Hacia una lectura mormona de los cuentos de hadas

ARTE Y RELIGION

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HACIA UNA LECTURA MORMONA DE LOS CUENTOS DE HADAS

“El sentido más profundo reside en los cuentos de hadas que me contaron en mi infancia, más que en la realidad que la vida me ha enseñado” (Friedrich Schiller (1759-1805), Die Piccolomini, III, 4)


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Por Mario R. Montani

Permítaseme relatar la siguiente historia de H. Parker Blount, tal como aparece en //www.sunstonemagazine.com/ 2012/12/page/3/

“Había una vez un anciano con su esposa y tres hijos. El viejecillo fue advertido en  un sueño que partiera con su familia y se escondiera pues ocurrirían cosas terribles en la ciudad donde vivían. De modo que empacaron sus pertenencias y entraron a un bosque obscuro donde la luz apenas brillaba y habitaban los duendes. Allí, el anciano tuvo un segundo sueño en el que se le dijo que debía enviar a sus hijos de regreso a la ciudad para obtener el Libro de los Misterios guardado por un ogro poderoso.

Los hijos retornaron a la ciudad y conferenciaron sobre cómo obtener el libro. El hermano mayor dijo, “Vayamos y pidámoslo al ogro”. Así lo hicieron y tuvieron que correr para salvar sus vidas. El segundo hermano dijo, “Comprémoslo con oro”. El ogro se quedó con el oro, el libro y casi con la vida de los hermanos, que debieron huir nuevamente. Los hermanos mayores, al ver fallidos sus planes, desearon abandonar el asunto, pero el hermano menor insistió con que debían cumplir lo pedido por su padre. Los mayores comenzaron a atacar verbal y físicamente al menor hasta que un hada madrina apareció y con un poderoso encantamiento hizo que dejaran tranquilo a su hermano. Entonces el hada, con un nuevo encantamiento, convirtió al menor de los hermanos en alguien parecido al ogro.

Mientras tanto, el ogro verdadero había recibido otro conjuro que lo dejó fuera de combate. El hermano menor, quien poseía fuerza extraordinaria, cortó la cabeza del ogro y, gracias a su parecido, pudo entrar en el castillo del ogro, hallar el Libro de los Misterios, y llevárselo.

Después de dar un buen susto a sus hermanos, el menor volvió a recuperar su hermoso aspecto original. Regresaron y presentaron el libro a su padre, de modo que todos se regocijaron y vivieron felices por siempre jamás… o al menos por un tiempo”.

No hace falta demasiada perspicacia para reconocer que lo que Blount ha hecho aquí es modificar algunos datos para contarnos una versión fabulosa de los primeros capítulos de 1 Nefi. No es el propósito del presente escrito considerar al Libro de Mormón como un cuento de hadas, sino todo lo contrario: analizar cómo las historias tradicionales (que han sobrevivido milenios y se han depurado a través de distintos contactos culturales) pueden transformarse en eficaces herramientas de aprendizaje y en transmisores de valores afines a los de los Santos de los Ultimos Días.

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Tomemos como caso testigo a la historia de “Los Tres Chanchitos” (quizás en otras regiones de habla hispana prefieran “Los Tres Cochinillos”). ¿No son los tres cerditos hermanos una buena forma de representar la hermandad latente de todo el género humano pero conservando la libertad moral de las elecciones individuales? ¿No abandonan su hogar (Preexistencia) para enfrentar nuevas experiencias (Vida Mortal)? ¿No son las casitas de paja, ramas y ladrillos comparables a formas “telestiales”, “terrestres” y “celestiales” de hacer las cosas? ¿No es acaso el Lobo una buena representación del mal o de las dificultades de la vida? ¿No hay un parentesco literario de su “soplaré y soplaré…” con el  “… y vinieron ríos, y soplaron vientos…” de la “casa fundada en la roca” según la parábola de Cristo? ¿No era el Salvador también un gran cuentista?

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Es posible que entre algunos miembros de la Iglesia exista aún el rasgo fariseaico de pensar que leyendo las Escrituras del día a la noche y evitando todo otro tipo de “lecturas contaminadas” aseguraremos nuestra salvación.

