Poniendo las barbas en remojo

De la Vida Mormona 

PONIENDO LAS BARBAS EN REMOJO

“Porque Jehová no mira lo que el hombre mira, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7)

Por Mario R. Montani

Un chiste no mormón pero con bastante conocimiento de nuestras peculiaridades dice que el motivo por el que los varones Santos de los Ultimos Días no usan barba es para que, al pasar a la otra vida, puedan reconocer más fácilmente a Jesucristo.

He usado barba la mayor parte de mi vida. La última vez que me afeité por completo fue hace unos 25 años atrás, por un requerimiento artístico para una ópera. Mi hija menor era pequeña y, aunque reconocía mi voz, cada vez que me miraba se largaba a llorar y se escondía detrás de su madre. Volvía a hablarle y ella se asomaba esperanzada pero al verme irrumpía nuevamente en llanto. ¿Quién era este extraño que había robado la voz de su papá? Decidí entonces que no volvería a afeitarme.

Tengo también algunas otras razones de peso. Una mitad de mi rostro tiene una piel muy sensible y una barba tremendamente dura, lo que hace que no pueda afeitarme cada día sino al menos día por medio, con la consiguiente apariencia de desprolijidad. Además, con el paso de los años, mi papada (barbilla, bocio, papo o sotobarba, como gusten) ha ido adquiriendo un desarrollo autónomo que no la hace precisamente atractiva desde el punto de vista estético. La barba me hace un poco más aceptable y estilizado, o así me gusta creerlo.

Finalmente, no creo que al Salvador o a su Padre les moleste que yo intente emular su apariencia física, ya que fui creado a su imagen y semejanza. Seguramente estarán más preocupados porque trate de imitar algunos otros rasgos de carácter que aún no he logrado incorporar y no por ese pequeño detalle.

Por supuesto, no faltarán opiniones ultra ortodoxas que asegurarán que, si algún miembro de la Deidad nos visitara hoy, sería en impecable traje oscuro, camisa blanca, corbata, totalmente afeitados y con placa identificatoria, pero yo tiendo a resistirlo y  a aceptar la tradicional túnica y manto con barba incluída.

Tres años atrás, mientras me cambiaba en el Templo para comenzar una sesión, un hermano de una provincia norteña en el cubículo vecino me preguntó: “¿Cómo lo dejaron entrar con esa barba? A mí me hicieron cortar una barba de años para poder venir al Templo”. Le respondí con una verdad: nadie me había entrevistado jamás para que me afeitara la barba ni fue un obstáculo en mis llamamientos. También con una especulación: “el día en que deje de escuchar desde el púlpito doctrinas que no forman parte de La Doctrina, y que alguien las detecte y corrija, ese día, tal vez, decida afeitarme”. Intuyo que, por lo que he visto hasta ahora, no hay mucho peligro de que deba poner las barbas en remojo y verme obligado a cumplir tal promesa…

Breve historia de la Barba

¿Qué es esta vellosidad que crece en las mejillas, pómulos, mentón y cuello de los hombres junto a su inseparable amigo superior, el bigote? Salvo que se desarrolla con una constante velocidad de 0,25 mm por día, no es mucho lo que sabemos de ella. Los estudiosos han descartado como función la protección del frío porque las mujeres necesitan tanta o más protección y a ellas no les crece. De modo que en la actualidad las teorías apuntan a una mayor amortiguación de los golpes en el rostro y a ayudar a aparentar un mayor tamaño del hombre (como en el caso de la melena en los leones).

Por tanto, la historia que podamos contar estará siempre ligada a sus usos sociales, culturales o religiosos. En la antigüedad, solía estar relacionada con la sabiduría, virilidad y estatus social.

Los sumerios, asirios y caldeos dedicaban especial cuidado a sus barbas y las rizaban de un modo elaborado. Para los egipcios, el vello en la barbilla, ya fuese real o postizo, era un signo de soberanía.

En la India, las largas barbas simbolizaban dignidad y eran tratadas con veneración. El castigo por libertinaje era el afeitado público de la barba.

Los griegos la tenían como signo de virilidad. Su ausencia era considerada afeminamiento. Los espartanos que mostraban cobardía eran afeitados como castigo. Entre los celtas, la ausencia de vello en el rostro era considerada deshonrosa.

Tanto en el judaísmo como en el Islam la barba ha sido bastante común e importante.

