“Y en esto viene a ser sus propios agentes…” – Variantes sobre el tema del Albedrío Moral del hombre – Primera Parte

DOCTRINA

      Libre Albedrio

“Y en esto vienen a ser sus propios agentes…”

Variantes sobre el tema del Albedrío Moral del hombre

Primera Parte

Un psiquiatra le dice a su paciente: “¿Alguna vez tiene problemas para tomar decisiones?” El paciente responde: “Bueno, sí y no”.

Por Mario R. Montani

¿Qué es el libre albedrío?

Albedrio, libre arbitrio, capacidad de elección, libertad de escoger, libertad de acción, potestad para actuar… han sido, a lo largo de los siglos, diferentes fórmulas para referirse a la posibilidad real de elección de los seres humanos frente a las alternativas presentadas por la vida. El desarrollo filosófico y teológico del concepto ha tenido sus dificultades.

En castellano la palabra albedrío posee su raíz etimológica en la latina arbitrium, que significa capacidad de juicio, discernimiento y la libertad de actuar según el propio juicio o gusto personal. Es un derivado de árbiter (juez). De modo que, en nuestra lengua, albedrío y árbitro comparten el mismo origen.

En inglés, en cambio, (y particularmente en la Iglesia) se utiliza la expresión “free agency” (literalmente, libre agencia) para lo que nosotros traducimos como albedrío.

En el ámbito de la filosofía se denomina agencia a la capacidad que posee un agente (persona o identidad) para actuar en el mundo.

“Y les es concedido discernir el bien del mal; de modo que, son sus propios agentes…” (Moisés 6:56)

“De cierto digo que los hombres deben estar anhelosamente consagrados a una causa buena, y hacer muchas cosas de su propia voluntad y efectuar mucha justicia; porque el poder está en ellos, y en esto vienen a ser sus propios agentes…” (DyC. 58:27-28)

Fatalismo, compatibilismo, libertarianismo

Fatalismo es la tesis de que los hechos humanos ocurren por necesidad y por tanto no son libres. El fatalismo teológico es la tesis de que el preconocimiento infalible de un acto humano hace necesariamente a ese acto carente de libertad. Si existe un ser que conoce infaliblemente todo lo que ocurrirá en el futuro, ningún ser humano tiene control sobre ese futuro.

El argumento del fatalismo teológico crea un dilema:

1 – Existe una deidad que infaliblemente conoce todo el futuro.

2 – Los seres humanos poseen el libre albedrío.

El fatalismo propone que 1 y 2 son incompatibles. Debemos negar uno para poder aceptar el otro. Aquellos filósofos que piensan que 1 y 2 pueden mantenerse en equilibrio se denominan compatibilistas. Los que lo niegan, incompatibilistas.

Por otro lado, los libertarios o libertarianos consideran que una acción no puede ser libre y predeterminada físicamente al mismo tiempo. Por tanto, no hay predeterminación. Las acciones libres son aquellas que habrían podido ser diferentes. Tradicionalmente, esto ha significado que no hay una cadena causal que haga necesaria la acción antes de que el agente la elija libremente. El agente es un autor de cadenas causales.

Dentro del libertarianismo pueden darse dos variantes: la del “libre albedrío absoluto abierto” el cual declara que las elecciones del hombre no son conocidas por Dios hasta que éstas ocurren, y la del “libre albedrío absoluto no abierto”, según la cual Dios puede conocer las elecciones, pero no las puede determinar. La posición bíblica es básicamente la del compatibilismo, es decir, Dios conoce previamente nuestras acciones, pero eso (aunque no comprendamos exactamente cómo) no limita la libertad de elección o escogencia humana.

Determinismo e indeterminismo

El determinismo es una doctrina filosófica según la cual todo fenómeno está prefijado por las circunstancias o condiciones en que se produce. Por lo tanto, ningún acto de nuestra voluntad es libre, sino necesariamente prestablecido. También sostiene que todo acontecimiento, incluyendo los pensamientos y acciones humanas, está determinado causalmente por la irrompible cadena causa-consecuencia, por lo que el estado actual determina en cierto sentido el futuro. En el siglo XVIII, Pierre-Simon de Laplace, en su Mecanique Celeste, aventuraba esa hipótesis:

“Una inteligencia que conociera todas las fuerzas que actúan en la naturaleza en un instante dado, asó como las posiciones instantáneas de todas las cosas… podría abarcar los movimientos de los cuerpos mayores del universo, y los de los átomos más ligeros, en una única fórmula, siempre y cuando su intelecto fuese lo bastante potente como para analizar todos los datos; nada habría para ella que fuese incierto, tanto el pasado como el futuro estarían presentes ante sus ojos”.

