“Y en esto vienen a ser sus propios agentes…” Variantes sobre el tema del Albedrío Moral del hombre – Segunda Parte

DOCTRINA

       Libre Albedrío

“Y en esto vienen a ser sus propios agentes…”

Variantes sobre el tema del Albedrio Moral del hombre

Segunda Parte

 

“Cuando tienes que tomar una decisión y no lo haces, eso en sí es una decisión”.

William James, 20.000 Quips and Quotes, 1968, Ed. Evan Esar, pag. 132

Por Mario R. Montani

¿Libre Albedrío o Albedrío Moral?

Durante años recientes ha surgido, de parte de la dirigencia de la Iglesia, el intento de reemplazar “libre albedrio” por “albedrio moral”. Ya en 1976 Daniel H. Ludlow había dado una definición ampliada del concepto.

 “Pero la fe, el arrepentimiento, la expiación, y todos los otros principios, ordenanzas y doctrinas del Evangelio se basan en este principio — de hecho serían prácticamente inoperables e inexistentes si no fuera por este principio del libre albedrío moral

En 2009, el Elder D. Todd Chistofferson, del Quorum de los Doce Apóstoles, expresaría:

“En el pasado hemos utilizado generalmente el término libre albedrio. Eso no es incorrecto. Recientemente hemos tomado nota de que libre albedrío no aparece en las escrituras. Ellas hablan de ser “libres para escoger” y “libres para actuar” por nosotros mismos (2 Nefi 2:27; 10:23; Helaman 14:30) y de nuestra obligación de hacer muchas cosas por nuestra “propia voluntad” (libre voluntad, en inglés) (D&C 58:27)

La palabra albedrío aparece [en las Escrituras] sola o con el adjetivo moral… Cuando usamos el término albedrío moral, apropiadamente ponemos énfasis en la responsabilidad, que es una parte esencial del don divino del albedrío. Somos seres morales y somos nuestros propios agentes, libres para escoger, pero también responsables de nuestras decisiones”. (Moral Agency, Ensign, Junio 2009, pag. 45-53. Originalmente parte de un devocional en BYU, en Enero 2006)

El presidente Packer agrega:

“El albedrío se define en las Escrituras como ‘albedrío moral’, que significa que podemos escoger entre el bien y el mal”. (Boyd K. Packer, Estas cosas sí sé, Liahona, mayo 2013, pag. 8)

La nueva tendencia, que se acerca más a la letra de las escrituras, aunque no necesariamente a su espíritu, parece querer enfatizar la responsabilidad moral de las acciones y disminuir el impacto de la total “libertad”. Veremos con el paso del tiempo si su uso se impone realmente.

Albedrío y Gobierno Eclesiástico

Todos recordamos la fórmula de Joseph Smith para dirigir a su pueblo: “yo les enseño principios correctos y ellos se dirigen a sí mismos”. Con el crecimiento de la Iglesia, la incorporación de diferentes culturas y la burocratización de sus estructuras, la fórmula no es de fácil aplicación. Sin embargo hay algunos aspectos de democracia interna a los que sería bueno retornar. Creemos que con la venida de Cristo la forma de gobierno será teocrática. Mientras tanto, algunos líderes del pasado han definido el gobierno de la Iglesia actual como una Teodemocracia. La relación exacta de “teo” y de “demo” no ha sido siempre igual y en algunos aspectos continúa resultando conflictiva.

Para traer un poco de equilibrio al tema me permito invitar a dos personas que merecen todo mi respeto y confianza. El primero de ellos es Roger Terry, a quien hemos conocido ya en este blog a través de su extraordinario relato “Eterno Inadaptado”. Roger es un excelente escritor mormón cuya fidelidad a la Iglesia está fuera de discusión. Ha sido por nueve años profesor en BYU. Durante siete años sirvió como editor principal en Ensign y Liahona y es actualmente el Director Editorial de los BYU Studies.

