Contemplando la huella de Su mano (Ciencia Vs. Religión) Parte III

CIENCIA Y RELIGION

“Contemplando la huella de Su mano”

(Ciencia Vs. Religión)

Parte III

“Todas las religiones, artes y ciencias son ramas del mismo árbol. Todas sus aspiraciones están dirigidas a ennoblecer la vida del hombre, elevarlo de la esfera de la mera existencia física y conducir al individuo hacia la libertad”. Albert Einstein (Septiembre de 1940, introducción a la Conferencia sobre Ciencia, Filosofía y Religión en relación a un Estilo de Vida Democrático, en el Seminario Teológico Judío de Nueva York)

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Por Mario R. Montani

Casi todos poseemos un bagaje bastante subjetivo tanto sobre la ciencia como sobre la religión. Solemos pensar en hechos puntuales que nos han relacionado con ellas a lo largo de nuestra vida o en circunstancias históricas definidas sobre las que hemos tomado posición. Aún a los más encumbrados científicos teóricos o a los más reconocidos teólogos les cuesta escapar de estas limitaciones. Paul Kurtz dice:

“El analfabetismo científico se encuentra ampliamente extendido, aún en las clases educadas, y especialmente entre los políticos y los líderes industriales” (Can the sciences be unified? Skeptical Inquirer 22, Julio/Agosto 1984, pag. 4)

Cambios en la ciencia

La Ciencia, por su propia metodología, trabaja con hipótesis para explicar fenómenos naturales los que intentará confirmar mediante la observación y experimentación. Sus verdades son provisorias. La posibilidad de cambio y mejor comprensión ha estado siempre presente en la historia del desarrollo de las ciencias. Por ejemplo: las teorías de Albert Einstein lograron explicar y unificar conceptos que antes no eran entendidos. Algunas de sus propuestas se han confirmado experimentalmente en épocas muy recientes.

Para que una hipótesis pase a ser una teoría debe lograr explicar fenómenos que las teorías anteriores no lograban explicar, debe satisfacer el principio de correspondencia, es decir, incorporar partes existentes de la teoría que propone reemplazar y debe predecir fenómenos que puedan probarse empíricamente. Volviendo a Einstein, su teoría de la gravedad explicó una anomalía en la órbita de Mercurio y predijo la desviación de la luz de las estrellas que pasan cerca del Sol. También mostró que la Teoría de la gravedad de Newton, de la cual partió, era válida en un campo muy restringido.

Aún en ciencias tan abstractas y aparentemente estables como la matemática (por algunos considerada el lenguaje de las demás ciencias) los cambios son constantes. Philip J. Davis y Reuben Hersch explican en “The Mathematical Experience”, pag. 21, que se publican más de 200.000 nuevos teoremas matemáticos cada año:

“Si el número de teoremas es mayor que la posibilidad de uno de poder estudiarlos, ¿en quién confiar como juez para decidir cuáles son realmente importantes?… Raramente encontraremos a una persona que domine el trabajo reciente en más de dos o tres áreas de las matemáticas”.

Ivars Peterson en su interesante análisis “The Mathematical Tourist”, pag. 9:

“Las matemáticas también cambian y crecen, no sólo en el modo en que son aplicadas, sino en su estructura fundamental. Se introducen nuevas ideas, se descubren nuevas conexiones entre antiguas ideas. Observaciones casuales y conjeturas informadas se desarrollan en nuevos campos de investigación”.

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De modo que podríamos considerar a la ciencia como un intento permanente de acercamiento a la verdad pero que reconoce la posibilidad de que nuevos instrumentos teóricos o prácticos le permitan mayores acercamientos, sin que haya un punto final para tales indagaciones.

Cualquier científico aceptará que su campo de investigación está sujeto al cambio. Ve eso como una característica positiva de progreso y mayor comprensión. Cuando la religión se enfrenta a la ciencia en algún tema conflictivo, señala esa posibilidad de cambio como una debilidad argumentativa. Es decir, ya que está sujeta a la permanente modificación, llegará un momento en que las teorías concordarán con lo que la religión ya ha establecido por otras vías. En realidad, la mayoría de las veces, no se produce un cambio de paradigma en la ciencia sino una profundización en un sentido definido. Por ejemplo: nadie entiende hoy la Teoría de la Evolución exactamente como la propuso Darwin, sin embargo el esquema o andamiaje básico de Darwin ha sido confirmado una y otra vez con cada nuevo descubrimiento en las ciencias naturales.

Cambios en la religión

Debido a que las religiones tratan con verdades últimas y eternas se supone que son constantes y que no hay cambios en ellas. Sin embargo las percepciones humanas sobre esas verdades sí se modifican, lo cual es fácilmente demostrable.

