“Serán recompensadas con ricas porciones…” – Tercera Parte

DOCTRINA

     Feminismo

 

“Serán recompensadas con ricas porciones…” 

Tercera Parte

Tom Lovell Love in the mist

“Serás bendecida con la porción del Sacerdocio que te pertenece, para que puedas ser apartada para tu unción e investidura” (Hyrum Smith, bendición patriarcal de Leonora Taylor, 28 de Julio 1843, Archivos de la Iglesia)

“Ahora bien, hermanos, el hombre que honra su (‘his’, masculino en el original) Sacerdocio, la mujer que honra su (‘her’,  femenino en el original) Sacerdocio, recibirá una herencia sempiterna en el reino de Dios” (Brigham Young, Journal of Discourses, Vol. 17, pag. 119)

Por Mario R. Montani

Cuando Joseph Smith, hijo, producía las revisiones que hemos conocido como Versión Inspirada de la Biblia, muchas de las cuales tenemos hoy en nuestras Escrituras bajo el título “Selecciones de la Traducción de José Smith” (TJS), se encontró con un obscuro pasaje del Capítulo 4 de Exodo. Su restauración o aclaración del texto original dice lo siguiente:

“Y aconteció que Jehová se le apareció estando él en el camino, junto a la posada. Jehová estaba enojado con Moisés, y su mano estuvo a punto de caer sobre él, para matarlo, porque no había circuncidado a su hijo. Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y circuncidó a su hijo, y echó el pedernal a los pies de Moisés, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre. Y Jehová le perdonó la vida a Moisés y le dejó ir, por haber Séfora, su esposa, circuncidado al niño…” (TSJ Exodo 4:24-27)

Siendo que la circuncisión era una ordenanza, debía ser realizada por un sacerdote, ya que representaba el ingreso al convenio abrahámico, vigente en esa época. ¿Estaba Séfora, hija de Jetro de Madián, poseedor del Sacerdocio de Melquisede, autorizada para realizarla? El texto restablecido por Joseph no sólo parece confirmar ese hecho sino que declara que de ese modo salvó Moisés su vida y pudo ser el libertador de todo Israel. Parece como que las mujeres son y han sido importantes ¿verdad?

Después de la muerte de Joseph Smith, en Junio de 1844, la Sociedad de Socorro dejó de reunirse. Cuando las mujeres reclamaron reasumir sus funciones y congregarse, un Brigham Young bastante parecido al Pedro del Evangelio de María Magdalena respondió:

“Las hermanas… no tienen derecho a entrometerse en los asuntos del reino de Dios… ellas jamás podrán tener el Sacerdocio si no es con sus esposos. Cuando desee que las Hermanas o las Esposas de los miembros de la iglesia organicen la Sociedad de Socorro las convocaré en mi ayuda pero hasta ese momento que se queden en casa y, si ven mujeres agrupándose, yo prohíbo esa iniciativa… y si declaran que fue Joseph quien lo instituyó les diré que es una maldita mentira pues sé que él jamás estimuló eso…” (Seventies Record, 9 de Marzo 1845)

Lamentablemente, Brigham no parece haber tenido cerca ningún Levi que le ayudara a reflexionar y las publicaciones de los Joseph Smith Papers muestran que el equivocado fue él, y que lo que afirmaban las hermanas no era ninguna “maldita mentira”.

Por los siguientes diez años, la Sociedad de Socorro no existió como institución, lo cual no significa que las hermanas no se reunieran para recordar los convenios y promesas hechas a ellas por Joseph Smith, reuniones que tenían lugar, preferentemente, cuando las Autoridades estaban viajando. Eliza Snow había conservado los registros de la Sociedad original y eran motivo de estudio y conversaciones.

Algunas grupos locales comenzaron a trabajar en 1854 y 1855 con la idea de alimentar y vestir a los indios, pero recién en 1866 (22 años después de la desaparición de la primera Sociedad) fue Eliza Snow llamada como Presidenta General de la Sociedad de Socorro, aunque ya desde varios años antes actuaba de facto en tal calidad.