Roger Terry

Roger Terry

Los artículos completos en inglés, de donde han sido tomados los siguientes párrafos, pueden consultarse en su blog (http://mormonomics.blogspot.com.ar/2015/12/authority-part-16-personal-and.html)

“Muchos años atrás mi esposa recibió un llamamiento de nuestro obispo para servir como presidenta de la Primaria del Barrio. Como buen soldado, ella aceptó. Sin embargo, inmediatamente tuvo un sentimiento de intranquilidad – llamémoslo un estupor de pensamiento, pero en realidad era más preocupante y focalizado que un mero estupor. No era simplemente que se trataba de una joven madre con dos hijos pequeños y estaba abrumada. Algo más fundamental faltaba. De modo que, después de orar y conversarlo conmigo, decidió volver con el obispo y explicarle su malestar. Básicamente, con mucho mayor tacto del que yo poseo, le dijo que ella pensaba que su inspiración era defectuosa y necesitaba una segunda opinión. Bien, el obispo era un hombre humilde, y oró al respecto, y a la mañana siguiente llamó para decirle, “Hermana Terry, usted tiene razón. El llamamiento no es para usted en este momento”. Por entonces no sabíamos por qué había ocurrido esto, pero algunas semanas después mi esposa comenzó una larga y terrible experiencia que culminó con el nacimiento de nuestro tercer hijo – con doce semanas de anticipación – y los subsiguientes accidentados eventos que le hubieran impedido cumplir con su llamamiento. Algunos años más tarde, cuando la vida se había calmado un poco, el mismo llamamiento vino a través de otro obispo, y ella lo aceptó sin ningún sentimiento de incomodidad.

En contraste con esta experiencia, consideremos la historia de otra mujer. Su obispo le extendió la asignación de escribir guión y música para un programa especial celebrando el aniversario de la Sociedad de Socorro. En circunstancias normales ella se habría sentido feliz de aceptar tal llamamiento, pero en esta ocasión una sensación de oscuridad le hizo percibir que algo la impulsaba a rechazar la asignación. Cuando se lo mencionó al obispo, él cuestionó su fe y la regañó por no creer en su derecho a recibir revelación para el barrio. Ella intentó asegurarle que no cuestionaba su derecho a recibir revelación pero que le parecía que ella misma había recibido una. Pocos días después, su padre sufrió un masivo ataque cardíaco y fue hospitalizado durante varias semanas para finalmente fallecer. Durante ese período ella debería haber estado preparando el programa para la Sociedad de Socorro de haber aceptado el llamamiento. En cambio estuvo cuidando a su padre y luego, planeando su funeral.

Recordemos a MMM (La Masacre de Mountain Meadows)

De modo que ¿cómo podemos saber si la inspiración de nuestros líderes es defectuosa, o sus decisiones erradas? Del mismo modo que mi esposa y la otra mujer supieron que sus llamamientos no eran correctos – escuchando al Espíritu y a sus propios sentimientos. Mayormente, los consejos, pedidos o llamamientos que nos llegan de nuestros líderes no requieren mucho análisis u oración, pero en ocasiones sí. Y en ciertas situaciones, necesitamos tener el suficiente coraje como para confrontarlos sobre el tema, desobedecer respetuosamente, o aún acudir a autoridades superiores. Muchos de los participantes en la Masacre de Mountain Meadows sintieron un alto grado de consternación sobre lo que sus líderes les pedían hacer. Pero fueron igual, actuando en contra de sus instintos. Si tan sólo un puñado de ellos hubiese defendido lo que les parecía correcto, podrían haber evitado una terrible tragedia y una vergüenza para la Iglesia que nos ha perseguido por más de 150 años.

He visto recientemente un par de citas declarando que seremos bendecidos por seguir a nuestros líderes, aunque estén equivocados. Pero no puedo imaginarme a los perpetradores de la Masacre de Mountain Meadows mereciendo ninguna bendición especial por su obediencia. Este asunto de la obediencia a figuras de autoridad es más complicado de lo que a menudo se nos induce a creer, y la presión para amoldarse es muy fuerte en la Iglesia. De modo que, aunque “Sigan a los Líderes” es en general una buena regla, debemos entender que no es un requisito amplio que cubre todas las situaciones posibles.