Scott Gustafson Three little pigs

Personalmente, me siento más cómodo con la pregunta y la respuesta de Brigham Young:

“¿Deberé sentarme y leer la Biblia, el Libro de Mormón y el Libro de los Convenios todo el tiempo? – pregunta alguien. Sí, si lo deseas, y cuando hayas terminado, no serás otra cosa que un sectario. Es tu deber estudiar y conocer todo sobre la faz de la tierra, además de leer esos libros. Deberíamos no sólo estudiar el bien y sus efectos sobre nuestra raza, sino también el mal y sus consecuencias”. (B. Young, Journal of Discourses 2: 93-94)

Hay regiones del globo donde los fundamentalismos han desterrado totalmente la fantasía. Quemas de libros. Escuelas con listas de obras prohibidas por hablar de magos, hadas o dragones… En otros sitios, en cambio, la mentalidad práctica y cientificista los ha relegado al rincón de lectura para niños.

De los cuentos maravillosos

Si bien se ha impuesto el nombre de “cuentos de hadas” para referirse genéricamente a este tipo de historias, en muchos de ellas, probablemente en la mayoría, no encontramos hadas ni sus equivalentes (genios, magos, hechiceras). Sería más apropiado referirnos a ellos como “cuentos maravillosos”. Si nos dedicáramos a rastrear su origen descubriríamos dos cosas. Primero: que son muy antiguos y provienen de culturas bastante alejadas de la occidental. Segundo: que no fueron escritos para los niños.

Analicemos otro ejemplo: La Cenicienta…

Varios de los motivos centrales del relato se remontan a la antigüedad clásica. La historia de Ródope (Rhodopis: la de mejillas rosadas) nos cuenta de una joven griega raptada por los piratas y vendida en Egipto. Ridiculizada y maltratada por sus compañeras de esclavitud debido a su diferencia étnica y belleza, terminará haciéndose amiga de los animales que conoce al lavar la ropa en el Nilo. En una de esas ocasiones en que su sandalia se había mojado y la había dejado secando en la orilla, un halcón se la arrebató para depositarla en la barca del Faraón, quien, considerándolo un mensaje de Horus, envía emisarios por todo el imperio para desposar a su propietaria.

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Heródoto y Estrabón, entre otros, han hecho mención de la historia y la sitúan alrededor del 1500 antes de Cristo.

La versión china la ubica en el siglo III a.C, aunque sus primeras formas escritas aparecen alrededor del 700 d.C.

Wu tiene dos esposas y una hija con cada una de ellas. Al fallecer la madre de la hija buena y hermosa, ésta queda al cuidado de la otra esposa y su media hermana quienes la obligan a ser su sierva. Para aumentar sus sufrimientos la obligan a calzar zapatos muy pequeños y así recibirá el apodo de Ye Xian (Pies de Loto). Con la ayuda de un pez mágico, que es la reencarnación de su madre, terminará perdiendo un zapato de oro y casándose en un reino lejano. La pequeñez de los pies, un símbolo de belleza para los chinos, se trasladó también a las versiones europeas.

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Se han hallado relatos equivalentes en otras culturas, incluyendo la de los indios Abenaki, en América del Norte.

El primer escritor occidental en registrarla parece ser Giambattista Basile, napolitano, con su Cenerentola (1634). Lo siguieron el francés Charles Perrault en sus Cuentos de Mamá Ganso y los hermanos alemanes Jacob y Wilhelm Grimm en su recopilación de cuentos tradicionales.

Cenicienta logra pasar todas las pruebas (¿iniciáticas?) que le imponen su madrastra y hermanastras sin perder nunca la buena voluntad. Quizás haya allí una reflexión sobre cómo es posible aprender de cada situación que nos ofrece la vida, ya sea agradable o no, hasta alcanzar una felicidad interior de características espirituales. El personaje nos da varias lecciones sobre la paciencia, la bondad y la virtud.

La invitación del rey de la comarca al baile en el que el príncipe heredero elegirá a su esposa, ha sido comparada con la oportunidad colectiva de elevar el espíritu y adquirir conocimiento, que está abierta a todos, aunque como lo declaran las Escrituras, “muchos son los llamados mas pocos los escogidos”.

La joven se lamenta apesadumbrada de su situación junto a las cenizas del hogar (símbolo común de la unión del cielo y la tierra) y obtendrá ayuda de las aves para separar el grano, que es una de sus tareas, y poder asistir al palacio (esta colaboración de los animales se repite en casi todas las historias en las que hay un alma pura con necesidades). Luego acudirá a la tumba de su madre en busca de consuelo y allí será visitada por el hada madrina (de características angélicas y maternales) quien le ayudará a resolver la situación.

Por tres veces baila Cenicienta con el príncipe (el tema mítico de la acción realizada tres veces) y escapa antes de ser reconocida.

