“Contemplando la huella de Su mano” (Ciencia Vs. Religión) Parte I

CIENCIA Y RELIGION

“Contemplando la huella de Su mano”

(Ciencia Vs. Religión)

Parte I

“Hace tan solo medio siglo, un conferencista cristiano, desconfiando de los hombres de ciencia, les dijo: ‘Deténgase finalmente, o terminarán excavando hasta el infierno’. Hoy, caballeros,  seguros de la firmeza de nuestra inamovible fe, decimos: “caven y vuelvan a cavar; cuanto más abajo lleguen, más cerca estarán del gran misterio de la impotencia del hombre frente a la verdad de la religión. De modo que caven, caven siempre: y cuando la ciencia haya dado el martillazo final en las entrañas de la tierra, estarán en condiciones de iluminar con un estallido de luz, leer además la mente de Dios y contemplar la huella de Su mano’”. (Monseñor Louis Rendu, Obispo de Annecy, Savoya, presidiendo la sesión final de la Sociedad Geológica de Francia en Chambery, Savoya, el 27 de Agosto de 1844 – Bulletin de la Societe Geologique de France, 1843-1844, Tomo 1, pag. 857)

1200

Por Mario R. Montani

La mayoría de nosotros piensa que el conflicto entre ciencia y religión forma parte del pasado. Que culminó con los juicios católicos a Galileo o con los de la intransigencia protestante a los profesores que enseñaban la ley de la evolución, en Tennessee, allá por 1925. Lamentablemente no es así…

Malala Yousafzai, la jovencita paquistaní que recibió varios disparos de un comando talibán por desear ir a la escuela en 2012, declaró recientemente en Inglaterra sobre la situación de la sociedad de donde proviene:

“Los niños aprenden el Corán de memoria, meciéndose hacia delante y atrás mientras recitan. Se les enseña que no hay tal cosa como ciencia o literatura, que los dinosaurios jamás existieron y que el hombre nunca llegó a la luna” (I am Malala: The Girl Who Stood Up for Education and Was Shot by the Taliban)

¿Hemos superado totalmente el conflicto en nuestras propias sociedades? ¿Cómo se posiciona el evangelio restaurado frente a estas cuestiones?

A comienzos de 1831, menos de un año después de que se organizara la Iglesia, el pensador norteamericano Ralph Waldo Emerson reflexionaba:

“La religión que tiene miedo de la ciencia deshonra a Dios y comete suicidio. Reconoce que no puede igualar al total de la verdad; que legisla y tiraniza sólo sobre una aldea del imperio de Dios pero no en la inmutable ley universal” Ralph Waldo Emerson (4 marzo 1831) The Journals an Miscellaneous Notebooks of Ralph Waldo Emerson, Vol. III, pag. 239

Siglo XIX

Veamos lo que opinaban los líderes mormones en las décadas posteriores a la Restauración. Las citas se han organizado cronológicamente.

“El mormonismo es verdad, y todo hombre que lo acepta se siente en libertad de aceptar toda verdad; por consiguiente, al instante caen de su cuello las cadenas de superstición, de intolerancia, de ignorancia y de superchería sacerdotal; sus ojos se abren para ver la verdad y ésta prevalece sobre la superchería sacerdotal…” (Joseph Smith, Jr, 1839 – Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, José Smith, pag. 278)

“La ciencia verdadera consiste en el descubrimiento de las leyes secretas, inmutables y eternas, por las cuales es gobernado el universo; y cuando se aplican de modo práctico ponen en movimiento los poderosos engranajes de útiles mecanismos, con toda la variedad de maquinarias que el genio ha inventado, o el arte diseñado. Mejora la condición del hombre, al extender los medios de la felicidad intelectual, moral, social y doméstica” (John Taylor, Times and Seasons, Vol. 4, pag. 46, 15 de Diciembre 1842)

 “El estudio de la ciencia es el estudio de algo eterno. Si estudiamos astronomía, estudiamos las obras de Dios. Si estudiamos química, geología, óptica, o cualquier otra rama de la ciencia, cada nueva verdad de la que tomamos conocimiento es eterna; es una parte del gran sistema universal de verdad. Es verdad que existe a lo largo de toda la naturaleza universal; y Dios es quien otorga todas las verdades” (Orson Pratt, Journal of Discourses, Vol 7, pag. 157, 12 de Febrero 1860)