No siendo un experto en la historia de los desarrollos espirituales de toda la civilización, me limitaré a la experiencia personal dentro de mi propia tradición religiosa. Por ejemplo, un tema constante de conflicto ha surgido por la interpretación literal de ciertos pasajes de la Biblia. Escuchemos a Joseph Fielding Smith, uno de los líderes más ortodoxos de la Iglesia de las últimas décadas, Profeta, e inquieto investigador:

“Aun los más sinceros creyentes de la Biblia, se dan cuenta de que, como muchos otros libros, está repleta de metáforas, símiles, alegorías y parábolas, que ninguna persona inteligentes puede ser compelida a aceptar en un sentido literal…

El Señor no ha quitado el poder de razonar de aquellos que creen en su palabra. El espera que todo hombre que toma su “yugo” sobre sí tenga el suficiente sentido común como para aceptar una figura retórica en su marco apropiado, y que pueda entender que las santas escrituras están llenas de historias alegóricas, parábolas que edifican la fe, y lenguaje artístico…

¿Dónde existe un escrito que pretenda ser tomado en todas sus partes de modo literal? Tal escrito sería insípido y por lo tanto carente de atractivo natural. Esperar que un creyente en la Biblia tome una actitud de este tipo y crea que todo lo escrito es una rendición literal es un pensamiento estúpido. Ninguna persona en el uso de sus facultades contempla a la Biblia bajo dicha luz” (Joseph Fielding Smith, Doctrines of Salvation, Bookcraft, 1956, vol.3, pag. 188)

Si esos pasajes son válidos para la Biblia, ¿será posible hacerlos extensivos a nuestros otros Libros Canónicos? ¿Nos atreveremos algún día a considerar que puede haber cierto “lenguaje artístico” e “historias alegóricas” en el Libro de Mormón? ¿O que es “estúpido” pensar en la “rendición literal” de la Perla de Gran Precio? ¿Serán ciertos pasajes de la Doctrina y Convenios pasibles de una interpretación metafórica, simbólica, o para edificar la fe?

Tomemos algunos ejemplos. DyC. 77:6:

P – ¿Qué hemos de entender por el libro que Juan vio, sellado por fuera con siete sellos?

R – Que contiene la voluntad, los misterios y las obras revelados de Dios; las cosas ocultas de su administración concernientes a esta tierra durante los siete mil años de su permanencia, o sea, su duración temporal.

Los miembros de los primeros 50 años de la Restauración entendieron que eso significaba que los últimos días eran inmediatos y que antes del año 2000 daría comienzo el Milenio. Hoy no lo entendemos así. La escritura no cambió, nuestra percepción de ella sí. De hecho, una mayoría de miembros de aquella época creía literalmente la referencia de DyC 130:15 y que la venida del Hijo del Hombre sería alrededor de 1890 o 1891.

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Por 80 años los santos interpretaron “el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio” de DyC. 132 como una referencia a las uniones plurales. Hoy a nadie se le ocurriría darle ese sentido. Nuevamente, la escritura no cambió. Sí lo ha hecho nuestra comprensión de ella.

Si aceptamos que nuestra interpretación de textos canónicos ha cambiado, deberemos dejar la puerta abierta para creer que puede volver a cambiar en base a nuevo conocimiento o nueva percepción de las cosas. Lo que creemos sobre ciertas cosas puede cambiar. La religión puede cambiar y, en efecto, aunque nos cueste aceptarlo, ha estado cambiado.

El equilibrio

“La fe y la razón son como dos alas sobre las que el espíritu humano se eleva para la contemplación de la verdad; y Dios ha colocado en el corazón humano el deseo de conocer la verdad – en otras palabras, de conocerse a sí mismo – de modo que al conocer y amar a Dios, los hombres y mujeres pueden llegar a la plenitud de la verdad sobre ellos mismos” (Juan Pablo II)

“La ciencia sin religión está lisiada; la religión sin ciencia es ciega” Albert Einstein

Creo que es más que posible rastrear en nuestra tradición las opiniones de líderes de la Iglesia que traen equilibrio al tema y nos permiten alejarnos de la ola de antiintelectualismo:

“Si en un día de reposo, cuando estamos reunidos para adorar al Señor, uno de los Elderes se viese movido a darnos un sermón sobre cualquier rama de la educación con la que estuviese familiarizado ¿sería inaceptable para nuestra religión? O si un Elder nos diese una conferencia sobre astronomía, química o geología, nuestra religión las abarca a todas. No importa cuál sea el tema, si tiende a mejorar la mente, exaltar los sentimientos y aumentar nuestra capacidad. La verdad que existe en todas las artes y ciencias forma parte de nuestra religión. La fe no es mayor parte de ella que cualquier otro principio verdadero de la filosofía”. (Brigham Young, JD Vol. 1, pags. 334-335)

Qué diferentes suenan las palabras de Boyd K. Packer pronunciadas el 30 de Octubre de 1988 en la Universidad de Brigham Young:

“Los así llamados intelectuales que se apoyan en el método científico como un modo siempre legítimo de búsqueda de conocimiento no se dan cuenta de que la fe debe ser precedente a lo empírico, sin importar cuán voluminosos o convincentes puedan ser los datos en que se apoyan”

 

