“Serán recompensadas con ricas porciones…” Segunda Parte

DOCTRINA

     Feminismo

 

“Serán recompensadas con ricas porciones…” 

Segunda Parte

Por Mario R. Montani

Como ya vimos en la primer parte de este texto, fue en Kirtland donde se instituyeron muchas de las ordenanzas en las que participaban las mujeres. También existían reuniones de “bendiciones” en las que el Patriarca Joseph Smith, padre, pronunciaba bendiciones patriarcales y profecías sobre los fieles. El diario de Caroline Barnes Crosby relata el momento en que ella y su esposo recibieron una de esas bendiciones:

“Estas bendiciones alegraron y regocijaron tremendamente nuestros corazones… Mamá Smith (Lucy, la madre del Profeta) estaba en la habitación. Ella agregó sus bendiciones, o confirmó lo que ya habíamos recibido” (Diario de Caroline Barnes Crosby, copia hológrafa en la Utah State Historical Society)

¿Podemos imaginar a la esposa de un patriarca, hoy, estando presente durante una bendición patriarcal, agregando bendiciones y confirmando lo declarado por su esposo?

Sarah Studevant Leavitt registró una experiencia espiritual en la que, orando por su hija Louisa, gravemente enferma, vio a un ángel, quien le dijo que levantara a la niña, pusiera las manos sobre su cabeza en el nombre de Jesucristo y le administrara para que se recuperase. Sarah despertó a su esposo y le pidió que preparara a Louisa. Después de que su madre la bendijera, pronto estaba levantada y yendo de aquí para allá (History of Sarah Studevant Leavitt, copiada por Juanita Leavitt, 1919, pags. 9 y 10)

Nuevamente, ¿podemos visualizar a un esposo, hoy, siendo despertado para observar como su compañera impone las manos sobe una hija enferma?

Joseph Smith, Padre, también bendijo a Eda Rogers en 1837 diciéndole: “En ausencia de tu esposo debes orar con tu familia. Cuando estén enfermos impondrás tus manos sobre ellos y se recuperarán. La enfermedad se retirará” (Carol Lynn Pearons, Daughters of Light, Salt Lake City, Bookcraft, 1973, pag. 65)

06500_all_02-04-first_zps509625fe

Parece obvio que, cuando Joseph, hijo, organizó la Sociedad de Socorro de Nauvoo en 1842 les otorgó una autonomía hoy desconocida en la Iglesia. En esa primera reunión, el Profeta les dijo que “las ordenaría para presidir sobre la Sociedad… como la Presidencia preside sobre la Iglesia… Si cualquier oficial es necesario para llevar a cabo los designios de la Institución, que sean señalados y apartados, como lo son los Diáconos, Maestros, etc, entre nosotros” (Joseph Smith Papers, Minutas de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo, 17 de Marzo 1842)

El 17 de mayo, Newell K. Whitney acompañó a Joseph Smith y declaró a la Sociedad: “En el principio, Dios creó al hombre, varón y mujer, y otorgó al hombre ciertas bendiciones propias de un hombre de Dios, de las cuales la mujer participaría, de modo que sin el sexo femenino no pueden ser restauradas todas las cosas a la tierra – hacen falta todos para restaurar el Sacerdocio” (Joseph Smith Papers, Minutas de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo, 17 de Mayo 1842)

06500_all_02-07-conducting

Del propio Profeta:

“Ahora otorgo a ustedes esta llave en el nombre de Dios y esta Sociedad se regocijará, y conocimiento e inteligencia emanarán de ella a partir de este momento.” (Joseph Smith Papers, Minutas de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo, 28 de Abril 1842)

La palabra “llave” ha estado siempre ligada a “poderes del sacerdocio”. Y el profeta afirmó que estaba “otorgando esas llaves”, no “girando la llave en beneficio de las hermanas” como aparecería corregido en History of the Church Vol 4, pag. 607, después de la revisión hecha en 1851 por George A. Smith, cuando ya el Profeta estaba muerto.