No estoy seguro si Laplace se daba cuenta, pero estaba postulando a Dios.

Otros, como Bertrand Russell, tomaron posiciones de un determinismo menos dogmático, en el que habría lugar para la libre elección

Bertrand Russell

Bertrand Russell

“Cuando se presentan varias acciones alternativas, lo cierto es que podemos hacer lo que elegimos y elegir lo que queremos. En este sentido, todas las alternativas son posibles. Lo que el determinismo afirma es que nuestra voluntad para elegir esta o aquella alternativa es consecuencia de los antecedentes; pero esto no impide que nuestra voluntad sea, a su vez, causa de otros efectos. Y el sentido en el cual son posibles diferentes decisiones parece suficiente para distinguir unas acciones como justas y otras como injustas, unas como morales y otras como inmorales”. (Bertrand Russell, Ensayos Filosóficos, 1993, Barcelona, Ediciones Altaya S.A., pags.54-55)

En otros párrafos de la obra, Russell compara el problema al sistema ferroviario: el maquinista conserva su libertad individual pero no puede salirse de las vías. Podrá disminuir o aumentar la velocidad, detenerse o no, cumplir con su horario o decidir no hacerlo. Pero sus elecciones son limitadas.

Albedrío y Religión

Para los griegos el tema del destino y el libre albedrío estuvo siempre presente, siendo quizás el ejemplo clásico el de Edipo, quien no logra escapar de los preanuncios que se le han hecho. Así idearon a Cloto, Láquesis y Atropos (La Tejedora, La que Reparte y La que no Regresa), en conjunto denominadas las Moiras (repartidoras). Ellas eran las encargadas de tejer una trama para la vida de cada persona que nacía y determinaban cuándo moriría. Los romanos tuvieron sus equivalentes en las Parcas o Fata (de allí derivará tanto la palabra “fatalismo” que ya analizamos, como el “hado” y, finalmente, las “hadas”). Estas triadas femeninas se repiten en la mitología báltica con las Laimas y en la nórdica con las Nornas.

En la filosofía hindú no existe conflicto entre el destino y el libre albedrío, ya que ambos forman parte del karma del individuo. Para los budistas también se produce un cierto equilibrio entre los dos principios.

El Islam considera que existe un destino como así también un “libre albedrío parcial”, pero tanto las causas como los efectos corresponden a Alá.

En el pensamiento judío el albedrío está conectado al concepto de premios y castigos

“Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19)

Dios creó el mundo para que bien y mal puedan operar libremente, pero la relación entre omnisciencia divina y albedrío es una paradoja no resuelta

“Todo está en las manos del cielo menos el miedo del cielo” (Talmud, Berachot 33b)

“Todo está previsto; aun así, el libre albedrío es dado” (Rabi Akiva, Pirke Avot 3:15)

“El Sagrado, Bendito Sea, sabe todo lo que pasará antes de que haya pasado. ¿Sabrá Dios si una persona particular será buena o mala, o no lo sabrá?. Si El lo sabe, será imposible para esa persona no ser buena, y así demuestra que no conoce todo lo que El ha creado…No tenemos las capacidades de comprender cómo El Sagrado, Bendito Sea, conoce todos los eventos y su creación. Sin embargo se sabe sin duda que la gente hace lo que quiere sin El Sagrado, Bendito Sea, forzándolos a hacer algo… Es dicho por esto que un hombre es juzgado de acuerdo a sus acciones” (Maimonides, Mishne Torá, Teshuva 5:5)

La filosofía judía remarca que el libro albedrío es un producto intrínseco al alma humana, utilizando la palabra neshama, derivada de una raíz que significa “aliento”. Los animales, al no poseer alma, no tendrían libre albedrío.

