Sobre los Libros: Carl Sagan

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              “Buscad palabras de sabiduría de los mejores libros…”

Sobre los Libros: Carl Sagan

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“El libro está hecho de un árbol. Es un ensamblaje de partes flexibles y chatas que continúan llamándose “hojas”, impresas con garabatos pigmentados de oscuro. Al darle una mirada puedes oír la voz de otra persona – tal vez alguien muerto hace milenios. A través de las épocas, el autor te está hablando, clara y silenciosamente, dentro de la cabeza, directamente a ti. La escritura es, quizás, la más grande de las invenciones humanas, uniendo a personas, ciudadanos de diferentes eras, que nunca se conocieron. Los libros rompen los grilletes del tiempo, prueba de que los humanos pueden hacer magia. Algunos de los más antiguos autores escribieron en arcilla. La escritura cuneiforme, remoto ancestro del alfabeto occidental, se inventó en el Cercano Oriente alrededor de 5000 años atrás. Su propósito era llevar  registros: la compra de granos, la venta de tierra, los triunfos del rey, las estatuas de los sacerdotes, la posición de las estrellas, las oraciones a los dioses. Por miles de años la escritura se cinceló en la arcilla y la piedra, se raspó en la cera, las cortezas o los cueros; se pintó sobre bambú, papiro o seda – pero siempre de a una copia por vez y, excepto por las inscripciones en los monumentos, para un grupo reducido de lectores. Entonces, en China, entre los siglos II y VI, se inventaron el papel, la tinta y la impresión con tipos de madera grabados, permitiendo que se pudieran hacer y distribuir muchas copias de una obra. Tomó unos mil años para que la idea prendiera en la remota y atrasada Europa. De golpe, se estaban imprimiendo libros en todo el mundo. Antes de la invención de los tipos móviles, alrededor del 1450, no existían más que unas decenas de miles de libros en toda Europa, absolutamente escritos a mano; quizás tantos como había en China en el año 100 A.C. y una décima parte de los que había en la Gran Biblioteca de Alejandría. Cincuenta años más tarde, alrededor del 1500, había diez millones de libros impresos. El aprendizaje estuvo disponible para cualquiera que pudiera leer. La magia estaba por doquier.

Recientemente, en especial los libros de tapa blanda, han aparecido en ediciones masivas y muy económicas. Por el precio de una comida modesta se puede analizar la caída del Imperio Romano, el origen de las especies, la interpretación de los sueños o la naturaleza de las cosas. Los libros son como semillas. Pueden permanecer dormidos por siglos y luego florecer en los terrenos menos prometedores.

Las grandes bibliotecas del mundo contienen millones de volúmenes, alrededor de 1014bits de información en palabras y quizás 1015bits en imágenes. Esto es 10.000 veces más información que la que contienen nuestros genes y diez veces más que la que hay en nuestros cerebros. Si leo un libro a la semana, alcanzaré a leer algunos miles de libros en mi vida, alrededor de una décima parte del contenido de las grandes bibliotecas de hoy. El truco está en saber cuáles libros leer. La información sobre libros no está preprogramada al nacer sino en constante cambio, corregida por los eventos, adaptada al mundo. Han transcurrido veintitrés siglos desde la fundación de la Biblioteca de Alejandría. Si no hubiese libros o registros escritos, piensen cómo sería ese período. Con cuatro generaciones por siglo serían aproximadamente cien generaciones de seres humanos.

Si la información se transmitiese únicamente por la palabra hablada, ¡qué poco sabríamos de nuestro pasado, qué lento sería nuestro progreso! Todo dependería de cuáles sentimientos antiguos se nos hubiesen accidentalmente contado, y cuán precisos esos relatos hayan sido. La información del pasado sería reverenciada, pero en las sucesivas repeticiones se iría ensuciando y, eventualmente, perdiendo. Los libros nos permiten viajar por el tiempo, extraer la sabiduría de nuestros ancestros. La biblioteca nos conecta con las percepciones y conocimiento, dolorosamente arrebatado a la Naturaleza, de las mentes más brillantes que han existido, con los mejores maestros, de todo el planeta y de toda su historia, para instruirnos sin cansarnos, y para inspirarnos a realizar nuestra propia contribución al conocimiento colectivo de la especie humana.”

 

Carl Sagan (1934-1996) fue un astrónomo, astrofísico y cosmólogo norteamericano. Como profesor en la Universidad de Cornell dirigió el Laboratorio de Estudios Planetarios. Simultáneamente desarrolló una carrera como escritor y divulgador científico de la astronomía y otras ciencias naturales. Sus contribuciones permitieron detectar las altas temperaturas en la superficie de Venus. Se destacó en la investigación de vida extraterrestre. Publicó más de 600 trabajos científicos y editó 20 libros, entre ellos “Los Dragones del Edén”, “El Cerebro de Broca” y “Cosmos”. Los párrafos anteriores corresponden al capítulo 11 de esa obra, “La Persistencia de la Memoria”, 1980.

 

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