“Serán recompensadas con ricas porciones…” Sexta Parte (Final)

DOCTRINA

     Feminismo

 

“Serán recompensadas con ricas porciones…” 

Sexta Parte (Final)

Por Mario R. Montani

 

Creo que hemos dedicado un buen tiempo a analizar algunos reclamos de las hermanas de nuestra Iglesia y sus motivos. Quisiera tocar un último y delicado tema por el cual algunas mujeres mormonas se han sentido discriminadas y luego pasar a detallar las recientes respuestas de la institución a la situación general.

No existe para un Santo de los Ultimos Días un ámbito más sagrado que el del Templo, ni ordenanzas más trascendentes que las que se llevan a cabo dentro de sus muros. Justamente por ello, algunas de las inequidades históricas relacionadas con dichas ordenanzas han sido particularmente dolorosas.

La Iglesia no favorece ni aconseja el divorcio pero lo acepta bajo ciertas circunstancias. Ambas posiciones me parecen bien. Permite tanto el divorcio civil (la disolución legal de un matrimonio civil) como la anulación de un sellamiento en el Templo (la cancelación de la ordenanza eterna y la liberación para un futuro nuevo sellamiento)

Por la mayor parte de la historia de la Iglesia una mujer podía ser sellada únicamente a un hombre. Podría considerarse como salvedad lo ocurrido durante los primeros 40 años de esa historia, cuando docenas de mujeres fueron selladas por la eternidad a más de un líder prominente en forma sucesiva, incluyendo algunas con matrimonios civiles vigentes con miembros o no miembros.

Para obtener una cancelación (mal llamada “divorcio del Templo”) una mujer debía obtener el permiso escrito de la Primera Presidencia, la autorización de su anterior esposo y estar en la condición de que un nuevo hombre desease sellarse con ella. Si no, dicha cancelación no prosperaría. En esas circunstancias, las únicas opciones disponibles eran un divorcio civil y un nuevo matrimonio civil. Las razones doctrinales esgrimidas eran que, para obtener la salvación, la mujer necesitaba estar “bajo el paraguas protector” de un sellamiento a un hombre.

Los trámites burocráticos eran lentos, penosos, y, en muchas ocasiones, no se llegaban a realizar. Una mujer divorciada al descubrir que su esposo era gay necesitó más de tres años de intenso trabajo y papeleo para obtener la cancelación y volver a sellarse en el Templo.

Los casos de los hombres eran manejados de modo bastante distinto. Un hombre viudo o divorciado no necesitaba cancelación del sellamiento ni autorización de su ex pareja para proceder con una nueva unión eterna. Por más que se esgrimiesen argumentos aparentemente teológicos, la inequidad era bastante manifiesta. Esta situación duró por los primeros 170 años de nuestra historia hasta que en Enero de 1999 fue modificada.

Para tomar el pulso de lo que ocurría en los años previos (sobre los que jamás leeremos mucho en material oficial de la Iglesia) permítaseme compartir un artículo periodístico de Febrero de 1999 por Andrea Moore Emmett, (“Only for Eternity,”  1/02/99 en http://weeklywire.com/)

Antes de pasar a analizarlo, dos pequeñas aclaraciones. Primera: Creo que es muy informativo leer y escuchar lo que otros piensan y observan sobre nosotros. Las opiniones externas no siempre son mal intencionadas ni “anti-mormonas” y, en ocasiones, nos revelan aspectos que, al estar inmersos en una cultura e ideología definidas, no podemos ver. Segunda: El motivo del artículo se originó en la entrevista de Larry King al Presidente Hinckley en la cual, al preguntársele si la Iglesia continuaba practicando la poligamia, respondió rotundamente que no. Muchos miembros, ex miembros y no miembros salieron al cruce afirmando que se continuaba practicando lo que se ha denominado “poligamia eterna”, “poligamia eclesiástica” o, para los más suspicaces, “poligamia encubierta”. Algunos periodistas comenzaron a investigar la cuestión. Curiosamente, el siguiente informe salió exactamente 30 días después de que la Iglesia había modificado su política con respecto a los trámites de las hermanas:

“Los fieles Santos de los Ultimos Días se casan en templos mormones a lo largo de todo el mundo. Los miembros creen que esos matrimonios son “sellados por el tiempo y toda la eternidad”. Una cancelación del sellamiento es considerado un acto muy serio que los miembros son aconsejados a no buscar, aún después de obtener un divorcio legal… Si ocurre un divorcio civil, a un hombre se le autoriza a casarse nuevamente en el templo “por la eternidad”, mientras que una mujer sólo puede estar sellada a un hombre por vez. En el caso de muerte de una de las partes, los sellamientos raramente se rompen. Tras la muerte del hombre en la pareja, una mujer no puede sellarse a un segundo esposo; los hijos nacidos en un subsecuente matrimonio civil son sellados al primer esposo, en vez de al padre biológico.