En occidente, la barba desapareció en el siglo XV y reapareció en el XVI. Alternadamente gozó del favor de unos y el desprecio de otros. A mediados del siglo XIX se produjo un auge de barbas. De allí que Dickens, Garibaldi, Lincoln, Marx y Verdi, así como buena proporción de los líderes de la Iglesia del período las mostraran con orgullo.

En los EEUU, el último Presidente con vello facial dejó el poder en 1913 y el último Vicepresidente con esas característicos lo hizo en 1933. De allí en adelante, las barbas han desaparecido del ambiente político norteamericano, lo cual no deja de ser un dato para el tema que tratamos.

La barba volvió a aparecer a mediados de la década de los ’60 como parte de la contracultura promovida por el movimiento hippie. Fueron muy populares hasta fines de los años ’70.

En las últimas décadas del siglo XX y comienzos del XXI  se ha hecho común el uso de la barba candado o una barba completa recortada, aún con la apariencia de dos días sin afeitar pero con un fin estético buscado. Su uso está ampliamente difundido en los ámbitos artísticos, académicos y científicos, aunque también en buena parte de la población.

¿Qué ocurre con la barba mormona?

Desde Brigham Young hasta George Albert Smith, es decir entre 1844 y 1951 (107 años) todos los Presidentes de la Iglesia usaron barba de algún tipo, larga, recortada, grande, pequeña.

Orson Pratt

Orson Pratt

Cuando Heber J. Grant llegó a Inglaterra en 1903, como Apóstol, para hacerse cargo de la Misión, se encontró con que su predecesor había pedido a todos los misioneros que se dejaran crecer la barba como señal de madurez y dignidad. El Apóstol Grant autorizó a afeitarse a aquellos que lo desearan.

Orrin Porter Rockwell

Orrin Porter Rockwell

En 1951 comenzó la administración de David O. McKay quien, personalmente jamás había usado barba y, además, deseaba iniciar cambios en la imagen de la Iglesia. Por más de 100 años las barbas de los profetas se habían relacionado en la opinión pública con una sola cosa: poligamia. De hecho, durante los primeros años de la presidencia de McKay, por viudez o por muerte, fueron desapareciendo los últimos polígamos mormones activos de la Iglesia (entre ellos Edward Eyring, padre de Camilla, la esposa de Spencer W. Kimball y abuelo del actual Apóstol Henry B. Eyring).

De modo que si tuviésemos que buscar los motivos de la desaparición del vello facial entre los mormones tendríamos que encontrarlos entre: el alejamiento del aspecto de los polígamos, la modernización de imagen acercándose a moldes estéticos empresariales y políticos y el comienzo del uso de la barba en grupos de la contracultura y la protesta.

La barba en BYU

En enero de 1949, estudiantes de la Universidad de Brigham Young junto a la “Fraternidad Blue Key” (una sociedad honorífica que reconoce la excelencia en los estudios, liderismo y servicio dentro de  las universidades norteamericanas) establecieron un Código de Honor al cual todo estudiante debería adherirse o sufrir las consecuencias en caso de desobediencia. No hay registro de que durante los primeros 10 años de existencia del Código (1950-1960) existiese una norma con respecto a las barbas. De hecho, cuando la Iglesia organizó Ricks College (hoy BYU-Idaho) se estableció un concurso (1952) por el que los varones se dejaban la barba para ganar un premio.

En diciembre de 1971, el flamante Rector de la Universidad, Dallin H. Oaks, pronunció el siguiente discurso frente a 25000 integrantes del alumnado:

“A diferencia de la modestia,  que es un valor eterno en el sentido de correcto o incorrecto a los ojos de Dios, nuestras normas contra las barbas y el cabello largo son contemporáneas y pragmáticas. Responden a condiciones y actitudes en nuestra sociedad en este particular momento. Los precedentes históricos no tienen validez en esta área. Las normas están sujetas al cambio, y me sorprendería  que no se cambiaran en el futuro. Pero las normas están ahora con nosotros, y es importante comprender el razonamiento detrás de ellas.