Tom Lovell 1942 The Caribbean Conspiracy

Durante todos esos años de, podríamos decir, “intervención”, las manifestaciones espirituales en reuniones femeninas y familiares continuaban siendo moneda corriente.

Del diario de Eliza Jane Merrick, una converso inglesa, en 1849: “La ungí en el pecho con aceite consagrado y le di un poco para que tomara… Continuó muy enferma toda la tarde; su aliento muy agitado, y la fiebre muy alta. Nuevamente ungí su pecho en nombre del Señor y pedí por sus bendiciones; El tuvo la gracia de escucharme, y en el curso de veinticuatro horas, se encontraba como si nada hubiera pasado” (LDS Millennial Star 2, 1 Julio 1849, pag. 205)

Otras veces, la idea de la mujer manteniendo ciertos poderes se reforzaba cuando esposos y esposas se unían en la bendición de sus familias. Un hijo de Wilford Woodruff, recién ordenado presbítero, iba a comenzar con sus responsabilidades. El futuro Presidente de la Iglesia reunió a la familia y registró en su diario (hablando en tercera persona): “Su padre y su madre (Phoebe Carter Woodruff) pusieron las manos sobre él, lo bendijeron y lo dedicaron al Señor.  (Diario, entrada del 2 de Febrero de 1854)

George Goddard registró un acontecimiento similar en el decimosexto cumpleaños de su hijo, Brigham H.: “Su Madre y yo colocamos nuestras manos sobre su cabeza y pronunciamos una bendición de padres sobre él” (George Goddard, Diary 1875-76, 8 de Septiembre 1875, Archivos de la Iglesia)

En 1857, Guy Messiah Keysor, registró su sellamiento a una nueva esposa, en la Casa de Investiduras. Eliza Snow colocó las manos sobre la cabeza de ella y “profetizó que viviría muchos días, que recibiría sus lavamientos y unciones y mucha salud y que todo ocurriría de acuerdo con su fe. También profetizó concerniente a otros dos integrantes del grupo.” (Guy Messiah Keysor, Reminiscences and Journal, 2 de Enero 1857, pags. 40-41)

Ya en 1907, la Improvement Era publicó la respuesta del Presidente Joseph F. Smith a la pregunta “¿Posee una mujer el sacerdocio con su esposo? ¿Puede imponer las manos sobre los enfermos junto a él con autoridad?”. Hablando a una nueva generación, intentando imponer nuevos criterios, pero reconociendo las prácticas existentes, esta fue la contestación:

“Una esposa no posee el sacerdocio en conexión con su esposo, pero goza de los beneficios del mismo con él; y si se le pide que imponga las manos sobre los enfermos con él, o con cualquier otro oficial que posea el sacerdocio de Melquisedec, puede hacerlo perfecta y apropiadamente. No es inusual que un hombre y su esposa administren en unión a sus hijos, y actuando como portavoz, él puede declarar correctamente y cortésmente: ‘Por la autoridad del sagrado sacerdocio sobre nosotros investida”. (Joseph F. Smith, “Question and Answers,” Improvement Era 10 (Feb. 1907) pag. 308)

Aunque el nuevo concepto es que la esposa no posee el sacerdocio en conexión con su esposo (recordemos que hasta unas décadas antes sí lo poseía siempre que fueran “uno”), el Presidente de la Iglesia reconoce la normalidad de que, ciertas ordenanzas, se hagan en conjunto y se reconozca la participación femenina. Estaremos de acuerdo en que, con el transcurso de los años, eso ha pasado a ser “muy inusual”.

En 1913, y en parte como reflejo de algunas preocupaciones de la Presidenta Emmeline B. Wells, el Presidente Joseph F. Smith, endurece la posición del Sacerdocio sobre la Sociedad de Socorro y, por primera vez, la coloca junto a las organizaciones auxiliares.

