EL MORMONISMO “UNDERGROUND” (1880-1910)

HISTORIA

“EL MORMONISMO ‘UNDERGROUND’” (1880-1910)

Por Mario R. Montani 

La palabra inglesa “underground”, hoy universalizada, significa textualmente “bajo tierra” ó “subterráneo”, pero se ha extendido culturalmente indicando a los movimientos clandestinos, de resistencia o marginales. Todas esas connotaciones de algún modo atraviesan el período histórico del mormonismo al que haremos referencia.

El término “underground” se ha utilizado para describir la fuga de esclavos hacia territorios abolicionistas, la acción de la resistencia en países ocupados y el pase a la clandestinidad de ciertos movimientos. En nuestro caso se refiere específicamente a la resistencia mormona frente a las persecuciones de las familias polígamas por parte del gobierno federal de los Estados Unidos.

Como hemos visto someramente en otros posts de este blog, durante la década de 1880 el gobierno norteamericano avanzó con una serie de medidas legales que tendían a eliminar la poligamia en el territorio de Utah. Los miembros, convencidos de estar siendo perseguidos injustamente por sus creencias, tuvieron que considerar una serie de reacciones posibles.

Siendo Utah aún un Territorio y no un Estado, dependía absolutamente de la jurisdicción del Congreso. Las leyes que criminalizaban la bigamia eran de larga data, pero, en la práctica, muy difíciles de hacer cumplir. Intentaban aplicarse sobre el hombre al que se consideraba en infracción, pero en su diseño habían tenido en cuenta una relación monogámica y no poligínica. Primeramente, no era tan fácil determinar cuál había sido la primera esposa del acusado sin el testimonio de ella o alguna de las otras. Y, una vez que se determinaba, su testimonio dejaba de ser válido ya que no podía utilizarse en contra del propio esposo. Se producía entonces una paradoja que lograba que toda la legislación previa a 1880 no fuese aplicable en los tribunales mormones.

De modo que una estrategia común utilizada por los acusados, y sugerida por los abogados defensores, era cierta vaguedad y “falta de memoria” con respecto al orden en que se habían producido los matrimonios. En otras ocasiones se declaraba que se había casado con todas el mismo día aunque en diferentes lugares para hacer imposible la prioridad de alguna de ellas. Debido a la falta de certidumbre, ninguna podía testificar en su contra.

Frente a este dilema, el Gobierno Central, decide crear un nuevo tipo de “crimen” al que denominó Cohabitación Fuera de la Ley. La nueva regla, no muy clara en su instrumentación, dejaba un gran poder interpretativo en manos del Juez.

Ya no hacía falta probar que una ceremonia matrimonial se había llevado a cabo ni juzgar al hombre por tener más de una esposa. La pluralidad se constituía en un crimen por violar una norma social e ir en contra de toda la institución matrimonial del país. La infracción se producía al constatarse la percepción pública generalizada de que un individuo estaba ligado a múltiples otros individuos en una relación matrimonial o que podría asimilarse a tal.

La cohabitación por fuera de la ley no necesitaba de pruebas. Bastaba con que un ciudadano testificara que creía que esa situación se estaba produciendo y que los sospechosos participaban de un tipo de relación ilegal para que fuesen traídos a juicio.

Las Cortes se convirtieron en un sitio en el que, simplemente por algo que alguien había oído, o creía haber visto, otro conciudadano podía terminar en la cárcel.

Como había quedado claro en el caso del Estado contra Reynolds, de 1879, las leyes se aplicaban sobre las acciones. El Estado no tenía jurisdicción sobre las creencias o lo que se guardaba en la mente de los individuos. Los mormones podían tener creencias muy firmes sobre la poligamia y estaba muy bien. Pero, en cuanto quisieran utilizar sus cuerpos para poner en práctica esas creencias, estaban violando la ley.

Irónicamente, lo que el caso Reynolds había asegurado, la libertad de pensamiento, comenzaba a ponerse en tela de juicio. Ya no hacían falta los hechos, sino que alguien pensara que esos hechos habían tenido lugar. Se inició una batalla por la mente de los individuos que dejó dolorosas consecuencias por varias décadas.

Durante ese período alguien podía ir a parar a la penitenciaría territorial por lo que algún otro creía que él creía. Lo que sí importaba era la percepción general de lo que estaba ocurriendo, y esa “percepción general” se desarrollaba en términos vagos, subjetivos y cambiantes.