Dale Bills (vocero de la Iglesia) reconoce que en algunos casos, dentro de las ceremonias del templo por los muertos, los familiares han sellado a una mujer fallecida con varios maridos que tuvo en su vida, sin saber a cuál de ellos escogerá. “En tal caso, el libre albedrío prevalecerá”, dice el vocero.

A las mujeres mormonas siempre se les ha requerido obtener permiso de sus ex compañeros y de la Primera Presidencia de la Iglesia, y también lograr una cancelación de sellamiento, o “divorcio del templo”, antes de permitírsele volver a casarse en una ceremonia del templo. De todos modos, la política de que una mujer esperase a obtener la cancelación del sellamiento hasta que otro hombre quisiese desposarla en el templo ha cambiado recientemente. A partir del 1 de Enero, es ahora posible que una mujer reciba un divorcio del templo después de finalizar su divorcio civil y luego de de que estén “resueltos los asuntos legales”. Bills agrega, sin embargo, que estas cancelaciones se manejarán “con cuidado y metódicamente”.

Desde Febrero de 1994, los hombres SUD deben tener permiso de la Primera Presidencia para volver a casarse en el templo, pero no necesitan permiso de sus ex esposas. A los hombres tampoco se les requiere obtener una cancelación de sellamientos previos para casarse “por la eternidad” (como sí se les requiere a las mujeres), permitiendo de ese modo que los hombres acumulen varias esposas para la vida venidera. De todos modos, Bills no ve esto como poligamia eclesiástica. “Antes que nada, no usaría esos términos”, declara. “Debemos ver a las ordenanzas de sellamiento como una promesa que depende de la fidelidad, pero sí, algunos vivirán la poligamia”…

Ed Cox y su esposa Joan comparten muchas experiencias con la poligamia eclesiástica en una mescolanza de enredos y complicaciones provenientes de varios sellamientos en templos mormones. El padre de Cox se casó y selló a una mujer que posteriormente murió, entonces se casó con la madre de Ed y también fue sellado a ella. Su padre finalmente se divorció de la madre de Ed pero permaneció sellado a ella y se casó y selló a otra mujer, de modo que agrupaba tres esposas por las eternidades, dos de las cuales estaban vivas. Mucho antes de su matrimonio con Joan, Ed Cox se casó y selló en el templo a su primer esposa. Se divorciaron después de 37 años. Ella solicitó una carta de Ed para obtener el permiso de cancelar su sellamiento en el templo, para poder ser sellada a su actual esposo, quien ya está sellado a dos mujeres previas, una de las cuales aún está con vida.

Joan también estuvo previamente sellada en el templo a un hombre con el que estuvo casada por 36 años. Durante algún tiempo de su vida de casados, él fue obispo. “Nunca podría solicitar una cancelación del templo sin su permiso por ser mujer”, explica ella.

Después de su divorcio civil, Joan recibió un llamado del obispo de su ex esposo informándole que él volvería a casarse nuevamente en el templo. “Deseaba que escribiese una carta sobre el divorcio, de modo que le pregunté que obtendría yo a cambio, ya que él bien podía ir al templo sin mi carta”, recuerda ella. “Me preguntó qué era lo que yo deseaba y cuando le respondí que era la cancelación de mi sellamiento, dijo ‘Eso es imposible’”. El obispo le explicó que podría obtenerla algún día – si otro hombre desease sellarse a ella en el templo.

“En otras palabras, era como una transferencia de propiedad – como si una mujer fuese un automóvil. Y aunque mi ex esposo arrastraba serios problemas morales, jamás escribí la carta, pues es el padre de mis hijos, y no deseaba lastimarlo.”