En las mentes de la mayoría de las personas de esta época, la barba y el cabello largo están asociados con la revolución y la protesta contra la autoridad. También son símbolo de la cultura de las drogas y el movimiento hippie. Las personas que usan barbas o el cabello largo, ya sea que lo deseen o no, podrían identificarse, emular y honrar la cultura de la droga o las prácticas extremas de aquellos que han hecho de una apariencia desaliñada la insignia de la protesta y el disenso. Además, el descuido en la apariencia – a menudo (aunque no siempre) asociado con las barbas y el cabello largo – es una señal de indiferencia hacia las mejores cosas de la vida.”(Dallin H. Oaks, Standards of Dressing and Grooming, Dic. 1971)

Dos años después, Hugh Nibley, venerado profesor de la institución y una eminencia mundial en varios campos, hizo escuchar su voz:

“Los peores pecadores, de acuerdo a Jesús, no son las rameras y publicanos, sino los líderes religiosos con su insistencia en las ropas y apariencias apropiadas, su cuidadosa observancia de todas las reglas, su preciosista preocupación por los símbolos del estatus, su estricta legalidad, su piadoso patriotismo… el corte de cabello se transforma en una prueba de virtud en un mundo donde Satán engaña y manda por las apariencias” (Waterman, Brian and Kagel, Brian Kagel. The Lord’s University: Freedom and Authority at BYU. Signature Books. 1998. ISBN 1-56085-117-1).

Tengamos en claro varias cosas:  Cuando Dallin Oaks pronunció ese discurso no era una Autoridad General sino el Rector de BYU, sin embargo sus palabras suelen sacarse de contexto tomando en cuenta su actual status de Apóstol, llamamiento que se produjo 14 años después. El discurso estaba dirigido al alumnado de BYU y a su adhesión al denominado Código de Honor, no a la totalidad de la membresía de la Iglesia.

En la actualidad, BYU admite el uso de bigotes en su alumnado y cuerpo de profesores, siempre que no se extiendan por debajo de la línea de la boca, y acepta barbas por razones médicas o por estar participando de producciones teatrales.

Cuando, hace pocos años, un miembro del consejo estudiantil de la institución propuso una compulsa entre los inscriptos para tratar de alivianar las reglas sobre barbas y corte de cabello, la encuesta fue quitada del sitio de internet de la Universidad. Según la vocera, Carri Jenkins, la misma no había pasado “por el apropiado proceso de aprobación”. También aseguró: “Nadie dice que haya algo malo en las barbas. Es simplemente parte del modo en que hemos decidido mostrarnos, es parte de nuestras reglas de vestido y apariencia”.

Barba y bigotes en Templos y Misiones.

Como ya leímos, en Inglaterra, a principios del siglo XX, la barba era una exigencia para los misioneros. Cuando mi madre se convirtió a la Iglesia, en la década de 1940, la mitad de los misioneros usaban bigote. De modo que el tema parece tener características cambiantes y adaptarse a lo que se percibe como “apropiado”. El problema es que, con el evangelio abarcando distintas sociedades y culturas el concepto de “lo apropiado” no es tan fácil de definir. Días atrás, un ex misionero de mi Barrio me contaba que su primer compañero pertenecía a una etnia indígena en la que el cabello largo era un rasgo honorable y que no debía cortarse, por lo que cumplió su misión con una prolija “cola de caballo” a pesar de la normativa vigente. Me agrada que la Iglesia comience a tener esa amplitud de criterio.

Los obreros regulares del templo tampoco pueden usar vello facial. Lo cual lleva a la paradoja de que ninguno de los Presidentes de la Iglesia del pasado que usaban barba podrían hoy servir allí. La norma se aplica sin tener en cuenta dónde se encuentra el templo, si en Europa, Africa o Sudamérica, ni lo que es considerado “apropiado” en esas regiones.

El eminente sociólogo SUD, Armand Mauss ha declarado: “Es irónico que se espere que los obreros del templo estén más afeitados que las figuras divinas – Dios y Jesucristo – que se muestran en los films y cuadros. Quizás los hombres deban alcanzar el estatus de dioses antes de poder hacer crecer sus barbas nuevamente”.

La barba entre los líderes eclesiásticos.

Si bien no existe una norma escrita al respecto que aparezca en los manuales de instrucciones, si hay expectativas.

Continúa Armand Mauss (quien usa barba desde 1980): “Una vez que estas normas se ‘canonizaron’ en BYU mediante el código de honor se transformaron en la regla no sólo para las futuras generaciones de jóvenes mormones, sino, por extensión, también para sus padres. Todo hombre que desea ser considerado elegible para puestos de liderismo en el futuro tiende a vestirse con el estilo de “un líder del sacerdocio”, incluyendo rostro afeitado, camisa blanca, traje oscuro. Es un estudiado esfuerzo por asimilarse con las Autoridades Generales, quienes, muchos asumen, han alcanzado un plano de mayor espiritualidad”.

