NUESTROS AMIGOS CATOLICOS

OTRAS RELIGIONES

Nuestros amigos católicos

 Por Mario R. Montani

“Los Santos de los Ultimos Días tenemos un acercamiento sin barreras hacia los que no son de nuestra fe. Creemos que todos son literalmente nuestros hermanos y hermanas, que somos hijos e hijas del mismo Padre Celestial. Somos del mismo linaje: descendientes de Dios. Además, también buscamos lo verdadero y lo bello dondequiera que se encuentre. Y sabemos que Dios ha bendecido a todos Sus hijos con rectitud y luz, según las circunstancias  en que se encuentren”.

Howard W. Hunter, Liahona Enero 1992, pag. 21

 

Permítanme compartir algunas fechas seleccionadas de entre las muchas disponibles sobre el tema que trataremos:

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8 de Agosto 2013 (Mombasa) Miembros de la Iglesia y misioneros visitan el Centro Católico Mikindani de Entrenamiento para la Juventud en Mombasa, Kenia. Unos 650 niños locales son atendidos allí, incluyendo muchos con virus HIV/SIDA. Los niños son alimentados con ATMIT, una mezcla nutricional desarrollada en le Universidad de Brigham Young y donada por la Iglesia de Jesucristo de los SUD a través de su sistema de ayudas internacionales.

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El ATMIT es un preparado que incluye harina de avena, leche en polvo, sal, azúcar y suplementos de vitaminas con minerales, perfeccionado por los nutricionistas de BYU en base a una antigua receta etíope que permite la absorción por los pequeños y ancianos quienes, debido a su mala nutrición, no están en condiciones de digerir granos o harinas integrales. La Iglesia realizó el primer envío de ATMIT en 2003 a Etiopia para ayudar en la terrible hambruna que enfrentaban más de 12 millones de personas. Hoy continúa produciéndose en la Manzana del Plan de Bienestar de Salt Lake City y está disponible para ser usado en diferentes partes del mundo que lo requieran.

23 de Julio 2002 – Toronto, Canadá. Bajo el lema “Vosotros sois la sal de la Tierra… la luz del mundo” se inauguran las XVII Jornadas Mundiales de la Juventud Católica con la presencia del Papa Juan Pablo II y una asistencia estimada en 200.000 fieles. Más de 300 miembros de la Iglesia Mormona canadiense brindan sus talentos y habilidades, así como sus oraciones, para el éxito de dichas Jornadas. Los miembros donaron más de 15.000 horas de servicio, incluyendo la supervisión y distribución de 175.000 comidas dos veces al día, traducciones a varios idiomas y la participación en eventos sociales tales como cenas y conciertos. También incluyó la donación de una tonelada de arreglos florales para embellecer la residencia del Papa.

Inicialmente escépticos de aceptar un ofrecimiento de ayuda por parte de un grupo tan conocido por su actividad proselitista, las preocupaciones de los líderes Católicos fueron disipadas por el Cardenal Stafford, quien recordó el éxito de un anterior Día Mundial de la Juventud en Denver en el que miembros de la Iglesia sirvieron como voluntarios. Allí, el Cardenal Stafford conoció a V. Dallas Merrell. Desarrollaron una gran amistad hasta que el Cardenal Stafford fue llamado a trabajar al Vaticano y el Elder Merrell al Segundo Quórum de Setentas. Ya relevado, el Elder Merrell estaba sirviendo en asuntos públicos en el Area de Toronto, donde pudo renovar su relación con el Cardenal.

La tonelada de flores fue despachada desde California al Centro de Estaca de Toronto donde la hermana Flora Nabrotzky (de ascendencia polaca) creó arreglos para la residencia papal y su capilla privada en Strawberry Island.

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5 de Abril 2005 – El mismo día del fallecimiento de Juan Pablo II, el Presidente Gordon B. Hinckley se dirigió a los santos de todo el mundo en la Conferencia General: “Nos unimos a aquellos alrededor del mundo que lamentan el fallecimiento del Papa Juan Pablo II, un extraordinario hombre de fe, visión e intelecto, cuyas valientes acciones han impactado al mundo de manera que serán percibidas aún por generaciones venideras. La voz del Papa permaneció firme en defensa de la libertad, la familia y la cristiandad. Fue inclaudicable en temas de principios y moralidad. Ha sido inquebrantable en su compasión por los pobres del mundo. Por la gran pérdida sufrida por la comunidad Católica, nos adherimos con nuestras expresiones de consuelo”

