INSTRUCCIONES PARA CAMINAR SOBRE LAS AGUAS

ARTE Y RELIGION

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Instrucciones para caminar sobre las aguas

(Sobre la perícopa del ‘ambulabat super aqua’)

Cristo caminando sobre las aguas - Julius Sergius von Klever

Cristo caminando sobre las aguas – Julius Sergius von Klever

Por Mario R. Montani

El chiste se ha contado con diversas variantes, especialmente teniendo en cuenta el origen religioso del relator. La versión mormona es, más o menos, la siguiente:

Un rabino judío, un pastor protestante y un obispo mormón deciden pasar la tarde pescando juntos en el lago. Después de remar hasta llegar a cierta profundidad, preparan sus cañas

-¡Oh, olvidé mi carnada en el auto! – dice el pastor, y a continuación camina sobre las aguas y regresa totalmente seco con su lata de lombrices.

Transcurridos algunos momentos, el obispo mormón se golpea la cabeza:

-¡Dejé la cesta con la merienda en la orilla! – se baja del bote y camina sobre el lago un centenar de metros en busca del refrigerio y regresa del mismo modo.

El rabino los observa con asombro y un poco apabullado, por lo que decide tentar su suerte e inventa una excusa…

-Olvidé los anzuelos – dice. Y en cuanto pone un pie en el agua se hunde totalmente, por lo que continúa nadando hasta la orilla para secarse al sol.

-Debimos decirle dónde estaban las piedras – le dice el pastor al obispo mormón mientras ríe por lo bajo.

¿Cuáles piedras? – pregunta el obispo intrigado.

El líquido elemento

El agua como símbolo del inicio de la vida aparece en casi todas las tradiciones y literaturas ya que es el elemento que mejor representa las infinitas posibilidades de la creación. No es extraño, pues, que la mayor parte de las cosmogonías la incorporen.

“y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas…” (Génesis 1:2)

También el Corán establece su importancia

“Y es El (Allah) quien creó los cielos y la tierra en seis días, y su Trono estaba sobre las aguas” (Surat Hud 11:7)

“Hemos hecho de agua todo ser viviente” (Surat Al-Anbiyaa 21:30)

En la Taittiriya Samhita de los hindúes se lee:

“Antiguamente el universo era fluido, estaba formado por agua”.

Y el Pañchavimsha Bramana resalta:

“Estando maduras las aguas para la concepción, Vayu se movió sobre su superficie”.

Por lo tanto, el dominio sobre este líquido primordial se ha tomado en las más variadas leyendas y mitologías como símbolo de poder, realeza y divinidad.

Los relatos

Para la tradición griega y luego romana, el Dios del Mar (Poseidón o Neptuno) viajaba en su carro sobre la superficie oceánica. Algunos de sus hijos con madres humanas también heredaban su poder, por ejemplo, Orion “a quien se le otorgó como regalo poder caminar sobre el agua como si fuese tierra”.

 “Orión podía caminar sobre las aguas y poseía mayor fortaleza y estatura que cualquier mortal. Siendo un habilidoso herrero, edificó un palacio subterráneo para Vulcano” (Magee, James Edmund, Your Place in the Cosmos, Northfield, Il, Mosele & Associates, Inc, 1985, pag. 40).

El tema es recurrente en otras culturas:

“Yo (el Buda) puedo caminar sobre el agua como si fuera tierra firme” (Sumyuttanikaya)

“Indra se mantiene sobre las aguas por su propia voluntad”. (AtharvaVeda)

“Al conquistar la corriente llamada udana (aliento), el yogui no se hunde en el agua”. (yogui Pantañjali)

Con relación a la antigüedad de este motivo de la caminata sobre el agua, el Dr. Michael Lockwood, en la pag. 40 de su obra Buddhism’s Relation to Christianity, señala:

“En la India, los relatos sobre la habilidad paranormal de caminar sobre el agua son tan antiguos como el épico Mahabharata – muy anterior a la época de Buda”.

Historias similares existen sobre Krishna, Osiris, Horus, Mitra y su profeta Zoroastro ó Zaratustra

“Zarathustra, el deslumbrante, caminaba sobre las aguas como si anduvieses sobre un suave sendero. Ni una pulgada de sus pies se hundía en la azul superficie del agua cristalina.

El granjero no podía creerlo y se restregaba los ojos, descreído, mientras observaba una y otra vez, asombrado del milagro que le era dado presenciar.

Quién puede desentrañar Tus Poderes, Oh, Señor

Quién puede describir Tu Gloria

Una pluma se hunde en el agua

Mientras que Zarathustra camina sobre ella con facilidad

Lo imposible es hecho posible

Lo improbable, probable – todo por Tu Misericordia.”