El equilibrio parece retornar una década más tarde con el Presidente Hinckley:

“En un sentido general, este ha sido el mejor de los siglos. Nunca ha existido algo similar en la prolongada historia de la tierra. La expectativa de vida del hombre se ha extendido más de 25 años. Piensen sobre eso. Es un milagro. Los frutos de la ciencia se han manifestado por doquier. En general, vivimos más, vivimos mejor. Es una era de mayor comprensión y conocimiento. Vivimos en un mundo de gran diversidad. A medida que aprendemos más sobre otros, nuestra apreciación aumenta. Esta ha sido una época de iluminación. Los milagros de la medicina moderna, de los viajes, de la comunicación, casi superan nuestra capacidad de creerlos. Todo esto nos ha abierto nuevas oportunidades que debemos tomar y utilizar para el avance de la obra del Señor.” [Gordon B. Hinckley, LDS Conference Reports, Abril de 1999].

Ya mucho antes, Ezra Taft Benson había declarado que los miembros de la Iglesia…

“no temen que el descubrimiento de nuevas verdades entren en conflicto con algún principio fundamental defendido por el Evangelio… Cualquier nueva verdad, ya sea descubierta en el laboratorio, por la investigación del científico o revelada de los cielos a través de los profetas de Dios”. (Ezra Taft Benson, Conference Report, Abril de 1958, pag. 60)

También los científicos mormones se sumaron, particularmente Henry J. Eyring, laureado químico teórico y padre de la Autoridad General que lleva su mismo nombre.

“No hay nada por lo que preocuparse con respecto a ciencia y religión, ya que las contradicciones están sólo en nuestras mente. Por supuesto que existen, pero no están en la mente del Señor pues El hizo todas las cosas, por lo que hay un modo, si somos lo suficientemente inteligentes, de comprenderlas de manera que no haya contradicciones”.

“Dado que el Evangelio incluye toda verdad, jamás puede existir una genuina contradicción entre la verdadera ciencia y la verdadera religión. Estoy obligado, como Santo de los Ultimos Días, a creer toda verdad, sin importar la fuente de donde proviene” (Henry Eyring, Faith of a Scientist, pag. 12, 31)

En 2009, la Yale University Press editó una obra con el sugestivo título de “El Debate entre Ciencia y Religión: ¿Por qué continúa?”, en la cual investigadores mormones de diferentes campos del saber dan su opinión:

Ronald Numbers, historiador:

“A pesar de las muchas controversias entre ciencia y religión sería engañoso describir esa relación como una guerra. Los conflictos más intensos que hemos observado a menudo enfrentan a cristiano con cristiano, científico contra científico y escéptico con escéptico. Con el paso de los años, al menos en los Estados Unidos, la mayoría de los científicos han permanecido siendo teistas de un tipo u otro, y las organizaciones religiosas han apoyado más frecuentemente la ciencia de lo que la han inhibido”.

Lawrance M. Krauss, físico:

“La ciencia no es la enemiga. Pero tampoco la fe lo es. La enemiga es la ignorancia. La ignorancia engendra el temor, y el temor es la fuente de muchos conflictos, incluyendo las escaramuzas entre la ciencia y la religión…”

Kenneth Miller, biólogo:

“La ciencia, sin duda, presenta genuinos desafíos para la religión, pero también le brinda una extraordinaria oportunidad  de informar e iluminar la visión científica de nuestra existencia”.

Alvin Plantinga, filósofo:

“Es muy importante discernir que la ciencia, por sí misma, no apoya o estimula el secularismo científico o la visión cientificista del mundo. La ciencia es una cosa. La declaración de que es suficiente es otra totalmente distinta. No le corresponde a la ciencia hacer tal declaración… Hay científicos que afirman eso, pero hay muchos otros que lo rechazan. Uno puede ser totalmente entusiasta con relación a la ciencia… sin pensar que es suficiente. De hecho, esa es la actitud sensible hacia la ciencia desde una perspectiva cristiana”.

Robert Wuthnow, sociólogo:

“El valor de tal diálogo (entre científicos y teólogos) no yace en erradicar los terrenos históricos en los cuales se pelearon las batallas entre religión y ciencia sino en delinear cuidadosamente lo que cada uno tiene para ofrecer y el modo en que puede influir en el otro.”

Personalmente, creo que debemos retornar a la posición tradicional que la Iglesia tuvo con respecto a la ciencia. Me gusta mucho más lo declarado hace 170 años que algunas opiniones de recientes Conferencias Generales.

“Los santos, siendo de intelectos escogidos, seleccionados de entre la gran masa de la humanidad, con mentes libres e independientes, determinados a pensar y saber por sí mismos, están bien situados para una atenta observación de los fenómenos y leyes de la naturaleza… para descubrir y demostrar nuevas verdades… si el mundo en confusión y bajo esclavitud mental ha hecho valorables aportes, ¿Qué no podrán entonces hacer los santos?” Times and Seasons, Tomo IV, pags. 46-47 (1842)

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