22 de Mayo 2004 – Saint George, Utah. El Padre Lawrence Scanlan fue el primer sacerdote católico en establecer buenas relaciones entre sus seguidores y los Santos de los Ultimos Días en el sur de Utah. En la década de 1870 ayudó a pacificar la región y las relaciones entre los mineros católicos de Silver Reef y los colonos mormones del área de St. George. En aquella época declaró: ‘creo que están equivocados y ustedes creen que yo lo estoy, pero eso no debería privarnos de tratarnos mutuamente con dignidad y respeto’. El 25 de mayo de 1879, el Padre Scanlan, quien añoraba escuchar una misa, fue invitado con sus feligreses a una misa cantada en latín interpretada por el coro mormón de St. George en el recién acabado tabernáculo de St. George (En ese mismo lugar, 20 años más tarde, el Presidente Lorenzo Snow iniciaría su prédica sobre los diezmos). James M. Macfarlane, un Santo de los Ultimos Días amigo del Padre Scanlon dirigió el coro (Mcfarlane fue el compositor del conocido villancico “En la Judea, en tierra de Dios”). Se trataba quizás de la primera ocasión en que unos 3000 mormones escucharon en silencio y respetuosamente una misa cantada en latín en un Tabernáculo mormón y ejecutada por un coro mormón como señal de hermandad con la pequeña comunidad católica de unas 200 personas que se agrupaban en el sur de Utah.

Con motivo de cumplirse 125 años de aquella presentación, el Centro de Visitantes del Templo de St. George y el Coro Heritage decidieron reeditar aquella experiencia interpretando la misma obra. Al día siguiente el Elder Russel Ballard, del Consejo de los Doce, y Monseñor J. T. Fitzgerald, Vicario General de Salt Lake City, se reunieron para ofrecer un tributo al Padre Scanlon.

El Padre Lawrence Scanlan

El Padre Lawrence Scanlan

En 2008 los Elderes M. Russell Ballard y Quentin L. Cook participaron de los servicios de la oración papal durante la visita de Benedicto XVI a St. Joseph’s Church en Nueva York. En 2009, el programa de Estudios Mormones de la Universidad de Claremont patrocinó un encuentro sobre teología sacramental en la que participaron Robert L. Millet de la Universidad de Brigham Young y el Padre Alexei Smith de la Oficina Ecuménica y de Asuntos Religiosos de la Arquidiócesis Católica de Los Angeles. Ese mismo año, la convención nacional de la Sociedad Americana de Teología Católica incluyó una sesión denominada “Barreras y Puentes: El Desafío del Diálogo Católico-Mormón”. En Febrero de 2010, el Cardenal Francis George, arzobispo de Chicago y Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos Norteamericanos, se dirigió a una interesada audiencia de BYU para hablar sobre libertad religiosa y valores familiares compartidos.

De la divergencia teológica a la colaboración pacífica.

Es cierto que, en el pasado, ambas partes han mantenido cierto mutuo recelo en las relaciones interconfesionales. Según la tradición católica, el bautismo, sobre todo en situaciones de emergencia, puede ser administrado por cualquier persona, incluso un laico o un no bautizado, siempre que cumpla con la fórmula trinitaria y sea por aspersión o inmersión, indistintamente. Esto llevó a que, con el paso del tiempo, la mayoría de las ordenanzas bautismales protestantes fuesen aceptadas por los católicos. No obstante, en el año 2001 y respondiendo al “dubium” (duda ó consulta): “¿Es el bautismo conferido por la comunidad “La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días”, comúnmente llamados “Mormones”, válido?”, el Cardenal Joseph Ratzinger (quien llegaría a ser el Papa Benedicto XVI), Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, respondió: “Negativo”.

El diario L’osservatore Romano explicó que la resolución modificaba la política anterior de aceptación porque, si bien los bautismos se realizaban en nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo y con la práctica aceptable de inmersión, el concepto de  Trinidad enseñado por la Iglesia Mormona difería totalmente del de los otros cultos cristianos (lo cual era cierto) y eso lo hacía incompatible.

Los periodistas asediaron a los voceros mormones en busca de una noticia: “Tenemos muy buena relación con la iglesia Católica y eso no cambiará” – aseguró Dale Bills de las Oficinas Generales en Salt Lake City. Recordó, además, que los Santos de los Ultimos Días nunca hemos aceptado la validez de los bautismos católicos por un tema de autoridad, independientemente de la fórmula utilizada.

En 2008, la misma Congregación para la Doctrina de la Fe aconsejó a las autoridades diocesales no permitir la digitalización de archivos parroquiales que realizaba la Iglesia Mormona a través de la Sociedad Genalógica, a pesar de que por décadas se había autorizado este tipo de tareas con beneficio mutuo, ya que un juego de lo microfilmado quedaba bajo control católico.