Joan cree firmemente que, como un miembro adulto de la Iglesia, ella debería haber tenido la posibilidad de llevar la sentencia de divorcio a su obispo y solicitar una cancelación del sellamiento sin ninguna otra pregunta o explicación…

DeeVie (una ex mormona, ya abuela) explica que sus hijos sufren significativamente los efectos de la poligamia eclesiástica. “La nueva esposa de mi ex esposo siente que ella posee a mis hijos, y a ellos les moleta mucho. Todo es sobre posesión.”, dice. “En la iglesia, la creencia de su nueva esposa es que, si yo no me arrepiento, regreso a la iglesia y hago lo que me dicen, ella tendrá a mis hijos en el más allá y yo no estaré”.

De acuerdo con DeeVie, su esposo era dominante, abusivo y se involucró en varios romances durante sus 40 años de matrimonio, pero le fue dicho que lo “perdonara 70 veces 7”. Después de los primeros 20 años, lo abandonó brevemente y buscó consejo de un poseedor del sacerdocio quien le recomendó que regresase y apoyase a su esposo. “Me dijo que si él no me trataba bien, yo sería entregada a un hombre más digno en el más allá. Como si yo fuese una de las vacas. Perdoné nuevamente y pretendí que todo estaba maravilloso. Por supuesto, usaba antidepresivos.” Pasaron otros 20 años  hasta que decidió que ya era bastante. El día después de la sentencia de divorcio, su ex esposo volvió a casarse en una ceremonia del templo…”

Algunas ineludibles reflexiones. Hoy, una hermana con su sentencia de divorcio civil en mano puede acudir a su Obispo, quien le ayudará a obtener de modo bastante rápido y positivo una cancelación de su sellamiento en el Templo. La misma regla rige básicamente para los varones. ¿Qué ocurrió con el imprescindible “paraguas masculino”? ¿Qué pasó en los 170 años anteriores? Aparentemente, los fieles Santos de los Ultimos Días no se hacen ese tipo de preguntas.

Un mormón bien adaptado no se cuestiona cosas. El Señor quiso que por 170 años las mujeres en su Iglesia fuesen tratadas con inequidad. Estuvo bien. El Señor desea que en los últimos 15 sean tratadas mejor. Está bien. Lo pasado pasó. No hay que mirar atrás. No hay conclusión que sacar ni lección que aprender.

Yo, que debo haberme perdido algunas clases de ese curso de adaptación, sí me hago preguntas. ¿El Señor quiso que las cosas fueran así por 170 años? ¿La institución Iglesia está inmersa en una sociedad cambiante en sus percepciones y afirmaciones y se ve afectada por ella? Cuando el Hermano Bills habla (especula) sobre que los sellamientos múltiples de una mujer se resolverán con la aplicación del libre albedrío ¿de qué libre albedrío habla? ¿del de ella? ¿no se tomarán en cuenta los libres albedríos de sus varios esposos?

Si cuando las mujeres protestan, al mejor estilo de Maala, Noa, Hogla y Hermanas Asociadas, el Señor las escucha y responde a través de las Autoridades, al mejor estilo de Moisés (y tal cosa parece confirmada en temas como los trámites de cancelación de sellamientos y las oraciones en las Reuniones Sacramentales y, finalmente, Conferencias Generales) ¿no continúa siendo la protesta una forma válida de obtener beneficios de género?

Me gustaría que los hermanos varones fuésemos los suficientemente susceptibles como para reconocer los problemas antes de que comiencen las protestas y dar pasos para intentar resolverlos. Pero pareciera que no poseemos esa capacidad, o no somos estimulados a hacerlo…

Por supuesto, en el tema de las dificultades de cancelación de los sellamientos en el pasado, hay quienes opinan que era una definida política para evitar que las estadísticas de divorcios entre quienes se habían sellado en el Templo se dispararan. Evidentemente, si un mismo individuo se casaba dos o tres veces por las eternidades sin necesidad de cancelación de los anteriores sellamientos, figurarían como dos o tres matrimonios exitosos en las estadísticas. Si, por otro lado, se impedía a las mujeres solicitar la anulación (estadísticamente, cero divorcios) hasta que volviera a casarse, los números cerraban bien. Con la aplicación de las nuevas normas (y si tuviésemos estadísticas publicadas al respecto, cosa que no tenemos o no queremos divulgar) descubriríamos que los matrimonios en el Templo tienen un índice de divorcio muy cercano al promedio nacional de cada país.

