John Hafen – De París a las Cortes Celestiales

ARTE Y RELIGION

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John Hafen

(De Paris a las Cortes Celestiales)

 John Hafen


John Hafen

“El arte otorga una influencia elevadora pues el pintor es un ardiente y sincero estudioso de la naturaleza… se comunica con ella, la ama; Dios es el autor de la naturaleza. Cualquier cosa que El haya creado nos eleva y refina en sus lecciones e influencias” (John Hafen, 1905)

Por Mario R. Montani

John Hafen nació el 22 de Marzo de 1856 en Scherzingen, Cantón Thurgan, Suiza. La familia se convirtió a la Iglesia en su tierra natal y emigró a Utah cuando John contaba sólo 6 años. El viaje desde Omaha a Salt Lake lo realizaron con una carreta de bueyes en 1862. Durante su estadía en Winter Quarters, Nebraska, falleció un hermano menor de dos años. Al llegar, se establecieron temporalmente en Richfield, Tooele y Payson pero para 1868 se mudaron definitivamente a Salt Lake City, para que el jovencito pudiera estudiar. Se matriculó en la Twentieth Ward Academy, donde tuvo entre sus maestros a Karl G. Maeser. Allí también se inició en el arte.

Por la próxima década perfeccionó su pintura bajo la tutoría de George M. Ottinger y Danquart Weggeland en la Universidad de Deseret (que luego se transformaría en la Universidad de Utah). Allí conoció a otros artistas de su generación. Entre ellos John B. Fairbanks (quien sería padre de Avard Fairbanks, a quien analizamos en este blog) y Lorus Pratt, hijo del Apóstol Orson Pratt.

Con apenas 20 años, Hafen decidió que su carrera sería como artista profesional, a la que agregó conocimientos de fotografía. Después de su casamiento en 1879 con Thora Twede, comenzó a trabajar como asistente del fotógrafo documentalista George Edward Anderson, colaborando en el establecimiento de una galería provisoria en Springville.

John Hafen (1886) Pescando en el Arroyo Hobble, Springville.

John Hafen (1886) Pescando en el Arroyo Hobble, Springville.

Sobre su esposa, Thora, escribió William Lee Roy Conant, Jr.:

“Era uno de esos raros espíritus inquebrantables que jamás se quejaba o expresaba dudas sin importar cuán dura se tornase la vida. Creía en los sueños de éxito de su esposo y en su habilidad para pintar, y siempre apoyó sus intentos de realización a pesar de los grandes sacrificios. Amaba a John Hafen, le brindó diez hijos, mantuvo su hogar, y lo encaminó hacia el éxito por los treinta y un años que vivieron como esposos. Sus cartas están plenas de un amor y devoción que jamás cesaron en todas esas solitarias páginas. Sería difícil concebir las luchas de John Hafen de no haberse casado con Thora Twede”. (W.Conant, Jr. “A Study of the Life of John Hafen”, tesis universitaria presentada en BYU)

 Thora Hafen


Thora Hafen

En 1881, Hafen, junto a un grupo de artistas jóvenes, fundaron la Utah Art Association, para organizar exhibiciones y proveer instrucción en las artes. Ganarse la vida como pintor no le resultaba fácil, por lo que debió realizar otras tareas como ilustraciones para varios proyectos comerciales. También expuso siempre que pudo, incluyendo los amplios almacenes de George Meears, distribuidor local de whisky, quien permitía a jóvenes artistas utilizar sus instalaciones sin costo alguno.

 Joseph Smith, General de la Legión de Nauvoo (1888)


John Hafen – Joseph Smith, General de la Legión de Nauvoo (1888)

 John Hafen - Litografía de Joseph Smith, Jr.


John Hafen – Litografía de Joseph Smith, Jr. (1887)

En 1890 logró convencer a las Autoridades de la Iglesia para apoyar estudios superiores de arte en Francia, con vistas a poder decorar los muros del Templo de Salt Lake que se inauguraría algunos años después.

John Hafen (1890) Memorias de la Niñez

John Hafen (1890) Memorias de la Niñez

Así fue que Hafen, junto a John Fairbanks, Lorus Pratt y Edwin Evans recibieron una beca para estudiar por dos años en la Académie Julian de Paris. Arribaron a la “ciudad luz” el 24 de Julio de 1890, mientras se celebraba el Día de los Pioneros en sus lejanos hogares. Se los conoció como “misioneros de arte francés” y trabajaron bajo la guía de Albert Rigolot. Allí tuvo John la experiencia de pintar a plein air, lo que llevó a su decisión de convertirse en paisajista. Las mañanas y noches las dedicaban a dibujar la figura humana con modelos en vivo, mientras que durante las tardes recorrían los barrios parisinos pintando escenas callejeras. El entrenamiento era muy riguroso y los jóvenes artistas debían esforzarse para que alguna de sus obras fuese seleccionada por los maestros. Sabían que era una oportunidad única en sus vidas e intentaron aprovecharla al máximo. No había tiempo para diversiones, sino arduo trabajo. No les quedaba demasiado dinero para comer y su único interés era llegar con suficiente energía como para escribir a sus familias.

