“Serán recompensadas con ricas porciones…” – Quinta Parte

Doctrina

     Feminismo

 

“Serán recompensadas con ricas porciones…” 

Quinta Parte

 

“El Sacerdocio no está simplemente centrado en el hombre – o esposo – sino que alcanza su potencial únicamente en la relación eterna del esposo y la esposa compartiendo y administrando estas grandes bendiciones a la familia” (James E. Faust del Quorum de los Doce, hablando a un grupo de psicoterapeutas miembros de la Iglesia  “Psychotherapists, Love Your Wives,” AMCAP Journal (Enero 1981): 4-6, 30-32.)

Por Mario R. Montani

Quizás no estemos demasiado conscientes de ello, pero, en el pasado, muchas mujeres tuvieron funciones en la Iglesia que serían impensables en nuestro actual esquema. En 1876 Emmeline B. Wells fue llamada por Brigham Young para presidir sobre el proyecto de almacenamiento de grano de toda la Iglesia. Se denominó a este proyecto una Misión. Emmeline, quien sintió su tarea equiparable a la de José de Egipto, solicitó el apoyo de las Sociedades de Socorro por lo que Eliza R. Snow la nombró Presidenta del Comité Central de Granos. A nivel local, los Obispos respondían a ese Comité… Emmeline no fue nombrada de modo provisorio o excepcional, sirvió desde 1876 a 1918…

Eliza Snow, en 1872, fue apartada para cumplir una misión en Palestina, junto a otros líderes de la Iglesia. El propósito de la asignación era observar las condiciones de los países que visitara para analizar las posibilidades de introducir el Evangelio. Una tarea que hoy, sin dudas, se reservaría para una Autoridad General.

Eliza Snow se dirige a las hermanas de la Sociedad de Socorro

Eliza Snow se dirige a las hermanas de la Sociedad de Socorro

Nadie cuestionó la capacidad de estas hermanas o el tiempo fuera del hogar que les requeriría cumplir sus funciones. ¿Trabajaron “fuera de sus casas”? Sin duda. ¿Dejaron hijos y tareas hogareñas en manos de otros? Sin duda. ¿Fueron fieles miembros de la Iglesia? Sin duda…

Pareciera que hemos desarrollado un doble standard de medida. Si la mujer está todo el día fuera de casa por asignaciones de la Iglesia, es un ejemplo que aparece en nuestros libros de historia. Si se ausenta por algunas horas para traer algo más de dinero a la mesa, probablemente sea reprendida de modo tácito en un discurso durante la próxima Reunión Sacramental…

Para comprender el proceso de “desmantelamiento” que sufrieron las organizaciones y actividades de las hermanas, deberemos introducirnos en el espíritu de cambio que apareció en la sociedad y la Iglesia en la última década del Siglo XIX y las primeras del Siglo XX.

Desde la publicación del Primer Manifiesto en 1890 y por los siguientes treinta años, la Primera Presidencia y el Quorum de los Doce redefinieron y modificaron muchas de las doctrinas y prácticas que habían sido centrales en los 60 años anteriores (Poligamia, sellamiento a Autoridades, ordenanzas del Templo, establecimiento del Reino Político de Dios, inmediatez del Milenio, etc, etc) La relación de la mujer y el sacerdocio fue una más de esas modificaciones.

Sin embargo, en ocasiones, los cambios fueron lentos y parciales. Tomemos como caso testigo la unción de los enfermos con aceite consagrado por parte de las mujeres. ¿Por qué en la década de 1940 continuaban haciéndolo si ya las Autoridades habían redefinido el rol de la mujer en la Iglesia?

Primero: porque la práctica original era ungir a las personas en los sectores del cuerpo afectados e incluso dar a beber el aceite para fortalecer los órganos internos. Segundo: el rol social de la mujer era fácilmente asimilable al de una enfermera con poderes curativos especiales. En la época victoriana, las mujeres recibían entrenamiento especial de parte de las comadronas y doctoras para asistir a las parturientas en caso necesario. En esa misma época hubiera sido impensable que un hombre colocase sus manos sobre zonas privadas de una mujer, especialmente en conexión con embarazos, partos o ‘problemas femeninos’. Eso obligaba a que las hermanas continuaran actuando “como sacerdotisas” aunque declaradamente “ya no eran sacerdotisas”.

