JOSEPH FIELDING SMITH Y LA LUNA (Entre críticos poco amorosos y amantes poco críticos)

De la Vida Mormona

JOSEPH FIELDING SMITH Y LA LUNA

(Entre críticos poco amorosos y amantes poco críticos)

LA LUNA
Jorge Luis Borges

Hay tanta soledad en ese oro.
La luna de las noches no es la luna
que vio el primer Adán. Los largos siglos
de la vigilia humana la han colmado
de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.

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Por Mario R. Montani

Debería comenzar este texto reseñando la importancia del Presidente Smith en mi vida intelectual y aún emocional. Mi niñez y primera juventud en la Iglesia fueron marcadas por sus enseñanzas. Con ayuda de mi hermana consumí ávidamente su “The Way to Perfection” (1931) que estaba en la biblioteca familiar como herencia de mi abuelo. Luego vinieron las traducciones de su recopilación de “Las Enseñanzas del Profeta José Smith”, los “Elementos Esenciales en la Historia de la Iglesia” y los tres tomos de “Doctrina de Salvación”. Tenía muy en claro que era el Presidente del Quorum de los Doce, que era un estudioso de las Escrituras, un teólogo y también un historiador. En el álbum de fotos de mi madre teníamos una imagen suya compartiendo una sesión del Club de los Che, formado por los ex misioneros que habían servido en Argentina, quienes se reunían para tomar mate y compartir experiencias.

Cuando falleció el Presidente McKay fue toda una conmoción. Nunca había conocido a otro Profeta y pensaba que él viviría para siempre. Pero la tristeza se alivió parcialmente cuando Joseph Fielding ocupó su lugar. Conocía a este hombre. Leía sus discursos y enseñanzas y lo sentía cercano. Había visitado mi ciudad, un lugar en la periferia del mundo. De hecho, conservo con especial cariño mi llamamiento a la Misión firmado de su propio puño y letra.

En la primera edición de sus Answers to Gospel Questions (Respuestas a Preguntas del Evangelio) (1957), Joseph Fielding escribió:

“El Salvador declaró que precediendo su venida habría señales en los cielos. Sin duda existirá la apariencia de conmoción entre los cuerpos celestiales. Nos informan las profecías que la tierra se sacudirá. Esto podría lograr la apariencia de que las estrellas están cayendo. El sol se oscurecerá y la luna parecerá de sangre. Todas estas maravillas tendrán lugar antes de la venida de Cristo. Naturalmente, los prodigios en los cielos creados por el hombre se sumarán a las señales que se han predicho – los aeroplanos, los misiles dirigidos, y los pequeños planetas creados por humanos que circunvalan la tierra. Tengan en mente, sin embargo que esos planetas de origen humano pertenecen a la tierra, y es dudoso que al hombre se le permita construir cualquier instrumento o nave para visitar la luna u otros planetas distantes” (Joseph Fielding Smith, Answers to Gospel Questions (1º Edición) (Salt Lake City: Deseret Book Co., 1957), 2:190-191)

Hasta aquí, el Presidente Smith plantea una válida duda sobre los viajes espaciales. Pero algunos años más tarde, el 14 de mayo de 1961, durante una conferencia de estaca en Honolulu, reafirmó sus aseveraciones:

“Jamás llevaremos al hombre al espacio. Esta tierra es la esfera del hombre y nunca se planeó que se alejara de ella. La luna es un planeta superior a la tierra y nunca ha estado en los planes que el hombre vaya allí. Pueden escribir en sus cuadernos que eso nunca ocurrirá”. (D. Michael Quinn, Elder statesman: A Biography of J. Reuben Clark (2002), pag. 498)

¿Por qué diría Joseph Fielding algo así el mismo año en que tanto Rusia como EEUU colocarían hombres en el espacio y a punto de iniciarse la carrera que llevaría a seres terráqueos a la Luna?  Sin duda porque estaba convencido de ello.