Hafen le contaría a su esposa:

“Lo que he podido observar es de inestimable beneficio para mí. Me ha tornado humilde como un niño. Siento que deberé comenzar desde abajo y someterme a mi Padre Celestial. En el pasado, he tenido ideas de cómo debería pintarse, y de los objetivos de un pintor. Aunque tales ideas eran correctas y no he cambiado mi opinión, no encontraba el método por el cual pudieran lograrse, ni a qué grado de perfección podían llevarse…Si logro llegar a ese punto, o aunque sea acercarme a él, dependerá absolutamente de mi fidelidad al Evangelio y a la ayuda del Dios Todopoderoso” (Carta del 26 de Julio de 1890)

“Estoy aquí registrado por un año, pero más allá de eso, los siervos de Dios me han bendecido con el poder de cumplir mi misión y obtener todo el conocimiento sobre el arte que se requiera, y sé que Dios es capaz de ayudarme a vivir de tal modo que pueda alcanzar esas bendiciones. He actuado continuamente en armonía con los susurros del Espíritu Santo y los resultados siempre han sido buenos”. (Carta del 8 de Agosto de 1890)

El acuarelista mormón Al Rounds ha dicho:

“Ellos ya dibujaban la figura humana, pero era una estimación rústica de ella. Regresaron a casa conociendo la estructura de la figura por dentro y por fuera. Conocían de paisajismo, de luz y de formas. Regresaron mejor de lo que eran cuando se fueron”

John Hafen (1902) Jovencita entre malvas

John Hafen (1902) Jovencita entre malvas

Debido a dificultades financieras familiares John debió adelantar su retorno por lo que comenzó a trabajar antes en los murales del Templo, cumpliendo un rol muy importante en el planeamiento inicial de esos decorados, particularmente en el Cuarto del Jardín y el Cuarto del Mundo.

Para 1893, después de la dedicación del Templo, sirvió como Vicepresidente de la Utah Art Association. Debido a que no le era fácil mantener a una familia tan numerosa, comenzó a dictar arte en la Brigham Young Academy (precursora de BYU) mientras también recibía u$s 100 mensuales para pintar obras para la Iglesia. Muchas de ellas forman parte de la colección del Museo de Arte e Historia de la Iglesia.

John Hafen (1905) Crandall Springs.

John Hafen (1905) Crandall Springs.

Hafen y los demás misioneros de arte influenciaron a dos generaciones de artistas que se conocieron como “La Escuela de Utah”, también ayudaron a crear las imágenes de la historia del Estado y de la Iglesia. Se piensa que John pintó unas 200 obras para la Iglesia durante la administración del Presidente Heber J. Grant.

No obstante su esfuerzo y talento no era fácil mantener una gran familia y en ocasiones no llegaba a pagar su renta. Finalmente, cambiando obras por terreno y materiales pudo construir un chalet propio, al estilo suizo, diseñado por su amigo Alberto Reganza. La casa aún figura en el Registro Nacional de Lugares Históricos como “Hogar de John Hafen”. Sus muchas donaciones artísticas y su estímulo para que otros pintores hicieran lo mismo formó el núcleo principal del Springville Museum of Art.

John Hafen (1905) Retrato de Nephi Straw

John Hafen (1905) Retrato de Nephi Straw

Durante 1908, Hafen colaboró con Ben E. Rich y German E. Ellswort, Presidentes de las Misiones de los Estados del Este y del Norte respectivamente para ilustrar y publicar el famoso poema de Eliza R. Snow, “Oh, Mi Padre”. A cambio de su trabajo, el pintor recibiría la mayor parte del beneficio de las ventas, lo que le ayudaría a mantenerse a flote.

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Entusiasmado con el proyecto, diría:

“Primeramente, el poema me impresionó como una oración. Por tanto, mi imaginación abre el grupo de ilustraciones con una figura en actitud de orar. Las pinturas siguientes contienen principalmente elementos de visiones. También, de un modo general, me siento inclinado a pensar que el comienzo de los principios inspirados sugeridos en el poema, inician en la niñez. Por ello, el segundo y tercer tema son de la niñez. Los tres siguientes son sobre la juventud y adultez; las reflexiones y pensamientos maduros de la cuarta estrofa los he convertido en dos temas, el meridiano y el atardecer de la vida. El último representa la vejez, cuando nos preparamos para encontrar nuevamente a nuestro Hacedor”. (En una carta al Presidente Ben E. Rich en Chicago, Illinois, del 24 de Junio de 1908)

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El artista utilizó los escenarios naturales de Utah como fondo y a miembros de su familia o líderes de la Iglesia como modelos. Muchas de las ilustraciones muestran un camino, lo cual ayuda a dar continuidad a la serie e indica el paso del tiempo. El sendero nunca se bifurca, quizás señalando que es la vía compartida de todos los mortales. El pintor decide utilizar elementos comunes para simbolizar el más allá, pues creía, como se lo expresara  al Presidente Joseph F. Smith: “hay ya demasiada especulación y misterio en nuestro mundo con respecto a las condiciones de los mundos eternos”.

