Leyendo en el Gran Libro de la Naturaleza – Segunda Parte

CIENCIA Y RELIGION

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                    Literatura

“Leyendo en el Gran Libro de la Naturaleza”

Segunda Parte

“Si el Autor de la Naturaleza y las Escrituras es el mismo Dios, entonces los dos libros de Dios deberán, eventualmente, contar la misma historia”.

Bernard Ramm, The Christian View of Science and Scripture,1964.

Por Mario R. Montani

Deambulando por el laberinto oscuro

Dejamos claro en la primera parte de este análisis que el topos del “mundo como libro” tenía una larga tradición, la cual, partiendo de la antigüedad, se acrecienta durante los primeros siglos del cristianismo, la Edad y Media y el Renacimiento, aunque su utilización va transmutando con el paso del tiempo en variantes a veces complementarias y otras, claramente contrapuestas.

El poeta escocés del siglo XVI, Drummond of Hawthornden, escribió:

Of this fair volume wich we world do name

If we the sheets and leaves could turn with care

Of him who it corrects and did it frame

We clear might read the art and wisdom rare.

(Drummond, The Poems, ed. W.C. Ward, Vol. 2, pag. 6)

 

(Si de este hermoso volumen al que llamamos mundo

Pudiésemos con cuidado dar vuelta  hojas y páginas,

De aquel que lo corrige y le ha dado forma

Claramente podríamos leer el raro arte y sabiduría)

 

Encerrado en las mazmorras del Castillo de Nápoles por el Santo Oficio, el monje dominico Tommaso Campanella (1568-1639) generó el soneto Il mondo è il libro que pasaría a integrar su obra Civitas Solis  (La Ciudad del Sol, 1623). Transcribimos sólo los primeros versos:

Il mondo è il libro dove il Senno Eterno

Scrisse i proprii concetti, e vivo tempio

Dove pingendo i gesti e’l proprio esempio

Di statue vive ornó l’imo e’l su perno.

La Citta del Sole , pag. 66

“El mundo es el libro en el que la Eterna Sabiduría escribe sus propios conceptos…”

Tommaso Campanella

Tommaso Campanella

Iniciando el siglo XVII, la forma en que el Libro de la Naturaleza se leía, comenzó a cambiar, dentro de lo que se ha dado en llamar la revolución científica. Los mayores logros de ese período se obtuvieron sin dejar de lado la presencia de Dios, simplemente había cambiado la forma de leer el Libro.

Por ejemplo, William Harvey (1578-1657), quien estudió y comprendió el sistema circulatorio y las propiedades de la sangre:

“Profeso aprender y enseñar anatomía no de los libros sino de las disecciones, no de los postulados de los Filósofos sino del propio tejido de la Naturaleza” (William Harvey, De Motu Cordis (1628) The Circulation of the Blood and Other Writings, pag. 7)

Cuando Harvey murió, su amigo Abraham Cowley compuso una “Oda al doctor Harvey

William Harvey

William Harvey

 

“Así Harvey buscó la verdad en las verdades del Libro

De las criaturas, que Dios mismo ha escrito;

Y sabiamente pensó que era apropiado,

No leer sólo Comentarios sobre él,

Sino mirar en el original mismo”

(Frank, R.G. Harvey and the Oxford physiologists: Scientific ideas and social interaction, Berkeley, University of California Press, 1980, pag.103)

O Robert Boyle (1627-1691), el irlandés que ayudó a desarrollar la química moderna, postuló leyes sobre los gases y fue, simultáneamente, un importante teólogo:

“El libro de la naturaleza es una bello y enorme tapiz enrollado, que no nos es dado ver en su totalidad, sino que debemos contentarnos con esperar el descubrimiento de su hermosura y simetría poco a poco, a medida que se va desenvolviendo gradualmente”. (Robert Boyle, The Christian Virtuoso, 1690)

“Y cuando con excelentes Microscopios discierno en los de otro modo invisibles Objetos la Inimitable Sutileza de la Curiosa Hechura de la Naturaleza; y cuando, en una palabra, con la ayuda de Cuchillos Anatómicos, y la luz de Hornallas Químicas, estudio el Libro de la Naturaleza, y consulto las Glosas de Aristóteles, Epicuro, Paracelso, Harvey, Helmont, y otros instruidos Expositores de tan instructivo Volumen; me siento a menudo reducido a exclamar con el Salmista, Cuán numerosas son Tus obras, Oh Señor. Con sabiduría las has hecho a todas ellas”. (Robert Boyle, Some Motives and Incentives to the Love of God, 1659, pags. 56-57)