Albedrío y Cristianismo

Entre los primeros cristianos, así como entre los grupos del Mar Muerto, la creencia en un libre albedrío parece haber sido la regla. La Iglesia Católica Romana defiende el principio y tanto Agustín de Hipona como Tomás de Aquino escribieron extensamente sobre él. La posición se endurece más en la contrarreforma como un modo de enfrentar la doctrina de la predestinación de algunos grupos de la cristiandad protestante. En el siglo XVII surgió dentro del propio catolicismo la ideología jansenista de Port Royale que se hizo popular y extendió su influencia dentro de Francia, acercándose a la noción de la predestinación, pero fue perseguida y finalmente dispersada. Muy importante es también la libertad de elección para las iglesias ortodoxas orientales, particularmente las variantes cópticas, que se acercan al concepto del judaísmo.

Juan Calvino, en su obra La Institución de la Religión Cristiana, intentando resolver algunas aparentes contradicciones de las Escrituras, propuso que Dios decidió, antes de la Creación, quiénes se salvarían y quiénes no. En 1619, la Iglesia Reformada Holandesa declararía:

“Dios, en el tiempo, a algunos concede el don de la fe y a otros no, procede de Su eterno decreto. Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras y hace todas las cosas según el designio de su voluntad… antes de la fundación del mundo, de entre todo el género humano caído, predestinó en Cristo para salvación, por pura gracia y según el beneplácito de Su voluntad, a cierto número de personas, no siendo mejores o más dignas que las demás, sino hallándose en igual miseria que las otras, y puso a Cristo, también desde la eternidad, por Mediador y Cabeza de todos los predestinados, y por fundamento de la salvación”. (Sínodo de Dort)

Otro defensor de este punto de vista fue el predicador Puritano Jonathan Edwards.

Jacobus Arminius, profesor de la Universidad de Leiden, en cambio, se opuso a la teología calvinista. El arminianismo propuso que, a través de Jesucristo, todos pueden salvarse, siempre que abandonen el pecado y, mediante la fe y perseverancia, se hagan dignos de la expiación y gracia divinas.

Jacobus Arminius

Jacobus Arminius

Tanto John Wesley y sus seguidores, los Metodistas, así como los Bautistas, adhirieron al pensamiento arminiano. Solían citar como ejemplo a los dos malhechores que acompañaron a Cristo en la cruz. Uno de ellos pidió el perdón y le fue otorgado, mientras que el otro simplemente se burló, prefiriendo escoger la muerte antes que la vida eterna.

Aquellos que apoyan la existencia del libre albedrío, para evitar el conflicto con el conocimiento previo de Dios, defienden que el conocimiento de un suceso por venir es enteramente diferente a causar el suceso.

Albedrio, Tiempo y Eternidad

Una de las propuestas para superar el dilema Albedrio-Preconocimiento de Dios ha sido imaginar al Creador por fuera del Tiempo. Una explicación sencilla y eficaz de esa posibilidad la ha ofrecido C. S. Lewis:

C.S. Lewis

C.S. Lewis

“Pero supongamos que Dios está fuera y por encima de la línea del Tiempo. En tal caso puede ver lo que llamamos “mañana” exactamente igual que lo que llamamos “hoy”. Para El todos los días son “Ahora”. No nos recuerda haciendo cosas ayer; El simplemente nos ve hacerlas, porque, aunque nosotros hayamos perdido el ayer, El no. No nos prevé haciendo cosas mañana: simplemente nos ve hacerlas: pues aunque el mañana no haya llegado aún para nosotros, sí para El. Nunca supondríais que vuestras acciones de este preciso instante son menos libres por el mero hecho de que Dios sabe lo que estáis haciendo. Pues bien, conoce vuestros actos de mañana exactamente de la misma manera – por la sencilla razón de que ya está en el mañana y le basta con miraros. En cierto sentido no sabe de vuestro acto hasta que lo habéis realizado: pero entonces el momento en que vosotros lo realizáis es ya “Ahora” para El. Esta idea me ha ayudad muchísimo. Si no os sirve de ayuda, dejadla correr. Es una “idea cristiana” en el sentido de que la han sostenido grandes sabios cristianos y que no tiene nada que sea contrario al cristianismo. Pero no está en la Biblia ni en ninguno de los credos. Podéis ser igualmente buenos cristianos sin aceptarla, o incluso sin preocuparos en absoluto por la cuestión” (C.S. Lewis, Beyond Personality, 1945)