Su nieto, Joseph Fielding McConkie, ha escrito:

“Con respecto al tema de los hombres en la luna, estuve presente al menos en una ocasión cuando el Presidente Smith lo dijo. Fue en un almuerzo dominical en nuestra casa. Mi otro abuelo, Oscar W. McConkie, le preguntó al Presidente Smith si él pensaba que el Señor nos permitiría ir a otros mundos y comunicarnos con las personas que allí viviesen. El Presidente Smith indicó que no lo creía. Razonó que dado que la expiación de Cristo operaba en esta tierra pero se aplicaba a todas las creaciones del Padre, nuestra llegada a otros mundos para descubrir que poseían el mismo Salvador y el mismo plan de salvación haría innecesaria la aceptación del evangelio por la fe. Para enfatizar su punto de vista dijo, ‘No creo siquiera que el Señor permitirá que los hombres vayan a la luna’. Yo estaba de acuerdo con el razonamiento del Presidente Smith y sigo estándolo. Lo que dijo, a mi juicio, era correcto. La ilustración que utilizó para dramatizar su punto de vista se ha demostrado errónea. Pero no lo que intentaba explicar”. (Joseph Fielding McConkie, “On Second Thought: Growing up as a son of Bruce R. McConkie”.)

Joseph Fielding Smith fue siempre dogmático y literalista, independientemente de las muchas cosas buenas que llevó a cabo en su vida. Desconfiaba de la ciencia y de las consecuencias que la tecnología tendría en la vida de las personas. Se había enfrentado duramente con los evolucionistas en una batalla en la que la Iglesia jamás tomó partido. Opinaba que el intelectualismo, tanto dentro como fuera de la Iglesia, traería problemas a la sencilla fe de muchos miembros.

Según el Dr. Michael Quinn en el Apéndice 5 de su obra “The Mormon Hierarchy: Extensions of Power”, pag. 848, en 1962, Joseph Fielding Smith instruyó privadamente a los encargados del programa Educativo para que su declaración se incorporase al material de Seminarios. Al no constatarse la incorporación ni tener otra fuente, no puedo asegurar que eso haya ocurrido realmente, pero sí existen suficientes testimonios como para confirmar que él creía lo que declaró.

El 20 de Julio de 1969 los astronautas de la Apolo 11 caminaron sobre la superficie lunar. Seis meses más tarde, Joseph Fielding Smith asumía como Presidente de la Iglesia. En la conferencia de prensa posterior a su asunción se le preguntó sobre sus declaraciones astronómicas. El Presidente Smith contestó sinceramente:

“Bien, parece que estaba equivocado ¿verdad? (Conferencia de Prensa del 23 de enero de 1970, reminiscencia personal de David Fansworth publicada en FAIR, 21 de Noviembre 2010)

El 14 de Septiembre de 1971, los astronautas de la Apolo 15 visitaron Salt Lake y entregaron a la Presidencia de la Iglesia una pequeña bandera del Estado de Utah que había realizado el viaje Tierra-Luna-Tierra y también había participado en la exploración vehicular sobre la superficie de nuestro satélite (Deseret News, 14 de Septiembre 1971)

Un problema con la postura original de Joseph Fielding parece ser que nunca consideró la posibilidad de la visita a mundos no habitados, cuando la ciencia ya daba certezas de que, al menos en el sistema solar, los planetas conocidos tenían esa característica. Pudo haber influido allí tanto su desconfianza en la ciencia como algunas opiniones de líderes del pasado.

Por ejemplo, Brigham Young, en Journal of Discourses, Vol. 13, pag. 271 del 24 de Julio de 1870:

“Les diré quienes son los verdaderos fanáticos: son aquellos que adoptan falsos principios e ideas como si fuesen hechos y establecen una superestructura sobre fundamentos falsos. Ellos son los fanáticos; y sin importar cuán ardientes y celosos sean, podrán razonar y argumentar hasta el día del juicio, pero el resultado será falso. Si nuestra religión tiene esas características nos gustaría que lo supieseis; también nos gustaría hallar a un filósofo que nos lo probase. Se nos llama ignorantes; así que lo somos, pero ¿qué hay con eso? ¿No somos todos ignorantes? Yo creo que sí. ¿Quién puede hablarnos sobre los habitantes de ese pequeño planeta que brilla en las noches, llamado la luna? Cuando observamos su faz podemos ver lo que se ha dado en llamar “el hombre en la luna”, lo que algunos filósofos declaran como la sombra de las montañas. Estas declaraciones son vagas y casi no aportan nada; pero cuando uno pregunta sobre los habitantes de esa esfera se da cuenta que los más instruidos son tan ignorantes como el más ignorante de sus semejantes. Lo mismo ocurre con los habitantes del sol. ¿Piensan que está habitado? Yo creo que sí. ¿Creen que hay algún tipo de vida allí? Sin duda; no fue hecho en vano. Se formó para dar luz a aquellos que lo habitan, y a otros planetas; y así lo hará esta tierra cuando sea celestializada”

