“Cuando nuestros líderes hablan se acabó el momento de pensar…” – Segunda Parte

Mitos Mormones

 

“Cuando nuestros líderes hablan se acabó el momento de pensar…” Segunda Parte

Caso de Estudio 2 (Reed Smoot – Heber J. Grant) 

Por Mario R. Montani

Como siempre que me propongo tratar un tema controvertido o debatible, allanaré el camino con una “batería” o “andanada” de declaraciones autorizadas. Todas pertenecen a Profetas y Apóstoles en funciones al momento de emitirlas, por lo que, espero, puedan ayudarme a dejar claro mi punto de vista

 

“Todos tienen el privilegio de pensar por sí mismos en cualquier asunto de conciencia. No tenemos la disposición, aunque tuviésemos el poder, de privar a nadie de ejercer la libre independencia de su mente que los cielos tan graciosamente han otorgado a la familia humana como uno de sus dones más preciados”(Joseph Smith, Teachings of the Prophet Joseph Smith, pag. 49)

 

“Pregunto: ¿En alguna ocasión ejercí compulsión sobre  cualquier hombre?¿No le he otorgado la libertad de no creer cualquier doctrina que he enseñado, si así le parecía bien a él?” (Joseph Smith, Documentary History of the Church, Vol. VI, pag. 273-274)

 

“Las grandes masas no piensan ni actúan por sí mismas… Encuentro en demasía esta grosera ignorancia entre el pueblo escogido de Dios…” (Brigham Young, Journal of Discourses 9:295)

 

“No pongan, hermanos, su confianza en los pensamientos de un hombre, ya sea obispo, apóstol o presidente. Si lo hacen, en alguna ocasión o lugar, ellos harán algo mal, o que parecerá mal, y su apoyo habrá desaparecido…” (George Q. Cannon, Apóstol, Millennial Star, v.53, pags. 658-659)

 

“Hablamos sobre obediencia, pero ¿requerimos a cualquier hombre o mujer que obedezca de modo ignorante los consejos que recibe? ¿Lo requiere la Primera Presidencia? No, jamás” (Joseph F. Smith, Journal of Discourses, Vol. 16 pag. 248)

 

“El Presidente Wilford Woodruff es un hombre de sabiduría y experiencia, y lo respetamos, pero no creemos que sus creencias personales o declaraciones sean revelaciones de Dios; y cuando “Así dice el Señor” sale de su boca, los santos lo investigan: no cierran sus ojos y lo toman como una píldora” (Charles W. Penrose, Apóstol, Millennial Star, Vol. 54, pag. 191)

 

“A nadie se le requiere que mansa y ciegamente se someta a un hombre simplemente porque tenga una porción del Sacerdocio. Hemos escuchado a poseedores del sacerdocio declarar que harían cualquier cosa que les dijesen aquellos que presiden sobre ellos aunque estuviese mal; pero tal tipo de obediencia es peor que una locura para nosotros; es una forma extrema de esclavitud, y el hombre que voluntariamente se degrada de tal modo no debería reclamar un lugar entre los seres inteligentes hasta que se aparte de su locura. Un hombre de Dios despreciaría esa idea. Otros, en un ejercicio excesivo de su autoridad han enseñado que dicha obediencia era necesaria, y que sin importar lo que sus autoridades presidentes pidiesen a los santos, deberían cumplirlo sin hacer ninguna pregunta. Cuando Elderes de Israel se permiten enseñar a la gente estas nociones de extrema obediencia, es generalmente porque en sus mentes han decidido hacer el mal ellos mismos y desean allanar el camino para cometerlo, o porque ya han hecho lo malo y desean usar su manto de autoridad para cubrirlo” (Charles W. Penrose, Millennial Star, Vol. 14 Nº 38, pags. 593-595)

 

“Es nuestra responsabilidad proclamar la verdad de que cada individuo es un hijo de Dios e importante a su vista; que tiene derecho a la libertad de pensamiento, libertad de expresión, libertad de reunión; que tiene el derecho de adorar a Dios de acuerdo a los dictados de su conciencia. En esta positiva declaración, damos a entender que las organizaciones o iglesias que privan al individuo de estos derechos inherentes no están en armonía con la voluntad de Dios ni con su palabra revelada”. (David O. McKay)

 

“Hay ya demasiada gente en el mundo deseosa de aceptar como verdad cualquier cosa que aparece impresa en un libro o es declarada desde un púlpito” (Hugh B. Brown, “A Final Testimony” tomado de An Abundant Life, 1999) 