La Iglesia, en su teología especulativa (me refiero tanto a Mormon Doctrine como a la Enciclopedia del Mormonismo) parece negar esa posibilidad, proponiendo que el Tiempo es sólo un segmento mesurable de la Eternidad. Sin embargo tanto la relatividad de Einstein como nuestras propias escrituras sobre Kolob, podrían dejar una puerta abierta para suponer que Tiempo y Eternidad no sólo se diferencian en su duración, sino también en su propia esencia, por lo que, personalmente, no descarto la posibilidad presentada por Lewis y otros escritores cristianos. El que Dios viva “por encima del tiempo” no necesariamente implica que no pueda ingresar “en el tiempo” cuando así lo desee, sobre todo si consideramos al tiempo una variante de la eternidad modificada en su extensión y cualidades para las experiencias mortales.

Albedrío y Mormonismo

Una de las primeras referencias al “libre albedrío” proviene de un discurso de Orson Pratt sobre la teocracia, en 1859:

“Mientras tengamos tiempo, el libre albedrio del hombre debe ser protegido…”

En 1872, Brigham Young expresaría que:

“Tenemos nuestro libre albedrio para pensar y actuar como los hombres piensan y actúan, independientemente de la inspiración del Espíritu de Dios, pero ese no es nuestro objeto…”

Al año siguiente, Pratt agregaría:

Orson Pratt

Orson Pratt

“Los espíritus de los hombres y mujeres que dejan este mundo son inteligentes, y la inteligencia se basa en el libre albedrio y, por lo tanto, aún cuando estén en el mundo de los espíritus son independientes, teniendo el poder para ejercer ese albedrio al creer. Cuando obtengan un testimonio, los espíritus pueden ejercer ese albedrio por medio del arrepentimiento para la remisión de sus pecados personales”.

La frase continuó utilizándose durante todo el siglo XX: 

“Junto a la dádiva de la vida misma, el don más grande que Dios ha dado al hombre es el derecho de dirigir esa vida… El libre albedrío es la fuente impulsora del progreso del alma; el propósito del Señor es que el hombre llegue a ser como El es. Y a fin de que pueda alcanzar esto, fue necesario que el Creador primeramente lo hiciera libre” (El libre albedrío y sus implicaciones, Deseret News, SLA, Utah, 16 abril 1950 pag, 4)

Las estadísticas muestran que la expresión “libre albedrio” fue utilizada 138 veces en los discursos de las Conferencias Generales durante la década de 1960, especialmente por el Presidente David O. McKay:

 “Junto al don de la vida, el derecho a dirigir nuestra vida es el mayor regalo de Dios para el hombre …  Nacido en la pobreza extrema o encadenado al nacer por riquezas heredadas, todo el mundo tiene la dotación más preciosa que existe en esta vida — el don del libre albedrío, el derecho heredado e inalienable del hombre”.

En 1975, el Elder Delbert L. Stapley agregaría una definición que se hizo muy popular y aún perdura:

Delbert L. Stapley

Delbert L. Stapley

 “Mis hermanos, hermanas, y amigos, uno de los más preciosos dones de Dios para el hombre es el principio de libre albedrío — el privilegio de elección que fue presentado por Dios el Padre Eterno a todos sus hijos espirituales en el estado premortal”.

Más recientemente:

Robert D. Hales, “El albedrío: Esencial para el plan de la vida”, Liahona, noviembre de 2010

“El albedrío es actuar con responsabilidad y dar cuenta de nuestras acciones. Nuestro albedrío es esencial para el plan de salvación. Con él somos ‘…libres para escoger la libertad y la vida eterna, por medio del gran Mediador de todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte, según la cautividad y el poder del diablo’ ”.

Robert D. Hales, “Para actuar por nosotros mismos: El don y las bendiciones del albedrío”, Liahona, mayo de 2006
Robert D. Hales

Robert D. Hales

“El albedrío empleado de manera correcta permite que la luz disipe las tinieblas y que vivamos con dicha y felicidad”.