(Porus Homi Havewala en The Saga of the Aryan race, vol. III pag. 59)

Jesus camina sobre el agua - Gustave Doré

Jesus camina sobre el agua – Gustave Doré

El barbado dios andino Viracocha (Kon Tiki para otros) surgido del Lago Titicaca, después del ministerio entre el pueblo, se alejó caminando sobre el Oceano Pacífico con la promesa de su retorno.

Los habitantes de la polinesia guardan su propia versión del “ambulabat super aqua”. De acuerdo al relato ancestral:

“Cuando Rongo apareció al pueblo de Tahiti durante la gran guerra entre los nativos y los migrantes hawaianos, Tohunga registro y grabó en Whakairo-Shiloh, que en la mañana de la gran batalla, un navío de inusual diseño entró en la Bahía de Tahiti. Sobre él había muchos hombres y la nave poseía muchas cubiertas y mástiles. De ese gran barco se desprendió uno más pequeño que sus navegantes condujeron hasta la playa. Cuando descendieron, vieron que también eran polinesios y los habitantes de Tahiti podían relacionarse con ellos.

Con estos extraños eventos teniendo lugar, la furia de la guerra cesó y la atención de la gente se centró en una figura solitaria que se mantenía de pie en el gran barco, y no era de ascendencia polinesia. Su apariencia refulgía como el sol, su cabello brillaba rojizo, pero no había navío que lo recibiese. Lo que ocurrió a continuación fue lo más grande que el pueblo de Polinesia hubiese visto. El hombre de piel blanca descendió sobre las aguas, y las aguas sostuvieron su peso, y caminó sobre la superficie del océano hasta tierra firme.

Entendiendo que estaban en la presencia de un ser sobrenatural, un Dios, los nativos lo vieron caminar entre ellos, sanando a sus enfermos y levantando a sus muertos…”

http://www.mythencyclopedia.com/Pa-Pr/Polynesian-Mythology.html#ixzz3JSVRO3fR

Podríamos agregar a la lista de caminantes acuáticos las figuras de reyes como Jerjes,  Alejandro, el Grande y algunos otros.

Ivan Aivasovsky (1888)

Ivan Aivasovsky (1888)

La perícopa neotestamentaria

La perícopa de la caminata sobre el agua es recogida por tres de los evangelistas del Nuevo Testamento. Por perícopa entendemos aquellos pasajes bíblicos que han adquirido notoriedad por su lectura. Del griego pericopé (corte), indican las unidades textuales que corresponden a tradiciones específicas sobre Jesús de Nazaret.

Después de alimentar a los cinco mil, el Salvador pide a los discípulos que se adelanten solos en la barca a Capernaúm, pues él deseaba ir al monte a orar (Marcos 6:46)

“Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas, porque el viento era contrario” (Mateo 14:4)

“Y se encrespaba el mar con un gran viento que soplaba” (Juan 6:18)

 “Y los vio fatigados, remando, porque el viento les era contrario; y cerca de la cuarta vigilia de la noche, vino a ellos caminando sobre el mar, y quería adelantárseles. Y viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron voces; porque todos le veían y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos y les dijo: ¡Tened buen ánimo; yo soy, no temáis!

Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos estaban asombrados en gran manera y se maravillaban. (Marcos 6:48-51)

El poder sobre los elementos, particularmente en una situación fuera del control humano, resalta la majestad de Jesucristo. No sólo calma a sus seguidores al mismo tiempo que el mar, sino que pronuncia ‘Yo soy’, el tetragrama sagrado que identifica a Jehová, el Creador y que Moisés aprendió en la zarza ardiente.

Cumple, además, con la profecía mesiánica del Salmo 89:9

“Tú tienes dominio sobre la braveza del mar; cuando se levantan sus olas, tú las calmas”.

¿Qué mayor testimonio podrían los apóstoles pedir?