Con el respaldo de estas afirmaciones, me permito plantear el segundo caso de estudio:

Finalizada la Primer Guerra Mundial, el Presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, se convirtió en un ferviente defensor de la Liga de las Naciones, creyendo que dicha Liga sería un potente instrumento para evitar la carnicería y sufrimiento que había prácticamente destruido  a una generación europea. El Presidente de la Iglesia, Heber J. Grant y la mayoría de las Autoridades Generales estaban de acuerdo. Lo expresaban en las Conferencias Generales, en las conferencias de Estaca, en los Barrios, donde quiera que fuera, abogando por que los Estados Unidos se uniesen a la Liga de las Naciones, pues, sin ese apoyo, dicha Liga fracasaría en su objetivo de lograr la paz mundial. Algunos Apóstoles fueron tan lejos como para predicar que Woodrow Wilson había sido levantado por el Señor con el propósito de establecer la Liga. No había dudas en la mente de nadie acerca de que la posición oficial de la Iglesia era a favor de la Liga de Naciones.

El Senador y Apostol Reed Smoot

El Senador y Apostol Reed Smoot

Pero en Washington, D.C., uno de los Senadores por el estado de Utah era Reed Smoot, él mismo un Apóstol de la Iglesia. Smoot formaba parte de un grupo de Senadores Republicanos que consideraban la unión a la Liga como una pérdida de soberanía norteamericana y que deberían colocarse tantas restricciones a su accionar que dejaría de ser efectiva como la policía internacional que se había propuesto.

Reed Smoot tenía una opinión directamente opuesta a la expresada por el Profeta de Dios y la mayoría del Quorum de los Doce. Sin embargo, no estaba solo: tenían su misma certeza los incondicionales David O. McKay, Joseph Fielding Smith, Charles W. Nibley y J. Reuben Clark, Jr. (aunque este último no había sido nombrado aún como Autoridad General).

Debería ser muy instructivo para todos nosotros ver como se comportaban estos leales Santos de los Ultimos Días cuando no estaban de acuerdo con el Profeta. Ambos grupos lo consideraban un asunto moral y citaban las escrituras tanto a favor como en contra.

Joseph Fielding Smith escribió una carta al Presidente Grant:

“Pareciera que no estoy en completa armonía con la mayoría de mis hermanos. Eso es un asunto preocupante para mí, pues no deseo esa falta de armonía. Mi único deseo es apoyar a mis hermanos en la defensa de la verdad y vivir de tal modo que pueda tener siempre el Espíritu de Dios. He orado sobre el particular y me he mantenido despierto pensando sobre ello, pero, cuanto más reflexiono, la posición que he tomado en contra de la Liga de las Naciones me parece la correcta. Bajo tales condiciones no se a quien dirigirme, salvo a usted, y lo hago con la esperanza y confianza de que no seré mal interpretado y que pueda usted comprender la posición en que me encuentro”

Cuando la ratificación del tratado sobre la Liga llegó al Senado, el Apóstol y Senador Reed Smoot votó directamente en contra del deseo expresado públicamente por el Profeta y la mayoría de los Apóstoles. Y, en parte, por causa de su voto, el proyecto no prosperó.

¿Qué ocurrió con los hermanos que estuvieron en desacuerdo con el Profeta? Algunos años más tarde Charles W. Nibley fue llamado como Segundo Consejero del Presidente Grant. J. Reuben Clark también llegó a formar parte de la Primera Presidencia. David O. McKay y Joseph Fielding Smith fueron ambos Presidentes de la Iglesia.  No fueron destruidos por un rayo desde los cielos. No fueron sancionados. Mantuvieron la hermandad con los restantes miembros del Quorum a pesar de sus diferencias.

El episodio debería servirnos para redescubrir que existe en la Iglesia una tradición histórica de tolerancia y amor crecido. No sólo es posible que fieles Santos de los Ultimos Días puedan estar en desacuerdo, sino que debería ser altamente probable que lo estén en algún momento. Aún con las Autoridades Generales y aún entre las Autoridades Generales.

Pertenecemos, o al menos yo lo creo así, a una iglesia inclusiva, no excluyente, flexible y dispuesta al cambio, no rígida e intolerante.

Sin embargo, 33 años después del vapuleado mensaje de los Maestros Visitantes, el mito reaparece con una nueva fórmula. En una charla para las jovencitas de la Iglesia, Elaine Cannon, Presidenta de esa organización, asegura: “Cuando el Profeta habla,… el debate se termina” (Ensign Noviembre 1978, pag. 108).

