“El ADN y El Libro de Mormón”

CIENCIA Y RELIGION

 

EL ADN Y EL LIBRO DE MORMON

Por Mario R. Montani

Algunas consideraciones iniciales: No soy un científico. No soy un teólogo. Creo, sí, en la búsqueda de la verdad dondequiera que ésta se encuentre y con las características precarias que nuestro estado mortal permite. Reconozco que siento una peculiar atracción (“gravitación amistosa”, diría Borges) por la palabra escrita y las posibles conexiones intertextuales que de ella derivan. Mi propósito al afrontar este tema conflictivo es aclarar la actual situación y “el estado de las cosas” tal como lo entiendo y gracias al aporte de aquellos que saben más que yo. Mis textos, hasta la fecha, me han tenido a mí como inicial destinatario. Colocarme frente a una página (o pantalla) en blanco me obliga a organizar mis ideas, desarchivar material, proponer, rebatir, exponer, deconstruir y reanalizar mis conceptos. Mediante ese proceso, que no deja de ser placentero, además, aprendo. Si a alguien más le sirve… sea bienvenido.

Intentaré colocar la referencia de una serie de textos, tanto científicos como apologéticos para quien desee profundizar en la materia.

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El aparente conflicto
¿Qué es el ADN? El ADN, o ácido desoxirribonucleico, es un ácido que se encuentra en el núcleo de las células y que contiene instrucciones genéticas para el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos y es responsable de su transmisión hereditaria. Durante los años ’40 y ’50 se logró su identificación y en las décadas de 1980/90 se desarrollaron las técnicas para su análisis.
Mediante el estudio del genoma mitocondrial que muestra la herencia por vía materna y el cromosoma “Y”, que lo hace por la vía paterna, ha sido posible ir construyendo un mapa genético de la humanidad y determinar qué grupos descienden de otros tanto en el tiempo como en la distribución geográfica.
Aplicado dicho estudio a diversas poblaciones originarias americanas no ha dado resultados que las relacionen con tribus de Israel o ancestros de Medio Oriente sino más bien con etnias que habitan el Macizo de Altai o montañas doradas, una cordillera que se extiende en los actuales territorios de Rusia, Mongolia, China y Kazajistán.
Tales descubrimientos revalorizan la antigua teoría de que los primitivos habitantes de América vinieron desde Asia, hace unos 15.000 años atrás, atravesando el estrecho de Beering, lo cual es apoyado también por diferentes hallazgos arqueológicos y antropológicos así como evidencias lingüísticas.
El consenso de la mayoría de los científicos pareciera estar en franca oposición a las explicaciones tradicionales de la Iglesia sobre el origen de los denominados globalmente “lamanitas”.
Pero, antes de llegar a algunas conclusiones precipitadas, analicemos algunos de los elementos en juego.
El Texto
El Libro de Mormón, uno de nuestros libros canónicos, relata al menos la historia de tres migraciones.  Tanto la colonia Lehita (luego fragmentada en Nefitas y Lamanitas) como la Mulekita parecen tener claro origen en Israel, proviniendo principalmente de las Tribus de José y Judá, sin explayarse el texto sobre las pertenencias de la familia de Ismael, las esposas de sus hijos, el propio Zoram, o de los acompañantes de Mulek, príncipe de la casa de Judá. Teniendo en cuenta la fuerte endogamia hebrea, tal como se hace patente en el Antiguo Testamento, uno tiende a pensar que las uniones se producían con otros miembros de la propia etnia. Pero esa es una primera suposición no confirmada por el Libro ni por la investigación histórica, ya que el Pueblo del Convenio solía agrupar conversos de otras razas. La tercera migración, la Jaredita, a la que podríamos identificar como proto-hebrea, ocurrió muchos siglos antes que las otras, y el hecho de que los mulekitas encontrasen al último de sus representantes en una avanzada etapa de su vida, hace que, inicialmente, la descartemos totalmente del tema que nos ocupa. El registro escrito tampoco es contundente con la identificación de América. El lugar de arribo se menciona como la Tierra de Promisión y la asimilación con el nuevo continente se va fortaleciendo por referencias secundarias elípticas y por el hecho de que las planchas que contienen el relato son obviamente halladas en territorio americano. Pero la verdad es que los primeros profetas nefitas parecen creer hallarse “en las islas del mar”.
Todos los miembros estaremos de acuerdo en que la riqueza del Libro de Mormón no radica en sus parámetros históricos o geográficos sino en sus enseñanzas y profundidad espiritual, pero la insistencia en la historicidad de la obra ha venido de la propia Iglesia.
Las Presunciones
Llamaré presunciones a una serie de presupuestos que no tienen confirmación en el texto del Libro ni en la doctrina oficial Santo de los Ultimos Días. Sin embargo su uso en múltiples discursos y escritos de Autoridades a lo largo de más de un siglo y medio ha creado una tradición y les ha otorgado un halo de status cuasi canónico. Mucho de lo que pensamos y creemos sobre el Libro de Mormón tiene que ver con lecturas condicionadas por estas tradiciones. Mencionaré algunas de ellas:
1-Todas las Americas, Norte, Centro y Sur fueron el escenario de la epopeya del Libro.
Los mormones del siglo XIX y primera mitad del XX parecen convencidos de este presupuesto. Estuvieron pendientes de los descubrimientos sobre civilizaciones antiguas en el Continente y lo consideraban una evidencia de la veracidad del contenido de las planchas. Había muchos elementos, sobre todo externos, para llegar a esa conclusión. El propio Libro menciona a los territorios del norte y del sur separados por una lengua de tierra:

“Y construyeron una ciudad grande cerca de la estrecha lengua de tierra, cerca del paraje donde el mar divide la tierra” (Éter 10:20).

Y aconteció que no los alcanzaron sino hasta que hubieron llegado a las fronteras de la tierra de Desolación; y allí los atajaron, cerca del estrecho paso que conducía, por el lado del mar, a la tierra del norte, sí, por el mar, al oeste y al este (Alma 50:34).

Y de allí llegaron hasta el desierto del sur. De modo que a la tierra hacia el norte se le llamó Desolación, y a la tierra hacia el sur, se le llamó Abundancia, que es la tierra que está llena de toda clase de animales silvestres, parte de los cuales habían llegado de la tierra del norte en busca de alimento.

Pues bien, la distancia no era sino de día y medio de viaje para un nefita, por la línea de Abundancia y la tierra de Desolación, desde el mar del este al del oeste; y así la tierra de Nefi y la tierra de Zarahemla casi se hallaban rodeadas de agua, y había una pequeña lengua de tierra entre la tierra hacia el norte y la tierra hacia el sur.

Y sucedió que los nefitas habían poblado la tierra de Abundancia, desde el mar del este hasta el del oeste; y así los nefitas, en su sabiduría, habían cercado con sus guardias y ejércitos a los lamanitas por el sur, para que de ese modo no tuvieran más posesiones en el norte, y así no pudieran invadir la tierra hacia el norte (Alma 22:31-33).