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Desgraciadamente, muchas versiones fílmicas e ilustradas han desdibujado el relato original. Las hermanastras no son necesariamente feas sino de “corazón duro y negro”, lo cual nos ayudaría a comprender mejor que el mal no tiene siempre apariencia desagradable ni el bien es automáticamente hermoso. Como las vírgenes insensatas, a último momento están dispuestas a cortarse los dedos de los pies con tal de calzarse el zapato, pero ya es tarde. También reciben un castigo de parte de las palomas amigas de Cenicienta, dejando claro que existe una Ley de Retribución vigente.

En todos estos aspectos, y muchos otros, podemos aprender de los cuentos de hadas.

De las lecturas simbólicas

En estos relatos encontramos a menudo que los objetos físicos están imbuidos de un poder sobrenatural que permite a su poseedor realizar cosas extraordinarias. Tales objetos pueden tomar la forma de una espada, una escoba, una capa o una varita mágica. Pero en las Escrituras también tenemos objetos que dan poder: la Liahona, el urim y tumim, las piedras que brillan en la obscuridad de los barcos. Moisés utiliza su vara para provocar algunas de las plagas de Egipto y hacer brotar agua de la roca en Horeb.

En los cuentos hay dones, encantamientos y maleficios. En las Escrituras hay bendiciones, maldiciones y ordenanzas.

En los cuentos hay hadas y genios buenos y malos. En las Escrituras hay ángeles y también demonios.

Si aprendemos a realizar una lectura simbólica y metafórica de los textos descubriremos que ambos grupos están bastante emparentados entre sí.

Permítaseme profundizar un poco la idea. No andamos por el mundo buscando una barra de hierro para asirnos a ella y llegar a lugar seguro. En todos los discursos nos referimos a ella por su valor simbólico de representar la palabra de Dios. Lo mismo ocurre con la Liahona. No estoy discutiendo su existencia histórica real. Digo que lo que les da valor en nuestras vidas (ya que no podemos disponer de tales objetos) es su uso simbólico. Si nos encontráramos un domingo a nuestro obispo con sus dos consejeros sosteniéndole las manos en alto durante toda la reunión sacramental para que reine la espiritualidad en la capilla, nos parecería extraño (y tal vez dejaríamos de asistir por algunas semanas o hasta el relevo del obispado…). La historia de Aarón y Hur sosteniendo los brazos de Moisés para que el pueblo de Israel prevaleciera sobre Amalec está acotada históricamente. No tenemos hoy ni la vara ni la batalla ni a los amalequitas. Pero, si seguimos el consejo de Nefi, aplicaremos todas las Escrituras a nosotros mismos para nuestro provecho e instrucción (1 Nefi 19:23). Esto es: les daremos una interpretación simbólica. La más común que escuchamos en la Iglesia es que “así como Aarón y Hur sostuvieron a Moisés”, del mismo modo, los consejeros y los miembros debemos sostener a nuestros líderes.

No hace falta negar la veracidad o la historicidad de los hechos. Simplemente no nos ayudan demasiado si insistimos en conservarlos en su marco circunstancial.

En su Poética, Aristóteles afirma que la poesía es más elevada y filosófica que la historia, ya que la poesía tiende a expresar lo universal mientras que la historia, sólo lo particular.

El Reverendo Larry Maze, hablando de la Biblia, ha dicho: “Nada quita más rápidamente el poder de los mitos que sustraerlo de las manos del artista y el poeta y entregarlo en las manos de aquellos que han sido entrenados para reportar sólo hechos”.

Los cuentos tradicionales también deben ser leídos simbólicamente. Allí está su valor. Han sobrevivido a siglos, guerras, civilizaciones y diferentes ropajes. Porque algo tienen aún para decirnos…

En cierta manera, vivimos y respiramos cuentos de hadas, o como lo declara enfáticamente Arthur Frank en su inspirador libro Letting Stories Breathe. A Socio-Narratology (Dejar respirar a los cuentos. Socionarratología), ellos tienen una vida propia, que luego nosotros personificamos.

“A través de los siglos (si no milenios), al ser repetidos una y otra vez, los cuentos se han ido refinando y han llegado a transmitir, al mismo tiempo, sentidos evidentes y ocultos; han llegado a dirigirse simultáneamente a todos los niveles de la personalidad humana y a expresarse de un modo que alcanza la mente no educada del niño, así como la del adulto sofisticado” (Bruno Bettelheim, Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas, Crítica, Barcelona,1977, pag. 12)

Scott Gustafson Jack and the Beanstalk

Los más variados campos de estudio se han acercado a esta inagotable fuente de valores simbólicos y la han enriquecido, así como se han enriquecido con ella.