Una cultura de adaptamiento

Cuando era un joven estudiante en un barrio de solteros en BYU, tuve un presidente del quórum de Elderes que diseñó un plan ingenioso para alcanzar el 100% en las visitas de orientación familiar. Nos informó que si no habíamos realizado e informado nuestras visitas para el veinte de cada mes, él y sus consejeros irían a hacerlas en lugar nuestro. Según recuerdo, su tono era bastante incriminatorio al explicar el nuevo programa. Ahora bien, estoy seguro que tenía las mejores intenciones. Pero, aparentemente, los números eran más importantes que las personas. También era evidente que sus expectativas no eran demasiado optimistas. El resultado fue que intentaba manipularnos o coaccionarnos para que cumpliésemos nuestras responsabilidades del sacerdocio. En la medida que consideré su programa para prevenir las fallas en la orientación familiar, concluí que tenía sorprendentes similitudes con otro plan que prometía el éxito seguro sin posibilidades de fallar – el de Lucifer en la existencia premortal… Para nuestro Padre Celestial, los individuos serán siempre más importantes que cualquier éxito medible de la organización. El no gestiona a través de números. Nos conduce a su presencia como individuos, si decidimos seguirlo. Algunos en la Iglesia – principalmente aquellos que creen estar conduciendo los Santos hacia el cielo – buscan controlar no sólo los resultados sino también las elecciones personales. Intentan eliminar el “si” condicional, y esto interfiere con el libre albedrio. Por tanto existe en la Iglesia como organización una gran presión para amoldarse sin cuestionamientos a un patrón aprobado de pensamiento y conducta. La conformidad ha reemplazado de varios modos las expresiones inteligentes de rectitud en la Iglesia. De un modo muy real, la presión institucional para amoldarse ha suplantado a la simple invitación de seguir. Por tanto, el amoldarse no sólo ha reemplazado a la tolerancia por el fracaso sino que en el proceso ha creado su propia marca de fracaso. La ley mayor, que siempre tiene un final abierto y puede cumplirse en una miríada de formas no prescriptas, está siendo reemplazada por una ley menor, que se enfoca en requerimientos específicos mínimos.

Aunque la manifestación más visible de conformismo entre los Santos de los Ultimos Días sea probablemente el uniforme corporativo que se requiere explícitamente a los empleados de la Iglesia en su trabajo e implícitamente a todos los poseedores del sacerdocio en los servicios de adoración del domingo, otras formas de conformismo son más preocupantes. El conformismo es, finalmente, un estado mental, no meramente un asunto de apariencias. De hecho, parece que hemos desarrollado una cultura de conformismo en la Iglesia, una resistencia socialmente estimulada a las ideas nuevas u originales. Esquemas que enlentecen nuestra habilidad para seguir al Espíritu espontáneamente o expresar algún grado apreciable de individualidad. Ciertamente retrasan la habilidad para considerar posibilidades nunca vistas o nuestros deseos de abrazar el cambio. Es interesante observar que más de 70 años después de la muerte de J.Golden Kimball, miembros de la Iglesia que jamás lo escucharon hablar aún atesoran las historias de esta Autoridad General que maldecía y tomaba café y continúa comprando libros acerca de él. El “tío Golden” sin duda era amado por sus contemporáneos – después del de Brigham Young, su funeral tuvo la mayor asistencia en la Utah mormona del primer siglo. Pero ¿qué tenía este hombre que todavía fascina a los SUD? La respuesta es obvia. No encajaba en el patrón de lo apropiado y devoto que hemos llegado a esperar de los líderes de la Iglesia en todo nivel. Era impredecible, incontrolable e impetuoso, sin embargo leal hasta el fin. Y encontramos eso tremendamente refrescante. También nos damos cuenta con tristeza que jamás volverá otro J. Godcen Kimball en la jerarquía de la Iglesia. Y que pronto la misma idea de que tal hombre existió en la cultura mormona se irá desvaneciendo.

Terryl Givens

Terryl Givens

Quizás de mayor trascendencia es que la cultura de conformismo y adaptabilidad que hemos desarrollado en la Iglesia a menudo se revela en la falta de deseo – o tal vez inhabilidad – de sus miembros a “pensar por fuera de la caja” y a cuestionar o examinar declaraciones de autoridad, doctrinas poco definidas y tradiciones estrictamente culturales. En contraste con la rigidez mental de muchos de los Santos de hoy, Terryl Givens señala que una actividad común en los tiempos de Joseph Smith era debatir sobre asuntos del evangelio tales como ‘¿Era o no la intención de Cristo establecer su evangelio a través de milagros?’ o ‘¿Era necesario que Dios se revelase a la humanidad para traerles la felicidad?’ Terryl L. Givens, People of Paradox: A History of Mormon Culture (New York: Oxford University Press, 2007), 80–81. Joseph no solo estimulaba y asistía a esos debates, sino que ocasionalmente participaba activamente en ellos. En febrero de 1842, el Profeta registró que pasó toda una tarde asistiendo a un debate, agregando que los mismos “se llevaban a cabo semanalmente, incorporando a los mejores talentos de la ciudad, mayores y jóvenes, con el propósito de obtener la verdad, adquirir conocimiento y mejorar los discursos en público”  Joseph Smith Jr., History of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints,ed. B. H. Roberts, 2d ed., rev. 7 vols. (Salt Lake City: Deseret Book, 1971), 4:513–14.