En Diciembre de 1935, la Primera Presidencia y el Obispado Presidente analizaron un informe del Apóstol John A. Widtsoe proponiendo que los misioneros pudieran ungir solamente la cabeza. Pero rechazaron el cambio considerando que “si un enfermo desea ser ungido por los Elderes en la región afectada, así debe realizarse, e incluso permitírsele beber un poco de aceite consagrado”.

Sin embargo, a lo largo de la década, la nueva fórmula se comenzó a imponer. Una vez que los Elderes comenzaron a realizar las unciones y sellamientos sobre la cabeza de los hombres, no había razones por las que no pudieran hacerlo también sobre la cabeza de las mujeres. De allí que en 1946 llega la prohibición de la que ya hablamos anteriormente…acabando con más de un siglo de administración femenina a los enfermos.

Sociedad de Socorro en la segunda mitad del Siglo XIX

Sociedad de Socorro en la segunda mitad del Siglo XIX

Las modificaciones en la doctrina y práctica del evangelio trajeron consigo la revisión de algunos textos fundamentales. Por ejemplo, la History of the Church, una obra oficial compilada por B. H. Roberts en 1902 en 7 volúmenes, eliminó toda referencia de Joseph Smith a la mujer y el Sacerdocio. Donde el Profeta dijo “haré de esta Sociedad (hablándole a los miembros de la Sociedad de Socorro) un reino de Sacerdotes…” se tradujo “haré de esta Iglesia … un reino de Sacerdotes”. Las minutas de la Sociedad de Socorro fueron bastante alteradas para quitar  toda idea de concesión de autoridad.

Recién durante la segunda mitad del siglo XX, gracias al trabajo de historiadores miembros y no miembros, y en siglo XXI, gracias a los Joseph Smith Papers, pudieron los mormones actuales tomar conocimiento de las promesas extendidas por el Profeta a las mujeres de la Iglesia.

Para adquirir conciencia de cuál ha sido el consenso sobre este tema entre las Autoridades, permítanme relatarles lo siguiente. En 1992 se conmemoró el Sesquicentenario de la organización de la Sociedad de Socorro. El Museo de Arte e Historia de la Iglesia organizó una muestra retrospectiva. En uno de los paneles se mostraban algunas citas de Joseph Smith con relación a la Sociedad de Socorro (permítaseme aclarar que se trataba de las versiones edulcoradas de History of the Church, no las de las Minutas de la Sociedad de Socorro, hoy disponibles). Loren C. Dunn, uno de los Presidentes de los Setenta, hizo que el panel fuese retirado explicando que “no podría justificar las citas frente a sus superiores” (Salt Lake Tribune, 11 de Abril 1992, A-10) ¿¿¿¿????

¿Los hombres se sienten amenazados?

Pareciera ser que, para algunos varones SUD, la perspectiva de tener mujeres con autoridad dentro de la Iglesia sería intolerable. Hartman Rector, Jr, presidiendo sobre el Primer Quorum de los Setenta, en una carta personal a la esposa de Teddie Wood, del 29 de Agosto de 1978, afirmó que si la porción femenina de la humanidad recibiera el sacerdocio, entonces:

“El hombre estaría tan por debajo de la mujer en poder e influencia que no habría casi propósito para su existencia, … de hecho, probablemente sería comido por la hembra como en el caso de la Araña viuda negra” (Utah Women’s Issues, 1970-1980, Western Americana, J. Willard Marriott Library, Universidad de Utah)

Boyd K. Packer en 1983 también creyó oportuno señalar que todo esposo mormón:

“necesita sentirse dominante… Jóvenes hermanas, si le quitan ese rol, que él necesita, ustedes reducen su masculinidad” (Come All Ye Sons of God, Ensign Agosto de 1983, pag. 68)

A pesar de las objetables descripciones de nuestras hermanas como castradoras, reductoras de la masculinidad y viudas negras, afortunadamente el Presidente Kimball trajo un poco de equilibrio en una sesión del sacerdocio de la Conferencia General.