“¡Qué felices si pudiésemos comprender cada principio que pertenece a la ciencia y al arte, y llegásemos a tener un profundo conocimiento de cada intrincada operación de la naturaleza, y de las transformaciones químicas que ocurren constantemente a nuestro derredor! ¡Qué delicioso sería eso, y que territorio ilimitado de verdad y poder se abre ante nosotros para explorar!” (Brigham Young, Journal of Discourses, vol. 9, pag. 168, 26 de Enero 1862)

“Cada descubrimiento en las ciencias y las artes, que es verdadero y útil a la humanidad, ha sido dado por revelación directa de Dios, aunque sólo pocos reconocen esto. Ha sido otorgado con el propósito de preparar la senda para el triunfo final de la verdad, y la redención de la tierra del poder del pecado y Satanás. Deberíamos aprovechar todos estos grandes descubrimientos, la sabiduría acumulada de todas las épocas, y brindar a nuestros hijos el beneficio de cada rama de conocimiento útil, preparándolos para avanzar y hacer su parte eficientemente en la gran obra” (Brigahm Young, Journal of Discourses, Vol. 9, pag. 369, 31 de Agosto 1862)

“La ciencia revela la belleza y armonía del mundo material; nos devela diez mil misterios del reino de la naturaleza, y nos muestra que todas las formas de vida, a través del fuego y formas análogas de descomposición, retornan nuevamente a su seno. Desentraña para nosotros los misterios de las nubes y las lluvias, del rocío y la helada, del crecimiento y la decadencia, y revela la operación de aquellas fuerzas irresistibles y silenciosas que dan vitalidad al mundo. Nos revela las maravillosas operaciones de  orbes distantes, y su relación con las fuerzas de la naturaleza. También nos revela otro gran principio, que las leyes de la naturaleza son inmutables e inalterables como todas las obras de Dios” (John Taylor, Journal of Discourses, Vol. 13, pag. 224, 6 de Mayo 1870)

“Es difícil lograr que la gente crea en Dios como un personaje científico, que El vive por la ciencia, o estricta ley, que por ella El es, y por la ley El fue hecho lo que es; y que permanecerá por toda la eternidad por su fiel adherencia a la ley. Es muy dificultoso que la gente crea que toda arte y ciencia, y toda sabiduría, provienen de El y que El es su Autor”. (Brigham Young, Journal of Discourses, vol. 13, pag. 302, 13 de Noviembre 1870)

Para los líderes del período temprano, era obvio que la ciencia formaba parte del evangelio, que los descubrimientos científicos provenían de una forma de revelación o inspiración divina. Más aún, que el propio Dios era un gran científico. Que la tecnología, hermana menor de la ciencia, traería sólo felicidad a la raza humana. Quizás formaba parte de las creencias de la época. Jules Verne podría ser el autor paradigmático de esa corriente: las invenciones servían para mejorar y hacer más cómoda, indefinidamente, nuestra vida.

“En estos aspectos, diferimos del mundo cristiano, pues nuestra religión no confrontará o contradecirá los hechos de la ciencia en ningún asunto. Podemos tomar a la geología, por ejemplo, y hallaremos que es una ciencia verdadera; no diré que todas las conclusiones y deducciones de sus profesores son verdad, pero sus principios conductores, lo son; son hechos – son eternos; y asegurar que el Señor hizo esta tierra de la nada es absurdo e imposible. Dios jamás hizo algo de la nada; no forma parte de la economía o ley por la que los mundos fueron, son o serán. Hay una eternidad ante nosotros, y está llena de materia; y, si tan sólo entendiésemos algo del Señor y sus caminos, diríamos que tomó esta materia y organizó la tierra con ella. Cuánto tiempo ha estado organizada no me corresponde decirlo, y en realidad no me importa. Con respecto al relato bíblico de la creación podríamos decir que el Señor se lo dio a Moisés, o más bien que Moisés obtuvo la historia y tradiciones de los antepasados, y de allí escogió lo que consideró necesario, y ese relato fue pasando de época en época, y lo poseemos, sin importar si es correcto o no,  si el Señor encontró la tierra desolada y vacía, o si la hizo de la nada o de la materia bruta, o si la hizo en seis días o en varios millones de años, son asuntos que permanecerán como especulación en la mente de los hombres a menos que El brinde una revelación al respecto. Si entendiésemos el proceso de creación no habría ningún misterio, sería todo razonable y simple, porque no hay misterio salvo para el ignorante” (Brigham Young, Journal of Discourses, vol. 14, pag. 116, 14 de Mayo 1871)