Hoy, tales debates han revivido gracias a la cortesía de Internet y la blogosfera, donde el anonimato provee cierta protección a los participantes que pueden temer la censura de la Iglesia. Pero el espíritu de debate para “obtener la verdad” no se ha derramado muy eficazmente en nuestras reuniones y clases, donde el curriculum oficial de la Iglesia ofrece sólo estrechas explicaciones doctrinales y preguntas poco profundas para el estudio del evangelio de los Santos, y ciertamente no ha atraído la participación de los altos oficiales de la Iglesia, como en los días de Joseph Smith.

Warner Woodworth

Warner Woodworth

Mi amigo Warner Woodworth sugirió hace casi 30 años atrás que los estudiantes de BYU estaban siendo modelados en un marco corporativo “para convertirlos en buenos y leales siervos del poder”. El, al igual que Joseph Smith, reconoció “la especial necesidad de confrontación con ideas alternativas” para arribar a ciertas verdades cruciales. Nos contó sobre un profesor visitante de Stanford quien había mencionado que “aunque observaba a los estudiantes de BYU como individuos muy agradables, su educación se veía obstaculizada por la falta de pensamiento crítico y discusión en el aula”

De acuerdo con Woodworth, necesitamos “un tipo de espíritu de debate, desnudo, desvergonzado e irreverente. Demasiados mormones parecen creer que la gloria de Dios es el conformismo, no la inteligencia” (Warner P. Woodworth, Brave New Bureaucracy, Dialogue 20, nro. 3 (1987)

Infalibilidad de Facto

“Sigan a las Autoridades” es una máxima que los Santos de los Ultimos Días son aconsejados a aceptar como regla general, pero la vida no es tan simplista, particularmente en una organización tan compleja como la Iglesia. Durante los siete años que me desempeñé como editor en las revistas de la Iglesia llegué a estar extremadamente consciente de las dificultades que esa regla creaba en el aspecto corporativo de la institución. Básicamente, lo que existe en las oficinas de la Iglesia son departamentos de empleados supervisados por gerentes contratados, quienes a su vez responden a Autoridades Generales que actúan como directores ejecutivos y consejeros de esos departamentos. En apariencia, esta estructura es similar a otras organizaciones capitalistas o gubernamentales. Las principales diferencias – y muchas de las dificultades – surgen del hecho de que en la burocracia de la Iglesia virtualmente todas las decisiones, recomendaciones y aún opiniones de la gerencia superior (Autoridades Generales) son tomadas por los gerentes profesionales intermedios como divinamente inspiradas (y por lo tanto, indiscutibles), aunque esos mismos gerentes intermedios opinen distinto.

Aunque no existe nada en las escrituras o doctrina SUD que insista en que los líderes de la Iglesia son infalibles, cuando transformamos el consejo de seguir a las Autoridades en una regla inapelable, de hecho, garantizamos a nuestros líderes una infalibilidad de facto. Al hacerlo, eliminamos totalmente el elemento participativo y democrático en el gobierno de la Iglesia. Como es de esperar, la noción de la infalibilidad de facto no existe únicamente en la estructura de empleados de la Iglesia; los SUD comunes también reciben la expectativa de respaldarla en sus vidas personales.

El origen exacto de estas tendencias autocráticas en realidad no importa. Lo que sí importa es que con el tiempo se ha desarrollado una atmósfera de obediencia ciega y conformismo sin sentido (el resultado inevitable de la infalibilidad de facto), lo cual crea serios desafíos para miembros y líderes por igual en la Iglesia moderna.

Permítanme ilustrar lo que quiero decir con infalibilidad de facto con un ejemplo de un pasado no muy distante. Un par de años después que dejé las revistas de la Iglesia, uno de mis colegas me comentó sobre una de las directivas bajo las cuales debía trabajar el equipo de las revistas.

