrescante encontrar espacios como el tuyo en los cuales uno puede encontrar estas joyas sin que esto signifique antagonismo o rebelión contra la Iglesia, simplemente es reconocer la parte humana que en muchas ocasiones en algunos lugares pareciera ser la constante y no la variable.

    Saludos.

  2. Liliana Elisa Peters dice:

    Gracias por todas las notificaciones que nos haces llegar. Te felicito por tu trabajo. Es todo tan interesante y producto de profunda investigación y dedicación. Te paso el mail actualizado de Claudio:

    galleanoclaudiofiabane@gmail.com

    Saludos especiales para vos y tu familia!!!

  3. Nefi dice:

    Que dificil poder entender la actitud de la Iglesia con respecto a casi todo lo que mencionás en este artículo. Cuántos hermanos y hermanas pasando muy mal, muy limitados y la Iglesia pudiendo ser una luz para ayudar a solucionar las limitaciones, a trave´z del trabajo digno que ella misma puede generar.

    • mormosofia dice:

      Estimado Nefi: Creo que la Iglesia hace mucho a través de los programas de Ayudas Humanitarias. También es loable la creación y administración del Fondo Perpetuo para la Educación. Los Obispos tienen a su disposición los fondos de Ofrendas de Ayuno para acudir en sostén de los necesitados. Lo que intenté señalar es la poca ingerencia que los miembros tenemos en la toma de decisiones cuando también es NUESTRA Iglesia… Gracias por comunicarte.

  4. MIGUEL dice:

    Hola, que bueno encontrar este espacio, donde respetuosamente se opina libremente, me hace recordar CUMORA.ORG (aunque alli, a veces los participantes no eran tan respetuosos). Gracias por tus articulo, ojala fueran mas seguidos los mismos, donde se analiza objetivamente los asuntos de la Iglesia.
    El articulo, de “De lideres a Gerentes … ” ilustra claramente lo que expresas en el presente articulo. Y no solo pasa a nivel de Autoridades generales, sino percibo yo, tambien en la membresía en general, donde todos tienen la oportunidad de liderar, y aun en las visitas de O.F.
    ya no se siente que se perciba como una oportunidad de ministrar al prójimo, sino como una carga u obligación que cumplir para “quedar como un buen S.U.D.” Conozco el caso de una estaca donde se han programado el primer domingo de cada mes, como fecha de visitas de y todos los barrios tienen el deber de de realizarlo, pero , pienso que estas se convierten en visitas no muy eficaces, pues la mayoría de veces no salen los compañerismos establecida según su familia asignada, sino que aleatoriamente se seleccionan los compañerismos y las familias a visitar, aun ; ademas hay también visitas de los HH JJ y/o MMJJ, la presidencia de la primaria u otras organizaciones, que no es parte del programa de oficiald de visitas de O.F. … en fin … y en mi barrio, cuando se programan actividades de servicio en el Sacerdocio mayor y/o menor … la asistencia es mínima (por no decir a veces nula), por mas que se acuerde un horario o 2, según la disponibilidad de los miembros por sus trabajos, etc.

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