De modo que el Underground Mormón se inicia como una respuesta cultural específica y un modo de resistencia al grupo de circunstancias sociales y legales que acabamos de describir más arriba. Las estrategias evasivas y defensivas que se habían utilizado en el pasado para no revelar fechas o relaciones ya no servían. Ahora debían evitar el arresto y juzgamiento por un nuevo tipo de crimen indefinido y misterioso.

El Presidente John Taylor

El Presidente John Taylor

Las nuevas estrategias fueron básicamente espaciales y consistían en evadir la acción de los alguaciles federales. Cambiando de casa, escondiéndose en lugares secretos, enviando a algunos acusados a cumplir una misión fuera del territorio.

Otros escaparían a las Colonias de México. Las Autoridades las consideraban “ciudades de refugio” y aconsejaron la huida hacia ellas a los que ya tenían orden de captura. Pero el modo más común era el traslado físico fuera de las jurisdicciones de jueces y fiscales.

El Presidente Taylor y sus Consejeros George Q. Cannon y Joseph F. Smith

El Presidente Taylor y sus Consejeros George Q. Cannon y Joseph F. Smith

Los diarios personales y relatos orales del período dan cuenta de situaciones confusas y hasta cómicas. Wilford Woodruff paseándose por Salt Lake o yendo de cacería vestido como una anciana para no ser detectado. Hombres ocultándose adentro de pianos, en las chimeneas, despachándose por correo de una localidad a otra dentro de cajones. La situación era un verdadero pandemonio.

Pero la fiscalía desarrolló sus propias contra estrategias y la principal de ellas fue el uso de espías. Los espías podían ser alguaciles federales disfrazados de colonos, pero también miembros de la comunidad a los que los alguaciles convencían para que cooperasen.

Por definición un “espía” es alguien que intenta ocultar su verdadera identidad, pero esa era también la definición de los propios mormones que entraban en el “underground”. De modo que cuando un forastero arribaba a una población nadie sabía de qué lado del conflicto se encontraba. Sus respuestas iban a ser evasivas cualquiera fuese esa situación, lo cual creaba una suerte de paranoia colectiva en la que cada visitante era un espía al que había que engañar cuando la mitad de las veces era otro mormón evadiéndose de su posible captura.

La cadena de chismes boca a boca y algunos avisos en los diarios servían como amplificadores de esta paranoia. Los espías se multiplicaban y ya no se podía confiar en nadie. Si un varón polígamo, o familiar de polígamo, veía a un desconocido pasar frente a su casa era suficiente para que ensillara su caballo y partiera para otra localidad en la que, a su vez, sería considerado un potencial espía que ayudaría a que otros escaparan con rumbo indefinido. Esta situación fue tremendamente perjudicial para el tejido social de las comunidades mormonas, pues nadie quedaba exento de la duda. El consejo de los líderes pasó a ser: no hablen con nadie, no digan quiénes son, ocúpense de su trabajo y nada más.

Funerales de John Taylor (1887)

Funerales de John Taylor (1887)

Uno de los aspectos morales más complejos fue que la mentira, ya sea escondiendo la identidad mediante la palabra, el disfraz o la huida, sean actos de omisión o comisión, como se los quiera ver, pasó a ser una característica del “buen mormón” defendiendo el Reino y sacrificándose en su cruzada frente a las diabólicas acechanzas del gobierno federal.

Eso se transformó en casi un estereotipo entre las mujeres quienes, aún estando bajo juramento en la corte, misteriosamente olvidaban quienes eran sus padres, esposos o hijos. El uso del lenguaje para ocultar lo que había en la mente en vez de expresarlo pasó a tener una connotación moral positiva. Estos nuevos hábitos linguísticos afectaron no sólo a los practicantes de la poligamia sino a una extensa red de familiares, amigos y líderes religiosos que colaboraban en su protección y en la creación de la red subterránea de desplazamientos.

Cuenta la historia sobre Annie Tanner, en cuyo hogar se hospedaba momentáneamente Wilford Woodruff, en calidad de fugitivo. El Presidente le preguntó quién era el padre del niño que estaba en el cuarto y ella le respondió “Esa no es una pregunta justa ¿verdad Hermano Woodruff?” Al contestar de ese modo un poco brusco Annie demostraba su lealtad y que estaba iniciada en las normas aceptables de interacción entre mormones. La pregunta del Presidente Woodruff podía ser tanto una simple  curiosidad como una prueba para medir si era confiable.