Aparentemente, una de las Autoridades Generales asignadas para supervisar el Departamento de Curriculum emitió un edicto acerca de que las revistas no debían contener fotos en las que se usara tela de vaqueros. Ahora bien, a menos que se haya anunciado una revelación declarando que los vaqueros son malignos, sólo podemos asumir que era simplemente un individuo estableciendo su predisposición personal en un rincón del reino. Como imaginarán, esto creó dificultades en las revistas, particularmente en la New Era. Los editores de la revista eran periódicamente enviados por todo el mundo entrevistando a los miembros y escribiendo historias sobre la Iglesia “local”. Generalmente tomaban fotografías de las personas para incluirlas en los artículos, y era imposible controlar cómo se vestían los miembros. De hecho, en algunas áreas, los vaqueros pueden haber sido “sus mejores ropas”. Los equipos de la New Era escribían a menudo sobre jóvenes participando en proyectos de servicio y actividades al aire libre. Invariablemente, muchos de los jóvenes usaban vaqueros. ¿Cómo cumplían los empleados este requerimiento prácticamente imposible? Bien, los diseñadores simplemente utilizaron magia digital (Photoshop) para transformar los vaqueros en pantalones de vestir. Estoy seguro que algunos de ellos deben haber pensado que hacían algo deshonesto, pero ¿qué otra alternativa tenían? Cuestionar la directiva de una Autoridad General no era una opción. Infalibilidad de facto…” 

Libre Albedrio e Integridad Personal

Invitaremos ahora a expresarse a Jennifer Finlayson-Fife, una psicoterapeuta mormona especializada como consejera en relaciones personales y sexualidad. Con una consulta de pacientes mayormente miembros de la Iglesia, sus opiniones son tenidas en cuenta por diferentes blogs y grupos SUD. También brinda cursos especiales para parejas mormonas. Las reflexiones aquí vertidas provienen de una entrevista concedida a Kristine Haglund que apareció en Dialogue, a Journal of Mormon Thought Vol. 47 Nº 4, pags. 103-123

Dra. Jennifer Finleyson-Fife

Dra. Jennifer Finleyson-Fife

“Voy a ser tan atrevida como para sugerir que la obediencia no es un principio inherentemente divino. Escoger adaptarnos a algo que creemos o sacrificar deseos inmediatos por algo que estimamos más importante es un principio divino – creo absolutamente en ello. Sin embargo utilizamos la palabra “obediencia” para hablar de ese tipo de acciones morales – acciones basadas en nuestra integridad – y no me gusta porque obscurece la responsabilidad personal y eleva la obediencia por sí misma – lo cual creo que es problemático… Hay un claro valor moral en estar deseosos de pedir prestada sabiduría y aplicar esa sabiduría. Uno aprende en el proceso de hacerlo y se pueden evitar costosos errores…De todos modos, lo que encuentro problemático es el evaluar la obediencia, como si la obediencia fuese en sí misma un bien moral. La dificultad es que ponemos la responsabilidad en algún otro por nuestras elecciones morales; lo encasillamos en que Dios valora el “simplemente haz lo que se te dice” y si tus líderes se equivocaron, ellos serán los responsables de tu accionar equivocado. No estoy segura de que eso sea verdad… Decimos que el profeta habla por Dios, de modo que si está equivocado, yo no soy responsable. Creo que eso no tiene el menor apoyo doctrinal, pues junto a nuestra noción de obediencia, tenemos los muy fuertes principios del albedrío y la revelación  personal, que son las razones fundamentales por las que creemos haber venido a la tierra. Según mi experiencia, estimulamos la idea de dependencia de la Iglesia mucho más allá de lo que nuestra teología admite. Elevamos el respeto a la autoridad, y deseamos relacionarlo con un bien inherente. Puedo entender por qué ocurre en la Iglesia. Como madre, ciertamente he aprendido a valorar la obediencia más que antes, ya que lograr que mis hijos hagan lo que quiero facilita mi trabajo, de modo que puedo ver que, para aquellos en posiciones de liderismo, se reduce la tarea si las personas simplemente se adaptan… Pienso que podemos sobrevalorar la obediencia a expensas de nuestro crecimiento moral. No creo en un dios que nos haga obedecer nuestro sendero hacia la divinidad. En vez, Dios nos da un mundo en el cual podemos pedir prestada sabiduría a otros, pero en el que también debemos aprender mediante el ejercicio del libre albedrio, cometiendo errores, buscando sinceramente la verdad por nuestro propio pensar, discernimiento e investigación. Como agentes morales, debemos imponernos sobre elecciones imperfectas en medio de realidades imperfectas. Ese proceso es fundamental para nuestro desarrollo personal y espiritual, pero a menudo no deseamos la responsabilidad que viene con ese proceso imperfecto. Y por nuestro temor a la responsabilidad, creo que abrazamos la cómoda idea de obediencia. Podemos actuar, pero lo hacemos sobre los hombros de autoridades – podemos escapar de la ansiedad de determinar qué es correcto. Pero ese pseudo escape de la responsabilidad es en nuestro propio detrimento y en detrimento del grupo, si es que se valora más el cumplimiento que el discernir y la aserción de que lo que creemos es realmente verdadero… Tolerar y lidiar con puntos de vista variables y alternativos es parte del proceso de hallar la verdad. Aún Joseph Smith declaró “Es poniendo a prueba los contrarios que la verdad se manifiesta”. El proceso de alternar con ideas contradictorias es muy importante para el desarrollo. Pero en la Iglesia, en ocasiones, simplemente queremos saber lo que dijo el Elder Tal y Tal sobre el asunto, y con eso terminamos la conversación – creo que nos gusta eso; es cómodo; nos encantan las certezas y deseamos creer intensamente que los líderes jamás se equivocan. Tengo una querida prima que ni siquiera pone el empapelado sin orar al respecto, porque desea la confirmación de que será el empapelado apropiado. Y, no me malinterpreten ¡Ella tiene unos hermosos empapelados! De modo que quizás el Espíritu realmente confirma su decisión. Pero esa característica de no permitirnos hacer un movimiento sin la certeza de la aprobación divina por la elección – a menudo proveniente de una predecible cadena de autoridad… En cierto modo, eso niega lo que el evangelio nos dice que es el propósito de la vida en la tierra, el cual es que nos hallamos en el mundo solitario y triste, con intervenciones divinas limitadas, y debemos aprender a soportar la ansiedad de discernir y escoger lo que creemos correcto, aunque sea con información y fortaleza limitadas.