La suposición de que la tierra del norte (Desolación) es Norteamérica y la del sur (Abundancia), Sudamérica, y que se hallan unidas por la “pequeña lengua de tierra” (América Central) pareciera hoy un poco simplista y falta de realismo si se toman en cuenta extensiones y jornadas de viaje. Pero, repito, esa identificación no surge del tejido textual del Libro de Mormón. Es una especulación extra textual y, me atrevería a decir, extra canónica. Sí es un hecho que la coherencia interior del relato del Libro de Mormón indica un permanente desplazamiento, desde el sur hacia el norte, de los grupos protagónicos.
No obstante, y complicando un poco las cosas, en un editorial del Times and Seasons del 15 de Julio de 1842, el propio Joseph Smith pareció considerar la posibilidad de una migración interna en sentido inverso. Bajo el título “American Antiquities” declaró allí que los pueblos del Libro de Mormón, o sus descendientes, “migraron desde la región de los Lagos (Ontario) hacia México y América Central”. (Times and Seasons, 1842, Vol. 3, Nro. 18, pag. 858)
En una carta de 1833 a N.C. Saxton, Joseph declaró: “El Libro de Mormón es un registro de los antepasados de nuestras tribus de indios del oeste; siendo hallado mediante la ministración de un santo ángel y traducido a nuestro idioma por el don y poder de Dios, después de haber estado oculto en la tierra por los últimos mil cuatrocientos años, y conteniendo la palabra de Dios que les fue dada. A través de él tomamos conocimiento de que nuestras tribus de indios del oeste son descendientes de aquel José que fue vendido en Egipto, y que toda la tierra de América es una tierra prometida para ellos, y hacia ella vendrán todas las tribus de Israel, con tantos de los Gentiles que cumplan con los requisitos del nuevo convenio. Pero la tribu de Judá retornará a la antigua Jerusalén”. 
Una declaración atribuida al Profeta en 1836 aseguraba: “Lehi y su grupo… tocaron tierra en el continente Sudamericano, en Chile, a los 30 grados de latitud sur…” (F. Richards y J. Little “Compendium of the Doctrines of the Gospel”, 1925, Salt Lake City, pag. 272). Orson Pratt aceptaba esta propuesta y tal afirmación aparecía en una nota al pie de la edición de 1879 del Libro de Mormón pero fue quitada en ediciones posteriores.
En 1887 el Consejero de la Primera Presidencia George Q. Cannon continuaba atestiguando: “Se sabe también que el lugar de arribo de Lehi y su familia fue en las cercanías de lo que hoy se conoce como la ciudad de Valparaiso en la república de Chile. El propio libro no nos da tal información, pero no hay duda de que es correcta” (George Q. Cannon “Topics of the Times”, Juvenile Instructor, 15 de Julio 1887, Vol. 22, Nro. 14, pag. 221)
Sin embargo, tanto B. H. Roberts (New Witnesses for God, SLC, 1909, Vol. 3, pag. 501-503) como John A. Widtsoe (Evidences and Reconciliations, SLC, 1951, Vol. 3, pags. 93-98) quitaron validez a estas declaraciones.
De allí en adelante, las Autoridades han evitado dar opiniones con respecto a la geografía del Libro de Mormón. En la Conferencia General de Abril de 1929, el Consejero de la Primera Presidencia Anthony W. Ivins agregó: “Nunca se ha establecido definitivamente la cuestión… Estamos esperando hasta que se descubra la verdad” (Conference Report Abril 1929, pag. 16)
Según la Encyclopedia of Mormonism (1992) Cuando se le pidió al Presidente Joseph F. Smith que revisara un mapa que mostraba el lugar de desembarco del grupo de Lehi dijo: “El Señor aún no lo ha revelado” (Cannon, pag. 160)