O este artículo publicado en The Young Woman’s Journal, Vol. 3, pags. 263-264, del 6 de Febrero de 1892, por Oliver B. Huntington, bajo el título Nuestro Capítulo Dominical:

“Casi todos los grandes descubrimientos de la humanidad en la última mitad de siglo, han contribuido de un modo u otro, directa o indirectamente, a probar que Joseph Smith fue un Profeta. Tan atrás como en 1837, yo sé que él declaró que la luna estaba habitada por hombres y mujeres al igual que la tierra, y que vivían hasta una edad más avanzada que la nuestra – generalmente se acercaban a los 1000 años. Describió a los hombres como de una altura promedio de seis pies, y que se vestían de modo uniforme, similar al de los cuáqueros. En mi bendición patriarcal, dada por el padre de Joseph el Profeta, en Kirtland, en 1837, se me dijo que predicaría el evangelio antes de los 21 años, que lo predicaría a los habitantes de las islas del mar, y a los habitantes de la luna, el planeta que pueden contemplar con sus ojos. Las primeras dos promesas se han cumplido, y la última puede verificarse. Del cumplimiento de dos promesas uno puede razonablemente esperar que se cumpla la tercera también”.

Al no haber otros testimonios que confirmen las palabras de Huntington, uno puede guardar cierta suspicacia sobre su veracidad. Pero hay dos cosas que no podemos eludir: que su bendición patriarcal debe estar registrada en la Oficina del Patriarca General de la Iglesia y que tanto The Young Woman’s Journal como el Journal of Discourses eran publicaciones y registros oficiales de la Iglesia. Nadie, a través de los mismos medios u otros, negó las afirmaciones allí contenidas.

De modo que es muy posible que el Apóstol Joseph Fielding Smith se estuviese basando en estas opiniones previas para fundamentar las suyas propias.

Por supuesto, no faltaron críticos que lo calificaron de profeta caído. De que al haberse equivocado en eso, en cuántas otras ocasiones lo habría hecho, etc, etc.  Tampoco faltaron los “fieles” miembros que respondieron con su tradicional sin razón: que la historia jamás había ocurrido, que era todo un invento, que Smith era “sólo” un Apóstol en aquella ocasión, no aún el Presidente de la Iglesia, pues de otro modo no se hubiese “equivocado”, que era nada más que una opinión y no una afirmación, etc, etc…

El eminente educador John W. Gardner observó en cierta ocasión:

“Las instituciones del siglo veinte se han visto atrapadas en un salvaje fuego cruzado entre los amantes poco críticos y los críticos poco amorosos. Por un lado, aquellos que aman sus instituciones tienden a ahogarlas en un abrazo mortal, amando más sus rígidas ataduras que sus promesas, protegiéndolas de la crítica que da vida. Por el otro lado, surgió una raza de críticos sin amor, especializados en la demolición pero poco entrenados en las artes por las que las instituciones humanas se nutren, fortalecen y pueden florecer. Entre ambos, las instituciones perecen. El amor sin crítica produce estancamiento, y la crítica sin amor trae destrucción…

Me pareció que era una acertada y sabia apreciación de lo que nos ocurre también en la Iglesia. Quizás no podamos lograr que los críticos poco amorosos cambien. Sin duda que, con negación, desinformación y explicaciones pueriles, sólo les daremos nuevo y más rico material para continuar con sus críticas…

Pero hay mucho que podemos hacer como amantes un poco más críticos de nuestras instituciones. Es tan sencillo reconocer que nuestras autoridades se han equivocado en algún aspecto en el pasado y que probablemente lo harán en el futuro, pues tenemos una doctrina de falibilidad vigente. Con sólo eso dejaríamos a los críticos poco amorosos con la mitad de las municiones que preparan inservibles. Las equivocaciones humanas no cancelan los llamamientos divinos. No lo hicieron con Pedro ni con Abraham ni con Joseph Smith. Para cualquiera de las otras excusas que solemos presentar es posible encontrar ejemplos que las nieguen. Contra la falibilidad humana no hay argumentos…Todos somos falibles.

Hace ya muchos años, en Agosto de 1985, el Elder Dallin Oaks, instruyendo a los oficiales del Sistema Educativo de la Iglesia, declaró:

“El balance se halla al contar ambos lados de una situación. Pero esta no es la misión de la literatura oficial de la Iglesia ni la de la declaradamente llamada literatura anti mormona. Ninguna de las dos tiene la responsabilidad de presentar ambos lados”.