Joseph, nuevamente dirigiéndose a las hermanas de la Sociedad de Socorro, les declaró: “que la Sociedad debería actuar de acuerdo con el antiguo Sacerdocio… que él haría de esa Sociedad un reino de Sacerdotes como en los días de Enoc, como en los días de Pablo.” (Joseph Smith Papers, Minutas de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo, 30 de Marzo 1842)

36481_all_39-01-JosephReliefSociety

El lenguaje utilizado por el Profeta no deja dudas de que no veía a la Sociedad de Socorro como “otra” organización auxiliar a la par de la Primaria o la Escuela Dominical.

La mención de “como en los días de Enoc, como en los días de Pablo” atrajo la atención del investigador Mahonri Stewart, ya que es muy poco lo que sabemos sobre Enoc, y la figura de Pablo se relaciona preferentemente con cierta misoginia más que con una voz a favor de la liberación femenina.

El texto completo de Stewart puede leerse en el blog “Feminist Mormon Housewives” (http://www.feministmormonhousewives.org/2014/01/as-in-enochs-day-as-in-pauls-day-an-approach-to-mormon-female-ordination/) pero tomaré algunas de sus ideas centrales que me parecen interesantes. En su introducción:

“No somos una Iglesia que no cambia, sino más bien una Iglesia eternamente en progreso que aún se está esforzando para alcanzar su potencial de edificar Sión sobre la Tierra…Me han venido dudas cuando he considerado la confusa retórica de “separados pero iguales”, establecida para defender la falta de autoridad del sacerdocio otorgada a las mujeres. No he sentido otra cosa que alienación, confusión y obscuridad cuando he analizado con oración tales justificaciones para la inequidad de género”.

Antes de considerar porqué Joseph Smith pudo mencionar a esos personajes bíblicos y relacionarlos con las mujeres de la Iglesia deberemos comprender que el Profeta, quien inició su ministerio siendo casi un iletrado, se había transformado en algo bastante distinto. Sus visiones eran complementadas con un fuerte estudio de las lenguas y las culturas que habían originado las Escrituras. El hebreo, griego, latín y alemán no le eran desconocidos hacia el final de sus días.

En su diario personal registró con fecha 17 de Febrero de 1836:

“… asistí a la escuela y leí y traduje con mi clase como usualmente, y mi alma se deleita al leer la palabra del Señor en su original, y estoy determinado a estudiar las lenguas hasta que pueda ser un maestro en ellas, si se me permite vivir lo suficiente, así y todo, tanto como viva, estoy determinado a hacer de esto mi objetivo, y con las bendiciones de Dios tendré éxito para mi satisfacción”.

Joshua Seixas, el erudito judío traído a Kirtland por los líderes, dejó el siguiente testimonio:

“El Sr. Joseph Smith, hijo, ha asistido a un curso completo de lecciones de hebreo bajo mi tutoría, y ha sido infatigable adquiriendo los principios de la sagrada lengua de las Escrituras del Antiguo Testamento en su idioma original. Hasta el momento ha logrado un conocimiento que le permite traducir a mi entera satisfacción y, continuando sus estudios será altamente competente en el uso del Hebreo. Aprovecho esta oportunidad para agradecerle por su industriosidad y su marcada amabilidad hacia mi persona.”

Menciono estas referencias para dejar en claro que Joseph se estaba transformando en lo que hoy se consideraría un lingüista competente y mucho de su conocimiento provenía de sus lecturas alternativas.