En el ámbito de los llamamientos locales el tema parece haber quedado en manos de los Líderes Presidentes. Como mencioné antes, jamás fui entrevistado para afeitarme, lo cual no quiere decir que no conozca gente que sí lo fue. De hecho, sé de varios hermanos que eliminaron un pequeño bigote que habían usado por 40 años y pasaron a ser desconocidos hasta por sus esposas, después de esas entrevistas. Tampoco negaré haber estado en reuniones donde integrantes de la Presidencia de Area presionaron fuertemente sobre el tema y lo transformaron en un asunto de “estar o no con el Señor” o “Seguir o no al Profeta”. Para mí, como ya he dicho en otras ocasiones, ese tipo de obediencia compulsiva nos acerca más a la Masacre de Mountain Meadows que a un estilo de vida cristiano.

No creo estar solo.

Matt Marostica, obispo del Barrio Berkeley, California, recuerda: “Me dejé crecer la barba porque mi hermano mayor, Tony (ex misionero, sellado en el templo, con dos hijos) la usaba y me gusta cómo me queda.”

Pamela, la futura esposa de Marostica opinaba igual, de modo que, para su sellamiento en el Templo de Lago Salado, en 1983, le pidió que se la dejara crecer. A partir de allí siempre la usó, con la excepción de un par de años en los que enseñó ciencias políticas en BYU. Matt era el único Obispo con barba en una reunión de capacitación de 11 Estacas del Area de la Bahía. El Apóstol Quentin L. Cook dirigió la reunión y nada mencionó.

“Me presenté orgullosamente a los Apóstoles como el Obispo Marostica. Ninguno siquiera pestañó frente a mi barba. Jamás se me pidió que me afeitara en los cinco años que he sido Obispo”

La barba entre los miembros comunes de la Iglesia

Hasta ahora hemos analizado situaciones específicas de la negativa al vello facial masculino en el código de instituciones privadas, misiones o templos. Más de 40 años después de las palabras del Elder Oaks (que fueron dirigidas al alumnado de una de esas instituciones en un período histórico muy específico) el consenso general pareciera indicar la necesidad de un cambio de criterio.

Por ejemplo, docenas de actores y un millar de extras se dejaron crecer la barba recientemente para filmar una serie de películas sobre la vida de Cristo en la locación creada como la antigua Jerusalén en el Condado de Utah. Pareciera que lo que no está bien en la vida real está perfectamente bien en las películas de la Iglesia.

El problema con las barbas del miembro común, con o sin llamamiento eclesiástico, es que, una parte de la comunidad mormona las considera fuera de lugar, símbolo de falta de espiritualidad y manifiesta desobediencia. Si realmente hemos llegado a manipular las apariencias de tal modo que preferimos “colar el mosquito y dejar pasar el camello”, o resaltar el continente por sobre el contenido, creo que nos mereceríamos la descripción de “sepulcros blanqueados” que el Salvador aplicaba a los fariseos de su época.

Hace más de dos años se planteó la pregunta en varios sitios de Internet sobre la opinión de los miembros en cuanto a la “no escrita” norma. Las respuestas son más que interesantes, aunque sólo me puedo permitir un muestreo que creo representativo del resto:

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“Después de servir por varias semanas en el baptisterio del Templo de Salt Lake, llegó el comunicado de que el vello facial no estaba permitido. Por entonces yo cantaba en el Coro de la Opera de Utah, que a menudo nos requería usar barba. Se me dio a escoger: ópera o templo. Dado que había servido en cuatro obispados usando una barba bien cuidada, la cual fue alabada incluso por el Presidente Kimball, elegí mantener mi vello facial. Actualmente estoy sirviendo una misión en la Manzana de Bienestar, junto a otros misioneros “barbados”, y nadie ha dicho nada, que debería ser lo correcto. En tanto, espero que la Iglesia desarrolle una actitud más agradable y complaciente hacia lo que es una insignificante preferencia personal. Si el vello facial es tan claramente un “no!, no!, no!” para los obreros del templo ¿por qué vemos tantas barbas en las películas y obras de arte del templo?”

 

“He usado un bigote recortado y barba por 40 años. Soy un converso desde hace 25. Sellado en el Templo y con una recomendación vigente. Tengo dos hijos que son Aguilas Scouts y he estado involucrado en el programa Scout por 16 años. Fui al Centro de Entrenamiento Misional para Mayores en Provo con bigote y barba. Nadie me ha dicho jamás que no puedo o debo ser lo que soy. Lo que es importante es lo que uno es y no juzgar a las personas por su apariencia.”