Polígamos cumpliendo su condena en la Penitenciaria Territorial

Polígamos cumpliendo su condena en la Penitenciaria Territorial

Lo que se inició como una efectiva forma de resistencia terminó socavando la base misma de la mutua confianza en muchas comunidades mormonas. Aunque los buscados específicamente por la justicia no superaron jamás la cifra de 2000 ó 2500 personas, las redes de apoyo, ocultamiento e información sin duda abarcaba a decenas de miles que deseaban colaborar y mostrar su fidelidad al Reino.

Inevitablemente, la situación comenzó a afectar a todo la estructura cultural que permite que una sociedad funcione como tal. Aunque no ha sido profundamente estudiado, habría que analizar el impacto de esta situación como una de las causas internas de la desaparición de la poligamia.

"The Daily Graphic" del 6 de Diciembre de 1883 mostraba al Tío Sam avanzando sobre zancos para evitar el nido de víboras que surge del Tabernáculo

“The Daily Graphic” del 6 de Diciembre de 1883 mostraba al Tío Sam avanzando sobre zancos para evitar el nido de víboras que surge del Tabernáculo

La correspondencia personal pasó a ser otro ámbito de dobles mensajes. Los remitentes usan seudónimos, no firman sus cartas. La información que aparece es inocua, ambigua, o está codificada. Las palabras no son ya confiables, tampoco el significado de las mismas.

Los filósofos y lingüistas que han analizado el período coinciden en señalar el cambio producido en el interior del individuo. Por 50 años, los miembros habían sido educados sin una clara distinción entre cuerpo y espíritu, público y privado, interioridad y exterioridad. Ahora se enfrentaban a situaciones que provocaban una escisión de esas categorías. Antes las creencias se mostraban con hechos. Ahora debían desmentir en los hechos lo que creían interiormente.

Wilford Woodruff, Cuarto Presidente de la Iglesia, quien promulgara el Primer Manifiesto

Wilford Woodruff, Cuarto Presidente de la Iglesia, quien promulgara el Primer Manifiesto

Cuando, luego de hacer un juramento en las cortes civiles, los miembros son interrogados por estos jueces que “pretenden tomar el lugar de Dios”, en sus mentes (que consideran un reducto inviolable) deciden qué datos oscurecer, ocultar o disfrazar. Para los de afuera, y no sin razón, eso es considerado una mentira.

Cuando los diarios del Este comienzan a transcribir las minutas de dichas audiencias e intentan explicar que los hombres no recuerdan cuándo se casaron o con quiénes, las mujeres no saben cuántos son o cómo se llaman sus hijos, la opinión pública llega a la conclusión de que los mormones son un gran grupo de mentirosos que deben ser sancionados.

Los miembros no lo ven de ese modo y creen estar defendiendo el derecho a su identidad y privacidad. Cuando se les hace jurar en la Sala, inevitablemente ponen en la balanza otros juramentos que han hecho acerca de sus esposos/esposas, hijos y líderes ante Dios y los ángeles. No hay mucha duda en sus mentes hacia cuál de los juramentos inclinarse.

En 1887 el Presidente John Taylor muere en el exilio, pero el año anterior escribe una revelación en la que proclama la necesidad de mantener los matrimonios plurales (dicha revelación no es aceptada hoy como canónica por la Iglesia pero sí por los grupos fundamentalistas). La dirección de la Iglesia recae en el Quorum de los Doce. La mayoría de sus integrantes también están siendo perseguidos y han pasado la mayor parte de la década alejados de sus hogares. La fragmentación de la sociedad mormona también se percibe dentro del cuerpo. No todos confían en todos. Algunos de ellos están abiertamente en contra de la poligamia mientras que otros la defienden hasta sus últimas consecuencias.

De acuerdo a las actas de las reuniones del Consejo, cuando W. Woodruff, como Presidente de los Doce, presenta una idea básica de lo que luego sería el Manifiesto es unánimemente rechazada, por lo que aclara que sólo se trató de una prueba para ver hasta dónde llegaba la fidelidad de los integrantes. Pero cuando vuelve a presentarse la idea, varios meses más tarde, ya no hay unanimidad al respecto. Utah desea la calidad de Estado y sabe que no se obtendrá mientras el tema de la poligamia esté en debate. La Primera Presidencia se reorganiza dos años más tarde con Woodruff, ya con 82 años, como Presidente y George Q. Cannon y Joseph F. Smith como Consejeros. Nadie confía demasiado en George Q. Cannon, quien ha controlado tanto la Iglesia como el Territorio desde la muerte de Brigham Young y los otros integrantes participan únicamente desde el underground.