“Ninguna de ellas (está hablando de las organizaciones auxiliares pero entre líneas debe leerse Sociedad de Socorro) es independiente del Sacerdocio del Hijo de Dios, ninguna de ellas puede existir por un momento con la aceptación del Señor cuando se apartan de la voz y el consejo de aquellos que poseen el Sacerdocio y presiden sobre ellas. Están sujetas a los poderes y autoridad de la Iglesia y no son independientes de ellos; ni pueden ejercer ningún derecho en sus organizaciones independientemente del Sacerdocio y de la Iglesia; y ahora deseo que lleven con ustedes este concepto a sus hogares – cada uno de ustedes. Si no lo hacen, escucharán cosas aún más fuertes”. (Conference Report, 4 de Abril 1913, pag. 7)

Cuando el Sacerdocio, que sólo puede mantenerse por “longanimidad, paciencia y amor crecido”, se ve impelido a realizar semejantes declaraciones auto referenciales sobre su autoridad es, generalmente, porque las cosas no están tan claras…

El periódico Women’s Exponent que venía publicándose desde 1872 y había permitido el contacto entre miles de mujeres mormonas desaparece en 1914 y es reemplazado al año siguiente por la Relief Society Magazine, una publicación oficial de la Sociedad de Socorro.

Las hermanas, que por varios años habían sido estimuladas a recibir entrenamiento médico profesional en el Este, establecen el Hospital Deseret. También se organiza la Primaria, totalmente a cargo de mujeres.

En 1916, las Maestras Visitantes comienzan a dar un mensaje sobre el evangelio en los hogares. También recogen las contribuciones de los miembros, lo cual continuarán haciendo hasta tan adelante como 1944. Por supuesto, eso sería impensable hoy, cuando ha pasado a ser una intransferible función del Sacerdocio Menor, pero es bueno conocer cómo se escribió la historia…

En 1918, al terminar la Primer Guerra Mundial, la Sociedad de Socorro vende al gobierno de los EEUU 200.000 fanegas de trigo (alrededor de 6.000 toneladas). ¿Podemos imaginar hoy a la Sociedad de Socorro negociando directamente con un poder político? El Plan de Bienestar de la Iglesia recién se organizaría en 1936.

De modo que, miremos hacia donde miremos, nuestras hermanas nos llevaron la delantera por décadas. Por eso suena bastante ridículo que en los años ‘70 un boletín del Sacerdocio explique que está bien que las Maestras Visitantes oren en los hogares. ¡Lo habían estado haciendo por más de un siglo, mientras recogían las contribuciones y eran casi el único nexo con los obispados!

tOM Lovell 029

Pero el péndulo comenzaba a dirigirse al otro extremo. En 1956, el Apóstol Marion G. Romney, hablando en la Conferencia General sobre los dones espirituales, incluyó la siguiente frase:

“Hombres rectos, poseyendo del santo sacerdocio del Dios viviente e investidos con el don del Espíritu Santo, que estén magnificando sus llamamientos… son los únicos hombres sobre la tierra con el derecho de recibir y ejercer los dones del espíritu” (Conference Report, Abril de 1956, pag. 72)

¿¿¡¡Cómo!!?? ¿Dónde quedaba el derecho de todo miembro de la Iglesia, hombre o mujer, con o sin sacerdocio, de recibir y ejercer esos dones?

Quizás la actitud más extrema de esta tendencia pudo escucharse en BYU, en 1966, en una charla de Rodney Turner, profesor de Religión en la Universidad, presentada ante las seis Estacas que conformaban el alumnado, sobre el tema “La mujer y el Sacerdocio”:

“La mayordomía de la mujer está englobada en la mayordomía del hombre… Por lo tanto, la mujer encuentra su realización en el hombre como el hombre la encuentra en Dios.” A continuación leyó la siguiente copla, supuestamente escrita por una mujer:

 

“Las mujeres son alfombras,

Y ese es su interés:

Evitar que los hombres

Vayan a Dios con sucios pies”.