Robert Boyle

Robert Boyle

Quizás debamos también detenernos en la figura de Francis Bacon (1561-1626), barón Verulam, vizconde de Saint Albans, filósofo, abogado, escritor y Canciller de Inglaterra. Estimuló el desarrollo de las ciencias y su filosofía incluía que la verdad no provenía de ninguna autoridad sino que el conocimiento era fruto de la experiencia acumulada.

Francis Bacon

Francis Bacon

Desarrolló el método experimental inductivo que permitió mejorar la formulación de hipótesis. En su utopía tecnológica la Nueva Atlántida propone como gobernantes a los científicos de la Casa de Salomón, una gran universidad donde se concentra todo el conocimiento. Allí los científicos son pocos, aunque hay muchos otros que colaboran en la recolección de datos. Para Bacon, únicamente ciertas mentes selectas pueden desentrañar los misterios del Mundo. La naturaleza se parece más a un laberinto o un acertijo y sólo algunos pueden comprender la clave. La imagen que utiliza para representar el avance científico es la del Sumo Sacerdote penetrando en el lugar santísimo.

René Descartes (1596-1650), el filósofo y matemático francés:

“Resolví no buscar otro conocimiento que el que podía encontrar dentro de mí, o tal vez en el gran libro de la naturaleza” (Descartes, Discurso del método. Meditaciones metafísicas. Madrid, Espasa Calpe, 1989)

Rene Descartes

Rene Descartes

William Penn (1644 – 1718), un prominente cuáquero y filósofo, fundador del experimento social que daría lugar a la colonia de Pensilvania:

“El mundo es ciertamente un grandísimo  y majestuoso volumen de las cosas naturales y tal vez sigue el diseño de los jeroglíficos de uno aún mayor. Pero, he aquí, ¡Cuán pocas de sus páginas damos vuelta!

“El campo es tanto el jardín del filósofo como su biblioteca, en la cual lee y contempla el poder, la sabiduría y la majestad de Dios.” (Some Fruits of Solitude, 1692)

William Penn

William Penn

Tampoco los poetas olvidaron la figura retórica de los dos libros, como lo muestran los siguientes versos de Thomas Traherne (1637-1674)

Mudez

Cada piedra y cada estrella una lengua,

Y en cada tempestad una curiosa canción del viento

Los Cielos, como oráculo hablaban divinidad:

La Tierra asumió el oficio de sacerdote; mientras yo sin habla

(nada más estaba mudo)  y todas las cosas traían

Voces e instrucciones.

Dios es puesto entre paréntesis

Si bien como comenta el ambientalista cristiano Dean Ohlman:

“Los científicos de generaciones pasadas no tenían problemas en estudiar los hechos cuantificables de la revelación general (naturaleza) al mismo tiempo que aceptaban la veracidad y autoridad de la revelación especial del Creador (las Escrituras). Muchos científicos y pensadores del pasado caminaron en la tradición de hombres como Moises, David y Juan el Bautista, quienes hallaron en la naturaleza y el desierto, un santuario donde los libros de las revelaciones especiales y generales de Dios hablaban en elocuente armonía”.

(http://wonderofcreation.org/resources/gods-two-books-nature-and-the-bible/#sthash.oNF8totN.dpuf)

La verdad es que la persecución de Galileo y otros investigadores del pasado trajo como consecuencia un fuerte sentimiento anticlerical entre muchos científicos y la colocación de Dios “entre paréntesis”. Quizás nada refleje mejor ese sentimiento generalizado que la anécdota de Laplace y Napoleón.

Pierre Simon Laplace (1749-1827), astrónomo, matemático y físico francés, presentaba su obra “Traité de Mécanique céleste” a Napoleón, quien había sido su alumno en la Escuela Militar. El gobernante, probablemente intentando incomodar a su antiguo profesor, le comentó: “Habéis escrito un libro sobre el sistema del Universo, sin haber mencionado ni una sola vez a su Creador”. A lo que el autor contestó: “No he necesitado esa hipótesis, Sire”.