Con este marco interno, algo importante ocurre en la relación Estado-Teocracia. Como consecuencia de la Ley Edmunds-Tucker el Gobierno federal avanza sobre las propiedades de carácter religioso (en la primer etapa de su aplicación habían quedado exentas) de la Iglesia, incluyendo sus Templos. ¿En manos de quién quedarán esos sagrados edificios, aún el de Salt Lake, que ni siquiera está terminado?

Es importante entender que bajo tales condiciones se presenta el Manifiesto, como una solución entre dos alternativas: continuar defendiendo la poligamia y perder el control de la obra por los muertos o viceversa. El Presidente Woodruff habla de un sacrificio de los vivos para continuar ayudando a los que ya han partido.

Funeral de Wilford Woodruff (1898)

Funeral de Wilford Woodruff (1898)

Pero con la devaluación de la palabra que se ha producido por más de una década de subterfugios, negaciones y evasivas, los miembros entienden el Manifiesto como otra forma de ganar tiempo y evitar las consecuencias económicas de la Ley Edmunds-Tucker. Casi ninguno de los Apóstoles lo interpreta como una revelación de Dios, aunque están de acuerdo con la propuesta. Los que se hallan en el exilio lo ven como una tregua que les permitiría regresar a casa pero, simultáneamente, como un guiño para continuar con la práctica abrahámica.

Todos entienden que, de ahora en adelante, el Presidente Woodruff personalmente no autorizará nuevos matrimonios, pero que las llaves que él ya delegó continúan teniendo vigencias. Es importante entender que, por aquella época, también los Patriarcas poseían estas llaves.

Uno de los que defiende esta interpretación es John W. Taylor, hijo del anterior Profeta. Apóstol y ampliamente popular entre la población se lo denomina el “Apóstol de la Gente”. Es joven, instruido y un acérrimo crítico de los excesos del poder federal.

Comienzan a definirse dos ideologías dentro del mormonismo dependiendo de cómo se interpreta el documento. ¿Su expresión tiene que ver con sinceridad y compromiso moral o es una cortina de humo para proteger a la comunidad? El Manifiesto sacará a las personas de la cárcel, permitirá a las familias reunirse, al Territorio transformarse en Estado, mantener la propiedad y el funcionamiento de los Templos. Por supuesto que casi todos están de acuerdo en que es una buena solución…

Pero muchos de los que aún permanecen en el “underground” lo leen como una simple estrategia para el exterior y una forma de extender la situación en el tiempo sin realmente modificar nada. Cuando las Autoridades comienzan a hablar en contra de la poligamia, recuerdan que ya han pasado por ocasiones similares y que los discursos son para los oídos gentiles, no para ellos.

Mientras tanto, en las colonias extranjeras de México y Canadá la poligamia continúa con el pleno conocimiento de los Líderes y allí se explica que lo que ocurre en EEUU es una situación pasajera.

Desde 1890 hasta fines de los años ’20 no hay importantes divisiones en la Iglesia. La cultura mormona es una sola. Pero no todos interpretan los acontecimientos ni los documentos del mismo modo. Por un lado existe la amenaza de la excomunión pero por otro la posible pérdida de la exaltación si deja de cumplirse con el Principio. También hay nuevas generaciones de mormones que no quieren saber nada con la poligamia y que desean conectarse con el resto de la sociedad norteamericana y el progreso.

La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce (1898) De izquierda a derecha Parados: Anthon Lund, John W. Taylor, John Henry Smith, Heber J. Grant, Francis Lyman, George Teasdale, Mariner Merrill. Sentados: Brigham Young, hijo, George Q. Cannon, Lorenzo Snow, Joseph F. Smith, Franklin D. Richards. En el suelo: Matthias F. Cowley y Abraham Woodruff.

La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce (1898)
De izquierda a derecha
Parados: Anthon Lund, John W. Taylor, John Henry Smith, Heber J. Grant, Francis Lyman, George Teasdale, Mariner Merrill.
Sentados: Brigham Young, hijo, George Q. Cannon, Lorenzo Snow, Joseph F. Smith, Franklin D. Richards.
En el suelo: Matthias F. Cowley y Abraham Woodruff.