“Nuestras hermanas no desean que las consintamos o que las tratemos con condescendencia; desean ser respetadas y reverenciadas como nuestras hermanas y nuestras iguales… Menciono estas cosas, mis hermanos… porque en muchas situaciones, nuestra conducta es de dudosa  calidad” (Ensign Noviembre 1979, pag. 49)

En el mismo año, el Elder Neal Maxwell diría:

“Sabemos tan poco acerca de las razones para una división de tareas entre hombre y mujer como entre la maternidad y el sacerdocio. Fueron divinamente determinadas en otro tiempo y lugar. Nos hemos acostumbrado a centrarnos en los hombres de Dios porque la suya es la línea del liderismo y el sacerdocio. Pero en paralelo a esa línea de autoridad existe una corriente de recta influencia que refleja a las notables mujeres de Dios que han existido en todas las épocas y dispensaciones, incluyendo la nuestra”. (Apóstol Neal A. Maxwell, Women of God, 1979, pag. 94)

El Sacerdocio existe de modo independiente a los llamamientos y oficios en la Iglesia, pero esos oficios y llamamientos son “apéndices” que no pueden existir sin el sacerdocio. Esto fue claramente establecido por varios Profetas de la última dispensación…

De acuerdo a lo enseñado por Joseph Smith a la Sociedad de Socorro y en el Quorum de los Ungidos, una mujer recibe una porción del Sacerdocio de Melquisedec cuando es investida, lo cual no significa que reciba un oficio particular dentro de ese Sacerdocio. Es decir, no necesariamente tiene que ser una diaconisa, maestra, presbítera o élder para tener una porción del Sacerdocio. Este suele definirse como las llaves, autoridad y poder para actuar en nombre de Dios. Pero existen dos áreas diferentes en las que dicho poder se ejerce: en el ritual y en la administración. Las hermanas que trabajan en los Templos, en cierto modo, ejercen el aspecto ritualístico de ese poder, pero en cuanto al área administrativa, no son tenidas en cuenta.

También hablamos del sacerdocio como el divino derecho, privilegio y poder de servir a otros. Si es así, las mujeres han ejercido ese divino derecho y privilegio por más de un siglo en su servicio tanto fuera como dentro de la Iglesia.

Jacob Baker, en su blog All Eternity Shakes: Letters From the Vineyard .

(http://lettersfromthevineyard.wordpress.com/2013/12/09/on-being-needed-vs-being-necessary-some-thoughts-on-women-priesthood-and-responsibility/), ha escrito un muy interesante editorial del cual me permito tomar algunos párrafos:

“Nos ocasionamos un perjuicio cuando insistimos, como lo hacen algunos, con que las políticas de poder no juegan ningún rol en nuestra institución. Aunque creemos que la Iglesia fue instituida por Dios y sus líderes pueden recibir, y de hecho reciben, guía divina como ayuda, es, sin embargo, una institución humana dirigida y poblada por seres humanos. Creo que esta es la subyacente defensa teológica del status quo, que si Dios quiere que algo cambie, Dios hará que ocurra; por lo tanto, el género de quien toma las decisiones es insignificante pues, como mayordomos del poder de Dios, simplemente recibirán divina instrucción y todo estará bien, todas las heridas serán eventualmente sanadas, todos los problemas resueltos en el debido tiempo del Señor. Sin embargo, parece muy evidente (basado tanto en la experiencia personal como en la abundante evidencia pública) no sólo que los líderes de la Iglesia (y del sacerdocio) toman decisiones que no están basadas en clara revelación como un método regular, sino que poseer el sacerdocio hace que sea obligatorio y correcto que a menudo lo deban hacer. En otras palabras, el sacerdocio no convierte a sus poseedores en receptáculos pasivos de una corriente constante de revelación divina, sino que los hace responsables de tomar decisiones de su propia voluntad y sabiduría, con la esperanza de ratificación divina. ¿Cómo puede ser que no incluyamos a las mujeres en este proceso? ¿Cómo podemos no dotarlas de poder como portadoras de esa responsabilidad? Las mujeres no podrán ser vistas como totalmente humanas hasta que una plenitud de responsabilidad y compromiso sean suyos. Aquí es donde la cargada retórica de modestia, colocación en un pedestal, y singularidad y especialización de género están mutuamente interconectadas – en la hermosa y terrible bendición y carga de la responsabilidad y compromiso cultural, institucional y religioso, o en la falta de ellos… La responsabilidad es lo que está realmente en discusión con este tipo de poder y es lo que queremos significar con “igualdad”. Responsabilidad es la decisiva e irrevocable diferencia entre llegar a ser ángeles o dioses”.

Hermanas asistentes a una Conferencia de la Sociedad de Socorro en la actualidad

Hermanas asistentes a una Conferencia de la Sociedad de Socorro en la actualidad

Tras muchos años de confrontación y mutuas descalificaciones, la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días (actualmente la Comunidad de Cristo) y nuestra Iglesia han intercambiado información histórica importante. Dicha información, particularmente las declaraciones de Joseph Smith a las mujeres, ha llevado a que la Iglesia Reorganizada aceptara integrantes femeninos en su Sacerdocio a partir de 1984.