“Como en los días de Pablo”

Para llegar a Pablo deberemos analizar primero la etapa terrenal del Salvador. Cristo, al igual que Joseph, fue mucho más abierto en cuanto al papel femenino en la Iglesia de lo que era aceptado por la cultura de su época. Los rabinos oraban “Te agradezo, Dios, no haber nacido ni gentil, ni perro, ni mujer…” (creo que el orden ya es indicativo de los sentimientos imperantes). En la época de Jesús a algunos Fariseos se los denominaba “amoratados”, pues, debido a lo que entendían como estricto cumplimiento de la Ley, ni siquiera miraban a una mujer. Si veían que una de ellas se iba a cruzar en su camino, cerraban firmemente los ojos y continuaban caminando. No era extraño que se golpearan con alguna pared o cayeran en una zanja, de allí el apelativo “amoratados”.

El relato de Lucas 13:10-17 es significativo. Según los estudiosos, la sinagoga de Capernaum tenía unos 20 mts de ancho por 40 de largo y, como las mesquitas, era un sitio para hombres. Siendo el shabat, estaría plena de hombres listos para escuchar al nuevo Maestro, que explicaría la palabra de Dios. (vers. 10)

Jesus tomó el rollo de la Ley y comenzó a enseñar. De pronto vio a una mujer encorvada en el fondo del salón. Entonces quebró por completo los moldes culturales establecidos.

Llamó a la mujer desde la parte de atrás, asignada a las mujeres, a la parte de adelante, reservada para los hombres. Interrumpió la lectura, el momento más sagrado de la vida judaica, para ministrar a una mujer. (vers. 11 y 12) Le habló y finalmente colocó sus manos sobre ella. Todos actos impropios para la mentalidad de sus contemporáneos. Finalmente afirmó la dignidad de la mujer en la sociedad, llamándola hija de Abraham (vers. 16).

También es notable que tanto la palabra griega “Cristos” como la hebrea “Messiah” significan lo mismo: el ungido. Pero ¿en qué momento fue ungido el Salvador para cumplir con la función que su título le asignaba? La única ocasión que registran los Evangelios (y, quizás no casualmente, los cuatro Evangelios) es cuando es ungido por una mujer… ¿Se trató de una ordenanza? El nombre que asignamos al Salvador ¿deriva de esa única y especial ocasión? No lo sabemos … pero es una buena pregunta a hacerse.

De modo que los Apóstoles ya recibieron de su Maestro una imagen expansiva del rol de la mujer en las congregaciones.

St-1PaulPreaches

Los diáconos en la Iglesia primitiva (y también durante la época de Joseph Smith) eran hombres maduros, no jóvenes de 12 años. Sus responsabilidades eran importantes, tal como lo señala la Sección 20 de Doctrina y Convenios, aunque ignoramos si en la antigüedad su función era equivalente a la actual. En Filipenses 1:1, Pablo menciona a los Diáconos junto a los Obispos. El nombre para esa función en el original griego era “diakonon”.

Nuestra versión de la Biblia en Romanos 16:1-2 tiene a Pablo diciendo:

“Os encomiendo a Febe, nuestra hermana, quien está al servicio de la iglesia que está en Cencrea; que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que a ella le sea menester…”

Pero la palabra original que aparece en griego para referirse a ella, después de hermana (adelphen) es diaconisa (diakonon). Parece que los traductores medievales quisieron alejar la idea de que una mujer pudiese tener autoridad eclesiástica y cuando aparecía diakonon aplicado a un hombre lo traducían como diácono pero cuando se refería a una mujer lo traducían como sierva. Varias nuevas ediciones bíblicas, entre ellas la RSV y NRSV, están restaurando el sentido original traduciendo como “ministro” o “diaconisa”.

Los estudiosos sostienen que ya no es plausible limitar el rol de Febe a actividades filantrópicas. El calificativo posesivo de la traducción correcta (“Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea”) la muestra como una líder de esa comunidad que merece ser recibida y honrada en tal calidad.

La carta de Pablo continúa mencionando a muchas mujeres activas en la Iglesia: Priscila, María, Trifena, Trifosa, Pérsida, Julia y la hermana de Nereo.