Me permito disentir cordialmente con las opiniones del Elder Oaks. Es posible que la literatura crítica a la Iglesia no sienta ninguna responsabilidad de presentar los pro y los contras de cualquier situación. La Iglesia sí la tiene, pues posee un compromiso moral con la verdad. Si debemos utilizar los mecanismos de Satanás (medias mentiras, ocultamiento, modificación de datos en ediciones posteriores, impedir el acceso a los registros), para ganar una batalla, es muy posible que estemos perdiendo la guerra. La Iglesia y sus miembros debemos buscar y defender la verdad dondequiera que se encuentre, aunque sea en el campo enemigo… o quizás, más precisamente, cuando se encuentra en el campo enemigo.

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4 comentarios el “JOSEPH FIELDING SMITH Y LA LUNA (Entre críticos poco amorosos y amantes poco críticos)

  1. Javier dice:

    Muy interesante tu artículo. Si bien estoy deacuerdo contigo, disiento un poco en tu última opinión. Es cierto que la Iglesia tiene un deber moral con la verdad y que toda verdad a medias es una mentira (que bien has señalado son de los argumentos que usa Satanás) pienso que no en todas partes se puede usar toda lo que se sabe sobre un tema.

    Por ejemplo en una clase de Escuela Dominical creo que el propósito del curso es específico y busca resaltar lo bueno para fortalecer la espiritualidad y permitir de esta manera que los miembros emulen las características que se buscan en la clase. Desde mi perspectiva la Escuela Dominical me parece que por su propia constitución (al igual que cualquier curso de domingo) la hace muy limitada.

    Sin embargo creo que los Institutos de Religión o Seminarios son espacios terriblemente mal aprovechados donde parecieran una extensión de la Escuela Dominical y donde se debería buscar la profundización de estos aspectos. Creo que es muy necesario fortalecer por medio del Espíritu pero somos un pueblo poco crítico donde pareciera a veces que se nos instara a permanecer callados y sin saber y donde toda duda se acalla con la mal entendida frase del Presidente Uchdorf (no recuerdo si se escribe así) que se ha vuelto viral como frase pegadora y la cual reza así: “Duden de sus dudas” lo cual creo que es un maravilloso principio de todo pensamiento inquisidor que origina respuestas documentadas, pero que ha sido esgrimido sin ton ni son y deformado hasta entenderse “¿Tienes dudas? ¡Cállalas y ya no pienses en ellas!”.

    Creo que lo que hace falta (sobre todo en Latinoamérica) es que la Iglesia abra los espacios correctos para esto y pienso que los Intitutos y Seminarios (que cuando yo era muy chico tenían hasta cierto punto esta imágen) son en gran manera limitados para lo que podrían funcionar. En E.U.A. están BYU, FARMS, FAIR (no auspiciado por la Iglesia) y en Latinoamérica no hay nada… en fin es lo que pienso…

  2. Ricardo Jorquera dice:

    Estamos en agosto del año 2016 y si buscamos información sobre la llegada del hombre a la luna, lo que mas encontramos son evidencias increíblemente claras y precisas (científicas y circunstanciales) de que el supuesto alunizaje fue todo un fraude montado por E.E.U.U. en un estudio de grabación, incentivado por su desesperación de ganarle a la Unión Soviética, que en esos momentos llevaba la delantera tecnológicamente. He estudiado bastante el tema, y estoy convencido que así es. Lo que dijo el presidente Smith fue inspirado. Y hay otras profecías que se han dicho como lo de “los habitantes de la luna” de lo que yo aconsejaría no especular ni a favor ni en contra ya que no sabremos la verdad hasta que el Señor decida revelarlo.

    • mormosofia dice:

      Estimado Ricardo: Como verás, tus comentarios son aquí plenamente aceptados, lo cual no significa plenamente compartidos. Es una posibilidad entre muchas otras. Para poner las cosas en contexto, debemos recordar que en el proyecto Apolo teníamos un astronauta mormón, Don Lind, el cual, según tu óptica, debió ser un partícipe necesario del fraude. También he escuchado en los últimos 40 años a Autoridades Generales referirse al viaje a la Luna como un hecho, sin poner en duda su realización.
      Gracias por contactarte. Un saludo. M. Montani

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