No obstante, en 1938, el propio hijo de dicho profeta, Joseph Fielding Smith, a la sazón Historiador de la Iglesia, realizó una recopilación de escritos de J. Smith en los cuales daba la impresión de que el Profeta había enseñado que “Lehi desembarcó  un poco al sur del Itsmo de Darien” (Enseñanzas del Profeta Jose Smith, pag. 326). Dicha localización (Panamá) estaba más de 3000 Km al norte de la de Chile. La muy popular obra de Joseph Fielding Smith, también traducida al castellano, citaba un artículo del Times and Seasons (15 de Septiembre 1842) que mencionaba al Profeta en tercera persona y del cual se desconoce el verdadero autor.
La Iglesia no ha tomado una posición oficial con respecto a estos temas, pero no desaprueba los esfuerzos individuales para ayudar a comprenderlos.
A la idea de una geografía del L.de M. que abarca todo el Continente se la denomina hoy Modelo Hemisférico (HGT) y se la diferencia de otras propuestas geográficas más reducidas como la Teoría de Geografía Limitada (LGT) en la que cree un altísimo porcentaje de investigadores y lectores informados miembros de la Iglesia desde hace unos 50 años.
2 – No hubo otras presencias en América, al menos en el período de apogeo Nefita-Lamanita (600 AC – 400 DC)
Nuevamente, no es ésta una declaración que provenga del propio texto. Es cierto que el Libro no menciona otras presencias pero tampoco asegura que no las hubiera. De hecho, los nefitas pensaban estar solos hasta que descubrieron a los mulekitas quienes, a su vez, habían hallado descendencia jaredita. ¿Pudo haber otros grupos coexistentes con los que interactuaron o de los que podrían no tener noticias? Es altamente probable… Finalmente, las planchas eran sólo un compendio, un resumen, centralizado en los aspectos espirituales y no un detalle pormenorizado de cada evento…
Creyendo en la interpretación más tradicionalista, el Apóstol George Q. Cannon escribió: “El conocimiento de América permaneció totalmente oculto, tan completamente como si no perteneciera a nuestro globo… el conocimiento de este territorio fue escondido de todas las naciones de la Tierra” (George Q. Cannon, “Gospel Truth”, pag. 528)
Pero, diría Anthony W. Ivins, ya en 1929: “Debemos ser cuidadosos con las conclusiones a las que llegamos. El Libro de Mormón enseña la historia de tres grupos diferentes… que vinieron del mundo antiguo a este continente. No nos dice que no hubiese alguien antes de ellos. No nos dice si otra gente vino después. De modo que si se realizan descubrimientos que sugieren diferencias en los orígenes raciales, puede ser fácilmente explicado, y de modo razonable, pues creemos que otras personas vinieron a este continente. Mil años transcurrieron desde la época del Libro de Mormón hasta el descubrimiento de America, y sabemos que otros vinieron a América durante ese período” (Anthony W. Ivins, Conference Report, Abril 1929, pag. 15)
Muchos ven la expresión de 2 Nefi 1:5: “Sí, el Señor me ha dado esta tierra por convenio a mí y a mis hijos para siempre, y también para todos aquellos que la mano del Señor conduzca de otros países”, como una puerta abierta a la posibilidad de nuevos pueblos arribando en diferentes períodos históricos. La interpretación tradicional la había aplicado siempre a los inmigrantes de las naciones europeas que colonizarían el Continente.
3 – Los amerindios son todos descendientes de los Lamanitas.
Muchos de nosotros hemos cantado “Soy un joven Lamanita” en la Primaria, o visto representaciones del grupo de baile “Lamanite Generation” de la Universidad de Brigham Young, integrado por diversas etnias indígenas del continente y de las islas del Pacífico. De modo que es innegable que en la cultura mormona (aunque quizás no en nuestra Escritura esencial) estaba claro que los habitantes originarios de toda América tenían ancestros lamanitas. Hay una larguísima tradición en ese aspecto…