 

Me temo que eso es demasiado cierto. El hombre necesita ese tipo de apoyo de modo que pueda regresar a casa sin los pies embarrados”.

Sin importar cuán buenas hayan sido las intenciones (tal vez señalar que la mujer es la ayuda idónea del hombre) el símil fue muy desafortunado. La imagen degradante de la mujer como alfombra, o de que el hombre necesita limpiar sus pecados en ella, no era lo que la audiencia femenina (que ya comenzaba a plantearse algunas dudas sobre su posición real en la Iglesia) necesitaba escuchar…

Pero, como siempre, me pregunto quién le permitió decir lo que dijo y cuál era la sociedad en la que eso podía decirse sin consecuencias.

Veinticinco años después, ya retirado, Turner continuaba pensando igual:

“Las mujeres son reinas y sacerdotisas pero no dioses. La Trinidad, la “Presidencia de los Cielos”, es una presidencia de tres deidades masculinas, similar a una presidencia de estaca cuyos miembros tienen esposas que son responsables de la educación religiosa doméstica pero sin funciones eclesiásticas” (Sunstone Panel Discussion, 7 de Septiembre 1991)

Turner parecía saber de importantes fuentes desconocidas cómo estaban organizadas las familias de los integrantes de la Trinidad, pero muy poco sobre lo que Joseph Smith enseñó en cuanto al rol de las mujeres.

Luego vino la década de 1970 sobre la que ya hemos conversado en otros posts del blog y la absoluta dilución de la poca autonomía que aún le quedaba a la Sociedad de Socorro.

Entre 1950 y 1980 la igualdad de hombre y mujer fue reemplazada por la glorificación de la maternidad, ignorando tanto a las solteras como a aquellas que no podían tener familia. Las funciones femeninas se redefinieron con moldes ultratradicionalistas y los roles de género más que expandirse parecieron limitarse. Ese nuevo esquema no tuvo en cuenta que en la historia de la Iglesia la mujer había desempeñado una multitud de funciones y llamamientos sin sacrificar para nada su importante tarea como madre o ama de casa. Tampoco dejaba demasiado bien parados a los hombres, pues, si una mujer no podía ocupar cargos de responsabilidad para no desatender las funciones de esposa y madre, ¿significaba esto que los varones, al sí aceptarlos, era a costa de desatender sus propias funciones como esposos y padres? Creo que está fuera de la discusión la superior capacidad femenina de hacer infinidad de cosas en simultáneo…

Pero, con los nuevos tiempos, el péndulo comenzó a equilibrarse. En la Ensign de Diciembre de 1980, Daniel Ludlow afirmaría:

El don de profecía es una especial investidura espiritual que está disponible para todo miembro digno de la iglesia”… y pasó a citar a George Q. Cannon: “lo extraordinario del reino es convertir a todo hombre en profeta y a toda mujer en profetisa, para que puedan comprender los planes y propósitos de Dios” (Daniel H. Ludlow, “I Have a Question”, Ensign Diciembre 1980, pag. 31)

Algunas reflexiones:

Existe en la Iglesia una corriente de opinión, muy respetable en su esencia, que considera: a) que la Restauración no ha sido un momento histórico puntual sino un proceso iniciado en 1820 y que continúa ininterrumpidamente hasta nuestros días; b) Que todos los cambios producidos en las estructuras, políticas y doctrinas durante ese lapso han sido para el mejoramiento de la institución y para el beneficio de los miembros y c) (casi un corolario de los dos puntos anteriores) el momento actual representa el punto de mayor perfección de ese proceso evolutivo: que hoy comprendemos mejor que nunca antes los propósitos y destinos finales de la Iglesia; que nunca antes tuvimos tanto conocimiento impartido sobre el evangelio y los planes de Dios.