En 1903, Reed Smoot, un Apóstol monógamo, es elegido como representante en el Senado, pero el Cuerpo se niega a que asuma su banca. Los motivos básicos: es un mormón, por lo tanto potencialmente mentiroso. Los Senadores tienen pruebas de que los matrimonios polígamos no han cesado y que la idea de una Teocracia continúa viva. No quieren entre sus filas a alguien que represente a un poder autónomo y oculto. Presienten que la lealtad de Smoot a sus juramentos religiosos interferirá con su lealtad a la Constitución.

Lo irónico es que Smoot no es sólo monógamo, sino casi un anti polígamo. Ha hecho todo lo posible para que la Iglesia se aleje de la práctica. El Congreso lo convoca a varias audiencias y finalmente también a Joseph F. Smith, nuevo Presidente de la Iglesia. Creyendo que su testimonio aclarará las cosas, el Presidente Smith parte confiado, pero las audiencias son desastrosas para su credibilidad ante la nación y su propio pueblo. En las actas del senado reconocerá que no ha tenido revelaciones sino una forma imprecisa de inspiración, que no vive de acuerdo a las normas del Manifiesto de 1890, que no puede recordar el nombre de sus esposas e hijos.

Los miembros están confundidos y avergonzados. Pero mientras tanto, en algunas Conferencias de Estaca, las Autoridades visitantes los invitan en privado a tomar nuevas esposas y a hacer los arreglos necesarios con el Patriarca. En la Conferencia General del 6 de Abril de 1904, el Presidente Smith anuncia el que se conoce como Segundo Manifiesto.

Joseph F. Smith, sexto Presidente de la Iglesia, en una foto de 1905

Joseph F. Smith, sexto Presidente de la Iglesia, en una foto de 1905

Intentando revertir el escándalo en el Senado y la mala prensa nacional, la Primera Presidencia decide tomar algunas medidas drásticas: John W. Taylor y Mathew Cowley son removidos del Quorum de los Doce, pero no se los excomulga. Tampoco se les retira el sacerdocio o su Apostolado. Simplemente no forman parte del cuerpo que gobierna la Iglesia. Nuevamente, muchos miembros lo perciben como una muestra de acomodarse a la situación, pero que, si esos líderes continúan teniendo llaves y siendo Apóstoles, los matrimonios múltiples continuarán. Muchos polígamos de la vieja escuela inician una nueva etapa en el underground.

A partir de 1909 un grupo de Apóstoles, encabezados por Francis Lyman y Heber J. Grant, inician lo que eufemísticamente se denominó “Cortes de Amor”. Estos tribunales internos a individuos específicos tienen por objeto detectar uniones polígamas realizadas después de 1904. A cambio de no avanzar con las excomuniones requieren los nombres de quienes los han sellado y, principalmente, quién lo autorizó. La mayoría de los citados son Presidentes de Estaca, selladores u obreros del Templo. Muchos creen, nuevamente, que se está poniendo su lealtad a prueba y no están dispuestos a dar nombres. En alguna ocasión puntual, quizás aquel que los autorizó es quien ahora conduce el tribunal o está escuchando como testigo.

Algunos han hecho un juramento de no revelar el origen del poder y temen las consecuencias eternas de violar ese juramento. Otros, fácilmente, nombran a Apóstoles que ya han muerto, como Merrill o Wilford Woodruff, hijo.

Paradójicamente, la misma metodología de delación que antes promovía el “diabólico gobierno federal” ahora la utilizan los Líderes de la Iglesia y se comienza a producir una clara división entre dos tipos de miembros. Ambos grupos continúan reconociéndose como Mormones pero creen cosas muy distintas y también muy distintas de las que creían sus predecesores de sólo 30 años atrás.

Es imprescindible el conocimiento de algunos de los eventos antedichos para comprender el surgimiento de una Iglesia no pro-polígama o anti-polígama sino post-polígama.

En reuniones ulteriores a las Conferencias de Estaca, los que se consideran a sí mismos “Verdaderos Mormones”, analizan en secreto fuertes evidencias de que la Primera Presidencia y el Quorum de los Doce desean que la divina ley se siga practicando, encubiertamente, si es necesario, y que las declaraciones que se realizan sobre su finalización son simples gestos.