En 1971, durante una Conferencia de la Juventud Lamanita, el Presidente Spencer W. Kimball declaró: “Con orgullo refiero a aquellos que vienen a mi oficina que un Lamanita es un descendiente de aquel Lehi que dejó Jerusalén seiscientos años antes de Cristo y junto a su familia cruzó las imponentes profundidades para desembarcar en América. Y Lehi y su familia se transformaron en los ancestros de todas las tribus de indios y mestizos en América del Norte, del Sur y Central, así como de las islas del mar…”(Spencer W. Kimball, “Of Royal Blood”, Ensign Julio de 1971)
La introducción del Libro de Mormón en su edición de 1981 aclaraba: “Después de miles de años, todos fueron destruidos con excepción de los Lamanitas, quienes son los principales ancestros de los indios americanos”. Si bien la Iglesia ha declinado dar detalles sobre la autoría de dicha introducción, la mayoría de las fuentes señala la mano de Bruce R. McConkie.
Recientemente (2006 para la edición Doubleday, que se comercializa en librerías, principalmente para no miembros, y 2007 para la edición oficial de la Iglesia) la introducción ha cambiado. Ahora reza: “ … los Lamanitas… quienes se encuentran entre los ancestros de los indios americanos”
Es obvio que el cambio ha diluido la presencia lamanita como único origen de los amerindios, lo cual me parece bien, ya que la introducción afirmaba algo que el propio texto no le autorizaba a decir y que los estudios genéticos parecen negar.
Resuenan en mi mente las sabias palabras del Apostol Stephen L. Richards (recientemente incorporadas al blog en “Trayendo Humanidad al Evangelio”):
“Por otro lado, tampoco me ataría a una práctica o concepción después de que ha dejado de tener utilidad en un mundo nuevo, siempre cambiante y mejor informado. Los conceptos anticuados y las interpretaciones tradicionales se verán influenciados por la nueva evidencia que se descubra. No que los hechos y leyes principales cambien, sino que nuestra comprensión variará con nuestra educación y experiencia”
Creo que una mención aparte requeriría la confusa visualización que la mayoría de los miembros tenemos de los lamanitas que actúan en el texto. En la primer parte del Libro nefitas y lamanitas son los descendientes de Nefi y Lamán más aquellos que decidieron seguir a cada uno de esos líderes. Pero después de la visita de Cristo y los doscientos años de paz la denominación ya no identifica a las etnias sino a dos diferentes filosofías religiosas: los que creen en Cristo y los que no lo hacen, independientemente de su origen genealógico. Creo que la mayoría de los miembros no comprendemos bien eso y continuamos imaginando a una raza cobriza exterminando a una raza blanca (De hecho, en la versión pictórica de Arnold Friberg sobre esa batalla final, Mormón y Moroni remedan más bien a guerreros celtas, vikingos o griegos)
4 – Los habitantes de las islas del Pacífico descendían de pobladores americanos.
Los miembros de la Iglesia de 1947 siguieron con entusiasmo la travesía del explorador noruego Thor Heyerdal, quien, con su primitiva Kon-tiki, partió desde Perú para llegar a las islas Tuamotu, demostrando que era posible una colonización de las islas del Pacífico desde Sudamérica. Tal era una especulación vislumbrada por diferentes Autoridades. La única y ambigua base para ello en el texto sagrado era la siguiente:

Y acaeció que Hagot, siendo un hombre de extraordinaria curiosidad, fue, por tanto, y construyó un barco sumamente grande en los confines de la tierra de Abundancia, cerca de la tierra de Desolación, y lo echó a la mar del oeste, cerca de la estrecha lengua de tierra que conducía a la tierra del norte.

Y en el año treinta y ocho, este hombre construyó otros barcos. Y el primer barco también volvió, y muchos otros entraron en él; y también llevaron consigo gran cantidad de provisiones, y partieron otra vez hacia la tierra del norte (Alma 63:5, 7).

Deducir de allí que los barcos se perdieron o deliberadamente se dirigieron al inmenso océano y que Hagot, o alguno de sus compañeros, se transformó en el padre de todos los polinesios requiere de cierta imaginación.
El Conflicto Interior
Curiosamente, los primeros señalamientos de la aparente incongruencia entre el Texto y las investigaciones surgieron entre miembros de la Iglesia. Simon Southerton, un ex Obispo australiano e investigador principal en la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organization en Canberra, biólogo molecular con una especialización en fito genética detalló sus conclusiones en 2004 en “Losing a Lost Tribe: Native Americans, DNA and the Mormon Church” (Perdiendo una tribu perdida: los americanos nativos, el ADN y la Iglesia Mormona)
La obra de Southerton fue usada como fuente en un artículo de William Lobdell publicado en Los Angeles Times el 16 de Febrero de 2006 en el que se declaraba:
“Para los Mormones, la ausencia de sangre hebrea discernible en los americanos nativos no es una colisión menor entre la fe y la ciencia. La lleva hasta los propios fundamentos históricos del Libro de Mormón, una transcripción de ya 175 años que la iglesia considera literal y sin error”
La aparición de los artículos provocó la excomunión de Southerton.
Otro científico SUD también amenazado con sanciones fue el antropólogo Thomas Murphy, quien en 2003 desarrolló una disertación doctoral en la Universidad de Washington con el provocativo título de “Imagining Lmanites: Native Americans and the Book of Mormon” (Imaginando a los Lamanitas: Los Americanos Nativos y el Libro de Mormón).
La propia Universidad de Brigham Young inició alrededor del año 2000 una investigación del ADN con muestras de 100.000 voluntarios de todo el mundo, incluyendo Sudamérica e Israel. Hasta ahora el muestreo no ha dado pruebas que relacionen a los nativos americanos con tribus israelitas.
Las respuestas
No obstante lo antedicho, muchos científicos mormones han cuestionado que las investigaciones puedan afectar la credibilidad del Libro de Mormón por diferentes motivos.
El ADN tomado de los israelitas modernos se ha mezclado por el paso de los siglos con el de muchas otras naciones, durante la diáspora, por lo que no contendría la misma información que el ADN de la época de Lehi. Algo similar pudo haber ocurrido con la sangre de los nativos americanos. Se estima que el 90% de la población originaria murió a causa de las enfermedades transmitidas por los españoles y otros que arribaron en el siglo y medio posterior a la Conquista, así como por el trabajo como esclavos. Los poco sobrevivientes también se mestizaron afectando la información genética inicial.
Michael F. Whiting, director del DNA Sequencing Center de BYU concluye en su artículo “DNA and the Book of Mormon: A Phylogenetic Perspective”:
“Dada la complejidad de la deriva genética e introgresión, la observación de que los nativos americanos poseen una preponderancia de genes asiáticos no demuestra de modo concluyente que no son descendientes de linaje lamanita, pues no sabemos que señas genéticas poseía tal linaje al concluir el registro del Libro de Mormón… Hay una fuerte posibilidad de una importante introgresión de genes de otras poblaciones humanas en la herencia genética de Nefitas y Lamanitas, de modo que un único marcador genético que identificara a alguien como definitivamente Lamanita, si alguna vez existió, se perdió rápidamente… Existen valederas razones científicas por las cuales el Libro de Mormón no puede ser fácilmente corroborado ni refutado mediante la evidencia del ADN…” (Op.Cit., 2003, pags. 24-35)
John M. Butler, el científico que desarrolló los tests que permitieron identificar a las víctimas de los ataques del 11 de Septiembre de 2001, señala las “insuperables dificultades para identificar la herencia genética de los principales ancestros del pueblo Lehita”. Uno de sus puntos es que las mujeres de la colonia Lehita heredaron su ADN mitocondrial de la esposa de Ismael, de la cual ignoramos casi todo, incluyendo si era una israelita de pura sangre.
Algunas Consecuencias Sociales y Religiosas
Muchos miembros de origen “lamanita” se han sentido desilusionados y con una crisis de identidad debido a los resultados de las investigaciones.
En una entrevista con Patty Henetz de Associated Press, José Aloayza, un abogado mormón de origen peruano declaró:
“Es muy difícil. Casi traumático. Es así de serio y real. Siento que necesito una disculpa. Nuestros profetas debieron saberlo…”
En el sitio oficial de la Iglesia se afirma:
“Los recientes ataques sobre la veracidad del Libro de Mormón basados en evidencia de ADN son mal intencionados. Nada en el Libro de Mormón niega la migración a las Américas de gente de origen asiático. De todos modos, los aspectos científicos relacionados con el ADN son numerosos y complejos”
Es muy posible que en el futuro nueva información nos permita entender mejor el aparente enfrentamiento. ¿Cómo afectará la situación nuestras creencias y tradiciones? Ya hablamos del cambio en la introducción del Libro de Mormón. Es posible que veamos otros. No creo que “Soy un joven lamanita” se cante en ninguna sesión de las Conferencias Generales ni que haya tantas referencias a la “sangre de Lehi” en la dedicación de los Templos Sudamericanos. Tampoco creo que se reeditan las Conferencias de la Juventud Lamanita, tan comunes en la década de los ’70. La Iglesia, aunque sin tomar posición oficial, comienza a apoyar la Teoría de una Geografía Limitada para el Libro de Mormón y a abandonar algunas de las tradiciones ideológicas que no tienen base doctrinal. Es muy probable que debamos revisar y modificar algunos de nuestros paradigmas.
Es también probable que volvamos sobre el tema en este blog…