“El albedrío y la responsabilidad”, en Para la Fortaleza de la Juventud

“Tu Padre Celestial te ha dado el albedrío, la habilidad de elegir entre el bien y el mal y de actuar por ti mismo o por ti misma; se te ha dado el Espíritu Santo para ayudarte a discernir el bien del mal. Mientras estés en la tierra, serás probado o probada para ver si utilizarás tu albedrío para demostrar tu amor por Dios al guardar Sus mandamientos”…“Tu eres responsable de las elecciones que hagas; no debes culpar a tus circunstancias, a tu familia ni a tus amistades si eliges desobedecer los mandamientos de Dios. Eres un hijo o un hija de Dios que posee gran fortaleza; tienes la habilidad para seguir la rectitud y la felicidad, no importa cuáles sean tus circunstancias”.

Donald L. Hallstrom, “El uso prudente del albedrío”,Liahona, enero de 2006

“El albedrío moral, la capacidad de escoger por uno mismo, es una parte fundamental del gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial. Como el Señor le dijo a Adán: ‘Y les es concedido [a tus hijos] discernir el bien del mal; de modo que, son sus propios agentes’ (Moisés 6:56)”.

M. Russell Ballard, “¡Oh ese sutil plan del maligno!”,Liahona, noviembre de 2010

“La batalla por el albedrío dado al hombre por Dios continúa”.

James E. Faust, “Las fuerzas que nos salvarán”, Liahona, enero de 2007

“Nuestro albedrío, el cual se nos concede mediante el plan de nuestro Padre, es la gran alternativa al plan de coacción de Satanás. Con este sublime don, podemos crecer, mejorar, progresar y procurar la perfección. Sin el albedrío, ninguno de nosotros podría crecer ni desarrollarse aprendiendo de las equivocaciones y errores propios y de los demás”.

David A. Bednar, “¿Sabías que…?” Liahona, septiembre de 2009

“…los propósitos fundamentales del don del albedrío eran que nos amáramos unos a otros y escogiéramos a Dios”.

M. Russell Ballard, “¡Oh, sed prudentes!”, Liahona,noviembre de 2006
M. Russell Ballard

M. Russell Ballard

“Dado que el principio eterno del albedrío nos otorga la libertad de elegir y pensar por nosotros mismos, debemos ser cada vez más diestros en la solución de problemas. Tal vez cometamos algún error, pero en tanto sigamos las pautas y los principios del Evangelio, aprenderemos de esos errores y tendremos mayor comprensión de las personas y seremos más eficaces al servirles”.  

Dieter F. Uchtdorf, “En alas de águilas”, Liahona, julio de 2006 

“Ustedes tienen albedrío; son libres para escoger; pero en realidad no existe tal cosa como el libre albedrío, pues el albedrío tiene un precio; debemos sufrir las consecuencias de las decisiones que tomemos”. (Creo que aquí el Elder Uchtdorf está haciendo un juego de palabras no posible de verter al castellano. En inglés, la palabra “free” significa tanto libre como gratis. Su referencia parece indicar no que perdemos la libertad de escoger sino que nuestras elecciones no son gratuitas).

Albedrio y Preexistencia

A diferencia de otras denominaciones cristianas, los Santos de los Ultimos Días poseemos una clara doctrina sobre una existencia anterior de nuestros espíritus, a la que denominamos preexistencia, y a la realización de un Gran Concilio de todos los hijos de Dios. Ambos conceptos están íntimamente ligados a la noción de albedrío. Varias de nuestras escrituras así lo explicitan:

“. . . por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, e intentó destruir el albedrío del hombre que yo, Dios el Señor, le había dado, y también quería que le diera mi propio poder, hice que fuese echado fuera por el poder de mi Unigénito; Y llegó a ser Satanás, sí, aun el diablo, el padre de todas las mentiras, para engañar y cegar a los hombres, aun a cuantos no escucharen mi voz” (Moisés 4:3-4).

. . . aquel existió antes de Adán, pues se rebeló contra mí, diciendo, dame tu honra, la cual es mi poder; y también, alejó de mí a la tercera parte de las huestes de los cielos, a causa de su libre albedrío (Doc. y Con. 29:36).

El Albedrío era esencial para el funcionamiento del plan de salvación y para que el hombre fuese responsable de sus acciones.