Pierre-Simon, Marqués de Laplace

Pierre-Simon, Marqués de Laplace

Definitivamente, no sólo había cambiado la forma de leer el Libro, sino que comenzaba a dudarse del Autor, o al menos, de la interpretación tradicional de ese Autor. Muchos años antes, el famoso viajero Hernando de Magallanes, ya había sentenciado:

“La Iglesia dice que la Tierra es plana, pero yo sé que es redonda, porque he visto su sombra en la luna. Por eso tengo más fe en las sombras que en la Iglesia”.

Romanticismo

Se denomina Romanticismo a un movimiento cultural, con derivaciones en lo político, que se originó en Alemania a fines del siglo XVIII y se extendió a Inglaterra y el resto del mundo occidental en la primera mitad del siglo XIX. Consistió en una reacción revolucionaria contra las reglas estereotipadas del clasisismo, al mismo tiempo que una exaltación del individuo y la supremacía de los sentimientos por sobre la razón.

La visión romántica proponía la unidad del hombre y la naturaleza, la presencia de Dios en esa naturaleza y ciertos elementos de divinidad en el propio hombre. El movimiento tiene particular importancia en el tema que tratamos pues es en medio de su influencia que se produce la Restauración.

Estwick Evans (1787-1866) fue un abogado que realizó en 1818 una larga caminata de 4000 millas entre su hogar en New Hampshire y Detroit con ese espíritu de contacto con el territorio:

“Hay algo en el mismo nombre de naturaleza que hechiza al oído, y calma el espíritu… Hay religión en ella” (Estwick Evans (1818) Estwick Evans, A Pedestrious Tour of Four Thousand Miles through the Western States and Territories during the Winter and Spring of 1818 (1819), pag. 102.

Quizás nada representa tan bien la contemplación romántica del mundo natural como las pinturas de Caspar David Friedrich (1774-1840) en las que la figura humana (generalmente de espaldas) aparece disminuida y asombrada frente a las maravillas de la naturaleza.

Caspar David Friedrich - El caminante sobre la niebla.

Caspar David Friedrich – El caminante sobre la niebla.

Caspar David Friedrich - El caminante sobre la niebla

Caspar David Friedrich – Hombre y mujer observando la luna

 

Ralph Waldo Emerson, el filósofo y escritor trascendentalista contemporáneo de Joseph Smith, escribió en su diario:

“La naturaleza es un lenguaje y cada nuevo hecho que aprendemos es una nueva palabra; aunque visto correctamente y tomándolo en su conjunto no es meramente un lenguaje sino lenguaje colocado en el más significativo y universal de los libros” (Journals of Ralph Waldo Emerson (1820-1872), Houghton Mifflin, 1919, 3:227)

Ralph Waldo Emerson

Ralph Waldo Emerson

El vecino y amigo personal de Emerson, Henry D. Thoreau, se internó en Walden Pond para vivir aislado y en directo contacto con “el libro del mundo” durante 1846-1847 (la misma época en que los santos se preparaban para viajar hacia las Montañas Rocosas). Escribió:

“Tengo un cuarto sólo para mí; es la naturaleza” (Diario, 3 de Junio de 1853)

“¡Cuán importante es la constante relación con la naturaleza y la contemplación de los fenómenos naturales para preservar la salud moral e intelectual!” (Diario, 6 de Mayo 1851)

“El estudiante animoso estudiará siempre a los clásicos, en cualquier idioma en que estén escritos y por más antiguos que sean. Pues ¿qué son los clásicos sino los más nobles pensamientos del hombre registrados en libros?… Lo mismo podríamos omitir el estudio de la Naturaleza, porque es vieja…” (Walden o la vida en los bosques, Marymar Ediciones S.A., Buenos Aires, 1977, pag. 104-105)

“Así me parecía que esta ladera ilustraba el principio de todas las operaciones de la Naturaleza. El Hacedor de esta tierra no patentó más que una sola hoja. ¿Qué Champollion nos descifrará este jeroglífico, para que podamos al fin dar vuelta una nueva hoja?” (Walden o la vida en los bosques, Marymar Ediciones S.A., Buenos Aires, 1977, pag. 305)

Henry David Thoreau

Henry David Thoreau

 

Durante esta época se desarrolló la denominada teología natural, un consenso intelectual de que es posible leer ambos libros con mutuo beneficio. Si bien muchos estudiosos señalan el período como uno de creciente secularismo, también es cierto que el concepto de Diseño (y  por lo tanto de un Diseñador) está presente en la mayoría de los artistas románticos. Esto ha quedado más que claro en la obra de Colin Jager, The Book of God, Secularization and Design in the Romantic Era, cuyo argumento sostiene que lo complejo e intrincado de la naturaleza señala hacia un creador divino e inteligente cuyo libro debemos aprender a leer.