Referencias Científicas

Behar, Doron M (2004), Contrasting patterns of Y chromosome variation in Ashkenazi Jewish and host non-Jewish European populations (PDF), Springer-Verlag.

Morell, Virginia (24 April 1998), “Genes May Link Ancient Eurasians, Native Americans”,Science: 520.

Hammer, Michael F; Engelhart, DA; Lavins, ES; Jenkins, AJ (2005), “Population structure of Y chromosome SNP haplogroups in the United States and forensic implications for constructing Y chromosome STR databases” (PDF), Forensic Science International (Elsevier) 149 (2–3): 159

Murphy, Thomas (2003). “Simply Implausible: DNA and a Mesoamerican Setting for the Book of Mormon”Dialogue: A Journal of Mormon Thought 36 (4): 109–131.

Murphy, Thomas W. (March, 2004), “Inventing Galileo”Sunstone: 58–61.

Murphy, Thomas W. (2003), “Imagining Lamanites: Native Americans and the Book of Mormon”Ph.D. Dissertation (University of Washington).

Murphy, Thomas W. (Winter, 2003), “Simply Implausible: DNA and a Mesoamerican Setting for the Book of Mormon”Dialogue: A Journal of Mormon Thought 36 (4): 109–131.

Murphy, Thomas W. ([February, 2003]), “Genetic Research a ‘Galileo Event’ for Mormons”,Anthropology News 44 (2): 20.

Murphy, Thomas W. (2002), “Lamanite Genesis, Genealogy, and Genetics”, in Vogel, Dan; Metcalfe, Brent, American Apocrypha: Essays on the Book of Mormon (Salt Lake City:Signature Books): 47–77, ISBN 1-56085-151-1.

Southerton, Simon G (2004), Losing a Lost Tribe: Native Americans, DNA and the Mormon Church, Salt Lake City: Signature BooksISBN 1-56085-181-3

Referencias Apologéticas

Nibley, Hugh W. (1988), “Lehi in the Desert, the World of the Jaredites, There Were Jaredites”, in Welch, John W.; Matthews, Darrell L., Collected Works of Hugh Nibley (Provo, Utah: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies) 5ISBN 0-87579-132-8.

Roper, Matthew (2003), “Swimming in the Gene Pool: Israelite Kinship Relations, Genes, and Genealogy”The FARMS Review 15 (2), retrie

Shen, Peidong (2004), Reconstruction of Patrilineages and Matrilineages of Samaritans and Other Israeli Populations From Y-Chromosome and Mitochondrial DNA Sequence Variation(PDF).

Sorenson, John L. (1992), “When Lehi’s Party Arrived in the Land, Did They Find Others There?”Journal of Book of Mormon Studies (Provo, Utah: Maxwell Institute) 1.

Sorenson, John L. (September 1984), “Digging into the Book of Mormon:Our Changing Understanding of Ancient America and Its Scripture (Part 1)”Ensign (Church of Jesus Christ of Latter-day Saints): 27

Sorenson, John L. (October 1984), “Digging into the Book of Mormon:Our Changing Understanding of Ancient America and Its Scripture (Part 2)”  Ensign (Church of Jesus Christ of Latter-day Saints).

Stewart, David G., Jr. (2006), “DNA and the Book of Mormon”FARMS Review (Provo, Utah: Maxwell Institute) 18 (1): 109–131

Stubbs, Brian D (2003), “Elusive Israel and the Numerical Dynamics of Population Mixing”,FARMS Review (Provo, Utah: Maxwell Institute) 15 (2): 165–82, retrieved 2007-05-23.