También es cierto, por nuestra parte, que, en un pasado no tan lejano, hemos tenido teólogos mormones que, sin ninguna base doctrinal, identificaron a la institución católica como “la grande y abominable iglesia” y “la madre de todas las abominaciones”. Creo que los tiempos han comenzado a cambiar…

La Iglesia Católica Apostólica Romana ayudó a preservar mucho del arte y la literatura del mundo antiguo. Sin el trabajo que se realizó en los monasterios la civilización occidental no existiría. En todo eso tenemos una gran deuda. La Biblia, si bien promovida universalmente por los Protestantes, fue protegida y transmitida por los católicos. La Iglesia de Roma estimuló la educación, la filosofía, la música y las artes plásticas en una época que, quizás erróneamente, llamamos de “oscurantismo”. Sin duda, muchas cosas terribles ocurrieron en nombre de la Cristiandad, desde matanzas grupales a guerras internacionales, asesinatos individuales, tortura, pillaje, acumulación de riquezas, utilización de la ignorancia popular… Pero también cosas buenas fueron realizadas por aquellos bien intencionados que ministraron en el clero. A pesar de nuestra comparativamente breve historia, los mormones tampoco estamos escasos de algunas regiones de penumbra en nuestro pasado.

Mormones y católicos trabajan en conjunto arreglando una capilla de esta última denominación en Oukland, Nueva Zelanda.

Mormones y católicos trabajan en conjunto arreglando una capilla de esta última denominación en Oukland, Nueva Zelanda.

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Por un lado, en su carácter de Alcalde de Nauvoo, Joseph Smith decretó en 1841: “Sea promulgado por el Consejo de la Ciudad de Nauvoo que los Católicos, Presbiterianos, Metodistas, Bautistas, Santos de los Ultimos Días, Cuáqueros, Episcopales, Universalitas, Unitarios, Mahometanos, y toda otra secta religiosa y denominación, cualquiera que fuese, recibirá total tolerancia e iguales privilegios, en esta ciudad” (Times and Seasons, 1 de Marzo 1841, pag. 336-337), lo cual hablaba de una gran amplitud mental para la época.

Pero en 1958, el Elder Bruce McConkie publicó su obra cuasi enciclopédica Mormon Dotrine. En ella indicaba: “La Iglesia Católica Romana está especialmente señalada, descripta y designada como ‘la más abominable de todas las iglesias’”. Incluso al buscar en el índice la palabra “Catolicismo” derivaba a Ver “Iglesia del Diablo” (Mormon Doctrine, 1º edic. Bookcraft, 1958, pag. 108). El Presidente de la Iglesia, David O. McKay, no aprobó el volumen, que debió corregir su lenguaje en las ediciones posteriores, e instauró la política (aún vigente) de que ninguna Autoridad General puede publicar escritos sin la autorización previa de la Primera Presidencia.

Duane Hunt, el obispo Católico de Salt Lake City, se quejó amargamente por la aparición del volumen diciendo: “Somos vuestros amigos. No nos merecemos este trato”. En 1959 escribió The Unbroken Chain, intentando demostrar que no se había producido una Apostasía.

Estos y otros desencuentros teológicos han ayudado a que los católicos nos definan como “no cristianos”, lo cual nos parece un poco gracioso, aunque simultáneamente ofensivo, puesto que nos consideramos La Iglesia de Jesucristo.

En realidad tenemos muchos puntos en común con ellos, más que con los grupos protestantes. Por ejemplo, ambos creemos en la eficacia de las obras, aparte del ejercicio de la fe en la gracia de Cristo. El Libro de Mormón enseña claramente: “Porque nosotros trabajamos diligentemente para escribir, a fin de persuadir a nuestros hijos, así como a nuestros hermanos, a creer en Cristo y a reconciliarse con Dios; pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos (2 Nefi 25:23) Esa es precisamente la postura católica y no la protestante. El equilibrio entre obras y fe. Parte de ese “hacer cuanto podamos” radica en las ordenanzas salvadoras.

De los siete sacramentos católicos que son “necesarios para la salvación” compartimos el bautismo, la confirmación, la sagrada comunión (nuestra santa cena), la confesión (ante el Señor o la autoridad competente dependiendo de la gravedad de las faltas y como parte del proceso de arrepentimiento), el matrimonio, las santas órdenes (nuestra ordenación al Sacerdocio) y la administración de los santos óleos (en nuestro caso la unción con aceite consagrado para la bendición de enfermos).

También estamos de acuerdo en que hacen falta llaves de poder autorizado. Por supuesto, no estamos de acuerdo en quién tiene esas llaves. Pero sí concordamos en que deben estar. Los protestantes toman su autoridad directamente de las Escrituras.