“Donde yo crecí los varones usaban vaqueros, botas y sombreros de cowboy para ir a la iglesia, a la escuela, reuniones de negocios y encuentros sociales. Muchos usaban el pelo largo y algunos incluso barba. Todos eran, y aún lo son, miembros respetables de la sociedad. Una de las cosas de la que estaban orgullosos era que se ocupaban de sus propios asuntos…”

“Poseo una clara opinión sobre este tema. He servido en Obispados, como maestro de Seminario, Secretario Ejecutivo de Estaca y maestro de varios cursos de la Escuela Dominical y jamás se me ha “mandado” afeitar mi bigote. Cuando conocí a mi esposa hace 38 años tenía bigote y lo he conservado todo nuestro matrimonio. Hace varios años me ofrecí voluntario en el templo como obrero del velo y se me dijo que si deseaba cumplir esa asignación debería afeitarme. Bueno, fue una decisión muy fácil. No fui obrero en el templo. Creo que reglas de ese tipo son arbitrarias y caprichosas… Este tipo de políticas no deberían estar sujetas a la decisión de los Presidentes de Estaca o de los Templos sino que la Iglesia debería promover dichas políticas a lo largo de todo el mundo, la cual debiera ser que el vello facial no importa pues no tiene nada que ver con el nivel de espiritualidad de una persona”. (rsdyer, 19 Mayo 2011)

 

“Soy la mamá de un joven de 16 años a quien le crece el vello en el rostro con facilidad. Recientemente decidió dejarse crecer una pequeña barba en la línea de la barbilla. Creo que principalmente porque su cuñado usa una. Un líder de los hombres jóvenes comentó que no tendrían la opción de bendecir o repartir los sacramentos a menos que estuviesen afeitados. Era obvio a quién le hablaba, pues es el único de su edad a quien le crece la barba. Mi hijo se encontraba molesto, pero estaba dispuesto a afeitarse si eso implicaba no bendecir los sacramentos. Yo estaba un poco contrariada con el asunto pues me preguntaba de dónde había surgido ese dictamen. Con mi hijo estudiamos “Por la Fuerza de la Juventud”, donde dice que los jóvenes deben estar limpios y ordenados, pero nada menciona sobre “afeitados”. Llevé mi preocupación al Presidente de Hombres Jóvenes quien se mostró avergonzado por el asunto, pues era uno de sus consejeros quien tomó la decisión sin consultarle a él o al Obispo. Lo que lo hacía peor era que, ese líder en particular, usaba una profusa barba blanca. Se decidió que se gobernarían por lo que dice “Por la Fuerza de la Juventud”…” (lglong, 19 Mayo 2011)

“Cuando conocí a mi esposo, hace más de treinta años, tenía una bien cuidada barba y bigote. Ha servido fielmente como secretario ejecutivo, Presidente de la Escuela Dominical, Presidente de los Hombres Jóvenes, Presidente del Quorum de Elderes, miembro de dos Obispados y Obispo. Como Obispo apoyó e influenció positivamente a muchos jóvenes para que hicieran buenas elecciones… Su barba y bigote nunca le impidieron servir con amor y completa energía. No puedo creer que el Señor lo aprecie menos porque use vello facial. Aquellos que miran con menosprecio a hombres como mi esposo, alimentan la actitud de prejuzgamiento que ofende a las personas al punto de abandonar la Iglesia y nos da a los Santos de los Ultimos Días una imagen de intolerancia. Realmente me apena” (tybenham 19 mayo 2011)

“Cuando recibí un llamamiento en el Obispado, me pregunté si mi barba sería un tema a considerar, y estaba preparado para afeitarme si así me lo pedían mis líderes en el sacerdocio. Ni el presidente de estaca ni el obispo con quien sirvo mencionaron nada al respecto. No obstante, estando consciente de las opiniones de otros, decidí investigar y “estudiarlo en mi mente” para determinar el mejor curso a seguir. Mi barba permaneció y así lo prefiere mi esposa. Una nueva presidencia de estaca tampoco tuvo nada que decir sobre el tema. Escuché que un miembro del sumo consejo llevó el tema de las barbas y los llamamientos a una reunión pero el consenso fue enfocarse en cosas que realmente importaran…” (rob67 19 Mayo 2011)