Pero Mateo es el único que registra otra parte de la experiencia milagrosa:

 “Entonces le respondió Pedro y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendió Pedro de la barca y anduvo sobre las aguas para ir a Jesús. Mas al ver el viento fuerte, tuvo miedo y, comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!  Y al momento Jesús, extendiendo la mano, le sujetó y le dijo: ¡Oh hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14: 28-31)

Dejando de lado el inagotable tema de si Pedro tuvo o no la suficiente fe, reflexionemos junto al Elder Talmage:

“Aparte de la maravillosa circunstancia de su ocurrencia literal, el milagro abunda en simbolismo y significado. El hombre no puede declarar por medio de qué ley o principio se suspendió el efecto de la gravedad, a tal grado que un cuerpo humano pudo sostenerse sobre la superficie líquida. El fenómeno es una demostración concreta de la gran verdad de que la fe es un principio de poder mediante el cual se puede modificar y gobernar las fuerzas naturales. Cada vida humana adulta pasa por trances parecidos a la lucha contra los vientos contrarios y mares amenazantes que sostuvieron los viajeros azotados por la tempestad; a menudo la noche de angustias y peligros está sumamente avanzada  para cuando llega el socorro; y además, con demasiada frecuencia se confunde la ayuda salvadora con un terror más grande. Pero tal como fue con Pedro y sus compañeros atemorizados en medio de las aguas agitadas, así también, a todos los que se esfuerzan con fe, llega la voz del Salvador, diciendo: “Yo soy, no temáis”. (James E. Talmage, Jesus, el Cristo, pag. 356-357)

Pedro camina sobre el agua

Pedro camina sobre el agua

Algunas caminatas literarias

Desde antiguo la frase “caminar sobre el agua” ha sido también sinónimo de lo imposible o de una extrema arrogancia. Eso parece indicar el siguiente pasaje de Macabeos 5:21

 “Antíoco, después de llevarse del templo casi sesenta mil kilos de plata, volvió rápidamente a Antioquía, pensando, en medio de su orgullo y arrogancia, que podría hacer que los barcos navegaran por tierra y que los hombres caminaran por el mar”.

Según otros relatos, ciertos discípulos de Buda lograron el éxito total donde Pedro parece haber fracasado:

 “Al sur de Savatthi hay un gran río, sobre las riberas del cual se enclava una aldea de cerca de quinientas casas. Pensando en la salvación de la gente, el Muy Honrado resolvió ir a ese lugar y predicar la doctrina. Llegando a la orilla se sentó debajo de un árbol, y los aldeanos, viendo la gloria de su apariencia, se acercaron con reverencia; pero, cuando comenzó a predicar, no le creyeron.

Cuando el Muy Honrado Buda había dejado Savatthi, Saiputta (su discípulo) tuvo el deseo de ver a su Señor y escuchar su palabra. Al llegar al río cuyas aguas eran profundas y fuertes sus correntadas, se dijo a sí mismo: “Esta corriente no me detendrá. Iré y veré al Bendito”. Y caminó sobre las aguas, que eran tan firmes bajo sus pies como una plancha de granito. Cuando llegó a cierto lugar en medio del río, donde las olas eran altas, Sariputta se sintió desfallecer en su corazón, y comenzó a hundirse. Pero elevando su fe y renovando su esfuerzo mental, continuó como antes y alcanzó la otra orilla.

La gente de la aldea estaba asombrada al ver a Sariputta, y preguntaban cómo pudo cruzar el torrente donde no había puente ni barca. Sariputta respondió: “Vivía en ignorancia hasta que escuché la voz del Buda. Como estaba ansioso de escuchar la doctrina de salvación, crucé el río caminando sobre sus aguas turbulentas porque tuve fe. Nada más que la fe me habilitó para hacerlo, y ahora, heme aquí en la felicidad de la presencia del Maestro”.

El Muy Honrado agregó: “Bien has hablado, Sariputta. Una fe como la tuya puede salvar a los hombres del abismo y permitirles llegar a pie enjuto a la otra orilla”.

Y el Bendito instó a los aldeanos a conquistar las penas y a desechar los grilletes para cruzar el río de lo mundano y obtener la liberación de la muerte. Oyendo las palabras del Tathagata, los de la aldea se llenaron de gozo y creyeron las doctrinas del Bendito, atesorando las cinco reglas y buscando refugio en su nombre”. (“Buddha, The Gospel”, Paul Carus, Library of Alexandria)

Las historias a veces, en cambio, parecen contener cierta ironía y advertencia sobre el poder en el cual depositamos nuestra fe:

“Un discípulo fue a ver a su gurú a última hora de la tarde, y el gurú le dijo:

-Llegas tarde. ¿Por qué?

-Bueno – dijo el alumno -, sucede que vivo al otro lado del río, y el río está desbordado, por eso no podía llegar. No pude vadearlo como hago siempre, y no hay puentes, como usted sabe, y tampoco hay botes.

-Y bien – dijo el gurú -. ¿Cómo llegaste entonces?