Los ejemplos al respecto son inagotables:

George B. Cheever (1807 – 1890)

Las Puertas de los Cielos

“El hombre que realmente puede, en unión viva de la mente y el corazón, conversar con Dios a través de la naturaleza, halla en las formas materiales que lo rodean una inacabable fuente de poder y felicidad, similar a la vida de los ángeles. La mayor gloria del hombre es vivir para Dios; y cuando esta grandiosa sensibilidad hacia El, y este poder de comunión con El, es llevado, como un hábito del alma, hacia las formas de la naturaleza, entonces los muros del mundo son los portales de los cielos.” (Citado en The Encylopedia of Religious Quotations, Pillar Books, Inc., New York, 1976)

Henry Wadsworth Longfellow (1807 – 1882)

Los Manuscritos de Dios (“The Fiftieth Birthday of Agassiz,” (extracto) May 28, 1857)

Y Natura, la vieja nodriza,

Al niño coloca en su regazo,

Diciendo: “Mi Padre te ha escrito

Este bello libro de cuentos.

Ven a maravillarte conmigo

A nunca recorrida región,

Leyendo lo jamás leído

En los ocultos textos de Dios”.

Henry W. Longfellow

Henry W. Longfellow

Tyrone Edwards (1809 – 1894)

“La naturaleza y la revelación son ambos libros de Dios; cada uno puede contener misterios, pero en ellos podemos hallar los asuntos sencillos y prácticos para nuestras diarias obligaciones.”

John Ruskin (1819 – 1900)

La Poesía de la Naturaleza

Hay religión en cada cosa que nos rodea,

Una religión calma y santa

En las cosas sin aliento de la naturaleza.

Es una influencia humilde y bendita,

Que, sigilosamente, toma desprevenido al corazón;

Llega rápidamente y sin alboroto;

Sin terror ni penumbras,

Sin despertar las pasiones;

Sin sentirse trabada por los credos…

 

Está escrita sobre el cielo abovedado,

Mira desde cada estrella,

Se encuentra en la nube pasajera y el viento invisible;

Entre los cerros y valles de la tierra

Donde los desnudos picos montañosos

Penetran la delgada atmósfera del invierno eterno,

O donde el bosque poderoso fluctua frente al vendaval,

Con sus oscuras olas de verde follaje;

Se dispersa como un lenguaje legible

Sobre la amplia faz de un océano insomne,

Es la poesía de la naturaleza,

Es aquello que eleva el espíritu en nuestro interior…

Y abre a nuestra imaginación

Un mundo de belleza espiritual y santidad.

Modern Painters

John Ruskin

John Ruskin

John Burroughs (1837 – 1921)

Releyendo el Libro de la Naturaleza
El libro de la naturaleza viva

Es diferente de otros libros en este aspecto:

Uno puede leerlo una y otra vez,

Y siempre hallar nuevos significados.

Es un libro que va a la imprenta cada noche,

Y aparece fresco cada mañana.

 

Las presentes reflexiones culminarán en la tercera y última parte de este artículo…

Debido a que esta serie es tanto la historia de una metáfora literaria como la del desarrollo de las ideas científicas, aparecerá excepcionalmente en el índice tanto bajo el título Arte y Religión – Literatura como bajo el de Ciencia y Religión.

REFERENCIAS:

Daniel C. Peterson, An Exhortation to study God’s Twoo “Books”, Interpreter: a journal of mormon scripture Nº 13 (2015), pag. XI

David R. Olson, El Mundo sobre el Papel, Editorial Gredisa, Barcelona, 1999, pags. 185-203

Italo Calvino, Por qué leer a los clásicos. Tusquet, Barcelona, 2005, pags. 91-97.

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