“No es bueno que un hombre sea compelido en todo. Por si alguno se lo pregunta, soy Presidenta de la Sociedad de Socorro en nuestra Rama y mi esposo es el Secretario Ejecutivo. Hemos tenido otros llamamientos con el correr de los años y nadie le dijo que debía afeitar su barba. Espero que nunca lo hagan porque tendría un par de palabras para decir…” (Ginni 26 Sep. 2011)

“Es triste que tantos miembros de la iglesia definan a otros miembros por algo que no sea la verdadera doctrina de Cristo. Me dejé crecer una barbita en parte para que mis hijos supiesen que las personas con vello facial no son malas, o extraños en los que no se debe confiar. También me gusta pensar que, si alguien con barba visita la iglesia por primera vez, mi presencia la pueda hacer sentir un poco más cómodo. Como misionero en Guatemala, tuve investigadores que se sintieron fuera de lugar pues eran los únicos con vello facial. La gente no tendría por qué sentirse así. (michaelm 26 Sep. 2011)

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En Febrero de 1993 apareció el siguiente artículo en la Ensign: “Los líderes de la Iglesia, reconociendo que los estilos cambian en ciclos, son sensibles a la rica diversidad cultural dentro de la Iglesia. Por ejemplo, recientemente han sostenido que las barbas cuidadas y prolijamente recortadas… son aceptables para el templo, dado que no son inherentemente ofensivas o vulgares”. (David S. King “I Have a Question” Ensign, Feb. 1993)

Sin embargo para el 2001 “totalmente afeitados” se transformó en la política para aquellos que trabajan regularmente en los templos SUD.

Por un lado tenemos una escritura canónica que declara: “No cortaréis el cabello de vuestras sienes, ni dañaréis la punta de vuestra barba” (Levítico 19:27) y por el otro una política no escrita  que dice lo contrario. Si reconocemos que normas de transmisión verbal tienen prioridad sobre los textos que son fuente de la doctrina tenemos un pequeño y contradictorio problema teológico.

Para quienes consideran que estas políticas pasajeras y cambiantes son de origen divino, sólo me resta recordar que “En el principio Dios creó los cielos y la tierra…” y también las barbas…

 

 

4 comentarios el “Poniendo las barbas en remojo

  1. Roberto Guerrero dice:

    Que buen articulo, yo personalmente no uso barba ni bigote, y me gusta usar el pelo bien corto, pero siempre he pensado, que no hay nada de malo en quienes si prefieren usar bello facial, mientras fui obispo y alguien me preguntaba sobre el asunto, mi respuesta siempre fue: “El no usar barba es solo un consejo, no un mandamiento, si desea usarla bien puede hacerlo sin perder ningún privilegio”.

  2. Mauricio Montani dice:

    Me has hecho recordar unos de los momentos mas extraños de mi adolescencia, cuando te vi entrar en la cocina de casa sin barba, no recuerdo que la impresión me haya hecho llorar como a mi pobre prima pero si recuerdo pensar pobre tío le falta un pedazo de la cara jaja.

  3. Javier dice:

    Me has hecho hacer mi cuarto esfuerzo por dejarme la barba. No paso de tres meses ya que me gana el chip. Muy buen artículo.

  4. Rubén dice:

    Vivo a casi 8 horas de camino en autobús del Templo de mi país. Hace muchos años viajé por asuntos de trabajo y ya que iba a visitar la ciudad donde se encuentra ese recinto sagrado, hice planes para llegar a una buena hora para una sesión. Esa mañana me había rasurado muy bien, tenía la imagen de un misionero, pero por circunstancias ajenas a mi voluntad ese día no pude entrar al Templo, así que planifiqué que iría a la mañana siguiente; pero tengo un problema no puedo rasurarme a día seguido porque mi rostro se irrita mucho y queda lastimado si lo hiciera cada día, entonces fui al Templo con algo de vello que me había crecido ya; el obrero de recepción me dijo que no podía entrar así, entonces le dije: mis vasos por dentro están limpios, soy digno de una recomendación y entraré, en ese momento pasaba otro obrero y dijo hermano no hay problema bienvenido y se acercó a mí diciéndome ewn tono bajito; el hermano no es malo pero está equivocado, no le haga caso. Disfruté de la sesión esa mañana. Antes y después de ese episodio siempre he creído que no hay problema con la barba o bigote siempre y cuando estén bien recortados y limpios, o porque hay varones a los que no le crece sino de manera rala, ellos no deberían dejárselos porque es antiestético.

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