Tenemos una buena parte del Plan de Salvación en común. Los católicos creen en una Creación, una Caída, una Expiación y una Redención Final, igual que nosotros. No tienen una doctrina de Preexistencia. Creen que la Caída fue totalmente negativa para el género humano mientras nosotros creemos que proveyó el marco adecuado para que los espíritus vinieran a este mundo en un estado probatorio. Por supuesto hay un punto en el que es difícil avanzar. La teología restauracionista mormona implica la pérdida de autoridad del cristianismo tradicional a partir de los primeros siglos. Es decir, si se produjo una Restauración es porque primero ocurrió una Apostasía. Esto deja a los católicos sin llaves de autoridad. Desde el otro lado, si la continuidad apostólica nunca se quebró, eso deja a los mormones sin las llaves. Se trata de dos teologías excluyentes entre sí.

Eso no ha impedido que ambas iglesias trabajen en conjunto en defensa de los valores familiares y otras causas morales de interés mutuo.

El Obispo católico John O. Wester se dirige a unos 2.000 estudiantes mormones reunidos en un devocional del Instituto de Religión de la Utah Valley University, en Orem, Utah.

El Obispo católico John O. Wester se dirige a unos 2.000 estudiantes mormones reunidos en un devocional del Instituto de Religión de la Utah Valley University, en Orem, Utah.

¿Relación Ecuménica, Interreligiosa o Especial?

A partir del Segundo Concilio Vaticano, a mediados de los años ’60, comenzó un diálogo denominado ecuménico con aquellos grupos que guardaban tradiciones, historias y teologías en común. Esto dejó fuera a varias iglesias, entre ellas la nuestra, que se consideran tan cristianos como el resto pero cuyas bases teológicas difieren de las actualmente aceptadas por los grupos mayoritarios, aunque quizás guardan mucho en común con los seguidores de Cristo de la primera centuria.

Es obvio que con su creencia en un canon abierto y expandible y su rechazo a la doctrina trinitaria emanada de los Concilios de los siglos IV y V, a la Iglesia Mormona tampoco le interesa encontrarse en ese grupo ecuménico. Pero la otra opción es participar de diálogos interreligiosos, lo cual nos pone en el mismo nivel de trato que el Islam, el Hinduismo o el Budismo. Eso tampoco parece justo.

Varios investigadores católicos consideran que debería existir una tercera vía para aquellas iglesias cristianas que no tienen intereses ecuménicos.

Mucho de ese trabajo deberá iniciarse a niveles personales y de buena relación en la escala comunal. Donald Westbrook, un estudioso del tema, propone:

 “Como un Católico Romano laico, mi motivación para explorar las relaciones católico-mormonas es estimular a mis hermanos y hermanas católicos a considerar más seriamente la historia y el sistema de creencias de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. Como máximo, los católicos sienten una vaga admiración hacia los mormones por su énfasis en la familia y por mantener un estilo de vida pleno y saludable; en el peor de los casos, sospechan de un extraño sistema de creencias que se enmascara como cristianismo pero, en la práctica, es un culto secreto. Para poder comprender mejor a nuestros hermanos y hermanas mormones, es imperativo que los católicos aprendamos más sobre el Mormonismo, preferentemente de los mismos mormones. Esta investigación es el resultado de un estudio comparativo tanto histórico como teológico, pero antes que nada es el producto de mi diálogo y conversación permanente con amigos, colegas, líderes religiosos y académicos Santos de los Ultimos Días”. (Introducción a un texto de Donald Westbrook sobre Relaciones Católico-Mormonas como parte de su estudio doctoral en la School of Religion de la Claremont Graduate University).

Quizás el diálogo no se produzca inicialmente entre Salt Lake City y Roma, o entre las Estacas y las Arquidiócesis, pero los catedráticos en las Universidades y otros centros de investigación han comenzado a dar pasos importantes. Creo que los miembros en general debemos sumarnos a esos esfuerzos sin necesidad de comprometer nuestras creencias o teologías. Intentar comprender a otro siempre nos enriquece…Nuestra actualidad y nuestro pasado histórico en los ejemplos que aparecen al inicio de este artículo muestran que es posible. Me parece que tenemos mucho para aprender de nuestros amigos católicos… y ellos de nosotros.

De hecho, desde hace más de un siglo, nuestra Iglesia se ha nutrido con millones de conversos católicos, incluyendo varios sacerdotes, en América Latina, el Sur de Europa y ahora en Africa. También ha habido una migración, aunque menor, en el sentido inverso. Creo que ambas cosas muestran la posibilidad de un intercambio…

Por ahora lo que tenemos es una Catedral de la Magdalena en Salt Lake y un flamante Templo mormón en Roma.

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