El versículo 7 se lee en nuestras versiones: “Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones, los que son muy estimados por los apóstoles, quienes también fueron antes de mí en Cristo”

El original parece decir que Junias estaba “entre los Apóstoles”, utilizando una frase inclusiva y no “estimada por ellos”. De hecho, ningún comentarista bíblico anterior al siglo XIII dudaba de que se trataba de una mujer y de que era un apóstol. Juan Crisóstomo, por ejemplo, que en sus escritos era bastante misógino, declara: “¡Cuán grande la devoción de esta mujer para ser digna de recibir el nombre de apóstol!”

¿Se estaría refiriendo a casos como éstos Joseph Smith cuando declaró que “creemos en la Biblia siempre que esté traducida correctamente” y cuando prometió convertir a la Sociedad de Socorro en un reino de sacerdotes “como en los días de Pablo”?

Hoy no cabe duda de que en el período Apostólico las mujeres cumplían funciones de liderismo, particularmente al reunir a los conversos en sus propias casas. María, madre de Juan Marcos, dirigía una casa en Jerusalén a la cual Pedro golpeó para anunciar a los allí reunidos que había sido liberado de la prisión. Ninfas en Laodicea (Colosenses 4:15) y Lidia en Tiatira (Hechos 16:15) parecen cumplir funciones similares en “unidades hogareñas” de la Iglesia. Las mujeres tuvieron también un importante rol económico y de apoyo en los primeros tiempos: Juana, Susana y María Magdalena se nombran entre aquellas que brindan de sus bienes y su tiempo para ayudar en la obra.

Es interesante recordar también que Jesús, en su resurrección, decide mostrarse primero que nadie a las mujeres (¿Serían el equivalente antiguo de una Sociedad de Socorro?) Lucas 24:10-11 es más que claro:

“Y eran María Magdalena, y Juana, y María, madre de Jacobo, y las demás con ellas, las que dijeron estas cosas a los apóstoles. Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creyeron”.

O sea, la actitud tradicionalmente masculina: “¡Qué saben ustedes de estas cosas! No se metan en asuntos de religión…”

En el Evangelio de María Magdalena, hallado en Nag Hammadi, se repite la misma actitud de Pedro:

“¿’Realmente habló con una mujer sin nuestro conocimiento y sin hacerlo abiertamente? ¿Deberemos escucharla? ¿La prefirió El a ella antes que a nosotros?’ Entonces María lloró y dijo a Pedro, ‘Mi hermano Pedro ¿Qué crees? ¿Qué yo pensé estas cosas en mi corazón o que estoy mintiendo acerca del Salvador?’. Levi respondió y dijo a Pedro, “Pedro, siempre has tenido un temperamento arrebatado. Te observo contendiendo con las mujeres como si fueran nuestras adversarias. Pero si el Salvador la consideró digna ¿Quién eres tú para rechazarla? Seguramente el Salvador la conoce bien. Por eso la amó más que a nosotros. Más bien avergoncémonos y busquemos ser hombres perfecto como El nos mandó, y prediquemos el evangelio, no poniendo ninguna otra regla o ley que lo que el Salvador dijo’… y comenzaron a salir a proclamar y predicar.”

San Agustín llamaba a María Magdalena “la Apóstol de los Apóstoles”, tomando en cuenta el valor literal y etimológico de la palabra (Apostolos = el que es enviado). Sin dudas, fue la primer testigo del Cristo resucitado y si la función de un Apóstol es ser testigo especial de Cristo, el título no le va tan mal.

“Como en los días de Enoc”

La mención de Enoc como perteneciente a un período en el que las mujeres pudieron haber ejercido el sacerdocio no es tan clara, particularmente porque es poco lo que sabemos sobre la enigmática figura de ese profeta.