La primera ilustración muestra a un joven arrodillado en oración. Coincide con la invocación del inicio del poema. La segunda muestra a un padre llevando de la mano a su hija, haciéndose eco del verso “¿Tu morada antes era de mi alma el hogar? En mi juventud primera ¿Fue Tu lado mi altar?”.

La tercera es de un bebé muy poco consciente de su pasado anterior y del nuevo mundo que le rodea (“vine al mundo a morar, olvidando los recuerdos de mi vida premortal”). Se cree que Anna Larson, nieta de Hafen fue la modelo.

La siguiente muestra a una mujer madura, en la mitad de su vida. Es otoño. Los árboles han perdido las hojas. Quizás haya desilusión y la sensación de que algo falta en este mundo (“Pero algo a menudo dice: Tú errante vas. Siento que un peregrino soy, de donde Tú estás”). El hecho de que camina de espaldas ayuda a que nos identifiquemos y nos coloquemos en su lugar.

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La quinta pintura muestra a Joseph Smith (también de espaldas) recibiendo la visita de Moroni (quien es el centro visual). Es una reflexión sobre la Restauración (“Antes te llamaba Padre, sin saber por qué lo fue, mas la luz del Evangelio aclaróme el porqué”).

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La sexta es una acuarela. La paleta monocromática utilizada la hace percibir como etérea o congelada en el tiempo (“La verdad eterna muestra: madre hay también allá”). La Madre reconforta amorosamente a la hija, que se reclina sobre su hombro). Es la primera vez (y hasta hace poco, única) que un artista intentó plasmar la imagen de nuestra Madre Celestial. Thora, la esposa del pintor, parece haber sido la modelo para la Madre Celestial y su hija, Delia, la modelo de la jovencita amada.

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Las dos últimas escenas muestran a un hombre de avanzada edad (el modelo fue el Patriarca John Lowry) con su bastón (“cuando deje esta vida y deseche lo mortal”). La pintura final, nuevamente monocromática para representar el mundo ulterior, muestra al anciano avanzando hacia “la corte celestial” (“Sí, después que yo acabe cuanto tenga que cumplir, permitidme ir al cielo con vosotros a vivir”).

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John terminó las pinturas a comienzos de 1909 pero surgieron algunos problemas relacionados con la impresión de la obra. German E. Ellsworth resolvió algunos de esos problemas con las Autoridades, pero no obtuvo la autorización para que se publicase con la aprobación oficial de la Iglesia.

Para entonces, los Hafen se habían trasladado a Brown County, Indiana con el Grupo Hoosier, una asociación de paisajistas con influencia impresionista, donde finalmente obtuvo el reconocimiento que anhelaba, incluyendo la comisión de pintar al Gobernador Thormas R. Marshall.

Lamentablemente, John Hafen moriría de neumonía en Filadelfia, junio de 1910.

B.F. Larson, otro artista mormón, escribiría en la Iprovement Era de Enero 1936:

“John Hafen amaba y comprendía la naturaleza. Para él había sido creada por un Dios personal. Se acercaba a la naturaleza con una actitud reverente. En sus comentarios sobre los ambientes exteriores su discurso se caracterizaba por palabras de alabanza y agradecimiento a Dios… Hafen vivía cerca de Dios. Poseía un espíritu profético y sensible. Sabía que sus ideas les parecían infantiles a aquellos que no comprendían…”

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Bibliografía Consultada

Phaysey, Dawn – “Testimony in Art: John Hafen’s Illustrations for ‘O My Father’”. BYU Studies 36 (nº1) 58-82

John Hafen. Art as visual poetry – Dialogue Vol 23 Nº 4, pag. 185

Todd, Jay M. “John Hafen” – Ensign Agosto 1976

John Hafen 1907 Quaking Aspens, Brighton

Un comentario el “John Hafen – De París a las Cortes Celestiales

  1. Federico Villagran dice:

     Mario :  mirá mi hija Camila con Lindsey . Camila solo tuvo 2 clases de violin, pero fijate como toca https://instagram.com/p/1uTJdOLk2B/

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