“De hecho, la mayoría de los folcloristas y críticos literarios ha coincidido en gran medida en que el cuento de hadas surgió de las tradiciones orales y en que la historia de los tipos de cuentos relacionados con los de hadas es muy compleja y no puede reducirse a explicaciones simples o positivistas. La diversidad de enfoques académicos sobre los cuentos populares y de hadas ha enriquecido, en términos generales, los campos de la antropología, la literatura comparada, los estudios culturales, la literatura infantil, la psicología, la filosofía, entre otros. Si existe un género que ha cautivado la imaginación de todo tipo de gente en el mundo entero, este es, sin duda, el cuento de hadas. Sin embargo, aún nos resulta muy difícil comprender cómo surgió, evolucionó y se difundió, y por qué tiene un atractivo irresistible para tanta gente, independientemente de la forma que adopte.” (Jack Zipes, El irresistible cuento de hadas, Fondo de Cultura Económica, 2014, Bs. Aires, pag.13)

Algunos padres se quejan de que los cuentos tradicionales no presenten un mundo color de rosa. Preferirían que no hubiese dragones, ni brujas, ni ogros, ni bosques tenebrosos. Pero la verdad es que, como nos enseñan las Escrituras, es necesaria una oposición en todas las cosas. Así es nuestra vida diaria.

“Por lo tanto, ya sean escritos, orales o cinematográficos, siempre han estado centrados en encontrar instrumentos mágicos, tecnología extraordinaria o personas y animales poderosos que les permitan a los protagonistas transformarse a sí mismos junto con el medio ambiente haciéndolo más apropiado para vivir en paz y satisfacción. Los cuentos de hadas comienzan con un conflicto, porque todos comenzamos nuestra vida con un conflicto. No estamos adaptados al mundo y debemos encontrar la manera de adaptarnos, adaptarnos a las demás personas; debemos inventar o encontrar el método, a través de la comunicación, de satisfacer y resolver los deseos e instintos en conflicto”. (Jack Zipes, op.cit., Pag. 23)

¿Cómo podríamos hacer una lectura mormona de Blancanieves, por ejemplo?… Es muy poco lo que sabemos de la protagonista en su etapa previa a ser echada del castillo y su vida privilegiada. Tampoco sabemos demasiado sobre nuestra vida anterior, salvo la certeza de que somos príncipes y princesas, hijos de un Rey.

Su destierro al peligroso bosque podría representar el pasaje a este mundo ‘solitario y triste’ luego de la Caída. Ese es el viaje que inicia Blancanieves…

“El viaje en los cuentos de hadas  hacia mundos inexplorados va en paralelo con el viaje interior. Así como el protagonista viaja cada vez más profundo en territorio prohibido, del mismo modo el lector es transportado hacia regiones inexploradas de sí mismo” (Sheldon Cashdon, The Witch Must Die: The Hidden Meaning of Fairy Tales, New York: Basic Books, 1999)

Snow_White_Dwarfs_Cottage

Ya sea que se lo considere viaje iniciático, viaje interior, o encuentro con la necesaria oposición que desconocía hasta entonces, el hallazgo de la cabaña en el bosque marcará un cambio en la peripecia. Diría Jean Servier en 1970:

“El tema de la cabaña iniciática no es absolutamente incomprensible para los occidentales; han guardado su recuerdo en las huellas de sus tradiciones. Es la cabaña del leñador de los cuentos de Europa, la cabaña del bosque hacia la cual, tomándose de la mano, se dirigen temblando Hansel y Gretel o Pulgarcito y sus siete hermanos. El ogro que los espera para devorarlos no es más que una versión del monstruo iniciático y del umbral que hay que franquear. Ellos se escapan siempre, luego de haber robado misteriosos tesoros, símbolos de las riquezas inmateriales de la iniciación. Son entonces señores del espacio gracias a las botas de siete leguas, señores de los hombres gracias a la gallina de los huevos de oro, señores de lo invisible gracias a la llave secreta”. (El Misterio Feliz, los cuentos de Hadas y la tradición universal, Eve Leone, Editorial Troquel, Bs. Aires, 1991, pag. 76)

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La jovencita de “cabellos negros como la noche, mejillas blancas como la nieve y labios rojos como la sangre” no encontrará allí ogresas ni brujas. Ella, como equivalente del peregrinaje de nuestra propia alma, hallará un lugar donde descansar, protegerse y desarrollar cualidades (¿nuestro hogar terrenal?). Conocerá a los siete enanos que la habitan. Su número, equivalente a los días de la semana, encierra la lección del diario trabajo arduo al que se dedican con alegría. La condición para que se quede con ellos es que trabaje también (‘con el sudor de tu frente comerás todos los días de tu vida’ nos dice ya el Génesis). Aprenderá algo de cada uno de ellos, por lo que se los podría relacionar con la actividad social de intercambio o con los dones del espíritu. Sin embargo son figuras aniñadas e inocentes. No tienen esposas ni novias, lo cual indica que en un futuro ella deberá encontrar una forma superior de desarrollo.