-Bueno, pensé “Mi gurú es el vehículo de la luz. Es como si no hubiera nadie en su lugar, es sólo un transporte para la luz. Meditaré sobre mi gurú, me borraré a mi mismo como se ha borrado él, y caminaré sobre el agua”. Dije “Gurú, gurú, gurú”, y aquí estoy.

El gurú, por supuesto, pensó: “Qué extraordinario”. El alumno se fue pero el gurú no podía sacarse la historia de la cabeza. Al fin se dijo: “Bueno, voy a probar”, y bajó al río, y después de asegurarse de que nadie estaba espiando este curioso experimento, se puso en estado de meditación, y diciendo “Yo, yo, yo” caminó sobre el agua y se ahogó.  (Joseph Campbell, “Tu eres eso”, Emecé Editores S.A., Bs. Aires, 2002, Pag. 116-117)

Los tres Staretzi

Un hermoso cuento surgido de la pluma de Leon Tolstoi, denominado “Los Tres Staretzi” merece nuestra particular atención. No pudiendo transcribirlo totalmente por su extensión, me permitiré un resumen y algunas citas textuales:

El Arzobispo de Arkangelsk navega hacia el monasterio de Solovski. En el barco van varios peregrinos a adorar las sagradas reliquias que se guardan allí. El prelado escucha a un mujik (campesino ruso) relatar su encuentro en un islote cercano con tres ‘staretzi’ (hombres santos de avanzada edad). Son hombres de Dios. Uno de ellos es encorvado, pequeño y muy anciano, su barba blanca comienza a tomar un tinte verdoso y es risueño y apacible como un ángel. El segundo, un poco más alto, lleva una capa andrajosa y su barba gris tiene reflejos amarillos. Es muy vigoroso y siempre contento. El tercero, muy alto, posee una barba blanca como el plumaje de un cisne que le llega hasta las rodillas. Es melancólico y de seño fruncido. Hablaban muy poco, incluso entre ellos, pues les bastaba una mirada para entenderse.

El Arzobispo, movido por la curiosidad, convence al capitán del barco para que se desvíe un poco de su ruta y le permita bajar un bote para acercarse al islote.

(Vayamos al texto)

“Se sentó en un banco de popa y los marinos remaron en dirección del islote. Pronto llegaron a tiro de piedra. Se distinguía perfectamente a los tres staretzi: uno muy alto casi desnudo, salvo por un trozo de tela ceñido a la cintura y hecho de fibras entrelazadas; otro más bajo, con un capote harapiento, y por último el más viejo, encorvado y vestido con sotana. Estaban los tres tomados de la mano.

Llegó el bote a la orilla, saltó a tierra el arzobispo y bendiciendo a los staretzi, que se deshacían en reverencias, les habló así: -He sabido que trabajais aquí por la eterna salvación de vuestra alma, amados staretzi, y que rezáis a Cristo por el prójimo. Yo, indigno servidor del Altísimo, he sido llamado por su gracia para apacentar sus ovejas. Y puesto que servís al Señor, he querido visitaros para traeros la palabra divina.

Los staretzi callaron, se miraron y sonrieron.

-Decidme cómo servís a Dios -prosiguió el arzobispo.

El staretzi que estaba en el centro suspiró y miró al viejecito.

El staretzi más alto hizo un gesto de fastidio y también se volvió hacia el anciano.

Este sonrió y dijo: -Servidor de Dios, nosotros no podemos servir a nadie sino a nosotros mismos, ganando nuestro sustento.

-Pues entonces -dijo el arzobispo-, ¿cómo rezáis?

-Nuestra oración es ésta: “Tú eres tres, nosotros somos tres. Concédenos tu gracia”.

Y no bien el viejecillo pronunció estas palabras los tres staretzi alzaron la mirada al cielo y repitieron: -Tú eres tres, nosotros somos tres. Concédenos tu gracia.

Sonrió el arzobispo y dijo: -Evidentemente habéis oído hablar de la Santísima Trinidad, más no es así como se debe rezar. Os he tomado afecto, venerables staretzi, porque advierto que queréis complacer a Dios. Pero ignoráis cuál es la forma de servirlo. Esa no es la manera de rezar. Oídme, que yo os la enseñaré. Lo que os diré está en las Sagradas Escrituras de Dios, que dicen cómo debemos dirigirnos a El.

Y el arzobispo les explicó cómo Cristo se reveló a los hombres y les explicó el misterio de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Después agregó: -El Hijo de Dios descendió a la Tierra para salvar al género humano, y a todos nos enseñó a rezar. Atended y repetid conmigo -y el arzobispo empezó-: -Padre nuestro…

Y el primer staretzi repitió: -Padre nuestro…

Y el segundo dijo asimismo: -Padre nuestro…

Y el tercero: -Padre nuestro…

-Que estás en los Cielos… -prosiguió el arzobispo.