Al año siguiente, el Primer Consejero en la Primera Presidencia, Nathan E. Tanner, hará suyo el nuevo hallazgo en el mensaje “El Debate se Termina…” (The Debate is Over, Ensign Agosto 1979)

¿Nos pondremos algún día de acuerdo? ¿O el mito consiste en creer que estamos de acuerdo en todo?

El Presidente Heber J. Grant y Reed Smoot

El Presidente Heber J. Grant y Reed Smoot

7 comentarios el ““Cuando nuestros líderes hablan se acabó el momento de pensar…” – Segunda Parte

  1. patricia elizondo dice:

    Excelente!!!Muy interesante y un temasiempre vigente.Saludos.

    Date: Sun, 2 Mar 2014 21:34:09 +0000 To: patri31_61@hotmail.com

  2. Percy dice:

    “Cuando el Profeta habla,…como Profeta…. el debate se termina”

  3. 41Felix dice:

    Excelente, y muy claro artículo. Siempre hemos de obtener un testimonio de la Palabra de nuestros líderes.

  4. carryonsud dice:

    Muy buenl, esta clase de diamogo hace mucha falta en la Iglesia hoy en dia y mas aun entre la membresia de habla hispana. Gracias

  5. bit dice:

    me gusto..! muchas referencias eso enriquece..! y este tema siempre ha sido un tropezadero para muchos lideres que creen en la obediencia ciega..! desde Bolivia un saludo..!

  6. Este tema sin duda es toral en nuestro entender religioso, y tengo una objeción significativa al ejemplo en el cual se ampara para definir la supuesta pluralidad de los líderes de la iglesia, ya que pareciera que el contexto de la situación acaecida me plantea ciertas dudas.

    En su artículo Mormonismo y Masonería (segunda parte numeral 3) sugiere que “(el Cristianismo primitivo restaurado) se gestó en un molde protestante y norteamericano”, de lo cual estoy completamente de acuerdo, ya que el humano es un ser susceptible a su entorno, el cual define particularidades muchas veces imperceptibles, pero que bien concretan su existencia.

    Dicho esto sugiero en primer lugar que el tema en desacuerdo que planteo en el ejemplo no era netamente religioso, ni siquiera local y que tocaba cierta incertidumbre del futuro de la humanidad, ya que se acababa de cruzar una cruenta guerra, en la que murieran cientos de miles de Hombres y no existía en ese momento claridad para visualizar cual sería el derrotero más seguro, que garantizara el bienestar de la tierra en que habitaban ya que en ese instante la Iglesia era sin duda de mayor carácter local. De hecho en ese entonces existía un gran escepticismo y hostilidad a la Sociedad de Naciones (Liga de Naciones) por parte del ciudadano estadounidense, a tal grado que la iniciativa del presidente Woodrow no prospero en su propia tierra, aun cuando en el extranjero era muy bien acobijada.
    Pregunto, ante tanta división en un tema desconocido y de implicaciones inciertas, además de ser mal visto por gran parte de la sociedad, porque la presidencia de la Iglesia no iría a ser ciertamente tolerante con los que disintieran en sus opiniones.

    Enseguida surge la subsiguiente pregunta, los supuestos disidentes Reed Smoot, David O. McKay, Joseph Fielding Smith, Charles W. Nibley y J. Reuben Clark, Jr, como lograron prosperar en lo institucional si se habían mostrado abiertamente en desacuerdo con el profeta,
    En parte esa pregunta se contestó anteriormente, tenían apoyo popular en sus ideas y no era un tema que pudiera causar división, pero también el tiempo les daría alguna razón, en 1939 continua la gran guerra, tiempos de más incertidumbre y crisis, terminaría en 1945 y luego EUA de América, comenzaría un ascenso histórico, para convertirse en la primera economía mundial, ascenso económico que fue directamente proporcional al de la iglesia.
    Entonces en retrospectiva toda decisión bélica y política pareciera bien tomada y sus actores porque irían a ser menospreciados.
    Que quiero decir con lo anterior, que en mi humilde opinión, el ejemplo que puso para avalar la libertad de opiniones en la estructura de la Iglesia, no cubre los temas más triviales, ni tampoco abarca a miembros mas sencillos de niveles básicos.
    La pregunta es acaso en las iglesias del mundo existe apertura para pensar? o peor aún, estamos los miembros de la iglesia interesados en pensar? O preferimos el estado cómodo de que se nos diga que hacer,
    Romanos 2:14-15

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