El escritor Raymond Smullyan (sin ser mormón) pone este interesante parlamento en la boca del propio Dios en su obra The Tao is Silent, 1977:

Raymond Smullyan

Raymond Smullyan

“¿De dónde sacaste que Yo te hubiera podido crear sin libre albedrío? ¡Actuabas como si ésta fuera una auténtica posibilidad, y te preguntabas por qué no la había elegido! Nunca se te ocurrió pensar que un ser sensible sin libre albedrio es tan difícil de imaginar como un objeto físico que no ejerza atracción gravitatoria… Honestamente ¿puedes tan siquiera imaginar un ser consciente sin libre albedrio? ¿A qué se podría parecer? Tal vez lo que te ha podido confundir tanto es que te hayan dicho que Yo le otorgué al hombre el regalo del libre albedrio. Como si primero hubiera creado al hombre y después, como una ocurrencia tardía, le hubiera dotado de la propiedad adicional del libre albedrio. A lo mejor piensas que tengo una especie de “brocha”, con la que embadurno de libre albedrio a unas criaturas sí y a otras no. No, el libre albedrio no es algo suplementario; forma parte de la propia esencia de la conciencia. Un ser consciente sin libre albedrio no es más que un absurdo metafísico”.

Smullyan fue muy suspicaz para captar esa verdad… también lo fue Satanás.

El Presidente David O. McKay, quien se sentía particularmente atraído por el tema, registró en 1965:

“En el libro de Apocalipsis hay una importante referencia a “una gran batalla en el cielo” (Apocalipsis 12:7). No sólo son significativas esas palabras, sino que parecen contradictorias, porque al pensar en el cielo lo imaginamos como una morada de absoluta felicidad, una condición en la que parecería imposible que existiera la guerra o la contención. Lo que dice es significativo porque implica que en el mundo espiritual había libertad de elección y de acción… Satanás estaba decidido a destruir el albedrio del hombre. El libre albedrío es un don de Dios y es parte de Su divinidad… El mundo no comprende la trascendencia que ese don divino tiene para el individuo. Es tan inherente a él como la inteligencia que, según se nos dice, nunca ha sido ni puede ser creada (DyC.93:29)” (Conference Report, Octubre 1965,  pag. 7)

De modo que, si bien ignoramos muchísimo sobre esa batalla en la preexistencia o el modo en que Satanás pensaba abordar su plan, parece obvio que los espíritus tenían la capacidad de elegir y de afrontar las consecuencias. Tampoco podemos omitir la implicancia de que tanto Dios como Satanás poseen el Libre Albedrio. Esto, potencialmente, significaría que Dios tiene la capacidad de elegir algo malo y Satanás algo bueno, lo cual parece contradecir la esencia misma de sus identidades. En base a otras escrituras podríamos inferir que el Padre, por su recto ejercicio de ese albedrio, ha llegado a un punto en que ha perdido todo deseo de practicar el mal, mientras que el Diablo, por su erróneo uso de ese mismo albedrio, ha perdido la capacidad de arrepentimiento.

Los mormones también creemos que en esa etapa previa a la mortalidad muchos fueron preordenados, lo cual no debe confundirse con predestinados. Esas preordenaciones para cumplir propósitos específicos jamás ponen en peligro el uso del libre albedrío, que sigue teniendo vigencia. Esas asignaciones pretéritas no son compulsivas y el individuo determinará si las lleva a cabo o no, llegado el momento.

Esta entrada fue publicada en Albedrio.

2 comentarios el ““Y en esto viene a ser sus propios agentes…” – Variantes sobre el tema del Albedrío Moral del hombre – Primera Parte

  1. Andrés Pedrazzi dice:

    Hola! Como siempre muy interesantes tus artículos. He visto que muchas referncias dicen “libre albedrío”, aun en DyC; mientras que últimamente se utiliza “albedrío”, “don del albedrío”, “albedrío moral”. ¿A que se debe esa diferencia?,¿Desde cuándo el cambio en las expresiones adecuadas? ¿Son conceptualmente temas diferentes. es lo mismo, o hemos ampliado, modificado, nuestro concepto de albedrío? Muchas gracias. Un abrazo

    • mormosofia dice:

      Estimado Andrés: Creo que sí, que hay un giro intencional en el cambio del uso de la expresión por parte de las Autoridades. Un énfasis en la obediencia y una atenuación de la libertad real para escoger. Creo que la palabra albedrío (que por supuesto es bastante distinta en origen y sentido que el “free will” o “free agency” en inglés) ya trae implícita que hacemos una elección moral. Espero que en la segunda parte del artículo, que estará subiendo al blog en un par de días, pueda dilucidar un poco más la cuestión. Saludos
      Mario Montani

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