Recuerdo estar en el CEM y tener la sensación de que se nos bombardeaba con obediencia, obediencia, obediencia. En esa época mis pensamientos no se habían aún desarrollado, pero recuerdo el sentimiento de que había tanto que yo todavía no sabía, pero se me decía que yo debía declarar saberlo. Debía hacerlo para estar bien con Dios. Recuerdo una pequeña crisis durante una reunión de testimonios en el CEM en la que me preguntaba si Dios me estaba pidiendo que yo simulara. Si digo mi parte ¿eso complace a Dios? O, Dios sólo desea que sea fiel a mí misma, siempre que mis intenciones de buscar la verdad sean sinceras. ¿Es eso aceptable para Dios? Toda mi experiencia misional terminó confirmándome que mi tarea como ser moral, como hija de Dios, era lidiar honestamente con lo que yo creía era bueno y malo, y enfrentar el hecho de que hay falsas tradiciones por todas partes, incluyendo nuestra fe…

Tengo un paciente que ha sido obediente al manual “Por la fortaleza de la Juventud” en un 99,99%. Ahora se está acercando a los 30, y le encantaría tener una relación adulta, pero su desarrollo sexual se ha visto tan inhibido por su escrupuloso cumplimiento a las reglas que es casi infantil. Está aterrado de asumir las responsabilidades de una sexualidad plena. Tiene problemas en sus citas por temor a que surjan sentimientos y respuestas sexuales que sean incongruentes con los ideales de la Iglesia. Desea protección para no cometer ningún error y asumir responsabilidades. Espera que un cumplimiento perfecto le otorgue eso. Por supuesto, es un caso extremo… Ha interpretado las enseñanzas de la Iglesia del modo más literal y estrecho posible, y ahora teme asumir responsabilidades por la posibilidad de que deba interpretar lo que es correcto de un modo diferente cuando las condiciones de la vida real lo llevan a la adultez. Quisiera que alguien esté diciéndole qué hacer para nunca equivocarse o hacerse responsable de sus elecciones.