Yo, que podría estar bastante de acuerdo con el punto a) no lo estoy demasiado con el b) ni con el c). Primeramente porque implican que cada acción histórica fue beneficiosa y contó con apoyo de los cielos, mientras que lo que me muestra la línea temporal es que, en ocasiones, nos adentramos en callejones sin salida de los cuales hubo que retroceder con fuertes costos políticos e institucionales (léase: poligamia, Guerra de Utah, interconexión de Estado e Iglesia, negación del sacerdocio a grupos étnicos, etc)

También implican que los Líderes de la actualidad saben más de lo que jamás supieron Joseph Smith o Brigham Young. Por el contrario, opino que aún estamos tratando de entender algunas de las cosas que esos primeros Profetas nos dejaron y que, en muchos aspectos, estamos bastante por debajo de la visión que tenían de la Iglesia y del constante flujo de inspiración que los acompañó.

El desarrollo de las llamadas dispensaciones del Evangelio tiene momentos cumbre: la ciudad de Enoc, los 200 años de paz de la sociedad nefita, la iglesia apostólica del meridiano de los tiempos. Me pregunto si el momento actual marca uno de esos puntos cumbre o si nos hallamos en una cómoda meseta. Es cierto, nunca antes tuvimos tantos templos como hoy, nunca antes tuvimos tantos miembros ni tantos misioneros. Pero dentro de 10 años todos esos indicadores mejorarán. Es casi una profecía autocumplida… La etapa actual será recordada como una sección mediocre y poco entendida del plan total. Lo cual no significará que dentro de 10 años seremos una mejor iglesia de lo que somos hoy. No en la medida en que no logremos cumplir con las necesidades y anhelos de nuestros miembros, entre ellos, nuestras hermanas…

Si hoy la Iglesia es mejor que hace 50 años, eso implica que dentro de otros 50 será todavía mejor. Que habrá cambios que ayudarán a ese mejoramiento.

Hemos visto como, recientemente, la modificación de la edad para servir como misionero, produjo un incremento de más del 30% en nuestras fuerzas de predicación. ¿Podemos visualizar lo que provocaría incluir a siete millones de hermanas en la administración de la Iglesia, el fortalecimiento de los Santos y la solución de problemas que ahora están fuera de sus manos? ¿Podríamos imaginar el alivio para los actuales líderes que provocaría esa multiplicación de manos y mentes?

Entre las muchas gentilezas que aún debemos a nuestras hermanas, una es que se les permita usar el apellido que ellas decidan utilizar. Puede ser el de soltera, aunque estén casadas o hayan pasado por un divorcio o separación. Irónicamente, los apellidos que se utilizan a veces en los registros de la Iglesia, no coinciden con los registros legales, laborales o de identificación personal.

Muchos Obispos permiten también a las madres hablar antes o después de la bendición de uno de sus niños, reconociendo su fundamental participación en el nacimiento y evitando el sentimiento de exclusión y de que se trata de una ocasión puramente masculina.

“Llamar a la mujer sexo débil es una difamación; es una injusticia que comete el hombre con ella. Si por fuerza entendemos la fuerza bruta, entonces es cierto que la mujer es menos brutal que el hombre. Si por fuerza entendemos firmeza moral, la mujer es inconmensurablemente superior al hombre. ¿No tiene ella más intuición? ¿No está más presta al sacrificio? ¿No posee más poder de resistencia? ¿No tiene más valor? Sin ella, el hombre no existiría. Si la no violencia es la ley del ser, el futuro pertenece a las mujeres” – Mahatma Gandhi

Repito: no hace falta ninguna sanción de los cielos para que seamos más sensibles a las necesidades de nuestras hermanas y más amables con ellas, sin que el tema del sacerdocio esté siquiera en discusión…

Tom Lovell 1942

 

Las ilustraciones, como en la Primera Parte, corresponden todas al artista Tom Lovell, y son una buena representación de los roles femeninos a mediados del siglo XX.

 

 

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