Pero, para traer un poco de equilibrio a nuestra conversación, permítanme hacer participar a un representante oficial de la Iglesia, el hermano Michael Otterson, Director General de Asuntos Públicos. Reaccionando frente a los comentarios de varios blogs, particularmente los de activistas de los derechos femeninos. Algunos de sus conceptos.

Recientemente, una mujer subió el siguiente comentario a un blog:

‘Por favor, entienda que no todas las mujeres que desean ser vistas en toda su dignidad buscan ser ordenadas en el sacerdocio… Lo que encuentro es que la mayoría de estas mujeres han sido disminuídas y marginadas por alguno (y generalmente, varios) de sus hermanos en la fe. Se les ha dicho que sus ideas no funcionarán. Se les ha dicho que no son importantes. Se les ha dicho que son menos’.

Este punto debe enfatizarse, es decir que las mujeres SUD que se describen como feministas, no necesariamente están buscando una ordenación, sino ser genuinamente valorizadas y tener una voz que sea bienvenida y respetada.

Hay algunas críticas específicas que han surgido en los diversos blogs a las que me referiré aquí:

La Iglesia no desea escuchar sobre mujeres con experiencias dolorosas, no se dirige a ellas y sólo desea escuchar a las que son “ciegamente obedientes”.

Esto no es cierto. Puedo declarar con certeza que ninguno de los líderes principales de la Iglesia desea que cualquier Santo de los Ultimos Días se sienta disminuido o marginado. Sin embargo ¿Ocurre? Sí, por supuesto. En 30.000 congregaciones conducidas por líderes laicos, sería extraordinario si no ocurriese. Servir como presidente de estaca u obispo es demandante y agotador, y en general, logran un notable trabajo. Del mismo modo los innumerables hombres y mujeres que sirven en diversos niveles en los barrios y ramas. Pero todos somos humanos, y, ocasionalmente, decimos cosas de modo torpe o nos falta la suficiente sensibilidad o habilidades del lenguaje o experiencia. La Iglesia es un lugar en el que cometemos errores y luego, tenemos la esperanza de aprender a hacerlo mejor. También es un lugar en el que les permitimos a otros cometer errores y mejorar.

Lo que en realidad necesitamos son líderes y miembros mejor entrenados, y más paciencia, longanimidad, sensibilidad y conducta cristiana de parte de todos nosotros. Los obispos están tremendamente ocupados, pero, como líderes locales, deberían estar particularmente conscientes de cuán fácil es caer en la condescendencia o el desdén cuando una mujer desea más que nada ser escuchada y tener el sentimiento de que ha sido verdaderamente oída.

Pero esta es una conversación bastante diferente de la de ordenar a las mujeres a todos los oficios, desde obispo a apóstol, redefiniendo radicalmente el modo en que Jesús estructuró Su Iglesia. Aquellos de los Doce Apóstoles cuyas responsabilidades incluyen liderar y capacitar están muy conscientes de estos desafíos y dedican mucha energía a enfrentarlos… Aunque la Iglesia ha crecido mucho, la Primera Presidencia y los Doce se mantienen al tanto de los temas actuales y continuamente viajan  e interactúan con los santos. Tales asignaciones invariablemente los ponen en contacto con miembros comunes de diversa extracción y pensamiento, no sólo con líderes. La Primera Presidencia y los Doce hablan a menudo de esas experiencias, y de lo que aprendieron en esos encuentros. Al regresar, esa interacción es a menudo compartida y una formidable base de conocimiento se va acumulando a lo largo del tiempo, especialmente si consideramos la experiencia de toda una vida de los Hermanos. Lo mismo vale para las hermanas que lideran en la Iglesia, quienes se reúnen individualmente en las casas de miembros, llevan a cabo capacitaciones grupales e innumerables conversaciones con hombres y mujeres mientras viajan por el mundo.

Tampoco son las Autoridades Generales inmunes a los desafíos que puedan surgir en sus propias familias, con hijos y nietos, sobrinos y sobrinas. Una de las mayores bendiciones de la Iglesia es que tenemos líderes que experimentan las mismas tribulaciones que el resto de nosotros. No están al margen.