…En cierta ocasión, cuando yo atravesaba por una cierta crisis espiritual, deseaba hablar con mi madre, pero estaba preocupada pues ella es una gran creyente – y yo temía que mi lucha interior afectase su testimonio o afectase su tierno cariño hacia mí. Así que le dije que no tenía que preocuparse, pero deseaba que supiese aquello con lo cual estaba yo luchando. Mientras me disculpaba por mis propias posiciones y dudas, me detuvo y dijo, “Quiero que sepas que aunque no batallo con tus mismas dudas y desafíos, respeto plenamente lo que estás intentando resolver por ti misma y creo en tu habilidad para hacerlo. Estás haciendo una diferencia positiva en este mundo, y no estoy en posición de juzgarte. Bastante tengo con trabajar conmigo misma ¿Quién soy yo para perder tiempo preocupándome por ti?” Fue para mí un tremendo regalo. También me brindó una profunda compasión por ella, y por las personas que creen como ella. Ese tipo de compasión extendida me mostró que era posible amarnos unos a otros en nuestros viajes conjuntos hacia mayor conocimiento y una vida centrada en la Verdad.

… El propósito de nuestra existencia terrenal es que nos ensuciemos, que cometamos errores, que toleremos la ansiedad de la imperfección, que suframos. Todo eso está en nuestra teología; simplemente somos inmaduros y aún prendidos a la obediencia y el perfeccionismo. Como el Elder Uchtdorf ha dicho recientemente, hemos cerrado las puertas; deseamos la seguridad de ideas fijas, no la incertidumbre del crecimiento y los desafíos a nuestra fe. Odiamos eso, de modo que intentamos construir una institución segura, pero lo quebradizo de nuestras certezas nos hace frágiles. No hay nada anormal en las presiones que sentimos sobre nuestra fe comunitaria – son realidades humanas, y no estamos por encima de ellas. Todo grupo – familias, matrimonios – luchan con estas preguntas y procesos. Amo profundamente el ser mormona, y creo que el Mormonismo es parte de lo que me brindó un fuerte sentimiento de identidad y autoestima mientras crecía. Estoy en una situación en la que creo poder invertir en este grupo, mostrando que realmente me importa al defender que aquello que creo es correcto, aunque esté equivocada. Mi meta es poder pararme frente a Dios con una conciencia suficientemente limpia como para poder declarar que realmente me desafié a mi misma a hacer aquello que creí correcto- que tuve integridad. Integridad es ser fiel a lo que crees, aun cuando sea difícil, poco placentero, o debas ceder posiciones, prestigio o privilegios en una relación. Creo que mi integridad es un don para mi matrimonio, mi familia y mi comunidad. Creo más cuando estoy a la búsqueda de la verdad, pues ese es un valor fundamental de la Restauración. Esa creencia me da coraje para pertenecer y fortalecer mi fe mormona.”

Creo que hemos escuchado diversas y suficientes voces, tanto por fuera como por dentro del Evangelio, lo cual debería reforzar nuestra convicción de la importancia fundamental del Libre Albedrío en los planes de nuestro Padre Celestial. Así como hemos defendido el principio en la preexistencia (y la prueba de ello es que estamos aquí) deberemos seguir haciéndolo, ya sea contra las acechanzas de Satanás o contra líderes excesivamente celosos de sus asignaciones. Finalmente, depende de nosotros. Joseph Campbell siempre recordaba que en sánscrito existía una expresión: Tat tvam asi (Tú eres eso), que daba cuenta de la relación del individuo con la deidad, sus semejantes y el cosmos. El Dr. Wayne Dayer, más recientemente, lo ha expresado de otro modo: “Tú eres la suma total de tus opciones” (Tus Zonas Erróneas)

Esta entrada fue publicada en Albedrio.

Un comentario el ““Y en esto vienen a ser sus propios agentes…” Variantes sobre el tema del Albedrío Moral del hombre – Segunda Parte

  1. Javier dice:

    Maravilloso artículo. Ha sido un deleite leerlo e identificarme en varias partes. Creo que muchos aspectos de mi vida me han conducido a tomar posiciones similares a las dos últimas personas que citaste. Y hablando de Joseph Campbell, a mí personalmente me impactó, en su libro “El héroe de las mil caras”, la siguiente frase: “El fanático en lugar de cambiar su propio corazón busca cambiar el mundo” (mas o menos así, lo cito de memoria). Me he convencido que el cambio de corazón es muy interno, tan profundo que exteriormente no se puede realmente apreciar como el héroe que en muchos casos superficialmente no es visible.

    Gracias por tu esfuerzo. Los artículos que pones no son de leerse en una sentada, invitan a ser releídos una y otra vez.

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