La Iglesia Católica, por otro lado, tiene una larga tradición de exclusión de la figura femenina:

“En la Iglesia se entiende por mujer a quien obra de manera mujeril o boba” (Haimo d’Auxerre – Siglo VIII)

“La mujer no puede recibir órdenes sagradas porque por su naturaleza se encuentra en condiciones de servidumbre” (Graciano – Siglo XII)

“Como el sexo femenino no puede significar ninguna eminencia de grado, porque la mujer tiene un estado de sujeción, por eso no puede recibir el sacramento del Orden” (Santo Tomás – Siglo XIII)

La teóloga católica Margarita Pintos ha reflexionado:

“Con este argumento se apela a que Jesús eligió libremente doce varones para formar su grupo de apóstoles. Esto es cierto, pero también es importante tener en cuenta que además de varones eran israelitas, estaban circuncidados, algunos casados, etc, y sin embargo, el único dato que se presenta como inamovible es el de que eran varones, mientras que los demás datos se consideran culturales…” (El ministerio ordenado de las mujeres” – Tiempo de Hablar 44-45, pag. 39-40, 1990)

El argumento es inapelable. Todos los demás rasgos sociales cambiaron. Hoy a nadie se le ocurriría que para ser un ministro cristiano haya que ser de origen israelita o deba estar circuncidado. Varias religiones cristianas rechazan el matrimonio de su clero. ¿Por qué todas esas particularidades pudieron cambiarse y el sexo del ordenado no?

Los Bautistas Americanos comenzaron a ordenar mujeres en 1964, los Anglicanos en 1974, la Iglesia Episcopal en 1976, la Evangélica Luterana en 1970 y la Iglesia de Inglaterra en 1992. Muchas más se han ido sumando desde entonces…

Lo que creo

Después de haber compartido todas estas voces mormonas y no mormonas que nos llegan desde el pasado y desde un más apremiante presente, me permito algunas reflexiones personales.

Creo que existen razones doctrinales e históricas para que la mujer tenga una participación más plena en la administración y toma de decisiones de la Iglesia. Creo que es obligación de todos los miembros ser más perceptivos de las necesidades que nuestras hermanas tienen y escucharlas mucho más. Como alguien ha dicho, nos resultan imprescindiblemente “necesarias” para que la Iglesia funcione, sin embargo, no las “necesitamos” para tomar decisión alguna, aunque esas decisiones involucren su posición, su actividad o su rol.

No estoy demasiado de acuerdo con las actitudes de los grupos feministas extremos. No creo que llevar pantalones a las Reuniones Sacramentales o intentar ingresar a las Sesiones del Sacerdocio de las Conferencias sean métodos productivos, aunque, debo reconocer que, como actos simbólicos, han hecho que el tema sea presentado ampliamente en sociedad. Las reacciones virulentas de otros miembros (masculinos y femeninos) a esas actitudes en las redes virtuales también me han producido cierta preocupación sobre el tipo de comunidades que hemos ayudado a crear.

No creo que, en lo inmediato, las Autoridades producirán algún cambio. Primero, porque no será fácil reconocer que se han alterado registros importantes de los fundadores de nuestra religión y que ha habido una constante actitud de callar (excomuniones y sanciones), modificar (redefinición de roles) y apartar (no inclusión en ningún comité de toma real de decisiones) a la mujer. Segundo, porque en este particular momento histórico de las religiones, la Iglesia ha formado una importante coalición junto a la Iglesia Católica y el Protestantismo Ortodoxo para frenar el avance del liberalismo en áreas como matrimonio igualitario, definición de familia, aborto y uso de drogas. Ninguno de estos otros grupos religiosos acepta la idea de otorgar el sacerdocio al sector femenino de sus congregaciones. No creo que la Iglesia esté dispuesta a romper esa unidad momentánea…

De modo que es muy posible que yo no llegue a ver el cambio. Sin embargo, estoy absolutamente convencido de que ocurrirá… y de que todos, aún desde nuestra mínima área de incumbencia, deberemos ayudar a que ocurra.

El recientemente fallecido escritor Gabriel García Márquez propuso hace años:

“Creo que las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate, mientras los hombres tratan de empujar la historia. Al final, uno se pregunta cuál de las dos cosas será la menos insensata…”

Si cambiáramos “mundo” por “iglesia” e “historia” por “autoridad”, la frase continuaría teniendo sentido…

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