“Nuestra religión incluye a la química, abarca todo el conocimiento del geólogo, y va un poco más allá que sus sistemas de argumentación, pues el Señor todopoderoso, su autor, es el mayor químico que existe” (Brigham Young, Journal of  Discourses, Vol. 15, pag. 127, 11 de Agosto 1872)

“La ciencia de la geografía se extenderá a millones de mundos, y abarcará el conocimiento de sus rasgos físicos y límites, sus recursos, minerales y vegetales; sus ríos, lagos, mares, continentes e islas; los logros de sus habitantes en las ciencias de gobernar, su progreso en la religión revelada; sus empleos, vestimentas, modos, costumbres, etc. La ciencia de la astronomía también se acrecentará en proporción a los medios de conocimiento. ¡Un sistema tras otro se levantará para ser observado en el vasto campo de la investigación y las exploraciones! Vastísimos sistemas de soles y sus mundos acompañantes, los cuales los ojos de la raza de Adán, en su rudimentaria esfera, jamás han contemplado, entonces serán vistos, circunscriptos, pesados en la balanza del pensamiento humano, sus circunferencias y diámetros determinados, sus distancias relativas comprendidas.  Sus movimientos y revoluciones, sus tiempos y leyes, sus horas, días, semanas, sábados, meses, años, jubileos, siglos, milenios y eternidades, serán contados en los volúmenes de la ciencia”. (Parley P. Pratt, Key to the Science of Theology, 1891, pags. 161-162)

“La urgente necesidad de nuestra época es un sistema religioso que pueda reconocer al mismo tiempo las verdades demostradas por la ciencia y las doctrinas halladas en las páginas de los escritos sagrados, y pueda mostrar que existe una perfecta armonía entre las obras y las palabras del Creador; una religión que llegue tanto a la mente como al corazón – es decir, que satisfaga tanto al intelecto como a la conciencia” Millenial Star, V. 60 pag. 761, 1 Diciembre 1898.

70-м_антенна_П-2500_(РТ-70)

Brigham Young no vislumbra contradicción posible entre la ciencia y la verdadera religión y Parley P. Pratt, en su inagotable explosión de romanticismo, amplía nuestra visión hacia una ciencia interplanetaria. Es notable también que la ciencia suela ser mencionada casi siempre en compañía del arte. Johann W. Goethe, el gran escritor alemán decimonónico, las une en esta reflexiva pero irónica frase:

“Quien posee la ciencia y el arte posee también religión. Aquel que no tiene ninguna de ellas, más le vale que posea una religión” (Johann W. Goethe – Goethes Werke 1948-1952, Vol 1, pag. 367)

Siglo XX

“También creo que con la inundación de conocimiento que concierne a estas cosas altamente espirituales, ha venido al mundo, casi imperceptiblemente, un  difuso espíritu de inteligencia, pero más brillante de lo que jamás se había conocido; como rayos colaterales que surgen a derecha e izquierda de la más directa luz de las revelaciones de Dios que introdujeron la gran obra de los últimos días. Por medio de esos rayos colaterales de luz los hombres han sido guiados a esos grandes descubrimientos en las artes y ciencias y en la mecánica, lo que convierte a nuestra maravillosa época en una de progreso e iluminación” (B.H. Roberts, LDS Conference Report, Oct 1903, pag. 73)

 “La verdad es verdad para siempre. La verdad científica no puede ser una mentira teológica. Para una mente sana, la teología y la filosofía deben armonizar. Poseen el terreno común de la verdad para encontrarse” (John A. Widtsoe, Joseph Smith as Scientist (1908), Bookraft, 1964, pag. 156)