Scott Gustafson Snow White & 7 Dwarves

Tras vencer las tentaciones (intentos de la perversa madrastra por destruirla) encontrará el verdadero amor en los brazos del Príncipe, quien la llevará de regreso a su verdadero Hogar.

Scott Gustafson Snow White and the Apple

El sueño profundo, similar a la muerte, que antecede al encuentro y al beso y que reaparece en “La Bella Durmiente” y otras historias, es tanto el preámbulo al encuentro del Amor como la promesa de una gloriosa resurrección.

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¿Quién mejor que un Santo de los Ultimos Días podría entender la profundidad y certeza del “vivieron felices por siempre jamás”?

¿Deberemos enfrentar dragones? Sí.

Joseph Campbell, el gran estudioso de los mitos, pensaba que el dragón al que debemos matar está dentro de nosotros. Es nuestro ego. Campbell también nos regaló la siguiente reflexión:

“El mundo es buen oponente para nosotros. Somos buenos oponentes para el mundo. Las oportunidades de encontrar poderes más profundos dentro de nosotros aparecen cuando la vida parece más difícil. Negarse al dolor y a la ferocidad de la vida es negarse a la vida.” (Joseph Campbell, Reflexiones sobre la vida, Ediciones Emecé, Bs. Aires, 2001)

Scott Gustafson Confabulation of Dragons

Caperucita Roja debe recorrer los senderos del bosque (la vida) donde encuentra al lobo (los peligros y acechanzas de la mortalidad) mientras intenta visitar a su abuela (quizás la sabiduría de los ancestros). Es devorada pero sin embargo sigue viviendo, y, gracias al cazador (la ayuda espiritual superior) que la libera, entra a un nuevo nivel de conocimiento.

Scott Gustafson Little Red Riding Hood 001

Pulgarcito es pequeño, como lo somos todos nosotros, pero igual enfrenta la aventura. Es ayudado por su propia valentía e inteligencia y, cuando ellas no alcanzan, por su padre.

Scott Gustafson 1997 Tom Thumb 02

“Tenemos la lección caballerosa de ‘Jack, el matador de gigantes’, que nos dice que los gigantes tienen que matarse porque son gigantescos. Es una insubordinación activa en contra del orgullo como tal… Tenemos la lección de ‘Cenicienta’ que es la misma del Magnificat – exaltavit humiles (exaltó a los humildes). Nos encontramos asimismo la gran lección de ‘La Bella y la Bestia’ que dice que una cosa ha de amarse antes de poder amarla. Estoy interesado por una cierta manera de ver la vida que me proporcionaron los cuentos de hadas”. (G. K. Chesterton, Orthodoxy, La ética del País de las Maravillas en Psicoanálisis de los cuentos de hadas, pag. 91)

Scott Gustafson Beauty & Beast

El listado sería inagotable. Podemos encontrar aquellos que más nos agraden. Desde los orientales de Las Mil y Una Noches hasta las obras de autor como Peter Pan de Barry, la Alicia de Lewis Carroll o el Patito Feo de Andersen. Lo importante es que no intentemos explicar el cuento. Por su diseño comprobado puede penetrar tanto en nuestras regiones conscientes como inconscientes. Guardémoslo en nuestro interior y dejémoslo actuar. Cuando lo necesitemos allí estará… La falta de precisión espacio-temporal de sus iniciales “Erase una vez… en un reino muy lejano” no es una debilidad del relato. El no pertenecer a ninguna época ni lugar definido es lo que permite adaptarlo a cualquier tiempo y escenario…

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“La olla de la sopa, el caldero del cuento, no ha dejado de hervir nunca, y se han añadido nuevos elementos, sabrosos o no”. J.R.R. Tolkien

Todas las pinturas pertenecen al excelente ilustrador norteamericano Scott Gustafson.

Un comentario el “Hacia una lectura mormona de los cuentos de hadas

  1. Rodolfo dice:

    ineresante articulo..motivador..nos permite tener otro matiz de las enseñanazas divinas transmitidas por generaciones… gracias por publicarlo…

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