Adicionalmente, varios cuerpos de la Iglesia, tales como los departamentos Misionales y del Sacerdocio, constantemente acercan información a los líderes de la Iglesia mediante canales más formales como los concilios en los que los apóstoles participan. Ciertas entidades de la Iglesia como Asuntos Públicos y la División de Investigación e Información de la Iglesia específicamente buscan opiniones de los miembros.

Un ejemplo: hace algunos años Asuntos Públicos invitó a tres grupos de mujeres, todas activas Santos de los Ultimos Días, incluyendo feministas, para venir a discutir por varias horas sus preocupaciones. Utilizo aquí el término “feminista” no para implicar campañas o activismo político sino simplemente para describir a aquellas que desean promover los intereses de la mujer de variadas maneras. Los primeros dos grupos incluían mujeres casadas y solteras, hogareñas y trabajadoras. Varias en el grupo poseían doctorados. El tercer grupo consistía mayormente de miembros de las presidencias de la Sociedad de Socorr y Mujeres Jóvenes a nivel de estaca, y estábamos particularmente interesados en conocer si existían diferencias de percepción entre estos grupos.

Para construir un entorno de confianza, no informamos con quiénes nos reunimos o los temas que discutimos, aunque ocasionalmente les pedimos permiso para grabar las conversaciones de modo de no perder nada importante. Esto crea una atmósfera segura para conversaciones transparentes. Durante varias horas una mujer de nuestro staff facilitó la conversación, y yo, sentado, escuché la mayor parte del tiempo. Les aseguro que esas mujeres no eran para nada tímidas. Aprendimos muchísimo, y esos hallazgos ya han sido compartidos con integrantes de los Doce individualmente y en los apropiados concilios. Ese tipo de conversaciones continúan bajo similares condiciones para promover una honesta discusión.

No existe un lugar en el que aquellas mujeres que no se sienten seguras en sus barrios puedan tener una conversación sobre sus experiencias negativas y en el que no sean vistas como subversivas.

Esta es una cuestión seria y creo que es el tipo de discusión que los Hermanos valoran al tratar de comprender las preocupaciones de los miembros. Mi consejo es ser paciente, y confiar en aquellos que sostenemos como apóstoles y profetas así como en el proceso de revelación.

Como ya dijimos, la mayoría de los obispos, presidentes de estaca y líderes locales, hacen un notable trabajo. En ocasiones, los hombres y mujeres en los barrios se ofenden cuando reciben un consejo. Y, sí, a veces no manejamos bien las cosas.

Primero, a los líderes locales se les debe dar la oportunidad de escuchar. Si son abordados sinceramente y con oración, la mayoría lo hará.

Segundo, todo miembro, ya sea hombre o mujer, debería iniciar esas entrevistas con el deseo de recibir consejo tanto como entregar un mensaje.

Tercero, todo barrio tiene también una presidencia de la Sociedad de Socorro. Si bien los temas de dignidad personal permanecen entre el miembro y el Obispo, que es el “juez común”, otros asuntos de preocupación para una mujer pueden tratarse privadamente con los fieles miembros de la presidencia de la Sociedad de Socorro u otros líderes locales. Sin funcionar como abogados, tales confidentes pueden no sólo ofrecer consejo, sino también acompañar a una hermana a ver al obispo o al presidente de estaca bajo ciertas circunstancias.

(Una versión completa del artículo del Hermano Otterson en inglés puede hallarse en http://www.ldsliving.com/story/75946-church-pr-spokesman-context-missing-from-the-discussion-about-women)

Creo que los comentarios del Hermano Otterson son sinceros e importantes. Por supuesto, jamás podrán enfrentarse con lo que son las políticas oficiales de la Iglesia, lo cual puede leerse perfectamente entre líneas.

La Iglesia invierte mucho esfuerzo y materiales en capacitar a los miembros y líderes sobre los más diversos aspectos y programas. Aún no he visto el mismo esfuerzo centrado en aquietar y resolver los cuestionamientos de muchas de nuestras hermanas sin que siquiera tengamos que acercarnos al tema del sacerdocio…

2 comentarios el ““Serán recompensadas con ricas porciones…” Sexta Parte (Final)

  1. Monik dice:

    Enriquecedor…vivificante… y entristecedor.

  2. Monik dice:

    Pero también profundamente esperanzador.

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