 “Por el otro lado, limitar e insistir en que toda vida y muerte ocurrió luego del advenimiento de Adán a la tierra, hace unos seis u ocho mil años atrás, como algunos proponen, es huir de los hechos indisputablemente traídos a la luz por los investigadores de la ciencia en los tiempos modernos, y ello logrado por hombres del más alto calibre en el mundo intelectual y moral, no por hombres inferiores, o de temperamento sensual y diabólico, sino hombres que deben ser contados entre los más nobles y dispuestos a sacrificarse de todos los hijos del hombre – del tipo de donde provienen los más nobles hijos de Dios, ya que “la gloria de Dios es la inteligencia” (DyC. 93:36); y esa es también la gloria del hombre. Estos buscadores de la verdad son de esa clase. Prestar atención y otorgarle una razonable credibilidad a sus investigaciones y descubrimientos es ligar la iglesia de Dios con el más alto incremento en el pensamiento y esfuerzo humano. De este lado yace el desarrollo, en el otro, la contracción. Es en el primer lado que los trabajos de investigación se están llevando a cabo y continuarán avanzando, las futuras investigaciones y descubrimientos continuarán en ese lado, nada los retrasará, mientras que nada se desarrollará del otro lado. Uno conduce al estrecho sectarismo, el otro mantiene el espíritu abierto hacia un movimiento mundial con el cual comenzó nuestra Nueva Dispensación. Entre ellos ¿cuál debe ser nuestra elección?” (B.H.Roberts, The Truth, the Way, the Life, escrito en 1931, publicado en 1994 por Smit Research Associates, Salt Lake City, pag. 364)

 “La ciencia, dominada por el espíritu de la religión es la llave del progreso y la esperanza del futuro…” David O. McKay, Conference Report, abril 1968, pag. 92)

95592

James E. Talmage emigró de Inglaterra siendo muy joven. Estudió en la Academia Brigham Young bajo la tutela de Karl Maeser, quien había elevado el estudio de la ciencia al mismo grado de reverencia que la religión. Después de graduarse en química y geología en las universidades de Lehigh y Johns Hopkins, regresó a Utah para ocupar la cátedra de Geología en la Universidad de Utah, llegando a ser Presidente de dicha Universidad y luego miembro del Quorum de los Doce. Publicó Jesús, el Cristo y continuó siendo miembro de las más importantes sociedades científicas de la época. No tenía la menor tolerancia por los prejuicios contra la ciencia y apoyaba una investigación racional y mentalmente abierta para el conocimiento sobre la naturaleza del cosmos.

“La Iglesia, custodio del evangelio sobre la tierra, ve favorablemente los intentos del hombre de investigar los hechos y las leyes de la naturaleza. Cree que los hombres de ciencia, buscadores de la verdad, son a menudo asistidos por el Espíritu del Señor en tales investigaciones. Más aún, sostiene que cada descubrimiento científico puede incorporarse al evangelio, y que, por tanto, no puede haber conflicto entre la verdadera religión y la ciencia correcta. La Iglesia enseña que las leyes de la naturaleza no son otra cosa que las inmutables leyes del Creador del universo” (John A. Widtsoe, Evidences and Reconciliations, Bookcraft, 1960, pg. 139)

“Qué fuerzas operaron, o qué proceso fue utilizado para organizar los “elementos” y formar la tierra no es conocido. Los Santos de los Ultimos Días se inclinan a mantener que las fuerzas que nos rodean, conocidas en parte mediante la experiencia humana común, se emplearon para la creación de la tierra. El progreso de la ciencia aún nos dará mayor luz sobre ese origen. (John A. Widtsoe, Evidences and Reconciliations, Bookcraft, 1960, pg. 150)

Al reconocer nuestro universo como uno de leyes, órden e inteligencia, la ciencia ha apartado el temor de los corazones humanos. La inteligencia actúa de modo inteligente. Debemos confiar en que la inteligencia que está a la cabeza de todas las cosas actuará de manera inteligente… El antiguo horror, llamado miedo, que por tanto tiempo ha distraído a los hombres, se desvanece. La superstición disminuye. El hombre comienza a comprender mejor el amor de Dios y sus ofrendas de bondad. De ese modo la ciencia ha contribuido con la fe religiosa. (John A. Widtsoe, Evidences and Reconciliations, Bookcraft, 1960, pg. 171)

El Elder Widtsoe, un científico él mismo, no encuentra impedimento para reconciliar ambas posiciones, y B. H. Roberts plantea una idea en la cual yo también creo: que el haz principal de luz religiosa que inauguró la Restauración vino acompañado de reflejos adicionales en las artes y las ciencias…

(Continuará)

2 comentarios el ““Contemplando la huella de Su mano” (Ciencia Vs. Religión) Parte I

  1. Wul dice:

    Excelente artículo. Muy interesante

  2. Nilda Ferrari dice:

    Maravilloso. Verdad absoluta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s