Debemos recordar que, aún entre los que aceptan el Manifiesto, hay polígamos. Hermanos que tienen más de una esposa ¿Qué van a hacer con ellas? ¿Abandonarlas? ¿Divorciarse? La Iglesia termina aceptando que, los que ya las tienen, las mantengan, pero no puede haber nuevos matrimonios múltiples. Lo cual trae aparejado otra serie de cuestionamientos ¿Es una línea en el tiempo la que define qué está bien y qué está mal? Si es así ¿cuál línea? ¿La del Primer Manifiesto, la del Segundo, o alguna que aparecerá en el porvenir?

Viendo que las declaraciones públicas sólo agregan más confusión, algunos de los Apóstoles proponen decisiones más drásticas: excomuniones. Entre los excomulgados está Judson Tolman, un patriarca, un hombre anciano, que ha estado efectuando matrimonios pues hacerlo solía estar entre sus posibles funciones y que, probablemente, no ha entendido ni la mitad de lo que se trató en el tribunal que lo despojó de su membresía. En su lugar se llama a John Wooley, con lo cual, como decimos en Sudamérica, salimos de Guatemala para meternos en Guatepeor, pues Wooley en base a esa autoridad se transformará en uno de los iniciadores de lo que llegará a ser  la Iglesia Fundamentalista de los S.U.D.

Mientras tanto, John Taylor, hijo, quien tiene el apoyo de buena parte de la población y también de algunos miembros de los Doce se enfrenta severamente con Francis Lyman y otro grupo de Apóstoles, quienes, después de varias audiencias, terminan excomulgándolo. Taylor, quien ha sido clave en el establecimiento de las Colonias mormonas en el extranjero, solicita el apoyo del Concilio de los Cincuenta, trae el texto de las revelaciones recibidas por su padre en las que el Señor asegura que los matrimonios plurales jamás serán quitados de la Tierra, y maldice a los Apóstoles que tratan de revertir ese Orden.

John W. Taylor morirá de cáncer algunos años más tarde y en su lecho de muerte declarará que la primer cosa que pedirá al Señor es que llame al Elder Lyman a dar cuenta de sus acciones. Los Fundamentalistas lo verán como un mártir, aunque él jamás quiso tener contacto con ellos y, públicamente, jamás habló en contra de los Doce.

No con todos se utilizó la misma severidad: Joseph W. Musser, hijo de Amos Musser, un asistente del Historiador de la Iglesia, también fue encontrado culpable de adulterio (como se entiende ahora el tomar una segunda esposa) pero es simplemente “deshermanado” y automáticamente enviado en una misión a la India, sin que podamos entender si se trató de un premio o un castigo.

En 1911, Matthew Cowley, otro de los Apóstoles cuestionados fue suspendido, pero sus bendiciones restauradas en 1936.

Tan adelante como en 1914, el Patriarca Wooley es excomulgado por realizar matrimonios plurales en el Templo de Salt Lake. Calculemos que ya habían transcurrido 10 años desde el Segundo Manifiesto y 24 desde el Primero. Sin embargo, Wooley, quien había servido como guardaespaldas de John Taylor durante toda la etapa del “underground”, ya anciano, tiene un hijo: Lorin. Será él, excomulgado en 1924, quien en 1928 reorganizará a los Fundamentalistas con siete Apóstoles conocidos como el Concilio de Amigos. Comenzará una nueva etapa de “underground” pero ya no habrá en ella miembros de la Iglesia Oficial.

 

La información para el presente artículo proviene de variadas fuentes que incluyen “Zion in the Courts: A Legal History of  the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 1830-1900”  de Edwin B. Firmage y R.Collin Mangrum, “The Mormon Question: Polygamy and Constitutional Conflict in Nineteenth-Century America”, de Sara Barringer Gordon, así como la disertación de Daymon M. Smight, importante investigador del mormonismo, con un doctorado en Antropologia de la Universidad de Pennsylvania y la serie de entrevistas que se le realizaran en el blog “BY COMMON CONSENT”  en marzo de 2010.

 

Esta entrada fue publicada en Historia.

Un comentario el “EL MORMONISMO “UNDERGROUND” (1880-1910)

  1. Joel L Caro dice:

    Vivo en Chihuahua, México, donde hay colonias mormonas de la Iglesia “tradicional” y también colonias “fundamentalistas-poligomas”…. Por fin una investigación clara y sin parcialidades que nos ayudan a entender la existencia de las dos iglesias… Me gusto mucho! Gracias!

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