Wells, R. Spencer (August 28, 2001), “The Eurasian Heartland: A continental perspective on Y-chromosome diversity” (PDF), PNAS 98 (18), retrieved 2007-01-26.

Whiting, Michael F (2003), DNA and the Book of Mormon: A Phylogenetic Perspective, Provo, Utah: Maxwell Institute, pp. 24–35.

 

2 comentarios el ““El ADN y El Libro de Mormón”

  1. Denisse dice:

    Hola, mi nombre es Denisse Gómez.
    Mantengo desde hace algunos meses una curiosidad por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de lo Últimos Días y a inicios de diciembre del año pasado contacté a unos misioneros para que me regalaran un Libro de Mormón y hacerles algunas preguntas que tenía, confieso que al iniciar las visitas mi curiosidad era absolutamente académica ya que la mayor parte de mi vida he sido escéptica. Los misioneros como es su labor tratan de que yo conozca a dios, y yo, abierta siempre a todo tipo de conocimiento sigo su invitación y empiezo a orar.

    Le comparto, sin afán de aburrirlo, mi historia porque su blog me ha ayudado mucho, en usted percibo una religiosidad que admiro porque está plagada de inteligencia. Siempre he considerado estúpido que ateos tachen de tontos o ignorantes a creyentes, pienso que muestra lo simplista que es son sus razonamientos además de entra en un ateísmo dogmático irónicamente contradictorio.

    Tengo muchas dudas sí, incluso aún no sé si me bautizaré o no, aunque ya tengo fecha para éste, pero gracias a su blog he comprendido que el conocimiento científico no necesariamente está en contra de el conocimiento religioso.

    Creo que está texto que publicó le hizo falta tocar un tema que es abordado a la par con la veracidad geográfica del Libro de Mormón, y es el de los artefactos de metal que los grupos lamanitas y nefitas (englobando) utilizaban tales como espadas y arcos. Los estudios arqueológicos no muestran el uso de estos instrumentos en la América precolombina, no hay vestigios de que grupos nativos indígenas dominaran la metalurgia. Me gustaría sabes su opinión sobre éste tema específico.

    Le agradezco por su blog, el cuál continuaré leyendo y le mando un fraternal saludo.

    • mormosofia dice:

      Estimada Denisse: Agradezco tu amable mail y tu sinceridad. Intentaré responder del mismo modo. Las puertas por las que ingresamos a nuestras búsquedas espirituales pueden ser tan diversas como diversos somos los individuos que poblamos este mundo. Conozco gente que se ha convertido al Evangelio por la Ley de Diezmos, otros por la Palabra de Sabiduría, algunos por el énfasis familiar, muchos por El Libro de Mormón, y algunos pocos A PESAR del Libro de Mormón. A lo que me refiero es que, finalmente, el testimonio y la conversión vienen como una experiencia personal y emocional como resultado de nuestra relación con Nuestro Padre Celestial. Lo intelectual puede ser una importante puerta de entrada (de hecho, para mi sigue siendo un motivo de permanencia en la Iglesia) pero, generalmente la religiosidad pasa por otros andariveles. Me apasiona la teología (a la cual Borges consideraba una rama de la literatura fantástica, y tal vez tenía razón, ja – ja) Pero la religión es una cosa llena de vivencias, de amor y servicio a nuestros semejantes y al Salvador. La teología intenta dar un marco racional a todo eso que no tiene mucho que ver con la razón. No creo que la Biblia, el Corán o la mayoría de los libros religiosos de la humanidad puedan ser comprobados científicamente, y eso no los hace menos importantes. Sobre el tema que me planteas específicamente, trataré de investigar y escribir al respecto. Gracias por proponérmelo. Los misioneros intentarán que te bautices. Esa es su función. Pero recuerda que el compromiso lo estarás tomando tu, de modo que el cuándo y el cómo serán tu decisión… Un cariño. M. Montani

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