De acuerdo a la Biblia, lo único seguro es que fue hijo de Jared y padre de Matusalén y que: “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque lo llevó Dios” (Genesis 5:21-24)

Pero, cuando el Profeta comenzó a llevar a cabo la revisión de la Biblia, nueva información le fue revelada, incluyendo el Libro de Moises que tenemos en La Perla de Gran Precio. La figura debe haber impactado a Joseph, ya que un seudónimo que utilizó intentando eludir a sus enemigos fue precisamente Enoc. El restaurado relato de este profeta antiguo incluye la visión de un Dios sensible, capaz de llorar por los habitantes del mundo (de hecho, otros de los Libros de Enoc hallados incluyen ese momento) y la mención de la ciudad y sociedad de Sión, un concepto que pasaría a ser fundamental en el mormonismo de allí en adelante. La historia de Moisés nos habla de una comunidad entera llevada por Dios a causa de su bondad y justicia.

“Y el Señor llamó Sión a su pueblo, porque eran uno en corazón y voluntad, y vivían en rectitud; y no había pobres entre ellos”. (Moisés 7:18)

enoch

Generalmente recordamos el hecho de que era un pueblo sin exclusión social, pero ¿hasta dónde se extendían su unidad de corazón y voluntad que es la primera característica señalada?

Según el Libro de Mormón, para alcanzar el estatus de esta casi utópica sociedad: “… él invita a todos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de lo que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles.” (2 Nefi 26:33)

“No había ladrones, ni asesinos, ni lamanitas, ni ninguna especie de –itas, sino que eran uno, hijos de Cristo y herederos del reino de Dios”. (4 Nefi 1: 15-17)

¿La lista de –itas, incluiría feministas y machistas? Lo cierto es que la esencia de Sión parece incluir una cierta calidad de unidad que no existirá mientras no se levanten algunas barreras defensivas que crean distancia más que unión.

Hay otro aspecto de la teología santo de los últimos días, que podría haber hecho que Joseph hablase de los días de Enoc y es la presencia de una Madre Celestial. El Libro de Enoc estuvo perdido por siglos, salvo algunos pasajes que aparecen como referencia en las Escrituras (P.Ej. Epístola de Judas), lo cual maestra que los autores bíblicos lo consideraban verdadero. El Libro fue redescubierto en Abisinia en 1773. El manuscrito etíope se tradujo al inglés en 1821 pero recién en 1838 llegó a América. Para entonces, el Libro de Moisés ya había sido dictado en 1831.

El Libro de Enoc hallado se refiere a una figura conocida como Sabiduría y también como Asera, nombre de la diosa hebrea que fuera adorada en Israel junto a Jehová, como su esposa. Esta figura fue quitada de la adoración por los deuteronomistas en en siglo VII antes de Cristo.

“Sabiduría no halló lugar en la tierra en el cual habitar; por tanto su habitación es en los cielos. Sabiduría intentó morar entre los hijos de los hombres, pero no encontró lugar. Sabiduría retornó a su lugar, y se sentó en medio de los ángeles. Después de su regreso avanzó la iniquidad, y habitó entre ellos, como lluvia en el desierto, como el rocío en la tierra sedienta.”

Esta Diosa rechazada tiene su equivalente en la doctrina mormona. Joseph Smith la explicó a Zina D. Huntington en 1839, quién la explicó a Susa Young Gates, quien la explicó a Eliza Snow, quien fuera la autora de “Oh, Mi Padre”, originalmente denominado “Invocación, o Padre y Madre Eternos”. Nuevamente, una cadena exclusivamente femenina para restaurar un conocimiento perdido.

¿Estaba este conocimiento presente en lo que Joseph Smith recibió como ampliación de la Biblia? ¿Comprendía mejor el pueblo de Enoc lo que el Génesis decía sobre la creación “a nuestra semejanza, varón y hembra…”? ¿Fueron los motivos por lo que incluyó a Enoc en la disertación a la Sociedad de Socorro?

No podemos dar respuestas definitivas a estas preguntas, pero sí podemos meditar sobre ellas…

(Continuará)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s