Y los staretzi repitieron: -Que estás en los Cielos…

Pero el que estaba en el medio se equivocaba y decía una palabra por otra; el más alto no podía seguir porque los bigotes le tapaban la boca, y el viejecito, que no tenía dientes, pronunciaba muy mal.

El arzobispo recomenzó la oración y los staretzi volvieron a repetirla. El prelado se sentó en una piedra y los staretzi hicieron círculo alrededor de él, mirándolo fijamente y repitiendo todo lo que decía.

Todo el día, hasta la llegada de la noche, el arzobispo luchó con ellos, repitiendo la misma palabra diez, veinte, cien veces, y tras él los staretzi se atascaban, él los corregía y vuelta a empezar.

 

Finalmente, uno de los tres logró recordarla completa y el religioso dio por terminada su tarea, pues los del barco se impacientaban. Se despidió de ellos con un beso y regresó a bordo.

Ya habiendo zarpado, continuaba escuchando la voz de los staretzi repitiendo la sagrada plegaria en la orilla.

Más tarde, mientras todos dormían, el arzobispo se sentó en la cubierta meditando sobre su experiencia de enseñar la palabra divina y con los ojos fijos en el horizonte donde había desaparecido el islote.

(Retornemos al texto)

“Esto pensaba el arzobispo, con la mirada fija en el mar, cuando vio algo que blanqueaba y fulguraba en la estela luminosa de la luna. Será una gaviota o una vela blanca. Miró con más atención, y se dijo: sin duda es una barca de vela que nos sigue. ¡Pero cuán veloz avanza! Hace un instante estaba lejos, muy lejos, y ahora ya está cerca. Además, no se parece a ninguna de las barcas que yo he visto, y esa vela tampoco parece una vela.

No obstante, aquello los sigue y el arzobispo no atina a descubrir qué es. ¿Un buque, un ave, un pez? También parece un hombre, pero es más grande que un hombre. Y, además, un hombre no podría caminar sobre el agua.

Se levantó el arzobispo y fue adonde estaba el piloto.

-¡Mira! -le dijo-. ¿Qué es eso?

Pero en ese instante advierte que son los staretzi que se deslizan sobre el mar y se acercan a la nave. Sus níveas barbas lanzan un intenso resplandor.

El piloto deja la barra y grita: -¡Señor, los staretzi nos persiguen sobre el mar, y corren por las olas como por el suelo!

Al oír estos gritos, los pasajeros se levantaron y lanzáronse hacia la borda. Entonces todos vieron a los staretzi que se deslizaban por el mar, tomados de la mano y que los de los extremos hacían señas de que el buque se detuviera.

Aún no habían tenido tiempo de detener la marcha, cuando los tres staretzi llegaron junto al barco, y levantando los ojos dijeron: -Servidor de Dios, ya no sabemos lo que nos enseñaste. Mientras lo repetíamos lo recordábamos, pero una hora después olvidamos una palabra, y no podemos recitar la plegaria. Enséñanosla otra vez.

El arzobispo se persignó y dijo inclinándose hacia los staretzi: -Vuestra oración llegará igualmente al Señor, santos staretzi. No soy yo quien debe enseñaros. ¡Rogad por nosotros, pobres pecadores!

Y el arzobispo los saludó con veneración. Los staretzi permanecieron un instante inmóviles, después se volvieron y se alejaron sobre el mar.

Y hasta el alba se vio un gran resplandor del lado por donde habían desaparecido.” (Leon Tolstoi, Los Tres Staretzi, Antología del Cuento Extraño Tomo I, Hachette, Bs. Aires, 1976, selección y traducción de Rodolfo J. Walsh, pag. 95-104)

 

Retrato de Leon Tolstoi (1887) por Ilya Repin

Retrato de Leon Tolstoi (1887) por Ilya Repin

Maravillosa parábola del enfrentamiento entre la libertad del espíritu y la rigidez de la fórmula, Tolstoi nos deja pensando…

Ya sea como imagen de lo imposible, como representación del azaroso camino de nuestra vida, o como ejercicio de la fe, los relatos de la caminata acuática con los detalles propios de las culturas y momentos históricos que los gestaron, contienen infinidad de enseñanzas explícitas y escondidas para cada uno de nosotros.

El intento de practicar los requisitos debería ser estimulante en sí mismo, aunque nos hundamos una y otra vez y una mano divina deba extenderse para atraparnos a último momento…

 

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